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lunes, 9 de julio de 2018

Pacto salarial: hay que ir más lejos


El pasado jueves, patronal y sindicatos firmaron un acuerdo salarial a 3 años, con una subida del 2 al 3% y un compromiso para que los salarios mínimos lleguen a 1.000 euros en 2020. Es un avance, pero insuficiente: la subida, mayor que los últimos años, se la come la inflación (2,3% en junio). Y todavía no se resarce a los trabajadores del recorte salarial y la pérdida de poder adquisitivo desde 2008: -10,8%. Pero, sobre todo, el acuerdo debería ir más allá y avanzar en algo más importante que los salarios: conseguir un empleo decente, reducir los contratos temporales y a tiempo parcial sin justificación, las claves de unos salarios “de pobres”, un 32% más bajos que en Europa. Y patronal y sindicatos deberían negociar mejoras no salariales, ahora que los beneficios empresariales llevan 5 años subiendo: más formación, cotizaciones a la SS más altas, ayudas a la conciliación familiar, organización interna y contratos estables. Así tendríamos empresas más justas y más competitivas.

enrique ortega

La economía lleva ya 5 años creciendo, pero los salarios de los españoles no se recuperan. Hasta el 31 de mayo, la subida pactada en los convenios firmados (2.385, que incluyen 5,7 millones de trabajadores, sólo un tercio de todos los asalariados) es del 1,59%, similar a la subida de convenio de todo 2017 (+1,45%), aunque mayor a la de años anteriores (del 0,53% en 2013 al 0,99% en 2016). Pero estos datos no son representativos de lo que están subiendo de verdad los salarios porque muchos trabajadores aún no han firmado la subida de 2018 y otros no tienen convenio (muchas pymes y microempresas) y muchos trabajadores (temporales, por horas, eventuales (están “fuera de convenio”.

Por eso, es más representativa la subida salarial que refleja el INE, en su Encuesta trimestral de coste laboral, para los 16 millones de asalariados. El último dato es que los salarios crecieron un +0,8% en el primer trimestre 2018 (el IPC subió un 2%), tras subir un 0,7% en 2017 y bajado un -0,8% en 2016. Y la última estadística, del 28 de junio, es peor: los salarios cayeron un -1,4% entre 2008 y 2016, según el índice de precios del trabajo (IPT), tras subir en 2009 (+1,5%), 2010 (+0,5%), 2014 (+0,8%) y 2015 (+0,7%) y bajar en 2011 (-1,5%), 2012(-1,6%), 2013 (-0,3%) y 2016 (-1,3%). Por autonomías, la caída de salarios fue peor en Madrid (-4%), Asturias y Aragón (-3,8%) y Murcia (-3,7%), mientras sólo crecían los sueldos estos años en el País Vasco (+4,1%), Galicia (+1,2%), Baleares (+1,1%) y Navarra (+0,4%). Si tenemos en cuenta la subida de precios en estos ocho años (+9,4%), el resultado es que los salarios españoles perdieron un 10,8% de poder adquisitivo entre 2008 y 2016.

De hecho, la OCDE acaba de alertar  la semana pasada que, a pesar de la recuperación, España es uno de los 3 únicos países de los 35 de la organización donde cayeron los salarios reales (descontando la inflación) entre 2007 y 2017: un -0,45%, sólo por detrás de Italia (-1,1%) y Australia (-0,6%), mientras crecían una media del +0,6% en toda la OCDE, un 0,5% en Alemania y casi un 1% en Francia. La OCDE lo atribuye al elevado paro en España, la débil productividad y el elevado "subempleo" (empleados que trabajan a tiempo parcial de manera obligada), el 10,5% de los asalariados en España, el subempleo más elevado de Occidente tras Italia (13% asalariados).  

Con esta caída de sueldos en la última década, España se ha alejado aún más de los sueldos europeos. En salario hora, el dato mejor para comparar entre países, los trabajadores españoles cobraban 15,9 euros/hora en 2017, frente a 20,3 euros/hora los trabajadores de la UE-28 y los 23,60 euros/hora que cobran en los países euro, según los últimos datos de Eurostat. Con ello, España es el país nº 16 con los salarios más bajos de Europa, sólo más altos que en Chipre, Grecia, Portugal, Malta y 11 países del Este. Y nuestros sueldos (15,9 euros/hora) quedan muy lejos de los países europeos con los que competimos: 26,4 euros/hora en Alemania (+39,8%), 24,2 euros/hora en Francia (+34,3%), 21,3 euros/hora en Reino Unido (+25,3%) y los 20,4 euros/hora en Italia. Y lo peor es que esta brecha salarial con Europa se ha agravado con la crisis: si en 2008 era del -14,3% con la UE-28, en 2017 era ya del -21,66%. Y del -32,6% con los países euro, según los datos de Eurostat.

Estos bajos salarios en España han provocado además un fenómeno nuevo: la aparición de trabajadores pobres, que se pueda tener un trabajo y “ser pobre”. De hecho, hay más de 2,36 millones de trabajadores (2.368.830 asalariados), el 14,8% del total, que son pobres, porque ganan menos del 60% de la media del país. Con ello, España es el séptimo país del mundo en porcentaje de trabajadores pobres y el primero en Europa, según la OCDE, cuya tasa media (35 países) de trabajadores pobres (8,2%) casi duplicamos.

Pero quizás, el dato más llamativo y preocupante es que los salarios han perdido peso en la economía, en el “reparto del pastel” de la riqueza (PIB). Así, si en 1978, los salarios se llevaban el 52,2% de la riqueza (el máximo histórico) y en 2008, al inicio de la crisis, todavía recibían la mitad del pastel (50,1% del PIB), luego han perdido peso año tras año, con la rebaja de salarios y el elevado paro, hasta cerrar 2017 recogiendo sólo el 47,3% de la riqueza del país. Y en paralelo, los beneficios empresariales han pasado de llevarse el 41,7% del pastel en 2008 al 42,45% en 2017, según la Contabilidad Nacional del INE. El resto, hasta el 100% del PIB se lo llevan los impuestos, el 10,3% de la renta en 2017.

Dicho a lo claro: la crisis ha servido para que los trabajadores españoles pierdan un trozo del pastel de la riqueza (PIB) en beneficio de las empresas. Hay otro dato muy explícito: los beneficios empresariales aumentaron en +98.680 millones de euros entre 2008 y 2017 (82.811 millones se han quedado en las empresas y 15.663 millones han ido a sus accionistas, en forma de dividendos) mientras los salarios totales han caído -10.214 millones desde 2008, según la Contabilidad Nacional (INE), a pesar de la recuperación. Y otro dato llamativo: las empresas españolas consiguieron en 2017 un beneficio empresarial bruto del 42,8% de su producción, frente al 40% de beneficio de las empresas europeas, el 41,2% de las alemanas y el 31,8% de las francesas, según Eurostat. O sea, ganan más que las europeas.

En este contexto, se entiende que los sindicatos lleven meses protestando por las mínimas subidas de salarios de estos años y hayan amenazado con movilizaciones para recuperar lo perdido. Al final, consiguieron firmar con la patronal, el jueves 6 de julio, un pacto salarial por 3 años, que contempla una subida anual del 2% más un 1% más si hay mejoras de productividad. Y lo más importante: la patronal se compromete con los sindicatos a recomendar a las empresas que suban los salarios mínimos en los convenios, para que en 2020 estén en los 14.000 euros anuales, 1.000 euros mensuales en 14 pagas. Un acuerdo que, si se cumple (es una “recomendación”) va más allá del acuerdo firmado en diciembre de 2017 por el Gobierno Rajoy, sindicatos y patronal para subir el salario mínimo (SMI) de 707 euros a 850 euros en 2020.

Este pacto salarial es un importante avance, porque asegura una cierta paz laboral a 3 años y mejora las subidas de sueldos en convenio de los últimos años (del +0,5 en 2013 al 0,09 en 2015 y el 1,49% en 2017), aunque no concreta el sistema de revisión salarial, que puede ser motivo de conflictos, máxime cuando la inflación anual está en el 2,3% en junio y puede subir más con el petróleo y el alza de tipos en 2019. Pero el mayor avance está en la recomendación de subir a 1.000 euros el salario mínimo., una medida que va a beneficiar a 2,2 millones de trabajadores que cobran menos, además de a muchos trabajadores a tiempo parcial, que también verán mejorado su salario. Los más beneficiados serán los asalariados que menos cobran hoy: los de la enseñanza privada no concertada  (les subirá el sueldo un 55% para 2020) y concertada (+13,9%), los de productos cocinados para venta a domicilio (+47,5%), el personal que atiende a discapacitados (+38,2 subirá su sueldo) y a dependientes (+12%), personal de peluquería y gimnasios (+31,2%), trabajadores de ocio y animación socio-cultural (+29,6%) y de la industria audiovisual (+32,1%).

Si se cumple esta parte del pacto salarial, tendremos salarios mínimos más decentes en 2020. Hay dos pegas. Una, que muchas pequeñas empresas y microempresas no tienen convenio ni sindicatos y será difícil que sus trabajadores consigan este salario mínimo (sí el SMI acordado en diciembre, que es obligatorio). Y la otra, que el nuevo salario mínimo queda aún muy lejos del que se paga hoy en la mayoría de Europa: hay 7 países con el SMI más alto que España (859 euros en 12 pagas este año): Luxemburgo (1.999 euros), Irlanda (1.619), Holanda (1.578), Bélgica (1.563), Alemania (1.498), Francia (1.498) y Reino Unido (1.401 euros), según Eurostat. Italia, Dinamarca, Austria, Finlandia, Suecia y Chipre no tienen salario mínimo y en los países del Este oscila entre 503 euros (Polonia) y 261 euros (Bulgaria).

El pacto salarial entre la patronal CEOE y CEPYME y los sindicatos UGT y CCOO incluye también otros acuerdos no salariales. Unos sobre temas laborales, como la intención de reformar con el Gobierno las subcontratas, para evitar tanta precariedad, o la intención de reducir la jornada temporalmente antes que pensar en nuevos despidos (no se habla del exceso de horas extras, la mitad sin pagarlas, que habría que recortar). Y otro sobre la intención conjunta de mejorar la formación de los trabajadores, reformando el sistema actual (el Gobierno Rajoy hizo una reforma que dejó fuera a sindicatos y patronal) y reasignando automáticamente a otro ejercicio el dinero remanente (ahora no se gastaba). También se plantea un apartado sobre la igualdad laboral y salarial de hombres y mujeres, donde plantean la necesidad de equiparar los permisos de paternidad y maternidad y la reducción de jornada o el estudio del sistema de pluses y complementos salariales, pero sin compromisos concretos sobre informar en las empresas de la brecha salarial de género. Otro apartado del acuerdo hace referencia al relevo generacional, al rejuvenecimiento de plantillas, pero también sin acordar medidas concretas. Y hay dos puntos más incluidos por presión de la patronal: el estudio del absentismo laboral (habrá un informe en 6 meses) y la lucha contra la economía sumergida (se habla de un Plan para reducir la “competencia desleal”).

Todo esto está muy bien, pero sindicatos y patronal tienen que seguir avanzando en estos temas, sabiendo que la mayoría exigen Leyes y normas que han de pactar con el nuevo Gobierno y que son difíciles de aprobar en esta Legislatura, con un Parlamento tan dividido. Pero su obligación es hacer propuestas, porque son cuestiones clave para consolidar la recuperación. En especial, la lucha contra la precariedad, la temporalidad y el trabajo esclavo, que son un cáncer para las empresas y su productividad. Urge un Pacto por el empleo decente y bien pagado, tras esta década de sacrificios de los trabajadores españoles.

Otra cuestión clave son las cotizaciones sociales: sindicatos, patronal y Gobierno deberían pactar una subida escalonada, porque en España son más bajas que en Europa. En 2017, las cuotas a la SS que pagaban empresarios y trabajadores suponían el 12,2% del PIB en España, por debajo del 13,3% de media en la UE-28 y el 13,2% en Italia, el 16,7% del PIB que pagan en Alemania y el 18,8% en Francia, según Eurostat. Eso significa que hay un margen para cotizar como los europeos e ingresar 12.500 millones más por cotizaciones. Y a corto plazo, si se obliga a cotizar por todo el sueldo (quitando el tope actual a los 3,4 millones de trabajadores que ganan más de  45.000 euros anuales), la Seguridad Social ingresaría 4.500 millones más al año. Serían dos medidas claves para asegurar las pensiones a medio plazo.

Hay otra serie de temas claves que no tienen que ver con salarios, cotizaciones o contratos, en los que deberían volcarse patronal y sindicatos, con el apoyo de los políticos. Uno de ellos es la formación de los trabajadores y de los parados, muy deficiente hoy: un 41,7% de los españoles adultos (25-64 años) tienen un nivel educativo bajo (sólo con la ESO acabada o ni siquiera), frente al 20,3% en Europa o el 22,4% en la OCDE, el peor dato de toda Europa salvo Portugal (53,1% poco formados), muy lejos del 13,1% de poco formados de Alemania, el 20,2% de Irlanda, el 21,9% de Francia, el 35,7% de Reino Unido o el 39,9% de Italia, según los últimos datos de la OCDE (“Panorama de la educación 2017”). En el medio, tenemos menos adultos con formación media: el 22,5% de españoles tienen Bachillerato o FP, frente al 46,4% de media en Europa y el 44,2% en la OCDE. Y eso sí, por arriba, tenemos más universitarios que la mayoría: un 35,7% de los adultos en España, frente al 33,4% en Europa y el 36,7% en la OCDE, el 28,3% en Alemania o el 34,6% en Francia.

Otro tema clave es mejorar el clima laboral y la organización de las empresas, porque el estilo del “ordeno y mando” y “exijo a golpe de despido” no son los mejores caminos para mejorarla productividad en una empresa, que exige participación y colaboración. Y además, las empresas deberían apostar por la innovación, la tecnología y la digitalización, implicando en ello a sus trabajadores. Y forzar con ellos al Gobierno en el recorte de otros costes empresariales, para que haya más recursos para el empleo, la formación y los salarios: recorte de los costes energéticos (las empresas españolas pagan la luz un 20% más cada que las europeas, según Eurostat), de los costes financieros y logísticos.

El pacto salarial recién firmado es un buen principio, pero empresas y sindicatos deberían ir más allá, apoyados y acuciados por el Gobierno y los políticos. Deberían conseguir un empleo más estable y menos precario, mejorar las condiciones laborales y el clima de trabajo, cotizar más y de forma más justa para salvar las pensiones, apostar por la formación y la innovación y tratando de recortar los costes no laborales y los dividendos desorbitados, para dejar más margen a la inversión, el crecimiento y el empleo. Demostrar que se puede competir y tener beneficios razonables con salarios y empleos decentes, con trabajadores más formados y más implicados en las empresas. No es mucho pedir, aunque ahora parezca imposible.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Menos puentes festivos y más horas de trabajo


En unos días, 2014 nos trae un calendario laboral con una fiesta más que este año pero con menos puentes y más cortos. España tiene 14 festivos, los mismos que la mayoría de Europa, pero trabajamos 232 horas más al año. Y en 2013, con la crisis y la reforma laboral, la jornada de trabajo ha aumentado hasta una hora semanal más, muchas veces con menos sueldo. Algo preocupante en un país con el doble de paro que Europa y donde aumenta la jornada laboral desde 2008, lo que ha impedido salvar más de medio millón de empleos de la crisis. Ahora, se debería reducir la jornada y repartir el poco trabajo que hay, con un horario europeo, de 9 a 17 horas. El Congreso ha pedido al Gobierno, por unanimidad, que cambie horarios, para estar antes con la familia. Calentar más tiempo la silla no es más productivo. Es menos.
enrique ortega

El calendario laboral de 2014 viene con una fiesta más (porque en 2013 la Inmaculada ha caído en domingo) pero con menos puentes y más cortos, ya que sólo hay tres fiestas nacionales entre semana (una, el “macropuente” de mayo). Habrá 9 festivos nacionales en toda España: 1 enero(miércoles), 6 enero Reyes(lunes), 18 abril (Viernes santo), 1 mayo (jueves), 15 agosto (viernes), 1 noviembre (sábado), 6 diciembre (sábado), 8 diciembre (lunes) y 25 diciembre (jueves). A ello hay que sumar 3 fiestas  autonómicas (la de cada autonomía y dos festivos nacionales más o sustituibles, como el lunes 13 de octubre) y 2 fiestas locales.

Un calendario laboral de crisis, con menos puentes y pérdida de horas de trabajo, por  lo que el Gobierno no ha tenido que poner en marcha (tampoco en 2013) la reforma que pactó en 2012 con sindicatos, patronal y la Iglesia, acordando que podía cambiar tres festivos para reducir los macropuentes: 15 de agosto (caerá en viernes), 1 de noviembre y 6 de diciembre (caen en sábado en 2014). Y tampoco tendrá que hacerlo hasta 2018, al menos.

España, con 9 fiestas nacionales, es junto a Gran Bretaña el país con menos festivos de Europa, pero si añadimos las 5 fiestas autonómicas y locales, queda en línea con la mayoría de países europeos, que tienen entre 10 y 15 festivos. Sin embargo, los españoles trabajamos más horas que la mayoría de europeos: 1.686 horas en 2012, 112 horas más que la media de 17 países de la eurozona (1.574 horas), según Eurostat. Y con datos de la OCDE (2012), España trabajaba (1.686 horas) menos que la media de sus 35 países (1.765 horas) pero más horas que la mayoría de países europeos, salvo Grecia (2.034 horas), Italia (1.752 horas), Portugal (1.691) y la mayoría de Europa del Este. Así, trabajamos 289 horas más al año que los alemanes (1.397), 193 más que los franceses (1.479) y 32 horas más que los británicos (1.654 horas al año).

Con la crisis y sobre todo, tras la reforma laboral del Gobierno Rajoy (febrero 2012), esta jornada laboral ha aumentado, por presión de las empresas y la Administración. En 2013, muchos convenios han forzado aumentos de jornada, como el de grandes almacenes (+28 horas semanales) o Metro de Madrid (+58 horas), incluso con menos sueldo. Y la propia Administración central  ha aumentado su jornada en 2013 (a 37,5 horas semanales y reducción de 6 a 3 “moscosos”), como la mayoría de autonomías y Ayuntamientos.  

Resultado: un sensible aumento de la jornada laboral en 2013, sobre todo por haberse reducido el absentismo, las horas perdidas (de 4,2 horas semanales en 2012 a 3,4 en 2013). En consecuencia, la jornada efectiva ha pasado de 30,6 horas (2º trimestre 2012) a 31,2 horas (2º trimestre 2013). Y la jornada sube más para los que trabajan a tiempo completo: de hacer 34 horas a la semana a 35 horas en 2013, según el INE. Y los contratados  a tiempo parcial, también trabajan más: de hacer 17,7 horas han pasado a hacer 18,3 horas semanales. Aquí, la mayoría querría trabajar más horas, ya que ganan la mitad que a tiempo completo. Y es que el 61% de los que trabajan a tiempo parcial lo hacen “de forma involuntaria”, porque no tienen otro trabajo (en Europa son el 28%).

No sólo trabajamos más horas, sino que también trabajamos más horas extras gratis. Mientras han bajado las horas extras pagadas al nivel más bajo de la última década (menos de media hora al mes), las horas extras gratis fueron 2.630.000 en el cuarto trimestre 2012, 12 minutos a la semana por trabajador. Con ello, las empresas se ahorran pagar 40 millones de euros y dejan de contratar a 65.750 personas.

Precisamente, lo más grave de que España tenga más horas de trabajo que la mayoría de Europa es que esa mayor jornada impide crear nuevos empleos. Ya lo ha hecho durante la crisis. Entre 2008 y 2012, la jornada laboral sólo creció en España (+1,4%), Grecia (+4,3%) y Chipre (+0,6%), mientras bajaba un 1,6% en Europa (-2,8% en Italia, -2,1% en Irlanda o -1,7% en Alemania). Si nuestra jornada laboral se hubiera reducido como la europea, se habrían podido salvar 540.000 empleos, uno de cada 5 puestos de trabajo perdidos en la crisis, según un estudio de la Junta de Andalucía. Y si además tuviéramos la misma jornada laboral que la media de Europa, se podrían haber creado 720.000 empleos. En total, 1,26 millones de puestos de trabajo perdidos por trabajar más horas que Europa.

La crisis ha provocado no sólo que las empresas aumenten la jornada laboral (mientras pagan un 16,6% menos de salario que en Europa, 1.639 euros frente a 1.936) sino que los trabajadores, de motu propio, se queden más horas en la empresa, calentando la silla. Es el presentismo: un 85% de trabajadores reconocían que alargaban su jornada en 2012, frente al 45% que lo hacían en 2010, según un estudio de Randstad. La mayoría son jóvenes con pocos estudios y lo hacen por miedo a perder el empleo (65%) o por falta de personal (24%). El presentismo, además de no mejorar la productividad, tiene sus riesgos: más estrés laboral, más riesgo de accidentes y, sobre todo, quita empleo.

Trabajar más horas no aumenta productividad, como está superdemostrado: los españoles trabajamos 232 horas más al año que los europeos y producimos la mitad, según un estudio del IESE y Adecco. Y uno de los países más productivos es Bélgica, donde se trabaja 112 horas menos al año que en España. Además de trabajar más horas, en España el horario laboral es “de locos: se entra a trabajar más tarde que en Europa (a las 9 en vez de a las 8) y se sale dos o tres horas más tarde (entre las 18 y las 20 horas, no a las 17), tras el cafelito mañanero y hora y media para comer (30 minutos en Europa).

Racionalizar los horarios, buscando una jornada de 9 a 17 horas (y media hora para comer) mejoraría la productividad de las empresas un 20%, según un estudio hecho entre empresas del IBEX por la Comisión para la racionalización de horarios (ARHOE), que cita otras ventajas de trabajar con horarios europeos: mejor clima laboral, menos estrés y absentismo, ahorro de energía, mejora conciliación laboral y familiar, más atención a los hijos y menos abandono escolar.

Por todo ello, la Comisión de Igualdad del Congreso aprobó  en septiembre por unanimidad  instar al Gobierno para que apruebe una Ley de conciliación laboral y racionalización de horarios, con un permiso de paternidad obligatorio de mes y medio (hoy 15 días) y un horario laboral recomendado de 9 a 17 horas, incluyendo adelantar una hora el horario peninsular (al de Canarias, Portugal y Gran Bretaña) y el horario prime time de las televisiones (de las 22-1 madrugada actuales a las 21-23 horas), para facilitarlo. Pero no parece que las empresas, agobiadas por la crisis, estén por el horario europeo…

Sin embargo, trabajar más horas que Europa cuando tenemos el doble de paro es una grave irresponsabilidad que, además, no mejora la productividad, porque eso depende más de otras variables: organización del trabajo, integración en la empresa, formación, producto, calidad e innovación, costes, logística… El Gobierno y las empresas no se deben obsesionar porque haya menos fiestas y más horas de trabajo, sino por repartir el trabajo disponible y que los que trabajen, lo hagan menos horas pero con más eficacia. Al tajo.

domingo, 15 de abril de 2012

Bajas laborales: ojo a ponerse enfermo


Uno de los puntos más polémicos de la reforma laboral es la posibilidad de despedir a un trabajador si falta al trabajo, aún con baja médica, diez días en dos meses. Hasta ahora, ese despido no era procedente si la plantilla tenía una tasa baja de absentismo, con lo que los jetas podían salvarse si tenían compañeros cumplidores. Los sindicatos dicen que el absentismo es más bajo que en Europa y que el cambio va a ser utilizado para “limpiar plantillas”. Además, se va a permitir a las Mutuas, controladas por las empresas, que den altas y bajas, en vez de los médicos. Y eso cuando  crecen los españoles que van enfermos a trabajar, por miedo a perder su empleo. Y el 85% de trabajadores hacen más horas de las que deben.
enrique ortega

Hasta esta reforma laboral, para despedir a un trabajador por faltas justificadas, hacía falta que la plantilla tuviera un índice de absentismo superior al 2,5%. Ahora, se quita esta cautela, con lo que los trabajadores jetas no se pueden aprovechar de tener compañeros cumplidores. Si faltan al trabajo, aun con bajas justificadas, más del 20% de las jornadas hábiles en dos meses (más de 9 días) o el 25% en cuatro meses (discontinuos, en un año), pueden ser despedidos con 20 días por año (máximo 12 meses). Se excluyen las bajas de más de 20 días, con lo que la diana de la reforma son las bajas cortas, que son las que pagan las empresas (del 4º al 15º día). Un catarro o un esguince mal curado que vuelven, por ejemplo.

Esta norma se puede aplicar ahora a los empleados públicos, donde el absentismo es mayor. Las autonomías ya han empezado a aplicar Planes, al margen de la reforma. Así, el País Vasco paga menos a los funcionarios de baja (75% entre el 4º y el 20º día, 85% entre el 21º y el 44º y el 100% sólo a partir del día 45) y también Madrid (60% entre el 4º y el 20º día y el 75% si se prolonga más de 3 meses). Ahora, además, podrán despedir a algunos.

Los sindicatos aceptan medidas contra el absentismo (las pactaron en los acuerdos sociales de 2011), pero critican que la patronal haya hecho del absentismo una bandera ideológica, queriendo cargar a los trabajadores el sambenito de vagos, con datos falsos. Porque la realidad es que el absentismo en España es más bajo que en Europa: 2,1% de jornadas perdidas por incapacidad temporal (IT) frente al 2,2 % en Europa. Y se ha reducido con la crisis: de 29,9 bajas por 1000 trabajadores (2007) se ha pasado a 24 (2010). Y de 1,7 horas perdidas por trabajador en 2007 a 0,9 en 2011. Y con ello, ha bajado el gasto en IT: de 7.533 millones (2008) a 6.295 (2011).

La patronal dice que la reforma laboral podría reducir el absentismo un 20% y quieren pagar menos en cotizaciones por contingencias comunes, para lo que han conseguido del Gobierno que sean las Mutuas las que en 6 meses den las altas y bajas laborales también en las enfermedades comunes. Sin embargo, los empresarios apenas pagan las bajas: se estima que sólo cargan con 1.000 millones y que el resto lo financia la Seguridad Social. Y  recordemos que si las empresas pagan las bajas laborales (del 4º al 15º día) es porque se acordó en 1994 a cambio de una bajada en las cotizaciones empresariales.

Las Mutuas, controladas ahora por las empresas, gestionan las altas y bajas por accidentes de trabajo y enfermedades profesionales, pero no las de enfermedad común, que deciden los médicos de la SS. Sin embargo, a partir del día 16 de baja, pueden requerir al trabajador para hacerle reconocimientos e incluso pueden hacer propuestas de altas médicas, lo que los sindicatos critican como un elemento de presión sobre el trabajador. En 6 meses, el Gobierno les permitirá que controlen las bajas de menos de 15 días y den las altas, para rebajar la factura de las empresas, lo que puede multiplicar los conflictos.

Las Mutuas, 20 ahora (tras una enorme concentración) son un gigantesco entramado, que maneja más de 12.500 millones y tienen un fondo de reserva de 6.000, a costa, según muchos expertos, de cargar costes a la sanidad pública. De hecho, camuflan muchas enfermedades laborales como enfermedades normales, para no cargar con su coste: un 33% de gasto sanitario público vasco y un 20% de las bajas comunes en Cataluña son bajas por enfermedades profesionales, según distintos estudios. Los sindicatos critican este fraude, que engorda los excedentes de las Mutuas a costa del déficit de la sanidad y piden protocolos claros, unidades específicas en los hospitales y que España reconozca el catálogo de enfermedades profesionales de la OIT.

Mientras la patronal hace bandera del absentismo, los españoles van cada vez más a trabajar enfermos, por miedo a perder su empleo, según distintos estudios.  Y de las enfermedades profesionales detectadas en 2011 (18.121), más de la mitad fueron sin baja, el triple que antes de la crisis (y con baja, la mitad que en 2006).

Además, el 85% de los trabajadores pasan en el trabajo más horas de las que deben, cuando en 2010 eran el 45%, según un estudio de Randstad: dos tercios lo hacen por miedo a perder el empleo y el otro tercio por falta de personal. Y eso, recuerdan, cuando España es el cuarto país de Europa que más horas trabaja (por detrás de Austria, Portugal y Suecia), un 20% más que Alemania, por ejemplo.

El problema no es el absentismo ni trabajar más o menos horas, sino ser productivo y eso no se arregla persiguiendo las bajas laborales. La productividad tiene que ver con una buena  organización del trabajo, con la eficiencia en los procesos, con la tecnología y la innovación, con la formación, con un buen clima laboral. Y vamos por el camino contrario.