lunes, 16 de mayo de 2022

Las ventas de coches no remontan

La industria del automóvil  no levanta cabeza desde la pandemia. Las ventas de coches no se recuperaron en 2021 y este año, las matriculaciones son las más bajas desde hace  33 años, peores incluso que en 1993 y 2008. Los usuarios no saben qué coche comprar, tienen mucha incertidumbre por la guerra y la inflación y, encima, sufren hasta 6 meses de retraso en la entrega de coches nuevos, por la falta de chips y componentes. Así que la demanda se desplaza a los coches usados (2,5 vendidos por cada nuevo), cuya venta se encarece y también cae por falta de vehículos. 2022 será el tercer año de ventas estancadas, con un tercio menos de coches vendidos (-470.000) que en 2019. Mientras, el coche eléctrico tampoco despega, por su alto precio y la falta de postes de recarga. Y el parque de vehículos envejece y contamina (sólo el 2,2% tienen etiqueta 0 o Eco). Urge ahondar en la reconversión de la industria y de la demanda.

Enrique Ortega

El sector del automóvil lleva tres años “gripado. En 2020 sufrió el mazazo de la pandemia, antes incluso que los demás notáramos los primeros efectos del COVID 19: ya en enero y febrero empezaron a sufrir la falta de piezas y componentes que llegaban de Asia, en especial de China. Y el 14 de marzo, cerraron en España fábricas y concesionarios, con lo que los coches ni se fabricaron ni se vendieron hasta el 11 de mayo. Un parón de producción y ventas que no se recuperó con el verano ni el resto del año. Y así, 2020 cerró con 2.268.185 coches fabricados en España (504.000 menos que en 2019) y unas matriculaciones de 851.211 turismos vendidos aquí (-470.136 coches que en 2019), la cifra más baja desde 2014.

La esperanza era que las ventas de coches remontaran en 2021, con la vuelta a la “normalidad” y el ahorro acumulado en 2020. Pero no fue así. Mes a mes, las ventas no despegaron, retraídas además por una subida de precios (un +5% de media), derivada de la entrada en vigor (el 1 de enero, tras varios retrasos) de la nueva normativa europea de emisiones (WLTP), que establecía parámetros más estrictos, con lo que muchos coches nuevos empezaron a pagar más impuesto de matriculación (y subió el de los que lo pagaban), desde 1.000 euros (los coches pequeños) a 3.000 euros (los SUV grandes). Además, las industrias  seguían con falta de chips y componentes (agravadas en septiembre), que obligaron a cerrar temporalmente muchas fábricas, retrasando entregas. Y encima, los españoles sufrimos 4 olas de la pandemia en 2021, retrayendo aún más las compras. Resultado: las matriculaciones se estancaron en 859.470 turismos, sólo 8.266 más de los vendidos en 2020.

Superada la 6ª ola de la pandemia y con la mejora del crecimiento (+5,1% PIB) y el empleo (+840.700 empleos en 2021), todo auguraba una mejoría del automóvil en 2022. Pero Putin invadió Ucrania el 24-F y se dispararon los precios, que ya estaban altos desde el verano, provocando una caída del consumo y retrayendo otra vez las ventas, con la “puntilla” de 20 días de huelga salvaje del transporte en marzo, que interrumpieron aún más los suministros y la producción de las factorías. Con ello, las matriculaciones entre enero y abril de 2022 cayeron un –11,8%, quedándose en 233.509 coches vendidos en España, según ANFAC,  la cifra más baja en el primer cuatrimestre de los últimos 33 años (desde 1989), una matriculación menor incluso de la que hubo en las crisis de 1993 y 2008.

¿Qué está pasando en el automóvil? Básicamente, que no despegan las ventas, que se retrae la demanda por la incertidumbre de los compradores (guerra, inflación), no sólo en España sino en toda Europa. Y eso nos afecta mucho, porque España es la 2ª productora de coches de Europa y se ve afectada por la menor demanda en todos los paises: en abril, las ventas de coches han caído más que en España (-12%) en Italia (-33%), Francia (-22,6%) y Alemania (-21,5%), paises que crecen menos en 2022. Y eso se traduce en que la industria española del automóvil sufre no solo una caía de ventas en España (-11.8% en el primer cuatrimestre) sino una caída en la fabricación de vehículos (550.454, una caída del -16,9% entre enero y marzo) y en las exportaciones (465.000 exportados, -18%), según ANFAC.

Otro factor clave es que las fábricas de coches siguen sufriendo retrasos en la llegada de suministros y componentes, en especial microchips, debido a un tremendo aumento de la demanda a la que no da abasto la oferta, muy concentrada en Asia (el 80%, en Taiwán y Corea del Sur) y donde Europa es tremendamente dependiente. Un coche necesita de 5.000 a 8.000 semiconductores, por los que ahora hay que pujar junto a la industria de la informática y la electrónica, lo que provoca mayores costes y retrasos. Y no sólo de chips, sino de piezas como las pantallas TFT que llevan los coches modernos, los controles de crucero (el “radar” del coche), los cargadores inalámbricos o los faros leds, piezas que retrasan más la fabricación de unos coches que otros. La consecuencia es que se han disparado los plazos de entrega: si en 2020 eran de 1 mes y a finales de 2021 pasaron a 83 días en España (153 en Francia, 115 en Alemania y 88 en Italia), según Kantar, ahora, en la primavera de 2022, el plazo medio de entrega son 6 meses (y un mínimo de 3, salvo algunos vehículos en stock).

Si la situación económica internacional ya retrae las ventas y encima se ofrecen los coches a 6 meses vista, la consecuencia lógica es que se retrasan las compras y que se trasvasa la demanda a los coches usados. Es lo que está pasando: en 2022 se han vendido 2,5 coches de 2ª mano por cada coche nuevo, cuando en el primer cuatrimestre de 2021 eran 2,3 por 1. Y en el primer trimestre de 2022 se compraron más coches usados con más de 15 años (167.120) que coches nuevos (164.399 matriculados), según Ganvam. Esta mayor demanda de coches usados ha aumentado drásticamente sus precios (sobre todo de los usados con menos años) y ha provocado también una caída de la oferta de coches usados, debido a que las compañías de alquiler y muchas empresas, ante la falta de coches nuevos, no renuevan sus flotas y no ponen a la venta coches usados con pocos años.

En consecuencia, la venta de coches usados también cae este año, aunque tengan más demanda que los nuevos: en el primer cuatrimestre se han vendido 586.574 coches de 2ª mano (frente a 233.509 nuevos), un 5,3% menos que en los cuatro primeros meses de 2021 (se vendieron 616.441 coches usados), aunque la caída de ventas es la mitad que la de los coches nuevos (-11,8%), según los datos de Ganvam y Anfac.

Los expertos creen que las ventas de coches (sobre todo nuevos) seguirán flojas el resto del año, porque no se espera corregir hasta 2023 los problemas en el suministro de chips, piezas y componentes, menos con la nueva ola de COVID 19 en China y Corea del Sur. Factores claves serán la duración de la guerra de Ucrania, la marcha de la inflación y los efectos de la subida de tipos esperada para julio en Europa, tres cuestiones muy importantes para que los automovilistas cambien o no de coche. Con todo, lo más importante es ver si se frena o no la recuperación en Europa, como ha pasado en el primer trimestre, donde Italia ha caído un 0,2%, Francia se ha estancada (+0% el PIB), Alemania creció sólo un 0,2% y España un 0,3% (frente al 5,1% en 2021). Si Europa y España crecen poco, se venderán pocos coches. De hecho, la previsión de ANFAC es repetir la venta de 850.000 vehículos en 2022.

Este parón en la venta de coches, por tercer año consecutivo, se debe también a que los automovilistas no saben qué coche comprar. Tienen claro que no van a comprarse otro diesel: sus ventas han caído del 71% de las matriculaciones en 2007 al 56,8% en 2014, el 27,9% en 2019 y al 19,9% de las ventas en los cuatro primeros meses de 2022, según ANFAC. Tienen menos claro que no van a comprar un coche de gasolina: sus ventas han subido primero, del 25% del mercado en 2007 al 60,1% en 2019, para bajar después hasta el 45,1% de las ventas en el primer cuatrimestre de 2022. Y tienen claro que antes o después tendrán que comprar un coche que no sea ni de gasolina ni de gasoil: este tipo de vehículos “alternativos” (eléctrico, hibrido enchufable y no enchufable, con gas) han pasado de representar el 4% de las ventas en 2007 al 12% en 2019 y al 34,9% de las matriculaciones  en los cuatro primeros meses de 2022.

El problema es que los consumidores no saben qué tipo de coche (no de combustión) comprar. Porque los coches eléctricos son muy caros, tienen poca autonomía y encima hay muy pocos postes para cargarlos. Así que, de momento, los compradores están optando por los híbridos, coches que tienen un motor tradicional (la mayoría gasolina pero muchos diesel) y una batería de apoyo que se recarga sola. De hecho, de los 78.090 coches no convencionales matriculados en 2022 (enero-abril), la mayoría, 59.176 vehículos, son híbridos no enchufables, 10.200 son híbridos enchufables, 4.891 son eléctricos y 3.819 son de gas, según los datos de ANFAC. Y se venden más coches “alternativos” de producción asiática (coreanos y japoneses) que europea.

La propia patronal del automóvil, ANFAC, se queja del retraso de España en el proceso de electrificación del automóvil, donde los 2 grandes objetivos del Plan PINEC son alcanzar los 5 millones de vehículos electrificados para 2030 (de ellos, 3,3 millones serían turismos y vehículos comerciales) y tener 4.340.000 puntos de recarga. En 2021, el primer año del Plan, ANFAC recuerda que no se cumplieron los 2 objetivos intermedios previstos. Por un lado, se vendieron sólo 65.000 vehículos electrificados, frente a los 75.000 objetivo. Y se colocaron 13.411 puntos de recarga, frente a los 28.240 previstos.  

Por este camino, España se coloca “a la cola de la electrificación de vehículos en Europa”, según ANFAC, con sólo un 8% de las ventas en 2021, frente a otros paises donde el vehículo electrificado supone un porcentaje mucho mayor de las ventas: el 26% en Alemania, el 18,3% en Francia o el 19,7% en Portugal.  Y con tan pocos puntos de recarga (13.411 en 2021, cuando el objetivo era llegar a 100.000 en 2023), también estamos a la cola de Europa: tenemos 0,4 puntos de recarga por cada 1.000 habitantes de población motorizable, frente a 0,9 por 1.000 en Alemania o 0,7% en Francia.

El Plan MOVES III, que se puso en marcha en septiembre y octubre de 2021, contempla 400 millones de ayudas para la compra de coches eléctricos (e híbridos enchufables) y la colocación de postes de carga. Las ayudas son importantes (7.000 euros por vehículo y hasta 9.000 por furgoneta), pero el problema es que la ayuda no convence a los compradores que ven el alto precio de estos vehículos, su poca autonomía y, sobre todo, que no hay postes para recargarlos, ni en los garajes ni en la calle (y resulta costoso instalarlos en un chalet). Quizás habría que pensar en ayudas (menores) a la compra de coches híbridos.

Las bajas ventas de coches nuevos y el tirón de los coches usados provocan que el parque de vehículos en España siga envejeciendo, lo que supone un grave problema de emisiones y seguridad en el tráfico. Así, la edad media del parque español ha pasado de 8,39 años (2008) a 13,1 años en 2020, frente a los 10,8 años de media en la UE, según ANFAC. Y lo más preocupante: sólo el 2,2% de todos los vehículos que circulan en España son poco contaminantes: tienen etiqueta 0 o etiqueta ECO. Ahora, cuando grandes ciudades como Madrid y Barcelona quieren desterrar del centro a los coches más contaminantes, urge avanzar en la renovación del parque, promoviendo la venta de coches nuevos con etiqueta ECO y 0. Y no sólo con ayudas, sino también con menos fiscalidad.

Estamos ante una encrucijada histórica para el automóvil, sobre todo después de que el Parlamento Europeo haya aprobado, el 12 de mayo, prohibir la venta de coches diesel y gasolina a partir de 2035. Así que la industria tiene menos de 14 años para reconvertirse a fondo, tecnológica y laboralmente. Y los usuarios, tenemos un plazo similar para cambiar nuestra mentalidad y hábitos sobre el automóvil. Para ayudar a ambos, a las empresas y a los compradores, harán falta ayudas y millonarias inversiones. En España, en julio de 2021 ya se aprobó el PERTE eléctrico, para destinar 4.300 millones de Fondos europeos a reconvertir el automóvil, junto a 19.700 millones de inversión privada. El primer fruto del PERTE eléctrico es la futura fábrica de baterías de Seat-Volkswagen en Sagunto, operativa para 2026. En paralelo, las multinacionales reconvertirán modelos y factorías, mientras el Gobierno debe perfilar la fiscalidad del automóvil y las ayudas a la compra de vehículos alternativos. Para dar este salto a medio plazo, hay que remontar la actual crisis de ventas. Y no es fácil.

jueves, 12 de mayo de 2022

Estalla la burbuja de las criptomonedas

Muchos creíamos que invertir en criptomonedas era una “moda” ligada a una minoría de expertos y jóvenes digitales. Pero no: la fiebre por los criptoactivos, sobre todo el bitcoin, ha arrastrado ya a 1 de cada 8 españoles, según reconoce el Banco de España, que alerta sobre sus enormes riesgos. España es el 5º país de Europa con más criptoactivos, pero lo preocupante es que las criptomonedas se han puesto de moda entre los jóvenes, que buscan dinero fácil, creándoles una cierta “adicción” y proliferando ofertas fraudulentas. Ahora, con la subida de tipos, los inversores más avezados huyen de las criptomonedas y ha estallado la burbuja, perdiendo el bitcoin la mitad de su valor en 6 meses. Lo peor es que este enorme mercado no está regulado, ni en Europa ni en el mundo, lo que favorece el fraude, la falta de liquidez y el blanqueo de dinero. Ojo donde mete su dinero: nadie da duros a peseta, por muy moderno y digital que sea.

Enrique Ortega a partir de El cambista y su mujer de Marinus van Reymerswale

Los criptoactivos son monedas y valores digitales que emplean un cifrado para identificar a su dueño y poder realizar transacciones. La mayoría (el 80% del mercado) son criptoactivos sin respaldo detrás de un activo concreto, sobre todo criptomonedas, monedas digitales que no tienen el respaldo de un país o Banco Central sino que fabrican y emiten empresas privadas (el 55% del mercado lo copa el bitcoin y otro 25% el ethereum). El 20% restante son criptoactivos con respaldo de otros activos como el oro o el dólar (y otras monedas).

Se trata de un mercado muy reciente, dado que la primera criptomoneda, el bitcoin, apareció en 2008, y a ella la han seguido hasta 20.000 criptomonedas más. Ya en 2021, los criptoactivos suponían un mercado de 3,38 billones de dólares, de los que 2,8 billones era el valor de las criptomonedas. Y eso porque entre 2020 y 2021, este mercado de criptoactivos dio un salto de gigante: su volumen se multiplicó por 10, con la entrada de inversores institucionales, que buscaban altas rentabilidades de riesgo ante una Bolsa plana y unos tipos de interés cero. Europa representa el 25% del mercado mundial de criptoactivos (845.000 millones de inversión, casi el 1% de la inversión financiera total), por delante de Estados Unidos (18% del mercado total de criptoactivos).

España es el 5º mayor mercado europeo de criptoactivos, con 60.000 millones anuales de inversión (el 2,7% de la inversión financiera total), sólo por detrás de Reino Unido, Francia, Alemania y Paises Bajos, según un reciente informe del Banco de España, que alerta sobre la gran penetración de los criptoactivos entre los españoles: los poseen el 12% de los adultos (13% de los hombres y 10% de las mujeres), casi 4.700.000 personas, muchas más de las que se pensaba. Y lo más llamativo es que se trata de una inversión muy popular entre los jóvenes de 18 a 24 años, sobre todo entre los más internautas.

A falta de datos concretos sobre España, sabemos que el 56% de los inversores en criptoactivos en Europa tienen entre 26 y 45 años y un alto nivel educativo, según un estudio hecho en la eurozona por la Fintech 2Gether, que revela su enorme atractivo para los llamados “nativos digitales”, jóvenes que creen que pueden “forrarse en poco tiempo” con las criptomonedas. De hecho, el 38% de los jóvenes españoles (entre 25 y 40 años) se plantean invertir en criptomonedas, según el neobanco Rebellion. Al amparo de este interés, proliferan las ofertas de criptomonedas en Internet, de plataformas de bitcoin y otras monedas virtuales. Y también han surgido ofertas de formación, algunas fraudulentas: en marzo, la unidad de delincuencia económica de la Policía Nacional detuvo a 8 cabecillas de IM Mastery Academy en España, acusados de “estafar con cursos virtuales sobre criptomonedas a miles de jóvenes” (a los que “captaban como una secta”, según los afectados). Aún así, esa empresa internacional convocó en Badalona, el 9 y 10 de abril, a 9.000 jóvenes de toda Europa a una Convención sobre criptomonedas, cobrando 200 euros a los asistentes. Su publicidad: “Alguna vez has sentido que estabas destinado a más”. La idea es ofrecer a los jóvenes  “dar el pelotazo” y hacerse millonarios con las criptomonedas.

En medio del “boom” de los criptoactivos, el panorama económico ha cambiado, no sólo por la guerra de Ucrania (que fuerza a buscar inversiones más seguras) sino por la subida de los tipos de interés (dos veces ya en EEUU y una anunciada en Europa para julio). Dos hechos que han provocado una retirada de muchos inversores institucionales de los criptoactivos y un consiguiente desplome de las criptomonedas, en los últimos 6 meses (ver gráficos): el bitcoin ha perdido más de la mitad de su valor (de cotizar a 67.734 dólares el 9 de noviembre de 2021 a 29.698 dólares ayer 11 de mayo, una caída del  -56,15%), lo mismo que el ethereum (cotizaba a 4.799 dólares el 9 de noviembre y a 2.177 el 11 de mayo, una caída del -54,6%). Y también han caído, aunque menos, los criptoactivos ligados al euro, al dólar y al oro.

Antes de este desplome, el Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) ya habían lanzado dos alertas a los inversores: ojo a los criptoactivos, a las criptomonedas, porque son una inversión muy peligrosa. En su 2ª alerta conjunta, publicada el 9 de febrero de 2022, ya advirtieron del “elevado riesgo de estas inversiones”, por la “extrema volatilidad, complejidad y falta de transparencia, que las convierte en una apuesta de alto riesgo”. Además, recordaban a los inversores (sin éxito, por lo que se ve) que los criptoactivos “no están regulados”, “no tienen consideración de medios de pago ni tienen respaldo de los Bancos Centrales ni están cubiertos por el Fondo de Garantía de depósitos e Inversiones”. Y tras insistir  que son “instrumentos complejos”, no adecuados para pequeños inversores”, alertaban de que son “muy especulativos” y se puede perder todo lo invertido. Por si fuera poco, ambos organismos recordaban que en este mercado hay poca transparencia en la formación de precios, los criptoactivos tienen poca liquidez (hay dificultades para venderlos) y muchos problemas para reclamar, dado que las plataformas de venta y custodia son empresas extranjeras sin control de las instituciones financieras.

Precisamente, el gran problema de los criptoactivos es que se trata de un mercado sin regular, ni en Europa ni en el mundo. Tanto es así, que Fabio Panetta, miembro del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo (BCE), señalaba en abril que “se está creando un nuevo salvaje Oeste” con los criptoactivos. Y comparó su dinámica con la de las hipotecas de alto riesgo (las “subprime”) que causaron la grave crisis financiera de 2008. Con un agravante : el mercado de los criptoactivos (2,4 billones de dólares) duplica ya el tamaño de las hipotecas "subprime" (1,3 billones de dólares) Por eso, el BCE ha vuelto a alertar ayer del elevado riesgo de un mercado que funciona como un "esquema Ponzi": los inversores invierten mientras creen que los precios seguirán al alza, hasta que el entusiasmo se desvanece y todos empiezan a vender, estallando la burbuja

La Comisión Europea presentó en septiembre de 2020 una primera propuesta para regular este mercado “salvaje”, pero el Consejo Europeo no aprobó el proyecto de Reglamento hasta noviembre de 2021. Y ahora, está pendiente del Parlamento Europeo, que en febrero de 2022 ha aprobado su posición, para negociarla ahora con el Consejo y aprobarla antes de fin de año. La idea es aprobar una norma europea, que sustituya a la que tienen algunos paises (Alemania, Francia o Italia) y sea la norma futura para España y los paises donde no hay regulación. La propuesta, llamada MiCA, establece normas para proteger a los usuarios de criptoactivos y obligaciones a los emisores y distribuidores, estableciendo una supervisión nacional (del Banco de España aquí) y europea en el caso de algunos criptoactivos.

En paralelo, el G-20 encargó a diversos organismos financieros internacionales que preparen Recomendaciones a los paises, ya aprobadas por el Consejo de Estabilidad Financiera (FSB), para abordar la supervisión y regulación de los criptoactivos, con un seguimiento regular. Y el GAFI, el organismo internacional que vigila el blanqueo de capitales y la financiación del terrorismo, aprobó una Guía en 2021 para  que los paises vigilen este aspecto de las criptomonedas y criptoactivos: se estima que un 1% se utilizan con fines ilícitos, para blanqueo de capitales, estafas y robos de fondos. Otros paises, como China o Rusia, no tienen problemas de regulación: simplemente, han prohibido operar con criptoactivos.

Mientras se aprueba un Reglamento europeo, las autoridades españolas que vigilan las inversiones financieras, la CNMC (Mercado de Valores)  y el Banco de España, han tomado medidas recientes sobre los criptoactivos. En enero de 2022, la CNMV aprobó un a Circular para regular la publicidad de criptoactivos: supervisará la publicidad que hagan las plataformas de venta y los influencers, exigiendo una “comunicación previa” cuando vaya dirigida a más de 100.000 personas. Y siempre, la Circular (que entró en vigor el 17 de febrero) exige que la publicidad incluya un mensaje indicando que la inversión en criptoactivos “no está regulada y puede implicar la pérdida total de la inversión”. Ya en noviembre de 2021, la CNMV dio un toque de atención” al futbolista Andrés Iniesta, por anunciar en sus redes sociales (38 millones de seguidores en Instagram) el portal de venda de criptomonedas Binance.

La otra medida, aprobada en octubre de 2021 por el Banco de España, fue la creación de un registro obligatorio para las empresas que ofrezcan criptoactivos, amparándose en la normativa de prevención de blanqueo de capitales. Daba 6 meses para hacerlo, y una de las primeras empresas en registrarse fue la alicantina Bit2Me, una plataforma que ofrece criptomonedas. Pero este registro es sólo a efectos de control, ya que no implica que el Banco de España asegure estas inversiones. Es sólo un paso hasta que Europa apruebe su Reglamento MiCA sobre criptoactivos y España lo aplique aquí.

Hasta ahora, los bancos españoles se han mantenido bastante al margen de los criptoactivos, por su alto riesgo y la falta de normativa. Sólo el BBVA fue el primer banco de la zona euro en ofrecer la compra venta de bitcoin, en junio de 2021, aunque a través de su filial de Suiza (ahora lo ha ampliado al ethereum). Banco Santander se prepara a ofrecer fondos de inversión vinculados a inversiones en bitcoin, pero no compraventa directa, como tampoco el resto de bancos españoles, que “permiten la compra pero sin asesorar”. Y fuera de la banca, el bitcoin no consigue avanzar como medio de pago, aunque algunas empresas lo utilicen como “gancho publicitario” para vender, sin apenas uso (inmobiliarias, empresas de consumo, Cepsa, Uber y hasta una empresa de taxis de Madrid…).

El desplome actual del bitcoin y la inexistencia de regulación impiden el auge de las criptomonedas a corto plazo, aunque parece indudable que a medio plazo aumentará su peso, al menos el de las monedas digitales (-e-dólar, e-euro, e-yuan) y las inversiones digitales con contrapartidas (activos reales). Parece claro que el futuro del dinero será digital, aunque no debe depender de que miles de ordenadores creen las criptomonedas (con un altísimo coste de energía, como pasa hoy) sino que las creen los paises, con sus reservas y Bancos Centrales detrás. Mientras, las criptomonedas hoy son una tentación como el juego, donde puede ganarse mucho y perderse mucho, sin reglas y con mucha opacidad, sin posible defensa ante gigantes que operan sin control a nivel mundial. Desde “la burbuja” de los tulipanes holandeses en 1630 (un tulipán valía más que una casa) a las hipotecas subprime de 2008 y las criptomonedas de ahora, siempre ha habido alguien que ofrecía “duros a peseta”. Pura especulación y puro fraude. Ojo a las promesas de dinero fácil.

lunes, 9 de mayo de 2022

Pandemia: estamos en la 7ª ola "silenciosa"

Con los graves problemas de la guerra en Ucrania, la inflación disparada y la subida de tipos, la mayoría ya no se acuerda de la pandemia. Pero sigue aquí, contagiando y matando. Ahora no se publican las cifras detalladas, pero la incidencia entre mayores de 60 años ha aumentado un 77% desde principios de abril, favorecida por la Semana Santa y la retirada de mascarillas. En abril hubo 365.000 contagios más (contabilizados, reales muchos más) y 1.915 muertos por COVID. Nada de “normalidad”. Hay más movilidad, menos prevención y un estancamiento de las vacunaciones, con 3,2 millones de españoles que siguen sin las 2 vacunas y más de 1 millón de mayores sin la 3ª dosis de refuerzo. Estamos en una 7ª olasilenciosa”, sin saber su alcance real y con 6 provincias y 2 autonomías en riesgo alto o muy alto. Y con la amenaza de nuevas variantes. Así que sigan cuidándose. Porque, además, no se refuerza la Sanidad, con muchos retrasos y listas de espera récord.

Enrique Ortega

La pandemia en el mundo ha cumplido 28 meses y sigue contagiando y matando. Los contagios bajan desde finales de enero, pero todavía hay más de 3,5  millones a la semana, la media de 2021. Y hay un rebrote en China que ha obligado a confinar a 343 millones de habitantes (la cuarta parte de la población), en 46 ciudades. Ya superamos hoy los 517 millones de contagiados (el 6,5% de la población mundial), según la Universidad Johns Hopkins,  concentrados sobre todo en Europa (216 millones) y América (153), con menos contagios en el Sudeste asiático (58 millones), Pacífico (55), Mediterráneo oriental (22) y África (9 millones de contagiados), según la OMS. Lo que sí ha bajado en esta ola de ómicron son los muertos: 14.814 a la semana,  menos de la mitad que a principios de año y  por debajo a la mortalidad de 2021. Pero la COVID-19 ya suma 6.251.366 muertes en el mundo, sobre todo en América (2,72 millones) y Europa (1,99 millones), seguidas de lejos por Asia (786.804), Mediterráneo Oriental (342.369), Pacífico (226.081) y África (171.776 muertos por COVID-19).

Europa sigue en cabeza de los paises con más contagios por COVID en los últimos 28 días, un ranking encabezado por Alemania (+2,62 millones de contagios y +4.810 muertes), Corea del Sur (+2,14 millones y +3.721 muertes), Francia (+2,01 millones y 3.436 muertes) e Italia (1,45 millones y 3.741 muertes), seguidos de EEUU (+1,45 millones y +11.769 muertes), Australia, Japón, China, Vietnam y Reino Unido (+575.938 contagios y 6.493 muertes), según la Universidad Jhons Hopkins. España ocupa el puesto 13º de la lista, con +325.994 contagios y 1.564 muertes por COVID en los últimos 28 días. Sin embargo, España es uno de los paises europeos con menos incidencia del COVID por 100.000 habitantes (a 14 días): 457,6 a fecha 6 de mayo, según la OMS, por debajo de Alemania (1.353), Francia (1.149), Italia (1.254) o Portugal (1.350), aunque más elevada que en Holanda (125) y paises nórdicos.

Pero estos datos de contagios son “dudosos, porque los criterios para contabilizarlos ya no son homogéneos. En el caso de España, desde el 29 de marzo sólo se contabilizan los contagios detectados a mayores de 60 años y personas de riesgo, con pruebas hechas en centros de salud, hospitales y residencias, no los hechos particularmente con test comprados en farmacias. Así que la última cifra de contagiados oficiales, que superó los 12 millones el viernes 6 de mayo (12.009.059), aunque supone 457.485 contagios nuevos desde el 1 de abril, no incluye muchos otros contagios reales (otros tantos, al menos).

La nueva estadística de Sanidad sólo detalla la evolución de los contagios por COVID en los mayores de 60 años, los únicos a los que se hacen PCR o test en caso de tener síntomas. Por eso, el número de pruebas semanales se ha desplomado: de registrarse 2,23 millones de pruebas semanales el 27 de diciembre y  casi 2,5 millones el 3 de enero se ha pasado a 191.108 pruebas semanales a principios de mayo, 13 veces menos. Pero ahora, las pruebas hechas a mayores dan un mayor porcentaje de positivos: el 31,33% tienen COVID, frente al 18% de positivos en las pruebas masivas que se hacían en marzo.

Teniendo en cuenta esta salvedad, los contagios entre mayores de 60 años se han disparado en las últimas 5 semanas, favorecidos por la Semana Santa (muchísima movilidad y aglomeraciones) y el fin de la mascarilla obligatoria en interiores (20 de abril): la incidencia ha pasado de 459,27 contagios por 100.000 habitantes (a 14 días) el 1 de abril a 813,22 contagios el viernes 6 de mayo, un aumento del 77%. Y lo más preocupante es que la incidencia es mucho más alta entre los más mayores: 653,07 casos entre 60 y 69 años, 867,27 entre 70 y 79 años y 1.045,33 entre los mayores de 80 años (más del doble que el 1 de abril: 534,68 contagios), los más vulnerables.

Los nuevos contagios por COVID se están dando de una forma desigual, concentrándose en las regiones más envejecidas, con mayor proporción de mayores. Así, hay 9 regiones que superan los 1.000 contagios de mayores por 100.000 habitantes: Navarra (1.841), Murcia (1.629), La Rioja (1.507), Extremadura (1.470), Castilla y León (1.431), Ceuta (1.429), Cantabria (1.363), Galicia (1.327) y Asturias (1.296), según Sanidad. Y la incidencia es menor en Madrid (509), Cataluña (518) o la Comunidad Valenciana (703). Y hay 6 autonomías que tienen un grave problema de altísimos contagios entre mayores de 80 años: Navarra (1.923 contagios de octogenarios por 100.000 habitantes), Castilla y León (1.900), Extremadura (1.833), Murcia (1.734), Galicia (1.637) y Asturias (1.589)..

A pesar de esta alta incidencia entre mayores, que ha aumentado un +77% en poco más de un mes, Sanidad y muchos expertos no se muestran preocupados, aunque otros epidemiólogos reconocen que estamos en una 7ª ola silenciosa”. La clave para todos no son los contagios, aunque se hayan disparado, sino que no hay un exceso de pacientes en hospitales y UCIs. Pero la realidad es que sí han aumentado las camas ocupadas por pacientes COVID: de tener 4.150 pacientes hospitalizados el 1 de abril se ha pasado a 6.858 el 6 de junio, un 65% más. Eso sí, hay más pacientes hospitalizados, pero menos pacientes graves: de tener 420 pacientes en UCI a principios de abril se ha pasado a 362 el viernes.

Son niveles de pacientes COVID asumibles para los hospitales, con un porcentaje de camas ocupadas (5,53%) muy lejano a los peores momentos de la última Navidad (15,25% de camas ocupadas el 19 de enero). Y un porcentaje de camas UCI ocupadas (4,04%) también muy reducido frente al colapso de enero (26,32% de camas UCI ocupadas el 14 de enero). Pero aún así, hay regiones que tienen los hospitales más “agobiados”, las que tienen más porcentaje de mayores: Asturias (10,64% ocupación COVID camas), Castilla y León (10,56% ocupación camas y 8,43% ocupación UCIs), Cantabria (8,02% ocupación camas y 9,32% ocupación UCIS), Murcia (7,3% ocupación camas) y Cataluña (5,9% camas UCIs ocupadas), según los datos de Sanidad del viernes.

Esa combinación, alta incidencia en mayores y mayor ocupación de camas y UCIs, es la que provoca que algunas regiones y provincias estén en riesgo alto o muy alto. Con datos del viernes 6 de mayo, Sanidad coloca en alerta 4 (riesgo muy alto) a León, Zamora y Orense. Y en alerta 3 (riesgo alto) están Asturias y Castilla y León, más las provincias de Cuenca, Guadalajara y Teruel. Del resto (ver mapa), hay 6 autonomías (Galicia, Cantabria, País Vasco, Castilla la Mancha, Murcia y Comunidad Valenciana) en alerta 2 (riesgo medio) y las demás se sitúa en alerta 1 (riesgo bajo), con baja incidencia y mínima presión hospitalaria.

Hay más mayores contagiados y muchos, al tener más de 80 años y patologías previas, sufren especialmente el COVID y acaban en la UCI, sobre todo los que no tienen puesta la tercera dosis de refuerzo: parece mentira, pero hay 563.043 mayores de 70 años (y otros 616.728 de 60 a 70 años) sin esta dosis de refuerzo, que es clave para reducir su vulnerabilidad. El resultado es que sigue habiendo muchos muertos por COVID (o “con COVID”, aunque la causa básica de la muerte sea otra). El balance son ya 104.869 muertos hasta el 6 de junio. Y de ellos, sólo en abril se han producido 1.915 muertos por COVID, demasiados, aunque menos que en marzo (+2.658) y febrero (+6.185 muertos). Sólo en la última semana (viernes 29 abril  al viernes 6 mayo) hubo 413 muertos, 59 muertos diarios. Nada de “normalidad”.

Los datos anteriores revelan que el COVID sigue aquí, contagiando y matando. Pero la mayoría de la población parece haberse olvidado de la pandemia y una prueba es que se han frenado las vacunaciones: al 4 de mayo, estaban vacunados con pauta completa 39.053.044 españoles, el 82,4% de la población total, solamente 48.224 vacunados más que algo más de un mes antes (30 marzo). Y sigue siendo muy elevada la cifra de personas no inmunizadas, que no han completado las 2 dosis: son 3.206.669 españoles, casi los mismas que a finales de marzo (3.252.771 sin inmunizar). Y lo más preocupante es que siguen sin inmunizar muchos mayores de 60 años (237.891, incluidas  43.546 personas que tienen entre 70 y 80 años y que no han recibido las 2 dosis). Además, más de la mitad de los niños de 5 a 12 años no tienen tampoco la pauta completa (falta inmunizar a 2.188.662 niños), lo que favorece su contagio y el de sus padres y abuelos. En total, son 5.395.331 personas (adultos y niños) sin inmunizar, un número muy elevado de personas con más riesgo de contagiarse.

Los contagios por COVID siguen ahí, aumentando (aunque sólo tengamos la cifra de contagios de mayores de 60 años), porque hay demasiada gente todavía sin inmunizar y porque ahora hay mucha más movilidad de la población y menos precauciones. Una decisión polémica fue la retirada de mascarilla en interiores (20 abril), deseada por todos pero considerada prematura por muchos, como lo demuestra la gran cantidad de gente que sigue con mascarilla en supermercados, tiendas y bares y restaurantes. De hecho, hay instituciones, como la Universidad o los Juzgados que “recomiendan usarla” en interiores, lo mismo que muchas empresas de distintos sectores y tamaños, sobre todo en el personal que trata con el público. Y hay incluso autonomías con alta incidencia ahora, como Asturias o Cantabria, que recomiendan volver a usarla, al igual que Galicia o Extremadura.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha reiterado a los paises que no bajen la guardia frente al COVID, alertando hace un mes de 2 nuevos linajes de la variante ómicron: la variante BA.4 y la variante BA.5, ambas detectadas por primera vez en Sudáfrica (en enero y febrero de 2022) pero que ya se han extendido a Dinamarca, Escocia e Inglaterra (la BA.4) y a China, Francia, Portugal y España (la BA.5). De momento, hay pocos datos sobre estos dos nuevos linajes de la variante ómicron, los BA.4 y BA.5, pero sí parece que es un 10% más contagiosa que las variantes anteriores, aunque no parece más peligrosa y se cree que las vacunas actuales nos inmunizan de ellas. En España, se han detectado varios casos en Asturias, que quizás expliquen su mayor incidencia, aunque la variante con mayor penetración (98%) sigue siendo el linaje BA.2 de ómicron (la llamada “variante sigilosa”), seguido del linaje XE (una combinación de los linajes BA.1 y BA2), con algo menos del 2% de casos y la antigua variante Delta-India (0,2%), según el último informe de Sanidad.

Ante el aumento de contagios en mayores y la mayor velocidad de contagio de las nuevas variantes, hay expertos que defienden una 4ª dosis de vacunas para los más mayores. Reino Unido la ofrece desde el 21 de marzo a los mayores de 75 años y a los inmunodeprimidos, mientras se estudia qué hacer en Europa. De momento, la Comisión de Salud Pública del jueves pasado no tomó una decisión, al proponer la Ponencia de vacunas retrasar esta 4ª dosis hasta el otoño, cuando esté disponible y autorizada una vacuna combinada contra la COVID y la gripe. Pero las autonomías con más mayores y más incidencia, como Asturias, Galicia, Andalucía o Murcia, no quieren esperar al otoño, porque ven que tienen un grave problema ahora, entre la población mayor y en las residencias de ancianos (donde han subido los contagios y muertes). Un ejemplo es Asturias, donde 8 de cada 10 hospitalizados con COVID tienen más de 80 años.

Mientras se retrasa una 4ª dosis a los más mayores, tenemos por delante un verano, con enorme movilidad y contactos masivos,  en que esta 7ª ola “silenciosa” puede enquistarse, con cifras mantenidas de contagios y muertes (aunque ya casi no se informa de ellas). Y lo que es seguro es que, en otoño, los contagios se agravarán. Eso si antes no aparece otra variante peligrosa (el COVID busca sobrevivir). Por todo ello, urge un Plan para completar las vacunaciones, sobre todo entre los mayores de 60 años. Y en paralelo, reforzar la sanidad pública para el próximo otoño.

La clave sigue siendo reforzar la atención primaria, que ha salido del colapso de 2 años de COVID con menos efectivos (médicos y enfermeras), al no haberse confirmado muchos contratos. Y la prueba es el retraso en las consultas en los Centros de Salud: yo pedí el viernes 6 una consulta con mi médico de familia y me la dieron para este viernes (7 días). Y la media de espera en toda España está en 9 días, según el Barómetro Sanitario. Y sigue siendo difícil que nos atiendan por teléfono, mientras se mantienen cerrados consultorios y urgencias. Y siguiendo la cadena, hay 1,86 millones de peticiones de consultas pendientes, con una demora media de 89 días para ir al especialista. Y para operarse, hay 706.740 personas en lista de espera, el peor dato de la serie histórica (desde 2003), con una media de espera de 123 días (y uno de cada cinco pacientes con esperas de más de 6 meses), según Sanidad.

La pandemia sigue ahí, aunque “escondida” y ni Sanidad ni las autonomías refuerzan la atención sanitaria, falta de medios ya antes del COVID y colapsada ahora. A finales de abril, 115 organizaciones médicas y ciudadanas enviaron esta carta al Defensor del Pueblo, alertando sobre la situación crítica de la sanidad pública y pidiendo más presupuesto para la atención primaria (+10%, para que alcance en unos años el 25% del gasto sanitario) y más personal (+8.000 médicos y +15.000 enfermeras). Una petición que contrasta con lo que hacen muchas autonomías, que apenas han subido el gasto sanitario para 2022 (+4,5%, aunque cae en 4 autonomías). Es hora de reforzar de verdad la sanidad pública, máxime si la pandemia repunta y no se ha acabado.

jueves, 5 de mayo de 2022

Hipotecas más caras (y difíciles)

Por si no tuviéramos bastante con 2 años de pandemia, la guerra en Ucrania y una inflación disparada, ahora suben los tipos de interés: el Euribor se situó en positivo en abril, tras 6 años en negativo. Eso subirá la cuota que pagan las familias con hipoteca variable, unos 400 euros más al año. El Euribor sigue subiendo en mayo y se espera que suba otro +0,40% este año, en paralelo a la doble subida de tipos hecha en EEUU y a la subida esperada del BCE en julio o septiembre, por primera vez desde 2011. Esta subida de tipos ha provocado que los bancos cambien su estrategia y en vez de ofrecernos tipos fijos (como han hecho con el Euribor en negativo), ahora ofrezcan hipotecas a tipo variable, más rentables para ellos. Pero la subida coincide con una pérdida de poder adquisitivo de las familias y un temor de la banca a los impagos, por lo que van a endurecer las condiciones para dar hipotecas. Menos y más caras.  

Enrique Ortega

Se acabó la época del dinero barato. Con la crisis de 2008, EEUU y Europa bajaron sus tipos de interés para contrarrestar la recesión de la economía: el BCE bajó el precio oficial del dinero, del 4,25% en julio de 2008 al 1% en mayo de 2009, aunque luego subió al 1,5% en 2011, pensando que lo peor había pasado. Pero la crisis de la deuda y del euro obligó a Draghi, presidente del BCE desde noviembre de 2011, a bajar 8 veces los tipos de interés en Europa, hasta dejarlos en el 0% en marzo de 2016, un tipo que se mantiene hasta hoy.

En paralelo a este desplome de los tipos oficiales cayó el Euribor a 12 meses, el tipo al que se prestan entre ellos los bancos de la zona euro y que sirve como indicador para revisar las hipotecas a tipo variable: bajó del 4,74% de 2007 al 1,50% en 2010 y al 0,06% en 2015. Y al anticiparse el tipo 0 para el precio oficial del dinero, cayó a un tipo negativo en febrero de 2016 (-0,008%), que fue incluso menor en 2017 (-0,18%), 2018 (-0,11%), 2019 (-0.24%), 2020 (-0,49%) y 2021 (-0,50%), con un mínimo histórico del Euribor hace poco más de cuatro meses, el 20 de diciembre de 2021: -0,518%.

Pero este año 2022, los datos del Euribor han cambiado radicalmente, por la subida histórica de la inflación en todo el mundo y la invasión de Rusia a Ucrania (24 de febrero): sonaban tambores de subidas de tipos, para hacer frente a una inflación imparable. Ya en enero de 2022, el Euribor sube, por primera vez en año y medio, aunque se mantiene en negativo (-0,477%), lo mismo que en febrero (-0.335%). Pero la mayor caída se produce en marzo (Euribor en -0,237%), debido a que EEUU subió los tipos de interés un +0,25%, por primera vez desde 2018. Y en abril, con la inflación en la zona euro en máximos históricos (+7,5%), los temores a una subida de tipos también en Europa provocan que el Euribor se sitúe ya en positivo (+0,013% mensual), algo que no veíamos desde enero de 2016.

La consecuencia inmediata de esta subida del Euribor a un tipo positivo es que encarece la revisión de las hipotecas a tipo variable, que están mayoritariamente referenciadas al Euribor. Si los datos de Eurostat indican que un 30% de las familias españolas están pagando una hipoteca, el 63% de esas hipotecas son a tipo variable (y el 70% de los importes prestados), según la Asociación Hipotecaria Española. Así que la noticia de la subida del Euribor afecta a casi 4 millones de familias con hipotecas a tipo variable.

Algunas de ellas ya notaron una subida de la cuota en enero de 2022, el primer mes en que subió el Euribor a 12 meses. Pero la revisión fue pequeña: unos 2 euros más al mes. Ya en marzo, cuando la subida fue mayor, la revisión fue más importante: unos 18 euros más al mes. Y los que lo van a notar más son los que tienen que revisar su cuota en mayo, con el Euribor de abril (comparado con el de abril de 2021): tendrán que pagar unos 33 euros más al mes (su cuota subirá de 533 a 566 euros), 396 euros más al año,  en el caso de una hipoteca tipo de 150.000 euros (a 25 años) que estuviera referenciada al Euribor+1%. Además, las hipotecas anteriores a 2019 que tenían “cláusula suelo”, dejan de beneficiarse de pagar sólo el diferencial pactado y empezarán a pagar el Euribor + el diferencial.

Esta subida del Euribor, que encarece todas las hipotecas a tipo variable, va a seguir y aumentará en los próximos meses. De hecho, el Euribor sigue subiendo estos primeros días de mayo (ayer, 4 de mayo, estaba en el 0,234% frente a 0,166 el 29 de abril). Y los expertos creen que seguirá subiendo el resto de 2021 (+0,40%) y en 2023 (+0,80%, estima Bankinter). El monto de la subida va a depender de que se mantenga la elevada inflación y la guerra de Ucrania y de lo que hagan EEUU y Europa con los tipos de interés.

De momento, Estados Unidos volvió a subir ayer, 4 de mayo,  sus tipos de interés oficiales, un +0,5% (la mayor subida en 22 años), hasta la franja del 0,75-1%. Y la Reserva Federal está dispuesta a aprobar dos subidas más de aquí a julio, para dejar los tipos en el entorno del 2%, como medida drástica para reducir una inflación galopante (+8,5% en marzo, la más alta en 40 años), aunque su economía cayó en el primer trimestre un -1,4%. En el caso de Europa, el BCE ha sido más reticente a subir los tipos, dado que la economía europea está más dañada por la guerra en Ucrania y la alta inflación. De hecho, la economía de la UE-27 sólo creció un +0,4% en el primer trimestre, Alemania creció el 0,2%, Francia nada (+0%), cayeron Italia (-0,2%) y Suecia (-0,4%) y España creció sólo el 0,3% (frente a +5,1% en 2021), según Eurostat. Con todo, la elevada inflación europea (+7,5% en abril) preocupa mucho y el BCE ya ha anticipado que podría subir los tipos, en julio o en septiembre, y repetir la subida en diciembre si hace falta.

Con este panorama, el Euribor y los créditos siguen encareciéndose, aunque el BCE todavía no haya subido oficialmente los tipos. Así que las familias que tienen una hipoteca a tipo variable pagarán más de cuota en la próxima revisión. Y los que estén pensando con contratar una hipoteca, la encontrarán más cara según pasen los meses.  Y eso puede frenar la contratación de hipotecas, que lleva un año recuperándose mes a mes. De hecho, en 2021 se contrataron 417.501 hipotecas (por importe de 57.582 millones de euros), un 26,5% más que en 2020 (año en que cayó su contratación un -6,5%, por la pandemia), según el INE. Y ya se ha superado el número de hipotecas concedidas antes de la pandemia (361.291 en 2019), aunque estamos al nivel de hipotecas concedidas en 2010 (408.461), muy lejos de los récords de hipotecas concedidas en la burbuja inmobiliaria (1.342.171 hipotecas en 2006).

La subida del Euribor ha provocado un cambio significativo en la estrategia de concesión de hipotecas de los bancos: desde abril, están promocionando las hipotecas a tipo variable, cuando en estos años de Euribor negativo han primado las hipotecas a tipo fijo. La razón es muy evidente: si apuestan porque el Euribor va a subir, como los tipos, consiguen más rentabilidad vendiendo hipotecas con tipo variable más un diferencial. De hecho, ya hay 10 entidades que han rebajado sus diferenciales en las hipotecas a tipo variable y han subido las hipotecas a tipo fijo, lo contrario que han hecho desde 2016.

En los últimos 5 años, el gran cambio en las hipotecas ha sido la pérdida de peso de las hipotecas a tipo variable, en beneficio de las hipotecas a tipo fijo: si en enero de 2017, las hipotecas a tipo variable fueron el 63,1% de las concedidas, en febrero de 2022 sólo eran a tipo variable el 26,2% de las firmadas ese mes (73,8% eran a tipo fijo), según el INE. Los bancos, con el Euribor en negativo, buscaron “colocar” a sus clientes” hipotecas a tipo fijo, a un interés (2,68% de media en febrero 2022) superior al inicial de las hipotecas variables (2,09%). El argumento comercial era: “contrate un tipo fijo, ahora que está bajo, y olvídese del futuro”.  Ahora, con el Euribor al alza, el margen de la banca mejora más con las hipotecas variables, lo que les lleva a cambiar su argumentación: “el tipo variable es más bajo que el fijo y los tipos no van a subir demasiado a medio plazo, aunque suban a corto”.

Con la subida del Euribor y los tipos de interés, muchas familias tienen dudas de qué hacer con su hipoteca, si seguir con su tipo (fijo o variable) o cambiarla. Y si la cambian, tienen dos posibilidades: renegociarla con su banco (“novación”) o cambiar de banco (“subrogación”), lo que en principio tiene más gastos. ¿Qué hacer? El cambio puede interesar a los que están pagando un tipo fijo alto y tienen todavía muchos años pendientes de pago. En principio, puede ser más conveniente una hipoteca a tipo variable, siempre que los tipos (y el Euribor) no superen el 2% a medio plazo (se prevé que la inflación UE baje al 2,3% en 2023). Pero claro, la opción del tipo fijo es más segura, ante subidas mayores de tipos a medio plazo, pero también más cara. Hay que valorar precio, seguridad y tiempo que falta de pagar.

Además de la subida del Euribor, hay otro nubarrón en el horizonte de las hipotecas: la subida disparada de la inflación se está comiendo el poder adquisitivo de las familias, que ahora tienen menos recursos para endeudarse y pagar su hipoteca. Por eso, y ante el temor de que la guerra de Ucrania y la inflación retrasen o hundan la recuperación, los bancos empiezan a ser cautos a la hora de conceder hipotecas y créditos. Lo ha desvelado el Banco de España, en su última Encuesta a la banca sobre préstamos bancarios: revela que “para este 2º trimestre de 2022, los bancos anticipan un cierto endurecimiento de los criterios de concesión de hipotecas”, además de una caída en la demanda de nuevas hipotecas, por la pérdida de poder adquisitivo de las familias.

En definitiva, que los bancos “temen” un repunte de la morosidad, por la inflación y la guerra de Ucrania, y “van a mirar con lupa” las nuevas hipotecas que concedan. Ya lo estaban haciendo, vigilando que la cuota de la hipoteca no supere el 40% de los ingresos del solicitante (lo que rechazaba a la mayoría de los jóvenes) y su tipo de contrato. Pero ahora, mientras no se aclare el panorama económico internacional, serán aún “más cautos”. Eso sí, tendrán que aprovechar la subida de tipos para dar más créditos e hipotecas a quien pueda pagarlos, para mejorar sus cuentas, porque los tipos al 0% han afectado mucho su negocio. De hecho, el ligero repunte de tipos de 2022 ya ha provocado que los bancos disparen sus beneficios: los 5 grandes han ganado 5.268 millones de euros en el primer trimestre de 2022, un 56% más que el año pasado, gracias a la subida de su margen de intereses (+14,58%).

Al final, la subida del Euribor y los tipos de interés es otra preocupación más de la economía, junto a la inflación y la guerra, que puede colaborar para que Europa y España crezcan menos este año, retrasando la recuperación. Es importante que el BCE calibre bien su subida de tipos, igual que los bancos, porque si se frena el crédito y las hipotecas, se frena más el consumo y la inversión, ya deteriorados por la coyuntura. Y en el caso de España, si se frenan las hipotecas, se frena la venta de viviendas y la construcción, uno de los 3 motores del escaso crecimiento actual, según el INE, junto al turismo y las exportaciones. Así que si suben demasiado  los tipos para frenar la inflación, podemos volver a una dinámica de crisis, de la que nos sacó el dinero abundante y barato, los tipos al 0%. Hay que optar por un equilibrio difícil.