Uno de los pocos efectos
positivos del confinamiento ha
sido que algunos pueden seguir trabajando desde casa (y cobrando). Son
pocos, pero el teletrabajo ha dado un salto de gigante con la pandemia: lo
utilizan el 34% de los trabajadores hoy, 7 veces más que hace unos meses (el
4,8%). Pero el modelo económico español (demasiado
peso del turismo y la construcción) y nuestra baja formación digital
hacen que España tenga menos posibilidades de teletrabajo que
la mayoría de Europa. Y las
posibilidades de teletrabajar son muy desiguales, según sectores, edad
y tipo de contrato, variando mucho por autonomías (pueden teletrabajar el 28% de
los ocupados en Madrid y el 19% en Murcia, la Rioja o Castilla y León). Para
cuando salgamos de esta pandemia, urge regular
el teletrabajo y fomentarlo en las
empresas y en la Administración, porque ayuda a conciliar, mejora la
productividad y el medio ambiente. Hacen falta Planes, formación e inversiones,
para no improvisar el teletrabajo como se hace durante el confinamiento. Apoyen el clic.
Unos meses antes
de impactarnos el coronavirus, en 2019, el teletrabajo era marginal
en España: sólo un 4,8% de los
empleados trabajaban habitualmente desde
casa, un porcentaje que había subido desde el
2,7% que teletrabajaban en 2007.
Incluso los que teletrabajaban “a veces”
eran sólo un 9% de los ocupados,
un tercio más que en 2007 (6%), según
los datos del INE. Si comparamos con Europa,
ese 4,8% nos colocaba a la cola del teletrabajo, en el puesto 15 de la UE-27, sólo por
delante de los paises del este, Chipre, Grecia (1,9%), Italia (3,6%) y Reino
Unido (4,7%), por debajo de la media
europea de teletrabajo (5,4%), de Alemania (5,2%), Francia (7%) y sobre
todo de los paises del norte (14,1% teletrabajan en Finlandia y Holanda, 9,9%
en Austria y 7,8% en Dinamarca, según Eurostat (datos 2019). Por autonomías,
en España teletrabajan más que la media Asturias
(6,6%), Baleares (5,8%), Galicia (5,1%) Madrid (5,1%), Extremadura (5%), Comunidad Valenciana y Aragón
(4,9%). Y están a la cola la Rioja (3,6%), Navarra (3,9%), Murcia y Canarias
(4%), según
el INE.
¿Por qué estábamos
más retrasados en teletrabajo? No es
por razones técnicas, ya que España
es el país líder europeo en instalación de fibra óptica (tenemos una red
mayor que las de Alemania, Francia, Italia y Reino Unido juntas). La “culpa” es de
nuestro modelo productivo: tenemos
una economía muy asentada en los
servicios (sobre todo el turismo y la hostelería) y en la construcción, sectores
poco favorables al teletrabajo. Una economía, además, con un escaso peso de
las grandes empresas y un excesivo
porcentaje de pymes, menos proclives a la digitalización y el teletrabajo. Y para completar el
panorama, la formación digital de los
españoles es escasa y no ayuda al teletrabajo: 10,7 millones de trabajadores no se han formado nunca en competencias
digitales. Y del total de la población, 12 millones (un 33,5%) no son
capaces de manejarse en entornos digitales y otros 7,6 millones (21%) sólo
acredita habilidades digitales básicas, según un reciente estudio de UGT.
Otro reciente estudio de Randstad señala que sólo
un 22,6% de los trabajadores españoles (4,4
millones de ocupados) pueden teletrabajar, aunque sólo un 4,8% lo hacían en 2019. Y los detalla por sectores, con los datos de la EPA y el INE: los que más pueden
teletrabajar son los ocupados en los
servicios públicos (el 36% puede trabajar a distancia),
seguidos de los trabajadores de las eléctricas,
agua y gas (podrían teletrabajar el 30,1%), los trabajadores de las finanzas (45%), los de
inmobiliarias y servicios empresariales (41,5%), los trabajadores educativos y
sanitarios (35,9%), los de la industria química (29,8%) y los del sector del
papel y artes gráficos (28% podrían teletrabajar). El resto de actividades tienen un potencial
de teletrabajo inferior a la media (22,3%), siendo muy bajo en la agricultura, ganadería y
pesca (4,1%), en la construcción
(13,3%), en la industria agroalimentaria
(13,8%), en el comercio (13,9%) o en
la industria manufacturera (14,3%).
Además, el teletrabajo es muy desigual según los puestos de trabajo en cada
sector, siendo mayor entre los directivos y gerentes (casi 100%), técnicos y
profesionales (59,9%), contables y trabajadores de oficina (46,3%), pero muy
bajo en el resto de empleos, sobre todo entre los poco cualificados, siendo nula la posibilidad de teletrabajo en los
grupos CNO 5,6,8,9 y 0: trabajadores
de la restauración, servicios personales y protección, vendedores, operadores
de maquinaria, montadores y personal de las fuerzas armadas, según el informe de Randstad. Al final, estas diferencias se acaban viendo por autonomías, por su distinta estructura económica y de empleo. Así, el teletrabajo es más posible en las autonomías
más ricas: Madrid (28% ocupados podrían
teletrabajar, aunque sólo el 5,1% lo hacían en 2019), Cataluña (25,1%), País Vasco (24,5%), Navarra (23%) y
Asturias (22,4%), las 5 por encima de la media de teletrabajo potencial en
España (22,3%). Y tienen menos posibilidades para teletrabajar las más pobres: Extremadura
(17,5% de los ocupados, aunque sólo el 5% teletrabajan)), Castilla la Mancha (18,2%), Andalucía
(19%), Canarias (19,2%), Murcia
(19,3%), la Rioja (19,8%) y Castilla y León (19,9%), según Randstad.
Otro estudio sobre el
teletrabajo de tres profesores universitarios, adelantado en el blog Nada es Gratis, eleva hasta el
33% (índice 0,33) la posibilidad del teletrabajo en España (Randstad lo
fija en el 22,3%), por debajo del 38% que fijan para Europa (índice 0,38).
Según este estudio, España es el 5º país europeo con menos potencial para
el teletrabajo, sólo por delante de Rumanía, Bulgaria, Eslovaquia y
Hungría. Y muy alejado de los líderes, los paises nórdicos (índice superior al
0,50), Francia o Alemania. El estudio revela también que existen grandes
desigualdades para poder teletrabajar en España. Primero, por género: los hombres pueden
teletrabajan menos (29%) que las mujeres (37%). Segundo, por tipo de contrato: pueden teletrabajan más los que tienen un contrato a tiempo completo (34%) que a
tiempo parcial (23%) y los que tienen un
contrato fijo (37%) más que los contratados temporalmente (22%). Y poder teletrabajar tiene también mucho
que ver con la formación: los que
sólo tienen primaria apenas pueden teletrabajar (10%), algo más los que
acabaron secundaria (24%) y mucho más los universitarios (53%). Y como ya se veía en el estudio de Randstad, los
que tienen sueldos más altos pueden
teletrabajar más.
Estas desigualdades en el potencial para el teletrabajo son muy importantes ahora, con el confinamiento, porque
indican que unos españoles tienen más posibilidades que otros para teletrabajar y
paliar así la emergencia económica de la pandemia, según el sector
donde trabajen, la empresa, su tipo de contrato y el nivel de formación. Y, por
supuesto, según dónde trabajen. Este estudio revela también que los mejor
preparados para teletrabajar son los ocupados en Madrid (índice 0,43: 43%
ocupados podrían trabajar, por encima de la media UE), seguidos de Cataluña (36%),
País Vasco y Canarias (ambas 33%). Y los que peor, los ocupados en Castilla y
León (24%), Murcia y Aragón (29%), Navarra y Castilla la Mancha (27%),
Cantabria, Extremadura y Baleares (25%).
Ese es “el potencial”, lo que podríamos teletrabajar, que un informe del Banco de España publicado este lunes restringe al 30% de los ocupados, 6.600.000 españoles. Pero, ¿cuánto estamos teletrabajando realmente en el confinamiento? No hay
datos oficiales, pero el IVIE y la Comunidad Valenciana hicieron esta encuesta para toda España, a finales de marzo y principios de
abril, que reveló que un 34% de los
españoles teletrabajaban, un porcentaje incluso mayor al potencial de
teletrabajo señalado por Randstad (22,3%), el Banco de España (30%) y el estudio universitario (33%). De
ser cierto, revela el gran salto que ha dado el teletrabajo en España en dos meses,
forzado por la necesidad de empresas y trabajadores. Un avance increíble, que se ha visto acompañado de mucha
improvisación, falta de medios y algunos excesos (demasiadas horas y falta de control), con una mayor carga para las mujeres, que
han tenido que afrontar más que los hombres el teletrabajo, los hijos y las
tareas del hogar.
En general, las empresas
no tenían Planes de teletrabajo
(salvo las muy grandes o en sectores como las finanzas, seguros y telecos). Y
tampoco la Administración pública,
que ha tenido que teletrabajar contra
reloj, sobre todo los ministerios de Trabajo y de Seguridad Social, para
afrontar el aluvión de peticiones de ERTEs y de ayudas a parados, autónomos y
empresas (el SEPE ha trabajado digitalmente
las 24 horas, subiendo por las noches la documentación para no bloquear los
servidores). El Gobierno se ha visto
obligado a aprobar 27 contratos de emergencia
desde el 14 de marzo para facilitar el teletrabajo de los funcionarios y las
videoconferencias, por un importe de 8,7 millones de euros,
para comprar ordenadores, móviles, licencias y escritorios virtuales. Al final,
según los datos oficiales, casi 2 de
cada 3 funcionarios de los 22 Ministerios han estado teletrabajando, en
total 109.000 funcionarios de Hacienda
(el 85% de sus funcionarios, casi 30.000, han trabajado desde casa),
Seguridad Social (20.300 teletrabajando), Ciencia e Innovación (14.000
teletrabajando y el Ministerio con más videollamadas: 12.300), Defensa (8.420
teletrabajando y 7.859 presenciales), Trabajo (7.690), Transición Ecológica
(5.835), Política Territorial (5.102), Transportes (4.000 teletrabajando) o
Interior (2.500 teletrabajando y 23.727 trabajando en las calles, comisarías y
prisiones), sin olvidar el esfuerzo adicional de teletrabajo hecho por las autonomías (numerosas
inversiones en equipos y licencias).
A finales de abril, el
Gobierno amplió dos meses más la recomendación del teletrabajo, hasta el 21 de junio. Y en el
caso de la Administración central, el Gobierno ha pactado con los sindicatos que “la vuelta
al trabajo presencial será gradual”, priorizando
el teletrabajo. Sólo está previsto que se abran las oficinas al público
(Seguridad Social, Agencia Tributaria y SEPE) en la fase 2 de la desescalada, a partir del 25 de mayo (más tarde en Madrid y Barcelona),
siempre con cita previa. Y
posteriormente, en la “nueva normalidad”, está previsto “flexibilizar los horarios de los
funcionarios”, para impedir aglomeraciones a la entrada y salida y
facilitar la conciliación. Y manteniendo lo más posible el teletrabajo.
Al final, el coronavirus
ha permitido que el teletrabajo avance en
dos meses lo que no se preveía que hiciera en años. Pero hay que aprender de los errores con los que se
ha implantado, derivados de la
improvisación y la falta de Planes en las empresas y en la Administración.
Urge aprobar una Ley sobre el teletrabajo, que asegure unas bases mínimas y garantice unos derechos laborales a los teletrabajadores. Y en paralelo, cada empresa
y cada convenio deben aprobar Planes de
teletrabajo, detallando tareas, procesos y flexibilidad organizativa, los
equipos y las herramientas informáticas necesarias, la gestión de los recursos
humanos y la ciberseguridad de los procesos. Esto obligará a todas las empresas
y organismos a rediseñar los sistemas de trabajo,
en colaboración con los trabajadores, que no pueden perder derechos. Y destinar
horas y medios a la formación digital
del personal, para corregir el retraso actual.
Ya nada será igual en
el trabajo tras el coronavirus. Y el
teletrabajo debe consolidar el salto dado,
porque tiene varias ventajas: puede aumentar
la productividad
y eficacia de las empresas, ayuda a la conciliación familiar y beneficia al
medio
ambiente (al reducir los desplazamientos al trabajo). Además, los españoles quieren teletrabajar: a 7 de cada 10 trabajadores (el 68,6%) les gustaría teletrabajar, según el estudio realizado por Randstad. Y los que más lo piden son los
trabajadores con familia (el 78% de los que tienen entre 25 y 45 años),
porque permite conciliar. Eso sí, los expertos defienden un teletrabajo que compatibilice el trabajo en casa con acudir presencialmente a la empresa algunos días,
para mantener el contacto personal y facilitar el trabajo en equipo.
El teletrabajo es
una exigencia sanitaria mientras no
exista una vacuna eficaz contra el coronavirus pero es también una herramienta clave para la reconstrucción económica, porque puede aumentar la productividad y la
competitividad de nuestras empresas. Pero hace falta un Plan nacional de teletrabajo, que facilite las inversiones
necesarias y sobre todo la formación, para que no se queden atrás los que tienen contratos más precarios y
están tecnológicamente menos preparados, que son los que ahora sufren más
la emergencia económica, porque no pueden teletrabajar o están en sectores con
poco margen para el trabajo a distancia (turismo, hostelería, construcción).
Hay que aprovechar lo aprendido
estas semanas y los errores cometidos para avanzar mañana, cuando la
tentación sea seguir igual y no invertir en equipos y formación para consolidar
el teletrabajo. Y no sólo en las empresas, también en la Administración, en la educación, en la sanidad. Aprovechemos
el gran salto digital que hemos dado y sigamos avanzando. A golpe de clic.
Comienza la fase 1
de la desescalada, aunque sólo para 29 provincias y el 51% de españoles, quedando fuera
Madrid y la mayor parte de Cataluña, las dos Castillas y la Comunidad
Valenciana. Crucemos los dedos: avanzamos casi a ciegas, sin saber cuántos contagiados asintomáticos hay
y si sufriremos un repunte que nos haga perder lo ganado. Mientras, avanza
la “emergencia económica”, aunque muy
diferente a la de 2008. Primero, porque se han perdido 950.000 empleos en mes y medio, frente a 3.500.000 entre 2008 y 2014. Y eso,
porque hay 3,4 millones de trabajadores “aparcados” en ERTEs, más 1.400.000 autónomos, que esta vez han salvado temporalmente su empleo. Y otra diferencia:
hay 8 millones de trabajadores, autónomos
y parados (más de 1 de cada 3 activos) que cobran una ayuda mensual, mientras en la otra crisis, la mitad de
parados no cobraban nada. Y hay ayudas millonarias a empresas y autonomías. Una
elevada
factura, que tardaremos 2 décadas en pagar. Ya
hay quien pide “ajustes” para los próximos años, por un déficit “insostenible”,
del que culparán al Gobierno. ¿Les suena?
El coronavirus avanza imparable por el mundo y en las últimas 2 semanas ha
contagiado a 1,1 millones de
personas más: hoy, a los 131 días de detectarse el primer caso, son ya 4.103.136 contagiados en 187 paises, con 282.726 muertos, según la Universidad Jhons Hopkins.
El epicentro de la pandemia sigue en Europa (1.677.046 contagiados), pero donde
más crece es en Estados Unidos, con
1.329.799 contagiados, seguido de España
(224.390 contagiados), Reino Unido (220.449), Italia (219.070), Rusia (209.688), Francia (177.094),
Alemania (171.879) y Brasil
(162.699), que podría ser el epicentro de la pandemia en las próximas semanas. Una de cada cuatro
muertes por coronavirus se han dado en Estados
Unidos (79.528 muertos), seguido de lejos por Reino Unido (31.930 muertos), Italia (30.560), España (26.621 muertos), Francia (26.383), Brasil (11.123) y Bélgica (8.656), el país con más muertos por millón de habitantes
(755), seguido de España (566). La letalidad
(muertos/contagiados) es menor en España (11,9) que en Francia (18,9), Bélgica
(16,3), Reino Unido (14,7), Italia (13,9), Holanda (12,8) o Suecia (12,4), según los datos de Sanidad.
Tras 8 semanas de
confinamiento, en España sigue bajando el ritmo de contagios, aunque todavía crecen algo cada día (+621 ayer, un
0,27%), también porque ahora se hacen más test, aunque las cifras no siempre son homogéneas entre autonomías. También aumentan menos los hospitalizados (465 ayer, +0,38%) y los enfermos COVID en las UCIs (+36 ayer, un 0,31%). Y
aumentan menos los muertos (143 ayer, un +0,54%, frente a los 950 del 1 de abril), el 86,6% mayores de 70
años. Un dato importante: 17.500
mayores han muerto en residencias de ancianos por coronavirus o síntomas
compatibles con COVID19, el 68% de
todos los muertos en esta pandemia, según este estudio de El País.
Otra semana más, los datos confirman que la pandemia se
reduce de forma muy desigual por autonomías. El mapa de contagios demuestra que siguen concentrados
en 6 autonomías, con más contagiados por 100.000 habitantes que la
media española (32,70): Castilla y León (70,64), Cataluña (68,73), Navarra (51,97), Madrid (51,79), La Rioja (46,40) y Castilla la Mancha (36,11). Y hay muchas regiones
con un nivel mínimo de contagios: Murcia (2,28 por 100.000 habitantes),
Canarias (4,23), Andalucía (6,94), Baleares (8,35), Asturias (9,48), Melilla (10,41) y Ceuta (11,80), según los datos de Sanidad de ayer. Hay autonomías donde no hay apenas nuevos hospitalizados por COVID 19
(Ceuta, Melilla, Murcia, Canarias, Baleares, Cantabria, Navarra o la Rioja)
mientras aumentan 123 en Madrid, 97 en Cataluña o 74 en Castilla y León. No
hay nuevos ingresados en UCI por
coronavirus en 10 autonomías, Ceuta y Melilla, de 1 a 3 en otras 4, mientras aumentan en 36 en
Madrid y 12 en Cataluña. Y hay 11 regiones con
casi ningún muerto nuevo por COVID 19, mientras los fallecidos ayer se concentran en Madrid (46), Cataluña (25), Madrid (38),
Castilla la Mancha (21), País Vasco (15) y Castilla y León (12), según los datos de Sanidad.
Estas diferencias
en contagios, hospitalizados, enfermos en UCIs y muertos han sido el factor más determinante para decidir
si una autonomía (sus provincias y zonas sanitarias) podían pasar hoy a la fase 1 de la desescalada, que supone abrir parcialmente terrazas y
comercios, permitir visitas y grupos de 10 personas y realizar muchas
actividades culturales y económicas con precaución. Pero Sanidad y el Comité de
expertos han añadido otros criterios, entre
los que destacan 2 indicadores sanitarios claves
(poder disponer en 5 días de entre 1,5 y 2 camas de UCI para enfermos COVID por
10.000 habitantes y entre 37 y 40 camas hospitalarias para enfermos agudos de
coronavirus) y un sistema de detección precoz de los nuevos contagios a través de
atención primaria, que permita realizar test PCR a los pacientes con
síntomas y detectarlos y aislarlos en 48 horas. Y protocolos para las residencias
de ancianos. Además, Sanidad tiene en cuenta la capacidad de rastreo y seguimiento de los contagios de las autonomías, su movilidad y datos
socioeconómicos (actividad y empleo).
Teniendo en cuenta estas exigencias, todas las autonomías pidieron a Sanidad pasar a la fase 1 desde hoy,
salvo Cataluña y Castilla y León, que reconocían no estar preparadas en la
mayor parte de su territorio. La sorpresa la dio Madrid, que pidió pasar a la fase 1, en contra de la opinión de su directora de salud pública, que dimitió antes de
firmar la solicitud, por considerar que Madrid no estaba preparado para un rebrote, tras
ser el epicentro de la pandemia, con 1 de cada 3 contagiados, hospitalizados y
muertos en España. Sanidad se ha resistido a la presión (del gobierno de
Madrid, los empresarios, el PP y Ciudadanos) y retrasa
la entrada de Madrid en la fase 1, como parece lógico dado el tremendo alcance de la epidemia en la capital. Pero la presidenta Díaz Ayuso (ver foto portada El Mundo ayer) lo ha tomado como "una crítica política" a su gestión sanitaria (ver aquí un balance), que el líder del PP, Pablo Casado, elogió el 2 de mayo como "lo que haríamos para toda España".
Al final, Sanidad ha
decidido que pasen hoy a la fase 1 un total de 29 provincias, donde viven
el 51% de los españoles (ver mapa). Quedan todavía en la fase 0 y
no pasan Madrid y la mayor parte de Cataluña (6 de las 9 zonas sanitarias, entre ellas Barcelona,
Girona y parte de Lleida), de Castilla y
León (salvo 26 zonas sanitarias en todas las provincias, menos en Segovia),
de Castilla la Mancha (no pasan
Toledo, Ciudad Real y Albacete), de la
Comunidad Valencia (sólo pasan 10 zonas sanitarias, 1 en Castellón, 3 en
Valencia y 6 en Alicante) y tampoco Málaga y Granada en Andalucía. Estas 21 provincias “suspendidas”
pueden
solicitar durante esta semana pasar a la fase 1
el lunes 18, si mejoran su situación y corrigen las deficiencias.
Ahora, con media España en la fase 1 de
desescalada, habrá que “cruzar los dedos” para que no se produzca un rebrote de contagios y muertes. La estrategia
para evitarlo exige un comportamiento ejemplar de los ciudadanos (evitar contactos, desinfectar y limpiar
manos y zonas comunes, utilizar guantes y mascarillas) y, sobre todo, hacer más test (se han hecho ya 1.625.211 PCR y 842.550 test serológicos, según el presidente Sánchez, aunque de forma muy desigual según las autonomías) y rastrear los contagios y sus contactos, dos tareas en las que deben
centrarse ahora los Centros de salud, los médicos y enfermeras de atención
primaria, que carecen de personal y
medios, a pesar de los nuevos contratos prometidos y del dinero transferido
a las autonomías.
Sobre los test,
la novedad es que los médicos de
atención primaria tienen que hacer test PCR a los pacientes con síntomas de coronavirus, lo que debería
detectar nuevos casos. Hasta ahora, sólo se hacían a sanitarios, residencias de
ancianos y personal de riesgo, pero ahora deben generalizarse. Y parece que hay test PCR suficientes, una vez que la industria farmacéutica española “se ha
puesto las pilas” y fabrica ahora 3 millones de test PCR al mes (100.000
diarios), según asegura la patronal Fenin. Además, la multinacional catalana Grifols ha descubierto un nuevo test
para detectar el COVID 19, del que va a fabricar 1 millón a la semana
en San Diego (USA), y dará prioridad de
suministro a España. En paralelo, las
grandes empresas están haciendo test PCR (5.800
Seat) y serológicos (Endesa e Iberdrola) a sus empleados, a través de
laboratorios privados, “al margen” de Sanidad, que teme que empresas y trabajadores
se crean así seguros y descuiden las medidas de protección.
Pero no basta con detectar nuevos casos de coronavirus. Es
importante rastrearlos, hacer un trabajo de investigación para detectar el origen de los contagios y, lo más importante,
descubrir todas las personas con las que ha estado en contacto, para hacerles
un test y aislar a los contagiados asintomáticos. Para este trabajo, que los
epidemiólogos consideran clave, España sólo cuenta con unos 500 sanitarios
destinados a vigilancia epidemiológica, cuando necesitaríamos 14.000 “rastreadores”, según estima el Instituto Johns Hopkins, que deberían salir de nuevos contratos de médicos y enfermeras jubilados o estudiantes.
Y en paralelo, urge contar ya con alguna aplicación informática para móviles que ayude a detectar contactos de posibles
contagiados. Y, de cara a detectar posibles rebrotes, hay una herramienta nueva, que se ha probado con éxito en Holanda y la
Comunidad Valenciana: el análisis de las aguas residuales,
que detectan 16 días antes la emisión de restos de virus en las heces.
Mientras se intenta evitar
el rebrote de la pandemia, sus daños
económicos son más patentes cada día.
La Comisión Europea acaba de
publicar sus previsiones de primavera y confirma lo que ya habían dicho el FMI, el Banco de España y
el Gobierno: los efectos de la pandemia van a ser más graves en España, porque
tenemos un modelo económico y un exceso de precariedad laboral que nos hacen
más vulnerables. La economía caerá un -9,4%, más que la media UE (-7,4%), Francia (-8,2%) o Alemania (-6,5%) y
como Italia (-9,5%). El paro aumentará mucho más, al 18,9% en España (+4,8%), frente al 11,8% en
Italia (+1,8%), el 9% en la UE-27
(+2,3%), el 10,1% en Francia (+1,6%) y el 4% en Alemania (+0,8%). Y lo más
preocupante, se disparará en España el déficit público (del -2,8% al 10,1% del PIB) y la deuda pública (del 95,5 al 115,5%: 117.868 millones más en un año). O
sea, que el coronavirus no sólo nos daña
más ahora sino que nos hipoteca para el futuro.
Y eso, porque la
crisis del coronavirus se ha afrontado de una forma distinta que la crisis de
2008. Hay 2 diferencias importantes.
Una, que se ha tratado de salvar el empleo. Basten dos datos. En 2009, la economía cayó un -3,8% y se perdieron 1.210.800
empleos. Ahora, la economía se ha desplomado un -5,2% en el primer trimestre y
se han perdido 947.896 empleos
(898.822 entre el 12 de marzo y el 31 y sólo 49.074 en abril, tras “prohibirse”
los despidos por el Gobierno a finales de marzo). Y entre 2019 y 2013, la economía española cayó un -8,8% y perdió -3.560.000 empleos, mientras ahora se espera que el PIB caiga -9,4% en 2020 y se pierdan -1.737.000 empleos, según la Comisión
Europea. Esto es porque se han
evitado despidos con los ERTES, donde hay “aparcados” 3,4 millones de trabajadores y 1,4 millonesde autónomos, la cuarta parte de la población ocupada en España.
La otra gran
diferencia con la crisis de 2008 es que se ha tratado de ayudar a los afectados (“no dejar a nadie atrás). Y así, además
de que todos los 947.896 parados nuevos cobren el paro (al margen de lo
cotizado), cobran también ayudas los afectados por ERTEs (3,4 millones), los
autónomos que han cesado su actividad (1,4 millones) y la mayoría de empleadas de hogar (250.000
que cotizan de las 400.000). En total, son 8 millones de personas que cobran ayudas públicas desde que se inició
el estado de alarma y hasta nueva orden (se
han prorrogado los ERTES hasta finales de junio). Algo que contrasta con la
crisis de 2008: con Zapatero, cobraron ayudas el 78,68% de los parados en
2009, el 76,70% en 2010 y el 69,20% en 2011, según los datos del SEPE. Y con
Rajoy y sus recortes, la cobertura bajó al 64,3% en 2012, al 61,43% en
2013 y al 57,88% de 2014. Y si contabilizamos los parados estimados por la EPA
(5.896.300 en 2013, el peor año de la crisis), menos de la mitad cobraban un subsidio (el 47,5%). Y aún bajaron al 45,11% en 2014.
Al final, las ayudas
a estos 8 millones de trabajadores afectados
hoy por el coronavirus cuestan cada mes (mitad de marzo, abril,
mayo y seguro junio) 4.512 millones, a los que sumar 2.000 millones en pago de
cotizaciones y 750 millones en moratorias y aplazamientos de cuotas, 6.750 millones al mes, según Trabajo.
Y a eso hay que sumar el resto de ayudas a empresas y autónomos, más las ayudas
para alquileres y los fondos para la sanidad y gastos sociales. Todo ello suma
ya 36.000 millones de euros, según
el Gobierno, a los que sumar el nuevo Fondo de 16.000 millones
aprobados la semana pasada para las autonomías (10.000 para sanidad), que se les da sin tener que devolverlo. Todo esto y más que
habrá que gastar después, en la reconstrucción de la economía. Por eso, la
Comisión Europea cree que el déficit público subirá este año al -10,1%
(+69.337 millones).
Un agujero en las cuentas públicas que
habrá que tapar con más ingresos
(difícil con una economía en recesión), con ayudas europeas (será difícil que nos den ayudas a fondo perdido, sólo créditos: más deuda) y
básicamente, con más deuda pública,
que ya era muy elevada por la anterior crisis : pasará del 95% del PIB en 2019
al 115,6% en 2020 (+117.868
millones) y se mantendrá en el 113,7%
en 2021, según las previsiones de la Comisión Europea. Una “hipoteca” que será una
losa para la reconstrucción, no sólo porque nos obligará a pagar unos
50.000 millones al año en intereses (dos tercios del gasto en sanidad), sino
porque nos deja a merced de los inversores, de los “mercados”. Y si nos suben
la deuda sólo un 1%, serían 35.000 millones extras.
Ya se han alzado voces que hablan de una deuda “insostenible”. La Autoridad Fiscal independiente (la AIReF) ha publicado este informe donde indica que, aún con ajustes (10.000
millones al año, como hizo Rajoy desde 2012), el déficit público de España no
volverá al nivel previo al coronavirus (2,8% del PIB en 2019) hasta 2028. Y la deuda, que se reduce más lentamente, no bajaría al nivel de 2019 (95% del PIB) hasta 2038. Así que saldar la factura del coronavirus nos costará 2 décadas. Y eso, con
ajustes.
Este es un debate que vendrá en unos meses, cuando ya no haya muertos por el
coronavirus y sólo se hable de la reconstrucción, de la mano de “expertos
económicos” y “fundamentalistas”de la austeridad, en Alemania,
Holanda, Austria, Finlandia y buena parte de la Comisión Europea. Y en España, de la mano del PP (quizás con ayuda
de Ciudadanos), que aprovecharan el
debate de los Presupuestos 2021 para
tumbar al Gobierno (tiene una mayoría muy débil), forzar elecciones
anticipadas y llegar al poder para “sanear
la economía y las cuentas públicas tras una gestión desastrosa de los
socialistas”. ¿Les suena?
Ahora, el reto es
otro: salvar vidas y empleos, cueste lo
que cueste. Eso obliga a mantener los ERTEs y las ayudas lo que haga falta,
seguir prohibiendo los despidos y evitar que las cifras del paro se disparen
como en la crisis de 2008. Y ayudar a los que se quedan sin ingresos, a esas
nuevas familias que han caído en la pobreza y triplican sus peticiones a Cáritas y la Cruz
Roja. Hay que vencer al virus y ayudar a los que sufren la pandemia, lo que haga falta y durante el tiempo que
haga falta. Ya afrontaremos después cómo pagarlo, solos o con ayudas de
Europa. Y por supuesto, sin nuevos recortes.
Hoy llevamos ya 54 días
de confinamiento,
aunque los “alivios” del fin de semana han llenado las calles de gente (Ojo: ¡el coronavirus sigue ahí!). Pero hasta
el 2 de mayo, la cuarentena ha sido dura y ha cambiado radicalmente nuestro comportamiento, desde lo que comemos a lo que compramos, pasando
por cómo trabajamos o estudiamos. Y sobre todo nuestro ocio, cómo nos
entretenemos, hiperconectados a Internet y a la TV de pago. Ahora somos más dependientes de Amazon o Netflix, de las videoconferencias o las redes sociales
y hemos dando un gran salto en el manejo
de las herramientas de Internet. Pero este gran “avance a la fuerza” en el mundo digital,
para compras, trabajo, enseñanza y ocio, no puede hacernos olvidar que tenemos una
revolución digital pendiente, para que empresas y administraciones
inviertan más en teletrabajo, enseñanza a distancia y venta online, donde
estamos retrasados respecto a Europa. Internet
nos está salvando en esta cuarentena, pero debe ser una herramienta clave para
la reconstrucción y el futuro.
La primera reacción de los españoles ante el confinamiento, en los días
previos al 14 de marzo, fue “asaltar” los supermercados. Que no nos falte comida… Y es que en la
cuarentena, todos comemos más. Lo dicen los datos del Ministerio de Agricultura: en la última semana de abril, los españoles consumimos
en alimentación un 50,6% más que un
año antes. Y en el confinamiento, los alimentos han subido del 17 al 21% de
la cesta de la compra, según Deloitte. La venta de comida y bebida ha subido
semana a semana, más del 10% cada una, porque ahora consumimos en casa lo que antes comíamos y bebíamos en bares, restaurantes,
colegios o trabajos.
El primer efecto
de esta mayor demanda ha sido, como era esperable, una subida de precios de los
alimentos durante el estado de alarma. El IPC de abril lo dejó claro: los alimentos subieron un +4% (+2,5% en marzo), especialmente los
alimentos frescos, cuyo precio medio subió un +6,9% (frente al +4,2% en marzo), según el rastreo de precios del INE. Y los datos del Observatoriode la Cadena Alimentaria son más detallados sobre la subida de algunos alimentos entre la semana del 9 al 15 de marzo y la
del 20 al 26 de abril: +94,8% subieron las naranjas, +43,1% los plátanos,
+133,5% las cebollas y +83,5% las patatas, mientras bajaban las fresas
(-27,1%), judías verdes (-23%), las carnes (-4,4% el vacuno, -13,5% el
cordero,-7,6% el cerdo y -18,3% el pollo) y los huevos (-2,3%), manteniéndose
estable el precio de la leche. O sea, que lo
que más subió fue las frutas y verduras, aunque no se beneficiara el campo
sino los intermediarios y supermercados.
Precisamente, los
supermercados han sido uno de los negocios más beneficiados por el
confinamiento, porque sus ventas han crecido semana a semana, viéndose
obligados a aumentar plantillas, al igual que las cadenas de logística y
transporte. Mercadona, que ya vendía
el 25% de toda la alimentación en España, ha aumentado su cuota y aumentó sus
ventas un 14% en marzo, aunque dice que sus beneficios cayeron un 95%, debido a que les subieron los costes
(100 millones, un 25% más, por el refuerzo de la seguridad, la contratación de
empleados y el pago de una extra a la plantilla). La patronal del sector cree
que esto mismo le ha pasado al resto de
supermercados: han vendido mucho más, pero con más costes. Lo que no dicen
es que, con la cuarentena, no han tenido que hacer “ofertas” y han vendido
muchos artículos “de capricho”, factores que les suben los márgenes.
Con todo, el gran reto
de los supermercados ha sido la venta online, un reto conseguido sólo a
medias, porque todos se han visto superados (a pesar de que han multiplicado sus
esfuerzos logísticos), debido a que 1 millón de hogares confinados han llenado sus neveras por Internet, según Nielsen, algo impensable antes de la cuarentena. Y las ventas online de alimentos han crecido un +86,6% desde el inicio del confinamiento. En general, los más
preparados antes, como Carrefour, han respondido mejor, pero tanto Día como
Alcampo o el Corte Inglés se han visto superados y sus clientes han tenido mil problemas para hacer los
pedidos. Y Mercadona ha confirmado su incapacidad para la venta online: primero
la suspendió fuera de Valencia o Barcelona y cuando la abrió en el centro de
Madrid, se colapsó. Pero, a pesar de todo, se ha dado un salto impensable en la venta
online de alimentos y todo hace pensar que este canal duplicará sus ventas de antes cuando
acabe el confinamiento.
Lo que ha hundido el
confinamiento ha sido al resto de
tiendas físicas, desde el pequeño comercio a los grandes centros
comerciales. Sólo las ventas del comercio
minorista cayeron un 14,3% en marzo, una caída histórica que interrumpió la racha de 17 meses seguidos de aumento de
ventas, según la estadística del INE. Y también cayó
el empleo, un -0,4%, tras 7 meses seguidos de subida de la ocupación. Y los datos de abril serán aún peores, con
lo que peligra el futuro del pequeño comercio, unas 900.000 tiendas que dan empleo
a 3,3 millones de españoles, el 20% ahora en peligro, según el sector. Sólo
algunas tiendas de alimentación de barrio y algunos mercados han
capeado el temporal, a golpe de
imaginación y multiplicando las entregas a domicilio, sobre todo a mayores
vulnerables. Ahora, todos esperan a que el inicio de la desescalada les permita
al menos sobrevivir.
Con este panorama, la
alternativa a las compras en el confinamiento ha sido
Internet, las compras online. No hay
todavía datos oficiales, pero múltiples estimaciones señalan que las ventas
por Internet han podido crecer más de un 20% durante el confinamiento, más en
marzo (+55%)
que en abril (+24%) y mayo (+15%). Lo que más se ha comprado, además de comida
(+20%) han sido material informático
relacionado con el teletrabajo y la enseñanza (tablets, ordenadores, webcams,
ratones, impresoras, discos duros), junto a móviles, videojuegos,
material escolar, ropa y calzado de
niños, material deportivo (las bicicletas estáticas y cintas para correr se
agotaron al principio), tintes, libros, discos, robots de cocina y pequeños
electrodomésticos, puzles y juegos de mesa, sin olvidar muebles, material de bricolaje
y jardinería. Compras unas necesarias y otras menos, para sobrellevar la
cuarentena y ocupar tantas horas de tiempo libre.
El resultado es que las empresas
de mensajería y los particulares que trabajan llevando envíos de Amazon no han parado. “Es como si fuera Black Friday cada día”, comentaban, recordando que “se jugaban
la salud” para repartir muchas cosas innecesarias (por eso, el Gobierno francés
prohibió muchas ventas de Amazon, que terminó cerrando).La empresa que ha
acabado ganando en esta pandemia ha sido Amazon,
cuyas ventas en España han podido crecer un +30%, según CCOO. Y alrededor de esta multinacional, muchas
empresas han querido hacer su agosto con el confinamiento, disparando los
precios (no sólo de las mascarillas). Tanto es así que Amazon España reconoce que ha bloqueado a 6.000 vendedores, por haber subido
injustificadamente 500.000 productos… Otros que se han aprovechado de la enorme
demanda y la falta de empleo han sido Glovo,
que además de hacer un ERTE al 38% de la plantilla, han reducido lo que pagan a los “riders” que siguen repartiendo, de 2,50 a 1,20
euros por entrega…
El “consumismo online” durante la cuarentena
ha hecho que el “e-commerce” avance en 2 meses como en 2 años en
España, un país que estaba más atrasado que otros en compras online. En 2019, España
era
el 10º país por la cola en compras online en Europa, tras
Italia, Grecia, Chipre, Portugal y 5 paises del Este, según los datos de Eurostat: sólo un 58% de los españoles había comprado por
Internet en el último año, frente al 60% en la UE-28, el 87% en Reino Unido, el
84% en Dinamarca, el 82% en Suecia, el 81% en Holanda, el 79% en Alemania, el
70% en Francia, el 67% en Irlanda, el 38% en Italia o el 39% en Portugal y
Grecia. Un retraso importante, aunque en facturación, en compras totales, España es el 4º mercado europeo en comercio electrónico (tras Reino Unido, Alemania
y Francia), con una estimación de ventas online de 39.243 millones de euros en
2019, según eMarketer. Ahora, tras estos dos
meses de confinamiento, las ventas
online se dispararán en España, porque ya hemos probado todos a comprar y
muchas nuevas empresas se han lanzado a vender online.
Pero, sin duda, la
gran revelación del confinamiento ha sido la múltiple eficacia de Internet, la principal herramienta que nos ha permitido sobrevivir a la
cuarentena, estar conectados, estudiar, trabajar y entretenernos, además de
comprar. Sólo en la primera semana de confinamiento, el tráfico en Internet aumentó un 80%. Y en la segunda semana del estado de alarma, los españoles estuvimos
79 horas conectados a Internet (casi la mitad del día), según un informe de Nielsen y Dynata. No
podemos ni imaginar cómo hubiera sido
afrontar esta pandemia sin Internet, hace sólo tres décadas. Porque la Red (y las empresas de
telecomunicaciones, que han conseguido que las conexiones funcionen: les doy aquí
un aplauso virtual, por su imprescindible trabajo) nos ha permitido sobrevivir mejor
a la pandemia: estar conectados al mundo y a nuestros seres queridos, “verles”
en las videoconferencias (su utilización se ha disparado), informarnos (y “mal
informarnos” en las redes, con memes y bulos), teletrabajar (aunque con muchas
limitaciones), seguir las clases virtuales con bastante aprovechamiento,
comprar y entretenernos online.
Quizás uno de los grandes protagonistas de este
confinamiento sea el ocio online,
sobre todo el tremendo aumento de la TV de pago por Internet, en
especial Netflix. Los datos son muy
elocuentes: la TV de pago llega a más de
10 millones de hogares españoles, por primera vez, y la ven ya más de la mitad de los mayores de 14 años (el 53,8%), según el análisis de Barlovento TV a partir de la primera oleada del EGM de 2020.
Y si las operadoras de telefonía, las telecos, ya tenían un importante volumen
de clientes que veían la TV de pago (6,13 millones de hogares), el gran salto con la cuarentena se ha dado
en la TV de pago por Internet, en los que pagan un acceso a películas y series por Internet (Smart TV),
que ya son 7 millones de hogares y
16.395.000 personas en España. Y
muchas familias y españoles tienen los dos servicios, la TV de su teleco y otra
que paga aparte. El gran salto
con este confinamiento lo ha dado Netflix,
que tiene ya 14,1 millones de clientes
en España.
Como puede verse, el confinamiento nos ha hecho comprar más
online, trabajar y estudiar por Internet como nunca antes y, sobre todo, estar
más conectados a la Red, más enganchados que antes a WhatsApp,
video llamadas, redes sociales, series y películas. Y sobre todo, muchos de
nosotros (niños, jóvenes y mayores, pero también empresas y colegios) hemos
aprendido a usar herramientas de Internet que desconocíamos. Ha sido “un curso acelerado” de digitalización. Pero también nos ha
servido para comprobar que estamos muy retrasados en el modelo digital
(ver Blog de marzo), que nuestras empresas tienen mucho que mejorar (para vender
online y desarrollar el teletrabajo), igual que nuestros colegios y
Universidades (que tendrán que seguir enseñando online el próximo curso, hasta que haya una vacuna), igual que
nosotros mismos, como tele trabajadores potenciales o por simple ocio. Estamos todavía poco formados digitalmente y poco
preparados como país para le revolución digital que viene y que la pandemia
nos ha hecho comprender de repente.
Es otra de las grandes enseñanzas de
esta pandemia: Internet tiene un
enorme potencial y debe ser una herramienta clave para la reconstrucción de
la economía, con más inversión en formación y en la reconversión
digital de nuestras empresas. Y en la
nuestra. Si algo positivo ha tenido el coronavirus
es que nos ha enseñado la importancia de
estar conectados, la gran potencialidad del comercio online, el teletrabajo,
la enseñanza a distancia, las relaciones virtuales y el entretenimiento online. Cómo Internet
puede ayudarnos a cambiar y mejorar nuestras vidas, si invertimos en digitalización, innovación y formación. Saldremos de esta
pesadilla “más digitales”, pero tenemos que aprovecharlo para reconstruir el país y afrontar mejor un futuro que será digital.
Hoy 4 de mayo
empieza la fase 0 de la “desescalada”, que durará un mínimo de 7 semanas, más quizás para Madrid y Barcelona.
Entramos en la 8ª semana de confinamiento, pero el 11 de mayo se abrirá algo más la mano, en algunas provincias, para ir a comercios y bares, con muchas
restricciones, que provocan quejas de empresas, autonomías y la oposición. Pero el coronavirus sigue
ahí, contagiando y matando, y no podemos bajar la guardia, aunque aumente el
paro y se asfixien empresas. Nos quedan 7 u 8 semanas más complicadas que el sencillo confinamiento en casa: habrá que salir poco y con cuidado,
rehacer algo nuestras vidas sin multiplicar el virus. Y a finales de junio, volver a una “nueva normalidad” que no
lo será, con un verano y un curso hipotecados por el coronavirus hasta que haya
vacuna, a principios de 2021. El mayor problema sigue siendo la
desunión política y autonómica ante el virus, mientras los
españoles nos sacrificamos. Sumen
esfuerzos. Hay que salvar vidas.
Acaban de cumplirse los 4
primeros meses del coronavirus y la pandemia avanza a una velocidad increíble: tardó 3
meses en contagiar al primer millón de personas, sólo 12 días al 2º millón y
otros 12 días al tercero. Hoy 4 de mayo, ha contagiado ya a 3.507.424 personas, en 187 paises, causando 247.497 muertos, a pesar de que un tercio del mundo está confinado. El epicentro de la pandemia sigue siendo Europa (1,5 millones de contagiados),
pero el líder es Estados Unidos
(1.158.041 contagiados), seguido de España
(217.466 contagiados), Italia (210.717), Reino Unido (187.842), Francia
(168.925), Alemania (165.664), Rusia (134.687), Turquía (124.375), Irán
(97.424), Brasil (97.100) y China (83.959), según la Universidad Johns Hopkins.
En muertos, el líder es también EEUU,
con 68.598 fallecidos, seguido de Italia (28.884), Reino Unido (28.446), España
(25.264 muertos), Francia (24.864), Bélgica (7.844) y Alemania (6.866). España
es el 2º país con más muertos por millón de habitantes (537), tras Bélgica
(685), aunque nuestra tasa de letalidad
(muertos/contagios: 11,6) , es inferior
a la de Francia (18,9), Bélgica (15,7), Reino Unido (15,4), Italia(13,7), Holanda (12,4) y Suecia (12,1), según los datos de Sanidad.
Tras 7 semanas de
confinamiento, en España
sigue bajando el ritmo de contagios: crecen menos
del 1% la última semana (+0,39% ayer), la mitad que la anterior y muy lejos
del 32% que crecían antes del 14 de marzo. Pero sigue habiendo nuevos contagios
cada día (+838 ayer, frente a +2.870 una semana antes), porque ahora se
hacen más test, aunque las cifras son poco homogéneas entre autonomías. Y aumentan,
aunque mucho menos, los hospitalizados (+547 ayer) y los
ingresados en las UCIs (+65 ayer). Pero
todavía hay muchos muertos: 164 ayer, menos de la quinta parte que los 950
muertos del peor día de esta pandemia (1 de abril), según los datos de Sanidad. Varias autonomías llevan días sin ningún nuevo enfermo COVID en UCIS (Canarias, Cantabria, Aragón, Baleares, Ceuta y Melilla). Y varias no tenían ayer ningún
muerto por coronavirus: Canarias, Aragón, Baleares, Ceuta y
Melilla.
Esto confirma lo que
sucede desde el principio: un alcance
muy desigual de la pandemia por autonomías. El mapa del coronavirus concentra los
contagios en 8 autonomías con un
nivel de enfermos superior a la media
española (57,94 contagiados
por 100.000 habitantes): son Cataluña (129,08), Castilla y León (118,73) y La Rioja (114,90), seguidas de Navarra (82,39), Castilla la Mancha (81,41), Madrid
(76,81), País Vasco (60,42) y Galicia (59,60), regiones donde viven 24,5 millones de personas, el 51% de españoles. Las 9 autonomías restantes, más Ceuta
y Melilla, tienen un contagio inferior a la media, siendo muy bajo en Murcia (4,08 contagiados por 100.000 habitantes), Canarias (8,22), Ceuta (9,44), Melilla (12,72), Asturias (14,67), Extremadura (15,08), Baleares (15,49), Comunidad Valenciana (16,53) y Andalucía (16,66), según los datos de Sanidad ayer. También hay muchas diferencias en el balance de los hospitalizados: destacan Madrid (40.597) y Cataluña (27.257), seguidos por Castilla la Mancha (8.676), Castilla y León (8.085), País Vasco (6.692) y Andalucía (5.961). Y en los enfermos COVID que han entrado en las UCIs: 3.421 en Madrid, 2.844 en Cataluña, 736 en
Andalucía, 698 en la Comunidad Valenciana, 604 en Castilla la Mancha o 533 en
el País Vasco y Castilla y León, frente a 79 en Aragón, 88 en la Rioja, 108 en Catabria o 110 en Murcia.
Estas enormes diferencias en el alcance de
la pandemia son las que justifican ahora que la
salida del confinamiento, la
“desescalada”, vaya a ser gradual y desigual por autonomías, algo diferente
a lo que hacen otros paises (ver aquí una comparativa de la desescalada en varios paises
europeos). Así, Alemania
inició la desescalada el 20 de abril, con normas aprobadas por cada Estado
federal (hay 16 “länder”) y apertura de colegios desde el 4 de mayo, aunque sin
abrir bares y restaurantes. Francia
inicia la desescalada el 11 de mayo, en todo el país, con aperturas de colegios
y comercios, pero no bares, restaurantes o playas (al menos hasta el 2 de
junio). Portugal
inicia desescalada hoy, aunque no abre algunos colegios hasta 18 de mayo. Y
en Italia, se fijan 3 fechas para
la desescalada, uniforme en todo el país:
4 mayo (salidas y compras básicas), 18 mayo (comercios y museos) y 1 de junio
(bares y restaurantes).
En España, el
Gobierno, asesorado por los expertos, ha aprobado un Plan de desescalada más gradual y más exigente, que se va a aplicar por fases y de forma desigual por provincias, según una serie de indicadores epidemiológicos, sanitarios, de movilidad y económico-sociales. Cada provincia entrará en una fase o
pasará a la siguiente según cumpla o no
estos indicadores que se miden cada día.
¿Qué se va a tener en cuenta? Primero, los indicadores epidemiológicos: casos confirmados por PCR, número de hospitalizados y
en UCIs, sanitarios contagiados, casos posibles detectados y, sobre todo, la capacidad
de los centros de salud para detectar, aislar y rastrear los nuevos contagios
y sus contactos. Segundo, los indicadores sanitarios: enfermos COVID hospitalizados (no más del 30%) y en UCIs
(no más 50% del total), material sanitario disponible (equipos de protección,
test PCR, respiradores, medicamentos...), capacidad de los laboratorios y
centros no sanitarios disponibles en caso de urgencia. Tercero, indicadores de movilidad: movilidad de las personas y vehículos (utilizando el
estudio Big Data del Ministerio de Transportes y los datos de móviles
analizados por el INE) y utilización del transporte público. Y en cuarto lugar,
indicadores económicos y sociales: evolución de las cotizaciones a la Seguridad
Social, datos de ERTEs, consumo de electricidad y otros indicadores
socioeconómicos sobre los efectos del confinamiento.
Con todo este panel de indicadores, Sanidad será la
responsable de decidir qué provincias están en disposición de
pasar a cada fase de la desescalada.
Se han previsto 4 fases, que
llegarían hasta finales de junio. La
primera, la fase 0, empieza hoy 4 de mayo, y es de preparación para las siguientes,
aunque supone un alivio más, tras los
paseos de los niños (desde el domingo 26) y las salidas para deporte y paseos de los adultos, desde el 2 de mayo (ver guía). Se obliga a llevar mascarilla en los transportes públicos. Y se permite recoger comida a domicilio y acudir a peluquerías con
cita previa (o recoger pedidos en tiendas). La fase 1 (inicial) empieza el 11 de mayo para las provincias que cumplan y durará 2 semanas, si
no hay retroceso sanitario. Podrán abrir
los comercios preparados (no los Centros comerciales), los mercadillos al
aire libre (25% puestos), las terrazas de los bares (50% aforo y grupos hasta 10 personas debidamente separadas), los hoteles
(excluyendo zonas comunes), las bibliotecas y actos culturales (aforo limitado),
las iglesias (30% capacidad) y las visitas limitadas a familiares (hasta 10 personas en un domicilio, respetando distancias).
La fase 2 (intermedia) empezaría el 25 de mayo y amplía la desescalada:
bares y restaurantes abrirían su interior (30% aforo), mercadillos al 50%,
apertura exposiciones, cines y teatros (30% aforo), iglesias al 50%, apertura
controlada centros comerciales, hoteles abrirían 40% zonas comunes,
autoescuelas y academias, caza y pesca, locales culturales y conciertos (máximo
400 personas al aire libre) y se abren colegios para que asistan niños menores
de 6 años cuyos padres trabajen, refuerzo y examen de selectividad. Y se
permiten viajes a la 2ª residencia dentro de la misma provincia. En la fase 3 (avanzada), que podría
iniciarse el 8 de junio para las
provincias que cumplan entonces los requisitos (el resto, cuando los cumplan),
supone ampliar más la desescalada:
bares y restaurantes abren dentro el 50% aforo (y las barras, con distancia 1,5
metros) y el 50% de las terrazas, los
centros comerciales al 50%, los mercadillos al 50%, los hoteles abren el 50% de
las zonas comunes, las actividades culturales con el 50% del aforo, los
gimnasios (30% aforo) y funcionan los ferris.
Se abren las playas (con restricciones) y se permite viajar a otra provincia
en la misma fase.
A partir del lunes 22
de junio, las provincias más afortunadas entrarían en lo que se ha dado en
llamar la “nueva normalidad”: se podrá
salir, ir a bares, comercios e instalaciones con medidas de protección,
separación y a ser posible mascarilla. Y viajar a otra provincia o hacer
turismo, siempre que el destino haya salido también de la fase 3. Y así, el resto del año, tanto para
trabajar, como para actividades de ocio como para estudiar: el curso se
reanudará en septiembre con clases online y presenciales (limitadas). Y con múltiples controles para viajar fuera de
España, cuando se pueda (no antes de octubre). Todo ello hasta que exista una vacuna, como pronto en el primer trimestre de 2021.
Este Plan de
desescalada es, como se ve, muy complejo, y va a aplicarse de forma desigual, porque las autonomías sufren
la pandemia de forma muy distinta. Sanidad
ya ha dicho que tres islas canarias
(la Gomera, Hierro y La Graciosa), más
Formentera, inician hoy la fase 1, mientras los demás entramos en la fase
0. Y dentro de una semana, el 11 de mayo,
parece claro que habrá autonomías (y provincias) que no entrarán en la fase 1, especialmente
Madrid, Cataluña, las dos Castillas y la
Rioja, con dudas sobre Navarra y País Vasco. En esta parte de España, el
desconfinamiento podría empezar una semana más tarde y acabar el 29 de junio. Habrá que verlo semana a semana, como dice Sanidad. Todo va a depender de cómo repercuta en la epidemia el abrir la
mano. Porque la estrategia gradual significa que si una provincia da marcha atrás, se restringe la movilidad y el
desconfinamiento.
El Plan de
desescalada ha recibido múltiples críticas. Primero de las autonomías, porque querían “pilotarlo” ellas (y decidir
quién entra en cada fase), sobre todo Cataluña, el País Vasco y las gobernadas
por el PP. También piden que la desescalada sea por áreas sanitarias y no por
provincias, pero eso sería complicarla aún más: si ya es
difícil controlar la movilidad entre provincias, mucho más entre comarcas.
Otras críticas han venido de la hostelería y el comercio, que amenazan
incluso con no abrir, porque “no les compensa el aforo que les dejan”. Hay
que decirles dos cosas: se les permite abrir antes que en otros paises. Y sobre
el aforo, salvar vidas está antes que el negocio. Eso sí, han aprovechado para exigir que les extiendan los ERTES a
después del estado de alarma (el Gobierno lo hará esta semana) y “más flexibilidad” (a lo claro: que les dejen despedir, algo prohibido durante 6 meses).
Las críticas más duras han venido de la oposición, no sólo de la ultraderecha (desaforada) sino del PP, que amenaza con no aprobar esta semana la prórroga del estado de alarma,
lo mismo que el PNV y ERC, que
apoyaron la investidura del Gobierno. Es un grave problema, porque una cosa es utilizar la pandemia para hacer oposición (en Francia, la oposición se ha abstenido o votado en contra, lo mismo que en Italia, mientras en Alemania o Portugal hay consenso) y
otra querer “tumbar al Gobierno” en
medio de la pandemia. Ya bastante difícil pone la lucha contra el
coronavirus la poca colaboración de algunas autonomías (Cataluña y Madrid sobre
todo) y los ataques constantes a todo lo que se hace por parte del PP y Vox,
que están dividiendo a una ciudadanía que debe estar más unida que
nunca. Y más ahora, que se pide una esfuerzo extra con la desescalada: colaborar al máximo
para evitar contactos y contagios, muertes. Quedarse
en casa era más fácil.
Ahora, la claves en la lucha contra el coronavirus va a
estar en que los ciudadanos seamos muy
prudentes y que la Administración funcione mejor para estudiar los contagios y rastrearlos, con el estudio
de seroprevalencia que se está haciendo a 30.000 familias (la semana que viene, el Gobierno tendrá una primera información del nivel de contagios) y los test que se hagan en hospitales,
centros de salud, residencias de ancianos y empresas (se hacen 40.000 PCR diarios). Pero lo más
importante será reforzar los centros de salud estas semanas (Ojo, hay menos médicos de atención primaria que la media en Baleares, Madrid, Murcia, Canarias, Andalucía, Cataluña y Comunidad Valenciana: ver aquí los datos), porque son los primeros
responsables de detectar los rebrotes, descubrir el origen de los nuevos contagios
y, sobre todo, rastrear sus contactos
para prevenir otros. Y sólo tenemos 500 sanitarios destinados a la vigilancia epidemiológica, cuando España necesitaría 14.000 investigadores, según estima el Instituto Johns Hopkins.
En paralelo, urge acelerar una aplicación en los móviles para toda España, que ayude a vigilar contactos de
contagiados.
Mientras la
desescalada y la lucha contra el coronavirus concentran los mayores
esfuerzos, la emergencia económica revela su gravedad día a día, con miles
de empresas medio paradas o cerradas y 6,5
millones de trabajadores y autónomos que han perdido temporal o definitivamente su empleo. De entrada, la economía
española ha caído un -5,2% en el primer trimestre, más que Italia
(-4,7%) o Europa (-3,8% la UE-27), aunque menos que Francia (-5,8), según
Eurostat. Y el paro aumentó en
marzo en España (+0,6%: del 13,6 al 14,5%), más que en ningún otro país europeo
y que la media UE-27 (+0,1%: del 6,5 al 6,6%), según Eurostat. Y los datos del segundo
trimestre serán peores, con una caída de la economía española que puede superar
el -10% (y el -6% en Europa), lo que se
traducirá en más paro todavía.
Y por
mucho que la economía empiece a medio
funcionar, a finales de junio, no servirá para recuperarnos, como reconocen
las previsiones que el Gobierno mandó a Bruselas el viernes: la economía española caerá el -9,2% en 2020 y no se recuperará lo suficiente en 2021 (+ 4,5% de crecimiento). Y lo más importante: cerraremos 2020 con 4.400.000 parados (1.200.000
más), de los que 3.900.000 seguirán parados en 2021.
Sin olvidar otra abultada factura del coronavirus: nos obligará a aumentar la deuda pública en 116.737 millones de euros este año (hasta 1,306 billones, el 115,5% del PIB)
y pagar casi 50.000 millones sólo en
intereses en 2020.
Son datos muy preocupantes, muy graves. Pero no perdamos la
perspectiva: más grave es que mueran 300
españoles diarios. La prioridad es la vida, no la bolsa.
Y si ahora no tenemos cuidado y
responsabilidad en la desescalada, si el
coronavirus repunta, pondrá en peligro la salud y la economía. Lo ha advertido el director ejecutivo de la OMS: “si dan pasos demasiado pronto, se arriesgan a sufrir un impacto mayor
en la economía”. No hay que precipitarse: el virus no está vencido y es
muy peligroso. No bajemos la guardia, actuemos
con responsabilidad, cada persona, cada familia, cada empresa,
salvaguardando antes la salud que el negocio. Nos jugamos mucho con el desconfinamiento. Y por favor, acaben con
las peleas y colaboren todos juntos, autonomías, políticos y Gobierno. Ganemos al virus y frenemos juntos la recesión, el paro y la
pobreza. Hay mucho que hacer.