lunes, 17 de mayo de 2021

La generación de las 2 crisis

La generación nacida entre 1985 y 1995 tiene la maldición de ser la única en el último siglo que ha vivido 2 grandes crisis, la de 2008 y la pandemia. Y por eso viven peor que sus padres, pero sólo en la Europa del sur: en Alemania viven mejor, según un estudio reciente. Esta generación, entre 26 y 36 años, es “la pagana” de las dos crisis y eso ha afectado a su empleo, precariedad, bajos ingresos y problemas para emanciparse y crear una familia. Y ha cambiado la política en el sur de Europa, porque desconfían más de la democracia y son pasto de la apatía y el radicalismo de populistas y la extrema derecha. Urge tomar medidas, por ellos (quizás sea tarde) pero sobre todo para evitar que la siguiente generación, los nacidos entre 1995 y 2005, sean otra “generación perdida”. El Plan de Recuperación contempla inversiones europeas para crear empleo y oportunidades a los jóvenes. Hay que ofrecerles una salida ya.

Enrique Ortega

Europa se construyó, tras la II Guerra Mundial, gracias a un pacto político, económico y social entre democristianos y socialdemócratas que buscaba conseguir un alto crecimiento y repartirlo con potentes Estados del bienestar. Y funcionó: Europa tuvo tres décadas de fuerte crecimiento (“los treinta gloriosos”, entre 1945 y 1.973) y las generaciones europeas de postguerra vivieron “mejor que sus padres, una tras otra. Pero a mediados de los 70 empezaron las crisis, primero del petróleo, luego de las divisas y la deuda, enfriando el crecimiento y, sobre todo, repartiéndolo peor, por el auge de los neoliberales (Thatcher y Reagan), la reunificación alemana (que pagó toda Europa) y el recorte generalizado del Estado del bienestar. Y en 2008 estalló la crisis financiera, que en la Europa del sur se amplió con la crisis de la deuda, hasta 2013. Y tras sólo 6 años de débil recuperación, saltó una segunda gran recesión, por la pandemia, la mayor del último siglo. Con todo ello, el pacto político y social que alumbró la mejor Europa se ha derrumbado.

Las dos crisis han afectado duramente a todos los europeos, pero los grandes “paganos” han sido los jóvenes, que han visto caer y precarizarse su empleo, aumentar su paro, rebajar sus ingresos y no poder acceder a una vivienda y a crear una familia, obligados a vivir con sus padres hasta pasados los 30 años. Y con ello, la generación nacida entre 1985 y 1995, los que tienen ahora entre 26 y 36 años, “viven peor que sus padres”, algo que no sucedía en Europa desde antes de la II Guerra Mundial. Pero no pasa en todos los paises. Viven” peor que sus padres” los jóvenes de la Europa del sur, porque en Alemania y la Europa del norte, esa misma generación vive mejor que sus padres, según el estudio “La generación de la doble crisis”, elaborado por Esade y la Friedrich Naumann Foundation. Y eso, porque la crisis de la deuda (2010-2013) y los recortes impuestos a Grecia, Portugal y España han dañado más a los jóvenes del sur de Europa.

En España, los datos oficiales revelan con claridad que los jóvenes han sido los principales “paganos” de las 2 últimas grandes crisis. Por un lado, perdiendo más empleo. Entre junio de 2008 y marzo de 2014, España perdió 3.696.300 empleos, una caída del -17,90%, según la EPA. Los jóvenes de 16 a 19 años perdieron 251.500 empleos (-77,7%), los de 20 a 24 años otros 894.500 (-58,48%) y los de 25 a 29 años perdieron 1.198.400 empleos (-43,18%). En total, los jóvenes de 16 a 29 años perdieron con la crisis de 2008-2013 un total de 2.344.400 empleos (-50,65%), casi dos tercios de todo el empleo perdido en España.

Y al llegar la recuperación, en marzo de 2014, los jóvenes también se aprovecharon menos del mayor crecimiento conseguido hasta finales de 2019. Si España recuperó en estos casi 6 años un total de 3.016.300 empleos (+17,79%), un 81,6% del empleo perdido, los jóvenes de 16 a 19 años recuperaron 74.400 empleos (el 29,58% de los perdidos), los de 20 a 24 años otros 272.000 empleos (el 30,4% de los perdidos) y los de 25 a 29 años recuperaron 141.800 empleos más (el 11,8% de los perdidos). Así que en conjunto, los jóvenes de 16 a 29 años sólo recuperaron el 20,84% de los empleos perdidos.

Y en esto llegó la pandemia, con la mayor recesión del último siglo. Y otra vez se ha cebado sobre los jóvenes, sobre una generación que todavía no se había recuperado de la anterior gran crisis. Así, entre diciembre de 2019 y marzo de 2021, España ha perdido 760.000 empleos (casi la quinta parte que en la crisis anterior, por los ERTEs y las ayudas públicas), un -3,8% del empleo que había al final de la recuperación, según la EPA. Pero los jóvenes de 16 a 19 años han perdido 65.800 empleos (-44,91%, casi 12 veces más), los de 20 a 24 años han perdido otros 145.500 empleos (-16,06%, cuatro veces más que la media) y los de 25 a 29 años perdieron otros 131.900 empleos (-7,6%, el doble que el país). En conjunto, los jóvenes españoles de 16 a 29 años han perdido con la pandemia 343.200 empleos, casi la mitad (el 45,15%) de todos los empleos perdidos en los últimos 15 meses en España.

Esta mayor pérdida de empleo con las dos crisis se ha traducido también en un mayor paro, porque si antes les resultaba difícil encontrar trabajo, ahora, con la pandemia les cuesta mucho más. Veamos el salto del paro juvenil tras las dos crisis. Si el paro en España saltó del 9,3% en febrero de 2008 al 26,2% en julio de 2013 (+16,9%), el paro juvenil (menores de 25 años) subió del 23% en 2008 al 56,2% en 2013 (+33,2%, el doble de aumento que el paro total). Y aunque bajó el paro juvenil con la recuperación, todavía estaba en el 32% a finales de 2019. Ahora, con la pandemia, volvió a subir hasta el 37,7% en marzo de 2021, la tasa de paro juvenil más elevada de toda Europa, más del doble que la media de la UE-27 (17,1% de paro juvenil) y 6 veces el paro que tienen los jóvenes en Alemania (6%), según Eurostat.

Está claro que las dos crisis se han cebado más en los jóvenes en España y también en la Europa del sur (Grecia, Portugal e Italia), que ya sufrió mucho más la crisis financiera y de deuda de 2008 y que también está sufriendo más la recesión de la pandemia, por el gran peso del turismo y los servicios, donde los jóvenes tienen un mayor peso que los adultos. Esto, más los recortes de la última década y el menor gasto en políticas sociales y formación, explican que la generación de las 2 crisis, los nacidos entre 1985 y 1995, vivan ahora “peor que sus padres”, según el estudio de Esade y la Fundación Naumann. Estiman que esta generación ha perdido entre 1.000 y 2.000 euros de ingresos al año y que al llegar a los 33 años, han conseguido unos 13.000 euros menos de patrimonio que sus padres. Y esto les provoca no poder comprar una vivienda, emanciparse ni formar una familia.

Pero, ojo, el estudio revela que esto ha sucedido con los jóvenes del sur de Europa, en concreto los jóvenes de España, Italia y Portugal, donde la generación post crisis (nacidos entre 1985 y 1995) “vive peor que sus padres”. Pero en Alemania (y la Europa del norte) no ha pasado esto: la generación post crisis alemana (los jóvenes de 26 a 36 años) “vive mejor que sus padres” (igual que sus padres vivían mejor que sus abuelos): han conseguido acumular un patrimonio 40.000 euros mayor que sus progenitores. Y eso, porque sufrieron menos la crisis financiera y de deuda de 2008-2013, no les alcanzaron los ajustes y tienen una economía robusta y más saneada que ha aguantado mejor la pandemia.

El estudio revela con múltiples datos que la generación post-crisis (nacidos 1985-1995) de la Europa del sur tiene unas menores tasas de empleo y menores ingresos que la generación anterior pre-crisis (nacidos entre 1975 y 1984), que tienen menos patrimonio acumulado, menos viviendas en propiedad y más dependencia del alquiler, tardan más en emanciparse y formar una familia, lo que provoca una fuerte caída de la natalidad. Y este retraso en el nivel de empleo e ingresos no lo recuperan, frente a la generación pre-crisis, hasta los 33 años, lo que les retrasa construir su proyecto vital. Y más entre los jóvenes con menos formación.

Esta lamentable situación de la generación post-crisis en el sur de Europa explica muchas cosas, según detalla el estudio. La primera que estos jóvenes, pasados por “la trituradora” de dos graves crisis, tienen una percepción muy pesimista de las oportunidades que les ofrece la sociedad, al contrario que sus padres y abuelos, que confiaban en vivir cada vez mejor. La percepción sobre las oportunidades de trabajo que tienen por delante es de 5 sobre 10 en España y Portugal y de 4,1 en Italia, frente a 7 puntos en Alemania. Y eso nos lleva al siguiente punto que refleja el estudio, asentado en encuestas a jóvenes europeos post-crisis: creen que tienen una falta de oportunidades, están insatisfechos con la democracia (en España le dan una nota de 4,75 sobre 10, frente al 4,1 que puntúan italianos y portugueses) y defienden una mayor redistribución, para no ser “los paganos de todas las crisis”.

Esta ruptura del gran pacto político económico y social europeo de postguerra (“vivir mejor que nuestros padres”) ha provocado también una ruptura del mapa político europeo, del bipartidismo tradicional (democristianos y socialdemócratas, “aderezados” con liberales), alejando a los jóvenes post-crisis de la política y acercándoles a nuevas opciones políticas, ligadas al populismo y la extrema derecha, según revela el estudio. Sólo Portugal se salva de la ruptura del viejo sistema institucional, mientras Italia sufrió una primera ruptura en los años 90 (con Berlusconi y Matteo Renzi) que se ha agravado en la pasada década (con la irrupción de la Liga norte, de extrema derecha, y el Movimiento populista 5 estrellas). Y donde se ha puesto más en cuestión tras las dos crisis el viejo consenso institucional, según el estudio, ha sido en Grecia (irrupción de la izquierdista Syriza y la ultraderecha de Amanecer Dorado) y en España, con la irrupción de Podemos (2011) y Vox (2013). Partidos radicales a los que votan más los jóvenes de la generación post-crisis que la generación pre-crisis, según el estudio.

Hasta aquí, el tremendo panorama de una generación (1985-1995) que ha sufrido dos graves crisis, que trata de sobrevivir en la treintena. Pero ahora, tenemos delante otro problema: la falta de oportunidades de la generación siguiente, los nacidos entre 1995 y 2005. Y sus perspectivas son aún peores, según revela un reciente informe del Banco de España. Tienen un serio problema educativo (con un 29% de alumnos repetidores, una tasa de abandono escolar del 16% y un sistema educativo que no les forma para trabajar) y un grave problema de inserción en el mercado laboral (les resulta muy difícil trabajar en lo suyo) y de precariedad en el empleo (54% con contrato temporal). La consecuencia es que hay un 36% de jóvenes sin ingresos (frente al 19,5% en toda la población) y los sueldos de los que trabajan apenas llegan a los 1.000 euros, con lo que se repite el drama de la generación anterior: no pueden acceder a una vivienda, viven con sus padres (a los 26 años, el 87%) y no pueden pensar en formar una familia ni tener hijos (la natalidad cayó un 20% en enero de 2021).

Y además de cargar con este negro presente, el informe del Banco de España les augura un futuro muy gris, porque esta última generación de jóvenes va a tener que afrontar el pago de la deuda pública que les dejamos en herencia tras dos crisis, 1,5 billones de euros (120% del PIB), cuyos intereses y principal tendrán que pagar en los próximos 30 años, con sus impuestos. Y otra hipoteca más: tendrán que pagar las pensiones a los 15 millones de jubilados que tendrá España en 2050, sin saber qué pasará con las suyas. Y además, los salarios de la “generación millenials” (16-36 años) se verán lastrados a la baja durante los próximos 15 años, aunque la economía se recupere, según otro informe de Fedea.

Por eso, el Banco de España y muchos expertos coinciden en que hace falta un pacto generacional, para repartir mejor los costes de estas dos crisis y para dar más oportunidades a los jóvenes en la esperada recuperación, ya que en la anterior se beneficiaron más los más adultos y mayores. El informe de ESADE y la Fundación Naumann propone cuatro vías de actuación. Una, reorientar el Estado del Bienestar y las ayudas sociales, para mejorar la formación, la empleabilidad, la vivienda y la emancipación de los jóvenes. Dos, una política laboral que no les precarice. Tres, garantizarles la posibilidad de formar una familia, facilitando el trabajo de las mujeres jóvenes. Y cuatro, garantizar un sistema de protección social sostenible, que garantice las pensiones sin desatender a los jóvenes.

La pandemia podría ser una oportunidad para volver al pacto político, económico y social de la postguerra en Europa, para garantizar que las futuras generaciones “viven mejor que sus padres”. Una vía es destinar gran parte de los Fondos europeos a garantizar la formación, el empleo y las condiciones de vida de los jóvenes, sobre todo en la Europa del sur. De momento, el Plan de recuperación propuesto por España incluye gastar 765 millones en tres años (2021-2023) en un programa de empleo joven, un programa de primer trabajo en la Administración pública y un programa para el empleo de jóvenes investigadores. Y además, seguir con la Garantía Juvenil en 2021-2027 (ofrecer formación o empleo) y darles prioridad en las reformas de las políticas de empleo y en la modernización y digitalización de la economía.

Es un comienzo para intentar revertir una situación que viene de lejos y que debería darnos vergüenza como sociedad. Se ha medio perdido una generación (1985-1995) y no podemos permitir una nueva “generación perdida” (1995-2005). Tenemos que poner a estos jóvenes en el centro de nuestras prioridades económicas y sociales, en el centro de todas las políticas públicas. Sólo así podrán integrarse en la democracia y ayudarnos a construir un país con futuro. Hay que volcarse con nuestros hijos y nietos.

jueves, 13 de mayo de 2021

La pandemia dispara el juego online

La pandemia nos tiene más tiempo en casa y más “enganchados” a Internet. Así, mucha más gente juega online, más tiempo, batiéndose en 2020 todos los récords: 1,5 millones de jugadores activos que gastaron 21.600 millones de euros (2,46 millones cada hora), el doble que en 2016 y cuatro veces lo jugado en 2013. La “gasolina” de este furor por apostar online no es solo el aburrimiento: las empresas del juego se gastaron en publicidad, patrocinio y bonos 462 millones de euros, un 24% más y el doble que en 2017. Y eso, porque este año entran en vigor las limitaciones aprobadas por el Gobierno a la publicidad del juego, como tienen el alcohol y el tabaco. Más restricciones porque crece la ludopatía y el 40% de los nuevos jugadores tienen de 18 a 24 años. Ahora, la siguiente batalla es frenar el crecimiento de los salones de juego y locales de apuestas, que se multiplican por los barrios. Ojo a la epidemia del juego.

Enrique Ortega

La pandemia, con el confinamiento y la limitación de la movilidad, ha frenado la economía y también el juego presencial, en casinos, bingos, salones y máquinas en bares: en 2020 se habrá jugado en estos locales la mitad que en 2019 (cuando se jugaron 35.665 millones de euros), según la estimación de CEJUEGO y la Universidad Carlos III de Madrid. En contrapartida, los españoles han jugado más en casa, a través de Internet: el juego online acaparó 21.600 millones en 2020, según la Dirección General del Juego, lo que supone que el juego online habrá superado al juego presencial el año pasado, cuando en 2019 suponía sólo la mitad del juego que se hacía en locales.

El juego online fue legalizado en España en junio de 2012 y desde entonces se ha disparado, saltando de los 5.673 millones jugados en 2013 a los 10.883 en 2016 a los 18.778 millones jugados en 2019. Pero el salto ha sido aún mayor en 2020, el año de la pandemia, que cerró con 21.600 millones jugados (+15%), lo que supone que se han apostado online 59,17 millones de euros cada día (y 2,46 millones por hora), según los últimos datos de la Dirección General del Juego. Lo llamativo es que se ha jugado más trimestre a trimestre, pero sobre todo a final de año, en el 4º trimestre de 2020: se jugaron 6.651 millones de euros, un 33,6% más que en las Navidades de 2019 y un récord histórico.

Casi la mitad de las apuestas online (11.622 millones) se hicieron en juegos de casino online (los que más crecieron, un +23,5%), seguidos de las apuestas deportivas (7.034,5 millones), que cayeron (-0,5%) por la suspensión de partidos y el cierre de estadios, el póquer online (2.818 millones, +28,4%), el bingo online (114,4 millones, +19%) y los concursos (10,29 millones, +186%), según la Dirección General del Juego.  Este tirón del juego online ha aumentado el negocio de las 79 empresas de apuestas autorizadas, controlado por unas pocas multinacionales (la mayoría británicas): su margen bruto (lo jugado-premios) fue de 850,75 millones en 2020, un 25% más que en 2019 y el doble de lo que ganaban en 2016 (426 millones). El grueso de su beneficio lo consiguen con las apuestas deportivas (365,11 millones) y el casino (350,8 millones), seguido de lejos por el póquer online (110,3 millones).

A finales del año 2.000 había 1.481.804 jugadores online activos (que juegan al menos una vez al mes), 114.000 más que el año anterior, jugadores que tienen más de una cuenta, porque había casi 3 millones de cuentas de juego online  activas, el doble que en 2015. El perfil del jugador online es hombre (83,52%), joven (50%), de clase media y media alta y que sobre todo hace apuestas deportivas, básicamente sobre los partidos de fútbol. De hecho, la Liga española se ha convertido en la competición europea que más apuestas online concentra, por delante de la Premier británica, la Bundesliga, la Ligue 1 francesa o la Serie A italiana. Volviendo a los jugadores online, el gasto medio en apuestas es de 513 euros al año, siendo de 797 euros entre los jugadores de 36 a 45 años. El 75% de los jugadores acaban perdiendo, la mayoría entre 0 y 100 euros (el 40%), aunque un 4,9% pierden más de 3.000 euros.

La “gasolina” de todo este auge del juego online no es sólo el ocio o el aburrimiento por estar medio confinados por la pandemia y nuestro “enganche” a Internet. El tirón del juego online se explica sobre todo por el enorme gasto en publicidad y marketing que llevan haciendo las empresas del sector en los últimos años: pasaron de invertir 111,43 millones en 2013 a 371,97 millones en 2019. Pero en 2020, en plena pandemia, todavía gastaron un 24,23% más: 462,12 millones, repartidos entre publicidad del juego en TV, radio, prensa y webs (199,70 millones), patrocinios (26,64 millones), bonos gratuitos para atraer a nuevos jugadores (se gastaron 197,26 millones) y marketing de afiliación (38,54 millones), que es cuando un afiliado promociona el juego a cambio de una comisión por venta realizada. De hecho, en el último año, el sector del juego fue el 10º que más gastó en publicidad, según Infoadex.

Las empresas del juego online, sobre todo las multinacionales, “echaron el resto” en el gasto publicitario en 2020, sobre todo a partir del verano, porque se les acababa la posibilidad de gastar tanto en publicidad. Y eso, porque el 3 de noviembre pasado, el Gobierno aprobó el real decreto 958/2020 que limitaba la publicidad del juego online, como hace años se hizo con el alcohol o el tabaco. La nueva normativa restringe esta publicidad del juego online a un horario limitado, de 1 a 5 de la madrugada, con lo que ya no nos bombardearán con anuncios de juego en medio de las retransmisiones futbolísticas o deportivas. Se prohíbe también hacer publicidad de los bonos de captación, aunque los podrán seguir ofreciendo (hasta 100 euros). Y además, se prohíben los anuncios de juego a los famosos o “influencers”. Y que las empresas del juego patrocinen estadios o camisetas de fútbol. Como cuestión de fondo, se exige que los futuros anuncios sean “neutros” y no inciten al juego.

Estas limitaciones en la publicidad del juego tienen unas fechas de entrada en vigor, que las empresas han aprovechado para volcar su publicidad a finales de 2020. Desde el 4 de noviembre pasado no pueden hacerse nuevos contratos de publicidad, pero se permite hacerla en los contratos en vigor. Y la prohibición de anuncios de famosos entró en vigor el pasado 1 de abril, iniciándose el resto de limitaciones el 1 de mayo, salvo los patrocinios deportivos, que se permiten hasta el 30 de agosto. Una decisión que va a afectar mucho a los equipos de fútbol la próxima temporada, porque 32 de los 42 equipos de 1ª (todos, salvo la Real Sociedad) y 2ª División tienen algún operador de juego como patrocinador, con lo que podrían dejar de ingresar hasta 90 millones la próxima temporada. Y la publicidad del juego es clave para muchos medios (TV, radios, webs), que han intentado retrasar las limitaciones presentando un recurso ante el Supremo, que ha rechazado su petición, con lo que la mayoría de las limitaciones a la publicidad del juego están en vigor desde el 1 de mayo.

La principal justificación del Gobierno para limitar la publicidad del juego es el auge de la “ludopatía” (hay 400.000 enfermos adictos al juego en España, según los estudios de la Dirección General del Juego) y, sobre todo, el aumento del juego online entre los jóvenes de 18 a 25 años: eran el 28% de los nuevos jugadores y subieron al 40% en 2019, según el nuevo director general del juego. Y los médicos y ONGs que tratan la ludopatía aseguran que cada vez les llegan personas más jóvenes, incluso menores de edad.

La preocupación por el juego no se limita al juego online sino también al auge de los salones de juego y las oficinas de apuestas presenciales, que se han multiplicado en los últimos años en los barrios de las grandes ciudades, sobre todo en zonas de rentas bajas y próximos a colegios e institutos, para atraer a los jóvenes como “los nuevos billares”. Empezando por los salones de juego (donde hay máquinas sofisticadas para jugar y donde también pueden hacerse apuestas deportivas), se ha pasado de 2.362 salones en 2013 a 3.752 salones en 2019, según el último informe de CEJUEGO y la Universidad Carlos III. El mayor número de salones se concentra en Andalucía (870), Comunidad Valenciana (515), Madrid (481), Murcia (347), Canarias (270) y País Vasco (210). Hay 1 salón por cada 12.324 habitantes, aunque se concentran mucho más (1 por 4.305 habitantes) en Murcia, Melilla, Baleares, Canarias, Andalucía, La Rioja, País Vasco y Valencia, teniendo poca presencia en Cataluña (están limitados), Asturias, Castilla y León, Galicia y Cantabria.

Los salones de juego tuvieron 63,6 millones de visitas en 2019, con 14,4 euros de media por visita, un negocio que movió 4.764 millones de gasto, de los que 704 millones fue beneficio neto para las numerosas empresas dueñas de estos salones, muchas ligadas a fabricantes y dueños de máquinas tragaperras (hay 41.699 instaladas), en las que se juegan 300 euros de media al día (de los que 48 euros son beneficios). Los salones es un sector muy fragmentado, con decenas de pymes, donde hay 8 grandes cadenas de ámbito nacional que rondan los 100 salones cada una pero que sólo controlan el 5% del mercado: Orenes (302 salones), Joker (185), Toka (178), Novomatic, con Nevada y Royal Crown (100), Velisa, con Casino Park, Allea y Vall Park (47), Conei, con 500 Games y Winnit (55) y Vid, con Pause&Play (26 salones), según el último informe de CEJUEGO.

Muchas cadenas de salones de juego son desconocidas porque los clientes sólo ven el nombre de las gestoras de apuestas deportivas que están asociadas a estos locales, como Sportium (gestiona 2.500 locales), Codere apuestas (1.000) o Reta (500 locales). El negocio de los locales de apuestas deportivas es complementario al de los salones: existe una red de 14.000 locales y 24.000 máquinas, concentradas en Galicia, Navarra, la Rioja, Comunidad Valenciana y Ceuta. En 2019, visitaron estos locales de apuestas 1,3 millones de personas, con una apuesta media de 25 euros al mes. Un negocio que supuso para las empresas de juego unos ingresos netos de 347,5 millones de euros, según CEJUEGO.

Estos dos tipos de juego, los salones y los locales de apuestas los gestionan las autonomías, mientras el juego online lo regula el Gobierno central. Pero hay una gran dispersión en la normativa, con autonomías más “permisivas” al juego y otras más “restrictivas”, por lo que el ministro de Consumo, de quien depende ahora el juego (antes dependía de Hacienda) ya ha propuesto a las autonomías reunirse para crear un marco legal más homogéneo para este juego presencial, tratando de frenar la apertura de salones y locales porque son un peligro para los jóvenes. De momento, la Comunidad Valenciana aprobó en mayo de 2020 (con la oposición del PP y Ciudadanos) una Ley del juego que prohíbe la apertura de salones a menos de 850 metros de los colegios e institutos. Y el Ayuntamiento de Barcelona acaba de aprobar en abril una norma muy restrictiva que en la práctica impedirá abrir nuevos salones o locales de apuestas, algo que estudian otros municipios, en Baleares, Cádiz o Málaga (donde la Junta de Andalucía trata de impedirlo).

El Gobierno estudia también posibles aumentos en la fiscalidad del juego, después de un acuerdo alcanzado en diciembre pasado por el PSOE, Podemos y ERC para promover una posible subida en el Consejo de Políticas de Juego. Y se trabaja también en lanzar Campañas públicas para concienciar de los peligros del juego, sobre todo a los jóvenes. Y más tras el último estudio de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), presentado en abril, que alerta de que “el juego online se ha convertido en la principal causa de ludopatía entre los menores de 26 años”, añadiendo el peligro de la concentración de jóvenes en los salones de juego (el 74%) y locales de apuestas (63% son jóvenes). Y advierten de un peligro del que poco se habla: lasdemos de juego, una oportunidad que se da en algunas webs de jugar sin dinero real, sin necesidad de registrarse, lo que puede “crear habito”. Y otra vía encubierta (y no regulada) son algunos videojuegos, que ofrecen “loot boxes” (“cajas botín”) pequeñas compras durante el juego, a modo de incentivo, a las que tienen acceso los menores y que también pueden crear adicción entre los jóvenes.

Al final, el juego (online o presencial) acaba no siendo un juego sino una enfermedad que destroza a los ludópatas y sus familias. Primero fueron las tragaperras para los mayores y ahora es el juego online para los jóvenes, según las ONGs de rehabilitación y los médicos. Y lo preocupante es que esta creciente adicción (algunos hablan de “la heroína online”) choca con una falta de medios en la sanidad pública, tanto en los Centros de salud (no hay especialistas) como en los hospitales, donde sólo hay 3 unidades especializadas contra la ludopatía en toda España. Por eso, parece razonable una subida de la fiscalidad al juego para destinar los nuevos ingresos a tener más medios para prevenir y curar la ludopatía. Bastantes problemas tienen los jóvenes para que además se enganchen al juego. Hay que controlar la publicidad y el juego antes que sea una pandemia. Ya.

lunes, 10 de mayo de 2021

Acaba el estado de alarma, no el virus

Los contagios por COVID-19 llevan 13 días bajando, muy despacio, tras tocar techo la 4ª ola el 26 de abril. Pero todavía tenemos un “riesgo alto” de contagios (198,6 por 100.000 habitantes), con 7 regiones en riesgo “extremo”, las UCIs colapsadas en 6 regiones y demasiados muertos (86 diarios, 160 el jueves). Así que no estamos en la mejor situación para afrontar el fin del estado de alarma este domingo: cuando salimos del confinamiento, el 21 de junio, teníamos 8 contagios/100.000 habitantes, 5 nuevos enfermos semanales en las UCIs y 2 muertos diarios. Pero el Gobierno se ha negado a prorrogarlo y las autonomías levantan restricciones: libre circulación por toda España y toque de queda en sólo 4 autonomías. Se “abre la mano” casi del todo, con el virus muy activo y sólo 28% de españoles vacunados. Impresionan las fiestas y botellones de la madrugada del domingo... Repetimos los errores del pasado: hay riesgo de una 5ª ola, que impida el turismo y la recuperación. Seamos cautos.

Enrique Ortega

La pandemia sigue con un elevado nivel de contagios en el mundo (845.000 diarios), aunque algo menor que los máximos de abril. Hoy, se contabilizan 157.960.048 contagios en 192 paises, según  las estadísticas de la Universidad Johns Hopkins. El epicentro de la pandemia sigue en América (63.350-112 contagiados), seguido de Europa (52.843.731) y a más distancia el Sudeste asiático (25.552.640), este del Mediterráneo (9.428.010), África (3.357.846) y el Pacífico (2.596.033 contagiados), según la OMS. Por países, sigue liderando los contagios Estados Unidos (32.707.641), pero se han disparado en la India (22.296.414), que sufre más de 400.000 nuevos contagios diarios (la mitad de los de todo el mundo). Les siguen Brasil (15.184.790), Francia (5.838.294), Turquía (5.031.332), Rusia (4.824.621), Reino Unido (4.450.578), Italia (4.111.210), España (3.567.408 contagiados) y Alemania (3.530.887).

Los muertos por la pandemia también siguen creciendo, por encima de los 14.000 diarios, como a finales de abril y la peor mortalidad desde febrero. En total son ya 3.289.097 muertos hasta hoy por la COVID-19, según la Universidad Johns Hopkins. Casi la mitad de todos los muertos los ha sumado América (1.551.603 fallecidos), seguida de Europa (1.104.410) y el sudeste asiático (309.197), según la OMS. Por paises, destacan EEUU (581.754 muertes), Brasil (422.340) y la India (242.362 muertos), que roza los 4.000 muertos diarios (casi un tercio de todos los del mundo). Les siguen México (218.985 muertos), Reino Unido (127.865), Italia (122.833), Rusia (111.425), Francia (106.553), Alemania (84.844) y España (78.792 muertos). Ocupamos el puesto 18º en el ranking mundial de muertos por 100.000 habitantes (tenemos 165), encabezado por Hungría (289) y otros 12 paises europeos, entre ellos Italia (202) y Reino Unido (192), y seguidos por EEUU (177) y México (172).

En Europa, han descendido los contagios durante las dos últimas semanas en casi todos los paises, con una media de 380 contagios por 100.000 habitantes (en los últimos 14 días). Sólo tienen una baja incidencia Reino Unido (45,2 contagios por 100.000 habitantes), porque tiene vacunados ya al 60% de los adultos, Portugal (54,3 contagios por 100.000), Rumanía (111,9) e Irlanda (130) .Y les sigue España, con 198,6 contagios por 100.000 habitantes el viernes 7 de mayo. Están peor  Alemania (297) e Italia (267) y sobre todo Francia (477 contagios por 100.000 habitantes, 30% menos que hace dos semanas), según los últimos datos de Sanidad. Y tienen un alto nivel de contagios Suecia (696), Paises Bajos (611), Bélgica (380), Suiza (293), Austria (291) República Checa (268) y Polonia (229 por 100.000 habitantes).

España lleva 13 días rebajando la cifra de nuevos contagios, desde que el 26 de abril se alcanzó el techo de esta 4ª ola (con 235,59 contagios). Las rebajas diarias han sido muy pequeñas y el viernes 7 de mayo bajamos a 198,6 contagios por 100.000 habitantes (últimos 14 días), todavía muy por encima del suelo con el que acabó la 3ª ola (127,80 contagios el 16 de marzo. Y la situación es muy desigual por autonomías, según los datos de Sanidad. Hay 7 regiones en situación de “riesgo extremo” (más de 250 contagios): País Vasco (447,5), Madrid (317,5), La Rioja (297), Navarra (296),  Melilla (295), Aragón (293,8) y Cataluña (251). Y otras 4  autonomías con “riesgo alto” (150-200 contagios): Cantabria (231,26), Castilla la Mancha (202,5),  Andalucía (191,7) y Castilla y León (170). En “riesgo medio” (50-150 contagios) están 7 regiones: Asturias (111,7), Extremadura (94,2), Galicia (93,7), Canarias (90,7), Ceuta (84,3), Murcia (69,4) y Baleares (60,4). Y sólo tiene un nivel “bajo” de contagios (25-50) la Comunidad Valenciana (40,5).

España está realizando muchas pruebas para detectar contagios (567.168 PCRs y 280.569 test de antígenos la última semana), con una media de 820 pruebas por 1.000 habitantes, que es menor en Castilla la Mancha (587), Andalucía (594), o Madrid (996) y mucho más alta en Navarra (1.281 pruebas/1.000 habitantes), País Vasco (1.250), la Rioja (1.176) o Cataluña (1.110), que detectan más contagios porque hacen más pruebas. El porcentaje  de positivos baja (del 7,46% hace dos semanas a 6,48% el viernes 7), aunque sigue por encima del 5% que estipulan los expertos para tener controlada la transmisión. Y tiene un “riesgo alto” de positivos (+ del 10%) Aragón (11,85%), rozándolo Castilla la Mancha (9,37%) y Madrid (9,18%), según Sanidad.  El problema que persiste es que no se rastrean bien los contagios, por falta de personal: sólo se detectan 2 contactos por caso (4 en Euskadi), cuando debían ser entre 6 y 7, según los expertos. Y además, se conoce poco el origen (su  trazabilidad): se desconoce el origen del 34,7% de los contagios (el 64,3% en Cataluña, el 45,5% en Baleares y el 25,1 % en Madrid, frente a sólo el 7,7% de casos sin origen conocido en el País Vasco, el 10,2% en Asturias o el  16,9% en Canarias), según Sanidad.

El problema más preocupante de esta 4ª ola sigue siendo elevadas las hospitalizaciones y los ingresos en UCIs. Las hospitalizaciones han bajado de 9.989 (23 abril) a 8.605 el viernes 7 de mayo, un 6,85% de camas ocupadas con enfermos COVID, un “riesgo medio” (5-10% de ocupación COVID), según Sanidad. Pero hay un “riesgo alto” de ocupación (10-15%) en Madrid (14,13% camas ocupadas por enfermos COVID), el País Vasco (13,68%%), Ceuta (10,61%) y Melilla (10,44%. En el otro extremo, no hay problema en los hospitales de la Comunidad Valenciana (1,54% de camas COVID), Extremadura (1,63%), Murcia (1,70%) y Baleares (1,76%), teniendo un “riesgo bajo” (2-5%) las 11 regiones restantes.

En  las UCIs está la situación más preocupante, aunque hay menos camas ocupadas: se  baja de 2.297 pacientes (23 abril) a 2.183  el viernes 7 de mayo, con una ocupación media del 21,85% (“riesgo alto”). Y se detecta que los pacientes COVID en las UCIS son más jóvenes  (entre 35 y 55 años) y tienen cuadros más agudos, empeoran rápido y exigen largas estancias, quizás porque la variante británica supera el 70% de los nuevos contagios (y más del 90% en 10 autonomías, según Sanidad).  Lo más preocupante son las 7 regiones con “riesgo extremo” (+25%) en la ocupación de UCIS: Madrid (42,23%), País Vasco (39,96%), La Rioja (33,96%) Cataluña (33,68%), Ceuta (35,29%), Aragón (32,17%) y Castilla y León (25,19%), según Sanidad. Y otras 5 autonomías tienen “riesgo alto” en las UCIs (15-25% ocupación): Castilla la Mancha (24,59%), Cantabria (22,03%), Navarra (18,98%), Andalucía (17,20%) y  Canarias (15,30%. Sólo Extremadura (4,78%) tiene “normalidaden las UCIS, mientras las 6 autonomías restantes tienen un “riesgo bajo” (5-10% ocupación).

Y al final están las muertes, que se estabilizan: en las últimas 2 semanas (23 abril-7 mayo) se han producido 1.201 muertes por COVID-19, casi como la quincena anterior (1.263 muertes)  y  la mitad que a mediados de marzo (2.752 muertes), según Sanidad. Pero son una media de casi 86 muertos diarios, una barbaridad (hubo 160 muertos el jueves 6). Este estancamiento de la mortalidad  se debe a la vacunación en las residencias, que ha permitido bajar drásticamente la mortalidad: de 790 fallecidos a la semana a principios de enero a 7 muertos en la última  semana de abril, según Sanidad. También es clave haber vacunado a muchos mayores de 60 años. Las autonomías con más muertes por COVID-19 en las dos últimas semanas son  Cataluña (+365), Madrid (+182), Andalucía (+172) y el País Vasco (+150), mientras sólo hubo 1 muerto por COVID la pasada semana en Cantabria y Baleares.

Tras este balance de contagios, positivos, hospitalizados y camas UCI, los 4 indicadores que vigila Sanidad, el Ministerio resume así (ver mapas) la situación de la pandemia con datos al 6 de mayo: hay 5 autonomías en situación de “riesgo extremo”, en alerta 4 (Madrid, País Vasco, la Rioja, Aragón y  Cataluña), más las provincias de Guadalajara, Toledo y Granada. En alerta 3 hay 6  autonomías: Andalucía, Navarra, Cantabria, Castilla la Mancha, Castilla y León y Melilla. Y al otro extremo, en alerta 1 (la mejor situación), están otras 5 regiones: Comunidad Valenciana, Baleares, Galicia, Murcia y Extremadura, más Teruel, Cuenca y Málaga. Y quedan Asturias, Canarias y Ceuta en alerta 2.

Ahora, todo apunta a que el ritmo de nuevos contagios será menor, aunque preocupa la generalización de la variable británica (su contagio multiplica por 1,7 las posibilidades de ser hospitalizado y por 2,3 el riesgo de ingresar en la UCI, según el Centro europeo de prevención de enfermedades) y la llegada de la variante india (con tres mutaciones), que “puede ser más contagiosa y resistente a las vacunas”, según la OMS. La clave va a seguir estando en las vacunaciones, que se han acelerado en los últimos días (con varios récords de pinchazos, por encima del medio millón diario. De momento, se han aplicado ya (datos del 6 de mayo) un total de 19,04 millones de dosis (el 90,3% de las vacunas recibidas), que han servido para aplicar una dosis a 13.271.511 personas (el 28% de la población) y las dos dosis a 5.956.451 personas (el 12,6%) de los españoles. Es muy importante que el 97% de los mayores de 80 años tengan las dos dosis, aunque van retrasados los de 70 a 79 (90% tienen 1 dosis y sólo 38% tienen las 2) y los de 60 a 69 años (69% tienen las dos dosis y sólo 6,4% tienen las 2).

La clave ahora es completar la vacunación de los que tienen entre 45 y 60 años (10,92 millones de personas) y qué vacuna aplicarles a los que ya tienen una 1ª dosis de AstraZeneca. Y aprobar el Plan de vacunación del resto de adultos, esos 15,65 millones de personas que tienen entre 18 y 45 años. Son más de 38 millones de pinchazos pendientes. Y sólo tenemos 8 semanas para finales de junio.  La estrategia “más lógica”, que defienden muchos epidemiólogos sería completar con 2 dosis la vacunación de todos los mayores de 60 años e intentar pinchar 1 dosis a todos los que tienen entre 45 y 60 años para finales de junio, cuando empiezan las vacaciones de verano. Eso serían unos 14 millones de pinchazos pendientes en 56 días (incluidos sábados, domingos y festivos), lo que supone una media de 250.000 pinchados diarios (1.750.000 semanales), algo posible. Si lo que se pretende es inyectar las 2 dosis a todos, no llegaremos hasta agosto. Y no podemos olvidar la vacunación de los jóvenes menores de 18 años, al menos con una dosis.

La vacunación sigue siendo la clave, pero ahora la mayor incertidumbre es el final del estado de alarma, este domingo 9 de mayo. Los epidemiólogos temen un repunte de contagios, al multiplicarse la movilidad (ver cómo queda por autonomías). De hecho, ya es posible desplazarse libremente por toda España, expandir el virus de las autonomías con contagio “extremo (País Vasco, Madrid, La Rioja, Aragón y Cataluña) a otras con un nivel mínimo (la Comunidad Valenciana) o bajo (Baleares, Murcia, Canarias, Extremadura o Galicia). Y sólo 4 autonomías (Navarra, Comunidad Valenciana, Baleares y Canarias) mantienen toques de queda (de 11 o 12 noche a 6 de la mañana), mientras el tribunal autonómico se lo ha rechazado al País Vasco, y Canarias que dependen ahora del Supremo (14 días mínimo para la decisión final). Y los jueces son los que autorizan las demás restricciones sobre aforos y reuniones, todas más “laxas” que las actuales.

Parece que no hemos aprendido  nada y volvemos a “abrir la mano”, como en junio pasado,  en Navidad o Semana Santa, lo que nos ha dejado ya 4 olas de contagios. El problema ahora es que “estamos peor” que el 21 de junio de 2020, cuando terminó el confinamiento y todo el mundo se olvidó del COVID en el verano y después. Los datos son muy explícitos: el 21 de junio teníamos una incidencia de 8,08 contagios por 100.000 habitantes y hoy son 198,6 contagios. En esa fecha teníamos 99 nuevos hospitalizados a la semana y 5 nuevos pacientes en las UCIS, mientras hoy hospitales y UCIS están saturados. Y el 21 de junio murieron 2 personas en España por COVID frente a 66 el viernes 7 de mayo… Como para “abrir la mano” y permitir una “casi normal movilidad”, como si el virus no existiera. Los epidemiólogos han vuelto a alertar: el virus sigue ahí y puede llegar una 5ª ola. Sobre todo con imágenes como las de la madrugada del domingo, con fiestas y botellones sin control en toda España. No hemos aprendido nada...

Las vacunas nos ayudan mucho, pero no olvidemos que sólo un 28% de españoles tienen 1 dosis de la vacuna y que un 72% corren todavía el riesgo de contagiarse y morir. Y si repuntan los contagios, corren riesgo la salud y la economía. No olvidemos que las últimas 2 olas de contagios han acarreado la 2ª recesión en Europa en un año: la economía de la UE-27 cayó un -0,4% en el primer trimestre de 2021 (tras caer un -0,5% en el 4º trimestre de 2020), con lo que se repite la recesión provocada en el primer trimestre (PIB cayó -3,3%) y en el 2º de 2020 (-11,2%), según Eurostat. Lo más preocupante es que cayó este primer trimestre de 2021 la economía de Alemania (-1,7%), Italia (-0,4%) y Portugal (-3,3%), así como la de España (-0,5%), que no cayó en el último trimestre de 2020 (+0% el PIB), por los “excesos” de la Navidad. Una recesión en Europa que pide a gritos “acelerar” la llegada de los Fondos europeos a los paises, que no llegarán hasta julio o agosto y en cantidades mínimas (9.000 millones a España), mientras EEUU ha inyectado ya más de 4 billones de dólares y crece ya más que antes de la pandemia (+6,4% el primer trimestre), como China (+18,3%).

Así que corremos el riesgo de una 5ª ola con Europa en recesión y España decreciendo. Si repuntan los contagios, obligaría a tomar medidas más restrictivas a finales de mayo, cuando habría que abrir el país al turismo extranjero, la clave para recuperar la economía en lo que queda de año. Así que deberíamos ser cautos y restringir la movilidad y los contactos hasta que no haya más vacunados, por la salud y por la economía. Por esos casi 4 millones de parados y los 638.000 trabajadores que esperan en un ERTE. Y sobre todo por los 92 muertos diarios que todavía provoca la COVID. Dar un paso atrás en la lucha contra el virus, que sigue ahí, sería un error imperdonable. Cuídate.

 

jueves, 6 de mayo de 2021

Banca: despidos escandalosos

En plena pandemia, mientras la mayoría de empresas tratan de salvar sus empleos, los grandes bancos españoles planean despedir este año a 21.000 empleados, el 11,2% de su plantilla. Y no es por la actual crisis (ya tienen beneficios), sino por el ajuste del negocio y las fusiones que el Gobierno apoyó, aunque ahora critique los despidos. Y los sindicatos (que han pactado otros 100.000 despidos antes) amenazan con movilizaciones porque ahora les bajan las indemnizaciones… El problema de fondo es que la banca tiene que cambiar totalmente su modelo de negocio, ante la competencia de los bancos online y los gigantes de Internet, porque así no sobreviven ni con la cuarta parte de plantilla. Y es un escándalo que despidan en plena crisis, cuando han recibido ayudas públicas y tienen elevados beneficios para repartir dividendos a sus accionistas y pagar sueldos y bonus estratosféricos a sus directivos. Y encima, nos dejan sin servicio en media España y nos “fríen” a comisiones a los clientes. Necesitamos “otra banca”.

Enrique Ortega

Seguimos pagando los platos rotos de la “burbuja financiera” que se creó en España a comienzos de este siglo y que estalló en 2008. A finales del siglo XX y comienzos del XXI, bancos y Cajas se lanzaron a una loca carrera por dar crédito, sobre todo al ladrillo, lo que les permitió conseguir 122.438 millones de euros de beneficios entre 2000 y 2008, el triple que en la década anterior. Para ello, llenaron España de sucursales (de 25.786 en 1980 a 45.707 en septiembre de 2008) y de empleados (pasaron de 226.804 a 276.497 en 2008). Pero entre 2008 y 2010 estalló la burbuja y bancos y Cajas comenzaron los ajustes, cerrando sucursales (18.778 entre 2008 y 2016) y despidiendo personal, año tras año: 9.114 en 2009, 5.994 en 2010, 15.433 en 2011, 11.664 en 2012, 18.339 en 2013 (el récord hasta 2021), 14.297 en 2014, 5.100 en 2015 y 9.574 en 2016. Y no se paró ahí, porque han seguido cerrando sucursales y ajustando plantillas hasta 2019. En total, bancos y Cajas han cerrado 23.073 sucursales (el 50,5%) y despedido 94.922 empleados (el 34%).

Este duro proceso de ajuste, junto a los cierres y absorciones de entidades por la crisis financiera de 2013, les ha permitido mantener un alto nivel de beneficios: 100.604 millones ganados entre 2009 y 2019. Pero cada vez les resulta más difícil ganar más, porque el negocio bancario se ha complicado. Por un lado, apenas hay demanda de crédito, porque empresas y bancos salieron escaldados de endeudarse, y encima los tipos de interés están en el 0%, con lo que su margen bancario se resiente. Y por otro lado, cada vez tienen más competencia, de nuevos financiadores de empresas y particulares,  nuevos bancos online sin estructura que les quitan clientes y los gigantes de Internet (Apple, Google, Amazon, Facebook) y las telecos, que ofrecen servicios financieros. La solución que ven es lanzarse a nuevas fusiones, ganar tamaño para competir mejor. Pero las fusiones tienen un problema: se duplican sucursales y personal: hay que hacer más recortes.

Y así llegamos a 2021, en que hay que ejecutar los despidos y cierres de sucursales derivados de las fusiones anteriores, tras el paréntesis de 2020, por la pandemia. CaixaBank anuncia primero 8.291 despidos (que ahora reduce en 500), el tercer ERE en 2 años, fruto de la absorción de Bankia (culminada en marzo de 2021). Dos días después es BBVA el que anuncia 3.800 despidos (que también reduce luego en 350). Y Santander ya ha negociado el despido de 3.572 empleados más, el tercer ERE en 6 años, esta vez como consecuencia de la absorción en 2018 del Popular. Y quedan los despidos de 1.800 empleados del Sabadell, 750 despidos más de Ibercaja y 2.000 más por la fusión de Unicaja y Liberbank. En total, los expertos creen que habrá 21.000 despidos en la banca este año 2021, lo que supone un 11,5% de sus ya menguadas plantillas (181.575 empleados). Y en paralelo, se cerrarán este año otras 4.000 sucursales más (de las 22.589 que quedaban).

Varios ministros del Gobierno han criticado estos despidos en un año de pandemia, donde “no estamos para despidos”. Pero este Gobierno apoyó con entusiasmo la fusión de CaixaBank con Bankia (y antes la absorción del Popular), aunque sabían que iban a acarrear despidos. Y choca también la crítica de los sindicatos bancarios, que amenazan ahora con “movilizaciones, cuando han pactado antes sin problemas casi 100.000 despidos desde 2008. La diferencia está en que los despidos actuales ofrecen menos indemnizaciones y eso es lo que critican, no los despidos. De hecho, los EREs de la banca han sido “un chollo” para los despedidos, que han disfrutado de condiciones que ya querrían el resto de despedidos: indemnizarles con el 65 al 80 % del sueldo, apuntarse al paro a los 58 y jubilarse anticipadamente a los 63 años. Ahora, Caixabank ofrece bajas indemnizaciones (20 días por año y hasta el 50% del sueldo) y la mitad de los despedidos son menores de 50 años, que no podrán jubilarse anticipadamente. Y además, CaixaBank empeora también las condiciones de los empleados que se quedan: les quita pagas (una curiosa, “por defunción de familiares”), ayudas por natalidad, recorta las mejoras salariales y, sobre todo, reduce la aportación del Plan de pensiones de los empleados. Por eso tanta protesta.

Estos nuevos despidos de los grandes bancos son escandalosos por varias razones. La primera, porque España no está para despidos masivos, con casi 4 millones de parados y una tasa de paro que duplica con creces la europea. Y se fomentan las jubilaciones anticipadas, que quiere penalizar la prometida reforma de las pensiones. Además, no se hacen porque la banca tenga pérdidas. En 2020, el año de mayor recesión económica (-10,8%) desde la guerra civil, todos los grandes bancos tuvieron beneficios (1.361 millones CaixaBank, 230 millones Bankia, 1.305 millones BBVA), salvo el Santander (-8.771), que apuntó pérdidas por una actualización del Fondo de comercio de sus filiales y por provisiones extras. Pero en 2021, los beneficios de la banca se disparan. El Santander los ha multiplicado por 5 en el primer trimestre , mientras BBVA ha ganado 1.210 millones (perdió 1.792 el primer trimestre de 2020). Y lo mismo CaixaBank, que ha multiplicado también por 5 sus beneficios este primer trimestre (+514 frente a +90 el año pasado. Mientras, FACSET prevé que los 7 grandes mejoren un 60% sus beneficios y ganen este año 15.000 millones de euros.

Pero además, estos despidos son un escándalo porque algunos reducen plantilla cuando han recibido ayudas públicas, como CaixaBank, que se queda con una Bankia donde los españoles han puesto 24.000 millones de ayudas públicas (que ya veremos si recuperamos). Y la fusión le permite además a CaixaBank conseguir beneficios fiscales, ahorrarse 7.400 millones en impuestos. Y también conseguirá otros 7.878 millones de beneficios extraordinarios, por el fondo de comercio negativo: la diferencia entre lo que CaixaBank paga y su valor en libros se computará como beneficio contable. Y estas ayudas fiscales y contables han beneficiado también en estos años, de una u otra forma,  a Santander, BBVA o Sabadell, que han absorbido Cajas y bancos en crisis.

Otra razón por la que estos despidos son escandalosos es que la banca los justifica para reducir costes y equilibrar sus cuentas cuando llevan décadas destinando entre un 40 y un 50% del beneficio neto a pagar dividendos a los accionistas, no a reducirlos para reconvertirse y competir mejor. En 2019, repartieron 7.300 millones en dividendos (el 44% del beneficio de 2018), que podrían haber ido a evitar los 5.607 despidos de ese año. En 2020 repartieron menos, unos 2.000 millones, porque el BCE aprobó una recomendación el 27 de marzo para que renunciaran al pago de dividendos y la recompra de acciones, para “garantizar la solvencia y la financiación”. Pero algunas Juntas de accionistas ya lo habían aprobado para esa fecha y así BBVA, Sabadell, Bankia, Abanca, Ibercaja y Cajamar repartieron todo el dividendo en el primer trimestre de 2020 (con cargo a los beneficios 2019). Y sólo Santander y CaixaBank recortaron la cuantía, según el Banco de España. Ahora, tras este lapsus, van a repartir de nuevo dividendos en abril y mayo, un 15% de los beneficios de 2019 y 2020. Sí hay dinero para pagar a los accionistas, no para mantener las plantillas.

La cuarta razón por la que estos despidos bancarios son un escándalo es que contrastan con los sueldos millonarios y los “bonus” (primas) de los directivos bancarios, que están entre los banqueros mejor pagados de Europa (ver cuadro) . Mientras el BBVA despide 3.450 nuevos empleados este año, su presidente ganó 4,09 millones en 2020 (tuvo el detalle de bajarse el sueldo, por la pandemia, desde los 7,28 millones en 2019) y su consejero delegado 3,43 millones (6,19 en 2019), más bonus, acciones y planes de pensiones. Y mientras Caixabank despide a otros 7.791 empleados (y recorta ingresos al resto), su consejero delegado gana 2,83 millones (3,76 millones en 2019) y el nuevo presidente Goirigolzarri (que era el de Bankia) ha triplicado su sueldo (de 500.000 a 1,65 millones). Y lo mismo en el Santander (6,82 millones la presidenta y 6,02 millones el consejero delegado) y en el Sabadell (1,99 y 1,46 millones), sin olvidar los sueldos y bonus de sus ejecutivos.

Y además, el cierre de sucursales (a finales de 2021 habrá 18.500, el 40% de las que había en 2008) y los despidos (habrá 160.500 empleados, el 58% que en 2008) perjudicarán al servicio que se ofrece a la mayoría de los clientes. La patronal bancaria siempre argumenta que España tiene muchas más oficinas que el resto de Europa (1 por 1.700 habitantes frente a 1 por 5.000 en Alemania), pero olvidan decir que aquí hay más dispersión de población. Y que tenemos menos empleados de banca por habitante: 37 por 100.000 habitantes frente a 54 de media en la UE-27. Y además, la reconversión bancaria se ha cebado más en la España rural: la mitad de los municipios españoles (4.114 municipios) no tienen oficina bancaria, según un estudio de IVIE. Y ese dato sube al 80% de los pueblos en 6 provincias (Ávila, Salamanca, Guadalajara, Segovia y Soria), a más del 75% de los municipios en otras tres (Burgos, Valladolid y Zamora) y al 60% de los pueblos en Cuenca o Teruel. Y además, con los últimos cierres y los que habrá en 2021, los más afectados por la falta de sucursales, cajeros y empleados son las grandes ciudades, en especial Madrid y Barcelona.

El ajuste de la banca no sólo nos afecta a los clientes porque nos atienden peor, al contar con menos sucursales y empleados, sino que sobre todo lo notamos en que intentan cobrarnos más comisiones, para compensar lo que no ingresan por créditos e hipotecas. Ya en 2020, los 5 grandes bancos consiguieron 23.666 millones de euros por cobro de comisiones, más de la cuarta parte (un 27,67%) de su margen bruto. Y el Banco de España les anima incluso a seguir subiéndolas, para mantener sus beneficios. Con ello, los 10 principales bancos españoles cobran de media 140 euros al año de comisiones a sus clientes menos vinculados, un coste que varía entre los que más cargan comisiones (Caixa Bank y Santander, una media de 240 euros al año) y el que menos (45 euros de comisiones Bankinter), con 120 euros el Sabadell y otros (ver cuadro con lo que cobran las entidades). Y ahora, con la crisis, BBVA, Santander y CaixaBank han dado “una vuelta de tuerca” a sus clientes, exigiéndoles que contraten más servicios para no cobrarles más comisiones.

Con la crisis financiera y los cierres y despidos de 2013, bancos y Cajas empeoraron su imagen pública ante los clientes: “La reputación de la banca está bajo mínimos. Es un problema muy serio”, dijo en 2015 Gonzalo Gortázar, hoy consejero delegado del mayor banco de España, Caixabank. Y desde entonces, no ha mejorado, con los despidos, cierres y cobro de comisiones. De hecho, “los clientes desconfían más de su banco tras la COVID por el cobro de comisiones”, según un reciente estudio “Emociones de la banca 2021”. Así, tienen aún más difícil competir, sobre todo entre los jóvenes, con los neobancos por Internet (N26, Qonto, Pleo, Vivid…), tarjetas y medios de pago online (PayPal, Vialet, Nickel) , nuevas financieras (hay 403 Fintech), telecos que ofrecen cuentas y créditos (Orange, Movistar) y los grandes de Internet (Google, Amazon, Apple).

El problema de la banca española no es que tenga muchos empleados o sucursales: ni siquiera con la cuarta parte de su plantilla puede afrontar los bajos tipos de interés, la escasa demanda de crédito y el reto tecnológico. No es una cuestión de recortar costes al máximo, sino de recomponer su negocio desde casi cero, repensarlo y diversificarlo totalmente. Y en ese camino, tendrán que reconvertir sus plantillas no suprimirlas (formarlas en otro negocio) y recomponer sus relaciones con los accionistas (el beneficio tendrá que ir a cimentar un nuevo futuro) y el sueldo de sus directivos. Y, sobre todo, el servicio que prestan a los clientes y lo que cobran por ello, en un mundo de servicios low cost y gratuitos. En paralelo, los Gobiernos tendrán que asegurar otros canales de financiación a empresas y particulares, no sólo dejarnos en manos de la banca. Y lo mismo el BCE y el Banco de España: tendrán que asegurar que el dinero (la sangre de la economía) fluye con flexibilidad y sin tanta especulación, con más oferta, no sólo 4 bancos que controlan dos tercios del mercado.

Necesitamos la banca, pero otra banca, más transparente, más eficiente y más justa, volcada en la recuperación y el empleo, no en destruirlo. Y necesitamos otras empresas que compitan con ellos en prestarnos múltiples servicios financieros, pero con más control público que ahora, para que no suframos más sustos y crisis. Controlar a quien mueve nuestro dinero es clave.