La mitad del crecimiento, por los inmigrantes
El 1 de enero vivían en España 10 millones de
personas nacidas en el extranjero, frente a 1,4 millones el año 2.000
y los 7 millones de 2020. Un aluvión de extranjeros que la
derecha rechaza pero que han evitado el colapso del país, porque los
nacidos en España caen desde 2012. Los nacidos fuera son ya el 21,35% de los
trabajadores y eso ha aumentado cotizaciones, ingresos fiscales y el
consumo: entre 2022 y 2025, casi la mitad (el 47%) del
crecimiento español ha sido por los inmigrantes, que además usan
menos la sanidad y otros servicios públicos. Y como la población autóctona
seguirá cayendo, seguirán llegando extranjeros: serán el 35% de la población
en 2050. Por eso, el Gobierno ha aprobado una regularización (residencia)
para 500.000 inmigrantes que ya están aquí e intenta ordenar la entrada
legal de inmigrantes (la inmigración ilegal cayó un 42% en 2025).
Ahora, el reto es integrar a esta quinta parte de la población, por
justicia y por economía. Los necesitamos. Enrique Ortega
España era, el siglo pasado, un país de
emigrantes: en 1970, 2,4 millones de españoles trabajaban en Europa y
el resto del mundo, mientras aquí sólo vivían unos 250.000 extranjeros. Con el
fuerte crecimiento de los años 90, volvieron los españoles y llegaron más
extranjeros, hasta 1.472.458 habitantes nacidos fuera en el Censo del
año 2.000 (el 3,63% de la población). A partir de ahí, los extranjeros
han crecido mucho, en dos oleadas, según
los datos del INE. La 1ª oleada de inmigrantes se produjo
entre 2003 y 2009, año en que ya había 6.466.278 extranjeros en España
(el 13,83% del Censo). Con la crisis financiera y europea, la cifra de
inmigrantes se estancó, hasta 6.753.098 en 2019 (el 14,36% de la
población). Y a partir de ahí, tras la pandemia y el posterior crecimiento, se
produjo la 2ª oleada de inmigrantes, pasando de 7.231.195 habitantes
nacidos fuera en 2020 (el 15,23%) a 10.004.581 extranjeros censados
el 1 de enero de 2026 (el 20,18% de la población), según
el INE.
Así que la población española nacida fuera se
ha multiplicado por 6,8 veces en este siglo, pasando de ser 1 de cada
27 habitantes a 1 de cada 5. ¿Quiénes
son? El 51% son mujeres y la mayoría jóvenes (dos tercios
tienen entre 25 y 44 años), sobre todo de Marruecos (1,17 millones), aunque últimamente
crecen más los latinoamericanos: 980.000 de Colombia, 690.000 de Venezuela,
470.000 de Ecuador, 450.000 de Argentina y 430.000 de Perú, además de los
520.000 rumanos. Y donde hay más población extranjera es en Baleares
(el 27,7% en 2024, cuando la media nacional era el 18,65%), Cataluña
(23,8% de los habitantes, frente al 10,6% en 2004) y Madrid (23,8% frente
al 13,1% en 2004), Canarias (22,6%), Comunidad Valenciana (22,5%
frente al 11,3% en 2004) y Murcia (19,5% frente al 11% en 2004). De
estos 10 millones nacidos fuera de España, 3 millones tienen ya la
nacionalidad española (doble nacionalidad).
La llegada de esta población “extranjera” ha evitado un
colapso económico en España, porque han suplido la
caída de la población española, que sucede desde 2012, porque hay
menos nacimientos (por la baja natalidad: 1,10 niños por mujer, cuando
hacen falta 2,1 para garantizar el reemplazo generacional) que muertes.
Así, en 2011 se produjo el máximo de población nacida en España (40.512.654
habitantes), una cifra que cae después año tras año, hasta los 39.566.144
habitantes nacidos en España en
el Censo de 2025: casi 1 millón menos de habitantes autóctonos
(-946.510), por el desplome demográfico.
Precisamente, la llegada masiva de inmigrantes ha
permitido cubrir con creces esta caída y conseguir que la población total de
España crezca: de 47.190.493 habitantes en 2011 a 49.570.725 habitantes
el 1 de enero de 2026, según
el INE. Y eso ha permitido que España aumente su mano de obra
disponible, la base del fuerte crecimiento tras la pandemia. Así, la
población activa (personas que trabajan o buscan trabajo) ha aumentado en
1.781.600 personas en los últimos 6 años (2020-2025), pero de ellos, sólo 152.000 nuevos
activos son nacidos en España: el 91,4% restante son nuevos activos nacidos
fuera (1.628.700).
Esta mayor fuerza laboral ha permitido el fuerte crecimiento
de la economía, mayor que en Europa, y la creación de 2.496.400 empleos en
estos 6 años, el 40% de todos los empleos creados en Europa. Y dos
terceras partes han sido para trabajadores nacidos fuera de España: 1.614.700 empleos
han sido para extranjeros (1.106.600) y para foráneos con
doble nacionalidad (508.000), mientras los nacidos en España consiguieron
881.700 nuevos empleos. La
mayor parte de este nuevo empleo “extranjero” ha sido para jóvenes y
personas de mediana edad, con poca formación, que trabajan en la hostelería, la
construcción, el comercio, empleadas de hogar y en los cuidados, con
contratos más precarios y menores sueldos que los trabajadores nacidos en
España.
Tras estas ganancias de empleo, trabajan en España
22.463.300 personas (diciembre 2025), de los que 17.666.400 son
empleados nacidos en España (el 78,6%) y 4.796.800 son trabajadores
nacidos fuera de España (3.575.900 extranjeros y 1.220.900 con doble
nacionalidad), el 21,3% de los ocupados (eran el 14,86% en 2008), según
la EPA. Un colectivo de trabajadores “extranjeros” que sufre múltiples
discriminaciones laborales, según
un estudio del Ministerio de Inclusión, SS y Migraciones: “se concentran
en profesiones con menor cualificación, peores condiciones, mayor temporalidad,
mayor riesgo de accidente, jornadas de trabajo más largas y peor remuneradas”,
dice textualmente.
Los datos lo corroboran. Por un lado, los salarios medios
de los inmigrantes (1.846 euros brutos) son un 26,4% inferiores
a la media salarial de los españoles (2.508 euros mensuales) y también menores
a los salarios de los trabajadores con doble nacionalidad (2.040 euros brutos),
según el decil de
salarios del INE. Y otros estudios señalan que los inmigrantes ganan un
29% menos que los nativos, la mayor diferencia en Europa, debido a que
tienen peores contratos y jornadas y a que trabajan en los sectores peor
pagados. Y la situación es peor para las
mujeres inmigrantes (el 51% de los extranjeros que llegan ahora), que
sufren una doble penalización laboral: por ser mujer y por ser inmigrante.
Además, los inmigrantes sufren más el paro: su tasa de desempleo es del
14,51%, frente al 9,01% los españoles.
Frente a la derecha y la extrema derecha, que culpan
a los inmigrantes de quitar empleos a los españoles, la realidad es que
la mayoría de los inmigrantes ocupan trabajos que los españoles no buscan o no
quieren (o donde los empresarios “prefieren” contratar a inmigrantes para
ahorrarse costes). Y la realidad no es sólo que los inmigrantes han permitido
aumentar el empleo y mantener el crecimiento, sino que además han sido claves
para aumentar los ingresos por cotizaciones sociales. Así, en diciembre de 2025
había
3.135.582 trabajadores extranjeros cotizando, el 14,9% del total de
afiliados a la SS (eran el 10,9% en 2019) y casi 1 millón más cotizantes que en
2019.Un balón de oxígeno para la SS, porque cada inmigrante cotiza
unos 4.000 euros anuales… Además, los inmigrantes pagan también impuestos
(pocos el IRPF, pero todos el IVA y los demás impuestos y tasas). Y gastan,
consumen.
Por todo ello, la llegada de estos 10 millones de
extranjeros y esos 4,8 millones que trabajan y cotizan han sido un motor
clave del crecimiento español estos años. Un
reciente informe de Funcas (Cajas) aporta un dato revelador: entre
2022 y 2025, casi la mitad del crecimiento español (el 47%) fue
gracias a la inmigración, que aportó el 4,26% del 8,9% que creció el
PIB esos 4 años. Un dato que refleja muy bien los efectos positivos de la
inmigración. Y añaden que también han sido decisivos para el “boom” del
turismo y el despertar de la construcción, además de ayudar a
frenar la inflación: el menor coste de esta mano de obra extranjera ha
evitado una mayor subida de precios en España.
Y además de ser el principal motor del crecimiento español, los
inmigrantes no han empeorado los servicios públicos, como revelan distintos
informes. En sanidad, los inmigrantes utilizan menos las visitas al médico de
cabecera, consultas y hospitalización, sólo algo más las urgencias (porque
sufren más accidentes laborales), según
un estudio del Ministerio de Inclusión, SS y Migraciones. Y otro estudio, de
la
Revista Clínica de Familia, señala que los extranjeros van menos al
médico de familia (78,4% frente al 82,9% los españoles), al
especialista (45% frente al 54,9%), a los hospitales (5% frente al 8,5%) y se
vacunan menos (34,2% frente al 56%) y se hacen menos mamografías (66,4% frente
al 82,8%), utilizando las urgencias como los españoles.
Sobre la educación, las familias inmigrantes concentran
a sus hijos más en centros públicos, porque los privados y concertados les “filtran”,
aunque no lo reconocen. Y suelen tener más problemas para integrarse en los
centros, lo que provoca un mayor abandono escolar temprano, según
el estudio de Migraciones: lo sufren un 31% de los alumnos inmigrantes frente
a un 11% los españoles. Y los inmigrantes se matriculan más en FP básica, pero
menos en FP de grado medio y superior, también en la Universidad. Además, los
inmigrantes sufren más los problemas de vivienda, porque tienen menos
pisos en propiedad y el 56% viven en alquiler. Y el 7,5% de los inmigrantes
viven en la calle, sin un techo, según ese estudio. Además, los inmigrantes suponen el
17,52% de los beneficiarios del Ingreso Mínimo Vital (son el
20% de la población) y el 28,89% de las rentas de inserción autonómicas.
En el futuro, la población nacida en España va a
seguir cayendo (porque las mujeres españolas son madres más tarde y tienen
menos niños), según las
proyecciones del INE: los 39.566.144 habitantes actuales nacidos en
España (79,82% del Censo) caerán a 39.013.557 habitantes en 2032, a 37.046.757
habitantes en 2052 (el 70,42%), a 35.134.659 habitantes en 2062 (66,56%) en
2062 y a 33.591.148 habitantes nacidos en España en 2072 (el
63,52% del total). O sea, que entre 2025 y 2072, los nacidos en España serán
casi 6 millones menos…
Así que necesitamos que sigan llegando inmigrantes para
crecer y sostener las pensiones y los servicios públicos. La previsión del INE (hecha
en 2022) es que los nacidos fuera de España aumenten desde los 10.004.581 censados
de 2025 (20,18% de la población) a 11.725.081 censados en 2032, a
13.937.681 en 2042 y a 15.865.207 censados en 2052 (el 30% de la población entonces). Y
que sigan aumentado hasta 17.658.512 habitantes de fuera en 2062 a 19.295.222
censados nacidos fuera de España en 2072 (el 36,5% de la población).
Otra estimación,
del estudio de Funcas, proyecta 18,5 millones de habitantes “extranjeros”
en 2050 (el 35% de la población española dentro de 24 años).Y con
estos inmigrantes, la población total de España no dejará de crecer,
desde los 50 millones a finales de 2026 a 52,5 millones en
2050 y 52.886.370
habitantes para 2072.
En definitiva, que la población española sólo crecerá
y mantendrá el crecimiento y el empleo si los inmigrantes siguen llegado,
porque la población autóctona seguirá cayendo, un problema que tiene toda Europa. Por eso, las políticas contra los inmigrantes de la derecha
y la extrema derecha no son solamente injustas: suponen un “suicidio
económico”. Por eso, el Gobierno Sánchez está empeñado en mantener
el flujo de inmigrantes, aunque ordenando su llegada y luchando contra la
inmigración ilegal (con vigilancia y acuerdos con los paises emisores, como
Marruecos, Mauritania y los paises del Sahel), medidas que están dando fruto: en
2025, la inmigración ilegal cayó un -42,6%, hasta los 36.775
inmigrantes, según Interior.
Como se ve, la mayor parte de los inmigrantes
(+540.371 netos en 2025) no entran irregularmente (sólo el 6,8%), sino
que llegan como viajeros o turistas y se quedan ilegalmente. En estos momentos,
se estima que viven en España unos 800.000 inmigrantes irregulares, sin
papeles. El Gobierno acaba de aprobar una
regularización extraordinaria, para que puedan obtener la
residencia los que acrediten que vivían aquí al menos 5 meses antes de
diciembre de 2025 y carezcan de antecedentes penales, lo que podría beneficiar
a 500.000 inmigrantes irregulares (la mayoría mujeres). Esta sería
la 7ª regularización, tras las 3 de Felipe González en 1.986
(38.294 inmigrantes), 1.991-92 (114.423) y 1996 (21.294), las dos de Aznar, en
2000 (264.153) y 2001 (239.174) y la de Zapatero, en 2005 (576.506
inmigrantes). Para que se lleve a cabo, entre abril y junio, el Gobierno
tiene que conseguir aprobarla en el Congreso, donde votarán en contra
Vox y PP, con la duda de Junts.
La regularización
pretende “poner al día” a medio millón de extranjeros irregulares
que podrán conseguir una autorización de residencia por un año (y por 5 sus
hijos), para incorporarse después a las figuras de integración que contempla la
reforma
del Reglamento de Extranjería,
aprobada en 2024 y en
vigor desde mayo de 2025. Ahí se introdujeron cambios para
ordenar y flexibilizar la llegada legal de inmigrantes: concesión de
visados, autorizaciones de trabajo y residencia para actividades de temporada
(campo), contratación en los paises de origen, ampliación de los supuestos de
arraigo y reducción plazos (de 3 a 2 años), simplificación procesos
reagrupación familiar y flexibilización de los permisos de trabajo, para
favorecer la llegada legal de los inmigrantes que las empresas necesitan. Dos
estudios, uno de la Fundación La Caixa y otro
de la Universidad de Navarra coinciden en señalar que la anterior
regularización (ZP en 2005) “no produjo un efecto llamada” y que sus efectos
positivos sobre el empleo, los salarios y la recaudación superan a los posibles
efectos negativos.
No basta con regularizar a los inmigrantes
irregulares y canalizar mejor las llegadas. Los expertos insisten que urge
integrar mejor a los 10 millones de habitantes nacidos fuera que ahora
viven en España, porque sufren una discriminación laboral, salarial, de
vivienda, educación y atención social. Y esta
discriminación, además de injusta, tiene efectos
económicos negativos, penaliza la productividad, el crecimiento y los
servicios públicos de todos. De hecho, la discriminación global a los
extranjeros está haciendo perder al país 17.000 millones de euros, según
el informe del Observatorio español del racismo y la xenofobia. “Acoger
al que viene de fuera no es solo un deber, sino un paso para garantizar el
Estado del Bienestar”, señaló
Pedro Sánchez en 2024, al anunciar un Plan para la integración de los
inmigrantes, abierto a consulta pública en 2025 y pendiente de
aprobación.
En resumen, los inmigrantes no nos invaden ni nos quitan
trabajo o servicios públicos, sino que están sustituyendo a los
españoles que no nacen y permiten
que el país crezca y cree empleo y riqueza, cotizando a la
Seguridad Social y pagando impuestos. Si ya son 1 de cada 5 habitantes y para
2050 serán 1 de cada 3, no queda más remedio que ordenar su llegada e
integrarlos mejor, para que colaboren en la mejora del país. Los
necesitamos, pero en condiciones de más igualdad con los demás
españoles. Se lo han ganado.
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