El Banco Central Europeo (BCE) retomó hoy 11 de junio un viejo camino: subir los tipos de interés oficiales en la zona euro, del 2 al 2,25% (+0,25%), tras un año sin tocar los tipos. Antes, había utilizado dos caminos. El 21 de julio de 2022 inició una senda de subida de tipos, para luchar contra la inflación (+8,7% en junio), agravada por la invasión de Ucrania y la consiguiente crisis energética, sobre todo en Europa. Entre 2022 y 2023, el BCE aprobó nada menos que 10 subidas, disparando los tipos oficiales del 0% en que estaban (desde 2016) hasta el 4,50% en que los colocó el 20 de septiembre de 2023. Ahí los mantuvo 9 meses, hasta que el 6 de junio de 2024, el BCE volvió a tomar otro camino, el de bajar los tipos, para intentar reanimar una débil economía europea entonces con menos inflación (+3,2% en mayo). Y los bajó 8 veces entre 2024 y 2025, dejándolos en el 2% el 16 de junio de 2025, para no tocarlos hasta ahora, un año después.
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jueves, 11 de junio de 2026
BCE: otra subida de tipos inútil y dañina
Hoy jueves, el Banco Central Europeo (BCE) volvió a
subir los tipos, tras bajarlos 8 veces entre 2024 y 2025
y subirlos antes otras 10 veces, entre 2022 y 2023. La “excusa”
para volver a subirlos es que la inflación lleva 4 meses subiendo
(hasta el 3,2%), por la energía y la guerra en Oriente Medio. Pero muchos expertos
critican esta subida, porque no sirve para bajar el precio del
petróleo ni abrir el estrecho de Ormuz, aunque sí dañará a la economía europea, que ya ha
caído en el primer trimestre (-0,2%). Y recuerdan que es la 3ª
vez que el BCE comete el mismo error : en 2011 primero y luego en
2022-23, subieron los tipos, no frenaron los precios y hundieron más a
Europa en una recesión. El camino de Europa no es subir los
tipos, dañando a familias (hipotecas), empresas (créditos e inversión) y a los Estados (más intereses deuda),
sino ayudar a buscar la paz y, mientras, aprobar más ayudas y medidas
para huir del petróleo. Enrique Ortega
El Banco Central Europeo (BCE) retomó hoy 11 de junio un viejo camino: subir los tipos de interés oficiales en la zona euro, del 2 al 2,25% (+0,25%), tras un año sin tocar los tipos. Antes, había utilizado dos caminos. El 21 de julio de 2022 inició una senda de subida de tipos, para luchar contra la inflación (+8,7% en junio), agravada por la invasión de Ucrania y la consiguiente crisis energética, sobre todo en Europa. Entre 2022 y 2023, el BCE aprobó nada menos que 10 subidas, disparando los tipos oficiales del 0% en que estaban (desde 2016) hasta el 4,50% en que los colocó el 20 de septiembre de 2023. Ahí los mantuvo 9 meses, hasta que el 6 de junio de 2024, el BCE volvió a tomar otro camino, el de bajar los tipos, para intentar reanimar una débil economía europea entonces con menos inflación (+3,2% en mayo). Y los bajó 8 veces entre 2024 y 2025, dejándolos en el 2% el 16 de junio de 2025, para no tocarlos hasta ahora, un año después.
El BCE se ha adelantado en la subida de tipos a los
demás bancos centrales, sobre todo a la Reserva Federal USA, que tendrá
que decidir esta semana si sube sus tipos (en el 3,50% desde diciembre de 2025),
ahora que la subida del petróleo ha
disparado su inflación al 4,2% en mayo y con Trump exigiendo desde
hace meses que bajen más los tipos. El BCE se ha adelantado esta vez porque tiene
“mala conciencia” de la última vez que subió tipos, porque cree (aunque
no lo reconoce) que lo
hizo tarde: subió los tipos el 21 de julio de 2022, casi 5 meses
después de la invasión rusa de Ucrania y con la inflación en el 8,7%,
muy por encima de su objetivo (+2%), muy superado desde septiembre de 2021
(+3,4%). Y una prueba de que “los subió tarde” es que el Banco de Inglaterra
empezó a subir tipos en diciembre de 2021 y la Reserva Federal USA lo
hizo cuatro meses antes, en marzo de 2022.
Ahora, el
BCE no quiere que nadie le critique por “retrasarse” y
quiere ser el más ortodoxo de los bancos centrales, aprobado la primera
subida antes de cumplirse 4 meses de los ataques a Irán (28 de febrero) y
cuando la inflación en la zona euro sólo ha subido al 3,2% en mayo (muy
por debajo de la inflación en la anterior crisis energética, donde los precios
europeos subieron más del 10% en octubre y noviembre de 2022, no bajando
del 6% hasta junio de 2023). Y frente a los que les critican por “precipitarse”,
el BCE se defiende diciendo que “es
mejor prevenir que lamentar”, que prefiere subir tipos ahora para
evitar que las subidas de la energía se contagien a toda la economía, algo
que todavía no ha pasado.
Muchos expertos reiteran que el
BCE vuelve a equivocarse subiendo tipos, porque la subida es ineficaz
cuando los precios suben por una “inflación de costes”, por una
subida de la energía, no porque la economía crezca demasiado y esté “recalentada”
(“inflación de demanda”, que es cuando la subida de tipos sí resulta
eficaz. Pero ahora, la subida de tipos no va a resolver el problema de las
infraestructuras petroleras dañadas o paradas ni servirá para reabrir el
estrecho de Ormuz, por lo que no servirá para bajar el precio del petróleo.
Tampoco sirvió en la anterior crisis energética, a raíz de la invasión
de Ucrania, cuando la inflación en la zona euro acabó bajando (del
10,6% en octubre de 2022 a menos del 3% en octubre de 2023) pero no por
las 10 subidas de tipos sino por las ayudas y medidas que aprobaron los
Gobiernos europeos, desde la excepción ibérica (clave para bajar la luz en
España) hasta las ayudas a familias o sectores y el aumento de las energías
renovables y la independencia energética europea. Ahora pasa lo mismo: si
la inflación no sube más, no será porque el BCE sube tipos sino por las medidas
que están tomando los paises (bajada impuestos) para luchar contra las
subidas energéticas.
El otro problema de esta subida de tipos del BCE es que, además
de ineficaz es perjudicial para la economía: los tipos
más altos no frenan la inflación pero sí deterioran
la economía de las familias, las empresas y los Estados, frenando
el crecimiento. Es como aplicar una sangría a un enfermo que está en la UVI.
Este error del BCE, promovido por los “fundamentalistas
monetarios”, ya lo cometió el Banco central europeo en 2011 y en
2022-2023. En 2011, el entonces presidente, Trichet, subió los tipos dos veces (en abril
y julio de 2011), lo que sirvió para agravar la incipiente recesión
europea: de crecer la zona euro un 0,2% en la primavera y verano de
2011, se pasó a una caída de la eurozona en los 6 siguientes trimestres (4º
de 2011, todo 2012 y primer trimestre de 2013), básicamente por la crisis de la
deuda y los rescates de los paises del sur pero también por “el ricino de la
subida de tipos”. La prueba del error es que, al llegar Draghi al
BCE (noviembre 2022), bajó 8 veces los
tipos de interés, hasta dejarlos en el 0% en 2016, ayudando a
reanimar la economía europea.
El error de Trichet en 2011 lo
repitió Christine Lagarde en 2022 y 2023, a raíz de la
inflación y la crisis desatada por la invasión de Ucrania. La primera
subida (+0,5%) se aprobó el 21 de julio de 2022 y tras ella, otras 9 subidas
más, hasta la última en junio de 2025 (dejando los tipos en el 4,50%, el nivel
más alto en 20 años). Y otra vez más, este “ricino monetario” agravó
la recesión de la economía de la eurozona: crecía el +0,9% en el 2º
trimestre de 2021 y cayó un -0,1% en el último trimestre, para no crecer apenas
en 2023 (entre un 0 y un 0,2% cada trimestre), con una resaca en 2024, en que la
eurozona sólo creció un -0,4%.
Ahora, la nueva subida de tipos del BCE es aún
más peligrosa, porque se produce cuando la
economía europea ya está cayendo, según Eurostat: en el primer
trimestre de 2026, el PIB de la eurozona ha caído un -0,2% (-0,1% la
UE-27), con Francia cayendo también (-0,1% PIB primer trimestre) como
Irlanda (-12,1%), Suecia (-0,2%) o Lituania (-0,3), y con Alemania
e Italia estancadas (+0,3%), salvándose sólo España (+0,6% crecimos
en el primer trimestre) y Polonia (+0,9%) entre los grandes. Una caída
que contrasta con lo que crecía la eurozona en 2011 (+1,7%) y en 2022
(+3,6%), las otras dos ocasiones en que el BCE aplicó su ineficaz subida de
tipos, que acabó en dos recesiones: ahora el BCE aplica su “medicina”
en una economía que decrece y con dos importantes paises que no crean
empleo (+0% Francia en el primer trimestre y -0,1% Alemania, según
Eurostat.
La subida de tipos frena el crecimiento porque afecta
negativamente a las familias y a las empresas, dos de los motores
claves del crecimiento, deteriorando además las cuentas públicas.
Antes de que el BCE subiera tipos el jueves pasado ya había subido
el Euribor, el precio al que se prestan los bancos europeos, porque se
esperaba esa subida de tipos tras la guerra en Irán y la subida de la energía.
Concretamente, el Euribor mensual
sube desde marzo y podría acabar en
junio en el 2,850%, +0,77% más alto que hace un año (2,081% Euribor junio
2025). Eso encarecerá las hipotecas a revisar en junio, en torno
a 69 euros al mes para una hipoteca media de 174.132 euros (+826,80 euros
anuales). Pero como además suben
sin parar las viviendas, los que pidan una hipoteca nueva tendrán
que pagar dos subidas: la del Euribor (ojo, antes de la
subida del BCE, pronto será más) y la de los pisos. Tomando el precio
medio de una vivienda en España (2.795
euros/m2, según Idealista), pedir ahora una hipoteca para comprar un piso
de 90m2 cuesta ya una cuota de 1.042 euros mensuales, 218 euros al mes
más que hace un año. Y pronto se espera el Euribor en
el 3%.
Los tipos de los préstamos personales, para
comprar un coche o hacer un viaje, también están subiendo este año, aún antes
de la subida del BCE: el tipo estaba en el 7,94% en 2024, bajó al 7,41% en 2025
y este año ha escalado hasta el 7,79% en abril, según
el Banco de España. Lo mismo les pasa a los créditos que piden las
empresas: las pymes, para créditos hasta 250.000 euros, pagaban el
4,79% en 2024, les bajó al 4,01% en 2025 y este año les ha subido hasta el 4,63%
en abril. Y lo mismo las grandes empresas, que piden créditos de más
de 1 millón de euros: pagaban un tipo del 4,35% en 2024, les bajó al 3,49% en
2025 y en abril de este año ya pagaban el 3,69%, según
el Banco de España. Además, con esta subida del BCE, todos los tipos
subirán más y los bancos restringirán más sus créditos e hipotecas.
Y el daño de la subida de tipos no se queda en
las familias y las empresas. También lo paga el Estado, porque la
Administración central, las autonomías y los Ayuntamientos pagarán más
intereses por su deuda. Un termómetro es el coste de colocar la
deuda pública española a 10 años: tras pagar un máximo del 3,949% en
septiembre de 2023 (por la anterior subida de tipos, tras la invasión de Ucrania),
el
coste de la deuda española bajó al 2,787% en noviembre de 2024 y estaba en
3,213 al inicio de 2026, subiendo en junio a 3,5010, antes de la subida del
BCE. Esta subida de la deuda irá a más y el pago de intereses de nuestra
deuda (previsto en 43.300 millones de euros este año) subirá entre 6.000
y 9.000 millones por las subidas que se esperan tras la estrategia del
BCE. A lo claro: que tendremos entre 6.000 y 9.000 millones menos para
gastar en servicios públicos porque habrá que pagar más intereses.
Ahora, la incógnita es saber cuántas veces más subirá el
BCE sus tipos de interés oficiales: hay analistas que hablan de hasta
dos veces más, quizás en julio y en octubre o que espere para hacer
la tercera a diciembre. Pero todo apunta a tipos entre el 2,50 y el 3%,
según se comporte la inflación europea (que podría oscilar entre el 3,5 y el 4%
este año, tras cerrar 2025 en el 1,5% la UE-27). Y a su vez, el comportamiento
de la inflación va a depender de la evolución de la guerra en Oriente
Medio, cuyo futuro no se vislumbra. Pero incluso en el caso de un
acuerdo y de la reapertura de Ormuz, la economía internacional y los precios
tardarán meses en beneficiarse, por lo que el BCE “no bajará la guardia”.
Lo que sí está claro es que muchos expertos (incluido
el español Luis de Guindos, que acaba de dejar su puesto de vicepresidente del
BCE: “tenemos
que tener en cuenta el impacto sobre el crecimiento”) alertan sobre
el riesgo de que la subida de tipos agrave la recesión en Europa,
dado el estancamiento de Alemania y Francia. Y recuerdan los errores de
las subidas de 2011 y 2022-23. Y otros reiteran que la lucha contra la
inflación exige tomar medidas en dos frentes. Uno, volcarse política y
diplomáticamente en lograr una paz estable en Oriente Medio, un
conflicto en el que Europa sigue “ausente”. Y el otro, tomar medidas y
estrategias para contrarrestar la inflación (como las medidas fiscales y
en algunos sectores que ha tomado España) y acelerar
“la huida” de los combustibles fósiles, favoreciendo la electrificación
de la economía (con energías renovables) y la movilidad (facilitando
las ventas de coches eléctricos y los postes de recarga, ambas retrasadas en
Europa).
En resumen, que Europa está sufriendo en sus precios
los daños de la guerra en Oriente Medio, pero la solución no es agravar
aún más el actual estancamiento económico europeo subiendo los
tipos (lo que no sirve para bajar el precio del petróleo) sino
presionando con el resto del mundo a Israel, EEUU e Irán para que firmen la paz
y acelerando una política energética que apueste más por los combustibles
renovables y por consumir cada vez menos petróleo, para que estas crisis
energéticas (recurrentes) no nos hagan dado. El problema es que la
derecha europea (sobre todo el PPE) se ha dejado presionar por la
extrema derecha y están “devaluando”
las políticas medioambientales europeas, como demuestran los
ataques al Pacto Verde europeo y la
decisión aprobada por la Comisión en diciembre de suavizar la prohibición
de coches de combustión en 2035… Así nunca podremos evitar los
europeos los daños de la geopolítica y de las subidas del petróleo. Ni subiendo
tipos.
El Banco Central Europeo (BCE) retomó hoy 11 de junio un viejo camino: subir los tipos de interés oficiales en la zona euro, del 2 al 2,25% (+0,25%), tras un año sin tocar los tipos. Antes, había utilizado dos caminos. El 21 de julio de 2022 inició una senda de subida de tipos, para luchar contra la inflación (+8,7% en junio), agravada por la invasión de Ucrania y la consiguiente crisis energética, sobre todo en Europa. Entre 2022 y 2023, el BCE aprobó nada menos que 10 subidas, disparando los tipos oficiales del 0% en que estaban (desde 2016) hasta el 4,50% en que los colocó el 20 de septiembre de 2023. Ahí los mantuvo 9 meses, hasta que el 6 de junio de 2024, el BCE volvió a tomar otro camino, el de bajar los tipos, para intentar reanimar una débil economía europea entonces con menos inflación (+3,2% en mayo). Y los bajó 8 veces entre 2024 y 2025, dejándolos en el 2% el 16 de junio de 2025, para no tocarlos hasta ahora, un año después.
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jueves, 12 de septiembre de 2024
2ª bajada (mínima) de los tipos de interés
El BCE ha bajado hoy los tipos de interés, un
-0,25% (al 4%), por 2ª vez este año, tras subirlos 10 veces (del
0 al 4,50%) entre julio de 2022 y septiembre de 2023. Lo justifican porque la
inflación europea ha bajado al 2,2% (desde el 10,6% en 2022), pero no
ha sido por sus drásticas subidas sino por la bajada de energía, materias
primas y alimentos, por cambios en los mercados y medidas de los
Gobiernos. No reconocen que su “ricino monetario” ha dañado a familias
(hipotecas), empresas (créditos) y paises (deuda), beneficiando
sólo a la banca. Y ha provocado el estancamiento
de la economía europea: apenas crece (+0,2%), mientras decrecen
Alemania, Austria, Irlanda, Suecia, Letonia y Hungría. Saben que tienen que
bajar tipos, para reanimar la inversión y el consumo, pero lo hacen poco a
poco: el dinero cuesta todavía el 4%, el precio más alto desde
2007. Y así, Europa sigue estancada y crece la tercera parte que EEUU.
Enrique Ortega
La inflación parece no ser ya el primer problema de la economía mundial, como lo ha sido en 2022 y 2023. De hecho, en la zona euro, la inflación anual ha caído al 2,2% en agosto, desde el máximo del 10,6% que subía en octubre de 2022, tras la invasión de Ucrania y la drástica subida de la energía y las materias primas. Y en EEUU, los precios subieron el 2,5% anual en agosto, la menor inflación desde febrero de 2021 y muy por debajo de la subida máxima alcanzada en junio de 2022, el 9,1%. Con ello, los bancos centrales de Europa (BCE) y USA (Reserva Federal) han visto el momento de bajar los tipos de interés, tras las drásticas subidas aprobadas en 2022 y 2023, para “atajar” la alta inflación. De hecho, EEUU subió 11 veces sus tipos de interés (entre marzo de 2022 y julio de 2023), desde el 0% al 5,25% actual. Y ahora, la Reserva Federal planea aprobar la primera bajada el próximo miércoles, 18 de septiembre. Y el BCE, que subió 10 veces sus tipos (entre julio de 2022 y septiembre de 2023), del 0 al 4,50%, ha aprobado hoy su 2ª bajada este año, del -0,25%, tras la primera hecha el 6 de junio pasado.
El BCE, como la Reserva Federal, creen
en la subida de tipos como en “un dogma de fe”: es la mejor
receta contra la inflación, aunque tenga el coste de hundir la actividad y
el crecimiento, frenando el empleo. En el caso de que la inflación esté
provocada por un fuerte crecimiento económico, por un exceso de consumo (“inflación
de demanda”), el “ricino” de la subida de tipos, al encarecer el
dinero, puede ayudar a “enfriar la economía”. Pero lo que ha sufrido el mundo
tras la invasión de Ucrania y la “hiperinflación” ha sido una “inflación
de oferta”, de costes, provocada por una subida disparada de la
energía (petróleo y gas), las materias primas y alimentos, con una
rotura adicional de las cadenas de suministro mundial. Y en este caso,
subir el precio del dinero no es una receta correcta, como señalan muchos expertos, porque no provoca una bajada del petróleo, el
gas o los alimentos y sí daña a las
economías, las empresas y las familias.
Pero tanto el BCE como la Reserva Federal (con
más motivo, porque la economía USA si estaba algo “recalentada”, mientras
Europa no crece) “han
seguido en sus trece”, con una subida de tipos drástica
(del 0 al 4,50 (en Europa) o al 5,25% (en USA) y muy rápida (en año y
medio), que parece haber bajado la inflación. Pero
es sólo “un espejismo”: la inflación ha bajado porque se han
ajustado los mercados energéticos (más producción de petróleo en EEUU, medidas
de ahorro, cambio en los proveedores de gas) y porque los gobiernos han tomado
medidas para bajar el precio de la electricidad y subvencionar la energía, las
materias primas y los alimentos, con ayudas a empresas y familias. Y gracias
al ajuste de los mercados y a las medidas aprobadas, se ha rebajado la
inflación, no por las subidas de tipos. Y a pesar de estas críticas, la Reserva
Federal y el BCE llevan
meses retrasando las bajadas: el BCE ha esperado a junio y EEUU
hará la primera rebaja la próxima semana. Todo por insistir en su “ortodoxia”,
en su “fundamentalismo monetario”, tan
inútil como dañino.
El BCE ya había visto que la economía europea
estaba estancada en el primer trimestre (creció
sólo un +0,3%), como lo había estado en todo 2023 (la UE creció un
+0,6%, la cuarta parte que EEUU: +2,4%), pero esperó al 6 de junio para
hacer su
1ª bajada de tipos (desde la 10ª subida, hecha el 14 de septiembre de
2023), un mínimo recorte del 0,25% (dejando los tipos al 4,25%). Su argumento
para seguir con la “ortodoxia” era que la inflación seguía alta
(ojo: está por debajo del 3% desde febrero de 2024, cuando estaba en el 10,6%
en octubre de 2022) y que temían por un repunte de los salarios
en Europa (que relanzaran la inflación). Ahora, el BCE ha decidido su 2ª
subida (mínima otra vez: -0,25%, dejando los tipos en el 4%) por
dos datos. Uno, que la inflación en la zona euro ha
bajado al +2,2%
en agosto, la más baja desde abril de 2021. Y el otro, que las
subidas salariales se han moderado (los costes salariales aumentaron un
+3,6% en el 2º trimestre, tras crecer un 4,7% en el primero).
Pero el dato que les debía haberles preocupado más
es que, tras la drástica y rápida subida de tipos (recordemos: del 0 al 4,5% en
14 meses), la economía europea está estancada: la UE-27 ha crecido sólo
un +0,2% en el 2º trimestre de 2024, según
Eurostat, menos que en el 1º (+0,3%), la tercera parte que en todo 2023
(+0,6%) y muy por debajo de lo que crecía Europa antes de la pandemia, la
invasión de Ucrania y el inicio de la drástica subida de tipos (+2,2% en 2019 y
+3,4% en 2022). Y otro dato: la UE-27 creció en el 2º trimestre (+0,2%), menos
de la tercera parte que EEUU (+0,7%), a pesar de que los tipos de la Reserva
Federal eran más altos (5,25% frente al 4,50%), lo que significa que Europa
estaba estancada mientras EEUU seguía creciendo mucho más, aunque ahora temen un estancamiento próximo.
Y lo peor, lo que tendría que haber llevado al
BCE a una mayor rebaja de tipos hoy (y en los próximos meses) es que Alemania,
la locomotora europea está “gripada”: cayó en 2023 (decreció
un -0,3%, mientras España crecía un +2,4% y Francia un +1%) y sigue
estancada (creció un 0,2% en el primer trimestre) e incluso cayendo (-0,1%
en el 2º trimestre de 2024). Y no es un caso aislado: en el 2º
trimestre ha
caído también el PIB en otros 5 paises europeos: Irlanda (-1%), Austria
(-0,4%), Suecia (-0,3%), Letonia (-0,9%) y Hungría (-0,2%). Así que la economía
UE pasa por un mal momento y no se merece que el BCE mantenga un precio
del dinero tan alto: el 4% actual es
el más elevado desde junio de 2007 (4%) y contrasta con el 0% que
costaba el dinero en Europa entre 2016 y 2022.
Así que ya sabemos a dónde nos ha llevado la “ortodoxia
monetaria” del BCE, que pone por delante la bajísima inflación (el 2% como
objetivo, que no se conseguirá hasta finales de 2025) al crecimiento, la inversión
y el empleo. Ese
debería ser el debate económico ahora: Europa debería aceptar una
inflación en torno al 3%, a cambio de tipos más bajos (del 2 al 3%) y un mayor
crecimiento y empleo en el continente. Pero casi nadie habla de esto.
Mientras, la política de tipos altos (que se mantiene),
ha tenido (y tiene) un alto
coste para familias, empresas y paises,
a los que el BCE perjudica con su ortodoxia (y lo sabe). Las familias
europeas llevan dos años largos pagando más por sus hipotecas, lo que
perjudica su poder adquisitivo y su consumo. En España lo saben bien las 4
millones de familias que están pagando una hipoteca y cuya cuota mensual les ha
subido drásticamente, de la mano del Euribor: de ser
negativo hasta marzo de 2022 (-0,237%), se puso en positivo en abril y llegó a un máximo del 4,160% en octubre
de 2023, encareciendo drásticamente las hipotecas (del
1,3% en 2021 al 3,94% en octubre de 2024). Y aunque ahora ha bajado del 3%, con las
dos bajadas de tipos del BCE y las previstas, todavía las
hipotecas son mucho más caras que hace dos años. Un ejemplo: una
hipoteca de 150.000 euros a 25 años, que paga el Euribor+1%, cuesta ahora
805,57 euros al mes, que es menos que hace un año (883,28 euros en agosto 2023)
pero mucho más que hace dos (654,12 euros en agosto 2022).
Además de pagar más por las hipotecas, a pesar de la rebaja
de agosto (84,6 euros al mes sobre agosto de 2023), las familias también han
visto subir los tipos de sus créditos al consumo, para comprar un coche,
irse de vacaciones o cambiar muebles: han subido del 6,10% en 2021 al 7,13% en
2022 y al 8,23% en octubre de 2023, aunque ahora estén en el 7,63% (julio
2024), según
el Banco de España. Y también las empresas llevan dos años pagando
más por sus créditos. Así, una pyme ha visto subir un crédito de 250.000 euros
del 1,69% en 2021 al 3,53% en 2022 y al 5,25% en noviembre de 2023, aunque
ahora paguen el 4,66%, según
el Banco de España. Y los créditos a empresas superiores al millón de euros
han subido del 1,04% (2021) al 4,95% en 2023, aunque ahora están al 4,72%.
También los paises han pagado en sus Presupuestos la
drástica subida de tipos del BCE, al encarecerse el interés que tienen que
pagar a los inversores para colocar la deuda pública. Así, el bono
español a 10 años ha pasado de pagar el 0,41% de interés en
noviembre de 2021 al 2,46% en noviembre de 2022 y un máximo del 3,94% en
septiembre de 2023, bajando al 3,41% en junio de 2024 y al 2,94% en septiembre
de 2024. Eso se traduce en que España tiene que pagar ahora más intereses
por su deuda (39.078
millones en 2024 frente a 30.175 en 2022) y por eso puede gastar menos de
lo que haría falta en sanidad, educación, dependencia, ayudas públicas o
pensiones.
Como se ve, el
coste económico y social de la “ortodoxia monetaria” del BCE es muy
elevado, aunque hay un sector que sale muy beneficiado: la banca.
En España, las familias y empresas han pagado 47.971 millones de euros más
en intereses por hipotecas y créditos entre 2022 y 2023 (+14.035 millones
los hogares y +33.936 millones las empresas), según
los datos del Banco de España. Y esta subida de tipos y márgenes (más la
mayor remuneración por el dinero que tienen depositado en el BCE) ha permitido a los bancos europeos tener beneficios
récord. Así, los 6 grandes bancos españoles aumentaron un
28% sus beneficios en 2022 (20.850 millones) y otro
26,4% en 2023 (26.088 millones). Y con el retraso en las bajadas de tipos,
los 6 grandes bancos españoles han ganado en el primer semestre de 2024 otros
15.286
millones de euros (+23,4%), el primer semestre mejor de su historia.
Ahora, el BCE anticipa que hará otra pequeña
rebaja de tipos (otro -0,25%) el 12 de diciembre, con lo que
acabaríamos 2024 con un precio del dinero al 3,75%, el tipo que teníamos
en mayo de 2023 y el tipo más alto
desde octubre de 2008 (3,75%). Y que seguirá siendo “prudente” en
las bajadas durante 2025 (podría
aprobar 4 más), con lo que se cerraría el próximo año con los tipos al 2,75%.
Eso claro, si no repunta la inflación por la energía y otras causas
geopolíticas. Así que nos vaticinan tipos altos (hipotecas y
créditos caros), aunque la economía europea siga estancada: se espera un
débil crecimiento del 1% este año y un mínimo 1,7% en 2025, siempre por debajo
de EEUU.
Mientras la
economía europea no despega, algo que no parece preocupar al BCE, la
presidenta de la Comisión ultima su Gobierno y se plantea las prioridades
para los próximos 5 años. En Bruselas sí preocupa el estancamiento de
la economía europea, frente a EEUU y a China, y por eso la Comisión encargó un
informe a Mario Draghi, anterior presidente del BCE y ex primer ministro
italiano. El
informe, divulgado este martes,
apuesta por un Plan de reactivación de la economía europea, invirtiendo
800.000 millones al año (inversión privada, pública y emisión de deuda
europea) en apostar por la innovación y la tecnología, la reindustrialización,
las energías limpias, la industria de la defensa y avanzar en la integración europea, desde los
mercados de capitales a la banca y la competencia. Un
nuevo “Plan Marshall” para Europa, de origen europeo, para
mejorar la competitividad y reducir distancias con EEUU y China. Un
objetivo crucial. Pero el BCE debe contribuir al salto de la economía
europea recortando más rápidamente los tipos. Aunque suba algo la
inflación. Peor es el estancamiento económico actual, que frena el
empleo y la calidad de vida. Recapaciten.
La inflación parece no ser ya el primer problema de la economía mundial, como lo ha sido en 2022 y 2023. De hecho, en la zona euro, la inflación anual ha caído al 2,2% en agosto, desde el máximo del 10,6% que subía en octubre de 2022, tras la invasión de Ucrania y la drástica subida de la energía y las materias primas. Y en EEUU, los precios subieron el 2,5% anual en agosto, la menor inflación desde febrero de 2021 y muy por debajo de la subida máxima alcanzada en junio de 2022, el 9,1%. Con ello, los bancos centrales de Europa (BCE) y USA (Reserva Federal) han visto el momento de bajar los tipos de interés, tras las drásticas subidas aprobadas en 2022 y 2023, para “atajar” la alta inflación. De hecho, EEUU subió 11 veces sus tipos de interés (entre marzo de 2022 y julio de 2023), desde el 0% al 5,25% actual. Y ahora, la Reserva Federal planea aprobar la primera bajada el próximo miércoles, 18 de septiembre. Y el BCE, que subió 10 veces sus tipos (entre julio de 2022 y septiembre de 2023), del 0 al 4,50%, ha aprobado hoy su 2ª bajada este año, del -0,25%, tras la primera hecha el 6 de junio pasado.
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jueves, 6 de junio de 2024
1ª bajada (mínima) de los tipos de interés
Enrique Ortega
Hoy se ha iniciado una nueva era en la política
monetaria internacional, con la primera rebaja de tipos en los
últimos 8 años, aprobada por el Banco Central Europeo (BCE), que ha
reducido el precio oficial del dinero un -0,25%, dejándolo en el 4,25%,
el precio que tenía en agosto de 2023. Una rebaja que ha retrasado 9
meses, tras aprobar en septiembre de 2023 la última subida de tipos
(+0,25%), la
10ª subida aprobada en sólo 14 meses (desde julio de 2022 a
septiembre de 2023), que elevó el precio del dinero del 0% (en que
estaba desde 2016) al 4,50%, el tipo más alto
en Europa desde 2008.
Todo dependerá también del resultado de las elecciones europeas,
porque dentro
del BCE hay dos tendencias: los “halcones”, que defienden
una mayor “ortodoxia” (hasta que la inflación no se afiance en el 2%
objetivo, no hay que bajar mucho los tipos), apoyados por Alemania, Paises
Bajos, Austria y los paises bálticos, y las “palomas”, los
consejeros del BCE que defienden unos tipos más bajos, para reanimar la
deprimida economía europea, apoyados por Francia, Italia y España. Si la
derecha conservadora (y la ultraderecha) ganan
peso en el Europarlamento y en la futura
Comisión Europea, eso jugará a favor de la “ortodoxia” monetaria
en el BCE, retrasando y suavizando la bajada de tipos.
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jueves, 14 de septiembre de 2023
El dilema de la 10ª subida de tipos
Hoy 14 de septiembre, el Banco Central Europeo (BCE) decide si vuelve a subir los tipos de interés
(un +0,25%, hasta el 4,50%) o pospone la
subida a octubre. La mayoría de expertos apuestan porque el BCE hará una “pausa”, tras 9
subidas de tipos en los últimos 14 meses, aunque también hay miembros del
BCE que apuestan por una última subida, para atajar la inflación (5,3%).
Pero preocupa que otra subida sea la puntilla para la economía europea,
que no
crece nada, con Alemania y 9
paises más decreciendo. Dilema: ser “ortodoxos” y subir tipos
aunque la receta apenas baje la inflación (que sube por la energía y los
alimentos) o ser “flexibles” y no agravar el estancamiento económico en Europa,
sobre todo en Alemania, la que “manda” en el BCE. Suban o no, el problema es
que no
habrá bajadas de tipos hasta 2024. Y eso daña a familias, empresas y
Presupuestos. Urge cambiar la política monetaria y reanimar la economía europea.
14.30 h. Confirmado el temor: el BCE ha subido tipos +0,25%, al 4,50%, el tipo más alto desde 2001
Enrique OrtegaEl mundo económico y financiero tiene la vista puesta hoy en el Banco Central Europeo (BCE), que debe decidir si aprueba o no la 10ª subida de tipos en los últimos 14 meses. El BCE empezó a aplicar su “receta” de subir tipos contra la inflación el 21 de julio de 2022, con un retraso de cuatro meses sobre la Reserva Federal USA, que empezó a subir los tipos el 17 de marzo. Desde entonces, hace 14 meses, el BCE ha subido los tipos de interés oficiales del 0% en que estaban al 4,25%, tras la última subida del 27 de julio, el precio más caro del dinero en Europa desde el año 2008. Y en estos 14 meses, tras “el ricino monetario”, la inflación en la zona euro ha bajado, pero poco: estaba en el 8,6% en junio de 2022, subió hasta un máximo del 11,1% en noviembre de 2022 y luego ha bajado hasta el 5,3% en agosto de 2023, todavía muy lejos del 2% que es el objetivo del BCE. Y la bajada se debe a la rebaja en los precios del petróleo, el gas y la electricidad, no a la subida de tipos.
Enrique OrtegaEl mundo económico y financiero tiene la vista puesta hoy en el Banco Central Europeo (BCE), que debe decidir si aprueba o no la 10ª subida de tipos en los últimos 14 meses. El BCE empezó a aplicar su “receta” de subir tipos contra la inflación el 21 de julio de 2022, con un retraso de cuatro meses sobre la Reserva Federal USA, que empezó a subir los tipos el 17 de marzo. Desde entonces, hace 14 meses, el BCE ha subido los tipos de interés oficiales del 0% en que estaban al 4,25%, tras la última subida del 27 de julio, el precio más caro del dinero en Europa desde el año 2008. Y en estos 14 meses, tras “el ricino monetario”, la inflación en la zona euro ha bajado, pero poco: estaba en el 8,6% en junio de 2022, subió hasta un máximo del 11,1% en noviembre de 2022 y luego ha bajado hasta el 5,3% en agosto de 2023, todavía muy lejos del 2% que es el objetivo del BCE. Y la bajada se debe a la rebaja en los precios del petróleo, el gas y la electricidad, no a la subida de tipos.
Ahora, el BCE debe decidir hoy si sigue con su racha de subidas
y eleva los tipos otro +0,25% (hasta el 4,50%) o si se toma una tregua y
deja la 10ª subida para la próxima reunión, el 22 de octubre próximo. Es lo que hizo la Reserva Federal USA en junio: no subió los tipos y esperó
a hacerlo al 26 de julio, cuando sí aprobó la 11ª subida de tipos en 16
meses, un +0,25%, hasta el 5,50%, el
tipo de interés más alto en EEUU desde el año 2001. Eso sí, la subida
de tipos norteamericana ha sido más eficaz para reducir la inflación
allí: ha caído de un máximo del 9,2%
en junio de 2022 al 3,7% en agosto
de 2023. Y eso porque allí la inflación estaba más motivada por el
recalentamiento de la economía (inflación
de demanda), que la subida de tipos ha “enfriado”, mientras en Europa
se debe más a la energía, los alimentos y la guerra en Ucrania (inflación
de oferta), costes sobre los que poco puede hacer que el BCE suba más o
menos los tipos de interés.
En el BCE hay
dos posturas sobre qué hacer
hoy con los tipos de interés. Los representantes de los paises llamados “halcones”
(Alemania, Holanda, Austria, Estonia y Finlandia), defensores de la “ortodoxia
monetaria”, creen que no
hay que bajar la guardia y que debe seguir la subida de tipos “lo que
haga falta”, hasta doblegar la inflación, aunque tenga un alto coste para familias
(hipotecas), empresas (crédito e inversión) y paises (subida del coste de la
deuda pública). Estos miembros del BCE se agarran a que la inflación en la zona
euro es todavía demasiado alta (5,3% en agosto) y que no se redujo el mes
pasado, por primera vez desde abril. Y que la inflación de fondo (subyacente),
sin energía y alimentos no elaborados, sigue muy alta (6,2%
en agosto), lo que indica que la inflación está “instalada” en las
economías, sobre todo en el norte de Europa (la inflación es del 6,4% en
Alemania o del 7,6% en Austria frente al 2,4% en España). Y que hay que seguir “dando leña al mono”…
Pero algunos de esos mismos miembros “duros” del BCE (de
Alemania) y los llamados “palomas” (Italia, Francia, Portugal
o España) están
más
preocupados por el estancamiento de la economía europea que
por la inflación. Y han frenado su afán de “subir
tipos hasta doblegar la inflación” tras dos
noticias recientes. Una, que la
economía de la zona euro (20 paises UE) no creció nada en el 2º trimestre de 2023, según
Eurostat, que rebajó del 0,3 al 0% su previsión anterior. Y lo peor: que Alemania no crece nada (+0%)
y que hay 9 paises europeos que han decrecido, cuyo PIB
cayó en el 2º trimestre de 2023: Italia
(-0,4%), Paises Bajos (-0,3%), Suecia (-0,8%), Austria (-0,7%), Chipre
(-0,4%), Estonia (-0,2%), Letonia (-0,3%), Hungría (-0,3%) y Polonia
(-2,2%). La otra noticia, de este lunes, son las nuevas previsiones
económicas de la Comisión Europea para
2023: prevén que Europa crezca sólo un +0,8% este años (tres décimas menos
de lo que esperaban en mayo y la cuarta parte del crecimiento de 2022: +3,4%).
Y que Alemania, “la locomotora
europea”, decrezca
un -0,4% (tras la recesión a finales de 2022 y principios de 2023), con la mayoría de paises estancados,
salvo España (crecerá
un 2,2% este año) y Francia (+1%).
Ante este panorama, algunos “halcones” (con Alemania a
la cabeza, la que más “manda” en el BCE) y
todas las “palomas” del Banco Central Europeo temen que si suben hoy los tipos agraven esta recesión y la economía
europea, con el nuevo “ricino monetario” entre
más en coma. Por eso, apuestan por retrasar el tratamiento, esperar
a la próxima reunión del 22 de octubre, para ver cómo evolucionan la
inflación y la economía. Pero sigue habiendo miembros del BCE (y “expertos”)
que defienden el rigor (“rigor
mortis”) y enviar el mensaje de que “están dispuestos a todo” para atajar la inflación. Aún a costa de
la recesión.
Hoy, hacia las 14,30 horas, sabremos la decisión que toma el BCE.
Pero decidan la 10ª subida o una tregua, lo que está claro es que no
valoran bajar los tipos para reanimar la débil economía europea. Ya lo
han dicho claramente: los tipos seguirán altos en 2024 y sólo contemplan bajarlos dentro
de un año, si la inflación amaina. Pero con mucha prudencia, porque ahora les
preocupa que los salarios hagan repuntar
la inflación. De hecho, en
Alemania, los salarios han subido un +6,6%
en el 2º trimestre. Y en España, los
convenios firmados hasta agosto han aprobado una subida salarial del +3,38%. Es más que el año pasado, pero todavía no recuperan el poder
adquisitivo perdido. Y sorprende que el BCE se preocupe ahora de que los
salarios “realimenten la inflación” cuando no se han preocupado de los beneficios
empresariales (márgenes), culpables
(según el propio BCE) de dos
tercios de la subida de la inflación en el último año…
La inflación
va a seguir alta en Europa, sobre todo este otoño e invierno, debido no
a que la economía crezca demasiado y este “recalentada”, sino por
culpa de la energía (el petróleo
supera ya los 90 dólares, frente a los 72 en mayo, y el gas está subiendo,
como la electricidad) y los alimentos
(fruto de la sequía y el clima, en España y en medio mundo), además de los
problemas en las cadenas de suministro y en el comercio mundial, además de las
subidas de los márgenes empresariales (para recuperar las pérdidas del COVID). Por
eso, la previsión del propio BCE es que
la inflación en Europa no
baje al 2% hasta mediados de 2025. Y por eso reiteran que seguirán con
los tipos altos, sin bajarlos, hasta finales de 2024.
Una política suicida
e ineficaz, porque no baja la inflación (los precios
suben por otras causas, no por un exceso de demanda, inexistente) y sin embargo
daña
la economía, a las familias, empresas y paises, agravando la recesión,
en un momento en que la economía internacional se ha desinflado (según
la OCDE) y China crece mucho menos.
Las familias
llevan ya 14 meses sufriendo las consecuencias de las subidas de tipos del BCE:
el Euribor, por el que se revisa la mayoría de las hipotecas (4 millones),
lleva subiendo desde que se puso en positivo (en abril de 2022) y eso ha
provocado ya que algunas familias hayan
tenido que revisar al alza dos veces ya su pago mensual de la hipoteca. En
agosto, el Euribor
mensual cerró en el 4,073% (bajando ligeramente del 4,149 de julio, por
primer mes), pero como estaba en el 1,249% en agosto de 2022, los que revisen su hipoteca en septiembre
tendrán que pagar
unos 305 euros más al mes (+3.660
euros al año), después de que en la revisión de hace un año ya pagaron hasta 120 euros mensuales más. Un coste
extra que, unido a la inflación y a los bajos salarios, va a recortar
aún más el consuno de las familias este otoño e invierno, frenando el
crecimiento y el empleo. Y que dificulta la concesión de hipotecas (ha
caído de febrero a junio) y la venta
de pisos (cae
ya 5 meses, hasta junio, agravando la crisis en la construcción). Además, suben
los tipos en las tarjetas y créditos al consumo (al 8,05% de
interés en julio, frente al 6,82% hace un año, según
el Banco de España).
Las empresas
también sufren los altos tipos del BCE, sobre
todo las pymes, que tienen ahora más
difícil endeudarse (los bancos miran “con lupa” los préstamos que dan) y más caro: los créditos hasta 250.000
euros han casi triplicado su coste (del 1,7% en 2022 al 4,84% en julio de
2023), los créditos de 250.000 euros a 1 millón han más que triplicado su tipo
(del 1,35% al 4,75%) y los créditos a empresas superiores al millón de euros
han cuadruplicado con creces su coste (del 0,83 al 4,87%), según
los datos del Banco de España, que reconoce que la subida de tipos ha
reducido el crédito a empresas y familias.
Y queda el efecto negativo de los altos tipos de interés sobre los paises, sobre sus cuentas
públicas, al encarecer los intereses
que han de pagar ahora por su deuda
pública. En el caso de España, con una deuda
de 1.569.000 millones de euros en junio (el 113% del PIB), ahora tenemos
que dedicar más recursos públicos a pagar intereses: el bono a 10 años, por el
que se pagaba el 0,76% en febrero de
2022, salto a un tipo del 3,657% en diciembre de 2022 y ayer
estaba al 3,738%. Sin estas subidas, ya estaba previsto destinar 31.275
millones del Presupuesto 2023 a pagar los intereses de la deuda, la 2ª partida
de gasto tras las pensiones.
En definitiva, que la
receta de subida de tipos del BCE, aunque sirve de poco para bajar la
inflación (lo que ha bajado es por la bajada de la energía y las
medidas de los Gobiernos), es muy
dañina para las familias, empresas y paises más endeudados, por lo
que recorta la actividad y el crecimiento, agravando el riesgo de recesión en Europa
y poniendo en peligro el empleo. Y más
en la Europa del sur, donde familias, empresas y paises son más vulnerables a la subida de tipos,
porque tienen menos ingresos (sueldos más bajos y menos recaudación fiscal),
menos competitividad y más deuda pública y privada. Además, el BCE comete una tremenda
desigualdad: sube los tipos igual a todos, aunque España (2,4%) o Grecia
(3,4%) tengan la mitad de inflación que Alemania (6,4%) o Austria (7,6%).
No lo van a hacer,
pero dado el estancamiento económico en Europa (provocado en parte por sus 9
subidas de tipos), lo que debería hacer el BCE es empezar a bajar los tipos, progresivamente,
para ayudar a reanimar las economías. Y en paralelo, la Comisión Europea debería poner en
marcha Planes de reactivación, como ha aprobado Alemania (aprobando un Plan de ayudas de 32.000 millones en 4
años). Todo ello, sin olvidar la inflación, pero avanzando en medidas
para frenar las subidas de la energía (con una reforma del mercado eléctrico,
que sigue pendiente) y ayudas a agricultores y ganaderos, para contener la
inflación de los alimentos provocada por la sequía y el clima. Nos
espera un otoño difícil en Europa, pero lo será más si el BCE persiste en su “extremismo monetario” y no
baja tipos (o incluso los sube, hoy o en octubre). Y si Bruselas no reanima la
economía, mientras España tampoco
hace nada, por un
parón
político que va para largo. Triste panorama.
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lunes, 11 de septiembre de 2023
Parón político... y económico
España vuelve a la rutina y se encuentra con un parón
político, sin Gobierno hasta finales de noviembre (como pronto) y el
riesgo de nuevas elecciones en enero: entre 4 y 7 meses de “paralización
política”. Y esta incertidumbre política
coincide con un “parón económico”: una economía mundial que enfría su
crecimiento, con Europa estancada y
el riesgo de un bajo crecimiento en China. Por todo ello, este otoño se presenta complicado, también para España: coincide un Gobierno en
funciones con un esperado frenazo del consumo, tras el gasto
turístico del verano (las tarjetas y el curso escolar provocarán una “cuesta de
septiembre”), el pinchazo de las
exportaciones, la nueva subida de
los precios (y más este invierno, por la energía y la sequía), los altos tipos de interés y el freno de la
industria y la construcción. Al final, sufrirán la inversión y el empleo.
Por todo ello, urge tener un Gobierno, que (como ha hecho Alemania) apueste
por reanimar la economía y el empleo. Enrique Ortega
A la vuelta de vacaciones, el mundo comprueba que la economía internacional ha ralentizado su crecimiento, que la ansiada recuperación no despega. La OCDE, que integra a los 38 paises occidentales más desarrollados, confirmó a finales de agosto que la economía internacional crece al ralentí: sólo un +0,4% en el 2º trimestre de 2023, una décima menos que en el primer trimestre, continuando una senda de crecimiento moderado desde principios de 2022. Estados Unidos crece sólo un +0,6% y Europa está estancada (crece un 0%), con Alemania sin pulso (+0% de crecimiento en el 2º trimestre) e Italia cayendo (-0,4%), el Reino Unido casi estancado (+0,2% creció en el 2º trimestre) y sólo se salvan Francia (+0,5%) y España (+0,4%).
A la vuelta de vacaciones, el mundo comprueba que la economía internacional ha ralentizado su crecimiento, que la ansiada recuperación no despega. La OCDE, que integra a los 38 paises occidentales más desarrollados, confirmó a finales de agosto que la economía internacional crece al ralentí: sólo un +0,4% en el 2º trimestre de 2023, una décima menos que en el primer trimestre, continuando una senda de crecimiento moderado desde principios de 2022. Estados Unidos crece sólo un +0,6% y Europa está estancada (crece un 0%), con Alemania sin pulso (+0% de crecimiento en el 2º trimestre) e Italia cayendo (-0,4%), el Reino Unido casi estancado (+0,2% creció en el 2º trimestre) y sólo se salvan Francia (+0,5%) y España (+0,4%).
Lo más preocupante para España son los malos datos de la
economía europea, confirmados
recientemente por Eurostat: un nulo crecimiento de la UE-27 en el 2º
trimestre, tras un mínimo aumento del PIB del +0,2% en el primer trimestre y
una caída del -0,1% en el 4º trimestre. A lo claro, que Europa lleva un año ya estancada, sin apenas crecer. Y lo peor es que no tira Alemania, la locomotora europea: no creció nada en el 2º trimestre (+0%), tras una recesión anterior, en el primer trimestre
(-0,1%) y en el 4º trimestre de 2022 (-0,4%), lo que afecta a todos los paises
y también al turismo y la exportación españoles. Italia sigue cayendo (-0,4% en el 2º trimestre, tras crecer un 0,6%
al inicio del año y caer otro -0,1% en el 4º trimestre de 2022), lo mismo que Paises Bajos (-0,3% en el 2º trimestre
y -0,4% en el 1º), Austria (-0,7%), Suecia (-0,8%), Polonia (-2,25), Hungría
(-0,3%), Chipre (-0.4%), Letonia (-0,3%) y Estonia (-0,2%).
Junto a la debilidad de la OCDE y el estancamiento de
Europa, preocupa
el
“pinchazo” de China: su economía creció un +0,8% en el 2º trimestre de 2023,
frente al 2,2% del primer trimestre y el 5% que esperaba crecer este año, ya
muy por debajo de los crecimientos superiores al +10% que ha tenido en los
últimos 30 años. Sus exportaciones caen (-14,5%) y también sus importaciones (-12,4%),
por una caída del consumo interno, un alto endeudamiento y el pinchazo de su
burbuja inmobiliaria, factores que están frenando el comercio mundial y que preocupa
contagien a Occidente, agravando más su estancamiento.
Y mientras, la
inflación mundial sigue elevada y también en Europa (6,1% en julio), lo que rebaja el consumo
y el crecimiento, forzando a subidas de
los tipos de interés, que pueden debilitar aún más el crecimiento y abocar
a Europa (e incluso a EEUU) a una recesión a finales de este año 2023, como ya
sucedió con anteriores subidas de tipos. En definitiva, un panorama económico internacional preocupante,
que se nubla más con el enquistamiento de la guerra en Ucrania (que ha cumplido año y medio sin vislumbrarse una
salida) y el temor a un repunte de la
inflación este invierno, por el
repunte de los precios de la energía (el petróleo y
el gas ya están subiendo) y los alimentos, por el calor y la sequía.
En España, este
otoño vamos a notar el final del tirón turístico, que ha empujado el consumo y el
empleo, augurándose una caída del consumo de los hogares a
partir de septiembre, cuando haya que afrontar el pago de los colegios y
las tarjetas por el gasto de este verano. Hasta ahora, las
familias han tirado del ahorro y de los créditos para viajar e irse de
vacaciones, pero este “colchón” se está agotando y en los próximos meses se
espera una caída del consumo de los hogares, que repercutirá negativamente en
la actividad y el empleo.
Además, preocupa
el cambio en el gasto de los
españoles: cada vez más, el consumo se dirige al gasto en servicios (viajes, hoteles y restaurantes) y en alimentación, no a la compra de
bienes (desde electrodomésticos a coches o ropa). Y eso se traduce en una
caída de la demanda de la industria, que lleva meses sin dar salida a sus stocks y preocupada por el
estancamiento de ventas (que llevó a perder empleo en la industria en el 2º
trimestre: -64.500 empleos, cuando en el conjunto de la economía se crearon +603.900,
por los servicios). Y también se teme por la
construcción, ahora que los tipos altos están frenando la demanda de hipotecas y la compra de viviendas.
Otro punto negro en nuestra economía es el pinchazo de las
exportaciones, que llevan años
ayudando a mantener el crecimiento y el empleo. El estancamiento en Europa
(sobre todo en Alemania) y la crisis del comercio mundial (agravada por la
guerra comercial entre EEUU y China) han provocado ya una caída de las exportaciones españolas en el 2º trimestre: -4% sobre
el mismo periodo del año anterior (frente al +14,6% que crecieron en el primer trimestre de 2023), según
Comercio. Y todo apunta a que las exportaciones españolas seguirán “flojas”
el resto del año, por el estancamiento en Europa y la revalorización
del euro (+7,25% en lo que va de año, con lo que los productos europeos
son un 7,25% más caros para los que no pagan en euros), frenando más el débil
crecimiento.
Y en medio de este panorama, no ayudan los altos tipos de
interés y la posible nueva subida de
tipos que podría
hacer el BCE este jueves, 14 de septiembre (la 10ª en 14 meses), hasta el
4,50%, el tipo más alto desde 2008. Una subida que sería “la puntilla” para una
Europa estancada y frenaría aún más el consumo y la inversión, acercándonos a la recesión. Y lo más
preocupante: se frenará la creación de empleo, el principal motor del
crecimiento y el consumo. Ya el año pasado, en el tercer trimestre se creó
mucho menos empleo (77.000 frente a
383.300 en el 2º trimestre) y ahora puede pasar lo mismo, mientras en el 4º
trimestre de 2022 se perdió empleo (-81.900), algo que podría repetirse este
año. Ya en agosto, con el final de las vacaciones, se perdieron -185.385 empleos, según los últimos datos de afiliación de la Seguridad Social.
Junto a este preocupante panorama económico cara
al otoño, España tiene un problema adicional: la incertidumbre política, tras unas elecciones el 23.J que han
frenado un gobierno del PP y Vox pero que nos han abocado a un parón político. De momento, la
obstinación de Núñez Feijóo a presentarse a una investidura imposible a
finales de agosto nos hace perder un mes
largo más sin Gobierno. Y no habrá un segundo intento hasta finales de
noviembre, cuando lo intente Sánchez,
que lo tiene muy difícil. Si lo consigue, no tendremos Gobierno hasta
diciembre. Y si no, habrá elecciones el 14 de enero y veríamos si podría
conseguirse un Gobierno en febrero. En resumen, entre 5 y 7 meses sin Gobierno, una incertidumbre política que
agrava la incertidumbre económica. Y con un cierto “parón político” en Europa,
dado que en junio de 2024 habrá elecciones europeas.
La principal consecuencia de estar sin Gobierno es que
se
frenan muchas decisiones de inversión y de empleo, así como nuevos proyectos ligados a los Fondos europeos y que
ahora no puede aprobar un Gobierno en funciones, que tampoco va a aprovechar
las ventajas (políticas, pero también económicas) de la presidencia de turno de la Unión Europea. Pero la principal
consecuencia de no tener Gobierno es que no se podrán aprobar los Presupuestos para 2024 y habrá que prorrogar los de 2023. La
ausencia de nuevos Presupuestos frenará muchos proyectos, aunque estén asegurados
las subidas de las pensiones, los sueldos de los funcionarios y las partidas
para sanidad, educación y gasto social. Pero no posibles mejoras sociales y de impulso económico, como la
subida del salario mínimo o nuevas ayudas e inversiones.
Por todo ello, necesitamos
tener un Gobierno cuanto antes, que afronte el debilitamiento de la
economía este otoño, como ha hecho el Gobierno alemán: han
aprobado un Plan de ayudas de 32.000 millones para impulsar su débil
economía. Aquí, en España, haría falta también reanimar la economía,
acelerando al máximo las inversiones de los Fondos europeos y aprobado medidas
para apoyar a la industria y la construcción de viviendas, que pueden ayudar si
el consumo de las familias cae. Además, urge un
Plan de empleo, para que haya más trabajo para los jóvenes, las mujeres
y los mayores de 45 años. Y todo ello, con un nuevo Presupuesto para 2024, que asegure un mayor crecimiento y
permita reducir el déficit al 3% del PIB (como exige la Comisión Europea y ha
prometido el gobierno Sánchez), con mayor recaudación y sin recortar gastos
sociales. Todo ello, sin olvidar avanzar en las reformas de fondo, sobre todo para afrontar problemas como el cambio climático, la sequía y el reparto del
agua, la digitalización de la economía, la reindustrialización y la tecnología,
la mayor internacionalización de las empresas y la mejora de nuestra competitividad.
Muchas tareas
pendientes como para perder el tiempo en “teatrillos” políticos que no aportan nada a los españoles y dilatan las soluciones a nuestros problemas
más urgentes, agravados por una coyuntura internacional y europea
preocupante. No pierdan más tiempo, por favor.
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