jueves, 14 de diciembre de 2023

Los tipos no bajarán hasta primavera

Hoy 14 de diciembre, el Banco Central Europeo (BCE) mantendrá estables los tipos de interés. Será el 2º mes consecutivo de “tregua”, tras 10 subidas de tipos desde julio de 2022, hasta  el 4,50%, el tipo más alto en 22 años. La bajada de la inflación (no por la subida de tipos sino por la bajada de energía y materias primas), ha permitido que el BCE pare las subidas, como han hecho EEUU y Reino Unido. Pero insisten que “no hay que bajar la guardia” y que tardarán en bajar tipos, al menos hasta la primavera (entre marzo y junio). Y poco a poco (-1% en todo 2024), así que el dinero será caro varios años más. El BCE pide “paciencia” con los tipos altos a familias (que siguen pagando más por sus hipotecas), empresas y paises (deuda). Pero la realidad es que Europa está estancada: hay 13 paises que decrecen (7 en recesión). Y urge bajar tipos para reanimar el crecimiento. Dilema: inflación algo más alta o menos empleo.

                 Enrique Ortega

Parece que este otoño ha terminado la racha de subidas de tipos de interés en el mundo. Ayer 13 de diciembre, la Reserva Federal USA volvió a tomar la iniciativa y decidió mantener estables sus tipos de interés oficiales. Era la 4ª “pausa” en la subida de tipos (tras las de junio, septiembre y noviembre), después de las 11 subidas de tipos aprobadas por la Reserva Federal USA desde marzo de 2022 (cuando los tipos eran del 0%) y que han situado el precio oficial del dinero en EEUU en el 5,25%, el tipo más alto desde marzo de 2001. Al final, la bajada de la inflación norteamericana (al 3,1% en noviembre, tras marcar un máximo del 9,1% en junio de 2022) y la debilidad del empleo y el crecimiento han llevado a la Reserva Federal USA a mantener estables los tipos (sin anunciar futuras bajadas). Y hoy 14 de diciembre, el Banco de Inglaterra ha seguido ese camino: mantener los tipos en el 5,25%, la 3ª “tregua” consecutiva (tras las de septiembre y noviembre), después de las 14 subidas de tipos aprobadas por las autoridades británicas desde diciembre de 2021.

El tercero en mover ficha ha sido el Banco Central Europeo (BCE), que hoy 14 de diciembre decidirá también mantener los tipos de interés, una 2ª “tregua” consecutiva (después de la aprobada el 26 de octubre), tras las 10 subidas de tipos aprobadas desde el 27 de julio de 2022, que han dejado el precio oficial del dinero (que estaba en el 0% desde marzo de 2016) en el 4,50%, el tipo más alto desde mayo de 2021. La última vez que el BCE subió tipos fue el 14 de septiembre, del 4,25 al 4,50%.

La nueva decisión del BCE de no subir más los tipos (de momento) se basa sobre todo en que se ha moderado la inflación en la zona euro: en noviembre, los 20 paises del euro tenían una inflación media del 2,4%, -0,5% que en octubre y la cuarta parte de inflación que un año antes (+10,1% de inflación en noviembre de 2022). Y ha bajado aún más en Alemania (+2,3% en noviembre, frente al +11,3% un año antes), Italia (+0.7% frente al +12,6% en noviembre de 2022), Holanda (+1,4% frente al +11,3%) y Bélgica (-0,7% de inflación anual en noviembre, frente a +10,5% un año antes), aunque es más alta que la media euro en Francia (+3,8% frente al +7,1% un año antes) y España (+3,2% frente al +6,7%), según Eurostat.

Pero ojo, la inflación se ha moderado en la zona euro no por la drástica subida de los tipos de interés del BCE sino porque se han moderado las subidas de la energía, los alimentos y las materias primas. Por un lado, han surtido efecto las medidas tomadas para aumentar las reservas de gas y petróleo (tras el bloqueo de compras a Rusia), se ha frenado también la demanda en los paises (por un invierno más suave) y, sobre todo, han sido muy efectivas las ayudas contra la inflación aprobadas por los paises europeos, además de medidas específicas como la excepción ibérica (tope al precio del gas en la generación de electricidad). La realidad es que ahora, el precio del crudo está a la baja, como el del gas, y también los precios de muchas materias primas y alimentos, lo que ha rebajado la inflación en Europa, más baja (2,4%) incluso que en EEUU (3,1%) y Reino Unido (4,6%).

Pero ahora el problema no es la inflación sino que estas 10 subidas de tipos han agravado el estancamiento de la economía europea. El dinero caro ha frenado el consumo de las familias (se encarece el crédito y las hipotecas)  y la inversión empresarial, así como el coste de la deuda de los paises (limitando sus gastos), lo que ha recortado la actividad, que ya era débil antes de las subidas de tipos, por la “resaca” de la pandemia. Pero ahora, el “parón económico” es evidente, como atestiguan las previsiones de invierno de la Comisión Europea: la zona euro (20 paises) ha decrecido un -0,1% en el tercer trimestre de 2023, tras apenas crecer (+0,1%) en los dos primeros trimestres (y caer otro -0,1% en el 4º trimestre de 2022), según Eurostat.

 Así que la zona euro lleva un año estancada. Y si tomamos toda la UE (27 paises), su economía no ha crecido nada (+0%) en el tercer trimestre de 2023. Pero lo peor es que hay 13 paises europeos cuya economía cayó en el último trimestre (3º de 2023): Alemania (-0,1%), Francia (-0,1%), Chequia (-0,5%), Dinamarca (-0,1%), Estonia (-1,3%), Irlanda (-1,9%), Luxemburgo (-0,1%), Paises Bajos (-0,2%), Austria (-0,5%), Portugal (-0,2%), Eslovenia (-0,2%), Finlandia (-0,9%) y Suecia (-0,3%), mientras España creció un +0,3% y Bélgica un +0,4%, según Eurostat. Y lo peor: hay 7 paises europeos que están en recesión, con su economía cayendo los 2 últimos trimestres: Paises Bajos, Austria, Luxemburgo, Dinamarca, Suecia, Irlanda y Estonia.

Un panorama económico desolador en Europa, mientras EEUU crece algo más pero poco (+1,3% en el tercer trimestre) y Reino Unido también se estanca (+0% en el último trimestre). Este estancamiento lleva a algunos expertos a pedir que el BCE empiece ya a bajar los tipos, para “reanimar” la débil economía europea. Pero las autoridades monetarias europeas, tan “ortodoxas” ellas, no están por la labor: “No es el momento de cantar victoria sobre la inflación”, declaró el 21 de noviembre Christine Lagarde, la presidenta del BCE. Y después recordó que el objetivo del BCE (como el de la Reserva Federal USA) es que la inflación no supere el 2%, algo que no se espera hasta 2025. Por eso mantienen los tipos y no los bajan. Su receta, reiteró Lagarde, es “tipos altos, paciencia y perseverancia”. Es la filosofía que defienden los demás bancos centrales, en especial la Reserva Federal USA.

A todos les preocupa que la inflación repunte este invierno, con una posible subida de la energía (algo que los expertos en crudo y gas no contemplan, mientras la OPEP y Rusia recortan sus producciones para que no caigan más los precios), las materias primas (el indicador de precios de Bloomberg cae un -10% desde septiembre) o los alimentos (el índice de precios de alimentos de la FAO ha caído un -10,7% en el último año), junto a los posibles “ imprevistos” por los conflictos geopolíticos (Gaza y Ucrania).

Pero, en realidad, las autoridades del BCE tienen dos preocupaciones menos “confesables. Una, que suban los salarios (están subiendo más que en los dos años pasados) y eso provoque que las empresas suban precios (no les preocupó que las empresas subieran sus márgenes y eso haya sido la causa principal de la inflación en 2022). Y la otra, que Europa no ajuste sus cuentas públicas, que los Gobiernos no recorten las ayudas aprobadas a familias y empresas y no se aprueben a tiempo las anteriores reglas fiscales (que el déficit no supere el 3% del PIB), que deberían regir en la zona euro en 2024. De momento, la estimación es que Bélgica tenga en 2024 un déficit público del -4,9% del PIB, Francia e Italia mantengan un -4,4% de déficit público y España no lo baje del -3,2% en 2024 (aunque el Gobierno promete bajarlo al -3%). Y por eso, el BCE amenaza: o recortáis gasto público o mantengo los tipos altos. Y lo mismo con los salarios: o se moderan las subidas (+5% este año, tras varios años perdiendo poder adquisitivo los trabajadores europeos) o el BCE seguirá con los tipos altos. Todo por bajar como sea la inflación.

Así que, por ahora, los tipos de interés no suben pero tampoco bajan. Las estimaciones de los expertos en política monetaria apuestan porque no habrá bajada de tipos hasta la próxima primavera: el BCE podría aprobar la primera bajada en su reunión del 7 de marzo (como pronto), dejarla para el 11 de abril o retrasarla al 6 de junio, según cómo evolucione la inflación, los salarios y el gasto público en Europa. Y lo mismo la Reserva Federal USA, donde no se esperan rebajas de tipos hasta primavera. Y en ambos casos, las rebajas serán poco a poco y reducidas. La Reserva Federal estima que los tipos bajarán -0.75% en 2024 (al 4,50%), otro -1%  en 2025 (hasta el 3,50%) y un recorte adicional del -0,75% en 2026 (hasta el 2,75%). Eso significa que si los tipos están hoy al 4,50% en Europa, podían estar dentro de un año en el 3,5% como mucho. Y los tipos no bajarían del 3% hasta 2025. Y volver a los tipos cero de antes, será algo impensable en años.

Así que la rebaja de tipos no será una ayuda en los próximos meses, al menos para familias, empresas y paises. En España, la no subida de tipos del BCE (en octubre y ahora en diciembre) han servido para bajar el tipo del Euribor, el interés al que se prestan los bancos europeos entre así. Si octubre 2023 cerró con un Euribor mensual en máximos (4,160%), en noviembre bajó al 4,022% y en diciembre ronda el 3,75% (3,758% ayer). Pero esta bajada del Euribor no ayuda a las familias, que ven aumentar el coste mensual de sus hipotecas cuando les toca la revisión anual, dado que el Euribor está mucho más alto que hace un año. Así, los que revisen su hipoteca en diciembre, con el Euribor mensual de noviembre (4,022 frente a 2,828 en noviembre de 2022), tendrán una subida de 133 euros al mes (1.236 euros al año), para una hipoteca media (150.000 euros a 25 años al Euribor+1%). Y esta subida de la hipoteca será la segunda, porque ya hace un año les subió la mensualidad, una media de 250 euros (3.000 anuales). Así que ahora pagarán de media 880 euros al mes por su hipoteca, cuando hace dos años pagaban 527 euros (+67%).

Este es el efecto más evidente de la subida de tipos del BCE sobre los 4 millones de españoles hipotecados. Pero además, la subida de tipos (y el retraso en la bajada) desalienta a otras familias y jóvenes que necesitan una hipoteca, ahora más cara y difícil de conseguir, porque los bancos están restringiendo su concesión y prestando menos: sólo financian el 62,2% del dinero que se necesita cuando en 2004 financiaban el 65,3% (y a muchos, casi el 100%). Esta subida de tipos ya ha provocado una caída de las hipotecas concedidas (de febrero a septiembre) y una caída en la venta de pisos (que frena la actividad constructora y el empleo). Además, los tipos tan altos han encarecido también el crédito al consumo de las familias, para un viaje o comprar coche: del 6,10% que pagaban en 2021 han pasado a pagar el 8,23% en octubre, según el Banco de España. Y también el coste de las tarjetas de crédito (se paga un interés ahora del 18,19%). Menos consumo, menos crecimiento, menos empleo.

Las empresas también están sufriendo los altos tipos al tener que pagar créditos más caros. Las pymes pagan ahora por un crédito de hasta 250.000 euros un tipo del 5,11%, frente al 1,69% que pagaban en 2021, según el Banco de España. Los créditos de 250.000 euros a 1 millón han subido el 1,29 al 4,94%. Y los créditos de más de 1 millón de euros, para grandes empresas, del 1,04 al 5,14%. Menos inversión, menos empleo. Y también se encarece el coste de la deuda pública: si el bono a 10 años se colocaba en febrero de 2022 pagando un interés del 0,76%, en diciembre de 2022 ya había que pagar un 3,657%. Y aunque ha bajado algo, ayer había que pagar un interés del 3.115%. Estos altos tipos, mantenidos por el BCE, obligarán a destinar 31.275 millones en 2023 al pago de intereses de la deuda pública, la 2ª mayor partida del gasto público tras las pensiones.

En definitiva, que las familias, empresas y paises estamos pagando una elevada factura por estos altos tipos de interés, los más caros de los últimos 22 años. Y la consecuencia es que la economía europea está estancada y hay 13 paises con sus economías cayendo (y 7 de ellos en recesión), con España creciendo un mínimo del +0,3% trimestral. Urge un debate sobre si el BCE sigue con su ortodoxia (aunque sea “independiente”, lo que significa también que sus directivos no se eligen democráticamente) o “levanta el pie” y ayuda a reanimar la economía, empezando a bajar los tipos ya y con fuerza. 

El dilema es claro: o se empecinan en bajar la inflación al 2% (y eso supone tipos altos, por encima del 3% hasta finales de 2025) o flexibilizan ese objetivo, buscando contener la inflación en el 3%, por ejemplo, a cambio de crecer algo más y con ello crear más empleo. Se trata de elegir entre ese 2% de inflación a costa del estancamiento y el freno al empleo  o algo más de inflación a cambio de reanimar la economía, la inversión y el empleo en los próximos meses. Por desgracia, hoy casi nadie plantea este debate y este dilema. Pero afecta mucho nuestras vidas. No lo olviden cuando oigan a expertos defender “el rigor” (mortis...) del BCE. Es otro “ajuste”, el monetario.

lunes, 11 de diciembre de 2023

Más despidos "encubiertos"

La reforma laboral, en vigor desde abril de 2022, ha reducido el empleo temporal y precario en España. Pero muchos empresarios han utilizado una “puerta trasera” para quitarse  trabajadores y seguir rotando plantillas: realizan 3 tipos de despidos, que tienen poca o nula indemnización, sobre todo si el trabajador lleva pocos meses trabajando. Uno, las bajas por no superar el periodo de prueba, que casi se han duplicado desde 2021 y eran 740.000 hasta septiembre. Otro, las bajas por despido disciplinario individual, que han crecido un +26% y superaban las 400.000 en septiembre. Y la tercera vía, las bajas individuales “por causas objetivas, que han crecido un +34% y superaban los 308.000 despidos hasta septiembre. Los sindicatos han denunciado estas vías de “despidos baratos” al Consejo de Europa y, antes de que dictamine, a principios de 2024, el nuevo Gobierno se ha comprometido a reformar estos tipos de despido, que, según la vicepresidenta Díaz les sale a las empresas “demasiado barato. Será objeto de la 2ª reforma laboral (pendiente).

                 Enrique Ortega

Cada día se hacen en España miles de contratos (42.650 diarios hasta octubre), varios por cada puesto de trabajo al año, y también miles de despidos, en un mercado laboral que no para. Y eso se traduce en miles de altas y bajas a la Seguridad Social cada día. En octubre pasado, por ejemplo, hubo 2.143.091 altas y 2.260.893 bajas a la Seguridad Social (SS), según la última estadística oficial. Otros meses, como septiembre, las altas superan a las bajas (2.443.370 frente a 2.111.209) y por eso crece el empleo neto. Concretamente, entre enero y octubre de 2023, la afiliación a la Seguridad Social creció en +500.094 afiliados (altas menos bajas), alcanzando un récord de 20.817.657 afiliados en España.

Este dinamismo del empleo y la afiliación a la SS no puede ocultar un hecho del que alertan los sindicatos desde 2022, cuando entró en vigor la reforma laboral: se han disparado las bajas a la Seguridad Social, aumentan los “despidos encubiertos”, un fenómeno que no llama tanto la atención porque han aumentado más las altas y se está creando empleo neto. Pero las bajas, los despidos, están ahí y creciendo, según revelan las estadísticas oficiales. Los sindicatos y muchos expertos consideran que son “una puerta trasera” por la que muchos empresarios cambian trabajadores y rotan plantillas ahora que les resulta más complicado hacer contratos temporales. Y denuncian que están utilizando 3 tipos de bajas que les permiten quitarse y cambiar trabajadores con poco coste, con indemnizaciones bajas o nulas. Veamos estos tres tipos de bajas cuyo uso se ha disparado desde 2022.

La primera puerta que usan ahora muchos empresarios para aumentar las bajas y rotar plantillas son las bajas de trabajadores por no superar el periodo de prueba. Siempre ha habido periodos de prueba (se deben fijar por escrito en el contrato y son unos periodos que fijan los convenios, aunque a falta de criterio suelen ser 6 meses para titulados técnicos y 2 meses para el resto) y siempre ha habido trabajadores que no los superaban. La novedad es que ahora, las bajas por este motivo se han disparado, sobre todo tras la reforma laboral: si hubo 444.722 bajas en 2020 y 552.748 en 2021, en 2022 se cerró con 893.930 (+61,7%). Y este año 2023, hasta finales de septiembre se habían tramitado ya 739.877 bajas a la SS por incumplir el periodo de prueba, casi tantas como todo el año pasado.

Estas bajas por incumplir el periodo de prueba son muy baratas para las empresas, porque el trabajador no tiene derecho a cobrar una indemnización al irse, sólo cobrará los sueldos pendientes y la parte de pagas extras y vacaciones. Y con ello, puede utilizarlo para rotar su plantilla y coger otro trabajador, ahora que resulta difícil contratar temporalmente. El trabajador despedido puede reclamar a Magistratura, si creen que el despido ha sido injusto, pero si ha estado poco tiempo en la empresa (de 2 a 6 meses), no le compensará contratar un abogado e ir a juicio por una mínima indemnización (33 días por año en caso de despido improcedente o algo más si la empresa pacta para no ir a juicio).

La segunda puerta que se está utilizando para los despidos “encubiertos” son los despidos disciplinarios individuales, cuando se justifican en “un incumplimiento grave y culpable del trabajador”, por varias causas que fijan los artículos 54 y 55 del Estatuto de los Trabajadores: faltas repetidas de asistencia o puntualidad, indisciplina o desobediencia, ofensas verbales o físicas al empresario o a otros trabajadores, “transgresión de la buena fe contractual o abuso de confianza”, disminución continuada y voluntaria en el rendimiento del trabajo (¿cómo se mide?), embriaguez habitual o toxicomanías, acoso racial, étnico, religioso o sexual… Este tipo de despidos también se han dado siempre, pero otra vez nos alertan las estadísticas oficiales de bajas por motivos disciplinarios: han pasado de 203.050 entre enero y septiembre de 2021 a 318.829 en los 9 primeros meses de 2022 y 402.010 entre enero y septiembre de 2023 (+26,1%). Y lo más llamativo: el 90,8% de estos despidos han sido a trabajadores con contrato fijo, que ahora pueden ser sustituidos por personal más barato y menos antiguo.

El abuso de esta fórmula de despido lo confirma este dato: en septiembre pasado (2023) hubo 52.166 bajas por este motivo, casi el doble que en septiembre de 2021 (27.853 bajas). Este despido disciplinario sale barato, porque el trabajador no tiene derecho a indemnización. Y aunque puede recurrir judicialmente, buscando un despido improcedente (nulo es casi imposible), sólo acabará cobrando 33 días por año trabajado (o algo más si pacta para no ir a juicio). Otra vez más, si lleva poco tiempo en la empresa, el despedido se tendrá que pensar si le compensa pagar un abogado y reclamar. Y además, si el trabajador lleva pocos años en plantilla, a la empresa le puede “compensar” pagar el coste de este despido como improcedente para disponer de su puesto para otro trabajador nuevo.

La tercera puerta que algunas empresas están utilizando para hacer despidos “encubiertos” son las bajas individuales “por motivos objetivos”, por “causas económicas, técnicas, organizativas o productivas” (causas ETOP). Tras la pandemia y la guerra en Ucrania, el Gobierno Sánchez ha tratado de limitar estos despidos “por causas económicas” para empresas, para lo que abrió la vía de los ERTE (“aparcar trabajadores” un tiempo, pagándoles el desempleo hasta que mejorara la situación del sector o empresa). Y el sistema ha funcionado (había 12.692 en agosto de 2023, cuando llegó a haber 3.617.205 en abril de 2020). Pero, a cambio, muchas empresas han utilizado las “causas económicas” para dar de baja a trabajadores, sobre todo tras la reforma laboral. Así, entre enero y septiembre se han registrado 308.606 bajas por despidos objetivos individuales, +34,11% que en esos 9 primeros meses de 2022 (230.112 bajas) y más del doble que en 2021 (146.222 bajas de este tipo entre enero y septiembre).

En este tipo de despido “objetivo”, la empresa paga al trabajador una indemnización más baja, de 20 días por año trabajado. Y si se recurre como improcedente, volvemos al tema de los 33 días de indemnización por año, que pueden compensar o no. En cualquier caso, parece que las empresas están optando más por este “goteo” de despidos objetivos uno a uno, ahora que les resulta más difícil conseguir un “despido objetivo” de un grupo de trabajadores. De hecho, las bajas por despidos objetivos colectivos (un 10% de trabajadores o más de la empresa) han sido solo 23.774 bajas entre enero y septiembre de 2023, una cifra mucho menor a la de 2021 en esos meses (42.360) y a la de 2013, en lo peor de la crisis financiera (65.781 bajas por despido colectivo entre enero y junio de 2013).

Los sindicatos llevan ya dos años alertando de este aumento de despidos “por la puerta de atrás”, que consideran un abuso y un fraude laboral de las empresas que los hacen, buscando vías alternativas (y baratas) para rotar plantillas. Ya en marzo de 2022, UGT presentó una denuncia ante el Comité de Derechos Sociales del Consejo de Europa porque consideraban que hay formas de despido que contravienen el artículo 24 de la Carta Social Europea (que España ratificó en 2021) y el Convenio 158 de la OIT (Organización Internacional del Trabajo). En octubre de 2022, el Comité admitió a trámite esta denuncia, a la que se sumó CCOO, con otra reclamación ante el Consejo de Europa a finales de 2022.

En su argumentación ante el Consejo de Europa, UGT reitera que la indemnización por despido en España, rebajada por la reforma laboral de Rajoy en 2012 (de 45 a 33 días por año) no compensa a los trabajadores despedidos que llevan poco tiempo empleados y que hay vías de despido (como las tres vistas ya: por no superar el periodo de prueba, por despido disciplinario o por causas objetivas) que son “demasiado baratas” para los empresarios. Por eso, los sindicatos han pedido a Europa que se pronuncie a favor de subir la indemnización por despido improcedente (de 33 a 45 días por año, con límite de 42 mensualidades) y que se fije una indemnización mínima en estos despidos, de 6 meses de salario, para compensar a los despedidos con poca antigüedad. Además, piden que se recupere el pago de los salarios de tramitación (que antes de la reforma de 2012 se cobraban habitualmente tras una sentencia de readmisión y ahora sólo en algunos casos). Y, sobre todo, que se concrete mucho más “la causalidad” de los despidos, para que no se abran “puertas traseras injustificadas” al despido, reformando la situación actual de los despidos objetivos, individuales y colectivos.

El 15 de febrero de este año, la vicepresidenta Yolanda Díaz recogió esta tesis de los sindicatos sobre las indemnizaciones y el abuso en algunos despidos, al declarar textualmente en el Congreso: “El despido en nuestro país no es caro, es demasiado barato. Es tan barato que a las empresas les sale a cuenta despedir utilizando las indemnizaciones de 33 días”. A partir de ahí, Sumar incluyó en octubre, en el acuerdo de Gobierno con el PSOE, este compromiso: “Establecer garantías para las personas trabajadoras frente al despido, dando cumplimiento a la Carta Social Europea y reforzando la causalidad en los supuestos de extinción de la relación laboral”. Una promesa de que el nuevo Gobierno legislará para cambiar la indemnización y las causas de algunos despidos.

La idea es que la reforma de los despidos sea “el corazón de la 2ª reforma laboral pendiente, tras la aprobada en 2021. No va a ser fácil, porque la patronal no quiere oír hablar de “encarecer el despido” o limitar sus causas, argumentando que iría en contra de la flexibilización en la contratación prometida a Europa en el Plan de Recuperación. Pero los sindicatos presionan y esperan que el Comité del Consejo de Europa se pronuncie en el primer trimestre de 2024. Y podría darles la razón, encareciendo el despido y limitando las causas, como ya hizo con reclamaciones sindicales similares de Francia (2 sentencias), Italia y Finlandia. Quizás la vicepresidenta Díaz y el Gobierno prefieran esperar esta decisión, para cargarse de razón frente a la patronal y tener más fuerza para reformar el despido. En cualquier caso, esta 2ª reforma laboral será más difícil que la de 2021, a la vista de la intransigencia patronal y la dureza de la oposición de PP y VOX. Pero algo habrá que hacer, para que no se abuse del despido barato como sucede ahora. La pelea, en 2024.

jueves, 7 de diciembre de 2023

Cumbre de Dubái: Colapso Climático

Primero hablaban del Cambio Climático, luego de la Crisis Climática y ahora “vivimos el Colapso Climático”, según dijo el secretario general de la ONU en la 28ª Cumbre del Clima de Dubái. Los datos de los expertos revelan que las emisiones de CO2 siguen creciendo y que en 2023 batiremos un récord histórico de temperatura y fenómenos climáticos extremos. Pero no necesitamos esos datos para saber que el clima se ha vuelto loco y que nos estamos cargando el Planeta. El problema es que los grandes emisores (China, EEUU, India y Rusia) no aprueban medidas para recortar drásticamente sus emisiones, para no poner en peligro su crecimiento. Y los paises en desarrollo sufren las consecuencias. La ONU reitera las 3 recetas para recortar emisiones y evitar el Colapso Climático: triplicar las renovables, duplicar el ahorro energético y dejar de usar el carbón, el petróleo y el gas en 2050. Pero otra Cumbre del Clima más, escuchamos muchas promesas y pocos hechos. Y pocas inversiones. Estamos al límite.

                  Enrique Ortega

La actividad humana sigue aumentado las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero (metano, oxido nitroso, halocarbonos y ozono troposférico), provocando un aumento de la temperatura de la atmósfera y los mares que modifican el clima y la vida en el Planeta. Aunque llevamos 28 años celebrando Cumbres del Clima (la 1º se celebró en Berlín en 1995 y este domingo se clausura la COP28 de Dubái), la realidad es que las emisiones han crecido año tras año. Este 2023 (de enero a octubre), las emisiones mundiales de CO2 han crecido un +0,3%, según los datos de Carbon Monitor, debido a un aumento de emisiones en China (+2,5%), India (+9,6%) y Rusia (+2,4%), aunque se han reducido algo las emisiones en EEUU (-2,2%), Japón (-4,5%) y Europa (-5,6%), destacando las menores emisiones en Alemania (-7,4%), Italia (-6,4%), España (-3,7%), Reino Unido (-2,3%) y Francia (-2,1%), en Brasil (.2,4%) y resto del mundo (-2,4%). 

  Ahora, la previsión presentada por Carbon Monitor para todo 2023 es que las emisiones mundiales  de CO2 aumenten este año un +1,1%, que crezcan sobre todo las emisiones por el carbón (15,2 Gigatones de CO2,+1,1%), el petróleo (12,1 Gigatones, +1,5%), el gas natural (7,9 Gigatones, +0,5%) y la industria cementera (1,7 Gigatones, +0,8%). Y por paises, crecerán este año las emisiones de CO2 de China (+8,2%) e India (+4%), mientras caerán las emisiones de la Unión Europea (-7,4%) y EEUU (-3,4%). Este nuevo aumento de emisiones en 2023 se sumaría a los de 2022 (+1%) y 2021 (+6%), tras el recorte de emisiones en 2020 (-5,4%), por primera vez desde 2015, causado por la recesión derivada de la pandemia.

Con ello, la acumulación de CO2 en la atmósfera volverá a batir un récord histórico, alcanzando a finales de 2023 las 419,3 partes por millón (ppm), un 51% más de la concentración de CO2 que había en la atmósfera en épocas preindustriales (280 ppm en 1850, 315 en 1959, 354 en 1990 y superando las 400 ppm en 2013). De hecho, ya en mayo de 2023 se alcanzó en Hawái una concentración récord de 424 ppm, la más elevada en la atmósfera en los últimos 3 millones de años (según investigaciones en el hielo ártico).

Todas estas emisiones y la concentración récord de CO2 en la atmosfera ya han provocado un aumento récord de la temperatura en la Tierra: +1,4 grados centígrados de media sobre el periodo 1.850-1900, según el último informe publicado por la Organización Meteorológica Mundial (OMM), quien nos recuerda que empezamos el siglo con un aumento de 1,27 grados. Y que 2023 será, con toda seguridad, el año más cálido de la historia. Este fuerte aumento de la temperatura provoca un calentamiento de los mares y un deshielo de las masas polares, modificando los ecosistemas  y elevando el nivel del mar (+4,72 milímetros año, el doble que a principios de siglo). Y además, el aumento de la temperatura de la Tierra está provocando fenómenos climáticos extremos: inundaciones y sequías extremas, ciclones tropicales, episodios de calor extremo y macro incendios forestales. Y, en general, un clima “loco” que provoca muertes, enfermedades y cuantiosos daños económicos.

Estamos viviendo el Colapso Climático en tiempo real y el impacto es devastador”, señaló con preocupación el secretario general de la ONU al inaugurar la Cumbre del Clima de Dubái. Lo grave es que la Cumbre del Clima de París (2015) se planteó el objetivo de que la temperatura no superara los +1,5 grados centígrados a fin de siglo (2100), para poder salvar el Planeta. Y ya este año, la temperatura ha subido esos +1,4 grados. Y, según la ONU, con los Planes de recortes de emisiones para 2030, presentados por los 194 paises adheridos al Acuerdo de París, la temperatura media del Planeta subiría entre +2,1 y +2,8 grados centígrados a fin de siglo, un aumento insostenible. Por eso, la ONU insiste en que los paises deben aumentar sus recortes de emisiones, un -43% de aquí a 2030 (sobre emisiones 2009). No vale prometer que van a conseguir cero emisiones netas para 2050: el recorte de emisiones hay que hacerlo ahora, en esta década, porque luego ya será demasiado tarde.

La ONU y sus expertos han reiterado en la COP 28 de Dubái los 3 objetivos que el mundo debe comprometer para salvar el Planeta: triplicar el peso de las energías renovables para 2030, duplicar el ahorro energético y trazar una hoja de ruta para dejar de utilizar en 2050 los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas), los grandes responsables de las emisiones de gases de efecto invernadero y de la actual emergencia climática.

El primer objetivo, triplicar el peso de las energías renovables en la producción mundial de energía (de 3.400 GW de potencia instalada en 2022 a 11.000 en 2030) se ve posible de alcanzar por los expertos, dadas las enormes inversiones en renovables (eólica y solar, sobre todo) y el avance de la tecnología, que produce electricidad cada vez más barata. De hecho, 117 paises se han comprometido ya a triplicar el peso de las renovables para 2030, acuerdo promovido por la Unión Europea y al que se han sumado EEUU, Canadá, Japón, Reino Unido, Australia, Chile y Colombia. Y también está de acuerdo China. Este empujón a las renovables serviría para generar electricidad 100%% renovable y reducir el consumo de combustibles fósiles en la industria y en los hogares.

Pero no sería suficiente. Por eso, el 2º objetivo de la ONU, más difícil de cumplir, es mejorar la eficiencia energética, duplicando el ahorro de energía de los paises, desde las industrias y el transporte a los particulares. Aquí, los compromisos de los paises son más difusos, salvo el caso de la Unión Europea, que se ha comprometido en hacerlo para 2030. Y queda el tercer objetivo, el más difícil de conseguir y el más importante: suprimir a medio plazo el consumo de los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas), los grandes culpables de las emisiones de gases de efecto invernadero desde 1850. El objetivo fijado por la ONU es claro: para 2050, no quemar nada de carbón, suprimir el 60% del petróleo consumido actualmente y el 70% del gas natural.

Aquí, los grandes paises consumidores (y productores) de energías fósiles dicen que sí, que van a recortar, pero no quieren comprometer una hoja de ruta, con fechas y porcentajes. EEUU, el primer productor mundial de petróleo y gas, ha aprovechado la guerra de Ucrania y la subida de la energía para reforzar su producción (y consumo), aumentando la producción de fracking (petróleo de esquisto) y concediendo Biden nuevas licencias de extracción de petróleo incluso en Alaska. Y tanto la OPEP como Rusia, los siguientes mayores productores de crudo y gas, siguen invirtiendo en prospecciones y tratando de contener la producción para que no caigan demasiado los precios y el consumo. Y nadie habla de que hay que habrá que dejar el petróleo, el gas y el carbón sin extraer si queremos salvar el Planeta. Porque cuando se queman los combustibles fósiles, en el transporte (terrestre, aéreo o marítimo), en la industria o en la producción de electricidad, generan entre el 80 y un 90% del CO2 total.

Junto a necesidad de no consumir carbón, crudo y gas a medio plazo, la ONU se queja de que la mayoría de los paises están subvencionando ahora los combustibles fósiles:”no podemos salvar a un Planeta en llamas con una manguera de combustibles fósiles”, criticó muy visualmente el secretario general de la ONU en Dubái. Y es que los paises destinaron 7 billones de dólares en 2022 a subvencionar los combustibles fósiles (desde ayudas a las industrias a rebajas de impuestos a los combustibles o ayudas al transporte), 1 billón más de ayudas que en 2020, por la crisis de Ucrania y la inflación, según un estudio del FMI realizado con datos de 170 paises (entre ellos, España, que dedica 10.500 millones de euros anuales a subvencionar los combustibles fósiles). Y la ONU revela que de los 194 paises que han firmado los Acuerdos de París, solo 7 paises (que no cita, el 4% del total) se han comprometido a retirar estas ayudas y subvenciones, ni EEUU, ni la UE, ni China, India o Rusia. Y así, financiando con millones a los combustibles que destruyen el clima, no podemos avanzar.

Lo que hay que hacer para superar la emergencia Climática lo tienen claro los científicos y lo ha reiterado la ONU en esta Cumbre de Dubái: triplicar las renovables, duplicar el ahorro energético y dejar de extraer y consumir carbón, petróleo y gas. Pero las grandes economías no están por la labor de reconvertirse y gastar más en energías limpias. Por un lado, China, India y los grandes paises en desarrollo (G-20) defienden que ellos tienen que seguir creciendo, aunque sea a costa de altas emisiones (China emite el 30,7% del total mundial, USA el 13,6%, India el 7,6%, la UE el 7,4%, Rusia el 4,4% y Japón el 2,8%) , como antes hicieron los paises occidentales (el 17% de las emisiones mundiales entre 1850 y 2021 son “culpa” de EEUU, el 12% de China, el 10% de la UE, el 6% de Rusia y el 5% de India). Y por otro, los paises pobres y en desarrollo, que no emiten apenas CO2 son los que más sufren ahora la emergencia climática (inundaciones, tornados, sequías, hambre, incendios, emigraciones…), sin que los ricos apenas les ayuden: el Fondo verde (creado en 2019 y que debía aportarles 100.000 millones anuales no se cubre) y el nuevo Fondo de pérdidas (para cubrir emergencias) depende de aportaciones “publicitarias”, como las hechas en Dubái.

De momento, EEUU apuesta por recortes de emisiones y energías renovables siempre que no pongan en crisis su potencial fósil y sus inversiones, con el riesgo de que el negacionista Trump gane las elecciones en 2024. Y en China, avanzan en las energías alternativas pero sin desengancharse del carbón, el petróleo y el gas, al menos hasta mediados de siglo, lo mismo que India y otros paises en desarrollo. Y Europa es el continente con más conciencia climática y más compromisos (recorte de emisiones del 56% para 2030, cierre de centrales de carbón, un 80% de electricidad renovable y prohibición de coches de combustión para 2035). Pero en muchos paises europeos está avanzando el “negacionismo climático” (Italia, Hungría, Holanda, Reino Unido, autonomías y Ayuntamientos españoles gobernados por PP y VOX…), empujado por la extrema derecha y parte del PP europeo. Y por eso, habrá que esperar al resultado de las elecciones europeas de junio de 2024.

Además de decisión política, la lucha contra la emergencia climática exige reconvertir a fondo las economías y los hábitos de consumo, lo que exigirá cuantiosas inversiones. Según las estimaciones más conservadoras, financiar la lucha contra el Cambio Climático costará 4,3 billones de dólares anuales (4 billones de euros cada año), que habrá que conseguir de inversiones públicas y privadas, impuestos verdes y al CO2, bonos y créditos. Sólo en Europa, la inversión del Pacto verde superará el billón de euros en esta década. Y España contempla invertir, en el Plan del Clima, 241.000 millones de euros entre 2021 y 2030. Cantidades ingentes, pero no podemos olvidar que no hacer nada tiene un coste mayor: en vidas humanas (la OMS estima que 1 de cada 4 muertos pueden atribuirse a causas ambientales prevenibles), en enfermedades y en daños por el clima extremo: los desastres naturales inducidos por el CC costaron 1,5 billones de dólares en 2022, según un estudio. Y el Banco Mundial cree que por cada dólar  invertido acabaremos obteniendo 4 dólares.

Otro año más asistimos a otra Cumbre del Clima más, donde los expertos y la ONU lanzan advertencias, se oyen buenas palabras y grandes propósitos, pero apenas se aprueban medidas ni inversiones ni ayudas. Y así hasta la Cumbre siguiente. Y mientras, el clima nos alerta cada día, sin que cambiemos nuestro estilo de vida, nuestra forma de producir, consumir y viajar, nuestros impuestos y nuestras inversiones. Y así, llegaremos a un punto de no retorno, donde la situación será tan grave que exigirá medidas más drásticas que ahora. Es lo que suele pasar: la humanidad sólo reacciona al borde del precipicio. No aprendemos.

     

lunes, 4 de diciembre de 2023

Crece el turismo de invierno

Esta semana, media España se escapa unos días de viaje para aprovechar el macropuente, con numerosos destinos “completos”  por el aluvión de españoles y extranjeros. Y los hoteleros esperan una Navidad con alta ocupación, con récord de vuelos y viajes. Es consecuencia de un cambio de hábitos tras la pandemia, en España y en toda Europa: los consumidores prefieren viajar y quitarse otros gastos, aunque hayan subido mucho los precios turísticos. Tras  pagar la hipoteca y el alquiler, los recibos y la compra, “escaparse” un fin de semana o unos días en cualquier época es una “necesidad” para muchos consumidores. Por eso, España asiste a un aumento del turismo de invierno, con muchas reservas nacionales y extranjeras, aprovechando la mejora del clima y la subida del empleo y de algunos sueldos. Es una tendencia positiva, porque España dependía demasiado del turismo de verano. Pero ojo: un tercio de españoles no pueden cogerse ni una semana de vacaciones y muchos viajan a costa de endeudarse. Viajemos con cabeza.

                       Enrique Ortega

Al final, el turismo vuelve a salvar la economía otro año más. Ya este verano, los españoles viajaron más que nunca y llegaron más turistas extranjeros que antes de la pandemia: 29.032.120 visitantes extranjeros entre julio y septiembre, 194.832 más que en 2019, aunque todavía menos que el verano récord de 2017 (29.768.453 turistas extranjeros). Y además de llegar más turistas, los extranjeros que vinieron se gastaron mucho más: 38.596 millones de euros entre julio y septiembre de 2023, un +19,38% que en 2019 e incluso más que en el verano récord de 2017 (32.666 millones gastados). Y eso porque aumentó el gasto diario por turista, aunque vengan menos días: gastaban 136 euros por día en el verano de 2017, 167 en 2019 y 181 euros diarios este verano (sobre todo, por la subida de precios).

Tras este verano casi  récord, la sorpresa la ha dado octubre, un mes en que suelen bajar los viajes tras el fin del verano: se cerró con un récord histórico de pernoctaciones (estancias en establecimientos turísticos), 32,5 millones, un +8,7 que en octubre de 2022, según el INE. Son  2,1 millones de pernoctaciones más que en octubre de 2019, antes de la pandemia. La mayor parte de este aumento (1,2 millones) fue por los extranjeros (que acapararon el 70% de las pernoctaciones totales), sobre todo británicos (superaron las 6 millones de pernoctaciones en octubre, 418.000 más que en 2019), irlandeses (+196.542 que en octubre de 2019), franceses (+187.791), holandeses (+153.227) y polacos (+143.063 pernoctaciones). Y que se alojaron sobre todo en Baleares (26,1%), Canarias (24%), Cataluña (17,4%), Andalucía (14,4%), Comunidad Valenciana (6,4%) y Madrid (6%). Los españoles coparon el 30% de plazas turísticas en octubre (puente del Pilar), sobre todo en Andalucía (18,8%), Cataluña (12,9%), Comunidad Valenciana (11,4%), Madrid (9,8%) y Canarias (7,6%).

Además de una ocupación récord, octubre marcó 2 tendencias en las preferencias de los viajeros, extranjeros y nacionales, según los datos del INE. Una, se consolida la preferencia por los hoteles de 4 estrellas, que ya suponen la mitad de todas las pernoctaciones en España y que se llevan el 81% del crecimiento total de estancias (1,7 de los 2,1 millones más). Y la otra, que sube la tarifa media que se paga por estancia, hasta los 110 euros diarios, aunque es mucho más alta en destinos como Canarias (122 euros diarios), Cataluña (125 euros) y sobre todo Madrid (152,7 euros la estancia media). Todo apunta a que los hoteleros están tratando de recuperarse de la caída de estancias por la pandemia, de la subida de costes y de las fuertes inversiones en remodelación de hoteles, mientras los clientes optan por hoteles de 4 estrellas (no de 3 ni de 5), optando por pagar algo más si pueden.

A falta de datos de ocupación en noviembre (con varios puentes), los hoteleros creen que el récord de octubre no es un dato aislado y se apoyan en el tirón de reservas para diciembre y hasta febrero: ya se han producido un 20% más de reservas para estos 3 meses que el año pasado, según los últimos datos de las empresas de hoteles y alojamientos turísticos (CEHAT). Incluso hay 3 autonomías que tienen ya más reservas para este invierno que en 2019: Madrid (+30%), Canarias y Andalucía. Madrid aparece como primer destino turístico este invierno porque al turismo de negocios se ha unido el turismo de ocio (compras y espectáculos), que protagoniza las reservas en diciembre, empujado por las grandes cadenas internacionales (Four Seasons, Rosewood, JW Marriott…), que han aterrizado en Madrid y atraen turismo extranjero (USA, Asia y Latinoamérica) de alto nivel. Canarias ya tiene un alto nivel de reservas (extranjeras y españolas) para diciembre, enero y febrero, gracias a una mejora en sus conexiones aéreas y a que se configura como un destino seguro este invierno tras la crisis en Palestina, que afecta a Túnez, Egipto y Turquía. Y Andalucía se afianza como un destino clave este invierno para europeos (británicos) y españoles.

Con ello, los expertos destacan que España se ha convertido en el gran destino turístico para este invierno, tras serlo habitualmente en verano (sol y playa). El último informe de Turespaña ya destacaba que somos la 1ª opción de los británicos para sus vacaciones de invierno, lo que también sucede entre muchos turistas alemanes y del centro-norte de Europa. A favor de España juega el aumento de vuelos y ofertas de tour operadores, respecto a Italia y Francia, unos precios altos pero todavía menores a otros paises europeos y el clima, además de la gastronomía, la cultura y el ocio, la  seguridad y un sistema sanitario de mucha más calidad que en otros paises mediterráneos. Todo ello favorece el turismo europeo de invierno a Canarias, Baleares, Málaga y  la Costa del Sol, Levante y Cataluña.

La patronal turística Exceltur también resalta en su último informela elevada demanda de viajes, de europeos y nacionales, para el último trimestre de 2023”. Según su estimación, las ventas turísticas aumentarán un +15,8% en este 4º trimestre de 2023 sobre las ventas de finales de 2019, con lo que el sector turístico se habrá recuperado definitivamente de la pandemia. Sus previsiones son que esta mejoría en el turismo de invierno, por los extranjeros pero también por el turismo nacional, se note sobre todo en Canarias, Baleares, litoral mediterráneo y las ciudades de Madrid, Barcelona, Valencia, Alicante, Sevilla y Málaga. Y que también beneficie al transporte de viajeros y al ocio (golf y parques temáticos).

Lo más llamativo, destaca la patronal Exceltur, es que se está evidenciando una “preferencia por el gasto en experiencias de turismo y ocio sobre otros gastos”, tanto entre los españoles como entre los demás europeos. Es una tendencia que ya habían comentado antes otros expertos: la pandemia ha provocado que ahora los consumidores tengan más “ansias de viajar”, de salir, de moverse. Y que prefieran gastarse sus ingresos en carburante, en hoteles y en restaurantes, en ver cosas que en cambiar los muebles o los electrodomésticos o en otros gastos, salvo los imprescindibles (vivienda, recibos, alimentación y ropa). Ha subido todo y el sueldo no da para mucho, pero no se renuncia a un puente o a un fin de semana, a una comida o a una experiencia de ocio o cultural, aún a costa de no gastar en otras cosas.

Hay algunos factores que explican esta mayor tendencia a viajar, a gastar en hacer turismo, según resume la patronal Exceltur. El primero y fundamental, que ahora hay más gente con trabajo (+1.299.000 ocupados que en diciembre de 2019) y con empleos más estables (el 82,7% de los asalariados tienen contratos indefinidos, por lo que da menos miedo gastar (o endeudarse). El segundo que los salarios (aún bajos) están subiendo algo más (+3,46% hasta octubre, frente al 3.01% en 2022 y el 1,41% en 2021), aunque también sube la inflación (pero menos: el +3,2% anual hasta noviembre, la tasa más baja desde febrero de 2022). También juega a favor del turismo la recuperación de los turistas americanos y asiáticos, ayudados por una depreciación del euro desde el verano. Y también ayuda la apuesta de los operadores turísticos y las compañías aéreas por España, frente a otros destinos con más riesgos geopolíticos. Y también ayuda a viajar más el clima (más cálido).

Claro que no todo el mundo se puede apuntar a esta “fiebre por viajar”. En Europa, hay 10 paises cuya economía decrecerá este año, caerá su PIB (Alemania, Austria, Luxemburgo, Suecia, Irlanda, Estonia, Letonia, Lituania, República Checa y Hungría), según la previsión de la Comisión Europea. Y en España, aunque crecemos más (2,4% este año), un tercio de los españoles (33,5%) no pueden permitirse ni una semana de vacaciones al año, según la Encuesta de Condiciones de Vida 2022 (INE). Y muchos de los dos tercios restantes, que sí toman vacaciones, lo hacen gracias a endeudarse. Ya este verano se solicitaron un 15% más de créditos al consumo para pagar las vacaciones, según el sector, y todo apunta a que pasará lo mismo en diciembre, a pesar de los altos tipos (8,14% en septiembre). Y este puente de diciembre “echarán humo las tarjetas”, para pagar hoteles, comidas y viajes, que luego nos provocarán un “susto” en enero, en medio de una cuesta de pagos.

En cualquier caso, este tirón del turismo de invierno es una gran noticia para el sector, que lleva décadas angustiado por la excesiva “estacionalidad” de la demanda, concentrada en los meses de verano y en el turismo de sol y playa. Ahora, si España consigue tener turistas casi todo el año, esto reforzará la primera industria del país y también estabilizará más su empleo. Y sobre todo, ayudará al resto de la economía. De momento, el turismo nos está salvando en 2023, otro año más. La previsión de Exceltur es que el PIB turístico crezca un +16,3% este año y aporte a la economía 183.078 millones de euros, un 12,6% del PIB total del país. Y que el turismo aporte el 21,8% del crecimiento español en 2023, más de la quinta parte del total, junto al consumo, la inversión y las exportaciones. Un empujón clave.

Eso sí, aún con el tirón del turismo de invierno, el sector no puede retrasar por más tiempo su reconversión, abordando la modernización de instalaciones, la mejora de su oferta, la digitalización de sus ventas, la sostenibilidad ambiental y la conciliación con los vecinos. Seguimos siendo uno de los paises más atractivos del mundo, en verano y en invierno, pero hay que cuidar la gallina de los huevos de oro, para no morir de éxito. Y nosotros, los consumidores, tenemos que “viajar con cabeza”, sin endeudarnos demasiado.