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jueves, 7 de mayo de 2020

Compras y ocio en tiempos del coronavirus


Hoy llevamos ya 54 días de confinamiento, aunque los “alivios” del fin de semana han llenado las calles de gente (Ojo: ¡el coronavirus sigue ahí!). Pero hasta el 2 de mayo, la cuarentena ha sido dura y ha cambiado radicalmente nuestro comportamiento, desde lo que comemos a lo que compramos, pasando por cómo trabajamos o estudiamos. Y sobre todo nuestro ocio, cómo nos entretenemos, hiperconectados a Internet y a la TV de pago. Ahora somos más dependientes de Amazon o Netflix, de las videoconferencias o las redes sociales y hemos  dando un gran salto en el manejo de las herramientas de Internet. Pero este gran “avance a la fuerza” en el mundo digital, para compras, trabajo, enseñanza y ocio, no puede hacernos olvidar que tenemos una revolución digital pendiente, para que empresas y administraciones inviertan más en teletrabajo, enseñanza a distancia y venta online, donde estamos retrasados respecto a Europa. Internet nos está salvando en esta cuarentena, pero debe ser una herramienta clave para la reconstrucción y el futuro.

enrique ortega

La primera reacción de los españoles ante el confinamiento, en los días previos al 14 de marzo, fue “asaltar” los supermercados. Que no nos falte comida… Y es que en la cuarentena, todos comemos más. Lo dicen los datos del Ministerio de Agricultura: en la última semana de abril, los españoles consumimos en alimentación un 50,6% más que un año antes. Y en el confinamiento, los alimentos han subido del 17 al 21% de la cesta de la compra, según Deloitte. La venta de comida y bebida ha subido semana a semana, más del 10% cada una, porque ahora consumimos en casa lo que antes comíamos y bebíamos en bares, restaurantes, colegios o trabajos.


El primer efecto de esta mayor demanda ha sido, como era esperable, una subida de precios de los alimentos durante el estado de alarma. El IPC de abril lo dejó claro: los alimentos subieron un +4% (+2,5% en marzo), especialmente los alimentos frescos, cuyo precio medio subió un +6,9% (frente al +4,2% en marzo), según el rastreo de precios del INE. Y los datos del Observatoriode la Cadena Alimentaria son más detallados sobre la subida de algunos alimentos entre la semana del 9 al 15 de marzo y la del 20 al 26 de abril: +94,8% subieron las naranjas, +43,1% los plátanos, +133,5% las cebollas y +83,5% las patatas, mientras bajaban las fresas (-27,1%), judías verdes (-23%), las carnes (-4,4% el vacuno, -13,5% el cordero,-7,6% el cerdo y -18,3% el pollo) y los huevos (-2,3%), manteniéndose estable el precio de la leche. O sea, que lo que más subió fue las frutas y verduras, aunque no se beneficiara el campo sino los intermediarios y supermercados.


Precisamente, los supermercados han sido uno de los negocios más beneficiados por el confinamiento, porque sus ventas han crecido semana a semana, viéndose obligados a aumentar plantillas, al igual que las cadenas de logística y transporte. Mercadona, que ya vendía el 25% de toda la alimentación en España, ha aumentado su cuota y aumentó sus ventas un 14% en marzo, aunque dice que sus beneficios cayeron un 95%, debido a que les subieron los costes (100 millones, un 25% más, por el refuerzo de la seguridad, la contratación de empleados y el pago de una extra a la plantilla). La patronal del sector cree que esto mismo le ha pasado al resto de supermercados: han vendido mucho más, pero con más costes. Lo que no dicen es que, con la cuarentena, no han tenido que hacer “ofertas” y han vendido muchos artículos “de capricho”, factores que les suben los márgenes.


Con todo, el gran reto de los supermercados ha sido la venta online, un reto conseguido sólo a medias, porque todos se han visto superados (a pesar de que han multiplicado sus esfuerzos logísticos), debido a que 1 millón de hogares confinados han llenado sus neveras por Internet, según Nielsen, algo impensable antes de la cuarentena. Y las ventas online de alimentos han crecido un +86,6% desde el inicio del confinamiento. En general, los más preparados antes, como Carrefour, han respondido mejor, pero tanto Día como Alcampo o el Corte Inglés se han visto superados y sus clientes han tenido mil problemas para hacer los pedidos. Y Mercadona ha confirmado su incapacidad para la venta online: primero la suspendió fuera de Valencia o Barcelona y cuando la abrió en el centro de Madrid, se colapsó. Pero, a pesar de todo, se ha dado un salto impensable en la venta online de alimentos y todo hace pensar que este canal duplicará sus ventas de antes cuando acabe el confinamiento.


Lo que ha hundido el confinamiento ha sido al resto de tiendas físicas, desde el pequeño comercio a los grandes centros comerciales. Sólo las ventas del comercio minorista cayeron un 14,3% en marzo, una caída histórica que interrumpió la racha de 17 meses seguidos de aumento de ventas, según la estadística del INE. Y también cayó el empleo, un -0,4%, tras 7 meses seguidos de subida de la ocupación. Y los datos de abril serán aún peores, con lo que peligra el futuro del pequeño comercio, unas 900.000 tiendas que dan empleo a 3,3 millones de españoles, el 20% ahora en peligro, según el sector. Sólo algunas tiendas de alimentación de barrio y algunos mercados han capeado el temporal, a golpe de imaginación y multiplicando las entregas a domicilio, sobre todo a mayores vulnerables. Ahora, todos esperan a que el inicio de la desescalada les permita al menos sobrevivir.


Con este panorama, la alternativa a las compras en el confinamiento ha sido Internet, las compras online. No hay todavía datos oficiales, pero múltiples estimaciones señalan que las ventas por Internet han podido crecer más de un 20% durante el confinamiento, más en marzo (+55%) que en abril (+24%) y mayo (+15%). Lo que más se ha comprado, además de comida (+20%) han sido material informático relacionado con el teletrabajo y la enseñanza (tablets, ordenadores, webcams, ratones, impresoras, discos duros), junto a móviles, videojuegos, material escolar,  ropa y calzado de niños, material deportivo (las bicicletas estáticas y cintas para correr se agotaron al principio), tintes, libros, discos, robots de cocina y pequeños electrodomésticos, puzles y juegos de mesa, sin olvidar muebles, material de bricolaje y jardinería. Compras unas necesarias y otras menos, para sobrellevar la cuarentena y ocupar tantas horas de tiempo libre.


El resultado es que las empresas de mensajería y los particulares que trabajan llevando envíos de Amazon no han parado. “Es como si fuera Black Friday cada día”, comentaban, recordando que “se jugaban la salud” para repartir muchas cosas innecesarias (por eso, el Gobierno francés prohibió muchas ventas de Amazon, que terminó cerrando).La empresa que ha acabado ganando en esta pandemia ha sido Amazon, cuyas ventas en España han podido crecer un +30%, según CCOO. Y alrededor de esta multinacional, muchas empresas han querido hacer su agosto con el confinamiento, disparando los precios (no sólo de las mascarillas). Tanto es así que Amazon España reconoce que ha bloqueado a 6.000 vendedores, por haber subido injustificadamente 500.000 productos… Otros que se han aprovechado de la enorme demanda y la falta de empleo han sido Glovo, que además de hacer un ERTE al 38% de la plantilla, han reducido lo que pagan a los “riders” que siguen repartiendo, de 2,50 a 1,20 euros por entrega…


El “consumismo online” durante la cuarentena ha hecho que el “e-commerce” avance en 2 meses como en 2 años en España, un país que estaba más atrasado que otros en compras online. En 2019, España era el 10º país por la cola en compras online en Europa, tras Italia, Grecia, Chipre, Portugal y 5 paises del Este, según los datos de Eurostat: sólo un 58% de los españoles había comprado por Internet en el último año, frente al 60% en la UE-28, el 87% en Reino Unido, el 84% en Dinamarca, el 82% en Suecia, el 81% en Holanda, el 79% en Alemania, el 70% en Francia, el 67% en Irlanda, el 38% en Italia o el 39% en Portugal y Grecia. Un retraso importante, aunque en facturación, en compras totales, España es el 4º mercado europeo en comercio electrónico (tras Reino Unido, Alemania y Francia), con una estimación de ventas online de 39.243 millones de euros en 2019, según eMarketer. Ahora, tras estos dos meses de confinamiento, las ventas online se dispararán en España, porque ya hemos probado todos a comprar y muchas nuevas empresas se han lanzado a vender online.


Pero, sin duda, la gran revelación del confinamiento ha sido la múltiple eficacia de Internet, la principal herramienta que nos ha permitido sobrevivir a la cuarentena, estar conectados, estudiar, trabajar y entretenernos, además de comprar. Sólo en la primera semana de confinamiento, el tráfico en Internet aumentó un 80%. Y en la segunda semana del estado de alarma, los españoles estuvimos 79 horas conectados a Internet (casi la mitad del día), según un informe de Nielsen y Dynata. No podemos ni imaginar cómo hubiera sido afrontar esta pandemia sin Internet, hace sólo tres décadas. Porque la Red (y las empresas de telecomunicaciones, que han conseguido que las conexiones funcionen: les doy aquí un aplauso virtual, por su imprescindible trabajo) nos ha permitido sobrevivir mejor a la pandemia: estar conectados al mundo y a nuestros seres queridos, “verles” en las videoconferencias (su utilización se ha disparado), informarnos (y “mal informarnos” en las redes, con memes y bulos), teletrabajar (aunque con muchas limitaciones), seguir las clases virtuales con bastante aprovechamiento, comprar y entretenernos online.


Quizás uno de los grandes protagonistas de este confinamiento sea el ocio online, sobre todo el tremendo aumento de la TV de pago por Internet, en especial Netflix. Los datos son muy elocuentes: la TV de pago llega a más de 10 millones de hogares españoles, por primera vez, y la ven ya más de la mitad de los mayores de 14 años (el 53,8%), según el análisis de Barlovento TV a partir de la primera oleada del EGM de 2020. Y si las operadoras de telefonía, las telecos, ya tenían un importante volumen de clientes que veían  la TV de pago (6,13 millones de hogares), el gran salto con la cuarentena se ha dado en la TV de pago por Internet, en los que pagan un acceso a  películas y series por Internet (Smart TV), que ya son 7 millones de hogares y 16.395.000 personas en España. Y muchas familias y españoles tienen los dos servicios, la TV de su teleco y otra que paga aparte. El gran salto con este confinamiento lo ha dado Netflix, que tiene ya 14,1 millones de clientes en España.


Como puede verse, el confinamiento nos ha hecho comprar más online, trabajar y estudiar por Internet como nunca antes y, sobre todo, estar más conectados a la Red, más enganchados que antes a WhatsApp, video llamadas, redes sociales, series y películas. Y sobre todo, muchos de nosotros (niños, jóvenes y mayores, pero también empresas y colegios) hemos aprendido a usar herramientas de Internet que desconocíamos. Ha sido “un curso acelerado” de digitalización. Pero también nos ha servido para comprobar que estamos muy retrasados en el modelo digital (ver Blog de marzo), que nuestras empresas tienen mucho que mejorar (para vender online y desarrollar el teletrabajo), igual que nuestros colegios y Universidades (que tendrán que seguir enseñando online el próximo curso, hasta que haya una vacuna), igual que nosotros mismos, como tele trabajadores potenciales o por simple ocio. Estamos todavía poco formados digitalmente y poco preparados como país para le revolución digital que viene y que la pandemia nos ha hecho comprender de repente.


Es otra de las grandes enseñanzas de esta pandemia: Internet tiene un enorme potencial y debe ser una herramienta clave para la reconstrucción de la economía, con más inversión en formación y en la reconversión digital de nuestras empresas. Y en la nuestra. Si algo positivo ha tenido el coronavirus es que nos ha enseñado la importancia de estar conectados, la gran potencialidad del comercio online, el teletrabajo, la enseñanza a distancia, las relaciones virtuales y el entretenimiento online. Cómo Internet puede ayudarnos a cambiar y mejorar nuestras vidas, si invertimos en digitalización, innovación y formación. Saldremos de esta pesadilla “más digitales”, pero tenemos que aprovecharlo para reconstruir el país y afrontar mejor un futuro que será digital.

jueves, 30 de mayo de 2019

España: gran retraso digital con Europa


Creemos que todos estamos “enganchados” a Internet y que España es un país muy digital. Pero no: casi 4,5 millones de españoles y más de 2 millones de hogares no tienen conexión a Internet. Estamos a la cola de Europa en acceso y uso de la Red. Y lo peor: esta “brecha digital” es muy desigual y afecta más a mujeres, mayores, personas poco formadas, rentas bajas, parados y los que viven en autonomías y zonas rurales muy desconectadas, precisamente los que tienen más problemas para trabajar. La principal causa de este retraso digital  está en nuestra baja formación digital: sólo el 1,6% de españoles han estudiado TIC frente al 52,5% de media en Europa y el 100% en Finlandia o Suecia. Unos datos más preocupantes si sabemos que la mitad de los empleos futuros van a ser digitales. UGT ha dado la voz de alarma y pide un Pacto de Estado para conseguir una España más digital, al margen de las ideologías. No podemos perder este tren.



                                                                                   enrique ortega

Internet y el mundo digital son un arma de doble filo. Por un lado, permiten a las personas, empresas y paises mejorar su productividad y nivel de vida. Pero, por otro, la digitalización de las economías, al ser desigual, agrava las diferencias entre personas, empresas y paises, dejando atrás a las que pierden “el tren digital”. Y en el caso de España, el retraso digital con Europa y muchos paises punteros del mundo es especialmente preocupante, según revela un reciente estudio de UGT sobre la brecha digital de España en 2019.

Hay dos parámetros básicos para medir este retraso digital: los hogares conectados a Internet y el uso de la Red por los españoles. En el primero, hay 2,2 millones de hogares que no disponen de conexión a Internet, según el INE (Encuesta sobre equipamiento y uso TIC en los Hogares). Esto nos coloca a la cola de Europa en acceso a Internet en los hogares, el puesto 24 de 28, según el Eurobarómetro especial de julio de 2018 publicado por Eurostat: cifra en un 62% del total los hogares con acceso a Internet, por debajo del 70% de media europea y muy lejos de Holanda (97% hogares conectados), paises nórdicos (92% Dinamarca, 91% Suecia, 84% Finlandia), Francia (77%), Reino Unido (76%) o Alemania (74%), sólo por delante de Italia (45% hogares conectados), Rumanía (55%), Bulgaria(59%) y Lituania (61%). Y si nos comparamos con todo el mundo, ocupamos el lugar 29 de 120, con un 81,9% de hogares con acceso a Internet (según la estadística de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, ITU), por detrás de Corea (líder con el 99,2% de hogares conectados), Bahréin (96%), Luxemburgo (97%), Noruega (96,6), Islandia (96,5%) y Japón (96,2%).

El segundo parámetro importante es el uso de internet : 4,4 millones de españoles no han utilizado nunca Internet, el 12,7% de los mayores de 16 años, según el INE. Un porcentaje que el Observatorio Nacional de las Telecomunicaciones (ONT) sube al 18,2 % de la población (7,14 millones) y el Barómetro del CIS de enero de 2019 al 22,9% de españoles, que reconocieron no haber usado Internet en los últimos 3 meses. Y aquí volvemos a estar por debajo de la media europea: según Digital Scoreboard 2017, un 14% de españoles no utiliza Internet frente a un 16% de europeos y, sobre todo, frente a un  4,5% de británicos, un 7,5% de alemanes y un 10% de franceses.

Hay otros indicadores muy precisos que nos muestran la brecha digital de España con Europa y el resto del mundo. La Unión Europea utiliza el índice DESI, 34 indicadores que evalúan el desarrollo digital de los paises europeos. Y en el último índice, el DESI 2018, España ocupó el puesto 10º entre los 28 países UE, con 58 puntos, ligeramente por encima de la media UE (53), pero por debajo de los paises nórdicos (70 puntos), Holanda (62), Luxemburgo, Irlanda, Reino Unido (61), Bélgica y Estonia, aunque por delante de Alemania (57), Francia (52) e Italia (44, el 4º por la cola). Este índice señala que España está mejor que la media europea en servicios públicos digitales, integración de la tecnología digital y conectividad (más fibra óptica), pero estamos peor en el uso de Internet y, sobre todo, en “capital humano”, en la menor preparación digital de los españoles, la mayor debilidad digital de España, según la Comisión Europea.

Si España está en la media digital europea no es un consuelo, porque Europa está retrasada frente a otros paises del mundo que lideran la revolución digital, según alerta la Comisión Europea: el indicador DESI 2018 atribuye a la UE 54 puntos, por detrás de Corea (el líder digital), Japón y EEUU, aunque todavía por delante de China. Pero esta media de desarrollo digital europeo esconde tremendas desigualdades entre el norte (72 puntos Dinamarca y 70 Suecia, Finlandia y Holanda), el sur (58 España, 44 Italia, 38 Grecia) y sobre todo la Europa del Este (34 puntos Rumanía o 40 Bulgaria).

Otro indicador, el IDT, índice de desarrollo de las TIC (tecnologías de la información y comunicación), utilizado por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (ITU) y que analiza 11 indicadores digitales, coloca a España en el puesto 27 de 120 paises, muy lejos de Corea, Singapur, Suiza, Australia o Reino Unido (los líderes digitales), de los paises nórdicos, de Alemania y Francia (15º en el ranking) y de EEUU (16º), colocándonos en línea con Andorra, Chipre, Macao o Malta. Y en el índice NRI, que elabora anualmente el Foro Económico de Davos, para medir la capacidad de los paises para aprovechar las oportunidades que ofrecen las TIC, España ocupa el puesto 35 (4,8 puntos sobre 7), muy lejos de los líderes mundiales (Singapur, nórdicos, EEUU, Reino Unido, Corea y Alemania, con más de 5,5 puntos) y con 18 paises europeos por delante, incluso Portugal (4,9 puntos).

Un repaso a los indicadores internacionales que confirma el retraso digital de España, que se ha estancado y no mejora respecto a los indicadores de 2015, según el informe de UGT. Pero lo peor es que esta brecha digital de España es tremendamente desigual, porque la sufren más las mujeres, los mayores, los que tienen menos formación, los más pobres y los que viven en  autonomías y zonas rurales más desconectadas. Veámoslo.

Por género, los datos revelan que el 60% de los hogares desconectados son de mujeres, aunque en el acceso a Internet la brecha es mínima (un 85,6% de mujeres y un 86,6% de hombres). Pero los datos indican que las mujeres tienen menos formación digital y aprovechan menos las herramientas digitales (sobre todo, configurar software, crear documentos e instalar aplicaciones). Y la ITU nos coloca en el puesto 37 de 90 paises por “paridad digital”, un ranking encabezado por los nórdicos y Francia, con total paridad.

Otra desigualdad digital viene por la edad: el 72% de todos los desconectados españoles (recordemos: 4,4 millones) tienen más de 65 años. Y el 47% de los mayores de 65 años no se ha conectado a Internet en los últimos 3 meses (el 22% de los que tienen entre 55 y 64 años), frente a sólo el 2% entre los menores de 34 años, según desvela el estudio de UGT. El tercer factor de desigualdad digital es la baja formación: el 63% de las personas desconectadas en España no tienen estudios secundarios (sólo la ESO o menos). Y usan menos Internet los analfabetos (sólo el 28,8% se han conectado en los últimos 3 meses), los que sólo tienen Primaria (53,1% conectados) y la ESO (86,1% se conectan), mientras rondan el 100% de conexión los españoles con Bachillerato (97,3% se conectan), Grado universitario (98%) o Licenciados y Máster (99,2%). Y así, España es el país 15º de los 28 con más personas poco formadas que no acceden a Internet, mientras es el 9º país por el acceso de las personas más formadas a la Red.

El 4º factor clave en la desigualdad digital es la renta, lo que se gana: 1 de cada 3 hogares (el 31,5%) con ingresos inferiores a 900 euros no tienen acceso a Internet, mientras que sólo está desconectado el 1% de los hogares que ganan más de 2.500 euros. Y no utilizan Internet el 25,5% de los hogares pobres (menos de 900 euros) y sólo el 2,4% de los que tienen mayores ingresos (+ 2.500 euros). Lo que se gana es un factor clave, ya que un 71% de los hogares pobres dicen que no tienen Internet en casa por razones económicas, mientras sólo lo esgrimen el 39% de los hogares con más ingresos.

Un 5º elemento de exclusión digital es dónde uno vive, según revela el informe de UGT: hay 6,5 millones de españoles que no pueden conectarse a 100 Megas en buena parte de España. Por un lado, hay 1,12 millones de “excluidos digitales”, que viven en zonas donde no reciben ni una conexión básica de 1 Mega. Otros 500.000 que no llegan a 2 Megas, 2,35 millones más que no alcanzan los 10 Megas y 3,25 millones más (que viven en 2.130 localidades) donde no llega el 4G ni las conexiones a 30 Megas. Hay también una importante “brecha digital” entre autonomías, con muchas zonas donde resulta difícil acceder a Internet de alta velocidad (750.000 personas en Galicia, 580.000 en Castilla y León, 377.858 en Cataluña, 300.938 en Castilla la Mancha) y otras con pocos excluidos (35.456 en Madrid, 19.654 en Navarra, 18.314 en Euskadi, 14.595 en La Rioja, 1.215 en Cantabria).

El 6º factor de desigualdad digital es la situación laboral: los parados usan menos Internet (sólo el 69,9% en la última semana) que los que trabajan (82,3%). Y los ocupados y estudiantes (94,3% lo usan) están más conectados que las amas de casa que no trabajan (sólo 45,5% acceden a la Red) y los pensionistas (39,5%). Y algo bastante llamativo: sólo el 58,4% de los parados utilizan Internet para buscar trabajo.

¿Cuál es el trasfondo de este retraso digital, tan desigual entre españoles? La clave es la poca formación digital que tenemos. Cuando se pregunta a los españoles por qué no usan Internet, la respuesta más abundante es porque no saben utilizarlo (48,3%), porque no sabe utilizar el ordenador (46,9%) o porque no lo tiene (45,2%) y son menos los que contestan que no se conectan a la Red porque no lo necesitan (39,4%), porque no tienen interés (33,3%), por su coste (29,9%) o porque no tienen conexión (25,9%). Así que la primera causa del retraso digital es la poca formación, por delante del coste o los problemas de conexión a Internet.

Y es que muy pocos españoles están formados digitalmente: sólo el 1,6% han obtenido formación en tecnologías de información y comunicación (TIC), frente a un 52,5% de europeos (media UE), un 42% de alemanes, un 65% de franceses, un 95% de británicos y un 100% de suecos o finlandeses. En realidad, somos el tercer país europeo con menos personas formadas en TIC, sólo mejor que Rumanía e Italia. Y esto es dramático, porque las empresas necesitan cada vez más licenciados con formación digital y no los encuentran. Pero no es sólo que no tenemos titulados en TIC, sino que casi la mitad de españoles adultos (el 45,3%) tienen nula o baja formación digital. Y hay otros datos impresionantes, que revelan el estudio de la ONTSI 2017: el 37% de españoles no usan nunca el correo electrónico, el 42% no sabe crear un documento ni usar un procesador de textos, un 22% no sabe mover o copiar archivos y carpetas. Y un 18% de españoles no han tocado nunca un ordenador (un 25% en Extremadura y un 20% en Castilla la Mancha, Andalucía, Galicia, Asturias, Castilla y León, Canarias, la Rioja y Murcia), según datos de Eurostat.

Así que tenemos demasiados “analfabetos digitales” y pocos “expertos”, aunque España tenga más universitarios que la media Europea. Es un problema educativo, porque los jóvenes salen de las Universidades sin formación en las TIC, aunque tengan muchos másteres e idiomas: sólo tenemos un 2,9% de especialistas TIC trabajando, frente al 3,7% en Europa. Y luego, las empresas tampoco ayudan: el 77,4% de las grandes empresas españolas no dan formación digital a sus trabajadores y tampoco el 96,6% de las pymes, según el citado informe de UGT. Y además, tienen una organización del trabajo que no potencia el trabajo digital, la digitalización del negocio. El dato es impactante: un 48% de los trabajadores españoles nunca usa ordenadores conectados a Internet en su trabajo habitual, a pesar de que el 99% de las empresas están conectadas a la Red.

Este retraso digital es especialmente preocupante porque las habilidades digitales son claves para competir en el mundo y trabajar hoy pero serán más necesarias en el futuro. En todo el mundo, pero más en España, según el reciente estudio de la OCDE “Cómo es la vida en la era digital”: un 52% de los actuales empleos están en riesgo en España, por la tecnología y la automatización (un 30% sufrirán cambios importantes y un 20% podrían desaparecer). España es el 9º país más afectado de la OCDE (36 paises) por esta drástica reconversión laboral, sólo por detrás de Eslovaquia, Lituania, Turquía, Grecia, Japón, Alemania, Chile y Eslovenia (con el 60-70% de sus empleos en riesgo).

Algo habría que hacer. La OCDE acaba de lanzar una alerta en su informe “Perspectivas Económicas”, publicado el 21 de mayo: los avances en la digitalización de las economías son “decepcionantes” y sólo “una pequeña parte de las grandes empresas mundiales se están beneficiando de la digitalización”, lo que provoca que la productividad “se ha ralentizado” y con ella  se han estancado los salarios y el nivel de vida en Occidente. Así que la OCDE pide, a Gobiernos y empresas, políticas para impulsar la transformación digital eficiente e inclusiva de las economías. Y eso requiere, añaden, cambios en las prácticas empresariales y en la organización del trabajo, reformas educativas y una mayor financiación en tecnología y digitalización, adaptando las regulaciones a los cambios del modelo de negocio.

En el caso de España y su mayor retraso digital, UGT propone un gran Pacto de Estado por la digitalización, con 8 medidas : crear un ente público que coordine el impulso de las TIC (un Observatorio de la Brecha digital que proponga y persiga objetivos anuales de mejora), planes de formación digital para parados y ocupados, asignaturas de habilidades digitales en todos los niveles educativos, tarifas sociales de acceso a Internet para los colectivos más vulnerables (30 Megas a 20 euros/mes), un Plan nacional para llevar el acceso a Internet de alta velocidad a toda España y una Estrategia de Teletrabajo que lo fomente en las empresas.

Es una buena “hoja de ruta” al futuro. Pero la clave es avanzar en dos frentes, desde el Estado y desde las empresas. El futuro Gobierno tiene que sacar recursos para mejorar las infraestructuras de acceso a Internet (creando nudos de alta capacidad en cada autonomía para los grandes motores de la digitalización: enseñanza, transporte, grandes empresas y proveedores, más los servicios públicos), para relanzar la enseñanza digital, entre parados, trabajadores y para dar ejemplo, mejorando los servicios públicos electrónicos y priorizando las compras públicas hacia los proveedores más digitalizados. Y las empresas españolas han de implantar una reconversión digital, asentada en 4 frentes: creación de un potente equipo interno de cambio digital, fuertes inversiones, poner al cliente en el centro del negocio (explotando al máximo el big data) y crear en la empresa una nueva cultura digital, con nuevas formas de trabajo y organización, apostando por la formación digital de la plantilla y la contratación de jóvenes preparados (“nativos digitales”).

El camino hacia una economía digital exige inversiones, formación y tiempo. Pero hay que dar un empujón cuanto antes, desde el Gobierno, el mundo educativo y las empresas, apostar por reciclarnos y recuperar la brecha digital con Europa y el mundo. Es la única manera de asegurar a medio plazo el empleo y el bienestar. No podemos perder el tren digital.