lunes, 20 de abril de 2020

Coronavirus: más test o más confinamiento


El Gobierno ha decidido ampliar el confinamiento hasta el 9 de mayo (serán 8 semanas). Pero lo hace bastante a ciegas. Los datos de las autonomías son heterogéneos e incompletos. Y no saben cuántos españoles hay contagiados en sus casas, que podrían relanzar contagios y muertes si salen. Habría que hacer millones de test PCR (se han hecho 930.000), pero faltan  kits de extracción y laboratorios. Es ahora el “cuello de botella” sanitario, como antes los respiradores y UCIs. Y se retrasa el estudio epidemiológico a 30.000 familias, que nos dirá el alcance del virus. Estamos a ciegas y es un riesgo enorme suavizar el confinamiento, aunque haya provocado una recesión sin precedentes, con 6 millones de españoles temporalmente sin trabajo. Pero la prioridad es la vida, no la bolsa. Lo que tienen que pactar, antes que la reconstrucción, es dedicar más medios y estar más unidos (las autonomías van por libre) frente a la emergencia sanitaria, multiplicar test y estudios para saber cuál es el alcance real del coronavirus. Mientras, aguantemos en casa.

enrique ortega

Al cumplirse hoy 110 días de ser detectado, el coronavirus ha contagiado ya a 2.404.325 personas en 185 paises, causando 165.257 muertos, según la Universidad Jhons Hopkins. El centro de la pandemia sigue en Estados Unidos (759.696 contagiados), aunque la mitad de los contagiados están en Europa, destacando España (195.944 contagiados) e Italia (175.925), pero con un fuerte ascenso en Francia (152.978), Alemania (144.348 contagiados) y Reino Unido (121.168). En muertos por coronavirus, también está en cabeza EEUU (40.611 muertos), seguido de Italia (23.660), España (20.453), Francia (19.718) y Reino Unido (16.060), quedando muy lejos Alemania (4.547 muertos). España sigue siendo el país con más muertos por millón de habitantes (435), pero tiene una tasa de letalidad (muertos/contagiados) de 10,4, inferior a Francia (17,3), Bélgica (14,7), Reino Unido (13,5), Italia (13,2) y hasta Holanda (11,4), según los datos de Sanidad publicados ayer domingo.


Tras 5 semanas de confinamiento, la curva de contagios en España sigue creciendo a menos ritmo: los nuevos contagios aumentaron la semana pasada por debajo del +3%  (+2,20% ayer domingo) frente al +7% hace dos semanas, el +15% hace tres y el +20% al inicio del estado de alarma. Los ingresos en hospitales crecen menos, el +1,7%, cuando hace dos semanas crecían el +7% y hace un mes el +34%. Lo mismo los ingresos en UCIs: crecieron un +1,5% la semana pasada frente al 6% hace dos semanas y al +40% al inicio del estado de alarma. Y los muertos crecieron un +3% la semana pasada, frente al +9% hace dos semanas y el +38% de hace un mes, aunque todavía sean “demasiados”: 410 nuevos ayer (ojo: fin de semana) frente a 950 el 1 de abril.


El alcance de la pandemia sigue siendo muy desigual por autonomías, aunque hay un problema previo que dificulta comparar: las estadísticas no son homogéneas, no se miden igual los contagios y las muertes, por lo que Sanidad publicó el viernes una Orden tratando de clarificar el alcance real de la pandemia. Con todo, sigue habiendo 7 autonomías con más contagios que la media (138,6 por 100.000 habitantes): La Rioja (351), Castilla la Mancha (324), Madrid (259), Castilla y León (286, aunque Segovia tiene 1.521 contagios por 100.000 habitantes  y Soria 1.405), Navarra (236), Cataluña (184) y País Vasco (178). Y los hospitalizados han bajado la última semana en Madrid (de 11.424 a 8.291) pero subían en el resto de España. Y también los pacientes en UCIs (de 1.332 a 1123 en Madrid), que han subido en Castilla la Mancha (de 316 a 518), la Comunidad Valenciana (de 567 a 643) y Andalucía (de 619 a 687). Al final, las autonomías con más letalidad (muertos/contagiados) son Aragón (18,81), Madrid (13,18), Extremadura (12,24), Castilla la Mancha (11,80), Comunidad Valenciana (10,71) y Cataluña (9,68), según los datos de Sanidad de ayer.


Un dato que sigue preocupando son las residencias de ancianos, donde se han producido 11.600 muertes (4.953 en Madrid), la mayoría por coronavirus, aunque se desconoce el alcance real de los contagios y muertes (un mes después del inicio del estado de alarma). Y todo indica que las autonomías siguen luchando “por su cuenta” contra el coronavirus, sin traspasarse enfermos ni equipos y algunas (Cataluña, Andalucía, País Vasco) sin colaborar demasiado con Sanidad, ni en los datos y estrategias ni en las compras de material.


Ahora, la clave en la emergencia sanitaria es reducir el ritmo de contagios (aunque coyunturalmente, podrían subir si se hacen más test, según ha advertido el ministro Illa) y los ingresos en hospitales y Ucis. Para lograrlo, hay que seguir manteniendo el número reproductivo básico por debajo de 1: que haya menos de un contagiado secundario por cada contagiado primario. Al inicio de la pandemia en España (principios de marzo), cada enfermo contagiaba a 4. El 14 de marzo, al inicio del estado de alarma, bajó a 3. Y a principios de abril, bajó de 1. Ayer repuntó hasta 0,95, aunque había 5 autonomías con más de 1: Baleares (1,19), Cantabria (1,15), Ceuta (1,17), Madrid (1,1) y Asturias (1,03), según Sanidad. ¿Cómo se ha reducido el número de contagios? Básicamente, con el confinamiento (evitando los contactos entre personas) y las medidas de protección (lavado de manos, limpieza y equipos de protección). Pero hay que avanzar más, con otras dos medidas claves, que se han aplicado con éxito en Corea, Austria y Alemania: detectar los contagios ocultos (con test masivos) y rastrear sus contactos (con investigadores y programas de móviles, APPs que detecten otros infectados) para aislarlos también.


Hasta ahora, en España, el confinamiento ha frenado el ritmo de contagios. Pero no podemos estar confinados eternamente. El problema es que no pueden abrir la mano y “desescalar” la cuarentena sin saber el alcance real de la pandemia. Porque los 196.000 contagiados contabilizados son sólo la punta del “iceberg”: no sabemos lo que hay debajo. Podría haber 7 millones de españoles contagiados o más, según el Imperial College. Así que necesitamos hacer test masivos y fiables. Hay 2 tipos de test para detectar enfermedad activa (antígenos). Unos, los test rápidos, más baratos y sencillos, que tienen un problema: detectan los contagiados, pero si dan negativo no son concluyentes y se necesita hacer el otro test, los PCR. Y estos test más precisos, los PCR, tienen 4 componentes: un hisopo (o palito) para coger la muestra, un kit de extracción, otro kit de identificación y un laboratorio que los analice. Y tenemos varios “cuellos de botella. Faltan hasta “palitos”, según reconoció el miércoles el doctor Simón. Hay empresas españolas que fabrican los test de identificación del virus, pero previamente se necesita un kit de extracción del ARN (el coronavirus no tiene ADN), que necesita una materia prima, un reactivo, para “leer” ese ARN. Y esos reactivos son escasos y sólo los produce EEUU (que ya no vende), Alemania (se ha volcado en sus ciudadanos) y China (todos a comprarle). Y por si fuera poco, hay escasez de laboratorios homologados para las pruebas PCR, que exigen varias horas.


El resultado de estos “cuellos de botella”  con los test PCR es que sólo se han hecho 930.230 hasta el jueves, según el ministro de Sanidad. Y 2 millones de test rápidos (que son como una “ruleta rusa”, según los expertos). O sea, menos de 3 millones de españoles testados y 44 millones sin saber si son asintomáticos o contagiados. Y así, con este desconocimiento, el Gobierno tiene que decidir si seguimos confinados o se arriesga, por la presión de las familias encerradas y de la recesión económica, a abrir la mano. Urge volcar todos los medios en hacer test antes de levantar el confinamiento. Buscar producir aquí test de extracción (en Navarra y Euskadi investigan caminos alternativos) y multiplicar los laboratorios (se van a añadir los de las Universidades, 13 de momento que pueden ser hasta 50), con la ayuda de 4 robots que empezaron a trabajar el jueves y que analizan 10.000 PCR diarias. 


Y además, acelerar ese estudio de seroprevalencia a 30.000 familias (63.000 personas), anunciado el 7 de abril y que se ha retrasado por perfilar la muestra y por definir el  personal para hacer los test en las casas : no se quería retirar sanitarios de los hospitales y se pensó  que lo hicieran los militares, pero finalmente lo harán los médicos de familia, a partir del lunes 27 de abril. El estudio, en 2 oleadas, dará una muestra muy fiable (las encuestas electorales son menos de 5.000 y suelen acertar) para saber de una vez el alcance del coronavirus. Y cuando sepamos más, con millones de test y el estudio epidemiológico, no antes de 3 semanas (ojo, el estudio completo de seroprevalencia llevará 2 meses), los expertos y el Gobierno podrán decidir, con datos más  relevantes, si levantar el confinamiento y cómo. Y para entonces, necesitamos tener esa herramienta informática, una APP para móviles, que detecte los posibles contactos de los contagiados, para aislarlos y que no suba de 1 la tasa de contagios secundarios como pasó antes de la cuarentena.


Todo esto es lo prioritario, conocer de verdad el alcance del virus, realizando los test rápidos y los PCR (ambos para detectar la enfermedad activa) y los test serológicos (el tercer tipo de test, que sirve para detectar si se tienen anticuerpos y por lo tanto se ha pasado la enfermedad) , que se quieren también multiplicar para detectar los "inmunizados". Hay que acabar con los “embudos” en los 3 tipos de test, como antes se hizo con los hospitales,las camas de UCI y los respiradores. Y en eso hay que volcar recursos, medios y expertos, involucrando a las empresas españolas. Es la gran prioridad de una emergencia sanitaria que sigue ahí, agazapada, a la que no hemos vencido. Y mientras, sería una irresponsabilidad bajar la guardia y suavizar el confinamiento. A ciegas.


Y hay que hacerlo sabiendo que prolongar el confinamiento agravará la recesión, ya de por sí sobrecogedora. De momento, 4 millones de trabajadores se han acogido a un ERTE y están temporalmente sin trabajo, muchos todavía sin poder cobrar el paro y teniendo que sobrevivir hasta que lo reciban el 10 de mayo. Y 1.016.670 autónomos ya han pedido el cese temporal de actividad (el viernes, 919.000 cobraron la prestación, un mínimo de 661 euros mensuales). Y hay 950.000 trabajadores más que han sido ya despedidos (el 70% tenían empleo temporal), según la estimación del ministro Escrivá. Si sumamos, son 6 millones de personas afectados ya por la emergencia económica del coronavirus. Y que no saben cuántos meses van a estar así. Sin olvidar las empresas y trabajadores que siguen a medio gas (se mantiene un 42% de la actividad empresarial, según Randstad), que temen contagiarse y perder su trabajo o su negocio si el confinamiento dura mucho más.


Sabíamos que la emergencia económica provocada por el coronavirus es muy grave, pero la semana pasada, el FMI ha puesto números a la peor recesión mundial desde 1929: la economía mundial caerá este año un -3,5%, Estados Unidos un -5,9%, Japón -5,2%  y la zona euro un -7,5%, con fuertes caídas del PIB en Alemania (-7%), Francia (-7,5%), Reino Unido (-6,5%) y más en Italia (-9,1%), España (-8%), Portugal (-8%) y Grecia (-10%). Sólo se salvan China (crecerá +1,2%, aunque cayó un -6.8% en el primer trimestre) y la India (+1,2%). Y subirá el paro en todo el mundo, sobre todo en Europa (10,4%), Italia (12,7%) y principalmente en España (20,8% de paro en 2020), donde el FMI vaticina que tendremos 1,5 millones de parados más a fin de año (4,8 millones).


El FMI, propone que los paises “gasten lo que haga falta", como si no hubiera mañana. De momento, lo que han hecho muchos paises es que los Bancos centrales (Reserva Federal, BCE, Banco de Japón o de Inglaterra) garanticen la liquidez, que los bancos y las empresas tengan crédito. Pero en muchos paises, como EEUU y algunos europeos, el gasto en ayudas directas a los afectados (sobre todo a parados y familias temporalmente sin ingresos) es bajo. En este sentido, España es un ejemplo: entre abril y mayo habrá 8,35 millones de españoles que recibirán ayudas públicas (aunque lleguen con retraso), entre afectados por ERTEs (4 millones), autónomos afectados por cese de actividad (serán 1,4 millones), trabajadores despedidos (950.000) y los que ya cobraban el paro (2.002.235 en marzo) y se les mantiene sin contar plazos, según detalló el ministro Escrivá en el Congreso.


El problema de todas estas ayudas es que hay que pagarlas. Y por eso, el FMI señala que la emergencia económica va a disparar el déficit público de todos los paises, sobre todo de los que ya lo tenían alto, como Italia (subirá al -8,3% del PIB) y España (subirá del -2,6 al -9,5% en 2020: +108.000 millones de euros), aunque también en EEUU (subirá al -15,4%), China (-11,2%), Japón (-7,1%), Francia (-9,2%), Alemania (-5,5%), Portugal (-7,1%) o Grecia (-9%). Este mayor “agujero” en las cuentas públicas se producirá porque cae la recaudación (se estima que España ingresará este año 40.000 millones menos de impuestos) y suben los gastos, por las ayudas a empresas, trabajadores y familias (unos 45.000 millones). De ahí sale que el déficit público español acabará 2020 en 85.000 millones de euros más de lo previsto antes de la pandemia.


La siguiente cuestión es cómo financiarlo, como “cubrir este agujero”. Teóricamente, hay dos caminos: endeudarse y subir impuestos. El segundo, con la economía en una grave recesión, será inviable hasta que no se crezca (el FMI piensa que podemos crecer un +4,3% en 2021). Así que este año, sólo queda endeudarse. Por eso, el FMI estima que la deuda de todos los paises se dispare en 2020 (del 113,3 al 131% del PIB en los paises del G-20, del 109 al 131% en EEUU) y muy especialmente la deuda de Italia (del 134,8 al 155,5% del PIB) y de España (del 98,5% del PIB al 113,4%, el mayor porcentaje de deuda desde 1901). Eso significa que todos los paises van a acudir a los mercados a financiarse, con lo que los inversores forzarán una subida de tipos de interés


En el caso de España (y de Italia), el problema no va a ser sólo encontrar quién nos preste (tendremos que emitir unos 100.000 millones este año en vez de los 32.500 previstos), sino que nos costará más pagar la deuda, cuyos intereses ya se llevaron 31.398 millones de euros en 2019, la 2ª partida de gasto más importante del Presupuesto tras las pensiones (153.864 millones). De momento, los "mercados” ya han aprovechado el coronavirus para subir el tipo de la deuda  a 10 años de España (del 0,460% en enero al 0,809 el viernes) y de Italia (del 1,407 en enero al 1,781% el 17 de abril). Y si la pelota de la deuda sigue creciendo, lo normal es que sigan pidiendo más interés por prestarnos y que suba la prima de riesgo (la diferencia entre el tipo de la deuda española y alemana): era del 0,59% el 1 de enero (59,8  puntos básicos) y el viernes 17 de abril era ya del 1,26% (128,4 puntos). Por eso son tan importantes los eurobonos, que niegan Alemania y la Europa del norte: permitirían a España e Italia financiar esta deuda del coronavirus de forma más barata y segura. Porque si los mercados empiezan a seleccionar a quién prestan, sólo nos quedará que el BCE nos ayude comprando deuda, como pasó en 2015, para evitar problemas y “rescates”.


Estas son las consecuencias de la emergencia económica, junto a la recesión y la pérdida de empleos y empresas: nos dejará una factura muy abultada, que habrá que pagar durante décadas. Y eso sin contar con los recursos necesarios para reconstruir el país. Todo esto es lo que tendrían que pactar y acordar el Gobierno, la oposición, los empresarios y sindicatos. Pero antes, o en paralelo, habría que pactar cómo salir de la emergencia sanitaria, a la vista de que cada autonomía va por su cuenta (¿por qué no se mandan enfermos de Segovia, líder en contagiados en España, al hospital de campaña de IFEMA, en Madrid, que se ha empezado a desmantelar por falta de enfermos?) y la mayoría de partidos utilizan la pandemia para criticar y tumbar al Gobierno. Pacten primero cómo salvar vidas, que es la gran prioridad. Y luego, cómo salvar empresas y empleos. Basta de politiqueos.

jueves, 16 de abril de 2020

El coronavirus exige reforzar la salud mental


El coronavirus no solo nos enferma y mata sino que nos obliga a un largo confinamiento que está deteriorando nuestra salud mental, provocando ansiedad, angustia, irritabilidad, insomnio y miedo al futuro, más entre los que han perdido su trabajo o negocio. Por eso, la ONU propone incluir la salud mental en la estrategia contra el coronavirus, atendiendo especialmente a ancianos, niños y personas con problemas mentales previos. Aunque se haga, esta pandemia va a empeorar nuestra salud mental, bastante deteriorada antes del coronavirus: 1 de cada 10 adultos  (4,5 millones de españoles) tenía problemas de salud mental (sobre todo depresión)  y más de 2 millones consumían ansiolíticos habitualmente. Y había 10 suicidios diarios. Una deficiente salud mental que se agravó con la crisis de 2008, sobre todo entre los parados. Y faltan psicólogos, psiquiatras, unidades especializadas y medios en atención primaria, según alertó en enero el Defensor del Pueblo. Urge un Plan de choque contra los daños mentales del coronavirus. Hay que salir vivos y "cuerdos".

enrique ortega

Antes del coronavirus, la mala salud mental ya era una de las “pandemias ocultas” del mundo, según los datos de la OMS: 500 millones de personas sufren trastornos mentales, sobre todo depresión (300 millones), trastornos bipolares (60 millones), esquizofrenia y otras psicosis  (21 millones), demencia (47,5 millones) y trastornos en el desarrollo (incluido el autismo). Y lo más preocupante es que esta pandemia “mental” apenas se trata: sólo se atienden del 35 al 50% de los casos en los paises ricos y menos del 24% en los paises pobres, con cuidados poco especializados. Y esta grave desatención mental tiene un alto coste, en vidas humanas (800.000 suicidios al año en el mundo) y en costes sanitarios y económicos (bajas laborales y pérdidas de productividad), más de 1 billón de dólares al año.


La OMS advertía, a finales de 2019, que el problema de la salud mental en el mundo va a peor y que en 2030, la salud mental será la primera causa de discapacidad en el mundo”. Y “el principal reto sanitario de Europa”. Ya hoy, la salud mental es el gran problema sanitario de Europa, según el informe “Health at a Glance Europe 2018”, elaborado por la OCDE, que cifra en 84 millones los europeos que tienen algún problema de salud mental (el 17,67% de la población). España figura en este informe como el 7º país europeo con peor salud mental (18,32% de la población con problemas), por encima de la media UE-28 (17,67%), Alemania (17,95%), Reino Unido (17,70%) e Italia (16,86%), aunque mejor que Finlandia (18,77% población con problemas de salud mental), Holanda, Francia (18,49%), Irlanda, Portugal (18,34%) y Estonia. España tiene un nivel medio de ansiedad (nos superan los paises más ricos del norte) y un nivel bajo de depresión, alcohol y drogas. En conjunto, Europa tiene un alto coste por su mala salud mental: 84.000 suicidios anuales (230 diarios) y 600.000 millones de euros en costes sanitarios y laborales.


En España, como en la mayoría de Europa, la salud mental era un problema preocupante (aunque socialmente “oculto”) antes del coronavirus. Los datos oficiales, de la Encuesta ENSE 2017, la última publicada por Sanidad, son impactantes: más de 1 de cada 10 españoles adultos (15 y más años), el 10,8%, dijo haber sido diagnosticado de algún problema de salud mental (son 4,55 millones de personas, casi el doble de mujeres que hombres), sobre todo ansiedad y depresión  Y 1 de cada 100 niños (0 a 14 años) han sufrido trastornos de conducta (1,8%), trastornos mentales (0,6%), autismo o similar (0,6%), unos 50.000 menores (más niños que niñas). Y en el caso de los mayores de 65 años, 3 de cada 10 señalaron algún grado de deterioro cognitivo y casi un tercio tenían dificultad cognitiva (34,5% de las mujeres y el 27,2% de los hombres). En todos los casos, tienen más problemas mentales los españoles de clases bajas (13,5%) que los de clases altas (5,9%) y también más deterioro cognitivo y más discapacidad mental, que afecta al 3,8% de la población (1,78 millones de españoles, más en mujeres que en hombres).


El deterioro en la salud mental provoca que hayan aumentado las visitas al psicólogo o al psiquiatra: iban el 3,5% de los españoles en 2011 y fueron el 5,4% en 2017 (el 6,1% de las mujeres y 4,6% de los hombres). Y, sobre todo, ha disparado el consumo de ansiolíticos: hay más de 2 millones de españoles que los consumen habitualmente, aumentando cada año los jóvenes que consumen ansiolíticos o antidepresivos (el 12,4% los ha consumido alguna vez, son 241.000 jóvenes), que además empiezan antes. Y un dato revelador: sólo el 19% de los ansiolíticos los prescriben los psiquiatras, según estos profesionales, mientras el 81% los prescriben los médicos de familia, que se los facilitan a los pacientes ante la dificultad para que encuentren una cita de un especialista, saturados con listas de espera. Y este abuso de los ansiolíticos preocupa también porque se ha comprobado que está muy vinculado con el aumento del deterioro cognitivo e incluso con el Alzheimer.


Si este es el panorama “oficial” de la salud mental en España, la crisis de 2008 y sus secuelas (paro, recortes, empleo precario, desigualdad) la empeoraron aún más, según un estudio encargado por Sanidad a 6 expertos universitarios y publicado en 2018. Ahí se ve que la salud mental ha empeorado sobre todo en dos grupos: los parados y los que tienen un empleo precario. Su riesgo de padecer una enfermedad mental era del 29,2%, frente al 14,9% que tenían el resto de ocupados. Además, el estudio revela que la salud mental se ha deteriorado más entre los españoles sin estudios y las familias de los parados y trabajadores precarios, sobre todo entre sus esposas (malos tratos y angustia por las dificultades del hogar) y sus hijos (trastornos de conducta, adicciones y fracaso escolar). Otro estudio, publicado en 2019 por la Obra Social de la Caixa, revela que el mayor daño en la salud mental se ha dado entre los parados de larga duración (más de 1 año): comprobaron que un aumento del 10% en el paro en la construcción (subió del 6 al 24% con la crisis) supuso  un aumento del 3% en las enfermedades mentales de estos parados. Y eso, porque el desempleo provoca, en muchos casos, aislamiento, depresión y trastornos mentales.


Todos estos problemas de salud mental tienen un alto coste para España. Primero, en vidas: en 2018 hubo 3.539 suicidios, según el INE, casi 10 muertos diarios (el doble que por accidentes de tráfico: 1.846 muertes). Y otras 200 personas intentan suicidarse cada día sin conseguirlo, según Salud Mental España. Los datos revelan que hay un suicidio cada 2,5 horas, que 3 de cada 4 son hombres (aunque las mujeres lo intentan el triple que los hombres)  y que el 40% son de personas entre 40 y 59 años, aunque están aumentando los suicidios entre los jóvenes (es la 2ª causa de muerte entre los 15 y 29 años). El segundo gran coste de la mala salud mental es el coste económico: ronda en España los 80.000 millones de euros anuales, la mitad son costes sanitarios  y la otra mitad bajas y menos productividad.


La salud mental sedeterioró con la crisis pero no ha mejorado con la recuperación. Es más, la previsión es que siga empeorando: el 15% de los adultos (hoy son el 10,8%) tendrán algún problema de salud mental a lo largo de su vida, según prevé Salud Mental España. Serán pues 5,8 millones de españoles que necesitarán atención mental, y eso sin contar los efectos del coronavirus. El problema es que faltan medios y personal para atenderlos, como alerta también Salud Mental España: hay pocos psicólogos y psiquiatras, las consultas de especialistas están colapsadas en la sanidad pública (los que pueden, se buscan un psicólogo o psiquiatra privado) y faltan unidades especializadas en los hospitales, mientras no hay formación adecuada ni atención en los centros de salud. Y además, Salud Mental España se queja de que no se incluya la salud mental en los programas de salud y denuncian que hay “un estigma social” sobre las enfermedades mentales y el suicidio. Que los Gobiernos y la sociedad “miran hacia otro lado”.


En enero de este año, en vísperas del coronavirus, el Defensor del Pueblo lanzó una alerta a la sociedad y al Ministerio de Sanidad sobre el deterioro de la atención a la salud mental en España. El informe revela que España tiene una media de 6 psicólogos clínicos por 100.000 habitantes, la tercera parte que Europa (18 de media). Y que el número se ha duplicado (aunque es bajo) en Madrid, Canarias, Navarra y Cantabria, pero que apenas ha mejorado desde 2009 en las demás autonomías. Y en psiquiatras clínicos, España tiene 10,5 por 100.000 habitantes, frente a 17,40 en Italia, 22,8 en Francia o 27,3 en Alemania, según Eurostat (datos 2017). El informe alerta de la falta de especialistas (que provocan listas de espera de 3 meses y más), falta de unidades especializadas en los hospitales y ausencia de atención mental especializada en los centros de salud. Por todo ello, llamaba a Sanidad y a las autonomías areforzar la atención mental de forma urgente”. 


Estas carencias en la salud mental vamos a sufrirlas ahora más con el coronavirus. Primero, por el impacto negativo de la cuarentena, cuyos efectos ya se han visto en anteriores pandemias con un menor confinamiento: aumento de la angustia, ansiedad, miedo, ira, nerviosismo, soledad, irritabilidad, insomnio y bajos estados de ánimo que pueden provocar depresión. Y que agravarán la situación de los que ya tenían antes problemas mentales, a los que habrá que sumar los afectados por muertes y contagios, los ancianos y niños. Y también los afectados por la emergencia económica, los que hayan perdido su empleo o su negocio. Por todo ello, los psiquiatras y los psicólogos han elaborado unas Guías que están disponibles en Internet para ayudar a sobrellevar esta pandemia. Y el Comité permanente de la ONU ha propuesto reforzar la salud mental de los afectados por coronavirus, integrando la atención mental en la atención a contagiados y familias, desarrollando atención psicológica al personal sanitario que lucha contra la pandemia y creando atención telefónica o video llamadas para mayores aislados, niños, discapacitados y enfermos mentales anteriores. Lo urgente es incluir la atención mental en la emergencia sanitaria contra el coronavirus, reforzando los centros donde están aislados (y solos, sin visitas) los enfermos mentales.


Pero no basta con esta atención de urgencia. Hay que preparar ya el futuro, la salida del confinamiento, cuando millones de españoles salgan de sus casas, muchos con un trauma encima que hay que evitar que les enferme. Urge preparar y tener listo un Plan de choque de atención mental, reforzando la atención especializada en los Centros de Salud, con la contratación de psicólogos y psiquiatras y con formación específica a los médicos de familia. Y reforzar con contrataciones la atención especializada y las unidades psiquiátricas de los hospitales, así como los centros especializados donde los enfermos mentales han sufrido con dureza esta cuarentena. O se hace, o se multiplicarán las depresiones y trastornos mentales, aumentando también los suicidios. Y a medio plazo, en cuanto se pueda, Sanidad tiene que aprobar la Estrategia Nacional de Salud Mental (incluyendo un Plan de prevención del suicidio), que estaba ultimando con expertos cuando llegó el coronavirus. 


Los recortes en la sanidad española de la última década nos han pillado más indefensos frente al coronavirus. Y las carencias en la atención mental, denunciadas por los profesionales y el defensor del Pueblo, nos pillan también indefensos para afrontar sus secuelas psicológicas. Por eso, hay que reforzar la sanidad y la atención mental, con dinero y personal, para vencer al coronavirus y sus daños en la salud física y mental de los españoles. Tenemos que salir vivos y "cuerdos" de esta terrible pandemia.

lunes, 13 de abril de 2020

Coronavirus: Ojo a bajar la guardia


Tras 4 semanas de confinamiento y menos contagios nuevos, crece la presión por suavizar el encierro. Ojo: si se hace demasiado pronto, el repunte puede ser mortal, advierte la OMS. Porque no sabemos cuántos contagiados hay ocultos en casa: entre 1,8 y 19 millones, según el Imperial College. Averiguarlo exige hacer estudio epidemiológico a 30.000 familias. Y reforzar la sanidad. Pero la emergencia económica presiona contra el confinamiento: millones de empresas cerradas y 1 de cada 4 ocupados con su empleo perdido temporal o definitivamente. Un drama al que se destinan 128.288 millones, que hipotecan nuestro futuro en la mayor recesión mundial desde 1929. Y con sólo 60.000 millones en créditos de Europa, sin un Plan europeo de reconstrucción porque Alemania, Holanda y Austria tienen elecciones en 2021 y temen el avance de la ultraderecha si ayudan más al sur. Igual que el PP con Vox, lo que impide unos Pactos aquí. Pero eso sería después, para la reconstrucción. Ahora toca seguir en casa, hasta mayo, y salvar vidas

enrique ortega

Hoy, lunes 13 de abril, se cumplen 103 días de la aparición del coronavirus en Wuhan (China), una pandemia que ha contagiado ya a 1.800.791 personas en 185 paises, provocando 110.892 muertos. España es el 2º país del mundo con más contagios (166.019), tras Estados Unidos (532.339), por delante de Italia (156.363), Francia (130.730), Alemania (125.975), Reino Unido (85.175) y China (81.134 contagios), según la Universidad Jhons Hopkins. Y somos el 3º país con más muertos (16.972), tras EEUU (20.558) e Italia (19.899) y más que Francia (13.832), Reino Unido (10.612), China (3.343) o Alemania (2.871), aunque tenemos menos letalidad (muertos/contagiados) que muchos paises europeos: 10,22% frente al 14,75% de Francia, 12,79% de Italia, 12,50% de Reino Unido, 11,94% de Bélgica o 10,83% de letalidad en Holanda. Y tras cuatro meses de duro confinamiento, el ritmo de nuevos contagios ha bajado, del 32% que crecían el 14 de marzo al 2,57% que aumentaron ayer domingo.También se ha suavizado el número de hospitalizados (56.972 ayer), los enfermos en la UCI (4.868 frente a 6.092 el 1 de abril) y los muertos (de 950 el 1 de abril a 619 ayer), aunque siempre son “demasiados”.


Con todo, la emergencia sanitaria provocada por el coronavirus sigue siendo muy dispar por autonomías, concentrándose la pandemia en Madrid, La Rioja, Navarra y Castilla la Mancha (azul más oscuro en el mapa), junto a Castilla y León, Aragón y Cataluña (azul medio) y con menor incidencia en Galicia, Levante, Extremadura y Andalucía (ver mapa). Los contagios han crecido en la última semana en Castilla la Mancha (415 por 100.000 habitantes) y Castilla y León (279), bajando en el resto, aunque siguen estando por encima de la media (185,48 por 100.000 habitantes) en la Rioja (520), Castilla la Mancha (415), Madrid (358), Navarra (299), Castilla y León (279), Cataluña (247) y País Vasco (227). Y siguen muy bajos en Canarias (36,8 por 100.000 habitantes), Murcia (38,6), Baleares (50), Melilla (57,8) y Andalucía (63), según los datos de Sanidad. Eso sí, mientras los hospitalizados bajan en la España con más contagios, suben en Andalucía, Balares, Canarias, Asturias y la Comunidad Valenciana. Y también la ocupación de las UCIs en Cataluña, País Vasco, Andalucía y Comunidad Valenciana. En cuanto a los muertos, la mayor letalidad (muertes/contagiados) sigue en Madrid (13,47%), Extremadura (12,09%), y Castilla la Mancha (11,26%), todas por encima de la media española (10,22%), seguidas de Cataluña (10,11%), Castilla y León (10,07%) y Aragón (10,05%). 


Ahora, el doble objetivo de Sanidad es reducir el ritmo de nuevos contagios (que decrezcan) y que las altas superen a los nuevos enfermos (3.441 altas ayer frente a 4.167 nuevos contagios). Y en paralelo, seguir reforzando los hospitales (con más test al personal sanitario, equipos de protección, respiradores y camas de UCIs), tanto los de las regiones saturadas como los de las autonomías que están viendo subir los contagios y hospitalizaciones. Y a la vez, controlar las 5.417 residencias de ancianos que hay en España, sin medios para afrontar una pandemia que se ceba en los más mayores (el 86,2% de los muertos tienen más de 70 años).


A la vista de esta “cierta mejoría” de la emergencia sanitaria (no olvidemos que hay 619 muertos diarios), muchas voces piden suavizar el confinamiento, permitiendo algunas salidas a la calle (niños, hacer deporte, etc.) y abrir más actividades, con la vuelta al trabajo hoy en la construcción y algunas industrias (por presión indudable de las grandes empresas). Pero ojo: sería un grave error suavizar o levantar el confinamiento demasiado rápido, porque “el repunte de la enfermedad podría ser mortal”, como acaba de advertir la OMS. Y eso porque no sabemos el alcance real de la pandemia, sólo los 166.000 que han sigo oficialmente contagiados. Pero hay millones de españoles contagiados (asintomáticos) ocultos en sus casas, que si salen sin saberlo pueden provocar una segunda oleada de coronavirus. La única estimación disponible es la del Imperial College, que da una horquilla de 1,8 a 19 millones de españoles que pueden estar contagiados, con 7 millones de contagiados posibles. 


Para conocer el alcance real de la pandemia, Sanidad va a iniciar esta semana un Estudio epidemiológico a 30.000 familias en toda España (63.000 pruebas), cuyo resultado no se conocerá (hay que repetir la prueba en 3 semanas) hasta dentro de un mes. Por eso, todo apunta a que seguiremos confinados hasta el 10 de mayo. Recordemos que Wuhan ha estado confinado 11 semanas y que Italia lleva desde el 11 de marzo y lo ha ampliado otra vez hasta el 3 de mayo. Y la mitad del mundo está con medidas de confinamiento, con retraso sobre España y con menos dureza: sólo Italia, Francia y USA están en estado de emergencia y en la mayoría de paises se permiten algunas salidas de niños y deportistas (ver cuadro sobre las medidas de confinamiento por paises). Eso sí, el confinamiento es muy desigual, según el tamaño de las casas (España está en la media) y, sobre todo, según los ingresos de los confinados: en España, la tasa de hacinamiento de los más pobres es de 5, 21 frente al 1,01 de los más ricos, una brecha menor a la de Francia o Alemania, según la OCDE. Por favor, cuando le agobie el confinamiento, mire esta foto: un padre, una madre y dos hijos (6 y 15 años), peruanos, confinados en Madrid, los cuatro en una habitación de 2 metros de ancho por 4 de largo...


La duración del confinamiento deberían fijarla los expertos y la emergencia sanitaria, para no perder lo ganado. Pero presionan para suavizarlo el cansancio de las familias y, sobre todo, las empresas cerradas, que temen no sobrevivir si el confinamiento económico se mantiene. De momento, los datos de la emergencia económica son tremendos. El Gobierno confirma, a través del ministro Escrivá, que se han presentado unos 400.000 expedientes, que suponen la pérdida temporal de empleo de 3 millones de trabajadores, más 850.000 autónomos que han pedido el cese temporal de actividad, según dijo Pedro Sánchez en el Congreso. Y a eso hay que sumar los 900.000 empleos perdidos (despidos) de marzo, a los que habrá que sumar otros 750.000 este mes de abril, según estima FUNCAS. En total, 5,5 millones de españoles que han perdido temporal o definitivamente su empleo. Más de 1 de cada 4 ocupados (había casi 20 millones) afectados en su trabajo y sus ingresos, una emergencia económica sin precedentes, que nos lleva a una recesión desconocida.


El Gobierno Sánchez ha reaccionado (tarde, como todos) con distintos paquetes de medidas, que se aplican más lentamente de lo que se necesita, lo que agobia a los afectados. Hasta ahora, las ayudas a las empresas (119.000 millones en créditos y moratorias), a la sanidad (4.600 millones), a los trabajadores afectados (3.400 millones) y a las familias (1.100 millones) totalizan ya 128.288 millones, según el balance presentado esta semana. Y se estudian más medidas, como el retraso hasta mayo de los impuestos a presentar en abril por empresas y autónomos o ayudas para los que no tienen derecho a subsidio (una renta básica transitoria). La factura de la pandemia sigue creciendo y obligará al Estado a endeudarse más, por encima del billón de deuda que ya teníamos. Una losa sobre el futuro, sin contar con el dinero que va a exigir reconstruir la economía cuando salgamos del confinamiento.


De Europa vamos a tener poca ayuda. Se ha avanzado la semana pasada, aprobando tres programas de ayuda, uno para la sanidad (240.000 millones del Fondo de rescate, el MEDE, sin condiciones y vigilancia, como exigían Italia y España), otro para las empresas (200.000 millones de créditos del Banco Europeo de Inversiones) y otro para los trabajadores afectados (100.000 millones de créditos de la Comisión Europea para pagar desempleo). Pero ojo, son créditos que habrá que repartir entre los paises (a España podrían tocarnos 60.000 millones, la mitad de las ayudas aprobadas ya) y devolver. España no gana mucho con recibir estos créditos europeos en lugar de endeudarse en los mercados (hoy pagamos poco), aunque nos da una seguridad si los inversores no nos prestan mañana o nos piden más intereses, como en 2012. Pero lo que más necesita España, como Italia, es que Europa gaste dinero (no créditos) en un Plan de reconstrucción europeo, con potentes inversiones.


Y los paises del norte, que acaban de aceptar “un parche” de créditos insuficiente, evitan aprobar un Plan de reconstrucción europea potente, como se ha visto en las reuniones de estas semanas y como se verá en la próxima Cumbre europea del 23 de abril. Eso exigiría “mutualizar la pandemia”, repartir los gastos y emitir “eurobonos”, para financiar con este dinero (más barato que si se endeuda cada país) la reconstrucción. Pero eso no lo acepta la Europa del norte, que se niega a ayudar a la Europa del sur, como en la crisis del 2008, aunque ahora la pandemia no sea culpa “de los vagos latinos del sur”. Es un problema de falta de solidaridad, de egoísmo, de negarse a pagar más para ayudar a los otros, de una vuelta al nacionalismo. Un sentimiento y una ideología alimentada por los populismos y la extrema derecha europea. Por eso no quieren ceder los gobiernos democristianos y liberales del Norte de Europa: porque tienen miedo de que les supere la extrema derecha en las próximas elecciones de 2021 (en marzo en Holanda y en octubre y diciembre en Alemania y Austria). Sobre todo cuando la extrema derecha es la tercera fuerza política en Holanda y Alemania y la segunda en Austria. Por eso no nos ayudan a Italia o España, aunque lo camuflen con argumentos económicos y financieros.


Y lo mismo pasa en España. El PP teme que Vox rentabilice el malestar contra el Gobierno que ha provocado el coronavirus, por el retraso en el confinamiento (menor que en la mayor parte de los paises y más duro que en Francia, Reino Unido o EEUU: ver cuadro), por la falta de medios sanitarios (como en todos los paises, donde faltan mascarillas, respiradores y UCIs), por falta de ayudas a empresas, autónomos y trabajadores (en todos los paises se pide más), y, como no, por los errores y bandazos (como todos los Gobiernos) . Y aprovechan todo esto para criticar cada día al Gobierno, buscando ser tan duro como Vox y negándose a acuerdos. Por eso, es impensable que el PP apoye esta semana ningún Pacto, porque tiene su mirada puesta en que no le supere Vox por la derecha y en utilizar el coronavirus para tumbar al Gobierno (al que nunca han considerado "legítimo"). Pero la patronal, los empresarios, no deberían seguir esta estela y necesitan unir sus fuerzas con los sindicatos para seguir salvando empresas y empleos, al margen de los politiqueos, con un pacto social diario y no firmado, que afronte la emergencia económica con el Gobierno, como los sanitarios afrontan unidos la pandemia.


Ahora, la prioridad debe ser salvar vidas y no tiene justificación poner a nadie en peligro de contagio por salir a hacer deporte, pasear al niño o abrir una tienda, aunque estemos todos muy hartos de estar en casa o hayamos perdido el trabajo o el negocio temporalmente. Esta pandemia es algo muy serio y seguimos sin los medios necesarios (equipos, material, UCIs y personal)  para combatirla, en los hospitales y en las residencias de ancianos. Y seguimos librando 17 batallas contra el coronavirus, autonomía a autonomía y no todos juntos como país: es impresentable que hasta el miércoles santo no se haya enviado un paciente grave de Soria a Logroño. Hay que volcarse en la emergencia sanitaria, esa debe ser “la guerra de todos”, al margen de críticas inútiles y actitudes políticas interesadas. Ya habrá tiempo para reconstruir la economía, a partir de junio o julio, con suerte, si paramos el segundo aluvión de la pandemia, que llegará cuando se levante el confinamiento. Pero ahora, sigamos en casa para salvar vidas.

jueves, 9 de abril de 2020

Confinamiento con luz más renovable


El coronavirus ha desplomado el consumo de electricidad, un -30% hasta Semana Santa. Se debe al parón en la economía, porque las familias, confinadas en casa, gastamos un 20% más de luz. Y aunque el precio bajó en marzo, el próximo recibo subirá entre 16 y 26 euros, mientras la luz seguirá bajando hasta otoño. Un dato muy positivo: en marzo, el 50% de la luz que consumimos fue renovable, algo histórico, gracias al mayor peso de las energías eólica y solar. Eso sí, es una excepción, porque aunque las renovables suponen el 50% de la potencia eléctrica instalada, sólo supusieron el 38,5% de la energía consumida en 2019 y el 45,7% en el primer trimestre de 2020. Y eso porque las eléctricas utilizan mucho el gas, ahora que está barato, que también emite CO2 (menos que el carbón, en desuso). El Gobierno mandó a Bruselas, el 31 de marzo, el Plan contra el Cambio Climático, cuyas inversiones y empleos ayudarán a reconstruir el país. Renovables contra el coronavirus.

enrique ortega

El parón de la economía por el coronavirus se ha reflejado fielmente en una caída drástica del consumo de electricidad, según los datos de Red Eléctrica: el 14 de marzo, día de inicio del estado de alarma, la demanda eléctrica había bajado un -13,17% sobre el 2 de marzo y el 31 de marzo, tras la “hibernación” de la economía (salvo servicios esenciales), había caído un -17,60% en todo el mes de marzo. Y el 8 de abril (miércoles santo), la demanda caía ya otro -12, 3% en este mes, según REE, con lo que la reducción total de la demanda eléctrica por el coronavirus roza ya el -30%. Una caída que se podría atenuar algo la próxima semana, cuando vuelvan a funcionar algunas empresas “estratégicas”, al terminar los días de permisos retribuidos recuperables.


Ha habido menos consumo eléctrico de la economía productiva pero las familias han consumido más electricidad que nunca, al estar confinados en casa desde el 14 de abril (y los estudiantes antes). La estimación es que el consumo de los particulares, que supone un 40% de toda la demanda eléctrica, ha aumentado un +20%, al utilizarse mucho más la luz, las cocinas, los electrodomésticos, la TV (284 minutos por persona al día en marzo, con puntas de 344 minutos algunos días) y los aparatos conectados a Internet. Una parte de este mayor consumo se ha compensado por la bajada del precio de la luz en marzo, por la caída del precio en el mercado mayorista (28 euros MWh, cuando hace un año estaba en 49 euros), debido a la mayor utilización de las energías renovables y del gas (más barato). La estimación de la Comisión de la Competencia (CNMC) es que la factura media haya bajado un -6,4% sobre febrero. Pero como se ha gastado de media un 20% más de luz, el próximo recibo que nos llegue vendrá con subida, entre 16 euros (hogar con 2 personas) y 26 euros (familia con 2 hijos), según cálculos de Selectra.


Como el confinamiento sigue, todo apunta a que el consumo eléctrico de las familias siga elevado, aunque los precios de generarla seguirán bajando (no tanto), al caer la demanda (no tanto como en marzo). Todo indica que los precios de producir  la electricidad seguirán bajando hasta el verano (incluso por debajo de los 25 euros MWh), aunque luego pueden recuperarse en el tercer trimestre, si sube la demanda, por recuperarse la actividad y por el frío.


La tarifa podría bajar mucho más si las eléctricas utilizaran más las renovables para generar la electricidad. El sistema eléctrico está ya preparado: a finales de  2019, la potencia eléctrica renovable instalada en España suponía ya el 50% del parque eléctrico, por primera vez en nuestra historia, cuando en 2016 sólo suponían el 46% del parque eléctrico y en 2008 el 34%,según Red Eléctrica (REE). En el primer trimestre de 2020, la potencia renovable ha seguido aumentando, hasta suponer el 50,14% del parque eléctrico, según los últimos datos de REE, gracias al tirón de la energía eólica (23,35% de la potencia instalada), la solar fotovoltaica (8,06% del total, frente al 4,52% en 2018), la solar térmica (2,09% del parque eléctrico),la  hidráulica (15,53%, como en 2019 y menos que en 2016-2018, porque llueve menos), otras renovables (0,97%) y los residuos renovables (0,14% del parque).


A pesar de que más de la mitad del parque eléctrico instalado son energías renovables, la mayoría de la luz que se genera no lo es. Así, en 2019, sólo el 37,5% de la luz producida era renovable (20,8% eólica, 4% solar fotovoltaica, 2% solar térmica, 9% hidráulica y 1,7% el resto de renovables y residuos) y el resto (62,5%) de la electricidad generada no era renovable. Eso se debe a que las eléctricas, aunque podrían producir más luz renovable, no lo hacen para utilizar su enorme parque de centrales de gas (centrales de ciclo combinado y cogeneración), que el Gobierno Rajoy les fue animando a instalar (remunerando esta electricidad con altos precios)  y que ahora les compensa aún más porque el precio del combustible, el gas natural, lleva meses bajando en el mercado internacional y más en 2010: costaba 3,04 dólares (por millón de termias) el 4 de enero de 2019, 2,17 dólares el 1 de enero de 2020 y 1,62 dólares el 6 de abril, casi la mitad que hace 15 meses. El resultado es que las centrales de ciclo combinado saltaron de producir el 12% de la luz en 2018 al 21,2% en 2019. Y las centrales de cogeneración se mantuvieron en el 11%. Y también utilizan al máximo  la energía nuclear (con instalaciones ya amortizadas por las eléctricas) pasaron de aportar el 20% en 2018 al 21,4% en 2019, mientras caía el peso del carbón (al tener que pagar cuatro veces más por las emisiones de CO2), de aportar el 14% de la luz (2018) al 5% (2019).


En el primer trimestre de 2020, las energías no renovables siguen dominando el mercado eléctrico: aportan el 55,3%, porque ha subido el peso de la energía nuclear al 24%, aunque el ciclo combinado (13%) y la cogeneración (11%) aportan menos y también el carbón (que sólo genera el 3% de la electricidad). Pero este año 2020 ha aumentado el peso de las energías renovables, según REE, hasta el 44,70% de la producción eléctrica, gracias sobre todo al mayor peso de la energía hidráulica (tras la sequía de 2019), que aporta el 15% de la electricidad, subiendo también la eólica (23%) y estabilizándose la solar fotovoltaica (4%) y bajando la solar térmica (1%). Lo más esperanzador es lo que ha pasado en marzo, en pleno confinamiento por el coronavirus: las renovables han aportado el 50% de la electricidad producida, gracias a la mayor producción de los molinos de viento y las centrales solares.


Ahora queda ver si marzo es una excepción y, en los próximos meses, las energías renovables no producen la mitad de electricidad, aunque puedan hacerlo. De ser así, será porque las eléctricas buscan rentabilizar al máximo sus centrales nucleares y sus centrales de gas (ciclo combinado y cogeneración), aunque esto tenga dos consecuencias negativas para los consumidores: la luz es más cara y más sucia. Ahora mismo, las energías renovables tienen un desarrollo tecnológico que las hacen muy competitivas en precio, aunque los usuarios paguemos más alto el recibo porque el precio que se fija en el mercado eléctrico es el de las energías más caras (fuel y gas). Y por si fuera poco, las energías renovables no emiten CO2 y son seguras, algo que no pueden decir las no renovables.


El gas y las centrales de ciclo combinado y de cogeneración “se venden” como centrales que contaminan menos que las de carbón y gas. Es verdad. Pero emiten CO2, aunque sea menos. Así, si una central de carbón emite 0,977 Tm de CO2 por MW generado y las centrales de fuel emiten 0,799 Tm, las de ciclo combinado emiten 0,383 TM por MW. O sea, emiten un tercio menos de CO2 que las de carbón, pero mucho más que las energías renovables, que no emiten nada. Y respecto a las centrales nucleares, aunque no emiten CO2, tienen un problema no resuelto de generación y tratamiento de residuos, además del riesgo de seguridad. Y estas energías sucias o inseguras, recordemos, aportan el 55% de la luz que consumimos.


Con todo, el aumento de las energías renovables es imparable y una muestra es que ya aportan el 44,7% de nuestra electricidad  cuando sólo aportaban el 7,6% en 2008. El problema es doble. Que se ha formado una burbuja inversora” en energías renovables, de la mano de fondos de inversión y empresas que apuestan por estas instalaciones, de tal manera que la potencia instalada (34.300 MWh) y con permiso pero no conectada (111.500 MWh) es muy elevada (145.800 MWH) y supera incluso el total de potencia eléctrica instalada (110.000 MWH), que ya es más del doble de la demanda de electricidad (40.000 MWH) Y que es una “burbuja sobre otra burbuja”, al haber un exceso de renovables en un mercado con un exceso de oferta eléctrica. Así que la “burbuja renovable” puede explotar en cualquier momento, poniendo en peligro su futuro. Y el coronavirus puede ser un detonante, si se desploman los precios de la electricidad (eso haría los proyectos renovables menos rentables) o si los bancos e inversores dirigen ahora su dinero a otros destinos.


Pero el coronavirus también puede ayudar a las renovables. Y eso, porque la lucha contra el Cambio Climático (también en el sector eléctrico) puede ser uno de los caminos prioritarios  para reconstruir la economía y salir de la recesión, dado que va a movilizar ingentes inversiones y creará mucho empleo. Por eso, el Gobierno Sánchez, en pleno estado de alarma, el martes 31 de marzo, aprobó y envió a Bruselas el Plan Nacional Integral de Energía y Clima (PNIEC), un programa que pretende movilizar 241.000 millones de euros entre 2021 y 2030  (el 80%, privados y una parte también fondos europeos) para impulsar las energías renovables, medidas de ahorro energético y eficiencia, electrificación y redes. Y un Plan que generará entre 250.000 y 350.000 empleos en esta década, que van a ser cruciales tras la enorme pérdida de empleos que va a acarrear el coronavirus.


Bueno, como se ve, casi todo está conectado con el coronavirus y también nuestro recibo de la luz del mes pasado y el de abril, por lo menos. Pensemos, cuando demos la luz o usemos el ordenador o la TV, que estamos pagando una electricidad que es más cara y sucia de lo que podría ser. Y que cuando salgamos de esta, hay que exigir  al Gobierno y a las eléctricas a que generen una luz más barata y más limpia. La potencia renovable ya la tienen instalada y hay mucha más en espera. Ahora sólo falta que la utilicen.