lunes, 15 de marzo de 2021

Pandemia: los riesgos de la 4ª ola


Los contagios llevan mes y medio bajando, desde el 28 de enero, pero la 3ª ola ha tocado suelo y en 5 regiones suben los contagios, aunque somos el segundo país de Europa con menos contagios (130/100.000 habitantes), tras Portugal. Ahora, el riesgo es que iniciemos una 4ª ola hasta el verano, no con otro pico alto de contagios sino con una “meseta”, entre 100 y 130 contagiados, muy por encima del objetivo de 25. Juegan a favor el aumento de la variante británica (más contagiosa), la mayor movilidad (pese a las restricciones aprobadas para Semana Santa) y el bajo nivel de vacunación: sólo 1,5 millones con dos dosis de los 27,5 millones objetivo para septiembre. Todo ello retrasa la recuperación y ha obligado a nuevas ayudas al turismo y la hostelería que llegan tarde, con 4 millones de parados y 900.000 en ERTEs. La ayuda más eficaz sería reducir drásticamente la movilidad y agilizar la vacunación, para salvar vidas y empleos.

Enrique Ortega a partir de El séptimo sello de Ingmar Bergman

Un año después de que la OMS declarara oficialmente la pandemia (11 marzo), el COVID 19 sigue contagiando por todo el mundo, a menor ritmo, aunque los contagios han subido en las últimas tres semanas por encima de los 400.000 diarios. Hoy, son ya 119.882.403 contagiados en 192 paises, según los datos de la Universidad Johns Hopkins, con el epicentro de la pandemia en América (52.775.904 contagiados) y Europa (41.039.452), seguidos de lejos por el Sudeste asiático (13.884.388 contagiados), Oriente Medio (6.860.421), África (2.948.316) y el Pacífico (1.711.455), según la OMS.  Por paises, lideran el ranking de contagios Estados Unidos (29.438.779), Brasil (11.483.370) e India (11.385.339), seguidos de Rusia (4.341.381), Reino Unido (4.271.710), Francia (4.1.31.381), Italia (3.223.142), España (3.183.704), Turquía (2.879.390), Alemania (2.578.842), Colombia (2.303.144), Argentina (2.195.722), México (2.166.290) y Polonia (1.906.632), según la Universidad Johns Hopkins.

Los muertos por la pandemia en el mundo también aumentan menos, no llegando a los  10.000 fallecidos diarios en marzo, aunque hoy son ya 2.653.951 muertos por COVID 19, según la Universidad Johns Hopkins, concentrados en América (1.268.438 muertos) y Europa (906.797 muertos), según la OMS. El ranking de muertos lo vuelve a encabezar Estados Unidos (534.889), seguido de Brasil (278.229) y México (194.710), junto a India (158.725), Reino Unido (125.753), Italia (102.141), Francia (90.583), Rusia (90.558), Alemania (73.463 y España (72.258 muertos). Somos el 14º país en mortalidad Covid por 100.000 habitantes (152), por detrás de la República Checa (213), Bélgica (196), Reino Unido (188), Italia (168), EEUU (162), Portugal (161) y México (153), entre los grandes. Y tenemos una tasa de mortalidad Covid (muertos/contagiados) del 2,3%, de las más bajas de Europa (3,2% en Italia, 3% en Reino Unido, 2,9% en Alemania y 2,3% en Francia) y del mundo (9% en México, 2,4% en Brasil, 1,8% en EEUU y 1,4% en la India), según Sanidad.

En las últimas 3 semanas han seguido bajando los contagios en toda Europa, tras las restricciones en la mayoría de paises, que se están suavizando. España ha bajado también  los contagios, aunque a un menor ritmo que antes: han descendió de 252 contagiados por 100.000 habitantes el 22 de febrero a 130,5 el viernes 12 de marzo (-47,6%), tras bajar de 900 a 252 contagiados (- 72%) entre el 27 de enero y el 22 de febrero. Con todo, somos el 2º país de Europa con menor nivel de contagios (130,5/100.000 habitantes en los últimos 14 días), tras Portugal, que ha conseguido en las últimas 3 semanas doblegar una curva de contagios que tenían disparada (de 427 contagios/100.000 habitantes el 19 de febrero, el doble que España entonces, a 105,4 el viernes 12 de marzo). Tienen más contagios Alemania (145,9 contagiados, más que los 126 del 19 de febrero), Reino Unido (130,7, menos de la mitad que hace 3 semanas), Francia (450,3: ha subido la incidencia desde los 391 de febrero) e Italia (452,9 frente a 278 hace 3 semanas), según Sanidad.

España lleva mes y media bajando los contagios, desde el 28 de enero, pero la mejoría se estanca y ya apenas baja la incidencia. Incluso el viernes subió en 5 regiones (Canarias, la Rioja, Extremadura, Navarra y Melilla) y podría hacerlo en otras más esta semana, fruto del suavizamiento general de restricciones que aprobaron la mayoría de gobiernos autonómicos hace tres semanas. Y de nuevo, la pandemia tiene un alcance muy desigual por autonomías. Todavía hay 2 regiones en “riesgo extremo” (más de 250 contagios por 100.000 habitantes), Melilla (430,12) y Ceuta (283,10). Y 4 autonomías en “riesgo alto” (de 150 a 250 contagios por 100.000 habitantes): Madrid (224,8) Asturias (177,5), País Vasco (175,7) y Cataluña (166). Otras 12 autonomías tienen una “incidencia media” (entre 50 y 150 contagios por 100.000 habitantes): Aragón (147,5), Navarra (124), Andalucía (122,5), Canarias (116,8), Castilla y León (113,7), Cantabria (96), Galicia (77,5), Castilla la Mancha (76), La Rioja (74,8), Murcia (69,7) y la Comunidad Valenciana (50,5). Y sólo hay 2 regiones con un nivel de contagios “bajo (de 25 a 50 contagios por 100.000 habitantes): Extremadura (46) y Baleares (48), según los datos de Sanidad del viernes 12.

Un 2º indicador importante son los positivos que se detectan, en las pruebas PCR (que han bajado un tercio, a 492.432 la última semana) y en los test de antígenos (291.803 semanales, un tercio menos que hace 3 semanas): la media en España ha bajado del 8% el 19 de febrero al 5,3% de positivos el viernes 12 de marzo, un nivel considerado de “riesgo bajo” (entre 4 y 7%), aunque todavía hay 4 regiones con un nivel de positivos considerado de “riesgo alto” (más del 10%), como Melilla (11,6%) o “riesgo medio” (del 7 al 10%), como Aragón (8,8), Andalucía (7,38%) y casi Madrid (6,90%), según los datos de Sanidad.

La bajada de contagios ha reducido las hospitalizaciones a la mitad: de 16.314 hospitalizaciones hace 3 semanas (19 febrero) a 8.540 el viernes 12 de marzo, aunque bajan más despacio en los últimos días. Pero los hospitales siguen muy llenos, con una tasa de ocupación de camas por enfermos COVID del  6,81%, un nivel de “riesgo medio” (5-10%). Pero el problema sigue en 3 autonomías con una tasa de ocupación de camas de “riesgo alto” (10-15%): Madrid (12,48%), Ceuta (10%) y casi Asturias (9,35%).

El 4º indicador, la ocupación de UCIs por enfermos COVID es el que más preocupa, aunque ha mejorado también mucho en las últimas 3 semanas: de 3.339 camas de UCI ocupadas el 19 de febrero se ha bajado a 2.186 camas el viernes 12, un tercio menos, el 21,64% de media, que supone un “riesgo alto” (15-25%), según los baremos de Sanidad. Pero la situación es peor en 7 autonomías que tienen sus UCIs en “riesgo extremo(+ 25% de ocupación): son Ceuta (52,94%), La Rioja (37,74%), Madrid (36,60%), Cataluña (32%), Asturias (31,2%) y Castilla y León (28,5%) y casi Aragón (25%).

Y al final están las muertes, que también se han reducido: 1.120 fallecidos en la última semana (viernes 5 al viernes 12 de marzo), frente a 1.996 muertos la semana anterior, 2.041 la anterior y 2.354 a mediados de febrero (12-19). Son menos muertos, pero todavía hay 160 fallecidos diarios. El mayor número de muertes, en las últimas tres semanas, se ha dado en Cataluña (+1.455 muertos), Madrid (+775), Comunidad Valenciana (+652), Andalucía (+308),  Castilla y León (+272), Castilla la Mancha (+189) y País Vasco (+182). Tras un año de pandemia, España acumula 72.285 muertes por COVID 19, casi la mitad causadas en residencias de ancianos (33.036 muertes), donde ha caído drásticamente la mortalidad por la vacunación. Lo más llamativo es que más de un tercio de todas las muertes son recientes: 26.748 personas han fallecido desde principios de diciembre.

Tras este balance de contagios, positivos, hospitalizados y camas UCI, los 4 indicadores que vigila Sanidad, el Ministerio resume así (ver mapas) la situación de la pandemia el 11 de marzo: hay 4 regiones en situación de “riesgo extremo”, en alerta 4 (Madrid, Cataluña, Asturias y Melilla),  4 autonomías en alerta 3 (Andalucía, Aragón, País Vasco y Ceuta), 7 regiones  en alerta 2  (Castilla la Mancha, Castilla y León, Murcia, La Rioja, Navarra, Baleares y Canarias) y 3 autonomías en alerta 1 (Extremadura, Galicia y la Comunidad Valenciana). Visto a nivel provincial, hay 8 provincias en alerta 4, la máxima (Madrid, Guadalajara, Soria, Lleida, Barcelona, Girona, Asturias y Melilla), 14 provincias en alerta 3, otras 17 provincias en alerta 2 y las 11 provincias restantes en alerta 1, en la mejor situación (Cáceres, Badajoz, Orense, Lugo, Zamora, Ávila,  Ciudad Real, Cuenca, Albacete, Castellón y Alicante).

Ahora, la mayoría de las autonomías siguen con medidas de movilidad menos restrictivas (aprobadas hace tres semanas) y casi todas han levantado los cierres perimetrales de comarcas y provincias, ampliando también los horarios y aforos en bares, restaurantes y comercios. Eso sí, Sanidad y las autonomías han acordado mantener los cierres perimetrales autonómicos este puente de San José y durante la Semana Santa, aunque Madrid está en desacuerdo y lo recurrirá ante los Tribunales. Con todo, las restricciones son menores que hace tres semanas, lo que puede explicar que la caída en la incidencia de los contagios se estanque e incluso suba en algunas regiones.

Cara a las próximas semanas, todo indica que la incidencia acumulada va a seguir alta, por encima de 100 contagios por 100.000 habitantes, con pequeñas subidas y bajadas. Entraremos en la 4ª ola, aunque más que una ola con un pico alto de contagios será “una meseta” con pequeños dientes de sierra y un nivel de contagios entre 100 y 130 contagios por 100.000 habitantes, aunque también puede volver a dispararse si se descontrola la movilidad o si se retrasan más las vacunas. Porque España tiene 3 riesgos que nos pueden llevar a esa 4ª ola de contagios o a una alta “meseta”: la movilidad, el auge de las nuevas variantes del COVID y el ritmo de vacunación.

La movilidad de los españoles está aumentando, según indican los datos de los móviles y de Google y Apple. Bajó en enero (al 55-60% de lo normal antes de la pandemia), subió en febrero y en marzo ya está por encima del 70% de la que teníamos hace algo más de un año. Y seguro que subirá más en este Puente y en Semana Santa, a pesar de las restricciones. Eso sería  preocupante, porque algunos estudios revelan que cuando la movilidad sube de ese 70%, los contagios, hospitalizaciones y muertos suben 3 semanas después. Así que podríamos tener un repunte de contagios en abril y principios de mayo.

El segundo riesgo es el aumento de las nuevas variantes del COVID 19, tanto de la variante británica como la brasileña, que son más contagiosas y más letales. De momento, hay 7 autonomías donde la variante británica supone más de la mitad de los nuevos contagios (Cataluña, Cantabria, Baleares, Asturias, Navarra, Galicia y Andalucía) , mientras se acerca en Madrid (42,7% de los casos), según los últimos datos de Sanidad, que espera que esta variante B.1.1.7 sea mayoritaria pronto en toda España. Y ya han aparecido casos (54) de la variante sudafricana y brasileña (2 casos y 3 brotes). Y podría haber más contagios con estas  variantes de los que se cree, porque España sólo secuencia el 1% de los contagios, por falta de medios, mientras la Unión Europea recomienda que se investiguen el 5%.

El tercer gran riesgo para entrar en una 4ª ola, el más importante, es el retraso en las vacunas, por retrasos en su llegada y en pincharlas. De momento, hasta el 11 de marzo se había vacunado con las dos dosis a 1.583.244 españoles, con un Plan de vacunación que ahora está centrado en los discapacitados y mayores de 80 años, para ir bajando después hasta los 60 años y acabar con los grupos de 45 a 60 años y otras personas vulnerables. Si el objetivo es vacunar al 70% de la población adulta para el 21 de septiembre, habría que vacunar a 27,55 millones de personas. Así que falta vacunar con las 2 dosis a 26 millones de españoles. Hacerlo en los 6 meses que queda, vacunando todos los días, supone 52 millones de pinchazos, 288.000 pinchazos diarios. Algo prácticamente imposible, dado que hasta ahora se han administrado 5,35 millones de dosis, una media de 57.000 diarias.

Cuanto más se retrase la vacunación, más difícil será evitar la 4ª ola y recuperar la economía, sobre todo el turismo, aunque se busque un atajo aprobando un pasaporte sanitario” para mayo (una medida que puede crear más problemas de los que solucione, sobre todo si los vacunados pueden contagiar). Este preocupante panorama sanitario ya ha provocado un aumento del paro (supera los 4 millones en España, por primera vez desde 2016) y un aumento de los trabajadores en ERTE (900.000 a finales de febrero). Y se espera que la economía caiga en el primer trimestre y siga estancada en el segundo, mientras grandes empresas han anunciado ya más de 20.000 despidos.

El retraso en la recuperación económica ha provocado que el Gobierno haya aprobado nuevas ayudas, un total de 11.000 millones (7.000 millones de ayudas directas, entre 3.000 y 200.000 euros a fondo perdido para autónomos y pymes) , especialmente dirigidos a bares, restaurantes, empresas turísticas y comercios. Llegan tarde y ahora pueden retrasarse más al dejar su concesión en manos de las autonomías, aunque vendrán bien y ayudarán a evitar cierres de empresas y despidos. Pero estas ayudas son un parche: la clave es frenar en seco los contagios y acelerar las vacunaciones. Eso sí sería efectivo para iniciar la recuperación. Pero eso exige reducir más drásticamente la movilidad, pedir a la gente que se quede en casa hasta que los contagios bajen a 25 por 100.000 habitantes. Y, en paralelo, poner todo el dinero y la presión política en conseguir más vacunas y en multiplicar el personal y los medios para pincharlas, todos los días y a todas las horas.

No hemos ganado  la batalla al coronavirus y por este camino, podemos estar 6 meses más con un alto nivel de contagios y la economía parada. Esto no se evita con más ayudas económicas ni con una movilidad “a medias”. Hay que dar un salto cualitativo en la batalla contra la pandemia: recortar drásticamente la movilidad y vacunar a tope, para poder salir del túnel antes del verano. Eso exigiría un pacto político y social, un gran acuerdo de país, que parece más imposible que nunca. Si no se hace, seguiremos muchos meses languideciendo (Sanidad no descarta prorrogar el  estado de alarma después del 9 de mayo), con contagios y muertos diarios, con empresas en coma y el paro en aumento, sin que el turismo nos salve este verano y con la economía estancada hasta el otoño (al menos). O somos más drásticos contra el virus o se perderán muchas vidas y empleos. Quédate en casa.

jueves, 11 de marzo de 2021

España se aleja de Europa


En la vorágine de la pandemia, ha pasado desapercibido un dato muy sintomático: la República Checa ha adelantado a España en nivel de riqueza, como Malta nos superó en 2014. Somos el 15º país de Europa en riqueza por habitante, sólo por delante de Chipre, Portugal, Grecia y 10 paises del Este. Y tenemos el 91% de la riqueza media de la UE-28, peor que en 2008 (teníamos el 102%), estando más lejos que entonces de Alemania y los más ricos. Son datos de 2019 (los últimos publicados), pero los de 2020 pueden ser peores, porque España es la economía que más ha caído con la pandemia, con lo que nos alejaremos del nivel de vida europeo y pueden adelantarnos Malta o Eslovenia. Somos más pobres que gran parte de Europa porque trabajamos menos gente y trabajamos peor. Es hora de plantearse este problema de fondo, que arrastramos hace décadas. Y aprovechar la esperada recuperación y los Fondos europeos para crear más empleo y ser más productivos. Acercarnos a Europa.

Enrique Ortega

En los últimos 40 años, España ha multiplicado por 5,6 su riqueza por habitante, pasando de 4.227 euros/habitante en 1980 a 24.130 euros en 2008 y a 23.640 euros en 2020, el primer año que cayó desde 2014, por la pandemia. Pero los demás paises europeos también crecieron estos años y más, cayendo menos con la crisis de 2008. Consecuencia: la distancia de España con Europa ha aumentado, tras recortarse con la adhesión de España a la CEE en 1986: ese año teníamos un 76% de la riqueza media europea y en el año 2.000 alcanzamos su nivel de riqueza (el 100% del PIB por habitante de la UE-28), para lograr un máximo del 105% de la riqueza europea en 2006. Nos mantuvimos por encima en 2007 (104%), 2008 (102%) y 2009 (101%), pero con la crisis financiera de 2010 perdimos la media (bajamos al 96%) y seguimos alejándonos hasta un máximo de distancia en 2013 (90% del PIB/habitante europeo), recuperándonos después muy poco, para alcanzar el 91% de la riqueza media europea en 2019, último dato de Eurostat.

Ya no es sólo que ahora estemos más lejos de Europa que antes de la anterior crisis de 2008, sino que además ha aumentado también la distancia, “la brecha” de riqueza con los paises más ricos de Europa, en especial con Alemania: si en 2006, nuestro mejor año, la diferencia de riqueza era de 14 puntos (España tenía un PIB/habitante que era el 105% de la media europea y Alemania el 119%), en 2019 esa diferencia subió a 30 puntos (91% de la media UE-28 España frente al 121% Alemania), según Eurostat, un a distancia de riqueza con el gigante alemán que es incluso mayor a la del año 2.000 (98% frente a 124%, 26 puntos). Así que España ha dado un salto, crece, pero otros mucho más.

Y en esta carrera, nos ha adelantado la República Checa, que a principios de los años 90 salía de un régimen comunista y era un tercio menos rico (PIB) que España, según los datos de 2019 conocidos hace poco: tuvo el 92% de la riqueza comunitaria (PIB por habitante), frente al 91% de España, cuando antes de la anterior crisis, en 2007 estaba a años luz (un 84% de la riqueza media UE-28 frente al 104% nosotros). Las claves del “adelantamiento” de la República Checa han sido su fuerte crecimiento en las últimas décadas y una menor caída en la anterior crisis de 2008, debido al alto peso de la industria, a una mano de obra muy formada y a salarios más bajos, que han aprovechado empresas europeas (alemanas y austriacas) para instalar allí sus fábricas y negocios. Pero  no es un caso aislado: en 2014 nos adelantó también Malta, un país pequeño que tiene el 99% de la riqueza media europea, por delante también de Italia (95% del PIB/habitante de la UE-28).

Con ello, España se coloca en el puesto 15º en el ranking europeo de riqueza, que mide la producción por habitante, aunque seamos la 5ª mayor economía de Europa (tras Alemania, Reino Unido, Francia e Italia), por el PIB total.  Pero como tenemos más población, lo que importa es la producción que se genera por habitante (el PIB por habitante). Un ranking que encabezan Luxemburgo (261% del PIB/habitante de la UE-28), Irlanda (191%), Dinamarca (129%), Países Bajos (128%), Austria (127%) y Alemania (121%), seguidos de Suecia (120%), Bélgica (117%), Finlandia (111%), Francia (106%) y Reino Unido (105%), los 11 paises que tienen una riqueza por encima de la media europea. Y les siguen, ya por debajo, Malta (99% del PIB/habitante UE-28), Italia (95%), República Checa (92%) y España (91%), según el dato del PIB/habitante de 2019, el último publicado por Eurostat. O sea, que sólo estamos por delante de Chipre, Portugal, Grecia y 10 paises del Este.

Ahora se teme que España se distancie aún más de Europa en 2020, porque somos  la economía que más cayó más con la pandemia: un -11%, frente al -6,8% la zona euro, -9,9% Reino Unido, -8,9% Italia, -8,2% Francia y -5,3% Alemania, según el último informe de la OCDE. Y también han caído menos los demás paises que están por delante de España en el ranking de riqueza por habitante. Con ello, si en 2019 teníamos un 91% de la riqueza europea, en 2020 podríamos bajar al 90% o incluso menos. Y nos podría adelantar en el ranking alguno de los 2 paises que “nos pisan los talones”: Chipre (89% del PIB/habitante UE-28 en 2019) o incluso Eslovenia (88% del PIB/habitante europeo).

No se trata de “ganar carreras”, sino de vivir mejor y los paises con mejor nivel de vida son los que producen más por habitante. La pregunta del millón es ¿porqué España produce menos y es menos rico que 14 paises de Europa? Básicamente, por 2 razones: porque trabajamos menos gente y porque trabajamos peor, con menos eficacia. Veámoslas.

Lo primero, trabajamos menos gente, hay menos personas creando riqueza. La tasa de empleo en España (porcentaje de personas de 15 a 64 años ocupadas) es del 63,3%, por debajo de la UE-27 (trabajan el 68,5% de los adultos) y muy por debajo de la mayoría de paises más ricos, como Holanda (78,2%), Alemania (76,7%), Suecia (77,1%), Reino Unido (75,2%), Dinamarca (75%), Austria (73,6%), Finlandia (72,5%), según los datos de Eurostat (2019). Incluso trabaja más gente en la República checa (75,1%) o Portugal (70,5%), aunque menos en Italia (59%) y Grecia (56,5%).  Esto significa que si los españoles trabajáramos como los europeos, habría 1.587.000 personas más con empleo. Y si trabajáramos con la tasa de empleo de Alemania, habría 4 millones de españoles más trabajando.

Tenemos menos gente trabajando por el modelo económico español, muy asentado en los servicios (que crean un empleo muy intermitente y precario) y con menos peso de la industria y sectores de alto valor añadido, con menos peso de las grandes empresas (que crean más empleo y más estable que las pymes), la tecnología y la exportación que los paises europeos punteros. En definitiva, tenemos un modelo económico que “no es capaz de emplear a más gente” en épocas de crecimiento y que crea más paro en las crisis.

Además de tener menos gente trabajando, los que trabajan lo hacen peor, con menos eficiencia, somos menos productivos por empleado. De hecho, si vemos el mapa de la productividad en  Europa, casi toda España (salvo País Vasco, Navarra, Madrid,  la Rioja, Aragón  y Cataluña) está en el 2º nivel más bajo de productividad por empleado (entre 35.000 y 60.000 euros generados por persona empleada), muy por debajo de centro Europa  y los paises nórdicos  (+80.000 euros por empleado) y que Francia o Italia (70.000 a 80.000 euros por empleado), siendo sólo peor en la Europa del Este (por debajo de 35.000 euros por ocupado).  De hecho, esta menor productividad pesa más que el menor empleo de España a la hora de explicar por qué somos menos ricos que gran parte de Europa, según este estudio de la Fundación BBVA e Ivie. Y somos menos productivos (y menos ricos) por 3 causas fundamentales: porque invertimos menos en tecnología, porque tenemos una mano de obra peor formada y porque hay menos inversión.

El esfuerzo de un país en tecnología e innovación es clave para producir más con la misma gente, para mejorar la productividad y el nivel de vida, según los expertos. Y en Ciencia, España invierte la mitad que Europa: el 1,25% del PIB en 2019 frente al 2,13% de media en la UE-28, que sube hasta el 3,12% del PIB en Alemania, 3,03% en Dinamarca, 2,19% en Francia, 1,73% en Reino Unido o 1,43% en Italia, no por casualidad paises más productivos (y más ricos).  Invertimos en Ciencia 332 euros por habitante, frente a 683 euros de media en Europa. De hecho, la “brecha” en el gasto tecnológico  de España  (49% de la media europea) es mucho mayor que la brecha en riqueza o PIB por habitante (el 91% de la media UE-28), según el último informe de COTEC. Y si esa es la “brecha” global, las empresas privadas aún están más lejos, porque invierten en tecnología un tercio menos que las empresas europeas. Y con la pasada crisis, se han perdido 2.500 empresas innovadoras, sobre todo pymes, y la inversión se concentra más en las grandes empresas.

El 2º factor clave para ser más productivos (y más ricos) es tener trabajadores bien formados. Y aquí, España tiene un doble hándicap. Por un lado, tenemos muchos adultos (25-64 años) con poca formación (el 38,7% no tiene acabada la ESO frente al 21,9% en la OCDE y el 18,3% en la UE-23) y muchos adultos universitarios (el 38,6% en España frente al 39,6% en la OCDE y el 37,4% en la UE-23), pero muy pocos adultos con formación intermedia (Bachillerato o FP de grado medio), un 22,7% en España frente al 38,5% en la OCDE y el 44,3% en la UE-23), según el Panorama de la Educación 2020 de la OCDE. Y por otro, entre los jóvenes (25-34 años), tenemos más universitarios (46,5% frente a 45% en la OCDE y 44,3% en la UE-23) pero muchos menos con formación profesional (FP): sólo el 21,4 % (el resto hacen Bachillerato) frente al 37,4% en la OCDE y el 42% en la UE-23, con un alto nivel de FP en paises como Alemania, Finlandia o República Checa. Y eso facilita su “empleabilidad”, lo mismo que tener más adultos bien formados.

Y la 3ª causa que explica nuestra menor productividad es que España invierte menos, tanto en inversión pública como privada, dos factores que contribuyen a ser más eficientes. A nivel global, la inversión en España estaba en 2019 un 10% por debajo a la de antes de la crisis de 2008, según un informe del Banco Europeo de Inversiones. Y habrá caído en 2020, con la pandemia. Pero además, la inversión pública se desplomó con los recortes y supone la mitad que en 2008, lo que no favorece la productividad global, al haberse reducido las inversiones en infraestructuras, obras hidráulicas, transportes o equipamientos. Y la inversión privada, crece poco desde 2014 (+5%) y casi se destina a cubrir la depreciación de las instalaciones, no a proyectos nuevos que mejoren la productividad.

Además, hay otras causas que nos restan productividad y riqueza. Una importante, que reiteran la Comisión Europea, el FMI y la OCDE es la elevada precariedad del empleo en España: tenemos un 26,3%% de empleo temporal (2019), casi el doble de la media europea (13,6%) y mucho mayor que Reino Unido (5,1%), Alemania (12%), Bélgica (18.8%), Italia (17,1%), Francia (16,3%) o Paises Bajos (20,2%), según Eurostat. Y está demostrado que los trabajadores con contrato temporal tienen menos incentivos para esforzarse y las empresas dedican menos recursos a formarles, lo que reduce su eficacia y la productividad del país.

Otra causa clave de la menor productividad, también ligada a las empresas, es la organización del trabajo en España: hay poca participación de los trabajadores en la gestión de las empresas, según revela un estudio de CaixaBank Research. Así, los “jefes” en España ejercen más control sobre sus subordinados (un 41% frente al 24% en Alemania), no encuestan a los empleados (sólo el 26% de las empresas frente al 51% en Alemania) y apenas se toman decisiones en equipo (un 17% de las empresas frente al 35% en Alemania). La gestión del “ordeno y mando”, muy afincada en la mayoría de las empresas españolas, no ayuda a crear un buen clima laboral y mejorar la productividad.

Otro factor que nos resta productividad (y riqueza) es que en España hay demasiadas pymes y pocas grandes empresas: el 99% de las empresas censadas (ver datos mayo 2020) tienen menos de 50 trabajadores y sólo hay un 0,17% de empresas grandes (4.790 empresas con más de 250 empleados), frente al 0,5% en Alemania (más de 9.000 grandes empresas), el 0,4% en Reino Unido o el 0,2% en Francia. Y está demostrado que las grandes empresas son más productivas porque son más longevas (sobreviven más años), exportan más (otro factor clave: los paises más exportadores son más productivos y más ricos) y son más innovadoras, además de financiarse mejor y crear un empleo más estable, según detalla este estudio de CaixaBank Research sobre la productividad.

Y todavía hay otros factores que restan eficacia y productividad a España, como la excesiva regulación y burocracia (España está entre los 10 paises europeos con más restricciones al establecimiento de locales comerciales, según la Comisión Europea), la dispersión de normas (17 autonomías), la falta de competencia en muchos sectores (oligopolios), la lentitud de la Justicia, las dificultades de financiación, los mayores costes energéticos, la falta de estabilidad normativa y laboral o el retraso en la digitalización de la economía.

Ya sabemos por qué somos menos productivos y menos ricos que media Europa. Hasta ahora, las empresas españolas (más las que exportan) han tratado de paliarlo con dos recetas drásticas: reducir plantillas (menos personal aumenta la productividad) y pagar menos sueldos que en otros paises, para reducir costes y compensar así la menor productividad y competitividad. Devaluar los salarios: en 2019, el salario por hora en España era de 21,8 euros, frente a 27,7 euros en la UE-28 (+27%) y 31,4 euros en la zona euro, 44,7 euros en Dinamarca, 35,6 euros en Alemania (+63%), 36,6 euros en Francia, 28,8 euros en Italia o 27,4 euros por hora en Reino Unido, según Eurostat. Ante el hecho de ser un país menos productivo, España ha optado por tirar salarios”, ser la China de Europa.

No se puede seguir por este camino: cargar sobre los trabajadores (su paro y sus salarios) el ajuste para compensar ser menos productivos (y menos ricos). Habría que alcanzar un Pacto nacional por la productividad, atajando los problemas que nos hacen menos productivos (y menos ricos): modelo económico, formación, tecnología, inversiones, tamaño empresas, organización del trabajo, costes, burocracia y regulación. Son medidas de fondo, que tardan tiempo en dar fruto y exigen un amplio consenso político y social. Lo primero es incluir la productividad en la agenda económica, creando un Consejo Nacional de Productividad como nos pidió la Comisión Europea en 2016 y como ya tienen 13 paises europeos. Y a partir de ahí, aprovechar el Plan de recuperación y los Fondos europeos para pactar medidas y mejorar nuestra eficiencia como país, con un modelo económico que nos acerque a la Europa más rica, de la que nos alejamos año tras año. No perdamos el tren.

lunes, 8 de marzo de 2021

8-M: la pandemia penaliza a las mujeres


La pandemia ha trastocado la vida de todos, pero más de las mujeres: han estado en 1ª línea en residencias, centros de salud y hospitales, se han contagiado más, han perdido más empleos y tienen más paro, mientras en casa han tenido más tareas y teletrabajo. Y siguen con las desigualdades de antes: trabajan menos (1,6 millones menos, cuando son más que los hombres), en peores puestos y con contratos más precarios, con lo que ganan un 21,4% menos. Y cobran un -12,88 de paro y un -34% de pensión, mientras dos tercios de los dependientes que mueren sin ayuda son mujeres. Se ha avanzado, pero a este ritmo, la igualdad salarial tardará 43 años. Lo positivo es que las empresas de más de 100 trabajadores tienen que negociar ahora y meter en convenio un Plan de igualdad y publicar sus salarios. Falta un Plan de choque, para que la recuperación traiga más empleos a las mujeres. Y repartir el trabajo en casa.

Enrique Ortega a partir de Rodchenko

La pandemia ha penalizado doblemente a las mujeres, en su salud y en su economía. Por un lado, las mujeres han estado en primera línea en la lucha contra la pandemia, en residencias de ancianos, centros de salud y hospitales, así como en la educación, las tiendas y supermercados, lo que se ha traducido en más contagios: un 52,5% de los contagiados en España son mujeres, según el informe RENACE. Eso sí, han muerto menos mujeres (el 40% del total), porque la tasa de letalidad ha resultado mayor entre los hombres, sobre todo a partir de los 70 años, porque que suelen tener más enfermedades previas (cardiovasculares, respiratorias, hipertensión y diabetes) y también por razones genéticas.

Por otro lado, la pandemia ha afectado más a la economía de las mujeres, por dos razones. Una, porque trabajan más en los sectores más castigados por la pandemia: turismo y hostelería (56% mujeres), comercio (65%) y en general los servicios (donde trabajan el 88,7% de las mujeres frente al 64% de los hombres). La otra, porque tenían trabajos más precarios, que han sido los primeros en perderse con la recesión post-COVID: las mujeres tienen un 26,6% de contratos temporales (frente al 22,8% los hombres) y son el 74,3% de todos los asalariados con trabajos a tiempo parcial, por horas o días (más vulnerables).

El resultado es que las mujeres han perdido más empleo con la pandemia, empezando porque han perdido el récord de trabajar más de 9 millones de mujeres, alcanzado en 2019 por primera vez en la historia de España. En febrero de 2021 había 8.781.589 mujeres afiliadas a la Seguridad Social, -218.342 mujeres menos, un -2,42% de caída en el último año (desde febrero 2020), frente a 10.068.522 hombres afiliados (-210.955, un -2,05%), según los últimos datos del Ministerio de SS. Las mayores pérdidas de afiliación se han dado en la hostelería (-296.010), ocio y actividades recreativas (-48.886), otros servicios (-31.298) y empleadas domésticas (-12.607), sectores con fuerte presencia femenina.

Pero la pérdida de empleo con la pandemia se ve mejor en la última EPA, del 4º trimestre de 2020, publicada por el INE: el año pasado se perdieron -622.600 empleos, -338.800 los perdieron los hombres (-3,12%) y -283.800 empleos las mujeres (-3,10%), un porcentaje bastante similar dado que hay más hombres que trabajan. Pero han perdido comparativamente más empleos en 2020 las chicas jóvenes de 16 a 19 años (-51,25% frente al -33,98% los chicos) y las chicas de 30 a 39 años (-7,12% frente a -6,22 los chicos).

Además de perder empleo, hay mujeres “aparcadas” en los ERTEs, esperando volver a trabajar o ser despedidas. Y son más que los hombres: a finales de febrero de 2021 había 899.383 trabajadores en ERTES, 477.132 eran mujeres y 422.251 hombres (a pesar de que hay 1,2 millones menos de mujeres afiliadas a la SS), según los datos del Ministerio de SS. Y la mitad de estos ERTEs estaban en la hostelería (446.999 trabajadores de media en febrero), junto a los que trabajan en servicios de comidas y bebidas (32.998 en ERTE) y alojamiento (120.011 trabajadores), los sectores con más mujeres. Y estos ERTE, dominados por las mujeres, se dan sobre todo en Barcelona (151.067), Madrid (120.058, Las Palmas (52.726), Valencia (46.862), Alicante (42.675), Málaga (41.516), Baleares (39.044) y Tenerife (37.465), el mapa donde hay más trabajadores (y mujeres) en ERTE.

Y también ha aumentado más el paro entre las mujeres el último año: +408.707 paradas más en febrero 2021 (+21,5%) frente a +354.035 hombres más sin trabajo (+26,2%), según los últimos datos del Ministerio de Trabajo. Y el aumento del paro ha sido porcentualmente mayor (de febrero 2020 a febrero 2021), entre las chicas jóvenes menores de 25 años: +40,56% (+51.356) frente a +39,76% los chicos. Y la tasa de paro femenino (18,47% de las mujeres) sigue muy por encima de la de los hombres (14,30%) y duplica con creces la media europea (7,4% en la UE), superada sólo por la de Grecia (20%), según Eurostat.

Hasta aquí, el efecto inmediato de la pandemia en las mujeres, mientras se mantiene (y crecerá) la desigualdad que ya había antes de esta crisis. La primera gran desigualdad sigue siendo que las mujeres trabajan menos que los hombres. Son más población, concretamente 938.063 mujeres más que hombres (24.144.815 frente a 23.206.752, según el Censo al 1 de julio de 2020). Y sin embargo, hay menos mujeres activas, que “trabajan o buscan trabajo” (10.865.900 mujeres frente a 12.198.200), porque muchas mujeres dejan de trabajar o ni lo intentan por cuidar a sus hijos y padres.  Y así, hay menos mujeres trabajando: 8.874.500 mujeres frente a 10.469.800 hombres, a finales de 2020, según la última EPA. Son 1.595.300 mujeres menos trabajando, una "brecha" de empleo que apenas ha mejorado (eran 1.650.000 menos trabajando a finales de 2019).

La otra gran desigualdad de las mujeres, junto a trabajar menos, es que ganan menos, un -21,4 en 2018, el último año del que el INE ha publicado datos de salarios: el sueldo medio bruto de las mujeres era de 21.011,89 euros frente a 26.738,19 euros los hombres, -5.726 euros anuales (-477 euros al mes). Esta brecha salarial es casi la misma que en 2008 (-21,87%), aunque ha mejorado desde la mayor diferencia en 2013 (-23,99%) y sobre 2019 (-21,92%). Pero es una mejora tan pequeña que, a este ritmo, harían falta 43 años (hasta 2061) para igualar los salarios de hombres y mujeres en España, según este informe de CCOO. Y eso que estamos casi en la media europea, que tiene una brecha salarial del -24%, aunque se estima que habrá aumentado un 1% con la pandemia.

Por autonomías, la brecha salarial de las mujeres es mayor que la media en Asturias (-29,6%), Aragón (-24,65%), Andalucía (-24.44%), Navarra (-23,18%), Castilla y León (-22,89%), Cantabria y País Vasco (-22,56%), la Rioja (22,75%) y Cataluña (-22,17%). Y menor en Baleares (-13,72%), Canarias (-14,70%), Extremadura (-17,54%) y Madrid (-19,76%), según los datos de salarios del INE (2018). Y es llamativa la diferencia en esta brecha según la edad de las mujeres: está en la media entre 16 y 24 años (sobre el -21%), baja la diferencia entre 25 y 39 años (por debajo del -20%), se mantiene cerca de la media entre 40 y 49 años (-20,9%)  y sube mucho (-25% y más) entre los 50 y 60 años, según el informe de CCOO.

¿Por qué se da esta diferencia de sueldos entre hombres y mujeres? La principal razón es que las mujeres trabajan menos horas que los hombres. Eso se ve en el salario por hora trabajada, donde la brecha se reduce a la mitad: -11,9% en España, frente al 14,1% en la UE-28, el 3,9% en Italia, el -79% en Grecia, el -8,9% en Portugal, el -15,8% en Francia o el 20,1% en Alemania, según los últimos datos publicados por Eurostat (de 2018). Eso se debe, básicamente, a que las mujeres hacen jornadas más cortas y tienen más contratos a tiempo parcial, por horas o días: los tienen el 25,3% de las mujeres que trabajan, frente al 7,23% de los hombres. Y de los 2.800.000 asalariados que trabajan en España a tiempo parcial, más de 2 millones son mujeres. Consecuencia: estos contratos a tiempo parcial (el 76% son de mujeres) tienen un sueldo que es el 39,8% inferior a los contratos a tiempo completo.

Las mujeres trabajan más a tiempo parcial para cuidar a hijos y padres y muchas (el 60%) porque no encuentran un trabajo a tiempo completo, solo por horas, básicamente en sectores “feminizados”: restaurantes, hostelería, comercio, servicio doméstico, vendedoras y empleadas de oficina. Y un dato muy explícito: en 2020 se dieron 54.723 excedencias laborales para cuidar a familiares y el 87,2% las pidieron las mujeres, que cada año dejan de trabajar al menos un mes (el 5,6% de las mujeres y el 2,6% de los hombres) para cuidar a alguien.

El segundo motivo de que las mujeres ganen menos es el tipo de contrato: tienen más contratos temporales (26,6%) que los hombres (24,6%). Y un trabajador temporal cobra, de media, un 30% menos que uno con contrato indefinido, según los datos de salarios del INE. Y el tercer motivo es que las mujeres trabajan más en sectores peor pagados, con mayor brecha salarial que la media: actividades administrativas y servicios (-32,19% de brecha salarial), otros servicios (-31,4%), actividades profesionales (-30,7%), actividades sanitarias (-28,02% de brecha salarial), comercio (-26,92%) e inmobiliarias (-25,27%) según el informe de CCOO. Y son mayoritarias las mujeres en la hostelería (56%), el comercio (58%), los servicios auxiliares (57%)y las inmobiliarias (62% mujeres), lo cuatro sectores con los salarios más bajos (de 12.809 a 18.744 euros brutos anuales), según el INE. Y en el caso de los empleados públicos, hay 900.000 interinos, el 70% mujeres (en sanidad y educación).

La cuarta razón, y muy importante, por la que las mujeres ganan menos es que cobran menos complementos, que suponen un tercio del sueldo final y más. Los hombres no sólo reciben más complementos (antigüedad, peligrosidad, penosidad, turnos, nocturnidad, pluses…) sino que además cobran más por ellos, con lo que si la brecha en el salario base es del -19,65%, con los complementos sube al -25,85%. Y al -28.85% si se añaden las pagas extras. Pero donde hay más brecha (-72,86%) es en el pago de horas extras. Primero, porque las mujeres hacen muchas más horas extras gratis, un 48% del total frente al 43% los hombres. Y además, cobran un 73% menos por las que les pagan: 3,11 euros de media las mujeres frente a 11,46 euros las mujeres, según un estudio de UGT.

Y todavía hay una 5ª razón para explicar por qué las mujeres ganan menos: ocupan peores puestos en las empresas: sólo hay un 36% de mujeres directivas y un 39% de técnicas, según la EPA, siendo mayoría en los puestos menos especializados, a pesar de que las mujeres tienen mejor formación que los hombres (el 54% de los universitarios son mujeres). Y entre las empresas que cotizan en Bolsa (127), sólo el 25,7% de los consejeros son mujeres, un porcentaje que sube al 31,17% entre las 35 grandes empresas del IBEX. Y hay 10 empresas cotizadas sin ninguna mujer en el Consejo y 25 sólo con una , mientras el objetivo es alcanzar el 40% en 2022, que ya cumplen 4 (REE, CaixaBank, IAG-Iberia y Banco Santander), según el último informe del IESE y Atrevía. Y otro año más, hay menos mujeres que hombres en puestos directivos de la Administración, Universidad, judicatura y la mayoría de empresas, bancos e instituciones.

La brecha salarial entre hombres y mujeres se extiende también al cobro del desempleo y a las pensiones. En las colas del paro hay más mujeres (2.304.779 paradas) que hombres (1.704.010 parados), un 57,5% del total, pero son menos las que reciben algún subsidio (el 53%) y son más los parados hombres que reciben un subsidio contributivo (864 euros/mes): 579.120 hombres y 569.483 mujeres en enero 2021, según Trabajo. Y además, debido a sus mayores nóminas y periodos de cotización, el paro que cobran los hombres es mayor: 922,80 euros mensuales de media frente a 804 euros las mujeres. Brecha desempleo: -12,88%.

Y vayamos a otra brecha, la de las pensiones. Aunque hay más mujeres en España, como trabajan menos, hay menos mujeres pensionistas: 4,35 millones frente a 4,55 millones de pensionistas hombres, según la SS. Y si tomamos sólo las pensiones de jubilación, las cobraban el 1 de febrero 2.159.565 mujeres jubiladas  frente a 3.721.603 jubilados hombres. Y como cotizan por sueldos más bajos, durante menos años (porque dejan de trabajar años para ser madres), al final, la pensión media de las mujeres es mucho más baja: 866,61 euros frente a 1.250,87 euros. Una “brecha del -34%. Y si tomamos sólo la pensión media de jubilación, la brecha se mantiene en el -33,4%: 1.363,13 euros de media la jubilación de los hombres frente a 908,15 euros de media la jubilación de las mujeres, con datos de enero 2021.

Además, las mujeres sufren más años estas menores pensiones, porque su esperanza de vida es mayor: 86,22 años frente a 80,86 años los hombres. Con ello, corren más riesgo de necesitar ayuda en su vejez, como lo demuestra que el 63,5% de los solicitantes de ayuda a la dependencia sean mujeres. Y por ello, sufren más que los hombres el retraso de las ayudas a la dependencia, al ser mujeres dos tercios de los 234.039 de mayores dependientes que están en listas de espera para recibir ayudas. Y 94 de estos mayores murieron cada día en 2020 sin recibir esas ayudas reconocidas, 60 muertos diarios sin ayudas son mujeres dependientes. Un drama que también afecta más a las mujeres.

Como se ve, la discriminación de la mujer no es sólo que gane un 21,4% menos, sino que va desde que trabaja menos a que cobra menos paro y pensión y a que muere más sin ayudas a la dependencia. Y por si fuera poco, la mujer está discriminada en su propia casa. Ya lo estaba antes del confinamiento, según los datos del INE (las mujeres dedican 38 horas semanales a los hijos y 20 a la casa frente a 23 y 11 horas los hombres) y según la última encuesta de CaixaBank Research: las mujeres se encargaban del 71% de lavar la ropa,  del 60% de la cocina y la limpieza y de la mayoría de las actividades educativas con sus hijos (el 64%). Pero lo peor es que durante el confinamiento, las mujeres han seguido cargando con la mayor parte de las tareas de lavar (69%), cocinar (59%) y limpiar (64%, más que antes) y los deberes de los niños (62%) y sólo ha cambiado que la compra la han hecho mayoritariamente los hombres (el 56%, frente al 44% antes). Así que durante el confinamiento, la mujer ha estado agobiada con limpiar, lavar, cocinar, ayudar a sus hijos y además, teletrabajar.

Todos son datos y estadísticas objetivas, que revelan la discriminación de la mujer hoy, peor que antes de la pandemia. Lo más positivo es que en 2020 se han aprobado dos decretos, pactados por el Gobierno con sindicatos y patronal, que pueden ayudar a mejorar la discriminación de la mujer. Uno, que entra en vigor hoy 8 de marzo, obliga a las empresas de más de 100 empleados a aprobar un Plan de igualdad, pactado con los representantes sindicales, donde se incluirá los procesos de selección y contratación de trabajadores, las condiciones de trabajo y conciliación y las medidas para reducir la brecha salarial y evitar la discriminación de las mujeres. Y el otro decreto ley obliga a todas las empresas, a partir del 14 de abril próximo, a tener un registro salarial, con una auditoría salarial obligatoria para las empresas que tengan Planes de igualdad. Y la Comisión Europea acaba de anunciar una Directiva de Transparencia Salarial, que obligará a las empresas de más de 250 trabajadores a publicar informes sobre la brecha retributiva (el Gobierno español va más allá y lo exige a las de menos de 100 trabajadores), incluyendo sanciones por desigualdad.

Son medidas muy importantes para reducir la desigualdad salarial, pero hay que actuar en otros frentes, como el laboral, para aprobar medidas que reduzcan la temporalidad en el empleo (que sufren más las mujeres), como acaba de pedir Bruselas al Gobierno. Y aumentar los medios de la inspección de trabajo, para poder sancionar a las empresas que discriminan a las mujeres. Y dotar de medios a sindicatos y patronal, que tienen que revisar millones de convenios para incluir clausulas de igualdad en el acceso al trabajo y los sueldos. Y además, hay que aprobar un Plan de choque para fomentar el empleo femenino, porque la mayor discriminación es que las mujeres trabajen menos que los hombres, lo que debe complementarse con más plazas de educación infantil, mejoras en los cuidados a dependientes y horarios laborales que favorezcan la conciliación. Sin olvidar cambios en el comportamiento de los hombres, para que compartan más las tareas del hogar y los hijos.

Hay mucho que hacer y hace falta tiempo, pero hay que resolver este grave problema: que  medio mundo y media España deje de estar discriminada, de la cuna a la tumba. Es el problema más serio que tenemos este siglo, junto al Cambio Climático: conseguir la igualdad de hombres y mujeres. Un reto para todos, al margen de las ideologías, en el que nos tenemos que volcar hombres y mujeres. Media España exige justicia.