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jueves, 11 de junio de 2026

BCE: otra subida de tipos inútil y dañina

Hoy jueves, el Banco Central Europeo (BCE) volvió a subir los tipos, tras bajarlos 8 veces entre 2024 y 2025 y subirlos antes otras 10 veces, entre 2022 y 2023. La “excusa” para volver a subirlos es que la inflación lleva 4 meses subiendo (hasta el 3,2%), por la energía y la guerra en Oriente Medio. Pero muchos expertos critican esta subida, porque no sirve para bajar el precio del petróleo ni abrir el estrecho de Ormuz, aunque sí dañará  a la economía europea, que ya ha caído en el primer trimestre (-0,2%). Y recuerdan que es la 3ª vez que el BCE comete el mismo error : en 2011 primero y luego en 2022-23, subieron los tipos, no frenaron los precios y hundieron más a Europa en una recesión. El camino de Europa no es subir los tipos, dañando a familias (hipotecas), empresas (créditos e inversión) y a los Estados (más intereses deuda), sino ayudar a buscar la paz y, mientras, aprobar más ayudas y medidas para huir del petróleo.

                           Enrique Ortega

El Banco Central Europeo (BCE) retomó hoy 11 de junio un viejo camino: subir los tipos de interés oficiales en la zona euro, del 2 al 2,25% (+0,25%), tras un año sin tocar los tipos. Antes, había utilizado dos caminos. El 21 de julio de 2022 inició una senda de subida de tipos, para luchar contra la inflación (+8,7% en junio), agravada por la invasión de Ucrania y la consiguiente crisis energética, sobre todo en Europa. Entre 2022 y 2023, el BCE aprobó nada menos que 10 subidas, disparando los tipos oficiales del 0% en que estaban (desde 2016) hasta el 4,50% en que los colocó el 20 de septiembre de 2023. Ahí los mantuvo 9 meses, hasta que el 6 de junio de 2024, el BCE volvió a tomar otro camino, el de bajar los tipos, para intentar reanimar una débil economía europea entonces con menos inflación (+3,2% en mayo). Y los bajó 8 veces entre 2024 y 2025, dejándolos en el 2% el 16 de junio de 2025, para no tocarlos hasta ahora, un año después.

El BCE se ha adelantado en la subida de tipos a los demás bancos centrales, sobre todo a la Reserva Federal USA, que tendrá que decidir esta semana si sube sus tipos (en el 3,50% desde diciembre de 2025), ahora que la subida del petróleo ha disparado su inflación al 4,2% en mayo y con Trump exigiendo desde hace meses que bajen más los tipos. El BCE se ha adelantado esta vez porque tiene “mala conciencia” de la última vez que subió tipos, porque cree (aunque no lo reconoce) que lo hizo tarde: subió los tipos el 21 de julio de 2022, casi 5 meses después de la invasión rusa de Ucrania y con la inflación en el 8,7%, muy por encima de su objetivo (+2%), muy superado desde septiembre de 2021 (+3,4%). Y una prueba de que “los subió tarde” es que el Banco de Inglaterra empezó a subir tipos en diciembre de 2021 y la Reserva Federal USA lo hizo cuatro meses antes, en marzo de 2022.

Ahora, el BCE no quiere que nadie le critique por “retrasarse” y quiere ser el más ortodoxo de los bancos centrales, aprobado la primera subida antes de cumplirse 4 meses de los ataques a Irán (28 de febrero) y cuando la inflación en la zona euro sólo ha subido al 3,2% en mayo (muy por debajo de la inflación en la anterior crisis energética, donde los precios europeos subieron más del 10% en octubre y noviembre de 2022, no bajando del 6% hasta junio de 2023). Y frente a los que les critican por “precipitarse”, el BCE se defiende diciendo que “es mejor prevenir que lamentar”, que prefiere subir tipos ahora para evitar que las subidas de la energía se contagien a toda la economía, algo que todavía no ha pasado.

Muchos expertos reiteran que el BCE vuelve a equivocarse subiendo tipos, porque la subida es ineficaz cuando los precios suben por una “inflación de costes”, por una subida de la energía, no porque la economía crezca demasiado y esté “recalentada” (“inflación de demanda”, que es cuando la subida de tipos sí resulta eficaz. Pero ahora, la subida de tipos no va a resolver el problema de las infraestructuras petroleras dañadas o paradas ni servirá para reabrir el estrecho de Ormuz, por lo que no servirá para bajar el precio del petróleo. Tampoco sirvió en la anterior crisis energética, a raíz de la invasión de Ucrania, cuando la inflación en la zona euro acabó bajando (del 10,6% en octubre de 2022 a menos del 3% en octubre de 2023) pero no por las 10 subidas de tipos sino por las ayudas y medidas que aprobaron los Gobiernos europeos, desde la excepción ibérica (clave para bajar la luz en España) hasta las ayudas a familias o sectores y el aumento de las energías renovables y la independencia energética europea. Ahora pasa lo mismo: si la inflación no sube más, no será porque el BCE sube tipos sino por las medidas que están tomando los paises (bajada impuestos) para luchar contra las subidas energéticas.

El otro problema de esta subida de tipos del BCE es que, además de ineficaz es perjudicial para la economía: los tipos más altos no frenan la inflación pero sí deterioran la economía de las familias, las empresas y los Estados, frenando el crecimiento. Es como aplicar una sangría a un enfermo que está en la UVI. Este error del BCE, promovido por los “fundamentalistas monetarios”, ya lo cometió el Banco central europeo en 2011 y en 2022-2023. En 2011, el entonces presidente, Trichet, subió los tipos dos veces (en abril y julio de 2011), lo que sirvió para agravar la incipiente recesión europea: de crecer la zona euro un 0,2% en la primavera y verano de 2011, se pasó a una caída de la eurozona en los 6 siguientes trimestres (4º de 2011, todo 2012 y primer trimestre de 2013), básicamente por la crisis de la deuda y los rescates de los paises del sur pero también por “el ricino de la subida de tipos”. La prueba del error es que, al llegar Draghi al BCE (noviembre 2022), bajó 8 veces los tipos de interés, hasta dejarlos en el 0% en 2016, ayudando a reanimar la economía europea.

El error de Trichet en 2011 lo repitió Christine Lagarde en 2022 y 2023, a raíz de la inflación y la crisis desatada por la invasión de Ucrania. La primera subida (+0,5%) se aprobó el 21 de julio de 2022 y tras ella, otras 9 subidas más, hasta la última en junio de 2025 (dejando los tipos en el 4,50%, el nivel más alto en 20 años). Y otra vez más, este “ricino monetario” agravó la recesión de la economía de la eurozona: crecía el +0,9% en el 2º trimestre de 2021 y cayó un -0,1% en el último trimestre, para no crecer apenas en 2023 (entre un 0 y un 0,2% cada trimestre), con una resaca en 2024, en que la eurozona sólo creció un -0,4%.

Ahora, la nueva subida de tipos del BCE es aún más peligrosa, porque se produce cuando la economía europea ya está cayendo, según Eurostat: en el primer trimestre de 2026, el PIB de la eurozona ha caído un -0,2% (-0,1% la UE-27), con Francia cayendo también (-0,1% PIB primer trimestre) como Irlanda (-12,1%), Suecia (-0,2%) o Lituania (-0,3), y con Alemania e Italia estancadas (+0,3%), salvándose sólo España (+0,6% crecimos en el primer trimestre) y Polonia (+0,9%) entre los grandes. Una caída que contrasta con lo que crecía la eurozona en 2011 (+1,7%) y en 2022 (+3,6%), las otras dos ocasiones en que el BCE aplicó su ineficaz subida de tipos, que acabó en dos recesiones: ahora el BCE aplica su “medicina” en una economía que decrece y con dos importantes paises que no crean empleo (+0% Francia en el primer trimestre y -0,1% Alemania, según Eurostat.

La subida de tipos frena el crecimiento porque afecta negativamente a las familias y a las empresas, dos de los motores claves del crecimiento, deteriorando además las cuentas públicas. Antes de que el BCE subiera tipos el jueves pasado ya había subido el Euribor, el precio al que se prestan los bancos europeos, porque se esperaba esa subida de tipos tras la guerra en Irán y la subida de la energía. Concretamente, el Euribor mensual sube desde marzo y podría acabar en junio en el 2,850%, +0,77% más alto que hace un año (2,081% Euribor junio 2025). Eso encarecerá las hipotecas a revisar en junio, en torno a 69 euros al mes para una hipoteca media de 174.132 euros (+826,80 euros anuales). Pero como además suben sin parar las viviendas, los que pidan una hipoteca nueva tendrán que pagar dos subidas: la del Euribor (ojo, antes de la subida del BCE, pronto será más) y la de los pisos. Tomando el precio medio de una vivienda en España (2.795 euros/m2, según Idealista), pedir ahora una hipoteca para comprar un piso de 90m2 cuesta ya una cuota de 1.042 euros mensuales, 218 euros al mes más que hace un año. Y pronto se espera el Euribor en el 3%.

Los tipos de los préstamos personales, para comprar un coche o hacer un viaje, también están subiendo este año, aún antes de la subida del BCE: el tipo estaba en el 7,94% en 2024, bajó al 7,41% en 2025 y este año ha escalado hasta el 7,79% en abril, según el Banco de España. Lo mismo les pasa a los créditos que piden las empresas: las pymes, para créditos hasta 250.000 euros, pagaban el 4,79% en 2024, les bajó al 4,01% en 2025 y este año les ha subido hasta el 4,63% en abril. Y lo mismo las grandes empresas, que piden créditos de más de 1 millón de euros: pagaban un tipo del 4,35% en 2024, les bajó al 3,49% en 2025 y en abril de este año ya pagaban el 3,69%, según el Banco de España. Además, con esta subida del BCE, todos los tipos subirán más y los bancos restringirán más sus créditos e hipotecas.

Y el daño de la subida de tipos no se queda en las familias y las empresas. También lo paga el Estado, porque la Administración central, las autonomías y los Ayuntamientos pagarán más intereses por su deuda. Un termómetro es el coste de colocar la deuda pública española a 10 años: tras pagar un máximo del 3,949% en septiembre de 2023 (por la anterior subida de tipos, tras la invasión de Ucrania), el coste de la deuda española bajó al 2,787% en noviembre de 2024 y estaba en 3,213 al inicio de 2026, subiendo en junio a 3,5010, antes de la subida del BCE. Esta subida de la deuda irá a más y el pago de intereses de nuestra deuda (previsto en 43.300 millones de euros este año) subirá entre 6.000 y 9.000 millones por las subidas que se esperan tras la estrategia del BCE. A lo claro: que tendremos entre 6.000 y 9.000 millones menos para gastar en servicios públicos porque habrá que pagar más intereses.

Ahora, la incógnita es saber cuántas veces más subirá el BCE sus tipos de interés oficiales: hay analistas que hablan de hasta dos veces más, quizás en julio y en octubre o que espere para hacer la tercera a diciembre. Pero todo apunta a tipos entre el 2,50 y el 3%, según se comporte la inflación europea (que podría oscilar entre el 3,5 y el 4% este año, tras cerrar 2025 en el 1,5% la UE-27). Y a su vez, el comportamiento de la inflación va a depender de la evolución de la guerra en Oriente Medio, cuyo futuro no se vislumbra. Pero incluso en el caso de un acuerdo y de la reapertura de Ormuz, la economía internacional y los precios tardarán meses en beneficiarse, por lo que el BCE “no bajará la guardia”.

Lo que sí está claro es que muchos expertos (incluido el español Luis de Guindos, que acaba de dejar su puesto de vicepresidente del BCE: “tenemos que tener en cuenta el impacto sobre el crecimiento”) alertan sobre el riesgo de que la subida de tipos agrave la recesión en Europa, dado el estancamiento de Alemania y Francia. Y recuerdan los errores de las subidas de 2011 y 2022-23. Y otros reiteran que la lucha contra la inflación exige tomar medidas en dos frentes. Uno, volcarse política y diplomáticamente en lograr una paz estable en Oriente Medio, un conflicto en el que Europa sigue “ausente”. Y el otro, tomar medidas y estrategias para contrarrestar la inflación (como las medidas fiscales y en algunos sectores que ha tomado España) y acelerar “la huida” de los combustibles fósiles, favoreciendo la electrificación de la economía (con energías renovables) y la movilidad (facilitando las ventas de coches eléctricos y los postes de recarga, ambas retrasadas en Europa).

En resumen, que Europa está sufriendo en sus precios los daños de la guerra en Oriente Medio, pero la solución no es agravar aún más el actual estancamiento económico europeo subiendo los tipos (lo que no sirve para bajar el precio del petróleo) sino presionando con el resto del mundo a Israel, EEUU e Irán para que firmen la paz y acelerando una política energética que apueste más por los combustibles renovables y por consumir cada vez menos petróleo, para que estas crisis energéticas (recurrentes) no nos hagan dado. El problema es que la derecha europea (sobre todo el PPE) se ha dejado presionar por la extrema derecha y están “devaluando” las políticas medioambientales europeas, como demuestran los ataques al Pacto Verde europeo y la decisión aprobada por la Comisión en diciembre de suavizar la prohibición de coches de combustión en 2035… Así nunca podremos evitar los europeos los daños de la geopolítica y de las subidas del petróleo. Ni subiendo tipos.

jueves, 12 de septiembre de 2024

2ª bajada (mínima) de los tipos de interés

El BCE ha bajado hoy los tipos de interés, un -0,25% (al 4%), por 2ª vez este año, tras subirlos 10 veces (del 0 al 4,50%) entre julio de 2022 y septiembre de 2023. Lo justifican porque la inflación europea ha bajado al 2,2% (desde el 10,6% en 2022), pero no ha sido por sus drásticas subidas sino por la bajada de energía, materias primas y alimentos, por cambios en los mercados y medidas de los Gobiernos. No reconocen que su “ricino monetario” ha dañado a familias (hipotecas), empresas (créditos) y paises (deuda), beneficiando sólo a la banca. Y ha provocado el estancamiento de la economía europea: apenas crece (+0,2%), mientras decrecen Alemania, Austria, Irlanda, Suecia, Letonia y Hungría. Saben que tienen que bajar tipos, para reanimar la inversión y el consumo, pero lo hacen poco a poco: el dinero cuesta todavía el 4%, el precio más alto desde 2007. Y así, Europa sigue estancada y crece la tercera parte que EEUU.

                             Enrique Ortega

La inflación parece no ser ya el primer problema de la economía mundial, como lo ha sido en 2022 y 2023. De hecho, en la zona euro, la inflación anual ha caído al 2,2% en agosto, desde el máximo del 10,6% que subía en octubre de 2022, tras la invasión de Ucrania y la drástica subida de la energía y las materias primas. Y en EEUU, los precios subieron el 2,5% anual en agosto, la menor inflación desde febrero de 2021 y muy por debajo de la subida máxima alcanzada en junio de 2022, el 9,1%. Con ello, los bancos centrales de Europa (BCE) y USA (Reserva Federal) han visto el momento de bajar los tipos de interés, tras las drásticas subidas aprobadas en 2022 y 2023, para “atajar” la alta inflación. De hecho, EEUU subió 11 veces sus tipos de interés (entre marzo de 2022 y julio de 2023), desde el 0% al 5,25% actual. Y ahora, la Reserva Federal  planea aprobar la primera bajada el próximo miércoles, 18 de septiembre. Y el BCE, que subió 10 veces sus tipos (entre julio de 2022 y septiembre de 2023), del 0 al 4,50%, ha aprobado hoy su 2ª bajada este año, del -0,25%, tras la primera hecha el 6 de junio pasado.

El BCE, como la Reserva Federal, creen en la subida de tipos como en “un dogma de fe”: es la mejor receta contra la inflación, aunque tenga el coste de hundir la actividad y el crecimiento, frenando el empleo. En el caso de que la inflación esté provocada por un fuerte crecimiento económico, por un exceso de consumo (“inflación de demanda”), el “ricino” de la subida de tipos, al encarecer el dinero, puede ayudar a “enfriar la economía”. Pero lo que ha sufrido el mundo tras la invasión de Ucrania y la “hiperinflación” ha sido una “inflación de oferta”, de costes, provocada por una subida disparada de la energía (petróleo y gas), las materias primas y alimentos, con una rotura adicional de las cadenas de suministro mundial. Y en este caso, subir el precio del dinero no es una receta correcta, como señalan muchos expertos, porque no provoca una bajada del petróleo, el gas o los alimentos y sí daña a  las economías, las empresas y las familias.

Pero tanto el BCE como la Reserva Federal (con más motivo, porque la economía USA si estaba algo “recalentada”, mientras Europa no crece) “han seguido en sus trece”, con una subida de tipos drástica (del 0 al 4,50 (en Europa) o al 5,25% (en USA) y muy rápida (en año y medio), que parece haber bajado la inflación. Pero es sólo “un espejismo”: la inflación ha bajado porque se han ajustado los mercados energéticos (más producción de petróleo en EEUU, medidas de ahorro, cambio en los proveedores de gas) y porque los gobiernos han tomado medidas para bajar el precio de la electricidad y subvencionar la energía, las materias primas y los alimentos, con ayudas a empresas y familias. Y gracias al ajuste de los mercados y a las medidas aprobadas, se ha rebajado la inflación, no por las subidas de tipos. Y a pesar de estas críticas, la Reserva Federal y el BCE llevan meses retrasando las bajadas: el BCE ha esperado a junio y EEUU hará la primera rebaja la próxima semana. Todo por insistir en su “ortodoxia”, en su “fundamentalismo monetario”, tan inútil como dañino.

El BCE ya había visto que la economía europea estaba estancada en el primer trimestre (creció sólo un +0,3%), como lo había estado en todo 2023 (la UE creció un +0,6%, la cuarta parte que EEUU: +2,4%), pero esperó al 6 de junio para hacer su 1ª bajada de tipos (desde la 10ª subida, hecha el 14 de septiembre de 2023), un mínimo recorte del 0,25% (dejando los tipos al 4,25%). Su argumento para seguir con la “ortodoxia” era que la inflación seguía alta (ojo: está por debajo del 3% desde febrero de 2024, cuando estaba en el 10,6% en octubre de 2022) y que temían por un repunte de los salarios en Europa (que relanzaran la inflación). Ahora, el BCE ha decidido su 2ª subida (mínima otra vez: -0,25%, dejando los tipos en el 4%) por dos datos. Uno, que la inflación en la zona euro ha bajado al +2,2% en agosto, la más baja desde abril de 2021. Y el otro, que las subidas salariales se han moderado (los costes salariales aumentaron un +3,6% en el 2º trimestre, tras crecer un 4,7% en el primero).

Pero el dato que les debía haberles preocupado más es que, tras la drástica y rápida subida de tipos (recordemos: del 0 al 4,5% en 14 meses), la economía europea está estancada: la UE-27 ha crecido sólo un +0,2% en el 2º trimestre de 2024, según Eurostat, menos que en el 1º (+0,3%), la tercera parte que en todo 2023 (+0,6%) y muy por debajo de lo que crecía Europa antes de la pandemia, la invasión de Ucrania y el inicio de la drástica subida de tipos (+2,2% en 2019 y +3,4% en 2022). Y otro dato: la UE-27 creció en el 2º trimestre (+0,2%), menos de la tercera parte que EEUU (+0,7%), a pesar de que los tipos de la Reserva Federal eran más altos (5,25% frente al 4,50%), lo que significa que Europa estaba estancada mientras EEUU seguía creciendo mucho más, aunque ahora temen un estancamiento próximo.

Y lo peor, lo que tendría que haber llevado al BCE a una mayor rebaja de tipos hoy (y en los próximos meses) es que Alemania, la locomotora europea está “gripada”: cayó en 2023 (decreció un -0,3%, mientras España crecía un +2,4% y Francia un +1%) y sigue estancada (creció un 0,2% en el primer trimestre) e incluso cayendo (-0,1% en el 2º trimestre de 2024). Y no es un caso aislado: en el 2º trimestre ha caído también el PIB en otros 5 paises europeos: Irlanda (-1%), Austria (-0,4%), Suecia (-0,3%), Letonia (-0,9%) y Hungría (-0,2%). Así que la economía UE pasa por un mal momento y no se merece que el BCE mantenga un precio del dinero tan alto: el 4% actual es el más elevado desde junio de 2007 (4%) y contrasta con el 0% que costaba el dinero en Europa entre 2016 y 2022.

Así que ya sabemos a dónde nos ha llevado la “ortodoxia monetaria” del BCE, que pone por delante la bajísima inflación (el 2% como objetivo, que no se conseguirá hasta finales de 2025) al crecimiento, la inversión y el empleo. Ese debería ser el debate económico ahora: Europa debería aceptar una inflación en torno al 3%, a cambio de tipos más bajos (del 2 al 3%) y un mayor crecimiento y empleo en el continente. Pero casi nadie habla de esto.

Mientras, la política de tipos altos (que se mantiene), ha tenido (y tiene) un alto coste para familias, empresas y paises, a los que el BCE perjudica con su ortodoxia (y lo sabe). Las familias europeas llevan dos años largos pagando más por sus hipotecas, lo que perjudica su poder adquisitivo y su consumo. En España lo saben bien las 4 millones de familias que están pagando una hipoteca y cuya cuota mensual les ha subido drásticamente, de la mano del Euribor: de ser negativo hasta marzo de 2022 (-0,237%), se puso en positivo en abril  y llegó a un máximo del 4,160% en octubre de 2023, encareciendo drásticamente las hipotecas (del 1,3% en 2021 al 3,94% en octubre de 2024). Y aunque ahora ha bajado del 3%, con las dos bajadas de tipos del BCE y las previstas, todavía las hipotecas son mucho más caras que hace dos años. Un ejemplo: una hipoteca de 150.000 euros a 25 años, que paga el Euribor+1%, cuesta ahora 805,57 euros al mes, que es menos que hace un año (883,28 euros en agosto 2023) pero mucho más que hace dos (654,12 euros en agosto 2022).

Además de pagar más por las hipotecas, a pesar de la rebaja de agosto (84,6 euros al mes sobre agosto de 2023), las familias también han visto subir los tipos de sus créditos al consumo, para comprar un coche, irse de vacaciones o cambiar muebles: han subido del 6,10% en 2021 al 7,13% en 2022 y al 8,23% en octubre de 2023, aunque ahora estén en el 7,63% (julio 2024), según el Banco de España. Y también las empresas llevan dos años pagando más por sus créditos. Así, una pyme ha visto subir un crédito de 250.000 euros del 1,69% en 2021 al 3,53% en 2022 y al 5,25% en noviembre de 2023, aunque ahora paguen el 4,66%, según el Banco de España. Y los créditos a empresas superiores al millón de euros han subido del 1,04% (2021) al 4,95% en 2023, aunque ahora están al 4,72%.

También los paises han pagado en sus Presupuestos la drástica subida de tipos del BCE, al encarecerse el interés que tienen que pagar a los inversores para colocar la deuda pública. Así, el bono español a 10 años ha pasado de pagar el 0,41% de interés en noviembre de 2021 al 2,46% en noviembre de 2022 y un máximo del 3,94% en septiembre de 2023, bajando al 3,41% en junio de 2024 y al 2,94% en septiembre de 2024. Eso se traduce en que España tiene que pagar ahora más intereses por su deuda (39.078 millones en 2024 frente a 30.175 en 2022) y por eso puede gastar menos de lo que haría falta en sanidad, educación, dependencia, ayudas públicas o pensiones.

Como se ve, el coste económico y social de la “ortodoxia monetaria” del BCE es muy elevado, aunque hay un sector que sale muy beneficiado: la banca. En España, las familias y empresas han pagado 47.971 millones de euros más en intereses por hipotecas y créditos entre 2022 y 2023 (+14.035 millones los hogares y +33.936 millones las empresas), según los datos del Banco de España. Y esta subida de tipos y márgenes (más la mayor remuneración por el dinero que tienen depositado en el BCE)  ha permitido a los bancos europeos tener beneficios récord. Así, los 6 grandes bancos españoles aumentaron un 28% sus beneficios en 2022 (20.850 millones) y otro 26,4% en 2023 (26.088 millones). Y con el retraso en las bajadas de tipos, los 6 grandes bancos españoles han ganado en el primer semestre de 2024 otros 15.286 millones de euros (+23,4%), el primer semestre mejor de su historia.

Ahora, el BCE anticipa que hará otra pequeña rebaja de tipos (otro -0,25%) el 12 de diciembre, con lo que acabaríamos 2024 con un precio del dinero al 3,75%, el tipo que teníamos en mayo de 2023 y el tipo más alto desde octubre de 2008 (3,75%). Y que seguirá siendo “prudente” en las bajadas durante 2025 (podría aprobar 4 más), con lo que se cerraría el próximo año con los tipos al 2,75%. Eso claro, si no repunta la inflación por la energía y otras causas geopolíticas. Así que nos vaticinan tipos altos (hipotecas y créditos caros), aunque la economía europea siga estancada: se espera un débil crecimiento del 1% este año y un mínimo 1,7% en 2025, siempre por debajo de EEUU.

Mientras la economía europea no despega, algo que no parece preocupar al BCE, la presidenta de la Comisión ultima su Gobierno y se plantea las prioridades para los próximos 5 años. En Bruselas sí preocupa el estancamiento de la economía europea, frente a EEUU y a China, y por eso la Comisión encargó un informe a Mario Draghi, anterior presidente del BCE y ex primer ministro italiano. El informe, divulgado este martes, apuesta por un Plan de reactivación de la economía europea, invirtiendo 800.000 millones al año (inversión privada, pública y emisión de deuda europea) en apostar por la innovación y la tecnología, la reindustrialización, las energías limpias, la industria de la defensa  y avanzar en la integración europea, desde los mercados de capitales a la banca y la competencia. Un nuevo “Plan Marshall” para Europa, de origen europeo, para mejorar la competitividad y reducir distancias con EEUU y China. Un objetivo crucial. Pero el BCE debe contribuir al salto de la economía europea recortando más rápidamente los tipos. Aunque suba algo la inflación. Peor es el estancamiento económico actual, que frena el empleo y la calidad de vida. Recapaciten.

jueves, 6 de junio de 2024

1ª bajada (mínima) de los tipos de interés


El BCE ha bajado hoy jueves el precio oficial del dinero, un -0,25%, tras subirlo 10 veces (del 0 al 4,5%) en 14 meses (julio 2022-septiembre 2023), para recortar la inflación, que bajó por otras medidas (cambios mercado energético y ayudas públicas). El BCE lleva 9 meses retrasando esta bajada, por temor al repunte de la inflación, a pesar del daño que este “ricino” monetario ha hecho a la economía europea (estancada y Alemania en recesión), a familias y empresas: los hogares y compañías españolas han pagado 48.000 millones más en intereses, permitiendo a los bancos beneficios récord. Ahora, el BCE no tiene prisa en aprobar nuevas bajadas, quizás en septiembre (otro -0,25%), si los baja EEUU. Y podría no hacer más rebajas este año, para bajar otro -1% en 2025 (hasta el 3%). Pero el BCE y la Reserva Federal USA) no piensan volver a tipos al  0% (como tuvimos de 2016 a 2022), aunque Europa necesita invertir mucho. La ortodoxia del BCE y la derecha económica defiende tipos altos, caiga quien caiga
 
                     Enrique Ortega

Hoy se ha iniciado una nueva era en la política monetaria internacional, con la primera rebaja de tipos en los últimos 8 años, aprobada por el Banco Central Europeo (BCE), que ha reducido el precio oficial del dinero un -0,25%, dejándolo en el 4,25%, el precio que tenía en agosto de 2023. Una rebaja que ha retrasado 9 meses, tras aprobar en septiembre de 2023 la última subida de tipos (+0,25%), la 10ª subida aprobada en sólo 14 meses (desde julio de 2022 a septiembre de 2023), que elevó el precio del dinero del 0% (en que estaba desde 2016) al 4,50%, el tipo más alto en Europa desde 2008.

Esta subida del BCE, en 2022 y 2023, siguió la estela de otros bancos centrales, que utilizaron la política monetaria (encarecer el dinero) como la herramienta básica para atajar la inflación, desatada tras la pandemia, la invasión de Ucrania y los precios disparados de la energía y las materias primas. El primero en romper la tendencia de tipos al 0% fue el Banco de Inglaterra, que aprobó una primera subida el 16 de diciembre de 2021 (antes de la invasión de Ucrania) y realizó 14 subidas de tipos hasta la última de agosto de 2023 (del 0 al 5,25% actual). Le siguió la Reserva Federal USA, que aprobó su 1ª subida en marzo de 2022 y ha hecho en total 11 subidas, la última en julio de 2023 (del 0 al 5,25% actual). Y quien más retrasó la 1ª subida fue el BCE, hasta el 27 de julio de 2022, realizando 10 subidas en total, la última el 14 de septiembre de 2023 (del 0 al 4,50% de subida en sólo 14 meses).

Los expertos esperaban que la Reserva Federal, el Banco de Inglaterra y el BCE iniciaran antes el camino de las bajadas, a finales de 2023 y esta primavera. Pero EEUU no se atrevió a aprobar bajadas, tampoco en mayo pasado, a la vista del último repunte de la inflación (3,4% anual en abril) y de que la economía y el empleo crecen con fuerza. El Banco de Inglaterra ha seguido su senda, de mantener los tipos desde el verano pasado. Y el BCE no se atrevió tampoco a bajarlos en las reuniones de octubre y diciembre de 2023 ni en las de enero, marzo y abril de 2024, a pesar de que muchos expertos y paises pedían “bajar la guardia” y los tipos, para reanimar la economía europea. Pero el BCE ha desaprovechado 5 reuniones para bajar los tipos, porque piensa que la inflación no está controlada, y ha apostado en la reunión de hoy (6 de junio) por una mínima bajada (-0,25%).

Con ello, el BCE mantiene un precio oficial del dinero altísimo (4,25%, el más alto desde 2008) y lo justifica por dos razones. Una, que la inflación no está controlada (2,6% de inflación anual en mayo en la UE-27, por encima de su objetivo del 2%) e incluso ha subido el último mes (+0,2% en la UE y +,04% en Alemania o España). Y temen que todavía suba más en el verano (algo habitual), por los alimentos y la energía. El otro motivo de preocupación del BCE son los salarios, que suben en Europa más que el año pasado (+4,7% en el primer trimestre en la zona euro y +6,2% en Alemania), algo lógico tras dos años de pérdida de poder adquisitivo y de subida disparada de los beneficios empresariales. Pero temen que los mayores salarios se trasladen a precios, olvidando que el mismo BCE indicó que el principal responsable de la subida de precios (dos tercios) fueron los altos márgenes empresariales.

Ahora, el BCE espera a ver qué hacen la inflación y los salarios en los próximos meses para decidir cuando vuelve a bajar los tipos. Otro elemento clave es lo que haga la Reserva Federal USA, que se reúne del 11 al 13 de junio, aunque no se espera que siga al BCE y baje los tipos. La primera bajada en EEUU podría aprobarse en la reunión del 30 y 31 de julio o si no, en la reunión del 17 y 18 de septiembre, la última antes de las elecciones presidenciales del 5 de noviembre. Para el BCE es importante ver lo que hace la Reserva Federal USA por dos razones. Una, porque si el BCE baja tipos y no lo hace EEUU (que mantiene un 5,25% de interés frente al 4,25% en la zona euro), los ahorradores se sentirán aún más atraídos a invertir en Norteamérica, que crece más y tiene más competitividad industrial y tecnológica. Y la otra, que la diferencia de tipos entre USA y Europa puede depreciar al euro (ahora cotiza a 1,0873 dólares, frente a 1,111 a finales de 2023) y eso encarecería las importaciones europeas y nos provocaría “inflación importada”.

Así que el BCE se piensa cuando volver a bajar los tipos. No se espera que lo haga en la próxima reunión, el 18 de julio, aunque hay mayoría de expertos que apuestan porque los baje en la reunión siguiente, el 12 de septiembre (sobre todo si los baja la Fed USA el 31 de julio). No esperan que los baje después, en la reunión del 17 de octubre (en Eslovenia) y dudan si los bajará (por 3ª vez este año) en la reunión del 12 de diciembre. Todo dependerá de lo que haga la inflación, los salarios y la Fed USA, pero la mayoría de expertos creen que el BCE va a ser muy conservador y sólo bajará los tipos 2 veces, hasta el 4% a finales de 2024. Y luego, en 2025, esperan que los baje sólo un -1%, hasta dejarlos en el 3%. 

Todo dependerá también del resultado de las elecciones europeas, porque dentro del BCE hay dos tendencias: los “halcones”, que defienden una mayor “ortodoxia” (hasta que la inflación no se afiance en el 2% objetivo, no hay que bajar mucho los tipos), apoyados por Alemania, Paises Bajos, Austria y los paises bálticos, y las “palomas”, los consejeros del BCE que defienden unos tipos más bajos, para reanimar la deprimida economía europea, apoyados por Francia, Italia y España. Si la derecha conservadora (y la ultraderecha) ganan peso en el Europarlamento y en la futura Comisión Europea, eso jugará a favor de la “ortodoxia” monetaria en el BCE, retrasando y suavizando la bajada de tipos.

La realidad es que esta “ortodoxia” monetaria se ha revelado “inútil” y “dañina para Europa, por lo que urge cambiarla. “Inútil” porque la drástica subida de tipos (la más rápida en la historia del BCE) apenas ha contribuido a rebajar la inflación en Europa, que se ha recortado por otros motivos. Y eso porque no hemos sufrido una “inflación de demanda (la economía crece mucho, está “recalentada” y por eso se disparan los precios, que pueden frenar una subida de tipos), sino una “inflación de oferta”, de costes, motivada por la subida disparada de la energía y los alimentos, ya antes de la invasión de Ucrania y agravada después. Así que por mucho que subieran los tipos, eso no iba a bajar los precios del petróleo, el gas, la electricidad o los alimentos. Por eso, la inflación subió del 8,6% en junio de 2021 al 11,1% en noviembre y en agosto de 2023 todavía estaban en el 5,3%, a pesar de las 9 primeras subidas de tipos del BCE. Y la inflación europea bajó del 3% en octubre pasado, no por las subidas de tipos sino por las medidas tomadas para reducir el consumo de gas ruso, los cambios en el mercado eléctrico y las ayudas públicas contra la inflación.

Pero lo más grave es que estos tipos disparados han sido “dañinos” para la economía europea, sus empresas y familias. El balance económico es evidente: la zona euro acabó el año 2023 en recesión (el PIB de los 19 paises euro cayó un -0.1% en el 3º y 4º trimestre), la UE27 estancada (+0% creció el PIB entre junio y diciembre) y Alemania, “el motor” del continente cayó un -0,3% en todo 2023, mientras Francia creció sólo un +0,7% e Italia un +0,9% (sólo España creación un 2,5%), según Eurostat. Y este año 2024, en el primer trimestre, la economía europea sigue estancada, crece sólo un +0,3%, con un mínimo crecimiento de Alemania y Francia (+0,2%) e Italia (+0,3%), algo más España (+0.7%).

Europa está estancada y las 10 subidas de tipos han sido “la puntilla”, al recortar drásticamente el consumo y la inversión, mucho más que los precios. El coste de las subidas de tipos para España es impresionante, según los datos del Banco de España: las familias y las empresas han pagado 47.971 millones de euros más en intereses por hipotecas y créditos entre 2022 y 2023 (+14.035 millones los hogares y +33.936 millones las empresas), multiplicando por 2,6 los intereses pagados entre 2023 y 2021. Esta enorme factura de intereses extras explica que la banca española haya tenido unos beneficios récord en 2023: 26.088 millones ganados entre los 5 grandes (Santander, BBVA, Caixa, Sabadell y Bankinter), un 26% más que en 2022.Y este año 2024, gracias a que el BCE no ha bajado antes los tipos, la gran banca ganó 6.676 millones en el primer trimestre (+17,2%). Y eso gracias a que cobran más por hipotecas y créditos, pero apenas pagan más por los depósitos: la banca española es la 5ª que menos paga por los depósitos a plazo, una media del 2,49% (marzo 2024), frente al 3,16% de media en la zona euro, 3,75% en Italia, 3,59% en Francia o 3,22% que pagan en Alemania, según el BCE. Y por el ahorro a la vista, el 0,19%.

El daño de los tipos altos a la economía se concreta en el daño a las familias, las empresas y los Gobiernos (por el mayor coste de la deuda pública). Respecto a los hogares, la mayor factura son la subida de las hipotecas, que están pagando 4 millones de familias y que han subido con el Euribor: de ser negativo hasta marzo de 2022 (-0,237%), ha subido después mes a mes, hasta un máximo del +4,160% en octubre de 2023, encareciendo la revisión de hipotecas (anual o semestral). Y aunque el Euribor baja en los últimos meses, cerrando a 3,680% en mayo, las últimas revisiones de hipotecas apenas reducen la factura (16 euros al mes las que se revisen en junio). Y todavía las hipotecas son muy caras: 833 euros al mes ahora (150.000 euros a 25 años, con Euribor+1%), frente a 585 euros que costaban hace dos años. Y si pedimos un crédito personal, nos cobran el 7,78% (marzo 2024), similar al de hace un año (7,95%) y mucho más caro que en 2021 (6,10%), según el Banco de España.

Las empresas también han visto encarecer sus créditos, además de ser más difíciles. Los créditos hasta 250.000 euros han pasado del 1,69% en 2021 al 4,30% en marzo de 2023 y al 5,13% en marzo de 2024, según el Banco de España. Los créditos de 250.000 a 1 millón de euros han pasado de 1,29% al 4,15% y el 4,86%. Y los créditos superiores al millón de euros pasaron de costar 1,04% a 3,94% y 4,72% en marzo 2024. También los Gobiernos europeos tienen que pagar más por colocar su deuda pública. En el caso de España, el bono a 10 años ha saltado de pagar 0,41% en noviembre 2021 a 2,46% en noviembre 2022, 3,94% en septiembre 2023 (el máximo) y 3,29% en junio 2024. Más gasto público en intereses que no se puede gastar en sanidad, educación, Dependencia, pensiones y ayudas sociales.

Como se ve, el coste económico y social de la “ortodoxia monetaria” del BCE ha sido y es elevado, aunque no parecen tener prisa en “bajar la guardia”, al menos hasta que la inflación baje al 2% objetivo (tras el verano de 2025). Por eso, parece evidente que Europa (y el mundo) no volveremos por un tiempo a los tipos al 0% , que tuvimos en Europa y en EEUU durante 6 años (entre marzo de 2016 y marzo o julio de 2022). La idea del BCE es bajar este año un -0,5% y otro -1% en 2025, manteniendo después los tipos en el 3% “el tiempo que haga falta”. Y algo parecido en EEUU y Reino Unido. Eso suponiendo que la derecha más conservadora (y más “ortodoxa” monetariamente) no avance en Europa e imponga tipos de interés altos, combinados con más austeridad presupuestaria.

Frente a esta “ortodoxia monetaria”, algunos expertos defienden un cambio de política del BCE, que pasaría por subir ligeramente el objetivo de inflación, del 2 al 3%, para reanimar a la economía europea , que está estancada frente a la economía USA (su PIB creció un 2,5% en 2023, frente al 0,4% que creció la zona euro y la UE-27). Eso permitiría rebajar algo más los tipos, al entorno del 1-2%, y facilitar las inversiones que tanta falta hacen en Europa: en energías renovables y descarbonización, digitalización, tecnología, Defensa y Seguridad, reindustrialización y mejora de la competitividad. Para todo eso hace falta un proyecto europeo, que se juega en las elecciones de este domingo, pero también otra política monetaria, un BCE, que ayude a la economía, empresas y familias, no que las hunda con una “ortodoxia trasnochada”, que prioriza la inflación y no el crecimiento y el empleo. Un debate que nadie abre y que resulta clave para nuestro futuro.

jueves, 14 de septiembre de 2023

El dilema de la 10ª subida de tipos

Hoy 14 de septiembre, el Banco Central Europeo (BCE) decide si vuelve a subir los tipos de interés (un +0,25%, hasta el 4,50%) o pospone la subida a octubre. La mayoría de expertos apuestan porque el BCE hará una “pausa”, tras 9 subidas de tipos en los últimos 14 meses, aunque también hay miembros del BCE que apuestan por una última subida, para atajar la inflación (5,3%). Pero preocupa que otra subida sea la puntilla para la economía europea, que no crece nada, con Alemania y 9 paises más decreciendo. Dilema: ser “ortodoxos” y subir tipos aunque la receta apenas baje la inflación (que sube por la energía y los alimentos) o ser “flexibles” y no agravar el estancamiento económico en Europa, sobre todo en Alemania, la que “manda” en el BCE. Suban o no, el problema es que no habrá bajadas de tipos hasta 2024. Y eso daña a familias, empresas y Presupuestos. Urge cambiar la política monetaria y reanimar la economía europea.

14.30 h. Confirmado el temor: el BCE ha subido tipos +0,25%, al 4,50%, el tipo más alto desde 2001

                Enrique Ortega

El mundo económico y financiero tiene la vista puesta hoy en el Banco Central Europeo (BCE), que debe decidir si aprueba o no la 10ª subida de tipos en los últimos 14 meses. El BCE empezó a aplicar su “receta” de subir tipos contra la inflación el 21 de julio de 2022, con un retraso de cuatro meses sobre la Reserva Federal USA, que empezó a subir los tipos el 17 de marzo. Desde entonces, hace 14 meses, el BCE ha subido los tipos de interés oficiales del 0% en que estaban al 4,25%, tras la última subida del 27 de julio, el precio más caro del dinero en Europa desde el año 2008. Y en estos 14 meses, tras “el ricino monetario”,  la inflación en la zona euro ha bajado, pero poco: estaba en el 8,6% en junio de 2022, subió hasta un máximo del 11,1% en noviembre de 2022 y luego ha bajado hasta el 5,3% en agosto de 2023, todavía muy lejos del 2% que es el objetivo del BCE. Y la bajada se debe a la rebaja en los precios del petróleo, el gas y la electricidad, no a la subida de tipos. 

Ahora, el BCE debe decidir hoy si sigue con su racha de subidas y eleva los tipos otro +0,25% (hasta el 4,50%) o si se toma una tregua y deja la 10ª subida para la próxima reunión, el 22 de octubre próximo. Es lo que hizo la Reserva Federal USA en junio: no subió los tipos y esperó a hacerlo al 26 de julio, cuando sí aprobó la 11ª subida de tipos en 16 meses, un +0,25%, hasta el 5,50%, el tipo de interés más alto en EEUU desde el año 2001. Eso sí, la subida de tipos norteamericana ha sido más eficaz para reducir la inflación allí: ha caído de un máximo del 9,2% en junio de 2022 al 3,7% en agosto de 2023. Y eso porque allí la inflación estaba más motivada por el recalentamiento de la economía (inflación de demanda), que la subida de tipos ha “enfriado”, mientras en Europa se debe más a la energía, los alimentos y la guerra en Ucrania (inflación de oferta), costes sobre los que poco puede hacer que el BCE suba más o menos los tipos de interés. 

En el BCE hay dos posturas sobre qué hacer hoy con los tipos de interés. Los representantes de los paises llamados “halcones” (Alemania, Holanda, Austria, Estonia y Finlandia), defensores de la “ortodoxia monetaria”, creen que no hay que bajar la guardia y que debe seguir la subida de tipos “lo que haga falta”, hasta doblegar la inflación, aunque tenga un alto coste para familias (hipotecas), empresas (crédito e inversión) y paises (subida del coste de la deuda pública). Estos miembros del BCE se agarran a que la inflación en la zona euro es todavía demasiado alta (5,3% en agosto) y que no se redujo el mes pasado, por primera vez desde abril. Y que la inflación de fondo (subyacente), sin energía y alimentos no elaborados, sigue muy alta (6,2% en agosto), lo que indica que la inflación está “instalada” en las economías, sobre todo en el norte de Europa (la inflación es del 6,4% en Alemania o del 7,6% en Austria frente al 2,4% en España). Y que hay que seguir “dando leña al mono”… 

Pero algunos de esos mismos miembros “duros” del BCE (de Alemania) y los llamados “palomas” (Italia, Francia, Portugal o España) están más preocupados por el estancamiento de la economía europea que por la inflación. Y han frenado su afán de “subir tipos hasta doblegar la inflación” tras dos noticias recientes. Una, que la economía de la zona euro (20 paises UE) no creció nada en el 2º trimestre de 2023, según Eurostat, que rebajó del 0,3 al 0% su previsión anterior. Y lo peor: que Alemania no crece nada (+0%) y que hay 9  paises europeos que han decrecido, cuyo PIB cayó en el 2º trimestre de 2023: Italia (-0,4%), Paises Bajos (-0,3%), Suecia (-0,8%), Austria (-0,7%), Chipre (-0,4%), Estonia (-0,2%), Letonia (-0,3%), Hungría (-0,3%) y Polonia (-2,2%). La otra noticia, de este lunes, son las nuevas previsiones económicas  de la Comisión Europea para 2023: prevén que Europa crezca sólo un +0,8% este años (tres décimas menos de lo que esperaban en mayo y la cuarta parte del crecimiento de 2022: +3,4%). Y que Alemania, “la locomotora europea”, decrezca un -0,4% (tras la recesión a finales de 2022 y principios de 2023), con la mayoría de paises estancados, salvo España (crecerá un 2,2% este año) y Francia (+1%). 

Ante este panorama, algunos “halcones” (con Alemania a la cabeza, la que más “manda” en el BCE) y todas las “palomas” del Banco Central Europeo temen que si suben hoy los tipos agraven esta recesión y la economía europea, con el nuevo “ricino monetario” entre más en coma. Por eso, apuestan por retrasar el tratamiento, esperar a la próxima reunión del 22 de octubre, para ver cómo evolucionan la inflación y la economía. Pero sigue habiendo miembros del BCE (y “expertos”) que defienden el rigor (“rigor mortis”) y enviar el mensaje de que “están dispuestos a todo” para atajar la inflación. Aún a costa de la recesión. 

Hoy, hacia las 14,30 horas, sabremos la decisión que toma el BCE. Pero decidan la 10ª subida o una tregua, lo que está claro es que no valoran bajar los tipos para reanimar la débil economía europea. Ya lo han dicho claramente: los tipos seguirán altos en 2024 y sólo contemplan bajarlos dentro de un año, si la inflación amaina. Pero con mucha prudencia, porque ahora les preocupa que los salarios hagan repuntar la inflación. De hecho, en Alemania, los salarios han subido un +6,6% en el 2º trimestre. Y en España, los convenios firmados hasta agosto han aprobado una subida salarial del +3,38%. Es más que el año pasado, pero todavía no recuperan el poder adquisitivo perdido. Y sorprende que el BCE se preocupe ahora de que los salarios “realimenten la inflación” cuando no se han preocupado de los beneficios empresariales (márgenes), culpables (según el propio BCE) de dos tercios de la subida de la inflación en el último año… 

La inflación va a seguir alta en Europa, sobre todo este otoño e invierno, debido no a que la economía crezca demasiado y este “recalentada”, sino por culpa de la energía (el petróleo supera ya los 90 dólares, frente a los 72 en mayo, y el gas está subiendo, como la electricidad) y los alimentos (fruto de la sequía y el clima, en España y en medio mundo), además de los problemas en las cadenas de suministro y en el comercio mundial, además de las subidas de los márgenes empresariales (para recuperar las pérdidas del COVID). Por eso, la previsión del propio BCE es que la inflación en Europa no baje al 2% hasta mediados de 2025. Y por eso reiteran que seguirán con los tipos altos, sin bajarlos, hasta finales de 2024. 

Una política suicida e ineficaz, porque no baja la inflación (los precios suben por otras causas, no por un exceso de demanda, inexistente) y sin embargo daña la economía, a las familias, empresas y paises, agravando la recesión, en un momento en que la economía internacional se ha desinflado (según la OCDE) y China crece mucho menos. 

Las familias llevan ya 14 meses sufriendo las consecuencias de las subidas de tipos del BCE: el Euribor, por el que se revisa la mayoría de las hipotecas (4 millones), lleva subiendo desde que se puso en positivo (en abril de 2022) y eso ha provocado ya que algunas familias hayan tenido que revisar al alza dos veces ya su pago mensual de la hipoteca. En agosto, el Euribor mensual cerró en el 4,073% (bajando ligeramente del 4,149 de julio, por primer mes), pero como estaba en el 1,249% en agosto de 2022, los que revisen su hipoteca en septiembre tendrán que pagar unos 305 euros más al mes (+3.660 euros al año), después de que en la revisión de hace un año ya pagaron hasta 120 euros mensuales más. Un coste extra que, unido a la inflación y a los bajos salarios, va a recortar aún más el consuno de las familias este otoño e invierno, frenando el crecimiento y el empleo. Y que dificulta la concesión de hipotecas (ha caído de febrero a junio) y la venta de pisos (cae ya 5 meses, hasta junio, agravando la crisis en la construcción). Además, suben los tipos en las tarjetas y créditos al consumo (al 8,05% de interés en julio, frente al 6,82% hace un año, según el Banco de España). 

Las empresas también sufren los altos tipos del BCE, sobre todo las pymes, que tienen ahora más difícil endeudarse (los bancos miran “con lupa” los préstamos que dan) y más caro: los créditos hasta 250.000 euros han casi triplicado su coste (del 1,7% en 2022 al 4,84% en julio de 2023), los créditos de 250.000 euros a 1 millón han más que triplicado su tipo (del 1,35% al 4,75%) y los créditos a empresas superiores al millón de euros han cuadruplicado con creces su coste (del 0,83 al 4,87%), según los datos del Banco de España, que reconoce que la subida de tipos ha reducido el crédito a empresas y familias. 

Y queda el efecto negativo de los altos tipos de interés sobre los paises, sobre sus cuentas públicas, al encarecer los intereses que han de pagar ahora por su deuda pública. En el caso de España, con una deuda de 1.569.000 millones de euros en junio (el 113% del PIB), ahora tenemos que dedicar más recursos públicos a pagar intereses: el bono a 10 años, por el que se pagaba el 0,76% en febrero de 2022, salto a un tipo del 3,657% en diciembre de 2022 y ayer estaba al 3,738%. Sin estas subidas, ya estaba previsto destinar 31.275 millones del Presupuesto 2023 a pagar los intereses de la deuda, la 2ª partida de gasto tras las pensiones. 

En definitiva, que la receta de subida de tipos del BCE, aunque sirve de poco para bajar la inflación (lo que ha bajado es por la bajada de la energía y las medidas de los Gobiernos), es muy dañina para las familias, empresas y paises más endeudados, por lo que recorta la actividad y el crecimiento, agravando el riesgo de recesión en Europa y poniendo en peligro el empleo. Y más en la Europa del sur, donde familias, empresas y paises son más vulnerables a la subida de tipos, porque tienen menos ingresos (sueldos más bajos y menos recaudación fiscal), menos competitividad y más deuda pública y privada. Además, el BCE comete una tremenda desigualdad: sube los tipos igual a todos, aunque España (2,4%) o Grecia (3,4%) tengan la mitad de inflación que Alemania (6,4%) o Austria (7,6%). 

No lo van a hacer, pero dado el estancamiento económico en Europa (provocado en parte por sus 9 subidas de tipos), lo que debería hacer el BCE es empezar a bajar los tipos, progresivamente, para ayudar a reanimar las economías. Y en paralelo, la Comisión Europea debería poner en marcha Planes de reactivación, como ha aprobado Alemania (aprobando un Plan de ayudas de 32.000 millones en 4 años). Todo ello, sin olvidar la inflación, pero avanzando en medidas para frenar las subidas de la energía (con una reforma del mercado eléctrico, que sigue pendiente) y ayudas a agricultores y ganaderos, para contener la inflación de los alimentos provocada por la sequía y el clima. Nos espera un otoño difícil en Europa, pero lo será más si el BCE persiste en su “extremismo monetario” y no baja tipos (o incluso los sube, hoy o en octubre). Y si Bruselas no reanima la economía, mientras España tampoco hace nada, por un parón político que va para largo. Triste panorama.

lunes, 11 de septiembre de 2023

Parón político... y económico

España vuelve a la rutina y se encuentra con un parón político, sin Gobierno hasta finales de noviembre (como pronto) y el riesgo de nuevas elecciones en enero: entre 4 y 7 meses de “paralización política”. Y esta incertidumbre política coincide con un “parón económico”: una economía mundial que enfría su crecimiento, con Europa estancada y el riesgo de un bajo crecimiento en China. Por todo ello, este otoño se presenta complicado, también para España: coincide un Gobierno en funciones con un esperado frenazo del consumo, tras el gasto turístico del verano (las tarjetas y el curso escolar provocarán una “cuesta de septiembre”), el pinchazo de las exportaciones, la nueva subida de los precios (y más este invierno, por la energía y la sequía), los altos tipos de interés y el freno de la industria y la construcción. Al final, sufrirán la inversión y el empleo. Por todo ello, urge tener un Gobierno, que (como ha hecho Alemania) apueste por reanimar la economía y el empleo.

                                  Enrique Ortega

A la vuelta de vacaciones, el mundo comprueba que la economía internacional ha ralentizado su crecimiento, que la ansiada recuperación no despega. La OCDE, que integra a los 38 paises occidentales más desarrollados, confirmó a finales de agosto que la economía internacional crece al ralentí: sólo un +0,4% en el 2º trimestre de 2023, una décima menos que en el primer trimestre, continuando una senda de crecimiento moderado desde principios de 2022. Estados Unidos crece sólo un +0,6% y Europa está estancada (crece un 0%), con Alemania sin pulso (+0% de crecimiento en el 2º trimestre) e Italia cayendo (-0,4%), el Reino Unido casi estancado (+0,2% creció en el 2º trimestre) y sólo se salvan Francia (+0,5%) y España (+0,4%). 

Lo más preocupante para España son los malos datos de la economía europea, confirmados recientemente por Eurostat: un nulo crecimiento de la UE-27 en el 2º trimestre, tras un mínimo aumento del PIB del +0,2% en el primer trimestre y una caída del -0,1% en el 4º trimestre. A lo claro, que Europa lleva un año ya estancada, sin apenas crecer. Y lo peor es que no tira Alemania, la locomotora europea: no creció nada en el 2º trimestre (+0%), tras una recesión anterior, en el primer trimestre (-0,1%) y en el 4º trimestre de 2022 (-0,4%), lo que afecta a todos los paises y también al turismo y la exportación españoles. Italia sigue cayendo (-0,4% en el 2º trimestre, tras crecer un 0,6% al inicio del año y caer otro -0,1% en el 4º trimestre de 2022), lo mismo que Paises Bajos (-0,3% en el 2º trimestre y -0,4% en el 1º), Austria (-0,7%), Suecia (-0,8%), Polonia (-2,25), Hungría (-0,3%), Chipre (-0.4%), Letonia (-0,3%) y Estonia (-0,2%). 

Junto a la debilidad de la OCDE y el estancamiento de Europa, preocupa el “pinchazo” de China: su economía creció un +0,8% en el 2º trimestre de 2023, frente al 2,2% del primer trimestre y el 5% que esperaba crecer este año, ya muy por debajo de los crecimientos superiores al +10% que ha tenido en los últimos 30 años. Sus exportaciones caen (-14,5%) y también sus importaciones (-12,4%), por una caída del consumo interno, un alto endeudamiento y el pinchazo de su burbuja inmobiliaria, factores que están frenando el comercio mundial y que preocupa contagien a Occidente, agravando más su estancamiento. 

Y mientras, la inflación mundial sigue elevada y también en Europa (6,1% en julio), lo que rebaja el consumo y el crecimiento, forzando a subidas de los tipos de interés, que pueden debilitar aún más el crecimiento y abocar a Europa (e incluso a EEUU) a una recesión a finales de este año 2023, como ya sucedió con anteriores subidas de tipos. En definitiva, un panorama económico internacional preocupante, que se nubla más con el enquistamiento de la guerra en Ucrania (que ha cumplido año y medio sin vislumbrarse una salida) y el temor a un repunte de la inflación este invierno, por el repunte de los precios de la energía (el petróleo y el gas ya están subiendo) y los alimentos, por el calor y la sequía. 

En España, este otoño vamos a notar el final del tirón turístico, que ha empujado el consumo y el empleo, augurándose una caída del consumo de los hogares a partir de septiembre, cuando haya que afrontar el pago de los colegios y las tarjetas por el gasto de este verano. Hasta ahora, las familias han tirado del ahorro y de los créditos para viajar e irse de vacaciones, pero este “colchón” se está agotando y en los próximos meses se espera una caída del consumo de los hogares, que repercutirá negativamente en la actividad y el empleo. 

Además, preocupa el cambio en el gasto de los españoles: cada vez más, el consumo se dirige al gasto en servicios (viajes, hoteles y restaurantes) y en alimentación, no a la compra de bienes (desde electrodomésticos a coches o ropa). Y eso se traduce en una caída de la demanda de la industria, que lleva meses sin dar salida a sus stocks y preocupada por el estancamiento de ventas (que llevó a perder empleo en la industria en el 2º trimestre: -64.500 empleos, cuando en el conjunto de la economía se crearon +603.900, por los servicios). Y también se teme por la construcción, ahora que los tipos altos están frenando la demanda de  hipotecas y la  compra de viviendas. 

Otro punto negro en nuestra economía es el pinchazo de las exportaciones, que llevan años ayudando a mantener el crecimiento y el empleo. El estancamiento en Europa (sobre todo en Alemania) y la crisis del comercio mundial (agravada por la guerra comercial entre EEUU y China) han provocado ya una caída de las exportaciones españolas en el 2º trimestre: -4% sobre el mismo periodo del año anterior (frente al +14,6% que crecieron en el primer trimestre de 2023), según Comercio. Y todo apunta a que las exportaciones españolas seguirán “flojas” el resto del año, por el estancamiento en Europa y la revalorización del euro (+7,25% en lo que va de año, con lo que los productos europeos son un 7,25% más caros para los que no pagan en euros), frenando más el débil crecimiento. 

Y en medio de este panorama, no ayudan los altos tipos de interés y la posible nueva subida de tipos que podría hacer el BCE este jueves, 14 de septiembre (la 10ª en 14 meses), hasta el 4,50%, el tipo más alto desde 2008. Una subida que sería “la puntilla” para una Europa estancada y frenaría aún más el consumo y la inversión, acercándonos a la recesión. Y lo más preocupante: se frenará la creación de empleo, el principal motor del crecimiento y el consumo. Ya el año pasado, en el tercer trimestre se creó mucho menos empleo (77.000 frente a 383.300 en el 2º trimestre) y ahora puede pasar lo mismo, mientras en el 4º trimestre de 2022 se perdió empleo (-81.900), algo que podría repetirse este año. Ya en agosto, con el final de las vacaciones, se perdieron -185.385 empleos, según los últimos datos de afiliación de la Seguridad Social. 

Junto a este preocupante panorama económico cara al otoño, España tiene un problema adicional: la incertidumbre política, tras unas elecciones el 23.J que han frenado un gobierno del PP y Vox pero que nos han abocado a un parón político. De momento, la obstinación de Núñez Feijóo  a presentarse a una investidura imposible a finales de agosto nos hace perder un mes largo más sin Gobierno. Y no habrá un segundo intento hasta finales de noviembre, cuando lo intente Sánchez, que lo tiene muy difícil. Si lo consigue, no tendremos Gobierno hasta diciembre. Y si no, habrá elecciones el 14 de enero y veríamos si podría conseguirse un Gobierno en febrero. En resumen, entre 5 y 7 meses sin Gobierno, una incertidumbre política que agrava la incertidumbre económica. Y con un cierto “parón político” en Europa, dado que en junio de 2024 habrá elecciones europeas. 

La principal consecuencia de estar sin Gobierno es que se frenan muchas decisiones de inversión y de empleo, así como nuevos proyectos ligados a los Fondos europeos y que ahora no puede aprobar un Gobierno en funciones, que tampoco va a aprovechar las ventajas (políticas, pero también económicas) de la presidencia de turno de la Unión Europea. Pero la principal consecuencia de no tener Gobierno es que no se podrán aprobar los Presupuestos para 2024 y habrá que prorrogar los de 2023. La ausencia de nuevos Presupuestos frenará muchos proyectos, aunque estén asegurados las subidas de las pensiones, los sueldos de los funcionarios y las partidas para sanidad, educación y gasto social. Pero no posibles mejoras sociales y de impulso económico, como la subida del salario mínimo o nuevas ayudas e inversiones. 

Por todo ello, necesitamos tener un Gobierno cuanto antes, que afronte el debilitamiento de la economía este otoño, como ha hecho el Gobierno alemán: han aprobado un Plan de ayudas de 32.000 millones para impulsar su débil economía. Aquí, en España, haría falta también reanimar la economía, acelerando al máximo las inversiones de los Fondos europeos y aprobado medidas para apoyar a la industria y la construcción de viviendas, que pueden ayudar si el consumo de las familias cae. Además, urge un Plan de empleo, para que haya más trabajo para los jóvenes, las mujeres y los mayores de 45 años. Y todo ello, con un nuevo Presupuesto para 2024, que asegure un mayor crecimiento y permita reducir el déficit al 3% del PIB (como exige la Comisión Europea y ha prometido el gobierno Sánchez), con mayor recaudación y sin recortar gastos sociales. Todo ello, sin olvidar avanzar en las reformas de fondo, sobre todo para afrontar problemas como el cambio climático, la sequía y el reparto del agua, la digitalización de la economía, la reindustrialización y la tecnología, la mayor internacionalización de las empresas y  la mejora de nuestra competitividad.

Muchas tareas pendientes como para perder el tiempo en “teatrillos” políticos que no aportan nada a los españoles y dilatan las soluciones a nuestros problemas más urgentes, agravados por una coyuntura internacional y europea preocupante. No pierdan más tiempo, por favor.