jueves, 19 de enero de 2017

Llega Trump... y lo sufriremos


Mañana 20 de enero toma posesión Donald Trump como nuevo presidente de EEUU. El mundo entero espera a ver qué hace, porque sus propuestas populistas y ultraconservadoras pueden llevarnos a otra recesión. Antes de llegar a la Casa Blanca, ya ha acelerado 2 cambios que nos afectan mucho: han subido los tipos de interés y el dólar. Y España paga más por su deuda y por el petróleo (al alza). Ahora, si Trump baja impuestos, gasta más y pone aranceles a los productos extranjeros, el precio del dinero y el dólar subirán más y habrá guerras comerciales que dificultarán las exportaciones españolas y nuestras inversiones en USA y Latinoamérica. Y este coctel de tipos altos, dólar fuerte y proteccionismo comercial podría provocar una crisis en China y paises emergentes, agravando el estancamiento de Europa. Desde aquí, poco podemos hacer para frenar a Trump. Pero Europa y España sí pueden contrarrestar sus errores con otra política, que reanime la economía europea y española. Es hora de “blindarse” frente a Trump.
 
enrique ortega

Estados Unidos ha sido la economía que mejor ha salido de la crisis económica de 2008, que superó ya en mayo de 2014. El país creció un 2,4% en 2016, el doble que Europa. Y con Obama, EEUU ha creado casi 12 millones de empleos y el paro ha bajado a la mitad, al 4,7%, (9,9% en 2009), la mitad del paro europeo (9,8% zona euro). Pero por debajo de este brillante balance, hay otros datos preocupantes que afectan al norteamericano medio. Como el enorme subempleo: 9,3% de trabajadores a tiempo parcial, sin seguro médico ni vacaciones, porque no encuentran trabajo a tiempo completo. Y 6 millones de estadounidenses han tirado la toalla y ya ni buscan trabajo, están “desanimados”: sólo el 62,7% de las personas adultas son activos (trabajan o buscan trabajo), el porcentaje más bajo en 40 años. Y los que trabajan, tienen sueldos muy bajos, que apenas suben, con lo que el poder adquisitivo de los trabajadores lleva tres décadas estancado. Al final, todo desemboca en un aumento de la desigualdad tras la crisis: el 1% de hogares más ricos ingresan 27 millones de dólares al año y el 90% de las familias sólo  unos 30.000 dólares. Y el 10% más rico se lleva el 75% de la riqueza USA mientras el 10% más pobre no llega al 1%.

Este descontento es el que lleva a Trump a la Casa Blanca, con los votos de millones de norteamericanos que piensan que su vida puede mejorar con soluciones “mágicas”. Y el resto del mundo “cruza los dedos”, esperando que Trump no pueda cumplir ni la mitad de lo prometido. Cumpla o no su programa, el triunfo de Trump ya ha supuesto importantes cambios para la economía mundial. Básicamente dos. Uno, ha acelerado la subida de los tipos de interés que se avecinaba: el 16 de diciembre, la Reserva Federal subió el precio oficial del dinero un 0,25% (al 0,50-0,75%), rompiendo 8 años de tipos bajos para ayudar a salir de la crisis. Y ahora, la Reserva federal anticipa tres nuevas subidas de tipos en 2017, lo que colocaría el precio del dinero en el 1,50% a finales de 2017. Esta subida de tipos y el triunfo de Trump han reforzado al dólar, que lleva un par de meses subiendo frente al euro (cotiza a 1,05 dólares) y otras divisas, camino de cotizar a la par (1 euro por 1 dólar).

Estos dos importantes cambios, antes incluso que Trump tome posesión, ya han afectado al resto del mundo y muy especialmente a España. Porque somos un país muy endeudado, que emite cada día 600 millones de euros de deuda pública. Y si el 20 de octubre de 2016, España pagó un 1,043% por sus bonos a 10 años, el 17 de noviembre, después del triunfo de Trump, tuvo que pagar ya el 1,498%. Y el 1 de diciembre, el 1,540%, medio punto más. Esto es lo que le ha pasado a todos los paises endeudados, de Europa y emergentes: la llegada de Trump crea incertidumbres y los inversores exigen más interés por prestar su dinero. Y así seguirá pasando a lo largo de 2017: los tipos subirán y financiar la deuda será más caro. En cuanto a la subida del dólar, un 4% desde finales de octubre, supone para España tener que pagar un 4% extra por el petróleo, que ya se paga más caro (+10%) y en dólares más caros, lo que encarece doblemente la factura energética del Estado, las empresas y las familias.

Y todo esto, sin que Trump haya pisado todavía la Casa Blanca. Ahora va a tener todo el poder para aplicar su programa, más conservador que el de Reagan y Bush juntos, con la ventaja adicional de contar con mayoría republicana en el Congreso y el Senado. Y se apoyará en un Gobierno de supermillonarios (vean aquí la fortuna de sus altos cargos). Recordemos las 4 propuestas  básicas de su programa populista y ultraconservador. La primera, bajar los impuestos a las personas, pero sobre todo a los más ricos y a las empresas, que podrán traer sus beneficios del extranjero pagando sólo el 10%. La segunda, lanzar un Plan de inversiones públicas en infraestructuras de 1 billón de dólares en cuatro años, más un aumento del gasto militar, que podrían servir a corto plazo para reanimar la economía y el empleo. La tercera, adoptar medidas contra la importación de productos extranjeros (poniendo aranceles, impuestos, del 35 al 45% a los productos chinos y mejicanos) y frenar los acuerdos comerciales con Asia y Europa, renegociando el Tratado comercial con México y Canadá (NAFTA). Y la cuarta, liberalizar el sistema financiero, quitar a la banca y a la Bolsa muchas trabas y regulaciones que puso Obama tras la crisis financiera de 2008. Sin olvidar su propuesta más peligrosa: no hacer frente al cambio climático. ("es un cuento", ha dicho). Si consigue que EEUU no recorte sus emisiones de CO2 un 27% para 2025, como se comprometió Obama en la Cumbre de París, ni financie parte del Fondo verde del Clima (100.000 millones de dólares), será un grave problema para el resto del mundo y la salvación del Planeta.

Bajar impuestos y gastar más son dos medidas que van a tener unas consecuencias claras: subirá la inflación (está en el 2,1%), el déficit público (es el 4% del PIB) y la deuda pública (muy elevada: es el 250% del PIB), lo que provocará que la Reserva Federal suba aún más los tipos de interés (incluso hasta el 2%), para contrarrestar la inflación, y que haya más inversores que pongan su dinero en bonos y valores USA, lo que hará subir más al dólar. Y el proteccionismo comercial podría provocar “guerras”comerciales de EEUU con China y Europa, perjudicando las exportaciones y el comercio mundial (ya débil). Y si a la banca y a los inversores se les regula y vigila menos, como hicieron Reagan y Bush, ya sabemos qué puede pasar: que aumente la especulación (lo que pasó con las hipotecas basura y los bancos de inversión) y nos llevan antes o después a otra crisis financiera internacional.

El coctel  de tipos altos, dólar fuerte y proteccionismo comercial es muy peligroso para los paises emergentes, desde Latinoamérica a Asia: son paises muy endeudados, que van a tener que pagar más intereses por su deuda y cuyas monedas se van a desplomar, como ya ha pasado con el peso mejicano, un país donde  el 80% de sus exportaciones van a EEUU. Y preocupa especialmente que este coctel sea letal para China, uno de los paises más endeudados del mundo: debe 26 billones de dólares y el 42% de esa deuda está nominada en dólares, con lo que tendrá que pagar más intereses por partida doble. En el caso de Europa, la subida de tipos, el fortalecimiento del dólar y los posibles aranceles son especialmente preocupantes porque el continente apenas crece, está estancada. Y, sobre todo porque el Banco Central Europeo (BCE), que está tirando del carro con su política de dinero barato (al 0%) y compra de deuda, tendrá que cambiar de política: o sube los tipos o los inversores se fugarán a EEUU, buscando más rentabilidad. Y eso debilitará aún más al euro, encareciendo las importaciones y el petróleo, reanimando la inflación (que ya está en el 1,1%).

En este contexto, España es uno de los paises más vulnerables al coctel fatídico de Trump. Básicamente, porque somos uno de los paises más endeudados del mundo: debíamos 2.738.441 millones de euros a finales de septiembre de 2016 (2,7 billones), entre las administraciones públicas (1,1 billones), las empresas (914.883 millones) y las familias (715.865 millones, la mayoría en hipotecas). Y eso significa que por cada 1% que suban los tipos de interés, España tendrá que pagar en intereses 27.000 millones más. Eso si nos financian, porque si los mercados se ponen nerviosos, pedirán más por prestar y sobre todo a los paises más débiles (está subiendo nuestra prima de riesgo: de 111 en octubre a 120 en enero). Y España necesita que le presten 220.000 millones más este año 2017, sólo en emisiones de deuda pública (600 millones diarios), con lo que tendremos que pagar más, unos 3.000 millones extras, que habrá que quitar de otros gastos. Y también será más cara la financiación de las empresas, retrayendo su inversión y empleo.

La subida del dólar encarecerá doblemente el petróleo, que lleva subiendo desde noviembre, por el acuerdo de recorte de producción de los paises OPEP y no OPEP. Y esta doble subida (la del petróleo y la del dólar en que hay que pagar el barril) es especialmente importante para España, un país que importa casi toda la energía y cuya factura energética podría subir más de 10.000 millones en 2017, aumentando los costes del Estado, las empresas y familias (carburantes, luz y calefacción más caros), en perjuicio de su inversión y su consumo. Y subirá la inflación, que ya está en el 1,6%, hasta un 2% de media en todo 2017. Un IPC que se comerá lo poco que suban este año los salarios (1,5%) y las pensiones (0,25%), retrayendo el consumo y el crecimiento.

El tercer componente del “cocktail Trump”, el proteccionismo comercial también afecta mucho a España, por varias vías. De entrada, EEUU es el 6º país del mundo al que más vendemos (tras Francia, Alemania, Italia, Portugal y Reino Unido), 11.410 millones de euros en 2015 (9.290 millones de enero a octubre de 2016). Si Trump poner aranceles a nuestras exportaciones a USA, se encarecerán nuestros productos y lo tendrán más difícil las empresas españolas que venden allí combustibles, máquinas, coches, alimentos y fármacos. Pero además, EEUU es el país extranjero con más inversiones españolas, donde hay colocados 65.000 millones de euros de empresas españolas, que ahora pueden tener más complicado operar allí. Y eso afecta mucho a nuestras grandes empresas, las del IBEX, porque el 15% de sus ingresos (y por tanto de su empleo) dependen del negocio en EEUU. Colateralmente, si Trump pone obstáculos a las importaciones de México y el resto de Latinoamérica, eso afectará mucho a empresas y bancos españoles muy asentados allí, como BBVA, Santander, telefónica, Iberdrola, Mapfre y muchas constructoras.

Al final, como se ve, lo que haga Trump en Estados Unidos será clave para el resto del mundo y especialmente para Europa y España. Si apelamos a la historia, veremos que el giro nacionalista de EEUU con Trump no es nuevo: ya en 1921, tras la resaca de la I Guerra Mundial, llegó al poder en Norteamérica el conservador Warren G. Harding (1921-1923), que replegó a EEUU sobre sí mismo (tras el internacionalismo activo de Woodrow Wilson), con la máxima “Estados Unidos primero” (valdría para Trump). Le sucedieron John Calvin Coolidge (1923-1929), también aislacionista, y el republicano Herbert Clark Hoover (1.929-1933), un defensor del proteccionismo como Trump, que aplicó fuertes aranceles, agravando así la Gran Depresión de 1929 durante los años treinta. Ahora, el temor de los expertos (incluido Moody’s) es que Trump lleve al mundo a una nueva recesión, a finales de 2017 o en 2018.

Y eso, porque la política de Trump, aunque aplique sólo la mitad de sus propuestas, va a ser nefasta también para EEUU, además de para el resto del mundo. Porque el déficit provocado por la bajada de impuestos y el mayor gasto va a aumentar el endeudamiento de EEUU y con ello los tipos de interés y la inflación, frenando la recuperación y aumentando  las  desigualdades. Y el proteccionismo y las guerras comerciales, junto a un dólar fuerte, frenarán las exportaciones, deteriorando el empleo. Un gigante que se cierra es un gigante que vende menos. Y si encima los demás van peor, se contagiará de una nueva recesión mundial, si llega, como en los años treinta

Al final, no podemos impedir que Trump cumpla su programa, pero Europa y España pueden  hacer políticas para contrarrestar los efectos negativos de su coctel fatídico (tipos altos, dólar fuerte, proteccionismo comercial). Primero, Bruselas debía aprobar un Plan extra de inversiones, para reanimar la economía europea, como pide ahora el BCE y  propuso la Comisión Europea (aunque sólo eran 50.000 millones extras) y rechazó el Eurogrupo. Y ya en España, Gobierno y oposición deberían pactar otro Plan de choque interno, reanimando gastos e inversiones necesarias y suavizando el ajuste previsto en los Presupuestos 2017. Porque si de fuera vienen “malos vientos de cara” y encima aquí recortamos y subimos impuestos, creceremos aún menos. Algo que no podemos permitirnos con el doble de paro que Europa. Así que tomen nota: Trump ya está ahí y sus políticas van a afectarnos negativamente, aumentando costes al Estado, empresas y familias (por los tipos y el dólar) y recortando exportaciones e inversiones. Hay que reaccionar ya, tomar medidas para contrarrestar lo que viene. “Blindarse” frente a Trump.

martes, 17 de enero de 2017

Crisis bancaria: sólo 5 directivos en prisión

Ayer lunes 16 de enero por la tarde ingresaron en prisión los cinco directivos de NovaCaixaGalicia acusados de haberse aprobado unas indemnizaciones millonarias de 18,9 millones en 2010, cuando la Caja gallega ya había solicitado ayudas al FROB, el fondo de rescate bancario. En septiembre de 2011, la Caja gallega fue rescatada y nacionalizada por el Estado, que ha destinado ya  9.159 millones a sanearla, según el Tribunal de Cuentas, dinero que en su mayor parte no será recuperado. Sorprendentemente, la Fiscalía Anticorrupción rebajó de 6 a 3 años su petición de condena, lo que llevó a la Audiencia Nacional a condenarles a sólo 2 años de prisión por “administración desleal y apropiación indebida”. Pero ayer lunes, la Audiencia Nacional sorprendió al enviarles a prisión, a pesar de la condena y de que los directivos no tenían antecedentes penales. Parece que en su decisión ha pesado que el Tribunal Supremo señaló en su día que la pena le parecía “benévola” y que los directivos han devuelto menos de la mitad de lo que se les reclamaba.

                          Directivos NovaCaixaGalicia juzgados              Foto: Fernando Villar (EFE)

Con todo, estos son los primeros 5 directivos bancarios que entran en prisión (la van a recurrir), tras el presidente de Caja Madrid, Miguel Blesa que salió a las 2 semanas. Y hay que recordar que hay 274 directivos y Consejeros de cajas y bancos imputados por una crisis bancaria que ha supuesto un coste de 60.718 millones, según el Tribunal de Cuentas, aunque el coste total, con ayudas y avales, asciende realmente a 122.122 millones de euros, el coste de pagar todas las pensiones durante un año. Y sólo hay 5 directivos bancarios en la cárcel (de momento: seguro que acaban saliendo como Blesa).

lunes, 16 de enero de 2017

Financiación autonomías: reformas o "parches"


Mañana 17 de enero, Rajoy se reúne con la mayoría de presidentes autonómicos para abordar su mayor problema: están asfixiados financieramente y algunos medio quebrados, como Valencia y Cataluña. El Gobierno promete un nuevo sistema de financiación autonómica para el verano, sustituto del actual (2009), que perjudica a Canarias, Comunidad Valenciana, Murcia, Andalucía y Madrid. Urge una reforma en profundidad, no más “parches”, como los aplicados por  Rajoy en estos 5 años: ha destinado 203.874 millones de euros a 6 “rescates” de las autonomías (como los de Bruselas con Grecia), prestándolas 111 millones de euros cada día. Y a pesar de eso, siguen con déficits y muy endeudadas. Si las autonomías cargan con la sanidad, la educación, la Dependencia, los gastos sociales y muchos otros, necesitan más recursos. Y menos el Estado central. Un cambio en los ingresos y gastos que supone un cambio del poder, más descentralizado, algo que Rajoy no acepta. Ahí está el meollo del debate de financiación autonómica.

enrique ortega


Mediados de diciembre de 2011. Rajoy no había tomado aún posesión como nuevo presidente del Gobierno y ya tenía una llamada urgente del presidente de la Comunidad Valenciana, Francisco Camps (PP), para lanzarle un SOS: el 25 de diciembre les vencía un crédito de 123 millones de euros de Deutsche Bank y no tenían liquidez para devolverlo ni para pagar las nóminas de diciembre ni la Seguridad Social, a pesar del anticipo que les había dado la ministra socialista Ana Salgado unos días antes de irse. Rajoy y Montoro, aún sin jurar sus cargos, tuvieron que avalar de palabra la deuda y adelantar 110 millones más para pagos urgentes. Baleares, también gobernada por el PP, pidió otro crédito para poder pagar las nóminas de ese mes de diciembre. Y Cataluña no ingreso ese diciembre ni las retenciones ni las cuotas sociales de sus funcionarios. Las demás autonomías estaban igual: sin liquidez, endeudados y con millones de facturas sin pagar a empresas y autónomos.

Diciembre de 2016. Han pasado cinco años y las autonomías siguen financieramente asfixiadas. En la Comunidad Valenciana, el auditor acaba de advertir al nuevo presidente, el socialista Ximo Puig, que existe un grave desequilibrio de cuentas y que la autonomía tiene un patrimonio neto negativo (-25.419 millones), tras haber destinado el 40% del Presupuesto de 2015 a pagar deudas. Y tanto Cataluña como Murcia están sin liquidez, medio quebradas. Y Montoro se ha visto obligado a un pago extraordinario a las autonomías de 4.548 millones de euros en diciembre de 2016 (28% para Cataluña y 21% para la Comunidad Valenciana).

En el camino, en estos cinco años, el Gobierno Rajoy se ha visto obligado a aprobar 6 “rescates” a las autonomías, como los de Bruselas con Grecia: les ha inyectado 203.874 millones de euros en créditos blandos y subvención de intereses, entre 2012 y 2016, según los datos recién publicados por Hacienda. Son 111 millones prestados cada día, para evitar la quiebra de las autonomías, que sobreviven con el “chute” de la liquidez del FLA (Fondo de Liquidez Autonómica) y los préstamos para pagar a proveedores. La mayor parte de este dinero público ha ido a Cataluña (62.952 millones, el 30,8% del total), a la Comunidad Valenciana (47.853 millones, el 23,5% de los préstamos) y a Andalucía (30.416 millones, el 14,9%), seguidas a distancia por Castilla la Mancha (12.888 millones), Baleares (8.448 millones) y Murcia (8.201 millones). En total, 6 autonomías que se han llevado el 84% de todo el “rescate” autonómico, 4 de ellas gobernadas por el PP hasta el verano de 2015.

Ha sido un rescate costoso, 111 millones diarios durante 5 años, pero claramente insuficiente. Las autonomías siguen con déficits estructurales y algunas de ellas, como la Comunidad Valenciana y Cataluña, con graves problemas patrimoniales. Todas tienen elevados déficits estructurales y un “agujero” de 17.962 millones en 2015, un 1,66% de su PIB. Pero 6 autonomías tienen un déficit superior (2015): Cataluña (2,70% PIB), Extremadura (2,64%), Murcia (2,51%), Comunidad Valenciana (2,51%), Aragón (2,13%) y Castilla la Mancha (1,67%), según datos de Hacienda.

Y tras estos años de vivir a crédito, su deuda se ha disparado: deben 271.980 millones de euros a septiembre de 2016, el 24,6% de su riqueza (PIB), según el Banco de España. Y el 85% de lo deben al Estado  central, el único que les ha prestado a tipos subvencionados, porque las autonomías tienen desde 2010 el grifo del crédito cerrado en bancos nacionales y extranjeros. Cuatro autonomías concentran dos tercios de esta deuda: Cataluña (74.400 millones, el 35,6% de su PIB), la Comunidad Valenciana (43.194 millones, el 41,4% PIB, la más endeudada relativamente), Andalucía (32.316 millones, 22,4% PIB) y Madrid (29.502 millones, 14,2% PIB). Pero hay otras tres autonomías con mucha deuda en  relación a su tamaño: Castilla la Mancha (13.846 millones, 35,9% PIB, la segunda más endeudada relativamente), Baleares (8.628 millones, 31,6% PIB) y Murcia (8.098 millones, 29,8% PIB).

El problema de los rescates de estos años a las autonomías es que han elevado su deuda y el pago de intereses (aunque estén subvencionados) les supone una pesada losa sobre sus Presupuestos. Hay 4 autonomías que dedican más de un 20% de su gasto total a pagar deuda: Cataluña (23,78% gasto va a pagar la deuda), Comunidad Valenciana (23,64%), Baleares (21,46%) y Castilla la Mancha (20,05%), mientras Murcia gasta un 17% (todas las  autonomías dedican el 16% de su gasto a pagar la deuda). Eso les obliga a recortar gasto de otro lado o aumentar su déficit y su deuda. Sobre todo se resiente el gasto en sanidad  (33,2% del gasto total, de media), en educación (21,5% del total), en seguridad y protección social (6,75%) y en el resto de  políticas que hacen las autonomías (22,6% de media).

En resumen, que las autonomías tenían un grave problema de falta de recursos que el Gobierno Rajoy subsanó a base de préstamos y ahora están tan  endeudadas que tienen que dedicar a pagar intereses una parte sustancial de sus recursos, a costa del Estado del Bienestar (sanidad, educación, Dependencia, gastos sociales e inversiones). Y como los ingresos no les llegan, siguen los déficits, las deudas y el pago futuro de intereses. Una pescadilla que se muerde la cola, fruto de un “parche” que no afrontó el problema de fondo: las autonomías tienen muchas competencias y pocos recursos.

El sistema de financiación actual, aprobado por Zapatero en diciembre 2009, es insuficiente y también injusto: favorece más a unas autonomías que a otras, que llevan años quejándose. Así, si se analizan los ingresos que recibe cada autonomía por habitante (ajustados), aparecen 5 autonomías que ingresan menos del índice 100 que debía ser la media justa: Canarias (recibe 88,53 sobre 100), Comunidad Valenciana (91,24), Murcia (93,29), Andalucía  (93,55) y Madrid (95,27).También reciben menos de la media Cataluña (índice 97,53) y Baleares (98,93), según los cálculos para 2013 del Consejo de Economistas. Mientras, hay otras 5 autonomías que salen ganando, sobre todo Cantabria (índice 132,13), La Rioja (124,25), Extremadura (120,87), Castilla y León (118,30) y Aragón (115,67), aunque también acaban con un saldo favorable Asturias (114,78), Galicia (112,91) y Castilla la Mancha (107,33).

En esta clasificación de autonomías “perdedoras” y “ganadoras con el actual sistema de financiación autonómica no están el País Vasco y Navarra, que tienen un sistema de financiación diferente: el concierto económico  o régimen foral, por el que ambos territorios recaudan todos los impuestos y luego pagan al Estado por los servicios que allí presta. Se trata de unos privilegios históricos, que se renovaron en la transición (como contrapartida a los nacionalistas moderados ante una ETA asesina) y que suponen hoy un privilegio económico real: el País Vasco ingresó 4.925 euros por habitante en 2015 y Navarra 6.020 euros por habitante, frente a 3.029 euros Andalucía, 3.165 euros Murcia o 3.231 euros Canarias. Estos mayores ingresos  (un 60% más que la media de España) permiten al País Vasco y Navarra ser las comunidades que tienen mayor gasto en educación, sanidad y servicios sociales y los impuestos más bajos de España, según el estudio del profesor Ignacio Zubiri. Y además, son las autonomías con mayor crecimiento, mayor riqueza y menor paro.

Los expertos coinciden en que el sistema de financiación autonómica actual es injusto y desigual, además de poco transparente y muy complejo. Las autonomías se financian con la cesión de una parte de los impuestos estatales (50% del IRPF e IVA más 58% de los impuestos especiales), más el 100% de los tributos cedidos (sucesiones y patrimonio)y los impuestos propios que establecen las autonomías (han pasado de 49 en 2008 a 75 en 2016) más transferencias del Estado central, compensado todo ello con varios Fondos (cuatro) para compensar su población, extensión  o  su nivel de renta. Así sale lo que recibe cada uno y de ahí se deduce que el sistema actual perjudica a Canarias, Comunidad valenciana, Murcia, Andalucía y Madrid, sobre todo, y beneficia a Cantabria, la Rioja, Extremadura y Castilla y León. Pero además, supone unos ingresos insuficientes para todos, que hay que compensar con déficits, deuda y retrasando el pago a proveedores.

Ahora, el Gobierno Rajoy promete cambiar el sistema de financiación autonómica para antes del verano, promesa que ya incumplió en 2014 y 2016. Lo primero que piden las autonomías es tener más recursos y los expertos creen que antes hay que fijar el coste real de la sanidad, la educación, la dependencia y los gastos sociales, que suponen dos tercios del gasto autonómico. Y a partir de ahí, aumentar el flujo de ingresos desde el Presupuesto del Estado. Y en paralelo, buscar una mayor co-responsabilidad fiscal, que las autonomías “se mojen” a la hora de recaudar, porque ahora el 87% de sus ingresos vienen de fuera. Y claro, así gastan con menos control que si tuvieran que fijar ellos la mayoría de los impuestos de sus ciudadanos. En tercer lugar, hay qué ver qué se hace con la deuda, con esa losa de 271.980 millones de euros, que en su mayoría deben al Estado central. Unos expertos piden que se les perdone y se parta de cero y otros creen que sería una mala idea, que incentivaría la deuda futura, y apuestan por renegociarla y pagarla a muy largo plazo.

Buscar un sistema alternativo de financiación autonómica no va a ser fácil, porque hay que encajar un difícil puzzle donde todos salgan ganando y nadie perdiendo, algo imposible. Hay dos problemas de fondo que resolver. Uno, conseguir más ingresos, lo que pasa por una reforma fiscal profunda, en el Estado y en las autonomías: España ingresa 50.000 millones de euros menos por impuestos que el resto de Europa, según la Comisión Europea, porque hay más fraude fiscal (en el IVA), pagamos menos impuestos (carburantes, alcohol y medioambientales) y, sobre todo, porque hay tres grupos que pagan menos impuestos de los que deberían: grandes empresas, multinacionales y los más ricos. O España consigue recaudar más (se puede) o las autonomías no tendrán más recursos y seguirán financieramente asfixiadas .

El otro problema de fondo es el reparto del gasto, de las competencias. Actualmente, el 50% del gasto lo hace el Estado, un 35% las autonomías y un 15% los Ayuntamientos. Pero las autonomías tienen competencias cada vez más costosas (como la sanidad, que en una década se llevará el 50% de sus Presupuestos) y deberían tener más ingresos, más “trozo del pastel del gasto”, lo mismo que los Ayuntamientos, a costa de un menor peso del Estado central. Salvo que se dé marcha atrás y aumenten las competencias estatales, como pretendía Renzi en Italia. Pero si no es así, si apostamos por un país descentralizado, el Estado central tendría que perder ingresos y poder.

No parece que Rajoy esté por la labor de que el Estado central pierda poder y recursos en beneficio de las autonomías. Ni tampoco que grandes grupos de poder (grandes empresas, multinacionales y los más ricos) paguen más impuestos para que haya más ingresos que repartir con las autonomías. Así que todo apunta a que buscará otro “parche” para afrontar la actual asfixia económica de las autonomías. Un “parche” que impedirá recuperar la sanidad, la educación, la Dependencia, los gastos sociales y muchas inversiones autonómicas que hacen falta. Urge una reforma a fondo del sistema de financiación, para que los gobiernos más cercanos, autonomías y ayuntamientos, tengan más recursos estables para gestionar mejor los servicios imprescindibles, nuestro día a día. A costa de un Estado central más pequeño.