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lunes, 16 de diciembre de 2024

Trump infla la burbuja de las criptomonedas

Aun no gobiernan, pero Trump y sus amigos ultraconservadores se están haciendo de oro, desde Elon Musk a todos los que invierten en criptomonedas, cuya cotización supera los 100.000 dólares, subiendo un 140% este año, incluso las monedas “memes”. Y seguirán subiendo, porque Trump promete convertir a EEUU en la patria de las criptomonedas y hasta crear una reserva estatal. Preocupa el “boom” de estas monedas digitales, porque no tienen un valor real detrás, son muy volátiles y han protagonizado fraudes y quiebras, además de utilizarlas el crimen organizado y ser las monedas de la ultraderecha internacional. A pesar de las críticas de instituciones y economistas, han conseguido introducirse en el mundo financiero USA (con las ETFs de bitcoins aprobadas en enero) y ahora despegarán en Europa, al aprobarse un Reglamento que entra en vigor este 30 de diciembre. De hecho, los 3 grandes bancos españoles las venderán en 2025. Ojo, porque si esta burbuja cripto estalla, tendremos otra grave crisis financiera.

                         Enrique Ortega, a partir de "El cambista y su mujer", de Marinus van Reymerswale 

Las criptomonedas han pasado en 25 años de no valer casi nada al récord de los 100.000 dólares en diciembre. La primera criptomoneda, el bitcoin, empezó a funcionar en enero de 2009 y la han seguido después hasta 20.000 monedas digitales (ver historia de las criptomonedas). Son monedas y activos digitales que emplean un cifrado para identificar a su dueño y poder realizar transacciones. Un 20% están respaldadas por activos como el oro, el dólar y otras monedas, pero la mayoría (80% del mercado) son criptoactivos sin respaldo detrás de un activo concreto, sobre todo criptomonedas, monedas digitales que no tienen detrás el respaldo de un país y un Banco Central sino que las fabrican y emiten miles de empresas privadas, que controlan también su distribución y mercado. Las criptomonedas se basan en una red mundial de ordenadores descentralizada, unos “mineros” (que generan informáticamente nuevas monedas) y unas plataformas de compraventa, que permiten cambiar divisas por criptomonedas, almacenarlas en “billeteros digitales” y comprarlas y venderlas después, con altísimas comisiones, poca transparencia y enorme riesgo.

Al principio, el valor de las criptomonedas fue muy bajo (en 2010 cotizaba a 0,08 dólares), con pocos compradores y un mercado restringido a los fanáticos de la informática. Por eso, su cotización languidece y en 2015 era de 327 dólares. En diciembre de 2017 alcanzó su primer récord, cotizando a 18.674 dólares, tras el lanzamiento de futuros negociables en la plataforma CME Group. Hubo después una corrección y en 2018 cae hasta 4.000 dólares. A mediados de 2019 se recupera algo (12.212 dólares), pero el siguiente tirón viene con la pandemia: ante el parón de las Bolsas, los inversores lo ven  como una alternativa y llega a cotizar a 63.410 dólares el 13 de abril de 2021, para subir a 67.734 dólares el 9 de noviembre. A partir de ahí, empiezan las ventas masivas y se desinfla la burbuja de las criptomonedas: cotizan a 15.409 dólares en diciembre de 2022.

Fue un año y medio de desplome de cotizaciones (“el invierno de las cripto”), entre mediados de 2022 y principios de 2024, que se llevaron por delante a millones de pequeños inversores, que perdieron más de 2 billones de dólares, y provocaron quiebras y cierres de empresas y plataformas de venta muy conocidas, como FTX, Terra (Luna), Three Arrons Capital, Celsius o Voyager, con historias de emprendedores digitales famosos ante el juez o en la cárcel.

Muchos pensaron que era el final de las criptomonedas. Pero no fue así: la fiebre volvió y con más fuerza: el 6 de febrero de 2024 empezó el penúltimo “rally”, pasando el bitcoin (el 64,4% del mercado) de cotizar a 40.064 dólares a un nuevo máximo de 73.157 dólares, el 13 de marzo pasado (ver gráfico cotización). Los expertos explicaron esta nueva “burbuja cripto” por dos causas. La primera, porque los inversores esperaban bajadas de tipos de interés y eso les hacía buscar otras alternativas de inversión. La segunda causa (clave) fue que Estados Unidos aprobó, el 10 de enero, la comercialización de los primeros 11 Fondos (ETF) en bitcoin, lo que permitía a inversores “más serios” (Fondos, instituciones, bancos, grandes inversores) poner su dinero en Fondos (ETF) que replican a bitcoin, operando con ellos sin problemas, sin tener que recurrir a billeteras virtuales y plataformas de bitcoin. Y pagando muchas menos comisiones.

Los grandes inversores aprovecharon la aprobación de Fondos (ETF) de bitcoin para entrar a saco en este nuevo mercado, disparando un 35% las cotizaciones del bitcoin (y las demás cripto, hasta las “memes”…).  La ETF en bitcoin más popular, IBIT, comercializada por Black Rock (la mayor gestora de fondos del mundo) recibió hasta 10.000 millones de inversiones en las primeras 7 semanas, un récord histórico. Y hasta la fecha, los 4 mayores Fondos (ETF) en bitcoin han captado ya cerca de 100.000 millones de dólares... 

Posteriormente, en abril de 2024, otro acontecimiento volvió a disparar la cotización de las criptomonedas: el recorte de los bitcoins disponibles, un proceso que se repite cada 4 años para controlar la oferta y mantener los precios. Lo llaman el “halving” (“reducir a la mitad”) y consiste en reducir a la mitad la recompensa que los “mineros” (los que generan bitcoin) reciben por validar bloques en el blockclain de bitcoin. Su objetivo es recortar la oferta de bitcoin, que tiene un máximo (hay otras criptomonedas que no, lo que infla su oferta), para estabilizar los precios. Y los inversores sabían que las tres ocasiones anteriores en que se  hizo (noviembre de 2012, julio de 2016 y mayo de 2020), la cotización se disparó.

Y así llegamos a las elecciones de noviembre en EEUU: cotizaba a 67.000 dólares la víspera y tras la victoria de Trump se disparó a 88.014 dólares (11 de noviembre) y no dejó de subir hasta alcanzar los 100.000 dólares el 5 de diciembre (ver gráfico cotizaciones: el viernes valía 100.075 dólares). Y su capitalización es de 2,4 billones de dólares, el  PIB de Italia... Tras el triunfo de Trump se disparó también el valor de las cripto “menos serias”, las “memecoins”, criptomonedas que surgieron como una broma en Internet (con gatitos y otros “memes”) y ahora han disparado su valor, en un mercado sin transparencia, amplificado por las redes sociales. Las principales son Dogecoin (DOGE), impulsada por Elon Musk, Shiba Inu (SHIB), Dogelon, Samoyed Coin, Mona Coín y Pepe Coin. Sorprende que, tras el triunfo de Trump, su capitalización creció un 3% en 24 horas, alcanzando un valor de 74.780 millones de dólares, el PIB de Lituania…

Ahora, el sector cree que el bitcoin (64,4% del mercado) puede cotizar a 200.000 dólares en 2025. Y algunos creen que podría valer 1 millón de dólares en 2033… La burbuja de compras se alimenta por varias causas. Una, coyuntural, el triunfo de Trump y sus amigos neoconservadores, como Elon Musk, que son todos “fans de las cripto”. Trump era muy crítico en 2019 con las monedas digitales (son “volátiles” y “se basan en nada”, dijo), pero ahora es un firme defensor, tras apoyarle el lobby cripto con 150 millones de dólares para su campaña. Además, Trump ha prometido “convertir a EEUU en la capital de las criptomonedas”, tras nombrar como Secretario del Tesoro y Presidente de la SEC (la Comisión de Valores) a dos firmes defensores de las criptomonedas. Y se especula con que Trump podría crear una “reserva estratégica” en criptos de 100.000 millones de dólares.

Pero hay un factor estructural más de fondo que Trump sea ahora el gran “criptobrother”: el mundo financiero le ha perdido el miedo a las criptomonedas y las ve como una forma más de ganar dinero, como en su día fueron las “hipotecas basura” o los futuros. Un dato: 10 grandes gestores internacionales han llegado a administrar hasta 100.000 millones de dólares en ETFs de bitcoin en tan sólo 228 días desde su lanzamiento en enero, la mayoría procedente de inversores minoristas y todavía pocos de inversores institucionales. Pero es cuestión de tiempo que entren en este nuevo negocio los Fondos de pensiones y los Fondos soberanos (de paises), disparando un mercado que podría llegar al billón de dólares en pocos años. Y tras este éxito de las ETF (Fondos) en criptos, la ingeniería financiera  investiga otras formas de inversión alrededor de las criptomonedas. Ya no es "una cosa de chavales y pirados informáticos”: han entrado los inversores de verdad. 

Y eso, aunque las instituciones y los economistas “serios” siguen alertando sobre las criptomonedas. La Comisión de Valores de EEUU (la SEC), que autorizó los ETFs en enero, lo hizo por imposición judicial, en cumplimiento de una sentencia del Tribunal de Apelación de Columbia, tras múltiples litigios legales de poderosos Fondos y bancos de inversión, que querían unirse al negocio cripto. Pero su presidente, al que cesará Trump el próximo 20 de enero, ya lanzó su alerta al aprobarlos: “Hoy hemos aprobado determinados Fondos cotizados sobre el bitcoin al contado, no hemos aprobado ni respaldado al bitcoin. Los inversores deben mantener la cautela ante los innumerables riesgos asociados al bitcoin y a los productos cuyo valor está vinculado a las criptomonedas”…

Más contundente fue, poco después (febrero 2024), el Banco Central Europeo (BCE): reiteramos que el valor real del bitcoin es cero”, escribieron en el blog del BCE dos de sus economistas. Y añadieron: “tras 15 años, el bitcoin ha fracasado en su promesa de ser una moneda global y descentralizada y sus transacciones siguen siendo lentas y costosas, además de haber sido incapaces de combatir su uso por los ciberdelincuentes”. Estiman que el bitcoin se utilizó para blanquear 23.800 millones de dólares en 2023 y para que empresas y particulares pagaran 1.100 millones de dólares en chantajes de ciberdelincuentes (por “ransomware”, secuestro de datos). Los economistas del BCE reiteran que el bitcoin no tiene ningún activo real detrás, contamina el medio ambiente (su “minería” consume mucha electricidad) y su cotización es “un espejismo” que se desplomará a medio plazo, porque su valor real es cero. “Se trata sólo de especulación y habría que tomar medidas drásticas contra su uso”, concluían.

Por si no quedara claro, un informe del Banco Internacional de Pagos de Basilea (BIS) destacó que las inversiones en bitcoins “están resultado desfavorables para los individuos”, porque entre el 73% y el 81% de los inversores minoristas de todo el mundo perdieron dinero en sus inversiones en bitcoins entre 2015 y 2022. Y como remate, tres opiniones contrarias de expertos economistas: ”es una estafa piramidal posmoderna” (Nobel P. Krugman); “es una herramienta de lavado de dinero y evasión fiscal“ (Nobel J. Stiglitz); “es como ir al casino” (Warren Buffet, uno de los mayores inversores del mundo).

Pero hay toda una generación de jóvenes e inversores que desprecian todas estas alertas y siguen arriesgando su dinero comprando criptomonedas y hasta “memecoins”. Había 617 millones de personas en el mundo que habían comprado criptomonedas en el primer semestre de 2024, frente 30 millones en 2017. Y con la “fiebre” actual, podría cerrarse el año con 850 millones de usuarios, una cifra en alza. Para la mayoría, porque creen que pueden ganar dinero fácil y “no quieren quedarse fuera”. Para una minoría de inversores profesionales, porque quieren “diversificar su inversión. En España, un 12% de los adultos han comprado criptomonedas, 4.700.000 españoles, según estimó el Banco de España. Muchos son jóvenes, atraídos por las redes sociales y los influencers. El interés es tal que miles de personas han sido engañados con “cursos” sobre criptos y 400.000 jóvenes hicieron cola, en febrero, en varios Centros Comerciales, para que les escanearan el iris a cambio de unas pocas criptomonedas (80 euros)…

Hay otro motivo por el que algunos invierten en criptomonedas: la ideología. En EEUU y en Europa, las cripto son las monedas de los neoconservadores y la extrema derecha, así como de los “antisistema”. Cuando nació el bitcoin en 2009, su creador, el “mítico” Satoshi Nakamoto, hablaba de “privacidad online”, “libertad individual” y “desnacionalización de la moneda”, siguiendo la tradición de movimiento “Ciberpunk” de los años 90. Y en 2018, casi la mitad de los usuarios de criptos de identificaron como “libertarios” y “conservadores”. Y la ultraderecha blanca USA (Steve Banon) defiende “el control de tu moneda” como parte de “la verdadera libertad”. De hecho, algunas informaciones revelaron que el asalto al Capitolio se financió con criptos… Y en España, el ultraderechista Alvise Pérez está investigado por recibir 100.000 euros de un empresario cripto (investigado también por una estafa piramidal de su empresa, Madeira Invest) para que hiciera lobby en el Parlamento europeo.

En cualquier caso, sea por inversión o por ideología, todo indica que la burbuja cripto es imparable y seguirá creciendo. Por eso, la Comisión Europea quiso “ordenar y clarificar” este mercado, aprobando en mayo de 2023 el Reglamento MiCA, la primera normativa en el mundo para regular las criptomonedas. Entra en vigor este 30 de diciembre, con unos objetivos claros. Por un lado, regular la emisión, oferta y negociación de los cripto en la Unión Europea. Y por otro, proteger a los inversores para que estén informados de lo que compran y de sus riesgos, asegurando que puedan saber dónde está su dinero (depósitos). Y además, reforzar la transparencia y seguridad en este mercado, que tendrá que informar a los reguladores de las operaciones dudosas o ilegales.

Desde el 30 de diciembre, el control de las criptomonedas estará en manos de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), que sustituye al Banco de España, donde se registraban las empresas cripto desde 2021. Hay 124 firmas de criptomonedas registradas en el Banco de España, que las inscribía pero no las supervisaba: ahora, la CNMV las registrará y supervisará. De momento, sólo 5 nuevas empresas se han inscrito y parece que hay un compás de espera en el sector financiero. Pero la implantación del Reglamento europeo (MiCA) y la euforia inversora en EEUU ha provocado que los tres grandes bancos (Santander, BBVA y Caixabank) anuncien que venderán criptomonedas a sus clientes en 2025, algo que ahora sólo hacen “neobancos” como Revolut o N26.

Todo apunta a que las criptomonedas van a dispararse en 2025, más en EEUU, pero también en Europa y en España, de la mano de inversores que no quieren “quedarse fuera” por si acaso (como los que especularon con tulipanes en el siglo XVII), de jóvenes que creen que van a hacerse millonarios rápidamente o de ultraderechistas que quieren “atacar al sistema” y tomar el poder con las cripto. Las autoridades tienen que estar vigilantes para evitar abusos, fraudes y quiebras. Y sobre todo, para prevenir que estalle la burbuja y nos aplaste una nueva crisis financiera, más grave que la de 2008. Avisados estamos.

lunes, 23 de septiembre de 2024

Gobierno UE: recetas para salvar a Europa

La presidenta de la Comisión Europea presentó la semana pasada su nuevo Gobierno, 26 comisarios para los próximos 5 años. Las elecciones de junio han provocado una “derechización” del Gobierno europeo, con 14 comisarios del PPE (más la presidenta) y 2 ultraderechistas, frente a 4 socialistas, 5 liberales y un independiente. Pero la presidenta Von der Leyen es pragmática y sabe que el futuro de Europa se juega en la economía. Por eso, la “hoja de ruta” de la nueva Comisión será el informe Draghi, que apuesta porque Europa salga del estancamiento actual y afronte la competencia USA y China con fuertes inversiones en industria y tecnología, nuevas energías, digitalización y defensa, más una mayor integración UE. Draghi propone un gigantesco “Plan Marshall” europeo, invirtiendo 800.000 millones anuales, que saldrían del ahorro e inversión privada, del Presupuesto y la emisión de deuda europea. Si no, advierte que Europa caerá en “una lenta agonía” y estará en peligro nuestro nivel de vida y hasta nuestra democracia.

                       Presidenta Von der Leyen, Teresa Ribera y los nuevos comisarios de la UE

El pasado miércoles, la reelegida presidenta de la Comisión Europea, Úrsula Von der Leyen, se fotografiaba en Bruselas con su nuevo Gobierno, 26 Comisarios que han de ser “examinados” ahora por el Parlamento Europeo (alguno podría ser “rechazado”), para empezar a gobernar en noviembre, durante 5 años. Se trata del Gobierno europeo más “derechizado”, incluso más de lo que reflejaron los resultados de las elecciones europeas de junio. En esas elecciones (720 escaños), los europeos eligieron 188 eurodiputados del PPE (Partido Popular Europeo), 136 de Socialistas y Demócratas y 77 liberales (Renew), los tres grupos que apoyaron la reelección como presidenta de Von der Leyen (PPE, desde la democracia cristiana alemana, la CDU). Pero la extrema derecha avanzó mucho en el nuevo Europarlamento: 84 diputados de Patriotas (el grupo ultra liderado por el húngaro Víctor Orban, donde está VOX), 78 de ECR (liderado por Meloni), otros 25 eurodiputados de ESN (donde están los ultras alemanes y el español “Se acabó la Fiesta”). El resto fueron los 53 eurodiputados de Los Verdes y 46 de La Izquierda (grupos donde están Sumar, Podemos y Ahora Republicas), más los 33 del grupo de No adscritos (Junts).

Ahora, Von der Leyen “ha tomado nota” del auge de la extrema derecha para conformar su nuevo Gobierno, no tanto porque haya Comisarios ultras (ha elegido sólo a 2: uno muy sonado, el italiano Raffaele Fitto, exministro de Exteriores de Meloni, como vicepresidente de Cohesión y Reformas, y Oliver Varhelyi, ligado a Orban, como Comisario de Sanidad), sino porque ha dado un mayor peso a sus correligionarios del PPE que el que obtuvieron en las elecciones de junio: serán 14 Comisarios del PPE (más la presidenta), más de la mitad de los 26 totales y además copando puestos claves: Economía, Defensa, Interior y Migraciones, Agricultura, Pesca, Servicios Financieros y Presupuesto. Los liberales obtienen 5 Comisarios, más que los socialistas (4 Comisarios), junto a  1 independiente. Ningún Comisario ligado a los Verdes o La Izquierda.

El contrapeso de tanto poder para Von der Leyen (muy presidencialista y más ahora que los gobiernos de Francia y Alemania, el tradicional "eje de poder" en la UE,  son más débiles que nunca) serán el liberal francés (macronista) Stéphane Séjourné, vicepresidente ejecutivo de Prosperidad y Política Industrial y, sobre todo, la socialista española Teresa Ribera, nombrada vicepresidenta 1ª de la Comisión (sustituta formal de Von der Layen cuando no esté), responsable de la “Transición limpia, justa y competitiva”, además de Comisaria de la Competencia. Con ello, la española Ribera será la Comisaria europea con más poder, uniendo a sus competencias energéticas (transición verde) las de Competencia: dirigirá la política energética UE y parte de la política industrial, al decidir sobre fusiones y vigilar a las multinacionales (su antecesora, la danesa Vestager, ha impuesto multas históricas a Google, Apple y Facebook).

Aunque sea un Gobierno europeo más escorado a la derecha que nunca, la presidenta Von der Leyen es sobre todo pragmática y sabe que se la juega en un terreno: la economía. Porque sabe que la UE está estancada: apenas crece un +0,2% en el 2º trimestre, menos de la tercera parte que EEUU (+0,7%), tras crecer sólo un +03% en el primer trimestre de 2024 y +0,6% en todo 2023 (cuando USA creció cuatro veces más, el +2,4%). Y también sabe que Alemania, la llamada “locomotora europea”, está “gripada”: su PIB ha caído un -0,1% en el 2º trimestre de 2024, tras caer un -0,3% en todo 2023 . Y además, hay otros 5 paises europeos cuyas economías decrecieron en el 2º trimestre, según Eurostat: Irlanda (-1%), Austria (-0,4%), Suecia (-0,3%), Letonia (-0,9%) y Hungría (-0,2%).

Así que Europa tiene problemas graves (la guerra de Ucrania, los inmigrantes, la energía y el cambio climático, la polarización política y el auge de la extrema derecha…), pero la Comisión sabe que la clave para salir adelante es recuperar la economía y la competitividad, afrontar el reto del futuro frente a los avances de EEUU, China y otros paises. Por eso, el lema que ha elegido Von der Leyen para su segundo mandato es claro: “Prosperidad, seguridad y democracia van a ser nuestras prioridades”. Por encima de todo, recuperar el crecimiento europeo, afrontar la transición energética y digital y resolver los problemas de seguridad (Defensa e inmigración), asegurando la democracia y el bienestar europeo.

Pero para conseguirlo, Von der Leyen sabe que Europa tiene que cambiar. Por eso, hace un año, durante el debate del “Estado de la Unión”, encargó a Mario Draghi, expresidente del BCE (2011-2019) y ex primer ministro italiano (febrero 2021-octubre 2022) que elaborara un informe sobre el futuro de Europa. Y Draghi ha elaborado un informe de 400 páginas, titulado “El futuro de la competitividad europea, presentado el 9 de septiembre, que va a ser “la hoja de ruta” de la nueva Comisión Europea para los próximos 5 años. El objetivo es que la economía europea se reconvierta a fondo para competir mejor en el mundo.

En su informe, Draghi parte de señalar el grave problema que tiene Europa: el retraso económico respecto a EEUU, aunque socialmente sea un continente más avanzado. La cifra que aporta es impactante: la UE produjo (PIB) por valor de 46.587,9 millones de dólares en 2023 (a precios constantes, descontada la inflación), un 30% menos del valor de la producción de EEUU (66.762 millones de dólares). Pero lo más grave es que esta brecha entre el valor de lo que produce Europa y EEUU se ha agravado en las dos últimas décadas, porque en 2002 el “gap” era sólo del 17%. Y eso se traduce en un menor nivel de vida en Europa que en EEUU, ahora y desde hace décadas: el ingreso real disponible de los hogares ha crecido el doble en USA que en la UE, según el informe Draghi.

En definitiva, que Europa lleva décadas perdiendo terreno económico (y calidad de vida) respecto a EEUU (y a China). La causa, según Draghi, es la menor productividad europea: 55,7 dólares por hora trabajada en Europa (en dólares constantes, deduciendo la inflación) frente a 75,7 dólares por hora en EEUU (eran 46 frente a 57,1 en 2002). Y este deterioro de la productividad se debe, según Draghi, no sólo a la menor innovación y tecnología de la economía europea, sino también a tres factores que han ayudado a Europa en la postguerra mundial y que ahora no van a ayudar: el auge del comercio mundial, la energía barata (importada) y el menor gasto en Defensa (que ha permitido “gastar en otras cosas”, gracias al paraguas de seguridad de la OTAN, financiada sobre todo por EEUU).

Ante este panorama, Draghi es muy realista y teme por el futuro si Europa no toma medidas drásticas: “el PIB de Europa comenzará a menguar a partir de 2050 (“el crecimiento se detendrá en 2040”, por la caída de la población activa) y el “invierno demográfico” agravará la situación si no se compensa con un aumento de la productividad”. En definitiva, añade, el dilema es “cambiar o afrontar una lenta agonía”.

Para Draghi, este preocupante panorama plantea a la Unión Europea un triple reto: acelerar la innovación y encontrar nuevos motores de crecimiento, reducir los precios de la energía (sin dejar de “descarbonizar”) y aprender a reaccionar en un mundo geopolíticamente inestable, donde las dependencias se convierten en vulnerabilidades y la seguridad no puede externalizarse.  Para responder a estos retos, Draghi propone avanzar en varios frentes: una nueva estrategia industrial (basada en la innovación, la tecnología y la digitalización), avanzar en lograr un verdadero mercado único europeo (“más Europa), alinear las políticas industriales, comerciales y de competencia de los 27, aumentar la inversión europea y reformar la gobernanza de la UE, con más coordinación y menos burocracia. Y en paralelo, propone tomar decenas de medidas en 10 sectores relevantes: energía, materiales críticos, digitalización y tecnologías avanzadas, industrias consumidoras de energía, tecnologías verdes, automóvil, industria de Defensa y espacial, farmacéuticas y transporte.

El informe Draghi (ver resumen en español) plantea 3 objetivos de futuro para Europa. El primero, cerrar la “brecha” de productividad con EEUU (y China), que pasa sobre todo por mejorar la tecnología y la innovación en la UE, porque este retraso tecnológico es la causa principal del retraso económico. Draghi cree que aunque Europa haya perdido parte del “tren digital”, aún puede capitalizar “nuevas olas de innovación”, como la Inteligencia artificial (IA) generativa, la integración de la IA en la industria y la tecnología en seguridad y encriptación. El informe refleja que el atraso europeo se asienta en un menor gasto en I+D+i, en la existencia de obstáculos reglamentarios a las empresas innovadoras (muchas se van a USA) y en la falta de un mercado único real, que impide crear grandes empresas tecnológicas (ojo: sólo 4 de las 50 mayores empresas tecnológicas del mundo son europeas). Draghi propone 10 medidas para reducir la brecha de innovación con EEUU, entre ellas invertir más de manera conjunta en los 27, facilitar la formación, promover la coordinación industrial, apoyar la investigación en sectores claves (farmacéutico) y facilitar la consolidación de las telecos UE.

El 2º gran objetivo del informe Draghi es avanzar en la descarbonización de la economía y a la vez de la competitividad (por eso Teresa Ribera controlará la transición verde y la Competitividad). Se trata de aprovechar la lucha contra el cambio climático para reducir el coste de la energía (mucho mayor en Europa que en USA o China), desarrollar una industria de vanguardia ligada a las tecnología limpias y reforzar la seguridad energética, asegurando las cadenas de suministros y la provisión de nuevos materiales, planificando una nueva estrategia para el transporte transfronterizo y para la industria del automóvil.

El tercer gran objetivo para que la UE avance es mejorar la seguridad y reducir la dependencia.  Europa se está quedando rezagada en las cadenas mundiales de suministros, lo que obliga a reducir la dependencia de minerales estratégicos y semiconductores (chips: Europa sólo fabrica del 10% mundial), así como de las principales materias primas, diversificando los paises proveedores o fabricándolas en Europa. Y lo mismo en Defensa: Europa no puede seguir dependiendo de EEUU y necesita desarrollar una política de Defensa, con más gasto y más inversión en tecnología e industria armamentista, para ser más “independiente” (hoy, el 78% del armamento de la UE se fabrica fuera). Y lo mismo en el sector espacial. Se trata no sólo de gastar más en Defensa y seguridad, sino en integrar el gasto por separado que hacen los paises, innovando juntos.

Todas estas propuestas y medidas del informe Draghi tienen un coste: será necesario invertir 800.000 millones de euros al año, una cifra inmensa (el 4,7% del PIB de la UE), que supone cuadruplicar el Plan Marshall (aplicado en la postguerra europea) y superar con creces el Plan de Recuperación aprobado tras la pandemia, que contemplaba invertir 750.000 millones de euros entre 2021 y 2026 (unos 125.000 millones al año). Draghi señala las 3  vías para conseguir estos ingentes recursos: la financiación privada, de las Bolsas (propone crear un único mercado de capitales), la banca (hay que avanzar en la unión bancaria y las fusiones transfronterizas) y los ahorradores (Europa ahorra mucho más que EEUU, pero 300.000 millones de ahorro europeo se desvían a financiar a EEUU), los préstamos del BEI (Banco Europeo de Inversiones) y la financiación pública (el Presupuesto de la UE es ridículo comparado con el de EEUU: un 1% del PIB de los 27) y la emisión de deuda europea, bonos que emitirían conjuntamente los 27 (como se ha hecho con el Plan de Recuperación), para grandes objetivos industriales, tecnológicos y descarbonización.

Además de pedir más inversiones en Europa, Draghi pide cambios políticos y de gobernanza: avanzar más decididamente en el mercado único (unión económica, financiera y fiscal), acelerar y racionalizar la toma de decisiones entre los 27 (extender el voto por mayoría cualificada y reducir los vetos), agilizar las decisiones (la UE tarda 19 meses en aprobar nuevos Reglamentos) y reducir el exceso de normativa (entre 2019 y 2024, la UE aprobó 13.000 textos legislativos y resoluciones, frente a 5.500 en EEUU) y de burocracia (hay demasiadas trabas a la actividad y a la innovación). Otro informe pedido por la Comisión, de Enrico Letta, refleja que sólo con avanzar en la integración europea (crear un verdadero mercado único) y reducir las trabas burocráticas, el PIB de la UE crecería un 10% más…

Este informe Draghi ha sido muy bien recibido por la nueva Comisión Europea, que lo tendrá como “hoja de ruta” para estos 5 años, aunque algunos expertos y paises han puesto reparos a su financiación, sobre todo a “la emisión de deuda conjunta”, los “eurobonos” de los que reniegan Alemania, Holanda y la Europa rica, porque no quieren aumentar su riesgo y el pago conjunto de intereses. Pero si Europa quiere dar un salto y competir con EEUU y China en las próximas décadas, tiene que reconvertir a fondo su economía y su gobernanza. Y eso cuesta dinero. No hacerlo, meter las propuestas en un cajón tiene un alto coste, del que el propio Draghi advierte: “hemos llegado a un punto en que si no hacemos nada, tendremos que comprometer nuestro bienestar, nuestro medio ambiente o nuestra libertad”. El modelo de vida de 450 millones de personas está en juego. Así de claro.

lunes, 13 de abril de 2020

Coronavirus: Ojo a bajar la guardia


Tras 4 semanas de confinamiento y menos contagios nuevos, crece la presión por suavizar el encierro. Ojo: si se hace demasiado pronto, el repunte puede ser mortal, advierte la OMS. Porque no sabemos cuántos contagiados hay ocultos en casa: entre 1,8 y 19 millones, según el Imperial College. Averiguarlo exige hacer estudio epidemiológico a 30.000 familias. Y reforzar la sanidad. Pero la emergencia económica presiona contra el confinamiento: millones de empresas cerradas y 1 de cada 4 ocupados con su empleo perdido temporal o definitivamente. Un drama al que se destinan 128.288 millones, que hipotecan nuestro futuro en la mayor recesión mundial desde 1929. Y con sólo 60.000 millones en créditos de Europa, sin un Plan europeo de reconstrucción porque Alemania, Holanda y Austria tienen elecciones en 2021 y temen el avance de la ultraderecha si ayudan más al sur. Igual que el PP con Vox, lo que impide unos Pactos aquí. Pero eso sería después, para la reconstrucción. Ahora toca seguir en casa, hasta mayo, y salvar vidas. 

enrique ortega

Hoy, lunes 13 de abril, se cumplen 103 días de la aparición del coronavirus en Wuhan (China), una pandemia que ha contagiado ya a 1.800.791 personas en 185 paises, provocando 110.892 muertos. España es el 2º país del mundo con más contagios (166.019), tras Estados Unidos (532.339), por delante de Italia (156.363), Francia (130.730), Alemania (125.975), Reino Unido (85.175) y China (81.134 contagios), según la Universidad Jhons Hopkins. Y somos el 3º país con más muertos (16.972), tras EEUU (20.558) e Italia (19.899) y más que Francia (13.832), Reino Unido (10.612), China (3.343) o Alemania (2.871), aunque tenemos menos letalidad (muertos/contagiados) que muchos paises europeos: 10,22% frente al 14,75% de Francia, 12,79% de Italia, 12,50% de Reino Unido, 11,94% de Bélgica o 10,83% de letalidad en Holanda. Y tras cuatro meses de duro confinamiento, el ritmo de nuevos contagios ha bajado, del 32% que crecían el 14 de marzo al 2,57% que aumentaron ayer domingo.También se ha suavizado el número de hospitalizados (56.972 ayer), los enfermos en la UCI (4.868 frente a 6.092 el 1 de abril) y los muertos (de 950 el 1 de abril a 619 ayer), aunque siempre son “demasiados”.


Con todo, la emergencia sanitaria provocada por el coronavirus sigue siendo muy dispar por autonomías, concentrándose la pandemia en Madrid, La Rioja, Navarra y Castilla la Mancha (azul más oscuro en el mapa), junto a Castilla y León, Aragón y Cataluña (azul medio) y con menor incidencia en Galicia, Levante, Extremadura y Andalucía (ver mapa). Los contagios han crecido en la última semana en Castilla la Mancha (415 por 100.000 habitantes) y Castilla y León (279), bajando en el resto, aunque siguen estando por encima de la media (185,48 por 100.000 habitantes) en la Rioja (520), Castilla la Mancha (415), Madrid (358), Navarra (299), Castilla y León (279), Cataluña (247) y País Vasco (227). Y siguen muy bajos en Canarias (36,8 por 100.000 habitantes), Murcia (38,6), Baleares (50), Melilla (57,8) y Andalucía (63), según los datos de Sanidad. Eso sí, mientras los hospitalizados bajan en la España con más contagios, suben en Andalucía, Balares, Canarias, Asturias y la Comunidad Valenciana. Y también la ocupación de las UCIs en Cataluña, País Vasco, Andalucía y Comunidad Valenciana. En cuanto a los muertos, la mayor letalidad (muertes/contagiados) sigue en Madrid (13,47%), Extremadura (12,09%), y Castilla la Mancha (11,26%), todas por encima de la media española (10,22%), seguidas de Cataluña (10,11%), Castilla y León (10,07%) y Aragón (10,05%). 


Ahora, el doble objetivo de Sanidad es reducir el ritmo de nuevos contagios (que decrezcan) y que las altas superen a los nuevos enfermos (3.441 altas ayer frente a 4.167 nuevos contagios). Y en paralelo, seguir reforzando los hospitales (con más test al personal sanitario, equipos de protección, respiradores y camas de UCIs), tanto los de las regiones saturadas como los de las autonomías que están viendo subir los contagios y hospitalizaciones. Y a la vez, controlar las 5.417 residencias de ancianos que hay en España, sin medios para afrontar una pandemia que se ceba en los más mayores (el 86,2% de los muertos tienen más de 70 años).


A la vista de esta “cierta mejoría” de la emergencia sanitaria (no olvidemos que hay 619 muertos diarios), muchas voces piden suavizar el confinamiento, permitiendo algunas salidas a la calle (niños, hacer deporte, etc.) y abrir más actividades, con la vuelta al trabajo hoy en la construcción y algunas industrias (por presión indudable de las grandes empresas). Pero ojo: sería un grave error suavizar o levantar el confinamiento demasiado rápido, porque “el repunte de la enfermedad podría ser mortal”, como acaba de advertir la OMS. Y eso porque no sabemos el alcance real de la pandemia, sólo los 166.000 que han sigo oficialmente contagiados. Pero hay millones de españoles contagiados (asintomáticos) ocultos en sus casas, que si salen sin saberlo pueden provocar una segunda oleada de coronavirus. La única estimación disponible es la del Imperial College, que da una horquilla de 1,8 a 19 millones de españoles que pueden estar contagiados, con 7 millones de contagiados posibles. 


Para conocer el alcance real de la pandemia, Sanidad va a iniciar esta semana un Estudio epidemiológico a 30.000 familias en toda España (63.000 pruebas), cuyo resultado no se conocerá (hay que repetir la prueba en 3 semanas) hasta dentro de un mes. Por eso, todo apunta a que seguiremos confinados hasta el 10 de mayo. Recordemos que Wuhan ha estado confinado 11 semanas y que Italia lleva desde el 11 de marzo y lo ha ampliado otra vez hasta el 3 de mayo. Y la mitad del mundo está con medidas de confinamiento, con retraso sobre España y con menos dureza: sólo Italia, Francia y USA están en estado de emergencia y en la mayoría de paises se permiten algunas salidas de niños y deportistas (ver cuadro sobre las medidas de confinamiento por paises). Eso sí, el confinamiento es muy desigual, según el tamaño de las casas (España está en la media) y, sobre todo, según los ingresos de los confinados: en España, la tasa de hacinamiento de los más pobres es de 5, 21 frente al 1,01 de los más ricos, una brecha menor a la de Francia o Alemania, según la OCDE. Por favor, cuando le agobie el confinamiento, mire esta foto: un padre, una madre y dos hijos (6 y 15 años), peruanos, confinados en Madrid, los cuatro en una habitación de 2 metros de ancho por 4 de largo...


La duración del confinamiento deberían fijarla los expertos y la emergencia sanitaria, para no perder lo ganado. Pero presionan para suavizarlo el cansancio de las familias y, sobre todo, las empresas cerradas, que temen no sobrevivir si el confinamiento económico se mantiene. De momento, los datos de la emergencia económica son tremendos. El Gobierno confirma, a través del ministro Escrivá, que se han presentado unos 400.000 expedientes, que suponen la pérdida temporal de empleo de 3 millones de trabajadores, más 850.000 autónomos que han pedido el cese temporal de actividad, según dijo Pedro Sánchez en el Congreso. Y a eso hay que sumar los 900.000 empleos perdidos (despidos) de marzo, a los que habrá que sumar otros 750.000 este mes de abril, según estima FUNCAS. En total, 5,5 millones de españoles que han perdido temporal o definitivamente su empleo. Más de 1 de cada 4 ocupados (había casi 20 millones) afectados en su trabajo y sus ingresos, una emergencia económica sin precedentes, que nos lleva a una recesión desconocida.


El Gobierno Sánchez ha reaccionado (tarde, como todos) con distintos paquetes de medidas, que se aplican más lentamente de lo que se necesita, lo que agobia a los afectados. Hasta ahora, las ayudas a las empresas (119.000 millones en créditos y moratorias), a la sanidad (4.600 millones), a los trabajadores afectados (3.400 millones) y a las familias (1.100 millones) totalizan ya 128.288 millones, según el balance presentado esta semana. Y se estudian más medidas, como el retraso hasta mayo de los impuestos a presentar en abril por empresas y autónomos o ayudas para los que no tienen derecho a subsidio (una renta básica transitoria). La factura de la pandemia sigue creciendo y obligará al Estado a endeudarse más, por encima del billón de deuda que ya teníamos. Una losa sobre el futuro, sin contar con el dinero que va a exigir reconstruir la economía cuando salgamos del confinamiento.


De Europa vamos a tener poca ayuda. Se ha avanzado la semana pasada, aprobando tres programas de ayuda, uno para la sanidad (240.000 millones del Fondo de rescate, el MEDE, sin condiciones y vigilancia, como exigían Italia y España), otro para las empresas (200.000 millones de créditos del Banco Europeo de Inversiones) y otro para los trabajadores afectados (100.000 millones de créditos de la Comisión Europea para pagar desempleo). Pero ojo, son créditos que habrá que repartir entre los paises (a España podrían tocarnos 60.000 millones, la mitad de las ayudas aprobadas ya) y devolver. España no gana mucho con recibir estos créditos europeos en lugar de endeudarse en los mercados (hoy pagamos poco), aunque nos da una seguridad si los inversores no nos prestan mañana o nos piden más intereses, como en 2012. Pero lo que más necesita España, como Italia, es que Europa gaste dinero (no créditos) en un Plan de reconstrucción europeo, con potentes inversiones.


Y los paises del norte, que acaban de aceptar “un parche” de créditos insuficiente, evitan aprobar un Plan de reconstrucción europea potente, como se ha visto en las reuniones de estas semanas y como se verá en la próxima Cumbre europea del 23 de abril. Eso exigiría “mutualizar la pandemia”, repartir los gastos y emitir “eurobonos”, para financiar con este dinero (más barato que si se endeuda cada país) la reconstrucción. Pero eso no lo acepta la Europa del norte, que se niega a ayudar a la Europa del sur, como en la crisis del 2008, aunque ahora la pandemia no sea culpa “de los vagos latinos del sur”. Es un problema de falta de solidaridad, de egoísmo, de negarse a pagar más para ayudar a los otros, de una vuelta al nacionalismo. Un sentimiento y una ideología alimentada por los populismos y la extrema derecha europea. Por eso no quieren ceder los gobiernos democristianos y liberales del Norte de Europa: porque tienen miedo de que les supere la extrema derecha en las próximas elecciones de 2021 (en marzo en Holanda y en octubre y diciembre en Alemania y Austria). Sobre todo cuando la extrema derecha es la tercera fuerza política en Holanda y Alemania y la segunda en Austria. Por eso no nos ayudan a Italia o España, aunque lo camuflen con argumentos económicos y financieros.


Y lo mismo pasa en España. El PP teme que Vox rentabilice el malestar contra el Gobierno que ha provocado el coronavirus, por el retraso en el confinamiento (menor que en la mayor parte de los paises y más duro que en Francia, Reino Unido o EEUU: ver cuadro), por la falta de medios sanitarios (como en todos los paises, donde faltan mascarillas, respiradores y UCIs), por falta de ayudas a empresas, autónomos y trabajadores (en todos los paises se pide más), y, como no, por los errores y bandazos (como todos los Gobiernos) . Y aprovechan todo esto para criticar cada día al Gobierno, buscando ser tan duro como Vox y negándose a acuerdos. Por eso, es impensable que el PP apoye esta semana ningún Pacto, porque tiene su mirada puesta en que no le supere Vox por la derecha y en utilizar el coronavirus para tumbar al Gobierno (al que nunca han considerado "legítimo"). Pero la patronal, los empresarios, no deberían seguir esta estela y necesitan unir sus fuerzas con los sindicatos para seguir salvando empresas y empleos, al margen de los politiqueos, con un pacto social diario y no firmado, que afronte la emergencia económica con el Gobierno, como los sanitarios afrontan unidos la pandemia.


Ahora, la prioridad debe ser salvar vidas y no tiene justificación poner a nadie en peligro de contagio por salir a hacer deporte, pasear al niño o abrir una tienda, aunque estemos todos muy hartos de estar en casa o hayamos perdido el trabajo o el negocio temporalmente. Esta pandemia es algo muy serio y seguimos sin los medios necesarios (equipos, material, UCIs y personal)  para combatirla, en los hospitales y en las residencias de ancianos. Y seguimos librando 17 batallas contra el coronavirus, autonomía a autonomía y no todos juntos como país: es impresentable que hasta el miércoles santo no se haya enviado un paciente grave de Soria a Logroño. Hay que volcarse en la emergencia sanitaria, esa debe ser “la guerra de todos”, al margen de críticas inútiles y actitudes políticas interesadas. Ya habrá tiempo para reconstruir la economía, a partir de junio o julio, con suerte, si paramos el segundo aluvión de la pandemia, que llegará cuando se levante el confinamiento. Pero ahora, sigamos en casa para salvar vidas.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Europa, estancada y sin rumbo


Este domingo 4 de diciembre, Europa se la juega otra vez: se celebra un referéndum en Italia y hay elecciones presidenciales en Austria, dos paises donde pueden avanzar la ultraderecha y el populismo, tras el triunfo del Brexit y de Donald Trump. Eso agravaría la situación de Europa, sumida en el estancamiento económico y la falta de rumbo político, dividida entre los que quieren seguir con la austeridad (la Comisión ha pedido más recortes a 8 paises, entre ellos España) y los que defienden un Plan de estímulo de 50.000 euros, una miseria (0,5% del PIB), pero supondría un cambio de rumbo para salir del estancamiento. Y más, con el riesgo de que el paro, la pobreza y la desigualdad en Europa, más la emigración, alimenten el populismo y la extrema derecha en las elecciones que habrá en 2017 en Francia, Holanda, Austria y Alemania. Europa se la juega y España mucho más, porque mucho de nuestro crecimiento y empleo dependen de que la economía europea despegue. Estén atentos.
 
enrique ortega

Europa, y sobre todo la zona euro, llevan más de dos años atrapados en una trampa de bajo crecimiento y baja inflación, con mucho paro, sin inversión y con demasiada pobreza y desigualdad. Es “el estancamiento a la japonesa”, que allí ha durado décadas. Los últimos datos son muy explícitos. Los 19 paises de la zona euro crecieron un 0,3% en el tercer trimestre, con Alemania, Francia y Bélgica creciendo sólo un 0,2%, Italia el 0,3%, Reino Unido el 0,4% y España y Holanda el 0,7%, según Eurostat. El paro está en el 10%, el doble que en EEUU (5,1%) y en los jóvenes se duplica, al 20,3% (42% en Grecia y España). Y como muestra de que la economía “no tira”, la inflación está en el 0,5% (frente al 2% objetivo), a pesar de que el Banco Central Europeo (BCE) sigue con su política de dinero barato y comprando deuda. Y el euro roza los 1,05 dólares, el nivel más bajo desde hace 14 años, una muestra clara de la debilidad europea.

Y lo peor. No es sólo que Europa no crezca apenas y haya casi 21 millones de parados. Es que además, la crisis ha agravado la situación de las familias europeas. Por un lado, se ha reducido la clase media en toda Europa, según acaba de advertir la OIT. Y por otro, hay ya 119 millones de pobres en Europa, un 23,7% de la población que vive con menos del 60% de ingresos que la media, según Eurostat. Y hay pobres en todos los paises, desde el 20% de la población en Alemania, el 23% en Reino Unido, el 28,7& en Italia o el 17,7% en Francia al 28,6% de la población en España, el 35,7% en Grecia, el 37,3% en Rumanía o el 41,3% en Bulgaria. Y de ellos, algo más de un tercio (8,2%) están en pobreza severa, no pueden cubrir sus necesidades básicas: son 41 millones de europeos, 3 millones en España, 4 millones en Alemania y Reino Unido, 5 millones en Rumanía y 7 millones en Italia. Sin olvidar que 25,2 millones de niños y jóvenes europeos (0-17 años) son también pobres, según Eurostat. Y además, en Europa ha aumentado la desigualdad entre ricos y pobres con la crisis.

Esta situación de estancamiento, paro, pobreza y desigualdad explica en buena medida, junto a la emigración, el Brexit británico y alimenta el populismo y la extrema derecha en toda Europa. Por eso son decisivas las dos votaciones que se celebran este domingo 4 de diciembre. Una, en Italia, el referéndum constitucional con el que Renzi busca más poder y que si pierde puede conducir a unas elecciones anticipadas, donde avanzarían los populistas de Beppe Grillo y la extrema derecha de la Liga Norte. La otra, la repetición de las elecciones presidenciales en Austria, donde podría ganar Norbert Hofer, del ultraderechista Partido de la Libertad de Austria (FPO). Y en 2017, si no se corrige el declive económico y político europeo, hay riesgo de que estos movimientos “antieuropeos” triunfen en las elecciones generales de marzo en Holanda (Partido Libertad de Holanda, PVV de Geert Wilders), en las presidenciales francesas de abril (Marine Le Pen, del frente Nacional), en las elecciones generales de septiembre en Alemania (partido Alternativa para Alemania, AfD) o en las generales de octubre en Austria (FPO).

Toda esta incertidumbre política en Europa se suma al daño que ya han causado a la economía y a la política europea el Brexit británico de junio y el reciente triunfo de Donald Trump en  Estados Unidos. A falta de que tome posesión el 20 de enero y empiece a tomar medidas, el triunfo del populista y derechista Trump va a tener dos efectos muy negativos sobre la maltrecha economía europea. Uno, las consecuencias de su proteccionismo comercial. Europa es un continente que crece (poco) gracias en gran parte a las exportaciones, al superávit comercial que consigue tras vender a todo el mundo. Y un 20,7% de esas exportaciones van a Estados Unidos, que amenaza con aranceles (impuestos) y limitaciones a los productos extranjeros. La consecuencia sería un menor crecimiento y menos empleo en Europa (también a España, porque el 4,5 % de las exportaciones van a USA). El otro efecto negativo de la victoria de Trump es que su política de estímulos internos va a aumentar la inflación en EEUU y subirán los tipos de interés, que llevan 8 años en cero. Y eso obligará a Europa, al BCE, a subir también los tipos, si no quiere una fuga de capitales y un desplome del euro. Y con tipos más altos, Europa crecerá aún menos y habrá menos empleo (y España, unos de los paises más endeudados, tendrá más gasto en intereses).

Así que la victoria de Trump, junto al Brexit y el avance de los populismos y la extrema derecha, obligan a Europa a tomar medidas urgentes, antes de que la situación pueda empeorar más en 2017. Mario Draghi, el presidente del BCE, lleva meses repitiendo que él ya no puede hacer más, que el dinero barato y comprar deuda de los paises ya ha agotado su efecto, que hay un exceso de liquidez y sin embargo la economía no despega. Es más: la inflación se ha recuperado, de estar en negativo a subir el 0,5%, pero es un espejismo, porque se debe a la subida del petróleo y los alimentos. Si no fuera por ellos, la inflación “de fondo” estaría en cero o en negativo. Así que la economía está sin pulso. Por eso, el BCE, como antes el FMI, la OCDE y el G-20 llevan meses pidiendo a las autoridades europeas que tomen medidas para reanimar la economía europea, con más gasto y más inversión.

Hace unas semanas, el 19 de noviembre, la Comisión Europea vio por fin “las orejas al lobo”, tras el triunfo de Trump, y su presidente, Jean Claude Juncker propuso que Europa aprobara un Plan de estímulo para la eurozona de 50.000 millones de euros. “No soy un fanático de la austeridad”, aseguró el político conservador, que lleva defendiendo recortes en Europa desde 2010 y que es responsable, junto a otros “fundamentalistas” del déficit, de la segunda recesión en Europa (2011-2013). Parece “un cambio de rumbo”, pero ojo, tardío y muy tímido: supone inyectar muy poco dinero, sólo 50.000 millones (el 0,5% del PIB), 200 veces menos del billón de dólares que ha prometido Trump como Plan de choque para EEUU… Haría falta 10 veces más de dinero, al menos, para inversiones en infraestructuras, tecnología, industrias, medio ambiente y educación, para relanzar la economía europea.

El problema es de dónde sale ese dinero, quien lo paga. Y Alemania, que financia el 17% del presupuesto comunitario, no está por la labor de pagar más. Ni tampoco gastar e invertir más ella por su cuenta, dado que tiene superávit en sus cuentas públicas, como le vienen pidiendo a Merkel el FMI, la OCDE, el BCE, Obama y el G-20. “Nein” (no) han reiterado una y otra vez, en defensa de la austeridad a ultranza en Europa. Por eso, no ven con buenos ojos la propuesta de Juncker de gastar más, aunque sólo sean 50.000 millones. Y han presionado a la Comisión, junto a otros “fundamentalistas” de Bruselas, para que envíe primero una carta (en octubre: verla aquí) y haga después un apercibimiento público (el 16 de noviembre) a 8 paises de la zona euro para que recorten más sus proyectos de Presupuestos para 2017, porque incumplen el déficit exigido por Bruselas. Es una petición oficial de más ajustes a España, Italia, Portugal, Bélgica, Finlandia, Lituania, Eslovenia y Chipre.

¿En qué quedamos: Europa gasta 50.000 millones más o se exige a 8 paises que recorten sus Presupuestos? Son medidas contradictorias, que revelan las diferencias políticas en Europa, aunque siga dominando la austeridad de Alemania y parte de la Comisión. Pero la realidad es muy tozuda y al Brexit se ha sumado la victoria de Trump para enturbiar el futuro de un continente estancado. Los políticos europeos saben que o hacen algo o la economía seguirá estancada, habrá poco empleo, mucho paro y demasiada pobreza y desigualdad. Y si no dan soluciones la derecha neoconservadora y la socialdemocracia desnortada, los europeos se echarán en los brazos de políticos populistas y ultraderechistas, que prometen "soluciones nuevas" para viejos problemas que otros no resuelven. Es lo que ha pasado en Reino Unido y Estados Unidos y lo que puede pasar en Italia, Austria, Holanda e incluso Francia o Alemania, los países clave. Por eso, si la situación se agrava políticamente en 2017, con los efectos de la política de Trump y del Brexit, Merkel, Hollande y Renzi tendrían que forzar un golpe de timón en Bruselas para no ser desalojados del poder.

Pero a Europa no le basta con “parches” como los 50.000 millones de gasto extra que defiende Juncker. Es una gota en un océano. Harían falta al menos 500.000 millones de gasto adicional, en un Plan de choque destinado a inversiones transeuropeas, en infraestructuras, tecnología, digitalización, industria, energía, medio ambiente, formación y ayudas al empleo, para conseguir crecer mucho más, crear más empleo y bajar el paro a la mitad (al 5% de USA). Y ese dinero extra se puede conseguir con nuevos impuestos (tasa Tobin sobre operaciones financieras, impuestos medioambientales) y haciendo que paguen más impuestos los grandes empresas y sobre todo las multinacionales, que apenas pagan en Europa (Apple, el 0,005% de sus beneficios). Y en  paralelo, los paises más ricos y sin déficit, como Alemania, Holanda, Austria y los del norte de Europa, deberían gastar más por su cuenta, además de aumentar salarios, para crecer más y tirar del resto, de la Europa del sur. Es lo que llevan dos años pidiéndoles el FMI, la OCDE, el BCE, el G-20 y Obama.

España se juega mucho a que Europa cambie el rumbo y reanime su economía, a que no sigan los recortes. Primero, porque Bruselas nos pide que recortemos este año y en el Presupuesto para 2017 (8.000 millones de euros, no los 5.500 de los que se hablaba), lo que frenará un crecimiento y un empleo que ya de por sí serán más bajos por la coyuntura internacional (2,3% de crecimiento frente a 3% este año y 400.000 nuevos empleos frente a 480.000). Pero además, lo que pase en el mundo y en Europa afecta mucho a la economía española. Baste decir que más de la mitad de la recuperación económica de 2014 a 2016 ha sido por tres factores externos, no por la política de Rajoy: bajada del precio del petróleo, bajada del euro y de los tipos de interés. Y España es un país muy vulnerable a lo que pase por el mundo y en Europa, porque somos uno de los países más endeudados y dependemos mucho de los mercados y de los tipos de interés (si suben un 1%, los intereses de la deuda, nos cuestan 3.000 millones más, que habrá que recortar de otro lado). Además, dependemos mucho de Europa para exportar (el 72% de nuestras ventas al exterior) y para recibir turistas (el 88% son europeos), dos motores claves de nuestro crecimiento.

Así que atentos a lo que pasa ahora en Europa y como digiere el Brexit y la futura política de Donald Trump. Rajoy y la oposición deberían “hacer piña ante Bruselas”, para forzar un cambio de rumbo, para que los líderes europeos aprueben un ambicioso Plan de reactivación para Europa, del que España sería uno de los paises más beneficiados. Y mientras, en España, deberían aprobar un Plan propio para reanimar también nuestra economía, porque tenemos el doble de paro que Europa y no podemos esperar a ver qué hace Bruselas. La clave es recaudar más, sin subir los impuestos a la mayoría, consiguiendo más ingresos de las grandes empresas, las multinacionales y los más ricos, que pagan menos de lo que deben. Así se podrían recaudar 40.000 millones de euros más al año, según los técnicos de Hacienda (GESTHA). Y con esos mayores recursos, España podría gastar una parte (30.000 millones) en políticas de empleo (ayudas a parados y formación), en salvar las pensiones, en sanidad, educación, dependencia y algunas inversiones en tecnología e infraestructuras, destinando otra parte (10.000 millones) de esos mayores ingresos a reducir el déficit público. Se puede hacer. Es cuestión de voluntad política y de hacer pagar más a algunos muy poderosos.

En resumen, que Europa está estancada y en una encrucijada donde nos jugamos el proyecto europeo y hasta la propia democracia. Y esta es una batalla que afecta mucho a España. Así que estemos atentos a lo que pasa en el próximo año, en Europa y en Estados Unidos, porque de ello va a depender en buena medida nuestro trabajo y nuestro nivel de vida. Y también nuestro futuro como ciudadanos de un continente que no puede perder libertad y bienestar. Europa se la juega y nosotros con ella.