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lunes, 30 de noviembre de 2015

Europa, estancada, espera al "bombero" (BCE)


Toda Europa está a la espera de que, este jueves, el Banco Central Europeo (BCE) tome nuevas medidas para intentar salvar a la anémica economía europea. Mario Draghi actuará otra vez de “bombero”, como viene haciendo desde el verano de 2012, cuando salvó al euro y evitó el rescate de España. Ahora, inundará Europa con más liquidez, con más dinero, para intentar reanimar unas economías que apenas crecen y donde no hay inflación, porque las empresas tienen que tirar precios si quieren vender. Una Europa estancada en un mundo que ha frenado su recuperación, tras el pinchazo de China y la recesión de Japón, Latinoamérica y muchos países emergentes. Pero el BCE sólo no puede salvarnos. Lo que necesita Europa es que los gobiernos animen el consumo, los sueldos y la inversión pública y privada, que recauden y gasten más, con Alemania y la Europa rica tirando del carro. Decir adiós a la austeridad y reanimar la economía europea de una vez.
 

enrique ortega


Europa no levanta cabeza, tras haber pasado ya 8 años de esta crisis, que la ha sumido en dos recesiones, una en 2009 (-4,5% PIB) y la otra en 2012 (-0,7%) y 2013 (-0,5%). Parecía que se iba a recuperar en 2014 (+1,4%, solo +0,9% zona euro), pero este año 2015 no acaba de despegar: empezó creciendo sólo un 0,5% y lleva medio año que ha bajado su crecimiento trimestre a trimestre. Así, este verano, la UE-28 ha crecido sólo un 0,4% y los 19 países euro aún menos: están creciendo un 0,3% (la séptima parte que EEUU, que creció un 2,1%). Hay incluso tres países que decrecen (Grecia, Estonia y Finlandia) y las grandes economías apenas “tiran” del resto: Alemania, la teórica “locomotora europea”, creció sólo un 0,3% en el tercer trimestre (la mitad que hace un año), Francia otro 0,3% e Italia un 0,2%, mientras Portugal ha dejado de crecer (+0%) y los que más crecen no llegan al 1% (0,9% Polonia y Eslovaquia, 0,8% España). Al final, las últimas previsiones del FMI son que la Europa del euro crezca este año el 1,5%, casi la mitad que Estados Unidos (+2,6%).

Con un crecimiento tan bajo, Europa apenas puede bajar su alto paro (10,8% en la zona euro, frente al 5% en USA), que sufren todavía  22.631.000 europeos (1 de cada 5, españoles). Y la inflación no existe (0% en octubre), un síntoma claro de que la economía europea está “enferma”: las empresas tienen que “tirar” sus precios si quieren vender (el consumo languidece) y eso no les anima a invertir ni a contratar gente. Mientras, los países siguen con otros dos problemas estructurales. Uno, sus déficits públicos, a pesar de los recortes: 16 de los 19 países euro tienen déficit, agujeros fiscales que dificultan su recuperación. Y para “tapar” estos agujeros fiscales, a todos les ha crecido la deuda pública (del 70% del PIB en 2007 al 87,8% en 2015), lo que les hace muy vulnerables a los mercados que les financian. Sólo hay un elemento positivo: la mayoría tienen superávit comercial con el exterior, gracias a la caída del euro y los precios, que han abaratado los productos europeos. Pero son incapaces de que esta mejoría exportadora compense el pinchazo del consumo y la inversión.

Europa lleva así, languideciendo, todo este año, pero ahora es más preocupante porque la economía internacional ha empeorado y el mundo no va bien: China ha “pinchado” su crecimiento, Japón está otra vez en recesión (la quinta en los últimos 7 años), Latinoamérica también cae (con Brasil, Venezuela, Ecuador y Argentina en recesión) y muchos países emergentes están en crisis (desde Rusia a Sudáfrica o Indonesia), por la caída en picado de los precios de las materias primas y el petróleo. El FMI y la OCDE reconocen que la recuperación mundial es "mediocre" y apuestan por un menor crecimiento mundial este año (3% frente a 3,4% en 2014), con un estancamiento del comercio mundial que hará que todos los países (Europa y España entre ellos) vendan menos en los próximos meses.

En este preocupante contexto mundial, el triunfalismo económico de Rajoy está aún más fuera de lugar: si Europa, China y sobre todo Latinoamérica crecen menos o caen, a España le afectará seguro. Y ya lo hemos notado, con un menor crecimiento (y menor empleo) este verano, que será aún menor en el último trimestre de 2015, según muchos expertos. Y para 2016, todas las previsiones auguran un menor crecimiento (y menos empleo): el FMI prevé un crecimiento para España del 2,5% en 2016, más elevado que el de la mayoría de Europa (+1,6% en la zona euro), pero inferior al esperado para 2015 (3,1%en España).

Aunque España crezca más que la mayoría de Europa, “no estamos para tirar cohetes”. Primero y fundamental, porque tenemos el doble de paro que Europa (22,3% frente al 11% en la zona euro para 2015) y eso nos obliga a crecer más. Y sobre todo, porque seguimos con dos graves problemas estructurales, que son un gran lastre para la recuperación. Uno, el déficit público (el 4,7% del PIB en 2015, según Bruselas), el más elevado de los 28 países UE, este año y el que viene. Y el otro, nuestra elevadísima deuda: en 2016 llegará al 101,3% del PIB, o sea que deberemos más de la riqueza que creamos, lo que nos hace muy vulnerables, ya que tenemos que buscar quien nos financie en los mercados. Y todo ello mientras el consumo despega muy despacio (por culpa de un empleo precario y unos salarios mileuristas) y la inversión no despierta, aunque las empresas ya tienen beneficios.

En definitiva, la economía mundial ha frenado su recuperación y Europa no despega, lo que debería obligar a tomar medidas. Pero la última Cumbre del G-20, en Turquía, se ha centrado en la amenaza yihadista y no en salir de la crisis: no han tomado ninguna medida económica. En Europa, la Comisión y los Gobiernos están centrados también en el yihadismo y los refugiados pero no en reanimar las economías y crear empleos. Y ahora, confían que el BCE les saque las castañas del fuego, con nuevas medidas este jueves para crear aún más liquidez, más dinero, que reanime las anémicas economías europeas.

No es la primera vez que el BCE hace de “bombero” para salvar la economía europea. En el verano de 2012, su presidente, Mario Draghi, salvó al euro y evitó el rescate de España (no Rajoy) con una sola frase: “El BCE hará lo necesario para sostener al euro”. Y al verano siguiente lo hizo, bajando los tipos de interés a un mínimo del 0,05% y anunciando compras masivas de deuda (60.000 millones al mes desde marzo de 2015), para inundar Europa de dinero barato. Con ello, Draghi ha conseguido tres cosas importantes. Una, la principal, dar la sensación de que “hay alguien al timón del barco europeo”, frente a unos dirigentes europeos que son todo menos líderes (véase su desgobierno en la crisis de Grecia y en la de los refugiados). Dos, provocar una drástica caída del euro, que ha sido el único balón de oxígeno de las economías europeas: el euro ha caído un 22,65% desde enero (de 1,3754 a 1,0638 euros por dólar), lo que significa que los productos europeos son unos 22,65% más baratos (por eso España bate récord de exportaciones). Y tres, abaratar el coste de la deuda pública: ya hay 10 países europeos que en vez de pagar a los inversores por comprar su deuda pública, les cobran por ella (España, un 0,049% en las Letras a un año la semana pasada).

El “bombero” ha hecho un gran trabajo, pero el problema de fondo sigue ahí: Europa apenas crece, hay mucho paro y la inflación está en el 0%, símbolo de que la economía está enferma. Y es que la política monetaria no lo es todo. En Europa sobra liquidez, hay enormes cantidades de dinero barato, pero las empresas y familias no lo utilizan, no consumen apenas ni invierten. Primero, porque están muy endeudados y no quieren endeudarse más. Y, sobre todo, porque no ven claro el futuro. Y por eso, necesitan que los Gobiernos les den un empujón, con más gasto y más inversión pública, que marque el camino y tire de ellos. Pero los que pueden hacerlo, Alemania y la Europa rica del norte, no están por la labor: tienen superávit en sus cuentas públicas, en sus intercambios con el exterior, pero no lo dedican a aumentar gastos e inversiones para “tirar” de las economías, de las suyas y del resto. Incluso siguen recetando austeridad a la Europa del sur, pidiendo más recortes (a España, 13.000 millones).

Como los Gobiernos  no hacen  nada, el BCE volverá a hacer de bombero y tomará nuevas  medidas este jueves. Más de lo mismo: aumentará las compras de deuda, ampliándolas hasta 2017. Está bien, algo ayudará, bajando más el euro (llegará a 1x1 con el dólar) y el coste de la deuda. Pero es insuficiente. El problema de Europa no es que falte dinero, liquidez: lo que falta es demanda, consumo e inversión. Y eso no se arregla llenando el continente de euros. Hay que gastar e invertir más desde los Gobiernos y eso requiere una política fiscal distinta, que recaude más (cobrando más impuestos a grandes empresas, multinacionales y ricos) y que gaste e invierta más, en grandes proyectos de inversión pública europea (paralizada desde 2008), desde infraestructuras, nuevas energías, tecnología y redes, educación y fomento de la industria y la internacionalización de las empresas. Se trata de "cebar la bomba" de la inversión privada con inversiones públicas que tiren de ella y un mayor consumo público que anime también al consumo de las familias, ayudado por una mejora de salarios y empleos.

Este empujón a la economía europea debería venir de Alemania y la Europa rica, los que ahora pueden gastar e invertir más, porque ellos ya han salido de la crisis y los demás no. Hay una estadística muy clara que indica que hay dos Europas. Una, la Europa que ha recuperado ya lo perdido con la crisis, 11 países euro cuyo PIB ha crecido entre 2008 y 2015: Malta (+17,3%), Luxemburgo (+12,1%), Eslovaquia (+11,3%), Irlanda (+7,7%), Alemania (+5,6%), Bélgica (+4,7%), Lituania (+3,6%), Francia (+2,7%), Austria (+2,6%), Holanda (+0,6%) y Estonia (+0,5%). Y la otra Europa, la que aún no se ha recuperado de la crisis, 8 países euro que todavía pierden en el balance de su crecimiento 2008-2015: España (-3,9%), Eslovenia (-4,7%), Letonia (-5,6%), Portugal (-5,6%), Finlandia (-6,4%), Italia (-8,6%), Chipre (-9,8%) y Grecia (-27%). Los primeros deben “tirar” de los segundos.

Y en paralelo, los dirigentes europeos deberían aprovechar la bajada de tipos de la deuda pública para reestructurarla, para aprobar de una vez su “mutualización”: crear un Tesoro europeo, como el de EEUU, que emita deuda europea, los famosos “eurobonos”, lo que quitaría una pesada losa a los países más endeudados (otra vez la Europa del sur), que podrían dedicar el ahorro en el pago de intereses a un mayor gasto e inversión pública, que ayudara a reanimar sus economías. Pero Alemania y la Europa rica no están por la labor, porque al pagar entre todos la deuda de todos, ellos pagarían más que ahora. Eso se llama solidaridad (y sentido común: si somos una unión, somos una unión).

Como se ve, hay otras salidas, además de que el BCE haga otra vez de “bombero”. Pero suponen un cambio en la ortodoxia de Merkel y Bruselas, que llevan desde 2010 aplicando una política de austeridad que ha hundido a la economía europea. Y quizás por muchos años, como señalan algunos economistas, como Antonio Fatas y Lawrence Summers, cuyas recientes investigaciones (leer aquí su trabajo) concluyen que los recortes frenan la recuperación de las economías no sólo a corto sino a largo plazo. O sea que el estancamiento actual de Europa es “autoinflingido”, fruto de los recortes pasados. Y va a durar si no se toman medidas en sentido contrario, para reanimar las economías desde el poder.

No parece que Merkel y los fundamentalistas de Bruselas vayan a cambiar de opinión y lanzarse a gastar y a invertir, como les pide  incluso el FMI desde 2014. Así que todo apunta a que Europa seguirá languideciendo, con bajo crecimiento, mínima inflación y mucho paro, rezando para que no caigan China o EEUU, porque eso nos llevaría a la tercera recesión. Un preocupante panorama que es aún peor para España, uno de los países que más necesitan que Europa despegue, para rebajar nuestro dramático paro. Pero a pesar de la ayuda del BCE, no podemos esperar mucho de Europa. Salvo que en 2016, como ya han amenazado, nos pidan más recortes. Sería la puntilla.

miércoles, 25 de abril de 2012

Infraestructuras: un recorte suicida


Uno de los mayores tajos del Presupuesto 2012 se da a la inversión en infraestructuras, por tercer año consecutivo: España va a invertir en obras públicas la mitad que en 2010. Se trata de la mayor paralización de obra civil de las últimas décadas, lo que se traducirá en más paro, cierre de empresas y pérdida de competitividad. No se trata de hacer obras faraónicas, sino salvar la brecha con Europa en transportes, comunicaciones, obras hidráulicas, depuradoras de aguas y equipamientos sociales. Hace falta pactar un Plan de infraestructuras para una década y pelear con Bruselas para financiarlo, con créditos y ayudas europeas, que se acaban. Nos jugamos la competitividad y el futuro.

Hemos pasado de un extremo al otro en tres años: de ser el país de Europa que más invertía en infraestructuras (unos 25.000 millones al año en el boom 2004-2008) a recortar la inversión a menos de la mitad (- 20.000 millones en los últimos 3 años). De la burbuja de las infraestructuras, con obras faraónicas por doquier, a no tener presupuesto para hacer depuradoras, arreglar viejas carreteras o terminar obras hidráulicas contra la sequía.

En el Presupuesto 2012, la inversión en infraestructuras de Fomento (11.386 millones) cae un 22,2%, que se suma a los recortes de 2011 (-31,7%) y 2010 (-19%), con lo que es ya la mitad que hace dos años (21.240 millones en 2010). El mayor tajo se lo llevan las obras hidráulicas     (-36,3%), cuando España tiene un serio problema de sequía y Bruselas nos ha llamado la atención por la mala depuración de las aguas residuales. También caen las inversiones medioambientales (-64% en 2 años) y en puertos (-33,1%), donde ha habido un exceso de hormigón. Sube la inversión en carreteras (+7,8%), aunque apenas hay dinero para conservación: 873 millones, la mitad de lo que haría falta, según la Asociación Española de la Carretera, que denuncia que tenemos” la peor red de carreteras en 25 años”.

La mitad del presupuesto se lo lleva el ferrocarril, sobre todo la alta velocidad (4.187 millones para el AVE), con fuertes inversiones en los accesos a Galicia (1.217 millones) y al País Vasco (1.080 millones AVE Norte), donde habrá elecciones en 2013. Y 135 millones  para el AVE a Extremadura, que ya no continúa a Portugal. El Gobierno Rajoy (gallego como la ministra de Fomento) apuesta por llevar el AVE a Galicia, más de 10.000 millones para una dudosa inversión: no llegará a 2 millones de pasajeros cuando harían falta más de 3 (en el primer trimestre, el AVE Orense-Santiago-A Coruña ha transportado una media de 68 pasajeros por tren). Mientras, Cercanías se lleva sólo 28,5 millones del Presupuesto 2012, aunque las utilicen millones de pasajeros. Y la mayoría de los puertos y aeropuertos siguen sin conexión con el ferrocarril.

A este recorte de 3.300 millones en Fomento hay que sumarle el de autonomías y Ayuntamientos, con lo que el tajo serán unos 8.000 millones, que van a provocar unos 150.000 despidos y la asfixia de muchas empresas. Sobre todo, porque hay muchas obras ya comprometidas (1.700 millones heredados en carreteras y 28.000 millones en ferrocarril, según Fomento), con lo que apenas habrá obra nueva. Y eso supone la puntilla para las empresas, que ya han sufrido una drástica caída de la licitación pública: de 47.198 millones en obras públicas (2006) se ha pasado a 13.659 (2011).

Este tijeretazo en las obras públicas se da en un país que todavía tiene un gran retraso de infraestructuras frente a Europa. La propia patronal CEOE ha pedido al Gobierno que se inviertan 80.000 millones en infraestructuras en 5 años, en tres frentes. Uno, construir 5 corredores ferroviarios (Bruselas sólo va a ayudarnos a financiar el Mediterráneo y el Atlántico), invirtiendo 50.000 millones, para duplicar el transporte de mercancías por tren (van sólo el 4%, frente al 11% en Europa). Dos, invertir 16.000 millones en el ciclo del agua, con infraestructuras y depuradoras. Y tres, invertir en equipamientos sociales: 4.600 millones en 30 nuevos hospitales y 10.000 millones en residencias de ancianos (en Dependencia podrían crearse un millón de empleos, según CEOE).  

Para financiar estas obras, los empresarios plantean invertir ellos la mitad, a cambio de concesiones, tarifas y créditos. El Gobierno Rajoy está preparando para julio un Plan de infraestructuras 2012-2024, donde contempla invertir 225.000 millones (unos 16.000 al año, frente a los 20.000 de los ocho años anteriores). Para financiarlo, contempla pedir créditos al Banco Europeo de Inversiones (BEI), abrir una línea de crédito oficial (ICO) y buscar capital privado, a cambio de darles concesiones y privatizar la gestión de las obras (ya lo han hecho con hospitales y residencias).

Hay que volcarse en este Plan, porque es la última oportunidad para recuperar el retraso en infraestructuras frente al norte de  Europa, con quien tenemos que competir. Y la última oportunidad de optar a fondos europeos (los de cohesión se nos acaban en 2014). Invertir en infraestructuras que hagan falta es clave para relanzar la inversión, el empleo (18 empleos por cada millón invertido) y los ingresos públicos (580.000 € de ingresos fiscales y menos gastos en desempleo por cada millón invertido). Y para conseguir una industria y un transporte con menos costes y menos consumo de energía, más competitivos.

Ha habido muchos excesos: AVEs sin viajeros, autopistas sin coches, puertos sin barcos o aeropuertos sin aviones. Pero recortar la inversión en infraestructuras es un suicido para un país en recesión, que va camino de los 6 millones de parados y que todavía tiene retrasos frente a Europa en transportes, comunicaciones, gestión del agua, equipamientos y medioambiente. Hace falta un gran Pacto de infraestructuras para una década  y sumar esfuerzos para financiarlo. Y pelear con otros países de la Europa del Sur para conseguir más fondos europeos. El Plan Marshall del que se habló en la Cumbre europea de enero y que quedó en agua de borrajas. Un Plan de grandes obras para salir de la recesión invirtiendo en futuro. No podemos esperar más.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Seguimos en la UVI

La economía española no ha crecido nada en el tercer trimestre, según el Banco de España. Y eso que era verano, con el turismo empujando. Seguimos estancados, sin crecer apenas en todo 2010, tras año y medio antes cayendo la economía. Resultado: no se crea empleo.


España no crece porque los tres motores del crecimiento están “gripados”: el consumo no tira porque la gente teme por su futuro y hay 4,5 millones de parados, más muchos millones de subempleados. La inversión privada no ve alicientes y se asfixia con un crédito caro y escaso. Y la inversión pública se ha recortado drásticamente, retirando incentivos a la inversión privada y al empleo. Y el tercer motor, la exportación, empuja despacio, afectada por un euro demasiado fuerte y la guerra comercial y de las divisas.


Todo apunta a que estos motores van a seguir averiados, con lo que la economía apenas va a crecer en los próximos meses y en 2011. Y así, apenas se creará empleo y el paro se acercará a los 5 millones. Mientras no crezcamos al 3% no se creará empleo de forma significativa. ¿Se puede conseguir? Así no. Hay que fomentar la inversión privada (con dinero barato e incentivos a los empresarios que creen empleo) y la inversión pública (gastando más en unas cosas y menos en otras. Y hay que dar confianza y perspectivas a los ciudadanos, para que consuman algo más, sin olvidarse de ahorrar.


Pero España no puede recorrer este camino sola, ya que nos castigarían los mercados. Hace falta otra política en Europa, que ponga el empleo y no el déficit como primer objetivo de verdad. Reanimar al enfermo para que se levante, no dejarlo aletargado en la UVI. Más en la línea de Obama que en la de Merkel, Sarkozy o Cameron. Porqué, ¿de qué me sirve tener el déficit más bajo de Europa (si lo conseguimos algún día) si ponemos el paro en el 22 %?


El problema es que los 4,5 millones de parados no deciden la política económica en España, ni ahora con Zapatero ni algún día con Rajoy (más ajustes, digan lo que digan). Y que si alguien quisiera reanimar al enfermo y sacarlo de la UVI, necesitaría conseguir un gran consenso nacional, tener credibilidad (como economía y como Gobierno) y hacerlo de acuerdo con el resto de Europa, que debía ir en otra dirección. Tres cosas que faltan.