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lunes, 7 de noviembre de 2022

Cumbre del Clima: peligran salud y economía

Esta semana y la próxima se celebra en Egipto la Cumbre del Clima: 196 países intentarán afrontar el Cambio Climático, que ha ido a peor en 2022, con un aumento de las emisiones (también en 2021) y más fenómenos climáticos extremos, con la temperatura subiendo en Europa el doble que en el mundo. Y con los Gobiernos subvencionando el doble a los combustibles fósiles, para atajar la inflación. Un Cambio Climático que no sólo destroza el Planeta: también nuestra salud (mata) y la economía (altos costes).La ONU reitera que urge recortar más drásticamente las emisiones, desde ahora y sin esperar a 2040 o 2050, porque entonces será demasiado tarde. Y piden a los países ricos que ayuden a los países pobres, que sufren más las peores secuelas del Cambio Climático. Pero no se espera que esta Cumbre del Clima, la nº 27 desde 1972, sirva para mucho: los Gobiernos están preocupados por lo inminente, la inflación y la recesión, y el desastre climático les parece “lejano”.

Enrique Ortega

La actual crisis, desatada por la energía y la alta inflación, no debería hacernos olvidar el mayor problema del mundo en este siglo XXI: el Cambio Climático, donde nos jugamos el futuro del Planeta y de la especie humana. Porque mientras nos preocupa el precio de la luz y del carro de la compra o la hipoteca, el deterioro del medio ambiente ha ido a más, en 2021 y 2022, con un aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero y un aumento de la temperatura y de los fenómenos climáticos extremos (olas de calor, inundaciones, huracanes, sequías e incendios). Y mientras, los Gobiernos se han dedicado a aprobar ayudas públicas contra la inflación que han agravado el consumo de los combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón), dando un paso atrás en la lucha contra el Cambio Climático.

De hecho, 2021 y 2022 suponen un retroceso en las políticas climáticas, tras el “espejismo” de 2020, cuando la pandemia redujo el consumo de energía y las emisiones de gases de efecto invernadero (-5,4%), por primera vez desde 2015. Ya en 2021, la recuperación de las economías provocó un aumento de las emisiones del +6%, la mayor subida desde 2010, según la Agencia Internacional de la Energía (AIE). Y este año 2022, las emisiones siguen subiendo, aunque algo menos, por el menor crecimiento mundial provocado por la inflación, la energía y la guerra de Ucrania: hasta finales de septiembre, las emisiones habían crecido un +2% en el mundo, un +3,3% en EEUU , un +4,2% en Europa (+3,2% en Alemania, +4,3% en Francia, +7,5% en Italia y +11,6% en España), un +7,7% en India, un +3,1% en Japón y un +0,1% en Rusia, bajando sólo en China (-1,7%) y Brasil (-12,6%), según Carbón Monitor. Y la previsión de la AIE es que las emisiones crezcan este año el +1%, gracias al efecto positivo de las energías renovables y el coche eléctrico.

Así que el mundo, en lugar de recortar emisiones las aumentó en 2021 y 2022. Y ahora, en 2023, la “esperanza” es que se estabilicen o incluso bajen algo, gracias a que las economías entren en recesión o apenas crezcan, por la inflación, la energía y la subida de tipos. Pero eso no sirve, porque la lucha contra el Cambio Climático exige recortes drásticos de emisiones, a ser posible antes de 2050, según los expertos de la ONU. Y porque las emisiones de las últimas tres décadas ya han provocado una concentración récord de gases de efecto invernadero en la atmósfera: en mayo y junio de 2022 se alcanzaron las 421 partes por millón de CO2 en el Observatorio de Mauna Loa (Hawái), 18 ppm más que en 2021 y la mayor concentración vista en millones de años.

Este aumento de emisiones y la histórica concentración de CO2 siguen provocando un aumento de la temperatura de la atmósfera (+1,15 grados sobre el siglo XIX), un aumento del deshielo de los glaciares, una subida del nivel del mar (+20 centímetros entre 1901 y 2018), una pérdida de especies y biodiversidad y un agravamiento de los fenómenos climáticos extremos en 2022: inundaciones en gran parte de Pakistán y sur de Asia, sequía en el cuerno de África, inundaciones y altas temperaturas en India, gigantescos huracanes y un calor extremo en el hemisferio norte, con incendios devastadores.

Los tremendos efectos negativos del Cambio Climático se estaban notando más en Asia, África y Latinoamérica, pero este año los ha sufrido también Europa: ha padecido el verano más caluroso desde 1880 y es  la región del Planeta donde ha subido más rápido la temperatura, el doble que la media mundial en las últimas 3 décadas (+0,5 grados por década), según la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y Copernicus. Eso ha provocado olas de calor (42 días en España), inundaciones, sequías e incendios, fenómenos de una intensidad nunca vista antes, que han afectado a millones de europeos, provocando miles de muertes y daños por valor de 50.000 millones de euros. Y la OMM alerta de que estos fenómenos extremos se van a agravar en el futuro en Europa (y en todo el mundo), con un aumento de precipitaciones en el norte, menores lluvias en el Mediterráneo, más problemas para el transporte y el turismo, más muertes por olas de calor y contaminación y un aumento de las alergias en Europa (incluida el asma grave), en adultos y niños.

A nivel global, los expertos del IPPC (ONU) llevan años advirtiendo de las consecuencias evidentes del Cambio Climático, agravadas por el aumento de las emisiones: aumento de la temperatura del Planeta (ya ha subido +1,1 grados y, si no se toman medidas, aumentará hasta +4,4 grados a fin de siglo, lo que provocaría el caos ecológico, económico y vital: el límite debería estar entre +1,5 y +2 grados en 2100), deshielo de los polos y glaciares, aumento temperatura del mar, destrucción de especies y biodiversidad, fenómenos climáticos extremos (sequías, olas de calor,  inundaciones, huracanes), que destruirán cosechas y provocarán migraciones climáticas… Y más recientemente, otros estudios inciden en los graves efectos del Cambio Climático sobre la salud y la economía.

“El Cambio Climático nos está matando”, dijo el secretario general de la ONU, a finales de octubre, como resumen del estudio realizado por 99 expertos mundiales y publicado en la revista The Lancet. Analizan 40 indicadores de salud y concluyen que el Cambio Climático empeora las dolencias cardiovasculares y respiratorias (1,3 millones de muertes en 2020 por la contaminación atmosférica, 117.000 en Europa), así como las alergias, enfermedades infecciosas (malaria) y el riesgo de enfermedades zoonóticas (de transmisión entre animales y humanos, como el COVID 19), aumentando las muertes relacionadas con olas de calor, problemas mentales e inseguridad alimentaria. El estudio destaca que el Cambio Climático afecta más a la salud de los mayores, niños y las personas más vulnerables de los países pobres, que sufren más la sequía, el hambre y el clima extremo.

El Cambio Climático no sólo daña la salud del mundo, también las economías, desde las viviendas, infraestructuras o bosques y cosechas destruidas a las empresas y familias afectadas año tras año. Sólo en Europa, las pérdidas económicas ligadas al clima se estimaron en 12.885 millones de euros en 2020, según Eurostat, con un balance de 145.000 millones de euros perdidos en la última década (2010-2020). Una pérdida anual de 27 euros por habitante (2020), que es mayor en Grecia (91 euros), Francia (62), Irlanda (42,2) o Italia (41,5) y menor en Alemania (20,73 euros), España (13,88 euros), Portugal (8,55), Austria (7,93) o Suecia (6,07 euros perdidos por habitante). Y además de las pérdidas por fenómenos climáticos extremos, el Cambio Climático pone en riesgo el suministro de energía, porque el 15% de las centrales nucleares y un tercio de las centrales térmicas  (que necesitan agua para refrigerarse) están situadas en zonas de “estrés hídrico”, según la OMM, lo que pone en riesgo el suministro futuro de electricidad, en Europa y en medio mundo.

Vistas las graves consecuencias de las emisiones de gases de efecto invernadero y del Cambio Climático, parecería lógico que combatirlo fuera la gran prioridad de todos los países en este siglo XXI. Pero por desgracia, no es así. En la Cumbre del Clima de París, de 1985, se marcó una “hoja de ruta”, para conseguir cero emisiones netas en 2050 y evitar así que la temperatura de la Tierra subiera más de 2 grados en 2010 (y mejor, no más de +1,5 grados). Pero en los años sucesivos, los expertos de la ONU han visto que el Cambio Climático se acelera y los recortes prometidos por los 196 países son insuficientes y se retrasan, a partir de 2030 o 2040. Ya el año pasado, en la Cumbre del Clima de Glasgow, lanzaron la alerta: hay que acelerar los recortes de emisiones, hacerlos más drásticos: reducir entre el -22% y el -50% las emisiones para 2030, según los países.

Ahora, en la antesala de la Cumbre de Egipto, los expertos de la ONU vuelven a lanzar otra alerta al mundo: en 2022, sólo 24 de los 193 países que firmaron el Acuerdo de París han revisado sus planes (entre ellos China) de reducción de emisiones para 2030 y en conjunto, los recortes son insuficientes: plantean una reducción de emisiones del -7% para 2030, muy lejos del recorte del -43% (sobre 2019) que propone la ONU (IPPC). Con estos Planes de los países, la temperatura del Planeta crecería +3 grados para finales de siglo, el doble del objetivo de París, un aumento inasumible, que colocaría al mundo en una gravísima situación climática, según la ONU, que reitera: los recortes hay que hacerlos ahora, en esta década, porque dejarlos para 2040 o 2050 sería demasiado tarde.

Así que el primer gran objetivo de esta Cumbre de Egipto es que los países se comprometan a mayores recortes de emisiones para 2030, algo difícil en un momento donde la mayoría están subvencionando la producción de electricidad , la industria y  el transporte con gas, petróleo y hasta carbón (China y algunos países europeos). Europa (7,7% de las emisiones mundiales) lidera los recortes, tras comprometerse en 2020 a recortar sus emisiones un -55% para 2030. El problema es que los grandes emisores de CO2 no apuestan por recortes similares: China (30,5% emisiones mundiales) se propone alcanzar el pico de sus emisiones en 2030 y retrasar la neutralidad climática hasta 2060, mientras EEUU (2º mayor emisor mundial, con el 14%) se compromete a reducir sus emisiones un -50% para 2030 (con problemas de Biden con los republicanos) e India (tercer emisor mundial: 7,4% emisiones) ha aumentado su recorte al -45% (ojo: sobre 2005). Rusia (4,7% emisiones totales) también retrasa el objetivo de emisiones cero para 2060 y Japón (el 5º país más contaminante: 3% emisiones mundiales) ha prometido reducir sus emisiones un -46% para 2030.

El segundo gran objetivo de esta Cumbre del Clima es que los países aumenten sus inversiones en la transición energética, retrasadas tras la doble crisis de la pandemia (2020-21) y la inflación (2021-22). El mundo debería dedicar 9,2 billones de dólares anuales a la transición energética y dedica 5,7 billones (dos tercios), según un informe de McKinsey. Los expertos de la ONU y de la OCDE reiteran que la primera medida debería ser reducir las enormes ayudas que dan los países a las energías fósiles y destinarlas a promover las energías renovables. Los datos son escalofriantes: en 2021, las subvenciones de 51 países a los combustibles fósiles fueron de 697.200 millones de dólares, el doble de ayudas que en 2020 (362.400 millones), según la OCDE y la AEI. Y este año 2022, con los Gobiernos subvencionando el gas, la electricidad y los carburantes, las ayudas se dispararán. Dinero público que alimenta las emisiones y el Cambio Climático, un suicidio…

El tercer gran objetivo de esta Cumbre de Egipto, el más “vistoso” para la ONU, es lograr que los países ricos ayuden más a la transición energética de los países pobres. En el Acuerdo de París (2015) se pactó un Fondo de 100.000 millones de dólares a partir de 2020. Pero los países ricos han incumplido su compromiso, por partida doble: en 2020 sólo aportaron 83.300 millones y la mayoría de estos fondos fueron préstamos que los países pobres han de devolver (sólo un 21% fueron subsidios a fondo perdido). Y además, dos tercios de estos fondos fueron a reducir las emisiones en esos países y sólo un tercio del dinero occidental (29.000 millones en 2020) se destinó a paliar los daños del Cambio Climático. Ahora, la ONU pide que haya más recursos en este Fondo (entre 160.000 y 340.000 millones al año hasta 2030) y que la mitad de ese dinero se destine a paliar las consecuencias más graves del Cambio Climático, que afectan sobre todo a 10 países de África, Latinoamérica y Asia (Somalia, Haití, Yibuti, Kenia, Níger, Afganistán, Guatemala, Madagascar, Burkina Faso y Zimbabue, según Intermón Oxfam).” Dinero para salvar millones de vidas de la carnicería climática”, ha dicho muy gráficamente Antonio Guterres desde la ONU.

Esta Cumbre de Egipto es la Cumbre Climática nº 27 celebrada hasta ahora (la primera se realizó en Estocolmo en 1972 y la siguiente en Río en 1992), un largo proceso con muchas buenas intenciones y pocos avances concretos. Todo apunta a que este año, con la crisis de la inflación y la amenaza de recesión mundial, el Cambio Climático no será la prioridad y habrá que esperar a mejores tiempos para hacer recortes más drásticos de emisiones y multiplicar las inversiones. El problema es que cuanto más se tarde, peor clima y más costes, económicos  y humanos. Y se acaba el tiempo para actuar. Nos jugamos la vida y el Planeta.

jueves, 17 de mayo de 2018

Más emisiones de CO2 en España (y en la UE)


Rajoy apoyó el Acuerdo de París contra el Cambio Climático, firmado en 2016, pero en 2017, España fue el 4º país europeo que más aumentó las emisiones de CO2, un 7,4%. Lo peor es que todo el mundo las aumentó (menos: un 1,4%) y también otros 19 países europeos, tras tres años de contenerlas o bajarlas.”Estamos perdiendo la batalla contra el Cambio Climático”, advirtió el presidente Macron en diciembre. Y esto sucede cuando el CO2 en la atmósfera ha vuelto a batir otro récord histórico y el clima está descontrolado. Europa ha bajado algo la guardia y este 2018 aprobará (dividida) su estrategia futura, mientras EEUU ha tirado la toalla con Trump y China avanza despacio. España debe aprobar este año una Ley de Cambio Climático que será polémica, por el cierre de las centrales de carbón y nucleares (que el Gobierno quiere retrasar) y porque hace falta subir impuestos (carburantes y empresas) y gastar más para lograr una economía más limpia. No podemos seguir contaminando así. 

enrique ortega

Los humanos seguimos contaminando el Planeta. En octubre de 2017, la Agencia Meteorológica Mundial (OMM) lanzó su última alerta: la concentración de CO2 en la atmósfera (el gas responsable del 80% del efecto invernadero) alcanzó las 403,3 partes por millón (ppm), superando otra vez la barrera de los 400 ppm, que se superó por primera vez en 2015. Un nivel de CO2 que multiplica por 1,43 los niveles preindustriales (anteriores a 1.750). Y aunque no hay datos recientes, todo apunta a que han crecido también otras emisiones provocadas básicamente  por el hombre (61%) de metano (12% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero), oxido nitroso N02 (5% emisiones) y gases fluorados (3% de los GEI). Unas emisiones que provocan un “efecto paraguas” (invernadero) y aumentan la temperatura del Planeta así como los fenómenos climáticos extremos (sequías, inundaciones, etc.).

Lo preocupante es que la cantidad de CO2 en la atmósfera sigue creciendo a pesar de que las emisiones mundiales de CO2 se han estancado en los últimos tres años, en 2014 (+0,7%), 2015 (+0,06%) y 2016 (+0,6%), porque también juegan otros factores climáticos (como el Niño). Por eso, los expertos temen que se hayan disparado los niveles de CO2 en la atmósfera, dado que en 2017 las emisiones subieron a nivel mundial un 1,4%, según la Agencia Internacional de la Energía,  tras tres años de estancamiento. Las emisiones repuntaron en 2017 porque se disparó el consumo de energía (creció un 2,1%, el doble que en 2016)  y aumentó mucho el consumo de petróleo (por sus bajos precios en 2017 y el tirón del transporte), del gas y sobre todo del carbón (para generar electricidad, más en Asia). Precisamente, las economías asiáticas fueron culpables de dos tercios del aumento de emisiones de CO2, más por India (emisiones subieron 2%) y el sudeste asiático que por China (aumentó sus emisiones un 1,7%). Y subieron las emisiones en Europa (+1,5%), aunque bajaron en EEUU (-0,5%, por mayor consumo de gas), Japón y Reino Unido.

Lo más llamativo es que las emisiones de CO2 hayan subido durante 2017 en Europa, un 1,8% de media, según los últimos datos de Eurostat, tras haberse reducido los años anteriores. Y no es un hecho aislado, sino que suben en 20 países europeos, encabezados por Malta (+12,8%), Estonia (11,3%), Bulgaria (+8,3%) y España (+7,4%), la mayor subida de las emisiones de CO2 de la última década, tras haber caído las emisiones de 2009 a 2016 (por la crisis), con la única excepción de 2015 (subieron un 3,5%). Sólo se redujeron las emisiones de CO2 en 7 países europeos: Finlandia (-5,9%), Dinamarca (-5,8%), Reino Unido (-3,2%), Irlanda (-2,9%), Bélgica (-2,4%), Letonia (-0,7%) y Alemania (-0,2%).

El aumento de las emisiones de CO2 en España está muy vinculado a la generación de electricidad y a un mayor consumo de energía en la industria y los transportes. La falta de lluvias en 2017 provocó un menor aporte de la energía hidroeléctrica (7% de la generación eléctrica frente al 14% en 2016, según REE) y de la energía eólica y solar, con lo que las renovables han perdido mucho peso para generar la luz: del 40,8% en 2016 al 33,3% en 2017. Y ese hueco lo han rellenado el carbón (que aportó el 17% de la luz, frente al 13,9% en 2016) y las centrales de gas (del 10,2 al 13,9% en 2017), que también emiten CO2 aunque menos que el carbón. El verdadero problema de las emisiones está en las 15 centrales térmicas de carbón, que generaron ellas solas 46 millones de toneladas de CO2, el 19% de todas las emisiones que se hacen en España, encabezadas por la central de Aboño en Asturias, de EDP (8,2 millones Tm CO2), As Pontes en A Coruña, de Endesa (8,1 millones Tm) y Litoral en Almería, también de Endesa (7 millones Tm CO2). Baste decir que de las 10 instalaciones que más CO2 emitieron en 2017 (responsables de dos tercios de las emisiones industriales totales), 8 eran centrales térmicas de carbón.

¿Quién emite CO2 en España? El principal “culpable” es el sector de los transportes (27% de las emisiones totales), según el balance 2016 del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (MAPAMA), debido sobre todo al gran peso de los camiones en el transporte y a la aviación. Le sigue la generación eléctrica (con el 18%) y la industria y los procesos industriales (23%, más un 4% del refino): las emisiones de las 1.184 industrias españolas sometidas al sistema europeo de derechos de CO2 fueron de 144,44 millones de Tm de CO2  (el 40% de las emisiones totales) y aumentaron un 10,44% en 2017, según la Comisión Europea. Las que más subieron fueron las emisiones de la industria eléctrica (+18,97%) y poco las del resto de industrias (+0,9%), destacando los aumentos de emisiones de la aviación (+13,20%), la cal (+8,2%) y la cerámica y azulejos (+7,9%), aunque las industrias que más contaminan son las eléctricas, cementeras, refinerías y siderúrgicas.

Tras el transporte (27%), las eléctricas y la industria (45% de las emisiones CO2), el tercer gran emisor en España es el sector residencial, básicamente las viviendas, el comercio y los servicios (13% de las emisiones), destacándose la importancia creciente de las emisiones ligadas al turismo, que podría emitir cuatro veces más CO2 del que se pensaba (hasta el 8% de las emisiones totales), desde el viaje en avión al transporte y las emisiones en las vacaciones, algo que debería preocupar especialmente a un país como España, que recibe 83 millones de turistas al año. Y en cuarto lugar están las emisiones de la agricultura y la ganadería (el 11% del total), dos tercios ligadas a la ganadería y a la mucha carne que comemos: producir 1 kilo de cordero supone 10.629 gramos de CO2 equivalente, frente a sólo 140 gramos de CO2 por kilo de naranjas o 299 gramos por kilo de tomates. Y el resto de emisiones (4%) proceden de la gestión de residuos (basuras).

Este aumento de las emisiones de CO2 en 2017, en España y en el mundo, pone en peligro los objetivos del Acuerdo de París (2015), firmado por 195 países, que pretende recortar (a partir de 2020) las emisiones de CO2 entre el 20% y el 30% para 2030, con el objetivo de que la temperatura de la Tierra suba a finales de siglo entre 1,5 y 2 grados, no los 3 o 4 grados que subiría si no se hiciera nada (lo que destrozaría en Planeta). Pero hoy, casi dos años y medio después, el mundo ha avanzado poco en medidas concretas para asegurar esos recortes. Y la retirada de EEUU ha dinamitado la recaudación del Fondo verde previsto de 100.000 millones de dólares anuales para ayudar a la reconversión energética de los países en desarrollo. “Estamos perdiendo la batalla contra el Cambio Climático”, reconoció el presidente Macron en una cumbre especial que convocó en París en diciembre pasado.

Un hecho que preocupa, además de la retirada de EEUU del Acuerdo de París, es que Europa, la abanderada mundial contra el Cambio Climático, ha rebajado sus planteamientos, debido sobre todo a  Alemania, muy presionada por su poderosa industria del automóvil (pro-diesel) y por el carbón: de las 10 industrias europeas que emiten más CO2, 7 son centrales de carbón de  Alemania (y las otras tres de Polonia y Bulgaria). Precisamente, los países del Este son otro frente que frena los recortes más drásticos de emisiones. Este año 2018, el Consejo Europeo debe aprobar los objetivos para cumplir la Cumbre de París y todo apunta a que serán menos ambiciosos de lo que muchos piden: un 20% de renovables para 2020 y un 27% para 2030 (la Comisión Europea defendía el 30% y la Eurocámara el 35%). Además se podría retrasar el cierre de las centrales de carbón, hasta 2025 o incluso 2030.

España está a la espera de que se aprueben estas directrices europeas, pero trabaja en una Ley de Cambio Climático que Rajoy ha prometido para este año. De momento, se creó una Comisión de 14 expertos, nombrados por el Gobierno (4), partidos (7) y fuerzas sociales (3), que el 2 de abril presentó su informe sobre el escenario energético que debería haber en España en 2030: quedaría una sola central de carbón frente a las 15 actuales, se prorrogaría la vida de las 5 nucleares y aumentaría el peso del gas y las energías renovables, sobre todo la energía solar fotovoltaica (se multiplicaría por 10). Con este escenario, las renovables aportarían en 2030 el 62% de la electricidad (ha sido el 33,3% en 2017) y el 29,7% de toda la energía consumida (el 27% va a ser el objetivo de Europa). Y además, los expertos proponen un impuesto específico al CO2 y gases contaminantes (en sustitución de los actuales impuestos a los hidrocarburos y la electricidad) y subir los impuestos al diesel (+28%) y a la gasolina (+10%), así como el IVA de los carburantes (+1/1,3%). Con más renovables y más ingresos fiscales, los expertos creen que se podría aligerar la factura de la luz y bajarla un 6,8%.

A partir del informe, el Gobierno tiene que aprobar y mandar al Parlamento un proyecto de Ley de Cambio Climático, aunque también podría esperar a ver qué aprueba Europa. El problema luego es consensuar las medidas a aprobar, porque las posturas están muy distanciadas. Los temas más polémicos son dos: las centrales de carbón y las nucleares. El Gobierno Rajoy quiere retrasar el cierre de las 15 centrales de carbón, mientras PSOE y Podemos quieren cerrarlas para 2025. Y sobre las 5 nucleares, el PSOE plantea que se cierren en 2028, cuando la última cumpla 40 años de vida, mientras el Gobierno Rajoy plantea prorrogar su funcionamiento 10 años más, argumentando el ministro Nadal que si no “la luz subiría un 25%”. Una falacia, porque algunos estudios señalan que el efecto del cierre sería de una subida de la luz de 8 a 11 euros anuales por hogar (un 2/3%). Y muchos reiteran que aunque las nucleares no emiten CO2, tienen riesgos y serios problemas con sus residuos.

La clave de futuro son las energías renovales, por las que habría que apostar al máximo para reducir las emisiones de CO2, máxime cuando su avanzada tecnología ya permite que sean muy eficientes, con unos costes de generación casi nulos. Pero para ello hace falta un sistema de subastas más transparente, con ayudas e inversiones no con recortes como ha hecho el Gobierno Rajoy desde 2012. Y también apoyar la autogeneración, suprimiendo el llamado “impuesto al sol”, como defiende el Comité de expertos.

Hay que reducir las emisiones de CO2 y la clave está en la producción de electricidad, las industrias y el transporte. En el sector eléctrico, la clave es recortar el uso del carbón, el fuel y el gas, reducir el peso de las nucleares y compensarlo con más renovables, más autoconsumo, más ahorro y más importaciones (el 5% de la luz y podría ser el 10%). En las industrias, implantar una estrategia de palo (cobrar más por cada Tm emitida: se pagan 13 euros y debería ser más de 20, como en Reino Unido) y zanahoria (ayudas a la reconversión eléctrica), centrada en las 10 empresas que son responsables del 25% de emisiones de CO2 de España, según el Observatorio de la Sostenibilidad: Endesa, Gas Natural, Repsol, EDP, Arcelor Mittal, Cepsa, Iberdrola, Viesgo, Cementos Portland y Cemex.

Y en el transporte, el sector más contaminante, urge subir los impuestos a los carburantes (sobre todo al diésel, que paga un 23% menos de impuesto que la gasolina), encarecer la matriculación de los vehículos contaminantes (el 80% de los coches diésel acaban no pagando este impuesto) y un Plan para reducir el peso de los camiones (reciben incluso 306 millones  de subvención por el gasóleo que consumen) en favor del ferrocarril y el transporte marítimo. Sin olvidar otros Planes específicos para reducir las emisiones del turismo, las viviendas (con ayudas al cambio de calefacciones y aislamiento de edificios) y en la alimentación, para reducir el consumo de carne y productos lácteos, que generan importantes emisiones de la ganadería industrial.

Todo ello exige decisión política, hacer pagar los costes a quien contamina y, sobre todo, inversiones cuantiosas, para reconvertir una economía “enganchada al petróleo y al carbón” en una economía más limpia. Eso exige invertir unos 10.000 millones de euros al año de aquí a 2050, según un estudio de la consultora Deloitte. Una buena parte de este dinero tendrá que salir de los impuestos medioambientales y en algunos casos, de los consumidores, que tendremos que pagar más (al principio) por una energía más limpia. Pero si no se toman medidas, los costes del Cambio Climático serían mucho mayores. Y no olvidemos que, según todos los expertos, el Cambio Climático afecta más a España que al resto de Europa.

Estamos ante uno de los grandes problemas de este siglo y más en España, uno de los cinco únicos países de Europa (junto a Chipre, Irlanda, Austria y Portugal) que ha aumentado sus emisiones de CO2 entre 1990 y 2017. Así que tenemos que “ponernos las pilas”, con decisiones razonables y no políticas, forzando la resistencia de los contaminadores. Nos jugamos mucho: el futuro de nuestros hijos y nietos, incluso el futuro del Planeta.