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lunes, 17 de mayo de 2021

La generación de las 2 crisis

La generación nacida entre 1985 y 1995 tiene la maldición de ser la única en el último siglo que ha vivido 2 grandes crisis, la de 2008 y la pandemia. Y por eso viven peor que sus padres, pero sólo en la Europa del sur: en Alemania viven mejor, según un estudio reciente. Esta generación, entre 26 y 36 años, es “la pagana” de las dos crisis y eso ha afectado a su empleo, precariedad, bajos ingresos y problemas para emanciparse y crear una familia. Y ha cambiado la política en el sur de Europa, porque desconfían más de la democracia y son pasto de la apatía y el radicalismo de populistas y la extrema derecha. Urge tomar medidas, por ellos (quizás sea tarde) pero sobre todo para evitar que la siguiente generación, los nacidos entre 1995 y 2005, sean otra “generación perdida”. El Plan de Recuperación contempla inversiones europeas para crear empleo y oportunidades a los jóvenes. Hay que ofrecerles una salida ya.

Enrique Ortega

Europa se construyó, tras la II Guerra Mundial, gracias a un pacto político, económico y social entre democristianos y socialdemócratas que buscaba conseguir un alto crecimiento y repartirlo con potentes Estados del bienestar. Y funcionó: Europa tuvo tres décadas de fuerte crecimiento (“los treinta gloriosos”, entre 1945 y 1.973) y las generaciones europeas de postguerra vivieron “mejor que sus padres, una tras otra. Pero a mediados de los 70 empezaron las crisis, primero del petróleo, luego de las divisas y la deuda, enfriando el crecimiento y, sobre todo, repartiéndolo peor, por el auge de los neoliberales (Thatcher y Reagan), la reunificación alemana (que pagó toda Europa) y el recorte generalizado del Estado del bienestar. Y en 2008 estalló la crisis financiera, que en la Europa del sur se amplió con la crisis de la deuda, hasta 2013. Y tras sólo 6 años de débil recuperación, saltó una segunda gran recesión, por la pandemia, la mayor del último siglo. Con todo ello, el pacto político y social que alumbró la mejor Europa se ha derrumbado.

Las dos crisis han afectado duramente a todos los europeos, pero los grandes “paganos” han sido los jóvenes, que han visto caer y precarizarse su empleo, aumentar su paro, rebajar sus ingresos y no poder acceder a una vivienda y a crear una familia, obligados a vivir con sus padres hasta pasados los 30 años. Y con ello, la generación nacida entre 1985 y 1995, los que tienen ahora entre 26 y 36 años, “viven peor que sus padres”, algo que no sucedía en Europa desde antes de la II Guerra Mundial. Pero no pasa en todos los paises. Viven” peor que sus padres” los jóvenes de la Europa del sur, porque en Alemania y la Europa del norte, esa misma generación vive mejor que sus padres, según el estudio “La generación de la doble crisis”, elaborado por Esade y la Friedrich Naumann Foundation. Y eso, porque la crisis de la deuda (2010-2013) y los recortes impuestos a Grecia, Portugal y España han dañado más a los jóvenes del sur de Europa.

En España, los datos oficiales revelan con claridad que los jóvenes han sido los principales “paganos” de las 2 últimas grandes crisis. Por un lado, perdiendo más empleo. Entre junio de 2008 y marzo de 2014, España perdió 3.696.300 empleos, una caída del -17,90%, según la EPA. Los jóvenes de 16 a 19 años perdieron 251.500 empleos (-77,7%), los de 20 a 24 años otros 894.500 (-58,48%) y los de 25 a 29 años perdieron 1.198.400 empleos (-43,18%). En total, los jóvenes de 16 a 29 años perdieron con la crisis de 2008-2013 un total de 2.344.400 empleos (-50,65%), casi dos tercios de todo el empleo perdido en España.

Y al llegar la recuperación, en marzo de 2014, los jóvenes también se aprovecharon menos del mayor crecimiento conseguido hasta finales de 2019. Si España recuperó en estos casi 6 años un total de 3.016.300 empleos (+17,79%), un 81,6% del empleo perdido, los jóvenes de 16 a 19 años recuperaron 74.400 empleos (el 29,58% de los perdidos), los de 20 a 24 años otros 272.000 empleos (el 30,4% de los perdidos) y los de 25 a 29 años recuperaron 141.800 empleos más (el 11,8% de los perdidos). Así que en conjunto, los jóvenes de 16 a 29 años sólo recuperaron el 20,84% de los empleos perdidos.

Y en esto llegó la pandemia, con la mayor recesión del último siglo. Y otra vez se ha cebado sobre los jóvenes, sobre una generación que todavía no se había recuperado de la anterior gran crisis. Así, entre diciembre de 2019 y marzo de 2021, España ha perdido 760.000 empleos (casi la quinta parte que en la crisis anterior, por los ERTEs y las ayudas públicas), un -3,8% del empleo que había al final de la recuperación, según la EPA. Pero los jóvenes de 16 a 19 años han perdido 65.800 empleos (-44,91%, casi 12 veces más), los de 20 a 24 años han perdido otros 145.500 empleos (-16,06%, cuatro veces más que la media) y los de 25 a 29 años perdieron otros 131.900 empleos (-7,6%, el doble que el país). En conjunto, los jóvenes españoles de 16 a 29 años han perdido con la pandemia 343.200 empleos, casi la mitad (el 45,15%) de todos los empleos perdidos en los últimos 15 meses en España.

Esta mayor pérdida de empleo con las dos crisis se ha traducido también en un mayor paro, porque si antes les resultaba difícil encontrar trabajo, ahora, con la pandemia les cuesta mucho más. Veamos el salto del paro juvenil tras las dos crisis. Si el paro en España saltó del 9,3% en febrero de 2008 al 26,2% en julio de 2013 (+16,9%), el paro juvenil (menores de 25 años) subió del 23% en 2008 al 56,2% en 2013 (+33,2%, el doble de aumento que el paro total). Y aunque bajó el paro juvenil con la recuperación, todavía estaba en el 32% a finales de 2019. Ahora, con la pandemia, volvió a subir hasta el 37,7% en marzo de 2021, la tasa de paro juvenil más elevada de toda Europa, más del doble que la media de la UE-27 (17,1% de paro juvenil) y 6 veces el paro que tienen los jóvenes en Alemania (6%), según Eurostat.

Está claro que las dos crisis se han cebado más en los jóvenes en España y también en la Europa del sur (Grecia, Portugal e Italia), que ya sufrió mucho más la crisis financiera y de deuda de 2008 y que también está sufriendo más la recesión de la pandemia, por el gran peso del turismo y los servicios, donde los jóvenes tienen un mayor peso que los adultos. Esto, más los recortes de la última década y el menor gasto en políticas sociales y formación, explican que la generación de las 2 crisis, los nacidos entre 1985 y 1995, vivan ahora “peor que sus padres”, según el estudio de Esade y la Fundación Naumann. Estiman que esta generación ha perdido entre 1.000 y 2.000 euros de ingresos al año y que al llegar a los 33 años, han conseguido unos 13.000 euros menos de patrimonio que sus padres. Y esto les provoca no poder comprar una vivienda, emanciparse ni formar una familia.

Pero, ojo, el estudio revela que esto ha sucedido con los jóvenes del sur de Europa, en concreto los jóvenes de España, Italia y Portugal, donde la generación post crisis (nacidos entre 1985 y 1995) “vive peor que sus padres”. Pero en Alemania (y la Europa del norte) no ha pasado esto: la generación post crisis alemana (los jóvenes de 26 a 36 años) “vive mejor que sus padres” (igual que sus padres vivían mejor que sus abuelos): han conseguido acumular un patrimonio 40.000 euros mayor que sus progenitores. Y eso, porque sufrieron menos la crisis financiera y de deuda de 2008-2013, no les alcanzaron los ajustes y tienen una economía robusta y más saneada que ha aguantado mejor la pandemia.

El estudio revela con múltiples datos que la generación post-crisis (nacidos 1985-1995) de la Europa del sur tiene unas menores tasas de empleo y menores ingresos que la generación anterior pre-crisis (nacidos entre 1975 y 1984), que tienen menos patrimonio acumulado, menos viviendas en propiedad y más dependencia del alquiler, tardan más en emanciparse y formar una familia, lo que provoca una fuerte caída de la natalidad. Y este retraso en el nivel de empleo e ingresos no lo recuperan, frente a la generación pre-crisis, hasta los 33 años, lo que les retrasa construir su proyecto vital. Y más entre los jóvenes con menos formación.

Esta lamentable situación de la generación post-crisis en el sur de Europa explica muchas cosas, según detalla el estudio. La primera que estos jóvenes, pasados por “la trituradora” de dos graves crisis, tienen una percepción muy pesimista de las oportunidades que les ofrece la sociedad, al contrario que sus padres y abuelos, que confiaban en vivir cada vez mejor. La percepción sobre las oportunidades de trabajo que tienen por delante es de 5 sobre 10 en España y Portugal y de 4,1 en Italia, frente a 7 puntos en Alemania. Y eso nos lleva al siguiente punto que refleja el estudio, asentado en encuestas a jóvenes europeos post-crisis: creen que tienen una falta de oportunidades, están insatisfechos con la democracia (en España le dan una nota de 4,75 sobre 10, frente al 4,1 que puntúan italianos y portugueses) y defienden una mayor redistribución, para no ser “los paganos de todas las crisis”.

Esta ruptura del gran pacto político económico y social europeo de postguerra (“vivir mejor que nuestros padres”) ha provocado también una ruptura del mapa político europeo, del bipartidismo tradicional (democristianos y socialdemócratas, “aderezados” con liberales), alejando a los jóvenes post-crisis de la política y acercándoles a nuevas opciones políticas, ligadas al populismo y la extrema derecha, según revela el estudio. Sólo Portugal se salva de la ruptura del viejo sistema institucional, mientras Italia sufrió una primera ruptura en los años 90 (con Berlusconi y Matteo Renzi) que se ha agravado en la pasada década (con la irrupción de la Liga norte, de extrema derecha, y el Movimiento populista 5 estrellas). Y donde se ha puesto más en cuestión tras las dos crisis el viejo consenso institucional, según el estudio, ha sido en Grecia (irrupción de la izquierdista Syriza y la ultraderecha de Amanecer Dorado) y en España, con la irrupción de Podemos (2011) y Vox (2013). Partidos radicales a los que votan más los jóvenes de la generación post-crisis que la generación pre-crisis, según el estudio.

Hasta aquí, el tremendo panorama de una generación (1985-1995) que ha sufrido dos graves crisis, que trata de sobrevivir en la treintena. Pero ahora, tenemos delante otro problema: la falta de oportunidades de la generación siguiente, los nacidos entre 1995 y 2005. Y sus perspectivas son aún peores, según revela un reciente informe del Banco de España. Tienen un serio problema educativo (con un 29% de alumnos repetidores, una tasa de abandono escolar del 16% y un sistema educativo que no les forma para trabajar) y un grave problema de inserción en el mercado laboral (les resulta muy difícil trabajar en lo suyo) y de precariedad en el empleo (54% con contrato temporal). La consecuencia es que hay un 36% de jóvenes sin ingresos (frente al 19,5% en toda la población) y los sueldos de los que trabajan apenas llegan a los 1.000 euros, con lo que se repite el drama de la generación anterior: no pueden acceder a una vivienda, viven con sus padres (a los 26 años, el 87%) y no pueden pensar en formar una familia ni tener hijos (la natalidad cayó un 20% en enero de 2021).

Y además de cargar con este negro presente, el informe del Banco de España les augura un futuro muy gris, porque esta última generación de jóvenes va a tener que afrontar el pago de la deuda pública que les dejamos en herencia tras dos crisis, 1,5 billones de euros (120% del PIB), cuyos intereses y principal tendrán que pagar en los próximos 30 años, con sus impuestos. Y otra hipoteca más: tendrán que pagar las pensiones a los 15 millones de jubilados que tendrá España en 2050, sin saber qué pasará con las suyas. Y además, los salarios de la “generación millenials” (16-36 años) se verán lastrados a la baja durante los próximos 15 años, aunque la economía se recupere, según otro informe de Fedea.

Por eso, el Banco de España y muchos expertos coinciden en que hace falta un pacto generacional, para repartir mejor los costes de estas dos crisis y para dar más oportunidades a los jóvenes en la esperada recuperación, ya que en la anterior se beneficiaron más los más adultos y mayores. El informe de ESADE y la Fundación Naumann propone cuatro vías de actuación. Una, reorientar el Estado del Bienestar y las ayudas sociales, para mejorar la formación, la empleabilidad, la vivienda y la emancipación de los jóvenes. Dos, una política laboral que no les precarice. Tres, garantizarles la posibilidad de formar una familia, facilitando el trabajo de las mujeres jóvenes. Y cuatro, garantizar un sistema de protección social sostenible, que garantice las pensiones sin desatender a los jóvenes.

La pandemia podría ser una oportunidad para volver al pacto político, económico y social de la postguerra en Europa, para garantizar que las futuras generaciones “viven mejor que sus padres”. Una vía es destinar gran parte de los Fondos europeos a garantizar la formación, el empleo y las condiciones de vida de los jóvenes, sobre todo en la Europa del sur. De momento, el Plan de recuperación propuesto por España incluye gastar 765 millones en tres años (2021-2023) en un programa de empleo joven, un programa de primer trabajo en la Administración pública y un programa para el empleo de jóvenes investigadores. Y además, seguir con la Garantía Juvenil en 2021-2027 (ofrecer formación o empleo) y darles prioridad en las reformas de las políticas de empleo y en la modernización y digitalización de la economía.

Es un comienzo para intentar revertir una situación que viene de lejos y que debería darnos vergüenza como sociedad. Se ha medio perdido una generación (1985-1995) y no podemos permitir una nueva “generación perdida” (1995-2005). Tenemos que poner a estos jóvenes en el centro de nuestras prioridades económicas y sociales, en el centro de todas las políticas públicas. Sólo así podrán integrarse en la democracia y ayudarnos a construir un país con futuro. Hay que volcarse con nuestros hijos y nietos.

lunes, 12 de enero de 2015

Más muertes que nacimientos: menos españoles


Este año 2015, habrá más muertes que nacimientos en España, algo que no pasaba desde la Guerra Civil. Y lo mismo sucederá en los próximos 50 años, según el INE. Con ello, se agravará la pérdida de población en España, iniciada en 2012 y causada sobre todo por la marcha de inmigrantes y la salida de jóvenes a buscar trabajo. Así, la población española bajará de los 46,4 millones actuales  a 40,8 millones en 2064. Y lo peor no será que seamos menos habitantes, sino que seremos mucho más viejos: dentro de 15 años, uno de cada cuatro españoles tendrá más de 65 años (hoy son el 18%). Y dentro de 50 años, ya serán más de un tercio de los españoles. Con este panorama, menos niños y más viejos, será más difícil  pagar los servicios públicos y las pensiones. Así que habría que “ponerse las pilas” ya y empezar a favorecer  de verdad la natalidad y la familia. Y no usarlo como "arma electoral".
 
enrique ortega

En 2015 se esperan más muertes que nacimientos, según las últimas previsiones de población del INE. Es algo que ya pasa en Alemania (desde 1975), Italia, Portugal, Grecia y algunos países del Este de Europa, pero que no sucedía en España desde la Guerra Civil. El récord de nacimientos se produjo en 1976, cuando nacieron en España 677.456 niños, 1.856 al día. Y después de tres décadas largas de crecimiento, en 2008 ya sólo nacieron 517.779 niños, 1.424 al día. Ahora, con la crisis, llevamos cinco años seguidos de caída de los nacimientos, hasta los 408.902 en 2014, 1.120 al día. Y seguirán bajando en los próximos 15 años, según el INE, hasta los 299.279 nacimientos en 2028, 819 al día, menos de la mitad que tras la muerte de Franco. Y todavía bajarán a 229.435 en 2063, 628 nacimientos diarios.

La cigüeña viene menos sobre todo por dos causas. Una, porque hay menos mujeres españoles en edad fértil (entre 15 y 49 años), por la crisis de natalidad de los años 80 y principios de los 90. Y la otra, porque las mujeres tienen menos hijos: 1,27 niños por mujer en 2014, la mitad que en 1976 (2,8 niños por mujer) y menos que las mujeres europeas (1,56 hijos de media en la UE, 1,8 en Reino Unido y 2 hijos en Suecia, Irlanda o Francia). Una tasa de natalidad que aún bajará a 1,24 hijos/mujer en 2029 y a 1,22 en 2064. Una tercera razón es que hay menos mujeres inmigrantes, que tienen más hijos (1,44 de media frente a 1,28 hijos las españolas en 2012). Además, hay otras causas vinculadas a la crisis: el temor al futuro es el mejor anticonceptivo. Y con tanto paro, salarios bajos, contratos precarios y recortes de ayudas (becas, servicios sociales, alquileres, bono social luz y agua, discapacitados…), son muchas las familias que se plantean traer más hijos al mundo (el 30% de los niños españoles crece ahora sin hermanos). Y más cuando la mujer no tiene nada fácil ser trabajadora y madre a la vez (el 23% deja de trabajar para cuidar a sus niños).

La mortalidad empezó a crecer en 1976 (299.007 defunciones) y marcó un récord en 2012 (401.122 muertes), para bajar en 2013 y 2014 (395.196 defunciones). Pero subirán en los próximos 15 años (411.392 defunciones en 2028) y, sobre todo, para dentro de 50 años, cuando mueran ya 559.858 españoles (2063), el doble que los nacimientos (229.435), según el INE. Eso se debe al envejecimiento de la población, a que hay más ancianos porque vivimos más años: si al final de la Guerra Civil, la esperanza de vida en España era de 50 años (en 1941), a la muerte de Franco era ya de 73,34 años (1.976), en 2013 eran 82,5 años, en 2039 viviremos hasta los 86,29 años de media y en 2063 hasta los 90,95 años, gracias a los avances de la medicina y a una vida más saludable. De hecho, España es el país con más esperanza de vida de Europa: 82,5 años frente a 82,4 de Italia o 82,1 de Francia.

Más muertes que nacimientos, ya desde 2015 y hasta 2063 (como mínimo), agravarán la caída de población en España, que se produce desde 2012 por otra razón: la salida de inmigrantes y de españoles al extranjero. El saldo migratorio (entradas-salidas) empezó a ser negativo en 2010, se agravó en 2012 (-142.552) y en 2013 (-256.849), para suavizarse en 2014 (-84.669) y 2015 (-66.386), aunque el INE cree que seguirán emigrando más de los que entren hasta el año 2021, el primero en que volverán a entrar más extranjeros de los que se van. Y así seguirá hasta 2063.

En conjunto, entre menos nacimientos, más muertes y salida neta de inmigrantes, España perderá población en las próximas décadas: perderemos un millón de habitantes (1.022.852) en los próximos 15 años (seremos 45,4 millones para 2029 frente a 46,4 el 1 de enero 2015) y más de 5,6 millones en los próximos 50 años (habrá 40,8 millones en España en 2064), según las proyecciones del INE. Pero no todas las regiones perderán población: la ganarán, en los próximos 15 años, Melilla (+12,9%), Ceuta (+8,4%), Baleares (+4,8%), Canarias (+2,9%), Madrid (+1,7%) y Murcia (+0,1%), estancándose Andalucía. Y las 12 autonomías restantes perderán población, sobre todo  Castilla y León (-9%), Asturias (-8,3%), Galicia (-7,6%), La Rioja (-5,4%), País Vasco (-5%) y Comunidad Valenciana (-4,8%).

España no sólo perderá población sino que la que tenga será mucho más vieja, porque nacerán muchos más niños y los mayores vivirán más años. Así, dentro de 15 años (2029), uno de cada cuatro españoles tendrá más de 65 años (11,3 millones, el 24,9% de la población), cuando ahora son el 18,2% (8,4 millones). Y  dentro de 50 años, habrá ya 15,8 millones de españoles mayores de 65 años (38,72% de la población). Y de ellos, más de la mitad  (8,84 millones) tendrán más de 80 años (el 21,6% de la población, cuatro veces lo que hoy). Un porcentaje de viejos mayor que en Europa, donde los +65 rondarán el 30%.

Un país con menos población y mucho más envejecida tiene un gran reto por delante, con dos graves consecuencias: habrá menos gente para trabajar (y pagar impuestos y pensiones) y más gente para gastar, para pedir servicios: educación, sanidad (más viejos y octogenarios, más costes), Dependencia (más residencias y asistencia) y servicios sociales, además de duplicarse el gasto en pensiones. Las cuentas son claras: si hoy hay 1,9 activos por cada inactivo (menores de 16 y mayores de 65 años), en 2029 habrá ya 1,6 y en 2064 habrá sólo 1  activo por cada inactivo.  Y será muy difícil sostener las pensiones y el Estado del bienestar.

Lo peor será dentro de 20 años, a partir de 2035, según los expertos. Es el plazo que España tiene para tratar de ajustar su demografía, fomentando desde ahora su natalidad. Para equilibrar las cuentas, señalan los demógrafos, haría falta tener 2,1 hijos por mujer, frente a los 1,27 de hoy. Eso exige que nazcan 280.000 niños más cada año, 767 nacimientos más cada día que ahora (1.120 diarios en 2014). Algo que no es fácil, pero que es necesario promover si España no quiere caer en la bancarrota social en 50 años.

Para que las familias tengan más hijos hay que promover desde ya un Plan de fomento de la natalidad, asentado en cuatro patas. Una, establecer más ayudas a las familias, desde guarderías y enseñanza a la sanidad, el transporte, la vivienda, la luz, el agua, el subsidio de paro o las ayudas a la Dependencia. Dos, establecer una fiscalidad de apoyo a la natalidad, incorporando propuestas como mejorar la pensión a los que tengan más hijos (Campaña “Más hijos, más pensión) o contabilizar como tiempo cotizado los años en que las madres cuidan a sus pequeños. Tres, avanzar en las políticas de conciliación laboral en las empresas, ampliando el permiso de paternidad (de 2 a 4 semanas como prometieron e incumplieron ZP y Rajoy), creando más guarderías y racionalizando horarios. Y cuatro, favoreciendo el trabajo de la mujer, con más paro y peores sueldos y empleos por su potencial maternidad.

Son medidas que hay que tomar cuanto antes, porque tardan años en dar fruto, con más nacimientos. Ya hemos visto los frutos del modelo de familia "triunfadora” con 1 hijo y los recortes hechos a la natalidad y a la familia: somos uno de los países con menos niños y más viejos de Europa y con un serio problema para asegurar el futuro de las pensiones y del Estado del Bienestar. Hace falta tomar conciencia de este reto histórico y volcarse en resolverlo con dinero, con conciencia colectiva y voluntad política. No usar la familia como un reclamo electoral para las dos votaciones de este 2015. Necesitamos un pacto demográfico para salvar el futuro.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Las terceras Navidades de la crisis

Son unas Navidades grises, con la mayoría de los españoles sumidos en una ola de pesimismo colectivo. Las primeras Navidades en crisis (2008),casi ni nos enteramos (como Zapatero). Las segundas, pensamos que podía ser algo pasajero. Pero este año, sabemos que la crisis es seria y va para largo. Y, sobre todo, hay 2,5 millones de españoles que se han quedado sin trabajo en estos años, lo que resulta un drama para millones de personas: 1.300.000 hogares tienen a todos sus miembros en paro y  tres millones de familias tienen la mitad de sus activos sin trabajo. Y los que tienen empleo, o tienen miedo a perderlo en 2011 o tienen el sueldo congelado. Un panorama como para pocos gastos y celebraciones.
Estas Navidades van a ser austeras para todos los europeos, con la excepción de alemanes y británicos. En concreto, españoles, griegos y franceses son los europeos que más mirarán sus gastos esta Navidad, según un estudio realizado por Herbalife, que revela cómo el 60% de los griegos y el 45% de españoles y franceses no van a realizar gastos extras esta Navidad.
El gasto esta Navidad puede reducirse en España hasta un 11%, según un estudio de Deloitte. Cada consumidor gastará una media de 674 euros, un 7,4% menos que las Navidades 2009,según estimaciones de la Federación de Usuarios y Consumidores Independientes (FUCI),un recorte que se suma al 10% de caída de consumo en las Navidades pasadas y otro 6% en las del 2008. Un tercio del gasto navideño se va en juguetes y regalos, donde se espera una ligera caída de ventas, al comprar productos de menos precio. En otro tercio del presupuesto, la alimentación, se espera menos ventas de productos tradicionales, como turrones y mazapanes. Han bajado las reservas de viajes, más cortos y más baratos. Y en cuanto a las salidas a bares y restaurantes, se espera una caída, que ya se ha notado en las comidas de empresa, con bajada del menú medio de 40 a 25 euros.
Para los comercios y grandes almacenes, las Navidades pueden suponer hasta una cuarta parte de las ventas, con lo que están muy preocupados por la esperada caída del consumo. Su reacción ha sido reducir precios (aunque la inflación ha vuelto al 2,3 %, el nivel más alto en los dos últimos años), adelantar rebajas (legalmente, “promociones”) y, sobre todo, contratar menos personal de temporada : las ofertas de empleo para la campaña navideña han caído este año casi un 20% sobre 2009, según Infojobs.  
A pesar de la crisis, las Navidades están ahí y los españoles tratarán de cortarse lo menos posible, aunque sea a costa de la tarjeta, la familia y los ahorros. Quizás sea un buen momento para volver a lo importante, la familia, la salud, los amigos, las aficiones, la casa… A valorar lo que tenemos. Cuando yo era niño y joven, teníamos mucho menos y disfrutábamos mucho en estas fiestas. Luego, hemos vivido dos décadas como nuevos ricos y ahora estamos volviendo a la cruda realidad: vivíamos por encima de nuestras posibilidades y nos toca ajustar nuestras vidas. Pero mientras, disfrutemos estas Navidades de lo que tenemos y carguemos las pilas para 2011, que puede ser un año aún más difícil que 2010.  
¡Feliz Navidad a todos¡