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lunes, 3 de agosto de 2020

5 libros para reformar el capitalismo


El coronavirus ha sumido al mundo en la mayor crisis económica y social de la historia reciente. Pero antes de la pandemia, el capitalismo no conseguía recuperarse y los ciudadanos sufrían las consecuencias de un crecimiento muy desigual, una guerra comercial y un auge del nacionalismo económico, con el Brexit y Trump. Aquí les traigo 5 libros recientes para intentar comprender mejor la situación de las economías antes de la pandemia y los problemas que siguen ahí, agravados por esta nueva recesión: bajo crecimiento, precariedad, desigualdad, proteccionismo, cambio tecnológico y climático y, sobre todo, falta de esperanza en un futuro mejor, con un auge de extremismos y populismos. Un libro divulgativo de un economista español, un análisis histórico, económico y político sobre la desigualdad de un economista francés con ventas millonarias, una historia (increíble pero real) sobre los megaricos y sus paraísos fiscales y dos Premios Nobel USA que proponen reformas posibles para salvar el capitalismo y nuestro futuro. Espero que les resulten interesantes. ¡Hasta septiembre!

enrique ortega

El título del primer libro que recomiendo es muy explícito: “Excesos. Amenazas a la prosperidad global”, del profesor Emilio Ontiveros, conocido por sus colaboraciones en El País y la SER. Es un buen principio para comprender el estado de la economía mundial antes del coronavirus, los problemas que teníamos y seguimos teniendo (agravados): un crecimiento muy desigual, que deja fuera a paises y ciudadanos, guerras comerciales y proteccionismo económico, excesivo peso de las finanzas, precariedad laboral y salarial, deterioro condiciones de vida, desigualdad educativa, destrucción del medio ambiente, falta de colaboración internacional y, al final, inseguridad global y pérdida de confianza en el futuro.

El libro de Ontiveros analiza cómo hemos llegado hasta aquí, los errores de la tercera globalización (1980-2010), iniciada con la llegada al poder de Reagan y Thatcher y la caída del muro de Berlín. Analiza con detalle la desregulación económica, la financiarización de las economías, el reparto internacional de la producción, el deterioro del trabajo, la “elusión” fiscal internacional,  la digitalización de las economías y las alteraciones en el poder mundial, con el ascenso de los paises emergentes, en especial China. Y cómo todo este proceso se ha traducido en un aumento de la desigualdad global y la sensación en muchos paises de que los jóvenes viven peor que sus padres, junto a una destrucción del medio ambiente y una demografía muy preocupante. Además, existe una mayor concentración empresarial y más poder de las multinacionales y mercados, que dictan normas y “vician” la democracia, decepcionando a millones de ciudadanos. Y asistimos a una nueva “guerra fría” entre USA y China, muy preocupante para el mundo, mientras Europa “no se encuentra”.

“Excesos” es un libro muy actual, con continuas referencias a China, USA (Trump) y Europa, sin olvidarse de España. Y un libro fácil de leer, escrito en un lenguaje entendible que nos ayuda a entender cómo hemos llegado a la economía de hoy. Pero Ontiveros no se queda ahí y propone soluciones (“Nada está perdido”), que pasan por un crecimiento inclusivo, fortalecer las instituciones multilaterales y “regenerar” el capitalismo, compatibilizando la rentabilidad de las empresas con las exigencias sociales y una fiscalidad justa. “Compatibilizar capitalismo y progreso, para que en los próximos años el mundo sea habitable”. Amén.

El segundo libro se centra en uno de los problemas más graves del capitalismo actual: la creciente desigualdad. Lo escribe el “economista estrella” del mundo, el francés Thomas Piketty, que vendió 2,5 millones de ejemplares de su anterior libro, “El capital del siglo XXI” (2013). Ahora, Piketty ha publicado “Capital e ideología”, que es una historia económica, social y política de la desigualdad, desde el siglo XIX hasta hoy. Y eso porque el autor cree que “la desigualdad es el gran desafío del mundo en el siglo XXI”, porque “resulta imposible afrontar el desafío climático o migratorio sin reducir las desigualdades”.

El libro de Piketty puede asustar si se ve en una librería, porque es un “tocho” de 1.247 páginas. Pero tiene “varios niveles de lectura”. Yo les sugiero dos. Empezar por leer la Introducción (57 páginas), seguir con la tercera parte ( Capítulo 16: las transformaciones del siglo XX, con un análisis muy interesante de la historia reciente de Europa y la desigualdad, incluyendo 6 páginas sobre “la trampa separatista y el nacionalismo catalán”) y acabar con el Capítulo 17 y las Conclusiones, donde diseña su modelo económico y social contra la desigualdad: una socialdemocracia avanzada, con un reparto del poder en las empresas, un impuesto progresivo sobre la propiedad, garantizar la justicia educativa y fiscal y conseguir una democracia justa y un nuevo orden económico internacional. Y luego, a ratos perdidos, ir leyendo el resto del libro, que es básicamente un libro sobre la historia económica, política y social del mundo, desde Europa y USA a China, Rusia, India y paises emergentes.

“Capital e ideología” no es un libro de economía, es un gran libro de historia del mundo donde mezcla un análisis económico, político, social y cultural, analizando incluso décadas de resultados electorales en medio mundo para analizar la evolución de las ideologías. Porque Piketty cree que la desigualdad no es económica ni tecnológica, sino ideológica y política. Y que la historia del mundo la explican las ideologías, no la economía ni la lucha de clases. Por eso, culpa a la socialdemocracia de dejación de responsabilidades y de no haber sido alternativa al capitalismo neoliberal que nos ha traído la crisis y la desigualdad. Y aboga por un nuevo modelo económico, de cogestión económica y progresividad fiscal, similar al que rigió Europa tras la II Guerra Mundial. Atrévase con Piketty.

Para “desengrasar” un tercer libro más “liviano”: “Moneyland. Por qué los ladrones y los tramposos controlan el mundo y cómo arrebatárselo”, del periodista británico Oliver Bullough, considerado “libro del año 2019” por The Times y The Economist. Cuenta con detalle cómo viven y se mueven los megaricos, los que se han beneficiado de la tremenda desigualdad que desvelaba Piketty. Es una exhaustiva investigación por la tierra del dinero (“Moneyland”), el territorio que se han creado los superricos del Planeta, rusos, chinos, europeos o africanos supermillonarios que tienen pasaportes malteses, empresas pantalla panameñas, villas en Londres, fondos en Jersey o fundaciones en Liechtenstein. Estos “cleptócratas”, opina el autor,  son “una amenaza para la democracia porque con su impunidad minan la confianza de la gente en el sistema”.

El libro detalla cómo estos megaricos de China, Nigeria, Ucrania, Rusia, Europa o EEUU han creado un Estado propio (“Moneyland”) donde “no existen fronteras”: hacen circular su dinero, sus hijos, sus propiedades y a ellos mismos dónde quieren, eligiendo las jurisdicciones para que las reglas y las restricciones de los demás no les afecten. “Una infraestructura global que permite a los corruptos robar en un sitio, ocultarlo en otro y gastarlo en el de más allá”, señala el autor. Y ofrece detalles de cómo se ha construido este sistema, que mueve 2,6 billones de dólares anuales, desde Suiza y los paraísos fiscales a Europa y USA. Y también propone soluciones para combatirlo, básicamente leyes, transparencia y colaboración internacional.

El cuarto libro que propongo leer es “Contra los zombis. Economía, política y la lucha por un mundo mejor”, del Premio Nobel norteamericano Paul Krugman. Es una recopilación de más de 90 artículos publicados en prensa (la mayoría en The New York Times) en los últimos 15 años. Su denominador común es desactivar una serie de ideas “zombis”, un montón de ideas que Krugman llama así porque son “ideas que se resisten a morir”, que “deberían estar muertas porque no funcionan, pero que son repetidas por motivos políticos”.

La idea “zombi” a la que Krugman dedica más tiempo es que las rebajas fiscales producen un efecto milagroso y que bajar impuestos reanima la economía”, algo que “jamás ha funcionado” (insiste Krugman), que se ha demostrado falso desde la época de Reagan y Thatcher (aunque Pablo Casado lo siga repitiendo). La 2ª idea zombi más repetida es la austeridad, los recortes como salida a una crisis que tanto defendió Europa en 2010 y Rajoy desde 2012. “La austeridad es mala para la economía”, señala Krugman y lo argumenta. Otras ideas zombis que critica Krugman son que los programas sociales no se pueden financiar y son inviables, que no se puede dar cobertura sanitaria a todos los norteamericanos, que la desigualdad es inevitable, que la deuda es una bola de nieve imparable, que la tecnología supone desigualdad y paro o la bondad del proteccionismo de Trump. En definitiva, Krugman trata de denunciar las “malas ideas económicas” y  su libro ofrece también “alternativas para conseguir un mundo mejor”, como hacen también los demás libros que recomiendo.

Y acabo con el quinto libro, “Capitalismo progresista”, de otro Premio Nobel USA, Joseph Stiglitz, calificado de “manifiesto brillante y provocados para salvar al capitalismo de sí mismo”. El autor explica que hemos pasado de la economía del bienestar a “la era del malestar”, donde el capitalismo “ha fallado a mucha gente”, por su crecimiento escaso y desigual. El autor hace un repaso a los últimos 40 años de la economía mundial, de Reagan a Trump, deteniéndose en los tres grandes males del sistema: globalización mal gestionada, financiarización desmedida y un poder creciente del mercado, con la tremenda consecuencia de que “la economía se ha adueñado de la política y la democracia”. Y al final, plantea Stiglitz, “antes que la reforma económica hay que hacer la reforma política”.

El grueso del libro es la primera parte, que analiza ¿Cómo se ha perdido el rumbo?, detallando esos males ya apuntados: enorme poder del mercado, concentración desmedida de la riqueza, excesivo peso del sector financiero, una globalización mal gestionada (“el proteccionismo no es la respuesta”, insiste frente a Trump) y el desafío de las nuevas tecnologías para el empleo, la desigualdad y el poder del mercado. “Necesitamos que el Gobierno controle el mercado, que el mercado controle al Gobierno y que la sociedad controle a ambos”, señala. Una segunda parte propone medidas para reconstruir la economía y la política en EEUU. Y la parte final plantea alternativas para mejorar la vida de la gente, con una Agenda progresista para la regeneración del capitalismo, darle la vuelta a lo que se ha hecho mal en estos 40 años y “gobernar para el 99%, no para el 1% más rico”: controlar mercados, regular las finanzas, fiscalidad más justa, reequilibrar la globalización, aprovechar socialmente los cambios tecnológicos y frenar el deterioro ambiental. “No es demasiado tarde para salvar al capitalismo de sí mismo”, señala al final Stiglitz. Ojalá sea verdad.

Espero que estos 5 libros les interesen y ayuden a entender mejor el mundo. Lean, descansen y ¡hasta septiembre!

lunes, 3 de agosto de 2015

Cuatro libros y un comic para el verano


En verano hay más tiempo para leer, así que les recomiendo cuatro buenos libros para entender mejor algunos temas claves de nuestro tiempo. Uno sobre la desigualdad en el mundo, que preocupa  incluso a los economistas más ortodoxos, porque hace peligrar un futuro estable del capitalismo. El segundo, sobre los paraísos fiscales, donde los más ricos esconden su dinero y evaden impuestos, perjudicando a todos. El tercero, sobre el hambre en el mundo, tan dramático que ya ni nos conmueve, fruto de la desigualdad y no de la falta de comida. Y el cuarto, sobre el cambio climático: nos estamos cargando el Planeta y queda poco tiempo para salvarlo, una crisis más grave que la última recesión porque nos lleva a un desastre sin retorno. Y como colofón, un cómic extraño como la vida misma, un diario ilustrado de un joven sobre nuestro delirante mundo. Que los disfruten.
 

enrique ortega

 
El primer libro ha sido un superventas en todo el mundo aunque sea un libro de economía: “El capital en el siglo XXI”, del joven economista francés Thomas Piketty. Se trata de un detallado análisis (663 páginas) de la distribución  del ingreso y la riqueza en el mundo (sobre todo en Francia, Gran Bretaña y EEUU) en los siglos XVIII, XIX y XX, además de una previsión sobre cómo será la desigualdad  mundial en este siglo XXI. En resumen, la desigualdad creció mucho hasta 1.910, se redujo después por efecto de las dos Guerras Mundiales y volvió a crecer a partir de 1.980, por efecto de las políticas liberalizadoras (Thatcher y Reagan), la globalización y la desregulación financiera. Y Piketty augura que si no se hace nada, la desigualdad aumentará aún más en el mundo para el año 2050. 

El libro detalla los factores que han ido creando y agravando la desigualdad en Occidente, desde la Revolución Francesa hasta hoy, con numerosos cuadros muy explícitos y un lenguaje denso pero entendible. Sobre la desigualdad en el mundo, me ha impactado este dato: los 900 millones de personas que viven en el África subsahariana ingresan menos (1,8 billones euros) que los 66 millones de franceses (2 billones euros). Y el ingreso medio de un europeo, japonés o norteamericano es de 2.500-3.000 euros/mes frente a 150-250 euros de un indio o un africano. Sólo en Occidente, hace este resumen de la desigualdad hoy: el 10% más rico se lleva el 35% de los ingresos totales en Europa (el 50% en EEUU) mientras el 50% más pobre se lleva el 25% (el 20% en USA) y el 40% de clase media se lleva el 40% restante (el 30% en USA). Y augura que en EEUU, el 10% más rico se llevará el 60% de la riqueza en 2030.

Piketty explica que el mayor factor de desigualdad es el desempleo y que las herencias y los impuestos han ayudado a los ricos a ser cada vez más ricos, sobre todo desde los años 80, cuando los impuestos al capital han bajado porcentualmente en todos los países. Analiza la explosión de los salarios de los altos ejecutivos: hay 260.000 súperejecutivos norteamericanos que ganan más de 1,5 millones de dólares anuales. Y resume que el 1% más rico, la clase dominante en Occidente (9 millones de personas) controla ya el 20% de la riqueza total en EEUU (y el 10% en Europa) mientras el 99% restante (890 millones de personas) tiene el 80%. Y que para 2030, si no se remedia, ese 1% de superricos tendrán en 25% del pastel.

¿Remedios? Piketty propone establecer un impuesto mundial sobre el capital, con una tasa variable (del 1 al 10%) a aplicar a los patrimonios de más de un millón de euros. La función principal de este impuesto no sería tanto recaudar (podrían ingresarse unos 300.000 millones de euros en Europa) como regular el capital y conseguir una información y transparencia sobre la riqueza mundial que hoy no existe. Y frenar el crecimiento de la desigualdad, que aparece para muchos como uno de los mayores problemas del capitalismo actual.

El segundo libro es complementario del anterior: “La riqueza oculta de las naciones”, del también economista francés Gabriel Zucman. Porque explica de forma sencilla y muy divulgativa (150 páginas) cómo los superricos evaden impuestos colocando su dinero en paraísos fiscales: un 8% del total, nada menos que 5,8 billones de euros. El libro detalla el surgimiento de Suiza como primer paraíso fiscal, tras la I Guerra Mundial (como refugio de los capitales europeos) y el salto que da la banca suiza tras la segunda Guerra Mundial, con sus tretas y falsificaciones para evitar el control de los Gobiernos. Y cómo, a partir de los años 80, son los grandes bancos suizos los que diversifican su estrategia, creando paraísos fiscales y empresas opacas en terceros países, desde Hong-Kong, Singapur, Bahamas, Jersey o Luxemburgo, el segundo mayor paraíso fiscal, en el seno de la Unión Europea.

El mayor mérito de este libro es describir claramente cómo han operado la banca suiza y los paraísos fiscales para ocultar durante décadas a los Gobiernos las cuentas de sus clientes, recurriendo cuando ha hecho falta a la mentira y al engaño. Y cómo, a pesar de las últimas normativas de EEUU (ley FATCA) y de Europa (Directiva de Ahorros), el dinero sigue oculto: son 5,8 billones de euros opacos,  un tercio en Suiza (1,8 billones, 1 billón de europeos, 80.000 millones de españoles). Un dinero que no paga impuestos: se pierden 130.000 millones de euros anuales, 50.000 millones que pierde Europa (y 6.000 España).

Zucman cree que se puede luchar contra los paraísos fiscales, pero que hay que hacerlo con voluntad política y a nivel europeo y mundial, utilizando dos importantes bazas: las sanciones financieras y comerciales, sobre todo en el caso de Suiza: el 35% de sus exportaciones van a Alemania, Francia e Italia y si tomaran medidas, imponiendo aranceles o sanciones mientras mantengan el secreto bancario o la opacidad fiscal, las autoridades suizas se verían obligadas a ser transparentes. Y en paralelo, apoya la creación de un impuesto mundial sobre el capital que propone Piketty, también como él no sólo por recaudar más sino para crear un registro mundial de capitales, un “catastro” mundial, que debería gestionar el FMI. Y defiende además una regulación mundial del impuesto de sociedades, para evitar que las multinacionales aprovechen los paraísos fiscales para evadir impuestos.

El tercer libro tiene mucho que ver con la desigualdad: “El Hambre”, del periodista argentino Martín Caparrós, un extenso análisis (624 páginas) que intenta ahondar sobre la mayor vergüenza de nuestro tiempo: 1.000 millones de personas, 1 de cada 7 humanos, que no comen lo que necesitan, lo que provoca que 25.000 personas mueran cada día, un tercio niños.

El libro habla no tanto del hambre como de las personas que lo sufren, con testimonios que Martín Caparrós ha recogido en tres continentes, desde Níger (1 de cada 7 niños muere por el hambre antes de cumplir 5 años), India (el país con más desnutridos del Planeta, con 50 agricultores que se suicidan al día por no poder dar de comer a sus familias), Bangladesh (165 millones de habitantes, un 46% desnutridos y miles de familias que no llevan a sus niños famélicos a las ONGs porque no quieren aceptar que enferman por hambre), Argentina (con pobres viviendo de recoger basura, la contrapartida del hambre: entre un 30% y un 50% de la comida se tira o no se aprovecha, en los países ricos y en los pobres), Sudán del sur (el último país independiente, 10 millones de habitantes, la mitad pasan hambre), Madagascar (la isla del índico donde un 35% pasa hambre) al mismo Chicago (EEUU), muestra del hambre (800.000 personas malnutridas, un 15% de la población) en el país más rico del mundo.

El libro repasa las grandes cifras del hambre, tan brutales que nos han insensibilizado: 2.000 millones de malnutridos, 805 millones de hambrientos “oficiales” (FAO) y 3 millones de niños que mueren cada año por causa del hambre. Y profundiza en las causas, que no son la falta de comida, sino la globalización y la desigualdad. Hasta 1990 y en el último siglo, África exportaba alimentos. Pero a raíz de las políticas de ajuste y globalización impulsadas por el FMI y el Banco Mundial, se defendió un cambio de modelo, en el que África, Asia y Latinoamérica iban a desmantelar su agricultura tradicional y centrarse en cultivos extensivo (soja, maíz, algodón) para el mercado mundial, pagando así los intereses de su deuda. Y suprimiendo sus políticas de reservas estratégicas y alimentos subsidiados, que “iban contra el mercado”. La consecuencia es que estos países se ven forzados a importar alimentos de los países ricos, a precios que no pueden pagar.

En paralelo, se han producido otros hechos que han agravado el hambre. Por un lado, los países ricos han multiplicado sus cosechas, subsidiadas por sus Gobiernos (en Europa y USA), con un exceso de grano que ha ido a alimentar animales (el 70% del maíz USA), porque cada vez se consume más carne. Y ese grano (maíz, trigo, sorgo), que en los países pobres consumirían las personas, va a alimentar vacas, cerdos o gallinas. Y así, quien come carne ”se apropia” de la comida de 5 a 10 personas en el Tercer Mundo. Además, la crisis del petróleo desvió alimentos para biocarburantes, sobre todo maíz. Llenar un depósito de un coche de etanol consume 170 kilos de maíz, la comida de un niño africano durante un año…Y por si fuera poco, en los años 90, los bancos de inversión empezaron a especular con alimentos, que cotizan en la Bolsa de Chicago, y en 2008 había 317.000 millones invertidos en comida, que dispararan los precios de los granos, agravando el hambre en el mundo.

Las perspectivas son preocupantes, porque el crecimiento demográfico, la mayor demanda (los pobres comerán más cada año...) y el cambio climático van a hacer que la comida sea más valiosa que el petróleo. Y eso aumentará más la especulación y los precios de los alimentos. De hecho, desde hace varios años asistimos a un “nuevo imperialismo”, un proceso de “apropiación de tierras” para el cultivo en África, Asia y Latinoamérica por parte de inversores de China, India, Corea y multinacionales o fondos de inversión de Europa y Norteamérica, que ya han comprado 56 millones de hectáreas, más que la extensión de España. Y que lo hacen para expulsar a los agricultores nativos (como ha pasado en Brasil) y producir alimentos masivamente para la exportación, no para arreglar el hambre de esos países.

El libro de Martín Caparrós  deja bien claro que el problema del hambre no es falta de comida: hay suficiente para alimentar a 12.000 millones de personas y somos 7.000. El problema es que la comida  está mal repartida y unos comen mucho (un tercio de los americanos son obesos) y mucha carne (se destina el grano a engordar los animales, no a los hambrientos) mientras otros no comen ni pueden producir alimentos, que han pasado a ser un gran mercado mundial, controlado por las multinacionales, a precios cada vez más elevados, que los pobres no pueden pagar. Y arreglarlo exige no más ayuda humanitaria (parches) sino cambios drásticos en el sistema.

Y vayamos al cuarto libro, el que más me ha impactado: “Eso lo cambia todo. El capitalismo contra el clima”, de la periodista canadiense Naomi Klein. Y me ha impresionado (acongojado incluso) porque aunque creía que conocía el problema del cambio climático, es mucho más grave y acuciante de lo que pensaba: estamos muy al borde del precipicio (las emisiones en 2013 son un 61% más altas que en 1990, a pesar de llevarse 20 años negociando recortes y haberse celebrado 90 Cumbres del Clima) y nos queda poco tiempo (los expertos más serios creen que o tomamos medidas drásticas antes de 2017 o después ya será tarde).

El libro, riguroso y muy documentado (703 páginas), parte de una premisa novedosa: no se puede luchar de verdad contra el cambio climático sin poner en cuestión el sistema, porque es el propio capitalismo el que ha llevado a destruir el clima. Por eso, analiza con detalle Klein, los conservadores de todo el mundo (desde los republicanos en EEUU a Rajoy en España ) tratan de “negar” el cambio climático: porque saben que si los científicos tienen razón, la única manera de luchar contra las emisiones es poner en cuestión el sistema y los valores que la derecha lleva más de tres décadas defendiendo, apostando por medidas que no les gustan: más intervencionismo del Estado, más control sobre las empresas y el mercado, menos petróleo, carbón y gas y más apoyo público a las renovables, menos consumismo y otro estilo de vida, más sostenible.

Y sobre todo, el fin de las extracciones de petróleo, carbón y gas: si no dejamos en el subsuelo,  las reservas probadas en todo el mundo (27 billones de dólares) y las extraemos y quemamos, son 5 veces los gases que la atmósfera puede absorber, poniendo en peligro nuestra subsistencia.  En paralelo, habría que obtener nuevos recursos (“quien contamine, pague”) para financiar el cambio de sistema, apoyando las energías renovables y promoviendo un nuevo esquema de vida, menos contaminante, desde las viviendas al transporte, la industria o la agricultura. Y con menos consumismo, porque producir sin freno es la mayor fuente de emisiones.  Y sobre todo, es importante, repartir el esfuerzo. El 70% de las emisiones que ya están en la atmósfera son culpa de los países ricos, que llevamos dos siglos contaminando. Pero ahora, la mayor contaminación procede de los países pobres, sobre todo de China, que al ser la fábrica del mundo es también su “chimenea”. Y los países emergentes dicen que no pueden frenar su desarrollo para no contaminar. Pero sin frenar estas emisiones, las que ahora más crecen, nos pasamos todos los límites y el cambio climático será imparable. Por eso, hace falta que los países ricos les ayuden a financiar los cambios y les transfieran nuevas tecnologías a bajo coste.

El libro de Klein alerta sobre el riesgo de que, como las medidas contra el cambio climático han  de ser muy drásticas, aparezcan falsas alternativas bajo la esperanza de “tecnologías milagro”, como bombardear la estratosfera con azufre (para crear millones de espejos de SO2 que reduzcan los rayos del sol), máquinas para captar CO2, la siembra de nubes o  la fertilización de los  océanos. Las analiza, explica sus contras (peligrosos) y reitera que antes de buscar un Plan B hay que centrarse en el Plan A: huir de los combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas), desarrollar las energías alternativas y cambiar el sistema, buscando un crecimiento sostenible.

Al final, Naomi Klein se muestra pesimista de que los Gobiernos tomen medidas efectivas, porque han de ser muy drásticas y atentan contra empresas y sectores muy poderosos, que no querrán hacerse el harakiri. Y lo compara a la lucha contra la esclavitud. Su esperanza está no en los movimientos ecologistas (critica muy duramente a los convencionales) sino en  los movimientos de base, en los miles de personas que cada día se movilizan en defensa de la naturaleza, desde Ecuador o Canadá y de Nueva York a Grecia o Gran Bretaña, contra los oleoductos, el fracking, las minas de carbón o las arenas bituminosas. Un movimiento cada vez más masivo, que defiende no destruir la tierra de todos. Sólo la gente puede salvarnos.

Y para desengrasar, un comic: “Lo que me está pasando. Diarios de un joven emperdedor”, de Miguel Brieva. Un libro ilustrado, con un papel que huele a papel (¡huélalo¡), donde desfilan los delirios de un joven que se mezclan con la realidad (más tremenda que sus sueños).  Un relato gráfico de calidad, que pretende hacernos reflexionar sobre lo cotidiano en clave diferente. Extraño pero interesante, como la vida misma. Y diferente a los comic habituales.

Espero que alguno de estos libros le interese y le ayude a entender mejor nuestro mundo. ¡Felices vacaciones¡ … y hasta septiembre.