domingo, 12 de mayo de 2013

Tres años de recortes: austeridad suicida


Hoy hace tres años, el 12 de mayo de 2010, Zapatero presentó en el Congreso el primer paquete de recortes de la democracia, presionado por Bruselas tras el rescate de Grecia. Después, Rajoy ha hecho cinco ajustes más y España pasó de crecer a una recesión que dura año y medio y podría continuar en 2014. Tenemos 6,2 millones de parados y no se creará empleo neto hasta 2015. Esta política de austeridad, forzada por Alemania y los fundamentalistas de Bruselas, ha llevado a Europa a dos años de recesión (2012 y 2013), mientras EEUU, Japón y los países emergentes salían de la crisis. El FMI y algunas voces europeas piden acabar con la austeridad y reanimar las economías, pero Alemania se niega, al menos hasta pasadas sus elecciones de septiembre. Entre tanto, crece la tensión social y las desigualdades entre norte y sur. Y la mayoría de ciudadanos desconfían de Europa. La austeridad ha fracasado estrepitosamente. ¡Cambien ya ¡
enrique ortega a partir de Saul Bass

Todo empezó en octubre de 2009, cuando el socialista Papandreu desveló que el Gobierno conservador de Karamanlis había manipulado las estadísticas de Grecia (con ayuda de Goldman Sachs) para entrar en el euro y que el déficit era del 12,7% (luego el 13,6%). Eso desató una tormenta en los mercados, que Bruselas no atajó, porque Merkel se negó a que Alemania y Europa pusieran dinero para salvar a Grecia. Tras seis meses perdidos sin tomar medidas, la crisis se contagió a la Europa del sur y los dirigentes europeos se vieron obligados, en mayo de 2010, a rescatar a Grecia y aprobar un Fondo de 750.000 millones para salvar a los países del euro. Y en esa fatídica Cumbre, la noche del 8 al 9 de mayo, presionaron a Zapatero para que hiciera un gran ajuste: eso o caer en manos de los mercados y el rescate.

 El 12 de mayo, Zapatero fue al Congreso y anunció los recortes que rompían con sus tímidas (e inútiles) medidas de reactivación tomadas en 2009. Un tijeretazo de 15.000 millones en año y medio (Bruselas quería 30.000), con un alto coste social y económico: congelar pensiones, bajar 5% sueldo funcionarios, quitar cheque bebé, subir impuestos y recortar inversión pública. Año y medio después, Rajoy toma el relevo y profundiza los recortes, cinco en 16 meses (el último, en abril), un ajuste de 60.000 millones: subida impuestos, congelación sueldos funcionarios, despidos públicos y supresión extra de Navidad, recortes en desempleo, pérdida poder adquisitivo pensiones, recortes drásticos en sanidad, educación, dependencia y gastos sociales, bajada de salarios y desplome de la inversión pública (-50%). Y anuncia a Bruselas otro ajuste de 3.000 millones para 2013.

Resultado: caen los ingresos de la mayoría de españoles, desplomándose el consumo, y los recortes del gasto y la inversión pública hunden más la demanda y la inversión, provocando cierre de empresas y la pérdida de 1,8 millones de empleos en estos tres años. Y la economía, que se estaba recuperando (-0,3% en 2010 y +0,4% en 2011) volvió a caer en recesión y llevamos ya 6 trimestres consecutivos de caídas, que seguirán en 2013 (-1,3%). Y la recesión podría continuar en 2014, según temen el FMI, la UE y otros expertos. Sin olvidar que hay ya 6,2 millones de parados (el 27,16%) y el Gobierno espera no crear empleo neto hasta 2015 y terminar la Legislatura con el 25,8% de paro (3% más).

Tantos sacrificios y tan alto coste para que el gran objetivo, recortar el déficit público, no se haya conseguido apenas: tras intentar el Gobierno “hacer trampas” (retrasando devoluciones), quedó en el 7% en 2012 (10,6% con las ayudas a la banca), el más alto de la UE-27. Y Rajoy ha recortado el déficit del Estado (con la SS) sólo -0,12% (del 5,20 en 2011 al 5,08% en 2012), menos que Zapatero, que lo rebajó -0,69% (del 5,89 en 2010 al 5,20% en 2011), a pesar de hacer el  triple de recortes. La verdadera rebaja del déficit la han hecho autonomías (-1,55%) y  Ayuntamientos (-0,30%), a costa de cargarse la sanidad, la educación, la Universidad y los servicios públicos y sociales. Eso es porque con recesión, cae mucho la recaudación y no vale con los recortes. Lo mismo pasa con la deuda pública: ha subido del 68,7% del PIB (2011) al 84,2% (2012) y llegará al 99,1% (2015). El propio FMI lo advirtió en octubre: las políticas de austeridad no reducen la deuda sino que la elevan. Porque crecen los intereses (36.000 millones en 2013) y caen los ingresos y el PIB.

Es el balance de tres años de ajustes. Rajoy insiste en que estamos mejor, porque España ha evitado el rescate y los mercados vuelven a financiarnos, con la prima de riesgo por debajo de 300 (en julio de 2012 llegó a 638). Es cierto, pero no por mérito del Gobierno, sino por varios factores externos: intervención del BCE en julio y confianza de los mercados en que bajarían los tipos en Europa y se suavizarán las exigencias de déficit en España, Portugal y Francia. Y, sobre todo, porque hay mucha liquidez en el mundo, dinero que busca la alta rentabilidad de la deuda española: 4,25% a 10 años, frente al 1,71% del bono USA, el 1,54% del británico, el 1,17% del alemán o el 0,55% de Japón. Pero el miedo puede volver en cualquier momento  a estos inversores, porque España tiene un dato que nos hace muy vulnerables, como reconoció el ministro de Guindos: el 27,18% de paro, que puede provocar más crisis bancarias, un alto déficit y alargar la recesión, haciéndoles temer que no podamos pagarles.

La austeridad impuesta hace tres años por Merkel y los fundamentalistas de Bruselas, utilizando la presión de los mercados para “castigar al sur derrochador”, se ha saldado también con un balance nefasto para Europa. Por un lado, con tres rescates y medio más: Irlanda (noviembre 2010), Portugal (abril 2011), España (rescate bancario junio 2012) y Chipre (marzo 2013), con Eslovaquia en espera. Por otro, con dos años de recesión en la eurozona (-0,4% en 2012 y -0,3% en 2013), que ha contagiado no sólo a Italia (-2,1% y -1,5%), sino incluso a las economías más fuertes, como Francia (+0,2 y -0,1%), Holanda (-0,5 y 0,4%) o Gran Bretaña (-0,1 y 0,7%), llegando a la poderosa Alemania (cayó       -0,5% a finales de 2012). Y todo ello ha agrandado las desigualdades norte-sur, con una Europa a dos velocidades donde las empresas españolas o italianas se financian al 6% mientras las alemanas lo hacen al 3,5% y las francesas al 3,75% (en 2010, todas pagaban lo mismo, entre 4,5 y 5%). Y con 26,5 millones de parados en Europa (3,5 millones más que hace tres años), un paro también desigual, que va del 5,4% de Alemania o el 12,1% de la UE al 27,2% de Grecia.

El problema, reiterado por el FMI, es que Europa, por culpa de la austeridad a ultranza, es un obstáculo para que el mundo salga de la crisis, ya que decrece (-0,3% para 2013) cuando EEUU (+1,9%), Japón (+1,6%) y los países emergentes (+5,3%) crecen. Por eso, el resto del mundo pide a Bruselas que suavice la austeridad, porque hasta el FMI demostró técnicamente en octubre que los recortes excesivos llevan a la recesión. De momento, Bruselas ha aceptado abrir la mano con los déficits de España y Francia (2 años más, hasta 2016, para el 3%), más Portugal (1 año extra de margen). Y la reciente bajada de tipos del BCE (al 0,5%), con escaso impacto real . Pero Merkel no quiere ir más allá, no quiere oír hablar de gastar más (pedirle más dinero a los alemanes) hasta que pasen  sus elecciones de septiembre (que ganará). Y ni Hollande (un bluff), ni Letta ni Rajoy tienen peso político ni poder para llevarla la contraria.

Mientras, Europa sigue en recesión, destruyendo empleo y se va a perder 2013 sin tomar medidas efectivas. Hace falta un nuevo Plan Marshall de inversiones públicas financiadas con eurobonos, mayor liquidez del BCE para abaratar y movilizar el crédito, un Plan de empleo juvenil europeo, reanimar el consumo y las importaciones en Alemania y norte de Europa y, sobre todo, implantar eurobonos y un BCE que defienda a los países más débiles de los ataques especulativos de los mercados, que están pidiendo una Europa que crezca para que les asegure mejor cobrar sus inversiones.

Al final, España sola no puede hacer mucho para salir de la recesión: hay que presionar a Alemania y a los conservadores de Bruselas, en la Cumbre de junio para que Europa apueste por la recuperación. Mientras tanto, España tiene que aplicar otra política, con cuatro patas: gastar más en políticas de empleo (formación y reciclaje de parados), relanzar el consumo (frenando la caída de salarios) y el crédito, apoyar la recuperación empresarial (en la industria, la tecnología, las exportaciones y el turismo) y recaudar más para financiar esta reactivación y a la vez reducir el déficit.

Tres años después, la austeridad a ultranza se ha revelado no sólo inútil sino un suicidio para la economía de Europa y España, con un alto coste social para los ciudadanos, que ahora desconfían mayoritariamente de Europa, amenazada por el populismo (Italia, Reino Unido) y la extrema derecha (Francia, Grecia, Hungría y Finlandia). No puede consentirse que una minoría de políticos y “expertos”, a los que ciega su ideología, nos impongan seguir hacia el abismo. ¡Basta ya ¡

miércoles, 8 de mayo de 2013

Un millón de "adictos" al juego online


Cada día de este año, 2.000 españoles se han enganchado a jugarse dinero por Internet. Son ya 1,2 millones de personas, un millón más desde que se legalizó el juego online, en junio 2012. Y España es el cuarto país europeo que más dinero juega en la Red. Un “boom” que beneficia a Hacienda, (recaudará 160 millones) y al Estado, porque Loterías es la mayor empresa de juego online. Un despegue conseguido con dos tratos de favor. Uno, a los jugadores, que pueden ahora deducirse las pérdidas al declarar sus ganancias. Y el otro, por permitir al juego online un bombardeo de publicidad en TV, Internet y medios prohibido al tabaco y alcohol. El riesgo es que aumente la adicción al juego (ya hay un millón de ludópatas), el blanqueo de capitales y el fraude deportivo (amañar resultados). Jugar sí, pero sin que se nos vaya de las manos por conseguir ingresos para Hacienda, autonomías, el deporte, televisiones y medios de comunicación.
enrique ortega

La mitad de los españoles juegan alguna vez en bingos, casinos, tragaperras y casas de apuestas, donde se dejan unos 30.000 millones al año. Pero con la crisis, la prohibición del tabaco en estos locales y las limitaciones de publicidad, el juego “presencial” ha caído, pasando de 4,3 millones de jugadores habituales a 3 millones y perdiendo 45.000 empleos desde 2008 (la mitad de los 39 casinos han hecho un ERE y 10 han cerrado). En contrapartida, se multiplican los españoles enganchados al juego por Internet, sobre todo tras ser legalizado en junio de 2012: han pasado de 195.000 hace un año a un millón a finales de 2.012 y 1.162.000 a 20 de marzo (2.000 al día este año).

El juego online era “alegal” hasta el 5 de junio 2012, cuando empezaron a funcionar las primeras 53 empresas, para aprovechar la Eurocopa. A partir de ahí, ha crecido imparable y facturó en siete meses 2.727 millones de euros, casi el doble que en 2.011 (1.575). Con ello, España se consolida como el cuarto país europeo que más se juega en Internet, tras Gran Bretaña, Italia y Francia. Un mercado en auge, que mueve unos 45.000 millones anuales en Europa, controlado por tres multinacionales británicas (Ladbrokes, William Hill y Betfair) y la austriaca Bwin (con sede fiscal en Gibraltar).

Los españoles se gastaron en 2012 una media de 600 euros en juego online, dominado por el póquer (42,7% de lo jugado), las apuestas deportivas (37%), la ruleta (12,8%) y el black jack (5,8%).El retrato robot del jugador online es hombre (68%), de 25 a 64 años, con trabajo y estudios y que en su mayoría lleva más de un año jugando. Y en el póquer, hay un 20% de jugadores profesionales (viven de jugar), que mueven el 80% de la facturación. Curiosamente, la mayor empresa de este sector es Loterías del Estado, con 300.000 jugadores, y controla con otras tres más (multinacionales) el 90% de los jugadores.

Las empresas del juego online tuvieron en 2012 unos beneficios brutos de 560 millones, de los que un 25% se llevó Hacienda: 140 millones (más del doble de los 69,7 millones ingresados en 2011) que van a tapar el agujero de las autonomías y una parte al deporte. Y este año, el Fisco espera recaudar 160 millones del juego online, a cuyos jugadores acaba de dar un trato de favor fiscal: desde el 1 de enero de 2013, se pueden deducir lo que pierden de lo que ganan a la hora de declarar (declaración 2014), medida que beneficia también al juego presencial, aunque bingos, casinos y tragaperras se quejan de que en sus juegos es difícil conseguir recibos de ganancias y pérdidas. Los técnicos de Gestha critican que Hacienda permita deducir pérdidas “para atraer clientes” al juego online, mientras el Gobierno señala  que España es el único país europeo donde los jugadores online pagan impuestos (retención del 20% en premios superiores a  2.500 euros más declaración ganancias netas).

Con todo, las empresas del juego piden a Hacienda que les baje impuestos, del 25% actual al 15% que tienen en Reino Unido y en el País Vasco o incluso al 10% que pagará el juego en Madrid cuando empiece a funcionar Eurovegas. De momento, el Gobierno tendrá otro “detalle” este año: se reduce del 1 al 0,75 por mil la tasa administrativa que pagan las empresas por operar, lo que animará a nuevos operadores. Además, hay 9 autonomías (Aragón, Asturias, Madrid, Murcia, Castilla y León, La Rioja, Extremadura, CLM y C. Valenciana) que han bajado en 2013 sus impuestos al juego presencial (hay empresas comunes).

Otro trato de favor al juego online es permitirles la publicidad en todos los medios (con algunas limitaciones), algo prohibido para el tabaco y el alcohol. De hecho, con la legalización, la publicidad del juego online ha pasado de 90 millones en 2011 (sólo patrocinios, como el de Bwin en el Real Madrid) a 125 millones en siete meses de 2012, lo que podría suponer 250 millones en 2013. Un bombardeo publicitario que está salvando las cuentas de muchas cadenas de TV, empresas periodísticas y de Internet. No en vano, el juego online es ya el quinto negocio en el comercio electrónico, tras las agencias de viajes, la venta de billetes de avión, el marketing directo y el transporte terrestre de viajeros.

Quizás por ello, se habla poco en los medios y en Internet de los riesgos del juego online. El primero, que se enganchen los menores (está prohibido con menos de 18 años) y aumente la ludopatía (en España hay un millón de ludópatas, 15.000 en tratamiento). El segundo, el fraude: Hacienda ya ha expedientado a 30 webs ilegales, otras 80 han dejado de ofrecer juego en España y hay 250 en lista negra por operar sin licencia. Tercero, el riesgo de la confidencialidad y el dinero de los clientes (hay 90 millones en depósitos obligatorios para jugar). Y el cuarto, el riesgo de se utilice el juego online para blanqueo  de dinero negro y promover el fraude deportivo: ya se han detectado casos de “compra de resultados”, para ganar apuestas online, en el fútbol y en el tenis, en Europa, Asia y África.

Europa no tiene (tampoco aquí) una normativa comunitaria sobre el juego online, que está prohibido en siete países (como en EEUU) de los 27. Pero Bruselas ha preparado tres “recomendaciones” a los países: vigilar la protección a los consumidores (jóvenes y ludópatas), publicidad “responsable” del juego y lucha contra el fraude deportivo (“amañar” competiciones). En España, el Gobierno insiste que el control del juego online (jugadores, límites y reglas) es muy riguroso, con un acuerdo de autocontrol publicitario y un Consejo asesor del juego responsable donde están empresas, expertos y asociaciones de ex ludópatas. Y para 2013, el juego online va a ser una prioridad del Plan de inspección de Hacienda.

Con todo, el “boom” del juego online no ha hecho más que empezar y se espera que mueva 5.000 millones de euros este año. Quizás más, porque en 2013 todas las empresas ofrecerán  ya juego online en móviles y tabletas (ahora sólo tres operadores), lo que disparará su uso. Y habrá más publicidad, permitiéndose más juegos (tragaperras online). Además, con la crisis, sacarse un sobresueldo o un mínimo ingreso jugando es una tentación muy fuerte para cualquiera.

En definitiva, el juego online ha irrumpido con fuerza y crecerá mucho más. La mayoría juega por jugar, no por adicción, pero con tanta oferta, tanta publicidad y tanta crisis, el riesgo de engancharse se dispara, sobre todo entre jóvenes, parados y jubilados. Y el coste de la ludopatía es demasiado alto como para no vigilarlo de cerca (difícil en Internet), aunque el juego mejore las cuentas de los medios, Hacienda y el deporte. Juguemos, pero con cabeza.

domingo, 5 de mayo de 2013

Tregua en las "guerras" del agua


El Gobierno ha llegado a un pacto con tres autonomías que controla (Castilla la Mancha, Comunidad Valenciana y Murcia) para prorrogar hasta 2027 el trasvase Tajo-Segura, una de nuestras enconadas “guerras del agua”. Y antes del verano quiere conseguir otro pacto sobre el Ebro, muy difícil. Dos treguas (hasta la próxima sequía), presionados por Bruselas, que ha llevado a España a los Tribunales comunitarios por no tener Planes para los 25 ríos españoles y porque un 17% de ciudades no depuran sus aguas residuales. Todo ello revela una desastrosa gestión del agua, en un país con sequías crecientes, agravadas por el cambio climático, y donde la mitad de las aguas están deterioradas o contaminadas. Hay que recortar el consumo (el ministro Cañete dice que da ejemplo "duchándose con agua fría"), reutilizar y depurar más, subir tarifas y hacer una gestión sostenible del agua, con solidaridad entre los que más tienen y los que menos. Porque sin agua no hay futuro.
enrique ortega

Con lluvias (como este invierno) o con sequía (como en 2011 y 2012), España tiene un serio problema de agua. Primero, porque vivimos en un clima mediterráneo donde grandes zonas reciben menos de 200 milímetros de agua dulce al año, cuando la demanda es entre tres y diez veces mayor. Y la lluvia recibida se ha reducido un 5% en los últimos 20 años. Segundo, porque somos más vulnerables al cambio climático: una subida de 2º C en las temperaturas aumenta la evaporación del agua y el consumo agrícola, causando que los ríos hayan perdido un 30% del caudal en los últimos treinta años. Y tercero, porque más de la mitad de las aguas españolas están en mal estado, según la Fundación Nueva Cultura del Agua y WWF: se han perdido el 60% de los humedales, hay 510.000 pozos ilegales y 88 acuíferos sobreexplotados, 10.000 vertidos industriales a los ríos y sólo depuramos el 83% de las aguas residuales.

Poca agua y de mala calidad, con unos ríos maltratados por el riego, las industrias, el consumo y la contaminación. Por eso, la Comisión Europea lleva pidiendo a España, desde 2009, que gestione mejor los ríos, aprobando Planes de cuenca. Pero como si nada: el Gobierno Zapatero, agobiado por las guerras entre autonomías, no lo hizo y en junio de 2011, Bruselas denunció a España ante el Tribunal de Luxemburgo, añadiendo que si 14 estados europeos se habían puesto de acuerdo sobre el Danubio, aquí debía ser más fácil. Cuando el ministro Cañete llegó al Ministerio, sólo encontró un Plan de cuenca (distrito fluvial de Cataluña) de los 25 que debían haberse aprobado. Y se puso a la tarea, empezando por los ríos menos conflictivos. En octubre de 2012, el Tribunal europeo condena a España (habrá multas) y en noviembre, el comisario europeo de Medio Ambiente visita Madrid y da otro toque: hay que aprobar los Planes de todos los ríos ya.

En enero de 2013, el ministro Cañete convoca en Toledo a los tres barones implicados en el trasvase Tajo-Segura (Cospedal, Fabra y Valcárcel) y cierra en marzo un pacto que intenta contentar a todos: aumenta el agua de reserva para Castilla la Mancha (en embalses de Entrepeñas y Buendía), mantiene el caudal del Tajo en Aranjuez Toledo y Talavera y a cambio, Murcia y Alicante (2,5 millones de personas y 70.000 regantes) se aseguran el trasvase de agua (menos) si hace falta, hasta 2027, pudiendo incluso comprar derechos de agua a los castellano-manchegos. Una componenda que funcionará mientras no haya sequía.

Ahora, tras haber aprobado en marzo el Plan del Duero, el Gobierno quiere conseguir, antes del verano, otro pacto político para el Ebro, entre Aragón y Cataluña y Levante, que no parece fácil. Por un lado, el PP gobierna en Aragón con el PAR, que es “anti trasvase”. Y por otro, también hay pelea entre Aragón y Cataluña por el uso interno de las aguas del Ebro.

El Gobierno quiere tener aprobados los 25 Planes de cuenca para fin de año, como ha prometido a Bruselas. Y luego, pactar con las autonomías un Plan Nacional del Agua, la base de un nuevo Plan Hidrológico Nacional (el último lo aprobó Aznar en 2001). Ahora lo tendrá más fácil, porque el PP controla 11 de las 17 autonomías y porque no hay sequía. Pero hacer una política de agua coherente y sostenible no será fácil, porque España tiene un grave problema  de estrés hídrico (falta agua) que se va a agravar: el caudal de los ríos  mediterráneos se reducirá un 30% de aquí a 2050. Habrá que repartir la escasez.

Lo más urgente es reducir el consumo, más quien más agua gasta: el 77,87% lo consume la agricultura (INE 2010) y el resto es para abastecimiento urbano (71% lo gastan los hogares, un 20% las industrias, turismo y comercio y el resto los municipios). Pero hay un 17,5% del agua que se pierde (un tercio del consumo hogares), por fugas, roturas y averías (en Holanda es sólo el 5%), porque las redes de abastecimiento son viejas y no se invierte.

Además, hay que aumentar la reutilización y depuración de aguas (aunque depurar dos veces el mismo litro de agua cueste hasta 40 veces su precio inicial). Y aquí, España viene incumpliendo desde 2000 la normativa europea que obliga a depurar las aguas residuales. Bruselas nos ha apercibido varias veces, nos ha llevado al Tribunal de Luxemburgo, nos ha abierto expedientes y aún hoy quedan un 17% de aguas residuales sin depurar, en 23 ciudades de más de 15.000 habitantes (entre ellas, Gijón, Santiago, Vigo o Nerja, con depuradoras en construcción que no funcionarán hasta 2015), otras 39 de más de 10.000 y 912 pueblos de más de 2.000 (300 en Andalucía). La patronal estima que habría que invertir 1.000 millones al año para depurar bien (y sólo hay recortes).

Otra fuente de agua son las desaladoras, que el Gobierno ZP lanzó en 2004, tras anular el trasvase del Ebro y para paliar la grave sequía en Levante. Hay 17 en explotación y 15 en construcción, se han invertido 1.664 millones (la mayoría, de la UE) y Bruselas nos ha dado otro préstamo de 450 millones para acabarlas. El problema es que no se usan (funcionan al 16,45% de capacidad y aportan un 3,3% del agua que consumimos), porque ahora hay menos demanda (ha pinchado la burbuja inmobiliaria en Levante) y porque su precio es caro: entre 6 y 10 veces el del resto del agua, por culpa de la fuerte subida de la luz (70% costes). Pero las desaladoras son un seguro in extremis, que ya el verano pasado evitaron un grave problema de suministro en Murcia y Alicante al averiarse el trasvase Tajo Segura.

La clave es ahorrar agua, reducir el consumo (el ministro Cañete da ejemplo y dice que "se ducha con agua fría"), con planes y ayudas para la agricultura, el turismo y la industria (muy hipotecados por el agua, porque consumen de pozos y aguas subterráneas muy agotados), junto a una subida de tarifas del agua, para disuadir el consumo y financiar inversiones. De hecho, el precio del agua a los hogares en España es la mitad que en Europa: 2,76 € por m3 frente a 5,55 € en Reino Unido, 5,92 € en Francia o 6,96 € en Alemania, según Global Water Intelligence. Y una familia española paga 80 euros por habitante al año en agua frente a  400 euros en móviles, por ejemplo.

El agua es un bien escaso en todo el mundo, más que el petróleo, y la demanda superará en 40 veces la oferta para 2030, según el Foro Económico Mundial. Y España es aún más vulnerable, por ser un país mediterráneo y por la desastrosa gestión del agua en las últimas décadas. Hay que alcanzar un Pacto del Agua (no componendas políticas) para reducir el consumo, subir tarifas, recuperar acuíferos, reutilizar y depurar, sanear las cuencas y hacer una gestión sostenible y solidaria del agua. Porque sin agua no tenemos futuro.

miércoles, 1 de mayo de 2013

1 de Mayo: los trabajadores, peor que nunca


La mayoría de trabajadores esperan el 1 de mayo para escaparse de puente. Pero es una fecha para hacer balance del trabajo en España, que atraviesa el peor momento en la democracia: 6,2 millones de parados, muchos contratos temporales, más subempleo, sueldos mileuristas y a la baja, pérdida de poder adquisitivo, más pobreza y desigualdad, recorte de pensiones y prestaciones sociales. Y tres colectivos que sufren especialmente la crisis: jóvenes, mujeres y mayores de 55 años. Todo ello, mientras las empresas ganan peso en el reparto de la renta, frente a los salarios, por primera vez en 32 años. Y con los sindicatos cada vez más débiles y suspendidos por la mayoría de españoles. El problema de fondo es que se ha aprovechado la crisis para recortar derechos laborales a los trabajadores, que serán muy difíciles de recuperar cuando llegue la ansiada recuperación.Trabajar ya nunca será como antes.
enrique ortega

La mayoría de trabajadores quizás no saben que el 1 de Mayo se celebra como homenaje a los 5 anarcosindicalistas ahorcados en Chicago (EEUU), tras la huelga general iniciada el 1 de mayo de 1886 por la jornada de 8 horas diarias (se hacían entre 10 y 12). Pero sí saben que hoy, tras cinco años de dura crisis, pintan bastos para el trabajo, en España y en todo el mundo. Lo peor lo llevan los que han perdido su trabajo, 3,84 millones de españoles, pero los 13,9 millones de asalariados que siguen con un empleo están sufriendo cada día precariedad, peores condiciones laborales y recorte de salarios, mientras pierden poder adquisitivo, prestaciones sociales y temen por sus pensiones futuras.

El peor 1 de Mayo es para los 6,2 millones de españoles sin trabajo, de los que 3.842.200 han perdido su empleo con la crisis (3.263.800 asalariados). Y dentro de los parados, hay tres bloques que se llevan la peor parte: más de la mitad de los parados (51,08%) que no cobran ningún subsidio (3.167.864 parados EPA), la mitad larga (56,3%) que lleva un año o más sin trabajar (3.49 millones de parados de larga duración) y más de la mitad de los parados que no tienen formación (casi 3 de cada 4 parados después de 2008 tienen sólo estudios primarios o secundaria incompleta). O sea, que la mitad de los parados carece de ingresos  y tiene un futuro negro.

Junto a los parados, hay dos colectivos preocupantes. Uno, los “desanimados: personas en edad de trabajar (16-65 años) que ni trabajan ni buscan ya trabajo: son casi 600.000, según la EPA, el triple que antes de la crisis (198.300 en 2007). Y otro, los subempleados, los que trabajan menos horas de las que quisieran: 2,3 millones de trabajadores, según Afi-Agett, casi un millón más que antes de la crisis. De ellos, 1,5 millones trabajan a tiempo parcial por obligación  y el 53% son mujeres (35 a 44 años).

En conjunto, la suma de parados, desanimados y subempleados da 8,9 millones de trabajadores que los expertos llaman “descontentos, un 39,5 % de la población laboral. Pero el resto no está precisamente contento. Primero, porque un tercio de los trabajadores (35%) temen perder su empleo en 2013, según un estudio de Hays. Y tienen motivo: con una nueva caída del PIB del 1,4% (según Bruselas), este año se perderán otros 500.000 empleos. Y segundo, porque la crisis y la reforma laboral (febrero 2012) han deteriorado sus trabajos y sus sueldos.

La reforma laboral del Gobierno Rajoy, en plena recesión, ha provocado tres efectos negativos. Uno, ha aumentado el paro (-850.000 empleos en 2012), al facilitar los EREs (+56%, con 451.893 trabajadores afectados) y despidos individuales (146.647 demandas por despido en los juzgados, +25,3%). Dos, los ha abaratado: el coste medio por trabajador ha bajado un 23% (al generalizarse los 20 días por año). Y tres, ha rebajado los salarios: 3 de cada 4 empresas han utilizado la reforma laboral para despedir o bajar salarios, según un estudio de Adecco-Sagardoy. Y un tercio de las empresas redujo o congeló salarios en 2012, según otro estudio de Deloitte.

La devaluación de los salarios está en marcha desde 2010, con tres años de bajadas en los costes laborales, un 8,5% en 2012. Así, el coste laboral por hora trabajada en España (2011) es un 25,3% inferior a la zona euro: 20,6 euros por hora, frente a 34,2€ en Francia, 30,1€ en Alemania o 26,8€ en Italia. La subida de los convenios 2012 fue del 1,3% (+0,7% los nuevos) y este año, la patronal no quiere cumplir el anterior pacto con los sindicatos (+0,6% de subida para 2013 y 2014), apostando por la congelación y la rebaja de salarios. Mientras, el Gobierno ha enviado a Bruselas un Plan de estabilidad que contempla rebaja de los costes salariales hasta 2016: -1,7% en 2012, -1,0 en 2013 y -0,5% para 2014 y 2015.

Con ello, los salarios han ido perdiendo peso en el reparto de la tarta de la renta y en 2012 se llevaron sólo un 44,2 %, menos que los excedentes empresariales (46,1%), por primera vez en los últimos 32 años. Y además, hay más desigualdades salariales y más mileuristas: 15 millones de españoles (4 de cada 10) ganan menos de 1.000 euros al mes. Y de ellos, 4.528.830 son asalariados (30% de trabajadores son mileuristas). Pero la mitad no llegan ni a eso: 2.830.304 trabajadores (18,7% del total) son minieuristas, ganan menos de 820 euros al mes. Y casi la mitad (10% de los asalariados) gana el salario mínimo (645,30 € al mes).

Además de salarios congelados o a la baja, los trabajadores sufren una pérdida de poder adquisitivo, porque los precios suben más que su sueldo y el Gobierno ha subido impuestos: el IRPF en 2012 y 2013 (subida entre 0,5 y 7% del tributo, unos 250 euros al año para un trabajador que gane 30.000 euros) y el IVA en septiembre 2012 (500 euros al año por familia), además de subidas de tasas (municipales, universitarias, judiciales) y copagos. Con ello, los trabajadores han perdido un euro al día en 2012 y otro tanto en 2013, tras ser España el tercer país europeo donde los salarios han perdido más poder adquisitivo entre 2010 y 2012 : un -6%, tras Portugal (-10%) y Grecia (-20%), mientras crecía en Alemania (+1,5%).

Pero no es sólo el bolsillo. La crisis y la reforma laboral han agravado la precariedad laboral, con un exceso de contratos temporales (23% frente al 14,1% en la UE) que se encadenan (4 de cada 10 trabajadores), ahora más fáciles de hacer a los jóvenes (desde marzo 2013, el Gobierno permite a las empresas hacerlos sin tener que alegar causa para ello).Además, muchas empresas han quitado beneficios sociales (vales comidas, seguro médico, autobuses de empresa, ayudas hijos y guarderías, plan de pensiones…), pago de complementos y horas extras, han forzado movilidad y cambiado horarios.

Y ahora es más arriesgado ponerse enfermo: se puede despedir a un trabajador si falta al trabajo, aún con baja médica, 10 días en  dos meses. Por eso, muchos van a trabajar enfermos, según distintos estudios, y el 85% pasan más horas en el trabajo de lo que deben (en 2010 eran el 45%), según Randstad. Más horario cuando España es el cuarto país de Europa que más horas trabaja (por detrás de Austria, Portugal y Suecia): 1.690 horas frente a 1.433 horas en Alemania (-20%), 1.476 en Francia o 1.625 en Reino Unido. Trabajamos más con menos sueldo: 22.790 euros de media (INE 2010) frente a 27.036 euros en la UE, 40.914 en Alemania o 46.058 en Gran Bretaña.

Hay 3 millones de trabajadores, los del sector público, que han sufrido un gran retroceso laboral: tres años consecutivos de congelación salarial, supresión extra de Navidad, recorte de mejoras y más despidos (218.900 en 2012). Y hay 800.000 interinos y contratados en el Estado, autonomías y Ayuntamientos que tienen muy negro su futuro. Junto a ellos, hay tres colectivos que están sufriendo más la crisis : los jóvenes ( con un 57,2% de paro entre los menores de 25 años y 1.865.000 jóvenes de 15 a 25 años que son ni-ni : ni estudian ni trabajan), los mayores de 55 años (casi 3 millones de españoles que son ni-ni-ni : ni trabajo, ni paro ni pensión) y las mujeres: trabajan sólo la mitad de las que podrían, con más precariedad y peores puestos, cobran un 22,5% menos, tienen más paro, cobran menos desempleo y se jubilan con un 40% menos de pensión que los hombres.

Tras este repaso, parece claro que el balance laboral en este 1 de Mayo es bastante negro. Y no se ven mejoras a corto plazo. Por un lado, hay entre 2 y 3,5  millones de trabajadores con convenios sin firmar y que caducan en julio 2013: los sindicatos temen que las empresas no quieren renovarlos para empeorar las condiciones laborales de estos trabajadores. Por otro, la salida de la crisis podría retrasarse a 2015, según la UE y el FMI. Y llegará con un bajísimo crecimiento (+1,6% para 2018), que apenas creará empleo y que mantendrá unas duras condiciones laborales en unas empresas con pocas ventas.

Al final, la crisis, la globalización y las políticas de Bruselas y Rajoy se han sumado para debilitar las condiciones laborales de los trabajadores como nunca antes en España. Y eso, con unos  sindicatos más débiles, que han perdido afiliados y credibilidad: un 70% de españoles los suspenden y son la 8ª institución peor valorada, sólo por detrás de los políticos, el Gobierno, bancos, obispos  y patronal, según Metroscopia.

La cuestión es que un país moderno no puede aspirar a competir en el mundo con un modelo laboral de China o Marruecos sino con una economía asentada en la industria, la tecnología y las grandes empresas, con trabajadores formados y productivos, no con casi 9 millones de españoles insatisfechos y generaciones perdidas por el paro y el subempleo. Un negro panorama laboral no hace la economía más competitiva, sino menos. Trabajar a disgusto no es rentable.