jueves, 12 de diciembre de 2024

Bajan tipos, pero suben pisos e hipotecas

El Banco Central Europeo (BCE) ha bajado hoy jueves el precio oficial del dinero, un -0,25%, hasta el 3%. Es la 4ª bajada de tipos desde junio, tras las 10 subidas hechas en 2023 y 2024, que pusieron los tipos en el 4,5%. Esta bajada ha sido posible porque los precios siguen moderados, en Europa y en España, pero los tipos son aún demasiado altos, dado que la economía europea está estancada y Alemania en recesión. Pero el BCE no quiere bajarlos más rápido y quedarán en el 2% en 2025, aunque dependerá de los conflictos geopolíticos y las medidas de Trump, que podrían relanzar la inflación. Mientras, familias, empresas y Gobiernos disfrutan ahora de tipos más bajos, pero mucho más elevados que en 2022. Y aunque ha bajado el Euribor (2,395% en diciembre), como los pisos son ahora mucho más caros, hay que pagar más de cuota hipotecaria que en 2021,2022 y 2023. Así que aunque bajen los tipos, comprar piso es más caro.

                            Enrique Ortega

La inflación europea parece controlada (2,3% en noviembre la UE-27 frente al 10,6% que llegó a alcanzar en octubre de 2022) y eso ha decidido al BCE a abrir la mano y volver a bajar hoy un -0,25% los tipos de interés, dejando el tipo de referencia  en el 3%, el precio del dinero que teníamos en 2006. Es la 4ª bajada de tipos que hace el BCE, tras las de junio, septiembre y octubre de 2024, rebajado los tipos oficiales del 4,50 al 3%. Unas bajadas que todavía no compensan las 10 subidas de tipos aprobadas por el BCE entre julio de 2023 y septiembre del 2024, que dispararon el precio del dinero del 0% (en que estaban desde marzo de 2016) hasta el 4,50%, el tipo más alto desde mayo de 2001.

Esta 4ª bajada de tipos del BCE sigue la senda de las bajadas hechas por otros grandes bancos centrales. Así, la Reserva Federal USA, que marca la política monetaria mundial, hizo su 1ª  bajada de tipos en septiembre de 2023, tras haberlos subido 11 veces desde marzo de 2022 (hasta un máximo del 5,25%). Y los bajó por 2ª vez, el 7 de noviembre de 2023, dejándolos en el 4,50% actual. Y el Banco de Inglaterra, que también subió 14 veces sus tipos oficiales (del 0 al 5,25%, entre julio de 2022 y septiembre de 2023), empezó a bajarlos también en agosto de 2024  y por 2ª vez en noviembre pasado, dejándolos en el 4,75% actual.

El BCE ha bajado los tipos más veces (4 en vez de 2) y los mantiene más bajos (3% en vez del 4,50 y el 4,75% de USA y Reino Unido) porque la economía europea está estancada y apenas crece: tiene que suavizar “el ricino monetario” que aplicó contra la alta inflación y que ha provocado un mayor debilitamiento de la economía europea. En 2023, la UE-27 sólo creció un +0,4%, siete veces menos que la economía USA (+2,9%) y algo más que Reino Unido (+0,3%), mientras Alemania cerró en recesión (-0,3%). Y para este año 2024, la Comisión Europea prevé un crecimiento bajo, del +0,9% en la UE-27, con Alemania otra vez en recesión (-0,1%), un bajo crecimiento de Italia (+0,7%) y Francia (+1,1%) y mayor en España (+3%). Y mientras, EEUU crecerá el triple (+2,7%) y Reino Unido un +1%.

Así que no está la economía europea como para tener tipos altos, aunque esos mayores tipos de EEUU y Reino Unido estén atrayendo capitales y fortaleciendo el dólar, en perjuicio del euro, que sigue depreciándose casi un -7% (ha llegado a cotizar en noviembre a 1,042  dólares, cuando cotizaba a 1,119 dólares en agosto). Este es otro motivo de preocupación para el BCE, porque si el euro sigue depreciándose y cotiza a 1x1 con el dólar, las importaciones europeas que se hagan en dólares (energía y equipos) serán más caras y eso reanimará la inflación, que ahora parece controlada. Pero de momento, preocupa más el estancamiento de la economía europea, que exige bajar los tipos para reanimarla.

De hecho, muchos expertos critican al BCE por haber aplicado este ajuste monetario tan drástico, esa subida de tipos del 0 al 4,50% en sólo 14 meses, que fue la puntilla para la débil economía europea. Ya insistí al escribir sobre las 10 subidas de tipos de 2022 y 2023 que podía provocar este “estancamiento” y que no era una política correcta, como señalaban muchos expertos, porque la inflación de los últimos años era una inflación de costes (básicamente, por la subida de la energía), una “inflación de oferta” y no la típica “inflación de demanda” que teníamos a principios de siglo, cuando los precios subían por el fuerte crecimiento económico y el exceso de consumo, con lo que la subida de tipos sí resultaba efectiva para “enfriar la economía”. Pero en 2022 y 2023, los precios subieron no por un exceso de consumo sino por la subida del gas, el petróleo y las materias primas, más los embudos en las cadenas de suministro y el comercio internacional. Así que la subida de tipos poco podía hacer y de hecho, la bajada drástica de la inflación se ha conseguido por medidas de los Gobiernos en los mercados energéticos y las ayudas a familias y empresas, no con las subidas de tipos, que han hundido a economías, familias y empresas.

El propio Banco de España, que cree que las subidas de tipos han servido para “anclar las expectativas, para evitar males mayores (que subieran más los salarios y los márgenes empresariales, disparando más la inflación), reconoce y cuantifica el daño que han hecho a la economía española estas subidas de tipos: han restado al crecimiento un -2,65% del PIB entre 2022, 2023 y 2024, lo que supone un coste cercano a los 40.000 millones de euros. Un coste que han sufrido directamente en sus bolsillos las familias (al pagar más por hipotecas y créditos), las empresas y hasta los Gobiernos, al encarecerse su deuda. Y aunque han bajado los tipos, todos pagan ahora mucho más que en 2021 y 2022.

Las familias españolas se han beneficiado de la bajada de la inflación, pero a un alto coste para los que pagan una hipoteca o un crédito. Así, los 4 millones de familias que están pagando una hipoteca se han “empobrecido”, al subirles su cuota mensual: los tipos medios de las hipotecas pasaron del 1,38% en 2021 al 2,96 en 2022 y al 3,80% en diciembre de 2023, estando ahora (octubre 2024) en el 3,20%, todavía por encima de 2021 y 2022, según los datos del Banco de España. Y los créditos personales (para comprar un coche, un electrodoméstico o un viaje) han pasado del 6,10% en 2021 al 7,69% a finales de 2023 para costar en octubre un 7,41%, subiendo también el tipo de las tarjetas. A lo claro: una hipoteca de 150.000 euros, a 25 años y un tipo variable del Euribor+1%, costaba en noviembre de 2021 una mensualidad de 532,85 euros, pasó a 878,81 euros en noviembre de 2023 y ahora cuesta algo menos, 751,42 euros, pero mucho más que hace 3 años.

Las empresas también han sufrido la dureza de la subida de tipos y aún pagan más por el dinero que antes del ajuste. Así, el tipo por descubierto saltó del 1,56% en 2021 al 4,79% en diciembre de 2023 y en octubre estaba en el 4,46%, según el Banco de España. Los créditos de hasta 250.000 euros pasaron del 1,69% en 2021 al 5,33% a finales de 2023 y todavía cuestan el 4,43%.Los créditos de 250.000 euros a 1 millón saltaron del 1,29% en 2021 al 5,08% en 2023 y están ahora en el 4,11%. Y los créditos de más de 1 millón de euros, que costaban el 1,04% en 2021, saltaron al 4,98% en 2023 y estaban en octubre en el 4,22%.

Y la subida de tipos también hizo daño a los Estados, al encarecer su deuda, que siguen colocando a tipos muy altos aunque hayan bajado los tipos. El bono español a 10 años pasó de pagar el 0,415% de interés en noviembre de 2021 al 3,65% en diciembre de 2022 y un máximo del 3,949% en septiembre de 2023, bajando ahora (diciembre 2024) al 2,763%. Eso se traduce en que España tiene que pagar más intereses por su deuda (39.078 millones en 2024, frente a 30.175 millones pagados en 2022), con lo que se puede gastar menos de lo que haría falta en sanidad, educación, dependencia, ayudas públicas y pensiones.

Como se ve, el coste económico y social de la “ortodoxia monetaria” del BCE ha sido alto y no se compensa con las 4 bajadas hechas desde junio. Pero hay un sector que ha salido muy beneficiado estos años: la banca, gracias a los mayores intereses cobrados a familias, empresas y Estados. Así, los 6 grandes bancos españoles aumentaron sus beneficios un +28% en 2022 (ganaron 20.850 millones) y otro +26,4% en 2023 (26.088 millones). Y con el retraso en las bajadas de tipos del BCE, los 6 grandes bancos españoles han ganado un +19,7%% más en 2024 (23.656 millones de enero a septiembre),un beneficio histórico. 

Ahora, el BCE irá decidiendo que hace con los tipos “mes a mes, con un ojo puesto en la inflación y el otro en la marcha de la economía. En principio, su objetivo es aprobar más bajadas de tipos en 2025, al menos 4 más de -0,25% cada una, para dejar los tipos en el 2%, para el verano o para fin de año (si hay problemas por medio). Los riesgos de que repunte la inflación son elevados, por varias causas: los conflictos en Ucrania y Oriente Medio, así como la incertidumbre geopolítica internacional, especialmente la toma de posesión en enero de Donald Trump y el temor a que imponga aranceles a América, China y Europa, que aumentarían la inflación mundial y frenarían el comercio y el crecimiento internacional. Y no ayudará tampoco la tensión política dentro de Europa, con una Comisión más virada a la derecha ( que conlleva un mayor peso de las posturas ortodoxas duras en el BCE), con crisis políticas en Francia y Alemania y un constante enfrentamiento en España.

Así que lo que hagan los tipos en 2025 va a depender mucho de las circunstancias geopolíticas y de su efecto sobre la inflación. Pero de momento, las 4 rebajas ya hechas por el BCE apenas suponen un alivio para las familias, empresas y el Presupuesto, como hemos visto. En el caso de las hipotecas, la bajada del Euribor ya beneficia a los que tienen una hipoteca y revisan anualmente su cuota: cerró noviembre en el 2,5006% (el 8º mes consecutivo que baja), frente al 4,022% de noviembre de 2023 y el 2,828% de 2022 (ojo: en noviembre de 2021 era negativo, -0,487%). Eso supone un “alivio” de 127 euros menos al mes en una hipoteca tipo (150.000 euros a 25 años al Euribor+1%). Y lo mismo pasará en los próximos meses, con pequeñas rebajas: el Euribor puede cerrar el año en el 2,350% (frente al 3,679% en diciembre 2023) y bajar al 2% para el verano de 2025.

El problema lo tienen los que piensan en pedir una hipoteca ahora, con los tipos y el Euribor más bajos: tendrán que pagar una cuota mayor que si hubieran pedido la hipoteca en 2021,2022 y 2023. Y eso porque la subida de los pisos se ha comido con creces el ahorro en los tipos de las hipotecas. Veamos las cuentas, a lo claro. Un piso medio en España, de 90m2, costaba 162.900 euros en noviembre de 2021, 170.460 en noviembre de 2022, 182.430 en noviembre de 2023 y 201.960 euros en noviembre de 2024, según el portal Idealista. Y aunque los tipos ahora son más bajos que hace un año, son más altos que hace 2 y 3 años. Así que el coste mensual de una hipoteca para comprarlo (financiando el 80% del valor) era de 462,94 euros en 2021, 706,91 euros en 2022, 855 euros en 2023 y 809,37 euros al mes ahora. Mínimo ahorro.

Pero las cuentas salen peor en las grandes ciudades, donde el coste de los pisos ha subido mucho más. Veamos el caso de Madrid, con los datos el portal idealista. Un piso medio, de 90 m2, costaba 289.120 euros en noviembre de 2021, 252.440 euros en noviembre de 2022, 365.760 euros en noviembre de 2023 y 440.190 euros en noviembre de 2024. Y aunque los tipos ahora son más bajos que hace un año, son más altos que hace 2 y 3 años. Así que el coste mensual de una hipoteca para comprarlo (financiando el 80% del valor) era de 821 euros en 2021, 1.461,60 euros en 2022, 1.714 euros en 2023 y 1.764,09 euros en noviembre de 2024. Siempre más cuota, ahora por la subida de los pisos.

En resumen, que las 4 rebajas de tipos del BCE apenas reducen la cuota de la hipoteca a los que la estaban pagando (-127 euros al mes) y la subirá para la mayoría de los que piensan ahora en hipotecarse y compran piso, porque los precios han subido mucho más de lo que han bajado las hipotecas. Así que no hay que confiarse: sin medidas drásticas para aumentar la oferta de viviendas (los últimos estudios indican que hacen falta 3,5 millones), la mayoría de españoles no podrán pagar una hipoteca, aunque bajen los tipos. Y aunque los bancos han entrado en una nueva “guerra” por colocar hipotecas a tipo fijo, del 3 al 3,5%, aprovechando que “están bajando los tipos”. Sí, bajan, pero no la cuota de la hipoteca que hay que pagar por conseguir una vivienda mucho más cara.

Cara a 2025, la evolución de los tipos será muy incierta, por Trump, las guerras y la incertidumbre geopolítica. Y existen muchos riesgos de que vuelva a subir la inflación. Por eso, habría que evitar que el BCE vuelva a las andadas y frene las bajadas actuales o incluso vuelva a subir tipos. Las medidas contra la inflación deben ser otras, actuando sobre los mercados energéticos y eléctricos, con ayudas y bajadas del IVA, no a golpe de tipos, que frenan la economía y tienen un alto coste para familias, empresas y Estados. Tomen nota.

lunes, 9 de diciembre de 2024

La fiebre por los Centros de Datos

Varios gigantes tecnológicos (Google, Amazon, Meta, Microsoft) y Fondos de inversión han anunciado fuertes inversiones para construir o ampliar sus Centros de Datos en España. Y otros inversores (eléctricas, constructoras, telecos) quieren sumarse a esta “fiebre” por crear infraestructuras para albergar los datos de “la nube” y la Inteligencia Artificial. España aspira a convertirse en líder futuro de los grandes Centros de Datos, aprovechando su posición geográfica, los cables submarinos que nos llegan, una fibra óptica muy extendida y, sobre todo, tener la electricidad más barata de Europa, por las renovables. Pero ojo, tener tantos “Data Centers” tiene problemas de altos consumos de energía y agua, aumentando emisiones de CO2, por lo que hay paises que están frenándolos. Y crean poco empleo. No podemos perder este tren tecnológico, porque cada vez se necesitarán más Centros de Datos y España puede competir y atraer inversiones. Pero hay que evitar que se cree una “burbuja”, perjudicial para las demás industrias, el recibo de la luz y el medio ambiente.

                                                                                                                          TRENDSINYCOM

Los gigantes de Internet prestan sus servicios informáticos y aplicaciones en “la nube” a través de enormes plataformas, instaladas en Centros de Datos de nueva generación (“Data Centers”, DC), con decenas de MW de potencia. A medida que la demanda de servicios de Internet aumenta y crecen los datos albergados en la nube, se requiere construir Centros de Datos más potentes y acercarlos geográficamente a los usuarios. Con el auge de la Inteligencia Artificial (IA) en los dos últimos años, se necesita Centros con más potencial, los llamados Data Centers de 2ª generación “hiperescalares”, Centros de Datos a gran escala que se especializan en ofrecer cantidades masivas de potencia informática y capacidad de almacenamiento a empresas, instituciones y particulares de todo el mundo.

Ya pasó la época de que las grandes empresas tenían cada una su Centro de Proceso de Datos (CPD): muchas los siguen teniendo, pero cada vez desvían más datos a la nube y a DC de terceros, que les ofrecen una altísima capacidad a cambio de una cuota, sin tener que hacer grandes inversiones en nuevas infraestructuras. Y además, les permite tener “replicados” sus datos con una altísima seguridad y múltiples servicios, no sólo de almacenamiento de datos sino también el hardware y el software de base sobre los que se implantan los nuevos servicios, vinculados a “la nube” (“ICloud”), el 5G, el internet de las cosas (“IoT”) o la Inteligencia Artificial (que ha disparado la necesidad de datos). Sin estos Centros de Datos de 2ª generación no es posible la digitalización avanzada que exige el futuro.

Por todo esto, en los últimos años se ha disparado la inversión en estos grandes Centros de Datos, en EEUU, Asia y Europa, sobre todo en  Alemania, Francia, Irlanda y Paises Bajos. Ya en 2022, la inversión mundial en Centros de Datos superó los 200.000 millones de dólares (183.000 millones de euros), según la consultora KPMG, que estima podría triplicarse en esta década y alcanzar los 600.000 millones de dólares en 2030. Actualmente, existen en el mundo unos 8.000 grandes Centros de Datos, según la organización 7-24 Exchange Internacional, las tres cuartas partes instalados en EEUU (5.500) y el resto repartidos entre Alemania (550), Reino Unido (525), China (470), Canadá (350), Francia (340), Australia (3220), Paises Bajos (310), Rusia (250) y Japón (225). España ocupa el puesto 16º en este ranking, con 113 grandes Centros de Datos, según la patronal Spain Data Center, aunque la plataforma Cloud Scene los aumenta hasta 143 Data Centers.

En Europa, los grandes Centros de Datos se concentran en Londres (ofrece 962 MW, el 34% de la potencia total instalada en el continente), Frankfort (704 MW, el 25%), y Ámsterdam (643 MW, el 23%), seguidas de lejos por París y Dublín. Y a más distancia está la potencia de almacenamiento en Estocolmo, Varsovia, Berlín, Zúrich, Islandia y Madrid (147 MW, el 5% de la potencia europea). La capital española va por delante (con 26 grandes Centros de Datos), seguida de lejos por Barcelona (8), Zaragoza (5), Toledo, Valencia, Alicante, Málaga y Sevilla (con dos grandes Centros cada provincia) y Castellón, Mallorca, las Palmas, Jaén Huelva y Ceuta (con un gran DC cada una), según el mapa de Spain Data Center.

En los próximos años, este mapa de grandes Centros de Datos podría cambiar y España aspira a convertirse en líder europeo de los grandes Centros de Datos para 2030. Los expertos creen que España tiene varias ventajas para conseguirlo. La primera y fundamental, su privilegiada posición geográfica, a caballo entre Europa, África, Oriente Medio y América. Además, en el caso de estos Centros de 2ª generación, la tecnología se alía con la geografía: los nuevos Data Centers ofrecen una “latencia” máxima (lo que tarda en llegar un dato desde el servidor hasta los equipos) de 65 milisegundos, lo que implica que estos “nodos” de datos pueden operar a una distancia media de los usuarios de 5.500 kilómetros. Y si trazamos una circunferencia desde España con ese radio, los Data Centers situados en la Península pueden ofrecer sus servicios a casi toda Europa, una gran parte de América del norte y sur, el norte de África y Oriente Medio…

Una 2ª ventaja, también clave, es que España está muy conectada internacionalmente con varios cables submarinos, por los que entran y salen datos y conexiones digitales. Y a corto plazo, llegarán a la Península Ibérica tres nuevos cables submarinos, tres “autopistas de datos” que aumentarán nuestra conectividad internacional: el cable Medusa (8.700 kilómetros por el Mediterráneo), el Anjana (desde Santander hasta Myrtle Beach, en Carolina del Sur, USA, con 7.121 kilómetros) y Olisipo (110 kilómetros por el mar, entre el norte y sur de Portugal). Con estas nuevas infraestructuras, el 70% de los datos que lleguen a Europa lo harán a través de España.

La 3ª ventaja es que España dispone ya de una red interna de fibra óptica que cubre casi todo el país y es la más amplia de Europa, gracias a las enormes inversiones realizadas durante décadas por Telefónica y otras telecos (a costa de nuestras tarifas y de ayudas públicas). De hecho, España es el tercer país del mundo con más despliegue de fibra óptica, tras Corea del Sur y Japón. Y en Europa, el despliegue de fibra de España supera a la red que tienen Alemania, Francia, Italia y Reino Unido juntos… 

Y hay una 4ª ventaja que para muchos es la decisiva: España tiene la electricidad más barata de Europa y es, junto a Alemania, el país con más peso de las energías renovables (entre enero y octubre, el 57,3% de la electricidad generada fue renovable). España no sólo lleva varios años con la luz más barata de Europa (gracias a las renovables y a la “excepción ibérica), sino que todas las previsiones de precios indican que cada vez tendremos un precio más competitivo. De hecho, los contratos industriales de electricidad a largo plazo (que son los que hacen las empresas de Centros de Datos) son ahora un 40% más baratos en España que en el resto de la UE. Algo que miran mucho los inversores en Data Centers, porque estas instalaciones consumen mucha electricidad. Si en España es más barata y además puede ser el 100% renovable, mejor que mejor para sus cuentas y su “imagen”.

Estas 4 ventajas son claves para los gigantes de Internet, Fondos de inversión y compañías especializadas que están planificando sus Centros de Datos para 2030 y después. Un negocio dominado por los tres grandes de Internet, Amazon (Amazon Web Servicies, AWS, ya supone el 17,3% de la facturación total de Amazon), Microsoft (MSFT Azure) y Google (Google Cloud), pero donde también compiten empresas como Digital Realty, Equinix, Vantage, CyrusOne, OVH e IBM, además de Fondos de inversión como Blackstone o Brookfield y telecos como Deutsche Telecom, Orange, Iliad o Altice. Y más recientemente, también aparecen como socios de Data Centers grandes empresas constructoras y eléctricas.

Estos inversores mundiales en grandes Centros de Datos llevan meses poniendo su interés en España. En febrero de 2024, Microsoft anunció que invertirá 2.100 millones de dólares para ampliar sus 3 Centros de Datos de Madrid (Meco, Algete y San Sebastián de los Reyes) y construirá un Campus de Centros de datos en Aragón. En mayo, Amazon anunció una inversión de 15.700 millones en los próximos 10 años para reforzar los 3 centros de datos que tiene en Aragón (Huesca, Burgo de Ebro y Villanueva de Gállego) y sumar uno nuevo en Zaragoza. Meta (Facebook) recibió en octubre autorización para construir un gran Campus en Talavera (Toledo), una inversión de 750 millones. Google ya inauguró hace 2 años la “región Cloud” de Madrid, una de las 32 que tiene en el mundo. El poderoso Fondo Blackstone anunció en octubre la inversión de 7.500 millones en un Centro de Datos en Calatorao (Zaragoza). Y otro Fondo, el británico ICG, invertirá 300 millones de euros para crear Templus, una plataforma de 10 Centros de Datos regionales en España para finales de 2024.

Tras estos anuncios, hay una gran euforia en el sector de Centros de Datos: la patronal Spain DC cree que España va a triplicar la potencia instalada, de los 200 MW estimados en 2023 a 613 MW en 2026, con una inversión estimada en estos años de 6.000 a 8.000 millones de euros y más de 2.000 empleos nuevos. Incluso hay expertos que creen que el salto para 2030 será mucho mayor, porque sólo Amazon aumentará su potencia de almacenamiento a 500 MW para 2030. Y se espera incluso una inversión directa en Data Centers de 14.400 millones de euros entre 2026 y 2030, más otros 24.000 millones en inversiones indirectas. Y parece posible que a finales de esta década, en 2030, España sea el país líder europeo en Centros de Datos, con Aragón y Madrid capital en cabeza.

La fiebre por instalar Centros de Datos se ha contagiado a los políticos (autonómicos y nacionales), a los Fondos de inversión, eléctricas y constructoras españolas, que quieren conseguir una parte de este “pastel”. De hecho, Red Eléctrica ha detectado un  aumento desmesurado de peticiones de electricidad para futuros Centros de datos, 18 veces más que los proyectos reales, porque está habiendo “especuladores que piden licencias de suministro para revendérselas después a los futuros inversores en Centros (como ya pasó con la burbuja de licencias de instalaciones renovables).

Los más interesados en este nuevo negocio de los DC son las eléctricas (Iberdrola y Endesa) , porque ven en la proliferación de grandes Centros de Datos 2 negocios. Uno, venderles parte de la electricidad que producen, dado que ha caído la demanda y tienen un exceso de  potencia instalada(el triple). El otro, el negocio que tienen por transportar y distribuir esa electricidad con sus empresas filiales ( que controlan el 80% de la distribución). Y aquí, las eléctricas han hecho “lobby” para presionar al Gobierno y conseguir que invierta más en redes, asegurando que si no lo hace, en el futuro habrá “cuellos de botella” y problemas de suministro al aumentar la demanda (por los Centros de Datos y la Industria que pase del carbón, fuel o gas a la electricidad).

De momento, el Gobierno no les ha hecho caso al planificar las redes eléctricas para 2021-26, porque creen que no habrá ningún problema de suministro con las redes actuales. Y temen que si hubieran aceptado nuevas inversiones, podría incurrirse en una “sobreinversión” que pagaríamos los consumidores. Hay que saber que las inversiones en redes eléctricas que piden las eléctricas y las empresas de Datos se pagarían con nuestro recibo de la luz, con los peajes que pagamos cada mes por el coste del transporte y la distribución. Eso sí, el Gobierno estudia incluir una mejora de redes, para atender a nuevas demandas industriales, en la planificación que ultima para 2026-30. De hecho, el Plan de Energía y Clima estima que los Centros de Datos consumirán el 6,4% de la demanda energética española en 2030.

Precisamente, esta es la mayor preocupación que conlleva la fiebre por los grandes Centros de Datos y que España pueda ser una potencia europea: que consumen mucha energía, en torno al 3% del total en Europa hoy. Estamos hablando de que estos Data Centers son instalaciones gigantescas (en EEUU hay uno que ocupa como 42 campos de fútbol), que consumen mucha electricidad para funcionar y mucha agua para refrigerarse. Un macrocentro de datos puede llegar a consumir 200 TWh al año, la electricidad que consumen 160.000 hogares (una ciudad como Murcia o Palma). Y unos 645 millones de litros de agua anuales, lo que consumen 14.000 personas…

Así que estamos hablando de una industria, un negocio, que genera muchas emisiones de CO2 y es poco sostenible medioambientalmente, lo que ha llevado a varios paises que eran punteros, como Irlanda, Paises Bajos o Singapur, a aprobar moratorias para frenar nuevas instalaciones. Sin embargo, las empresas del sector defienden que son sostenibles, porque la mitad de la energía que utilizan es renovable y los futuros proyectos utilizarán energías verdes al 100%. Y porque las últimas tecnologías permiten construir instalaciones más eficientes, con menos consumo de energía y agua para funcionar y refrigerarse.

Al final, parece claro que España debe aprovechar sus ventajas comparativas para atraer inversiones en grandes Centros de Datos, aunque creen poco empleo directo (hay mucha gestión y empleo a distancia). No podemos perder este tren, porque está ligado a la revolución digital y aportará crecimiento y riqueza. Pero el riesgo medioambiental es elevado, por lo que el Gobierno debe evitar una “burbuja” de Data Centers, que podrían consumir una parte creciente de la electricidad que consumimos y subir en exceso nuestro recibo eléctrico. Así que debe analizarse bien la demanda futura de infraestructuras de datos y acondicionar la oferta a ello, para no crear “una burbuja” que sea costosa para el medio ambiente. España no puede ser “el paraíso” de los Data Centers porque los demás paises ricos ya no los quieren, por no ser “sostenibles”. Tecnología sí, pero no infraestructuras de apoyo a cualquier precio.

jueves, 5 de diciembre de 2024

La inversión no tira (en España y en la UE)

España creció mucho en el tercer trimestre, pero cayó 1 de los 4 motores del crecimiento, la inversión. Pero no “pincha” solo en España: en Europa, la inversión caerá el -1,6% este año, más en Alemania y Francia. Un dato que preocupa mucho, porque impide a Europa competir en el mundo y crecer. En España llueve sobre mojado: la inversión crece menos que la economía los últimos 15 años y sigue por debajo de 2008, porque las empresas han aprovechado sus beneficios para quitarse deuda y aumentar su capital, no para invertir. Y la inversión pública, aunque se ha recuperado, sigue por debajo de 2008, por los pasados recortes. Ahora, los expertos piden que Europa y España reanimen su inversión (privada y pública), porque es la base del crecimiento y el empleo futuros. El Plan Draghi propone invertir 800.000 millones anuales en Europa, en tecnología, digitalización y energías verdes, para poder competir con EEUU y China. Sin inversión no hay futuro.

                             Enrique Ortega

La inversión, uno de los 4 motores del crecimiento (junto al consumo público, el consumo privado y las exportaciones), marca mínimos de una década en Europa. En 2024, la Comisión Europea espera que la inversión caiga un -1,6% en la UE-27 (y un -1,9%, en la zona euro), por la fuerte caída esperada en Alemania (-3%) y Francia (-1,9%), aunque crecerá algo en Italia y España (+2%). Mientras, se espera que la inversión crezca un +4% en EEUU. Es el primer año en que la inversión cae en Europa desde la crisis financiera de 2008-2010 y uno de los factores que explican por qué la economía europea está estancada, con un mínimo crecimiento en la UE-27 (+0,9%), una recesión en Alemania (-0,1% caerá su PIB) y un bajo  crecimiento en Francia (+1,1%) e Italia (+0,7%), del que se distancia España (creceremos +3%, según Bruselas, por el consumo público y privado más las exportaciones y el turismo).

La causa de este desplome de la inversión en Europa es múltiple. Por un lado, la caída de la inversión privada por la pandemia y la lenta recuperación en 2021 y 2022 por los cuellos de botella en el comercio mundial y las cadenas internacionales de suministro. Por otro, las 10 subidas de los tipos de interés del BCE (en sólo 14 meses, entre julio de 2022 y septiembre de 2023), que han dificultado los proyectos de inversión en el continente. Y más ahora, con la crisis política en Alemania y Francia, los paises claves. Y como cuestión de fondo, la pérdida de competitividad de Europa en el mundo, que provoca una “huida” del ahorro y la inversión hacia EEUU y Asia. Un dato esclarecedor: en el primer semestre de 2024, salieron de Europa hacia otros continentes 167.000 millones de euros, mientras llegaron 10 veces menos capitales, 17.000 millones de euros.

España “mantiene el tipo” este año, con un crecimiento estimado de la inversión del +2% en 2024. Pero lleva 3 años creciendo menos de lo esperado y ha caído incluso en el tercer trimestre, un -0,9%, según el INE. Con ello, la inversión en España cerrará este año casi igual que antes de la pandemia (+0,6% sobre 2019), en linea con la mínima subida de la inversión en Europa (+0,7%) y muy lejos del fuerte aumento de la inversión en EEUU (+14,9% sobre 2019), según Eurostat. Pero lo peor es que esta atonía de la inversión en España viene de lejos: la inversión española lleva creciendo menos que la economía y menos que en Europa desde hace 15 años, desde la crisis de 2008.

Hay varias causas que lo explican. Una es que las empresas españolas salieron de la crisis financiera muy endeudadas y han aprovechado estos años para devolver y reducir deuda, más incluso que las demás empresas europeas. Y ahora, cuando llevan 3 años con un gran aumento de ventas, márgenes y beneficios, no se lanzan a invertir, sino que aprovechan estos excedentes para recapitalizarse y ahorrar. Además, muchos sectores (como el automóvil) están muy abiertos a la competencia exterior y las inversiones se resienten de los aumentos de costes, problemas en las cadenas de suministros, proteccionismo comercial e incertidumbres geopolíticas. Y hay también una cierta incertidumbre sobre la regulación política y fiscal del Gobierno, que desalienta proyectos de inversión en algunos sectores.

Pero hay otra razón de fondo: la “burbuja” del ladrillo de principios de siglo sigue pasando factura y ahora es un lastre para la inversión empresarial en España. El peso de esta inversión inmobiliaria se ha reducido drásticamente (del 41% de la inversión total en 2007 al 29% en 2021-23, según un estudio de la Fundación BBVA e Ivie), pero ahora hay que atender el stock de capital acumulado (4,2 billones de euros), para cubrir su depreciación. Y los activos inmobiliarios suponen un 88% de este stock. Eso significa que un 75% de la inversión anual se hace para “mantener” ese stock de capital, donde “pesa demasiado el ladrillo” (naves, locales, terrenos e inmuebles), más que en el resto de Europa (en Alemania, los activos inmobiliarios suponen el 82% del stock de capital y en Reino Unido el 80%).

Este “lastre” del pasado supone que España tiene que destinar un 75% de la inversión privada de cada año a cubrir la depreciación de capital (básicamente activos inmobiliarios heredados de la burbuja) y que el capital neto sólo aumenta un 25% de lo que se invierte cada año, la parte que podemos dedicar a “modernizar la economía”, según el estudio. Y con ello, esta inversión neta es casi la tercera parte de antes de la crisis financiera: 51.760 millones en 2023, frente a los 146.498 millones en 2007). Lo importante es que esta inversión empresarial actual es más sana, porque ha perdido peso la inversión inmobiliaria y se invierte más en maquinaria, equipos de transporte, tecnologías de la información y servicios públicos y privados. Ahora se invierte poco todavía, pero más en tecnología y menos en ladrillo.

En paralelo, la inversión pública también sigue por debajo de los niveles de 2008, aunque se ha recuperado con fuerza en los últimos tres años, con el empuje de los Fondos Europeos. Así, en términos reales (descontando la inflación), la inversión pública ha crecido un +28,2 % entre 2019 y 2023, sobre todo en educación, sanidad e infraestructuras, aunque todavía esté un 40% por debajo de la inversión pública en España en 2007, según un estudio de la Fundación BBVA e Ivie, donde refleja los recortes entre 2007 y 2014 y el tirón entre 2019 y 2023.

Con todo, ni la inversión pública ni la privada crecen ahora lo que deberían, dado la mejoría de los balances en las empresas privadas y el aluvión de Fondos llegados de Europa: 47.943 millones de euros en subvenciones (a fondo perdido) y 83.140 millones en créditos a bajo interés. Y aunque estos Fondos se han ido adjudicando con lentitud al principio, ya están disponibles más de la mitad de las subvenciones y créditos, lo que debería traducirse en un mayor crecimiento de la inversión (no en el +2% previsto en 2024). Por eso, muchos expertos creen que existe una falta de confianza empresarial, afectada por su incertidumbre ante los cambios fiscales y normativos. Y también ante la coyuntura política, dominada por el enfrentamiento y la polarización, en España y en Europa.

Relanzar la inversión, para reanimar el crecimiento y el empleo, es uno de los grandes objetivos de Europa en esta nueva Legislatura. No se trata sólo de invertir más y reducir la brecha con EEUU y China, sino de invertir mejor, con más eficacia y competitividad. Porque los datos revelan que por cada euro público invertido en Europa en I+D+i, las empresas privadas europeas invierten otro euro, mientras en EEUU invierten 2 euros por cada euro público. Y en China y Corea, se multiplica por más de 3, según un estudio de la OCDE. Así que la clave no es sólo invertir más, sino invertir mejor, lo que exige un mejor funcionamiento institucional y más conexión entre inversión pública y privada.

En España, este doble reto es aún más importante, porque nuestra productividad no es sólo inferior a la de USA y China, sino a la de la mayoría de Europa. Y esa menor productividad tiene que ver no solo con nuestro modelo económico (más servicios y menos industrias), nuestra menor tecnología, el mayor peso de las pymes respecto a las grandes empresas, la menor formación de los empleados o el escaso peso de la exportación y la tecnología, sino también con la baja inversión (privada y pública) entre 2008 y 2023. Esta menor productividad de España se traduce en un menor crecimiento del PIB por habitante: creció un +4% entre 2008 y 2023, frente al +14% en la UE-27 y el +22% en EEUU. Por eso, los salarios han crecido también menos y nos hemos "empobrecido" en estos 15 años.

Existe una correlación clara entre lo que invierte un país y lo que crece, sobre todo por habitante (España ha crecido mucho, pero también su población). En España, la inversión por habitante cayó de 8.500 dólares en 2008 a 7.000 en 2023, mientras en Europa subía de 8.000 a 8.500 dólares y en EEUU aumentaba de 10.000 a 14.000 dólares por persona estos 15 años. Unos datos sobre la evolución de la inversión  que explican mucho que la producción por habitante se haya estancado y España tenga un PIB por persona (30.970 euros en 2023) que es el 88% de la media europea. Y  que 15 paises europeos nos superen en PIB por habitante (2023): Luxemburgo, Irlanda, Dinamarca, Paises Bajos, Austria, Bélgica, Alemania, Suecia, Finlandia, Malta, Francia, Italia, Chipre, Chequia y Eslovenia.

En definitiva, si España quiere mejorar su productividad y su nivel de vida, tendrá que aumentar la inversión, además de modernizar su economía y afrontar los retos tecnológicos, digitales y medioambientales. Y también Europa, cuya productividad (41.610 euros por habitante en la zona euro en 2023) es muy inferior a la de EEUU (76.476 euros por habitante). Los expertos creen que la inversión no tira en Europa (España incluida) por varias razones: falta de financiación, falta de rentabilidad de los nuevos proyectos, falta de empresarios innovadores, falta de “know-how” (saber hacer), personal técnico y mano de obra especializada, falta de infraestructuras innovadoras e investigadores y falta de un entorno institucional adecuado (legislación, fiscalidad, marco laboral…).

La presidenta de la Comisión Europea encargó al expresidente del BCE, Mario Draghi, un informe para mejorar la productividad y la competitividad de Europa, que presentó el 9 de septiembre. Draghi parte de señalar el grave problema que tiene Europa: el retraso económico respecto a EEUU, aunque socialmente sea un continente más avanzado. La cifra es impactante: la UE produjo (PIB) por valor de 46.587,9 millones de dólares en 2023 (descontada la inflación), un 30% menos de la producción de EEUU (66.762 millones de dólares). Pero lo más grave es que esta brecha entre lo que produce Europa y EEUU se ha agravado en las dos últimas décadas, porque en 2002 el “gap” era sólo del 17%. Y eso se traduce en un menor nivel de vida en Europa que en EEUU, ahora y desde hace décadas: el ingreso real disponible de los hogares europeos ha crecido el doble en USA que en la UE.

Para Draghi, este preocupante panorama plantea a la Unión Europea un triple reto: acelerar la innovación y encontrar nuevos motores de crecimiento, reducir los precios de la energía (sin dejar de “descarbonizar”) y aprender a reaccionar en un mundo geopolíticamente inestable.  Para responder a estos retos, propone avanzar en varios frentes: una nueva estrategia industrial (basada en la innovación, la tecnología y la digitalización), conseguir un verdadero mercado único europeo (“más Europa), alinear las políticas industriales, comerciales y de competencia de los 27, aumentar la inversión europea y reformar la gobernanza de la UE, con más coordinación y menos burocracia. Y en paralelo, propone tomar medidas en 10 sectores relevantes: energía, materiales críticos, digitalización y tecnologías avanzadas, industrias consumidoras de energía, tecnologías verdes, automóvil, industria de Defensa y espacial, farmacéuticas y transporte.

Pero estas propuestas y medidas tienen un coste: Europa necesita invertir 800.000 millones de euros al año, lo que supone cuadruplicar el Plan Marshall (de la postguerra europea) y superar con creces el Plan de Recuperación aprobado tras la pandemia (contemplaba invertir 750.000 millones de euros entre 2021 y 2026, unos 125.000 millones al año). Draghi señala 3  vías para conseguir estos ingentes recursos: la financiación privada, de las Bolsas (creando un único mercado de capitales), la banca (avanzando en la unión bancaria y las fusiones transfronterizas) y los ahorradores (Europa ahorra mucho más que EEUU, pero 300.000 millones de ahorro europeo se desvían a financiar a EEUU), los préstamos del BEI (Banco Europeo de Inversiones) y la financiación pública (el Presupuesto UE es ridículo comparado con EEUU: un 1% del PIB de los 27) y la emisión de deuda europea, bonos que emitirían conjuntamente los 27 (como con el Plan de Recuperación), para financiar proyectos industriales, tecnológicos y medioambientales.

Con estos 800.000 millones anuales y las necesarias reformas, Europa podría relanzar su inversión (pública y privada) y tratar de competir con EEUU y China en las próximas décadas. Pero la nueva Comisión Europea es más conservadora y está más dividida, con lo que no será fácil conseguir que ponga en marcha el Plan Draghi y aprueben un mayor Presupuesto europeo y emitan “bonos” europeos (que no quieren los paises ricos del centro y norte) para atraer el ahorro mundial a los futuros proyectos europeos. Pero no queda más remedio si Europa no quiere ser un continente sin peso y con peor nivel de vida en unas décadas. España debe apuntarse a este “tren inversor”, aprovechando al máximo los Fondos europeos y relanzando la inversión interna, pública y privada, con incentivos, fiscalidad y normativa a favor de los proyectos innovadores y competitivos.

Hay que mimar” la inversión, canalizar el ahorro, los beneficios empresariales y los impuestos a proyectos que modernicen la economía y nos hagan un país más competitivo, con más innovación, tecnología, digitalización y descarbonización. Urge relanzar la inversiónpara asegurar el crecimiento y el empleo futuros.  

lunes, 2 de diciembre de 2024

Mayores 55 años: más activos pero relegados

Las plantillas de las empresas españolas han envejecido y ahora 1 de cada 5 trabajadores tienen más de 55 años, 2 millones más que hace 10 años. Y este verano se ha superado el récord de mayores “activos”, que trabajan o buscan trabajo (5,1 millones). Muchas son mujeres que buscan recuperar el trabajo perdido y sumar ingresos en casa, aunque las mujeres mayores de 55 años están tan discriminadas o más que las jóvenes: tienen menos trabajo y peores empleos, ganan menos, tienen más paro y cobran menos y reciben menos pensiones que los trabajadores mayores. Pero todos, mujeres y hombres mayores, tienen el mismo problema: las empresas no los quieren, tratan de que se vayan o se jubilen y no los contratan si están parados. Aumenta el “edadismo” en la economía, que relega a muchos mayores a seguir parados hasta la jubilación. Urge un Plan para promover el reciclaje y la contratación de estos millones de personas "mayores", para aprovechar su talento y su experiencia.

                       Protesta trabajadores mayores 55 años                            Información Alicante

España tiene una población cada vez más envejecida, como toda Europa, por el aumento de la esperanza de vida y el menor número de nacimientos. El 1 de octubre residían en España 48.946.035 habitantes, según el INE, de los que más de un tercio (el 34,91%) tienen más de 55 años: 17.087.070. Son 3,3 millones de mayores más que hace 10 años, cuando en España vivían 46.507.760 personas, de las que 13.813.959 tenían más de 55 años. De este tercio largo de personas mayores, un 44% son personas en edad laboral, que tienen entre 55 y 64 años: 7.579.865 personas, 1,6 millones más que en  2014. De hecho, dos tercios del aumento de población total que ha tenido España en la última década se ha dado entre las personas que tienen de 55 a 65 años. Y una buena parte de este aumento se debe a los inmigrantes mayores (55 a 65 años), que son ahora 910.860 personas (1 de cada 8 mayores).

De estos 7,5 millones de personas que tienen entre 55 y 65 años, cada vez hay más “activos”, personas que buscan trabajo o trabajan, debido a que muchos “mayores” se han lanzado al mercado laboral tras las dos crisis (financiera y pandemia), sobre todo mujeres. De hecho, este verano se batió el récord histórico de “mayores activos”, superándose los 5 millones de personas con más de 55 años que trabajan o buscan trabajo : en septiembre eran ya 5.092.600 “mayores activos” (un 20,72% del total de activos), según la EPA, lo que supone un tremendo salto en su actividad, dado que hace 10 años (2014), sólo eran “activos” (trabajaban o buscaban trabajo) 3,1 millones de mayores (el 13,5% de todos los activos) y hace 20 años (en 2004), sólo eran activos 2 millones (el 10,2% del total).

Así que los trabajadores “mayores” (más de 55 años) están más activos que nunca en España y también trabajan más que nunca. En septiembre de 2024, tenían un trabajo 4.576.700 ocupados mayores de 55 años (4,21 millones entre 55 y 64 años, 304.700 con 65 a 69 años y 53.100 con más de 70 años), una cifra que supera en algo más de 2 millones a los “mayores” que trabajaban hace 10 años, en septiembre de 2014 (2.557.500). Eso supone que 1 de cada 5 trabajadores (20,97%)  tienen hoy más de 55 años, cuando hace 10 años, el empleo de los “mayores” suponía no llegaba a 1 de cada 7 trabajadores (14,6%). De estos 2 millones de mayores más que trabajan hoy, 1 millón más son hombres y otro millón mujeres. Y el 11% de los “mayores” con trabajo son extranjeros (500.000, la mayoría mujeres).

Una parte de estos “mayores activos”, esos 5 millones con más de 55 años, no han conseguido trabajar y están en paro. En septiembre de 2024, se consideraban “parados” (EPA) un total de  515.900 mayores de 55 años (la mayoría, 494.400 con una edad entre 55 y 64 años, 19.500 parados con 65 a 69 años y 2.000 parados con más de 70 años, que “siguen buscando empleo”). Son menos parados “mayores” que hace 10 años (593.100 en septiembre de 2014), pero la caída es pequeña frente a la del paro total (reducido a la mitad, de 5,42 millones a 2,75 millones), según el INE. Y además, el peso de los parados “mayores” en el total es hoy mayor: son el 18,73% de todos los parados, cuando en 2014 eran el 10,92%.

Hasta aquí, el panorama de la actividad, el empleo y el paro de los mayores de 55 años, un colectivo que ha dado un gran salto en el mercado  laboral, aunque las empresas “renieguen” de ellos en muchos casos y busquen sustituirlos por jóvenes (más “baratos”). Pero el dinamismo laboral de este colectivo de “mayores” esconde una “brecha interna”, una discriminación generalizada por la que las mujeres “mayores” salen perdiendo, según revela un reciente estudio de la Fundación Mapfre: son menos “activas”, tienen menos empleos, más precarios  y puestos menos importantes y peor pagados, más paro y menos subsidio y cobran menos pensiones que los hombres “mayores”.

Empezando por la actividad, de las 4,7 millones de mayores activos entre 55 y 64 años, menos de la mitad son mujeres (2,19 millones) y hay más hombres (2,52 millones), a pesar de que hay más mujeres que hombres en la población total y en esa franja de edad. Y en España, son “activas” sólo el 61,1% de las mujeres “mayores”, frente al 73,5% los hombres. Eso se debe a que muchas mujeres dejan de trabajar al ser madres o para cuidar a sus padres, lo que reduce su porcentaje de “actividad” (buscar trabajo o trabajar). 

En cuanto al empleo, la 2ª discriminación es que las mujeres “mayores” trabajan menos que los hombres “mayores”. En septiembre de 2023, de los 4.576.700 mayores de 55 años que trabajaban, más de la mitad eran hombres (2.489.900 ocupados, el 54,4%) y menos mujeres (2.086.800 ocupadas, el 45,6% del total). Es lo mismo que pasaba 10 años antes: 1.459.200 ocupados hombres y 1.098.400 mujeres. Comparados con Europa, las mujeres “mayores” tienen una tasa de empleo menor: 53% de las mujeres con esa edad trabajan en España, frente al 58% en la UE-27, el 71% en Alemania, el 57,2% en Francia y el 47,2% en Italia.

Además, las mujeres "mayores" sufren otras discriminaciones: tienen más contratos a tiempo parcial (unas, para atender a hijos y mayores y otras, porque no encuentran otro empleo), más contratos temporales y trabajan en sectores “feminizados” (educación, sanidad, comercio y hostelería), que suelen tener sueldos más bajos. Y aunque tienen más formación que los trabajadores hombres mayores (el 40% son universitarias, según la Fundación Mapfre), tienen peores puestos que los hombres (hay 2,5 veces más hombres “senior” que mujeres en puestos directivos)  y peores sueldos. La “brecha” salarial por género es mayor entre los trabajadores mayores de 55 años, según la Fundación Mapfre: un 14,4% menos que los hombres cobran las mujeres que tienen entre 55 y 64 años, una “brecha” mayor que entre 45 y 54 años (cobran 12,1% menos), entre 35 y 44 años (6,9%) o entre 25 y 34 años(1,3%).

Otra importante discriminación se da en el paro, por partida doble. Por un lado, las mujeres “mayores” sufren más paro: en septiembre de 2024, había 282.200 mujeres con más de 55 años en paro (el 54,7% del total), frente a 233.700 parados “mayores”.  Y lo más llamativo: la tasa de paro de las mujeres “mayores” en España, el 12,9% de la población activa (2023), no sólo supera a la de los hombres (9,5%) , sino que triplica al paro de las mujeres mayores en la UE-27 (4,5%) y Francia (55) y multiplica por 6 el paro de las alemanas (2%), según Eurostat.  Y por otro lado, las mujeres cobran menos desempleo, tanto porque cotizan por sueldos más bajos como porque han cotizado menos tiempo y a veces no tienen derecho al subsidio contributivo (988 euros mensuales), sólo al asistencial (480 euros). Los datos del SEPE de octubre revelan que 376.912 mujeres mayores de 55 años cobran un subsidio contributivo (y 311.017 parados “mayores”), 872 euros al mes ellas, frente a 1.100 ellos. Eso sí, los parados “mayores” que cobran el desempleo asistencial, a partir de los 52 años y hasta la jubilación, cobran lo mismo sean hombres o mujeres: 480 euros al mes.

Al final de la vida, las mujeres cobran menos pensión que los hombres, porque han cotizado por sueldos más bajos y durante menos años, porque han tenido “años en blanco”, que no han trabajado ni cotizado, por la maternidad o por el cuidado de mayores y dependientes. De ahí que la pensión media de los hombres, en octubre de 2024, sea de 1.514,18 euros, frente a 1.031,07 euros la de las mujeres. Y la pensión de jubilación, 1.659,19 euros de media los hombres frente a 1.145,46 las mujeres. Pero en el caso de jubilarse anticipadamente, también hay discriminación en el cobro: 1.732 euros las mujeres frente a 2.090 los hombres, para jubilaciones entre los 60 y 64 años, y 1,411 euros las mujeres frente a 1.725 euros los hombres en jubilaciones entre los 65 y 69 años, según la Seguridad Social.

Las mujeres “mayores” están discriminadas respecto a los hombres, en actividad, empleo, paro, ingresos, subsidios y pensiones. Pero todos los “mayores”, ellos y ellas, sufren cada día la presión de muchas empresas, que intentan “que se vayan” o se jubilen anticipadamente, o que no están dispuestas a contratar a mayores en paro. Un contrasentido:  que un colectivo muy dinámico y formado, los mayores de 55 años, sufra prejuicios y estereotipos en el mercado laboral, que en muchos casos los lleva a la inactividad, al desempleo de larga duración y a las jubilaciones anticipadas (perdiendo pensión), como señala este informe de Adecco.

Hay sectores enteros, como la banca, las telecomunicaciones o la energía, que han sufrido procesos de “rejuvenecimiento de las plantillas”, a cambio de un alto coste para las empresas y para la Seguridad Social. Y la presión sigue hoy en muchas empresas y sectores, con el objetivo de “renovar” plantillas y ahorrarse costes, al sustituir un empleado con antigüedad y sueldos medios por jóvenes mileuristas y contratos precarios. Es una visión “cortoplacista”, que puede suponer “ahorros” a corto plazo pero donde las empresas pierden lo más valioso: el capital humano. Parece claro que hay que dejar sitio a las nuevas generaciones, pero debería buscarse una “cohabitación” entre trabajadores mayores y jóvenes, promoviendo contratos de relevo, donde el empleado mayor trabaje menos horas y forme a los nuevos, sin perder mucho sueldo y bonificando la contratación de esos jóvenes.

Lo que parece claro es que asistimos a un problema de “edadismo” en el mercado laboral: las empresas apenas contratan a mayores de 45 años y es muy raro que contraten a mayores de 55 años. Los datos son muy evidentes: en octubre de 2024, de los 12.935.916 contratos hechos en España (se hacen muchos al año para un puesto), sólo el 8,92% se hicieron a parados mayores de 55 años, según el SEPE, cuyos datos revelan que los contratos se concentran en los 25-29 años (14,8% del total) y los 30-34 años (12,10%).

 Así que los 515.900 parados con más de 55 años tienen muy difícil encontrar un trabajo. Ellos lo saben: 7 de cada 10 parados mayores de 55 años “creen que no volverán a trabajar nunca”, según una Encuesta de la Fundación Adecco. Solo les queda malvivir con 480 euros de paro hasta que puedan jubilarse (63,65 o 67 años, según lo cotizado y lo que quieran perder si anticipan la retirada). Y eso si cumplen los requisitos para cobrar el paro de mayores de 52 años, que incluyen carecer de otros ingresos y haber cotizado 6 años. En cualquier caso, no sólo buscan trabajo: también recuperar la autoestima, porque se ven sin salida después de sus estudios y muchos años de trabajo.

La Fundación Mapfre propone que el Gobierno y las empresas promuevan trabajos parciales (“mini Jobs”) para recuperar a los parados “mayores”, incentivar que muchos se hagan autónomos (hay 1 millón de mayores de 55 años autónomos, 350.000 mujeres), junto a programas de reciclaje y formación (sobre todo en herramientas digitales), además de  bonificaciones fiscales y de cotizaciones a las empresas que contraten a mayores. Y que se publique e incentive el porcentaje de mayores que tienen las empresas. Otro elemento clave es la reforma y modernización de las oficinas de empleo (SEPE), para que ayuden a recolocarse a los parados y en especial e los mayores que llevan más tiempo sin trabajar.

En resumen, que tenemos un ejército de “mayores” que tienen ganas de trabajar y una formación y experiencia muy valiosas, que las empresas no deberían relegar, porque mejora su eficacia y productividad. No podemos despreciar el talento.

jueves, 28 de noviembre de 2024

Comprar piso a cualquier precio

El precio de la vivienda se ha puesto por las nubes: más de 200.000 euros un piso de 90 metros y entre 385.000 y 470.000 en Madrid o Barcelona. En el último año, los pisos en venta subieron un +7,8%, acumulando una subida del +50% desde 2014, el doble que la inflación y los sueldos. A pesar de estos precios, las ventas se han disparado, por compras de  inversores, extranjeros y familias que pueden hipotecarse. De hecho, los pisos en venta “vuelan” en días y los compradores “no regatean” e incluso “pujan”, pagando más por la poca oferta disponible. El problema es que faltan pisos, porque ha caído el stock y apenas se construye: 80.000 viviendas en 2023, 7 veces menos que en 2008. Ahora, con los alquileres disparados, habrá más familias (e inversores) que compren piso, con la bajada de tipos. Y la vivienda seguirá subiendo de precio. Urge construir más, para alquiler y compra, porque si no, los precios serán imposibles para la mayoría.

                            Enrique Ortega

Los precios de la vivienda no dejan de subir desde hace una década. En el 2º trimestre de 2024, el precio de compraventa de una vivienda subió en España un +7,8% anual, la mayor subida desde 2022, según el INE. Eso es la subida media, porque la vivienda nueva (de la que menos hay) subió un +11,2% anual, la mayor subida desde los años 2.007 y 2008. Y la vivienda usada, la que más se vende, subió un +7,3%, otro récord. Una subida que cuadriplica la inflación anual (+1,8%) y duplica con creces la subida de sueldos este año (+3,06%). Además, los precios de la vivienda suben más en España que en la mayoría de Europa, según Eurostat: +7,9% en el 2º trimestre, frente al +2,9% en la UE-27, +2,9% en Italia y una caída del -4,6% en Francia o del -2,6% en Alemania (“resaca” tras años de subidas).

El problema es que este aumento de precios de la vivienda “llueve sobre mojado”: la subida acumulada ha sido del +43,8% entre 2014 y 2023, según el INE, superando ya el desplome de precios sufrido tras el estallido de la burbuja inmobiliaria, cuando cayó un -41,9% entre 2008 y 2013. Otra vez, la vivienda nueva ha subido más en la última década, un +58,7% (frente al -30,5% que cayó con la crisis), mientras se ha encarecido menos la vivienda usada, un +41,2· (frente a una mayor caída antes, del -51,3%). Ahora se espera otra subida en esta segunda mitad de 2024, más del 7%, con lo que la vivienda subirá un +50% entre 2014 y 2023.

Con estas subidas, el precio medio de una vivienda en España estaba en septiembre en 1.921 euros/m2, según el Ministerio de la Vivienda, lo que supone 458 euros más (+31,3%) que el precio mínimo de 2014 (1.463 euros) y el precio más alto de la vivienda en España desde hace 15 años (1.958 costaba al principio de 2009). Eso supone que comprar un piso de 90m2 cuesta ahora unos 173.000 euros, 41.000 euros más que hace una década. Pero ese es el precio medio: una vivienda nueva (con menos de 5 años) costaba 2.255 euros/m2 (unos 203.000 euros) y una usada, 1.911 euros (172.000 euros).

Estos precios que publica la Administración son similares a los que publica la Sociedad de Tasación, que cifra en 1.903 euros/m2 el precio medio de la vivienda en septiembre, aunque baja el precio de la vivienda usada (1.887 euros en junio) y sube más el precio medio de las viviendas nuevas: 2.930 euros/m2 en junio, lo que supone 263.700 euros de coste un piso de 90 m2. Y refleja enormes diferencias según las ciudades. Así, una vivienda nueva en Barcelona cuesta 5.262 euros/m2 (473.000 euros por una casa de 90m2) , 4.493 euros/m2 en Madrid (404.370 euros por 90m2) , 4.378 en San Sebastián y 3.025 euros/m2 en Bilbao, mientras cuesta la tercera parte o menos en Ciudad Real (1.314 euros/m2: 118.260 euros un piso de 90m2), Cáceres (1.327) o Badajoz (1.337 €/m2).

Una tercera estadística, la del Colegio de Registradores, da un coste promedio de la vivienda algo mayor, 2.114 euros/m2 en septiembre de 2024, subiendo el precio de la vivienda usada (hasta 2.080 euros/m2) y alineando el precio de la vivienda nueva con el del Ministerio (2.254 euros/m2). Sus datos reiteran también la gran diferencia de precios entre autonomías y capitales: por encima de los 3.000 euros/m2 de media están San Sebastián (5.613 euros/m2: 505.170 euros “de media” por una casa de 90 m2…), Barcelona (4.466 euros de media, aunque la vivienda nueva cuesta  5.200 euros/m2), Madrid (4.327 euros de media: 390.000 euros por un piso de 90m2 y mucho más si es nuevo), Palma (3.558 euros de media), Bilbao (3.017 euros/m2) y “casi” Málaga (2.917 euros/m2). Y lo más llamativo: el 49% de las ventas registradas son pisos de menos de 90 metros cuadrados

Estos precios tan elevados por una vivienda se deben a la escasez de viviendas en el mercado, debido a la caída del “stock” de viviendas usadas  y a la baja construcción de nuevas viviendas. Por un lado, el stock disponible ha bajado drásticamente, desde 649.780 viviendas que había en 2009 a las 447.691 viviendas disponibles en 2023, según el Ministerio de Transportes. Y además, en la mayoría de provincias, el stock sobre el total de viviendas es bajo (1,66% de media en España), siendo mayor en las ciudades y provincias con más problemas: Madrid, Barcelona, Toledo, Sevilla, Tenerife y litoral mediterráneo, aunque en la mayoría tienen un stock bajo, salvo Madrid (11,4% del parque) y Barcelona (10,86%).

El problema mayor, que explica la escasez de viviendas a la venta, es que se ha desplomado la construcción de nuevas viviendas, desde 2009 y sobre todo desde 2014. Así, frente a un máximo de 597.632 viviendas “libres” (sin ayudas públicas) construidas en 2006, se bajó a 356.555 en 2009, a 121.043 en 2011 y a un mínimo de 35.382 viviendas construidas en 2014. Y a partir de ahí, apenas creció la construcción, alcanzando las 58.853 viviendas terminadas en 2018, las 84.091 en 2021 y las 80.473 viviendas libres construidas en 2023, 7 veces menos que en los años del “boom inmobiliario”, según los datos de Vivienda. Y este año 2024, se han terminado 41.853 viviendas hasta junio (+2,1% que en 2023). Y peor es la construcción de viviendas “protegidas” (VPO): sólo se terminaron 8.847 en 2023 (3.311 en la primera mitad de 2024), frente a 68.587 en 2008.

Así que no hay viviendas para vender y por eso los precios se disparan, sobre todo porque la demanda crece, aumentan los que buscan piso y las compraventas. Las 10  subidas de tipos del BCE (entre 2022 y 2023) retrajeron las compras, junto a los altísimos precios, pero ahora, con las bajas aprobadas (junio, septiembre y octubre 2024) y las anunciadas, las compras se han disparado: 61.887 en septiembre, un +41,5% anual y la mayor cifra de ventas mensual desde 2007. Con ello, se han vendido ya 467.865 viviendas en 9 meses y de continuar la tendencia (+3,05%), el año 2024 cerrará con 601.000 viviendas vendidas, el tercer mejor dato de ventas tras 2007 (se vendieron 775.300) y 2022 (650.265 viviendas) . Y  100.000 viviendas más vendidas que antes de la pandemia (505.467 en 2019).

¿Quién compra un piso en España con estos precios? Pues hay tres grupos claros de compradores. Uno, los inversores, empresas y ahorradores particulares que compran un piso para invertir y especular, para ponerlo en alquiler primero (inmobiliarias, Fondos de inversión o particulares) y luego venderlo con plusvalías. De hecho, la rentabilidad de la inversión inmobiliaria en España era del +7,2% en septiembre, más del doble de la rentabilidad de los bonos del Estado y de muchas acciones. Un dato que confirma el auge de estos compradores de viviendas (que no las compran para vivir) es que un 35% de las compras se están haciendo sin hipoteca, pagando al contado con fondos propios, según los datos del Colegio de Registradores.

Un 2º grupo de compradores de viviendas son los extranjeros: compraron el 14,90% de las viviendas vendidas en 2023, según los Registradores, un porcentaje mucho mayor en Baleares (32,5% de las compras totales), Comunidad Valenciana (28,45%, aunque hay provincias como Alicante donde son el 44% de los compradores), Canarias (27,25%, aunque suben al 35,7% en Tenerife)), Murcia (24,68%), Cataluña (16,79%) y Andalucía (14,31%, pero suben al 33,7% en Málaga). Este año, la mayoría de los compradores extranjeros siguen siendo los británicos (8,52%) y alemanes (6,43%), aunque han adelantado a los franceses (5,23%) los compradores marroquíes (5,46%), polacos (5,32%) e italianos (5,25%).

El tercer grupo de compradores son las familias que ya tienen una casa y se plantean venderla y comprar otra mejor (pagando la diferencia con ahorros o una hipoteca) o las familias jóvenes que piden una hipoteca ayudados por sus padres. El resto, la mayoría de la población que no tiene casa ni ayuda, es casi imposible que pueda pagar estos precios, salvo que consiga hipotecarse de por vida, forzados por unos alquileres imposibles.

Por todos ellos, la demanda de viviendas existe, aunque los precios estén por las nubes. La prueba no es sólo que se disparen las compraventas sino que las inmobiliarias alertan que tienen problemas para buscar piso a los que quieren comprar. De hecho, las ventas son cada vez más rápidas (antes se tardaba meses y ahora semanas y horas) y los pisos “vuelan”, sin que los compradores puedan “regatear” el precio final como antes. Incluso hay inmobiliarias que hablan de compradores que ofrecen al vendedor hasta un 10% extra para asegurarse el piso que quieren… Es la forma de pujar por lo escaso.

Todo apunta a que los precios de los pisos seguirán subiendo, empujados por la alta demanda, la baja oferta y la mayor presión por comprar (ahora que bajarán las hipotecas) en vez de alquilar, por los elevadísimos precios. Precisamente, los alquileres disparados son la mejor gasolina para la subida de los precios de las viviendas. El mecanismo es fácil de entender: cuanto más me cueste alquilar, más me pensaré comprar, sobre todo ahora que bajan los tipos. Claro que necesito 2 condiciones previas. Una, que los bancos me puedan dar una hipoteca, algo que depende de mi sueldo y tipo de contrato (si es precario, nada). Si paso este filtro y soy de los que pueden “optar” a una hipoteca, queda el 2º filtro: tener ahorrado o que mis padres me presten el 30% del valor del piso, porque la hipoteca sólo se concede por el 80% del valor de tasación y hay que tener un 30% para la entrada (20%) y gastos (10% para notaría, registro, impuestos y gastos iniciales).

Supongamos que podemos conseguir una hipoteca y alguien nos deja ese 30% (o lo ahorramos). Las cuentas están claras: en casi todos los casos, con los tipos actuales, compensa más comprar que alquilar. Vemos algunos ejemplos. Si el precio medio de una vivienda de 90m2 está en 198.810 euros (2.209 euros/m2), deberíamos pedir una hipoteca de 159.048 euros. A 25 años, con el Euribor más 1% (3,69% ahora), nos sale a pagar una mensualidad de 812 euros, una cuota inferior al alquiler medio en España, que es hoy de 1.179 euros. Si el piso está en Madrid, hay que pedir una hipoteca de 261.936 euros, que nos cuesta 1.338 euros al mes, menos que el alquiler medio de la capital (1.854 euros). En Barcelona, la cuota sería 1.690 euros frente a 2.079 euros de alquiler. En Valencia, 1.016 euros de hipoteca frente a 1.296 euros de alquiler. Y en Sevilla, 865 euros mensuales de hipoteca frente a 1.062 euros de alquiler.

Cuanto más bajen los tipos y las hipotecas y más suban los alquileres, más compensará comprar en vez de alquilar. Ojo: sólo si tenemos un trabajo “merecedor” de una hipoteca bancaria” y unos padres que nos presten el 30% del valor, para la entrada y gastos. Esta es la dinámica que seguirá haciendo subir los precios de los pisos, junto al interés de los inversores, Fondos y particulares por comprar para invertir, además del boom de extranjeros que buscan casa en España. Y a su vez, esta subida de los pisos animará a los propietarios a subir los alquileres, para obtener más por una inversión más costosa.

Hay que acabar con esta dinámica, con la “locura” de un mercado donde los precios disparados de compra y alquiler se retroalimentan. Para conseguirlo, el camino no es imponer unos controles de precios, que no se implantan o se evaden (con pisos turísticos, alquileres de temporada o ventas) sino construir más viviendas, aumentar drásticamente la oferta, para bajar precios (de pisos y alquileres). Y para ello, urge actuar en varios frentes. Por un lado, promover un Pacto político entre Gobierno, autonomías y ayuntamientos para conseguir suelo y financiación a los promotores públicos y privados. Hay suelo, pero hace falta catalogarlo y prepararlo para que sea urbanizable y esté a disposición de los promotores, a los que hay que reducir burocracia y plazos. Urge buscar financiación, pública (hay que territorializar el ICO y especializarlo más en la vivienda) y privada, arrastrando a los bancos ahora que no hay Cajas. Y hay que actuar sobre los costes de construcción, mejorar la disponibilidad de mano de obra y agilizar el proceso (se tardan 100 meses en una promoción y habría que reducirlo a 50). Y el Estado (central y periférico) debe gastar el doble en promover viviendas protegidas, directamente y con los promotores privados, para crear un parque de 1 millón de viviendas de VPO que ofrezca alquileres asumibles.

Hacen falta 250.000 nuevas viviendas al año para cobijar a las nuevas familias (120.000) y a los inmigrantes (330.000 nuevos al año). Se puede conseguir triplicar la construcción de viviendas si los organismos públicos se ponen a la tarea y facilitan suelo y financiación, agilizando las promociones privadas y públicas. Y creando un parque de viviendas VPO, para alquilarlas a las familias con menos ingresos. En paralelo, facilitar a los propietarios que alquilen más y a precios razonables, sin imposiciones, con incentivos fiscales y organismos que les ayuden a gestionar su alquiler. En definitiva, medidas para conseguir que haya más viviendas en el mercado, para compra y alquiler. Más oferta de pisos es la clave.