domingo, 17 de julio de 2011

Energías renovables a paso lento

El Gobierno se despide aprobando un Plan de Energías Renovables 2011-2020 que busca obtener la quinta parte de la energía del aire, el sol y otras energías alternativas. Pero se trata de un Plan menos ambicioso que el anunciado el año pasado, con menores primas a las renovables, por la crisis. Y eso, a pesar de que Alemania, Italia y otros países van a relanzar las energías alternativas, tras la crisis nuclear de Japón. España, que está en primera línea en energías renovables, con empresas que son líderes mundiales en eólica y solar, corre el riesgo de quedar rezagada en la carrera por las energías limpias, que reducen la creciente factura del petróleo y crean tecnología, divisas y empleo. Podemos y debemos ser una potencia en renovables, pero hace una política decidida de apoyo, no recortes y cambios continuos.
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Las energías renovables han pasado en pocos años de aportar en España una pequeña parte de la energía (8,3% en 2005) a ser el 13,2% en 2010, con la vista puesta en que generen el 20% de la energía en 2020, la exigencia de Bruselas para toda la UE. Lo más importante es que un tercio de la electricidad (32,3%) que se consumió en España en 2010 ya procedía de las renovables: 14,6% de la eólica, 14,1% hidroeléctrica, 2,3% solar y el 1,6% de la biomasa y otras. Y en marzo de 2011, la energía eólica se convirtió en la primera fuente de electricidad (21%), por delante de la nuclear (19%), la hidráulica (17,3%) y el gas (17,2%).
Cara al futuro, la apuesta del Gobierno, en el PER 2011-2020 presentado en mayo, es mantener el esfuerzo, pero con menos ambición que el Plan anunciado en 2010: las renovables aportarán el 20% de la energía final, en  vez del 22,8%. Y sólo un 38,5% de la electricidad será renovable (ahora es el 32,3%), con altos porcentajes de kilovatios que vendrán del gas (34,7%) y nucleares (14,5%), aunque menos del carbón (8,2%) y el petróleo (2,2%). En la energía eólica, el nuevo Plan sólo incluye los proyectos ya autorizados por las autonomías y reduce a la cuarta parte la eólica marina. Se reducen también los objetivos para la biomasa y la geotermia es testimonial. En  cuanto a la solar, se asigna un objetivo de 350 MW al año, cuando Alemania ha instalado veinte veces más sólo en 2010.
La Fundación Renovables cree que este nuevo Plan retrasa en diez años el desarrollo de las renovables en España y propone dar un impulso para que aporten el 30% de la energía en 2020. De hecho, Alemania ya ha revisado sus objetivos, tras aprobar el abandono nuclear para 2022 por la crisis  de Fukushima, y busca ahora que las renovables aporten un 35% de su energía en 2020. Italia también ha parado su plan nuclear y tendrá que reforzar las renovables, como ha propuesto Obama en Estados Unidos y están haciendo otros países, incluido China.
España es uno de los países de referencia mundial  en energías renovables: somos líderes mundiales en energía eólica y nuestras empresas gestionan un tercio de la energía renovable en EEUU. Y en energía solar, somos el segundo país europeo en potencia instalada y tenemos la cuarta industria del mundo. Pero en 2010, con el recorte de primas a la energía eólica (240 millones) y solar (2.220 millones), para evitar mayores subidas de la luz, junto a los cambios normativos y la intromisión de las autonomías (concursos y nuevos impuestos), la industria española de renovables está muy tocada: la inversión cayó un 53 % y las empresas sobreviven ganando proyectos eólicos y solares en el extranjero.
Las energías renovables chocan con el sambenito de que son todavía muy caras y necesitan cobrar primas, que pagamos los usuarios en el recibo de la luz. Es verdad: el PER contempla pagar 18.500 millones en primas a las renovables, que irán perdiendo peso en el recibo: de suponer el 21,4 % de los costes del sistema eléctrico en 2010 pasarán al 10,1% desde 2018, año en que ya el ahorro de energía es mayor que el coste de las primas a las renovables. Son energías nuevas, en desarrollo, que exigen apoyo inicial, pero  que aportan grandes ventajas: ahorro en la factura energética (este año, más de 50.000 millones entre petróleo, gas y carbón), menos emisiones de CO2 (- 20% para 2020), más empleo estable (podrían crearse 100.000 en esta década), más tecnología y un creciente número de empresas españolas líderes en renovables, exportadoras y muy competitivas en Europa, Norteamérica y Asia.
De momento, el Gobierno ZP, abanderado de las renovables en 2004, ha plegado velas, acuciado por el ajuste presupuestario (el PER sólo contempla 323 millones/año en subvenciones y financiación pública a las renovables) y las presiones de las eléctricas, que prefieren las centrales de gas y las nucleares a pagar las primas de las renovables. Y no ha querido lanzar el debate nuclear, como Merkel o Berlusconi. Pero la cuestión está ahí y si no se renuevan las nucleares habrá que potenciar las renovables, una de las pocas industrias donde España puede ser líder mundial, una de las industrias para salir de la crisis. Pero la decisión, como tantas otras cosas, se retrasa para el futuro Gobierno en 2012. Y haría falta un gran Pacto energético, otro más, para trabajar a 20 años vista. Mientras, nuestras empresas venden generadores eólicos y centrales solares por todo el mundo, pero no en España.  

miércoles, 13 de julio de 2011

Infraestructuras con cuentagotas

El recorte del gasto público no sólo se da en funcionarios, pensiones, sanidad, educación o desempleo. Una parte importante es la caída de la inversión pública en infraestructuras. Este año, el Presupuesto ya dio un primer tijeretazo de 6.600 millones en carreteras, ferrocarriles, puertos y obras hidráulicas. Pero al final, se están frenando las obras y se va a gastar sólo dos tercios de lo previsto. Con este segundo recorte, España asiste a la mayor paralización de obra civil en 40 años. Cara al Presupuesto 2012, se teme un nuevo recorte de la obra pública. El ministro Blanco ya ha propuesto cobrar la euroviñeta a los camiones y los constructores piden subir los carburantes. Hay que salvar del ajuste las infraestructuras básicas, no los AVE sin viajeros, las autopistas sin coches  o los aeropuertos sin aviones.
                                                                               Ilustración: Enrique Ortega
España vivió en las últimas décadas una burbuja de infraestructuras, con la ayuda de los fondos europeos. Sólo entre 2004 y 2008, la inversión pública en infraestructuras creció un 45%, el doble que en la zona euro. Pero llegó la crisis y con ella los recortes, centrados también en las infraestructuras: un -19% en 2010 y un - 31% para 2011, año en que se preveía gastar 14.639 millones (con un tijeretazo de gasto de 6.600 millones). Pero al final, el recorte será mayor, ya que el ministro Blanco ha reconocido que sólo se van a licitar obras por 10.000 millones de euros, dos tercios de lo presupuestado.
En abril de 2010, el ministro Blanco anunció a bombo y platillo un Plan Extraordinario de Infraestructuras (PEI), para compensar los recortes del Presupuesto: se trataba de realizar 28 obras (19 ferroviarias y 9 de carreteras) entre 2010 y 2011, para crear 400.000 empleos, con una inversión de 17.000 millones, que en parte se haría con fondos y créditos privados  y que se pagarían a partir de 2014, para recortar ahora el déficit. Los constructores estaban eufóricos. La realidad es que, a junio, de los 28 proyectos sólo se han licitado 4 (todos ferroviarios) y sólo se ha adjudicado uno. Con ello, la estimación de Fomento es que la inversión del PEI se quedará en 5.000 millones, el 70% de lo previsto.
No sale el Plan de Infraestructuras, ni otras obras públicas, porque Hacienda está mirando con lupa los proyectos y frenando las inversiones, para recortar el déficit público. Y lo mismo están haciendo autonomías y Ayuntamientos, que han reducido a la mitad su obra pública. El resultado es que la licitación de obra civil ha sido, hasta mayo, de sólo 752 millones de euros, un 77% menos que en 2010, un año en que la obra pública cayó en 12.500 millones, con la pérdida de 237.000 empleos, según la CNC. Y se estima que entre 2010 y 2014, el recorte de inversión de obra pública será de 45.000 millones de euros. Las empresas, que se ven forzadas a buscar obras por todo el mundo, ya han dado la voz de alarma: es la mayor caída de la inversión pública en 40 años y el mayor lastre para salir de la crisis y crear empleo.
El problema no es sólo que no se hagan infraestructuras. Lo grave es que apenas se invierte en obras hidráulicas, mercancías, puertos y obras medioambientales y el poco dinero que se gasta va a autovías (no a conservación de carreteras) y  al ferrocarril, especialmente al AVE. Así, de las 4  obras licitadas en el PEI, la inversión importante (3.500 millones) son los primeros tramos del AVE a Galicia (10.000 millones para llegar en tres horas en 2015), que permitirán inaugurar el tramo Orense-Santiago-A Coruña, a 250 por hora, en diciembre, una obra en la que el ministro Blanco (gallego) ha comprometido su prestigio político. Un AVE costoso y que tendrá poco tráfico, como el previsto para Extremadura (ahora más problemático al suprimirse el AVE portugués), que se suman al AVE a Valencia (1 millón de viajeros en seis meses cuando se preveían 3,6 millones al año) y a la supresión de la línea Toledo-Albacete, por llevar 8 pasajeros al día (costaba 2.000 € diarios por pasajero). Todo ello debería abrir un debate sobre si es el momento de seguir invirtiendo en AVE: España es el país europeo con más kilómetros de alta velocidad y menos viajeros transportados, tras una inversión de 30.000 millones (el doble que en aeropuertos, con sólo el 10% de pasajeros).
Cara a 2012, todo apunta a que habrá un nuevo recorte de la inversión en infraestructuras, ya que el Gobierno acaba de recortar de nuevo el techo de gasto (-3,8%) y dado que, al ser un año electoral, se buscará recortar menos los gastos sociales. Pero sería grave volver a dar otro tijeretazo a la obra pública, que podría servir para reanimar la inversión y el empleo, además de mejorar la productividad de la economía. Pero para eso, hace falta ser selectivos e invertir en infraestructuras necesarias y que aporten más valor añadido: fomento mercancías, corredor mediterráneo Almería Port-Bou, cercanías, obras hidráulicas, rondas y circunvalaciones, obras medioambientales, mantenimiento de carreteras…Menos AVES y más pantanos (para que no haya restricciones de agua en verano) o depuradoras (para miles de pueblos que no las tienen).

Un debate que habría que hacer sin demagogia y sin presiones políticas y locales, a pesar de las elecciones 2012. El ministro de Fomento cree que "no es posible mantener y completar la red de infraestructuras sin tocar los impuestos" y va a proponer a las autonomías implantar la euroviñeta a los camiones en las autovías. Y las constructoras ya han pedido subir 5 céntimos los carburantes para mantener las carreteras. Hace falta otro Pacto, de las infraestructuras, para decidir gastar más, en qué y cómo financiarlo, para hacer obras que nos ayuden a salir de la crisis.    

domingo, 10 de julio de 2011

El ahorro se refugia en los depósitos

La gran mayoría de los españoles invierte en comprar su casa y el resto del ahorro se reparte entre la Bolsa, Fondos y Planes, seguros y, sobre todo, depósitos bancarios, donde está ya casi la mitad de nuestra hucha. El Gobierno acaba de poner trabas a la “guerra del pasivo”, penalizando a los bancos y Cajas que paguen altos tipos por depósitos y cuentas, para intentar abaratar el crédito. Pero mientras las entidades necesiten financiación, harán buenas ofertas a los ahorradores, a los que también tientan los Fondos y la Bolsa, con dividendos cada vez más elevados. Pero hay que pensar en el futuro e invertir más en Planes de pensiones y menos en depósitos, como hacen los demás europeos.
La principal inversión de las familias españolas es el ladrillo, su casa, que supone el 76% del patrimonio: con 27 millones de viviendas, somos el país de Europa con más propietarios. Del 24% restante, 1,77 billones de euros en activos financiaros, casi la mitad de la inversión está en depósitos bancarios (48,5%) y el resto se reparte entre inversión directa en empresas (25,4%, del que un 18,8% son acciones en Bolsa), Fondos de inversión (7,1%), Planes de pensiones (5,3%) y créditos y otras inversiones (3,8%).
Los depósitos bancarios son, después de la vivienda, la principal inversión de los españoles y el destino de la mitad de sus ahorros: 859.913 millones de euros en 2010, un récord histórico. Y eso porque es un producto sencillo, seguro y rentable: un depósito de 25.000 euros a un año, al 3,25% renta 1.004,79 euros brutos, pase lo que pase (y los depósitos están garantizados hasta 100.000 euros). Con la “guerra del pasivo”, bancos y Cajas han competido subiendo tipos, por encima del 4%, y eso ha atraído al ahorro a depósitos a plazo, aunque todavía hay mucho dinero a la vista: choca que los españoles tengan en cuenta corriente, al cero patatero, 93.000 millones de euros, casi tanto como el dinero invertido en Bolsa (105.000 millones), donde están 5 millones de españoles.
El Gobierno acaba de aprobar un Decreto para limitar la “guerra del pasivo”, al penalizar a bancos y Cajas que paguen más del 3,14 % en los depósitos a plazo y el 2,22% en cuentas de alta remuneración, desde el 4 de julio. Pueden dar más interés, pero entonces tienen que pagar cinco veces más al Fondo de Garantía de Depósitos (FGD): si ahora un gran banco podía pagar 60 millones por una campaña de superdepósitos, ahora pagará 300 millones. El objetivo es abaratar el crédito, ya que si bancos y Cajas se enzarzan en una guerra por el ahorro, lo que pagan de más al ahorrador lo compensan cobrando más los créditos (hasta un 6% una hipoteca y un 10% un crédito personal, contando todos los gastos) y subiendo las comisiones. Además de recortar márgenes, un problema para muchas Cajas en apuros.
La medida es mala para los ahorradores y no gusta a las entidades, que tienen problemas para financiarse en el mercado, donde hay poco dinero y caro. Muchos bancos y sobre todo Cajas tendrán que seguir con superdepósitos, para financiarse, aunque seleccionarán a los clientes (pidiéndoles que contraten además otros productos) y buscarán otras vías, como los depósitos estructurados o combinados: una parte es un depósito y otra uno o varios Fondos o valores, con lo que resulta más fácil enmascarar la rentabilidad (TAE). Otras entidades ya han empezado a ofrecer a sus clientes, como alternativa a los superdepósitos, Fondos garantizados: es una inversión a tres o cuatro años, que garantiza al final lo que se ha puesto y algo más (sobre un 3%). Pero si se vende antes, se puede perder.
En los próximos meses, bancos y Cajas se van a volcar en las salidas a Bolsa, más de una docena, desde Bankia a Loterías del Estado (la más interesante). Hay que ser precavido, a pesar de que nos van a marear con publicidad, porque suele haber un exceso de demanda y luego una caída tras empezar a cotizar. Mejor es invertir en Bolsa mirando el valor y buscando el dividendo, lo que pagan las empresas al año, pase lo que pase: por ejemplo Telefónica pagará 1,75 euros por acción en 2012 (1.750 euros por 1.000 acciones, que son 16.500 euros, un 9,66% de rentabilidad). Y hay 11 de los 35 valores del IBEX que dan una rentabilidad por dividendo superior al 5,4%. Algo que no da ningún depósito, aunque existe el riesgo de que las acciones bajen. Pero a 10 o 20 años vista, la Bolsa resulta casi siempre rentable, por lo que las familias han vuelto a la Bolsa. Y más con los bajos precios actuales, aunque hay que esperar que se calmen los mercados.
Por encima de los depósitos, Fondos o acciones, no tenemos que olvidar los Planes de pensiones, una necesidad para todos a la vista de los recortes aprobados con la reforma. Hay ya más de 10 millones de españoles con Planes, pero invirtiendo una cantidad ridícula: 7.900 euros por cabeza, lo que nos daría 20 euros de pensión al mes…De hecho, hay que cambiar el chip, ya que sólo un 14% de la inversión de los españoles va a Planes y seguros (y un 49% a depósitos) cuando en Europa es un 34% (lo mismo que en depósitos).
Al final, lo importante es poder ahorrar para invertir, ya que la mayoría de los españoles no ahorran (sigue cayendo la renta disponible) o tiran de la hucha para llegar a fin de mes. Y los que ahorran ven que la inflación (3,2% en junio) se come la rentabilidad de sus inversiones, tanto de los depósitos (2,67% interés medio) como de los Fondos y Planes (la mayoría por debajo del 3%) y la Bolsa (gana un 0,8 % este año). Peor sería guardarlo en el colchón. Pero hay que incentivar el ahorro para financiar la salida de la crisis.

miércoles, 6 de julio de 2011

La crisis frena la innovación

Todo el mundo apuesta por la innovación, por invertir en I+D+i para cambiar el modelo económico español. Pero llevamos ya tres años de caída de la inversión en innovación, por el recorte de los presupuestos públicos y de las empresas, sobre todo las pymes. Eso nos retrasa más aún de Europa, donde gastan casi el doble en I+D. Pero el problema no es sólo de dinero. También hay que gastar bien (uno de cada cuatro euros del Presupuesto no se gasta), hay que mejorar las ayudas fiscales, hay que buscar financiación y, sobre todo, hay que mejorar la formación y la educación, apostando por los jóvenes emprendedores. Hacer como país un gran Pacto por la innovación, para que nos saque de la crisis.
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Los datos del INE lo acaban de confirmar: el gasto en I+D en España volvió a caer un 1,7 % en 2010, más que en 2009 (-0,8%), el primer año en que bajaba el gasto total en I+D  (14.582 millones €) después de 15 años de crecimientos consecutivos. Lo peor es que 2010 ha sido el primer año en que bajó el gasto público en I+D (-0,9%), aunque se suavizó la caída en el gasto empresarial (-2,4% frente a -6,3%). Ahora, todo apunta a que en 2011 volverá a caer la inversión en I+D, ya que el Presupuesto se ha recortado este año un 7% y las empresas no parece que estén para gastar en innovación.
Con ello, España se coloca aún más a la cola de Europa en innovación : gastamos el 1,38 % de la riqueza (PIB) en innovación (I+D), frente al 2,34% de la OCDE y el 1,89% de la Unión Europea, que es mucho más en el caso de Alemania (2,68%) o Francia (2,11%).Con ello, España se ha colocado en el puesto 18 de 27 en el ranking europeo de innovación, sólo por delante de Grecia, Malta y 7 países de la Europa del Este. Y mientras aquí hacemos recortes, Alemania, que gasta más del doble que España (1025 dólares por habitante frente a 446), ha aumentado su inversión pública en innovación un 7% este año.
En España, la mayoría del gasto en I+D lo financia el sector público (55%), mientras que en otros países desarrollados son las empresas las que gastan 2 de cada 3 euros en innovación. Aquí, de las 13.650 empresas que invierten en I+D, según el informe COTEC 2011, hay 1.150 grandes empresas que han recortado poco su inversión (-9%) y mantienen su plantilla de investigadores, pero son las 6.500 pymes (10-50 empleados) las que más han reducido su inversión en I+D (-17%), por la caída de ventas y la dificultad de encontrar financiación.
Sin embargo, faltan más proyectos que dinero. Así, 1 de cada 4 euros del Presupuesto del Ministerio de Innovación en 2010 no se gastó, porque empresas y autonomías pidieron sólo un 60% de los créditos públicos disponibles (3.218 millones). O sea que 1.287 millones de préstamos para I+D no se gastaron. Y de cada 100 empresas, 34 desaprovechan las ayudas a la investigación, según un estudio de Alma Consulting. Falta información y simplificar trámites. Y tampoco funcionan los incentivos fiscales a la I+D: no los utilizan ni el 75% de las empresas innovadoras, porque Hacienda las está echando atrás y corren el riesgo de una inspección.
Pero la innovación no es sólo cosa de dinero, como señala el último Informe COTEC: hace falta promover una cultura de la innovación, de arriba abajo, y sobre todo con la educación, que debe estar más dirigida a las empresas y la formación para el empleo. Y aplicar la innovación al día a día, sobre todo en las pymes y autónomos: no es de recibo que el 52% de los autónomos no tenga un ordenador y de los que lo tienen, dos tercios no tengan Web y una cuarta parte no tenga acceso a Internet. Hace falta que el Estado y las autonomías tiren de las empresas para que innoven, con una política de compras públicas y de atracción de emprendedores. No en vano, las tres autonomías que más gastan en I+D (Navarra, País Vasco y Madrid) son las más dinámicas y están entre las que más crecen y tienen menos paro.
Además, es muy importante “sembrar la innovación” entre los jóvenes, ya que España tiene un lastre de partida, con menor capacidad innovadora de nuestros jóvenes respecto a la mayoría de Europa, según un estudio de la Fundación COTEC, que propone cultivar más la inteligencia en la educación (más matemáticas y más esfuerzo) y en el ocio (más lectura y arte y menos tele), fomentar la emancipación (estudiar, trabajar y vivir fuera de casa),desarrollar su espíritu cívico y facilitarles los viajes y los idiomas, como bases para que en España haya más emprendedores, más empresarios innovadores en unas décadas.
Entre tanto, hace falta un Pacto por la innovación, para salvarla de los recortes del Estado, las autonomías y las empresas. Ya tenemos una ley de la Ciencia que ha sido aprobada por consenso y ahora hace falta un gran acuerdo (Estado, autonomías, empresas, bancos y Cajas, Universidades e investigadores) para conseguir sus objetivos: aumentar en 6.000 millones anuales la inversión privada en I+D, duplicar la inversión pública, subir al tren de la innovación a 40.000 nuevas empresas y generar medio millón de empleos tecnológicos. Hacen falta hechos y no palabras, como las apelaciones a innovar de Rubalcaba y Rajoy. No podemos esperar a que tire la economía para invertir en I+D. Porque si no se innova y se cambia el modelo productivo, la economía no tira. Es la pescadilla que se muerde la cola. En este caso, nuestro futuro.

domingo, 3 de julio de 2011

La generación de la crisis

Nacieron a finales de los 80 y principios de los 90, en pleno crecimiento, pero se lanzaron a buscar trabajo a partir de 2008, con la crisis. Tienen ahora entre 21 y 26 años, pero su situación es la de los jóvenes de 18 a 30 años. Casi 7 millones de españoles a los que les toca crecer con la mayor crisis de nuestra historia reciente. La mitad están parados y los que trabajan lo hacen en precario y con sueldos ínfimos. Así, no tendrán fácil formar una familia, ni tener hijos, ni una casa. Y cotizar los años necesarios para tener una pensión, más reducida que la de sus padres. Y encima, vivirán más años que el resto de los europeos. No se puede hablar de generación perdida, como el FMI. Hay que pelear por ellos: son nuestro futuro.
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La mitad de los casi 5 millones de parados son jóvenes, tienen menos de 35 años. Pero el problema más grave se da entre los que buscan su primer trabajo, los menores de 25 años: el 45,39% está en paro, más del doble que en Europa (19,8%). Y sobre todo en las regiones que crecieron con el ladrillo y el turismo, que atrajeron a muchos jóvenes que dejaron sus estudios por el dinero fácil, ahora más del 50% están en paro: Andalucía, Canarias, Comunidad Valenciana, Extremadura, Ceuta y Melilla.
Mientras reparten currículum como tarjetas, los jóvenes parados se plantean qué hacer. Unos, la minoría, ni estudian ni trabajan: son los 645.800 de la generación ni-ni. Otros 636.400 estudian y trabajan. Y la mayoría se plantea si seguir buscando trabajo, estudiar más o salir fuera: un 28% quiere buscar trabajo en el extranjero, ya que hay más que en España y mejor pagado. Los que se quedan, se debaten entre formarse más o no. Somos el país de Europa con más universitarios (23%), pero también hay un 28 % que sólo tienen estudios primarios y un 40% con secundaria. Y tenemos un 30% de abandono escolar, el doble que Europa. Hay una juventud sobreeducada (que rebaja su currículo) y otra sin suficiente formación. Y casi nadie ha sido formado para trabajar, para saber lo que buscan las empresas.
Los jóvenes que finalmente trabajan lo hacen en puestos por debajo de su formación (un 40% en España, frente al 23% en la OCDE), con contratos precarios (56% contratos temporales frente al 41% de media en la UE) y sueldos ínfimos: 8 de cada 10 jóvenes empleados ganan menos de 1.500 euros al mes. Y con la crisis, ser mileurista es un triunfo, ya que están bajando los sueldos (a 600-800 euros y 450 los becarios). Además, como un 25% de los parados no cobra ninguna ayuda, crece la economía sumergida y el empleo aún más precario.
Con este panorama, la generación de la crisis lo tiene muy difícil para formar una familia y tener hijos. De hecho, la tasa de natalidad cayó en 2009, por primera vez en la última década: 1,33 hijos por mujer, frente a una media de 1,8 a 2 hijos en Francia, Gran Bretaña y países nórdicos (y 1,3-1,5 en centro Europa). Por un lado, España dedica menos ayudas a la familia: 0,8% PIB frente al 2-4% de otros países. Y por otro, la mujer es la que más sufre la crisis: más paro, menos salario (-17% sobre los hombres) y más problemas para encontrar trabajo. Y como las empresas (y sus maridos) no ayudan a conciliar, una de cada cuatro mujeres ha acabado dejando su empleo para cuidar a sus hijos.  
Con familia o sin ella, la generación de la crisis tiene conseguir una vivienda, sobre todo en propiedad: necesitarían ganar 2.267 euros al mes para pagar una hipoteca media y el alquiler  está en una media de 639 euros. En consecuencia, el 54 % de los jóvenes (18-34 años) viven con sus padres y son ya 5.850.000 jóvenes no emancipados. Y entre los nacidos a finales de los ochenta, más del 80% viven con sus padres. Unos padres que les ayudan a sobrevivir pero que también sufren la crisis y el paro (más de la mitad de los mayores de 55 años no trabajan).
Aunque ahora no lo piensan, la generación de la crisis va a tener problemas al jubilarse, ya que la reforma ha subido a 37 los años que hay que cotizar para conseguir la pensión máxima, que será más baja que ahora. Y hay muchos jóvenes que, con 30 años, aún no han cotizado. Además, cuando se jubilen sin haber podido ahorrar para un Plan privado, tendrán por delante más años de vida que sus padres: España va a ser el país de Europa con más ancianos en 2060. Y eso supone que ellos y el país, con menos activos cotizando, tendrán más problemas para pagar sanidad, ayudas a la dependencia y pensiones.
Un negro panorama que explica el desánimo y la desafección de la generación de la crisis (y el 15-M). Una generación perdida para el FMI, pero que hay que recuperar como sea, aunque no será fácil: hace falta crecer más para crear empleo y la OCDE cree que harán falta 15 años para bajar el paro a los niveles de antes de la crisis. O sea, hasta que nuestros jóvenes tengan 40-45 años.Demasiado.
                                                                                          
Hay que poner en marcha ya un Plan de choque para el empleo juvenil, sobre cinco ejes: un contrato sencillo y que no pague Seguridad Social el primer año, ayudas para que los jóvenes monten empresas, un plan educativo para recuperar a los que dejaron sus estudios y dirigirles hacia la FP, un acuerdo empresas- Universidad para los contratos en prácticas y una reforma a fondo del INEM para que ayuden de verdad  a encontrar trabajo a los jóvenes. Además de ayudas varias para la vivienda, el trabajo de la mujer y los hijos. No más palabras: hechos.

miércoles, 29 de junio de 2011

El problema es Europa, no Grecia

Se repite la historia de marzo con Portugal. La última Cumbre europea ha dejado a Grecia a los pies de los mercados, forzando al país a un nuevo ajuste, aún más duro, a cambio de nuevas ayudas muy condicionadas. Trece meses después de estallar la primera crisis de la deuda, en mayo de 2011, sigue la inestabilidad  en los mercados y los tres países intervenidos están peor que antes, pagando cada vez más por financiarse, sin crecer y en medio de una grave crisis social. Y España, con un año largo de ajuste duro, sigue presionada por los mercados y tampoco crece ni mejora. El problema no son los países periféricos, sino la errónea política adoptada por los conservadores de Bruselas, injusta e ineficaz. La crisis seguirá.

La última Cumbre europea, del 23 y 24 de junio, ha sido una encerrona a Grecia, como lo fue la Cumbre de marzo con Portugal. En la tarde del jueves, antes de la cita oficial, el presidente del Consejo europeo, Van Rompuy, acompañado de Merkel, Sarkozy y Trichet (presidente BCE), convocó en su despacho al presidente Papandreu para darle un ultimátum: no habría un euro para Grecia si no había garantías de que gobierno y oposición aprobaban un nuevo Plan de ajuste. Primero, la aprobación del Parlamento heleno y luego los 12.000 millones pendientes de entrega del primer Plan de rescate (110.000 millones), que Grecia necesita para pagar su deuda en agosto. Y sólo así se aprobaría en julio un segundo Plan de rescate (100.000 millones, pero poco de ello dinero nuevo).
En paralelo, los Gobiernos europeos se reunían con sus bancos para “pedirles” que echaran una mano a Grecia. Merkel y Sarkozy habían comprendido, tras un año de desgaste, que si Grecia suspendía pagos, iban a tener que pagarlo sus contribuyentes y ellos en las elecciones. Y que la salida era que los bancos e inversores, sobre todo alemanes y franceses (que tienen el 50% de la deuda griega), y el BCE, dieran una tregua a Grecia: renovar la deuda que vence, al menos otros cinco años, en vez de exigir su cobro, como garantía de que algún día la cobrarán. Y mientras, garantizarse el pago de intereses, el doble de los habitualesAbrir algo la mano o forzar las condiciones y no cobrar.
A cambio, Bruselas exige a Grecia un nuevo plan de ajuste, para que recorte gastos y libere 28.300 millones para pagar los intereses de la deuda y no aumentarla. Un durísimo Plan que pasa por el despido de 150.000 funcionarios (1 de cada 4), recorte de sueldos (15%) y pensiones (10%), y un fuerte aumento de impuestos para la inmensa mayoría de griegos. Y un plan de privatizaciones, para ingresar otros 50.000 millones, en el que ya están “pescando” empresas alemanas (Deutsche Telecom, Fraport) y de otros países europeos.
Este nuevo Plan de ajuste va a agravar la crisis económica griega, como los anteriores, que han provocado una recesión (-4,5% PIB en 2010 y -3,5% en 2011), un  paro del 16 % y una caída de rentas (al 89% de la renta UE), con el consumo y la inversión por los suelos. Es lo que ha pasado con Irlanda y Portugal: los planes de ajuste han empeorado la economía, han encarecido los intereses y ven cada día más difícil pagar su deuda. Incluso España, con un año largo de duro ajuste, está pagando un 1% más por la deuda (5,64%) que en mayo de 2010: son 12.400 millones más de gasto para el Presupuesto, se encarece la financiación de bancos y empresas y se dificulta la recuperación y el empleo (deuda 1% más cara = 160.000 empleos).
Las recetas de los conservadores de Bruselas son injustas e inútiles y han hecho perder 13 meses a Europa y muchos millones de euros, que han ganado los especuladores. Hay que ir por otro camino. La clave es admitir que ni Grecia ni los demás países periféricos son los culpables de la crisis: se debe al excesivo endeudamiento, propiciado por los bancos europeos, que se lanzaron a prestar sin tino hasta 2008. Y ahora quieren imponer unas condiciones leoninas a sus deudores. Grecia es un desastre de economía, pero no es la única culpable de tener 320.000 millones de deuda. Y todos saben que no podrá pagarla tal cual.
Por eso, lo primero es renegociarla, ajustar plazos y tipos de interés, flexibilizarla para que puedan pagarla, lo mismo que Portugal o Irlanda. La banca tiene que pagar su parte de esta crisis que ayudó a crear. Y eso va mucho más allá de lo que han aceptado esta semana los bancos franceses y alemanes.Hará falta también emitir deuda europea y un mayor protagonismo del BCE y de Bruselas ante el FMI (que ha llevado la iniciativa en la crisis griega) y ante los mercados (no dejarles que fijen su ley). Y en paralelo, ayudar a estos países a reanimar sus economías, con planes europeos de inversiones, con ayudas estructurales, con políticas sensatas, no con duras políticas de ajuste que van a matar al enfermo en vez de curarlo y a crear una grave fractura social en el sur de Europa.
Pero este camino no interesa a la Europa rica del norte, que ya ha salido de la crisis y que no quiere gastar un euro más en la Europa del sur, con la que se hicieron más ricos sus bancos e inversores. Y eso es lo que representan Bruselas y los gobiernos conservadores de 23 de los 27.Pero no es una cuestión ideológica, sino económica y práctica: por este camino, el de los últimos 13 meses, los países con problemas estarán cada vez peor, los mercados seguirán nerviosos y harán falta nuevas ayudas a cambio de más recortes. Y se condena a una serie de países a una década de atraso y estancamiento, abriendo una peligrosa brecha social y política, con millones de indignados. Hasta que el sistema estalle porque la crisis llegue a un país grande, España o Italia. Está en juego el euro y Europa. Reaccionen y prueben otro camino.

domingo, 26 de junio de 2011

Sortear la crisis con las exportaciones

Lo único que parece ir bien en la economía española son las exportaciones y el turismo. Dependemos de fuera: lo poco que crecemos es gracias a los extranjeros que nos visitan y nos compran. Vamos a tener un verano récord de turistas, sobre todo europeos. Y España está ganando cuota de mercado, gracias a que nuestras empresas aumentan sus ventas en China, Norteamérica, Latinoamérica, Rusia y también en Europa. Ahora, los retos son exportar productos más sofisticados y vender más a los países emergentes, los que más crecen. Y que haya más empresas que exporten, ya que ahora sólo lo hacen 3 de cada 100. El objetivo debe ser vender fuera tanto como dentro, para conseguir sortear la crisis.
El turismo despega, ayudado por la recuperación europea y la crisis del norte de África. Y todo apunta a que este podría ser el cuarto mejor año de nuestra historia, tras la incipiente recuperación de 2010.Ya han llegado 19 millones de turistas hasta mayo (+4,2%), sobre todo británicos, franceses, holandeses y nórdicos, aunque han caído los alemanes. Y tanto las islas como Andalucía y la costa levantina están ya a tope de reservas para el verano.
Las exportaciones están siendo la válvula de escape de muchas empresas, que no consiguen vender en España. Entre enero y abril han crecido un 22,2 %, el mayor aumento desde 1.994.Y lo más llamativo es que donde más crecen las ventas es fuera de la UE, a EEUU (+49%), Canadá (+52%), Latinoamérica (+40,9%), China (+31,9%), Rusia (+46,1%) y países nórdicos. Las principales exportaciones españolas son bienes de equipo (un 19,5 %: maquinaria, motores, material de transporte), automóviles (16,6%: se exportan el 87% de los fabricados), alimentos (14,7%, la mitad frutas y verduras), productos químicos (14,2%, sobre todo medicamentos y plásticos), metales, hierro y acero (12,1%) y ropa y calzado (8,1%).
España es el único país europeo que ha ganado cuota exportadora en 2011, ya que la mayoría la ha perdido por la competencia de los países emergentes, que son ya 11 de los 20 países que más exportan (con China a la cabeza). Tenemos un 1,70% de la cuota mundial, algo menos que antes de la crisis, y estamos en el puesto 18 del ranking exportador, tras habernos superado India y Taiwán. Pero mantenemos el nivel y, lo más importante, hemos ganado fuerza en Europa: llevamos 7 meses seguidos con superávit comercial con la UE, algo impensable al entrar en el euro: vendemos a los europeos más de lo que nos venden.
El problema es también nuestra excesiva dependencia de Europa, donde van el 74,7 % de las exportaciones (66,8% a la UE).El primer reto es diversificar más y aumentar las ventas en Asia (ya hay 6.500 empresas españolas en China) y en Latinoamérica (no tiene sentido que vendamos menos en Brasil, México o Argentina que en China), así como a Rusia y norte de África, las zonas más dinámicas del mundo, sin olvidar Norteamérica y el norte de Europa.
El segundo reto es diversificar lo que vendemos, exportar productos de más valor y más tecnología, que no compitan sólo por precio (salarios). La mayor parte de la exportación española, según el Banco de España, son productos de tecnología baja (alimentos, ropa y calzado) y media (plásticos, metales y automóviles), mientras Alemania, el segundo exportador del mundo, vende más productos de alta tecnología. Con todo, está creciendo la exportación española de medicamentos y aviones (alta tecnología), sin olvidar las polémicas exportaciones de armamento, donde España es el 8º exportador mundial.
El tercer reto, el básico, es animar a más empresas a exportar. Hoy, sólo exportan 110.000 empresas de las 3,2 millones censadas en España. Y sólo 39.000 lo hacen de forma regular: 24.000 son pymes y 500 son grandes empresas que exportan ellas solas más de la mitad del total. De hecho, las 35 empresas del IBEX ya hacen fuera de España la mitad de su negocio y diez de ellas (Telefónica, bancos y constructoras) facturan fuera el 70% de las ventas. Para que más empresas den el salto al exterior hace falta más ayudas, más financiación y más promoción (España tiene 98 oficinas comerciales frente a 153 Francia o 120 Alemania), pero aquí hemos chocado con los recortes presupuestarios y de créditos.
Con más o menos ayudas, es vital que tire la exportación porque todo lo que va a crecer España en 2011 (entre 0,8 y 1,3%) será por el sector exterior, que puede chocar con dos problemas: la subida del euro (un 7,5 % este año) y nuestra mayor inflación (3,5 % frente al 2,7 en la UE), dos factores que encarecen nuestros productos en el mundo.
Como la crisis va para largo, las empresas tendrán que seguir exportando como algo habitual para sobrevivir. Y eso va a fortalecer nuestra economía, ya que las empresas exportadoras son más innovadoras, más productivas, invierten más, hacen más formación y mantienen un empleo más estable (aunque no creen mucho empleo). España tiene todavía un gran potencial exportador, ya que nuestra riqueza es el 2,5 % del PIB mundial y sólo tenemos un 1,70% de cuota en el comercio mundial. Italia, por ejemplo, con una economía del tamaño de la nuestra, exporta el doble. Ese es el gran objetivo, que pasa por duplicar el número de empresas que exportan y por lanzarse a vender por los cinco continentes  productos más complejos, no sólo frutas, coches y ropa. Y lo mismo con el sol y playa. Ahora, el mercado es el mundo.