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jueves, 13 de junio de 2024

España, líder en camareros universitarios

Este mes, 200.000 universitarios terminan su carrera y buscarán un trabajo, tarea difícil: el 25% no trabaja 4 años después de terminar la Universidad y muchos tienen empleos precarios y mal pagados. Lo peor es que un tercio de universitarios acaban trabajando en empleos para los que están “sobrecualificados”, un despilfarro de talento y recursos. Ahora, con el verano, muchos universitarios acaban en la hostelería, atendiendo terrazas: el 83,7% de los titulados españoles que trabajan en este sector lo hacen por debajo de su cualificación, frente al 68% de universitarios europeos. España tiene un doble problema: tenemos más jóvenes universitarios (el 50,5% entre 25 a 34 años) que el resto de Europa (44,7%) pero nuestro modelo económico no los incorpora. Y encima, su formación no se corresponde con la que piden las empresas (pocos licenciados en carreras técnicas y muchos en humanidades). Además, las oficinas de empleo no ayudan a colocar a los jóvenes, que optan por los portales online. Urge que los universitarios se formen mejor y no acaben poniendo cañas.


Acaba el curso universitario y unos 200.000 jóvenes terminan su carrera (199.048 “egresados” universitarios en 2021, según Educación) , un número que ha ido bajando desde 2013 (233.626 universitarios acabaron los cursos de Grado), por la caída de la natalidad y el aumento de tasas universitarias. Menos de la mitad de estos universitarios han terminado su carrera en 4 años (el 40,8%) y más de la mitad (53,4%) lo acaban con un año de retraso (un porcentaje mayor en las carreras técnicas), mientras un 18,7% abandonan la carrera el primer año o se cambian a otra (el 7%).El 81% de los que terminan estudios de Grado lo hacen en Universidades públicas, el 60% son mujeres y la mayoría (148.914 universitarios) tienen menos de 25 años. Y cada vez son más los que se “reenganchan” para hacer un Master: 141.696 universitarios terminan un master cada año (curso 2020-21, últimos datos de Educación), la mayoría mujeres (57%) y sólo el 51,5% lo hacen en Universidades públicas.

Tras terminar sus estudios, de Grado o Master, los universitarios se lanzan a la difícil tarea de buscar trabajo. Y no lo tienen fácil, como lo demuestra que, al año de terminar su carrera, solo cotizan a la Seguridad Social el 52,7% de los universitarios y a los 4 años de terminar el Grado sólo cotizan el 75,4% de los universitarios, según un estudio de la Fundación CYD, que refleja que trabajan más los que han hecho un Máster y los que han estudiado en Universidades privadas, siendo mayor el trabajo para los universitarios que han estudiado informática, ingenierías y ciencias de la salud, mientras trabajan menos los que estudiaron artes, humanidades, ciencias sociales, periodismo y ciencias de la educación.

Los universitarios consiguen más trabajo que los jóvenes con menos formación, pero aún así tienen una menor tasa de empleo y más paro que los universitarios europeos. Por un lado, tenemos el doble de universitarios en paro que en el resto de Europa: un 12,5% frente al 6,3% entre licenciados de 25 a 29 años y un 8,1% frente al 3,8% en la franja de edad de 30 a 34 años, según los datos de la Fundación CYD. En cuanto al empleo, en España trabajan el 76,3% de los jóvenes universitarios de 25 a 29 años, un porcentaje inferior al 83% de universitarios de esa edad que trabajan en Europa, según Eurostat. Y los universitarios con 30 a 34 años, trabajan el 85,6% en España frente al 89,3% en la UE-27. Además, los universitarios españoles tienen empleos más precarios: el 17,5% tienen contratos temporales y somos el 2º país UE con más temporalidad (tras Paises Bajos), muy por encima de la temporalidad de la UE (10,3% para los universitarios.

Y con unos contratos más precarios, los universitarios españoles ganan menos que sus colegas europeos: un 35% más que los jóvenes que se quedaron en Bachillerato, frente al 46% más que ganan comparativamente los universitarios UE, según la Fundación CYD. Y los universitarios en España ganan un 64% más que los que sólo tienen la ESO, mientras en Europa ganan un 75% más que los que sólo tienen los estudios básicos. De hecho, la mitad de los universitarios españoles ganan menos de 1.500 euros en los cuatro años siguientes a licenciarse, según un estudio del BBVA e Ivie.

Pero lo más llamativo es el alto porcentaje de universitarios que trabajan en empleos que exigen mucha menos formación, los universitarios “sobrecualificados” para los trabajos que hacen, licenciados que acaban en un bar, en un comercio o de cajeros de supermercado. España es líder europeo de universitarios “sobrecualificados”: un 35,9% de los ocupados (20 a 64 años), frente al 22,2% en la UE-27, según Eurostat (2022) por encima de Grecia (32,5% de universitarios “sobrecualificados”), Irlanda (28%), Italia (22,5%), Francia (22%) o Alemania (20,2%). Y ese porcentaje de “sobreocupados” es mayor entre los universitarios más jóvenes (36,5%) y entre las mujeres (36,8% frente al 34,9% los hombres).

Esta sobrecualificación de los universitarios que trabajan se concentra en una serie de sectores de actividad, destacando dos: las empleadas del hogar (99,4% trabajan con más cualificación de la que necesitan) y la hostelería, donde el 83,7% de los universitarios empleados trabajan en puestos por debajo de su cualificación, sobre todo de camareros y en cocinas, limpieza y mantenimiento. Un porcentaje de “sobrecualificados” que supera con creces la media en la hostelería de Europa, que tiene un 68% de personal sobrecualificado (77,7% en Grecia,72,6% en Italia, 54,4% en Portugal y 52,7% en Francia, los otros paises turísticos). A la hostelería le sigue en porcentaje de “sobrecualificados” la agricultura (76,6% de universitarios en trabajos de menor categoría), logística (73,1%), administrativos (69,6%), comercio (61,8%) y construcción (53,2% de sobrecualificados).

El gran peso de los trabajadores “sobrecualificados”, universitarios vendiendo ropa o poniendo cañas, es un despilfarro de recursos, un “fracaso vital” ¿A qué se debe? Hay dos bloques de causas. Una, que España tiene más universitarios que el resto de Europa (un 50,5% de jóvenes entre 25 y 34 años son licenciados, frente al 44,7% en la UE-25, según la OCDE) y sin embargo tenemos una economía que no los absorbe, porque nuestro modelo económico está más basado en los servicios y el turismo, en las pymes que en la industria, la tecnología y las grandes empresas, que son quienes demandan más universitarios. Tenemos “demasiados universitarios” , muchos jóvenes con baja formación (26,6% frente al 12,2% en la UE-25) y pocos jóvenes con formación intermedia (Bachillerato y FP), la que más demanda nuestra economía : sólo un 22,9% de los jóvenes (25-34 años) frente al 43,1% en la UE-25. Y en este grupo, en España tiene poco peso la Formación Profesional (FP), que ofrece muchos empleos: sólo la cursan el 24% de los que terminan la ESO (la mayoría hacen Bachillerato), frente al 37,2% en Europa, el 55% en Paises Bajos, el 51,5% en Italia, el 36,9% en Francia y el 32,1% en Alemania, según la OCDE.

La otra causa de la “sobrecualificación”, de tanto talento desaprovechado, es la deficiente formación con la que se licencian los universitarios en España. Primero , la mayoría estudian carreras con poco futuro laboral, con una mayoría en Grados de humanidades sobre carreras técnicas (STEM, por sus iniciales en inglés: Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), que tienen hoy mayor empleabilidad. Así, entre los que acabaron el Grado en el curso 2021-22 (último dato publicado), la mayoría se licenciaron en Ciencias Sociales (97.783) y Ciencias de la Salud (42.589, el doble que en 2006-2007), mientras bajan los licenciados en Ingenierías y Arquitectura (28.947 frente a 43.101 en 2006-2007) y en Ciencias (12.357 frente a 12.600 cinco años antes), aumentando los licenciados en Artes y Humanidades (17.372 licenciados frente a 14.101 en 2006-2007). Un dato resumen: cada año se gradúan 9.000 psicólogos y 1.500/1.700 físicos y matemáticos… En realidad, hay un déficit de licenciados (-25% que en Europa) en carreras de alta ocupación como Ciencias e Ingenierías.

El segundo problema es que la formación de los universitarios está “sobrevalorada”, en realidad, según este estudio de Funcas. Así, los programas internacionales PIACC alertan que España está entre los paises con menor puntuación en comprensión lectora y capacidad de cálculo de los adultos, así como menores niveles de “excelencia”. Y las empresas que tienen que contratarlos se quejan del “bajo nivel de competencias y conocimientos con el que terminan sus carreras los universitarios”, según las encuestas hechas por la Fundación FYD. Y hay un tercer problema, ligado con la formación que se imparte en la Universidad: tiene poco que ver con la formación que demandan las empresas, que se quejan de que no encuentran los perfiles (sobre todo técnicos) que necesitan. Y por eso ha crecido la demanda de titulados en FP Superior, que tienen una buena formación teórica y han hecho prácticas en empresas, con la FP dual (exige entre un 25 y un 35% de prácticas, 500 horas anuales).

Por todo ello, el último informe de la OCDE (octubre 2023) alertaba a España de la necesidad de actuar en la mejora de la educación y el empleo de los jóvenes, además de preocuparse de su vivienda y salud mental, para que puedan emanciparse. Empezando por la mejora de la educación, desde la escuela a la Universidad, con programas concretos para reducir el abandono escolar, mejorar la formación de los docentes y una enseñanza menos memorística y que fomente las “habilidades” de los alumnos. Y proponían potenciar más la Formación Profesional (donde faltan 300.000 plazas, según los sindicatos), lo que exige contar con la colaboración de 1 millón de empresas para hacer prácticas. Y sobre la formación universitaria, la OCDE pide que las empresas participen más en los Planes de estudio.

Otro conjunto de medidas que proponían hacen referencia a las políticas activas de empleo, a facilitar la recolocación de los parados, en especial los jóvenes, mujeres y mayores de 45 años. Y aquí queda mucho por hacer. Las oficinas de empleo públicas (dependientes de las autonomías) apenas ayudan a encontrar trabajo: en 2023, el SEPE sólo consiguió el 2,84% de las colocaciones (29.017 empleos) de jóvenes de 16 a 29 años. Jóvenes que, por eso, apenas se registran en el SEPE (sólo el 58% de los parados jóvenes) y prefieren utilizar los portales online privados (InfoJobs, Infoempleo, JobandTalent o  Linkedin). Las oficinas de empleo españolas tienen menos recursos humanos y materiales que las de la mayoría de Europa (necesitarían 1 orientador por cada 100 parados registrados y el SEPE tiene la tercera parte) y además no se conectan con la mayoría de las demandas de las empresas ni con las oficinas de otras autonomías, según denuncia este informe de Funcas.

Junto a estas medidas, los expertos educativos hacen hincapié en una reforma de la educación universitaria, defendiendo una mayor colaboración entre las empresas y la  Universidad, como propone el último informe de la Fundación FYD, que plantea una mayor participación de los sectores y empresas en los Planes de estudio, un mayor intercambio entre profesores y profesionales de las empresas, un aumento de las prácticas de los universitarios en las empresas (se dan en las Universidades privadas pero menos en las públicas) y, sobre todo, una mayor flexibilidad entre la Universidad y la FP Superior, para el trasvase de alumnos y experiencias, desde el acceso a los Másteres. Se trata de evitar que la Universidad sea “una fábrica de parados” y que los universitarios, en los que hemos volcado ingentes recursos y esperanzas, acaben poniendo cañas en un bar, de cajera de supermercado o vendiendo ropa en una tienda, un fracaso de todos. Formación, formación y formación, pero en lo que la economía y las empresas necesitan. Y muchas prácticas. A ello.

lunes, 14 de octubre de 2019

1 de cada 3 universitarios están subempleados


Otro curso más, 1,6 millones de jóvenes estudian en la Universidad española, muchos temiendo que tener una carrera no les sirva para trabajar. Porque más de un tercio de los universitarios (37,6%) están "subempleados" , trabajan en empleos de menor cualificación, mientras las empresas se quejan de que no encuentran trabajadores cualificados. El hecho es que la Universidad se ha convertido en una “fábrica de parados”, 114.000 licenciados que salen cada año sin muchas expectativas: menos trabajo que en Europa y el doble de paro universitario. La Comisión Europea acaba de pedir a España dos cosas: más gasto educativo (gastamos una quinta parte menos por universitario) y una mayor colaboración entre la Universidad y las empresas, para que formen en los empleos que hacen falta. Y los Rectores urgen a los políticos a aprobar una nueva Ley Universitaria (de 2001 y reformada en 2007), que les aporte más autonomía y medios. Hay que reformar a fondo la Universidad.

enrique ortega

Este Curso universitario 2019-2020 será el 2º consecutivo en que aumentan (poco: menos del 1%) los alumnos, tras 6 años antes de reducción en los alumnos de Grado (-169.000 alumnos entre 2011-12 y 2017-18), por la caída de la natalidad y el aumento de las tasas universitarias, aunque aumentaron los alumnos de Máster y Doctorado. Este año estudian en la Universidad española 1,6 millones de jóvenes, cursando un Grado universitario (casi 1,3 millones), un Máster (220.000 alumnos) o un Doctorado (otros 90.000 universitarios), en su mayoría mujeres (55%) y españoles (sólo el 0,9 % de los estudiantes de Grado son extranjeros, frente a un 6,5% en las Universidades europeas). Y cada vez estudian más alumnos en las Universidades privadas: ya son un 15,3% del total de estudiantes de Grado (y un 36,2% de Máster). De hecho, hay un “boom” de Universidades privadas: desde la creación de la última Universidad pública (Politécnica de Cartagena en 1998) se han autorizado 23 Universidades privadas, según la Fundación CYD.


¿Qué estudian los universitarios españoles? De los 340.000 nuevos universitarios matriculados este Curso 2019-2020, la mayoría Ciencias Sociales y Jurídicas (40%), seguida de Ingeniería y Arquitectura (20%) y Humanidades (18%), optando por Ciencias sólo el 6,4% de los nuevos universitarios, según los datos de Educación. Precisamente, esta elección de estudios (muy ligada a la nota que se ha sacado en Selectividad) determina que sean pocos jóvenes los que elijan carreras STEM (Science, Technology, Engineering and Mathematics), que son las que tienen más salidas profesionales y más futuro. De hecho, las matriculaciones en Ingeniería y Arquitectura han caído un 28% entre los cursos 2010-2011 y 2016-2017, según un  informe de la Fundación CYD. Y seguirán cayendo estas matriculaciones en el próximo lustro, según la Asociación Española de Inteligencia Artificial. Algo que contrasta con este dato, aportado por Digital.es: las empresas españolas tienen 10.000 puestos tecnológicos vacantes, sin cubrir, porque no encuentran los profesionales competentes.


¿Por qué los universitarios españoles estudian menos carreras tecnológicas? La mayoría (el 40%) las rehúye por su dificultad académica y otro 35% por desconocimiento de los caminos que abren, según una encuesta de Ernest&Young hecha a jóvenes de 12 a 18 años. Este rechazo a elegir carreras técnicas se gesta en la ESO y Bachillerato, según la Fundación CYD, donde los alumnos “cogen miedo” a las matemáticas y a la tecnología, impartidas además por profesores poco formados en estas ramas (sólo el 12% de los créditos de Magisterio corresponden a Matemáticas y Tecnología). Y además, la asignatura de Tecnología es opcional en la ESO y Bachillerato en muchas autonomías. El resultado es que se opta poco por carreras STEM, sobre todo las chicas (sólo 25% en Ingenierías).


Además de estudiar poco las carreras con más futuro profesional (carreras STEAM), los universitarios españoles tienen un alto grado de fracaso escolar: el 21,5% abandonan la Universidad tras el primer curso (y un 12,1% en los Máster), según datos de la Comisión Europea. Y 2 de cada  3 universitarios (el 65,1%) necesitan más de 4 años para graduarse, subiendo hasta el 89,9% en Informática. Y tampoco acaban a tiempo el 29,6%% de los que hacen un Máster de un año y el 27% de los que estudian uno de 2 años), según revela la Fundación CYD. Además, los universitarios españoles tienen poca movilidad, salen poco a formarse en otros paises: sólo el 1,9% se gradúan fuera de España, muchos menos que los universitarios europeos (3,6%), según la Comisión Europea.


Así que los universitarios españoles estudian carreras con pocas salidas, con poco aprovechamiento académico y sin beneficiarse de la formación en otros paises. Mala base formativa para trabajar después, sobre todo en un país con un modelo económico que ofrece menos empleo que Europa (recuerden: tenemos 1.800.000 empleos menos que la media de Europa: un 67% de adultos trabajando frente al 73,2% en la UE-28).


La Comisión Europea (también en funciones) acaba de alertar a España sobre el problema de la Universidad: tenemos más universitarios que Europa (44,3% de los jóvenes de 25 a 34 años, frente al 42,9% en la UE-23) pero nuestros graduados tienen menos oportunidades de empleo que los europeos: sólo trabajan el 77,9% de los graduados (20-34 años) que terminaron entre 1 y 3 años antes, frente al 85,5% que trabajan en Europa (UE-28). Y por eso, porque tenemos menos universitarios trabajando (20,5% de los jóvenes de 18 a 24 años frente al 30,2% en la UE-23),  tenemos más jóvenes que siguen estudiando (59,3% de 18 a 24 años frente a 56,7%) y más jóvenes (18 a 24 años) que “ni estudian ni trabajan” (20,2% de “ni-nis” frente al 13,1%), la mayoría porque están parados.


Ser universitario supone, eso sí, tener más empleo y menos paro que el resto de españoles con menos estudios. Pero comparados con los universitarios europeos, salen perdiendo en empleo y paro, aunque menos en sueldos, según el reciente informe “Education and Glance 2019” de la OCDE. Veámoslo.


En empleo, los universitarios españoles de 25 a 34 años tienen una tasa de ocupación del 78%, inferior al 84% de universitarios ocupados en la OCDE (36 paises desarrollados) y en la UE-23. Y con la crisis (2008-2018), su tasa de empleo ha caído un 6% en España y sólo el 2% en la UE-23 y el 1% en la OCDE. Y si miramos a todos los adultos universitarios (25 a 64 años), en España trabajan el 82% y en Europa el 86% (y hasta el 89% en Alemania, el 88% en Portugal, el 86% en Reino Unido y el 85% en Francia), según la OCDE. Y la estadística demuestra que tienen más empleo, en España y en Europa, los licenciados en TIC (86% ocupados en España y 91% en la UE-23) e ingenierías (85 y 89%) que los graduados en Educación (76 y 85% ocupados) y Humanidades y Ciencias Sociales (79% ocupados en España y 84% en la UE-23), aunque lidera el empleo la Salud (85 y 88% de ocupación).


En paro, los universitarios españoles de 25 a 34 años tienen una tasa de desempleo (12%) que duplica la de la OCDE, la UE-23 y Francia (el 6% de paro entre universitarios) y cuadruplica la de Alemania (3% de paro entre universitarios) y Reino Unido (2% de paro entre licenciados). Y si tomamos a todos los adultos universitarios, la tasa de paro en España es del 8,2%, la segunda más alta de Europa (tras el 11,5% de Grecia), casi el triple que la media europea (3,7% de paro en UE-28) y muy por encima del paro entre adultos universitarios en Alemania (1,7%), Reino Unido (2,6%), Francia (4,6%) o Italia (5,5%), según Eurostat. Y también es mayor en España la proporción de universitarios que llevan más de un año sin trabajar (28,2% del total frente al 24.8% en la UE-23).


Donde apenas hay diferencia con Europa es en los sueldos de los adultos universitarios (25 a 64 años): en España ganan un 57% más que los que sólo estudiaron Secundaria (y éstos, un 24% más de los que sólo tienen la ESO o menos), igual que en la OCDE y algo más que en Europa : en la UE-23, los universitarios ganan un 52% más que los bachilleres, aunque ganan un 69% más en Alemania o Portugal y sólo un 39% más en Portugal, según la OCDE. Eso sí, en España hay menos brecha de género entre universitarios: las mujeres licenciadas ganan el 82% del sueldo de los hombres licenciados, una diferencia menor a la de toda Europa, donde la brecha varía de ganar el 70% en Italia, el 71% en Francia o el 74% en Alemania al 76% de media en la UE-23, según el informe de la OCDE.


Un preocupante panorama, de menos empleo y más paro, que espera cada año a los 114.000 nuevos licenciados que salen de la Universidad. Su primer gran problema es conseguir un empleo. Y los datos son preocupantes: los licenciados en 2013-2014, a los cuatro años de salir de la Universidad (2018) sólo estaban afiliados a la Seguridad social un 27,7%, según la Fundación CYD .O sea, a los 4 años de licenciarse, solo 1 de cada 4 universitarios trabajaban legalmente. El resto estaban parados o empleados ilegalmente, muchos como “falsos becarios”. Y mientras, muchas empresas se quejan reiteradamente de que no encuentran personal de algunas cualificaciones, sobre todo con perfiles tecnológicos y digitales.


Pero además, un tercio de los universitarios que sí trabajan están “subempleados”: trabajan en empleos que exigen una formación inferior a la que tienen (vendedores, cajeras de supermercado, tele operadores, hostelería…). En 2018, trabajaban sobrecualificados el 37,6% de los universitarios españoles, frente al 23,4% en la UE, según refleja el último informe de la Fundación CYD, que sitúa a España como el país con más jóvenes que trabajan sobrecualificados en Europa, por delante incluso de Chipre (35,6%) o Grecia (33,9%) y de Reino Unido (27%), Francia (23%), Italia (22%), Alemania (19%), Portugal (14%) o Luxemburgo (8%). Y donde más se da esta “sobre cualificación” es en la hostelería y el comercio, los empleados, contables y profesionales.


Y mientras, las empresas se quejan de que les faltan profesionales cualificados en muchas áreas, sobre todo TIC, ciencia de datos, inteligencia artificial y carreras ligadas a ingenierías y matemáticas, donde no hay paro ni lo habrá en el futuro, según los expertos. Por eso, la Comisión Europea acaba de recordar a España la recomendación que nos hizo el último Consejo Europeo de 2019: “incrementar la colaboración entre los sectores educativo y empresarial, con vistas a mejorar la capacitación y cualificación demandadas en el mercado laboral, especialmente en el ámbito de las TIC”. Coordinar la Universidad y las empresas. Algo que reitera la Fundación CYD: “no hay flexibilidad en la Universidad española para adaptar las titulaciones a lo que demandan las empresas”.


El último informe de la Comisión Europea sobre la educación en España, presentado el 26 de septiembre, alerta sobre dos problemas: el bajo empleo de los universitarios españoles (por lo que urge colaborar más con las empresas) y el bajo gasto en educación, sobre todo tras los 10.000 millones recortados a la Universidad durante la crisis. Recuerda que España gasta en toda la educación un 4% del PIB frente al 4,6% la UE y el 5% la OCDE. Y en concreto, en la Universidad, el gasto por alumno en España es de 12.614 dólares frente a 15.556 en la OCDE y 15.803 dólares en la UE-23, que sube a  16.173 dólares por alumno universitario en Francia, 17.429 en Alemania o 23.771 dólares en Reino Unido, según la OCDE. Y como el Estado aporta menos (un 66% de la financiación universitaria en España frente al 73% en la UE-23) y también las empresas (4% frente al 7%), las familias tienen que aportar más para financiar la Universidad  (29% frente al 17% en la UE), pagando mucho más tras las subidas de tasas universitarias implantadas en 2012 y 2013.


Los Rectores han dado la alerta: urge una reforma de la Universidad, para conseguir más recursos y un nuevo modelo educativo que consiga mejorar el empleo de los universitarios. Para ello, los expertos piden promover la tecnología y las matemáticas en la ESO y Bachillerato, para conseguir que más jóvenes (sobre todo mujeres) elijan estudiar carreras técnicas (STEM), que aseguran más empleo. Y una mayor vinculación entre formación y prácticas, ligando FP superior y Grados. También reducir la oferta de titulaciones, hoy excesiva (8.526 títulos y 3.527 Másteres). La Fundación CYD también promueve una reforma del profesorado universitario, para rejuvenecerlo (el 16% tiene 60 años o más y se tiene que jubilar pronto) y abrirlo al mundo profesional y de la empresa, porque ahora hay un exceso de endogamia: el 68,8% de los profesores enseñan en la misma Universidad donde se doctoraron. Y también urge internacionalizar más la Universidad española, atrayendo más profesores y alumnos extranjeros, con más trabajos e investigaciones internacionales.


La Universidad española no funciona bien y es un despilfarro de dinero y de ilusiones para acabar en el paro o el subempleo. Hay que pactar una reforma universitaria y aprobar una nueva Ley de Universidades, que sustituya a la aprobada por Aznar en 2001 (reformada parcialmente por ZP en 2007, con los votos en contra del PP), con más recursos (harían falta unos 4.000 millones de euros más al año), más autonomía y un cambio drástico en los planes de estudio, en colaboración con  las empresas. Y una política de becas que prime a los jóvenes que se esfuerzan, para que nadie deje la Universidad por su coste. Al final, se trata de tener una Universidad más eficiente, que forme mejor y ayude al empleo. A ello.

lunes, 7 de marzo de 2016

El empleo es para mayores


Resulta chocante, pero es así: casi 2 de cada 3 empleos creados en España en 2014 y 2015 fueron para mayores de 50 años, según la EPA. Y los menores de 35 años han perdido empleo. Pero lo chocante no acaba aquí. Durante la crisis, desde 2007 hasta hoy, ha pasado lo mismo: hay casi un millón más de mayores de 50 años trabajando mientras los menores de 35 años han perdido 3,5 millones de empleos. ¿Qué pasa? Unos creen que las empresas, ante tanto parado, eligen los que tienen más experiencia. Otros, que los mayores tienen más necesidad de trabajar y aceptan cualquier empleo.El caso es que los empleos más precarios, en hostelería, comercio y construcción, van a los mayores de 50 años. Y a la vez, los mayores llevan más tiempo en el paro y reciben menos ofertas de empleos “normales”. Una locura de mercado laboral que discrimina y enfrenta a jóvenes y mayores. Mientras, el futuro exige otros empleos.
 

enrique ortega


España lleva dos años creando empleo pero no para todos. Así, de los 959.000 empleos netos creados entre 2014 y 2015, casi dos tercios (63,67%), 610.600 empleos han ido a personas mayores de 50 años, según la EPA (INE), algo más hombres (51,5%) que mujeres (48,5%). Y los jóvenes, los menores de 35 años, han seguido perdiendo empleo, 90.000 puestos de trabajo en estos dos años (en esta franja de edad, sólo los jóvenes de 20 a 24 años han aumentado empleo). Y el resto del empleo creado entre 2014 y 2015, otros 274.700 empleos, fueron a edades medias, entre 35 y 50 años.

Pero lo chocante no es sólo que el empleo creado haya ido mayoritariamente a los mayores. Es que, además, son los que más han ganado empleo durante la crisis. Así, mientras España ha perdido 2.416.400 empleos entre septiembre de 2007 y diciembre de 2015, los mayores de 50 años han ganado 944.100 empleos. O sea que hay casi un millón más trabajando que antes de la crisis. Y en cambio, los jóvenes, los menores de 35 años, han perdido 3.555.900 empleos en estos casi ocho años. Y el grupo intermedio, los que tienen entre 35 y 50 años, apenas han ganado 195.500 empleos. Ahí puede verse quien ha sufrido el paro en esta crisis.

¿Cómo se explica que dos de cada tres empleos nuevos vayan a los mayores de 50 años, que en general tienen más problemas para colocarse? La respuesta no es fácil, pero hay que empezar diciendo que son los mayores los más activos en buscar empleo. Durante la pasada Legislatura (2012-2015), crecieron mucho (en 833.000 personas) los mayores de 50 años que se animaron a buscar trabajo (activos), sobre todo mujeres que dejaron sus tareas de ama de casa para ayudar a una familia donde el padre o los hijos se habían quedado en paro. Y por el contrario, hubo 1.527.500 jóvenes (menores de 35 años) que “tiraron la toalla”, que dejaron de ser “activos”, o bien porque volvieron a estudiar (ahora que no había casi trabajo) o se marcharon al extranjero: más de 800.000 jóvenes españoles emigraron al extranjero en los últimos 4 años, según el INE. En ambos casos, una pérdida de talento y un “despilfarro como país”: en cada joven formado, España ha invertido una media de 50.000 euros, lo que supone haber transferido unos 10.000 millones de euros anuales (1% del PIB) a otros países, un capital humano del que se benefician Europa o América.

Pero no es sólo que los mayores busquen más trabajo, por necesidad. Es que parece que lo encuentran mejor. Y eso puede ser porque las empresas, entre tanto parado donde elegir, prefieran contratar a alguien con experiencia. O también, porque estos trabajadores mayores “aceptan cualquier cosa”, empleos muy precarios (temporales y por horas) y muy mal pagados. De hecho, los datos de las oficinas de empleo (SEPE) revelan que los mayores de 50 años son los que más solicitan los empleos con más ofertas en los dos últimos años: limpiadoras, vendedores, administrativos, peones del campo y albañiles.

El empleo que se está creando es muy poco cualificado y quizás por ello no precisa de los jóvenes, normalmente más formados. Veamos los 10 empleos con más contratos en el tercer trimestre de 2015: peones agrícolas (12% contratos), camareros (10,4%), peones industriales (6,4%), limpiadoras (5,2%), vendedores (4,8%), peones jardinería (2,7%), peones transporte y descargadores (2,3%), monitores de ocio (2,3%), pescadores (1,7%) y albañiles (1,7%). Entre estos 10 trabajos suman la mitad de los contratos firmados. Como se ve, trabajos muy poco cualificados. De hecho, más de la mitad de los que han encontrado un trabajo en 2014 y 2015 son personal “sobrecualificado” para ese puesto, que tiene más formación de la que se le exige. Y eso no pasa sólo estos dos años. Actualmente, más de  la mitad de los trabajadores españoles, 9,5 millones de asalariados, están “sobrecualificados”, tienen más formación de la que exige su trabajo, según Asempleo. Y el retrato-robot de estos “sobrecualificados” no es de un joven, sino de un trabajador mayor de 45 años, con una formación media, empleado sobre todo en la hostería, el turismo, el comercio y la construcción.

Volviendo al empleo creado durante la crisis, se ha creado sobre todo en la hostelería (+137.000 empleos), el comercio (+20.000) y en el sector público, a pesar de los recortes de 2012 y 2013 (se han creado 91.200 empleos en 2014 y 2015). Al final, el 80% del nuevo empleo creado ha sido en los servicios. O sea, que España está creando empleo en los bares y restaurantes, las tiendas y algo en la construcción. Un modelo de empleo muy inestable y temporal, para un país de servicios. Y este año 2016, los nuevos empleos que se esperan crear (entre 400.000 y 425.000, si no vuelve la crisis) volverán a ser en la hostelería, el comercio y la construcción, un empleo poco cualificado otra vez.

España se ha convertido en un país de bares, hoteles, tiendas y grúas y así tenemos difícil el empleo futuro, que pasa por trabajos más cualificados, que exigen más formación. De hecho, para 2020, el 50% de los empleos en Europa serán para trabajadores con formación media, el 35% para niveles altos y sólo quedará un 15% para niveles bajos de formación, que son los que tienen el 45% de los españoles, según un estudio de CEDECOP. Y centrados en España, de los nuevos empleos disponibles aquí dentro de una década (entre 8,8 y 10 millones), sólo el 2,3% serán para los que tienen baja formación (la ESO o menos), un 39,3% para los que tengan estudios medios (bachillerato o FP) y más de la mitad (58,4%) para los que tengan educación superior (estudios universitarios o FP superior), según un estudio de la Fundación BBVA e Ivie. Y el drama es que en España, casi la mitad de los adultos (45%) tiene una formación baja (ESO o menos) frente al 21% en Europa, según el estudio Panorama de la Educación 2014” (OCDE).

Y cara a este futuro, que exigirá trabajadores más formados, los mayores de 50 años están en clara desventaja, porque su nivel de formación es inferior al de los jóvenes. De hecho, entre los parados con más de 50 años (1.106.000 parados), casi el 70% tienen poca formación y quizás eso explica que la gran mayoría de esos parados (el 75%) lleven más de un año buscando trabajo. Así que se produce un aparente contrasentido: los pocos trabajos que hay van sobre todo a los mayores de 50 años, pero los mayores que no los consiguen se tiran mucho tiempo en paro y sin salida: no se pueden jubilar anticipadamente y han de esperar a los 65 años cobrando un subsidio de 426 euros (quien lo cobra).

Para los jóvenes, la situación es aún peor: no les ofrecen los pocos empleos que hay y están muy preparados, pero no para los trabajos que se ofrecen. España tiene más jóvenes universitarios que la media europea (32% frente al 29%), pero nuestros jóvenes están por debajo de la media de países occidentales en comprensión lectora, matemáticas y capacidad para resolver problemas, según los últimos datos de la OCDE. Y también en informática e idiomas. Todo ellos son “habilidades” que las empresas valoran cada vez más a la hora de dar un trabajo. Y además, las empresas españolas se quejan de que no encuentran los perfiles que buscan, porque la Universidad no les forma para trabajar. Y además, muchos estudian carreras sin salida, mientras todavía se ofrecen pocas licenciaturas con futuro. Así, las carreras que tienen menos paro son las que cuentan con menos estudiantes: matemáticos y estadísticos (5,7% de paro), servicios de seguridad (7,45%), Derecho (10,63% paro), veterinarios (10,65%) y Salud (12,8%), según el INE.

En pocos años, la digitalización y la robótica van a revolucionar el mercado de trabajo: se esperan perder 7 millones de empleos en los próximos cinco años y que se creen a cambio 2 millones de empleos nuevos, en computación, ingeniería, arquitectura y matemáticas, según un estudio presentado en la última Cumbre de Davos. Así que “la cuarta revolución industrial” obliga a España a cambiar su modelo económico y laboral, dejando se ser “un país de servicios” y tratando de incorporar más industria y más tecnología, empleos más cualificados y de más calidad. Pero eso pasa por cambiar drásticamente la educación de los jóvenes y la formación de los parados, sobre todo de los mayores de 45 años, para no condenarlos al “desempleo eterno”.

En resumen, que el poco empleo que se crea va a los mayores de 50 años, pero es sólo un espejismo, fruto de que el empleo que se crea es muy poco cualificado y precario. Y en cuanto se quiera crear empleo más cualificado, en sectores de futuro, tenemos el problema de que nuestros jóvenes tienen muchos títulos y master pero poca formación para los trabajos concretos que las empresas necesitan. Y así, acaban de teleoperadores o cajeras de supermercado. Es un doble reto, asegurar el trabajo futuro de jóvenes y mayores, que pasa por un cambio drástico en la educación y en la formación , gastando mucho más y con más eficacia. Algo que exige otro gran acuerdo político y social, para no perder el tren del empleo futuro. Porque el trabajo actual es pan para hoy y hambre para mañana.