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jueves, 2 de julio de 2026

España "low cost": crece con baja productividad

Se ha puesto de moda hablar de España como una economía de bajo coste (“low cost”), que compite y crece gracias a sus bajos salarios y energía barata más que por su innovación y productividad, de las más bajas de Europa. Este modelo de crecimiento, junto a la inmigración, ha permitido que España crezca los últimos 5 años más que Europa, pero esto esconde una realidad: en el PIB por habitante, lo que marca la competitividad de un país y su renta, ocupamos el puesto 15 en el ranking de la UE-27. A lo claro: hay 14 paises europeos más productivos y más ricos, algo que lleva pasando décadas. La culpable es esa baja productividad española, que impide mejorar salarios y rentas. Para converger con la mayoría de Europa, el Consejo de Productividad propone aumentar el tamaño de las empresas, gastar más en tecnología, aumentar la inversión privada, mejorar la formación y la organización de las empresas. Crecer sí, pero siendo más productivos para vivir mejor.

                             Enrique Ortega

La OCDE ha sido la última organización en pronosticar, este mes de junio, que España crecerá este año un +2,2%, casi el triple que la eurozona (+0,8%) y más incluso que Estados Unidos (+2%). De confirmarse, será el 6ª año consecutivo (de 2021 a 2026) en que España crece más que el resto de Europa, empujados por el turismo, el consumo privado, los inmigrantes y las exportaciones, sin olvidar los Fondos europeos. Pero lo importante para un país no es sólo lo que crezca su PIB (somos el 4º país con el PIB más alto, tras Alemania, Francia e Italia) sino lo que aumente su PIB por habitante, el indicativo de la productividad de un país y, en consecuencia, de su nivel de vida. Producimos mucho más cada año, pero con 3.326.100 trabajadores más que en 2019. Ahí está “el truco”. 

Y aquí, en el PIB por habitante, España ha vuelto a “pinchar” en 2025, según los datos de Eurostat: somos el país nº 15 en el ranking europeo de producción por habitante real (descontando la inflación), con 38.272 euros por habitante, el 92% del PIB por habitante real de la UE-27 (41.600 euros). Y estamos por detrás de la producción por habitante de Luxemburgo (239% del PIB per cápita europeo), Irlanda (238%), Paises Bajos (133%), Dinamarca (127%) o Austria (118% del PIB habitante europeo), paises mucho más pequeños que España pero más productivos y que por eso tienen más renta y mejores salarios. También estamos por detrás del PIB por habitante real de Alemania (115% de la media UE-27), Bélgica (114%), Suecia (111%), Malta (110%) o Finlandia (101%), que cierran la lista de los 10 paises europeos con un PIB por habitante superior a la media UE-27. Les siguen Francia y Chipre (98% del PIB por habitante europeo), Italia (96%) y Chequia (92%). Y a continuación, en el puesto 15º se encuentra España, con el 92% del PIB por habitante europeo. Un nivel y un puesto similar a los de 2023 (91%) y 2024 (92%), que cayó del 90% entre 2020 y 2022 por la pandemia y que está por debajo de la media desde 2010 (96%).

¿Por qué somos menos productivos y por tanto menos ricos que 14 paises europeos? Básicamente, hay 2 causas “de fondo” que lo explican: en España trabaja menos gente que en la mayoría de Europa y trabajan peor, con menos eficacia y productividad. Veámoslo.

Primero, trabaja menos gente, hay un porcentaje menor de personas en edad de trabajar que están ocupadas y creando riqueza (PIB). La tasa de empleo en España (porcentaje de personas de 20 a 64 años ocupadas) era, en marzo de 2026, del 72,7%, frente al 76,3% en la UE-27, el 81,5% en Alemania y el 75,2% en Francia, según Eurostat. Y sube al 83,3% en Paises Bajos, al 79,4% en Irlanda, al 82,2% en Suecia o al 83,4% en Malta, paises con más PIB por habitante que España (mientras es más baja en Italia, el 68%). Este bajo nivel de empleo tiene mucho que ver con nuestro modelo de crecimiento, basado en los servicios y el turismo, en empresas más pequeñas, con poca tecnología y exportación, que crean menos valor añadido y menos empleo. Ojo: si España tuviera la tasa de empleo de la UE-27, tendríamos 1.026.000 personas más trabajando (y aumentando nuestro PIB y nuestra renta, también el PIB por habitante). Y si tuviéramos la tasa de empleo de Alemania, en España trabajarían 2,5 millones más. Y con ello, aumentaría el numerador del PIB por habitante (PIB producido /habitante) y seríamos más productivos y más ricos.

Segundo, los españoles que trabajan lo hacen “peor”, son menos eficientes. Un dato lo resume bien: en la eurozona, cada hora trabajada aporta 61 dólares al PIB, frente a 53 dólares en España (-13,11%), según la OCDE. Y esa menor productividad en España acumula una caída del -7,3% del año 2.000 al 2022, mientras en Estados Unidos creció un +15,5%, en Alemania un +11,8% y en Francia un +0,8%, bajando también en Italia (-5,1%), según un reciente estudio de la Fundación BBVA e Ivie. De hecho, nuestra baja productividad es un problema que arrastramos hace décadas y que nos sitúa en el puesto 39º del ranking mundial de competitividad 2025 publicado por el Foro Económico Mundial, por detrás de la competitividad de 19 paises europeos: Suiza (1º del ranking mundial), Dinamarca (4º), Irlanda (7º), Suecia (8º), Paises Bajos (10º), Noruega (12º),Finlandia (14º), Islandia (15º), Alemania (19º), Luxemburgo (20º), Lituania (21º), Bélgica (24º), Chequia (25º), Austria (26º), Reino Unido (29º), Francia (32º), Estonia (33º), Portugal (37º) y Letonia (38º).

Recientemente, el nuevo Consejo de Productividad de España ha elaborado su primer informe, donde destaca que la baja productividad de España es un problema endémico, que arrastramos desde finales del siglo XIX. Así, entre 1890 y 1994, el PIB per cápita creció en España un +1,8% anual, frente al +2% que creció en Europa y el +2,2% en EEUU. Y entre 1995 y 2022, el PIB per cápita creció en España el +0,8% anual, también por debajo del +0,9% que aumentó en la UE-27 y el +1,3% que creció anualmente en EEUU. Eso sí, entre 2022 y 2025, la productividad por hora trabajada en España crece el doble (aunque poco: el +1% anual) que entre 2014 y 2019 (+0,5%), aunque los datos de Eurostat señalan que la productividad española crece entre un 10% y un 15% por debajo UE-27.

El informe del Consejo de Productividad señala dos problemas. Uno, la baja productividad española. Y el otro, que las mejoras de productividad están mal repartidas y los trabajadores se llevan (en sus sueldos) la menor parte. Entre 1999 y 2017, la productividad por hora trabajada creció un 95% acumulado, pero la remuneración por hora (sueldo) sólo creció un 3%. Y entre 1999 y 2024, la productividad por hora trabajada ha crecido un 13%, mientras la remuneración por hora trabajada (sueldos) ha crecido un 11%. Resultado: el trozo de pastel de los salarios en el reparto de la productividad es hoy inferior al de 2019. Y lo más preocupante: los salarios reales (descontando la inflación) apenas han crecido en España en los últimos 25 años. Así que crecemos, pero la mayoría de los trabajadores no lo notan.

¿Por qué España sigue teniendo una baja productividad? El Consejo señala los dos factores que lo explican: la baja inversión en tecnología e innovación y una estructura productiva centrada en sectores poco productivos, como los servicios, el turismo, el comercio o la agricultura. Y señala otra debilidad de la economía española: la baja inversión, sobre todo privada, que ha crecido menos que en Europa (que a su vez invierte también menos que EEUU, lo que explica su menor productividad). Y también destacan otros factores que bajan la productividad : la escasez de mano de obra, la falta de competencia, el exceso de burocracia y las 17 normativas autonómicas, los impuestos y la normativa laboral.

Otros expertos señalan tres factores claves que explican nuestra baja productividad. El primero, el menor tamaño de nuestras empresas, el exceso de pymes. En 2025, las estadísticas oficiales registraban casi 3 millones de empresas, de las que sólo 6.019 eran grandes (0,2% con más de 250 trabajadores), 27.673 eran medianas (0,8%) y el resto (99%) eran pequeñas: 175.597 tenían entre 10 y 49 trabajadores y 1.140.107 tenían de 1 a 9 trabajadores (la gran mayoría, el 84,5% de las pequeñas), siendo el resto (1.614.187) empresas registradas por autónomos sin asalariados. La estructura es similar a la del resto de Europa, donde hay también un 0,2% de grandes empresas (salvo en Francia, centro Europa y Alemania, donde hay un 0,7% de empresas grandes, 25.000 en Alemania), aunque tienen más empresas medianas (el 0,93%) y casi idéntico porcentaje de pequeñas (98,87%).

El problema de tener demasiadas pymes es que suelen ser menos competitivas que las medianas y grandes empresas, exportan, invierten e innovan menos, tienen más dificultades para financiarse y, sobre todo, crean menos empleo. El dato aportado por Funcas es muy llamativo: de los 2.496.400 nuevos empleos creados tras la pandemia (2020-2025), más de dos tercios (el 68,7%) lo han creado las grandes empresas (con más de 250 trabajadores), mientras las microempresas (1 a 9 trabajadores), que son la mayoría (84,5%) sólo han creado el 1,5% de los nuevos empleos. También pasa en Europa, donde las grandes empresas (el 0,2% del total) mantienen el 37% del empleo total, mientras las medianas mantienen el 15% y el resto de pymes acapara el 48% del empleo total.

La 2ª causa que explica nuestra menor productividad es la falta de tecnología e innovación en las empresas. En España, el gasto en I+D+i fue del 1,50% del PIB en 2024, frente al 2,25% en la UE-27. Pero la mayor “brecha” con Europa se da en la inversión tecnológica de las empresas: en España invierten el 0,7% del PIB mientras en Europa invierten una proporción doble, el 1,48% del PIB. Además, esta imprescindible inversión empresarial en I+D+i se concentra en las grandes empresas, que suponen dos tercios de la inversión tecnológica privada. En definitiva, las pymes invierten poco en tecnología e innovación y eso frena su productividad, lo mismo que su menor internacionalización (pocas pymes exportan) y la mayor dificultad que tienen para financiarse.

El tercer factor clave que reduce nuestra productividad es la menor inversión en España. En los últimos años, la inversión total se ha estancado (14,8% del PIB en 2025, casi igual al 14,7% que invertíamos en 2019) y sigue por debajo de la inversión en Europa (16,1% del PIB) y en  Estados Unidos (17,4% del PIB), según Funcas, aunque debería haber repuntado mucho más por el aluvión de Fondos europeos. Esta baja inversión, en España y en Europa, explica en buena medida la menor competitividad frente a EEUU y China, según el informe Draghi, y “limita la capacidad del país para aumentar su productividad y cerrar la brecha de renta per cápita con los países más avanzados de la eurozona”, según BBVA Research.

Hay un 4º factor que explica también nuestra baja productividad: la menor formación de los trabajadores españoles y sus jefes. Hay pocos trabajadores con formación tecnológica y capacidades digitales. En paralelo, muchas empresas adolecen de capacidades gerenciales y hay empresarios que gestionan sin la suficiente formación y sin capacidad de organizar equipos, apoyados en el “ordeno y mando”. Otras causas se atribuyen a factores institucionales: demasiada economía sumergida (¿20%?), excesiva dependencia de las empresas del crédito bancario (más que en el resto de Europa ), mucha  burocracia (sólo en 2024, el Estado y las autonomías aprobaron más de 1.000 nuevas normas), barreras de entrada sectoriales y territoriales que reducen la competencia, dispersión normativa en 17 autonomías y dificultades regulatorias y fiscales para que las pymes aumenten de tamaño y superen los 50 trabajadores…

En definitiva, que hay muchos cambios estructurales que hacer para conseguir que no sólo crezcamos mucho sino que produzcamos más por trabajador, que seamos más eficientes y productivos, la verdadera clave para mejorar los salarios y nivel de vida, para acercarnos más a la Europa rica del centro y norte del continente. El Consejo de la Productividad propone maximizar los incentivos a la innovación tecnológica, apoyar la transformación digital y energética, mejorar la formación de los trabajadores y la inversión en educación, aumentar el tamaño de las empresas, aumentar la inversión y reducir barreras a las nuevas empresas. Y recuerdan: la mejora de la productividad es la base de un crecimiento que permite aumentar la renta per cápita y mejorar los salarios reales, estancados desde hace 30 años.

Ya sabemos lo que pasa, por qué España tiene los salarios más bajos de Europa y un nivel de vida inferior a 14 paises europeos, muchos de ellos más pequeños. Y tenemos una hoja de ruta para mejorar esta situación, con el gran objetivo de mejorar la productividad. No podemos seguir con una economía “low cost”, que compita en Europa y el mundo con bajos salarios y costes de la energía, con pequeñas empresas con poco capital y poca inversión. No podemos seguir compitiendo por precio, como la China de Europa: necesitamos dar un salto cualitativo y competir con productos de mayor valor añadido, con más tecnología e innovación, con empresas más grandes, más internacionalizadas y que inviertan más en el futuro. Hay que mirar no sólo que crezcamos más sino que crezcamos siendo más productivos. Sólo así mejorarán nuestros bajos salarios y aumentará nuestro nivel de vida. Ser más productivos debería ser el gran objetivo nacional a medio plazo. Para todos.

jueves, 1 de mayo de 2025

1º de mayo: el empleo que viene

El empleo ha “pinchado” en el primer trimestre, como es habitual, con una pérdida de 92.500 empleos, al retrasarse la Semana Santa a abril. Pero se espera que suba este 2º trimestre y en verano, porque las empresas siguen contratando y hay 2 millones más de personas trabajando que hace 5 años. Pero hoy, 1º de mayo, podríamos reflexionar sobre el empleo del futuro, que va a cambiar drásticamente por la tecnología y la inteligencia artificial (IA). De hecho, el Foro Económico Mundial estima que 4 de cada 10 trabajadores españoles deberán “mejorar sus habilidades” para tener un empleo en 2030. A lo claro: los trabajadores tienen que reciclarse y formarse si quieren seguir trabajando en unos años. Un reto que obliga a Gobiernos y empresas a gastarse más dinero en formación y reciclaje profesional, para afrontar la digitalización, la descarbonización, la robótica y la IA, un reto del que apenas hablan los sindicatos hoy. Hay que prepararse para esta “revolución silenciosa”, la del empleo futuro.

                            Enrique Ortega

El primer trimestre suele ser malo para el empleo, por el fin de las Navidades y el menor consumo en la “cuesta de enero”. Además, este año la Semana Santa ha caído en abril y no en marzo (como en 2024), lo que ha restado empleo entre enero y marzo. Por todo ello, en el primer trimestre se perdieron -92.500 empleos, aunque son menos que en el primer trimestre de 2024 (-139.700), según la EPA publicada este lunes. Con todo, a finales de marzo había en España 21.765.400 ocupados, así que trabajan 2,08 millones de personas más que hace 5 años, antes de la pandemia (19.681.300 ocupados en marzo 2020).

El empleo ha caído sólo entre los hombres (-94.100 ocupados), mientras aumentó algo entre las mujeres (+1.600). Y lo han perdido los trabajadores españoles (-144.500 empleos), porque los extranjeros han ganado empleos (+52.000).  La pérdida de empleo se ha dado casi en exclusiva en el sector público (-92.200 empleos, por el aumento de jubilaciones) , mientras apenas caía el empleo privado (-300). Y se ha perdido empleo entre los trabajadores maduros (-119.800 empleos entre 40 y 54 años) y los más jóvenes (-60.800 empleos perdieron los de 16 a 24 años). Todos los sectores han perdido empleo, salvo el campo (+25.000), especialmente los servicios (-112.300). Y por autonomías,  han perdido más empleo Baleares (-42.400), Comunidad Valenciana (-20.400) y Andalucía (-12.300), mientras lo ganaron Madrid (+14.800) y País Vasco (+11.300 empleos).

La caída del empleo al inicio de 2025 ha provocado también un aumento del paro, que subió en +193.700 desempleados, un aumento récord desde 2013, debido a que han aumentado mucho los que buscan empleo, los “activos”: +101.200, todo un récord en los últimos años, por el aumento de mujeres que buscan trabajo (+118.100), mientras hay menos hombres buscando (-16.900). Con ello, España alcanza un récord histórico de “activos”, personas que trabajan o buscan trabajo: 24.554.500. Esto supone que, aunque crezca el empleo en los próximos meses, el paro bajará menos, porque hay más gente buscando trabajo.

Con este aumento del paro, son ya 2.789.200 las personas que están en paro, un 11,36% de las personas en edad de trabajar, según la EPA, una cifra elevada pero son 523.800 parados menos de los que había en España hace 5 años, antes de la pandemia  (3.213.00 parados en marzo de 2020, el 14,41% de la población activa). El paro ha subido en este primer trimestre más entre las mujeres (+116.500 paradas) que entre los hombres (+77.200), más entre los españoles (+147.900) que entre los extranjeros (+45.800) y más entre los trabajadores maduros (+141.300 entre 25 y 44 años), cayendo entre los más jóvenes (-12.000 parados). Por sectores, crece sobre todo en los servicios (+124.900, la mitad por el turismo y la hostelería) y también más en Cataluña (+47.200), Baleares (+42.800), Madrid (+23.900) y Canarias (+21.800), bajando sólo en Murcia (-4.400), País Vasco (-4.300) y Cantabria (-1.100).

Mientras sube el paro, hay algunos datos de fondo preocupantes. Por un lado, todavía hay 882.900 hogares donde todos sus miembros están en paro, aunque son 95.000 menos que hace un año. Por otro, baja  el porcentaje de parados que cobran el desempleo: cobraban alguna ayuda en febrero 1.722.042 parados, el 66,77% de los parados registrados en las oficinas de empleo, frente al 69,44 % hace un año. Y además, la mayoría (813.181) cobran un subsidio asistencial (480 euros al mes), mientras sólo 908.861 parados registrados cobran el subsidio contributivo (1.014,90 euros mensuales). Y ha subido el número de parados que llevan más de 1 año sin trabajo (1.065.400 parados), con lo que el 38,10% son “parados de larga duración” y tienen mucho más difícil recolocarse.

Lo más preocupante es que la tasa de paro ha subido en el primer trimestre, del 10,61% en que estaba a finales de 2024 al 11,36%, aunque es mucho más baja de la tasa de paro que teníamos hace 5 años (14,4%). Una tasa muy alejada de Europa, donde es menos de la mitad (5,7% en la UE-27 y 6,1% en la zona euro), siendo la tercera parte en Alemania (3,1%), según Eurostat. Y ha subido este trimestre la  tasa de paro juvenil (menores 25 años), que en España es el 26,5%, frente al 14,5% en Europa y el 6,3% en Alemania. Además, persiste el problema de que hay 2 Españas en el paro. Una, 8 autonomías con alta tasa de paro: Melilla (26,6%), Ceuta (26,1%), Extremadura (16,6%), Andalucía (16,4%), Baleares (14,78%), Canarias (13,27%), Castilla la Mancha (13,27%) y Murcia (12,83%). Y otra, las 8 autonomías que tienen una tasa de paro casi “europea”: Navarra (7,49% de paro), País Vasco (7,71%), Cantabria (7,86%), Aragón (8,29%), Castilla y León (8,70%), Galicia (8,80%) y Cataluña (8,91%), según la EPA de marzo.

Con todo, lo más positivo sigue siendo la mejor calidad del empleo que se crea en España, tras la reforma laboral de 2022. Este primer trimestre, el 43,07% de los contratos firmados son indefinidos, algo menos que hace un año (44,5% el primer trimestre de 2024) pero un porcentaje muy superior a los de 2023 (38,7%), 2021 (10,9%) y la media de 2014 a 2020 (sólo entre el 6 y el 8% de los contratos eran indefinidos). Con ello, ya hay 15,7 millones de asalariados con contrato indefinido, el 84,88% del total, frente al 74,61% de fijos a finales de 2021). Lo que no mejora son los contratos a tiempo parcial (por horas o días), que aumentan (+134.400 en el último año) y superan los 3 millones de asalariados, sobre todo por las mujeres (el 73,6% de estos contratos), que trabajan a tiempo parcial porque no encuentran trabajos a jornada completa o para cuidar a hijos y mayores.

Ahora, en 2015, el Gobierno y los expertos creen que España seguirá creando empleo, más que el resto de Europa pero menos que en 2023 y 2024, porque creceremos algo menos (+2,6%, frente al +3,2% en 2024). La previsión enviada por el Gobierno a Bruselas, en octubre de 2024, apostaba por crear 1,6 millones de empleos entre 2024 (+556.132 empleos, aunque realmente se han creado +468.100), 2025  (548.645 empleos) y 2026 (494.878 empleos), con el objetivo de que España roce los 23 millones de ocupados (22.989.350 en 2026) y baje su tasa de paro del 10% en 2026 (ahora parece más factible).

Los datos indican que estamos en el buen camino para lograr ambos objetivos. Pero el Gobierno Sánchez no puede “lanzar las campanas al vuelo” con el empleo y el paro, por dos razones. Una, porque seguimos siendo el país de Europa y de la OCDE (36 paises) con la mayor tasa de paro: 11,36% en España frente al 5,7% en la UE-27 y el 4,8% en la OCDE. Y la otra, porque la tasa de empleo en España es mucho más baja que en Europa: a finales de 2024 trabajaban el 71,4% de los que tienen entre 20 y 64 años, frente al 75,8% que trabajaban en Europa, el 75,1% en Francia o el 81,3% en Alemania, según Eurostat. A lo claro :que España tiene 1,08 millones de personas menos trabajando que las que deberíamos tener si fuéramos como la media europea. Y que trabajan 2,4 millones de españoles menos de los que trabajarían si tuviéramos la tasa de empleo de Alemania.

Ese es nuestro gran reto: reformar la economía para que ofrezca empleo a más gente (entre 1 y 2 millones más) y eso permita reducir la tasa de paro “a niveles europeos”. En eso deberíamos centrarnos a medio plazo, sin regodearnos en los récords. Y eso implica tomar 2 medidas a corto plazo, que exigen (¡ cómo no¡ ) un pacto político económico y social. Una, aprobar un Plan de empleo, para fomentar la contratación de parados mayores de 45 años, mujeres y jóvenes, sobre todo en esas 8 regiones con más paro que la media, canalizando inversiones públicas y privadas  e incentivos a las contrataciones.

Y la otra, reformar de verdad las oficinas de empleo, porque no ayudan a los parados a recolocarse. Se han cumplido 2 años de la Ley de Empleo (entró en vigor el 2 de marzo de 2023) y no ha funcionado: ni se ha hecho un perfil de los parados ni se les ayuda individualmente a colocarse. De hecho, las oficinas de empleo sólo colocan al 1,9% de los parados y apenas un 10% de los desempleados hacen cursos de formación (largos y poco útiles). Y en la web del SEPE sólo hay registradas 83.444 empresas y 29.305 ofertas de empleo. Urge cambiar la operativa y dotar de medios a estas oficinas, gestionadas de forma muy desigual por las autonomías.

Además, este 1º de mayo habría que pensar también en el empleo a medio plazo, porque el mercado laboral va a cambiar radicalmente en los próximos años. En el mundo, 59 de cada 100 trabajadores necesitarán “cualificarse” para no perder sus empleos actuales, por la tecnología, la robotización y la inteligencia artificial (IA), según el último informe sobre el futuro del empleo del Foro Económico Mundial. Y en el caso de España, este informe señala que 4 de cada 10 trabajadores españoles deberán mejorar sus habilidades para tener empleo en 2030. Los expertos laborales y las empresas reiteran la urgencia de formación y reciclaje de los trabajadores, para mejorar su cualificación y afrontar la demanda de nuevos empleos: muchos empleos actuales desaparecerán (administrativos, secretarias, asistentes administrativos, cajeros de banco…) y se crearán otros (analistas de datos, expertos en IA, desarrolladores de software, técnicos ambientales, expertos en ciberseguridad…).

En definitiva, que no basta con que la economía española cree más empleo, para conseguir una tasa de paro “europea”, sino que hay que formar a los jóvenes en los futuros empleos que van a demandarse en los próximos años y reciclar a los empleados actuales para que no pierdan su empleo en el futuro. Esto exige una mayor inversión en formación y “capital humano”, con importantes cambios en el diseño de la educación, desde la escuela a la Universidad, y con mayor gasto en formación de las empresas y el Estado. Hay que prepararse desde ya al empleo que viene, con acuerdos entre Gobierno, empresas y sindicatos para configurar la oferta de empleo que exige el futuro. Un reto del que apenas se habla este 1º de mayo, mucho más de fondo que la jornada laboral o los salarios.

jueves, 23 de mayo de 2024

Riqueza muy desigual entre mayores y jóvenes

En España, la desigualdad se ha reducido tras la pandemia y la inflación, por las ayudas públicas, aunque todavía supera la de las dos últimas décadas. Lo más preocupante es que ha crecido la desigualdad generacional, entre los jóvenes y sus padres y abuelos, según un informe del Banco de España. Más desigualdad porque tienen menos ingresos y tienen menos pisos en propiedad (el 31,8% frente el 69,3% de jóvenes propietarios en 2011), con lo que tienen menos patrimonio y riqueza. Y no pueden endeudarse, con lo que dos tercios de los jóvenes se ven obligados a vivir con sus padres hasta los 34 años. Un informe que reitera la idea de otro informe de la Fundación AFI: los jóvenes españoles viven peor que sus padres y abuelos. Un grave problema, que pone en riesgo nuestro futuro y que exige tomar medidas urgentes en la educación, la formación, el empleo, las políticas de vivienda y familia, para reducir la desigualdad de los jóvenes.

                   Enrique Ortega

La última crisis (2020-2022), tras la pandemia, la invasión de Ucrania y la alta inflación, más la drástica subida de tipos del BCE, ha estancado los ingresos reales de las familias: la renta mediana pasó de 32.100 euros por hogar en 2020 (ingresos 2019) a 32.400 en 2022 (+0,93%), aunque subió sobre la de 2017 (29.000 euros). Pero la crisis afectó de forma muy diferente a las familias, según sus ingresos. Así, el 20% de las familias que menos ganan estancaron sus ingresos entre 2020 y 2022 (+0,%, 10.800 euros en ambos años) y los que están en el percentil del 20 al 40% de ingresos los redujeron -0,47%, de 21.000 a 20.900 euros). Sólo mejoró algo el tercer grupo, los que están en el percentil de renta del 40 al 60% mediano, cuyos ingresos crecieron un +0,9% (de 32.100 a 32.400). Y mejoraron más los hogares de la parte media alta (percentil 60 al 80% de renta), cuyos ingresos crecieron un +4,8% (de 46.000 a 48.200 euros). Y más los hogares del percentil 80 y 90, cuyos ingresos medianos subieron un +7,75 (de 66.300 a 71.400). Pero los que salieron mejor parados, entre 2000 y 2020, fueron las familias más ricas (percentil 90 al 100), cuyos ingresos subieron un +11,2% (de 101.800 a 113.200 euros de ingresos anuales), según la Encuesta Financiera de las Familias 2022, que acaba de publicar el Banco de España.

A lo claro: que la crisis y la inflación han hecho más daño a las familias con menos ingresos, aumentando la desigualdad. Pero la Encuesta revela otro hecho menos conocido: hay una llamativa desigualdad generacional, según la edad del cabeza de familia, que revela que los jóvenes son los que han perdido más renta real en esta crisis. Así, los hogares encabezados por un menor de 35 años han bajado su renta mediana de 31.700 euros en 2020 a 29.100 euros en 2022 (-8,2%), según el Banco de España. Y los hogares encabezados por personas de 35 a 44 años han visto caer su renta real un -0,9% (de 37.300 a 35.600 euros). Luego, a partir de esta edad, los hogares sí han mejorado su renta real: los encabezados por personas de 45 a 54 años un +7,3% (de 34.300 a 36.800), los hogares con cabeza de familia entre 55 y 64 años mejoran un +0,55% (de 35.900 a 36.100 euros), los de 65 a 74 años un +4,46%, de 29.100 a 30.400) y los hogares encabezados por mayores de 74 años aumentaron sus ingresos un +9,1% entre 2020 y 2022 (de 19.800 a 21.600 euros).

En definitiva, los hogares jóvenes han perdido más ingresos reales porque tienen peores trabajos (más precarios) y sueldos más bajos, además de beneficiarse menos de las ayudas contra la inflación (que porcentualmente han ayudado más a los que más ganan).Y los mayores se han beneficiado de que las jubilaciones han compensado la inflación.

El estudio del Banco de España avanza hacia otro dato clave, la riqueza neta de los hogares (el valor de sus activos menos sus deudas). Una riqueza (o patrimonio) que apenas ha mejorado en la última crisis, subiendo un +3,7% entre 2022 y 2020 (de 137.600 de riqueza neta mediana a 142.700: la mitad de las familias por encima y la otra mitad por debajo). Pero aquí ha pasado lo mismo que con la renta: los hogares más pobres han visto caer su riqueza neta entre 2020 y 2022, mientras ha crecido entre los más ricos. Así, en el 20% de hogares con menos renta, la riqueza neta cayó un -19,8% (de 45.900 a 36.800 euros), igual que en la franja siguiente (percentil renta del 20 al 40%), en que cayó un -10,9%). En las franjas medias de renta (percentil 40 al 60 y percentil 60 a 80), la riqueza neta subió un +7 y un +1,3%, mejorando mucho más en los dos últimos niveles, los de los más ricos (percentil 80-90 y 90-100), cuya renta subió con la crisis un +9 y un +12% respectivamente.

Otro dato que confirma el aumento de la desigualdad, esta vez de la riqueza neta. Pero de nuevo, lo más llamativo es la desigualdad de riqueza generacional, según la edad del cabeza de familia. Los hogares encabezados por menores de 35 años han perdido un -26% de su riqueza neta entre 2020 y 2022 (de 27.000 a 20.000 euros), lo que contrasta con ese +3,7% que subió la riqueza neta de todos los españoles, según el Banco de España. Los hogares encabezados por personas de 35 a 44 años también perdieron riqueza neta (de 78.800 a 75.700), pero menos (-3,9%), lo mismo que los hogares de 45 a 54 años (de 131.200 a 128.300 euros de renta neta, -2,2%), mientras subió la renta del resto de hogares: +4,7% los encabezados por personas de 55 a 64 años (su riqueza subió de 180.900 a 189.400), +1,3% los de 65 a 74 años (subió de  222.900 a 225.800 euros su riqueza neta) y +18,96% subió la riqueza de los mayores de 75 años (de 186.100 a 221.400 euros).

La clave de este aumento de la desigualdad, sobre todo entre los más jóvenes y sus abuelos, se debe a la distinta composición de la riqueza por edades, a que la vivienda, las acciones y los Fondos tienen poco peso en el patrimonio de los jóvenes y mucho en el de los mayores, lo que mejora su riqueza al revalorizarse el valor de su vivienda o sus inversiones. En el conjunto de los hogares, el activo que más pesa es la vivienda habitual, que supone el 53% de todos los activos reales de los hogares (el 35,4% tienen otras propiedades inmobiliarias, un 10,2% negocios y el 1,4% restante joyas arte y antigüedades). Y lo que sucede es que tres de cada cuatro hogares (el 72,1%) tiene en propiedad su vivienda habitual, pero sólo la tienen el 31,8% de los hogares jóvenes menores de 35 años, según el Banco de España. Eso reduce drásticamente su patrimonio, su riqueza. Y contrasta con el dato de 2011, donde el 69,3% de los jóvenes menores de 35 años tenían su vivienda en propiedad. Un cambio drástico en España, que hace que los jóvenes no se emancipen y tengan menos riqueza.

Lo mismo pasa con la inversión en otros activos inmobiliarios (2ª vivienda, solares y fincas), que se concentran en los hogares más ricos y los mayores, contribuyendo con su revalorización a una mayor riqueza. Y también la inversión en acciones, Fondos y Planes de pensiones, concentrados en los más ricos (aumentando más su riqueza) y entre los mayores (sólo tienen acciones el 8% de los hogares jóvenes y Fondos el 4,9%, frente a 17,8% y el 12,4% de los hogares encabezados por mayores de 65 años), según el Banco de España. Eso sí, las cuentas y depósitos, que apenas rentan las tienen porcentualmente más los hogares pobres y de renta media que los más ricos. Y también más los jóvenes.

Más de la mitad de los hogares españoles (el 57%) tenían algún tipo de deuda en 2022 (35.000 euros de media), un porcentaje mayor que antes de la crisis financiera (en 2002, sólo tenían deuda el 42,5% de los hogares). Pero su peso ha caído, porque las familias han tratado de desendeudarse desde 2008 y ahora sus deudas representan sólo el 9,3% del valor de sus activos (suponía el 12,5% en 2014 y el 11,3% en 2020). Dos tercios de esa deuda de las familias (el 66%) es por la compra de la vivienda habitual y el resto es para afrontar la compra de propiedades inmobiliarias (16,9% de la deuda total) y otras inversiones (17% deuda).

Y a la hora de endeudarse, también hay desigualdad, según la riqueza y la edad de los hogares, revela el informe del Banco de España. Así, en los hogares más pobres (el 20% con menos renta), la carga de la deuda se lleva el 21,3% de la renta, por encima de la media en todos los hogares (supone un 13,7% de la renta). Y también supera el esfuerzo medio en los hogares de renta media baja (16,2% de esfuerzo en percentil 20-40) y media (14,9% en hogares con percentil 40-60). Pero los hogares más ricos están menos endeudados y la carga de la deuda se lleva entre el 13,4% de sus ingresos (percentil 60-80), el 10,4% (percentil 80.90) y el 7,1% de los ingresos (percentil 90-100). Y ojo: el 28% de los hogares más pobres destinan el 40% de sus ingresos a pagar sus deudas (frente al 8,1% la media der endeudados).

Por edades, el esfuerzo de pagar las deudas es alto entre los hogares encabezados por jóvenes menores de 35 años (se lleva el 12,1% de sus ingresos), pero mayor entre los hogares de 35 a 44 años (14,9% de ingresos los lleva atender sus deudas) y 45 a 54 años (14,2%), las edades en que se pagan las hipotecas, bajando el esfuerzo de pagar deudas del 10% de los ingresos en los hogares encabezados por mayores de 65 años. En cualquier caso, la mayoría de los jóvenes no tienen capacidad financiera para endeudarse (por su precariedad laboral y sus bajos salarios), lo que provoca que el 65,9% de los jóvenes españoles de 18 a 34 años vivían en casa de sus padres en 2022, según el Banco de España, cuando en 2008, los no emancipados sólo eran el 52,9% de los jóvenes.

En definitiva, este informe del Banco de España revela que los hogares encabezados por jóvenes menores de 35 años han sido “los perdedores” de la última crisis, ya que redujeron su renta entre 2020 y 2022 y también su riqueza, debido básicamente a que ahora son la mitad que en 2011 los jóvenes que tienen un piso en propiedad. A nivel global, la desigualdad entre los españoles se ha reducido en esta crisis 2020-2022, gracias a las ayudas públicas contra los efectos de la pandemia y la alta inflación. Así, el 10% más rico ha pasado de tener el 54,3% de toda la riqueza neta (2020) al 52,7%. Y el 1% de españoles más ricos tenían al 19,4% de toda la riqueza en 2022, frente al 22,9% que tenían en 2020.

Pero el grueso de la desigualdad entre ricos y pobres sigue ahí, peor que en las dos últimas décadas. Así , el 10% más rico controla todavía más de la mitad de toda la riqueza en España, el 52,7% en 2022, similar a 2014 (52,6%), pero muy superior al porcentaje que controlaban en 2008 (44,4%) y en 2002 (42,9%). Y lo mismo el 1% de superricos: controlaban en 2022 casi la quinta parte de toda la riqueza (el 19,2%), algo menos que en 2014 (20,2%), pero mucho más que en 2008 (15,3%) y 2002 (13,8%). Y si miramos otro indicador, el P80/P20 (la proporción entre la renta del 20% más rico y el 20% más pobre), ha bajado de tener 5,9 veces más de renta en 2019 a 5,5 veces en 2023, según el INE, pero estamos casi como en 2008 (el 20% más rico tenía 5,5 veces la riqueza del 20% más pobre).

Así que queda mucho por hacer para reducir la desigualdad en España, que es mayor a la de la media de Europa (donde el 20% más rico tiene 4,7 veces lo que el 20% más pobre). Pero no basta con medidas fiscales y ayudas para corregir las diferencias de riqueza entre familias. A la vista del informe del Banco de España, el Gobierno debe tomar medidas concretas para reducir la desigualdad generacional, para mejorar la renta y riqueza de los jóvenes, que son la generación que más ha pagado la última crisis y también la crisis financiera de 2008. Y todos los datos revelan que viven peor que sus padres y abuelos.

La OCDE ya alertó a España, en octubre de 2023, que tenemos un grave problema con los jóvenes: altísimo paro juvenil (27,2% frente a 14,6% en la UE-27 y 5,8% en Alemania), baja ocupación (38,8% entre 15 y 29 años, frente al 49,2% en la UE-27 y el 61,7% en Alemania), excesiva precariedad (35% contratos temporales, el triple que en Europa), bajos salarios (el sueldo medio de los menores de 29 años ronda los 13.830 euros, la mitad que en el conjunto de trabajadores) y un acceso casi imposible a la vivienda (en alquiler y compra), lo que les crea marginación, dependencia y hasta problemas de salud mental (los tienen el 16% de los jóvenes españoles, según la OCDE).

Es hora de afrontar la preocupante situación de los jóvenes, por pura justicia social y también porque “es un lastre para el crecimiento potencial del país”, según el informe de la OCDE, que pedía al Gobierno medidas educativas (mejora de la formación desde la escuela a la Universidad, potenciando la FP), medidas laborales (para promover la empleabilidad de los jóvenes y el relevo de los mayores), medidas en vivienda (para promover el alquiler de los jóvenes y las nuevas familias) y otras políticas públicas, desde el ocio a la integración social y política de la juventud, para evitar su aislamiento social o su deriva a posiciones extremistas o populistas. Urge un Plan de medidas en favor de la juventud, a costo y medio plazo, para conseguir que los jóvenes de dentro de 20 años vivan mejor que los de hoy. Es prioritario.

lunes, 4 de marzo de 2024

España: menos productivos, menos ricos

España creció más que la mayoría de Europa en 2023. Pero ojo, la OCDE acaba de alertarnos de un dato preocupante: la renta per cápita de las familias españolas es menor ahora que en 2007. ¿Cómo es posible? Porque hemos tenido que repartir el crecimiento entre más gente (+3,8 millones) y porque la inflación se ha comido el aumento. Pero hay una causa de fondo: España produce menos por habitante (y por trabajador) que otros 16 paises europeos, la mayoría más pequeños. Somos menos productivos, por 2 motivos: aquí trabaja menos gente y trabaja peor, con menos eficiencia, por culpa de la peor formación, menor tecnología, innovación y digitalización, menos inversión, pequeño tamaño empresas, escaso peso de la industria y la exportación, deficiente gestión empresarial y organización del trabajo, más una falta de financiación y un exceso de burocracia. En marzo, el Gobierno creará el Consejo Nacional de Productividad, para intentar ser más productivos y conseguir así vivir mejor. Una asignatura pendiente desde hace décadas (o siglos). 

                    Enrique Ortega 

España volvió a crecer en 2023 más que la mayoría de Europa: el PIB aumentó un +2,5%, cinco veces el aumento de la UE-27 y la zona euro (+0,5%), por encima de Francia (+0,9%), Italia (+0,7%) y sobre todo de Alemania (cayó un -0,3%), incluso de Reino Unido (+0,1%). Con ello, España se consolida como la 4ª mayor economía de la UE, con una producción (PIB) de 1.462.070 millones de euros en 2023, sólo por detrás de Alemania (4.121.160 millones), Francia (2.639.092 millones e Italia (1.946.079 millones). Y si tomamos toda Europa, seríamos la 5ª mayor economía europea, porque Reino Unido es la 2ª (2.953.557 millones de PIB). A España le siguen, de lejos, Paises Bajos (1.032.841 millones), Polonia (654.594 millones), Bélgica (554.044 millones) e Irlanda (506.582 millones).

Pero este dato del PIB total es engañoso, porque unos paises tienen más población que otros. Por eso, lo relevante es lo que produce cada país por habitante, el verdadero indicador de la renta y la riqueza de cada país. Y aquí, la situación cambia drásticamente: España produjo 30.253 euros por habitante en 2023, un 83% de la media UE-27 (36.419 euros), un 62% que Alemania (48.853 euros per cápita), un 78% que Francia (38.770 euros) y un 91% que Italia (33.075 euros). Pero producimos casi la mitad que Paises Bajos (57.980 euros por habitante) y menos de la mitad que Dinamarca (63.162 euros), Irlanda (97.474 euros) y Luxemburgo (117.468 euros), los 3 paises más productivos de Europa.

Este dato tampoco es el real, porque hay que tener en cuenta la inflación de cada país, para medir el PIB per cápita según el poder de compra. Eurostat no ha publicado el dato de 2023, pero en 2022 España ocupó el lugar 17º en el ranking de producción por habitante, descontando la inflación: produjimos el 86% de la media europea (UE-27), algo más que en 2021 y 2020 (83%), pero peor que antes de la pandemia (91% en 2019) y que en 2017 (93%). Cuando España ingresó en la CEE, en 1986, teníamos un PIB por habitante que era el 76% de la media europea y en el año 2000 rozamos la media (98%), para superarla por primera vez en 2002 (101%), alcanzando nuestro máximo en 2006 (105% del PIB por habitante europeo) y manteniéndonos por encima en 2007 (104%), 2008 (102%) y 2009 (101%). Con la crisis financiera y de deuda, nos dimos un batacazo en 2010 (el PIB por habitante bajó al 96% de la UE-28), para seguir cayendo después, hasta un mínimo en 2020 y 2021 (83%), por la pandemia, que apenas se recuperó en 2022 (86%: la “brecha” con Europa de 1990).

Esto significa que España, aunque sea la 4ª mayor economía de la UE, está por detrás de 16 paises europeos en producción por habitante y renta. En 2022, había 11 paises UE que producían más por habitante que la media UE-27 (índice 100) y por eso son los más ricos, según Eurostat: Luxemburgo (256% del PIB por habitante europeo, porque tiene un alto PIB y poquísima población censada), Irlanda (235%, porque tiene radicadas muchas multinacionales que facturan allí y producen en otros paises), Dinamarca (produce un 136% del PIB medio UE), Países Bajos (130%), Austria (124%), Bélgica (120%), Suecia (119%), Alemania (117%), Finlandia (110%), Malta (104%) y Francia (100% PIB por habitante UE).

Luego hay un 2º grupo de paises comunitarios que están por debajo de la media de productividad de la UE-27 y cuya renta es inferior a la de los paises más ricos, liderados en el puesto 12º por Italia (97% del PIB medio UE, que perdió en 2014) y con España en el puesto 17º (86% del PIB por habitante UE en 2022), tras ser “adelantada” en los últimos años por 5 paises pequeños: Malta (nos superó en 2014 y tiene el 102% del PIB por habitante de la UE-27), República Checa (nos adelantó en 2019 y ahora tiene el 90% del PIB por habitante europeo), Chipre (94%), Eslovenia (90%) y Lituania (89%), tres paises que adelantaron a España en 2020. Y tenemos cerca a Estonia (85%), que superó a España en 2021, quedando más lejos Portugal y Polonia (79% del PIB por habitante UE). En 2023, según los datos del FMI, España habría ganado dos puestos, hasta el puesto 15º del ranking UE-27, adelantando a Lituania y República Checa (dudoso), pero colocándose en el puesto 21º en el ranking mundial de los paises más productivos (y más ricos).

El problema de la menor productividad de España viene de lejos y explica que, aunque crezcamos más, los españoles no lo noten apenas, porque este mayor crecimiento se reparte entre más población y la mayor parte se lo come la inflación. Es lo que revela un reciente estudio de la OCDE: la renta real de los hogares españoles era a finales de 2023 inferior (-2,4%) a la renta que tenían en 2007, antes de la crisis financiera. El PIB ha crecido en 386.531 millones de euros en estos 16 años (+35,93%), pero ha crecido mucho la población española (hay 3.808.250 habitantes más para repartir) y los precios han subido un +39,7% (comiéndose el crecimiento del PIB). Eso explica que la renta real (descontando la inflación) de los españoles haya caído desde 2007 mientras subió un +22% en los 34 paises que integran la OCDE. Junto a España (-2,4%), también cae la renta real en Grecia (-20,9%) e Italia (-6,8%), 3 de los 4 paises que sufrieron los ajustes tras 2010 (pero en Portugal sube un +10,5%). Los paises que han ganado más renta per cápita desde 2007 son Polonia (+65,9%), Hungría (+50,7%), Estados Unidos (+26%), Eslovenia (+23,7%), Dinamarca (+23,2%) y República Checa (+22,3%), junto a Paises Bajos, Finlandia y Alemania (+13%).

Es tremendo: la renta real de los españoles es hoy algo más baja que en 2007. Un dato, como el PIB por habitante frente al resto de Europa (puesto 17º), que refleja que España crece, pero con poco potencial, con poca productividad. ¿Qué pasa? Básicamente hay 2 causas de fondo que explican que seamos menos productivos y por ello tengamos menos renta que dos tercios de los europeos: en España trabaja menos gente y trabajan peor, con menos eficacia y productividad. Veámoslo.

Primero, trabaja menos gente: hay menos personas en edad de trabajar que están ocupadas y creando riqueza (PIB). La tasa de empleo en España (porcentaje de personas de 15 a 64 años ocupadas) era del 65,7% (tercer trimestre 2023), frente al 70,4% en la UE-27, el 77,3% en Alemania, el 74,3% en Francia o el 66,1% en Italia (y el 81,5% en la República Checa o 78,6% en Lituania, por ejemplo), según Eurostat. Este bajo nivel de empleo tiene mucho que ver con nuestro modelo de crecimiento, basado en los servicios y el turismo, en empresas más pequeñas, con poca tecnología y exportación, que crean menos valor añadido y menos empleo. Ojo: si España tuviera la tasa de empleo de la UE-27, tendríamos 2,2 millones de personas más trabajando (y aumentando nuestro PIB por habitante y nuestra renta). Y si tuviéramos la de Alemania, en España trabajarían casi 4 millones más.

Segundo, los que trabajan lo hacen “peor”, son menos eficientes. Un dato lo resume bien: en la eurozona, cada hora trabajada aporta 61 dólares al PIB, frente a 53 dólares en España (-13,11%), según la OCDE. Y esa menor productividad en España acumula una caída del -7,3% del año 2.000 al 2022, mientras en Estados Unidos creció un +15,5%, en Alemania un +11,8% y en Francia un +0,8%, bajando también en Italia (-5,1%), según un reciente estudio de la Fundación BBVA e Ivie. Esta pérdida de productividad en las últimas dos décadas no se debe a la productividad del trabajo (PIB dividido por horas trabajadas), que ha crecido una media anual del +0,7% (menos que el +1,1% en la UE), sino a la caída de la productividad del capital (valor añadido generado por el capital disponible), que ha bajado un -1,2% anual. Y eso, por el exceso de inversión inmobiliaria, que ha supuesto un lastre para la productividad del capital en España, por el exceso de activos inmobiliarios poco productivos acumulados por las empresas. Y también por la baja inversión de las empresas españolas en “activos intangibles”, claves para aumentar la productividad: I+D+i, software y bases de datos, diseño, imagen de marca, formación y organización y gestión.

Es un mito decir que la caída histórica de la productividad en España se debe al gran peso de los servicios, el comercio y el turismo. En realidad, la caída afecta a casi toda la economía: cayó un -19% frente a Europa (entre 1995 y 2019) en todos los sectores, un -20% en la industria y un -26% en las actividades profesionales y servicios. Y sólo mejoró la productividad en el campo (+14%), según este estudio de Fedea. Y hay una gran desigualdad en la productividad por regiones: superan la media española (índice 100) el País Vasco (122,4), Madrid (119,5), Navarra (113,4), Cataluña (105,1), la Rioja y Baleares (100,9), las autonomías más ricas, y muy por debajo Extremadura (82,2), Murcia (83,5), Canarias (87,7), Andalucía (87,8) y Castilla la Mancha (89,1), según este otro estudio de Fedea.

¿Por qué España tiene menos productividad? La causa que siempre se argumenta es nuestro modelo productivo, el elevado peso en la economía de los servicios (turismo, hostelería y comercio), actividades intensivas en mano de obra y con baja productividad, y el menor peso de la industria. Pero si España tuviera la misma estructura productiva del resto de Europa, seguiríamos teniendo un -10% de productividad, según la Fundación BBVA e Ivie, que señala otro factor que suele esgrimirse, con razón: el menor tamaño de nuestras empresas (exceso de pymes), lo que les dificulta financiarse, invertir e innovar. De hecho, el 80% de las empresas españolas tienen menos de 3 trabajadores y sólo hay 5.273 empresas (el 0,18%) con más de 250 trabajadores. Pero resulta que cuando se comparan las empresas españolas con las alemanas, francesas o italianas, todas producen entre un 10 y un 20% menos, independientemente de su tamaño.

Por eso, estos expertos argumentan otras causas con más peso. La primera y fundamental, la menor formación de los trabajadores españoles y sus jefes. Por un lado, el 48% de la población activa española carece de título universitario o FP y tienen un gran peso los trabajos que exigen poca cualificación. Hay pocos trabajadores con formación tecnológica y capacidades digitales y las empresas españolas, con salarios más bajos, atraen menos “conocimiento”. En paralelo, muchas empresas adolecen de capacidades gerenciales y hay empresarios que gestionan sin la suficiente formación y sin capacidad de organizar equipos, apoyados muchos en el “ordeno y mando” y sin capacidad de innovación organizativa y gerencial.

La 2ª causa, igual de importante, es la falta de tecnología e innovación en las empresas. En España, el gasto en I+D+i se redujo en 2022 al 1,44% del PIB, frente al 2,24% de media en la UE-27. Y esta baja inversión en tecnología es aún menor en las empresas (0,7% del PIB, la mitad que las empresas europeas). Eso conlleva fabricar productos poco complejos, de bajo valor añadido y con un empleo poco estable. Y, además, las empresas invierten poco en digitalización, big data, e-commerce, teletrabajo, redes sociales e inteligencia artificial. Y también en tecnologías de la información y la comunicación (TIC), además de inversiones en bienes no tangibles (software, bases de datos, marca, diseño…).

Un tercer factor que juega contra la productividad es la caída de la inversión en España, pública y sobre todo privada, desde 2008. Otras causas de la baja productividad se atribuyen a factores institucionales: demasiada economía sumergida (¿20%?), excesiva dependencia de las empresas del crédito bancario (más que en el resto de Europa ), mucha  burocracia (sólo en 2022, el Estado y las autonomías aprobaron 11.000 nuevas normas), barreras de entrada sectoriales y territoriales que reducen la competencia, dispersión normativa en 17 autonomías y dificultades regulatorias y fiscales para que las pymes superen los 50 trabajadores.

Al final, la reflexión es que el crecimiento de España se ha basado en el esfuerzo, en el trabajo (se hacen más horas que en otros paises) y el capital tangible (maquinaria, naves e infraestructuras) más que en el progreso tecnológico, la innovación y la inversión en intangibles (desde la imagen de marca al big data). Urge avanzar por un triple camino: mejorar la productividad del trabajo (empleados mejor formados), mejorar la productividad del capital (invirtiendo en tecnología que permita producir más) y mejorar la organización y gestión de las empresas, para ser más productivos con el trabajo y el capital disponibles. Tareas que exigen cambios de fondo en la enseñanza (de la escuela a la Universidad), en el reto tecnológico y digital, la comercialización y exportación, la organización del trabajo y las políticas públicas, que deben promover la productividad.

Para avanzar en estos retos, el Gobierno anuncia que en marzo creará el Consejo Nacional de Productividad, un organismo que recomendó Bruselas en 2016 y que tienen todos los paises europeos, salvo España, Italia y Estonia. El objetivo será “conseguir empresas más grandes, más productivas y competitivas”. Podría ser un instrumento clave para reorientar la economía y dirigir los 83.000 millones de créditos pedidos por España como adenda al Plan de Recuperación, apoyados por la futura empresa pública de Transformación Tecnológica (SETT), donde se agruparán las participaciones públicas en empresas tecnológicas. Todo hará falta para conseguir que, en las próximas 2 décadas, España sea más productiva, con más empresas competitivas. Nos jugamos mejorar el nivel de vida y acercarnos a la Europa rica. Es nuestra gran asignatura pendiente.

jueves, 23 de noviembre de 2023

España amplia su distancia con paises OCDE

La OCDE, la organización que integra a las 35 mayores economías de Occidente, acaba de dar otro “toque” a España: nuestra producción por habitante ha caído en los últimos 20 años respecto a la media OCDE, donde ocupamos el puesto 19º (14º en 2000), por la crisis financiera y la pandemia. También hemos retrocedido en el ranking mundial, donde somos la 14ª mayor economía pero el país nº 42 en PIB por habitante, que determina la renta y el nivel de vida. La culpa está en que seguimos teniendo menos productividad, porque trabaja menos gente y trabaja con menos eficacia, debido a la baja cualificación de los trabajadores, el menor tamaño de las empresas, el bajo peso de la industria y la tecnología, la caída de la inversión y el modelo de organización empresarial. Al final, su receta es mejorar la productividad, nuestra gran asignatura pendiente para mejorar el nivel de vida y el futuro. Algo de lo que no hablan ni políticos ni medios.

                 Enrique Ortega

Lo que marca el poderío de un país no es sólo cuanto produce y su valor (PIB) sino cuanta gente trabaja para lograr esa producción (PIB por habitante), entre cuantos hay que repartir lo conseguido (renta per cápita). Así, España produjo en 2022 por valor de 1.346.377 millones de euros (PIB) y Paises Bajos produjo por valor de 958.549 millones de euros. España es una economía más grande (la 4ª mayor de la UE, tras Alemania, Francia e Italia) que la neerlandesa (la 5ª economía europea), pero mucho menos eficiente: aquí somos 47,4 millones de habitantes para conseguir (y repartir) ese PIB y en Países Bajos 17,8 millones. Por eso, lo importante es la producción por habitante (PIB por habitante): 28.280 euros en España y 54.150 euros en Paises Bajos. Por eso, los holandeses tienen más renta y son más ricos que los españoles. 

Y lo mismo pasa a nivel mundial. España era en 2022 la 14ª mayor economía del mundo, por detrás del PIB de Estados Unidos (24.162.663 millones de euros, 18 veces la producción de España), China (17.174.722 millones euros, 12,7 veces el PIB de España), Japón (4.017.108 millones), Alemania (3.876.810, 2,8 veces el PIB de España con menos del doble de población), India (3.213.281), Reino Unido (2.913.623), Francia (2.639.092, el doble de PIB que España con un tercio más de población), Rusia (2.116.735), Canadá (2.030.446), Italia (1.946.479 millones), Brasil (1.825.767), Australia (1.614.888) y Corea del Sur (1.346.377), tras haber superado el año pasado a México (1.341.808 millones de PIB). Pero si tenemos en cuenta la población, España baja al puesto 42º en el ranking mundial del PIB por habitante: nos superan Paises Bajos, Austria, Bélgica, Noruega, Suecia, Finlandia, Dinamarca, Irlanda, Islandia, Malta, Luxemburgo, República Checa, Eslovenia, Estonia, Lituania, Andorra, Suiza, Mónaco, San Marino, Liechtenstein, Arabia Saudí, Brunei, Kuwait, Catar, Singapur, Nueva Zelanda, Cuba y Bahamas (ver listado PIB por habitante paises).

La OCDE acaba de publicar un informe sobre la evolución del PIB por habitante en 27 paises desarrollados (entre ellos España), de los 35 que integran la organización. Y nos ha dado un nuevo “toque”: España crece mucho pero es uno de los paises occidentales que ha aumentando su “brecha”, su distancia, con el PIB por habitante medio de la OCDE en los últimos 20 años. Según sus datos, si en el año 2000, la producción española por persona (PIB por habitante) era el 88% de la media OCDE, en 2020 se ha ampliado la distancia al 76%, tras la crisis financiera y la pandemia. También han aumentado su brecha con la media OCDE Francia (de superarla, el 102% al 0,89% en 2020), Italia (del 107% al 80%), Portugal (del 78% al 68%) y Grecia (del 75% al 57%), la Europa del sur, sobre todo por el tremendo impacto de la crisis de deuda de 2010-2013. Y España ocupaba en 2020 el puesto 19º en el ranking OCDE del PIB por habitante cuando en el año 2000 éramos el país nº 14 (nos han “adelantado” Corea, Nueva Zelanda, República Checa, Eslovenia y Lituania).

Los grandes paises de la OCDE apenas han empeorado su posición, tanto EEUU (de tener el 134% del PIB por habitante de la OCDE al 129%), Japón (del 98% al 92%), Alemania (del 109% al 108%) o Reino Unido (del 99% al 91%), lo mismo que Finlandia, Paises Bajos, Austria o Bélgica. Y curiosamente, los que más han reducido su “brecha” con la OCDE (PIB por habitante) han sido los paises del Este de Europa (Polonia, por ejemplo, tenía el 44% del PIB medio de la OCDE y ahora tiene el 70%), los paises nórdicos (Suecia, Dinamarca y Noruega ya superaban el PIB por habitante de la OCDE en el año 2000 y ahora lo superan más), mejorando también y reduciendo su “brecha” Corea, Nueva Zelanda y Turquía.

Este aumento de la “brecha” de España con los paises desarrollados entre 2000 y 2022, que refleja el informe de la OCDE, se ha repetido en el aumento de la brecha de España con la Unión Europea, según los datos de Eurostat. En 2022, España tuvo un PIB per cápita (ajustado por el nivel de precios de cada país) que fue el 85% del PIB per cápita de la UE-27, reduciendo así la brecha de 2021 y 2020 (teníamos en 83% del PIB per cápita europeo). Y esa “brecha” es mayor que antes de la pandemia (en 2019 producíamos el 93% que Europa por habitante, tras producir más del 100% de la UE-27 sólo entre 2002 y 2009). Este dato, que refleja la productividad y por tanto la riqueza de cada país, nos coloca (año 2022) en el puesto 18º en el ranking europeo de producción por habitante, tras los 11 paises que producen más que la media europea (Luxemburgo, Irlanda, Dinamarca, Países Bajos, Austria, Bélgica, Suecia, Alemania, Finlandia, Malta y Francia, por ese orden) y de los 6 restantes que tienen un PIB por habitante inferior a la media UE-27 pero mayor que España (Italia y los 5 paises que nos han “adelantado” en los últimos años: Eslovenia, Chipre, República Checa,  Lituania y Estonia). Todos producen más que España por habitante.

El informe de la OCDE destaca la pérdida de la productividad de España, que sigue por debajo de la productividad media de la OCDE (86,3 dólares por empleado frente a 89,1 dólares de media y los 144,5 dólares que los paises más competitivos). Otros datos revelan que la producción por hora trabajada (PIB por hora) en España se ha estancado, ya que era el 74% de la de la eurozona y el 61% de la alemana en el año 2000 y sigue siendo del 76% de la eurozona y del 63% de la alemana en 2022, según este estudio de CaixaBank Research. Y además, España ocupa el puesto 36 en el ranking mundial de productividad que publica el Foro Económico Mundial (2022) y mide 12 variables, quedando por detrás de 18 paises europeos que se consideran más competitivos: Dinamarca (el 1º de este ranking mundial), Suiza (2º), Suecia (4º), Paises Bajos (6º), Finlandia (8º), Noruega (9º), Irlanda (11º), Luxemburgo (13º), Alemania (15º), Islandia (16º), Austria (20º), Bélgica (21º), Estonia (22º), Reino Unido (23º), República Checa (27º), Francia (28º), Lituania (29º) y Letonia (35º).

¿Por qué somos menos productivos que media Europa y por eso, menos ricos?  Hay una respuesta corta: porque trabajamos menos gente y trabajamos peor, con menos eficacia. En España trabajan el 64,4% (diciembre 2022) de las personas entre 15 y 64 años, frente al 69,8% en la UE-27 y el 76,9% en Alemania o el 81,8% en Paises Bajos. Eso significa que si tuviéramos la tasa de empleo europea, en España deberían trabajar (y producir) 1,7 millones de personas más. Y si fuéramos como Alemania, tendríamos 4 millones de ocupados más. Este bajo nivel de empleo tiene que ver con nuestro modelo económico, basado más en los servicios (turismo y comercio) y menos en la industria, con empresas menos tecnológicas, que exportan menos y productos de bajo valor añadido.

Además de trabajar menos españoles de los que deberíamos, trabajamos “peor”, con menos eficacia y competitividad. Si vemos el mapa de la productividad de Europa, estamos en el 2º nivel de productividad por empleado, muy por debajo de centro Europa y los paises nórdicos (salvo Madrid, País Vasco y Navarra) y que Francia o Alemania, siendo sólo menor la productividad de los paises del Este (salvo República Checa, Eslovenia, Estonia y Lituania, que nos superan). ¿Por qué somos menos productivos? No es culpa de los trabajadores, sino de una serie de problemas estructurales, que resume este estudio de CaixaBank Research.

El primer “hándicap” que reduce la competitividad de España es que tenemos demasiados trabajadores, empresarios y autónomos poco formados, lo que es un problema porque los empleados con más nivel educativo y más cualificados son más productivos. En cuanto a los asalariados, el 30% tienen en España un nivel bajo de formación (y un 21% un nivel medio) frente a sólo el 19% en la eurozona (donde el 42% tienen formación media), según un estudio del Banco de España. Lo mismo pasa con los empresarios españoles: el 32% tienen un nivel educativo bajo (y un 27% medio), frente al 20% en Europa (y el 39,5% medio). Y también los autónomos: 38% con formación baja aquí (y 22% media) frente al 20,5% en Europa (y el 39,5% con nivel medio, casi el doble que en España).

El segundo “hándicap” es el menor tamaño de las empresas españolas (las grandes son más productivas). En España, sólo el 2,11% tienen más de 50 empleados y crean el 35% del empleo total, mientras en Alemania, esas empresas grandes y medianas (rondan el 5%) crean el 66% del empleo total. El problema de fondo es que tenemos demasiadas pequeñas empresas y microempresas (98,89% del total), que producen la mitad por trabajador (32.000) que las grandes (68.000 euros), por lo que deberían fomentarse las fusiones.

El tercer “hándicap”, que frena las mejoras de la productividad es el bajo gasto en innovación y tecnología, tanto a nivel de país (España invierte el 1,3% del PIB en I+D+i frente al 2% la UE, el 2,3% de Francia o el 3,2% en Alemania) como las empresas (había un 21,4% menos de empresas que invertían en tecnología en 2021 que en 2008, sobre todo pymes, y la inversión privada en tecnología supone sólo el 56% de la inversión tecnológica total frente al 66% en Europa, según COTEC). Eso se traduce en que producimos y exportamos productos y servicios con menos valor añadido que los paises punteros de Europa.

Otro “hándicap” clave, que limita nuestra productividad es la menor inversión, tanto pública como privada. Por un lado, la inversión pública se redujo un -60% entre 2010 y 2014, por lo recortes impuestos por Bruselas, lo que ha limitado el gasto en infraestructuras públicas y de transporte, así como el gasto social, factores claves para crecer y competir. Y a pasar de la recuperación posterior y de los Fondos europeos, la inversión pública en España sigue un 55% por debajo a la que teníamos en 2009, según un informe de la Fundación BBVA, que refleja cómo la inversión pública en España (1,94% PIB) es un tercio menor a la europea (3,02%) y la cuarta parte que en Finlandia (4,22%) o Suecia (4,65%). Y la inversión privada de las empresas lleva años muy floja, más tras las subidas de los tipos de interés.

Los expertos añaden otros factores que han frenado la productividad en España: la mayor precariedad del empleo (más contratos temporales y a tiempo parcial), sobre todo antes de la reforma laboral de 2022 (hoy tenemos un 17,26 de asalariados temporales, menos “productivos”, frente al 14,1% en Europa), el exceso de normativas (máxime con 17 autonomías que tienen múltiples competencias) y una gestión empresarial demasiado centrada en el “ordeno y mando”, con poca integración laboral y sindical, junto a un clima laboral deteriorado (“sólo el 30% de los trabajadores están contentos con su trabajo y el 70% están descontentos con su sueldo”, según una Encuesta de Infoempleo Adecco ), que no ayuda a mejorar la productividad en España.

Visto el aumento de la brecha económica (PIB por habitante) entre España y la OCDE, el organismo internacional plantea una prioridad: mejorar la productividad. Y proponen a España 5 medidas: impulsar la competitividad de las empresas (pymes) y regiones más retrasadas, con un PIB por habitante inferior a la media (Andalucía, Canarias, Extremadura, Melilla, Castilla la Mancha y Murcia), proporcionar habilidades laborales y reciclaje a los empleados y parados con menos formación, fomentar la inversión pública (y privada) en infraestructuras y servicios públicos, vivienda, innovación y tecnología, mejorando el acceso de las empresas a la financiación, coordinar mejor la gobernanza entre los distintos niveles de Gobierno (Estado, autonomías y Ayuntamientos) y descentralizar la capacidad estratégica, administrativa y fiscal, para favorecer la igualdad territorial.

En definitiva, España crece (más que otros paises) pero seguimos con un problema de fondo: trabajan menos personas de las que deberían y lo hacen con menos eficacia que en otros paises, lo que provoca que seamos menos productivos, un 85% de la media europea. Y por eso, hay 17 paises europeos que producen más por habitante y  tenemos menos nivel de vida, somos más pobres que la Europa del centro y norte. Un problema que arrastramos desde hace décadas y que ha ido a peor desde el año 2.000, tras tres crisis. Ahora es el momento de afrontarlo, de tomar las medidas necesarias, que nos reitera la OCDE: más formación, fusiones de empresas, más industria, innovación y tecnología, más inversión pública y privada, empleos de calidad y mejor organización del trabajo. Sólo así seremos más productivos, un reto clave del que apenas se habla. Y sólo así viviremos mejor. A ello.