jueves, 14 de septiembre de 2023

El dilema de la 10ª subida de tipos

Hoy 14 de septiembre, el Banco Central Europeo (BCE) decide si vuelve a subir los tipos de interés (un +0,25%, hasta el 4,50%) o pospone la subida a octubre. La mayoría de expertos apuestan porque el BCE hará una “pausa”, tras 9 subidas de tipos en los últimos 14 meses, aunque también hay miembros del BCE que apuestan por una última subida, para atajar la inflación (5,3%). Pero preocupa que otra subida sea la puntilla para la economía europea, que no crece nada, con Alemania y 9 paises más decreciendo. Dilema: ser “ortodoxos” y subir tipos aunque la receta apenas baje la inflación (que sube por la energía y los alimentos) o ser “flexibles” y no agravar el estancamiento económico en Europa, sobre todo en Alemania, la que “manda” en el BCE. Suban o no, el problema es que no habrá bajadas de tipos hasta 2024. Y eso daña a familias, empresas y Presupuestos. Urge cambiar la política monetaria y reanimar la economía europea.

14.30 h. Confirmado el temor: el BCE ha subido tipos +0,25%, al 4,50%, el tipo más alto desde 2001

                Enrique Ortega

El mundo económico y financiero tiene la vista puesta hoy en el Banco Central Europeo (BCE), que debe decidir si aprueba o no la 10ª subida de tipos en los últimos 14 meses. El BCE empezó a aplicar su “receta” de subir tipos contra la inflación el 21 de julio de 2022, con un retraso de cuatro meses sobre la Reserva Federal USA, que empezó a subir los tipos el 17 de marzo. Desde entonces, hace 14 meses, el BCE ha subido los tipos de interés oficiales del 0% en que estaban al 4,25%, tras la última subida del 27 de julio, el precio más caro del dinero en Europa desde el año 2008. Y en estos 14 meses, tras “el ricino monetario”,  la inflación en la zona euro ha bajado, pero poco: estaba en el 8,6% en junio de 2022, subió hasta un máximo del 11,1% en noviembre de 2022 y luego ha bajado hasta el 5,3% en agosto de 2023, todavía muy lejos del 2% que es el objetivo del BCE. Y la bajada se debe a la rebaja en los precios del petróleo, el gas y la electricidad, no a la subida de tipos. 

Ahora, el BCE debe decidir hoy si sigue con su racha de subidas y eleva los tipos otro +0,25% (hasta el 4,50%) o si se toma una tregua y deja la 10ª subida para la próxima reunión, el 22 de octubre próximo. Es lo que hizo la Reserva Federal USA en junio: no subió los tipos y esperó a hacerlo al 26 de julio, cuando sí aprobó la 11ª subida de tipos en 16 meses, un +0,25%, hasta el 5,50%, el tipo de interés más alto en EEUU desde el año 2001. Eso sí, la subida de tipos norteamericana ha sido más eficaz para reducir la inflación allí: ha caído de un máximo del 9,2% en junio de 2022 al 3,7% en agosto de 2023. Y eso porque allí la inflación estaba más motivada por el recalentamiento de la economía (inflación de demanda), que la subida de tipos ha “enfriado”, mientras en Europa se debe más a la energía, los alimentos y la guerra en Ucrania (inflación de oferta), costes sobre los que poco puede hacer que el BCE suba más o menos los tipos de interés. 

En el BCE hay dos posturas sobre qué hacer hoy con los tipos de interés. Los representantes de los paises llamados “halcones” (Alemania, Holanda, Austria, Estonia y Finlandia), defensores de la “ortodoxia monetaria”, creen que no hay que bajar la guardia y que debe seguir la subida de tipos “lo que haga falta”, hasta doblegar la inflación, aunque tenga un alto coste para familias (hipotecas), empresas (crédito e inversión) y paises (subida del coste de la deuda pública). Estos miembros del BCE se agarran a que la inflación en la zona euro es todavía demasiado alta (5,3% en agosto) y que no se redujo el mes pasado, por primera vez desde abril. Y que la inflación de fondo (subyacente), sin energía y alimentos no elaborados, sigue muy alta (6,2% en agosto), lo que indica que la inflación está “instalada” en las economías, sobre todo en el norte de Europa (la inflación es del 6,4% en Alemania o del 7,6% en Austria frente al 2,4% en España). Y que hay que seguir “dando leña al mono”… 

Pero algunos de esos mismos miembros “duros” del BCE (de Alemania) y los llamados “palomas” (Italia, Francia, Portugal o España) están más preocupados por el estancamiento de la economía europea que por la inflación. Y han frenado su afán de “subir tipos hasta doblegar la inflación” tras dos noticias recientes. Una, que la economía de la zona euro (20 paises UE) no creció nada en el 2º trimestre de 2023, según Eurostat, que rebajó del 0,3 al 0% su previsión anterior. Y lo peor: que Alemania no crece nada (+0%) y que hay 9  paises europeos que han decrecido, cuyo PIB cayó en el 2º trimestre de 2023: Italia (-0,4%), Paises Bajos (-0,3%), Suecia (-0,8%), Austria (-0,7%), Chipre (-0,4%), Estonia (-0,2%), Letonia (-0,3%), Hungría (-0,3%) y Polonia (-2,2%). La otra noticia, de este lunes, son las nuevas previsiones económicas  de la Comisión Europea para 2023: prevén que Europa crezca sólo un +0,8% este años (tres décimas menos de lo que esperaban en mayo y la cuarta parte del crecimiento de 2022: +3,4%). Y que Alemania, “la locomotora europea”, decrezca un -0,4% (tras la recesión a finales de 2022 y principios de 2023), con la mayoría de paises estancados, salvo España (crecerá un 2,2% este año) y Francia (+1%). 

Ante este panorama, algunos “halcones” (con Alemania a la cabeza, la que más “manda” en el BCE) y todas las “palomas” del Banco Central Europeo temen que si suben hoy los tipos agraven esta recesión y la economía europea, con el nuevo “ricino monetario” entre más en coma. Por eso, apuestan por retrasar el tratamiento, esperar a la próxima reunión del 22 de octubre, para ver cómo evolucionan la inflación y la economía. Pero sigue habiendo miembros del BCE (y “expertos”) que defienden el rigor (“rigor mortis”) y enviar el mensaje de que “están dispuestos a todo” para atajar la inflación. Aún a costa de la recesión. 

Hoy, hacia las 14,30 horas, sabremos la decisión que toma el BCE. Pero decidan la 10ª subida o una tregua, lo que está claro es que no valoran bajar los tipos para reanimar la débil economía europea. Ya lo han dicho claramente: los tipos seguirán altos en 2024 y sólo contemplan bajarlos dentro de un año, si la inflación amaina. Pero con mucha prudencia, porque ahora les preocupa que los salarios hagan repuntar la inflación. De hecho, en Alemania, los salarios han subido un +6,6% en el 2º trimestre. Y en España, los convenios firmados hasta agosto han aprobado una subida salarial del +3,38%. Es más que el año pasado, pero todavía no recuperan el poder adquisitivo perdido. Y sorprende que el BCE se preocupe ahora de que los salarios “realimenten la inflación” cuando no se han preocupado de los beneficios empresariales (márgenes), culpables (según el propio BCE) de dos tercios de la subida de la inflación en el último año… 

La inflación va a seguir alta en Europa, sobre todo este otoño e invierno, debido no a que la economía crezca demasiado y este “recalentada”, sino por culpa de la energía (el petróleo supera ya los 90 dólares, frente a los 72 en mayo, y el gas está subiendo, como la electricidad) y los alimentos (fruto de la sequía y el clima, en España y en medio mundo), además de los problemas en las cadenas de suministro y en el comercio mundial, además de las subidas de los márgenes empresariales (para recuperar las pérdidas del COVID). Por eso, la previsión del propio BCE es que la inflación en Europa no baje al 2% hasta mediados de 2025. Y por eso reiteran que seguirán con los tipos altos, sin bajarlos, hasta finales de 2024. 

Una política suicida e ineficaz, porque no baja la inflación (los precios suben por otras causas, no por un exceso de demanda, inexistente) y sin embargo daña la economía, a las familias, empresas y paises, agravando la recesión, en un momento en que la economía internacional se ha desinflado (según la OCDE) y China crece mucho menos. 

Las familias llevan ya 14 meses sufriendo las consecuencias de las subidas de tipos del BCE: el Euribor, por el que se revisa la mayoría de las hipotecas (4 millones), lleva subiendo desde que se puso en positivo (en abril de 2022) y eso ha provocado ya que algunas familias hayan tenido que revisar al alza dos veces ya su pago mensual de la hipoteca. En agosto, el Euribor mensual cerró en el 4,073% (bajando ligeramente del 4,149 de julio, por primer mes), pero como estaba en el 1,249% en agosto de 2022, los que revisen su hipoteca en septiembre tendrán que pagar unos 305 euros más al mes (+3.660 euros al año), después de que en la revisión de hace un año ya pagaron hasta 120 euros mensuales más. Un coste extra que, unido a la inflación y a los bajos salarios, va a recortar aún más el consuno de las familias este otoño e invierno, frenando el crecimiento y el empleo. Y que dificulta la concesión de hipotecas (ha caído de febrero a junio) y la venta de pisos (cae ya 5 meses, hasta junio, agravando la crisis en la construcción). Además, suben los tipos en las tarjetas y créditos al consumo (al 8,05% de interés en julio, frente al 6,82% hace un año, según el Banco de España). 

Las empresas también sufren los altos tipos del BCE, sobre todo las pymes, que tienen ahora más difícil endeudarse (los bancos miran “con lupa” los préstamos que dan) y más caro: los créditos hasta 250.000 euros han casi triplicado su coste (del 1,7% en 2022 al 4,84% en julio de 2023), los créditos de 250.000 euros a 1 millón han más que triplicado su tipo (del 1,35% al 4,75%) y los créditos a empresas superiores al millón de euros han cuadruplicado con creces su coste (del 0,83 al 4,87%), según los datos del Banco de España, que reconoce que la subida de tipos ha reducido el crédito a empresas y familias. 

Y queda el efecto negativo de los altos tipos de interés sobre los paises, sobre sus cuentas públicas, al encarecer los intereses que han de pagar ahora por su deuda pública. En el caso de España, con una deuda de 1.569.000 millones de euros en junio (el 113% del PIB), ahora tenemos que dedicar más recursos públicos a pagar intereses: el bono a 10 años, por el que se pagaba el 0,76% en febrero de 2022, salto a un tipo del 3,657% en diciembre de 2022 y ayer estaba al 3,738%. Sin estas subidas, ya estaba previsto destinar 31.275 millones del Presupuesto 2023 a pagar los intereses de la deuda, la 2ª partida de gasto tras las pensiones. 

En definitiva, que la receta de subida de tipos del BCE, aunque sirve de poco para bajar la inflación (lo que ha bajado es por la bajada de la energía y las medidas de los Gobiernos), es muy dañina para las familias, empresas y paises más endeudados, por lo que recorta la actividad y el crecimiento, agravando el riesgo de recesión en Europa y poniendo en peligro el empleo. Y más en la Europa del sur, donde familias, empresas y paises son más vulnerables a la subida de tipos, porque tienen menos ingresos (sueldos más bajos y menos recaudación fiscal), menos competitividad y más deuda pública y privada. Además, el BCE comete una tremenda desigualdad: sube los tipos igual a todos, aunque España (2,4%) o Grecia (3,4%) tengan la mitad de inflación que Alemania (6,4%) o Austria (7,6%). 

No lo van a hacer, pero dado el estancamiento económico en Europa (provocado en parte por sus 9 subidas de tipos), lo que debería hacer el BCE es empezar a bajar los tipos, progresivamente, para ayudar a reanimar las economías. Y en paralelo, la Comisión Europea debería poner en marcha Planes de reactivación, como ha aprobado Alemania (aprobando un Plan de ayudas de 32.000 millones en 4 años). Todo ello, sin olvidar la inflación, pero avanzando en medidas para frenar las subidas de la energía (con una reforma del mercado eléctrico, que sigue pendiente) y ayudas a agricultores y ganaderos, para contener la inflación de los alimentos provocada por la sequía y el clima. Nos espera un otoño difícil en Europa, pero lo será más si el BCE persiste en su “extremismo monetario” y no baja tipos (o incluso los sube, hoy o en octubre). Y si Bruselas no reanima la economía, mientras España tampoco hace nada, por un parón político que va para largo. Triste panorama.

lunes, 11 de septiembre de 2023

Parón político... y económico

España vuelve a la rutina y se encuentra con un parón político, sin Gobierno hasta finales de noviembre (como pronto) y el riesgo de nuevas elecciones en enero: entre 4 y 7 meses de “paralización política”. Y esta incertidumbre política coincide con un “parón económico”: una economía mundial que enfría su crecimiento, con Europa estancada y el riesgo de un bajo crecimiento en China. Por todo ello, este otoño se presenta complicado, también para España: coincide un Gobierno en funciones con un esperado frenazo del consumo, tras el gasto turístico del verano (las tarjetas y el curso escolar provocarán una “cuesta de septiembre”), el pinchazo de las exportaciones, la nueva subida de los precios (y más este invierno, por la energía y la sequía), los altos tipos de interés y el freno de la industria y la construcción. Al final, sufrirán la inversión y el empleo. Por todo ello, urge tener un Gobierno, que (como ha hecho Alemania) apueste por reanimar la economía y el empleo.

                                  Enrique Ortega

A la vuelta de vacaciones, el mundo comprueba que la economía internacional ha ralentizado su crecimiento, que la ansiada recuperación no despega. La OCDE, que integra a los 38 paises occidentales más desarrollados, confirmó a finales de agosto que la economía internacional crece al ralentí: sólo un +0,4% en el 2º trimestre de 2023, una décima menos que en el primer trimestre, continuando una senda de crecimiento moderado desde principios de 2022. Estados Unidos crece sólo un +0,6% y Europa está estancada (crece un 0%), con Alemania sin pulso (+0% de crecimiento en el 2º trimestre) e Italia cayendo (-0,4%), el Reino Unido casi estancado (+0,2% creció en el 2º trimestre) y sólo se salvan Francia (+0,5%) y España (+0,4%). 

Lo más preocupante para España son los malos datos de la economía europea, confirmados recientemente por Eurostat: un nulo crecimiento de la UE-27 en el 2º trimestre, tras un mínimo aumento del PIB del +0,2% en el primer trimestre y una caída del -0,1% en el 4º trimestre. A lo claro, que Europa lleva un año ya estancada, sin apenas crecer. Y lo peor es que no tira Alemania, la locomotora europea: no creció nada en el 2º trimestre (+0%), tras una recesión anterior, en el primer trimestre (-0,1%) y en el 4º trimestre de 2022 (-0,4%), lo que afecta a todos los paises y también al turismo y la exportación españoles. Italia sigue cayendo (-0,4% en el 2º trimestre, tras crecer un 0,6% al inicio del año y caer otro -0,1% en el 4º trimestre de 2022), lo mismo que Paises Bajos (-0,3% en el 2º trimestre y -0,4% en el 1º), Austria (-0,7%), Suecia (-0,8%), Polonia (-2,25), Hungría (-0,3%), Chipre (-0.4%), Letonia (-0,3%) y Estonia (-0,2%). 

Junto a la debilidad de la OCDE y el estancamiento de Europa, preocupa el “pinchazo” de China: su economía creció un +0,8% en el 2º trimestre de 2023, frente al 2,2% del primer trimestre y el 5% que esperaba crecer este año, ya muy por debajo de los crecimientos superiores al +10% que ha tenido en los últimos 30 años. Sus exportaciones caen (-14,5%) y también sus importaciones (-12,4%), por una caída del consumo interno, un alto endeudamiento y el pinchazo de su burbuja inmobiliaria, factores que están frenando el comercio mundial y que preocupa contagien a Occidente, agravando más su estancamiento. 

Y mientras, la inflación mundial sigue elevada y también en Europa (6,1% en julio), lo que rebaja el consumo y el crecimiento, forzando a subidas de los tipos de interés, que pueden debilitar aún más el crecimiento y abocar a Europa (e incluso a EEUU) a una recesión a finales de este año 2023, como ya sucedió con anteriores subidas de tipos. En definitiva, un panorama económico internacional preocupante, que se nubla más con el enquistamiento de la guerra en Ucrania (que ha cumplido año y medio sin vislumbrarse una salida) y el temor a un repunte de la inflación este invierno, por el repunte de los precios de la energía (el petróleo y el gas ya están subiendo) y los alimentos, por el calor y la sequía. 

En España, este otoño vamos a notar el final del tirón turístico, que ha empujado el consumo y el empleo, augurándose una caída del consumo de los hogares a partir de septiembre, cuando haya que afrontar el pago de los colegios y las tarjetas por el gasto de este verano. Hasta ahora, las familias han tirado del ahorro y de los créditos para viajar e irse de vacaciones, pero este “colchón” se está agotando y en los próximos meses se espera una caída del consumo de los hogares, que repercutirá negativamente en la actividad y el empleo. 

Además, preocupa el cambio en el gasto de los españoles: cada vez más, el consumo se dirige al gasto en servicios (viajes, hoteles y restaurantes) y en alimentación, no a la compra de bienes (desde electrodomésticos a coches o ropa). Y eso se traduce en una caída de la demanda de la industria, que lleva meses sin dar salida a sus stocks y preocupada por el estancamiento de ventas (que llevó a perder empleo en la industria en el 2º trimestre: -64.500 empleos, cuando en el conjunto de la economía se crearon +603.900, por los servicios). Y también se teme por la construcción, ahora que los tipos altos están frenando la demanda de  hipotecas y la  compra de viviendas. 

Otro punto negro en nuestra economía es el pinchazo de las exportaciones, que llevan años ayudando a mantener el crecimiento y el empleo. El estancamiento en Europa (sobre todo en Alemania) y la crisis del comercio mundial (agravada por la guerra comercial entre EEUU y China) han provocado ya una caída de las exportaciones españolas en el 2º trimestre: -4% sobre el mismo periodo del año anterior (frente al +14,6% que crecieron en el primer trimestre de 2023), según Comercio. Y todo apunta a que las exportaciones españolas seguirán “flojas” el resto del año, por el estancamiento en Europa y la revalorización del euro (+7,25% en lo que va de año, con lo que los productos europeos son un 7,25% más caros para los que no pagan en euros), frenando más el débil crecimiento. 

Y en medio de este panorama, no ayudan los altos tipos de interés y la posible nueva subida de tipos que podría hacer el BCE este jueves, 14 de septiembre (la 10ª en 14 meses), hasta el 4,50%, el tipo más alto desde 2008. Una subida que sería “la puntilla” para una Europa estancada y frenaría aún más el consumo y la inversión, acercándonos a la recesión. Y lo más preocupante: se frenará la creación de empleo, el principal motor del crecimiento y el consumo. Ya el año pasado, en el tercer trimestre se creó mucho menos empleo (77.000 frente a 383.300 en el 2º trimestre) y ahora puede pasar lo mismo, mientras en el 4º trimestre de 2022 se perdió empleo (-81.900), algo que podría repetirse este año. Ya en agosto, con el final de las vacaciones, se perdieron -185.385 empleos, según los últimos datos de afiliación de la Seguridad Social. 

Junto a este preocupante panorama económico cara al otoño, España tiene un problema adicional: la incertidumbre política, tras unas elecciones el 23.J que han frenado un gobierno del PP y Vox pero que nos han abocado a un parón político. De momento, la obstinación de Núñez Feijóo  a presentarse a una investidura imposible a finales de agosto nos hace perder un mes largo más sin Gobierno. Y no habrá un segundo intento hasta finales de noviembre, cuando lo intente Sánchez, que lo tiene muy difícil. Si lo consigue, no tendremos Gobierno hasta diciembre. Y si no, habrá elecciones el 14 de enero y veríamos si podría conseguirse un Gobierno en febrero. En resumen, entre 5 y 7 meses sin Gobierno, una incertidumbre política que agrava la incertidumbre económica. Y con un cierto “parón político” en Europa, dado que en junio de 2024 habrá elecciones europeas. 

La principal consecuencia de estar sin Gobierno es que se frenan muchas decisiones de inversión y de empleo, así como nuevos proyectos ligados a los Fondos europeos y que ahora no puede aprobar un Gobierno en funciones, que tampoco va a aprovechar las ventajas (políticas, pero también económicas) de la presidencia de turno de la Unión Europea. Pero la principal consecuencia de no tener Gobierno es que no se podrán aprobar los Presupuestos para 2024 y habrá que prorrogar los de 2023. La ausencia de nuevos Presupuestos frenará muchos proyectos, aunque estén asegurados las subidas de las pensiones, los sueldos de los funcionarios y las partidas para sanidad, educación y gasto social. Pero no posibles mejoras sociales y de impulso económico, como la subida del salario mínimo o nuevas ayudas e inversiones. 

Por todo ello, necesitamos tener un Gobierno cuanto antes, que afronte el debilitamiento de la economía este otoño, como ha hecho el Gobierno alemán: han aprobado un Plan de ayudas de 32.000 millones para impulsar su débil economía. Aquí, en España, haría falta también reanimar la economía, acelerando al máximo las inversiones de los Fondos europeos y aprobado medidas para apoyar a la industria y la construcción de viviendas, que pueden ayudar si el consumo de las familias cae. Además, urge un Plan de empleo, para que haya más trabajo para los jóvenes, las mujeres y los mayores de 45 años. Y todo ello, con un nuevo Presupuesto para 2024, que asegure un mayor crecimiento y permita reducir el déficit al 3% del PIB (como exige la Comisión Europea y ha prometido el gobierno Sánchez), con mayor recaudación y sin recortar gastos sociales. Todo ello, sin olvidar avanzar en las reformas de fondo, sobre todo para afrontar problemas como el cambio climático, la sequía y el reparto del agua, la digitalización de la economía, la reindustrialización y la tecnología, la mayor internacionalización de las empresas y  la mejora de nuestra competitividad.

Muchas tareas pendientes como para perder el tiempo en “teatrillos” políticos que no aportan nada a los españoles y dilatan las soluciones a nuestros problemas más urgentes, agravados por una coyuntura internacional y europea preocupante. No pierdan más tiempo, por favor.

 


jueves, 3 de agosto de 2023

Cinco libros sobre desigualdad y geopolítica

El verano es un buen momento para leer libros, no sólo novelas e historia, también libros para entender mejor la economía de cada día. Aquí propongo cinco. Uno sobre la desigualdad en España, cómo le afectan las crisis a los distintos grupos sociales y sus efectos sobre la política y la polarización. Otro sobre el exceso de inflación, sobre cómo pagamos de más por productos dominados por grandes empresas sin competencia (como el iPad o la cerveza), que provocan también bajos salarios y menos empleos. Y como ejemplo, un libro sobre las pocas (y desconocidas) multinacionales que controlan los mercados del petróleo, alimentos y materias primas, con beneficios disparados. El cuarto libro aborda el enfrentamiento comercial entre EEUU y China, explicando los intereses que hay detrás en ambos paises. Y un libro más sobre China, que explica las causas de sus éxitos y las características de un gigante desconocido que dominará el mundo en una década. Echen un vistazo y espero que alguno les interese. Buena lectura.

Enrique Ortega

El primer libro, “Edificio España. El peligro de la desigualdad”, está escrito por el periodista Javier Ruíz (jefe de Economía de la cadena SER) y ganó el Premio de Ensayo Espasa 2022. Se trata de un retrato y una denuncia de la creciente desigualdad que se da en España (como en el resto del mundo), tratando de explicarlo como si España fuera un edificio de 5 plantas y se analizara cómo han vivido las distintas crisis y cómo están ahora los que viven en el bajo, en las tres plantas intermedias  y en el ático. Todo ello, escrito de una forma asequible (es un periodista que divulga la economía cada día) y con los datos necesarios para que todos entendamos la brecha entre las 5 Españas, entre los desiguales habitantes del edificio España.

 El libro se remonta a la crisis de 2008, analiza sus causas y sus consecuencias para los distintos grupos de la sociedad española, y continúa con la incidencia de la pandemia, la alta inflación y la guerra en Ucrania, concretando cómo ha evolucionado la desigualdad y la brecha entre ricos y pobres, con un recorte de la clase media. Y analiza como esta brecha entre españoles alimenta la desconfianza ante los políticos y la polarización, argumentando que “la desigualdad económica provoca también una desigualdad política”. Y revela como el “ascensor social está roto”, porque “el 55% de los españoles que nacen pobres mueren pobres”. Y analiza también el aumento de la desigualdad en otros paises, un problema global. A la hora de plantear propuestas, Javier Ruiz propone 3 reformas para reducir la desigualdad: fiscal, laboral y educativa. Y una mejora los medios de comunicación, a los que acusa de alimentar los intereses de los que viven en el ático y desmovilizar a los de la planta baja.

El segundo libro, “La paradoja del beneficio. Cómo las empresas exitosas amenazan la economía (Editorial Taurus) está escrito por Jan Eeckhout, un economista belga, formado en EEUU y ahora profesor en Barcelona de la Universidad Pompeu Fabra. Se trata de un estudio muy documentado sobre las grandes empresas multinacionales que dominan distintos mercados, suprimiendo en la práctica a los competidores e imponiendo sus reglas. Analiza los casos de Apple y IPhone, el grupo cervecero AB InBev (controla el 25% del mercado mundial) Inditex, Amazon, la cadena USA Wal-Mart o las 4 grandes aerolíneas norteamericanas, y  demuestra como su enorme poder de mercado les lleva a disparar el precio de sus productos (un iPad cuesta 400 dólares y lo venden por 1.200), a bajar salarios (sobre todo de proveedores, mientras ellos tienen sueldos estratosféricos), a crear poco empleo (no quieren producir más, para mantener precios altos y beneficios). En definitiva, el éxito de estas pocas empresas que dominan los mercados va en contra de los consumidores, de los trabajadores y del conjunto de la economía, reduciendo el crecimiento y el empleo.

El autor analiza los mecanismos por los que estas empresas (la cervecera, Apple o Amazon) se hacen con el control de los mercados, gracias a la tecnología y las plataformas de ventas, que dificultan la entrada de competidores. Y como en todos los sectores, estas empresas sin competencia han ganado peso en las últimas décadas, disparando sus beneficios y su capitalización, en perjuicio de los consumidores, los trabajadores (los salarios reales caen, no aumentan), el resto de las empresas y la economía, que crece menos que antes de los 80. Eeckhout propone vigilar y prohibir las fusiones que aumentan el tamaño de estos gigantes (como la compra por Facebook de WhatsApp e Instagram), aprobar la disgregación de grandes compañías (como se obligó en su día a las petroleras, bancos o ferrocarriles), aumentarles los impuestos sobre los beneficios, mejorar los organismos de vigilancia de la Competencia a nivel internacional y forzar a una mayor transparencia en los precios que imponen, para bajarlos. El autor concluye que “para salvaguardar la democracia y promover un reparto más justo de lo que produce la sociedad, necesitamos una regulación y unas instituciones que fomenten un capitalismo que favorezca la competencia”… Y ¡con urgencia!”.  

El tercer libro, “El mundo en venta: la cara oculta del negocio de las materias primas” (Editorial Península) está escrito por dos periodistas que han trabajado en Finantial Times y Bloomberg, Javier Blas y Jack Farchy, que han dedicado dos décadas a seguir el rastro de un reducido número de empresas que controlan y dominan el mercado mundial de la energía y las materias primas. Son un pequeño número de empresas, que la mayoría de personas no ha oído nombrar (Glencore, Trafigura, Vitol, Gunvor, Cargill o Mercuria), radicadas la mayoría en Suiza (Ginebra) y Estados Unidos, que se han hecho de oro en este siglo comprando y vendiendo petróleo, carbón, gas, cereales, minerales y materias primas. Y que en los últimos dos años han disparado sus beneficios, superando los 100.000 millones de dólares.

El libro es como una novela policiaca, donde analiza el origen y la evolución de estas desconocidas  empresas, y las claves de su éxito en la compra y venta (especulativa) de energía, alimentos y materias primas, a costa de disparar el precio final a paises y consumidores. Cuentan historias increíbles de personajes increíbles (uno de los más conocidos, el belga March Rich), que se mueven a nivel mundial, comprando y vendiendo materias primas a golpe de comisiones y corrupción, que en algunos casos (pocos) han acabado en los tribunales. Y en paralelo a estos intermediarios, el libro cuenta la irrupción en estos mercados de los grandes Fondos y bancos de inversión, que disparan aún más la especulación y los precios. Al final, los autores piden a los gobiernos y a la Comisión Europea que tomen conciencia del enorme poder de estos intermediarios y controlen más su operativa y su dominio de los mercados, en perjuicio de la inflación y los consumidores.

El cuarto libro, “Las guerras comerciales son guerras de clase  (Editorial Capitán Swing) analiza las disputas comerciales entre Estados Unidos, Europa y China desde una perspectiva nueva y original: no se tratan de conflictos entre paises sino que son el resultado de decisiones políticas y económicas de las élites de esos paises, que utilizan el comercio y el nacionalismo para defender sus intereses frente a las élites de otros paises. El libro analiza los Estados y sectores que estaban detrás del proteccionismo de Trump (ganó en 89 de los 100 condados de Michigan, Pensilvania y Wisconsin más afectados por la competencia de productos chinos), pero también que las élites chinas están detrás de la política industrial que favorece la industria y la exportación de China, en perjuicio del consumo de sus ciudadanos.

Uno de los autores, Michael Pettis, vive y da clases en la Universidad de Pekín, y el otro Matthew Klein, es un periodista económico USA. El gran merito de este libro es que explica el modelo económico de China en los últimos 40 años y cómo las élites (y el Partido Comunista, que controla la economía) han impuesto un sistema que ha optado por el superávit comercial y el ahorro forzoso para fomentar un crecimiento que ha provocado el déficit comercial y el endeudamiento del resto del mundo, agudizando los conflictos comerciales con EEUU y Europa. Y plantean que la única solución pasaría por un menor superávit y ahorro de China, en beneficio de un mayor consumo de su población, algo que el Gobierno chino no quiere, para seguir financiando inversiones y el gran salto tecnológico chino. Por eso, los autores concluyen que mientras los chinos de a pié gasten menos de lo que producen, sus élites buscarán exportar al resto del mundo sus productos y su ahorro, creando tensiones comerciales que podrían reducirse con una menor desigualdad dentro de los paises.

Y siguiendo con China, el último libro que recomiendo, “Observar el arroz crecer. Cómo habitar un mundo liderado por China” (Editorial Ariel), un libro escrito por un consultor español, Julio Ceballos, que lleva 17 años trabajando y viviendo en China. Su tesis es clara: los chinos van camino de ser la primera potencia mundial, en menos de una década, y entender a los chinos es decisivo para todos nosotros. Y trata de ayudarnos con 88 pequeños capítulos, donde aborda el gran peso histórico de China (es el único gran imperio de la antigüedad, creado 3.200 años antes de JC, que pervive hoy y que ha dominado el mundo durante 3.000 años, hasta la revolución industrial del siglo XIX), su historia reciente, el gran salto dado en los últimos 40 años de capitalismo de estado  (China es la fábrica del mundo y el primer socio comercial de 128 de los 197 países del mundo) y su tremendo potencial, que le llevará sin duda a superar a EEUU en este siglo.

Lo más interesante de este libro es que el autor nos habla de los chinos de a pié, de su carácter y pensamiento, de sus costumbres, creencias y principios, de su organización social y política, de su forma de trabajo con Occidente, de sus logros y proyectos y de cómo trabajan a medio plazo, buscando su liderazgo en este siglo con dos programas: el Plan Made in China 2025 (para ser líderes en 10 sectores claves: tecnología comunicación, robótica y herramientas de control, equipos aeroespaciales, ferroviarios y navales, maquinaria agrícola, instalaciones energéticas, equipos médicos, nuevos materiales, supercomputadores, biotecnología e inteligencia artificial) y la Nueva Ruta de la Seda, infraestructuras por tierra y mar para crear un gran espacio económico y comercial en Eurasia. En general, el autor es muy “pro-chino”, apuesta por sus virtudes y potencial como próximos líderes mundiales. Y aunque reconoce que el país es un régimen no democrático controlado por el Partido Comunista (90 millones afiliados), estima que los chinos de a pié lo aceptan y “apoyan a su Gobierno a cambio de prosperidad y orden”. Algo discutible para muchos. Pero el libro realmente nos ayuda a conocer China y los chinos, algo que es obligado en este siglo.

Espero que alguno de estos 5 libros les parezca interesante y lo lean. ¡Feliz verano!

lunes, 31 de julio de 2023

Verano 2023: récord de turistas y precios

Esta semana se completa la estampida de las vacaciones de verano, con un país lleno de turistas nacionales y extranjeros. España cuelga el cartel de “Completo” y afronta un verano récord, donde se esperan 32 millones de turistas extranjeros (entre julio y septiembre), 3 millones más que el verano récord de 2019. Y con un récord también de precios turísticos, un 20% más altos que antes de la pandemia, sobre todo vuelos, hoteles y restaurantes. Así que viajaremos y gastaremos más este verano, aunque eso obligue a reducir algo la estancia. Y recordemos que  un tercio de españoles no pueden tomarse una semana de vacaciones, según el INE. Con este nuevo récord del turismo (se esperan 85 millones de extranjeros este año), es hora de plantearse un turismo menos masivo y más sostenible, más repartido por todo el año y sin los precios disparados. Porque hay zonas a punto de estallar y no podemos matar a la gallina de los huevos de oro. ¡Buen verano!

Enrique Ortega

El turismo en España afronta el 2º verano de la recuperación, tras la debacle que supuso la pandemia en 2020 y 2021. Y se espera superar la ocupación y el gasto de 2019, el último verano récord, con casi 29 millones de visitantes extranjeros entre julio y septiembre. De momento, los últimos datos oficiales son de enero a mayo y registran una entrada de 29.178.962 turistas extranjeros, sólo 167.000 menos que en 2019. Y todo apunta a que la llegada de turistas ha aumentado en junio, superando ya la cifra de los primeros 6 meses de 2019.Y con una ocupación en máximos en julio y reservas a tope para agosto y septiembre, el sector espera un verano de récord histórico, con un 10,9% más de actividad turística que en 2019, según la estimación de Exceltur. Eso supondría que los 28,9 millones de turistas extranjeros del verano 2019 serían este verano 32 millones. Y si hasta mayo ya se gastaron un 19% más que en 2019, este verano el gasto de los turistas extranjeros podría batir todos los récords, superando los 40.000 millones de euros entre julio y septiembre (+20% sobre gasto  verano 2019).

El turismo, junto a las exportaciones y la inversión, está manteniendo el crecimiento y el empleo en España y todavía dará un empujón más este verano, donde se han disparado los viajes, los vuelos y las reservas hoteleras (+17% sobre 2019), por toda España, sobre todo en las costas e islas (especialmente Baleares), aunque también los destinos de interior, según Exceltur. Los extranjeros están copando el 55% de estas reservas, no sólo los turistas europeos sino los americanos y asiáticos, cuyas llegadas repuntan otra vez. Y además de aumentar la demanda turística, está aumentando el gasto, por la subida generalizada de precios en los paquetes turísticos (+19,7%), los vuelos internacionales (han subido un 9,3%), los hoteles (+8,4%) y restaurantes (+6,3%).

A favor de un verano récord de turistas está la fortaleza del empleo, en Europa y en España, que está disparando las ganas de viajar a cualquier precio, tras el estancamiento de la pandemia. Además, han aumentado los paquetes turísticos y la oferta de vuelos internacionales, favoreciendo la llegada de turistas de América y Asia. En contra de la afluencia de turistas este verano juegan los altos precios de los vuelos internacionales (han subido un 30% sobre 2019, según Eurostat), los altos precios en España y la creciente competencia de otros paises mediterráneos, como Turquía o Egipto, donde la devaluación de sus monedas  (hasta un 50%) atrae a turistas británicos y alemanes. Pero en las últimas semanas, las altas temperaturas y los fuegos reiterados (Italia, Grecia, Túnez) han frenado algunas reservas al sur del Mediterráneo, aunque también podría afectar a España.

La estimación de Exceltur es que el sector turístico consiga  este verano un récord de visitantes e ingresos, tanto por los turistas españoles como por los extranjeros, con un +10,9% de facturación, que será mucho mayor en las zonas donde se esperan más turistas: Baleares (+25,8% de facturación sobre 2019), Asturias (+23%), País Vasco (+21,2%), Cataluña (+21%), Madrid (+20,1%), Galicia (+17,6%), Andalucía (+17,5%), Comunidad Valenciana (+15,5%) y Canarias (+15,4%).

El punto negro de este verano turístico será los altos precios, desde los vuelos y viajes a  la reserva de apartamentos y hoteles más los bares y restaurantes, que han disparado sus tarifas aprovechando la alta demanda. Los paquetes turísticos internacionales subían en junio un 9,3% anual, los paquetes turísticos nacionales un 17,1%, los paquetes internacionales un 19,7%, los hoteles un 8.4% (tras subir otro 11,7% en 2022) y los restaurantes un 6,3%, según el IPC de junio (INE). Ryanair, la aerolínea europea con más pasajeros, ha anunciado una subida de tarifas de al menos un 10% sobre las del verano pasado y lo mismo hace el resto. En el caso de los hoteles, arrancan la temporada de verano con precios que superan en un 20%  los de 2019, según reconoce la patronal Exceltur. Y el precio medio por noche en un hotel se sitúa ya en 158 euros, lo que indica que muchos pagarán más de 200 euros diarios por habitación. Y en el caso de apartamentos, los alquileres rozan en muchas zonas los 2.000 euros por semana (250 euros más que en 2022). También se han disparado los precios de alquilar un coche y otros servicios turísticos, lo mismo que las tarifas de bares y restaurantes en zonas turísticas (repletos).

Ante esta subida disparada de precios turísticos, los españoles y extranjeros reaccionan recortando sus vacaciones algunos días (se viaja una semana o incluso menos), pero manteniendo su gasto o incluso subiéndolo respecto al verano pasado. Y aumenta la ocupación en campings y casas rurales más baratas, así como el turismo de interior (más barato) y en el norte de España (con menos calor). Además, esta subida de precios turísticos sube el porcentaje de españoles que no pueden cogerse ni una semana de vacaciones, según la Encuesta de Condiciones de Vida (INE): eran un tercio de los españoles, un 33,5% en 2022, más que en 2021 (32,7%) y que en 2019 (33,4%).

Otro punto negro del turismo en España es que anda “corto de personal”. El turismo y la hostelería son uno de los motores del empleo en España, pero muchas empresas tienen poco personal para la alta demanda, desde los aeropuertos hasta los hoteles, pasando por bares, restaurantes, empresas de alquiler y servicios. En el último año, el empleo turístico ha aumentado en 146.184 empleados (+5,6%), alcanzando en junio una plantilla récord de 2.765.865 empleos en el sector turístico en España. Es el doble de lo que ha crecido todo el empleo en España en el último año (+588.700 empleos, un +2,9%), pero la mitad de lo que ha crecido la facturación de las empresas turísticas (+10,9%). Y basta ir a un hotel, a un restaurante o a un bar en zonas turísticas para sufrir colas y esperas.

Los empresarios turísticos se quejan de que “no encuentran personal”, lo que puede ser cierto en algunos trabajos (cocineros, ayudantes de cocina, gestores…) pero no en la mayoría de trabajos, donde no hay personal porque no se le ha formado (FP y formación propia), porque se le paga poco (el salario medio en hostelería es el más bajo de España : 14.631 euros brutos en 2021, según el INE, 1.036 euros netos al mes en 12 pagas) y tienen jornadas excesivas y, sobre todo, porque muchos empleados no pueden pagar los alquileres que les cobran en los pueblos y ciudades turísticas. En consecuencia, las empresas turísticas afrontan este verano récord “cortas de personal” y con muchos trabajadores poco formados, lo que redunda en perjuicio del cliente, que sufre una peor atención (y más cara).

Un tercer problema este verano es la sobresaturación turística en algunas zonas, sobre todo en Baleares y playas de la Costa Brava, Levante y la Costa del Sol. Seguimos con pueblos y ciudades que multiplican por 10 (y hasta por 50) su población en julio y agosto, lo que supone importantes problemas de accesos, aparcamientos y servicios, desde la falta de agua (más con la grave sequía actual) a la atención sanitaria o la vigilancia de playas (no es casualidad el récord de muertes por ahogamiento (sólo en junio y julio, 124 fallecidos). Parece claro que hay zonas turísticas congestionadas, donde el exceso de oferta de camas (alquileres turísticos) no ha ido acompañado de una mejora de servicios, provocando además protestas de los vecinos habituales (Mallorca o Barcelona), una “turismofobia, que no se afronta.

Pero bueno, la mayoría no piensa en estos problemas, sólo en salir corriendo, coger el coche, un vuelo o un tren y disfrutar de sus vacaciones, aunque le esperen precios altos y colas para todo. Y unas altísimas temperaturas. Precisamente, el mayor problema de futuro del turismo es el Cambio Climático, sobre todo en el Mediterráneo y el sur de Europa, que va a sufrir más que el resto de Europa las altas temperaturas, los incendios y la sequía. Y esto va a condicionar el turismo futuro. De hecho, ya ha empezado a hacerlo: el número de europeos dispuestos a viajar al área mediterránea entre julio y noviembre ha caído un -10% respecto a 2022 por el clima, según la última Encuesta de la Comisión Europea de Viajes. Esto va a beneficiar en el futuro a los destinos turísticos de la Europa del norte y, dentro de España, al turismo de interior y de Galicia, Asturias, Cantabria y Euskadi, que ya este verano superan su ocupación tradicional de turistas.

Pero el Cambio Climático, además de un problema para el turismo español, puede ser también una oportunidad, para “desestacionalizar” la llegada de turistas fuera del verano, que concentra casi la mitad de los visitantes extranjeros (37,66 millones viajaron en 2019 de julio a septiembre de 2019, un 45% del total en sólo tres meses). Y dentro del obligado proceso de “reconversión turística” que pide el sector, urge afrontar unareconversión medioambiental, tanto en los servicios (agua, instalaciones, accesos, aparcamientos, protección civil y anti incendios, vigilancia playas) como en la oferta turística (zonas de sombra, árboles, itinerarios y visitas), para afrontar el aumento de las temperaturas.

Bueno, todo esto quedará como “deberes” para la vuelta de vacaciones, para el futuro Gobierno y los Ayuntamientos y autonomías que viven del turismo y que llenan sus playas y ciudades sin ordenar un crecimiento turístico que no puede ser infinito, aunque mantenga el crecimiento español, el negocio de muchos y 14 de cada 100 empleos. Hay que pararse, tras otro verano récord, y evitar matar la gallina de los huevos de oro. Mientras, no sufran mucho con el calor y los precios y disfruten del verano. ¡Felices vacaciones!

jueves, 27 de julio de 2023

EPA junio 2023: empleo histórico

En España hay ya más de 21 millones de personas trabajando, la mayor cifra de nuestra historia y 303.300 más que en 2007, según los datos de la EPA conocidos hoy. El empleo se ha disparado en el 2º trimestre (+603.900 ocupados), por la Semana Santa y las contrataciones para el verano. Y hay 2,10 millones de trabajadores fijos más que antes de la reforma laboral. Son datos impresionantes, pero no podemos echar las campanas al vuelo: España tiene el doble de paro que Europa, aquí hay 1,7 millones de personas menos trabajando de las que debería y todavía hay muchos parados que no cobran ningún subsidio (40%) y que no encuentran trabajo (mayores de 45 años y muchas mujeres y jóvenes). Además, todo apunta a que después del verano, crecerá menos la economía y el empleo, por la subida de tipos y el estancamiento en Europa. Por eso, el futuro Gobierno, la patronal y los sindicatos deberían pactar un Plan de empleo, para llegar a los 22 millones de trabajadores.

Enrique Ortega

El 2º trimestre del año suele ser bueno para el empleo, por la Semana Santa y los contratos previos al verano, salvo en 2020, cuando la ocupación cayó en picado entre abril y junio (-1.074.000 empleos), por la pandemia y el confinamiento. Este año 2023, tras un primer trimestre donde cayó el empleo (-11.100), el 2º trimestre ha dado la sorpresa y el empleo ha crecido en 603.900 personas, según la EPA, casi el doble que en la primavera pasada (+383.300 empleos) y la mayor subida en este trimestre de nuestra historia, a pesar de la guerra de Ucrania y la alta inflación. Con ello, se afianza  la recuperación del empleo iniciada el verano pasado y la ocupación aumenta en 588.700 empleos en el último año, con 21.056.700 personas trabajando en España a finales de junio, la mayor cifra de ocupados de toda nuestra historia (el anterior máximo fue en septiembre 2007: 20.753.400 ocupados).

En el 2º trimestre, el aumento del empleo ha sido gracias a los servicios (+606.000 empleos creados), sobre todo la hostelería, el turismo y el comercio, pero también ha creado mucho  empleo la construcción (+60.900) y la agricultura (+1.500 empleos), bajando sólo en la industria (-64.500).  El empleo se ha creado sólo en el sector privado (+610.100 empleos), mientras bajaba en el sector público (-6.200), por el fin de contratos en enseñanza y sanidad, según la EPA. La mayor creación de empleo se haya dado entre los hombres (+332.200 empleos frente a +271.800 entre las mujeres) y entre los jóvenes (+292.100 empleos, casi la mitad, se los llevaron los menores de 35 años) y los mayores de 45 años (+259.500 nuevos empleos). Y por autonomías, el empleo ha crecido en el 2º trimestre en todas, salvo en Ceuta (-1.200), subiendo más en Cataluña (+132.700), Baleares (+108.100), Madrid (+77.300) y Andalucía (+52.600).

La importante mejora del empleo en el 2º trimestre (+ 603.900 empleos) no se traducido toda en una bajada similar del paro (-365.300 parados, la mayor reducción en este trimestre de nuestra historia) porque en paralelo han aumentado los españoles activos, las personas que buscan trabajo ahora, tras lo peor de la pandemia: los “activos” han aumentado en 238.600 personas, impidiendo bajar más las cifras del paro. Es un proceso que se ve trimestre a trimestre (hay 431.700 personas más buscando trabajo que hace un año). Y ya hay más adultos “activos” (trabajando y buscando trabajo) que en 2019: 23.819.200 frente a 23.158.800 a finales de 2019. Todo apunta a que seguiremos así, con lo que en los próximos meses sucederá lo mismo que ahora: el paro bajará menos de lo que sube el empleo.

El  paro ha bajado en el 2º trimestre (-365.300 parados) gracias sobre todo a los servicios (-208.600 parados), por el tirón en el turismo, la hostelería y el comercio, y a los que perdieron su primer empleo hace un año (-86.200 parados ahora), bajando también el paro en la industria (- 19.100) y la agricultura (- 5.700) y sobre todo, en la construcción (-23.400 parados), según la EPA de junio. El desempleo baja sobre todo entre las personas de 25 a 54 años (- 328.500 parados) y sólo sube entre los jóvenes de 16 a 19 años (+ 700 parados). Y también baja más el paro entre las mujeres (-213.300) que entre los hombres (- 152.000 parados). Por autonomías, baja en todas, salvo en Ceuta (+1.400 parados), destacando la bajada del paro el 2º trimestre en Cataluña (-70.400), Baleares (-68.600), Madrid (-49.900) y Canarias (-22.700 parados).      

La cifra total de parados EPA sigue por debajo de los 3 millones (2.762.500 parados a finales de junio 2023), un dato que no se veía desde septiembre de 2008 (2.600.700 parados). Y la tasa de paro baja al 11,60%, según la EPA, mucho más baja que antes de la pandemia (13,78% en 2019) y la menor tasa de paro desde el verano de 2008 (11,33%). Eso sí, todavía duplicamos la tasa de paro europea (5,7% en la UE-27) y casi cuadruplicamos la alemana (2,9% de paro), según Eurostat. También baja algo este trimestre la tasa de paro de los jóvenes (menores 25 años), al 27,94% (13,9% en la UE-27).

Hay otros datos preocupantes del paro que también mejoran. El primero, que hay 916.000 hogares con todos sus miembros en paro (-139.300 hogares menos que el trimestre pasado). El segundo, que seguimos con 5 regiones que tienen una tasa de paro “escandalosa”, aunque ahora casi todas bajan del 20%: Ceuta (27,37%), Melilla (19,42%), Andalucía (18,05%), Extremadura (17,05%) y Canarias (15,25%), que contrastan con 6 autonomías que tienen una tasa de paro casi europea (7,13% el País Vasco, 7,15% Baleares, 8,12% Cantabria, 8,59% Aragón, 8,79% Navarra y 8,94% Cataluña). Y el tercero, que bajan los parados de larga duración, los que llevan más de 1 año sin trabajo: son 1.113.200 parados, el  40,29 % de los parados (eran el 41,72% el trimestre pasado, pero el 43,5% a finales de 2019).

Esto provoca que a muchos parados se les acabe el desempleo y no cobren ya ningún subsidio, pasando a una situación de pobreza extrema. En mayo de 2023, último dato de Trabajo, cobraban alguna ayuda 1.668.948 desempleados: menos de la mitad (41,8%) cobraban un subsidio contributivo (según lo cotizado) de 954,70 euros de media y el resto (58,14%%) cobraban un subsidio asistencial de 480 euros. Así que sólo el 62,07% de los parados registrados en las oficinas de empleo cobran algún subsidio. Pero en realidad, con los datos del paro estimado hoy (2.762.500 parados), sólo cobran alguna ayuda el  60,41% de los parados EPA. Eso significa que más de un tercio de los parados (39,59%) no cobran ninguna ayuda pública, empeorando la cobertura sobre 2019 (no cobraban el 38,5%). Así que baja el paro, pero también los que reciben ayudas.

Visto los datos del empleo y el paro en el 2º trimestre de 2023, queda patente que España supera la crisis de la guerra de Ucrania y la inflación, porque tenemos más ocupados (+ 871.800) y menos parados EPA (- 341.300) que a finales de 2021. Concretando más, desde el inicio de la guerra (24F) hasta finales de junio, hay 1.045.028 afiliados más a la Seguridad Social, con un récord de 20.869.939 afiliados, tras 17 meses consecutivos de aumento (desde febrero de 2021). Y el paro registrado se ha reducido, a pesar de la guerra y la inflación, en -1.319.947 parados desde febrero 2021 hasta junio 2023, según Trabajo.

Con todo, la mejor noticia es que el empleo que se sigue creando en 2023 es menos precario, de más calidad, gracias a la reforma laboral aprobada a finales de 2021. Ahora, con los datos de Trabajo del primer semestre, el balance es espectacular: el 44,71% de todos los contratos firmados de enero a junio fueron indefinidos (3.426.400 contratos), muchos más que el 38,37% de contratos fijos hechos en 2022 (la reforma laboral entró en vigor el 31 de marzo) y cuatro veces los contratos fijos hechos en 2021 (sólo el 10,9% fueron indefinidos).  Y siete veces los contratos fijos hechos entre 2014 y 2020 (entre el 6 y el 8% de los contratos fueron indefinidos). Más de la mitad de los nuevos contratos son a tiempo completo (4.324.800, el 56,4% del total), mientras bajan los contratos a tiempo parcial (2.170.300 este año) y crecen también los fijos discontinuos (1.167.700), sobre todo en turismo y hostelería para trabajadores que son fijos aunque trabajan sólo unos meses al año (y el resto del tiempo no cuentan como parados aunque estén inactivos, una norma que viene de 1985).

Tras esta nueva subida del empleo indefinido en el 2º trimestre, aumentan los asalariados con contrato fijo (indefinido): eran ya 14.760.700 asalariados a finales de junio, el 82,67 % del total,  2,10 millones de trabajadores fijos más que antes de la reforma laboral (había 12.665.800 asalariados fijos a finales de 2021, el 74,61% del total). Y el porcentaje de trabajadores temporales baja del 25,39% al 17,32% ahora, todavía más alto que la media de temporalidad en Europa (12,1% en 2022).

Ahora, es espera que el empleo siga mejorando en el tercer trimestre, aunque menos que en este 2º (el verano pasado se crearon +77.700 empleos), gracias a un récord de turistas y al empujón de las exportaciones y los Fondos europeos. El problema puede venir en otoño, cuando se acabe el tirón turístico y llegue la incertidumbre por la formación de un nuevo Gobierno. Y sobre todo, si persiste el estancamiento en Europa, agravado por las 9 subidas de tipos de interés: el FMI apuesta por un mínimo crecimiento del  0,9% en la zona euro (y recesión en Alemania) que puede frenar las exportaciones españolas y el turismo, responsables de dos terceras partes del crecimiento español (2,5% prevé el FMI este año) y el empleo. Estos factores, más la guerra comercial entre EEUU y China (que está creciendo menos), hacen temer una menor creación de empleo en otoño e invierno. Con todo, la última previsión del Gobierno Sánchez enviada a Bruselas, en abril, con el Plan de estabilidad 2023-2026, estimaba una creación de empleo de 450.000 nuevos empleos este año 2023, casi el doble de los 279.000 creados en 2022, por la alta inflación y la guerra en Ucrania.

En definitiva, tenemos datos récord de empleo y paro en España, a pesar del estancamiento en Europa, la inflación y la guerra, pero no podemos echar las campanas al vuelo. Primero, porque seguimos teniendo el doble de paro que Europa, sobre todo entre los jóvenes. Segundo, porque en España trabaja menos gente que en el resto de Europa, con lo que deberíamos conseguir igualarnos en empleo para igualarnos en renta y riqueza. Los datos son impactantes: el España sólo trabajan el 64,4% de los mayores de 16 años, frente al 69,4 % de media en la UE-27 y el 76,9% en Alemania. Eso significa, a lo claro, que si nos equiparáramos a Europa, tendrían que trabajar 1.715.000 españoles más. Y si aspiráramos al nivel de empleo de Alemania, tendrían que trabajar 2.450.000 españoles más.

Así que el gran reto de España sigue siendo crear más empleo y bajar el paro a la mitad, para equipararnos a Europa. Eso exigiría un gran Pacto por el empleo en la próxima Legislatura, para la que el anterior Gobierno Sánchez prometió a Bruselas crear 1,1 millones de empleos y bajar el paro del 10% (9,8% en 2026). Todo va a depender de que se consiga configurar un Gobierno estable (algo difícil) y que los políticos, empresarios y sindicatos apuesten porque esta sea “la Legislatura del empleo”. Para ello, habría que actuar en dos frentes: ampliar y rejuvenecer las plantillas, ahora que la mayoría de las empresas han recuperado con creces sus ventas y beneficios de antes de la pandemia.

El primer reto es  ampliar las plantillas, porque en la mayor parte de los sectores y empresas hay una escasez de personal, debido a que han aumentando las ventas y la actividad más que las plantillas, lo que se nota en las colas y el nivel de atención a los usuarios. Baste un dato: la producción española (PIB) ha aumentado un +6,6% entre 2019 y 2022 (produjimos por valor de 1.245.513 millones antes de la pandemia y 1.327.108 millones el año pasado), mientras el empleo ha crecido sólo un +2,5% (+497.000 ocupados en estos 3 años). Eso ha permitido aumentar la productividad  y los beneficios de las empresas (un +43%, según Intermón Oxfam), pero no tanto el empleo, que sigue “corto” en muchas empresas y sectores. Y aunque la patronal y algunas empresas se quejan de que “no encuentran trabajadores formados”, la realidad es que muchas empresas no quieren ampliar plantillas, sobre todo ahora que tienen que pagar salarios más altos (+4,4% este año).

El segundo reto que tenemos, junto a crear más empleo, es rejuvenecer las plantillas, sustituyendo a unos trabajadores mayores por jóvenes, que siguen con pocas oportunidades de empleo. Aquí, el dato es también muy esclarecedor: los trabajadores con más de 45 años han pasado de ser un tercio del total (32,27% en 2007) a casi la mitad (49,67% en 2023). Y un 20,50% de los trabajadores actuales tienen más de 55 años, cuando sólo eran el 11,22% en 2007. Esto obliga a ir preparando su relevo, con contratos de jóvenes ligados a mayores para sustituirlos en la próxima década. Un relevo generacional que no se está dando.

Y hay un tercer reto, del que apenas se habla: hay que promover la creación de empleo en tres colectivos que tienen serios problemas hoy para trabajar: los mayores de 45 años, las mujeres y los jóvenes. El problema de los parados mayores es un drama: suponen ya 1.146.400 desempleados, casi la mitad de los parados  (son el 41,5% del total)  y no ven una salida, porque las empresas no quieren ni sus currículos. En cuanto a las mujeres, todavía hay 1.485.000 en paro, una tasa de desempleo del 13,6% (frente al 10,2% los hombres). Y además, tienen peores contratos (más temporales y a tiempo parcial) y por eso ganan un 18,4% menos. Y los jóvenes siguen con una tasa de  paro elevadísima (27,94%, frente al 13,9% en Europa y el 6,1% en Alemania) y sin facilidades para trabajar, sobre todo los menos formados, lo que exige un Plan específico de empleo juvenil y promover contratos de relevo.

En resumen, debemos felicitarnos porque en España trabaje más gente que nunca, pero todavía tenemos poco empleo y demasiado paro, sobre todo concentrado en los mayores, las mujeres y los jóvenes, que siguen esperando una oportunidad. Esto es lo que debería concentrar los esfuerzos la próxima Legislatura. Porque el empleo es la base de todo.