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jueves, 30 de marzo de 2023

Ojo a hacer demagogia con los parados

Hay un viejo tópico: muchos parados no quieren trabajar y prefieren cobrar el desempleo. Un estereotipo alimentado por la patronal y algunos “expertos”. Hace unas semanas, se les sumó  el líder de UGT: “los parados que no acepten un  trabajo deberían no cobrar”. Pura demagogia. Primero, porque ya se hace así. Y segundo, porque no dice que un 36% de los parados registrados no cobran nada ni que las oficinas de empleo (SEPE) no les ayudan a trabajar: sólo gestionan el 2% de los contratos. Y sólo 1 de cada 38 parados que cobran el paro llegan a recibir una oferta de trabajo. Encima, España, líder de paro en Europa, es el 2º país con menos “vacantes” de empleo, con menos ofertas: 4,9 por cada 100 parados, frente a 50 en la UE-28. Así que los 3 millones de parados españoles lo tienen muy difícil, como para atacarles. Antes del verano, se debe crear la nueva Agencia Estatal de Empleo, que pretende ayudarles a recolocarse. Pero sin medios.

Enrique Ortega

Los que nos hemos quedado alguna vez en paro sabemos bien que no es una situación fácil, sino angustiosa, que nos hunde en la desesperación y la impotencia, aunque cobremos el paro. Y la gran mayoría de los parados, lo que quieren es trabajar. Pero hay un viejo tópico, alimentado por la patronal y algunos “expertos” económicos: muchos parados no quieren trabajar y prefieren “vivir del paro”. Un estereotipo que perpetúan en los últimos años con quejas de que no encuentran trabajadores, sobre todo en la hostelería, el transporte, la construcción o el campo, los sectores más duros y peor pagados. “Páguenles más”, les contestó el presidente Biden en EEUU y la ministra Díaz en España.

Ahora, lo grave es que hasta el líder de la UGT se ha sumado a esta insidia contra los parados. A principios de marzo, Pepe Álvarez sugirió (en un  acto organizado por El Mundo…)  que “los parados que rechacen una oferta de trabajo deben dejar de cobrar la prestación”, reconociendo después que su posicionamiento “no es normal”. Y tanto: es pura demagogia. Primero, porque el líder sindical sabe (o debería saber) que ya hay una norma para evitar los abusos, un régimen sancionador: si un parado rechaza una oferta adecuada, se le abre una infracción y está 3 meses sin cobrar el paro. Y si rechaza un 2º trabajo, se le sanciona con 6 meses más sin cobrar el desempleo. Y a la tercera, se le quita el subsidio. Pero además, Pepe Álvarez debería saber que el problema hoy no está en los parados, sino en las oficinas de empleo (SEPE), que son un desastre y no ayudan a los parados a recolocarse.

Una vez más, los datos replican a la demagogia. Por un lado, un tercio de los parados registrados en el SEPE no cobran ninguna ayuda: en diciembre de 2022, cobraban algún subsidio 1.838.199 parados, el 64% de los registrados (2.873.653). Así que un 36% de los parados registrados no recibía ninguna ayuda. Y de los dos tercios restantes, la mayoría (casi 1 millón de parados) cobraba una miseria, un subsidio asistencial  de 463,21 euros, que reciben algunos parados a los que se les han acabado los dos años de paro o que no han cotizado lo suficiente (6 años para cobrar 2 de paro). En su mayoría son parados mayores de 45 años, mujeres y jóvenes, la mayoría de los que cobran ese subsidio asistencial y de los que no cobran nada. No es casualidad que los parados lideren la tasa de pobreza en España: el 58,6% son, estadísticamente, "pobres", según la Red Europea de lucha contra la pobreza (EAPN).

Además, por otro lado, los parados registrados no reciben casi ninguna ayuda de las oficinas de empleo (SEPE), razón por la que muchos no se registran: en diciembre de 2022 había 3.024.000 personas que se declaraban “parados” en la EPA (cuando les preguntaba el INE), pero en esa fecha sólo había 2.873.653 registrados en el SEPE (150.347 se consideraban parados pero no les compensaba registrarse). Y eso pasa porque los parados saben que las oficinas de empleo no les sirven para encontrar empleo. Los datos confirman esa sensación. En enero de 2023, el SEPE solo gestionó 27.806 colocaciones, el 1,99% de las colocaciones registradas en España. Y esto lleva pasando muchos años. Así, en julio de 2022, las oficinas de empleo sólo gestionaron el 2,23% de todas las colocaciones hechas en el país. Y entre 2012 y julio de 2022, las oficinas públicas de empleo (SEPE) intermediaron 4,2 millones de contratos, el 2% de todos los contratos hechos en la última década (las ETTs privadas intermediaron el 16,4%).

Así que las empresas españolas no confían en las oficinas públicas de empleo para contratar y utilizan las ETTs más los portales de empleo privados, las redes sociales y los contactos de conocidos y trabajadores. Y el 96% de los parados registrados que encuentran trabajo lo hacen por su cuenta, multiplicando los contactos, currículos y visitas. Otro dato, que debería conocer el líder de UGT: en enero de 2023, sólo 1 de cada 38 personas que cobraban el paro llegaron a recibir una oferta de trabajo de su oficina pública de empleo, según las propias estadísticas del SEPE. Así que quizás haya quien rechace un empleo, pero la mayoría tiene el problema de no recibir ofertas.

Precisamente, el problema de España, que lidera la tasa de paro en Europa (13% en enero, frente al 6,1% en la UE-28 y el 3% en Alemania, según Eurostat), es que es el 2º país europeo con menos ofertas “vacantes” de empleo: a finales de 2022 había 140.517 “vacantes” sin cubrir, el 0,9% de los empleos existentes, sólo un porcentaje menor de vacantes que Rumanía, Bulgaria y Polonia (0,8% de los empleos), según Eurostat. Eso significa que, aunque España tiene mucho paro, los nuevos empleos (pocos) se ocupan mayoritariamente, no se rechazan. De hecho, por cada 1.000 empleos existentes, en España hay 9 vacantes, frente a 28 de media en la UE-28, 44 en Alemania, 24 en Francia y 19 en Italia.

Hay otra forma de medirlo, la proporción de puestos vacantes y parados. En España hay 4,9 empleos vacantes por cada 100 parados, la cifra más baja de toda la OCDE, salvo Grecia (4,1 vacantes por cada 10 parados). Y la media en Europa es de 50 vacantes por cada 100 parados y 32 empleos vacantes por cada 100 parados en Alemania, Paises Bajos y República Checa, según Eurostat. Así que, ya no es sólo que las oficinas de empleo (SEPE) funcionen mal y no ayuden a recolocarse, es que, además, los parados españoles tienen menos oportunidades de encontrar empleo, por el tipo de economía que tenemos (menos productiva y más basada en los servicios). De hecho, las estadísticas europeas reflejan que la oportunidad de un parado español de encontrar empleo es 26,2 veces inferior a la de un alemán, 35 veces inferior a un checo y 10 veces inferior a la media europea.

Con estos datos, queda claro que los parados españoles tienen muy difícil recolocarse, no sólo por las peculiaridades de nuestra economía sino por lo poco que les ayudan las oficinas de empleo, el SEPE, que sólo les sirven para “sellar” periódicamente su demanda y cobrar (dos tercios, el 36% nada). ¿Por qué falla el SEPE? Primero, porque no está dirigido a “recolocar” a los parados, sino a gestionar burocráticamente su desempleo. Basta con ver su web, “Empléate: sólo incluía 63.853 puestos de trabajo  y 22.209 ofertas a finales de marzo, prácticamente las mismas que hace un año, con sólo 63.965 empresas registradas (de las 3 millones existentes) y 783.785 trabajadores registrados (de 3 millones de parados y 17,3 millones de asalariados). Datos que reflejan que el empleo no pasa por la web del SEPE, mientras el portal de empleo de Francia registra un millón de ofertas…

El problema de fondo de las oficinas de empleo (SEPE) es que no buscan la recolocación de los parados y no están preparadas para ayudarles: su sistema informático es obsoleto, su plantilla es insuficiente (los sindicatos piden ampliarla de 8.100 a 12.000 personas), muy envejecida (la mitad tienen más de 50 años), con contratos precarios (la cuarta parte son interinos y más de 1.000 personal laboral)  y no está especializada en recolocaciones. Además, las 4.000 oficinas de empleo repartidas por España funcionan de forma diferente, porque la política de empleo la gestionan las autonomías. Y pasa como con la sanidad, la educación o la dependencia: unas regiones gestionan mejor que otras el desempleo, aunque ahora todas dispongan de más recursos, porque se han duplicado los recursos aportados por el Estado (y la UE) para políticas activas de empleo: 2.798 millones del Estado y los Fondos Europeos repartidos en 2022. Según los datos del SEPE, las regiones que consiguen más recolocaciones son Extremadura, Andalucía y Canarias. Y las que menos recolocan (el 1% o menos) son Cataluña, Comunidad Valenciana, Galicia y Madrid.

Otra asignatura pendiente es mejorar la formación de los parados, ya que está demostrado que hay más paro y menos recolocaciones entre los parados menos formados. Pero aquí también han fallado las oficinas de empleo (SEPE), porque sólo un 2% de los parados asisten a cursos de formación (sólo 65.389 desempleados en 2021, según el SEPE). Una parte puede ser por “dejadez” de los parados, pero otra parte se debe a la falta de atractivo (y exceso de burocracia) de muchos de los cursos ofertados. Y al desinterés de las empresas españolas por mejorar la formación de los parados, para así conseguir trabajadores mejores formados. De hecho, una buena parte de la cuota de formación que pagan empresas y trabajadores no se gasta, por falta de demanda de empresas (que racanean permisos y fondos), trabajadores y parados: hay un remanente no gastado entre 2015 y 2020 de 2.635 millones…

Para tratar de buscar alternativas a los parados, en febrero de 2023 se aprobó en el Congreso la Ley de Empleo, otra exigencia de Bruselas, para tratar de mejorar la política de empleo y la recolocación de los parados. Para los sindicatos y algunos expertos, es una Ley demasiado vaga y falta de medios, por lo que están pendientes de ver el Reglamento que la desarrolle, donde debería concretarse la obligación de las empresas de comunicar todas sus ofertas de empleo a las oficinas públicas, como se hace en Francia. Y queda por ver cómo se hace el cambio de la actual SEPE a la nueva Agencia Estatal de Empleo, que se quiere poner en funcionamiento antes del verano.

El objetivo de todo el cambio legal y de nombre es ofrecer un asesoramiento individual y personalizado a los parados, tras hacerles uno a uno una entrevista y contar con un tutor de la Agencia Estatal de Empleo que elaborará su perfil y un expediente personalizado, para facilitar su recolocación, lo que exigirá que el parado se comprometa a participar en las acciones necesarias para mejorar su empleabilidad. En paralelo, se pretende agilizar y modernizar el portal público de empleo, para que incluya todas las ofertas de trabajo y asegure que lleguen a todos los parados y trabajadores. Una tarea ingente, si se quiere ayudar de verdad a 3 millones de parados, para la que hará falta mucho personal especializado (funcionarios y empresas colaboradoras) y, sobre todo, muchos recursos. Dinero y personal que no se ha asegurado con la Ley y la futura Agencia de Empleo. Y cuya ejecución va a tener mucho que ver con los Gobiernos autonómicos que se elijan el 28-M

En resumen, que nadie debería hacer más demagogia con los parados, porque bastante mal están, un tercio sin ningún ingreso y la mayoría solos a la hora de buscar trabajo, sin casi ayuda pública. Es hora de afrontar la grave situación que arrastramos desde hace décadas, dedicando más personal y más recursos públicos a formarlos y ayudarlos en su recolocación, con más implicación de las empresas. Darles una salida, ya que casi la mitad de los parados actuales (42,4%) llevan más de 1 año sin trabajo y la sexta parte (medio millón) llevan más de cuatro años en paro y sin esperanzas. Así que dejen de hacer demagogia con los parados y ayúdenles a recomponer su trabajo y su vida.

jueves, 11 de noviembre de 2021

¿Faltan trabajadores?

Algunos empresarios se quejan de que no encuentran trabajadores: peones de la construcción, camioneros, camareros y personal de hoteles o temporeros del campo. No pasa sólo en España, también en Reino Unido, resto de Europa y Estados Unidos. El presidente Biden dio la solución: “páguenles más”. Y se sumó Yolanda Díaz. Suena muy “progre”, pero los salarios son sólo parte de la solución: también hay que ofrecer contratos “decentes”. Pero sobre todo, faltan trabajadores en muchos puestos porque no hay suficiente personal formado: encofradores, electricistas, gruistas, cocineros, conductores de maquinaria, ingenieros agrónomos y, principalmente, especialistas en medio ambiente, informática, digitalización y nuevas tecnologías (faltan 100.000 empleos digitales). El problema de fondo es que tenemos una educación ineficaz, desde la escuela a la Universidad, con adultos poco formados (el 37% frente al 17% en Europa). Y que las empresas gastan poco y mal en formar a sus trabajadores. No basta con pagar más. El gran reto es educar y formar en los empleos con futuro.

Enrique Ortega

El empleo lleva creciendo 15 meses, desde junio de 2020, tras lo peor de la pandemia: se han creado 1.423.800 nuevos empleos en España, según la última EPA (septiembre 2021). Pero aún así, hay muchos empresarios que se quejan: podrían crear más empleos, pero no encuentran los trabajadores que buscan. Sobre todo en la construcción (la patronal CNC dice que faltan 700.000 trabajadores para cubrir las inversiones contempladas en el Plan de recuperación), en el transporte (la patronal Fenadismer habla de un déficit de 10.000 a 15.000 camioneros en España), en la hostelería y el turismo (desde camareros a limpiadoras y personal de habitaciones) y en el campo (temporeros). También en el resto de Europa se quejan de que faltan camioneros y otros trabajadores, igual que en EEUU, donde faltan estibadores en los puertos, camioneros y trabajadores no cualificados.

Este déficit de empleos se refleja en las estadísticas. En España, la cifra de “vacantes” (puestos que no encuentran quien lo ocupe) ha subido mucho tras la pandemia: eran 74.346 vacantes en junio de 2020 (107.531 un año antes) y 119.202 vacantes en junio 2021, la cifra más alta de empleos sin ocupar de la última década, según los últimos datos del INE. La cifra no es muy importante en la construcción (6.575), a pesar de lo que dice la patronal, tampoco en la industria (7.033), pero sí en los servicios (105.605 vacantes en junio 2021), por los puestos sin cubrir en el comercio (12.692), la sanidad (9.292), la hostelería (8.170) y el transporte (3.208 vacantes). La mitad de estas vacantes se da en empresas muy pequeñas, de menos de 4 trabajadores (56.407) y sólo un tercio en las grandes (36.980). Y las vacantes se concentran en Cataluña (27.917), Madrid (27.001), Andalucía (16.561), Comunidad Valenciana (12.788) y Castilla y León (5.663), siendo mínimas en el resto del país.

Con todo, España está a la cola de Europa en empleos vacantes, lo que parece lógico cuando tenemos el doble de paro que el resto del continente: tenemos un 0,8% de empleos por cubrir, la tercera cifra más baja de Europa (tras el 0,3% de Grecia y el 0,8% de Rumanía), frente al 2,2% de empleos vacantes en la UE-27, el 1,9% en Francia o Italia y el 2,9% de empleos vacantes en Alemania, según los últimos datos de Eurostat (junio 2021). En Reino Unido hay 1,10 millones de empleos vacantes, un 3,4% de los empleos. Y en EEUU tenían 9,3 millones de empleos vacantes en junio pasado, el 6,2% de los empleos.  

¿Qué está pasando para que aumenten los empleos sin cubrir?  Hay varias causas. La primera, que la pandemia ha frenado la inmigración en todos los paises, también en España: sólo 149.011 extranjeros se sumaron al Censo en 2020, menos de la mitad de los extranjeros censados en 2019 (+395.168). Y muchos de estos inmigrantes son los que trabajan en el campo (temporeros), la construcción, la hostelería y el turismo. Otro factor es que muchos de los que han sido despedidos durante la pandemia, en la construcción, la hostelería y el campo, no quieren volver a trabajar en esas empresas, porque saben que son empleos muy precarios. Y algunos ya salieron de la construcción en la crisis de 2008 para pasar ahora a la hostelería y salir con la pandemia, así que están “doblemente escaldados”: intentan trabajar “en otra cosa”. Y además, las empresas ahora, que no tienen claro el futuro y están también escaldadas de esta nueva crisis, ofrecen contratos muy precarios y salarios muy bajos. Sobre todo a trabajadores no cualificados de la construcción, el campo y los servicios.

Por eso, en junio, el presidente Joe Biden dio “la solución” a los empresarios norteamericanos que se quejaban de que no encontraban trabajadores: “Páguenlos más (“Pay them more”). Y después le copiaron el ministro francés de Economía y la ministra Yolanda Díaz: “Páguenles más”.  Suena muy “progre” y realista (el salario hora en España es de 22,8 euros, un 20% inferior a los 28,5 euros de media en Europa y un 38% inferior a los 36,6 euros por hora que cobran en Alemania, según Eurostat), pero es sólo una parte del problema. Porque muchos de estos trabajos donde hay vacantes no sólo tienen sueldos mínimos sino también unas condiciones de trabajo muy precarias: contratos basura (por días y hasta por horas) y horarios infinitos (camioneros, hostelería o comercio), sin derechos.

Así que con contratos “decentes”, mejores condiciones de trabajo y mayores sueldos podríamos resolver una parte del problema, encontrar trabajadores para los empleos que no requieren cualificación. Pero la mayor parte de los empleos vacantes son empleos que sí requieren alguna cualificación. Algunos, una cualificación media, por ejemplo en construcción: faltan “caravisteros” (ponen ladrillos en fachadas) y “tabiqueros” (ladrillos en interiores), que ganan más de 50.000 euros al año, encofradores, ferrallistas, electricistas, fontaneros y operadores de grúa, empleos especializados. Y en transporte, operadores de algunos vehículos especiales y en logística. Y en hostelería, cocineros. Todo ello exige potenciar la figura del aprendiz y los cursos de Formación Profesional (FP).

Pero la mayoría de empleos vacantes y más en el futuro, son empleos que exigen una mayor especialización y formación, como los 100.000 empleos digitales que faltan en España, según la patronal DigitalES. Y lo mismo en sectores de futuro como la informática, la gestión de datos o las energías alternativas y el medio ambiente. Incluso en el campo, hay un déficit de ingenieros agrónomos (en Cataluña, por ejemplo, salen 20 licenciados al año frente a 150 que se demandan). Es aquí, en las profesiones más demandadas, donde 6 de cada 10 empresas tienen dificultades para encontrar trabajadores, según Manpower: analistas de datos, expertos en ciberseguridad e inteligencia artificial, digitalización y robótica, desarrolladores de software, consultores TIC, especialistas en redes, diseñadores de producto, analistas varios y todos los expertos en energías alternativas y medio ambiente. Y ya hoy, las empresas ofrecen más empleos a los que tienen FP que a los universitarios.

La solución a la falta de trabajadores no está sólo en ofrecer mejores sueldos y contratos. Hay que apostar por tener trabajadores mejor formados y cualificados en los empleos del futuro. Y aquí, España tiene “un grave hándicap de partida”, del que no hablan ni políticos ni empresarios: tenemos un país con poca formación. Un 37,1% de los adultos (25-64 años) españoles  tienen “baja formación (ESO o menos), el doble que la media europea (17,1% de los adultos) y casi el triple que Alemania (sólo 13,9% adultos poco formados), según el Informe de la Educación OCDE 2021 Y sólo tenemos un 23,2% de la población adulta con formación media (Bachillerato o FP), la más demandada, frente al 46% de los adultos en Europa y el 55% en Alemania. Eso sí, tenemos más universitarios que la media europea (39,7% de nuestros adultos frente a al 37,6% en la UE y el 31,3% en Alemania), pero un tercio de nuestros universitarios están subempleados (poniendo copas o de cajera en un súper).

Y si nos fijamos sólo en la formación de los jóvenes (25 a 34 años), el problema persiste, aunque mejora ligeramente: tenemos un 28,3% de jóvenes con poca formación (ESO o menos) frente al 12,3% en Europa, debido sobre todo a la lacra del “abandono escolar temprano” (16% en España, el 2º país peor de la UE, tras Malta, frente al 9,9% en la UE-27). Y sólo un 24,3% con formación media (Bachillerato o FP) frente al 43,1% en Europa, según el mismo Informe de la OCDE. Y en este grupo, sólo un 36% estudian Formación Profesional (FP), mientras lo hacen el 43% de los jóvenes en Europa, el 45% en Alemania, el 55% en Italia o el 65% en Reino Unido. Eso sí, tenemos más jóvenes universitarios (47,4% del total frente al 44,5% en la UE-27), aunque dos tercios de ellos no encuentren “trabajo de lo suyo” y estén subempleados o parados (el 15% en España, 6% en la UE y 4% en Alemania).

Esta baja formación de adultos y jóvenes es una clara consecuencia de un sistema educativo ineficaz, que pierde a muchos jóvenes por el camino y que no forma para encontrar trabajo. Y además, España es el 5º país de Europa que menos gasta en educación, en las últimas décadas y más tras los recortes de 2010 a 2015.

Pero no sólo falla la educación, también falla el reciclaje de trabajadores y parados. España es el 2º país de Europa con más paro (14,6% frente al 6,7% en la UE-27, según Eurostat), pero lo más grave es que tenemos muchos parados de larga duración (1.638.000, el 48% llevan más de un año parados), muy difíciles de recolocar, y muchos parados con poca formación: el 47,05% de todos los parados en septiembre ( son 1.607.600) tenían baja formación (la ESO o incluso menos), un 25,14% formación media (Bachillerato o FP) y el 27,79% restante tenían formación universitaria, según la última EPA.

Así que tenemos un país con adultos poco formados y donde la mitad de los parados apenas tiene formación (y les ofrecen cursos escasos y poco atractivos). Así parece difícil que las empresas encuentren los trabajadores que necesitan. Pero esas empresas tienen también mucha culpa, no sólo el sistema educativo. Primero, porque gastan en la formación de sus empleados la mitad que en Europa y la tercera parte que en EEUU, según la consultora Élogos. Y además, la mayor parte del gasto en formación lo hacen las grandes empresas, mientras las pymes (el 99%) sólo hacen el 10%. Y segundo, porque las empresas españolas han reducido a la mitad su gasto en formación en la última década: gastaron un máximo de 110,95 euros por trabajador en 2011, bajaron a 99,88 euros en 2014 y volvieron a caer hasta los 55,57 euros por trabajador en 2020, según detalla la última Encuesta anual de coste laboral del INE. La caída es más llamativa si la vemos así: en 2011, el 0,35% del coste total de un trabajador (31.370 euros de media) era formación y ahora, en 2020, el coste de la formación ha caído al 0,18% del coste total  por trabajador (31.150 euros). El gasto de las empresas en formación era mínimo y ahora es insignificante.   

Podemos verlo de otra manera, el gasto en formación de empresas y trabajadores. Cada mes, se descuenta una parte de las nóminas para formación (el 0,7%, un 0,6% las empresas y un 0,1% los trabajadores). En 2019, último año con datos, fueron 2.101,9 millones para formación, a los que se sumaron otros 312,55 de aportaciones del Estado y Europa (FSE). Con este dinero se hicieron 90.694 cursos, en los que participaron 267.480 empresas (de los 3 millones que hay en España), según los datos de la Fundación para el Empleo (FUNDAE). Una parte son cursos que se dan en Centros homologados y la menor son cursos subvencionados que dan las propias empresas a sus trabajadores, básicamente las grandes. El problema no es solo que se gasta poco dinero en formación, sino que además se gasta mal: cada año quedan sin gastar un 20% de los fondos que aportan empresas y trabajadores, según denuncia UGT, con lo que hay un remanente sin utilizar de 2.500 millones. Y eso por el exceso de control y burocracia, que retrasa el pago ayudas de 1,5 a 2 años, provocando que muchas empresas no se animen a adelantar el gasto para hacer cursos.

Bueno, si ha llegado hasta aquí verá que la falta de trabajadores es una cuestión más compleja que “pagarles más”. Y que las empresas que se quejan tienen bastante culpa, por no apostar por la formación de sus trabajadores y por no acabar con un sistema de cursos ineficaz. Y que los Gobiernos y el país  tenemos mucha culpa también por no afrontar de una vez por todas la reforma de un sistema educativo que no ayuda a formarse en los empleos que se necesitan. En vez de hacer demagogia con la falta de trabajadores, urge tomar medidas eficaces: pactar una reforma educativa, fomentar y mejorar la imagen de la FP, cambiar el sistema de cursos ligados a la cuota de formación, modernizar las oficinas de empleo (para que ayuden a recolocar a los parados) y plantearse como prioridad la formación y el reciclaje permanente de los españoles, del colegio a la jubilación. Conseguir una plena sintonía entre empresas, educadores y formadores, para limitar las vacantes. Y, sobre todo, orientar a los jóvenes a estudiar las profesiones con futuro. Formarse más y mejor.

jueves, 27 de octubre de 2016

EPA: empleo precario y 53% parados no cobran


En vísperas del nuevo Gobierno, la economía sigue con su inercia y el empleo sigue creciendoeste verano se crearon 44.000 empleos más que el anterior, por el récord del turismo extranjero, según la EPA conocida hoy. Eso sí, el empleo creado sigue siendo temporal y por horas: sólo 1 de cada 20 nuevos empleos son de calidad, fijos y a tiempo completo. Mientras, el paro baja del 20%, también porque hay menos gente buscando trabajo. Y la mayoría de los parados llevan mucho tiempo sin trabajar: la cuarta parte, más de 4 años. Ademásmás de la mitad de los parados EPA (el 53%) no cobran ninguna ayuda y son pobres. Entre tanto, sólo la cuarta parte de los parados de larga duración previstos han recibido ayudas a la formación y sólo 1 de cada 10 jóvenes se han beneficiado del Plan europeo contra el paro juvenil. Urge que el futuro Gobierno pacte un Plan de choque contra el paro, con formación y ayudas, sobre todo para los parados mayores de 45 años, mujeres y jóvenes. Más empleo ya.
 
enrique ortega

En verano suele crearse más empleo, por la temporada turística, la construcción y las faenas agrícolas. Y gracias al récord de turistas extranjeros, en el tercer trimestre de 2016 se han creado más empleos que el verano pasado, a pesar de la falta de Gobierno en España y el estancamiento de la economía mundial y europea (más tras el Brexit). Así, entre junio y septiembre se crearon en España 226.000 nuevos empleos, 44.000 más de los 182.200 creados en el tercer trimestre de 2015 (y más que los 151.000 creados en 2014), según la Encuesta de Población Activa (EPA) conocida hoy.

La mayoría del empleo creado en el tercer trimestre ha sido en los servicios (+178.700), sobre todo en el turismo, la hostelería y el comercio, creciendo menos en la industria (+34.400) y la construcción (+29.900), mientras bajó en el campo (-16.300). Y ha cambiado la tendencia de los últimos dos años y medio con el empleo joven: si antes los jóvenes no disfrutaban apenas de los nuevos empleos, este verano, dos tercios del empleo creado ha sido para menores de 30 años (150.200). Donde se ha creado más empleo ha sido en Cataluña (+42.700), Castilla y León (32.100) y Baleares (+25.400), mientras sólo bajaba el empleo en Murcia  (-5.600). Eso sí, el empleo que se crea sigue siendo muy precario: el 92% de los contratos hechos este verano fueron temporales y el 42% a tiempo parcial: un 24,5% han sido contratos por 1 semana o menos y el 40% de todos los contratos hechos este verano han durado menos de 1 mes. Si miramos todo el año, de enero a septiembre 2016, sólo un 5% de los contratos han sido fijos y a tiempo completo, según Empleo: sólo 1 de cada 20 nuevos contratos son “de calidad”, no precarios.

El paro ha bajado más (-253.900 parados estimados) que el empleo creado porque ha bajado el número de españoles que buscan trabajo, los activos (-27.300), porque sigue habiendo gente que ya ni busca empleo y se va a su casa o al extranjero ("desanimados"). Gracias a ello y al empleo creado, el paro estimado baja a 4.320.800 parados, según la EPA, un 18,91 % de los españoles en edad de trabajar, la tasa más baja desde 2010. Eso sí, la tasa de paro sigue siendo más del doble entre los jóvenes: el paro juvenil (menores de 25 años) está en el 42%. Casi la mitad de los jóvenes están sin trabajo.

Frente al habitual triunfalismo del Gobierno Rajoy, las cifras de la EPA esconden algunos datos muy preocupantes. El primero, que hay 1.438.000 hogares donde no trabaja nadie, 55.000 menos que en junio. El segundo, que sigue habiendo 5 autonomías con una “tasa de paro insoportable, entre el 25 y el 30%: Melilla (31,22%), Andalucía (28,52%), Extremadura (25,61%), Canarias (26,01%) y Ceuta (24,64%), que contrastan con el paro “casi europeo” del País Vasco (12,8%), Navarra (12,4%) y La Rioja (13,5%). Pero el peor dato es que más de la mitad de los parados no cobran ninguna ayuda. Por un lado, de los 4.320.800 españoles que se consideran parados (EPA), 2.283.919 no cobran ningún subsidio, un 53% de todos los parados (el llegar Rajoy a la Moncloa, no cobraban el 44,5% de los parados EPA). Y de los 2.036.881 parados EPA que sí cobraban algo en agosto (según el Ministerio de Empleo), sólo el 41% (848.265 parados) cobraba un subsidio contributivo de 780 euros al mes y los dos tercios restantes solo cobraban un subsidio asistencial, de 426 euros mensuales.

Este enorme contingente de parados que no cobran nada (condenados a la pobreza) se explica porque el paro es cada vez “más viejo” y a los desempleados se les han acabado las ayudas. Así, el número de parados de larga duración (más de 1 año en paro) eran todavía, a finales de septiembre, 2.446.400 parados, el 56,6% del total. Y lo peor es que, de ellos, casi 2 millones llevan parados más de 2 años y una cuarta parte, nada menos que 1.127.879 parados, llevan 4 años o más sin trabajar. Son una enorme bolsa de “parados sin salida”, porque las empresas no los quieren por llevar tanto tiempo desempleados y porque además, tienen poca formación: el 63% de estos “parados muy antiguos” sólo tiene la ESO o menos. Así que una cuarta parte de todos los parados (1,12 millones), con 4 o más años en el paro (sobre todo mayores de 50 años y mujeres), están condenados “al paro eterno” o esperar a los 55 años (si tienen “cargas familiares”) para cobrar un subsidio de 426 euros hasta la edad de jubilación. 

A pesar de estos datos oficiales, que hablan de empleos precarios y parados “sin salida”, el Gobierno Rajoy lleva más de dos años presumiendo que “España es el país que crea más empleo en Europa”. Es falso (hay 13 países que crean más empleo en 2016, según Eurostat), pero lo que sí es totalmente cierto es que España fue el país donde más empleo se destruyó durante la crisis (3,8 millones). Y lo que no dice Rajoy es que España es el país europeo al que le falta más empleo por recuperar: todavía hay 2.047.500 españoles menos trabajando que en el verano de 2008. Mientras, en Grecia hay 911.800 menos trabajando, en Portugal  todavía falta recuperar 431.100 empleos, en Italia 431.000 y en Irlanda 152.000, según los datos de Eurostat. O sea, que nos falta todavía recuperar más empleos que a Grecia, Portugal, Italia e Irlanda juntos. Y mientras, además, en Alemania trabajan ya 2.377.800 personas más que en 2008 y en Francia 482.900 más. Así que creamos más empleos, pero nos faltan aún muchos más que a otros.

Y no sólo eso. Las últimas estadísticas de Eurostat, de septiembre, “han sacado los colores”  a España, aunque el Gobierno Rajoy haya mirado para otro lado. Veamos tres sobre el paro: tenemos el doble de paro que Europa (19% frente a 10,1% en la eurozona) y el triple de parados que el segundo país con más desempleados (4,32 millones de desempleados frente a 1,5 millones en Francia), el doble de paro juvenil (43% frente al 20% en la eurozona) y son españoles un 22% de todos los jóvenes parados en Europa, y la tercera parte de todos los parados europeos de larga duración (2,44 millones frente a 1,76 millones en Italia, 1,27 millones en Francia y 740.000 en Alemania). Y hay otras tres nefastas estadísticas sobre empleo: tenemos casi el doble de empleo temporal que Europa (20,9% frente a 12,8% en la eurozona), mucho más subempleo (8,1% de todos los trabajadores quieren trabajar más tiempo frente al 5% en la eurozona) y muchos más trabajadores sin cualificar (33% sin la ESO frente al 19,3% en la eurozona). Unos datos como para presumir

Cara al futuro, las perspectivas no mejoran. La economía española crecerá algo menos este año (3% frente a 3,2% en 2015) y, sobre todo el próximo (2,3%), con lo que hasta el Gobierno Rajoy en funciones prevé que se crearán menos empleos: unos 480.000 este año (frente a 525.000 en 2015) y unos 408.000 en 2017, según las previsiones enviadas a Bruselas. Y mucho será rotación de empleos, numerosos contratos precarios para un mismo puesto de trabajo. Porque el problema de fondo es que las empresas no tienen vacantes: el 93,8% de las empresas asegura que no necesitan contratar ningún trabajador, según la Encuesta trimestral de coste laboral (INE) de septiembre. De hecho, España es el tercer país europeo con menos empleos vacantes, sólo por detrás de Portugal y Grecia, según Eurostat.

Así que el problema de fondo es que hace falta reanimar más la economía, el consumo y la inversión, para que las empresas necesiten más trabajadores. Eso pasa por reanimar la inversión pública (con inversiones necesarias, desde tecnología a carreteras) y la privada, apoyando una mejora del consumo con mayores subidas de salarios (a cambio de mejoras de productividad). Y para ello, urge hacer otra política, en España y en Europa, que relance la actividad, la inversión y el consumo, que se olvide de los recortes. El riesgo es que Bruselas fuerce al futuro Gobierno español a más recortes, como ha anunciado, lo que se traduciría en un menor gasto público y más impuestos, recortando la actividad y el crecimiento y con ello, el empleo. Entre cumplir con el déficit y cumplir con los 4,32 millones de parados que esperan una oportunidad, la opción parece clara. Y más cuando el paro se mantiene como la primera preocupación de los españoles (del 71,6%, según el Barómetro del CIS de septiembre), los más preocupados del mundo por el desempleo, según el estudio IPSOS: preocupa al 70% de españoles, frente al 38% de media en 25 paises y al 48% de franceses o el 66% de italianos.

Además de reanimar la economía, fomentar la inversión y el consumo y no hacer más recortes, el próximo Gobierno debería aprobar un Plan de choque contra el paro, con al menos 4.000 millones de euros (Francia, con la mitad de paro, aprobó un Plan de emergencia con 2.000 millones). Un Plan que debería centrarse en mejorar la formación de los parados, sobre todo de los de larga duración, y en dar subsidios a los parados que no cobran nada. El Plan Prepara, aprobado en 2015, pretendía ayudar a 400.000 parados de larga duración a cambio de formación, pero fracasó: sólo ayudó a 100.000 parados y gastó el 15% de los recursos. Ahora hay que poner los medios para que se cumpla. Y en paralelo, cumplir también con el Plan de Garantía Juvenil, el Plan de empleo para jóvenes que aprobó la Comisión Europea en 2013 y del que se han beneficiado sólo 1 de cada 10 jóvenes españoles sin trabajo ni formación (“ni-nis”), mientras en Alemania ha beneficiado al 60% de jóvenes ni-nis y en Francia al 80%. La otra prioridad del Plan de choque contra el paro debería ser reformar las oficinas del SEPE (antiguo INEM), que no tienen personal ni medios para ayudar a los parados a recolocarse (sólo colocan al 1,7% de parados). Y además, el Plan debería estudiar y poner en marcha todas las ayudas posibles para que las empresas contraten más.

En definitiva, aunque los datos de empleo y paro son algo mejores, siguen siendo preocupantes, por mucho que el Gobierno y sus medios afines hagan triunfalismo. Tenemos un problema que es grave y mucho más preocupante que en el resto de Europa: aquí trabaja menos gente, con mucha precariedad, y tenemos el doble de parados. Y los españoles reiteran que es lo que más les preocupa, con mucho. Hay que hacerles caso y tomar medidas urgentes, suficientes y realistas, pactadas y apoyadas por la mayoría de políticos, empresarios y sindicatos. Es una emergencia nacional. De verdad.

lunes, 11 de julio de 2016

Empresas sin vacantes y sueldos más desiguales


España ha crecido algo menos esta primavera, por la incertidumbre electoral y la crisis mundial. Y a pesar de que bajen los parados registrados (estadística engañosa), se está creando menos empleo: sólo en hostelería, turismo y comercio, un empleo muy precario y con salarios que han bajado un 0,2% en el primer trimestre. Y se agravan las diferencias salariales: hoy, un trabajador temporal (92% de los nuevos contratos) gana un 36% menos que uno indefinido. Y los que trabajan por horas (35% nuevos empleos)  ganan un 63% menos que los de jornada completa. Todo ello, porque hay muchos parados (4,7 millones) y pocos empleos: el 93,7% de las empresas no tienen vacantes y no piensan contratar. Y somos el tercer país de Europa con menos empleos vacantes, tras Grecia y Portugal. Con ello, los parados de larga duración aumentan. Un círculo vicioso que sólo se puede romper creciendo más y con políticas activas de empleo, con más formación y una profunda reforma de las oficinas de empleo. Ese es el gran reto de esta Legislatura.
 
enrique ortega

Seis meses de parón político en España a la espera de las segundas elecciones y  una crisis internacional que no mejora han pasado factura a la economía, como no podía ser de otra manera: las empresas han paralizado inversiones y empleos y el crecimiento ha bajado una décima, al 0,7% en el segundo trimestre, según la previsión del Banco de España. Y ahora, el Brexit, los resultados electorales del 26-J y la indefinición política y económica en Europa no van a ayudar a crecer ni a crear empleo en los próximos meses. Las empresas ya anticipan un cierto parón en la contratación: un 93,7% aseguran que no tienen vacantes, que no necesitan trabajadores, según la última encuesta trimestral de coste laboral del INE, publicada el 16 de junio. De hecho, reconocen que sólo tienen 69.028 vacantes, casi todas ellas (88,5%) en el sector servicios (hostelería, turismo y comercio). Y la mitad de ellas en Madrid, Cataluña y Andalucía, más en pymes que en medianas y grandes empresas.

Las empresas reconocen que no tienen puestos vacantes porque no necesitan más empleados, a la vista de las ventas. Esta situación contrasta con el resto de Europa, donde las empresas tienen más empleos vacantes, un 1,8% en la UE-28 frente al 0,7% en España, según datos de Eurostat. De hecho, España es el tercer país europeo con menos empleos vacantes en las empresas, sólo por delante de Grecia (0,2%) y Portugal (0,7%) y muy por detrás de Bélgica (2,6% vacantes), Alemania o Suecia (2,5%) o Reino Unido (2,4%). En definitiva, que las empresas españolas no están pensando en contratar y de ahí que los nuevos contratos que se hacen sean temporales y para cubrir huecos, no porque las ventas o las ampliaciones del negocio justifiquen aumentar las plantillas.

Como no hay mucho empleo y sí muchos parados (4.791.400, según la EPA, la única estadística seria y homologada en Europa, por lo que los 3.767.054 parados registrados de junio son una estadística engañosa, que no contempla todo el paro real), el poco empleo que ofrecen las empresas es muy precario (92% temporal y 35% a tiempo parcial) y con bajísimos salarios. De hecho, el coste salarial ha bajado un 0,2% en el primer trimestre de 2016, según el INE, y se sitúa en 1.635 euros brutos al mes (poco más de 1.300 euros netos). Y hay sectores, como la hostelería (donde más crece el empleo) donde los salarios han bajado (un 1,6% en 2014, según el INE).

Los salarios bajan o se estancan porque los nuevos empleos se están concentrando en el sector servicios (4 de cada 5 nuevos empleos), sobre todo en la hostelería, el turismo y el comercio, donde casi todos los contratos son precarios, o bien temporales (92%) o a tiempo parcial, por horas (el 35% de los nuevos contratos). Y precisamente, estos contratos son los peor pagados. Así, un trabajador con contrato temporal cobra de media un 36,64% menos que un trabajador con contrato indefinido (15.680 euros brutos frente a 24.746 euros), según las recientes estadísticas del INE (para 2014). Y un trabajador empleado por horas gana un 63,68% menos que uno contratado a jornada completa (9.794 euros brutos frente a 26.965 euros). Y esto no se debe sólo a que trabaje menos horas, es que además le pagan mucho menos la hora trabajada. Así, un trabajador de hostelería a tiempo completo gana 9,23 euros por hora y a tiempo parcial cobra 8,85 euros por la misma hora. Y lo mismo en comercio: 11,7 euros la hora a tiempo completo y 9,05 euros la hora a tiempo parcial, según el INE.

El resultado de la falta de vacantes y el escaso empleo disponible es que los que encuentran ahora trabajo tienen contratos muy precarios y cobran mucho menos que sus colegas de empresa con contratos antiguos más estables. La consecuencia es que ha aumentado la desigualdad salarial en España como nunca antes, según datos del INE. No sólo entre hombres y mujeres (ganan, de media, un 23,26% menos: 19.744 euros brutos frente a 25.727 euros los hombres), sino sobre todo entre temporales y fijos, entre a tiempo completo y a tiempo parcial, entre sectores (13.636 euros brutos en hostelería y 19.771 euros en comercio frente a 51.034 euros de sueldo medio en las eléctricas o 40.696 euros en la banca) y entre los puestos directivos (52.512 euros brutos) y los empleos sin cualificación (12.199 euros).

Y al final, como un 25% de todos los que trabajan (18.029.600 españoles) tienen ya empleos precarios, el sueldo medio de los españoles es muy bajo: el sueldo más frecuente era en 2014 (último dato del INE) de 16.490,80 euros brutos al año, que traducido en neto (menos cotizaciones y retención IRPF), supone ganar 942 euros en 14 pagas. O sea que somos un país donde el sueldo más frecuente es el de mileurista. Y los salarios españoles se alejan de Europa: si en 2008 cobrábamos el 32% menos que los europeos, en 2015 cobramos un 39 por 100 menos (15,8 euros por hora frente a 21,8 euros en la eurozona, según Eurostat). Y eso supone que la mayoría de las familias tienen problemas para llegar a fin de mes y consumen lo justo. Y por ello, las empresas apenas aumentan ventas y no invierten en nuevos proyectos. Y no tienen vacantes: mantienen sus plantillas, salvo para tapar huecos. No contratan.

Y mientras, hay 4.791.400 españoles en paro, esperando un empleo que no llega y teniéndose que conformar con empleos por horas, días o semanas, muy mal pagados. Eso provoca que cada vez haya más parados de larga duración, con más tiempo sin trabajar, lo que reduce mucho sus posibilidades de ser contratados. El paro de larga duración (más de 1 año) alcanza ya a más de la mitad de los parados: son 2.763.600 parados, el 57,67% del total (EPA marzo2016). Y de ellos, 2 millones llevan ya más de 2 años parados y un millón y medio más de tres años, la mayoría sin cobrar el desempleo (el 55% de todos los parados EPA, 2.643.867 parados, no cobraban el paro en marzo de 2016).

El problema de los parados de larga duración es grave, porque muchos de ellos tienen más de 45 años y corren el riesgo de no trabajar nunca más. De hecho, el paro de larga duración se concentra en las mujeres (52% del total), los mayores de 45 años, los parados con poca formación, los que trabajaron antes en la construcción  y los jóvenes sin experiencia. España es, con Grecia, Portugal, Italia e Irlanda, uno de los cinco paises la zona euro con más parados de larga duración y uno de los 10 paises UE-28 que superan el 50% de “paro viejo”, mientras en Bruselas no toman medidas para buscar una salida a este grave problema que afecta a casi la mitad (48,2%) de los 21 millones de parados europeos, según Eurostat.

El tema de fondo es que buena parte de este paro de larga duración no tiene salida si no se implanta en Europa (y sobre todo en España) una política decidida para reciclar a estos parados, con cursos de formación y políticas activas de empleo, que requieren recursos y medios que Europa no busca. Y mientras esto pasa, un 40% de las empresas europeas se quejan de que no encuentran los trabajadores que necesitan, según datos aportados por la Comisión Europea. Y eso, porque un 40% de la población europea carece de conocimientos digitales básicos, mientras 70 millones de europeos (el 14%) no tienen suficiente capacidad de lectura, escritura y cálculo, según datos de Eurostat.

En España también hay empresas que se quejan de que no encuentran los trabajadores que buscan, mientras 4,7 millones de parados no encuentran empleo. Y esto tiene mucho que ver con su baja cualificación: 2 de cada 3 parados españoles no tienen la ESO acabada, según la EPA. Y un 45% de los españoles adultos (25-64 años) tienen un nivel educativo bajo (sólo con la ESO acabada o ni siquiera), frente al 21% en Europa (UE-21) o el 24% de la OCDE (34 paises más desarrollados), y muy lejos de Suecia (12% de adultos poco formados), Alemania (14%), Finlandia (15%), Reino Unido (22%), Irlanda (25%) o Francia (27%), según datos de la OCDE. Así, a los parados y al resto, les resulta difícil acceder a los pocos nuevos empleos que se ofertan: un 42,4% de las ofertas de empleo hechas el último año exigían titulación universitaria y del resto, un 21,6% exigían Formación Profesional y otro 16,8% Bachillerato, requisitos que no cumplen muchos de los parados ni de los jóvenes españoles. Y entre los universitarios, hay ofertas para los que han estudiado Administración de empresas (ADE), Informática, Comercio y Marketing e Ingenierías pero no para los universitarios con Periodismo, Sociología, Ciencias Sociales o Derecho, según un reciente estudio de Adecco.

Así que nos encontramos con un país donde el 20% de los adultos está en paro y con poca formación para encontrar trabajo y donde las empresas tienen pocas vacantes y además no encuentran el trabajador formado que buscan, por lo que hacen contratos precarios y muy mal pagados, aprovechando que hay muchos parados que llevan mucho tiempo sin trabajar y no ingresan nada. Es una situación explosiva, que en nada ayuda a la recuperación de la economía y del empleo: los salarios precarios no mejoran el consumo y el crecimiento, el empleo es muy inestable y los ingresos fiscales y las cotizaciones apenas crecen, complicando las cuentas públicas y el futuro de las pensiones. Así lo resumía yo en la ETB vasca el pasado 20 de junio:

                                         Javier Gilsanz en la ETB, 20 junio 2016

¿Qué se puede hacer? Por un lado, hay que reanimar la economía, con empleos y salarios más dignos, a cambio de mejoras en la productividad de las empresas. Y una política del Gobierno de gastos e inversiones públicas, que tiren del consumo y la inversión privada, para crecer más que el resto de Europa porque tenemos el doble de paro.  Y por otro, España tiene que apostar por políticas activas de empleo, que dediquen recursos y medios a mejorar la formación y la empleabilidad de los parados. Y eso pasa por más cursos de formación, asesoramiento a los parados y, sobre todo, una reforma a fondo de las oficinas de empleo (SEPE), que sólo colocan al 1,7% de los parados. Reforma que debe incluir más recursos y más personal: España cuenta con 1 funcionario del SEPE por cada 269 parados, frente a 1 por 47 en Alemania (con el 6% de paro), 1 por 36 en Dinamarca o 1 por 22 en Reino Unido. Y además, hay que reformar a fondo la educación, para que los españoles estudien la FP y las carreras que buscan las empresas, no educar para fabricar más parados.

En definitiva, España está metida en un bucle siniestro: las empresas no tienen vacantes, no piensan en ampliar plantillas porque no ven claro el futuro y las ventas crecen poco. Y los pocos empleos que crean son precarios y muy mal pagados, con lo que somos un país de mileuristas, con muchas familias que no pueden consumir ni comprar. Y así estamos en un círculo vicioso de poco empleo, bajos salarios, escaso consumo, poca inversión y poco empleo. Un bucle que debería romper el Gobierno, fomentando el consumo y la inversión pública necesarios, el empleo estable y los salarios dignos, para salir del atolladero. Y, sobre todo, volcándose en la formación de los parados y los jóvenes. Si no, no tienen futuro. Y España tampoco.