España es un país con una arraigada tradición de frecuentar bares y restaurantes, que están por todas partes en pueblos y ciudades, algo que “choca mucho” (y atrae) a los turistas extranjeros que nos visitan. De hecho, España es el país del mundo con más bares y restaurantes, 1 por cada 209 habitantes, más del doble que en Francia (1 por 350 habitantes) o Reino Unido (1 por 500). Y también somos el país europeo que más gasta (en porcentaje) en bares, restaurantes y hoteles: el 11,3% del gasto por persona, el doble que la media europea (6%) y el triple que Alemania (4%), según las estadísticas de Eurostat.
jueves, 11 de julio de 2024
España, un país de bares y restaurantes
En junio, casi la mitad del empleo nuevo se creó en la
hostelería (+32.030 ocupados), gracias al dinamismo de bares y
restaurantes, llenos cada día. España es el país de Europa con más
bares y restaurantes, aunque hay menos bares que en 2010 pero muchos
más restaurantes. Entre ambos, dan trabajo a 1,4 millones de personas.
Todo apunta a que el sector irá a más,
porque el 70% de los españoles come y bebe fuera de casa, cada
vez más, a pesar de la fuerte subida de precios en la hostelería. La
tendencia, tanto en bares como en restaurantes, es una mayor especialización
y al auge de las cadenas y grandes empresas, que ya suponen un
tercio de la facturación en restauración. Falta mejorar la formación del
personal y la productividad del sector, aún baja. Y cada vez habrá más
competencia, lo que provocará múltiples cierres y aperturas. Una “criba”
drástica en la hostelería, propiciada por Internet y las redes
sociales. Menor bares y restaurantes tradicionales y más locales "de diseño". Enrique Ortega
España es un país con una arraigada tradición de frecuentar bares y restaurantes, que están por todas partes en pueblos y ciudades, algo que “choca mucho” (y atrae) a los turistas extranjeros que nos visitan. De hecho, España es el país del mundo con más bares y restaurantes, 1 por cada 209 habitantes, más del doble que en Francia (1 por 350 habitantes) o Reino Unido (1 por 500). Y también somos el país europeo que más gasta (en porcentaje) en bares, restaurantes y hoteles: el 11,3% del gasto por persona, el doble que la media europea (6%) y el triple que Alemania (4%), según las estadísticas de Eurostat.
El gasto de los españoles en bares y restaurantes cayó
con la crisis de 2008 y empezó a recuperarse en 2015, hasta que volvió a caer
en 2020 y 2021, por la pandemia. Pero ya se ha recuperado con
creces, según la última
Encuesta de Presupuestos Familiares (INE): el gasto en restaurantes y
hoteles es la 4ª mayor partida de gasto familiar, 3.311
euros en 2023 (el 10,22% del gasto total), sólo por detrás del gasto en vivienda,
luz y agua (se lleva el 31,8% del presupuesto familiar), en alimentación
y bebidas (17,9% del gasto) y transporte (11,6% del gasto familiar).
Si restamos el gasto en hoteles, el gasto familiar en bares y
restaurantes fue de 2.804
euros en 2023, un 8,60% del gasto total, superando ya el gasto de 2019 (2.478,09 euros, el 8,19% del gasto total). Y el gasto
por persona en bares y restaurantes es de 1.128 euros, el 8,6% del
total (8,4% en 2019).
Los españoles tenemos muchos más bares y restaurantes que
el resto de europeos y además los visitamos mucho más: acudimos a
beber o comer fuera de casa una media de 175 veces al año (eran 186 veces en
2008), frente a 150 veces los franceses o alemanes y 258 veces los italianos, según
datos de la consultora NPD Group. Pero, curiosamente, gastamos más
que el resto de europeos en “beber y alternar” y menos en comer fuera de
casa: 800 euros de media en
restaurantes, por detrás de Italia (1.044 euros), Alemania (989 euros), Reino
Unido (975 euros) y Francia (851 euros).
La recuperación de bares y restaurantes, tras
el duro bache de la pandemia, ha venido de la mano de una mayor apuesta
de los españoles (y europeos) por el turismo y el ocio, por salir y
viajar más tras los confinamientos. Así, los datos de 2023 reflejan que han
seguido creciendo en España los bares y restaurantes, un sector que
aporta el 3,9% del valor añadido a la economía, que supone el 7% de las
empresas y del empleo y que ingresa el 9% de toda la facturación en
España del sector servicios, según
un reciente informe de CaixaBank Research, que resume así el sector: 264.000
establecimientos, de los que dos tercios son bares y cafeterías (62%),
casi un tercio (31%) son restaurantes y el 7% restante son servicios
de catering, de comidas y bebidas para eventos y domicilios.
La pujanza de la restauración no puede ocultar la
evolución interna en los últimos años, donde se ha reducido el número
de bares y han aumentado mucho los restaurantes, según
el estudio de CaixaBank Research. Así, en 2023 había en
España 148.200 empresas de bares y cafeterías, frente a 202.699
bares y cafeterías en 2010 (-54.499 empresas, un 26,88% menos),
lo que supone que han desaparecido 1 de cada 4 bares y cafeterías que
había hace 13 años. Por el contrario, hay 69.410 restaurantes (2023),
10.406 más que en 2010 (había 58.950 restaurantes), lo que indica que casi
1 de cada 5 restaurantes actuales son nuevos, no existían hace 13 años.
Y también ha aumentado “la tercera pata” del sector de la restauración, los
servicios de catering: han pasado de unas 10.000 empresas en 2010 a
14.218 empresas en 2023, un crecimiento superior al 40%.
De estas 231.828 empresas de restauración en España (1
por cada 209 habitantes) la mayoría son propiedad de personas físicas (el 63%, más que en el conjunto de la
economía, donde son el 57%) y dominan las “microempresas”: el 91,5%
de los bares, restaurantes y servicios de catering tienen menos de 9
empleados, según
CaixaBank Research. Y las grandes empresas de restauración,
con más de 250 empleados, suponen sólo el 0,05% del total, pero aportan el 17%
del valor añadido del sector y mantienen el 21% del empleo total del sector. En
los últimos años, hay una mayor concentración del sector,
con menos empresas familiares y más grandes empresas, que copan nuevos
bares y restaurantes.
El número de empresas de restauración (bares, restaurantes y
servicios de catering) ha bajado desde 2013 (de 258.850 a 231.828), pero la
facturación del sector ya se ha recuperado del bache de la pandemia: en
2023, facturaron 230.000 euros por empresa, un 11,11% más que en 2019 (207.000
millones), según
el estudio de CaixaBank. Pero esta recuperación ha sido desigual.
Los bares y cafeterías facturan 127.000 euros por empresa, +6% que en
2019. Y los restaurantes facturan más del triple, 436.000 euros por empresa (+18%
que en 2019). La facturación por empresa ha crecido porque bajó el número de
empresas y subieron los precios, sobre todo en 2022 y 2023. Y, sobre todo,
por el récord de turistas: el 30% de locales de restauración dependen del
turismo, tanto nacional como extranjero. Y el 10% de los ingresos de toda la
restauración depende del turismo internacional, que bate récords año tras año.
La restauración en España no sólo factura más cada año
(con menos bares y más restaurantes), sino que además ofrece un servicio
con más calidad. Una forma de medirlo es el número de restaurantes
con estrellas Michelín, que ha aumentado un 43%: de 190 que la tenían
en 2019 a 272 en 2023, lo que nos coloca como el 4º país europeo con más
restaurantes con estrella (tras Francia, con 636, Italia con 395) y
Alemania, con 340 restaurantes premiados). Tienen 1 estrella 223 restaurantes
españoles, dos estrellas otros 34 y 3
estrellas tienen 15 restaurantes, siendo España el 2º país europeo con más
restaurantes con 3 estrellas Michelín, tras Francia (27 restaurantes).
El sector restauración es, con los hoteles y la información,
el que más empleo ha creado en los últimos años. En el primer
trimestre de 2024, los bares, restaurantes y catering empleaban a 1.380.968
trabajadores, +54.955 empleados más que antes de la pandemia y +357.712
ocupados en la restauración que en 2010 (+35%), según
CaixaBank Research. Las regiones con más empleo en el sector son Andalucía
(241.150 trabajadores), Cataluña (211.950), Madrid (172.900), Comunidad
Valenciana (153.100), Canarias (98.850), Galicia (65.600), Baleares
(58.575) y Castilla y León (53.675 ocupados en restauración).
Lo más destacado del empleo en restauración es que ahora
es mucho menos precario, tras la reforma laboral aprobada en 2021. Así,
el porcentaje de empleos temporales en la hostelería (incluye
alojamiento y restauración) ha caído del 36,7% en 2019 al 7,7%, gracias
al aumento espectacular de los contratos fijos discontinuos: los trabajadores
de bares y restaurantes tienen un contrato fijo y trabajan unos meses al año,
cobrando el paro el resto. Además, estos trabajadores están ahora mejor
formados y un 27% se matriculan en cursos de FP Superior. Y destaca el creciente peso de los trabajadores extranjeros: son el 26,2%
de los trabajadores de la restauración, más que en 2019 (23,3%) y el
doble de los trabajadores extranjeros en la economía (11,1%), según
CaixaBank Research.
El punto negro del sector restauración es su baja
productividad (VAB por empleado) : su índice es 42 sobre 100, menos
de la mitad que toda la economía (100) y la más baja del sector servicios (la
hostelería tiene un índice 55 y el comercio 85). Los expertos
señalan varias recetas para mejorar la productividad de bares
y restaurantes: mejorar la formación de los trabajadores (habilidades técnicas,
gestión del negocio y servicio al cliente), aumentar el tamaño de las empresas
(las grandes suelen ser más productivas) y mejorar la innovación tecnológica
del sector, con mejores sistemas de gestión de pedidos y reservas, la automatización
en las cocinas o con nuevas herramientas de análisis de datos.
Los establecimientos de restauración están muy repartidos
por todo el territorio, aunque se concentran más en las zonas turísticas y las
más pobladas, pero también en la España rural, donde ejercen el papel de “vertebrar
el territorio”. Tal es así que la España vaciada se identifica
con la España sin bares: 1 de cada 5 municipios (el 18%) carece
de un bar, aunque en ellos sólo vive el 0,30% de la población española. La
media española está en 3,05 bares por 1.000 habitantes. Curiosamente, las
provincias con más bares por 1.000 habitantes
están en el interior: son León (3,5), Salamanca y Zamora (3,4), Palencia
(3,3) Ávila y Burgos (3), seguidos de Baleares y Asturias (3), Orense
(2,9) y Segovia (2,8 bares por cada 1.000 habitantes). Y los pueblos con más
bares son Sallent de Gallego, en Huesca (15,7 bares por 1.000 habitantes),
Comillas, en Cantabria (9,8) y Peñíscola, en Castellón (9,4).
Lo que alimenta el negocio de la restauración es la
tendencia de los españoles a consumir más bebidas y comidas fuera de casa,
por tradición y como forma de” socialización” y ocio. De todo el consumo de
alimentación y bebidas en 2023, el 12,6% ya se hizo fuera de casa,
un gasto de 34.941 millones, una media de 1.001 euros por persona al año (el
67% en comida y el 33% en bebida), según
el Anuario del Ministerio de Agricultura 2023, que revela una ligera bajada
de comidas y cenas y un aumento de los desayunos hechos fuera de casa. La
tendencia a comer y cenar fuera está muy extendida, como revela que el
70% de españoles comieron o bebieron fuera de casa en 2023, para “socializar”
y para “evadirse y disfrutar”, a pesar de la fuerte subida de precios: saltó
del +1,2% en 2021 al +4,5% en 2022, del +6,7% en 2023 y el +4,8% en mayo de
2024, según el INE,
aunque este verano subirán todavía más.
La tendencia de salir a bares y restaurantes
está muy afianzada y crecerá. En mayo de 2024, un 50% de
los consumidores comen en un restaurante al menos una vez por semana (+28%
que hace un año), según
Horeca. Y el 44% de las personas desayunan a media mañana en un bar
o cafetería, porcentaje que sube hasta el 73% en el caso de los trabajadores
. Y aunque un 46% de empleados lleva “la tartera” al trabajo, un 43% opta por comer
en un bar o restaurante (+19% que hace un año). Y los fines de semana, el 74%
de españoles toma el aperitivo, un 57% sale de cañas o copas por la tarde y un
55% por la noche. En los últimos meses, aumenta más
el ocio diurno que nocturno, que casi la mitad prefiere salir a
comer que a cenar y que se adelantan las horas de beber y comer fuera.
Otra tendencia, según
el Observatorio de Marcas (KPMG), es
el auge de la comida para llevar y el ascenso de los restaurantes
de comida rápida, con un peso creciente de las cadenas de bares y
restaurantes: la “restauración de marca”, con 40 grandes empresas, ha
conseguido ya un 30% de cuota de mercado en bares y, sobre todo,
restaurantes. Y esperan seguir abriendo locales y creando nuevos empleos en
2024, empujados por el peso creciente del ocio y los récord del turismo
nacional y extranjero. Respecto a los
clientes, cada vez apuestan más por la digitalización
(en reservas, cartas con códigos QR y valoraciones a posteriori) y la
sostenibilidad, popularizándose los menús bajos en calorías, con productos
de temporada y vegetarianos.
En definitiva, hay una fiebre
por salir de casa y de la ciudad donde vivimos que alimenta el
negocio de los bares y restaurantes, consolidando el sector en España. Un
sector, la restauración, cada vez más profesionalizado y sofisticado,
con fuertes inversiones y una oferta muy variada, que pretende no sólo ofrecer
comida y bebida sino “una experiencia”, con locales de moda y cartas
cada vez más diversificadas (y más caras), con la ayuda de Internet y las
redes sociales. Y con un auge de la comida a domicilio, que busca
convertir nuestras casas en restaurantes a la carta . Nada que ver con los
bares y restaurantes “de siempre”, cada vez más difíciles de encontrar (y
muchos, sin “relevo generacional”). Mientras seamos un país al que le gusta
vivir en la calle, ir a las terrazas y comer fuera, los bares y
restaurantes seguirán creciendo, al amparo del “boom turístico”. El
problema es que la oferta será cada vez menos propia, menos “typical spanish”
y más internacional, más “industrializada”. Es lo que viene.
España es un país con una arraigada tradición de frecuentar bares y restaurantes, que están por todas partes en pueblos y ciudades, algo que “choca mucho” (y atrae) a los turistas extranjeros que nos visitan. De hecho, España es el país del mundo con más bares y restaurantes, 1 por cada 209 habitantes, más del doble que en Francia (1 por 350 habitantes) o Reino Unido (1 por 500). Y también somos el país europeo que más gasta (en porcentaje) en bares, restaurantes y hoteles: el 11,3% del gasto por persona, el doble que la media europea (6%) y el triple que Alemania (4%), según las estadísticas de Eurostat.
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lunes, 8 de julio de 2024
Los españoles, desmotivados en el trabajo
Pasamos un tercio de nuestra vida trabajando y
cada vez nos agobia más. En España, el 36% de trabajadores
sufren “estrés”, el 25% están “tristes” y el 22%
tienen” ira” por trabajar, datos peores que la media mundial. Y
eso lleva a que sólo un 9% de trabajadores están “comprometidos” con
su trabajo y su empresa: el 75% no están comprometidos y otro 16% están “activamente”
en contra, siendo España el tercer país europeo con menos trabajadores comprometidos
con su empleo, con Suiza, Italia y Francia. Ante tanta “desmotivación” por
el trabajo, crecen las bajas laborales (ahora, muchas son por depresión)
y los abandonos del trabajo sin más. Tenemos un serio problema de “desapego”
en el trabajo, que deteriora nuestra baja productividad.
Los expertos recetan mejorar los sueldos y la organización del
trabajo, motivando más a los empleados. Y, sobre todo, mejorar la
gestión (muchos empresarios están “poco preparados”), con más trabajo en
equipo y menos “ordeno y mando”. Urge hacer el trabajo “más llevadero”.
Tras los confinamientos y el parón por la pandemia, los trabajadores de todo el mundo reflexionaron más sobre su vida y su trabajo. Y con ello, se ha agravado “la desmotivación” por el trabajo, el cuestionarse muchas vidas donde la rutina es ir del trabajo a casa y poco más, ganando poco y con gran incertidumbre sobre el futuro. Por eso, no debería extrañarnos que muchos trabajadores se sientan “desmotivados” en sus trabajos. Un reciente estudio mundial de la consultora Gallup pone las cifras: el 44% de los trabajadores encuestados siente “estrés” en el trabajo, se sienten “tristes” y desmotivados al ir a trabajar, mientras aumenta la depresión. Este “estrés” global es mayor en EEUU y Asia (52%) y menor en Europa (39%), con un 36% de trabajadores “estresados” en España, menos que en Francia (47%), Italia y Portugal (46%), Alemania (41%) o Reino Unido (40%).
Centrándonos en España, además de tener un tercio de
trabajadores “estresados”, el
estudio de Gallup revela que hay un 25% de trabajadores “tristes”
en su empleo y otro 22% con “ira” por su trabajo, porcentajes de “ tristeza”
similares a Italia (25% o Portugal (22%) y mayores que en Alemania (18%) o
Francia (19%), mientras tenemos muchos más empleados con “ira” (22%) que
Francia (19%), Alemania (17%), Italia (11%) o Portugal (8%). El
estudio revela que los más “estresados”, “tristes” e “iracundos” son
los trabajadores jóvenes y los que trabajan a distancia o de forma “híbrida”
(en casa y en la oficina). Y refleja que muchos de estos trabajadores están
“al límite”, en la frontera de la depresión por motivos laborales, un
problema detectado por la OMS, que está preocupada porque un ambiente
negativo de trabajo causa problemas de salud física y mental.
La consecuencia evidente de esta tremenda “insatisfacción”
en el trabajo es que la mayoría de los trabajadores no están “comprometidos”
con su trabajo y su empresa. El estudio de Gallup refleja que sólo el
23% de los trabajadores del mundo se declaraban “comprometidos” con su
trabajo en 2023, el mismo porcentaje que en 2022 y similar al de 2019 (22%
trabajadores comprometidos), aunque ha subido en la última década (desde el 13%
en 2012). Este grado de “compromiso” con el trabajo es mayor
en Estados Unidos y Canadá (33%), lo mismo que en Latinoamérica
(33%) y Asia Meridional (33%), aunque es mucho más bajo el nivel de compromiso
en Asia oriental (17%) y en
Europa, donde sólo el 13% de los trabajadores se sienten “comprometidos”
con su trabajo. Lo más preocupante es que frente a ese 23% de
trabajadores comprometidos en el mundo, hay un 62% que no están nada
comprometidos (hacen “lo mínimo” para cumplir) y otro 15% de
trabajadores están activamente “no comprometidos”, activamente “desconectados”
de su trabajo (“pasan”).
España es el tercer país europeo con menos
trabajadores comprometidos con su trabajo, sólo un 9% de los encuestados ,frente al 13% de media en
Europa. Sólo tienen igual “compromiso” en el trabajo Suiza (9%)
y menos Italia o Luxemburgo (8%) y Francia (7% de trabajadores “comprometidos”),
siendo mayor el grado de implicación de los trabajadores en Alemania (15%),
Reino Unido (10%) y la mayoría de centro Europa (14% Paises Bajos), paises
nórdicos (23% Suecia, 21% Dinamarca o 15% Finlandia) y del Este (36% Rumanía, 25%
Estonia o 20% Hungría, mientras Polonia baja al 10%). El estudio revela que hay
paises con Leyes laborales muy avanzadas que tienen un menor
porcentaje de trabajadores “comprometidos” que otros menos avanzados y que este “compromiso” sube en los
periodos de recesión y baja en periodos de crisis. Y destaca que la
clave, más que las Leyes o las normas laborales, es el ambiente en los
trabajos, la organización en cada empresa.
Con este entorno laboral tan negativo, en el mundo y en
España, la primera consecuencia es que más de la mitad de los
trabajadores (el 51%) están buscando otro empleo, según
la Encuesta de Gallup. Así que el descontento provoca una menor
productividad, dado que muchos trabajadores “hacen lo mínimo” o incluso
pasan, mientras su cabeza está en buscar otro trabajo, no en hacer mejor el que
tienen. Y esta falta de compromiso tiene un alto coste, para las
empresas y los paises: ese 77% de trabajadores “no comprometidos” suponen
una pérdida de 8,9 billones de dólares en todo el mundo, según
Gallup. Eso significa que el mundo pierde cada año un 9% del PIB global
por “el desapego” en el trabajo.
¿Por qué hay tan poco “compromiso” de los trabajadores? Para
muchos trabajadores, la
mayor queja es su bajo sueldo o su contrato precario, así como los horarios
abultados o el gran número de horas extras (muchos sin cobrarlas). Pero el
estudio revela otras causas tan importantes o más que el
sueldo, el contrato o los horarios: la creciente exigencia, la falta de
personal y el exceso de trabajo, el encargo de tareas cada vez más
complejas sin la formación adecuada, la continua adaptación y el alto
estrés en contratos y entregas. Pero para muchos, la causa del
desinterés por el trabajo es
más profunda: está en la mala organización del trabajo, en la
falta de reconocimiento al trabajo bien hecho (“felicitar es gratis”), a
las tareas que no se explican, a la falta de diálogo y
trabajo en equipo y a los “jefes tóxicos”, al gran
peso que tiene la gestión del “ordeno y mando…”
La consecuencia de todos estos problemas en
las empresas es esa falta de compromiso y un ambiente de trabajo con demasiados
empleados “estresados, tristes o irritados”. Algo que se traduce en una
menor productividad y en una excesiva “rotación” de plantillas,
porque muchos trabajadores se dan de baja o se dedican a buscar otro trabajo o
simplemente piden la cuenta y se van (a veces, “hasta sin pedirla”). Veamos lo
que pasa en España.
En España, más de la mitad de los trabajadores
(el 57% en 2023) están “desmotivados en su trabajo, según
el último Informe Hays, que refleja como primer motivo los bajos
sueldos (el sueldo medio bruto es de 1.751 euros, 1.400 euros netos, un 20%
inferior al sueldo medio en Europa). El 2º motivo de desapego laboral es la
precariedad , desde el tipo de contrato a los horarios , la escasa
flexibilidad y la falta de conciliación familiar. Y el tercero, señalado por
muchos trabajadores encuestados, “tener un jefe tóxico”, que dificulta o impide
su carrera laboral. Y ojo a este dato: 3 de cada 5 trabajadores aseguran
haber sufrido discriminación en el trabajo, por género, edad,
apariencia física o inclinación política, según
Cegos.
Otro estudio, de
la consultora Sodexo, revela que un tercio de los trabajadores españoles
está descontento en su empresa: el 34,5% se siente poco valorado o nada y
sólo el 16% se considera laboralmente motivado o valorado. Y 6 de cada 10 (61,3%)
dicen que el trabajo “no cumple sus expectativas”, por lo que la mayoría
están dispuestos a cambiar, sobre todo los trabajadores más jóvenes, con peores
trabajos. Y otro estudio, la
última Encuesta de 40DB para El País (28 mayo 2024) revela que un 44% de
los trabajadores españoles se sienten estresados, muchos de ellos con “agotamiento”
(el 52%), ansiedad (41%) o simple aburrimiento (23%), lo que indica que el síndrome de “trabajador
quemado” no es un caso aislado sino un problema estructural en las
empresas.
Este descontento laboral está detrás del
tremendo aumento de las bajas laborales y de las bajas voluntarias
a la SS. Empezando por las bajas laborales, el dato es impactante: más
de un millón de españoles (1,1) no van cada día a su trabajo por
enfermedad (ILT), según los datos oficiales, que en
2023 alcanzaron un récord histórico. De cada 1.000 trabajadores, más
de 400 cogieron una baja laboral el año pasado, lo que duplica el
absentismo de 2012. Una parte de estas bajas son por el mal funcionamiento
de la sanidad y los retrasos en la gestión de las bajas, pero otra parte se
deben al aumento de trabajadores “quemados”, que cogen más bajas de las que se cogerían
si estuvieran a gusto en su trabajo. Y también se han disparado las bajas
voluntarias a la SS: trabajadores que se van de las empresas. En
2023 hubo 2.759.105 bajas “por dimisión o abandono voluntario”,
un 42,7% más que en 2021 (1.932.582). Y lo llamativo es que, tras la
reforma laboral, son ahora los trabajadores con contrato indefinido los
que más abandonan su trabajo: 2.126,792
en 2023, el 77% del total (en 2021, eran sólo el 36,5%: el resto
eran temporales). Abandonan su trabajo pensando en encontrar un empleo menor,
pero las cifras revelan que el 60% no lo consigue en un año y que un tercio
ganan menos de lo que ganaban antes, según
FEDEA.
Precisamente, esta receta, mejorar la organización de
las empresas, es
la clave para Gallup, la consultora del estudio sobre compromiso y
situación de los trabajadores. Han estudiado la situación en un porcentaje de empresas
bien organizadas y gestionadas, concluyendo que sus trabajadores tienen
un alto nivel de compromiso y una mayor productividad. Estas empresas
mejor organizadas, argumentan, no sólo retienen mejor el talento de sus
empleados sino que mejoran su servicio a clientes, una mayor
productividad y más beneficios.
Por eso, el
estudio de Gallup señala que la clave para mejorar el compromiso de los
trabajadores y la productividad de las empresas no son las leyes laborales ni
las condiciones de trabajo ni siquiera
los sueldos, la clave son los gestores de la empresa. Y por eso, insisten
en cambiar la forma de gestionar las empresas, que los gerentes
consigan “un ambiente de trabajo ágil, atractivo y satisfactorio”. Para
Gallup, lo más importante es contratar gerentes con talentos y
habilidades para afrontar un mundo laboral cambiante, reformulando sus
responsabilidades y escuchando más a sus empleados. Creen que las empresas
deben adoptar otro enfoque laboral, con nuevos gerentes que se
preocupen desde atraer talento a mantenerlo y desarrollarlo, buscando el
bienestar de sus trabajadores.
Si la clave es mejorar la gestión empresarial, España
tiene un hándicap, según
reconoce el Banco de España: tenemos un alto porcentaje de
empresarios poco formados: el 32,9% de los empleadores y el 35,2% de
los autónomos, según
Eurostat. Un porcentaje de empresarios poco formados (32,9%) que es muy superior a la media en
la zona euro, mientras tenemos menos porcentaje de empresarios con
formación media (27,1% frente al 40% en la zona euro) y un porcentaje similar de
empresarios con alta formación (40% en ambos casos). Además, la puntuación
de los directivos españoles está a la cola de la OCDE, 2,75 puntos, frente
a 2,85 en Portugal, 2,9 en Polonia, 2,95 en Italia, 3 en Francia, 3,05 en Gran
Bretaña, 3,2 en Suecia y 3,25 puntos en Alemania, según el World Management Survey.
Así que si España tiene un problema de más trabajadores peor formados que en
Europa, también tiene el problema de más empresarios peor formados (sobre todo
en pymes), aunque de este no se habla.
En resumen, que tenemos un serio problema que casi
nadie afronta: los trabajadores están cada vez más desmotivados en sus
trabajos, sobre todo los más jóvenes, y las empresas
apenas tratan de mejorar su situación. Y si reaccionan es quejándose de la alta
tasa de absentismo (que ha subido), sin preocuparse de investigar sus causas
y tomar medidas para lograr un mayor “compromiso” de sus trabajadores,
lo que mejoraría la productividad. No se trata sólo de subir salarios (muchos
sí) y de hacer contratos “decentes”, en muchos casos se trata de gestionar
las plantillas de otra manera: escuchar a los trabajadores, pedir
propuestas, trabajar más en equipo, ser más flexibles y mejorar el ambiente
laboral, buscando que los trabajadores se sientan “reconocidos” y preocupándose
por su “carrera laboral”. Está claro que ya no vale el “ordeno y mando”
y que es mejor tener trabajadores satisfechos que estresados, tristes o
irritados. Debería ser el objetivo de todas las empresas.
Enrique Ortega
Tras los confinamientos y el parón por la pandemia, los trabajadores de todo el mundo reflexionaron más sobre su vida y su trabajo. Y con ello, se ha agravado “la desmotivación” por el trabajo, el cuestionarse muchas vidas donde la rutina es ir del trabajo a casa y poco más, ganando poco y con gran incertidumbre sobre el futuro. Por eso, no debería extrañarnos que muchos trabajadores se sientan “desmotivados” en sus trabajos. Un reciente estudio mundial de la consultora Gallup pone las cifras: el 44% de los trabajadores encuestados siente “estrés” en el trabajo, se sienten “tristes” y desmotivados al ir a trabajar, mientras aumenta la depresión. Este “estrés” global es mayor en EEUU y Asia (52%) y menor en Europa (39%), con un 36% de trabajadores “estresados” en España, menos que en Francia (47%), Italia y Portugal (46%), Alemania (41%) o Reino Unido (40%).
Como reflexión, resulta un enorme contrasentido
que en una "época de gran progreso económico, el trabajo y la salud mental de
los trabajadores sea peor que antes. ¿Qué se puede hacer? Los
expertos en relaciones laborales aportan
algunas medidas: más inversiones de las empresas para
aumentar plantillas y tecnología (que reduzcan el estrés en el trabajo), más
reconocimiento a la labor de los trabajadores (con mejores sueldos, más
flexibilidad y “reconocimiento” a su tarea) , más escucha a los empleados
(para saber lo que quieren y recoger propuestas), más teletrabajo y mejora
de horarios y conciliación, pero sobre todo una mejora de la organización
en las empresas.
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jueves, 4 de julio de 2024
La TV sigue fuerte, pero muy diferente
Mucha gente pensaba que Internet y las redes sociales acabarían
con la televisión. Pero 30,6 millones de españoles se conectan cada
día a la TV, aunque la audiencia sea la más baja de la historia. Y crece
la TV conectada a Internet y las plataformas de TV de pago, que
tienen ya 6 de cada 10 hogares y utilizan 28 millones de españoles. Además,
la TV sigue siendo el 2º medio que acapara más publicidad, tras Internet
y las redes sociales: las TV en abierto ingresaron 1.520 millones en 2023, más
que radios, diarios, revistas, dominicales, publicidad exterior y cine juntos. La
publicidad en TV sigue controlada por el
duopolio de Mediaset y Atresmedia (79%), aunque donde más crece es en
las TV de pago. Los expertos creen que la TV “tiene mucho
futuro”, con cambios en la TV tradicional y un auge de la TV conectada
a Internet, prioridad para los publicitarios. La “caja tonta” es
cada vez más “lista”. Enrique Ortega
La televisión es un medio de comunicación y ocio relativamente reciente. Comenzó a verse en Nueva York, en julio de 1941, y en España comenzaron las emisiones en 1956, primero en blanco y negro y desde 1972 en color (con las Olimpiadas de Múnich). Y no ha parado de evolucionar. Al inicio de los 90 llegaron a España las TV privadas, con Antena 3 (enero 1990), Tele5 (marzo 1990) y Canal+ (junio 1990). Y el siguiente hito, en la pasada década, fue la irrupción de las TV de pago españolas (Movistar 2013) y la posterior llegada de las plataformas internacionales de TV de pago: Netflix (octubre 2015), HBIO (noviembre 2016), Amazon Prime (diciembre 2016), Sky TV (septiembre 2017), el canal de deportes DAZN (febrero 2019), Apple TV+ (noviembre 2019) y Disney+ (marzo 2020).
Una evolución constante que ha permitido a la TV mantener una
audiencia millonaria, a pesar del auge de Internet y las redes
sociales, que parecía iban a acabar con “la caja tonta”. Pero no ha sido
así: 30,6 millones de españoles (el 66,3% de la población mayor de 4
años) se conectaron cada día a la TV en España en 2023, 1 millón más que
en 2022, según
el último balance de Barlovento TV. Esto es posible porque la bajada de
audiencia de la TV convencional (“la de siempre”) ha sido compensada con
el aumento de espectadores en la TV conectada a Internet, por el auge de
las plataformas de TV de pago. Veámoslo.
La “televisión tradicional” (lineal y en
diferido: un 4% de espectadores ven los programas después de emitirse) tuvo
una audiencia de 28,2 millones de espectadores diarios en 2023 (el 61%
de los potenciales espectadores), 636.000 espectadores menos que
en 2022 (-2,2%), según
los datos de Barlovento TV. Y estos espectadores ven muchas horas de
televisión cada día, a pesar de la competencia de Internet y las redes
sociales: el consumo diario por espectador fue de 297 minutos en 2023 (4
horas y 57 minutos), menos que en 2020 (337 minutos, un récord en plena
pandemia) pero un consumo similar al de 2009 (297 minutos). Eso sí, si tomamos
el consumo de TV tradicional por persona, baja, porque mucha gente ve
menos TV y más el móvil y las redes sociales: el 2023, el consumo medio de TV
tradicional por persona fue de 181 minutos (3 horas y un minuto), el consumo
per cápita más bajo de la historia (el máximo fue 2016, con 246 minutos por
persona).
Aunque han caído los espectadores y el tiempo que ven
la TV tradicional, en la última década está creciendo el consumo
de “la otra TV”, la llamada TV
“híbrida” o “TV conectada”: utilizar el aparato de TV para
conectarse a Internet y ver programas, vídeos, ver y oír música y radio o
jugar a videojuegos. En 2023, 11,3 millones de espectadores se
conectaron diariamente en algún momento a esta TV híbrida,
1,4 millones más que en 2022 (+13,1%), según
los datos de Barlovento TV. Eso significa que consumen esta TV conectada el
25,6% de toda la audiencia potencial (mayores de 4 años). Y los espectadores
que la siguen la ven mucho tiempo: 171 minutos de media (2 horas y
51 minutos) en 2023, el máximo anual. Y si vemos el consumo medio de esta TV
por persona, baja (porque muchos todavía no la ven), pero supone ya 44
minutos de consumo per cápita, otro récord.
En la TV tradicional (“la de toda la vida”),
la edad media de los telespectadores ha subido a 57 años, la más
alta de toda la serie histórica. Las mujeres ven esta TV tradicional más
tiempo que los hombres (34 minutos más al día) y también la ven más los más
mayores (de 45 a 64 años, 6 horas y 49 minutos al día de media y 5 horas y
9 minutos los de 45 a 60 años). Pero no es verdad que los jóvenes no vean
la TV tradicional: la ven (160 minutos los niños al día los niños. 178
minutos los jóvenes de 13 a 24 años y 209 minutos los de 24 a 45 años), aunque
menos que la media (297 minutos al día por espectador), según
Barlovento TV. Por regiones, los que ven más la TV tradicional son
los espectadores de Asturias, Andalucía, País Vasco, Comunidad Valenciana,
Canarias y Aragón, que superan las 5 horas diarias de TV.
En la otra TV, la “híbrida” o conectada”, la
edad media de los telespectadores es más baja, pero tampoco mucho: 41 años.
En este caso, ven algo más la TV conectada los hombres (172 minutos) que
las mujeres y el mayor consumo de da entre las personas de 25 a 44 años,
sobre todo en las zonas urbanas de Cataluña, Andalucía, Madrid y Murcia.
Y un
dato llamativo: hay 2,5 millones de españoles que sólo ven esta TV “híbrida”
o “conectada”, que no consumen ya ni un minuto de la TV tradicional. Y
lo que consumen es básicamente TV de pago, vídeos, videojuegos y radio por
Internet en la TV.
Muchos espectadores consumen ambos modelos de TV
(la “tradicional” y la “conectada”), en conjunto esos 30,6 millones de
personas que la ven diariamente, dos tercios de los telespectadores
potenciales. Y entre las dos, el consumo medio por espectador fue de 340
minutos en 2023 (5 horas y 40 minutos, una barbaridad…), 3 minutos más
que en 2022, según
Barlovento TV. Y eso supone 225 minutos (3 horas y 45 minutos) de consumo
medio ”mixto” por persona. Y los que más optan por “ambas ofertas” de TV a la
vez son las mujeres, los mayores de 44 años y los que viven en Asturias,
Castilla la Mancha, Andalucía y Aragón.
La nueva modalidad de TV, la llamada “TV conectada”
es la que más crece en los últimos años, mientras el consumo de
TV tradicional baja, pero menos de lo que se temía. Según
un reciente estudio de IAB Spain, el 90% de los internautas de 16 a
75 años consumen contenidos audiovisuales a través de Internet,
muchos a través del móvil y la Tablet, pero también a través de la TV de su
casa (Smart TV o con dispositivos adaptados a su TV tradicional). Eso supone
que hay 31 millones de españoles que consumen “TV conectada”, no
sólo jóvenes, sino también mujeres (el 92% de los internautas) y con edades
medias (el 94% de los internautas de 35 a 54 años se conectan). Y estos
usuarios de contenidos audiovisuales de TV están conectados una media de 132
minutos al día, según IAB Spain.
El gran empujón a esta nueva forma de ver TV, el consumo de “TV
conectada” (a través de un TV conectado a Internet) lo han dado las plataformas
de TV de pago, apoyadas en las telecos (que ofrecen servicios de telefonía
e Internet más cadenas de TV de pago). Su avance en estos años ha
sido espectacular: en 2023, el 62% de los hogares con acceso a Internet
(son ya el 98% de los hogares) pagaban una cuota por ver una TV de pago,
frente a sólo el 40,5% que la tenían y pagaban en 2019, según la
Comisión de la Competencia (CNMC). Eso significa que hay más de 11 millones
de hogares y más de 28 millones de personas que pagan cada mes una cuota por
ver las distintas plataformas de TV de pago. Eso suponen 10 millones
más de personas con TV de pago que antes de la pandemia.
Casi dos tercios de estos clientes (el 64%) de las TV
de pago ven más de una plataforma: el 24,3% tiene acceso a dos,
el 17,2% a 3 y el 22,7% de todos los clientes ven 4 o más, según la
CNMC. Las plataformas más vistas son Netflix (39,8% del total de
usuarios), Amazon Prime (21,6%), Movistar (17,6%), Disney (7,4%),
HBO (7,3%), DZN y otras (6,3%). En cuanto al perfil de usuarios,
tampoco aquí es verdad que los que más vean plataformas sean los jóvenes: entre
semana, los usuarios que más las ventas son los que tienen entre 35 y 49 años,
aunque crece entre los más mayores y los jubilados. Y aumenta entre niños y
jóvenes los fines de semana. Pero en muchos casos y franjas de edad, la
mayoría de espectadores ven todavía más horas la TV de siempre que las TV de
pago.
Mientras el consumo global de horas de TV sube
ligeramente, aunque caiga la audiencia de la TV tradicional, la
TV también consigue mantener sus ingresos publicitarios. En 2023, la
facturación publicitaria que fue a todas las TV fue de 1.735 millones
de euros, prácticamente la misma que en 2022 (1.730 millones), aunque ha
caído un 5% desde 2016 (1.825 millones facturados), según
los datos de Infoadex. Eso supone que la TV se llevó casi un 30% (29,40%) de
todo el mercado publicitario en España, siendo el 2º destino de la publicidad, sólo
por detrás de la publicidad que se dirigió a Internet, búsquedas y redes
sociales (2.757 millones, el 46,7% del total). Y la TV, a pesar de la
estabilización de audiencias, copa un mayor trozo del pastel publicitario
en España que la radio (461 millones), la publicidad exterior
(406 millones), los diarios (332,9 millones), las revistas
(126 millones), el cine (20,5 millones) o los suplementos
dominicales (8,3 millones) juntos. Así que no es la TV el
medio que está “en crisis”, según los publicitarios…
De esos 1.735 millones de publicidad que fueron a las TV en
2023, la gran mayoría fue a las TV nacionales en abierto (se llevaron
1.480 millones), un pastel que siguen repartiéndose casi en totalidad el grupo Mediaset
(687,1 millones de ingresos publicitarios) y Atresmedia (682,4 millones), un
“duopolio” televisivo que acapara
el 78,9% de toda la publicidad que se dirige a la TV en España, tras la
decisión del Gobierno Zapatero en 2019 de eliminar la publicidad en TVE. El resto
de TV nacionales se llevó 110,5 millones de publicidad, las autonómicas
94,2 millones, los canales de pago 76,4 millones, 2,3 millones fueron a las TV
locales y los 82,2 millones restantes los ingresó la “TV conectada”,
los canales de TV por Internet que empiezan a poner anuncios (incluidas algunas
TV de pago). Curiosamente, en 2023, la TV donde más crecieron los
ingresos publicitarios fue en la TV conectada: un +120,9%, según
los datos de Infoadex.
Estos son los ingresos publicitarios de la TV en España.
Pero hace ya tiempo, desde 2016, que la TV de pago factura más
ingresos (por cuotas) que la TV convencional por la publicidad.
Ese año 2016, la TV de pago facturó 1.886 millones, frente a 1.825 millones la
TV en abierto, según
las estadísticas de la CNMC. En 2020, con la pandemia,
la TV de pago facturó 2.114 millones, frente a una caída de ingresos de la TV
en abierto (1.439 millones). Y en 2022, ultimo dato publicado por la CNMC, los
ingresos de la TV de pago ya habían subido a
2.844 millones, frente a 1.730 millones facturados por las TV en abierto. Y
aunque los costes de la industria audiovisual han subido, los canales
de pago también han subido sus cuotas a los clientes y tratan
de incluir publicidad, para bajar tarifas y subir ingresos. Además, las
plataformas ya no pelean tanto ahora por captar nuevos clientes como por ser
rentables.
El primer reto de la futura TV será medir
mejor las audiencias (las “métricas”), porque van a ser muy
diferentes (más envejecidas), más multiculturales (la única población que crece
son los inmigrantes) y con un gran cambio en los hábitos de consumo. Hay que
mejorar los actuales sistemas de medición de audiencias (deficientes) y sobre
todo aprovechar las herramientas que permite la “TV conectada” para conocer
mejor al consumidor y sus gustos audiovisuales. La tecnología permite
conocer al minuto lo que ve y ofrecer una TV a la carta, que es
además el sueño de todas las empresas y vendedores de publicidad. Por eso, ya
ahora, 9
de cada 10 profesionales de la publicidad
incluyen la TV conectada en sus campañas. Y apuestan por nuevos
formatos publicitarios en la TV por Internet, vídeos y videojuegos.
En definitiva, la TV no es un medio en declive,
sino un medio de ocio y comunicación con
gran
futuro, aunque tiene que reconvertirse a fondo y buscar nuevas
ofertas y modelos de negocio, compartiendo la TV tradicional con la TV
conectada. En los próximos años, la televisión no será “la caja tonta”,
sino una
“caja lista”, cada vez más grande y plana, con una oferta
infinita de servicios y productos audiovisuales, que compartiremos con el
móvil. Y que estaremos dispuestos a pagar, como ahora, porque seguiremos
“enganchados” a la tele. A otra tele distinta a la actual, con posibilidades
casi infinitas.
La televisión es un medio de comunicación y ocio relativamente reciente. Comenzó a verse en Nueva York, en julio de 1941, y en España comenzaron las emisiones en 1956, primero en blanco y negro y desde 1972 en color (con las Olimpiadas de Múnich). Y no ha parado de evolucionar. Al inicio de los 90 llegaron a España las TV privadas, con Antena 3 (enero 1990), Tele5 (marzo 1990) y Canal+ (junio 1990). Y el siguiente hito, en la pasada década, fue la irrupción de las TV de pago españolas (Movistar 2013) y la posterior llegada de las plataformas internacionales de TV de pago: Netflix (octubre 2015), HBIO (noviembre 2016), Amazon Prime (diciembre 2016), Sky TV (septiembre 2017), el canal de deportes DAZN (febrero 2019), Apple TV+ (noviembre 2019) y Disney+ (marzo 2020).
Cara al futuro de la TV, los
expertos creen que seguirá bajando la audiencia de la TV tradicional y
subiendo la de la TV conectada, pero que ambas están llamadas a “convivir
en el futuro”. Eso sí, con cambios y transformaciones, “reinventándose”.
La TV tradicional tendrá que ajustar sus medios y recursos a una audiencia menor
y mucho más fragmentada, que tiene acceso a una oferta casi infinita. Por
eso, los programas de éxito en abierto ahora apenas
superan el millón de telespectadores (Got Talent, la Voz, Master Chef
Celebrity o Gran Hermano) , una audiencia que hace 6 años sería un fracaso… Y
mientras, el futuro avanza hacia “la TV conectada”, la oferta
audiovisual por Internet a través de la TV.
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lunes, 1 de julio de 2024
Urge impulsar el coche eléctrico
El Gobierno aprobó el martes ampliar hasta fin de año las
ayudas a la compra de coches eléctricos y destinar 350 millones más, junto
a la desgravación en el IRPF. Es su respuesta al enfado de la patronal
ANFAC, cuyo presidente dimitió el 13 de junio como protesta por
la falta de impulsos al coche eléctrico. Los datos son preocupantes: en
mayo, la venta de coches eléctricos e híbridos enchufables cayó
respecto a 2023.Y entre enero y mayo se han vendido 45.153 coches
electrificados, el 10,45% del total, menos que coches de gasolina (41%) y
casi como los diesel (9,98%). Hay varios problemas: alto coste,
lentitud en recibir las ayudas (hasta 2 años) y escasez de puntos de
recarga (además, 1 de cada 4 instalados no funcionan). España está a la
cola del coche electrificado en Europa (19,8% de media, 89,5% Noruega, 44,8%
Holanda, 25,6% Francia o 18,29% Alemania). Y sólo se han vendido el
16% de los electrificados previstos para todo 2024 año. Urgen
medidas eficaces. Enrique Ortega
Las ventas de coches en general siguen al ralentí, creciendo pero poco: se vendieron 431.884 turismos entre enero y mayo de 2024, un 6,8% más que al inicio del año pasado. Un aumento de ventas inferior al de todo 2023 (949.359 turismos vendidos, +16,7% sobre 2022), donde parecía que el sector salía del bache, tras las bajas ventas de 2022 (813.376 coches), 2021 (859.477 turismos) y 2020 (851.211 vehículos), por la pandemia, que desplomó las ventas récord de 2019 (1.258.251 coches vendidos, un 24,5% más que ahora). Con todo, las ventas de coches mejoran en España (+6,8%) y crecen más que en Alemania (+5,2% de enero a mayo), Francia (+4,9%) o Italia (+3,4%), según la patronal europea ACEA.
Lo que no tira en España son las ventas de coches “electrificados”
(eléctricos puros e híbridos enchufables). Los datos de mayo 2024,
recién conocidos, han hecho saltar las alarmas en el sector: se vendieron 9.180
coches “electrificados”, un 11,9% menos que en mayo de 2023, según
la patronal ANFAC . Y entre enero y mayo se vendieron 45.153 coches
electrificados, un 3,5% más que al inicio de 2023, pero baja su cuota de
mercado: si el año pasado (con 43.630 electrificados vendidos) suponían
el 10,79% de todas las ventas, en los cinco primeros meses de 2024
su cuota baja al 10,45%. Muy por
debajo de la cuota de los vehículos “electrificados” en todo 2023 (11,99%) y
poco mayor que la de 2022 (9,03%), aunque suponga “un salto” sobre la cuota de
estos coches en 2019 (1,39%).
La venta de coches “electrificados” va tan
despacio, a pesar de las ayudas, que ocupan
el tercer lugar en el ranking de coches más vendidos. Este año
(ventas enero-mayo), el segmento líder siguen siendo los coches de gasolina (176.981
vendidos, el 40,98% del total), seguidos de los coches híbridos no
enchufables (153.557 vendidos, el 35,56% de cuota), coches en su gran
mayoría de gasolina (93%) que incluyen una pequeña batería para ahorrar consumo
y conseguir la etiqueta ECO, los coches cuyas ventas más crecen (+ 26,5% en
2024). Les siguen los coches “electrificados” (eléctricos puros más los
híbridos enchufables), que suman 45.153 ventas en 2024 (10,45% de cuota),
casi las mismas que los coches de gasoil vendidos (43.090, el 9,98% de
cuota). Y si tomamos sólo los coches “eléctricos puros”, ocuparían
el 5º lugar del ranking de ventas (19.610 este año, el 4,54% del total), por detrás de los coches de gasolina, híbridos, diesel e
híbridos enchufables (25.543 vendidos, el 5,91%), según
las estadísticas de ANFAC.
Este bajo porcentaje de ventas de vehículos
eléctricos (4,54%) e incluso de los vehículos “electrificados” (10,45%
de cuota con los híbridos enchufables) coloca a España a la cola de
Europa en vehículos alternativos, con bajas emisiones de CO2. Así, entre
enero y mayo de 2024, se vendieron en Europa (UE-27) 556.276
vehículos “eléctricos puros”, el 12,10% del total, una cuota triple
que la de España (4,54%). A la cabeza de este ranking se sitúa Dinamarca
(43,4% de los coches vendidos son “eléctricos puros”, 10 veces más que en
España), seguida de Suecia (30,75% de cuota eléctricos), Holanda (30,74%),
Bélgica (23,71%), Francia (17,5%), Portugal (16%, casi 4
veces más que España) y Alemania (11,98%), siendo solo menor la
penetración eléctrica en Italia (2,97%) y paises del Este. Pero el país que
destaca en ventas de “eléctricos puros” es Noruega (fuera UE): un 86,90%
de los coches vendidos este año (hasta mayo), son “eléctricos puros”, según
los datos de ACEA.
A pesar de que el coche eléctrico y “electrificado” avanzan
mucho más en Europa que en España, los
fabricantes europeos están muy preocupados y piden un mayor impulso
a la próxima Comisión Europea. Reiteran que la industria europea del
automóvil “está haciendo sus deberes”, al comprometerse a invertir
más de 250.000 millones de euros hasta 2030 para fabricar coches
alternativos. Y creen que son los distintos Gobiernos europeos los
que tienen que apostar más por el coche eléctrico, unificando y ampliando
ayudas a la compra e incentivos fiscales (cada país “va a su aire” y tiene las
suyas, unas más eficaces que otras) y, sobre todo, resolviendo el mayor
problema que detectan, la falta de puntos de recarga. La
patronal ACEA alerta que Europa necesita instalar 1,2 millones de
puntos de recarga al año hasta 2030 y sólo se instalan 150.000. Además, dos tercios de los puntos existentes se concentran en 3 paises (Paises
Bajos, Francia y Alemania).
Cobrar aranceles no
es una buena solución a medio plazo para competir con China, algo que exige
una estrategia industrial europea más agresiva, en producto, calidad y
precio, sin olvidar que hay que mejorar la demanda de coches
eléctricos en Europa, todavía baja, con más y mejores ayudas y con una
amplia red europea de postes de recarga. España tiene esos mismos problemas,
pero elevados
a la enésima potencia, dada la bajísima cuota del coche eléctrico y
electrificado, a pesar de la Ley
contra el Cambio Climático de 2021, donde el Gobierno Sánchez preveía
la venta de 190.000 “vehículos electrificados” en 2023 (se vendieron 113.774,), 280.000 en 2024
(se
han vendido 45.000 hasta mayo), otros 372.000 en 2025 y 787.800 “vehículos
electrificados” en 2030…
¿Por qué apenas se venden coches eléctricos y “electrificados”?
La 1ª razón es su elevado precio : los coches eléctricos
puros y los híbridos enchufables son más caros que los coches de combustión, cuestan
entre 5.000 y 18.000 euros más, un factor que pesa mucho a la hora de
comprar, a pesar de las ayudas (hasta 10.000 euros por coche,
entre la ayuda del Plan Moves III y los 3.000 euros de deducción en el IRPF) y
del ahorro de combustible. Hay cada día más ofertas, sobre todo de los
nuevos coches chinos, pero el precio de un coche eléctrico oscila entre los
30.000 y los 54.450 euros (el tope de precio para poder solicitar las
ayudas públicas). Y este precio tardará en bajar, mientras no
aumente la producción de estos modelos en Europa y en España (los eléctricos
más vendidos se importan).
El segundo factor clave es la escasez de puntos de
recarga, el primer motivo por el que muchos conductores no comprar
un coche eléctrico o híbrido enchufable. El problema es grave: en 2024 (marzo)
había en España 32.422
puntos de recarga de acceso público, sólo 3.121 nuevos este año,
menos del 10% de los 63.500 puntos de recarga nuevos previstos para todo 2024.
Y hay dos datos más preocupantes. Uno, que el 57% son postes en zonas
urbanas (concentrados en Madrid, Barcelona) y sólo un 43% fuera de las
ciudades. Y el otro, que de estos 32.422 puntos de recarga, sólo una
minoría son de carga rápida: 719 recargan entre 10 y 15 minutos y 1.384
recargan entre 15 y 27 minutos. Pero lo más chocante es que hay 8.642 puntos de
recarga fuera de servicio (1 por cada 4 que funcionan), por avería, mal
estado o desconexión a la red.
Con estos datos, parece lógico que muchos conductores
no piensen comprar un coche eléctrico, porque no tendrán un punto
donde recargarlo y si lo encuentran, la mayoría (24.249) tardan entre 3 y 19
horas, según ANFAC.
Y además, no se les garantiza que funcionen y son muy escasos en carreteras y
autopistas, lo que complica un viaje largo. Nadie quiere asumir la
responsabilidad de que falten puntos de recarga, pero afecta a las
eléctricas (no dan facilidades a particulares, comunidades de vecinos,
empresas), los Ayuntamientos (no facilitan las licencias de
instalación), las empresas (no priorizan instalarlas). Y también es muy complejo solicitar (y recibir) las ayudas
públicas para instalar estos postes. Al ritmo que vamos (12.000 nuevos al
año), será imposible cumplir con el
objetivo del Gobierno:
63.500 postes en 2024, 91.000 en 2025 y 300.000 en 2030.
El tercer problema que tiene la venta de coches alternativos
es que no funcionan las ayudas públicas a la compra de “coches electrificados”,
aunque existen
desde 2019. Está en vigor el
Plan Moves III, aprobado en abril de 2021 y prorrogado varias veces, con un
Presupuesto para ayudas públicas de 1.200 millones, 876 transferidos a
las autonomías, que son las que gestionan la mayoría. El Plan concede una
ayuda de hasta 7.000 euros a los que compren un coche eléctrico (hasta
5.000 si es un híbrido enchufable), siempre que achatarren el viejo (9.000
euros en el caso de furgonetas), con un precio máximo de 54.450 euros. Pero hay
dos problemas que retraen a los conductores. Uno, esta ayuda tarda
en cobrarse (hasta 1 y 2 años en algunas autonomías, por falta de personal
que revisan los expedientes). Y el otro, que esta ayuda hay que declararla a
Hacienda. Además, el comprador de un coche electrificado puede deducirse
hasta 3.000 euros más en la declaración del
IRPF.
Ante la caída de ventas en mayo de coches “electrificables,
los fabricantes quisieron dar la
voz de alarma, con una protesta inédita: el presidente de la patronal
ANFAC, Wayne Griffiths (presidente de Seat y Cupra), dimitió
el 13 de junio, por entender que el Gobierno incumplía sus
compromisos para apoyar el coche eléctrico. Su
planteamiento era claro: los fabricantes instalados en España han comprometido
una inversión de 20.000 millones de euros en impulsar el coche
eléctrico (10.000 millones Volkswagen y 4.000 Stellantis) y el Gobierno debe
mejorar las ayudas y la instalación de postes, que frenan las ventas.
Sólo dos semanas ha tardado el Gobierno en responder al órdago
de los fabricantes: el martes 25 de junio, el
Consejo de Ministros aprobaba la ampliación de las ayudas del Plan Moves III
(que terminaba el 31 de julio) hasta el 31 de diciembre, prometiendo 350 millones más (porque en muchas autonomías se han agotado los recursos: faltan 248 millones para cubrir las solicitudes ya hechas y sólo en Madrid hay el doble de solicitudes que el dinero asignado). Y parece
que también han prometido a los fabricantes acelerar la concesión de los
Fondos UE para el automóvil. Pero los fabricantes creen que es
insuficiente. Y piden que las ayudas se concedan en el momento
de la compra (MG, Fiat y Renault ya
las adelantan), que su concesión sea más ágil y que no haya que
declararlo a Hacienda. También piden
suprimir el IVA a los coches eléctricos (pagan el 10%) y quitarles el impuesto
de circulación (pagan el 25%). Pero sobre todo, piden impulsar a tope la
instalación de puntos de recarga, rápidos y por toda la geografía.
Otra medida importante para promover el coche
alternativo y frenar el uso de los vehículos más contaminantes en las grandes
ciudades es aprobar de una vez la
Ley de Movilidad Sostenible. La aprobó el Gobierno Sánchez en diciembre
de 2022, pero no se tramitó por el adelanto electoral. Y la volvió a aprobar el
Consejo del 13 de febrero de 2024, para tramitarlo por el procedimiento de
urgencia. Pero su debate se retrasa en el Congreso, como lo demuestra que se
haya ampliado
¡17 veces ! el periodo de presentación de enmiendas (la última hasta el
26 de junio, un día antes de terminar el periodo de sesiones…). Así que la Ley se
retrasará hasta 2025, ante el temor del Gobierno Sánchez de no conseguir
sacarla adelante, por la reticencia de muchos grupos a limitar la circulación
en las grandes ciudades, un retraso que no beneficia tampoco a la venta de vehículos
electrificables.
Seamos serios: decimos que estamos en contra
del Cambio Climático, pero no acabamos de cambiar de coche para
contaminar menos (1
de cada 2 coches tienen más de 15 años de vida en España). Y encima, los
fabricantes europeos no se ponen las pilas para ofrecernos más
coches “electrificables” (sólo
algunos se fabrican en España), a precios más bajos, mientras se dispara la
oferta china. Y las administraciones, desde el Gobierno a las autonomías
y Ayuntamientos, no agilizan las ayudas e incentivos para que
compremos estos coches, ni se vuelcan en poner postes de recarga por todo el país.
Por todo ello, apenas compramos “coches electrificados” y estamos a la cola de
Europa. Urge cambiarlo.
Las ventas de coches en general siguen al ralentí, creciendo pero poco: se vendieron 431.884 turismos entre enero y mayo de 2024, un 6,8% más que al inicio del año pasado. Un aumento de ventas inferior al de todo 2023 (949.359 turismos vendidos, +16,7% sobre 2022), donde parecía que el sector salía del bache, tras las bajas ventas de 2022 (813.376 coches), 2021 (859.477 turismos) y 2020 (851.211 vehículos), por la pandemia, que desplomó las ventas récord de 2019 (1.258.251 coches vendidos, un 24,5% más que ahora). Con todo, las ventas de coches mejoran en España (+6,8%) y crecen más que en Alemania (+5,2% de enero a mayo), Francia (+4,9%) o Italia (+3,4%), según la patronal europea ACEA.
Si sumamos a estos “eléctricos puros” los híbridos
enchufables (que contaminan poco), los datos de “vehículos
electrificados” también nos sitúan a la cola de Europa: son el 10,45%
de todas las ventas en España (enero-mayo 2024), casi la mitad que su cuota
en Europa (19,18% en la UE-27) y muy por debajo de los
paises líderes en “vehículos electrificados”: otra vez Noruega
(89,58% de las ventas totales), Suecia (54,75%), Dinamarca (48,10%),
Holanda (44,81%), Bélgica (42,19%), Portugal (28,36% de las ventas, casi
el triple que España), Francia (25,63% o Alemania (18,29%), con Italia (6,19%)
y Polonia (5,62%) como los “farolillos rojos” del coche alternativo, según
los datos de ACEA.
Además de mejorar las ayudas, incentivos y puntos de
recarga, los
fabricantes piden a la Comisión una estrategia industrial europea,
desde la investigación de baterías y vehículos a la fabricación y el
reciclaje, para reducir costes y asegurar el abastecimiento de materias
primas (litio, cobalto) y microchips. Los fabricantes europeos están también preocupados
por el aluvión de coches eléctricos importados de China, que controla
el 8% de estas ventas y podría llegar a una cuota del 25% en 2025. Y se
quejan de la competencia desleal de los vehículos eléctricos
chinos, más baratos (entre un 20 y un 40%), gracias a sus
menores costes, a una industria con mucha más tradición y oferta y a las múltiples
ayudas públicas a la producción, la energía y la exportación. Ayudas chinas que
han provocado el anuncio de la Comisión de implantar
próximamente un arancel adicional del 17,4 al 38,1% a los coches
eléctricos chinos (se sumaría al 10% de arancel que se cobra ahora en Europa a
la importación de cualquier vehículo chino, eléctrico o no).
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jueves, 27 de junio de 2024
Empleados públicos: insuficientes y precarios
El Gobierno aprobará el 2 de julio convocar 40.000 nuevos empleos públicos
en el Estado, que se suman a las 600.000 plazas convocadas desde 2018 en el
Estado, autonomías y Ayuntamientos (aunque sólo un tercio se han
cubierto). Pero sólo hay 277.500 empleados públicos más que en 2011,
por los recortes de Rajoy, lo que provoca escasez de personal en muchos
organismos, desde el DNI a Tráfico o las oficinas de empleo y de la SS.
Aunque persiste el mito de que “tenemos muchos funcionarios”, los
datos indican que España está en linea con Europa y tenemos menos empleo
público que Francia o los nórdicos aunque más que Alemania e Italia. El otro
problema es que un 30% de los empleados públicos tienen contratos temporales
o son interinos, casi la mitad en sanidad o educación, lo que ha motivado
varias sentencias del Tribunal Europeo de Justicia para que los
hagan fijos. Urge una reforma a fondo de la Función Pública,
para conseguir más personal, bien formado y con contratos decentes.
Oposición para cubrir oferta de empleo público
El empleo público todavía trata de recuperarse de
los recortes impuestos por el Gobierno Rajoy en 2012, siguiendo
los ajustes de Bruselas. Así, los empleados públicos cayeron del máximo de 2.690.099
ocupados en julio de 2011 a 2.583.504 empleados en julio de 2018, a
poco de irse Rajoy de la Moncloa. Un recorte de -52.677 empleados públicos
entre 2011 y 2018, según
el Boletín Estadístico de Personal público, al no sustituirse las
jubilaciones y despedirse a personal contratado. Pero este ajuste
de personal recayó en exclusiva en el Estado (-67.315 ocupados), porque en
estos años duros aumentaron las plantillas de las autonomías
(+6.713 empleados) y los Ayuntamientos (+5.582 empleados).
En la segunda mitad de 2018, el nuevo Gobierno Sánchez
empezó a reponer parte de las jubilaciones de empleados públicos, convocando nuevas
plazas de empleo público hasta 2023 (160.000 en la Administración del
Estado), abriendo también la mano autonomías y Ayuntamientos. Con ello, en
julio de 2023 había en España 2.967.578 empleados públicos, +384.074
ocupados que en el mínimo de 2018, según
el Boletín Estadístico de Hacienda. El mayor aumento de personal se
ha vuelto a dar en las autonomías (trabajan 347.113 personas más
que en 2018), siendo mucho menor el aumento de plantillas públicas en los Ayuntamientos
(+21.348) y en el Estado central (+15.613, un tercio sólo de los empleos
perdidos entre 2012 y 2018).
¿Tenemos muchos funcionarios, como señala un mito
popular? La respuesta corta es no. Los datos revelan que hay 3,5
millones de ocupados en el sector público, según
la última EPA (marzo 2024), los que dicen que trabajan para la administración
(aunque sólo 3 millones coticen a la SS). Y estos 3,5 millones suponen un
16,71% de todos los ocupados en
España (21.250.000), un porcentaje que se ha mantenido estable desde
2018 (el empleo público suponía el 16,45% del total), a pesar del
aumento de las plantillas públicas. La media europea (UE-27) de
empleados públicos estaba en el 17% del total en 2020 (último dato de Eurostat).
Y tenían más porcentaje de empleados públicos que España los paises
nórdicos (29% de los ocupados en Suecia, 28% en Dinamarca, 25% en
Finlandia). Estonia y Croacia (23%), Lituania (22,5%) y Francia (22%),
siendo menor su peso en Alemania (el 11% del empleo es público), Paises
Bajos (12%), Italia (14%) o Portugal (15%).
Así que no tenemos “un exceso” de personal público. Y basta
intentar renovar el DNI o el carnet de conducir, ir a una oficina de empleo o
intentar arreglar los papeles de la jubilación para comprobar la
falta de personal (y las consiguientes “colas”), por no hablar de la falta
de personal en la sanidad, la educación y los servicios sociales, así como
en muchos Ayuntamientos. Y hay un dato impactante que relativiza el aumento
(pequeño) del empleo público: entre 2011 y 2023 se crearon en España
3.439.400 nuevos empleos y el empleo público creció estos
años sólo en +277.479 ocupados. A lo claro: sólo 1 de cada 12 nuevos
empleos creados en España desde 2011 han sido en el sector público (+277.479),
los 11 restantes se han creado en el sector privado (3.161.921 nuevos
empleos).
Para afrontar este “déficit” de empleos públicos,
por jubilaciones que no se han cubierto y mayores necesidades en los
servicios públicos (hay casi 1,5 millones de habitantes censados más),
los Gobiernos de Sánchez han ido aprobando convocatorias
de plazas de empleos
públicos: 160.000 entre 2018 y 2023, sólo en la
Administración General del Estado. Y lo mismo han hecho las autonomías y
Ayuntamientos. En conjunto, se estima que las tres administraciones han
convocado unas 600.000 nuevas plazas de empleo público entre 2018 y 2023.
Pero sólo
un tercio se han cubierto (225.000), según datos del CSIF. En unos casos, por retrasos
entre la convocatoria de plazas y la adjudicación (todavía están pendientes
plazas del empleo público ofertado en 2023). Y en otros, por problemas burocráticos en las convocatorias (hay puestos que no se
cubren porque no hay suficientes candidatos que aprueben), que impiden cubrir
las plazas. De hecho, la Función Pública reconoce que hay miles de
plazas de estas convocatorias públicas que han caducado por mala
gestión y no volverán a convocarse…
Ahora, el Gobierno Sánchez aprobará una nueva convocatoria
de plazas públicas en la Administración central del Estado para 2024,
la mayor hasta ahora: 40.121
plazas, 10.600 de promoción
libre (cualquiera puede presentarse a la oposición), 10.600 de promoción
interna (para interinos) y otras 8.681 plazas para Fuerzas Armadas y cuerpos de
Seguridad (6.260 abiertas y 2.161 de promoción interna). Los sindicatos
apoyan esta convocatoria pero creen que es “insuficiente”, aunque
valoran que se concentre en los servicios de atención pública más faltos de
personal, como el SEPE, la Seguridad Social o Tráfico.
El primer gran problema estructural de la Función Pública es
que muchos servicios están “cortos de personal” y necesitan
ampliar plantillas. Pero el problema quizás más grave es la
enorme precariedad del
empleo público: casi un millón de los que trabajan para
la administración tienen un empleo temporal, algunos durante décadas. Dos
ejemplos. En Canarias, un funcionario de Justicia lleva 27 años trabajando como “interino” (cubriendo el puesto de un funcionario). En el Hospital
de la Princesa, en Madrid, un médico de urgencias lleva con un contrato temporal
desde 2005 (como el 83% de médicos del centro)…
Las cifras evidencian otra vez lo que ha pasado: la
precariedad se ha disparado en las administraciones desde los
ajustes. En 2011, el 61,45% de todos los empleados públicos (2.690.099) eran
funcionarios por oposición (1.653.246), repartiéndose el resto entre personal
laboral (690.278, el 25,65%) y “otros” (básicamente interinos que
ocupaban puestos de funcionarios), 346.323 ocupados ( 12,87% del total).
En sólo 12 años, en 2023, la proporción de los
funcionarios de carrera ha caído a menos de la mitad de las plantillas
(1.472.277, el 49,6% de todos los empleados públicos), mientras ha
seguido aumentando el personal laboral (ahora son 853.703, el 28,7%) y, sobre
todo, se ha casi duplicado el peso de los “interinos”: son ya 641.599 empleados
públicos, el 21,6%.
El problema de la mayoría del personal laboral y de los
interinos es que su trabajo es “temporal”, no tienen fijeza y pueden
perder su empleo si se recortan costes y servicios o si el puesto lo
acaba cubriendo un funcionario. De hecho, la estadística oficial señala que el
sector público en España tenía una
“tasa de temporalidad” del 29,58% a finales de 2023, más del
doble de la tasa de temporalidad del sector privado (que ha bajado al
13,2%, gracias a la reforma laboral). Se estima que casi 1 millón de
empleados públicos tienen un contrato temporal, más en
las autonomías (44% de los empleados públicos son temporales) que en los Ayuntamientos (20%) y que en la Administración central
(sólo 5% son temporales). Y esta mayor temporalidad autonómica se concentra en Canarias
(59% empleados públicos), País Vasco (57%), Comunidad Valenciana (51%), Murcia o
Baleares (47%), Asturias o Aragón (46%) y Madrid (44%), sobre todo en Sanidad
(más del 50% en 10 regiones) y Educación.
El Gobierno Sánchez sacó adelante en el Parlamento, en
diciembre de 2021, la Ley 20/2021,
para reducir esta disparada temporalidad del sector público, del 30% al
8% a finales de 2024. Y para ello, la Ley permitía que el Estado, las
autonomías y los Ayuntamientos convocaran concursos
de estabilización (reducidas), para sacar plazas de interinos y que
puedan optar a ellas los que trabajan ahí temporalmente. Pero además de
aprobarlas, los interinos aportan puntos por los años de experiencia, con lo
que se las quedan los que llevan más años y las aprueban. En otros casos,
muchas plazas
de reposición (abiertas) no se acaban de cubrir y por ello siguen
en sus puestos los interinos. Así que apenas ha bajado la tasa de
temporalidad, porque sólo
se han cubierta 225.000 de las 600.000 plazas ofertadas (las que se
aprueban ahora en 2024 no se cubrirán hasta 2025, como pronto). Y con ello,
parece evidente que el objetivo de rebajar la temporalidad el
8% tardará años en conseguirse.
Por eso, muchos temporales e interinos recurren a los
tribunales, cuando pierden su puesto o antes, para que les reconozcan
la fijeza tras décadas trabajando en la administración. La tendencia de los tribunales
españoles ha sido no aceptar la fijeza o dictar bajas indemnizaciones. Sólo en
los últimos años, los tribunales y el Supremo han empezado a admitir la
conversión de algunos temporales de la administración en “indefinidos
no fijos”, un invento laboral : es una figura intermedia
entre funcionario y personal temporal, que no es fijo (su
contrato puede finalizar cuando un funcionario ocupe su puesto”) y no tiene
tampoco la protección de los funcionarios (sólo se les puede despedir por
motivos disciplinarios). La única ventaja de ser “indefinidos no fijos” es que
si les despiden, tienen una indemnización de 20 días por año y un máximo de 12
meses (los temporales tienen 12 días).
Los empleados públicos españoles y los propios tribunales han
acudido en varias ocasiones al Tribunal
Europeo de Justicia (TJUE) para que se pronuncie sobre contratados e
interinos. Y hay dos sentencias recientes. Una
del 22 de febrero de 2024, relacionada con los 360.500 trabajadores públicos
temporales, en la que el TJUE) dictamina que los procesos de estabilización
en marcha en España (ofertas públicas de empleo) y las mayores indemnizaciones
no son suficientes y que sólo cabe hacer fijos a estos empleados públicos
que llevan más de 3 años (y décadas) trabajando como temporales. El 13
de junio, el Tribunal europeo de Justicia ha emitido otra sentencia,
relacionada esta vez con los 800.000 interinos estimados, en la que
vuelve a dictaminar que se les haga “indefinidos”: esta vez no
habla de “fijos” sino de hacerles “indefinidos”, pero no acepta esa
fórmula del Supremo de “indefinidos no fijos” y defiende que tengan la
protección de un trabajador indefinido (que puede ser despedido por distintos
motivos y tienen menos protección que un funcionario).
Ahora, tras estas 2 sentencias del TJUE, el
Gobierno dice que la pelota de los temporales e interinos de las
distintas administraciones la tiene el Tribunal Supremo, que debe fijar jurisprudencia
para el resto de tribunales. Y sólo después, según lo que decida, pensarán
si promueven algún cambio legal sobre la contratación pública. Mientras,
el nuevo ministro de la Función Pública, José Luis Escrivá, está estudiando abordar
una reforma a fondo de la Administración Púbica y sus
políticas de contratación. Por un lado, ya ha anunciado que va
a suprimir en 2025 las actuales tasas de reposición (sustituir
al 100% de los jubilados y el 120% en algunos organismos más necesitados), que
son un corsé que limita la planificación de las plantillas públicas. Su idea es
hacer una previsión de necesidades a medio plazo y estudiar cómo
cubrirlas, mejorando los procesos de selección de personal y tratando de
incorporar talento joven (y digital) a las distintas administraciones públicas.
El reto es enorme, porque hay que reforzar los
servicios públicos, tanto por la mayor demanda de servicios de más
calidad como para sustituir a los muchos empleados públicos que se
van a jubilar en dos décadas, porque
tenemos
unas plantillas muy envejecidas (el 59% de los empleados públicos
tienen 50 años o más). Y habrá que encajar esta nueva política de personal con la
urgente digitalización de muchos servicios públicos. Todo
ello exige planificar a medio plazo necesidades, personal (cuántos
de ellos funcionarios y cuantos con contratos “decentes”, no temporales), horarios
(más amplios y diversificados), sueldos, promoción y consideración
(no puede ser que los mejores cerebros acaben en el sector privado) y, sobre
todo, el reparto entre el Estado, las autonomías y las entidades locales,
que ahora crecen “cada una a su aire” . Y en paralelo, mejorar la formación,
profesionalidad y eficiencia de los empleados públicos, con una mayor
conciencia de que trabajan para los ciudadanos, que somos los que
pagamos su sueldo. El objetivo debe ser reformar a fondo una Administración
anclada en el siglo XIX y prepararla mejor para este siglo XXI.
En mayo se superaron los 3 millones de empleados públicos
cotizando a la Seguridad Social, exactamente
3.023.133 afiliados, un 60% trabajando en las autonomías (1.840.990
empleados públicos), otro 24,5% empleados en los Ayuntamientos y
Diputaciones (741.683) y sólo un 14,5% trabajando en la Administración
General del Estado (440.760 empleados públicos afiliados a la SS).
Aunque estos 3 millones de empleados públicos son un récord histórico, sólo
suponen 310.000 más que los afiliados públicos en 2011, el anterior máximo
(2.690.099 en julio de 2011).
Lo que ha pasado en los últimos 12 años,
además del recorte de personal, es el
aumento de la precariedad del empleo público, para contrarrestar la
prohibición de contratar. En principio, el ajuste de Rajoy de 2012 prohibía
sustituir a los jubilados (“tasa de reposición” cero de 2012
a 2014, el 50% en 2015 y menos del 100% después) y hacer nuevas
contrataciones de personal. Pero como los servicios públicos no podían
parar, el Estado y sobre todo las autonomías y Ayuntamientos se buscaron “subterfugios”
para contratar, cubriendo con personal
laboral (“interinos”) los puestos que habían dejado libres los funcionarios
jubilados y contratando a personal temporal para cubrir otros puestos.
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