Esta última historia empezó el 9 de septiembre, cuando un joven investigador de Anthropic (la 2ª mayor empresa USA de IA, creada en 2021) dimitió de su puesto y publicó un tuit en X donde alertó que la Inteligencia Artificial puede acabar con la civilización. “Puede matarnos a todos antes de 2030”, vaticinó. Tres días después, el 12 de septiembre, su jefe, el consejero delegado de Anthropic (que comercializa “Claude” desde marzo de 2023) , Darío Amondi, publicó un artículo (“We Must Pace the Frontier”: debemos marcar el ritmo de la frontera) donde alertaba que la IA avanza más rápido de lo que la humanidad puede comprender y controlar y proponía “desacelerar el avance a las capacidades de la IA para dar tiempo a que la seguridad y la alineación alcancen el mismo nivel”. Y siguiendo la senda, al día siguiente es Sam Altman, consejero delegado de OpenAI (la empresa pionera de la IA, que lanzó ChatGPT en 2022) anunció que retrasaba la salida a Bolsa de la empresa (a 2027) por “la inquietud sobre los riesgos de la IA”. Y ese mismo día, Demis Hassabis, líder de la IA de Google (“Gemini”) llama también a “ralentizar el desarrollo de la IA, por prudencia”.Un movimiento “coordinado” de los dueños y promotores de la IA para frenar y ralentizar su desarrollo. Y para que se viera que no sólo eran tuis y artículos, los “tecno oligarcas” USA de la IA ya habían incluido sus advertencias en los folletos de salida a Bolsa. Por un lado, OpenAI señaló que retrasaban su nueva IA (Chat GPT.6.1.Astra) porque sus ingenieros “se han dado cuenta de que no cumple con los requisitos de seguridad”. Y en el folleto de Anthropic “se advierte a los potenciales inversores que la IA avanzada podría plantear riesgos catastróficos o existenciales para la humanidad”… Además, los “tecno oligarcas” USA que promueven la IA se sentaron en la mesa circular del Consejo de Seguridad de la ONU, el 23 de septiembre, en una sesión extraordinaria dedicada a “la gobernanza de la IA”. Y allí pidieron “la colaboración internacional para controlar una tecnología” que ellos están desarrollando y que “consideran que puede ser peligrosa para la humanidad”… Alucinante.
Mostrando entradas con la etiqueta España. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta España. Mostrar todas las entradas
lunes, 12 de octubre de 2026
Alerta de los dueños de la Inteligencia Artificial
Mucho se ha hablado de los peligros de la Inteligencia
Artificial (IA), desde la posible manipulación a la pérdida de empleos. Ahora
hay una alerta nueva: la de los dueños de la IA, los
millonarios que la promueven y que acaban de decir en la ONU que esta
tecnología “puede ser peligrosa para la humanidad”, mientras se conocen
entradas ilegales en Australia y su utilización para armas físicas y biológicas.
Los grandes de la IA en USA piden “frenar los desarrollos”, quizás como
estrategia de marketing y para frenar a la competencia (en USA y
China). Pero siguen buscando financiación (billones) y con planes de salida
a Bolsa, lo que alimenta además la preocupación por el estallido
de la burbuja de la IA (como las
punto.com en el 2000). Con todo, la clave ahora es forzar una regulación
mundial de la IA (como tiene Europa) y controlar su desarrollo.
Porque lo peligroso no es la IA sino los tecno millonarios
que están detrás con un poder absoluto. Ellos sí dan miedo.
Esta última historia empezó el 9 de septiembre, cuando un joven investigador de Anthropic (la 2ª mayor empresa USA de IA, creada en 2021) dimitió de su puesto y publicó un tuit en X donde alertó que la Inteligencia Artificial puede acabar con la civilización. “Puede matarnos a todos antes de 2030”, vaticinó. Tres días después, el 12 de septiembre, su jefe, el consejero delegado de Anthropic (que comercializa “Claude” desde marzo de 2023) , Darío Amondi, publicó un artículo (“We Must Pace the Frontier”: debemos marcar el ritmo de la frontera) donde alertaba que la IA avanza más rápido de lo que la humanidad puede comprender y controlar y proponía “desacelerar el avance a las capacidades de la IA para dar tiempo a que la seguridad y la alineación alcancen el mismo nivel”. Y siguiendo la senda, al día siguiente es Sam Altman, consejero delegado de OpenAI (la empresa pionera de la IA, que lanzó ChatGPT en 2022) anunció que retrasaba la salida a Bolsa de la empresa (a 2027) por “la inquietud sobre los riesgos de la IA”. Y ese mismo día, Demis Hassabis, líder de la IA de Google (“Gemini”) llama también a “ralentizar el desarrollo de la IA, por prudencia”.Un movimiento “coordinado” de los dueños y promotores de la IA para frenar y ralentizar su desarrollo. Y para que se viera que no sólo eran tuis y artículos, los “tecno oligarcas” USA de la IA ya habían incluido sus advertencias en los folletos de salida a Bolsa. Por un lado, OpenAI señaló que retrasaban su nueva IA (Chat GPT.6.1.Astra) porque sus ingenieros “se han dado cuenta de que no cumple con los requisitos de seguridad”. Y en el folleto de Anthropic “se advierte a los potenciales inversores que la IA avanzada podría plantear riesgos catastróficos o existenciales para la humanidad”… Además, los “tecno oligarcas” USA que promueven la IA se sentaron en la mesa circular del Consejo de Seguridad de la ONU, el 23 de septiembre, en una sesión extraordinaria dedicada a “la gobernanza de la IA”. Y allí pidieron “la colaboración internacional para controlar una tecnología” que ellos están desarrollando y que “consideran que puede ser peligrosa para la humanidad”… Alucinante.
¿Qué hay detrás de esta alerta
de los dueños de la IA? Varias razones posibles, según los
expertos. Una, “curarse en salud”, ponerse la venda antes de una
grave herida y de posibles reclamaciones millonarias de inversores y
afectados. De hecho, la
IA ya se ha desmandado, actuando “por libre” y provocando miles
de incidentes que se conocen
ahora. El primero y más concreto, la entrada “por su cuenta y sin supervisión
humana” en
la página de la Sanidad pública de Australia, como denunció su
primer ministro en la ONU el 24 de septiembre, tres meses después de producirse
y sin que OpenAI, la responsable, les informara en su momento (sólo con un
correo a una dirección genérica 3 meses después). Y ahora se sabe que OpenAI y
Anthropic investigan
decenas de miles de ataques de agentes descontrolados de la IA, que
lo mismo han bombardeado una página de la ONU que han sido utilizados para usos
peligrosos (por parte de mafias, terroristas o políticos), como ciberataques,
utilización de armas convencionales o biológicas y operaciones para influir en
la opinión pública.
Otra razón de que ahora hablen de “frenar el desarrollo de
la IA” es intentar
frenar a la competencia, tanto en EEUU (donde OpenAI y Anthropic
llevan meses de adelanto sobre otros competidores) como a la competencia china
(DeepSeek o Moonshot AI), también retrasada. Si la ONU o los paises aprueban una
ralentización de los desarrollos, mejor para los que van liderando
el proceso y quieren hacerse con el mercado (OpenAI y Anthropic). De
hecho, China
reaccionó a las alertas USA, el
mismo 14 de septiembre, denunciando que era una “agenda oculta” de EEUU para
estrangular la IA y que estaban “usando el manual de la guerra fría para
frenar los desarrollos chinos de la IA”. Como respuesta, el presidente Trump reunió en la Casa Blanca, el 29 de septiembre, a los líderes USA de la IA y a
las grandes tecnológicas para decirles que “de frenar la IA nada”,
porque “tenemos una ventaja enorme sobre China y quiero que siga así”… Y
frente a los expertos que piden “una regulación mundial de la IA”, Trump sólo
quiere oír hablar de “autorregulación”, que se controlen ellos (?).
La tercera razón de que ahora los dueños de la IA hablen de
ralentizarla puede ser también de simple
“marketing”, para que se hable mucho de la IA ahora que
van a salir a Bolsa…La exageración de que la IA puede acabar con la
humanidad puede ser un mensaje para crear expectación y para decir “somos
tan geniales que podrían volverse peligrosos: hay que dejarnos vuestro dinero”,
señala un experto. Porque, a pesar de todos los peros, los grandes de la
IA siguen buscando financiación y preparan salidas a Bolsa. No dejan de
invertir.
Los millones captados ya por la IA son
espectaculares y explican el fuerte tirón de las Bolsas y parte del
crecimiento económico USA, a pesar de las guerras en Ucrania e Irán. En
2025, las inversiones
captadas por las empresas desarrolladoras de la IA superaron
los 200.000 millones de dólares: 122.000 millones OpenAI, 30.000 Anthropic,
20.000 xAI (la empresa de Elon Musk) y 16.000 Waymo (automóvil autónomo de
Google). Y a eso hay que sumar las inversiones de las grandes tecnológicas (Meta,
Alphabet, Amazon o Microsoft), otros
646.000 millones este año para la compra de chips (la norteamericana
Nvidia es ahora la empresa que más vale en Bolsa del mundo, 5,75 billones de
dólares y la taiwanesa TSM vale 2,01 billones), nuevos Centros de Datos y
desarrollos de IA. En total, se estima que desde 2013, estas 4 grandes
tecnológicas han invertido más de 1 billón de dólares en IA. Y espera unas inversiones
totales en la IA de 6 billones de dólares hasta 2030.
Las grandes desarrolladoras de la IA, mientras alertan sobre
su peligro, no
paran sus salidas a Bolsa, aunque alguna la retrase. Anthropic
va a salir a Bolsa en noviembre de este año, con una valoración de 2 billones
de dólares. Y OpenAI negocia con Black Rock (el mayor fondo del mundo,
Emiratos e inversores asiáticos para captar 30.000 millones de dólares,
mientras prepara su salida a Bolsa para 2027 (iba a ser en 2026, pero prefiere ofrecer
nuevos desarrollos antes). Y xAI, integrada dentro de SpaceX de Elon
Musk (que salió a Bolsa en junio de 2026 y vale ahora 2,28 billones de dólares),
quiere captar otros 40.000 millones de inversores para comprar chips de Nvidia
(uno de sus accionistas). Mientras, en
China, las empresas líderes de la IA también buscan inversión. DeepSeek
busca hasta 15.000 millones antes de su salida a Bolsa, prevista para 2027. Y Moonshot
AI ha completado su última ronda de financiación privada y quiere salir a
la Bolsa de Hong Kong a principios de 2027.
Precisamente, estos billones de inversión captada por la IA
y su elevadísimas valoraciones en Bolsa (futuras y actuales: Nvidia ha multiplicado
su cotización por 10 desde 2023, TSM por 4, lo mismo que Meta, Alphabet,
Amazon y Microsoft) provocan otro
gran miedo de la IA: que estalle su burbuja en Bolsa, que un día
se desplomen estos valores porque los retornos (beneficios) no justifiquen
las inversiones hechas y no puedan atender su elevada deuda. Muchos
expertos llevan meses advirtiéndolo y creen que si hay que ralentizar el ritmo
de la IA es más para atemperar las inversiones y evitar
un gran susto, como la debacle en Bolsa de las punto.com,
las grandes de Internet en marzo del 2000 (Terra en España).
En cualquier caso, la
alerta de los dueños de la AI debería servir para reforzar
una idea: hay que controlar más y mejor los desarrollos de la Inteligencia Artificial,
porque está demostrado que las máquinas siguen desarrollos propios que no se
supervisan y que pueden crear graves problemas. Por un lado, urge una
regulación mundial de la IA, en la que intervengan los organismos
internacionales y los Gobiernos, dado que los millonarios (“tecnooligarcas”)
que la están promocionando no parece que quieran autorregularse ni les gusten
los controles democráticos, buscando un control oligopolista del mercado.
Europa ha sido pionera, aprobando la primera
normativa “supranacional”, la
Ley de la IA (“IA Act”), que entró en vigor en agosto de 2024,
aunque en julio pasado se ha
aprobado una simplificación del Reglamento para facilitar su
avance, suavizando algunas prohibiciones y alargando los plazos de distintas
prohibiciones. La UE está muy atrasada en la IA frente a USA y China,
pero prevé abrir 15 factorías en Europa entre 2025 y 2026 para avanzar, dos
de ellas ya aprobadas y abiertas en España: el Centro de
Supercomputación de Barcelona (BSC-CNS) y el Centro de Supercomputación
de Galicia (CESGA), abierto en Santiago de Compostela. La Comisión Europea
ha aprobado una Estrategia
de digitalización cuyo objetivo es que el 75% de las empresas
europeas utilicen la IA en 2030 (ahora son el 20% de las empresas
europeas, según Eurostat). En el caso de España, en diciembre de 2020 se aprobó
la
Estrategia Nacional de IA (ENIA), un Plan para destinar 600
millones de fondos europeos a proyectos de Inteligencia Artificial. Y en 2024,
se añadieron 1.500 millones más (de Fondos UE) para potenciar los Centros de
computación españoles.
Todo indica que España no está perdiendo el tren de la
Inteligencia Artificial y que incluso somos un país “proactivo”,
que cuenta con 2.800
empresas nacidas para desarrollar esta tecnología, que emplean ya a
100.000 trabajadores especializados. España cuenta además con dos ventajas
estratégicas de partida: su extensa red de fibra óptica de banda ancha
(la
tercera del mundo, tras Corea y Japón, superior a la de Francia, Alemania y
Reino Unido juntos) y 5G, y contar con la electricidad más barata de Europa,
clave para la instalación aquí de Centros de Datos (CPDs), que ya
están proliferando. Pero falta avanzar en dos cuestiones clave:
la penetración de la IA en las empresas medianas y pequeñas, así como un
enorme esfuerzo en formación, de gestores y trabajadores. Porque si no, el
riesgo de perder empleos con la IA es enorme: 2 millones en 10
años, según Funcas.
Además de una normativa mundial sobre la IA, los
desarrollos de Inteligencia Artificial tienen dos problemas distintos,
como señala
el Nobel de Economía Daron Acemoglu. Uno es que la IA actúe por su
cuenta, fuera de control, debido a que está creciendo con demasiada prisa
(en meses) y eso distorsiona los resultados. Y el otro, asegurar que la IA
actúa en beneficio de la humanidad, no de una minoría de billonarios que
sólo buscan ganar más.
Frente al primer problema, hay expertos
que aportan soluciones técnicas, como “poner bridas” a
los desarrollos e implantar más sistemas de control externos, para frenar
los mecanismos de aprendizaje intuitivos que son imprevisibles y pueden “liarla
parda”… Otros expertos aseguran que las empresas podrían utilizar herramientas para anticipar los "malos comportamientos" de la IA. Pero, para conseguir una mayor seguridad y que la IA beneficie a la
humanidad, el verdadero problema,
otros expertos proponen “un cambio de rumbo”, pasar de
desarrollar un modelo único de IA para todo a diversificar modelos, buscando
soluciones para cada problema, más eficientes y sostenibles y sobre todo más
fáciles de vigilar y más seguros. Se trataría de desarrollar no un gran modelo
de IA (tipo ChatGPT o Claude) sino muchos
modelos de IA, diversificados, que no necesitarían tanta
investigación ni tanta inversión. Ir hacia una IA que no esté concentrada en
dos o tres multinacionales superpoderosas sino en miles de desarrollos
diversificados. Y sobre todo, que la IA pague impuestos y no manipule a los menores.
En cualquier caso, la clave de la IA es para
qué se utiliza, qué se busca, si pretende mejorar el mundo sin
destruir el empleo o maximizar el beneficio de unos pocos. Y eso exige control
de los desarrollos, de los avances, de las empresas, algo hoy impensable.
Porque lo peligroso no son las máquinas (que sólo siguen
instrucciones humanas) sino quien está detrás, quiénes
son los humanos que las programan y alimentan, muchos de
ellos poco fiables, billonarios sin control y a los que molesta la
democracia. Ese es el miedo que nos debe dar la IA, no que los ordenadores
destruyan el mundo. No se trata de frenar la IA sino de controlarla.
Esta última historia empezó el 9 de septiembre, cuando un joven investigador de Anthropic (la 2ª mayor empresa USA de IA, creada en 2021) dimitió de su puesto y publicó un tuit en X donde alertó que la Inteligencia Artificial puede acabar con la civilización. “Puede matarnos a todos antes de 2030”, vaticinó. Tres días después, el 12 de septiembre, su jefe, el consejero delegado de Anthropic (que comercializa “Claude” desde marzo de 2023) , Darío Amondi, publicó un artículo (“We Must Pace the Frontier”: debemos marcar el ritmo de la frontera) donde alertaba que la IA avanza más rápido de lo que la humanidad puede comprender y controlar y proponía “desacelerar el avance a las capacidades de la IA para dar tiempo a que la seguridad y la alineación alcancen el mismo nivel”. Y siguiendo la senda, al día siguiente es Sam Altman, consejero delegado de OpenAI (la empresa pionera de la IA, que lanzó ChatGPT en 2022) anunció que retrasaba la salida a Bolsa de la empresa (a 2027) por “la inquietud sobre los riesgos de la IA”. Y ese mismo día, Demis Hassabis, líder de la IA de Google (“Gemini”) llama también a “ralentizar el desarrollo de la IA, por prudencia”.Un movimiento “coordinado” de los dueños y promotores de la IA para frenar y ralentizar su desarrollo. Y para que se viera que no sólo eran tuis y artículos, los “tecno oligarcas” USA de la IA ya habían incluido sus advertencias en los folletos de salida a Bolsa. Por un lado, OpenAI señaló que retrasaban su nueva IA (Chat GPT.6.1.Astra) porque sus ingenieros “se han dado cuenta de que no cumple con los requisitos de seguridad”. Y en el folleto de Anthropic “se advierte a los potenciales inversores que la IA avanzada podría plantear riesgos catastróficos o existenciales para la humanidad”… Además, los “tecno oligarcas” USA que promueven la IA se sentaron en la mesa circular del Consejo de Seguridad de la ONU, el 23 de septiembre, en una sesión extraordinaria dedicada a “la gobernanza de la IA”. Y allí pidieron “la colaboración internacional para controlar una tecnología” que ellos están desarrollando y que “consideran que puede ser peligrosa para la humanidad”… Alucinante.
Etiquetas:
Anthropic,
burbuja IA,
China,
DeepSeek,
despidos IA,
EEUU,
España,
Europa,
financiación IA,
IA,
IA Act,
inteligencia artificial,
Ley IA,
ONU,
OpenAI,
regulación IA,
salida a Bolsa,
Trump
jueves, 16 de julio de 2026
UE: vía "medio libre" a la agricultura transgénica
La noticia ha pasado desapercibida: el Parlamento Europeo
aprobó en junio la utilización de semillas y plantas transgénicas, que llevan
décadas prohibidas en Europa (por presión de los ecologistas) mientras se
utilizan en el resto del mundo (apoyadas por los científicos). Con todo,
esta autorización conlleva muchas restricciones y no entrará en vigor
hasta julio de 2028. Pero los expertos creen que es un avance histórico
que mejorará la competitividad de la economía europea, al
permitir nuevas técnicas de edición genética (la tecnología CRISPR) para introducir
variantes de plantas más resistentes al calor, la sequía y a distintas enfermedades.
Una hibridación o selección de plantas que ha hecho el hombre de forma natural en
los últimos 10.000 años de agricultura y que ahora puede hacerse en horas y no
en décadas, sin riesgo para la salud y el medio ambiente, según los
científicos. España será uno de los paises más beneficiados
por los futuros transgénicos, para adaptar mejor nuestra agricultura a la
sequía y las altas temperaturas. Y para tener alimentos menos caros. Maíz transgénico más resistente a la sequía, cultivado en España
Las plantas transgénicas son aquellas semillas para cultivo que se han modificado genéticamente para aumentar su rendimiento o su resistencia a las plagas, aumentar su resistencia a la sequía o mejorar sus propiedades nutritivas. Los agricultores de todo el mundo llevan 10.000 años hibridando semillas y seleccionando variedades de forma natural, un proceso que tarda décadas o siglos en alcanzarse. En las últimas décadas, los científicos han descubierto sistemas para modificar genéticamente semillas en el laboratorio (organismos modificados genéticamente, OMG) y en los últimos años se ha descubierto una nueva técnica de manipulación genética, la tecnología CRISPR, que es más fácil de utilizar y que consigue en días una semilla modificada que no se distingue de la natural.
Las primera manipulación genética de semillas la protagonizó,
en los años 60 del pasado siglo, el ingeniero agrónomo norteamericano
Norman Borlaug : creó
una variedad de trigo (“variedad Borlaug”) que se
adaptaba mejor a la sequía y a las plagas, semilla
que donó gratis a toda América y a los paises en desarrollo de Asia y
África, lo que salvó
millones de vidas y le valió el Premio Nobel de la Paz en 1970. En 1983,
cuatro grupos de investigación (entre ellos la multinacional Monsanto)
anunciaron la creación de plantas transgénicas, en un largo proceso de
investigación que se acelera en 2003, con la proliferación de semillas genéticamente
modificadas y el posterior escándalo por la operativa de Monsanto:
vendía sus semillas modificadas a los agricultores de paises pobres, que
mejoraban sus cultivos a costa de pagar altos precios por la licencia, con
litigios por reutilizarlas sin permiso.
El auge de las plantas transgénicas y la imposición de su
monopolio por un reducido grupo de multinacionales provocó una protesta
internacional, que se concentró el 18 de julio de 2013 en 40 paises,
promovida por los ecologistas y en
especial Greenpeace, que considera a los transgénicos un
riesgo para la salud (habla de “comida Frankenstein”) y
para el medio ambiente. Enfrente, científicos
de todo el mundo y expertos en agricultura y alimentación rechazan estas
críticas y consideran que los transgénicos permiten mejorar
ciertos alimentos, como el
arroz dorado, una variante creada en 1999 para producir un arroz que
facilita la creación por el organismo de vitamina A (la OMS señala que su
carencia afecta a 250 millones de niños en el mundo, de los que 500.000 se
quedan ciegos cada año).
La pelea entre ecologistas (en contra) y
científicos (a favor) se agravó tras las protestas de 2013 y en julio
de 2016, más de un
centenar de Premios Nobel (109) firmaron
una carta abierta contra Greenpeace, a la que acusaron de “crímenes
contra la humanidad”, por oponerse a la entrada de transgénicos en África,
que necesitaba urgentemente el arroz dorado y otras semillas transgénicas. Y
reiteraban que, en 20 largos años de usarlos, no
se había detectado ni un solo caso de que dañaran la salud o el medio
ambiente. “Los ecologistas rechazan los transgénicos porque tienen la panza
llena”, apostilló
el Nobel Borlaug.
La realidad es que los transgénicos se han ido
desarrollando por todo el mundo en este siglo, desde EEUU y Canadá a México,
Argentina, Chile y el resto de Latinoamérica, para extenderse después por Asia
y África. Actualmente China
acapara el 70% de las patentes de semillas “editadas” y también avanzan en
India, Filipinas, Japón y Australia. En África, en 2024 había una
docena de proyectos de edición genética de
plantas de cultivo, desde el sorgo (un cultivo esencial para los
africanos) a la judía carilla, con proyectos ya aprobados en Kenia, Nigeria y
Malawi y otros en trámite en Uganda y Etiopía.
El avance por el mundo de las semillas transgénicas (el
maíz resistente a infecciones, el mijo perla que no se oxida al molerlo, los cacahuetes
refractarios a los hongos cancerígenos, el arroz que ayuda a incorporar la
vitamina A…) se aceleró en 2012, cuando se empezó a utilizar en la agricultura
la
tecnología CRISPR, que permite apagar o modificar genes propios de la
planta (nuevas técnicas genómicas, NGT) y también agregar ADN de otras
especies (lo que da un organismo modificado genéticamente o transgénico). La
primera modificación produce una semilla idéntica a la natural (indistinguible
de la original) y es la más utilizada. Esta nueva tecnología CRISPR ha
permitido dar un gran salto a los investigadores de nuevas semillas en África y otros paises pobres, por dos razones.
Una, que es una tecnología barata y fácil de usar. La otra, que no
requiere disponer de material genético extraño: puede introducirse en la
planta una variante genética que ya existe en la naturaleza. Se
trata de hacer en el laboratorio los “cruces de semillas” que llevan haciendo
10.000 años los agricultores de todo el mundo, pero ahora se puede conseguir en
el laboratorio esa “hibridación natural” en minutos y no en décadas como ha
sucedido a lo largo de la historia. Y así se producen semillas más resistentes
a sequía a enfermedades, con más alimento o más productivas.
Europa ha estado al margen de todos
estos avances en la producción de nuevas semillas, ha sido “una isla sin
transgénicos”, debido a la fuerza de las asociaciones ecologistas, que
han contagiado
sus recelos a los agricultores europeos y a los despachos de Bruselas. Ya
en 2001, la Comisión aprobó una Directiva 2001/18
que prohibía la utilización de semillas transgénicas, a la que siguieron dos
Reglamentos en 2003, otra Directiva 2009/41 y otra
Directiva 2015/412. La UE sólo permitió, en 2004, el cultivo de un tipo
de maíz modificado (el maíz BT, variedad MON 810, resistente a la plaga del
“taladro”), que prácticamente solo se
cultiva en España (y un poco en República Checa y Rumania): tenemos sembradas
107.000 hectáreas de este maíz modificado, sobre todo en el Valle del
Ebro (el 60% en Aragón) y también en Cataluña, Extremadura y Andalucía, lo que nos ha permitido ahorrar 193 millones
en importaciones, según
la Fundación Antama.
La comunidad científica rechazó esta sentencia
y pidió
a la Comisión Europea que revisara su política, porque estaba
impidiendo a los agricultores europeos los beneficios que ya reportaba la
edición de semillas en el resto del mundo. Finalmente, la Comisión reaccionó
3 años después, en abril de 2021, con un informe donde reconocía por
primera vez el problema y anticipaba que debía actualizarse la legislación
europea para incorporar nuevas técnicas de edición genética como CRISPR. Y
añadía que debería realizarse una consulta pública entre todos los sectores implicados.
Pero la UE no tuvo prisa en reaccionar y hasta julio de 2023 no elaboró
una propuesta de normativa, que tardó otros tres años más, hasta abril
de 2026, en ser aprobada por el Consejo Europeo. Y finalmente, la
apertura a los transgénicos se aprobó en el Parlamento Europeo el 17 de
junio, con los votos en contra de Verdes y La izquierda.
La normativa aprobada finalmente permite
por 1ª vez el acceso de los agricultores europeos a nuevas plantas modificadas
genéticamente, más resistentes al clima y a las plagas, que además
requieren menos pesticidas y consiguen mayores rendimientos, como el trigo bajo
en gluten, las patatas resistentes a patógenos o el maíz más resistente a la
sequía. Pero la Comisión introduce esta normativa con muchas restricciones,
no quiere dar el salto de la prohibición al todo. Y por ello, limita
la aprobación a dos categorías de plantas modificadas.
Una, las
NGT-1, plantas con un número limitado de
cambios genéticos (hasta 20 letras), que podrían haberse
producido mediante la mejora tradicional (hibridación de semillas por los
agricultores) y donde la tecnología CRISPR crea una semilla “indistinguible”
de la original (pero con múltiples ventajas sobre ella). Por eso serán tratadas
como plantas “convencionales” y los alimentos elaborados con ellas ya no informarán
del cambio, aunque se mantendrá un listado público de estas nuevas semillas y
alimentos. Además, las plantas diseñadas para que tengan más tolerancia a
herbicidas o a producir sustancias de autodefensa (insecticidas) no podrían
inscribirse como plantas NGT1, que tampoco podrá utilizar la agricultura
ecológica. Dos restricciones que rechazan
los científicos y muchos expertos, como la limitación a modificar
sólo 20 letras de los genes, por injustificadas y no existir en otros paises.
La segunda variante que se regula, las
plantas NGT-2, son plantas que han sufrido modificaciones
genéticas más extensas o complejas , por lo que van a tener una
regulación mucho más restrictiva: deberán estar sujetas a una evaluación de
riesgos y deben obtener una autorización previa antes de
comercializarse en la UE. Además, la trazabilidad y el etiquetado
informativo seguirán siendo obligatorios en la UE, no sólo para las
plantas originarias de Europa sino para las semillas y alimentos importados del
resto del mundo.
Así que Bruselas
abre la mano para aprobar algunas modificaciones genéticas pero no otras
que llevan años realizándose en el resto del mundo. Y además, establece varias salvaguardias, como que cualquier país pueda prohibir la
utilización de semillas o alimentos modificados incluso si están autorizados
por la UE. Y además, se retrasa 2 años la entrada en vigor de estas
normas, que no
podrán aplicarse hasta julio de 2028.
A pesar de estas restricciones, los científicos y muchos
expertos creen que es
un avance histórico para la agricultura en Europa, que podrá ser
más innovadora y competitiva sin perder seguridad (aunque habrá que esperar a
2028), permitiendo a los biólogos y agricultores acceder a las herramientas
CRISPR para mejorar semillas y plantas, para desarrollar variantes que
resistan más la sequía y las plagas o que sean más resistentes a las enfermedades
y requieran menos pesticidas (plantas NGT-2). Eso sí, con
más limitaciones que los agricultores de otros paises
con los que compite Europa y con retraso, ya que no se
podrán cultivar estas plantas modificadas antes de julio de 2028.
España va a ser uno de los paises más beneficiados
de estos cambios europeos sobre la modificación genética de plantas, no
sólo porque somos “la despensa de Europa” (con un récord
de 19.500 millones en alimentos exportados en 2025) sino porque nuestra
agricultura sufre más los daños del cambio climático, desde la sequía a
las lluvias torrenciales o los fenómenos extremos (heladas, pedrisco, etc.). Los
expertos
reiteran que las nuevas herramientas CRISP permiten crear variedades
de frutas y cereales que requieren menos agua y soportan mayores temperaturas,
lo que debería aumentar la rentabilidad y competitividad de nuestra agricultura
(y ganadería: también permite modificar genéticamente vacas para que produzcan
más leche a pesar de las olas de calor…). Y también señalan los científicos que
se pueden desarrollar plantas más resistentes a plagas y enfermedades,
lo que reduciría el gasto en productos fitosanitarios (los agricultores
gastan 2.500 millones de euros al año), reduciendo su presencia (antibióticos)
en los alimentos finales.
Además, España es un
país con gran potencial en biotecnología, con numerosos
laboratorios y empresas de investigación, que deberían aprovechar estos dos
años de “tregua” para investigar nuevas variantes para la agricultura y
ganadería, para
aprovechar este retraso normativo para tener listas las nuevas
variantes en julio de 2028, apoyados por la Administración y las
Universidades. Y además, podría abrirse con ello un nuevo mercado de
exportación de semillas modificadas, al resto de Europa, África, Asia y
Latinoamérica.
En paralelo, Europa
y España deben garantizar a agricultores y ganaderos el acceso a las
nuevas variantes modificadas de semillas y animales, tanto con unos precios
asequibles como con unas condiciones y contratos que no sean “leoninos”
(evitar el “ejemplo Monsanto”) y que permitan la reutilización accesible de
semillas modificadas. Además, la
transparencia debe regular
todo el proceso, desde el campo al supermercado,
para que el consumidor conozca la trazabilidad y seguridad de los alimentos “transgénicos”,
apoyada en informes científicos que nos certifiquen su seguridad para la salud
humana y el medio ambiente. Han sido décadas en que ecologistas y
agricultores nos han hecho recelar de estos productos como para que ahora
los aceptemos a la primera. Europa y España deben hacer
campañas públicas a favor de
los alimentos modificados genéticamente, sus ventajas y
bondades. Y a partir de ahí, avanzar en este segmento de la agricultura
innovadora que podría traernos más alimentos y menos caros. Esperemos.
Las plantas transgénicas son aquellas semillas para cultivo que se han modificado genéticamente para aumentar su rendimiento o su resistencia a las plagas, aumentar su resistencia a la sequía o mejorar sus propiedades nutritivas. Los agricultores de todo el mundo llevan 10.000 años hibridando semillas y seleccionando variedades de forma natural, un proceso que tarda décadas o siglos en alcanzarse. En las últimas décadas, los científicos han descubierto sistemas para modificar genéticamente semillas en el laboratorio (organismos modificados genéticamente, OMG) y en los últimos años se ha descubierto una nueva técnica de manipulación genética, la tecnología CRISPR, que es más fácil de utilizar y que consigue en días una semilla modificada que no se distingue de la natural.
Tras la aparición en 2012 de la tecnología CRISPR, muchos científicos
y agricultores pidieron a Bruselas que revisara su prohibición a las
semillas modificadas genéticamente. Pero no hizo cambios. Es más, en julio de
2018, el Tribunal de Justicia de la UE lanzó un jarro de agua fría
contra los transgénicos al emitir una sentencia (tras una “consulta” de agricultores
franceses, apoyados por su Gobierno) donde señaló que “los organismos editados
con CRISPR podían presentar los mismos riesgos para la salud humana y el medio
ambiente que supuestamente presentaban los transgénicos” (sin ninguna
evidencia).
Etiquetas:
África,
agricultores,
agricultura transgénica,
cambio climático,
científicos,
ecologistas,
España,
Europa,
plagas,
plantas transgénicas,
semillas transgénicas,
sequía,
tecnología CRISPR,
transgénicos
lunes, 15 de diciembre de 2025
Europa, el continente "blanco" (cocaína)
La Comisión Europea aprobó el 4 de diciembre una Estrategia
contra las drogas ilegales, porque “están llevando al continente a
un punto crítico”. En especial, el consumo de cocaína, un
negocio que mueve al año 11.600 millones de euros y multiplica los
tiroteos y la corrupción institucional, sobre todo en Bélgica
y Holanda, donde algunos jueces alertan del peligro de convertirse en “narcoestados”.
España es el país europeo donde más gente ha probado la cocaína (3,56
millones) y el 2º con más incautaciones de una droga que llega por
el Atlántico en narcolanchas y submarinos, provocando también tiroteos en la
Costa del Sol. Y se consume con cierta “tolerancia social”,
aunque muchos consumidores acaban en urgencias y 1.360 murieron en 2023.
Bruselas propone acuerdos internacionales, frenar la entrada por mar y
reforzar la legislación antidroga, mientras en España, la Fiscal antidroga
pide más medios en los juzgados y cambios legales para frenar esta
lacra, que ha convertido a España en el paraíso europeo de las mafias de la
droga. España, el país donde más gente ha probado la cocaína Getty/BBC
El consumo de cocaína va en aumento en todo el mundo y también en Europa. Si hace unas décadas era una droga minoritaria, de clases altas, ahora se ha generalizado su consumo, debido al fuerte aumento de la producción, que ha llevado a los precios a bajar a la mitad. La cocaína es la droga con más crecimiento en el mercado, según la ONU, con una producción de 3.700 Tm anuales, cuatro veces más que hace una década. Su epicentro sigue estando en América (Colombia, Bolivia y Perú concentran la producción mundial), pero su distribución se ha “globalizado” y no se distribuye sólo en Colombia, México y EEUU (mercados saturados), sino que se han abierto nuevas rutas hacia Ecuador, Brasil y Panamá. Y desde todos estos paises, llega a Europa por dos rutas: una directa a través del Atlántico (que introduce la droga por España, Portugal, Bélgica y Paises Bajos) y otra por África (que la introduce por España e Italia).
El gran cambio en el tráfico y consumo de cocaína es
que se ha “globalizado”, como ninguna otra droga, según
la ONU, con 25 millones de consumidores en el mundo, de ellos 6
millones en Europa, donde el consumo se ha multiplicado, con redes que la ofrecen
por Webs oscuras, chats y mensajes de WhatsApp hasta el mismo domicilio de los
consumidores. Un negocio que mueve
11.600 millones de euros al año en Europa, donde se han batido en los
últimos 7 años récords consecutivos de incautaciones:
419 toneladas de cocaína en 2023, sobre todo en Bélgica (123 Tm) y
España (118,3 TM, más del doble de las 58,3 TM incautadas en 2022),
seguidas de lejos por Paises Bajos (59,1 Tm), Portugal (21,7 TM) e Italia (17,8
TM), según los últimos datos del Informe
Europeo de Drogas 2025.
En toda Europa se ha desbocado el consumo de cocaína
en los últimos años, empujado por una mayor oferta disponible y una bajada de
los precios a la mitad, lo que ha “popularizado” su consumo en el continente. En
la UE, el 6,3% de la población adulta (15-64 años) ha consumido
cocaína alguna vez en su vida, lo que supone 6,2 millones de europeos.
Y por países, España es el que tiene un porcentaje más alto
de personas adultas que la han probado alguna vez (13,3% en 2023: 3,5
millones), seguido de Dinamarca y Francia (9,4% de adultos), Irlanda
(8,3%), Paises Bajos (8%), Estonia (7,3%), Noruega (6,5%), Alemania (5,6%) y
Finlandia (5,8%), según
el Informe Europeo de Drogas 2025.
España ya no lidera este ranking si miramos el porcentaje de
adultos que han consumido cocaína en el último año: lideran
Paises Bajos y Francia (2,9% de la población consumieron), por delante de España
(2,5%), Irlanda (2,3%), Noruega (2,2%), Dinamarca (2,1%),
Alemania y Finlandia (1,6%), Austria (1,5%), Italia (1,4%) y Suecia (1,3%). Y si analizamos los jóvenes
(15 a 34 años) que consumieron cocaína el último año, el porcentaje sube
en todos los paises, con una media del 2,7% en la UE (2,7 millones de
jóvenes), según
el informe Europeo de Drogas 2025: el 5% en Países Bajos, el 4,8% en
Irlanda, el 4,4% en Francia, el 4,2% en Dinamarca, el 4% en Noruega, el 3,1%
en España (323.600 jóvenes), Alemania y Finlandia, el 2,9% en Bélgica, el
2,8% en Suecia y el 2,1% en Italia.
El consumo de cocaína “se ha desbocado” en los
últimos años en Europa, según
los expertos, consolidándose como la 2ª droga más consumida
en el continente, tras el cannabis. Y ello se debe principalmente
al aluvión de oferta, que llega de América por nuevas rutas,
no sólo a través de contenedores que llegan a los grandes puertos europeos (Amberes y
Rotterdam) sino con nuevas vías de entrada a través del Atlántico,
en grandes barcos que descargan en aguas internacionales a narcolanchas
o incluso narco submarinos (el
primero se detectó en Galicia en noviembre de 2019), que permiten descargar
la cocaína en cualquier punto de la enorme costa atlántica europea, multiplicando
la oferta y bajando precios.
Este boyante negocio de la cocaína en Europa, que
mueve 11.600 millones de euros al año, ha multiplicado las redes del
narcotráfico en el continente: tan sólo en las fronteras de la UE operan
440 organizaciones, según Europol.
Y destacan en estas redes mafiosas los grupos que proceden de Albania,
Bélgica, Paises Bajos, Italia y España, que actúan como mayoristas que luego
revenden a miles de intermediarios y redes por toda Europa. Una
proliferación de vendedores y grupos que pelean por el mercado,
con una enorme competencia, lo que provoca numerosos enfrentamientos
violentos y ajustes de cuentas, que se traducen en tiroteos
en las calles de Bruselas, Ámsterdam, Marsella o la Costa del Sol.
Este importante negocio ilegal tiene tanto poder que
corrompe a estibadores (uno de Rotterdam recibió 200.000 euros por un
QR que permitía sacar un contenedor), directivos de puertos y aduanas, policías
y hasta jueces, lo que ha provocado que una jueza belga (que tuvo
que estar 4 meses escondida y bajo vigilancia policial para instruir un caso de
narcotráfico) haya
escrito en octubre una carta abierta donde alertaba que “Bélgica
corre el peligro de convertirse en un narcoestado”, ya que hay
políticos, jueves y profesionales amenazados y proliferan los ajustes de
cuentas cerca del mismo centro de Bruselas. Lo
mismo preocupa en Holanda, donde operan la mayoría de mafias europeas
del narcotráfico, en especial la
Mocro Maffia (una red de delincuentes holandeses y belgas de origen
marroquí), que controla el tráfico de cocaína y tiene ramificaciones en Bélgica
y España. Y que ha amenazado al ex primer ministro Mark Rutte y
a la Corona holandesa, que se vio obligada a enviar
a España a la princesa heredera Amalia de Orange, en 2023...
En España, el
tráfico y las incautaciones de cocaína se han duplicado, con un fuerte aumento
de entradas a través de Galicia y de Andalucía, con un llamativo aumento
de tiroteos y ajustes de cuentas en la Costa del Sol, protagonizados por
las mafias suecas y la Mocro Maffia, poniendo en jaque a Aduanas,
policías y juzgados (saturados de causas). Y mientras, el consumo de
cocaína aumenta, no sólo en el ocio sino también en
la conducción y hasta en el trabajo. Y, por desgracia, el
consumo es elevado entre los adolescentes: un 9,9% de los jóvenes europeos de 15 y 16 años (y el 10%
de los jóvenes españoles: 108.250 adolescentes) han consumido
cocaína en el último año, según
la Encuesta europea ESPAD. Y esta adicción
acaba muchas veces en las urgencias y en muertes: 7.974
ingresos en urgencias fueron por drogas en 2023 (el 49,1% habían consumido
cocaína) y 1.360 murieron por drogas (más del doble de los
519 muertos de 2012), el 58,2 % consumían cocaína, según
el informe de Sanidad.
Los datos son impactantes, pero parece que la sociedad
europea y la española no valoran el auge y peligrosidad de las drogas
y
en especial la cocaína, una droga con “aceptación” social. En España,
debería ser un tema especialmente preocupante, porque somos una de las
grandes puertas de entrada de la cocaína a Europa, lo que nos convierte
en un paraíso para las mafias, que campan a sus anchas en
la Costa del Sol y en
Galicia, multiplicando los tiroteos y ajustes de cuentas y colapsando
a la policía y a los juzgados, que se enfrentan a unas mafias cada vez
más sofisticadas y con más medios, apoyadas en unos ingresos millonarios que
acaban en paraísos fiscales, en especial en empresas pantalla en Abu
Dhabi.
La Fiscal Antidroga de la Audiencia Nacional, Rosa
Ana Morán, avisó
en una entrevista reciente del riesgo de que “España llegue a
situaciones de violencia por narcotráfico como en Bélgica”. Y señaló el
gran cambio en la entrada de la cocaína en Europa, que ahora entra la mitad por
los grandes puertos europeos (en el puerto
de Valencia se detuvo a 11 personas este año) y se han disparado las
entradas por el Atlántico, en narcolanchas y narco submarinos, lo que da
un mayor protagonismo a España como puerta de entrada en Europa,
a la vez que las grandes mafias europeas (de los Balcanes, suecas, Mocro
Maffia…) operan cada vez más en España, lo que ha multiplicado
las diligencias por narcotráfico en los juzgados (+32% en 2024 en la
Audiencia Nacional y +23% en el resto del país). Por eso, la
Fiscal pide al Gobierno más medios personales y judiciales,
así como la creación de Juzgados especializados antidroga por regiones
(como en Francia), además de cambios legales para penalizar más “el
petaqueo” (suministro de combustible a las narcolanchas) y para facilitar
el trabajo de los agentes infiltrados.
Estamos ante un negocio de la droga que está
corroyendo las instituciones y la sociedad europea, sin que los
Gobiernos reaccionen con la necesaria contundencia. La Comisión Europea
acaba de aprobar, el 4 de diciembre, una
nueva Estrategia contra las drogas ilegales, para afrontar un
problema que consideran “está llegando a un punto crítico”. Y dicen que quieren
“contraatacar” a las mafias con un
abanico de medidas: alianzas internacionales para frenar la
salida de la droga de los paises de origen, mejores controles externos (en el
Atlántico) y refuerzo de los controles en los puertos, reforzar la detección de
pequeños envíos de drogas por correo y mensajería, actualizar y reforzar la Legislación
e impedir el
reclutamiento por las mafias (físicamente y
por Internet) de jóvenes vulnerables (ya sea en Bruselas, Ámsterdam
o Algeciras), actuando no sólo contra la cocaína y el cannabis, también contra
los laboratorios que fabrican drogas sintéticas en Europa (Holanda, Bélgica y
paises del Este).
En resumen, Europa tiene que emprender una
verdadera “guerra” contra las drogas, porque destrozan
nuestra juventud, causan 7.500 muertes europeas al año y están corrompiendo
nuestras instituciones (puertos, policías, jueces) y nuestras calles,
con incautaciones y tiroteos cada vez más frecuentes. La droga corrompe y
mata y puede destruir la democracia europea. Y sobre todo, destruye a
nuestros jóvenes y a muchas familias. Tenemos que contraatacar.
El consumo de cocaína va en aumento en todo el mundo y también en Europa. Si hace unas décadas era una droga minoritaria, de clases altas, ahora se ha generalizado su consumo, debido al fuerte aumento de la producción, que ha llevado a los precios a bajar a la mitad. La cocaína es la droga con más crecimiento en el mercado, según la ONU, con una producción de 3.700 Tm anuales, cuatro veces más que hace una década. Su epicentro sigue estando en América (Colombia, Bolivia y Perú concentran la producción mundial), pero su distribución se ha “globalizado” y no se distribuye sólo en Colombia, México y EEUU (mercados saturados), sino que se han abierto nuevas rutas hacia Ecuador, Brasil y Panamá. Y desde todos estos paises, llega a Europa por dos rutas: una directa a través del Atlántico (que introduce la droga por España, Portugal, Bélgica y Paises Bajos) y otra por África (que la introduce por España e Italia).
Etiquetas:
Bélgica,
cocaína,
cocaína jóvenes,
consumo cocaína,
corrupción,
Costa del Sol,
droga incautada,
drogas,
España,
Europa,
Fiscal antidroga,
Galicia,
Holanda,
mafias droga,
narcoestados
lunes, 15 de septiembre de 2025
Otoño incierto: tenemos más problemas
Tras la vuelta de vacaciones, este otoño se presenta muy
incierto, con más problemas económicos que antes del verano. Por un lado, Europa
ha cerrado con Trump un acuerdo comercial muy negativo, que va a
agravar el estancamiento de la economía europea, que apenas creció
un 0,1% en el 2º trimestre, con una crisis en Alemania y
problemas en Francia e Italia. Además, la incertidumbre ha impedido que
baje el Euribor en agosto (y los tipos del BCE en septiembre). Y las locuras de Trump y su abultada
deuda debilitan el dólar, fortaleciendo al euro (+13% este año), lo que
nos resta competitividad y encarece los productos europeos y el turismo. En
España, los problemas de Alemania y Francia más los altos precios y el euro
fuerte han frenado en julio el impulso del turismo, el motor
de nuestro “milagro económico”, junto a los inmigrantes (atacados
dentro y fuera). Así que la polémica coyuntura política, internacional y
nacional (extrema polarización) , pone en peligro los logros de la
economía española tras la pandemia. Pintan bastos.El verano nos trajo, además de las olas de calor y los
incendios, un pésimo acuerdo
comercial entre la Unión Europea y EEEU, presentado en un club de golf
de Trump en Escocia el 27 de julio. La Comisión Europea se ha afanado en
defender la bondad del acuerdo, porque es mejor aceptar un arancel del 15%
que el 30% que nos iba a imponer Trump si no pactábamos. Y añaden que hemos
salido “mejor parados” que la mayoría de paises (salvo Reino
Unido, que tendrá un arancel del 10%), igual que Japón (15%) y mucho menor que
el 35% de Canadá, el 25% de México o el 50% de Brasil e India (ver
mapa aranceles), mientras China negocia todavía bajarlo del 30%.
Pero en realidad, el acuerdo arancelario
aceptado por Europa es una
humillación en toda regla. Básicamente, porque Trump impone un
arancel del 15% a la mayor parte de los productos europeos (que ahora
pagaban el 1,43% de media) mientras EEUU paga un 0% por vender sus
productos en Europa. Eso, traducido
en cifras, es escandaloso: de los 850.000 millones de productos europeos
exportados a USA en 2024, ahora (desde el 7 de agosto), la mayoría (780.000
millones exportados) pagan aranceles del 15%, lo que tendrá un coste para
los europeos de 117.000 millones de euros, un “impuesto” que nos pone Trump
para reducir su abultada deuda y bajar impuestos a los norteamericanos (ricos).
Pero hay más
concesiones. Una, que a cambio de ponernos sólo un 15% de arancel
(no el 30% con que amenazaba), Europa se compromete a comprar a EEUU
petróleo, gas y equipamiento nuclear por valor de 700.000 millones de dólares,
además de comprarles 40.000 millones en chips y compras millonarias de material
militar. Y si Europa no lo hiciera, amenaza Trump, nos subiría los aranceles.
Además, EEUU acepta rebajar los aranceles de los coches y piezas del
automóvil europeas al 15% (del 35% inicial, ahora en el 27,5%) si Europa
abre su mercado a productos norteamericanos agrícolas y pesqueros
(alimentos, frutos secos, soja…), que ahora podrán vendernos sin restricciones,
una
medida que ya ha legislado Bruselas para que los coches europeos sólo
paguen un 15% de arancel en USA. Y por si acaso nos sentimos ya “tranquilos”,
Trump ha amenazado con incluir también en el futuro una rebaja de la
vigilancia sobre los servicios digitales, para forzar a Bruselas a que
no controle tanto a las tecnológicas ni les cobre (tasa Google) si no
queremos problemas...
Así que Europa ha cedido en casi todo,
mientras Trump lanza cada día una nueva amenaza, que alimenta la incertidumbre
en las empresas, inversores y paises. Y además, el Tribunal de apelaciones
de EEUU acaba de decir que los
aranceles de Trump no son legales, aunque permite que sigan en vigor hasta
el 14 de octubre. Pero Trump lo va a recurrir ante el Tribunal Supremo USA,
donde tiene mayoría conservadora. Así que los aranceles seguirán adelante,
dañando la economía internacional y sin que por el momento dañen a los
estadounidenses, que los acabarán pagando con más inflación y menos crecimiento
a medio plazo. Pero mientras, Trump pretende recaudar millones de dólares del
resto del mundo y presentar unos logros que le permitan ganar las elecciones de
medio mandato (noviembre 2026).
En consecuencia, desde principios de agosto, los aranceles
de Trump dificultan las exportaciones a EEUU del resto del mundo, que pagan
una media cercana al 20% (el 50% de aranceles al aluminio y al acero). Eso va a
tener una consecuencia inmediata: menos ventas en EEUU y menos
comercio mundial, encareciendo la mayoría de los productos y recortando el
crecimiento y el empleo. Y también en Europa. En el primer trimestre, tras el anuncio
de aranceles el 2 de abril, muchos paises aceleraron las ventas a EEUU, antes
de que entraran en vigor. Y eso aumentó las exportaciones europeas y el
crecimiento. Pero ahora, cuando los aranceles ya están en vigor, el
frenazo económico en la UE será inevitable. De hecho, ya se ha
producido: la economía de la UE-27 creció un +0,5% en el primer
trimestre de 2025 y después se ha estancado, creciendo
sólo un +0,1% en el 2º trimestre, según Eurostat.
Sobre todo lo ha notado Alemania, el país europeo
que sale peor parado por los aranceles de Trump, dado que allí van el 10,4% de
sus exportaciones: en el 2º trimestre, según
Eurostat, la economía alemana ha caído un -0,1% (tras crecer un 0,3%
en el primer trimestre), sufriendo sobre todo sus multinacionales del automóvil
y numerosas industrias. También ha caído en el 2º trimestre la economía de Italia
(-0,1%), otro país que depende mucho de las ventas a USA (el 10,4% de
sus exportaciones totales). Y ha tenido menos efecto en Francia, que
crece un +0,3% en el 2º trimestre, porque vende menos a EEUU (el 8% de sus
exportaciones), aunque es un porcentaje alto, como el de Finlandia (9,7%), Suecia
(8,9%) y Austria (8,2%), si bien el país más afectado es Irlanda (el 32% de sus
exportaciones van a EEUU). España, de momento, sigue siendo el país que
más crece (+0,7% en el 2º trimestre), por una menor dependencia comercial de
EEUU (4,6% de nuestras exportaciones), pero nos acabará afectando, sobre todo
si el resto de Europa entra en recesión este otoño/invierno.
De momento, la crisis en Alemania y Francia ya ha
retraído el turismo hacia España en los últimos meses, según los datos
de pernoctaciones
hoteleras del INE. Y en julio, aunque España tuvo un récord histórico de
turistas (más de 11 millones), sólo aumentaron un 1,6% sobre 2024 y cayeron
los turistas alemanes (-4,8%) y franceses (-3,1%), estancándose los
turistas británicos (+0,7%), una tendencia que ha podido repetirse en agosto y
que supondría un cierto “freno” del boom turístico, el motor de nuestro
crecimiento récord. De hecho, el empleo en España ha cerrado su peor verano en 6 años, con casi 200.000 afiliados menos en agosto.
Otro factor que juega a la contra de Europa (y de España) es
la debilidad del dólar, motivada por la errática política de
Trump y su abultada deuda (36,2 billones de dólares, el 124% de su PIB),
que provoca una revalorización del euro frente al dólar: +13,2%
en lo que va de año (el euro cuesta hoy 1,1728 dólares frente a 1,036 a
principios de año). Eso significa que todos los productos europeos cuestan en
dólares un 13% más, lo que resta competitividad a los productos de la UE y
encarece Europa (y España) a los turistas no europeos. Y encima, los expertos
apuestan porque Trump siga dejando caer al dólar (para reforzar sus
exportaciones), hasta el nivel de 1,20
euros por dólar (casi +16% revalorización), lo que dañaría más a Europa.
Así que lo que antes era una amenaza, la subida de aranceles,
es ya una realidad desde el 7 de agosto, y está dañando
a las grandes empresas exportadoras europeas, sobre todo al
automóvil, los bienes de equipo y maquinaria, el vino, la industria del lujo,
la aeronaves, la siderurgia y la industria química y farmacéutica. En el caso
de España,
el sector más afectado es la industria alimentaria (USA es su 2º
gran mercado, tras Europa), el vino (España es el 4º exportador
europeo), el aceite (somos el primer exportador europeo a USA),
la industria de componentes de automóvil (no exportamos coches a
EEUU, pero los coches que exporta el resto de Europa llevan piezas fabricadas
en España) y la industria farmacéutica.
Lo más preocupante es que “el bombazo” de los
aranceles de Trump pillan a Europa
en medio de una profunda crisis política, agravada por los problemas económicos en Alemania y la crisis política en Francia, donde ha caído el primer ministro). La Unión Europea se tiene que
plantear a la vez cómo afronta una serie de problemas de futuro: configurar una
Defensa europea (con más gasto militar, que pone en peligro otros
gastos económicos y sociales), cobrar un mayor protagonismo
geoestratégico (los conflictos de Ucrania y Gaza revelan el escaso peso
internacional de la UE), configurar una política de inmigración
(Europa necesita mano de obra extranjera, pero el auge de la extrema derecha
europea fuerza a los paises a posturas xenófobas), una postura más decidida
ante la crisis climática (crece el negacionismo en muchos paises
y en la Comisión Europea, lo que fuerza a suavizar políticas medioambientales)
y, sobre todo, la urgencia de dar un salto adelante en la mejora de la
competitividad europea, impulsando la tecnología, la digitalización y
la industrialización para competir con USA y China. Cuestiones claves en la que
la actual Comisión Europea no avanza, mientras la humilla Trump.
Y en el caso de España, las consecuencias de los
aranceles y el menor crecimiento de Europa y el resto del mundo nos van a
acabar de hacer daño, rebajando el consumo, las exportaciones y las inversiones
(por la incertidumbre), lo que se traducirá, antes o después, en menor
crecimiento y menos empleo, después de varios años de “milagro económico”
tras la pandemia. La incertidumbre por los aranceles, incluso, ha frenado
la bajada del precio del dinero: el
Euribor, en agosto, ha subido (al 2,114%), tras 6 meses a la
baja. Y el BCE frenó la semana pasada sus rebajas de tipos (siguen en el 2%), por temor a un repunte de la inflación, lo que sigue aumentando el Euribor (2,17% en septiembre), dificultando la rebaja de las futuras hipotecas (aunque bajará la cuota de las antiguas cuando se revisen).
Pero si alguna vez hace falta acordar algo es ahora, para
afrontar el posible estancamiento económico en Europa y la desaceleración
económica en España. Urge
aprobar unos Presupuestos que reanimen la economía,
con un pacto fiscal que consiga aumentar la recaudación para
afrontar el necesario mayor gasto en protección civil ante el cambio climático
(incendios, inundaciones, malas cosechas…). La
enseñanza de los incendios de este verano es que el Estado (desde la
Administración central a las autonomías y Ayuntamientos) sólo puede afrontar
las catástrofes con más medios y para eso hace falta gastar más. Y eso pasa por
recaudar más, por ingresar más de los que más tienen, lo que
exige una reforma fiscal que Europa nos lleva pidiendo décadas. Pero con el
actual panorama político, ni Presupuestos ni reforma fiscal ni acuerdos contra
la crisis climática.
Las otras dos prioridades económicas de
este otoño deberían ser la vivienda y la ejecución de los Fondos Europeos, porque queda
menos de un año (hasta agosto de 2026) para comprometer los proyectos
pendientes (sólo se
han comprometido 53.600 millones de 163.014 que recibiremos, entre
subvenciones y créditos), dado que si
no se ejecutan se perderán los Fondos UE. Y eso exige también pactar las
reformas pendientes, requisito obligado para que llegue el dinero que falta (hemos perdido ya Fondos UE por el rechazo de la derecha y los nacionalistas en el
Parlamento a la subida de impuestos al gasóleo exigida por Bruselas). Urgen
pactos para terminar las reformas pendientes y para promover la construcción de
viviendas, pero ambos parecen imposibles.
Ya lo saben: tenemos problemas, tendremos más en los
próximos meses y la solución pasa por acuerdos políticos y económicos para
afrontarlos. Pero como esto es imposible, iremos a peor. Y serán los
políticos, al menos una parte de ellos, los responsables de que
España ponga fin al mejor balance económico de las últimas décadas.
Pintan bastos.
Por ello, Europa y España deberían
aprobar un Plan de choque, como hicieron con la pandemia o la
hiperinflación tras la invasión de Ucrania, para afrontar este menor crecimiento y mantener las empresas y
el empleo. En Europa, tal medida no parece fácil y ya hay paises como Alemania
que hablan
de “reducir el Estado del Bienestar” para salir adelante de esta
crisis. En España, un acuerdo para reanimar la economía en los próximos
meses parece aún más difícil, a la vista de la tremenda polarización política,
que impide hasta afrontar juntos los incendios forestales.
Etiquetas:
Alemania,
Aranceles Trump,
Crecimiento,
crisis política,
economía,
España,
estancamiento UE,
Europa,
exportaciones,
Fondos UE,
otoño incierto,
pactos,
recesión,
turismo,
vivienda
lunes, 21 de julio de 2025
Incertidumbre: aranceles, tipos, Europa, política...
No es habitual que a finales de julio haya tanta
incertidumbre en la economía mundial, europea y española. Casi en
vacaciones, no sabemos qué va a pasar con los aranceles de Trump a Europa,
que van a afectar a múltiples empresas y a los precios, recortando el
crecimiento. Y tampoco sabemos si el BCE bajará o no este jueves los tipos,
por temor a la inflación y ante la fortaleza del euro, que dificulta las
exportaciones europeas. Mientras, Europa afronta su próximo Presupuesto
2028-34, recortando algunos gastos (-80.000 millones para el campo)
mientras quintuplica la partida de Defensa y Seguridad y con dos retos pendientes:
las políticas climáticas (que se suavizan) y de emigración (que se “derechizan”).
Y en medio de este panorama, España tiene un problema de bloqueo
político e institucional que impide aprobar unos nuevos presupuestos y
avanzar en las necesarias reformas (un bloqueo que ya nos ha restado Fondos
europeos). Demasiadas incertidumbres que podrían frenar la buena
racha de la economía española y del
empleo. La mayor incertidumbre de la economía internacional
son los aranceles de Trump, cuyo alcance real se debería despejar esta
semana. Los
anunció a bombo y platillo el pasado 3 de abril, con un arancel general del 10% que subía al 20% para
Europa y hasta el 34% a China y el 46% a Vietnam, más el 25% a sus vecinos
México y Canadá. Pero a partir de ahí, Trump
se ha dedicado a amenazar a los paises
para que negociaran contrapartidas a cambio de rebajas en los aranceles,
con lo que es un galimatías saber cómo quedan para cada país. Sí
sabemos que sólo ha llegado a acuerdos con dos paises, Reino Unido (10%) y
Vietnam (20%), alcanzando el 12 de mayo una tregua
de 90 días con China. Y lo más importante, amenazando a Europa
con un arancel del 30% (mayor del 20% inicial), que entraría en vigor el 1 de
agosto si antes no se alcanza un acuerdo.
Eso sí, estos son aranceles “complementarios”
sobre los que ya ha impuesto Trump a todos los paises: un 25% a las importaciones
de aluminio
y acero (desde el 12 de marzo), otro 25% a los automóviles, piezas y
recambios y un arancel general del 3 al 10% para todo el mundo. Y además, ha
anunciado un arancel global del 40% al cobre y otro de hasta el 200% para los
productos farmacéuticos, ambos desde el 1 de agosto.
En el caso de Europa, siguen las reuniones
con la Administración Trump para evitar ese arancel general del 30% desde el 1
de agosto, sin demasiadas esperanzas de conseguir rebajarlo sustancialmente.
Así como China
ha sido firme frente al chantaje
de Trump (aprobado unos “contra aranceles” que han llevado a
la actual tregua), la postura europea ha sido menos firme,
buscando antes el acuerdo que las contramedidas, aunque Bruselas dice que tiene
preparada una lista de artículos y partidas comerciales USA a las que aplicaría
aranceles si no se llega a un acuerdo esta semana: industria aeronáutica,
automóviles, productos alimenticios y bebidas (bourbon, soja, vino), productos
químicos, maquinaria y equipos electrónicos y médicos. Esta 2ª
lista de represalias europeas (72.000 millones) se sumaría a
una primera lista (20.000 millones), que se aprobó el 9 de abril, en
respuesta a los aranceles del 25% al aluminio y al acero, pero que no ha
entrado en vigor, para “no entorpecer la negociación” para rebajar el arancel
general con que amenaza Trump (30%).
Mientras Europa negocia contra reloj, como
Japón, Corea y sobre todo China, lo evidente es que Trump va a imponer al resto
del mundo unos aranceles que van a dañar seriamente a la economía
mundial. De hecho, los aranceles ya en vigor suponen elevarlos del
2,5% que estaban en enero de este año a un 16,6% actualmente, según
la Universidad de Yale. Una subida espectacular ya que en su anterior
mandato, Trump sólo subió los aranceles USA del 1,5 al 2,5%. Y si se cumplen
las amenazas de aranceles planteadas para el 1 de agosto, el arancel
promedio de EEUU al resto del mundo subiría al 20,6%, el más alto desde
1910. Eso supondría un estancamiento del comercio mundial, un freno a
las cadenas internacionales de producción, un aumento generalizado de la
inflación y un estancamiento de la economía mundial, con una fuerte
inflación y una crisis también en EEUU.
Hasta ahora, las amenazas y los continuos
vaivenes en los aranceles impuestos por Trump no han dañado a la economía,
porque los inversores esperan hechos (y no amenazas) y porque muchos paises
han adelantado importaciones y exportaciones. De hecho, las
Bolsas todavía no son pesimistas: el Nasdaq USA ha subido casi un 7%
este año, el Euro Stoxx otro +12% y el Ibex español sube un 22% este año, a
pasar de las amenazas arancelarias de Trump. Pero si sigue adelante y se
agravan a partir del 1 de agosto, las
consecuencias negativas llegarán: primero sobre el comercio,
luego sobre la producción (encareciendo costes) y los precios (más inflación) y
finalmente sobre el consumo y la
inversión, frenando el crecimiento. Y también en EEUU, donde la economía ha
caído ya un 0,2% en el primer trimestre, con una inflación del +2,7% en
junio (2% en la eurozona).
En Europa, si Trump impone un arancel global del 20%
(lo más posible), el mayor daño lo sufrirán los paises que más
comercian con EEUU, en especial Alemania,
Francia e Italia. España podría “salvarse de la quema” de
la guerra arancelaria, según
Bruselas, por el escaso peso del
comercio con EEUU (sólo supone el 4,7% de todas nuestras exportaciones, frente
al 10,4% que suponen las exportaciones alemanas a USA), por el tirón del
turismo y el consumo y por el empujón inversor de los Fondos Europeos. Pero
está claro que los
aranceles nos acabarán afectando, sobre todo en las regiones
que más comercian con EEUU (Cataluña, Andalucía y Comunidad Valenciana) y en
los sectores que más exportan allí: automóvil y piezas, multinacionales
energéticas, empresas de bienes de equipo y semimanufacturas, empresas textiles
y de manufacturas de consumo, farmacéuticas y empresas químicas y sectores de
alimentación, en especial aceites, vino y frutas.
La Comisión Europea estima que están “en riesgo” 4.500
millones de los 18.179 millones exportados por España a EEUU en
2024. Un riesgo menor al del conjunto de Europa, donde la Comisión cree que están en riesgo una
cuarta parte de las exportaciones europeas a EEUU, nada menos que 133.000
millones en riesgo (la UE exportó por valor de 531.600 millones de euros). De
momento, las exportaciones europeas a EEUU han seguido creciendo
en abril (+3,8%) y mayo (+4,4%), según
Eurostat, con lo que Europa ha mejorado su superávit comercial con USA
tanto en abril (+17.700 millones, +16,6% sobre abril de 2024) como en mayo
(+18.400 millones de superávit de la UE con EEUU, +29,5% sobre mayo 2024),
debido a que muchas empresas han querido anticipar ventas (y compras) antes de
materializarse los aranceles finales.
En el caso de España, el viernes salió el
dato de las exportaciones en mayo, que crecieron un +0,8% a todo el
mundo (mientras caían las de Alemania e Italia), aunque caían nuestras exportaciones
a Estados Unidos (-14,4%), lo que ya pasó también en abril (-13,8%).
Con estas dos bajadas de nuestras ventas en abril y mayo, las
exportaciones a USA en los 5 primeros meses de este año(enero-mayo)
han caído un -4,8%, mientras las importaciones han crecido un +8% (por
anticipo de compras). Con ello, el déficit comercial de España con EEUU se
ha agravado: -5.890 millones hasta mayo, frente a -4.553 millones al
inicio de 2024. Con aranceles más altos desde agosto, lo normal es que las
exportaciones caigan más, lo que obligará a nuestras empresas a buscar nuevos
mercados, como ya han hecho en abril y mayo.
Además del problema de los aranceles, los europeos
tenemos otro problema: la debilidad del dólar (por la política
errática de Trump y su elevada deuda), que ha reforzado al euro
en lo que va de año: si empezó el año cotizando a 1,035 dólares, el viernes
costaba ya 1,1624 dólares, lo que supone una revalorización del euro del +12,30%.
Esto significa que todos los productos europeos cuestan ahora un 12,30%
más caros para los países de fuera del euro, lo que dificulta la
competitividad de los productos y servicios europeos (también encarece los viajes a Europa, retrayendo el turismo a España). Así que además
de aranceles en USA, en Europa tenemos un problema adicional: la revalorización
del euro.
Esto afecta también a los tipos de interés, porque una
manera de “bajarle los humos” al euro sería seguir bajando los tipos de interés
en Europa, aunque el
tipo oficial (2%) ya es mucho más bajo que el de EEUU (4,50%). Pero el
BCE, que se reúne este jueves, tiene
difícil aprobar una nueva bajada, porque teme
que los aranceles futuros suban la inflación en Europa, que de momento está
controlada (en el 2%). Esta incertidumbre sobre el futuro de los tipos ha
frenado ya la caída del Euribor, que está a mediados de julio en
el 2,076%, prácticamente igual que en junio (2,081%), lo que
frena también la rebaja que podrían conseguir en el futuro los hipotecados. Así
que está todo relacionado: más aranceles, más difícil bajar los tipos y
menos bajarán las hipotecas para las familias.
Pero hay más incertidumbres económicas en el
horizonte. La principal, cómo se configura el futuro de Europa,
una economía que lleva varios años estancada y que pierde competitividad frente
a Estados Unidos y China. La nueva Comisión Europea, más derechizada
tras las últimas elecciones, parece
haber perdido el empuje que demostró frente a la pandemia y la
crisis inflacionista y no acaba de unirse para afrontar sus mayores retos: el
impulso económico y tecnológico, la digitalización y la descarbonización, la
lucha contra la crisis climática y la creación de una Defensa Europea que cubra
el vacío dejado por Trump y la OTAN. Hace unos meses (septiembre 2024), Mario
Draghi, el expresidente del BCE, trazó
una “hoja de ruta” para que la Unión Europea modernizara su
economía y la hiciese más competitiva, con un ambicioso Plan que preveía
invertir 800.000 millones en 4 años. Pero ha pasado el tiempo y no hay ningún Plan,
sólo divergencias a la hora de afrontar la emergencia climática, la llegada de
inmigrantes, la renovación tecnológica y la Defensa Europea.
El último eslabón de la incertidumbre sobre el futuro de la
UE ha sido la reciente presentación
de los Presupuestos europeos para 2028-2034. Tienen dos problemas.
Uno de fondo: el gasto es ridículo. Se propone un Presupuesto de 1,8 billones de
euros para 7 años (257.000 millones anuales), que supone el 1,6% del PIB de
la UE. Sólo el Presupuesto de España es el doble al año del propuesto para
los 27. Y el Presupuesto de EEUU es 10,13 billones de euros anuales, el
37,6% del PIB USA (30 veces más). Estos datos revelan el problema de fondo:
son los paises europeos los que ingresan y gastan y la Comisión Europea
apenas tiene instrumentos para ingresar y gastar, es un Gobierno europeo “sin
medios”.
El segundo problema de los futuros Presupuestos europeos,
que se van a debatir los próximos dos años, es que ha
cambiado la filosofía: los programas de los Fondos estructurales y
el gasto agrícola se van a descentralizar, con programas a través de los
paises: serán más planes nacionales que luego ratificará el Gobierno europeo (“menos
Europa" en vez de más). Además, las nuevas prioridades como Defensa y Seguridad
van a quintuplicar el gasto (131.000 millones), a costa de reducir otros
programas (el
campo tendrá 300,000 millones, 80.000 menos que ahora. Y el Fondo de
Competitividad, la partida clave, tendrá sólo 451.000 millones (incluyendo
Defensa), la mitad de lo que proponía Draghi. Pocos recursos para
modernizar la economía europea y dar un salto tecnológico e industrial que
permita competir mejor.
Y mientras, en España tenemos otra incertidumbre
de fondo: la política. La economía va bien, lleva 4 años creciendo
más que el resto de Europa y creando el 40% del empleo del continente. Pero la
polarización política y el enfrentamiento institucional
podrían afectar a la economía, si la coyuntura internacional se agrava y el
Gobierno no tiene mayoría para tomar medidas y seguir con las reformas
necesarias. Una paralización política que ya nos cuesta dinero: el
7 de julio, Bruselas
recortó en 1.100 millones de euros el 5º pago de los Fondos europeos a
España (ingresó 24.137 millones) por no haber compensado a los
funcionarios interinos (626 millones) y por no aprobar un impuesto al
diesel exigido por Bruselas: votaron en contra, en diciembre, PNV y
Junts, a los que se sumaron Podemos, PP y Vox. Ahora, hay
otras reformas pendientes sin las que España no recibirá los restantes
Fondos UE.
En resumen, que hay demasiadas incertidumbres internacionales
(aranceles, tipos, guerras) a las que sumar el incierto futuro de una
Europa estancada y el parón político en España, con un Gobierno en
preocupante minoría que tiene
muy difícil legislar y gobernar. Son retos preocupantes con los que nos
vamos de vacaciones y que seguirán ahí, quizás agravados, a la vuelta en otoño.
Un panorama preocupante, fuera y dentro de España, porque podría afectar
a las familias (menos consumo) y a las empresas (menos inversión), paralizando
reformas y proyectos y poniendo en riesgo el llamativo despegue económico de
España tras la pandemia. Por eso, urge más que nunca el diálogo y el
consenso. Pero parecen imposibles.
Etiquetas:
aranceles,
bloqueo político,
EEUU,
España,
Europa,
exportaciones,
gobierno Sánchez,
guerra arancelaria,
incertidumbre económica,
Presupuestos UE,
Trump
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
