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jueves, 7 de octubre de 2021

Más jóvenes "ni-nis" (sin salida)

Todo el mundo sabe, por sus hijos y nietos, que los jóvenes no lo tienen fácil, tras sufrir dos crisis en una década. Pero el último dato de la OCDE es escalofriante: 1 de cada 5 jóvenes españoles de 18 a 24 años ni estudia ni trabaja. Son 666.252 “ni-nis”. Y si miramos a los de 15 a 29 años, salen 1.510.511 jóvenes “ni-nis”. Son más que antes de la pandemia y el peor dato en Europa tras Italia. El problema no es tanto que el 46% de estos “ni-nis” no estudien (menos que en Europa) sino que la mayoría (54%) no trabajan. Y no porque no busquen  trabajo (lo buscan) sino porque no lo encuentran. Tardan más que en Europa en trabajar y cuando lo hacen, dos tercios sólo consiguen contratos temporales y mal pagados. La solución es formarles mejor y ayudarles a conseguir su primer empleo, lo que pretende el nuevo Plan de Garantía Juvenil 2021-2027.  Pero es insuficiente: urge un Plan de choque. Hay que dar una salida a los jóvenes.

Enrique Ortega

La pandemia ha afectado negativamente a la economía de casi todos, pero especialmente a los jóvenes, las mujeres y los inmigrantes. Y sobre todo, ha agravado la situación de los jóvenes de 26 a 36 años, “la generación de las 2 crisis” (la de 2008-2013 y la de 2020-21). Pero hay un grupo de jóvenes que preocupa especialmente, los llamados “ni-nis”, que ni estudian ni trabajan. Eran ya un número importante en 2010(el 20% de “ni-nis” entre 16 a 29 años), porque muchos jóvenes habían dejado sus estudios para trabajar en la construcción o en la hostelería, pero luego, con la anterior crisis, el porcentaje creció hasta un máximo del 22,5% de “ni-nis” en 2013. Y a partir de ahí, con la mejora de la economía, bajaron hasta un mínimo  del 14,9% de ni-nis en 2019. Pero con la pandemia, volvieron a crecer los jóvenes (16-29 años) que ni estudian ni trabajan: el 17,3% en 2020, según la EPA.

De hecho, España es el país europeo donde más han crecido los “ni-nis” en 2020, según el informe de la OCDE publicado en septiembre, “Education at a Glance 2021”: aumentaron un +14,4% frente a un +10,7% en Europa (UE-22) y +16,1% en la OCDE (37 paises). Y además, España es el 2º país de Europa con más “ni-nis” (tras Italia) y el 4º del mundo (tras Brasil, México e Italia). Con datos de 2020, España tenía un 19,9% de ni-nis entre los jóvenes de 18 a 24 años (son 666.252 jóvenes), frente al 13,3% Europa (UE-22) y el 15,1% la OCDE, destacando los porcentajes altos de Brasil (35,9%), México (23,4%) e Italia (35,9%) y los muy bajos de Holanda (7,6%), Alemania (8,1%), Noruega (8,8%) y Suecia (9,4%). Y si ampliamos la franja de edad, entre los 15 y los 29 años, España sigue como el tercer país del mundo con más ni-nis (tras Italia y México), con un 20,7% (1.510.511 jóvenes que ni estudian ni trabajan), por  delante la UE-22 (13,6% de “n-nis”) y de la OCDE (13,6%), según el informe.

Los “ni-nis” incluyen a los jóvenes que ni estudian ni trabajan (porque no buscan trabajo o porque lo buscan y no lo encuentran). ¿Qué porcentaje supone cada uno de los dos problemas? El informe de la OCDE lo deja claro y evidencia que en España, el problema de los ni-nis es más “laboral” que “educativo”. Así, centrándonos en los jóvenes de 18 a 24 años que son ni-nis (el 19,9% en España), menos de la mitad (un 46%, el 9,2% de los jóvenes de esa edad) son inactivos, no buscan trabajo (básicamente porque cuidan hijos o familiares, están enfermos o trabajan en la economía sumergida), mientras el 10,7% (el 56% de los ni-nis) no trabajan porque no pueden, porque no encuentran empleo aunque lo buscan. Sin embargo, en Europa (UE-22) y la OCDE la situación es diferente: el 60% de los ni-nis son inactivos, no buscan empleo, la mayoría mujeres que cuidan hijos o familiares o que ni pretenden trabajar. Concretamente, en todos los paises de la OCDE, salvo España, Portugal y Francia, hay más jóvenes “ni-nis” inactivos que parados buscando empleo.

Otra forma de ver que el problema de los “ni-nis” es más laboral que educativo es mirar lo que hacen los jóvenes de 18 a 24 años, según los datos que aporta la OCDE. En España, el 58,9% de esos jóvenes (3.348.002 en 2020) están estudiando, un porcentaje muy similar al de los jóvenes europeos (58,5% están educándose) y algo más que en la OCDE (53,2% jóvenes estudian). Sin embargo, al mirar cuántos jóvenes (18 a 24 años) trabajan, en España son sólo el 21,3%, frente al 28,1% en la UE-22 y el 31,8% en la OCDE. Y hay paises donde los jóvenes trabajan aún más, como Reino Unido (43%), Noruega (40%), Suecia (33,4%), Portugal (31,5%), Irlanda (30,3%) o Alemania (28,7%). En definitiva, en España hay un porcentaje similar de jóvenes estudiando pero mucho menos trabajando, la razón básica por la que tenemos más ni-nis. Aunque también tenemos más “abandono escolar” (jóvenes que no completaron la 2ª etapa de Secundaria, que no acabaron Bachillerato o FP): son el 16% de los jóvenes españoles (18 a 24 años), frente al 10,2% de media en Europa.

En consecuencia, reducir el porcentaje de “ni-nis” en España pasa por actuar en dos frentes: reducir el abandono escolar temprano (evitar que los jóvenes abandonen los estudios antes de terminar Secundaria), lo que exige reducir el número de repetidores y reforzar a los alumnos con problemas, y, sobre todo, conseguir que haya más jóvenes trabajando, el problema más grave. Porque actualmente, los jóvenes españoles tienen una tasa de empleo muy inferior a la del resto de Europa y la OCDE, según el informe “Education at a Glance”. Y eso pasa en todos los jóvenes, tengan más o menos formación. Entre los jóvenes universitarios (18 a 24 años), en España trabajan el 75% frente al 83% con empleo en la UE-22 o la OCDE (y el 88% en Alemania). Entre los jóvenes con Bachillerato hecho o FP, trabajan el 65% en España y el 76% en la UE o la OCDE. Y entre los jóvenes con la ESO o menos, trabajan sólo el 58% en España, similar a la OCDE y más que en la UE (56%).

Los jóvenes trabajan menos en España por el modelo económico español (que ofrece menos empleo a todos: el 69% de los españoles de cualquier edad trabajan frente al 77% en la UE y el 82% en Alemania) y, sobre todo, porque tienen más dificultades para acceder a un empleo, según el informe de la OCDE. Así, un 28% de los  licenciados en España (los jóvenes con más empleo) siguen en paro a los 4-5 años de terminar sus estudios, mientras en la UE y en la OCDE sólo están en paro un 12% tras esos años. De hecho, la tasa de empleo de los jóvenes en España (16-24 años) es el 38,4%, casi la mitad que la del conjunto de españoles (63,5% de las personas de 16 a 64 años trabajaban en junio 2021, según la EPA).

Y además de tener muchas dificultades para conseguir su primer empleo, los jóvenes en España consiguen trabajos muy precarios y mal pagados. Lo más escandaloso es el altísimo porcentaje de contratos temporales que tienen: un 67,9% de los jóvenes que trabajan (16 a 24 años) tienen contratos temporales, frente al 25,1% en el conjunto de trabajadores, según datos de Trabajo. Y lo peor es que el 67,2% son “temporales involuntarios”, los cogen porque no tienen otra cosa (en la eurozona, son el 26,3%). Y los jóvenes duplican los contratos a tiempo parcial, por horas o días: un 41,28 de sus contratos, frente al 24,4% en el conjunto de los trabajadores. Y aquí también, el 43,5 % tienen estos contratos de forma “involuntaria”, sin escogerlos, frente al 21,4% entre los jóvenes europeos.

Y luego están los sueldos, que en muchos casos no llegan ni a “mileuristas”. Si el sueldo medio anual (bruto) es en España de 24.395 euros (2019), según el INE, los jóvenes menores de 20 años ganan dos tercios menos (9.101 euros brutos anuales), los de 20 a 24 años la mitad (12.640 euros) y los de 25 a 29 años, más de una cuarta parte menos (17.772 euros brutos anuales). Además, los jóvenes que han empezado a trabajar en la última década ganan menos que antes de la crisis: en 2018, el sueldo medio de los menores de 30 años era 12.954 euros anuales, un 5,66% menos de lo que ganaban en 2010 (13.732), según denuncia UGT con datos del INE. Y los que entraron a trabajar en 2013 cobraban un -7,2% menos que los jóvenes que empezaron a trabajar en 2007. Y ahora, tras la pandemia, los sueldos de los jóvenes se verán lastrados a la baja durante 15 años, según Fedea.

Un panorama poco halagüeño para los jóvenes que sí trabajan, aunque es peor para los jóvenes en paro, que son todavía un 33% de los menores de 25 años (451.000 jóvenes a finales de agosto), más del doble que la media europea (16,2% de paro juvenil) y el peor dato de toda Europa, alejado incluso de Grecia (30,8% de paro juvenil), Italia (27,3%) o Portugal (22,6%) y muy lejos del paro juvenil de Alemania (7,5%) o Francia (19,9%), según Eurostat. Y un paro juvenil que se ha agravado con la pandemia: hay 134.400 jóvenes más en paro (menos 25 años)  ahora que a finales de 2019, según la última EPA.

Volviendo a los “ni-nis”, los jóvenes que ni estudian ni trabajan, la clave para que salgan de esa situación es mejorar su formación, según la mayoría de los expertos. Porque la formación de los jóvenes españoles es peor que la del resto de Europa y la OCDE, según el último informe “Education at a Glance”: entre los 25 y 34 años, tenemos más universitarios que Europa (47,4% de estos jóvenes frente a 44,5% en la UE-22) y la OCDE (45,5%), pero la mitad de jóvenes con mediana formación, con el Bachillerato o la FP (24,3% frente al 43,1% en la UE-22 y el 40,2% en la OCDE) y también más jóvenes con poca formación, con la ESO o menos (28,3% en España frente al 12,3% en la UE-22 y el 14,8% en la OCDE). Y eso explica, en buena medida, que nuestros jóvenes trabajen aquí menos que fuera: a más nivel de formación, más acceso al empleo, según el informe de la OCDE.

Esta mejora de la formación de los jóvenes, sobre todo de los “ni-nis”, pasa por completar la formación de los que no han terminado Bachillerato y FP (“repescarlos”) y por redirigir a más jóvenes a la Formación Profesional, tras la ESO: España tiene un bajo porcentaje de jóvenes en FP (el 33% de los titulados en Secundaria), frente a la media europea (46,3% jóvenes Secundaria hacen FP en la UE-23) y a paises como Alemania (44,2%), Italia (58%) o Reino Unido (62,6% de los titulados), paises con una elevada tasa de empleo joven. Eso obliga a crear más plazas públicas en Formación Profesional, donde este curso han faltado 50.000.  Y además, urge reconvertir la formación universitaria, para conseguir una enseñanza más ligada a lo que piden las empresas y evitar la baja empleabilidad de los licenciados.

Frente al grave problema de los “ni-nis”, la Comisión Europea creó en 2013 la Garantía Juvenil, un sistema por el que se hacía una oferta a los jóvenes europeos que ni estudiaban ni trabajaban: ofrecerles en 4 meses un trabajo o un curso de formación. De momento se han beneficiado 24 millones de jóvenes europeos, aunque el problema de los “ni-nis” sigue ahí y creciendo ahora tras la pandemia. En España, el sistema de la Garantía Juvenil no ha tenido demasiado eco y se ha informado poco sobre sus resultados, aunque había 2 millones de jóvenes inscritos a finales de agosto, según el SEPE. En junio pasado, el Gobierno aprobó un nuevo Plan de Garantía Juvenil Plus 2021-2027, que se financiará con fondos europeos (del FSE). Un programa que ofrece dos opciones a los jóvenes “ni-nis”: un curso de formación o un empleo, en 4 meses, con la colaboración de 50 Centros de inserción juvenil, 50 Clúster de empleo joven y 15.000 empresas colaboradoras.

Está bien, pero urge además poner en marcha un Plan de choque contra el paro juvenil, que el presidente Sánchez anunció en mayo (“1.365 millones para facilitar la formación y contratación de 1 millón de jóvenes)  pero del que no se sabe más. La grave situación de los jóvenes (un tercio parado y el resto trabajando en precario) exige un Plan ambicioso, a medio plazo, con medidas en varios frentes: educación (lucha contra abandono escolar y refuerzo alumnos con problemas), formación, acceso al primer empleo (un contrato de formación y prácticas sin abusos, como en el caso de “los becarios”), ayudas a la contratación de jóvenes, mejora de su calidad en el empleo y salarios dignos, más un abanico de medidas para facilitar su emancipación y la creación de nuevas familias. Aquí es clave resolver su problema de vivienda, para lo que el cheque de 250 euros para alquilar puede ser un principio.

En definitiva, reitero lo abordado decenas de veces en este blog: los jóvenes son uno de los graves problemas pendientes que tenemos, empeorado con la pandemia. Su penosa situación es un fracaso de todos nosotros como país. Los jóvenes, empezando por los “ni-nis”, deben ser una prioridad en la recuperación. Hay que darles una salida. Son nuestro futuro.

lunes, 25 de marzo de 2019

Educación: el fracaso va por autonomías


Otra noticia reciente que no se comenta: 1 de cada 3 estudiantes de 15 años ha repetido curso. Y en Aragón, Ceuta y  Melilla repiten casi la mitad de adolescentes frente a sólo uno de cada cuatro en Cataluña y País Vasco. Muchos repetidores dejan los estudios después: el 18,3% de jóvenes de 20 a 24 años no terminan Bachillerato o FP, pero rondan el 25% en Baleares, Ceuta y Melilla,  Andalucía y Murcia, mientras son el 7% en el País Vasco, siendo España líder europeo en abandono escolar temprano. Y con estos fracasos educativos, tenemos 543.000 jóvenes (18-24 años) que ni estudian ni trabajan (“ni-nis”). Y un paro juvenil (menores 25 años) del 33,5%, más del doble que Europa (14,9%) y que ronda el 50% en Melilla, Ceuta, Extremadura y Andalucía. Se recoge lo que se siembra y el fracaso escolar, muy desigual entre regiones, está detrás del fracaso laboral de muchos jóvenes. Urge mejorar la educación y corregir las grandes diferencias entre autonomías.


Los jóvenes españoles que tienen menos de 30 años han estudiado en colegios, Institutos y Universidades gestionadas por las autonomías, no como las generaciones anteriores, que tuvimos una educación “centralizada”, teóricamente “igual” en toda España. El traspaso de competencias de educación se inició en 1980, al País Vasco y Andalucía, siguió en 1982 (Galicia y Andalucía) y 1983 (Comunidad Valenciana y Canarias), se paró hasta 1990 (Navarra) y 1997 (Baleares) y se aceleró en 1998 (Las Rioja, Cantabria y Aragón) y 1999 (traspaso a Madrid, Murcia, Extremadura, Castilla la Mancha, Castilla y León y Asturias). A partir de ahí, las autonomías gestionan la educación y financian el 81% de todo el gasto educativo, unas mucho más que otras. Y sus resultados educativos son muy diferentes, con tremendas desigualdades según se comprueba en el último Anuario de la Educación en España publicado por el Ministerio de Educación, que refleja que hay “2 o 3 Españas educativas”.

Hagamos un repaso de los datos, empezando por el fracaso escolar. En España, casi 1 de cada 3 estudiantes de 15 años han repetido curso alguna vez, el 31,4% en el curso 2016-2017, según Educación. Y eso viene de antes, porque a los 12 años ya han repetido un 14,3% de alumnos. El porcentaje español de repetidores (a los 15 años), ese 31,4% (35,7% los chicos y 27% las chicas), triplica el de la OCDE (11,3%) y es el más elevado de los paises grandes europeos, como Alemania (18,1%), Italia (15,1%), Francia (22,1%) o Reino Unido (2,8%), sin contar el 4% de repetidores en Suecia o el 3% en Finlandia, según  la OCDE.

Con todo, lo más preocupante son las desigualdades en los porcentajes de repetidores  dentro de España. Así, frente al 31,4% que han repetido de media a los 15 años, son casi la mitad los que repiten en Ceuta (47,4%), Melilla (43%) y Aragón (41,5%), estando también por encima de la media Murcia (39,2% jóvenes 15 años repiten), Castilla la Mancha (37,7%), Canarias (37,1%) y Baleares (36% repiten). Y sin embargo, son muchos menos los que repiten en Cataluña (20,8%), País Vasco (23,8%), Navarra (26,5%), Cantabria (29,4%), Asturias (29,5%) y Galicia (31,8%), según Educación. En los últimos años ha bajado el porcentaje de repetidores en toda España, del 42,6% que repetían en 2006-2007 al 31,4% de 20016-2017, básicamente por la crisis: en los años de bonanza, los jóvenes se esfuerzan menos en estudiar pensando que pronto van a dejarlo para ponerse a trabajar y ganar dinero.

Los repetidores “tienen muchas papeletas” para acabar dejando sus estudios al terminar la ESO (final de la etapa obligatoria)  y no completar el Bachillerato o la Formación Profesional. O sea, que el fracaso a los 12 años (14,3% estudiantes repiten) y a los 15 años (31,4% repiten) son “la antesala” del siguiente fracaso, el abandono escolar temprano: jóvenes de 18 a 24 años que no han terminado Bachillerato o FP, que han dejado sus estudios. La cifra en España ha bajado del 30,8% de los jóvenes en 2007 al 18,3% en 2017 (21,8% de los chicos y el 14,5% de las chicas) , un porcentaje muy superior al del resto de Europa (10,6%), donde somos el país con mayor tasa de abandono escolar temprano, muy por delante de Italia (14%), Portugal (12,6%), Reino Unido (10,6%), Alemania (10,1%), Francia (8,9%), Suecia (7,7%) e incluso Grecia (6% de abandono escolar temprano), según Eurostat.

Pero lo peor otra vez son las diferencias entre autonomías. Así, hay regiones donde el abandono escolar temprano ronda o supera el 25%, como Baleares (26,5%, 32,4% entre los chicos), Ceuta y Melilla (24,3%), Andalucía (23,5%) o Murcia (23,1%) y Castilla la Mancha (22,1%) y otras donde apenas tiene peso, como el País Vasco (7% de abandono escolar temprano) o Cantabria (8,9%), Navarra (11,3%) y la Rioja (12,9%), según Educación.

Al final, entre los que repiten curso y abandonan sus estudios engrosan otra estadística, la de los jóvenes de 18 a 24 años que ni estudian ni trabajan, los tristemente famosos “ni-nis”. Eran el 24% de los jóvenes en 2013 y en 2017 son todavía el 17,1% de los jóvenes españoles (nada menos que 543.000 jóvenes), un porcentaje de “ni-nis” también superior al de Europa (15,2% en la UE-28), según Eurostat. Y aquí, volvemos a lo mismo, la enorme diferencia por autonomías. Hay  2 regiones donde los ni-nis superan el 20% (21,7% en Andalucía y 20,8% en Extremadura) y otras donde el porcentaje está por debajo de Europa, en especial el País Vasco (8,8%), la Rioja (11%), Cantabria (12,1%), Castilla y León (13,1%), Aragón (13,4%), Navarra y Madrid (14%) y Galicia (14,3% de ni-nis). Y lo peor es que ninguna autonomía ha conseguido rebajar el porcentaje de ni-nis que tenía en 2007, salvo el País Vasco y la Rioja.

Avancemos y veamos el nivel de formación que tienen los jóvenes españoles tras estos fracasos, comparado con el de los jóvenes europeos, según los últimos datos de Educación. Entre 25 y 34 años, el 33,8% de los jóvenes españoles tienen la ESO o menos (en Europa son la mitad los menos formados: el 16,2%), un 23,6% han terminado la Secundaria (casi el doble, el 44,8% en la UE-28) y el 42,6% son universitarios (el 39% en Europa). O sea, que este sería nuestro balance educativo frente a Europa: tenemos el doble de jóvenes poco formados, la mitad medianamente formados y más universitarios.

Y otra vez más, este balance es muy desigual por autonomías. Así, en el nivel más bajo, los jóvenes de 25 a 34 años que sólo terminaron la ESO o menos, frente al 33,8% de media, hay autonomías con resultados peores, como Andalucía (43,6% jóvenes poco formados), Castilla la Mancha (46,3%), Extremadura (42,2%), Ceuta y Melilla (42%) o Murcia (39,9%), y otras con menos porcentaje de jóvenes poco formados, como el País Vasco (19,3%), Asturias (23,9%), Madrid (24,4%), Cantabria (25,6%) y Navarra (26,1%). En el nivel intermedio (jóvenes que han terminado Bachillerato o FP), siguen por debajo de la media (23,6% de los jóvenes de 25 a 34 años) Extremadura (20,5%), Castilla la Mancha (22,1%) y Andalucía (22,6%), más Cataluña (20,1%) y Navarra (21,8%), destacando por encima la mayor formación media en Castilla y León (27,6%), Aragón (27,4%), Cantabria (26,9%) y Baleares (26,2%). Y las autonomías con más porcentaje de jóvenes universitarios (superior al 42,6% de media) son el País Vasco (57,5% de jóvenes), Navarra (52,1%), Asturias (53,3%) y Madrid (51%), mientras están a la cola de jóvenes universitarios Ceuta y Melilla (32,9%), Andalucía (33,8%), Castilla la Mancha (34,6%) y Murcia (36,3%), según los datos de Educación.

Son muchos datos pero revelan con claridad dos cosas: nuestro atraso educativo con Europa y las enormes diferencias de resultados entre autonomías, destacando el alto nivel educativo en el País Vasco, Navarra, Asturias, Cantabria, Aragón y Madrid y el fracaso educativo en Andalucía, Castilla la mancha, Murcia, Extremadura y Ceuta y Melilla, básicamente. La pregunta es ¿por qué estos resultados tan dispares?

La causa no parece estar ni en el número de alumnos por aula ni en la falta de profesores, porque los datos de Educación revelan que España tiene similares alumnos por profesor en Primaria (14 frente a 15 en la OCDE y 14 en la UE-222), en la ESO (12 frente a 13 y 11) y en Bachillerato (11 frente a 13 en la OCDE y 12 en la UE-22). Y que el número de alumnos por clase es similar a la OCDE y la UE, salvo en Primaria (aquí hay más), mientras los jóvenes españoles dan más horas de clase, tanto en Primaria (792 frente a 799 en la OCDE y 775 horas en la UE-22) como en la ESO (1054 horas frente a 913 y 894 horas). Eso sí, más horas de una enseñanza demasiado memorística y poco práctica, como revelan los sucesivos informes PISA, donde España está retrasada en Matemáticas (486 puntos frente a 490 de media OCDE, Navarra con 518 y Castilla y León con 506)), igualada en Ciencias (493 puntos España y la OCDE, con Castilla y León en 519 puntos) y por encima en Lectura (496 España frente a 493 la OCDE y Castilla y León con 522 puntos).

Lo que sí puede explicar nuestro retraso educativo y las enormes diferencias por autonomías es el gasto educativo. España gastó en educación en 2017 el 4% de su PIB frente al 4,6% que gastó la UE-28 y el 4,5% de la zona euro, según Eurostat. Y mucho menos que Suecia (6,8%), Dinamarca (6,5% del PIB), Finlandia (5,7%), Francia (5,4%), Portugal (5%) Reino Unido (4,6%) o Alemania (4,1%), gastando menos Italia (3,8%) o Grecia (3,9%). Y el gasto total por alumno en la enseñanza pública fue en España de 7.019 euros en 2015 (último dato de Eurostat), un 26,5% inferior al de Finlandia (8.883 euros públicos por alumno), un 25% menor a Reino Unido (8.796 euros por alumno), casi un 20% inferior al de Francia (8.394) y un 18,6% inferior a Alemania (8.326 € por alumno).

Y lo mismo pasa dentro de España. Las autonomías que más gastan en educación no universitaria son el País Vasco (9.054 de gasto público por alumno público en 2016), que gasta un 83,2% más que Andalucía (4.963 euros por alumno), seguida de Navarra (7.128 euros), Cantabria (6.917 euros), Asturias (6.785 euros), Galicia (6.598 euros) y Castilla y León (6.578) y la Rioja (6.052 euros/alumno público), curiosamente autonomías con excelentes resultados educativos. Y tras Andalucía (4.963 euros), las que menos gastan en educación por alumno público son Castilla la Mancha (4.988 euros) y Madrid (4.591 €), Murcia (5.159 €), Cataluña (5.386 €), Comunidad Valenciana (5.510 €) y Canarias (5.514 euros), todas gastando por debajo de la media española (5.607 euros por alumno público en educación no universitaria), según Educación.

Hasta aquí hemos visto el balance de la educación, con demasiados repetidores, mucho fracaso escolar, demasiados “ni-nis” y un tercio de jóvenes con poca formación. El resultado de este panorama es que los jóvenes españoles trabajan menos que en Europa y cobran menos, mientras tienen el doble de paro. Un negro panorama profesional que se ha ido gestando en sus años de estudiantes y que es muy dispar por autonomías.

La principal consecuencia de nuestro peor nivel educativo es que los jóvenes españoles trabajan menos que los europeos, según las estadísticas de Eurostat que cita Educación (para 2017). Así, la tasa de empleo de los jóvenes de 20 a 34 años es del 80% en la UE-28 (y del 90,9% en Alemania, el 86,6% en Reino Unido o el 74,4% en Francia) pero sólo del 71,9% en España. Y si tomamos a los que han terminado Bachillerato pero no han hecho más, trabajan en España el 57,9% frente al 74,1% en la UE-28, el 79,7% en Reino Unido o el 61,6% en Francia. Y si entramos más al detalle en España, de todos los jóvenes que trabajan (2.692.100 jóvenes entre 16 y 29 años, según la EPA), la mayoría tiene formación universitaria (1.175.200 jóvenes, el 43,65% del total), seguidos de los que tienen mediana formación (Bachillerato o FP: 773.100 jóvenes, el 28,7%) y los poco formados (743.800 jóvenes, el 27,65 % restante). O sea, que los más formados son los que más trabajan.

Los jóvenes españoles, al estar peor formados también tienen peores sueldos que los jóvenes europeos y que otros jóvenes más formados, según Educación. Así, si la media de asalariados de 25 a 34 años tiene un salario 100, los que no han acabado la ESO ganan 67,2 (un tercio menos) los que tienen la ESO suben a 74, los que han hecho Bachillerato consiguen el 87,1% del sueldo medio y los que tienen educación superior ganan 121,3 (un 21,3% más de sueldo que la media).

Pero el verdadero marcador del fracaso educativo está en el paro juvenil. La tasa de paro de los menores de 25 años es en España del 33,54% (diciembre 2018), según la EPA, más del doble que en Europa (14,9%) y muy por encima del paro juvenil de Alemania (6%), Reino Unido (11,5%), Francia (21,1%) e Italia (31,9%), según Eurostat. Al mirar por autonomías, se ve que el paro juvenil es mucho más alto donde hay más jóvenes poco formados (60,21% de paro juvenil en Melilla, 52,56% en Ceuta, 50,37% en Extremadura, 45,09% y 41,74% en Castilla la Mancha) y muy bajo donde están mejor formados (22,60% Baleares, 23,12% País Vasco, 23,37% Navarra, 28,59% Aragón, 28,62% la Rioja, 25,47% Castilla y León). Y es que la EPA lo deja claro: a menos formación, más paro. Un ejemplo.De 20 a 24 años, con una media de paro del 30,78%, los que tienen primaria tienen un 50% de paro, los que tienen la ESO o menos un 38,4%, los que tienen Bachiller el 26% y los universitarios el 24%.

Así que si queremos mejorar el empleo y los sueldos de los jóvenes, hay que mejorar su formación, sobre todo en las autonomías con peores resultados educativos. No se hablará de esto en las próximas elecciones (ni generales ni autonómicas), pero los futuros Gobiernos deberían poner en marcha Planes de choque para recomponer la formación de los jóvenes, con varias medidas: reducir el porcentaje de repetidores (con planes individualizados de apoyo, más profesores y medios), atajar el abandono escolar temprano (con Planes específicos para “recuperarlos”), fomentar la Formación Profesional (puede ser una salida para muchos que “abandonaron” el Bachillerato) y, sobre todo, adecuar la formación de los jóvenes a lo que necesitan las empresas (España tendrá un déficit de 100.000 jóvenes cualificados dentro de 10 años, según la Fundación I+D), con un ambicioso Plan de formación para jóvenes parados con poca y media formación. Porque hay 280.000 jóvenes de 16 a 29 años que llevan más de 1 año en paro (el 18% de todos los parados de larga duración) y que no encontrarán un empleo si no se les ayuda con formación y asesoramiento.

A nivel político, urge un Pacto educativo para que se aumente el gasto en educación del 4 al 5% del PIB, gobierne quien gobierne: son 11.200 millones extras que podrían destinarse a mejorar los resultados educativos y sobre todo, a reducir las tremendas diferencias educativas entre autonomías, creando una Comisión Educativa de coordinación, para mejorar los resultados y homogeneizarlos en 20 años, para que la educación de los jóvenes no sea mejor o peor según la región de España donde vivan, que es lo que pasa ahora, como demuestra el Anuario del Ministerio de Educación, aunque no se quiera reconocer.

Mejorar la educación de nuestros jóvenes y aproximarla a la de los europeos no sólo es clave para que trabajen y tengan menos paro sino que es clave para todo el país, porque sólo con más jóvenes trabajando y cotizando se pueden salvar las pensiones y recaudar más, algo clave para financiar el Estado del Bienestar (sanidad, educación, servicios sociales). Así que apostemos por una educación mejor y menos desigual si queremos un futuro mejor. 


lunes, 25 de septiembre de 2017

Doble paro que Europa por tener poca formación


España crea empleo (precario) pero seguimos con más del doble de paro que Europa y más de cuatro veces que Alemania. No es una maldición bíblica. La OCDE acaba de recordarnos una causa básica, la poca formación de los españoles: el 42% de adultos apenas tiene la ESO, frente al 20% en Europa. Y tienen baja formación el 35% de jóvenes, frente al 23% de europeos. Por eso trabaja menos gente, hay más paro y ganamos menos. Y lo peor es que estamos igual desde 2005. Y en vez de tomar medidas, se ha recortado el gasto en educación y formación. Pero ni Gobierno ni oposición han dicho una palabra del informe OCDE: están a "otras cosas". La OCDE pide que España gaste más en educación (somos el 6º país que menos gasta) y que apueste por otra educación, más práctica y ligada al empleo. Y que gastemos más y mejor en la formación de trabajadores y parados. Es la mejor receta contra el paro.


                                                                                                            enrique ortega    

Los datos del último informe de la OCDE (“Panorama de la educación 2017”) sobre la baja formación de los españoles, todos los adultos y también los jóvenes, son demoledores. En 2016, el 41,7% de los españoles adultos (25 a 64 años) tenían una formación baja (sólo tenían la ESO o ni siquiera), frente al 22% de adultos de la OCDE (35 paises desarrollados) y al 20% de adultos europeos (el 15% en Alemania). Y por si fuera poco, en el nivel medio de formación (con Bachillerato o Formación Profesional) sólo están el 22,6% de los adultos españoles, frente al 44% de adultos en la OCDE y el 46% en Europa (UE-22). Eso sí, por arriba, con formación universitaria o FP superior tenemos al 35,7% de adultos, casi igual que el 37% de adultos OCDE y por encima del 34% de adultos muy formados en Europa. En definitiva, hay muchos españoles con baja formación y sólo están peor (entre los 35 paises de la OCDE) Portugal (52% de adultos poco formados), Turquía (62%) y México (63%). Y tenemos  pocos españoles con formación media y bastantes universitarios.

Pero eso no sólo pasa entre los adultos. Los jóvenes españoles (25-34 años), que teóricamente son la generación “mejor formada”, están muy lejos de la formación del resto de jóvenes occidentales, según el último informe educativo de la OCDE: el 35% tienen baja formación (sólo tienen la ESO o ni siquiera) frente a menos de la mitad en la OCDE (16%) y en Europa (15% en UE-22 y 13% en Alemania, Francia y Reino Unido), con lo que somos el país europeo con más porcentaje de jóvenes poco formados y el tercero de la OCDE, tras Turquía (45% jóvenes poco formados) y México (53%). En un nivel medio (con Bachillerato y FP) están el 24% de los jóvenes españoles, frente al 42% en la OCDE y el 40% en la UE-22. Y otra vez, tenemos casi tantos jóvenes universitarios (41% como la OCDE (43%) y más que Europa (40% en UE-22). Una pirámide de formación totalmente “de locos”: muchos jóvenes muy formados, muchos jóvenes sin formación y pocos con formación media.

Lo peor es que esta baja formación ha mejorado algo entre los adultos españoles desde 2005 (entonces, el 50,3% tenía baja formación), pero sigue igual de mal entre los jóvenes, aunque han pasado 11 años: el 36% poco formados en 2005 y ahora el 35%. Y hay más. España es uno de los paises de la OCDE con menos peso de la Formación Profesional (FP), una formación con mucho empleo (74% en España y 80% en la OCDE) y poco paro: sólo el 12% de los adolescentes españoles (15-19 años) están matriculados en FP, menos de la mitad que en la OCDE (26%) y que en Europa (29% en UE-22), mientras tenemos más estudiando Bachillerato (47%) que la OCDE (36%) y Europa (35%).

Pero lo más preocupante es que hay muchos jóvenes españoles (18-24 años) que no estudian ni trabajan (ni buscan trabajo).Son los llamados “ni-nis”, un 23,2% de los jóvenes en España en 2016, frente al 15,3% en la OCDE y el 15,2% en Europa (UE-22), según el informe “Panorama de la Educación 2017”. Somos el 4º país occidental con más “ni-nis” y el segundo de Europa, sólo por detrás de Turquía (33% de “ni-nis”), Italia (28%) y Grecia (23,5%). Es toda una “generación perdida”, 745.000 jóvenes españoles que ha dejado de formarse y de buscar trabajo y que son el mayor fracaso como país.

Tras documentar el bajo nivel educativo de los españoles, el informe de la OCDE señala las consecuencias: menos empleo, más paro, peores salarios. Porque hay una estrecha relación entre menos formación y menos empleo. Así, los datos de la OCDE revelan que el porcentaje de adultos (25-64 años) empleados en España era en 2016 el 67%, muy por debajo de la media de la OCDE (75% de adultos empleados) y de la UE-22 (74% empleados). Y así somos el 2º país con menos empleo de la OCDE, tras Grecia (59% adultos trabajando), muy alejado de Suecia (84% adultos trabajan), Alemania, Dinamarca y república Checa (80%), Reino Unido o Francia, paises con mucha mejor formación de los adultos. Y lo mismo pasa con los jóvenes (25-.34 años), menos ocupados en España.

Menos empleo y más paro por la baja formación sobre todo, aunque también juega en contra un modelo económico poco competitivo, basado en el turismo, el ladrillo y los servicios, no en la industria y la tecnología. España triplica la tasa de paro de la OCDE (17,2 frente a 5,9%) y duplica con creces la de Europa (7,7% en la UE-28 en julio 2017), siendo el 2º país con más paro de los 35 OCDE, tras Grecia (21,7%). Y si miramos el paro juvenil (25-34 años), España es el tercer país de la OCDE (tras Eslovaquia y Grecia) con más paro entre los jóvenes con baja formación (30,5%, frente al 16,8% en la OCDE y el 20,4% en Europa) y el segundo (tras Grecia) con más paro entre los jóvenes con formación media (20,8% frente a 9,1% de paro en la OCDE y 10,3% en UE) e incluso entre los universitarios: sufren el 16% de paro en España, frente al 6,6% en la OCDE y el 7,4% en Europa.

Y también, a menos formación, menos salarios, señala la OCDE: los que tienen baja formación ganan en España un 29% menos que los que hicieron Bachillerato o FP Superior, mientras en la OCDE ganan sólo un 22% menos. Y los universitarios ganan en España un 53% más que los de Bachillerato o FP (y el doble que los poco formados), frente a un 56% más que ganan los universitarios OCDE. Incluso, el estudio analiza la relación entre formación y depresión: se deprimen menos los que tienen más formación. Tanto en España, un país con menos depresión (un 3% frente al 10% de los poco formados), como en la OCDE y en Europa (el 6% frente al 12% de deprimidos entre los poco formados).

Como vemos, el panorama de la formación de los españoles es bastante preocupante. Y nos coloca a la cola de Europa en “capital humano”, uno de los factores claves para competir y crear riqueza y empleo: España ocupa el puesto 44 de 130 paises en capital humano, en aprovechamiento de los trabajadores (formación y productividad), según el último ranking del Foro Económico Mundial. En Europa estamos sólo por detrás de Grecia y en el mundo nos superan en capital humano paises como los bálticos, Kazajistán, Tailandia, China, Rumanía, Rusia, Polonia, Eslovaquia, Hungría o Bulgaria. De esto no presume Rajoy.

¿Por qué la formación de los españoles es tan deficiente? La respuesta es doble: porque gastamos menos en educación y formación y porque la educación además funciona mal en España, según este informe de la OCDE. Primero, gastamos menos, un 18,5% menos en educación: 8.752 euros por alumno en 2014 frente a 10.759 euros en la OCDE y 10.897 euros en Europa (UE-22). Y si comparamos el gasto directo en educación por paises, España es el 6º país europeo que menos gasta en educación en relación a su riqueza: el 4,3% del PIB en 2014, sólo por delante de Luxemburgo (3,6% PIB), Hungría (3,8%), Republica checa y Eslovaquia (3,9%) e Italia (4%). Y lejos no solo del 5,2% del PIB que gasta la OCDE o del 4,9% que gasta Europa, sino del 6,6% que gasta Reino Unido, del 6,5% de Dinamarca, del 6,3% de Corea o del 6,2% del PIB que gastan Noruega, EEUU y Canadá.

Ya no es sólo que gastemos menos, es que España ha recortado su gasto en educación desde 2010 (gastábamos el 4,5% del PIB), a pesar de que la baja formación se estancaba. Y no sólo el gasto directo en los centros sino también las ayudas a estudiantes y familias, con lo que el gasto total en educación ha caído del 9,4% del PIB en 2005 al 8,2% en 2014, según la OCDE. Y a pesar de ser uno de los paises con peor formación, España es el país de la OCDE que más ha recortado su gasto total en educación desde 2010, más que los otros 8 únicos paises OCDE (son 35) que también los han recortado. Mal camino.

Pero además de tener menos fondos, la educación funciona mal en España, según la OCDE. La mejor muestra, señalan, es el elevado abandono escolar temprano, de jóvenes (18 a 24 años) que dejan sus estudios al final de la ESO (o sin acabarla): eran el 19,97% en 2015, el porcentaje más elevado de toda la OCDE (35 paises desarrollados) y casi el doble que la media europea (11%), según la OCDE. Y los alumnos españoles que sí estudian tienen menos habilidades (en ciencias, matemáticas y lectura) que en la mayoría de la OCDE, según todos los informes PISA. Y están entre los que más repiten: un 36% de los que están en 4º de la ESO han repetido alguna vez, una de las mayores tasas de Europa y el triple que la OCDE, según el informe de la Fundación Europea Sociedad y Educación. Además, el último informe de la OCDE sobre España (marzo 2017) señala que la educación universitaria es “de baja calidad”, porque las habilidades de los universitarios están “entre las más bajas de la OCDE”. Y si tomamos a todos los adultos, la OCDE resalta que somos el 5º país con peor nota en comprensión lectora y matemática, sólo por delante de Chile, Turquía, Italia o Israel.

Por si fuera poco esta negativa radiografía de la enseñanza reglada, España también gasta poco y mal en la formación a adultos que han salido de las aulas, a trabajadores y parados. Somos uno de los paises con los adultos peor formados pero hacemos poco por mejorarlo. De hecho, el 53% de los adultos españoles no hacen ninguna formación, el 7º porcentaje más alto de la OCDE. Y del resto, sólo un 4% hacen una formación “formal·. Si miramos a los trabajadores, sólo un 11,9% hicieron algún curso de formación en 2015, frente al 14,7% en Europa, el 12,5% en Alemania, el 20,9% en Reino Unido o el 23% en Francia, según la Comisión Europea. Y mirando a los parados, sólo el 7,4% hicieron algún curso en 2015, frente al 9,6% de parados que se forman en Francia, el 23,7% en Alemania o el 25% en Italia.

Y todavía hay más. Para ser un país con adultos poco formados, el gobierno Rajoy ha recortado la aportación estatal a la formación profesional de adultos, a la séptima parte: de 934 millones en 2011 a 134 millones en 2015. Y aunque la aportación de empresas y trabajadores a la formación se ha mantenido, el problema es que una cuarta parte del dinero disponible no se gasta: se han perdido, por no solicitarse o hacerse cursos, 14.533 millones de cuotas entre 1993 y 2016, según ha denunciado la patronal CEOE, un dinero que los Gobiernos han gastado en otras cosas. Así que en la formación de adultos, falta demanda de cursos y la cuarta parte del dinero disponible no se gasta en formación. Así nos va.

La baja formación es, junto a la caída y el envejecimiento de la población, uno de los dos “talones de Aquiles” de la economía española, según el Banco de España. Mejorarla es uno de los retos claves para afrontar el futuro, ya que, para 2020, sólo un 15% del empleo disponible será para los europeos peor formados, ese 41,7% de españoles hoy, según un estudio de CEDECOP. Y en España, de los nuevos empleos disponibles dentro de una década (entre 8.8 y 10 millones), sólo el 2,3% serán para los que tengan poco formación, un 39,35% para los que tengan estudios medios y más de la mitad (58,4%) para los que tengan educación superior, según un estudio de la Fundación BBVA e Ivie.

Así que habría que dejar de hacer triunfalismo con el empleo y apostar por mejorar la educación y la formación de los españoles, para dejar de ser los eternos líderes en paro. Eso obliga a actuar en dos frentes: la educación de los jóvenes y la formación de trabajadores y parados. La primera medida debería ser blindar un mayor gasto en educación, tanto para la educación reglada como para la formación profesional. El objetivo podría ser gastar en educación la media europea: 5% del PIB. Eso, contando con que en 2017 gastaremos el 4,1% del PIB (46.000 millones de euros) supondría gastar 9.000 millones más al año. Y otros 2.000 millones en la formación de trabajadores y parados. Total, 11.000 millones, la cuarta parte de lo que nos va a costar el rescate de la banca.

Pero no basta con gastar más en educación y formación. Hay que plantearse una auténtica reforma educativa, pactada, que trate de conseguir otra educación, desde la guardería a la Universidad. Una educación menos memorística, basada más en el desarrollo de habilidades (ciencias, matemáticas, lectura, expresión verbal, idiomas, tecnología) y más ligada a lo que demandan  las empresas, con un mayor peso de la Formación Profesional. Y la propia OCDE nos propone gastar más en mejorar la formación de los profesores, volcándose en recuperar a los alumnos con problemas para reducir el abandono escolar. Y avanzar en la formación dual (trabajar y estudiar), que sólo siguen el 0,4% de los estudiantes de FP Superior (frente al 17% en la OCDE). Y trazar caminos para recuperar a los jóvenes ni-nis. En paralelo, hay que fomentar los cursos para adultos que trabajan y sobre todo para parados, en especial los jóvenes, las mujeres y los parados mayores de 45 años. Con cursos de formación más atractivos, más ligados al empleo y una gestión más transparente, que evite la corrupción detectada en Andalucía y Madrid.

En España trabaja menos gente que en Europa y por eso tenemos el doble de paro y somos menos ricos. Conseguir que haya más españoles trabajando, menos paro y mejores salarios obliga a mejorar la formación, que es muy deficiente. La OCDE, la Comisión Europea, el FMI y cientos de expertos lo llevan diciendo años. Y aquí, ni el Gobierno ni la oposición toman nota, están a “otras cosas”. Un año más, el informe de la OCDE sobre la educación es un tremendo revulsivo, que debería llevarnos a afrontar con urgencia uno de los grandes retos de España: mejorar la educación y la formación de niños, jóvenes y adultos. No miren para otro lado.