jueves, 12 de septiembre de 2013

Curso escolar 2013-14:masificado y sin recursos


Más de 8 millones de niños y jóvenes de colegios e institutos han iniciado esta semana un nuevo curso escolar, el cuarto con recortes. Y se han encontrado con menos profesores y muchos menos medios para más alumnos, sobre todo en secundaria. Eso lleva a unas clases más masificadas y a una menor atención a los alumnos con problemas, lo que aumentará sin duda el abandono escolar, que ya afecta a uno de cada cuatro alumnos, el doble que en Europa. Y lo peor es que en los Presupuestos para 2014, que el Gobierno y las autonomías ultiman este mes, habrá nuevos recortes en educación y en ayudas a las familias para gastos de comedor, libros y transporte escolar. Urge parar estos recortes, porque el deterioro de la enseñanza es grave y lo va a pagar toda una generación de jóvenes con un difícil futuro. Stop recortes.
enrique ortega

Se ha iniciado el cuarto curso escolar con recortes y quizás el que más se va a notar sus efectos, sobre todo el duro ajuste educativo aprobado por el Gobierno Rajoy en abril de 2012. Son cuatro cursos en que el gasto en Educación ha caído, entre el Estado y las autonomías, en 6.700 millones, un 13,5% (dos tercios entre 2012 y 2013, con Rajoy).

El mayor efecto de estos recortes ha sido la reducción de plantillas de profesores, al aumentar sus horas lectivas y  el número de alumnos por clase, no cubriendo las jubilaciones ni las bajas (hasta pasadas dos semanas). Un recorte cifrado por el Ministerio de Educación en 22.689 profesores de centros públicos entre 2012 y 2013 (mientras crecían en 2.623 profesores las plantillas en la concertada y la privada), aunque CCOO estima que han perdido su empleo unos 60.000 docentes desde 2009, contando con interinos y sustitutos. Dos tercios de los profesores perdidos lo han sido en los institutos, en la ESO, Bachillerato y FP, sobre todo en Castilla la Mancha, Murcia y Canarias.

Pero el ajuste no se ha limitado sólo a despedir profesores. Los que quedan han visto sus salarios congelados y la pérdida de complementos e ingresos, con un aumento de horarios y una precarización de contratos (Madrid ha contratado profesores por días, para corregir los exámenes de septiembre). Y la falta de presupuesto ha deteriorado el día a día de los centros escolares: recorte de horas de limpieza y calefacción, falta de material, recorte profesionales de apoyo, imposibilidad de realizar obras de acondicionamiento y paralización de nuevos centros (con miles de clases en barracones).

Este nuevo curso 2013-2014, toda esta situación se agrava, con nuevos recortes: un -14,3% en el Presupuesto estatal de Educación 2013 y otro recorte del 10% de media en las autonomías. Con ello, se estima que habrá unos 10.000 profesores menos (CCOO habla de 50.000) y los centros tendrán que hacer nuevos encajes de bolillos para dar clase. El resultado más patente es la masificación y el deterioro de la enseñanza: menos profesores para más alumnos (191.484 en los dos últimos cursos y otros 50.000 más para este). Y eso sobre todo en la enseñanza pública, la que más crece con la crisis porque muchos padres en paro o con problemas económicos han cambiado a sus hijos de la privada o concertada a la pública.

Con ello, niños y jóvenes notarán este curso que hay más alumnos en su clase, entre 28 y 35, con una media de 27 alumnos en primaria y 33 en secundaria. Eso eleva el número de alumnos por profesor en España, a 11,5, y lo acerca a la media europea (14,1 alumnos en primaria y 11,2 en secundaria), hasta ahora más masificada. La consecuencia evidente es el deterioro de la calidad de la enseñanza. Y algo más preocupante: hay menos profesores y menos medios para atender a los alumnos con problemas, ya que los recortes dificultan los refuerzos, desdobles (clases más reducidas algunos días) y las recuperaciones. Algo que se va a traducir en un mayor abandono escolar, cuando en España el 24,9% de los jóvenes dejan de estudiar después de la ESO, el doble de abandono escolar que en Europa.

El otro problema es que los recortes y la falta de medios se están concentrando más en la educación pública que en la concertada. Un ejemplo es Madrid, donde la inversión por alumno en la escuela pública ha caído un 13,5% entre 2012 y 2013, mientras en la concertada caía un 3,4%. El mayor hachazo se lo llevan los Institutos (donde  se gesta el mayor abandono escolar), con un recorte del 21,7%, ocho veces más que en los centros concertados. La consecuencia es un mayor deterioro de la enseñanza pública, en beneficio de la concertada, que gana peso en toda España y sobre todo en las autonomías gobernadas por el PP. Y eso cuando España es el país occidental con menos peso de la educación pública: 67,8% en la ESO frente al 85,8% en la OCDE (91,1% en Alemania) o 77,5% en secundaria postobligatoria frente al 81,2% en la OCDE (92,5% en Alemania).

Pero los recortes no sólo deterioran la enseñanza, sino que agravan la economía de las familias, al reducirse también las ayudas para gastos de comedor, libros o transporte, mientras sube el gasto de la vuelta al cole: entre 329 y 500 euros de factura por alumno sólo en septiembre (matrículas, libros, uniformes, material escolar, APA…) y un gasto mensual luego que va de 109 euros (centros públicos) a 209 (concertados) y 527 (privados), según la OCU. Una factura media de 1.874 euros al año por hijo que muchos ya no pueden pagar y que contrasta con el recorte, también este curso, de becas estatales y ayudas autonómicas.

Empezando por las becas de estudio, el ministro Wert ha endurecido para este curso 2013-14 los criterios académicos para conseguirlas: se exige un 5 para FP y un 5,5 para Bachillerato y FP Superior. Y además, ha reducido la beca de escolaridad, para Bachillerato y FP, de 581 a 200 euros. Y vuelven a reducirse las becas de comedor en la mayoría de autonomías, aunque algunos Gobiernos regionales han montado operativos para atender a los escolares más necesitados, al haberse detectado malnutrición en miles de escolares: Andalucía dará 3 comidas diarias a 50.000 escolares, Canarias seguirá con su programa de comidas gratis y Cataluña concederá 3.000 becas comedor más, aunque 15.000 peticiones se han quedado fuera en una autonomía donde hay más de 50.000 menores que malcomen. Y prácticamente se han suprimido las ayudas para libros (salvo en Andalucía, Cataluña y Aragón) y para transporte escolar, mientras siguen reduciéndose rutas en zonas rurales.

Un negro panorama que corre el riesgo de agravarse en 2014, con los Presupuestos que ultiman el Gobierno y las autonomías, con más recortes generales y en educación. De hecho, Rajoy ha prometido a Bruselas, para cumplir con el déficit, seguir recortando el gasto en educación: del 5,01% del PIB en 2009 al 3,9% en 2015 (-12.000 millones de euros). Y eso, a pesar de tener el doble de paro (general y juvenil) que Europa y de estar confirmado que la competitividad y el empleo pasan obligatoriamente por estar mejor formados.

El problema no es pues un recorte puntual, de un curso más, sino que la Educación está en precario, tras cuatro años de recortes y los que se avecinan. Los centros, los profesores, los alumnos y sus familias ya no pueden ajustarse más sin perder calidad y eficacia. Están al límite. Y con la amenaza, para el curso 2014-2015 de una nueva Ley Educativa que impondrá un modelo educativo segregador y desigual, rechazado por la mayoría del sector. Urge repensar lo que se está haciendo, frenar los recortes y dedicar más recursos y más personal a la educación, donde nos jugamos el futuro. SOS.  

lunes, 9 de septiembre de 2013

Dinero extra para un Ejército paralizado


En el último Consejo de Ministros de julio, el Gobierno Rajoy aprobó de tapadillo un crédito extraordinario de 877 millones para Defensa. En septiembre anterior había aprobado otros 1.782 millones extras, con lo que van dos años ya en que el gasto en Defensa crece, en plena era de recortes. Y a pesar de eso, el Ejército español está paralizado, con destacamentos, tanques, barcos y aviones que no salen de maniobras porque no hay dinero para combustible, munición o dietas. Como el Ejército de Gila. Y eso, más que por la crisis, porque en 1997, el Gobierno Aznar comprometió 30.000 millones en comprar armamento, hipoteca  a pagar desde 2011 y que no deja margen para pagar el día a día del Ejército. Urge renegociar estas compras, reducir el tamaño del Ejército y hacerlo más ágil y operativo para afrontar los nuevos riesgos. Gastar menos y mejor en Defensa, compartiendo costes con Europa.
 
enrique ortega

Los recortes de los últimos tres años también han afectado al Ejército, pero mucho menos, porque el Gobierno Rajoy se ha inventado  un truco contable: presupuesta menos, para quedar bien ante la opinión pública, y luego aprueba dinero extra para Defensa. Lo ha hecho a finales de julio, aprobando un crédito extraordinario de 877,33 millones. Y lo hizo en septiembre 2012, con otro crédito extraordinario de 1.782 millones. Además, no incluye en el Presupuesto el gasto de los organismos autónomos de defensa (1.035 millones) ni el coste de las misiones en el extranjero (766,8 millones en 2012). Con ello, en 2012 presentó inicialmente un Presupuesto de Defensa de 6.316 millones, con un recorte del 8,8%, cuando en realidad el año se cerró con un gasto de 9.607 millones, un 30,69 % más que en 2011. Un escándalo en medio de tanto recorte.

Y lo mismo pasará este año. Con ello, el recorte real en Defensa con la crisis, entre 2007 y 2012, es sólo del -8,7% (la tercera parte que en sanidad o educación), según un concienzudo estudio de Bernardo Navazo para la Fundación Alternativas, quien revela que el gasto español en Defensa es más del doble del que dice el Gobierno: entre el 1 y el 1,2% del PIB (frente al 0,59% que se maneja) y llegaría al 1,3/1,5% si se computan (como hace la OTAN) los 3.000 millones anuales de pensiones de militares que corren a cargo de la Seguridad Social. Algo menos que el 2,1% de Gran Bretaña ,el 2% de Francia o el 2% que defiende la OTAN, pero no la cuarta parte.

Estas trampas contables no han evitado que la crisis se haya cebado en el día a día  del Ejército, obligado a un ligero recorte en personal y a un drástico ajuste de los gastos de mantenimiento. En personal, un 50% del gasto según Navazo (Defensa dice que el 75%), se ha reducido la tropa y marinería de 86.000 (2010) a 80.000 (2013), pero con pocos ahorros efectivos. Y el grueso del recorte se ha dado en el presupuesto de operaciones y mantenimiento, en ahorrar en combustible, munición y dietas. Tierra ha inmovilizado la mitad de los blindados para ahorrar gasolina (mientras los nuevos tanques Leopard están sin estrenar), la Armada ha reducido a la cuarta parte los buques que salen al mar y los pilotos se turnan para hacer un tercio menos de horas de vuelo. Han mandado al desguace al portaaviones “Príncipe de Asturias” porque no hay dinero para mantenerlo operativo. Y las maniobras militares se reducen al mínimo posible, para no gastar. Como el ejército de Gila.

Pero el problema de fondo no es la crisis, sino una hipoteca que pesa como una losa sobre el Presupuesto de Defensa: los Programas Especiales de Armamento (PEAs). Otra herencia de Aznar, que aprobó en 1997 un ambicioso programa para modernizar el Ejército, comprometiendo un gasto de 24.000 millones de euros hasta 2025 en 19 nuevos sistemas de armamento. Como era una cantidad desorbitada, se sacó de la manga otro truco contable: Industria daba un crédito sin interés (le pagamos todos) de 14.000 millones a las empresas de armamento, para que fueran fabricando, y Defensa les pagaría el nuevo armamento a partir de 2011. El problema es que, con la crisis, el cuento de la lechera ha hecho aguas: los contratos han disparado su coste, no se incluyó mantenimiento y Defensa ha visto que tenía que pagar entre 32.000 y 36.000 millones por esta hipoteca. Imposible.

El Gobierno ZP dejó crecer la burbuja y no pagó las primeras facturas. Y Rajoy, que tampoco las metió en Presupuesto, ha aprobado estos dos créditos extraordinarios para saldar la deuda 2011-2013 con las tres empresas de armamento que tienen el monopolio del suministro: Navantia (Marina), General Dynamics-Santa Bárbara (Tierra) y EADS-Airbus (Aire). Pero es sólo un parche: las obligaciones de pago anuales con estas empresas son de 3.532 millones hasta 2025. Y como mucho, el Presupuesto podría cargar con 1.260 millones al año. Resultado: un agujero anual de 2.272 millones, que se intenta tapar con créditos extraordinarios (Defensa ya ha dicho que volverá a haberlos en 2014 y 2015) y dejando el Ejército inmovilizado y al ralentí. Por eso, en la última misión internacional en Mali, clave para reducir el peligro integrista en  el Magreb, España sólo aportó un avión de transporte.

En mayo, Defensa anunció que va a tratar de renegociar la hipoteca de los PEA, retrasando entregas (caza Eurofighter, helicópteros Tigre) o reduciendo compras con penalización (avión de transporte A400M, helicópteros NH-90), mientras retrasa la compra de los 4 submarinos S-8 porque los han fabricado con exceso de peso (otra vez Gila) y arreglarlo costará 800 millones al Presupuesto. Y así, rebajando la hipoteca a 30.000 millones hasta 2030, Defensa piensa aguantar hasta que la crisis escampe. Pero lo que está en crisis es el modelo español de Defensa, como en el resto de Europa, que, con Reino Unido y Alemania a la cabeza, lleva varios años ajustando costes y tamaño, porque los expertos aseguran que los ciudadanos  europeos, tras 70 años de paz,  no permitirán un repunte de los gastos de Defensa.

Por ello, España, en vez de trampas contables, créditos extras y un Ejército bonsái inoperante (de todo, pero en pequeñito) ha de afrontar una reconversión de la política de Defensa, asentada en cuatro patas. Una, la reconversión de personal, con un Ejército donde sobran otros 20.000 militares de tropa y muchos de los 45.000 mandos (demasiados jefes). Dos, una renegociación a fondo con las tres industrias militares, que no pueden imponer productos y condiciones con la amenaza de penalizaciones y EREs (Santa Bárbara y Navantia). Tres, una mayor colaboración militar con otros países, como los acuerdos para compartir servicios y costes ya firmados entre Gran Bretaña y Francia, Alemania e Italia o Benelux (podría empezarse con Portugal y los países del sur de Europa). Y cuarto y clave, una nueva política de Defensa, un Ejército más pequeño pero más operativo, más ágil, de intervención inmediata.

España es un país peninsular, donde no tiene sentido la Defensa basada en Tierra (tanques, artillería) y sí en la Armada y el Ejército del Aire, que juntos, gastan menos que Tierra. Es necesario apoyarse en unidades más pequeñas y especializadas, de intervención inmediata, como se ha visto en las misiones internacionales. Y no pensar en una guerra convencional, con invasión por los Pirineos, sino en las nuevas amenazas: ciberdefensa, terrorismo internacional, crimen organizado, catástrofes naturales (gran éxito de la UME), seguridad líneas de suministro e intervención en conflictos exteriores. Y para eso, hace falta otro Ejército, con otras armas, equipamiento y formación que las que compró Aznar en 1997 y ahora nos hipotecan.

Ningún país puede desmantelar su Ejército y menos siendo parte de Europa y la OTAN. Pero no es defendible que se recorte de becas, sanidad, educación o Dependencia y nos gastemos millones en unos tanques que ya no se usan. Por eso, debería abrirse un debate serio y sin demagogias sobre la Defensa que necesitamos y podemos pagar. Y no seguir con parches que nos han llevado a un Ejército inoperante, frustrado e ineficaz. Y caro.

jueves, 5 de septiembre de 2013

El Gobierno desmantela los Ayuntamientos


Este mes de septiembre se inicia en el Congreso el debate de la reforma de los Ayuntamientos, que aprobó de tapadillo el último Consejo de Ministros de julio, tras casi un año de pelea del Gobierno con sus propios alcaldes y las críticas de toda la oposición, que la recurrirán al Constitucional. Se trata de quitar competencias a los municipios y pasárselas a las autonomías y Diputaciones, que ganan poder. Y recortar gastos, quitando el sueldo a los alcaldes de los pueblos pequeños y al 82% de los concejales, recortando personal contratado y privatizando servicios, como el abastecimiento de agua. En la práctica, supone desmantelar la mayoría de servicios que hoy prestan los Ayuntamientos, sobre todo servicios sociales, guarderías, centros de salud y residencias de ancianos, con el temor de que luego no los preste nadie. Se recorta la administración municipal en beneficio de autonomías y empresas privadas. Y eso cuando el gasto municipal en España es el más bajo de Europa. Otro recorte del Gobierno Rajoy, pero este de gran calado social.
enrique ortega

En España hay 8.116 Ayuntamientos, la mayoría en pueblos muy pequeños (83% tienen menos de 5.000 habitantes y el 60% menos de 1.000). Con el boom del ladrillo, la mayoría multiplicaron sus ingresos y sus servicios, desde centros culturales y polideportivos a residencias de ancianos, centros de salud o servicios sociales. Pero con la crisis, sus ingresos cayeron en picado mientras han tenido que hacer frente a más gastos: son la administración más cercana y 8 millones de españoles les piden ayuda cada año. El resultado es que la mitad de los municipios están medio quebrados, con problemas para pagar sus nóminas y facturas, más 35.290 millones de deuda (747 € por habitante). Y han tratado de hacer frente a su grave situación recortando servicios y multiplicando tasas e impuestos municipales.

El Gobierno se agarra a esta crisis para justificar su drástica reforma, argumentando que 4.000 Ayuntamientos son inviables, porque no tienen vecinos suficientes para pagar sus servicios. Y aseguran que un pueblo pequeño (menos 5.000 habitantes) paga el triple por habitante por el servicio de agua o basuras que uno de más de 100.000. En consecuencia, la reforma municipal del Gobierno Rajoy busca recortar costes municipales quitando competencias a los Ayuntamientos, para que las presten las autonomías o las Diputaciones.

Por un lado, la reforma de la Ley de Régimen Local de 1986 quita a los Ayuntamientos los servicios que llama impropios, aquellos que creen que no deben prestar y que suponen un 25% de sus Presupuestos (13.223 millones según el IEF) : servicios sociales, sanidad, educación y vivienda, básicamente. En 6 meses, la inspección sanitaria municipal (mataderos, industrias alimentarias) pasará a las autonomías. En un año, los servicios sociales: ayuda a domicilio, apoyo a las familias, ayuda a la infancia, integración extranjeros, políticas de igualdad, residencias de mayores, pisos tutelados… Y en cinco años, tendrán que traspasar los servicios sanitarios, desde la atención urgente (SAMUR) a los Centros de Salud municipales o Centros de día para ancianos. Sólo podrán seguir prestando estos servicios los Ayuntamientos de más de 20.000 habitantes si se los financian las autonomías (todas sin liquidez).

Las competencias “propias” que les quedarían (basuras, abastecimiento de agua, viales, protección civil, salud pública, cementerios y algo de deporte, cultura y turismo) tampoco las tienen aseguradas. En tres meses, la futura Ley obliga a los Ayuntamientos a publicar lo que les cuestan estos servicios. Si su coste está por encima de la media, se les obliga a los Ayuntamientos menores de 20.000 habitantes (el 92%) a traspasar estos servicios a las Diputaciones provinciales, que los prestarán con medios propios o más bien, sacando a subasta los servicios (privatizando su gestión). Y a cambio, las Diputaciones serán las que fijen los precios y tasas que pagarán los vecinos por estos servicios (a  la larga, más caros).

Menos competencias para los futuros Ayuntamientos, a los que se impone varios recortes de costes. Por un lado, los alcaldes de municipios menores de 1.000 habitantes (hay 4.873) dejan de cobrar, se rebajan los sueldos de la mayoría (baremo según población) y se suprime el sueldo para el 82% de los concejales (56.077 de los 68.285 concejales sólo cobrarán dietas). Por otro, se limitará el personal eventual de los Ayuntamientos, con lo que podrían quedar sin trabajo un tercio de los 334.500 contratados actuales. Además, se reducirán a la mitad las 1.134 empresas municipales, lo que multiplicará la privatización de servicios como el abastecimiento de aguas, aparcamientos o transportes. Y se suprimirán la mayoría de las 3.720 entidades locales menores, las pedanías rurales (de 10 a 200 vecinos) que tienen mucho peso en Castilla y León o Asturias (propietarias de muchos montes vecinales) y que ahora pasarán a ser controladas por Ayuntamientos o Diputaciones. Y como guinda, se ahorrarán 815 millones limitando el complemento específico y de productividad que cobran la mayoría de empleados municipales (a veces suponen la mitad del sueldo).

Con todas estas medidas, el Gobierno calcula que pueden ahorrarse 8.024 millones entre 2013 y 2019. Además de quitarles competencias, va a vigilar con lupa a los Ayuntamientos de menos de 5.000 habitantes: estarán “bajo vigilancia” y  podrán ser intervenidos por el Gobierno si no controlan sus cuentas o su deuda.

La reforma ha sido criticada por muchos alcaldes del PP (pierden poder y competencias), sindicatos y toda la oposición, anunciando el PSOE un recurso ante el Constitucional. Y tanto Cataluña como el País Vasco amenazan con no aplicarla y aprobar una Ley propia para sus municipios. Quien sale claramente ganando son las Diputaciones: suman competencias y poder, a pesar de que no son elegidas directamente por los vecinos (sino por los alcaldes), con lo que será más difícil pedirles cuentas de su gestión, como ha dicho el Consejo de Estado.

El mayor problema que plantea esta reforma local, que entrará en vigor en 2014 y sobre todo en 2015, es que se desmantelan parcialmente los Ayuntamientos sin asegurar quién y cómo va a prestar sus servicios, sobre todo los servicios sociales, que hoy reciben 2,6 millones de españoles (648.738 reciben ayuda a domicilio, 519.046 servicios de apoyo a las familias y el resto son pobres, ancianos, mujeres y niños atendidos por los servicios sociales municipales). Y luego están las guarderías municipales, los centros de salud o de atención a ancianos o las urgencias tipo SAMUR. Teóricamente, estos servicios los prestarán las autonomías, pero no se sabe cómo, ya que todas están con recortes. Para la Comunidad de Madrid, por ejemplo, atender lo que hoy hacen los Ayuntamientos, le supondría 1.000 millones de gasto extra al año. El temor: que una parte de estos servicios se pierdan y otros se ofrezcan con recortes o mediante la privatización de algunos servicios. En definitiva, peor.

Por todo ello, esta reforma municipal puede encubrir otro gran recorte social, al privar de servicios de primera línea, muy cercanos a los ciudadanos. La otra vía de reforma hubiera sido, en vez de suprimir y recortar servicios, dotar a los Ayuntamientos de más recursos, ya que España es el país de Europa con menos peso del gasto local: un 13% (51% el Estado y 36% las autonomías) frente al 15% de media en Europa, el 14,2% en Alemania, el 17,8% en Francia o el 27,7% en Reino Unido. Y también los municipios europeos tienen más peso que los españoles en los gastos de protección social (28% media UE frente al 8% en España) o en educación (21% media UE, 31% en Reino Unido o 16% en Alemania frente al 3% en España).

En definitiva, frente a desmantelar los Ayuntamientos, la opción europea sería dotarles de más recursos, para que presten los actuales servicios y más, porque es la administración más próxima al ciudadano. Para eso, necesitarían contar con más recursos estatales, para no tener que asfixiarnos a los vecinos con más tasas e impuestos. Y eso supone que reciban fondos que hoy van al estado y las autonomías. Más poder municipal y menos autonómico y central. Una batalla que los Ayuntamientos han perdido estrepitosamente. Y nosotros con ellos.

domingo, 4 de agosto de 2013

Cuatro libros para entender la crisis y el mundo


Les propongo cuatro libros para leer este verano y poder entender mejor la crisis y el mundo en que vivimos. Cuatro libros de expertos que no repiten las tesis oficiales y que nos ayudan a comprender mejor las causas de la crisis, sus antecedentes, lo que tienen en común con otras crisis anteriores (en España y en el mundo) y, sobre todo, que proponen soluciones, para conseguir un nuevo orden mundial, con un mayor papel del Estado y de las normas, tras varias décadas sin regulación y con un poder absoluto de los mercados y las finanzas. Cuatro libros que tratan sobre los orígenes de la crisis financiera en EEUU, sobre las crisis económicas en España desde el año 1300, sobre los desmanes de la globalización y sobre el futuro de Internet, entre el gratis total y la descapitalización. Lean y reflexionen.  
enrique ortega

El primer libro es para recomendarlo a los que repiten que “la crisis ha venido porque todos hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”. Se llama “La gran apuesta”, del norteamericano Michael Lewis, que ya escribió un libro memorable sobre la especulación bursátil en los 80 (“El póker del mentiroso”). Es como una novela policíaca donde el muerto somos nosotros (La Gran recesión). El autor sigue la pista de ocho personajes reales, analistas e inversores de Wall Street, que hacen durante varios años una arriesgada apuesta: jugar a que el mercado hipotecario norteamericano se va a ir al garete y apostar en su contra para hacerse multimillonarios (80 a 1). Jugar contra la banca y ganar.Y de paso, nos cuenta la locura de unos bancos de inversión prestigiosos (Goldman Sachs, Merry Linch, Morgan Stanley, Lehman Brothers…) que convierten la Bolsa en un casino a costa de transformar millones de hipotecas basura en “papelitos” para inversores codiciosos.

La historia parece increíble pero es real: una banca norteamericana (y luego mundial) lanzada a dar hipotecas sin control, para convertirlas en bonos sobre los que especular, con comisiones millonarias. Una pelota imparable, asentada en ejemplos como una stripper de Las Vegas con 5 hipotecas sobre su casa o un mejicano recolector de fruta al que le dan una hipoteca para comprar una casa de 750.000 dólares. Y como cuenta Lewis, con pelos y señales, una operativa increíble y sin control alguno: hipotecas sin freno que se empaquetan en bonos y luego se reempaquetan en CDO (inversiones a partir de hipotecas basura) y cuando ya no hay más que ofrecer a los inversores… se crean préstamos falsos. Y todo, con la bendición (calificaciones triple A) de las agencias de calificación (Moodys, Standard&Poors, Finch), a cambio de millonarias comisiones (ver la oscarizada película Inside Job).

Y mientras, los protagonistas del libro, comprando seguros (permutas de impago crediticio) por las que cobrarían millones si todo se iba al garete, algo que parecía imposible (salvo para ellos). Y el mundo, desde EEUU a Asia pasando por Europa, invirtiendo en bonos hipotecarios que daban el oro y el moro. Hasta que las hipotecas basura se dejaron de pagar y el tinglado se vino abajo, hundiendo a bancos, inversores, empresas y familias. Pero no a los que habían convertido el mundo en un casino, que recibieron más de un billón de dólares en ayudas públicas en EEUU (y 1,6 billones de euros en Europa), sin que nadie fuera a la cárcel. Y todo ello, por la liberalización financiera de los años 80 y 90, con la que los Gobiernos dejaron las manos libres a bancos e inversores para especular a nuestra costa. Sin pudor: léanlo.

Esta crisis, la Gran Recesión, es una más (la más grave) en la historia de España, la número 28 en los últimos cuatro siglos, según el libro “Crisis económicas en España 1.300-2012”, elaborado por 15 profesores universitarios, que destacan como las dos anteriores más graves la crisis que coincide con la Guerra de la Independencia (1808-1840) y la crisis entre 1929 y 1955, un cuarto de siglo en que bajó la renta per cápita en España.

El mayor atractivo de este libro es que analiza las crisis económicas en España durante los últimos 800 años desde una doble perspectiva. Por sectores (crisis de población, agrarias, industriales, comerciales, bancarias, de deuda pública, inflacionarias y burbujas especulativas) y globales, destacando 12 grandes crisis desde 1850, la peor la crisis de la postguerra civil. Y en todas ellas, se ven muchos elementos comunes, que incluso se repiten ahora: errores en las políticas de los Gobiernos, falta de regulación, exceso de impuestos, mayor o menor apertura exterior, crisis bancarias, euforia y caída de las Bolsas, burbujas especulativas (como la del ferrocarril en 1.864, muy parecida a la reciente burbuja del ladrillo).

Destaca en el análisis histórico el retraso secular de España en incorporarse a la industrialización y a la globalización comercial, su aislamiento, que se vuelve a repetir con la autarquía de los años 50 y 60, incluyendo un completo análisis sobre los errores económicos del franquismo y sus consecuencias. Y resulta muy interesante y novedoso el análisis que hace este libro sobre el negativo papel económico de las guerras en la historia de España: ocho en el siglo XVIII, 17 guerras en el XIX (entre 1808 y 1840 no hubo un año sin guerra) y tres guerras más en el reciente siglo XX.

Volviendo a la crisis actual, si algo ha dejado claro es el fracaso de los mercados, a pesar de que siguen rigiendo nuestra vida, al presionar a la política fundamentalista de recortes de Bruselas y Rajoy. “La paradoja de la globalización”, del economista norteamericano Dani Rodrik, hace un análisis crítico de la globalización financiera y comercial, resaltando que la imposición de una política liberal para todos los países (salvo castigo en forma de fuga de capitales, altos tipos de interés y duros ajustes) ha servido para impedir el desarrollo de países del tercer mundo y a la vez para imponer unas duras condiciones salariales, laborales y bajos impuestos a las empresas en los países ricos, mientras multinacionales, bancos e inversores controlan la economía mundial y producen donde hay menos costes, sin apenas control de los Estados, que se ven forzados a unas políticas estabilizadoras.

Para Rodrik, el dilema del mundo está entre la hiperglobalización impuesta por los tecnócratas, las multinacionales, bancos e inversores y unos Estados democráticos que tienen que fijar nuevas reglas para conseguir crecer y crear empleo. Nuevas reglas que pasan por más autonomía en la política económica y comercial de los países (sobre todo los pobres), más controles y restricciones a las finanzas, más libertad de movimiento de la mano de obra y una nueva negociación con China, para reducir su tremendo superávit comercial, que puede estar en el origen de la próxima gran crisis mundial.

Y el cuarto libro, Parásitos, del periodista norteamericano Robert Levine, un lúcido análisis de Internet, que también sufre una crisis: la de definir su modelo, si opta por los sistemas abiertos y gratuitos (como defiende Google) o por las plataformas cerradas o de pago como Apple. Un debate que está hundiendo la industria de contenidos, desde la música y el cine a la prensa, y que corre el riesgo de descapitalizar Internet: si los creadores y las empresas de contenidos no cobran por su trabajo, se devaluarán los contenidos y con ello Internet. Un serio problema, al que no es ajeno Google, el potente mundipolio (la puerta de Internet para el 98% de los internautas españoles), cuyo comportamiento interesado (controla el  50% de la publicidad online) en defensa de “la libertad en Internet” analiza con gran rigor este libro.

Espero que estos libros les interesen y les aclaren lo que pasa.
¡Buen verano y hasta septiembre¡

jueves, 1 de agosto de 2013

Menos vacaciones y gastando menos


Este verano, más de la mitad de los españoles no saldrán de vacaciones, por primera vez en esta crisis. Y los que salen, se cogerán menos días de descanso y gastarán menos que el año pasado. No está el país para vacaciones, pero el que puede busca una casa en el pueblo o unos amigos para escaparse unos días y olvidarse de la crisis. Eso sí, en las playas habrá este verano más turistas extranjeros (sobre todo británicos, nórdicos y rusos), alcanzándose un nuevo récord de visitantes, gracias también  a la crisis de Egipto y Turquía, que nos desviará 726.000 turistas. En resumen: récord de “guiris” y crisis de nacionales para un turismo español, nuestra primera industria, que espera salir este verano de año y medio de recesión, en medio de una guerra de precios, cierre de empresas y fusiones, despidos y una profunda reconversión sin casi ayudas públicas. ¡Feliz verano ¡
enrique ortega

El turismo, la primera industria española, remonta suavemente la crisis: tras un mal comienzo del año y una caída en Semana Santa, se empezó a recuperar en mayo y junio y se espera que el PIB turístico crezca este verano (+0,2%), por primera vez desde 2011 (en 2012 cayó un -1,6%). Y que siga remontando en el último trimestre (+1,3%), para cerrar 2013 ligeramente en negativo (-0,4%), cayendo la cuarta parte que el conjunto de la economía (-1,6%), para crecer ya de nuevo en 2014, según las previsiones de Exceltur.

El motor de la recuperación turística, aún incipiente, es el turismo extranjero, gracias a la recuperación del turismo británico, nórdico y ruso (+30,8%), además del francés, alemán y suizo, mientras caen el italiano, portugués, norteamericano y latinoamericano. Pero sobre todo, hay un “regalo” de turistas desviados de Egipto y Turquía (británicos y alemanes), por la tensión política en ambos países, como ya nos pasó en 2011 con Túnez y la primavera árabe. El sector estima que esa crisis política traerá a España este verano unos 726.000 turistas “prestados”, que se gastarán 626 millones de euros con los que no contábamos.  

Con esta ayuda inesperada y la pequeña recuperación del turismo europeo, España espera tener un verano récord de turistas extranjeros: 22,3 millones entre julio y septiembre, un millón largo más que en el anterior verano récord de 2007, según previsiones oficiales. Y si hasta junio ya se había batido el récord de turistas extranjeros (26,1 millones, 1,1 millones más que hace un año), todo apunta a que será posible cerrar 2013 con un nuevo récord histórico de turistas extranjeros, por encima de los 58,6 millones de 2007. Y que además, se gastarán un 5% más que el año pasado, otro récord en ingresos por divisas del turismo (unos 45.000 millones, lo que cuesta pagar el petróleo).

La otra cara de la moneda es el turismo nacional, que supone la mitad del negocio y que sigue en crisis, por tercer verano consecutivo, por el paro, la recesión y la caída de salarios, que impide a muchos españoles tomarse vacaciones. De hecho, este verano, un 57% de españoles han renunciado a salir de vacaciones, frente al 49% en 2012. Una mayoría, que contrasta con otros países de Europa: en Francia, sólo el 34% se queda sin vacaciones, en Gran Bretaña el 38%, en Italia el 40% y en Alemania el 46 %, según una encuesta de Europ Assistance. Y ese 42 % de españoles que sí tomará vacaciones, gastará menos que el año pasado: 1.607 euros por familia (256 menos que en 2012), frente a 2.242 € de gasto medio europeo, los 2.343 € que gastan los alemanes o los 2.803 euros de los británicos.

Entre los españoles que toman vacaciones, la mayoría se queda dentro de España (sólo un 10% sale al extranjero) y el 63% prefiera la costa como destino, sobre todo Andalucía, Canarias, Levante y Cataluña. Un 50% pasa entre 5 y 15 días de vacaciones y sólo un 21% se coge entre 15 y 20 días. Más de la mitad esperan a última hora para hacer sus reservas, a la caza de ofertas, contratando directamente por Internet (sin agencia). Y siguen cayendo las vacaciones en hoteles, mientras sube la ocupación en apartamentos y campings, junto a las vacaciones en el pueblo y en casas de amigos.

En resumen, un turismo con dos caras como comprobaremos este verano: zonas de costa con más del 90% de ocupación por extranjeros y otras zonas con baja ocupación y menos turismo español. Se espera un lleno de extranjeros en Baleares, Canarias, Costa del Sol, Benidorm, Costa Dorada y Costa Brava, más Barcelona, Valencia, Málaga, Bilbao y San Sebastián. Y poco turismo nacional en la cornisa cantábrica, Galicia, Castilla y León e interior de Andalucía, Madrid capital, los hoteles de ciudad  y las zonas de turismo rural.

Con ello, le irá mejor a la industria turística de costa y dirigida a los extranjeros, que notarán una alta ocupación, aunque con precios bajos y un gasto limitado por la recesión europea. Los empresarios turísticos esperan remontar ventas pero no aumentar beneficios, por la guerra de precios y el aumento de los costes de energía, impuestos y gastos financieros (es un sector muy endeudado). Y de momento, se está creando poco empleo (precario), tras haberse perdido con la crisis uno de cada cuatro empleos en el sector  (-611.441 entre 2008 y 2013), haber cerrado la mitad de las agencias de viajes (de 14.000 a 7.000 oficinas), dos grandes empresas (Marsans y Orizonia) y con amenaza de cierre en muchos hoteles urbanos.

Ahora, la industria turística debe aprovechar el respiro de este verano (y la lotería de los turistas prestados de Egipto y Turquía) para terminar la reconversión del sector y prepararse para aprovechar la ansiada recuperación del turismo en 2014, ajustando oferta (con recortes y fusiones), renovando instalaciones e innovando ofertas, diversificando campañas (fuera del verano) y buscando nuevos mercados, ya que 9 de cada 10 turistas siguen siendo europeos. Pero además, la industria turística necesita financiación y ayudas para consolidarse como líder mundial. Y eso pasa por un cambio en la política del Gobierno Rajoy, que ha racaneado con el turismo, aprobando un Plan Nacional de Turismo 2012-2015 que destina 438 millones al año al sector,1 euro por cada 100 euros que aporta el turismo en divisas. Y no se han librado de los recortes: las ayudas al turismo cayeron de 776 millones (2010) a menos de la mitad en 2013 (330 millones). Y eso que mantiene más de 2 millones de empleos.

Bueno, otro verano en crisis, con pocas vacaciones de los españoles y récord de extranjeros. Y es que con 6 millones de parados, salarios mileuristas, impuestos en alza y continuas subidas de precios, no está el patio como para gastar en vacaciones, aunque eso impida recuperar una industria clave. La mejor ayuda al turismo es salir de la crisis, mejorar el empleo y recuperar el poder adquisitivo de los españoles. Y eso va para largo, como la recuperación. Como coger un mes de vacaciones. Esos veraneos son ya historia. Ahora, disfrutemos lo que podamos. ¡ Buen verano ¡