Somos el país del péndulo: después de quince años de vacas gordas sin hacer reformas económicas de calado, ahora queremos hacerlas a contrarreloj y en plena crisis. Zapatero busca convencer a los mercados de que es el alumno más aplicado del club euro y, cual converso, amenaza hacer las reformas con o sin acuerdo. Y dice que gracias a ellas, España va a crecer en los próximos cinco años entre el 2 y el 2,5 %. Lo malo es que sólo con reformas no se crece, aunque ayuden. Y la realidad es que la Unión Europea, la OCDE y la mayoría de los expertos apuestan por un mínimo crecimiento este año y el próximo. Y más paro.
El optimismo enfermizo de Zapatero le hizo decir el martes, en la presentación de Informe Económico 2010, que “en 2010 se ha producido el tránsito de la recesión a la recuperación”. Y que España va a crecer en el entorno del 2-2,5% de 2011 a 2015. Ningún experto se lo cree. Tras un estancamiento en 2010 (-0,2/0% de crecimiento), la UE, OCDE y el FMI nos dan para este año un crecimiento del 0,7% (1,3% el Gobierno) y un 1,7% para 2012 (2,5% el Gobierno). Y la UE espera que el paro crezca este año del 20,1 al 20,2%.
Al margen de la guerra de cifras, la polémica está en si las reformas anunciadas por Zapatero van a “acelerar la recuperación”, como promete. Veamos. Reforma de las pensiones: los ahorros se notarán en diez o veinte años y suponen menos ingresos para los pensionistas, o sea, menos consumo y menos crecimiento. Reforma de las Cajas: las fusiones serán difíciles de digerir y de entrada, harán que las Cajas den créditos con cuentagotas y más caros (o sea, malo para la inversión). Ajuste de cuentas de las autonomías: necesario, pero tendrá un coste en inversiones públicas y en retraso de pagos a empresas, sin olvidar un recorte del gasto en educación (1.800 millones este año), un tema clave para la recuperación. Reforma de la negociación colectiva: necesaria, pero si no se hace por consenso, será tan inútil como la reforma laboral aprobada en 2010. Y reforma de las políticas de empleo: urgente, para adecuar la formación de los parados al empleo, pero tiene que haber trabajo que ofrecerles.
Estas y otras reformas hay que hacerlas, aunque a corto plazo no siempre ayuden. Pero al final, los dos motores del crecimiento son el consumo y la inversión. Y el consumo no tira porque hay 2,6 millones de personas sin empleo y muchos millones de pensionistas, funcionarios y trabajadores con el sueldo congelado o con mínimas subidas. Y un tercio de los ocupados temen perder su empleo en 2011, según una encuesta de Randstad. En cuanto a la inversión, la pública sufre los recortes del Presupuesto y los agujeros de las autonomías y los Ayuntamientos. Las empresas privadas, sobre todo las pymes, sufren la falta de consumo y la asfixia de un crédito escaso y caro, que lo va a ser aún más en 2011. Y para ensombrecer el panorama, suben los precios y la energía, lo que encarece los costes y debilita aún más el consumo.
Por todo ello, 2011 va a ser un año difícil, de escaso crecimiento y alto paro. Y así lo ven los españoles: un 32 % peor que 2010 y un 41 % igual, según la última encuesta del CIS. Para salir del bache, más que reformas habría que fomentar el crecimiento, el consumo, la inversión, pero eso sería ir contracorriente de los mercados y de Europa, que ha empezado a crecer. Alemania, por ejemplo, ha tenido en 2010 el mayor crecimiento desde la unificación (+3,6%), con un paro del 7,3 %, la tercera parte que España. Y la OCDE tiene un paro del 8,6%.
No está de moda, no es políticamente correcto, pero hay que volver a poner el crecimiento y el empleo como la primera prioridad del país, no las reformas, que llegan tarde, contra reloj y sin credibilidad interna ni externa. La situación es lo suficientemente grave como para hablar de unos nuevos Pactos de la Moncloa, para presentar un bloque unido ante Europa y los mercados. Pero el PP no está por la labor, porque piensa que cuanto peor mejor para llegar al Gobierno, sobre todo si Zapatero les hace el trabajo sucio. Pero el problema es llegar a la primavera de 2012, una fecha muy lejana, dada la gravedad de la crisis y la presión de los mercados, que volverá. Zapatero anticipa que el enfermo hará footing en los próximos años y Rajoy vaticina diariamente su muerte cerebral. Pero la economía sólo quiere salir de la UVI.
