Cumplimos un mes de “nueva normalidad” y los rebrotes se han multiplicado, agravándose en Aragón y Cataluña y
obligando a nuevos confinamientos. La
culpa es de muchos ciudadanos, que “han bajado la
guardia”, y de algunas autonomías,
que carecen de medios para rastrear los
contagios, mientras Sanidad se queda
en segundo plano. Urgen Planes de contingencia más serios, sobre todo para las zonas turísticas en agosto. Y más decisión política para aislar zonas
y evitar una 2ª oleada del virus, que agravaría los muertos y la recesión.
Mientras, se retrasan las ayudas
europeas, porque los paises ricos del norte son “tacaños” (no “frugales”)
y no quieren pagar la reconstrucción del sur, que también les
favorecería a ellos (nos venderían más). Y además, Holanda tiene elecciones en marzo y le presiona la extrema
derecha, nacionalista y egoísta. Lo que está en juego es que
el sur de Europa se reconstruya más tarde que el norte y sea más pobre, como pasó tras la
crisis de 2008. Rácanos e insolidarios.
La pandemia gana fuerza semana a semana en el mundo
y acaba de batir otros tres récords consecutivos: 231.100 nuevos contagios el miércoles 15, 252.500 contagios el jueves 16 de
julio, 22 veces los contagios que
hubo el 14 de marzo (inicio del estado de alarma) y 242.000 contagios el viernes 27 de julio. Y ha saltado de 13 a
14 millones de contagiados en sólo 4 días, frente a 5 días los dos
anteriores y 8 días antes, cuando alcanzar el primer millón de contagiados
tardó 3 meses, según los datos de la Universidad Jhons Hopkins. Hoy son ya 14.507491 contagiados por la COVID 19 en 188 paises.
El epicentro de la
pandemia sigue en América, tanto en Estados Unidos
(3.670.005 contagiados, +70.000 diarios) como en Latinoamérica (3.610.000 contagiados), donde más crecen ahora los contagios, sobre todo en Brasil (2.046.328 contagiados, +45.403
diarios), Perú (345.537 contagiados,
+3.862 diarios), México (331.298, 6.406 diarios), Chile (328.846, +2.493
diarios), Colombia (182.140, +8.037 diarios), Argentina
(119.301 contagiados) y Ecuador (72.444, +1.795 diarios). El coronavirus gana
terreno también en Asia y Oriente Medio, con 1.038.716 contagiados en India (+34.956
diarios), 271.606 en Irán (+2.388 diarios), 261.917 en Pakistán (+2.085
diarios), 202.065 en Bangladesh (+2.733 diarios), 248.416 en Arabia Saudí (+2.671
diarios) o 106.308 en Qatar, más 217.799 en Turquía (+933 diarios). Y avanza
también en África (660.000
contagiados), con un récord en Sudáfrica
(337.594 contagiados, +13.172 diarios), seguida de Egipto (86.474), Nigeria
(336.663), Ghana (26.572) y Argelia (23.084). Y la pandemia se mantiene en Europa (2.871.834 contagiados), destacando los contagios en Rusia (764.215, +6.406 diarios), Reino Unido (295.631 contagiados, +641
diarios), España (260.255, +628
diarios), Italia (244.216, +230 diarios), Francia (211.426, +534 diarios) y
Alemania (202.426 contagiados, +563 diarios).
La pandemia se ha cobrado ya 606.173 muertos en el mundo, la cuarta parte en Estados Unidos (140.534 muertes),
seguido de Brasil (79.488), Reino Unido (45.385), México (39.184), Italia
(35.045), Francia (30.155), España (28.420
muertos), India (27.497), Irán (14.188), Perú (13.187), Rusia (12.123),
Bélgica (9.800) y Alemania (9.092). Los paises con más muertos por habitante (muertes/100.000 hab.) son Bélgica (85),
Reino Unido (68), España (60),
Italia (58), Suecia (55), Francia (45) y EEUU (42), aunque España tiene una
tasa de letalidad (muertos/contagios) más baja (10,9) que Francia (17,3),
Bélgica (15,5), Reino Unido (15,4), Italia (14,4), aunque más que Alemania (4,5),
según
Sanidad.
En España, tras casi un mes de “nueva normalidad”, los nuevos contagios se han disparado: +5.695
en
la última semana (del viernes 17, último día con datos de Sanidad, al
viernes 10), frente a +2.944 la
semana anterior y +2.028 nuevos
contagios la primera semana de julio. Y si tomamos los nuevos contagios en los últimos
14 días, son +9.234 (+5.396
la quincena anterior), la peor cifra en los últimos dos meses
(desde el 10 de mayo). Los contagios diarios han dado un salto,
desde los 164 el lunes 13 de julio a
263 el martes, 390 el miércoles, 580 el jueves y 628 el viernes, último dato oficial, nuevos contagios
centrados en Aragón (252 nuevos el viernes) y Cataluña (121 nuevos contagios diarios), sin olvidar Madrid (+40 el viernes), Euskadi (+39 diarios), Navarra (+34) y Andalucía (+39 el viernes).
También han crecido las hospitalizaciones en
la última quincena (de 146 el lunes a 228 este viernes) y los ingresos en UCI (de 8 el lunes a 18 el
viernes), pero menos que los contagios, porque los enfermos son más jóvenes y
los síntomas más leves. Con todo, ha habido 17 muertos nuevos la última semana, sumando ya 28.420 muertos oficiales por COVID 19.
Desde que se terminó el estado de alarma, el 21 de junio, ha habido en España 224 rebrotes,
en casi todas las provincias, de los que 158 están activos. Pero el mayor
problema se concentra en dos autonomías: Aragón
y Cataluña, donde ya hay “transmisión comunitaria”, lo que significa que los rebrotes no están aislados
ni controlados. En Huesca se ha
pedido ayuda al Ejército y en Zaragoza,
el gobierno regional pide que no se entre ni salga de Zaragoza. En Lleida y su comarca sigue el
confinamiento, lo mismo que en algunos barrios de Hospitalet, lo que obliga a tomar medidas de control en Barcelona, donde
los contagios se han triplicado. Y siguen apareciendo brotes en Euskadi, mientras remiten en
Galicia.
El doctor Simón considera ya que la situación es “preocupante” y que ha habido “un poco de relajación” desde el final del estado de alarma. Un
comentario diplomático para un comportamiento ciudadano que deja mucho que desear, sobre todo entre los jóvenes,
con un exceso de reuniones familiares y de amigos que están detrás de la
mayoría de los rebrotes, junto a algunos focos entre inmigrantes que trabajan
en tareas agrícolas y viven hacinados. Pero lo que más ha fallado, sobre todo en Cataluña, ha sido la detección y el rastreo de contactos,
por falta de medios en atención primaria,
que se han querido paliar subcontratando con empresas privadas. Las autonomías tienen 3.516 rastreadores, según los datos aportados por las autonomías, lo que supone un tercio de los que tendría que haber, entre 8.000 y 12.000, según los epidemiólogos. Y además, hay grandes diferencias entre autonomías, con más escasez de rastreadores en Madrid ( 1 por cada 35.003 habitantes), Cataluña (1 por cada 30.882), Asturias (1 por cada 34.067) y Navarra (1 por cada 30.905), según este mapa. Y eso que contratar rastreadores fue una exigencia de Sanidad a las autonomías ya en junio.
Frente a unos contagios que se han disparado, las autonomías
ha respondido limitando las actividades (bares, comercios, eventos) y obligando al uso permanente de la mascarilla (en 15 autonomías, todas salvo Madrid y Canarias). Está bien, pero es insuficiente. Urgen Planes de contingencia, sobre todo en las zonas turísticas de playa, donde
este mes de agosto podrían aparecer los rebrotes. De momento, Sanidad y las
autonomías sólo han pactado el jueves (tarde)
un “Plan de respuesta temprana” (sic) que pretende asegurar la capacidad
sanitaria de detección y atención a nuevos brotes, con tres escenarios de actuación: autonómico, otro de las autonomías y Sanidad
cuando el brote afecte a 2 autonomías y uno último, la vuelta al estado de
alarma. Pero no se ve una estrategia clara y falta decisión en Sanidad para tomar las riendas del combate contra la pandemia,
ante los recelos de las autonomías. Y en estas dudas y “ententes políticas”,
aumentan los contagiados y gana el virus.
Parece como si todo el
mundo, Gobierno, autonomías y ciudadanos, mirasen para otro lado, a ver si los días pasan y conseguimos llegar a
septiembre sin una 2ª oleada de contagios. Pero sin precaución y sin medios, será muy difícil conseguirlo. Y el riesgo es enorme, porque el sistema sanitario sigue sin estar preparado
para otra avalancha y la economía tampoco
lo aguantaría, agravándose la recesión. Es el mayor riesgo de la incipiente recuperación iniciada en julio. Y si hay una 2ª oleada de contagios, la factura a pagar, en muertos y costes,
sería tremenda. Ya sin sustos,
la factura de la pandemia llevará el déficit público este año al 11,9% del
PIB: -132.041 millones de agujero presupuestario,
por más gastos y menos recaudación, según la Autoridad Fiscal independiente (AIReF). Y si hay rebrote y la economía
se desploma más, el déficit fiscal podría ser del 14,4% del PIB, -159.780 millones de agujero en las cuentas
públicas en 2020 (frente a -34.869 millones de déficit en 2019).
“Tapar este agujero” va a exigir endeudarse más, aumentar la recaudación con la subida de algunos impuestos (será la gran pelea de los Presupuestos 2021) y contar con ayudas europeas, una parte de ese Fondo de Reconstrucción que ha
centrado la reciente Cumbre Europea en Bruselas. Pero España tiene difícil conseguir los 140.000 millones inicialmente prometidos entre 2021 y 2024 (77.000 en ayudas a fondo perdido y 63.000 en
créditos a devolver). El problema
está en los cuatro paises ricos del norte que más tienen que aportar al Fondo y que apenas van
a recibir, porque se han visto menos afectados por el coronavirus: Holanda, Suecia, Dinamarca y Austria, sin olvidar las reticencias de Finlandia y Alemania, también
“paganos”, aunque Merkel juegue de
intermediaria (pero en Alemania, una mayoría de políticos y electores
no están por “pagar ayudas al sur”).
Estos cuatro paises se autodenominan “frugales”, pero en
realidad son “tacaños”: ya pagan más de lo que reciben al Presupuesto europeo
(porque son más ricos) y aprovechan la Cumbre para recortar su aportación al futuro Presupuesto UE 2021-2027 y al Fondo de
reconstrucción. Por eso, presionan en esta Cumbre para
rebajar las ayudas aprobadas por la Comisión, con el apoyo del Parlamento Europeo.
Quieren varias cosas: reducir el
Fondo (inicialmente, 750.000 millones) , recortar la parte de ayudas (ahora 500.000 millones) y que la mayoría sean créditos, que se devuelvan
antes (empezar a amortizarlos en 2026 en lugar de en 2028) y, sobre todo, condicionar
lo más posible estas ayudas: que los paises tengan que presentar un
Plan de inversiones y reformas y lo tengan que aprobar los 27 por unanimidad (no los técnicos de la Comisión). Así,
estos paises del norte, “garantizan” a sus votantes (y a sus mayorías liberales
y conservadoras) que se hacen políticas “ortodoxas”. A lo claro:
que España no deroga la reforma laboral y “reforma” (recorta) las pensiones.
La batalla
en la Cumbre será dura y el Fondo podría retrasarse, aunque en ningún caso
estará disponible antes de mayo de 2021, con la idea de que el 60% se reciba entre 2021 y 2022, quizás demasiado tarde para España e
Italia. Pero en el fondo de esta batalla hay dos más. Una, la batalla de la
Europa del norte por pagar menos y recibir más en la UE,
por fortalecerse como la Europa rica. De hecho, quieren recortar aún más el próximo Presupuesto europeo (ridículo: 1,074 billones de gasto en 7 años),
a la vez que exigen mantener hasta 2027 el “cheque de descuento” que
consiguieron junto al Reino Unido (3.673 millones anuales para Alemania, 15.76
para Holanda, 798 para Suecia, 273 para Austria y 197 para Dinamarca). Menos aportaciones al Presupuesto y al
Fondo, mantener el privilegio del cheque y encima controlar la política
económica del sur, todo en el mismo paquete.
Y encima, no son tan “paganos”. Gracias al
descuento del cheque (40.000 millones de
regalo que han recibido entre 2014 y 2020) y a que son paises ricos y con
poca población (salvo Alemania), los paises
ricos del norte aportan menos al Presupuesto comunitario que los paises del sur:
un 0,70% de su renta bruta (RNB)
frente al 0,85% que aportaron los
paises pobres en el Presupuesto UE 2014-2020, según los datos de la Comisión Europea. Y, en cambio, son los paises que más se benefician del mercado único, de que haya una Europa con 500 millones de
personas a las que vender, según este gráfico que también aporta la Comisión Europea: en 118.000 millones se ha beneficiado Alemania, en 62.000 millones Italia, en 55.000 millones Reino
Unido, en 52.000 millones Holanda,
en 40.000 millones Italia, en 20.500 millones Bélgica, España, Polonia o Austria, en 19.000 millones Suecia y en 16.000 millones Dinamarca. Y si lo ajustamos con la población,
resulta que Dinamarca ha ganado 1.682
euros por habitante del mercado único, Austria 1.583 euros, Holanda 1.500, Alemania 1.440 y Suecia
1.302, frente a 763 euros Italia, 589
España y 497 Portugal.
Así que ya sabemos que pagan
menos de lo que dicen y ganan más de lo que parece con la existencia de Europa. Y por eso, son los más ricos: tienen
una renta por habitante (2018) que
supera con creces la media europea (100%: 30.200 euros por habitante): 130% Holanda (39.200 euros por persona), 129% Dinamarca (38.900 euros), 128%
Austria (38.700 euros), 123%
Alemania (37.000 euros) y 121%
Suecia (36.600 euros), frente al 97%
Italia (29.100 euros) y el 91%
España (27.600 euros de PIB por habitante), según Eurostat. Pero además de querer aportar menos a la reconstrucción de Europa
(son “tacaños”, no “frugales”), los paises ricos del norte tienen una potente extrema derecha
(Foro por la Democracia, FvD, ganó las elecciones al Senado holandés en 2019), nacionalista y egoísta, que presiona
a la derecha popular y a los liberales a no hacer concesiones, a no pagar
al sur, so pena de perder votos. Y Holanda tiene elecciones en marzo de 2021, Alemania en octubre y Suecia en 2022. Por eso son doblemente “rácanos”: por el bolsillo y
el nacionalismo de sus votantes.
Así que, otra vez más, la Europa del norte piensa en sí misma,
en pagar poco y en salir cuanto antes de
una recesión que les afecta menos que a la Europa del sur. Es un
egoísmo suicida, porque si la reconstrucción europea se retrasa, la
Europa del sur (Italia, España y Francia) tardará más en salir de la recesión y
el proyecto europeo se pone en peligro. Y también las ventas de la Europa rica a la Europa del sur: Alemania
tiene superávit comercial con España (nos vende 8.873 millones más de lo que nos compra),
Holanda también (4.116 millones de superávit comercial con España en 2019),
Suecia (+292,2 millones) y Dinamarca (+43 millones). Por eso son más ricos: nos venden más y crean riqueza y empleo en sus
paises. Para seguir haciéndolo, tenemos que salir del agujero. Y
para eso, tienen que ayudarnos, porque tenemos una recesión más profunda,
menos recaudación y somos menos competitivos. Problemas que deberíamos
solucionar de una vez, ante futuras crisis, para no ser tan "vulnerables".
En definitiva, se
plantea otra vez el enfrentamiento norte-sur en una crisis europea. En la anterior, los paises del norte
impusieron su receta de austeridad y recortes al sur, que tardó 6 años en
salir, con más desigualdad: si Holanda tenía un PIB por habitante de 36.000
euros en 2008 (+10.200 euros que España), tras esa crisis es más rica (39.200 euros) y
está más alejada de España (+11.600 euros de diferencia en 2018). Es lo que pasará ahora: saldrá antes de la
crisis, aportará menos al Presupuesto y al Fondo UE, pero cuando nos
recuperemos, nos seguirá vendiendo e invirtiendo y será más rica que hoy y más que nosotros todavía. Por 2ª crisis consecutiva, aumentará la desigualdad entre la Europa
rica del norte y la más pobre del sur.
Eso es lo que está realmente en juego.
Al final, tras 4 días de dura Cumbre europea, España e Italia han aceptado la madrugada del martes las imposiciones del norte: un Fondo sin recortes (750.000 millones) pero con menos ayudas directas y más créditos (390.000/360.000) y sobre todo, una cierta "tutela" de los paises tacaños para vigilar que "gastemos bien" y hagamos reformas. El que paga, manda. Y además, los 4 tacaños y Alemania consiguen más rebajas en su aportación al presupuesto europeo (recibirán 52.000 millones de "cheques" en los próximos 7 años, 13.500 Holanda). Todo sea por las ayudas (140.000 millones), que tanta falta nos hacen, aunque sean menores y "vigiladas". Ahora, queda volver y reforzar la estrategia de reconstrucción dentro de España, buscar cómo salir del agujero nosotros mismos, con más recaudación (impuestos) y unidad. Será la batalla interna de los Presupuestos 2021. Esta no la podemos perder.
Los precios
llevan tres meses consecutivos cayendo, con la pandemia, y la inflación anual sigue negativa, el -0,3% en junio, según confirmó este martes el INE, algo que no pasaba en España desde hace cuatro años,
desde agosto de 2016. Y los expertos creen que los precios seguirán a la baja
el resto del año, aunque algo menos: cerraremos 2020 con una inflación del -0,1 al -0,2%, con lo que seremos uno de los 4 paises europeos con
inflación negativa este año (junto a Grecia, Chipre e Irlanda), mientras en
la Europa del norte (ahora con inflación positiva) subirán los precios este
año. Podría parecer una buena noticia que
bajen los precios, pero no lo es porque la inflación
negativa retrasa y recorta ventas, penaliza a las empresas y pone en peligro la reconstrucción y el
empleo, además de reducir los ingresos públicos que tanto necesitamos. Al
final, la inflación negativa es un síntoma del estancamiento de la economía.
Necesitamos reanimar el consumo y los precios. Gasten si pueden.
La inflación en España ya era baja en 2019
(+0,4% y menos entre junio y
noviembre), porque la actividad económica se había “enfriado”, en el mundo y en
Europa, por la guerra comercial y el
temor a un “pinchazo” de la recuperación. Pero en 2020 llegó el coronavirus y los precios se desplomaron: el IPC anual (últimos 12 meses) no subió nada en marzo y cayó después
en picado, al -0,7% en abril y al -0,9% en mayo. Y ahora, el INE confirma
que ha vuelto a caer un -0,3% en junio,
menos porque subieron el mes pasado los carburantes (+9,4%), la electricidad
(+5,8%), las frutas (+1,9%) y la restauración (+0,1%). Pero la inflación sigue
en negativo y la Comisión Europea prevé que así siga en España el tercer trimestre (-0,3%)
y el cuarto (-0,3%), para cerrar el año 2020
con una caída del -0,1%.
Con el confinamiento
de los españoles, a partir del 14 de marzo, el consumo cayó en picado y con él los precios, salvo en los alimentos,
sumándose también un desplome en el precio del petróleo (carburantes) y la
electricidad. Con ello, la inflación
anual cayó en España al -0,7% en abril,
mientras en la zona euro (con un confinamiento “más suave”) bajaba al +0,3%. En mayo, el efecto deflacionista
fue mayor y la inflación anual cayó en España al -0,9% mientras en la zona euro se
quedaba en +0,1%. Y en junio, ya con
algo más de actividad y movilidad, la inflación anual se recuperó algo, cayendo el -0,3%, gracias a la subida de los carburantes y la electricidad,
mientras en la zona euro subía por
primera vez la inflación, al +0,3%, aunque era el nivel de precios más bajo
en Europa de los últimos 4 años. Y eso porque, en junio, 9 de los 19 paises euro tenían inflación negativa (-0,4%
Italia), según Eurostat, aunque los paises más ricos
del norte tenían inflación positiva, pero baja (+1,7% en Holanda, +0,6% en
Austria, +0,8% Alemania, +0,2% Bélgica y +0,1% Francia). En definitiva, que la
inflación es un termómetro que nos señala quien sufre más la recesión del coronavirus.
Ahora, la última previsión de la Comisión Europea (7 julio) estima que los precios se mantendrán estables en la zona euro en la segunda mitad del año (+0% de subida en el 3º y 4º
trimestre), mientras en España caerán,
pero algo menos (-0,3% en los dos trimestres, frente al -0,6% que cayeron
en el 2º trimestre). Y con ello, apuestan a que la zona euro terminará el año 2020
con una inflación del +0,3%, que
será del +0,6% en la UE-27, la inflación más baja en el continente desde el estancamiento económico de 2016
(inflación del 0,2% en la UE-28) y muy inferior a la subida de precios de 2019
(+1,4%). Lo que preocupa a la Comisión Europea
es que 4 paises cerrarán el año con
inflación negativa: Grecia (-0,5%), Chipre (-0,5%), Irlanda (-0,2%) y
España (-0,1%, frente a +0,8% de inflación
en 2019).
En paralelo, el Banco
de España hizo en junio su última previsión
sobre la inflación española este año, que coincide bastante con la Comisión: el
IPC anual caerá un -0.1% si hay una
recuperación temprana (con menor recesión) y un -0,2% de inflación si la recuperación es más gradual (y el
PIB cae este año el -11,6% que esperan). Sería volver a 2016, cuando la inflación en España cayó el -0,3%, por tercer año
consecutivo (-0,50% en 2015 y -0,15% en 2014), debido a la bajada del petróleo y la devaluación de los
salarios.
La caída de los
precios va a depender de cómo sea la recuperación y de lo que
haga la energía, tanto la
electricidad como sobre todo el petróleo, que ha ayudado a la bajada del IPC,
con un desplome del crudo de 53 dólares por barril a principios de marzo a 19,5
dólares a finales de abril, aunque ahora se ha recuperado a 43 dólares, por
el recorte extra de producción acordado por la OPEP. La previsión del Gobierno,
en el Plan de Estabilidad enviado a Bruselas en abril, es que el precio medio del barril sea de 38,4
dólares este año y 40,2 dólares en 2021. Si el petróleo se desploma más,
porque la pandemia rebrota y las economías no se recuperan, la caída de la inflación sería mayor en
España. En cualquier caso, la previsión de la Comisión es que los precios apenas se recuperen tampoco
en 2021: el IPC anual subiría un
0,9% en España y un 1,3% en la UE (+1,1% en la zona euro), muy por debajo del objetivo del BCE, de que los precios suban en torno al 2%.
Podría parecer que una
inflación negativa este año y baja en 2021 es algo “bueno”, para España y para Europa, sobre todo para los consumidores. Pero la inflación negativa o baja preocupa a los expertos y a los Gobiernos,
porque es un freno a la recuperación. Primero, porque la inflación negativa desincentiva la inversión y el empleo,
algo especialmente preocupante para España, porque tenemos más del doble de paro que Europa (14,5% frente al 6,7% en la UE-27 en
mayo, según Eurostat). El mecanismo es sencillo de entender: si un consumidor
ve que los precios están bajos, retrasa sus compras a la espera de que bajen
más o porque no teme que suban. Y las
empresas ven recortarse sus ventas y sus márgenes, al ser forzadas a
recortar precios para competir. Y con ello, venden menos, ganan menos,
invierten menos y no crean empleo (o lo reducen). Y se retrasa la recuperación.
Un segundo problema
que acarrea la inflación negativa (o baja) es que reduce los ingresos públicos,
sobre todo el IVA, tanto porque la desaceleración (crecer menos) reduce el consumo como por la bajada o congelación
de los precios (se aplica un tipo del 21% sobre un precio menor). Y también se recauda menos por el impuesto de
sociedades (que pagan las empresas según sus beneficios) y los impuestos especiales (por el
consumo de carburantes, alcohol y tabaco), así como por tasas y otros
impuestos. De hecho, esto ya está
pasando, por el doble efecto de la
recesión y la caída de precios: la
recaudación fiscal ha caído en -7.073 millones hasta mayo (-9%), según la Agencia Tributaria, por la caída de -3.391 millones en Sociedades,
-2.909 millones en IVA y -721 millones en impuestos especiales. Y eso cuando la
factura de ayudas contra la pandemia supera ya los 150.000 millones.
El tercer problema
que implica la inflación negativa (o baja) es que perjudica a los que tienen deudas,
porque no rebaja lo que hay que devolver (si la inflación es alta, en realidad
hay que devolver menos dinero comparado con lo que valía cuando lo pedimos). Y
este es un problema muy serio para España,
porque somos uno de los paises más endeudados del mundo, tanto el sector público (el Estado, la
Seguridad Social y las autonomías debían
1.234.694 millones en abril, último dato publicado por el Banco de España) como las empresas
(adeudaban 942.468 millones en mayo)
y las familias
(697.315 millones de deuda en mayo,
entre hipotecas, préstamos y tarjetas). Para todos ellos, tener una inflación
negativa es una mala noticia, porque les dificulta devolver esta deuda.
Y por si fuera poco, tener una inflación negativa o baja obliga a las empresas a entrar en una dinámica de “ofertas low cost”, a tirar precios para competir, lo que
provoca una mayor precariedad laboral (más contratos basura y más tareas
“subcontratadas”) y un deterioro de los
salarios, que ya van a crecer poco o nada con la recesión del coronavirus. Así que lo que
podríamos ganar como consumidores, por comprar más barato, lo perdemos como
trabajadores y endeudados, así como contribuyentes. Mal negocio.
¿Qué se puede hacer?
Básicamente, luchar contra la recesión,
porque la caída de precios es un claro
síntoma de que la economía está enferma y no crece. Y por eso tenemos
un IPC anual del -0,3% mientras Alemania lo tiene del +0,8%. Eso podría ayudarnos a competir en Europa, al
tener menos inflación, pero son mayores
los perjuicios que las ventajas. Por eso, hay que intentar reanimar la actividad, con ayudas e inversiones públicas, como intenta hacer
el Gobierno desde hace meses. Y es clave que Europa aprueba y ponga en marcha
el Fondo de Reconstrucción de 750.000 millones, que se debate este viernes en Bruselas. Mientras, en España, reanimar el consumo de los que tienen empleo, fomentar el gasto más
que el ahorro (que está subiendo, por la incertidumbre de las familias ante el futuro). Y para
ello, resulta clave no bajar los salarios este
año y el próximo, al menos las empresas que puedan mantenerlos (e incluso
subirlos). Aprovechar la pandemia para
hacer otra devaluación de salarios indiscriminada es el camino para retrasar la
recuperación de la economía y de los precios. Pan para hoy y hambre para
mañana, para las empresas y para el país.
En resumen, que cuando
oigamos que caen los precios, malo: es un
síntoma de que la economía no despega
y está en riesgo la recuperación y el
empleo. Hay que impulsar el consumo y los precios, dentro de un orden, para
asegurar la reconstrucción. Y aquí, la responsabilidad es del Gobierno y de
Europa pero también de cada uno de nosotros: tenemos que volver a gastar si podemos, para sacar al país adelante.
Y hacer subir los precios, sin abusos de
algunos sectores (alimentos y hostelería), porque una inflación moderada es buena y nos ayudará a salir de este
agujero. Gasten si pueden.
Llevamos 3 semanas en la “nueva normalidad”, con
mucha movilidad y más turistas, y preocupan algunos de los 73 rebrotes
surgidos, sobre todo en Lérida, Lugo y
Guipúzcoa, que obligan a nuevos confinamientos. Los contagios crecen, entre personas más
jóvenes y un 60% son asintomáticos, más difíciles de detectar. Y el 94,8% de españoles siguen sin
anticuerpos, lo que nos hace muy
vulnerables. Mientras, el Gobierno sigue aprobando ayudas (a familias, el transporte y la Ciencia) para animar
la recuperación, aunque debería aprobar Planes específicos para buscar salidas
a los dos grupos más afectados por esta
recesión: las mujeres y los jóvenes.
Es también lo que debería hacer Europa
esta semana, en la Cumbre sobre el Fondo de Reconstrucción: ayudar a los países del sur (Italia, España y Francia), sumidos en una recesión
más profunda que el resto, lo que aumentará las diferencias en Europa, ya importantes.
Frente a una pandemia desigual, urgen
medidas
específicas para sacar del agujero a
los colectivos y paises más débiles. Por una recesión menos desigual que la de 2008.
El coronavirus va
a cumplir seis meses y medio y parece cada día más virulento: el jueves
9 de julio volvió a batir otro récord, 227.000 contagios diarios en el
mundo, 20 veces más que el 14 de marzo, al inicio del estado de alarma en
España. Pero al día siguiente, 10 de julio, lo superó de nuevo: 229.900 contagios. Y ya ha contagiado a 12.910.357 personas en 188 paises, saltando de los 11 a los 12 millones de contagios en sólo 5 días, frente a 8 días que
tardó en sumar el millón anterior, 12 días los anteriores y tres meses que
tardó en alcanzar el primer millón, según los datos de la Universidad Jhons Hopkins.
El epicentro de la pandemia sigue en América, tanto en Estados Unidos (3.304.942 contagiados,
+64.741 diarios) como en Latinoamérica
(3.395.000 contagiados), donde más crecen
ahora los contagios, sobre todo en Brasil
(1.864.881 contagiados, +48.619 diarios), Perú (326.326 contagiados, +3.537 diarios), Chile (315.041, +3.133 diarios), México (299.750 contagiados, +7.280 diarios), Colombia (145.362, +5.335
diarios), Argentina (100.166 contagiados) y Ecuador (67.870, +797 diarios). El
coronavirus gana terreno también en Asia y Oriente Medio, con
878.254 contagiados en India (+26.506
diarios), 257.303 en Irán (+2.691 diarios), 251.625 en Pakistán (+2.751
diarios), 183.795 en Bangladesh (+3.360 diarios), 232.259 en Arabia Saudí (+3.036
diarios) o 103.598 en Qatar, más 212.293 en Turquía (+1.024 diarios). Y avanza
también en África (585.150 contagiados),
con un récord en Sudáfrica (276.242 contagiados, +13.674 diarios), seguida de Egipto (82.070), Nigeria (32.558),
Ghana (24.518) y Argelia (19.195). Y la pandemia se mantiene en Europa (2.740.643 contagiados), destacando los contagios en Rusia (720.036, +6.635 diarios), Reino Unido (291.154 contagiados, +642
diarios), España (253.908, +333
diarios), Italia (243.061, +229 diarios), Francia (208.015, +621 diarios) y
Alemania (199.919 contagiados, +395 diarios).
La pandemia se ha cobrado ya 569.128 muertos en el mundo, la cuarta parte en Estados Unidos (135.205 muertes),
seguido de Brasil (72.100), Reino Unido (44.904), México
(35.006), Italia (34.954), Francia (30.007), España (28.403
muertos), India (23.174), Irán (12.829), Perú (11.870), Rusia (11.318),
Bélgica (9.782) y Alemania (9.071). Los paises con más muertos por habitante (muertes/100.000 hab.) son Bélgica (85),
Reino Unido (67), España (60), Italia (58), Suecia (54), Francia (44) y EEUU
(40), aunque España tiene una tasa de letalidad (muertos/contagios) más baja
(11,2) que Francia (17,6), Bélgica (15,7), Reino Unido (15,5), Italia (14,4) y
Holanda (12,1) y mayor que Alemania (4,6), según Sanidad.
En España, después
de tres semanas de “nueva normalidad”,
los nuevos
contagios han sido +2.944 la
última semana (+2.028 la semana anterior), saltando de 78 el
lunes a 257 el miércoles y 333 el
viernes (Sanidad no publica datos del fin de semana hasta hoy), nuevos contagios
concentrados en Aragón (35,78 nuevos
por 100.000 habitantes últimos 14 días), Cataluña
(34,64), Castilla la Mancha (11,86)
y Navarra (12,38), las cuatro
autonomías con más contagios nuevos que la media española (11,47 por 100.000 habitantes en las últimas dos semanas, frente a 8,08 el 21 de junio, cuando acabó el
estado de alarma). También han aumentado las nuevas hospitalizaciones (de 138 a 150 y 156 en la última semana),
pero apenas llegan nuevos pacientes a
las UCIs (han bajado de 10 el
lunes a 6 el miércoles y 8 el viernes). Y ha habido 10 nuevos muertos la última semana (21 la anterior), con 28.403 fallecidos oficiales por la
COVID 19.
El aumento de la
movilidad y el inicio de las vacaciones
ha provocado ya 103 rebrotes, de los que 73 rebrotes están activos, aunque
los que preocupan son tres, en la comarca leridana de Segriá (donde una jueza ha paralizado el confinamiento de 160.000 personas, poniendo en apuros el sistema sanitario
local), en A Mariña de Lugo (80.000
confinados) y en Ordizia
(Guipúzcoa), sin olvidar los rebrotes de Aragón (Huesca y Zaragoza), Granada,
Albacete o Badajoz. En la mayoría de los casos, el origen de los contagios son reuniones de familiares o amigos o ligados a temporeros
que trabajan o viven en condiciones infrahumanas. Y otra novedad es que muchos nuevos
contagiados son asintomáticos(el 60%), se producen entre personas más
jóvenes (47 años de media en hombres y 50 mujeres) y tienen menos virulencia (la mitad de los casos
se resuelven sin ir al hospital). Pero en algunas zonas (Lérida), los
centros de salud carecen de medios para un correcto seguimiento y rastreo de los contagios.
El problema de fondo sigue siendo que
la mayoría de españoles no estamos inmunizados, porque sólo el 5,2% de los analizados en la tercera oleada del Estudio de seroprevalencia tenían anticuerpos. Y además, hay un
13% de analizados que antes tenía anticuerpos contra el coronavirus y ahora ya no los tiene. En definitiva, que somos muy vulnerables ante los rebrotes y ante una temida 2ª ola
del virus en otoño, lo que debería forzar al Ministerio de Sanidad y a las
autonomías a preparar ya un Plan de
contingencia para septiembre, con medios, camas de hospital y UCIs y más
médicos y centros de salud reforzados. Y, sobre todo, preparar un
Plan para las residencias, donde un informe interno del Gobierno revela
que han muerto 27.359 mayores (9.008
confirmados por COVID 19 y otros 9.830 por síntomas compatibles pero sin test).
Urge preparar un Plan de alerta temprana, Planes de contingencia y garantizar la asistencia
sanitaria en las residencias, para evitar repetir el drama.
Mientras intentamos superar
el verano sin nuevos confinamientos, el
Gobierno busca cada semana aprobar nuevas
ayudas, para tratar de reanimar la
economía y frenar la emergencia económica y social. La semana pasada, el Consejo de Ministros amplió hasta el 30 de septiembre las ayudas vigentes para las familias más
vulnerables: moratorias de alquileres e hipotecas y garantía de los
servicios básicos (luz, agua, gas, Internet) a los que tengan problemas para
pagar los recibos. Y dos Planes para inyectar más dinero a dos sectores básicos:
1.800 millones para ayudar a las empresas de transporte y
otros 1.564 millones para apoyar a la Ciencia
y fomentar la capacidad innovadora de las empresas, especialmente en el campo
de la salud y la investigación biosanitaria.
Más “gasolina” para la
reactivación de la economía, tras la ampliación de los ERTEs, los nuevos
créditos ICO y los Planes sectoriales para el turismo o el automóvil. Pero se
echa en falta Planes de choque
específicos para los colectivos
más vulnerables, las mujeres y los
jóvenes, los que más están sufriendo
los efectos económicos de esta pandemia, según acaban de confirmar el Banco de España y el BCE, debido a que la recesión afecta más a sectores muy feminizados
(turismo, hostelería y comercio) y a los trabajos más precarios (jóvenes y
mujeres). Y recordemos que jóvenes y mujeres fueron también los que más
sufrieron la anterior crisis de 2008, según el Banco de España.
Los datos son muy explícitos. Empezando
por las mujeres: de los 859.988
empleos perdidos por la pandemia en España, entre el 12 de marzo y el
30 de junio, 521.885 empleos los perdieron
mujeres (-5,78%) y 338.103 hombres
(-3,28%), según los datos de afiliación a la Seguridad Social. Los hombres perdieron más
empleos (-524.500) que las mujeres (-423.396) en lo peor de la recesión (marzo
y abril), pero luego han recuperado
empleos entre mayo y junio (+186.397), mientras
las mujeres los han seguido perdiendo (-98.489), a pesar de la vuelta a la
actividad en muchos sectores. Y hay otro dato muy evidente, la evolución del paro: entre finales de
febrero y finales de junio, los parados
registrados en España aumentaron en 616.836 personas (de 3.246.047 a
3.862.883), de ellos 319.000 parados
nuevos son mujeres y 296.990 son
hombres, según los datos del SEPE. Y ahora, hay 57
mujeres en paro (2.215.918 paradas) por cada 43 hombres (1.646.965 parados registrados).
Vayamos a los jóvenes:
de los 947.896 empleos perdidos en el primer embate de la pandemia (entre
el 12 de marzo y el 30 de abril), 330.000,
un tercio de estos empleos los perdieron los jóvenes (16 a 29 años). Y de los 87.908 afiliados recuperados en
mayo y junio, con la vuelta parcial a la actividad, sólo 14.648 empleos (un 16,6% del total) los recuperaron los jóvenes, según los datos de afiliación de la SS. Al
final, de los -859.988 empleos perdidos
por la pandemia (entre el 12 de marzo y el 30 de junio), los jóvenes han perdido -315.352 empleos,
un 36,66% del total (cuando sólo
tienen el 13,2% de los empleos). Y por si no estuviera claro, veamos los datos de paro: de los 616.836 nuevos parados
registrados (entre finales de febrero y finales de junio), los parados menores de 25 años han aumentado un 31,25%
(+81.710 parados) y los parados mayores de 25 años han crecido casi la mitad,
un 17,92% (+535.126 parados), según Trabajo.
Así que la pandemia y
la recesión provocada son graves para todos, pero sobre todo para las mujeres y los jóvenes, porque eran más
vulnerables dada su tremenda precariedad
laboral: el 71,2% de los jóvenes españoles tienen contratos temporales, frente al 43,3% en Europa. Y el 27,7% las mujeres
españolas, frente al 14,7% en la UE-28, según este estudio de la Fundación BBVA e Ivie. Y ambos colectivos tienen una
elevada proporción de contratos a tiempo
parcial, también muy vulnerables en cualquier crisis: los tienen el 30,5% de las mujeres y
el 37,4% de los jóvenes menores de 25 años. Y además, hay una gran concentración de mujeres en los sectores más
afectados por la pandemia: hostelería, turismo, comercio, educación y
actividades administrativas, lo que llevó a que de los 3 millones de trabajadores en ERTEs a finales de mayo, el
53% fueran mujeres, según este
estudio de IVIE. Y en el caso de los jóvenes,
el 33% trabajan en hostelería y comercio (frente al 22,2% de los trabajadores
de 30 a 64 años), según este estudio del Observatorio de la Juventud.
Si en España la pandemia se ha cebado en las mujeres y los
jóvenes, en Europa, los “paganos” de
esta crisis son los paises del sur, por un mayor peso del turismo, el
comercio y la hostelería, por su mayor precariedad laboral y por el mayor peso
de las pymes (más vulnerables). La Comisión Europea acaba de confirmarlo en su Informe económico de verano (8 julio), que empeora la recesión este año para los paises del sur sobre la previsión que hicieron el 6 de mayo :
la economía caerá un -11,2% en Italia
(estimaron que caería -9,5%), un -10,9% en España (-9,4% antes) y
un -10,6% en Francia (-8,2% antes). Y en cambio, mejoran las previsiones para los paises ricos del norte, que caerán menos de lo previsto antes,
gracias a las ingentes ayudas que han podido destinar contra la recesión: -6,3% caerá PIB de Alemania
(-6,5 antes), -7,1% Austria (-5,5% antes), -6,8% Holanda (igual), -5,3% Suecia
(-6,1% antes),-5,2% Dinamarca (-5,9% antes) o -6,3% caerá el PIB de Finlandia (igual que en mayo).
El resultado de esta
recesión desigual será que habrá “una
recuperación a 2 velocidades”, que “las divergencias entre los paises
de la zona euro están creciendo”, según alertó la semana pasada el Comisario Gentiloni. A lo claro: que si hoy ya tenemos
una Europa rica y una pobre (Holanda tiene el 130% de la riqueza media de la
UE, Dinamarca el 129%, Austria el 126%, Alemania el 123%, Francia el 104%,
Italia el 97%, España el 91% y Grecia el 69%, según Eurostat), en los próximos años
tendremos aún más diferencias,
porque Alemania y Holanda se recuperarán de la recesión a finales de 2021 y
España e Italia tardarán hasta 2023. Para evitarlo, la Comisión reitera la urgencia de aprobar el Plan europeo de
reconstrucción, 750.000 millones
que deben ir prioritariamente a la Europa del sur.
Este Fondo y su
reparto serán el tema central de la
Cumbre Europea del 17 y 18 de julio
en Bruselas. España se juega recibir 140.000 millones (77.000 en ayudas directas y 63.000 en créditos), pero los paises ricos del norte (Holanda,
Austria, Suecia y Dinamarca), apoyados por Alemania, se muestran “tacaños” con el Fondo, porque van a
pagar más de lo que recibirán. Y van a intentar
recortar la cantidad, anticipar la devolución y, sobre todo, aumentar las exigencias (Planes de reformas y “ajustes”) a los paises que
reciban las ayudas.
Y ahora, España lo tiene peor, una vez que Nadia Calviño no ha conseguido la presidencia del Eurogrupo, porque han
vencido los conservadores (PP europeo y liberales) y los paises pequeños,
encabezados por Holanda, el líder de los
tacaños. De nada vale argumentar que si son más ricos tienen que ayudar a los
paises más dañados. Ni que si ahora pagan estas ayudas, luego se beneficiarán más que nadie de la
recuperación del sur, multiplicándonos sus ventas e inversiones: de hecho, Alemania
y los paises del Norte son los que más se han beneficiado del mercado único, según los propios datos de la Comisión Europea. Pero tienen el dinero y, por
tanto, la sartén por el mango en esta
negociación del Fondo europeo.
Otra vez más, Europa está en la encrucijada y se
juega su futuro. Y en España, dependemos mucho de ese dinero para
pagar la reconstrucción, aunque debemos contar con más recursos propios, que
sólo pueden venir de subir algunos impuestos, como ha propuesto incluso el Banco de España. Y los expertos de Fedea, que proponen un recargo en el IRPF para 2021, un “coronatributo”, similar al que impuso Rajoy en el impuesto
sobre la Renta entre 2012 y 2014, que sirvió para ingresar 5.000 millones extras
anuales. Y creen que también podrían subirse
algunos tipos reducidos del IVA, como propuso el Banco de España, junto a la reducción de exenciones en el impuesto de Sociedades, donde España
ingresa 8.575 millones menos al año que la media, según acaba de informar la OCDE. Y también ayudaría subir los impuestos al tabaco, alcohol y carburantes, más bajos en
España. Un debate que será la clave de los Presupuestos 2021, a presentar en
septiembre.
En resumen, que tenemos abiertos varios frentes, aunque el
principal reto es contener el virus y
prepararse para un otoño preocupante,
porque un repunte de contagios obligaría a un nuevo confinamiento y agravaría
la recesión. Y a partir de ahí, se trata de pelear en Europa y en España por conseguir más recursos para la reconstrucción, concentrándolos
en modernizar la economía y ayudar a los sectores y colectivos más afectados,
sobre todo a los jóvenes y las mujeres,
los
paganos de esta crisis. Otra vez.