El Gobierno ha decidido ampliar el confinamiento
hasta el 9 de mayo (serán 8 semanas). Pero lo hace bastante a ciegas. Los datos de las autonomías son heterogéneos e incompletos. Y no saben cuántos españoles hay contagiados
en sus casas, que podrían relanzar
contagios y muertes si salen. Habría que hacer millones de test PCR (se han hecho 930.000), pero faltan kits de extracción y laboratorios. Es ahora el “cuello de botella” sanitario,
como antes los respiradores y UCIs. Y se retrasa el
estudio epidemiológico a 30.000 familias, que nos dirá el alcance del
virus. Estamos a ciegas y es un riesgo enorme suavizar el confinamiento,
aunque haya provocado una recesión sin
precedentes, con 6 millones de españoles temporalmente sin
trabajo. Pero la prioridad es la vida, no la bolsa. Lo que tienen que pactar, antes que la reconstrucción, es dedicar más medios y estar más unidos (las
autonomías van por libre) frente a la emergencia sanitaria, multiplicar
test y estudios para saber cuál es el alcance real del coronavirus. Mientras, aguantemos en casa.
Al cumplirse hoy 110 días de ser detectado, el coronavirus ha contagiado ya a 2.404.325 personas en 185 paises, causando 165.257 muertos, según la Universidad Jhons Hopkins. El centro de la pandemia sigue en Estados Unidos (759.696 contagiados),
aunque la mitad de los contagiados están en Europa, destacando España
(195.944 contagiados) e Italia (175.925), pero con un fuerte ascenso en Francia (152.978), Alemania
(144.348 contagiados) y Reino Unido (121.168). En muertos por coronavirus, también está
en cabeza EEUU (40.611 muertos),
seguido de Italia (23.660), España (20.453), Francia (19.718) y Reino Unido
(16.060), quedando muy lejos Alemania (4.547 muertos). España sigue siendo el país
con más muertos por millón de habitantes (435), pero tiene una tasa de letalidad (muertos/contagiados)
de 10,4, inferior a Francia
(17,3), Bélgica (14,7), Reino Unido (13,5), Italia (13,2) y hasta Holanda
(11,4), según los datos de Sanidad publicados ayer domingo.
Tras 5 semanas de
confinamiento, la curva de contagios en España
sigue creciendo a menos ritmo: los
nuevos contagios aumentaron la semana pasada por debajo del +3% (+2,20% ayer domingo) frente al +7% hace dos semanas, el +15% hace tres y
el +20% al inicio del estado de alarma.
Los ingresos en hospitales crecen
menos, el +1,7%, cuando hace dos
semanas crecían el +7% y hace un mes
el +34%. Lo mismo los ingresos en UCIs: crecieron un +1,5% la semana pasada frente al 6%
hace dos semanas y al +40% al inicio del estado de alarma. Y los muertos crecieron un +3% la semana pasada, frente al +9%
hace dos semanas y el +38% de hace un mes, aunque todavía sean
“demasiados”: 410 nuevos ayer (ojo: fin de semana) frente a 950 el 1 de abril.
El alcance de la pandemia
sigue siendo muy desigual por autonomías,
aunque hay un problema previo que dificulta
comparar: las estadísticas no son homogéneas, no se miden igual los contagios y
las muertes, por lo que Sanidad publicó el viernes una Orden
tratando de clarificar el alcance real de
la pandemia. Con todo, sigue habiendo 7
autonomías con más contagios que la media (138,6 por 100.000 habitantes): La Rioja
(351), Castilla la Mancha (324), Madrid (259), Castilla y
León (286, aunque Segovia tiene 1.521 contagios por 100.000 habitantes y Soria 1.405), Navarra (236), Cataluña (184) y País Vasco
(178). Y los hospitalizados han bajado la última semana en Madrid
(de 11.424 a 8.291) pero subían en el resto de España. Y también los pacientes en UCIs (de 1.332 a 1123 en
Madrid), que han subido en Castilla la Mancha (de 316 a 518), la Comunidad
Valenciana (de 567 a 643) y Andalucía (de 619 a 687). Al final, las autonomías con más letalidad
(muertos/contagiados) son Aragón (18,81), Madrid (13,18), Extremadura (12,24), Castilla la Mancha (11,80), Comunidad Valenciana (10,71) y Cataluña (9,68), según los datos de Sanidad de ayer.
Un dato que sigue preocupando son las residencias de ancianos, donde se han producido 11.600 muertes
(4.953 en Madrid), la mayoría por coronavirus, aunque se desconoce el alcance real de los contagios y muertes (un mes
después del inicio del estado de alarma). Y todo indica que las autonomías siguen luchando “por su cuenta” contra el coronavirus, sin traspasarse
enfermos ni equipos y algunas (Cataluña, Andalucía, País Vasco) sin colaborar
demasiado con Sanidad, ni en los datos y estrategias ni en las compras de
material.
Ahora, la clave en
la emergencia
sanitaria es reducir el ritmo de
contagios (aunque coyunturalmente, podrían subir si se hacen más test, según ha advertido el ministro Illa) y los ingresos
en hospitales y Ucis. Para lograrlo, hay que seguir manteniendo el número reproductivo básico
por debajo de 1: que haya menos de un contagiado secundario por cada
contagiado primario. Al inicio de la
pandemia en España (principios de marzo), cada enfermo contagiaba a 4. El 14 de marzo, al inicio del estado
de alarma, bajó a 3. Y a principios
de abril, bajó de 1. Ayer repuntó hasta 0,95, aunque había 5 autonomías con más de 1: Baleares (1,19), Cantabria (1,15), Ceuta (1,17), Madrid (1,1) y Asturias (1,03), según Sanidad. ¿Cómo se ha reducido
el número de contagios? Básicamente, con
el confinamiento (evitando los contactos entre personas) y las medidas de protección (lavado de
manos, limpieza y equipos de protección). Pero hay que avanzar más, con otras dos medidas claves, que se han
aplicado con éxito en Corea, Austria y Alemania: detectar los contagios ocultos (con test masivos) y rastrear sus
contactos (con investigadores y programas de móviles, APPs que detecten
otros infectados) para aislarlos también.
Hasta ahora, en España, el
confinamiento ha frenado el ritmo de
contagios. Pero no podemos estar
confinados eternamente. El
problema es que no pueden abrir la mano y
“desescalar” la cuarentena sin saber el
alcance real de la pandemia. Porque los 196.000 contagiados contabilizados son sólo la punta del “iceberg”: no sabemos lo
que hay debajo. Podría haber 7 millones
de españoles contagiados o más, según el Imperial College. Así que necesitamos
hacer test masivos y fiables. Hay 2 tipos de test para detectar enfermedad activa (antígenos). Unos, los test rápidos, más baratos y
sencillos, que tienen un problema: detectan los contagiados, pero si dan
negativo no son concluyentes y se
necesita hacer el otro test, los PCR.
Y estos test más precisos, los PCR, tienen 4 componentes: un hisopo (o palito) para coger la
muestra, un kit de extracción, otro kit de identificación y un laboratorio que los analice. Y tenemos varios “cuellos de botella”.
Faltan hasta “palitos”, según
reconoció el miércoles el doctor Simón. Hay empresas españolas que fabrican los
test de identificación del virus,
pero previamente se necesita un kit de extracción del ARN (el
coronavirus no tiene ADN), que necesita una materia prima, un reactivo, para
“leer” ese ARN. Y esos reactivos son escasos y sólo los produce EEUU
(que ya no vende), Alemania (se ha volcado en sus ciudadanos) y China (todos a
comprarle). Y por si fuera poco, hay escasez de laboratorios homologados para las
pruebas PCR, que exigen varias horas.
El resultado de estos “cuellos de botella” con los test PCR es que sólo se han
hecho 930.230 hasta el jueves, según el ministro de Sanidad. Y 2 millones
de test rápidos (que son como una “ruleta rusa”, según los expertos). O sea, menos de 3 millones de españoles testados y
44 millones sin saber si son asintomáticos o contagiados. Y así, con
este desconocimiento, el Gobierno tiene que decidir si seguimos
confinados o se arriesga, por la presión de las familias encerradas y
de la recesión económica, a abrir la mano. Urge volcar todos los medios en hacer test antes de levantar el
confinamiento. Buscar producir aquí test de extracción (en Navarra y Euskadi investigan caminos alternativos) y multiplicar los laboratorios
(se van a añadir los de las Universidades, 13 de momento que pueden ser hasta
50), con la ayuda de 4 robots que empezaron a trabajar el jueves y que analizan 10.000 PCR diarias.
Y además, acelerar
ese estudio de seroprevalencia a 30.000 familias
(63.000 personas), anunciado el 7 de abril y que se ha retrasado por perfilar la muestra y por definir el personal para hacer los test en las casas : no se quería retirar sanitarios de los hospitales y se pensó que lo hicieran los militares, pero finalmente lo harán los médicos de familia, a partir del lunes 27 de abril. El estudio, en 2 oleadas, dará una
muestra muy fiable (las encuestas electorales son menos de 5.000 y suelen
acertar) para saber de una vez el alcance
del coronavirus. Y cuando sepamos más, con millones de test y el estudio
epidemiológico, no antes de 3 semanas (ojo, el estudio completo de seroprevalencia llevará 2 meses),
los expertos y el Gobierno podrán decidir, con datos más relevantes, si levantar el confinamiento y cómo. Y para entonces, necesitamos
tener esa herramienta informática, una APP para móviles, que detecte los posibles contactos de los
contagiados, para aislarlos y que no suba de 1 la tasa de
contagios secundarios como pasó antes de la cuarentena.
Todo esto es lo
prioritario, conocer de verdad el alcance del virus, realizando los test rápidos y los PCR (ambos para detectar la enfermedad activa) y los test serológicos (el tercer tipo de test, que sirve para detectar si se tienen anticuerpos y por lo tanto se ha pasado la enfermedad) , que se quieren también multiplicar para detectar los "inmunizados". Hay que acabar con los “embudos” en los 3 tipos de test, como antes se hizo con los
hospitales,las camas de UCI y los respiradores. Y en eso hay
que volcar recursos, medios y expertos, involucrando a las empresas españolas.
Es la gran prioridad de una emergencia sanitaria que sigue
ahí, agazapada, a la que no hemos vencido. Y mientras, sería una irresponsabilidad bajar la guardia y suavizar el confinamiento.
A ciegas.
Y hay que hacerlo sabiendo que prolongar el confinamiento agravará la recesión, ya de por sí sobrecogedora. De momento, 4 millones de trabajadores se han acogido a un ERTE y están
temporalmente sin trabajo, muchos todavía sin poder cobrar el paro y teniendo
que sobrevivir hasta que lo reciban el 10 de mayo. Y 1.016.670 autónomos ya han pedido el cese temporal de actividad (el viernes, 919.000 cobraron la prestación, un mínimo de 661 euros mensuales). Y hay
950.000 trabajadores más que han sido ya
despedidos (el 70% tenían empleo temporal), según la estimación del ministro Escrivá. Si sumamos, son 6 millones de personas afectados ya por la emergencia económica del
coronavirus. Y que no saben cuántos meses van a estar así. Sin olvidar las
empresas y trabajadores que siguen a medio gas (se mantiene un 42% de la
actividad empresarial, según Randstad), que temen contagiarse y perder su trabajo o su negocio si el
confinamiento dura mucho más.
Sabíamos que la
emergencia económica provocada por el coronavirus es muy grave, pero la semana pasada, el FMI ha puesto números a
la peor recesión mundial desde 1929:
la economía mundial caerá este año un -3,5%,
Estados Unidos un -5,9%, Japón -5,2% y la zona euro un -7,5%, con fuertes
caídas del PIB en Alemania (-7%), Francia (-7,5%), Reino Unido (-6,5%) y
más en Italia (-9,1%), España (-8%), Portugal (-8%) y
Grecia (-10%). Sólo se salvan China (crecerá +1,2%, aunque cayó un -6.8% en el primer trimestre) y la India (+1,2%). Y subirá el paro en todo el mundo, sobre
todo en Europa (10,4%), Italia (12,7%) y principalmente en España (20,8% de paro en
2020), donde el FMI vaticina que tendremos
1,5 millones de parados más a fin de año (4,8 millones).
El FMI, propone que los paises “gasten lo que haga falta", como
si no hubiera mañana. De
momento, lo que han hecho muchos paises es que los Bancos centrales (Reserva Federal, BCE, Banco de Japón o de Inglaterra) garanticen la liquidez, que los
bancos y las empresas tengan crédito. Pero en muchos paises, como EEUU y
algunos europeos, el gasto en ayudas directas a los afectados (sobre todo a
parados y familias temporalmente sin ingresos) es bajo. En este sentido, España
es un ejemplo: entre abril y mayo habrá
8,35 millones de españoles que recibirán ayudas públicas (aunque lleguen
con retraso), entre afectados por ERTEs (4 millones), autónomos afectados por
cese de actividad (serán 1,4 millones), trabajadores despedidos (950.000) y los
que ya cobraban el paro (2.002.235 en marzo) y se les mantiene sin contar
plazos, según detalló el ministro Escrivá en el Congreso.
El problema de todas estas ayudas es que hay que
pagarlas. Y por eso, el FMI señala que la emergencia económica va a disparar el déficit público de todos los paises, sobre todo de
los que ya lo tenían alto, como Italia (subirá al -8,3% del PIB) y España (subirá del -2,6 al -9,5% en 2020: +108.000 millones de euros), aunque también en EEUU
(subirá al -15,4%), China (-11,2%), Japón (-7,1%), Francia (-9,2%), Alemania
(-5,5%), Portugal (-7,1%) o Grecia (-9%). Este mayor “agujero” en las cuentas
públicas se producirá porque cae la recaudación
(se estima que España ingresará este año 40.000 millones menos
de impuestos) y suben los gastos,
por las ayudas a empresas, trabajadores y familias (unos 45.000 millones). De
ahí sale que el déficit público español
acabará 2020 en 85.000 millones de euros más de lo previsto antes de la pandemia.
La siguiente cuestión es cómo financiarlo, como “cubrir este agujero”. Teóricamente, hay dos
caminos: endeudarse y subir impuestos.
El segundo, con la economía en una grave recesión, será inviable hasta que no
se crezca (el FMI piensa que podemos crecer un +4,3% en 2021).
Así que este año, sólo queda endeudarse. Por eso, el FMI
estima que la deuda de todos los paises se dispare en 2020
(del 113,3 al 131% del PIB en los paises del G-20, del 109 al 131% en EEUU) y
muy especialmente la deuda de Italia
(del 134,8 al 155,5% del PIB) y de España
(del 98,5% del PIB al 113,4%, el mayor porcentaje de deuda desde 1901). Eso significa que todos los paises van a acudir a los mercados
a financiarse, con lo que los inversores forzarán una subida
de tipos de interés.
En el caso de España
(y de Italia), el problema no va a
ser sólo encontrar quién nos preste
(tendremos que emitir unos 100.000 millones este año en vez de los 32.500 previstos), sino que nos
costará más pagar la deuda, cuyos intereses ya se llevaron 31.398 millones de euros en 2019, la 2ª partida de gasto más importante del Presupuesto tras las
pensiones (153.864 millones). De momento, los "mercados” ya han aprovechado el
coronavirus para subir el tipo de la deuda a 10 años de España (del 0,460% en enero al 0,809 el viernes) y de Italia
(del 1,407 en enero al 1,781% el 17
de abril). Y si la pelota de la deuda sigue creciendo, lo normal es que sigan pidiendo más interés por
prestarnos y que suba la prima de riesgo
(la diferencia entre el tipo de la deuda española y alemana): era del 0,59% el
1 de enero (59,8 puntos básicos) y
el viernes 17 de abril era ya del 1,26% (128,4 puntos). Por eso son tan
importantes los eurobonos, que niegan Alemania y la Europa del norte: permitirían a España e Italia financiar
esta deuda del coronavirus de forma más barata y segura. Porque si los
mercados empiezan a seleccionar a quién prestan, sólo nos quedará que el BCE nos ayude comprando deuda,
como pasó en 2015, para evitar problemas
y “rescates”.
Estas son las consecuencias de la emergencia económica,
junto a la recesión y la pérdida de empleos y empresas: nos dejará una factura muy abultada, que habrá que pagar durante décadas. Y
eso sin contar con los recursos necesarios para reconstruir el país. Todo esto es lo que tendrían que pactar y acordar el
Gobierno, la oposición, los empresarios y sindicatos. Pero antes, o en
paralelo, habría que pactar cómo salir de la emergencia
sanitaria, a la vista de que cada
autonomía va por su cuenta (¿por qué no se mandan enfermos de Segovia, líder en contagiados en España, al hospital de campaña de IFEMA, en Madrid, que se ha empezado a desmantelar por falta de enfermos?) y la mayoría
de partidos utilizan la pandemia para criticar y tumbar al Gobierno. Pacten primero cómo salvar vidas, que
es la gran prioridad. Y luego, cómo salvar
empresas y empleos. Basta de politiqueos.
El coronavirus no
solo nos enferma y mata sino que nos obliga a un largo confinamiento que
está deteriorando
nuestra salud mental, provocando ansiedad,
angustia, irritabilidad, insomnio y miedo al futuro, más entre los que han
perdido su trabajo o negocio. Por eso, la ONU propone incluir la salud mental en la
estrategia contra el coronavirus, atendiendo especialmente a ancianos,
niños y personas con problemas mentales previos. Aunque se haga, esta
pandemia va a empeorar nuestra salud mental, bastante deteriorada antes
del coronavirus: 1 de cada 10 adultos
(4,5 millones de españoles) tenía problemas de salud mental (sobre
todo depresión) y más de 2 millones consumían ansiolíticos habitualmente. Y había 10 suicidios diarios. Una deficiente
salud mental que se agravó con la crisis de 2008, sobre todo entre los parados. Y faltan psicólogos, psiquiatras,
unidades especializadas y medios en atención primaria, según alertó en
enero el Defensor del Pueblo. Urge un Plan de choque contra los daños mentales del coronavirus. Hay que salir vivos y "cuerdos".
Antes del coronavirus,
la mala
salud mental ya era una de las “pandemias ocultas” del mundo, según los datos de la OMS: 500 millones de
personas sufren trastornos mentales, sobre todo depresión (300 millones), trastornos bipolares (60 millones), esquizofrenia y otras psicosis
(21 millones), demencia (47,5
millones) y trastornos en el desarrollo (incluido el autismo). Y lo más
preocupante es que esta pandemia “mental” apenas se trata: sólo se atienden del
35 al 50% de los casos en los paises ricos y menos del 24% en los paises pobres, con cuidados poco
especializados. Y esta grave desatención
mental tiene un alto coste, en vidas humanas (800.000 suicidios al año en el mundo) y en costes sanitarios y económicos (bajas laborales y pérdidas de productividad), más de 1 billón de dólares al año.
La OMS advertía, a finales de 2019, que el problema de la
salud mental en el mundo va a peor y que en 2030, “la
salud mental será la primera causa de
discapacidad en el mundo”. Y “el principal reto sanitario de Europa”.
Ya hoy, la salud mental es el gran
problema sanitario de Europa, según el informe “Health at a Glance Europe 2018”, elaborado por la OCDE, que cifra en 84 millones los europeos que tienen algún
problema de salud mental (el 17,67% de la población). España figura en este informe como el 7º país europeo con peor salud mental (18,32% de la población con problemas),
por encima de la media UE-28 (17,67%), Alemania (17,95%), Reino Unido (17,70%)
e Italia (16,86%), aunque mejor que Finlandia (18,77% población con problemas
de salud mental), Holanda, Francia (18,49%), Irlanda, Portugal (18,34%) y
Estonia. España tiene un nivel medio de ansiedad (nos superan los paises más ricos del norte) y un nivel bajo de depresión, alcohol y drogas.
En conjunto, Europa tiene un alto coste por
su mala salud mental: 84.000
suicidios anuales (230 diarios) y 600.000
millones de euros en costes sanitarios y laborales.
En España, como
en la mayoría de Europa, la salud mental
era un problema preocupante (aunque socialmente
“oculto”) antes del coronavirus. Los datos oficiales, de la Encuesta ENSE 2017, la última publicada por Sanidad, son impactantes:
más de 1 de cada 10 españoles adultos (15 y más años), el 10,8%, dijo haber sido diagnosticado
de algún
problema de salud mental (son
4,55 millones de personas, casi el doble de mujeres que hombres), sobre
todo ansiedad y depresión Y 1 de cada 100 niños (0 a 14 años) han sufrido trastornos de conducta (1,8%),
trastornos mentales (0,6%), autismo o similar (0,6%), unos 50.000 menores (más niños que
niñas). Y en el caso de los mayores
de 65 años, 3 de cada 10 señalaron
algún grado de deterioro cognitivo y casi un tercio tenían dificultad cognitiva
(34,5% de las mujeres y el 27,2% de los hombres). En todos los casos, tienen más problemas mentales los españoles de clases
bajas (13,5%) que los de clases altas (5,9%) y también más deterioro cognitivo
y más discapacidad mental, que
afecta al 3,8% de la población (1,78 millones de españoles, más en
mujeres que en hombres).
El deterioro en la
salud mental provoca que hayan aumentado las visitas al psicólogo o al psiquiatra: iban el 3,5% de los españoles
en 2011 y fueron el 5,4% en 2017 (el 6,1% de las mujeres y 4,6% de los hombres).
Y, sobre todo, ha disparado el consumo de ansiolíticos: hay más
de 2 millones de españoles que los
consumen habitualmente, aumentando cada año los jóvenes que consumen
ansiolíticos o antidepresivos (el 12,4% los ha consumido alguna vez, son
241.000 jóvenes), que además empiezan antes. Y un dato revelador: sólo el 19%
de los ansiolíticos los prescriben los psiquiatras, según estos profesionales, mientras el 81%
los prescriben los médicos de familia, que se los facilitan a los pacientes
ante la dificultad para que encuentren una cita de un especialista, saturados
con listas de espera. Y este abuso de los ansiolíticos preocupa también porque se ha comprobado que
está muy vinculado con el aumento del deterioro cognitivo e incluso con el
Alzheimer.
Si este es el panorama “oficial” de la salud mental en España,
la crisis
de 2008 y sus secuelas (paro, recortes, empleo precario, desigualdad) la empeoraron aún más, según un estudio encargado por Sanidad a 6 expertos universitarios y publicado
en 2018. Ahí se ve que la salud mental ha empeorado sobre todo en dos grupos: los parados y los que tienen un empleo
precario. Su riesgo de padecer una enfermedad mental era del 29,2%, frente
al 14,9% que tenían el resto de ocupados. Además, el estudio revela que la
salud mental se ha deteriorado más entre
los españoles sin estudios y las familias de los parados y trabajadores
precarios, sobre todo entre sus esposas
(malos tratos y angustia por las dificultades del hogar) y sus hijos (trastornos de conducta, adicciones y fracaso escolar).
Otro estudio, publicado en 2019 por la Obra Social de la Caixa, revela que el mayor daño en la
salud mental se ha dado entre los
parados de larga duración (más de 1 año): comprobaron que un aumento del
10% en el paro en la construcción (subió del 6 al 24% con la crisis) supuso un aumento del 3% en las enfermedades mentales
de estos parados. Y eso, porque el desempleo provoca, en muchos casos, aislamiento, depresión y trastornos
mentales.
Todos estos problemas
de salud mental tienen un alto coste
para España. Primero, en vidas: en
2018 hubo 3.539 suicidios, según el INE, casi
10 muertos diarios (el doble que por accidentes de tráfico: 1.846
muertes). Y otras 200 personas intentan
suicidarse cada día sin conseguirlo, según Salud Mental España. Los datos revelan que hay un suicidio cada 2,5 horas,
que 3 de cada 4 son hombres (aunque
las mujeres lo intentan el triple que los hombres) y que el 40% son de personas entre 40 y 59
años, aunque están aumentando los suicidios entre los jóvenes (es la 2ª causa de muerte entre los 15
y 29 años). El segundo gran coste de
la mala salud mental es el coste económico:
ronda en España los 80.000 millones de euros anuales,
la mitad son costes sanitarios y la otra
mitad bajas y menos productividad.
La salud mental sedeterioró con la crisis pero no ha mejorado con la recuperación. Es más, la previsión es que siga empeorando:
el 15% de los adultos (hoy son el 10,8%) tendrán algún problema de salud mental
a lo largo de su vida, según prevé Salud Mental España. Serán pues 5,8
millones de españoles que necesitarán atención mental, y eso sin contar los efectos del coronavirus. El problema es que faltan medios y personal para atenderlos,
como alerta también Salud Mental España: hay pocos psicólogos y psiquiatras, las consultas de especialistas están
colapsadas en la sanidad pública (los
que pueden, se buscan un psicólogo o psiquiatra privado) y faltan unidades especializadas en los hospitales, mientras no
hay formación adecuada ni atención en los centros de salud. Y además, Salud Mental España se queja de que no se
incluya la salud mental en los programas de salud y denuncian que hay “un estigma social” sobre las enfermedades
mentales y el suicidio. Que los Gobiernos y la sociedad “miran hacia otro lado”.
En enero de este
año, en vísperas del coronavirus, el Defensor del Pueblo lanzó una alerta a la sociedad y al Ministerio de Sanidad sobre
el deterioro de la atención a la salud mental en España. El informe revela que España tiene una media de 6 psicólogos clínicos por 100.000 habitantes, la tercera parte que
Europa (18 de media). Y que el
número se ha duplicado (aunque es bajo) en Madrid, Canarias, Navarra y
Cantabria, pero que apenas ha mejorado desde 2009 en las demás autonomías. Y en
psiquiatras clínicos, España tiene 10,5 por 100.000 habitantes, frente a 17,40 en Italia, 22,8 en Francia o 27,3 en
Alemania, según Eurostat (datos 2017). El informe alerta de la falta de especialistas (que provocan
listas de espera de 3 meses y más), falta
de unidades especializadas en los hospitales y ausencia de atención mental
especializada en los centros de salud. Por todo ello, llamaba a Sanidad y a las autonomías a “reforzar la atención mental de
forma urgente”.
Estas carencias en la salud mental vamos a sufrirlas ahora más con el coronavirus.
Primero, por el impacto negativo de la
cuarentena, cuyos efectos ya se han visto en anteriores pandemias con un menor confinamiento: aumento
de la angustia, ansiedad, miedo, ira, nerviosismo, soledad, irritabilidad,
insomnio y bajos estados de ánimo que pueden provocar depresión. Y que agravarán la situación de los que ya tenían antes problemas mentales, a los que
habrá que sumar los afectados por
muertes y contagios, los ancianos y niños. Y también los afectados por la emergencia
económica, los que hayan perdido su empleo o su negocio. Por todo ello,
los psiquiatras y los psicólogos
han elaborado unas Guías
que están disponibles en Internet para
ayudar a sobrellevar esta pandemia. Y el Comité permanente de la ONU ha propuesto reforzar la salud mental de los
afectados por coronavirus, integrando la atención mental en la atención
a contagiados y familias, desarrollando atención
psicológica al personal sanitario que lucha contra la pandemia y creando atención telefónica o video llamadas para
mayores aislados, niños, discapacitados y enfermos mentales anteriores. Lo
urgente es incluir la atención mental en la emergencia sanitaria contra el coronavirus, reforzando los centros donde están aislados
(y solos, sin visitas) los enfermos mentales.
Pero no basta con esta
atención de urgencia. Hay que preparar
ya el futuro, la salida del
confinamiento, cuando millones de españoles salgan de sus casas, muchos con un trauma encima que hay que
evitar que les enferme. Urge preparar y tener listo un Plan de choque de atención mental, reforzando la atención
especializada en los Centros de Salud, con la contratación de psicólogos y
psiquiatras y con formación específica a los médicos de familia. Y reforzar con contrataciones la atención especializada y las unidades
psiquiátricas de los hospitales, así como los centros especializados donde los enfermos mentales han sufrido
con dureza esta cuarentena. O se hace, o se multiplicarán las depresiones y
trastornos mentales, aumentando también los suicidios. Y a medio plazo, en
cuanto se pueda, Sanidad tiene que aprobar
la Estrategia Nacional de Salud Mental (incluyendo un Plan de prevención del suicidio), que estaba ultimando con expertos cuando llegó el coronavirus.
Los recortes en la
sanidad española de la última década nos han pillado más indefensos frente
al coronavirus. Y las carencias en la
atención mental, denunciadas por los profesionales y el defensor del Pueblo, nos pillan también indefensos para
afrontar sus secuelas psicológicas. Por eso, hay que reforzar la sanidad y la atención mental, con dinero y
personal, para vencer al coronavirus y sus daños
en la salud física y mental de los españoles. Tenemos que salir vivos y "cuerdos" de esta terrible pandemia.
Tras 4 semanas de confinamiento
y menos
contagios nuevos, crece la presión por suavizar el encierro. Ojo: si se hace demasiado pronto, el repunte
puede ser mortal, advierte la OMS. Porque no sabemos cuántos contagiados hay ocultos en casa: entre 1,8 y 19
millones, según el Imperial College. Averiguarlo exige hacer estudio epidemiológico a 30.000 familias. Y reforzar la sanidad.
Pero la emergencia económica
presiona contra el confinamiento: millones de empresas cerradas y 1 de cada 4 ocupados con su empleo perdido
temporal o definitivamente. Un drama al que se destinan 128.288 millones, que hipotecan nuestro futuro en la mayor recesión
mundial desde 1929. Y con sólo 60.000
millones en créditos de Europa, sin un Plan europeo de reconstrucción porque
Alemania, Holanda y Austria tienen
elecciones en 2021 y temen el avance de la ultraderecha si ayudan más al
sur. Igual que el PP con Vox, lo que
impide unos Pactos aquí. Pero eso
sería después, para la reconstrucción. Ahora toca seguir en casa, hasta
mayo, y salvar vidas.
Hoy, lunes 13 de abril, se cumplen 103 días de la aparición del coronavirus
en Wuhan (China), una pandemia que ha contagiado
ya a 1.800.791 personas en 185 paises, provocando 110.892 muertos. España es el 2º país del mundo con más
contagios (166.019), tras Estados Unidos (532.339), por delante de Italia
(156.363), Francia (130.730), Alemania (125.975), Reino Unido
(85.175) y China (81.134 contagios), según la Universidad Jhons Hopkins. Y somos el
3º país con más muertos (16.972), tras EEUU (20.558) e Italia (19.899) y más que Francia
(13.832), Reino Unido (10.612), China (3.343) o Alemania (2.871), aunque tenemos menos letalidad (muertos/contagiados) que muchos paises europeos: 10,22% frente al 14,75% de Francia, 12,79% de Italia, 12,50% de Reino Unido, 11,94% de Bélgica o 10,83% de letalidad en Holanda. Y tras cuatro meses de duro confinamiento, el ritmo de nuevos contagios ha
bajado, del 32% que crecían el 14 de marzo al 2,57% que aumentaron ayer domingo.También se ha suavizado el número de
hospitalizados (56.972 ayer),
los enfermos en la UCI (4.868 frente
a 6.092 el 1 de abril) y los muertos
(de 950 el 1 de abril a 619 ayer), aunque siempre son “demasiados”.
Con todo, la emergencia sanitaria provocada
por el coronavirus sigue siendo muy
dispar por autonomías, concentrándose la pandemia en Madrid, La Rioja, Navarra y Castilla la Mancha (azul más oscuro en el mapa), junto a Castilla y León,
Aragón y Cataluña (azul medio) y con menor incidencia en Galicia, Levante, Extremadura y Andalucía
(ver
mapa). Los contagios han crecido en la última semana en Castilla
la Mancha (415 por 100.000 habitantes) y
Castilla y León (279), bajando en el
resto, aunque siguen estando por
encima de la media (185,48 por 100.000 habitantes) en la Rioja (520), Castilla
la Mancha (415), Madrid (358), Navarra (299), Castilla y León (279), Cataluña (247) y País Vasco (227). Y siguen muy bajos en Canarias (36,8 por 100.000
habitantes), Murcia (38,6), Baleares (50), Melilla (57,8) y Andalucía (63), según los datos de Sanidad. Eso sí, mientras los
hospitalizados bajan en la España con más contagios, suben en Andalucía, Balares, Canarias, Asturias y
la Comunidad Valenciana. Y también la ocupación
de las UCIs en Cataluña, País Vasco, Andalucía y Comunidad Valenciana. En
cuanto a los muertos, la mayor letalidad
(muertes/contagiados) sigue en Madrid
(13,47%), Extremadura (12,09%), y Castilla la Mancha (11,26%), todas por encima de la media española (10,22%), seguidas de Cataluña
(10,11%), Castilla y León (10,07%) y Aragón (10,05%).
Ahora, el doble
objetivo de Sanidad es reducir el
ritmo de nuevos contagios (que decrezcan) y que las altas superen a los nuevos enfermos (3.441 altas ayer
frente a 4.167 nuevos contagios). Y en paralelo, seguir reforzando los hospitales
(con más test al personal sanitario, equipos de protección, respiradores y camas de
UCIs), tanto los de las regiones saturadas como los de las autonomías que están
viendo subir los contagios y hospitalizaciones. Y a la vez, controlar las 5.417 residencias de ancianos
que hay en España, sin medios para afrontar una pandemia que se ceba en los más
mayores (el 86,2% de los muertos tienen
más de 70 años).
A la vista de esta “cierta
mejoría” de la emergencia sanitaria
(no olvidemos que hay 619 muertos diarios), muchas
voces piden suavizar el confinamiento,
permitiendo algunas salidas a la calle (niños, hacer deporte, etc.) y abrir más
actividades, con la vuelta al trabajo hoy en la construcción y algunas industrias (por presión indudable de las grandes empresas). Pero ojo: sería un grave
error suavizar o levantar el confinamiento demasiado rápido, porque “el
repunte de la enfermedad podría ser mortal”, como acaba de advertir la OMS. Y eso porque no
sabemos el alcance real de la pandemia, sólo los 166.000 que han sigo oficialmente contagiados. Pero hay
millones de españoles contagiados (asintomáticos) ocultos en sus casas, que si salen sin saberlo pueden provocar una segunda oleada de coronavirus. La única
estimación disponible es la del Imperial College, que da una horquilla de 1,8 a 19 millones de
españoles que pueden estar contagiados, con 7 millones de contagiados posibles.
Para conocer el alcance
real de la pandemia, Sanidad va a iniciar esta semana un Estudio epidemiológico a 30.000 familias en toda España (63.000 pruebas), cuyo resultado no se conocerá (hay que
repetir la prueba en 3 semanas) hasta
dentro de un mes. Por eso, todo apunta a que seguiremos confinados hasta el 10 de mayo. Recordemos que Wuhan ha estado confinado 11 semanas y que Italia lleva desde el 11 de marzo y lo ha ampliado otra vez hasta el 3 de mayo.
Y la mitad del mundo está con medidas de confinamiento, con retraso sobre
España y con menos dureza: sólo Italia, Francia y USA están en estado de
emergencia y en la mayoría de paises se permiten algunas salidas de niños y
deportistas (ver cuadro sobre las medidas de confinamiento por paises). Eso sí, el confinamiento es muy desigual, según el tamaño
de las casas (España está en la media) y, sobre todo, según los ingresos de los
confinados: en España, la tasa de
hacinamiento de los más pobres es de 5, 21 frente al 1,01 de los más ricos,
una brecha menor a la de Francia o Alemania, según la OCDE. Por favor, cuando le agobie el confinamiento, mire esta foto: un padre, una madre y dos hijos (6 y 15 años), peruanos, confinados en Madrid, los cuatro en una habitación de 2 metros de ancho por 4 de largo...
La duración del
confinamiento deberían fijarla los expertos y la emergencia sanitaria, para no perder lo ganado. Pero presionan para suavizarlo el cansancio de las familias y, sobre todo, las empresas
cerradas, que temen no sobrevivir si el confinamiento económico se mantiene. De
momento, los datos de la emergencia económica son tremendos.
El Gobierno confirma, a través del ministro Escrivá, que se han presentado unos 400.000
expedientes, que suponen la pérdida
temporal de empleo de 3 millones de trabajadores, más 850.000 autónomos que han
pedido el cese temporal de actividad, según dijo Pedro Sánchez en el
Congreso. Y a eso hay que sumar los 900.000 empleos perdidos (despidos) de marzo,
a los que habrá que sumar otros 750.000
este mes de abril, según estima FUNCAS. En total, 5,5
millones de españoles que han perdido temporal o definitivamente su empleo. Más de 1 de cada 4 ocupados (había casi 20
millones) afectados en su trabajo y sus
ingresos, una emergencia económica sin precedentes, que nos lleva a una
recesión desconocida.
El Gobierno Sánchez
ha reaccionado (tarde, como todos)
con distintos paquetes de medidas,
que se aplican más lentamente de lo que se necesita, lo que agobia a los
afectados. Hasta ahora, las ayudas a las
empresas (119.000 millones en créditos y moratorias), a la sanidad (4.600 millones), a
los trabajadores afectados (3.400 millones) y a las familias (1.100 millones) totalizan ya 128.288 millones, según el balance presentado esta semana. Y se estudian más medidas, como el retraso hasta mayo de los impuestos a
presentar en abril por empresas y autónomos o ayudas para los que no tienen
derecho a subsidio (una renta básica transitoria). La factura de la pandemia
sigue creciendo y obligará al Estado a endeudarse más, por encima del billón de deuda que ya teníamos. Una losa sobre el futuro, sin contar con el
dinero que va a exigir reconstruir la economía cuando salgamos del
confinamiento.
De Europa vamos a
tener poca ayuda. Se ha avanzado la semana pasada, aprobando tres programas de ayuda, uno para la sanidad (240.000 millones
del Fondo de rescate, el MEDE, sin condiciones y vigilancia, como exigían
Italia y España), otro para las empresas
(200.000 millones de créditos del Banco Europeo de Inversiones) y otro para los trabajadores afectados
(100.000 millones de créditos de la Comisión Europea para pagar desempleo).
Pero ojo, son créditos que habrá que repartir
entre los paises (a España podrían tocarnos 60.000 millones, la mitad de las
ayudas aprobadas ya) y devolver. España no gana mucho con recibir estos créditos europeos en lugar de endeudarse en
los mercados (hoy pagamos poco), aunque nos da una seguridad si los inversores
no nos prestan mañana o nos piden más intereses, como en 2012. Pero lo que más
necesita España, como Italia, es que Europa gaste dinero (no créditos) en un Plan de reconstrucción europeo, con potentes inversiones.
Y los paises del
norte, que acaban de aceptar “un parche” de créditos insuficiente,
evitan aprobar un Plan de reconstrucción europea potente, como se ha visto en las
reuniones de estas semanas y como se verá en la próxima Cumbre europea del 23 de abril. Eso exigiría “mutualizar la pandemia”,
repartir los gastos y emitir “eurobonos”,
para financiar con este dinero (más
barato que si se endeuda cada país) la
reconstrucción. Pero eso no lo acepta la Europa del norte, que se
niega a ayudar a la Europa del sur, como
en la crisis del 2008, aunque ahora la pandemia no sea culpa “de los vagos
latinos del sur”. Es un problema de falta de solidaridad,
de egoísmo, de negarse a pagar más para ayudar a los otros, de
una vuelta al nacionalismo. Un
sentimiento y una ideología alimentada por los populismos y la extrema derecha
europea. Por eso no quieren ceder los gobiernos democristianos y liberales
del Norte de Europa: porque tienen miedo de que les supere la extrema derecha en las próximas elecciones de
2021 (en marzo en Holanda y en octubre y diciembre en Alemania y Austria).
Sobre todo cuando la extrema derecha es la tercera fuerza política en Holanda y Alemania y la
segunda en Austria. Por eso no nos ayudan a Italia o España, aunque lo camuflen con argumentos económicos y
financieros.
Y lo mismo pasa en
España. El PP teme que Vox rentabilice el malestar contra el Gobierno que ha provocado el
coronavirus, por el retraso en el
confinamiento (menor que en la mayor parte de los paises y más duro que en
Francia, Reino Unido o EEUU: ver cuadro), por la falta de medios
sanitarios (como en todos los paises, donde faltan mascarillas,
respiradores y UCIs), por falta de ayudas
a empresas, autónomos y trabajadores (en todos los paises se pide más), y, como no, por los errores y bandazos (como todos los Gobiernos) . Y aprovechan todo esto para criticar cada día al Gobierno, buscando ser tan duro como Vox y
negándose a acuerdos. Por eso, es impensable que el PP apoye esta semana ningún Pacto, porque tiene su
mirada puesta en que no le supere Vox por la derecha y en utilizar el coronavirus para tumbar al Gobierno (al que nunca han considerado "legítimo"). Pero la patronal, los empresarios, no deberían seguir
esta estela y necesitan unir sus fuerzas con
los sindicatos para seguir salvando
empresas y empleos, al margen de los politiqueos, con un pacto social diario y no firmado,
que afronte la emergencia económica con el Gobierno, como los sanitarios
afrontan unidos la pandemia.
Ahora, la prioridad debe ser salvar vidas y no tiene justificación poner a nadie en
peligro de contagio por salir a hacer deporte, pasear al niño o abrir una
tienda, aunque estemos todos muy hartos de estar en casa o hayamos perdido el
trabajo o el negocio temporalmente. Esta pandemia es algo muy serio y seguimos sin los medios necesarios (equipos, material, UCIs y personal) para
combatirla, en los hospitales y en las residencias de ancianos. Y seguimos librando 17 batallas contra el coronavirus, autonomía a autonomía y no todos
juntos como país: es impresentable
que hasta el miércoles santo no se haya enviado un paciente grave de Soria a Logroño. Hay que volcarse en la emergencia
sanitaria, esa debe ser “la guerra de todos”, al margen de críticas
inútiles y actitudes políticas interesadas. Ya habrá tiempo para reconstruir
la economía, a partir de junio o
julio, con suerte, si paramos el segundo aluvión de la pandemia, que
llegará cuando se levante el
confinamiento. Pero ahora, sigamos en casa para salvar vidas.
El coronavirus ha
desplomado el consumo de electricidad,
un -30% hasta Semana Santa. Se debe
al parón
en la economía, porque las
familias, confinadas en casa, gastamos
un 20% más de luz. Y aunque el precio
bajó en marzo, el próximo recibo
subirá entre 16 y 26 euros, mientras la luz seguirá bajando hasta otoño. Un dato muy positivo: en marzo, el 50% de la luz que consumimos
fue renovable, algo histórico,
gracias al mayor peso de las energías eólica
y solar. Eso sí, es una excepción,
porque aunque las renovables suponen el
50% de la potencia eléctrica instalada, sólo supusieron el 38,5% de la energía consumida en 2019 y
el 45,7% en el primer trimestre de 2020. Y eso porque las eléctricas utilizan mucho el gas, ahora
que está barato, que también emite CO2
(menos que el carbón, en desuso). El
Gobierno mandó a Bruselas, el 31 de marzo, el Plan contra el Cambio Climático, cuyas inversiones y empleos ayudarán a reconstruir el país. Renovables
contra el coronavirus.
El parón de la
economía por el coronavirus se
ha reflejado fielmente en una caída drástica del consumo de
electricidad, según
los datos de Red Eléctrica: el 14 de marzo, día de inicio del estado de alarma, la demanda eléctrica
había bajado un -13,17% sobre el 2 de marzo y el 31 de
marzo, tras la “hibernación” de la
economía (salvo servicios esenciales), había caído un -17,60% en todo el mes de marzo. Y el 8 de abril
(miércoles santo), la demanda caía ya otro -12, 3% en este mes, según REE, con lo que la reducción total de la demanda eléctrica por el coronavirus roza ya el -30%. Una caída que se podría atenuar algo la próxima
semana, cuando vuelvan a funcionar algunas empresas “estratégicas”, al terminar
los días de permisos retribuidos recuperables.
Ha habido menos consumo
eléctrico de la economía productiva pero las familias han consumido más electricidad que nunca, al estar confinados
en casa desde el 14 de abril (y los estudiantes antes). La estimación es que el consumo de los particulares, que supone un 40% de toda la demanda eléctrica,
ha
aumentado un +20%, al utilizarse mucho más la luz, las cocinas, los
electrodomésticos, la TV (284 minutos por persona al día en marzo, con puntas de 344 minutos algunos días) y los aparatos conectados a Internet. Una parte de
este mayor consumo se ha compensado por la bajada del precio de la luz en marzo,
por la caída del precio en el mercado mayorista (28 euros MWh, cuando hace un año estaba en 49 euros), debido a la mayor utilización de las energías renovables
y del gas (más barato). La estimación de la Comisión de la Competencia (CNMC)
es que la
factura media haya bajado un -6,4% sobre febrero. Pero como se ha
gastado de media un 20% más de luz, el
próximo recibo que nos llegue vendrá
con subida, entre 16 euros (hogar con 2 personas) y 26 euros (familia con 2 hijos), según cálculos de Selectra.
Como el confinamiento
sigue, todo apunta a que el consumo eléctrico de las familias siga elevado,
aunque los precios de generarla seguirán bajando (no tanto), al caer la demanda
(no tanto como en marzo). Todo indica que los
precios de producir la electricidad seguirán bajando hasta el verano
(incluso por debajo de los 25 euros MWh), aunque luego pueden recuperarse en el
tercer trimestre, si sube la demanda, por recuperarse la actividad y por el
frío.
La tarifa podría bajar mucho más si las eléctricas
utilizaran más las renovables para generar la electricidad. El sistema eléctrico está ya preparado: a
finales de 2019, la potencia eléctrica renovable instalada en España suponía ya el
50% del parque eléctrico, por primera vez en nuestra historia, cuando en
2016 sólo suponían el 46% del parque eléctrico y en 2008 el 34%,según
Red Eléctrica (REE). En el primer trimestre de 2020, la potencia renovable ha seguido aumentando, hasta suponer el 50,14% del parque eléctrico, según los
últimos datos de REE, gracias al tirón de la energía eólica (23,35% de la potencia instalada), la solar fotovoltaica (8,06% del total, frente
al 4,52% en 2018), la solar térmica
(2,09% del parque eléctrico),la hidráulica (15,53%, como en 2019 y menos
que en 2016-2018, porque llueve menos), otras renovables (0,97%) y los residuos
renovables (0,14% del parque).
A pesar de que más de
la mitad del parque eléctrico instalado son energías renovables, la mayoría de la luz que se genera no lo es. Así, en
2019, sólo el 37,5% de la
luz producida era renovable (20,8% eólica, 4% solar fotovoltaica, 2% solar
térmica, 9% hidráulica y 1,7% el resto de renovables y residuos) y el resto (62,5%) de la electricidad generada no era
renovable. Eso se debe a que las eléctricas, aunque podrían producir más
luz renovable, no lo hacen para utilizar su enorme
parque de centrales de gas (centrales de ciclo combinado y
cogeneración), que el Gobierno Rajoy les fue animando a instalar (remunerando
esta electricidad con altos precios) y
que ahora les compensa aún más porque el precio del combustible, el gas natural, lleva meses bajando en el mercado
internacional y más en 2010: costaba 3,04
dólares (por millón de termias) el 4 de enero de 2019, 2,17 dólares el 1 de
enero de 2020 y 1,62 dólares el 6 de abril, casi la mitad que
hace 15 meses. El resultado es que las centrales de ciclo combinado saltaron de
producir el 12% de la luz en 2018 al 21,2%
en 2019. Y las centrales de cogeneración se mantuvieron en el 11%. Y también utilizan al máximo la energía
nuclear (con instalaciones ya amortizadas por las eléctricas) pasaron de
aportar el 20% en 2018 al 21,4% en 2019, mientras caía el peso del carbón (al tener que
pagar cuatro veces más por las emisiones de CO2), de aportar el 14% de la luz
(2018) al 5% (2019).
En el primer
trimestre de 2020, las energías no renovables siguen dominando el mercado eléctrico:
aportan el 55,3%, porque ha subido el peso de la energía nuclear al 24%, aunque el ciclo combinado (13%) y la cogeneración (11%)
aportan menos y también el carbón (que sólo genera el 3% de la electricidad).
Pero este año 2020 ha aumentado el peso
de las energías renovables, según REE,
hasta el 44,70% de la producción
eléctrica, gracias sobre todo al mayor peso de la energía hidráulica (tras la sequía de 2019), que aporta el 15% de
la electricidad, subiendo también la eólica (23%) y estabilizándose la solar fotovoltaica
(4%) y bajando la solar térmica (1%). Lo más esperanzador es lo que ha pasado en marzo, en pleno confinamiento por el
coronavirus: las renovables han
aportado el 50% de la electricidad producida, gracias a la mayor
producción de los molinos de viento y las
centrales solares.
Ahora queda ver si
marzo es una excepción y, en los próximos meses, las energías renovables no producen la mitad de electricidad, aunque puedan
hacerlo. De ser así, será porque las eléctricas
buscan rentabilizar al máximo sus
centrales nucleares y sus centrales
de gas (ciclo combinado y cogeneración), aunque esto tenga dos consecuencias
negativas para los consumidores: la
luz es más cara y más sucia. Ahora mismo, las energías renovables tienen un desarrollo
tecnológico que las hacen muy competitivas en precio, aunque
los usuarios paguemos más alto el recibo porque el precio que se fija en el
mercado eléctrico es el de las energías más caras (fuel y gas). Y por si fuera
poco, las energías renovables no emiten
CO2 y son seguras, algo que no pueden decir las no renovables.
El gas y las centrales de ciclo combinado y de cogeneración
“se venden” como centrales que contaminan menos que las de carbón y gas. Es
verdad. Pero emiten
CO2, aunque sea menos. Así, si
una central de carbón emite 0,977 Tm
de CO2 por MW generado y las centrales
de fuel emiten 0,799 Tm, las de
ciclo combinado emiten 0,383 TM por MW. O sea, emiten un tercio menos de CO2 que las de carbón, pero mucho más que las
energías renovables, que no emiten nada. Y respecto a las centrales
nucleares, aunque no emiten CO2, tienen un problema no resuelto de generación
y tratamiento de residuos, además del riesgo de seguridad. Y estas energías sucias o inseguras,
recordemos, aportan el 55% de la luz que
consumimos.
Con todo, el aumento
de las energías renovables es
imparable y una muestra es que ya aportan
el 44,7% de nuestra electricidad cuando
sólo aportaban el 7,6% en 2008. El problema es doble. Que se ha formado una
“burbuja
inversora” en energías renovables, de la mano de fondos de inversión
y empresas que apuestan por estas instalaciones, de tal manera que la potencia
instalada (34.300 MWh) y con permiso pero no conectada (111.500 MWh) es muy
elevada (145.800 MWH) y supera incluso el total de potencia eléctrica instalada
(110.000 MWH), que ya es más
del doble de la demanda de electricidad (40.000 MWH) Y que es una “burbuja sobre otra burbuja”, al
haber un exceso de renovables en un
mercado con un exceso de oferta eléctrica. Así que la “burbuja renovable” puede
explotar en cualquier momento, poniendo en peligro su futuro. Y el
coronavirus puede ser un detonante,
si se desploman los precios de la electricidad (eso haría los proyectos
renovables menos rentables) o si los bancos e inversores dirigen ahora su
dinero a otros destinos.
Pero el coronavirus
también puede ayudar a las renovables.
Y eso, porque la lucha contra el Cambio
Climático (también en el sector eléctrico) puede
ser uno de los caminos prioritarios para
reconstruir la economía y salir de la recesión, dado que va a
movilizar ingentes inversiones y creará mucho empleo. Por eso, el
Gobierno Sánchez, en pleno estado de alarma, el martes 31 de marzo, aprobó y envió
a Bruselas el Plan Nacional Integral
de Energía y Clima (PNIEC), un
programa que pretende movilizar 241.000
millones de euros entre 2021 y 2030 (el
80%, privados y una parte también fondos europeos) para impulsar las energías
renovables, medidas de ahorro energético y eficiencia, electrificación y redes.
Y un Plan que generará entre 250.000 y
350.000 empleos en esta década, que van a ser cruciales tras la enorme
pérdida de empleos que va a acarrear el coronavirus.
Bueno, como se ve, casi todo está conectado con el coronavirus y también nuestro recibo de la luz del mes pasado
y el de abril, por lo menos. Pensemos,
cuando demos la luz o usemos el ordenador o la TV, que estamos pagando una electricidad que es más cara y sucia de lo que
podría ser. Y que cuando salgamos de esta, hay que exigir al Gobierno y a las eléctricas a que generen una luz más barata y más
limpia. La potencia renovable ya la
tienen instalada y hay mucha más en espera. Ahora sólo falta que la utilicen.