lunes, 19 de octubre de 2015

Especulación inmobiliaria, no "burbuja" (aún)


El mercado inmobiliario está en ebullición, con inversores (sobre todo extranjeros) lanzados a la compra de oficinas, centros comerciales, hoteles e inmuebles, a la caza del “chollo” para forrarse cuando suban los precios. Algunos hablan de otra “burbuja inmobiliaria”, como la que estalló en 2008. Pero no. De momento, los que compran son profesionales, Fondos e inversores, pero los particulares todavía vuelven muy despacio al ladrillo: las ventas de viviendas han crecido, pero son la tercera parte que en 2006. Y se hacen cinco veces menos hipotecas. Eso sí, las compras de inversores y extranjeros, para alquilar y especular, están tirando de las ventas, ahora que los precios han bajado más del 40%. Pero la mejoría se centra en Madrid, Barcelona y parte de la costa, mientras hay 24 capitales donde no hay ventas y siguen bajando los precios. Y muchos españoles no pueden comprar, por falta de ingresos y crédito. Mejora el ladrillo, pero como inversión para especular. Ojo a una futura “burbuja”.
 

enrique ortega


En el sector inmobiliario hay dos mercados muy diferentes, aunque relacionados: el de los profesionales y el de los particulares. El que está tirando de las compras es el de los especialistas, inversores y Fondos de inversión, sobre todo extranjeros, que en 2013 llegaron a España en busca de “chollos” (oficinas, inmuebles y promociones baratas), de la mano de los llamados “Fondos buitres”, norteamericanos y europeos, que invirtieron en España 3.800 millones en 2013, el doble que en 2012. Ahora, muchos de estos Fondos se están yendo y dejan su lugar a otros Fondos, más institucionales y “menos especulativos”, que siguen alimentando el “boom”, con un rosario de compras mes a mes: hasta septiembre de 2015, la inversión inmobiliaria ha sido de 10.800 millones de euros, más en sólo nueve meses que en todo 2014 (10.200 millones), según datos de la consultora CBRE. Y se espera cerrar 2015 con una inversión en inmuebles de 14.000 millones de euros, un máximo histórico, superior a los años del boom (9.200 millones de inversión en 2007).

España y sus inmuebles se han puesto de moda para los inversores y Fondos internacionales, que buscan sacar más rentabilidad a su dinero, ahora que los tipos y la deuda están bajos y la Bolsa es muy volátil. Hay oficinas, locales y promociones cuyo precio ha caído un 40% con la crisis y creen que comprarlos ahora, sobre todo para alquiler, puede ser un negocio redondo si la economía se recupera: habrá más demanda de oficinas, más asistencia a los centros comerciales, más ventas y alquileres de pisos, en definitiva muchos beneficios. “Se espera que España sea uno de los mercados que mejor se comporte en Europa en los próximos  5 años”, dice a los inversores un reciente informe de Deutsche Bank, que aconseja salir de Londres (donde está a punto de estallar una burbuja inmobiliaria, tras haberse disparado los precios) y venir a España.

Y por eso, las grandes compras de oficinas (42%), centros comerciales (23%), hoteles (18%), fábricas, naves, locales y promociones de viviendas se han multiplicado en 2014 y sobre todo en 2015. Los que más compran son inversores extranjeros, norteamericanos (32%), franceses (25%), alemanes (20%), canadienses, latinoamericanos y chinos. Y lo hacen a través de Fondos de inversión (31%), de inmobiliarias (13%, un negocio que ha cambiado radicalmente de protagonistas tras haber desaparecido 5.200 inmobiliarias con la crisis) y, sobre todo, a través de las SOCIMIS (Sociedades cotizadas de inversión inmobiliaria), que están canalizando el 40% de las grandes operaciones inmobiliarias. En España hay cuatro SOCIMIS, creadas en 2014: Merlin Properties (60% de las compras), Lar España (15,5%), Axiare (14,5%) e Hispania (13%) sociedades controladas por los grandes Fondos y bancos de inversión del mundo, aunque también entran pequeños inversores, porque cotizan en Bolsa. Compran oficinas, hoteles, centros comerciales y promociones residenciales, tienen la ventaja de que no pagan impuestos (sociedades) a cambio de dar dividendo.

La última gran operación inmobiliaria, en julio, fue la compra de Testa, la inmobiliaria de Sacyr (propietaria de una de “las 4 torres” de Madrid) por la SOCIMI Merlin Properties, por 1.794 millones de euros, que se contabilizarán en 2016, cuando acabe la operación. En general, son operaciones grandes (15 compras de más de 100 millones, 21 de 50 a 100 y 60 de 20 a 50 millones), muy concentradas en el centro de Madrid y Barcelona (oficinas), en hoteles (venta del Ritz de Madrid)  y centros comerciales (Plenilunio, Airesur o Zielo), en supermercados (locales de Caprabo, Día y Carrefour), oficinas bancarias y promociones residenciales (sobre todo de lujo y en la costa). En muchos casos, hay más dinero para comprar que ofertas, sobre todo porque cada vez quedan menos “oportunidades”. Pero el “boom inmobiliario” va a seguir un par de años más, como ha pasado antes en Londres y ahora en París o Berlín.

¿Estamos, pues, ante el inicio de una nueva burbuja inmobiliaria? La mayoría de expertos creen que no, porque se han disparado las compras de profesionales, animadas por la inversión internacional, pero las compras de los particulares crecen mucho más suaves. Es cierto que las ventas de pisos llevan creciendo ya 12 meses seguidos, con 367.476 viviendas vendidas entre agosto 2014 y agosto 2015, un 13,9%. Y que se espera vender 400.000 viviendas en 2015. Pero eso sería menos de la mitad de las vendidas en 2006, casi un millón. Además, todavía queda mucho para absorber el enorme stock de viviendas que hay en España: 1,6 millones de viviendas sin vender (533.734 son viviendas nuevas).

La venta de viviendas se ha recuperado, con algunos peros. El primero que quien tira de la demanda son los inversores, sobre todo los extranjeros, que suponen el 12,8% de los compradores (20% británicos, 8% franceses, 7,6% alemanes, 6,5% belgas, 5,5% suecos, 5,3% italianos y 4% rusos y chinos), con gran peso en la costa mediterránea y las islas. Y por eso, un 40% de las casas se compran al contado, sin hipoteca. Los bancos han empezado a dar más hipotecas pero sólo a algunos clientes (con trabajo estable y un sueldo superior a 2.000 euros mensuales) y con menores importes, entre el 50 y el 75% del valor del piso. Es verdad que llevamos 14 meses haciéndose más hipotecas, 21.863 en julio, pero son la quinta parte de las que se firmaban en los años del boom (104.808 hipotecas en julio 2007).

Las fuertes compras de los inversores profesionales y las más moderadas de los particulares sí han servido para subir los precios de los inmuebles (oficinas, centros comerciales, hoteles, locales y promociones residenciales) y el suelo, tras una “purga” de 7 años donde los precios han caído un 40%. Concretamente, la vivienda comenzó a subir en el segundo trimestre de 2014 (+0,8%), según el INE, y se encareció un 1,8% en 2014, la primera subida desde 2008. Y lleva cinco trimestres seguidos subiendo, un 4% en el segundo trimestre de 2015. Pero esta es la estadística de los precios en las escrituras registradas en las notarías. Si atendemos a lo que dicen los tasadores, que reflejan “los precios del mercado”, el precio de la vivienda sigue bajando en España: un -4,5% en 2014 y un -0,8% en el tercer trimestre de 2015, según la sociedad de tasación TINSA. Y según los datos de Fomento, los precios han seguido cayendo hasta este tercer trimestre, donde han subido un 1,1%.

¿Sube o baja el precio de la vivienda? La respuesta es que depende dónde y qué pisos. Según TINSA, los precios de la vivienda suben sobre todo en Barcelona (+13,2%, Málaga (5,3%), Madrid (+4,8%), Pamplona (+4,4%), León (+4,2%), San Sebastián (+4%) y algunas zonas de la Costa del Sol, sur de Alicante, Baleares y Canarias. Hay otras 18 capitales con pequeñas subidas (menos del 2%), no consolidadas (Valencia, Pontevedra, Cádiz y Murcia, sobre todo) y hay 26 capitales, justo la mitad, donde los precios de los pisos siguen cayendo, porque tienen mucho stock y poca demanda, en especial Guadalajara, Tarragona, Zaragoza, Castellón, Toledo, Ciudad Real, Albacete, Lérida, Cáceres y Palencia. Y en general, suben los pisos que están en el centro de las grandes capitales y zonas de costa, sobre todo los más caros (atractivos para invertir) y bajan los de la periferia y de pequeñas capitales.

La recuperación del sector inmobiliario está en marcha, es indudable, pero va a ser lenta y a dos velocidades. Lenta porque exigirá varios años, debido a que las familias necesitan recuperar su nivel de ingresos para pensar en comprar y eso choca con unos empleos nuevos muy precarios, temporales y con bajos salarios (casi 1 de cada 4 trabajadores españoles es “pobre”, gana menos del 60% del salario medio, según la OIT).Y también porque hay que esperar a que se recupere el crédito y a que los bancos concedan más hipotecas, algo difícil mientras no saneen más sus balances. Y además, la recuperación de la vivienda será desigual, según las ciudades y tipo de viviendas. Todo apunta a que se afianzará en Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla y zonas de algunas grandes capitales más, junto a zonas de costa, por dos razones: porque hay más demanda y porque hay menos stock de viviendas sin vender. Pero en el resto de España, la recuperación tardará más, porque hay menos empleo e ingresos y porque hay mucho stock de viviendas. Se calcula que 657.000 de las viviendas en stock (un 40%) son “invendibles”, porque están en zonas donde difícilmente se recuperará la demanda: Castellón, Almería, Toledo, Albacete, Ciudad Real, Lérida y la Rioja. Aquí se retrasará  años la recuperación del ladrillo.

La clave de esta recuperación de la vivienda va a estar en el empleo, en que se creen más o menos empleos y que sean menos precarios. “El ladrillo no se recupera por falta de empleo de calidad” ha dicho hace unos días la asociación de tasadores (AEV), que recuerda que una familia sólo piensa en comprar piso si tiene unos ingresos estables y financiación suficiente. En definitiva, que mientras las rentas y el crédito no crezcan, no se recuperará de verdad la vivienda. Otra cosa es que, en paralelo, crezca la especulación inmobiliaria en España, de la mano de inversores extranjeros que buscan el beneficio rápido y que nos podrían llevar a otra burbuja, si no se vigila, como ha pedido el FMI a nivel mundial. El Gobierno, en vez de presumir del “atractivo de España”, debería vigilar este “boom” y evitar un crecimiento descontrolado, que dispare también el precio de la vivienda para el que la necesita. Porque si no, cuando fluya el crédito y mejoren los sueldos, la “burbuja” crecerá y nos estallará otra vez, sin que nos demos cuenta. Seguro.

jueves, 15 de octubre de 2015

España y el clima: más CO2 y pocas renovables


A principios de diciembre se celebra en París la Cumbre del Clima, donde 196 países se juegan evitar el Cambio Climático. España acudirá con un suspenso doble: ha aumentado sus emisiones de CO2 más de lo comprometido al firmar el Protocolo de Kioto (1992) y tienen poco peso las energías renovables (aportan el 15,4% de la energía y la Comisión Europea cree que no cumpliremos el objetivo europeo del  20% para 2020). Así que España incumple los retos clave para impedir el Cambio Climático. La culpa es de una política energética equivocada, que no lucha contra las energías fósiles que más contaminan: el consumo de petróleo, carbón y gas bate récords, ahora que han bajado precios. Y mientras, se han recortado drásticamente las ayudas a las renovables, ya competitivas. Salvar el Planeta es el primer reto mundial y España debe ayudar a reducir las emisiones, con más energías limpias y menos consumo de petróleo, carbón y gas. No podemos ser un país tan "sucio".
 

enrique ortega


La primera señal de que España no cumple con el clima la dio la Agencia Internacional de la Energía (AEI), en su informe de diciembre de 2014: nuestro país había aumentado las emisiones de CO2 un 29,9% entre 1990 y 2012, incumpliendo así el compromiso firmado en el Protocolo de Kioto (1992), que era no aumentar las emisiones más de un 25%. Hay otros 8 países europeos que tampoco han cumplido con sus topes de emisiones (Grecia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Holanda, Noruega, Suecia y Suiza), pero España es el único país de la UE donde las emisiones de CO2 han aumentado en las dos últimas décadas: en todos los demás, las emisiones se han reducido (entre el -5,4% en Francia y el -20,5% de Alemania). Con ello, España es el 5º país de la Unión Europea que más CO2 emite (266,6 millones Tm, el 0,84% de todas las emisiones mundiales), sólo por detrás de Alemania (755 millones Tm), Reino Unido (457), Italia (375), Francia (333) y Polonia (294), según los datos de 2014 de la AIE. Europa sólo emite el 11% del total de CO2 mundial, frente al 26% de China, el 16% de EEUU, el 6,1% de India, el 5,2% de Rusia y el 3,8% de Japón.

También en diciembre, la Agencia Europea del Medio Ambiente (AEMA) advirtió a España que no cumplía con los objetivos europeos de lucha contra el Cambio Climático. Y el pasado 16 de junio, la Comisión Europea emitió un informe muy explícito: España y otros 8 países europeos (Francia, Luxemburgo, Malta, Holanda, Reino Unido, Bélgica, Hungría y Polonia) tenían muy difícil cumplir con el gran objetivo europeo de alcanzar un 20% de energías renovables para 2020. En 2014, las energías renovables aportaron en España un 15,4% de la energía total y alcanzar ese 20% en seis años más parece imposible: habría que triplicar el parque de energías renovables (eólica, solar, biomasa, cogeneración) instalado entre 2005 y 2014.

A raíz de este varapalo, Francia ha aprobado ya una Ley de Transición Energética, para intentar acelerar el parque de renovables. Sin embargo, España sólo va a hacer algo testimonial: poco antes de las elecciones de diciembre (para quedar como “verdes”), el Gobierno Rajoy aprobará una subasta de 700 Mw de renovables (sólo 500 Mw de eólica y 200 Mw de biomasa, nada de solar fotovoltaica), una cantidad que el sector considera insuficiente, ya que para cumplir con el 20% de Bruselas habría que instalar 6.600 MW nuevos de renovables en los próximos 5 años, diez veces lo que ahora se aprobará.

El tercer objetivo en la lucha contra el Cambio Climático, junto a la reducción de emisiones y el aumento de las renovables, es el ahorro de energía: consumir menos para contaminar menos. El objetivo de la Unión Europea para los 29 países es ahorrar un 20% de la energía consumida para 2020 (1,5% de ahorro anual). De momento, España está cumpliendo este objetivo (el consumo se ha reducido un 2,29% anual entre 2005 y 2012), pero este “logro” tiene truco: se debe a la crisis económica, que ha provocado una caída drástica del consumo y la actividad. El problema es que ahora, si la economía se recupera, vuelva a dispararse el consumo de energía, en las empresas, en la carretera, en las viviendas. De hecho, el Gobierno Rajoy ha recortado drásticamente (-200 millones) las ayudas que había para fomentar el ahorro de energía. Incluso, no ha sacado todavía un decreto para que las empresas con más de 250 trabajadores y 50 millones de facturación (2.100 empresas) hagan una auditoría energética (tiene que estar hecha el 5 de diciembre 2015, por exigencia de una Directiva europea de 2012), que podría ayudarles a tomar medidas de ahorro. Y por supuesto, nadie ha pensado en créditos y ayudas para que estas empresas inviertan en ahorrar energía.

Así que España se presentará en la próxima Cumbre del Clima de París (30 noviembre-11 diciembre) como uno de los países europeos que menos lucha contra el Cambio Climático : ni reduce las emisiones de CO2 (y nos hemos tenido que gastar 800 millones de euros en comprar derechos de CO2 para compensarlo), ni tenemos suficientes energías renovables (a pesar de nuestro sol y aire) ni ahorramos energía, además de gastarla mal: necesitamos más energía que el resto de Europa para producir lo mismo, somos un 15% más ineficientes que la media UE. Y las industrias españolas consumen tres veces más energía que las de los grandes países con los que competimos (Alemania, Francia o Italia).

¿Qué se puede hacer? .Lo esencial es cambiar la política energética, para tratar de “huir” de los combustibles fósiles, que son los que más contaminan: en España, un 53,4% de las emisiones de CO2 proceden del petróleo (que aporta un 48% de la energía total, frente al 33% en Europa), el 24,5% del gas (cuyo consumo se ha disparado: aporta el 21,4% de la energía, por debajo del 23,3% en Europa) y otro 21,9% del CO2 viene del carbón (que aporta un 8,7% de la energía, la mitad que en Europa). Pero lo que está sucediendo es lo contrario: el consumo de estos combustibles contaminantes se ha disparado. El consumo de petróleo bate un récord histórico este año: entre enero y julio, España ha comprado 37,3 millones de Tm de crudo, un 10% más que en 2014 y el máximo en toda nuestra historia, debido a la caída de precios (-40% desde 2012) y a que la economía lleva 9 trimestres creciendo (poco, pero creciendo). También se ha disparado este año el consumo de carbón para generar electricidad (+24,4%), al recortarse la energía hidráulica y eólica (por la ola de calor)  y también porque los precios del carbón han caído en el mundo (sobre todo en USA y China), un 50% desde 2011.Y lo mismo ha pasado con el gas natural: las compras españolas han crecido un 5,2% este año, pero las compras de gas para quemar en centrales eléctricas (el gas contamina menos que el fuel y el carbón, pero contamina) han aumentado este año un 35,4%.

Mientras España consume más de los combustibles que más contaminan, sigue sufriendo el recorte de las energías renovables impuesto por el Gobierno Rajoy en 2012 y 2014. Con la excusa de rebajar el recibo de la luz, se implantó una moratoria para no autorizar nuevas instalaciones y se recortaron las ayudas a las existentes, lo que ha costado miles de demandas judiciales (dentro y fuera de España). El resultado es que si en 2012 se habían instalado 2.882 KW de renovables, en 2014 sólo se instalaron 39 KW. Y si en 2009 se instalaban en España 1.332 aerogeneradores (eólica), en 2014 se erigieron 13. Y en energía solar fotovoltaica, sólo se instalaron 23 Mw en 2014, frente a 3.116 Mw en 2008. Este parón de las renovables coincide con dos hechos importantes. Uno, que la industria española de renovables es de las más competitivas del mundo y no deja de instalar molinos y paneles en todos los continentes.  Y el otro, que las energías renovables ya son competitivas y están en rango de costes con las energías convencionales, según un informe de la AEI (2015), que ha estudiado los costes de 181 centrales en 22 países, concluyendo que las centrales eólicas están entre las que producen la electricidad más barata y que se ha abaratado mucho la luz fotovoltaica (solar).

Si queremos emitir menos CO2, España tiene que huir del petróleo, el carbón y el gas, tanto en la generación de electricidad (8,2% de emisiones totales y sólo el 40% de la luz procede de la energía hidroeléctrica y las renovables), como en la industria (26% emisiones) y sobre todo en el transporte (responsable del 31% de las emisiones totales, el 26,3% sólo por culpa de la carretera) y las viviendas (16,5% las emisiones). Lo más urgente  es huir del carbón en la producción de electricidad : 7 de las 10 industrias que más contaminan en España (CO2) son centrales térmicas de carbón (6 de Endesa y 1 de Hidrocantábrico) y las otras 3 son refinerías de petróleo (de Repsol-Petronor). Y para ello, es prioritario no subvencionar más el consumo de carbón nacional , como pretende el Gobierno Rajoy para 2015-2018 ( a costa de que los consumidores paguemos 405 millones de ayudas en el recibo de la luz). En paralelo, urge apoyar más a las energías renovables, limpias y cada vez más eficientes.

Para conseguirlo, la OCDE (informe marzo 2015) acaba de dar a España una receta muy eficaz: utilizar los impuestos. Proponen al Gobierno español que suba el impuesto al gasóleo (más bajo que el de la gasolina y más bajo que en la mayoría de Europa) y cambie el impuesto de matriculación, para que los vehículos más contaminantes paguen mucho más. Además, proponen eliminar las subvenciones al carbón (las eléctricas cobran ayudas públicas, cuestionadas en Bruselas, por quemar carbón nacional en 15 centrales térmicas que están arriba en el ranking de emisiones de CO2). Y sugieren además implantar un paquete de nuevos impuestos ambientales (más bajos en España que en Europa: suponen el 1,83% del PIB aquí, frente a 2,45% en la UE), para conseguir entre 2.000 y 8.000 millones extras de ingresos públicos para luchar contra las emisiones y apoyar las renovables.

Algo hay que hacer, porque España no puede seguir así, siendo el país europeo que consume más petróleo y gas (78,5% de la energía consumida) y uno de los que más depende energéticamente del exterior (importamos el 72% de toda la energía, frente al 54% Europa y el 25% USA). Una energía que ahora está  más barata pero que volverá a subir y seguirá envenenando el aire y contribuyendo al Cambio Climático. Y eso pasa en uno de los países con más horas de sol y viento de Europa, donde contamos con empresas líderes mundiales en renovables. Un contrasentido que sólo puede explicarse por políticas erróneas, que favorecen poderosos intereses de petroleras, gasistas, carboneras, eléctricas o empresas del automóvil, interesadas en mantener sus beneficios a corto (la reducción de cada gramo de CO2 le cuesta a la industria europea del automóvil 100 millones de euros, de ahí el fraude de Volkswagen) antes que pensar en el medio ambiente y el futuro. Pero si seguimos consumiendo y emitiendo sin freno, si la temperatura del Planeta sigue subiendo, no habrá beneficios que valga. La economía y el Planeta no tendrán futuro.

martes, 13 de octubre de 2015

Latinoamérica cae y España lo sufrirá


A todo el mundo le preocupa el “pinchazo” de China, pero pocos comentan que Latinoamérica ha caído en recesión, según confirmó la semana pasada el FMI. Hay tres países que decrecen, este año y en 2016: Brasil, Venezuela y Ecuador. Argentina está parada y en 2016 caerá en recesión. Y México y los países del Pacífico (Chile, Colombia y Perú) crecen poco, este año y el próximo. Este "pinchazo" de Latinoamérica, el continente que peor lo está pasandoafecta a España mucho más que el frenazo de China, porque somos el segundo país con más inversión allí y porque muchas de nuestras grandes empresas y bancos venden más en América Latina que en España. Así que mucho empleo y crecimiento aquí depende de que Latinoamérica se recupere, y más ahora que España crece menos. Y eso va a depender de lo que haga EEUU, del precio del petróleo y las materias primas y, sobre todo, de las recetas que ellos apliquen para salir de la crisis. Si siguen con los recortes, como ya han hecho México y Brasil, la economía latinoamericana podría tardar más en ponerse en marcha. Y eso retrasaría también nuestra recuperación.
 

enrique ortega


Latinoamérica sufrió la mayor de las crisis durante más de dos décadas, en los años 80 y 90.Pero a partir de 2003 inició una “década dorada”, con un fuerte crecimiento que sorprendió al mundo, máxime porque coincidió con el estallido de la crisis financiera en Estados Unidos. Latinoamérica sorteó esta crisis y en 2010 crecía al 6,1%, mientras USA, Europa y Japón salían débilmente de la recesión. El tirón del continente latinoamericano duró hasta 2013 (crecimiento medio del 4% en esa “década prodigiosa”) pero empezó a enfriarse en 2014, con un crecimiento ya de sólo el 1,3%. Y este año 2015 ha empeorado  la situación : Latinoamérica ya no crecerá un 0,5%, como preveía el FMI en julio, sino que caerá un -0,3 % en 2015. Y sólo crecerá un 0,8% en 2016.

La Cumbre del FMI, celebrada la semana pasada en Lima, agravó los peores pronósticos sobre Latinoaméricaes el continente con peores expectativas (caerá un -0,3% )en un mundo con una economía aún débil, que sólo crecerá un 3,1% en 2015 (el más bajo en los últimos 6 años). Y eso porque la mitad de Latinoamérica está en recesión, este año y el que viene. De hecho, América del Sur caerá un -1,5% este año y un -03% en 2016, según las previsiones del FMI. Y eso porque Brasil, la octava economía del mundo, decrecerá en 2015 (-3%) y en 2016 (-1%), al igual que Venezuela (en recesión en 2014,2015 y 2016) y Ecuador (-0,6% y 0,1%), mientras Argentina, estancada este año (+0,4%) retrasa su recesión a 2016 (-0,7%). El otro gigante de Mercosur, México crece poco (+2,3 y +2,8%), mientras los principales países de la Alianza del Pacífico (Chile, Colombia y Perú), que habían sorprendido por su fuerte crecimiento en la última década, tendrán crecimientos más modestos, del 2,3 al 3%. Sólo América central, con poco peso económico, crece y crecerá en torno al 4%.

La recesión de medio continente y el frenazo del resto se deben sobre todo al desplome en el precio de las materias primas, acelerado por la caída del comercio mundial en el último año. El precio del petróleo, clave para países como México, Venezuela, Brasil, Colombia o Ecuador, cayó un 46% sólo en 2014 y sigue sin recuperarse. La soja (clave para Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay) se depreció un 22% y también cayeron los precios de muchos alimentos (un 17%) y de los minerales, en especial el cobre (clave para Chile y Perú, que han sufrido una caída del precio del 17%) y del mineral de hierro (clave para Brasil, al que le han caído los precios un 17%). Esta caída de precios ha recortado los ingresos por exportaciones y los ingresos públicos, depreciando las monedas. Y la fortaleza del dólar ha disparado la inflación, forzando al alza los tipos de interés (14% en Brasil), lo que debilita el crecimiento. Y en este contexto, el consumo y la confianza se han debilitado y también la inversión, con la fuga de capitales hacia Estados Unidos y el dólar.

La puntilla a este preocupante panorama en Latinoamérica se la dio China en agosto, al dar señales de debilitamiento en su crecimiento y en sus compras al exterior. Y eso porque China es clave para Latinoamérica, sobre todo para Brasil, Chile y Argentina, por tres razones: por sus enormes compras, por su ingente inversión en el continente (se ha multiplicado por diez en la última década) y porque son el banquero de Latinoamérica, prestando 20.220 millones de euros sólo en 2014, más que el Banco mundial y el Interamericano de Desarrollo (BID) juntos. Así que el pinchazo de China agrava el estancamiento de Latinoamérica.

La situación más preocupante es la de Brasil, la octava economía mundial, que lleva dos trimestres con la economía cayendo (-0,7% y -1,9%) y donde las previsiones son aún más negativas: el FMI cree que caerá este año un -1,5% (para crecer un 0,7% en 2016) y la OCDE estima incluso que caiga  más este año (-2,8%) y también el próximo (-0,7%). No están ayudando los graves problemas de corrupción y la crisis política, agravados por la decisión de Standard&Poors de declarar a la deuda de Brasil como “bono basura”, lo que dificulta y encarece su financiación y promueve la fuga de capitales. Mientras, el Gobierno se ve obligado a hacer recortes y mantener tipos altos para frenar el creciente déficit y la inflación. La recesión de Brasil afecta muy especialmente a Argentina, su principal socio comercial, que ve  recortar sus exportaciones mientras se devalúa su moneda y crece su déficit público, problemas agravados por la incertidumbre electoral ante los comicios de octubre. Y Venezuela, que lleva en recesión desde 2014, agrava su crisis (el FMI cree que el PIB caerá el 7% este año), por el desplome del crudo y los precios disparados (inflación superior al 100%).

México, el otro gigante de Latinoamérica, no está en recesión pero crece poco, el 2,4% este año según el FMI (que en primavera apostaba por un crecimiento del 3%). Sufre especialmente el desplome del crudo (aporta un tercio de sus ingresos públicos) y el bajo crecimiento hasta ahora de EEUU, donde van el 80% de sus exportaciones. Pero sobre todo, los recortes y subida de impuestos hechos por el Gobierno (2015 y para 2016) han frenado el consumo y restan confianza en el futuro, de los ciudadanos y los inversores. Y en los tres “tigres del sur”, Chile, Perú y Colombia, no hay crisis pero el crecimiento se ha ralentizado.

Latinoamérica es sólo el 10% de la economía mundial, por lo que su estancamiento preocupa menos que el de China (17% del PIB mundial) o el de Europa (20% PIB mundial). Pero para España, es mucho más preocupante la crisis de Latinoamérica que la de China. Primero, porque España es el segundo mayor inversor extranjero en Latinoamérica (sólo por detrás de EEUU), con 135.000 millones de euros (un tercio de la inversión española en el exterior), concentrados en Brasil (43% del total), México (20%), Chile (10%), Argentina (5,1%), Colombia (4,8%), Venezuela (4,2%) y Perú (3,4%). Y segundo, porque muchas grandes empresas y bancos españoles tienen una enorme presencia en el continente y ya hay 150 grandes empresas españolas que venden más en Latinoamérica que en España, entre ellas Telefónica, Banco Santander, BBVA, Mapfre o Gas Natural Fenosa. Y para otras, como Repsol, Iberdrola, Indra, Abertis o Día son mercados claves.

Por ello, debería preocuparnos que Latinoamérica se estanque, porque de ese continente depende mucho empleo y crecimiento en España. De momento, la crisis está afectando a las grandes empresas y bancos españoles a través de la depreciación de las monedas: el real brasileño (ha caído un 25% respecto al euro), el peso argentino o mexicano valen menos y por ello, nuestras empresas y bancos ingresan menos en euros o en dólares. Y además, como un 6% de nuestras exportaciones van a Latinoamérica (2015), afectará  a muchas empresas españolas que ahora los latinoamericanos compren menos, sobre todo los países a los que más vendemos: México (1,8% exportaciones españoles), Brasil (1,1%) y Argentina (0,6%).

En definitiva, que cada vez que oigamos hablar de Latinoamérica y su crisis, pensemos que nos toca muy de cerca, por lo que hay que estar muy pendiente de su futuro. Todo apunta a que no saldrán del bache hasta 2017 y eso va a depender de varios factores externos e internos. Fuera será clave lo que haga Estados Unidos (si crece más, ayudará a la recuperación de México y Centro América) y la subida de tipos que se anuncia para diciembre en USA: podría afectar negativamente a Latinoamérica, al depreciar más sus monedas y agravar la fuga de capitales. Los precios del petróleo y las materias primas no van a mejorar en el corto plazo, según el FMI, con lo que por aquí no habrá ayuda. Y será decisivo lo que haga China, clave para la recuperación del continente.

A nivel interno, Latinoamérica está ahora más saneada que en los años 80 y 90, con lo que esta crisis no debería ser tan dura ni larga como la de entonces. Por un lado, la mayoría de su deuda está en moneda local (69%), no en dólares, con lo que una revalorización del dólar como la que se espera en 2016 no debería costarles muchos más intereses (aunque sin duda elevará los tipos en el continente). Además, todos los países han acumulado muchas reservas de divisas y están económicamente más saneados, tras el fuerte crecimiento de la pasada década y haber sacado de la pobreza a 60 millones de latinoamericanos. Pero el desplome de los precios de las materias primas les ha hecho enormes agujeros en sus finanzas públicas, que ahora tienen que tapar. Y eso puede obligarles a recortes y subidas de impuestos, como los que ya han hecho México y Brasil, que hundirán más sus economías, como ha pasado en España y en la Europa del sur con la austeridad.

Latinoamérica tiene que ajustar sus cuentas y sus economías, al haber caído sus ventas y sus ingresos, pero ha de hacerlo de forma gradual si no quiere acelerar la recesión, como ya se ve en Brasil y en México. El FMI les ha recomendado aumentar las inversiones públicas en infraestructuras y en educación, para compensar el frenazo de los recortes y hacer más competitivas sus economías. Además, ahora la democracia se ha impuesto en Latinoamérica y si el ajuste no se hace con tino, los conflictos sociales agravarán aún más la crisis.

Que Latinoamérica acierte en las recetas para salir de la crisis es clave para España y para la recuperación de nuestras empresas, nuestra economía y el empleo aquí. Sobre todo ahora que España crece algo menos (0,8 décimas en el tercer trimestre, dos décimas menos que en primavera) y Europa no despega (ha vuelto la inflación negativa, síntoma de una economía débil). Hay que aguantar el tirón y seguir allí, con las inversiones de nuestros bancos y empresas.Y tratando exportar más (ahora vendemos a toda Latinoamérica menos que a Portugal). Y eso, por dos razones. Una, porque Latinoamérica es la región del mundo con más potencial a medio plazo: tienen energía, agua, alimentos, grandes superficies cultivables, materias primas y una población joven con gran potencial consumidor. Y otra, porque España tiene una ventaja comparativa (idioma, cultura, presencia inversora y empresarial) para aprovechar mejor que nadie este potencial cuando Latinoamérica salga del bache, quizás en 2017. Van a necesitar de todo y España puede ser su principal socio si apostamos por seguir allí y salir de la crisis con ellos.  Así que hay que estar muy pendientes del continente y seguir haciendo las Américas.

jueves, 8 de octubre de 2015

Universidad: cara, muy desigual y poco eficaz


Comenzó otro nuevo curso universitario con viejos problemas. El principal, la asfixia financiera de las 50 Universidades públicas, que han perdido 1.370 millones y 15.000 profesores desde 2010. Pero lo peor lo sufren los universitarios: el coste de las matrículas se ha disparado y España es el 4º país más caro de Europa para estudiar una carrera: 1.257 euros frente a 200 euros en Alemania o 185 en Francia. Y además, estudiar en Cataluña o Madrid cuesta más del doble que en Andalucía o Galicia. Los universitarios españoles tienen menos becas que los europeos y cobran muy distinto según donde vivan. En consecuencia, estudiar una carrera se ha puesto por las nubes y 70.000 jóvenes lo han dejado. Urge un pacto político para aportar más recursos a la Universidad y bajar las matrículas. Y reformar los Planes para que más universitarios estudien lo que las empresas necesitan. Si no, pasa lo que pasa: 14% de titulados en paro y 1 de cada 3 universitarios trabajando en lo que no han estudiado. Un desastre.
 

enrique ortega


Un millón y medio de jóvenes han iniciado el nuevo curso universitario 2015-2016, el quinto con recortes, aunque menores que en los años anteriores. España comenzó a recortar su gasto en educación en 2010, por primera vez en treinta años, y en este quinquenio se han recortado unos 8.000 millones en todas las enseñanzas. De ellos, a la Universidad (que se lleva un 20% del presupuesto educativo), le han tocado 1.370 millones de recortes, con lo que las 50 Universidades públicas tienen ahora un 14% menos para gastar que en 2010. Y para sobrevivir, han tomado dos medidas, sobre todo desde 2012: recortar gastos (unos 900 millones) y aumentar ingresos, subiendo las matrículas a los estudiantes (470 millones).

Los recortes en las Universidades públicas, promovidos por Hacienda y las menores aportaciones hechas por las autonomías (que financian el 84% de las Universidades), se han traducido en un fuerte recorte de los gastos (desde luz y calefacción a material y laboratorios), un desplome de las inversiones (ni arreglos ni nuevas aulas), en un abandono de proyectos (I+D+i), un fuerte endeudamiento (a costa de pagar elevados gastos financieros) y, sobre todo, en un despido o no renovación de profesores jubilados: se han perdido13.200 empleos sólo entre 2008 y 2013 (9% de su plantilla), según Hacienda. Y ya van más de 15.000 despidos. Todo ello en perjuicio de la calidad de la enseñanza universitaria española.

Pero si la asfixia financiera de las Universidades es grave, peor lo están pasando sus alumnos, obligados a pagar unas matrículas cada vez más caras y que ya financian un 23% del coste de sus estudios (el 77% restante lo pagan el Estado y las autonomías). El coste de las matrículas se ha disparado, según datos de la Conferencia de Rectores (CRUE): de media han subido un 45%, pero hay autonomías donde el coste se ha duplicado y más, como Cataluña (+158,4%), Madrid (+117,3%), Comunidad Valenciana (93,9%) o Castilla y León (+78%), mientras en otras subían poco, como Galicia (+5,1%) o Andalucía (+9,7%). Con ello, hay familias que, según donde viven, tienen difícil ya enviar a sus hijos a la Universidad: la matrícula media (gastos para vivir aparte) para estudiar un Grado costaba en el curso 2013-2014 (últimos datos de los Rectores) 2.011 euros en Cataluña, 1.820 euros en Madrid o 1.386 en Valladolid, frente a 713 en Galicia, 757 en Andalucía o 810 en Cantabria.

Con estos precios de las matrículas, España es el cuarto país de Europa donde resulta más caro estudiar en la Universidad, según los rectores (CRUE): 1.257 euros de media en 2013-2014, un coste sólo inferior al de Reino Unido (4.409 euros), Irlanda (2.500 euros) e Italia (1.300 euros) y muy superior al de las matrículas universitarias en Alemania (200 euros), Francia (283 euros), Polonia (41 euros) y países nórdicos (0 euros). De hecho, hay 11 países europeos donde estudiar en la Universidad es gratuito (Austria, Dinamarca, Estonia, Finlandia, Grecia, Malta, Noruega, Escocia –RU, Suecia, Turquía y Chipre). Y los precios de estudiar en Cataluña sólo se superan en Irlanda y Gales. Esto en cuanto a las tasas para estudiar un Grado. En las tasas para estudiar un Master, las diferencias son mayores, porque en España se paga una matrícula media de 2.094 euros (casi el doble que en un Grado), mientras en la mayoría de Europa las tasas son similares a las de Grado y por tanto mucho más bajas, salvo en Reino Unido (4.810 euros) e Irlanda (6.000 euros): 1.300 euros en Italia, 200 en Alemania, 254 en Francia, 41 en Polonia  y 0 euros en los países nórdicos.

Para este curso 2015-2016, las matrículas universitarias siguen subiendo, aunque algo menos porque los nuevos Gobiernos autonómicos controlados por la izquierda han tratado de congelar o frenar las subidas. Las Universidades más caras siguen siendo las de Cataluña (39,53 euros por crédito, a multiplicar por 60 cada curso: 2.371 euros), Madrid (33 euros/crédito), Castilla y León (30,25€), Comunidad Valenciana (24,89 €) y Aragón (25,83€). Y las más baratas, Andalucía (12,62 euros/crédito: 757 euros/curso), Galicia (13,93 €), Cantabria (16,65 €), Murcia (16,78€), Extremadura (18,51€) y Canarias (18,95€). Esto son medias, ya que hay carreras más caras (como Medicina) y otras más baratas (Humanidades). Al final, cuesta casi 4 veces más estudiar en la Universidad más cara (Politécnica de Cataluña: 3.345 euros) que en la más barata (La Coruña: 854 euros). Una injusta desigualdad.

Las becas podrían ayudar a contrarrestar esta fuerte subida de las matrículas. Pero no es así. Desde 2012, el Gobierno Rajoy ha modificado la política de becas, recortando importes (270 millones) y endureciendo los criterios económicos y académicos para concederlas. El resultado es que hay más universitarios que reciben becas (unos 317.000, el 26%) pero con un importe mucho más bajo: la beca media ha bajado 466 euros por estudiante, de 2.530 euros (2010)) a 2.063 euros en 2014 (-18,5%), según datos de los Rectores (CRUE). Y pasa lo mismo que con las tasas: el importe de las becas varía mucho entre las autonomías. Los mayores recortes en el último quinquenio se han dado además en las autonomías más pobres, en Galicia (-21,3%), Andalucía (-21,3%) y Murcia (-19,5%) y los menores en Cantabria (-1,97%), Comunidad Valenciana (-6,11%) y Madrid (-6,58%).

En esto de las becas universitarias, España también “es diferente”. En la mayoría de países occidentales se gasta más en becas (0,31% del PIB en la OCDE y 0,39% del PIB en USA frente al 0,14% en España) y encima se dan más becas en los países con los estudios más baratos (o gratuitos), porque la beca se concede más para pagar los gastos totales de los universitarios que su matrícula (aquí, el 20% de las becas son sólo para pagar matrículas). Y sólo en 12 países europeos se utilizan criterios académicos para conceder becas, como hace el Gobierno Rajoy en España (en la mayoría, lo único que cuenta es la renta). Y en muchos países hay además desgravaciones fiscales a las familias.

Tenemos pues una Universidad asfixiada por los recortes y muy cara para los estudiantes, porque está mal financiada: le faltan recursos públicos. España dedica unos 8.400 millones a la Universidad pública, un 0,84% del PIB, muy por debajo de la media europea (1,26% PIB) y de países como Francia (1,35%) o Alemania (1,30%), en línea con Italia y Reino Unido (0,84%9, donde los universitarios pagan también matrículas caras. Haría falta aumentar esta financiación pública, hasta el 3% del PIB que recomendaba en 2013 el Comité de Expertos sobre la reforma universitaria. Eso supondría dedicar a la Universidad 22.000 millones más al año, algo impensable a corto plazo. Pero si muchos expertos defienden destinar 10.000 millones más cada año a toda la enseñanza, bien podrían destinarse 2.000 millones más a la Universidad, lo que permitiría contratar profesores, superar los recortes que más afectan a la enseñanza, rebajar matrículas y, sobre todo, aumentar becas, en importes y beneficiarios, para que nadie deje de ir a la Universidad por su precio (los Rectores estiman que 70.000 estudiantes la han dejado por eso desde 2012).

Pero no sólo hace falta más dinero, aunque sea prioritario. La Universidad tiene que resolver otros problemas, empezando por ajustar su oferta, recortando titulaciones (2.413 Grados y 2.758 Master) y fusionando centros (hay 236 Campus de 83 Universidades, 50 públicas y 33 privadas), con ofertas similares a pocos kilómetros. Y es clave orientar a los universitarios hacia carreras técnicas (más demandadas), reduciendo la oferta de Humanidades y Ciencias sociales (con menos salidas) y fomentando el trasvase de jóvenes bachilleres a la Formación Profesional Superior (con más empleos). Porque el gran drama de la Universidad es que, después de ser una de las más caras de Europa para las familias, no asegura el trabajo futuro de los jóvenes. Por un lado, los titulados tienen un 14% de paro, el triple que en la OCDE (4,8%), aunque sea la mitad que el paro de los no titulados (del 22 al 50%) y buena parte de la culpa la tenga la estructura de nuestra economía, no sólo la formación. Y por otro, 1 de cada 3 universitarios españoles acaban trabajando (con contratos temporales y por horas) en algo que nada tiene que ver con lo que han estudiado, sobrecualificados y frustrados, desde camarero a cajera de supermercado. "La educación española no prepara para el mundo laboral", acaba de dictaminar un estudio de la OCDE.

Así que habría que aprovechar las próximas elecciones para plantear un debate serio y un gran pacto político-educativo sobre el futuro de la Universidad española, centrado en su financiación, sus costes, su oferta y la utilidad para el empleo de la enseñanza que se ofrece, debatiendo de nuevo la conveniencia o no de aplicar última reforma impuesta por el Gobierno Rajoy, las carreras de tres años más uno de Master (3+1), en sustitución del sistema actual (4+1), un cambio motivado básicamente por recortar más gasto (entre 600 y 800 millones de euros) y que los Rectores han pedido retrasar dos cursos más, hasta el año 2017. La Universidad es clave para la recuperación y el empleo, pero ahora está medio quebrada y es poco eficiente, cara y muy desigual según donde los jóvenes vivan. Y eso es muy injusto. Hay que empezar a cambiarlo en la próxima Legislatura. Piense también en ello al votar en diciembre.