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jueves, 24 de septiembre de 2026
España, el primer destino inmobiliario de Europa
España es ahora el país europeo con más
inversiones inmobiliarias, saltando desde el puesto 7º en 2022 al 4º en
2024 y al 2º en 2025. Y se espera batir un récord histórico en
inversiones inmobiliarias, desde la compra de viviendas y oficinas a hoteles,
residencias de estudiantes y ancianos, hospitales, centros de datos, centros
comerciales, industrias y centros logísticos. La mitad de esta inversión
inmobiliaria récord es de inversores extranjeros, que valoran
las oportunidades de negocio en un país que crece más que el resto y donde hay
gran demanda y escasa oferta inmobiliaria, lo que asegura una alta
rentabilidad. Problema: esta “fiebre por el ladrillo” en
España alimenta la subida de precios de viviendas e inmuebles, en máximos
históricos, lo que impide que familias y jóvenes compren piso. Así se crea una “dualidad”
en el mercado inmobiliario: inversores que compran lo que
sea, al precio que cueste y pagando al contado, y ciudadanos que
no pueden comprar (ni alquilar) o que les desahucian. Cataluña ha aprobado una Ley
para evitarlo. Algo habrá que hacer. Madrid es la 2ª ciudad europea con más inversión inmobiliaria, tras Londres
La inversión inmobiliaria en España fue
elevada a principios de este siglo, pero sobre todo de españoles que se
lanzaban a comprar pisos y segundas viviendas, alimentando una “burbuja
inmobiliaria” donde hubo poca presencia de inversores extranjeros. Así, la
inversión inmobiliaria se mantuvo en
torno a los 500 millones de euros anuales en los años 70, 80, final de
siglo XX e inicios de este siglo XXI. Tras la crisis de 2008 y el
desplome de precios, la inversión inmobiliaria se reanimó, ya con mayor
participación de inversores extranjeros. Así, saltó de 4.700 millones en
2013 a un máximo de 20.383 millones en 2018, para estabilizarse en
12.250 millones en 2019, según
datos de la consultora norteamericana CBRE. Pero en 2020, con la pandemia,
la inversión inmobiliaria se desplomó, como todo, a 9.000 millones ,
recuperándose con mucha fuerza después: 17.625 millones invertidos en
2022. Y con la siguiente crisis (la guerra de Ucrania y la inflación disparada)
y la subida de tipos del BCE, cayó un 35% en 2023 (11.613 millones), para
recuperarse después en 2024 (14.000 millones) y aún más en 2025, que cerró
con 18.400 millones de inversión inmobiliaria en España.
El pasado año 2025, la inversión inmobiliaria creció
en España un
+31% (hasta 18.400 millones), más de lo esperado y el triple que en
Europa (+10%), empujada por los inversores extranjeros, que
protagonizaron algo más del 50% del total invertido, sobre todo norteamericanos
(15%) y británicos (8%). La inversión inmobiliaria se concentró
sobre todo en Madrid y Barcelona (58% del total), siendo
importante en la Comunidad Valenciana (11%), Andalucía (10%) y Canarias
(6%).
Por
sectores, domina la inversión residencial (“living”)
supuso el 29% del total (5.415 millones), destacando la inversión en
viviendas para compra y alquiler pero también en residencias de
estudiantes y multiviviendas con servicios para mayores, cada vez más
ofertadas. El segundo destino fue la inversión en hoteles (4.228
millones, el 23% del total), donde la preferencia inversora se dirigió a los
hoteles de 4 y 5 estrellas, también al segmento de hoteles más económicos,
con un 58% de la inversión dirigida a los hoteles vacacionales, siendo
los principales destinos Canarias, Barcelona y Baleares (50% de la inversión
hotelera total). El tercer destino inversor fue al comercio (“retail”),
destacando las inversiones crecientes en Centros Comerciales y en locales de
calles céntricas (+26%). Les siguen las inversiones en oficinas (12%
del total), industrias y logística (6,9%) y otras inversiones (1.121
millones, el 6%), desde hospitales y clínicas, complejos
deportivos o aparcamientos.
En 2026, ha seguido la “fiebre inmobiliaria”
por España. Así, los datos
del primer semestre de la consultora CBRE señalan una inversión de 12.034
millones de euros entre enero y junio, +59% que el año pasado y el mejor
resultado en medio año de toda la serie histórica. El motor de este aumento,
mayor del esperado, han sido 7 grandes operaciones inmobiliarias
(más de 300 millones cada una) en residencias de estudiantes, centros de salud,
aparcamientos, oficinas y Centros comerciales. Algo más de la mitad de esta
inversión ha sido extranjera (17% canadiense y 10% USA) y casi una cuarta parte
procede de inversores institucionales
(Fondos, Planes de pensiones, aseguradoras y bancos), otro 20% de SOCIMIS
(sociedades de inversión inmobiliaria que cotizan en Bolsa) y otro 17% de
gestores de activos.
Más de la mitad se
ha invertido este año en Madrid (56%) y otro 13% en Barcelona,
mucho menos en Andalucía (8% del total), Comunidad Valenciana y Baleares (5%) o
Canarias (3%). Destaca este año el fuerte crecimiento de la inversión en vivienda
y mercado residencial (4.580 millones hasta junio, +156%, con un
gran salto en residencias de estudiantes e inmuebles con servicios para mayores),
a la que sigue la inversión en hoteles (2.090 millones, +17%), comercio
(1.630 millones,+14%), oficinas (1.621 millones,+14%), inversiones
alternativas (salud, aparcamientos, complejos deportivos, centros de datos:
1.400 millones, +11,2%) e inmuebles industriales y logísticos (690
millones, +6%).
Para el 2º semestre de 2026, los
expertos de CBRE han mejorado su previsión inicial , a la vista del récord
del primer semestre, por lo que suben su previsión de inversiones para todo
2026: si antes estimaban un crecimiento del 5 al 10% sobre 2025, ahora apuestan
por una subida del +15%, para cerrar el año con 21.100 millones de
inversiones inmobiliarias en España, un récord histórico (superaría los
20.383 millones de 2028). Y eso gracias a un entorno de enorme liquidez
(hay mucho dinero buscando rentabilidad) y estabilidad monetaria,
con tipos bajos a pesar de las subidas (2,5% ahora y el 3% a finales de año),
lo que resalta aún más la alta rentabilidad de la inversión inmobiliaria
en España: +11% en oficinas, +9,9% en locales y +6,7% en viviendas, según
un reciente estudio de Idealista.
Con ello, la
previsión de la consultora CBRE es que España lidere la inversión
inmobiliaria en Europa en 2026, adelantando a Reino Unido
(que lleva años en el primer puesto del ranking) y por delante de Alemania,
Polonia, Francia, Italia o Portugal. Y esto será un gran hito porque supone un
gran salto en el ranking inversor: de no estar en el Top Ten hasta
2021, cuando entramos en el puesto 7º, a subir al 4º puesto en 2024, subir al
2º el año pasado (tras Reino Unido) y ser el país líder ahora. Y además,
la
previsión de CBRE es que España coloque en 2026, por 2º año consecutivo, a 2
ciudades entre las 5 ciudades europeas más atractivas para los inversores
inmobiliarios internacionales: Madrid, que consolida su 2º puesto
tras Londres, y Barcelona, en 4º lugar, tras Londres, Madrid y
París, por delante de Varsovia (5ª), Viena (6ª), Berlín (7ª), Lisboa (8ª),
Copenhague (9º) y Milán (10ª).
¿Por qué España se ha convertido en el país
europeo más atractivo para la inversión inmobiliaria? Los expertos aportan tres
razones básicas.
Una, porque sigue siendo el país de Europa cuya economía crece más
y que además ha tenido y tiene un fuerte aumento de la población (+2,36
millones entre 2019 y 2026), lo que aumenta la demanda inmobiliaria,
además de los récords de turistas (hoteles). Dos, porque España sufre un
gran déficit inmobiliario en muchos segmentos de mercado, sobre todo de
viviendas (se estima un
déficit de 750.000 viviendas), lo que asegura unos precios
altos y una elevada rentabilidad a la inversión. Y la tercera, que hay una
tremenda liquidez, en el mundo, en Europa y en España, con lo que los
inversores están prestos a invertir en destinos rentables, con una gran
competencia por los activos más apetecibles (inmuebles, hoteles, residencias
estudiantes, aparcamientos, clínicas o inmuebles con servicios para mayores).
Los expertos creen que España seguirá de moda para los
inversores internacionales, que “han
venido para quedarse”, al menos mientras la economía crezca y siga
habiendo un alto déficit de inmuebles. Apuestan porque sigan creciendo mucho las
inversiones residenciales, no sólo en viviendas para vender o alquilar sino
también en residencias de estudiantes y ofertas con servicios para mayores y
para internautas, así como las inversiones en hoteles, que se disparan cada
año. Además, creen que 2026 “darán la sorpresa” las inversiones en
oficinas y en comercio (sobre todo en
Centros Comerciales, que no dejan de abrirse). Pero también creen que
tienen mucho futuro las inversiones inmobiliarias “alternativas” :
inmuebles para la salud, aparcamientos, centros deportivos, plazas de garaje,
centros de datos…
El problema de esta “fiebre por el ladrillo” en
España, que atrae
a inversores de medio mundo y a inversores españoles, es que ha
disparado los precios de los inmuebles, en especial de las
viviendas para comprar (y con ello, los alquileres). Cuantos más
inversores pujen por inmuebles y viviendas en España, más suben, a la vista de
que la construcción crece lentamente y el déficit de viviendas sigue
elevadísimo. El último
dato de Vivienda es muy explícito: el precio medio de la vivienda
era, en el 2º trimestre, de 2.355 euros/m2, lo que encadena 15
trimestres consecutivos de subida de precios (desde octubre de 2022,
cuando el precio era 1.740 euros/m2, un 35% menos). Incluso ahora, el precio
medio de la vivienda (2.355 euros/m2) es mayor que en plena “burbuja
inmobiliaria” (2.095 euros/m2 en el 2º trimestre de 2008). Y ese es el
precio “medio”, que se supera con creces en Madrid (4.089,9 €/m2), Baleares
(3.980,8 /m2), País Vasco (3.102 €/m2) y Cataluña (2.752 €/m2).
Además, muchos inversores compran para alquilar,
lo que ha disparado los alquileres, para justificar la inversión: el
alquiler medio está ya (agosto 2026) en 15,1 euros/m2 (1359 euros por 90
m2), según
Idealista, más que en plena burbuja inmobiliaria (9,3 euros/m2 en junio
2008) y el doble de lo que costaba alquilar a comienzos de 2014 (7,3 euros/m2),
cuando empezaron a subir los alquileres en España (+106% en los últimos 12
años y medio), en paralelo a la subida de las inversiones inmobiliarias. Y
esa es la media, porque el alquiler real cuesta mucho más en Madrid
(23,3 €/m2: 2.097 euros por 90m2), Barcelona (20,2 €/m2), Palma
(19,3 €/m2), San Sebastián (18,1 €/m2), Málaga (16,5 €/m2) y Valencia
(16,3 €/m2). Y muchos de estos altos precios se explican porque los
Fondos y sociedades controlan el 15% de los alquileres (con gran poder
de fijación de precios en algunas zonas y pisos) y porque muchos inversores
(con 2 o más viviendas en alquiler) controlan
otro 60% del mercado.
Al final, lo que sucede es que los altos precios de
las viviendas y alquileres “atraen”
más a los inversores, que “pujan” cada mes más por comprar
inmuebles, sin preocuparles mucho cómo pagarlos: un tercio de los inmuebles
que se compran en España se compran sin hipoteca (el 345%), al
contado, según
el INE, el triple que en 2020 (sólo el 18,5% se compraban al contado), lo
que demuestra que muchos compradores lo hacen para invertir
(otros por cambio de casa), con la perspectiva de lograr una rentabilidad
más alta que en Bolsa o deuda. Y eso alimenta una burbuja de los precios
inmobiliarios (de venta y alquileres), buena para los inversores
y su rentabilidad pero muy mala para las familias y jóvenes que necesitan
una vivienda. Una siniestra dualidad
del mercado inmobiliario: tan rentable para unos, tan imposible
para otros, que no pueden acceder ni con la mitad de su sueldo.
Algunos expertos y paises europeos se han planteado “frenar”
o “penalizar” las compras especulativas de viviendas para frenar la
subida disparatada de pisos y alquileres. En España, se espera que el Parlamento
de Cataluña apruebe definitivamente en octubre una Ley de Vivienda
para permitir a los Ayuntamientos “limitar la compra especulativa de
viviendas en las zonas tensionadas” (271 municipios donde viven el
90% de los catalanes), con el apoyo del PSC,ERC, Comunes y CUP. El objetivo
es que los inmuebles solo puedan adquirirse para destinarlos a residencia
habitual o al alquiler permanente dentro de los límites de precio
establecidos por la normativa. Eso reduciría prácticas como la compra de
inmuebles por parte de grandes fondos de inversión para poner fin a los
contratos de sus actuales ocupantes y reemplazándolos por alquileres de
habitaciones o bien para revenderlos para obtener una plusvalía elevada. El
problema es que la Ley catalana va a ser recurrida por el sector
inmobiliario, que la
considera “inconstitucional”.
Sea este tipo de Ley o bien otras medidas
(como penalizaciones fiscales a las compras especulativas), algo
habrá que hacer para frenar la especulación de la vivienda, que
dispara los precios en un país donde tanta gente no puede acceder a la compra o
el alquiler. Lo que está claro es que los inversores y Fondos no resuelven
el grave problema de la vivienda en España, sino que lo
agravan. Ya hay demasiados ejemplos de fondos que se dedican a
comprar edificios para echar a los inquilinos y luego disparar los alquileres(como el reciente y triste caso de Maricarmen, la anciana de Madrid desahuciada con 87 años).
Y lo que es seguro es que la fuerte demanda de inmuebles (y solares) por parte
de inversores y Fondos extranjeros (para luego vender y alquilar) está
disparando aún más los precios de venta y alquiler de la vivienda, que suben
más que en la mayoría de Europa. Por eso, habría que regular el papel
de estos inversores y Fondos, para que no “enturbien” más el mercado
y contribuyan a aumentar la oferta y ofrecer pisos y alquileres razonables.
Pero está claro que esto no es lo que buscan cuando invierten en España. Ojo
a ser su “objetivo europeo”.
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lunes, 3 de agosto de 2026
Libros de geopolítica, vivienda y economía
El verano tenemos más tiempo para leer, así que aprovecho
para aconsejarles 5 libros recientes, que ayudan a explicar temas
económicos de actualidad, desde los conflictos geopolíticos a la vivienda,
pasando por las élites que dominan el poder político y económico en España. El
primero es una especie de Atlas visual que explica con mapas y gráficos
las tensiones geopolíticas en el mundo, desde la energía a las tierras
raras. El segundo libro explica la llegada al poder de “los depredadores”,
desde Trump y Milei a Putin, apoyados en los nuevos conquistadores
tecnológicos. El tercero se centra en el grave problema de la vivienda,
planteando el conflicto entre caseros e inquilinos y algunas soluciones
heterodoxas. El cuarto repasa nuestra historia, desde Al Ándalus
hasta hoy, explicando cómo las distintas oligarquías han “chupado” del
Estado y de los españoles. Y se complementa con un 5º libro, que analiza las élites que han
controlado el poder económico en España desde 1939 hasta hoy. Espero que
alguno les interese. ¡Buen verano¡
El primer libro, “Las fuerzas que mueven el mundo: la geopolítica y la economía mundial en mapas” es más un Atlas que un libro al uso, porque consta de múltiples mapas que ayudan a explicar los principales problemas geopolíticos actuales, desde el reparto del petróleo y el gas por paises a las tierras raras o los chips. Su autor es un colectivo, el Orden Mundial, un equipo especializado en el análisis de la economía internacional. A lo largo de sus 205 páginas, en gran formato, aportan múltiples mapas con leyendas, textos y datos que sirven para entender “de un vistazo” los grandes problemas económicos y geopolíticos del mundo actual. Tras una introducción donde resumen como está cambiando el mundo desde la pandemia (siempre con mapas), analizan los nuevos rumbos políticos, los gigantes tecnológicos, la crisis climática y los problemas comerciales globales, explicando la reorganización de los flujos de mercancías. Es muy importante el bloque que dedican a los recursos que sustentan la economía mundial y su distribución, desde el petróleo al uranio, las tierras raras y los chips, sin olvidar los recursos pesqueros y los alimentos. Otro apartado informa sobre los conflictos en el mundo y los puntos problemáticos, desde el mar de China al Ártico. También detalla la emergencia climática (en mapas) y el declive de la democracia en el mundo, anticipando las “nuevas fronteras”: los polos, los océanos y el espacio. Y destina un capítulo al papel de España en el mundo, también con múltiples mapas y datos, incluido un mapa sobre el uso del español en el mundo.
Tras este Atlas sobre la geopolítica actual, un libro que analiza
los cambios en el poder mundial: “La
hora de los depredadores”, de Giuliano de Empoli, un ensayo de
un sociólogo y asesor político italiano que conoce muy bien los entresijos de
la política internacional y que escribió en 2023 una novela imprescindible, “El
mago del Kremlin”, sobre Rusia y el poder de Putin. En este libro
explica la llegada al poder en el mundo actual de los nuevos líderes
(los “depredadores”) , que no respetan las reglas ni las instituciones y
ejercen el poder a su antojo mediante la fuerza bruta, el engaño y la
colaboración de los tecno oligarcas que controlan las redes sociales y la
inteligencia artificial.
El libro de Empoli, que es un ensayo pero se lee como una
novela, explica el acceso de estos lideres tecnológicos y políticos al
poder, con ejemplos concretos: el príncipe Mohamed bin Salman en Arabia
Saudita, Bukele en El Salvador, Trump en EEUU y el escándalo de Cambridge Analitics,
Elon Musk y su apoyo a la extrema derecha alemana, Sam Altman y el acenso de
OpenAI… El autor, que se ha movido en la ONU y foros internacionales
como asesor político del italiano Mateo Renzi explica los entresijos de cómo
actúan estos personajes en las instituciones internacionales y con los
demás gobiernos, detallando las claves de cómo gana terreno su “nuevo
orden”, que está llevando al mundo al caos.
Tras estos dos libros, que pueden ayudarnos a entender mejor
el complejo mundo que tenemos, un tercer libro sobre el mayor problema de los
españoles, la vivienda: “Generación
inquilina”, de Javier Gil, un sociólogo investigador del CSIC
que trata de explicar qué pasa con la vivienda y plantea alternativas de
solución, ciertamente heterodoxas. La primera parte del libro analiza
el problema de fondo de la vivienda, que considera estructural y político, no
coyuntural: la vivienda ha generado una “economía rentista”,
donde la vivienda es una inversión para unos caseros con altos ingresos,
inmobiliarias y fondos de inversión, que controlan las Leyes y normativas en su
beneficio, perjudicando a una “generación inquilina” que no tiene ningún
poder ni influencia y que vive cada vez peor porque les transfiere una
parte creciente de su renta, aumentando la desigualdad en España.
En definitiva, señala Gil, la vivienda no sube por
factores demográficos (más jóvenes y familias) o de escasez (faltan
viviendas) sino porque es un activo financiero con el que se
especula. Y sube porque hay mucha liquidez y una creciente demanda
especulativa que dispara los precios. Y explica el comportamiento de los
Fondos de inversión, inmobiliarias, grandes fortunas o ahorradores,
que han convertido la vivienda en un activo muy lucrativo (más que la Bolsa o
la deuda). Así que cuanto más suba la vivienda y el alquiler, más
rentabilidad y más demanda, alimentando la especulación. Por eso cree
que la solución no es construir más viviendas: eso alimentará la especulación.
Bueno, confío en que alguno de estos 5 libros le interese. ¡
Buen verano y hasta septiembre !
El primer libro, “Las fuerzas que mueven el mundo: la geopolítica y la economía mundial en mapas” es más un Atlas que un libro al uso, porque consta de múltiples mapas que ayudan a explicar los principales problemas geopolíticos actuales, desde el reparto del petróleo y el gas por paises a las tierras raras o los chips. Su autor es un colectivo, el Orden Mundial, un equipo especializado en el análisis de la economía internacional. A lo largo de sus 205 páginas, en gran formato, aportan múltiples mapas con leyendas, textos y datos que sirven para entender “de un vistazo” los grandes problemas económicos y geopolíticos del mundo actual. Tras una introducción donde resumen como está cambiando el mundo desde la pandemia (siempre con mapas), analizan los nuevos rumbos políticos, los gigantes tecnológicos, la crisis climática y los problemas comerciales globales, explicando la reorganización de los flujos de mercancías. Es muy importante el bloque que dedican a los recursos que sustentan la economía mundial y su distribución, desde el petróleo al uranio, las tierras raras y los chips, sin olvidar los recursos pesqueros y los alimentos. Otro apartado informa sobre los conflictos en el mundo y los puntos problemáticos, desde el mar de China al Ártico. También detalla la emergencia climática (en mapas) y el declive de la democracia en el mundo, anticipando las “nuevas fronteras”: los polos, los océanos y el espacio. Y destina un capítulo al papel de España en el mundo, también con múltiples mapas y datos, incluido un mapa sobre el uso del español en el mundo.
Para el autor, la solución al problema de la vivienda no es
edificar más sino reordenar el mercado y acabar con la economía rentista,
frenar la demanda especulativa y proteger la demanda residencial, facilitando
el acceso a la vivienda a los que no tienen un techo y frenando las compras
especulativas de viviendas. Pero duda que el Gobierno (este y cualquier
otro) se ponga del lado de los inquilinos, que tienen menos peso
político y numérico que los propietarios, Fondos y empresas
inmobiliarias, con lo que no se atreven a imponer controles y cambiar el
modelo de la economía rentista por uno que considere la vivienda como un
derecho y un bien social. Por eso, propone que los inquilinos se organicen
(Javier Gil es miembro y asesor del Sindicato de Inquilinos) y que multipliquen
sus protestas contra los abusos en la vivienda, con la propuesta de una
posible huelga de pago de alquileres, como medida de presión para que
la vivienda sea un bien social.
El 4º libro, “El
Estado pesebre”, de Carlos Arenas Posadas, un historiador
económico de la Universidad de Sevilla, es un libro de historia, pero de
otra historia: de cómo las élites y las oligarquías han “parasitado” las
cuentas públicas (se lo han “llevado crudo” de forma “legal”) en
España, desde la época de Al Ándalus al franquismo y la transición democrática.
Es una nueva versión (desconocida) de cómo las élites sociales y los grandes
negocios han prosperado siempre en este país a la sombra del Estado. O más
bien, cómo el Estado ha sido “parasitado” por las oligarquías, ha sido el
verdadero “pesebre” de nuestra historia. Un demoledor repaso
histórico de quienes han sido los sucesivos depredadores del dinero
público, desde la Edad Media, el imperio, la reconversión liberal, la
Restauración, la República, el franquismo y la transición demográfica, con
distintos nombres y similares comportamientos.
El historiador hace un detallado repaso de nuestra historia
para revelar como los estamentos nobiliarios, eclesiásticos, militares,
plutócratas y oligarcas se han enriquecido en el pesebre de los distintos
Estados y Gobiernos, utilizando la violencia física, material y moral, la
impunidad, las patrañas, los falsos victimismos, trampantojos y bulos dirigidos
a legitimar su poder. Y a lo largo los distintos siglos y épocas, desfilan por
el libro los protagonistas de lo que el autor llama “el gran Comedero”:
señores, frailes, obispos, inquisidores, virreyes, militares, usureros, aristócratas,
burgueses, asentistas, reyes, políticos, altos cargos de la Administración, agricultores,
industriales, lobistas, banqueros, comisionistas, fondos buitres… Y así hasta
hoy, con los casos de corrupción repetidos en el siglo XXI. ¿Y
ahora qué? El autor responde que cambiar una trayectoria milenaria no es
sencillo, pero aboga por una mayoría social que promueva reformas para lograr un
cambio verdadero. Nada fácil…
El 5º libro, “Las
élites que dominan España”, ahonda en este tema de los que
controlan el poder, con un análisis centrado entre 1939 y hoy,
del franquismo a la democracia. Su autor es Andrés Villena Oliver, un
sociólogo y profesor de Economía en la Complutense, cuyo libro tiene una
reveladora historia: iba a ser publicado por Ariel (Planeta), pero fue
descartado en el último momento por la editorial (no se sabe la razón) y se ha
publicado en otra (Libros del KO), con una “aureola” de libro “medio prohibido”
que ha disparado sus ventas. La tesis del autor es que la élite española
de poder se compone de tres elementos (capital, empresas y Estado) que
llevan décadas conectados entre sí por puertas giratorias. Es más, sostiene que
la estructura de poder que se generó en la España franquista
se ha mantenido en lo fundamental, con pocos cambios en los grandes
poderes, tanto la banca y las grandes empresas como los grandes cuerpos de
funcionarios que controlan el Estado, algo que trata de justificar a lo largo
del libro, desde 1.939 hasta hoy, con una investigación documentada sobre lobbies
empresariales, bancos, sagas familiares, instituciones políticas y medios de
comunicación. Setenta años de historia en los que tecnócratas, financieros,
altos funcionarios y empresarios actúan “como piezas de una misma
maquinaria, diseñada para que nada esencial cambie”.
El libro analiza la estructura del poder en tres bloques.
El primero, la dictadura y las redes del poder durante el franquismo,
con los cambios de la tecnocracia a partir de 1959. Luego, los cambios de poder
en la transición, con las crisis bancarias y los cambios en las grandes
empresas. El segundo bloque detalla los cambios en la estructura del poder con la
llegada del PSOE en 1982, que supuso la renovación del capitalismo español.
Después analiza la llegada de Aznar, las privatizaciones, el
clientelismo y el “milagro inmobiliario”. En el tercer bloque, analiza la época
tecnocrática de Zapatero, la crisis política del 15-M y el final del
bipartidismo, hasta el ascenso de Sánchez y la evolución de su Gobierno.
Como conclusión, dice que “la
democracia ha operado como una carcasa, gracias a la cual las élites han
maximizado beneficios y poder”. Y plantea que sólo los colectivos sociales pueden generar nuevas oportunidades. Que la
respuesta está “en la gente”.
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vivienda
lunes, 13 de julio de 2026
La vivienda, una "emergencia nacional"
La vivienda agrava sus problemas, con nuevas
subidas de los pisos y alquileres. Y el gasto en vivienda supone ya un tercio del gasto total
de las familias, hasta el 42% para las que ganan menos. El problema de
fondo sigue siendo que faltan viviendas: la oferta aumenta en 95.000
casas nuevas cuando se crean 240.000 nuevos hogares al año. Así tenemos
un déficit de 750.000 viviendas, lo que dispara precios y alquileres.
El Banco de España alerta de que estamos ante
“una emergencia nacional”, que exige una mayor coordinación
entre el Estado y las autonomías, hoy inexistente. Una “emergencia
económica”, que frena el consumo, el crecimiento y el empleo,
pero también una “emergencia social”: 10 millones de
inquilinos agobiados, frente a 5 millones de caseros que ingresan 28.000
millones al año. Dos nuevas “clases sociales” enfrentadas por la
vivienda, que agrava las desigualdades sociales. Urge tomar medidas
sobre el suelo, la financiación, la rehabilitación de pisos vacíos, los pisos
turísticos y de temporada, construyendo más, para aumentar la oferta de
viviendas. Los alquileres transfieren 28.000 millones al año de los inquilinos a sus caseros
El problema de la vivienda en España sigue de mal en peor, a la vista de los datos del primer semestre. Los precios de la compraventa de vivienda han subido otro +3,5% en el primer trimestre, con lo que los pisos son ya un +12,9% más caros que hace un año, según el INE. El precio medio de venta en junio era de 2.823 euros/m2, según el portal Idealista, un máximo histórico que se dispara en las grandes ciudades, sobre todo en Madrid (6.013 euros/m2) y Barcelona (5.269 euros/m2). Con ello, el precio de la vivienda ha subido un +65,3% en los últimos 7 años (junio 2019-.junio 2026), más del doble que el IPC (+24,8%) y el triple de lo que han subido los sueldos (+21,32%).Y además, la subida de los pisos se acompaña con una subida de los tipos de interés: el Euribor ha subido un +0,717% en el último año (hasta el 2,798% en junio), lo que encarece ahora una hipoteca media (173.331 euros a 25 años) en 66 euros más al mes (792 euros más al año).
Y el panorama de los alquileres es aún peor, con
subidas reiteradas impulsadas por una alta demanda de familias que no pueden
comprar piso y sólo les queda alquilar. En junio, el precio medio del
alquiler era ya de 15,3 euros/m2 (1.377 euros por un piso de 90 m2), según
el portal Idealista, pero se disparaba hasta 23,7 euros/m2 en Madrid
(2.133 euros por 90 m2) y 23 euros/m2 en Barcelona (2.070 euros por 90
m2), con 29 de las 52 capitales en máximos históricos del alquiler. Unos
precios que obligan a muchos jóvenes (y familias) a alquilar por
habitaciones, a precios aún más disparados: 521 euros de media, según
Fotocasa, que suben hasta 650
euros en Barcelona y 620 euros en Madrid. Y eso después de que los potenciales
inquilinos sufran un duro proceso de “selección” (donde quedan
fuera muchos jóvenes y familias, sobre todo inmigrantes) y múltiples exigencias,
muchas ilegales.
Este oscuro panorama está agravando las cuentas de los 4
millones de hogares (el 20%, con unos 10 millones de personas) que viven
de alquiler en España. Según
los últimos datos del INE, el gasto de todas las familias españolas en
vivienda (alquiler, hipoteca y recibos de agua, luz y calefacción) fue de
11.665 euros por hogar en 2025, el 33,2% de todo el gasto familiar, un
porcentaje que ha subido año tras año (suponía el 30,98% del gasto total
en 2016). Es
la mayor partida de gasto familiar, muy por delante de dos partidas cuyo
porcentaje de gasto también crece, la alimentación (16%) y el
transporte (11,5%). Pero lo más preocupante es que en las familias con
menos ingresos (el 20% con menos renta), el peso de los gastos de
vivienda es muy superior: el
41,9% en 2025 (40,1% en 2016).
Casi la mitad de su gasto se lo lleva la vivienda, lo que reduce su consumo en
otras partidas de gasto, frenando así el crecimiento económico y el empleo.
El problema de fondo es la falta de viviendas:
hay poca oferta y mucha demanda. En 2025 se sumaron al parque de
vivienda 94.791 nuevas viviendas, según
el Ministerio de Vivienda, frente a los 238.990 nuevos hogares creados
en el país, según el INE. Y desde 2019, sólo se han sumado 636.486 viviendas al
parque existente (27.099.556 viviendas en 2025), mientras la
población española crecía cuatro veces más (+2.633.665 habitantes desde
2019). Eso ha ido acumulando un “déficit de vivienda” que el Banco de
España acaba de subir de 600.000 a 750.000
viviendas que hacen falta, la mitad concentradas en 6 provincias:
Madrid, Barcelona, Alicante, Valencia, Murcia y Málaga. Una “brecha” de
viviendas que seguirá creciendo, porque el INE estima que se
crearán 2,2 millones de hogares en España los próximos 15 años.
La construcción de nuevas viviendas va muy lenta: las
93.650 viviendas terminadas en 2025 (80.792
“libres” y 12.858
protegidas (VPO) son el tercer peor dato del siglo, frente a las 647.179
construidas en 2007 (579.665 libres
y 65.514 VPO), que bajaron a 276.883 en 2010 y al mínimo de 44.630 en 2016,
según
los datos del Ministerio. Este año, la construcción ha mejorado algo, pero
poco: se han iniciado 39.196 viviendas en el primer trimestre (35.148 “libres”
y 4.048 VPO, el
mejor dato de iniciación de viviendas protegidas desde 2012), un 12,7% más
que en el primer trimestre de 2025 (34.779 viviendas iniciadas). Pero, a este
ritmo, se terminarán este año unas 105.000 nuevas viviendas, la mitad
de las que necesitamos.
Además de construir más viviendas nuevas, habría que
poner en venta y alquiler una buena parte de los 3,8 millones de viviendas
vacías, la
cifra estimada por el Observatorio del Alquiler. Pero ojo, esta medida
no sería la panacea, porque la mayoría de estas viviendas vacías
están en zonas rurales, en municipios de menos de 100 habitantes (ahí están
el 75%), con lo que sólo un 10% de viviendas vacías están en zonas
tensionadas, donde ayudaría conceder más ayudas a los propietarios para
rehabilitarlas y alquilarlas a precios asequibles.
Otra vía para aumentar las viviendas para alquiler es
frenar el desvío de viviendas a los usos turísticos y al alquiler de
temporada, dos destinos que buscan muchos caseros para evitar la
normativa de los alquileres normales. En España había
en mayo 341.001 pisos turísticos, concentrados en Andalucía
(90.649), Cataluña (51.305), Comunidad Valenciana (51.268), Canarias (48.356) y
Baleares (21.304). Un número que se ha reducido este año, por las trabas de
algunas autonomías y Ayuntamientos, aunque han recibido el espaldarazo
del Supremo, que emitió en mayo una sentencia que anuló el registro
estatal de estos alquileres turísticos, por considerar que es una
competencia autonómica. Y otros alquileres que habría que frenar son los de
temporada (por meses, para estudiantes y trabajadores), que suponen
ya el 27% de todo el mercado del alquiler, según
Idealista, superando esa media en Barcelona (55% alquileres son de
temporada), San Sebastián (49%), Bilbao y Cádiz (44%), Girona y Pamplona (41%),
Santander (36%) y Granada (35%).
Si se redujeran los pisos vacíos y los alquileres turísticos
y de temporada, podría haber 1 millón más de viviendas para alquilar y
comprar, bajando los precios. Pero la clave del problema sigue siendo construir
más, aumentar la oferta, construyendo
al menos 200.000 viviendas al año, una gran parte para destinarla al alquiler a
precios asumibles y VPO de renta social. Para relanzar la construcción
de viviendas en España , hay que actuar sobre varios factores: suelo,
financiación, normativa, costes y mano de obra. Veámoslos.
La clave es aumentar la financiación para la vivienda.
Se da el contrasentido de que España es el
4º país de la OCDE que más recauda con la vivienda (52.200 millones en
impuestos estatales, autonómicos y locales, el 6,90% de toda la recaudación),
pero es uno
de los paises que menos gasta, que menos invierte en vivienda: 7.614
millones en 2025, el 0,45% del PIB, frente a paises que destinan del 1
al 3,5% de su PIB a la vivienda.
Como se ve, inversiones mínimas para
afrontar el primer problema de los españoles. El Gobierno Sánchez ha
multiplicado la inversión estatal en vivienda, que saltó de los 453 millones
que gastaba Rajoy en 2017 a 3.500 millones en 2025. Ahora, el Gobierno aprobó
en abril el Plan
de Vivienda 2026-2030, que pretende triplicar el gasto del
anterior Plan , hasta los 7.000 millones de euros (ojo, sólo 1.400
millones al año). El Plan tiene una novedad importante: el Estado
central aporta un 60% de esos Fondos para la vivienda pero sólo a
cambio de que las autonomías aporten el 40% restante (en los Planes
anteriores sólo aportaban el 28% del gasto total ). En principio, las
autonomías gobernadas por el PP (11) se mostraron en
contra del Plan, dentro de su política de “desgaste” al Gobierno. Pero
luego han echado cuentas y han visto que si lo apoyan van
a recibir mucho más dinero para gastar en vivienda. Unos ejemplos: Andalucía
recibirá 1.197 millones (+877 millones que en el Plan anterior), Madrid
1.113 (+815 millones), Cataluña 1.015 millones (+473), Comunidad
Valenciana 798 millones (+558), Galicia 399 millones (+293),
Castilla y León 378 millones (+277) o Murcia 308 millones (+258). Esto
explica el “milagro” de que en la reunión de la ministra con las autonomías
para desarrollar el Plan de Vivienda 2026-2030, celebrada el 21 de mayo, todas
votarán a favor del reparto… Ahora falta que colaboren en la
aplicación concreta del Plan y en la efectividad de sus ayudas.
Tras la financiación, el 2º cuello de botella de la
vivienda es el suelo, la falta de suelo urbanizado, listo
para construir. Los
promotores se quejan de que no hay suelo disponible, salvo a
precios disparados, pero un
experto que lo ha analizado con detalle concluye que hay suelo
disponible para construir 7 millones de viviendas… Y de ese suelo, en
zonas urbanas hay suelo finalista para construir 3 millones de viviendas (1,5
millones en las 15 principales capitales y áreas metropolitanas). El problema,
añade, es que estos
suelos llevan bloqueados dos décadas, por problemas en la propiedad (el
70% de este suelo es privado y sólo un 30% municipal), que no quiere o no puede
ponerlo en el mercado, porque requiere hacer inversiones que no se hacen:
antes los bancos financiaban a dueños del suelo y promotores a ponerlos en el
mercado, pero ahora no. Además, mucho suelo urbanizable está pendiente de
litigios y recursos a los Planes, que se podrían agilizar si se
aprobara la reforma
de la Ley del suelo que el PP y partidos autonómicos vetaron
en el Congreso.
Llevamos años hablando del grave problema de la vivienda
pero apenas se avanza en soluciones, básicamente por los
enfrentamientos entre el Gobierno y las autonomías que gestionan la vivienda.
El
Banco de España acaba de alertar de que estamos ante
una “emergencia nacional”, que exige acuerdos para evitar que la
vivienda frene el crecimiento y el empleo (al reducir el consumo de inquilinos
e hipotecados) y la actividad de muchas empresas (turismo, agricultura, industria,
comercio) e instituciones (hospitales, enseñanza), que no pueden
contratar porque sus trabajadores no encuentran alojamiento.
Pero el problema de la vivienda es también una “emergencia
social”, porque condena a no llegar a fin de mes (incluso a caer en la
pobreza) a los 4,1 millones de hogares que viven en alquiler (unos 10
millones de españoles). Y esto aumenta la desigualdad. Así, los
inquilinos (1 de cada 5 españoles) tiene una renta media anual de
21.335 euros, muy inferior a los 32.120 euros de renta media que tienen los
propietarios (14,05 millones de hogares, unos 34 millones de españoles). Y
si vemos la renta media de los
propietarios que alquilan (el
39% de los caseros tienen una vivienda alquilada y un 61% son particulares
con varias viviendas o empresas), es de 51.000 euros anuales (2,39 veces
las de su inquilino) y hasta 80.000 euros si alquilan 2 o más viviendas
(3,7 veces la renta de sus inquilinos), según
un reciente estudio del Ministerio de Consumo y el CSIC.
A lo claro: el problema de la vivienda
se ha convertido en un negocio para unos (2,4 millones de
caseros individuales) y en una losa para otros (10
millones de inquilinos), que les
“trasfirieron” de sus ingresos 28.000 millones anuales (que
agobian sus cuentas y hacen más ricos a otros). Una transferencia de rentas
que alimenta
la desigualdad, porque casi la mitad de los alquileres se pagan
al 10% de españoles más ricos, según el estudio. Y además, encubre otra
transferencia, de jóvenes a mayores: un tercio de los pagos por
alquiler (el 62% de jóvenes) los ingresan caseros mayores de 65 años…
En conclusión, la vivienda no es sólo un problema
sino también “una
bomba de relojería social”,
porque enfrenta a inquilinos y propietarios y a jóvenes con mayores,
provocando una penosa “emergencia social”, que alimenta el descontento y la
polarización política. Es hora de alcanzar un
Pacto político y social por la vivienda, que reparta costes e ingresos,
que ayude a los que más lo necesitan y controle un negocio que antepone
la inversión al derecho a la vivienda. O resolvemos esta emergencia
económica y social o nos estallará cualquier día.
El problema de la vivienda en España sigue de mal en peor, a la vista de los datos del primer semestre. Los precios de la compraventa de vivienda han subido otro +3,5% en el primer trimestre, con lo que los pisos son ya un +12,9% más caros que hace un año, según el INE. El precio medio de venta en junio era de 2.823 euros/m2, según el portal Idealista, un máximo histórico que se dispara en las grandes ciudades, sobre todo en Madrid (6.013 euros/m2) y Barcelona (5.269 euros/m2). Con ello, el precio de la vivienda ha subido un +65,3% en los últimos 7 años (junio 2019-.junio 2026), más del doble que el IPC (+24,8%) y el triple de lo que han subido los sueldos (+21,32%).Y además, la subida de los pisos se acompaña con una subida de los tipos de interés: el Euribor ha subido un +0,717% en el último año (hasta el 2,798% en junio), lo que encarece ahora una hipoteca media (173.331 euros a 25 años) en 66 euros más al mes (792 euros más al año).
La clave está en que las autonomías,
que gestionan la vivienda, y los Ayuntamientos gasten mucho más
en vivienda, dado que el ladrillo les aporta gran parte de su recaudación. Hasta
ahora invierten poco y el 70% de lo que invierten es dinero
que les transfiere el Estado. Las autonomías que menos
gastan en vivienda
son Castilla y León (174 millones entre 2021 y 2024), Cantabria (102 millones) y
Murcia, mientras las
que más gastan son Cataluña (1.971 millones entre 2021 y 2024,
Andalucía (1.688 millones) y Comunidad Valenciana (1.459 millones).
Además de aumentar la financiación y desbloquear el suelo urbanizable,
urge facilitar financiación a los promotores privados y públicos
(Ayuntamientos) para promover viviendas, agilizando los complicados trámites
administrativos y coordinando las actuaciones (Estado, autonomías,
Ayuntamientos, dueños del suelo, promotores, bancos y el ICO), junto con la
empresa pública de vivienda (Casa 47). Deberían crearse
Comisiones de vivienda autonomía por autonomía y ciudad
por ciudad, donde todos buscaran la manera de promover más viviendas. Algo
que piden todos los expertos y que no se hace. Y en paralelo, tomar medidas
para convencer a los propietarios de que alquilen sus
viviendas, con empresas estatales que aseguren los alquileres (como Bizigune en el País Vasco) y con incentivos
fiscales a los caseros que alquilen pisos vacíos y a precios “razonables”.
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jueves, 12 de febrero de 2026
La pobreza se estanca
España crece, crea empleo y baja la inflación, pero casi
la mitad de los españoles tienen problemas para llegar a fin de mes y 1
de cada 4 personas está en riesgo de pobreza, según la última estadística
del INE. Son una décima menos que en 2024, pero como somos más habitantes, hay
más españoles en riesgo de pobreza. Y tenemos más “pobres”,
personas que ganan menos del 60% de la media: son 9.666.291 personas.
Así que, pese a nuestro mayor crecimiento, España es el 5º país con más
pobreza de Europa. Y aunque han aumentado las ayudas públicas,
están mal diseñadas y tenemos 4 millones de personas muy
vulnerables, con carencias materiales severas. Y la pobreza
infantil ronda los 2 millones de menores. Urge
tomar medidas, mejorando los sueldos más bajos, reduciendo el
subempleo, promoviendo alquileres asequibles y aprobando ayudas para familias con niños, el epicentro de la pobreza. Precisamente, el Gobierno aprobó este martes una ayuda de 200 euros al mes por hijos menores de 18 años, pero sin concretar cuándo ni cómo se podrá pagar. Hay que repartir mejor el
crecimiento, porque demasiadas personas no lo notan. Enrique Ortega
Europa es un continente con un alto nivel de vida pero también tiene muchas personas en situación vulnerable: en 2024, 93,3 millones de personas en la UE estaban en riesgo de pobreza o exclusión social, el 21,0% de la población (tasa AROPE), según Eurostat. Un dato que incluye los europeos que sufren una de estos tres situaciones: pobreza monetaria (ingresar menos del 60% de la renta media de cada país UE), carencia material severa (problemas para comer adecuadamente, afrontar gastos o mantener la vivienda a una temperatura adecuada) o bajo nivel de empleo (trabajar menos del 20% potencial). De 2025 no hay todavía datos europeos, pero sí de España: el porcentaje de españoles en riesgo de pobreza o exclusión social fue del 25,7%, según el INE, bajando sólo una décima respecto a 2024 (25,8%, cuando éramos el 4º país UE con más riesgo de pobreza, tras Bulgaria, Rumanía y Grecia). Pero como ha crecido la población española en 2025 (+ 442.428 habitantes), ahora hay más españoles en riesgo de pobreza (12.739.676 personas) que en 2024 (12.675.100).
Veamos los tres
indicadores que componen la tasa europea AROPE. El primero y más
importante es la tasa de pobreza monetaria, los que ingresan
menos del 60% de la media del país (en 2025, menos de 12.220 euros los
solteros y menos de 25.663 euros las familias con dos adultos y dos niños): eran
el 19,5% de la población española, dos
décimas menos que en 2024 (19,7%). Pero como la población ha aumentado en
2025, el número de habitantes pobres es casi igual (9.666.291 personas, 11.983 menos que en 2024). El mayor porcentaje de “pobres”
se da en familias con niños, con un 28,5% de menores de 16 años viviendo
en familias pobres, casi 2 millones de niños, lo que nos coloca como el
2º país europeo con más pobreza infantil (tras Rumanía). Además, la
pobreza monetaria (19,5% de la población) es mayor en Melilla (39,3%), Ceuta
(37%), Andalucía (27,7%), Murcia (26,7%), Extremadura (26,2%) y Comunidad
Valenciana (26%), según
el INE.
El segundo indicador de exclusión social es la carencia material severa,
las personas que carecen de 4 de estos 9 conceptos: no pueden
irse de vacaciones al menos 1 semana (el 32,2% de los españoles, 16
millones de personas), no pueden comer carne, pescado o pollo al menos
cada dos días (5,4% de la población, 2,7 millones de personas), no pueden calentar
su casa (el 15,9%), no pueden afrontar gastos imprevistos (el 36,4%de la
población, 18 millones de personas), han tenido retraso en el pago de sus
gastos de vivienda o compras a plazo (13,3%), no pueden tener un
coche (5,4%), ni teléfono ni televisor ni lavadora. En conjunto, sufrían esta
carencia material severa el 8,1% de los españoles en 2025, prácticamente
4 millones de personas (62.420 menos que en 2024, cuando eran el 8,3%).
El tercer indicador de exclusión social es tener un nivel de empleo mínimo,
trabajar en 2025 menos del 20% del tiempo potencial: les pasó al 8% de
los españoles, unos 4 millones de personas, el mismo porcentaje que en 2024, a
pesar de la mejoría del empleo. La mayoría de los excluidos cumplen 1 de estas
3 condiciones (sobre todo la pobreza monetaria, por sus bajos ingresos), pero hay un 1,4% de españoles
(700.000 personas) que cumplen las tres condiciones: bajos ingresos,
varias carencias materiales severas y un mínimo nivel de empleo. Son los
más vulnerables de los vulnerables.
Otro dato que revela la Encuesta del INE es el
nivel de desigualdad de España, medido con dos indicadores. El primero, el índice S80/20
indica la relación de ingresos entre el 20% de la población que más gana y el
20% que menos gana: era de 5,2 veces en 2025, menos desigualdad que en
2024 (5,4 veces) y que en 2019 (5,9 veces). El segundo, el índice de Gini,
que cuanto más bajo es refleja menos desigualdad: ha bajado de 33 en 2019 a 31,2
en 2024 y 30,8 en 2025, el índice de desigualdad más bajo desde 1989. Pero
todavía tenemos mucha más desigualdad que la media UE-27 (índice 4,66
veces en 2024) y que Alemania (4,49) o Francia (4,66), aunque menos que Italia
(ganan 5,53 veces más los más ricos), según
Eurostat.
Fuera de estos indicadores de pobreza y desigualdad, el INE ha
publicado otro dato importante, en su Encuesta de
Condiciones de Vida 2025: los españoles que tienen problemas para llegar
a fin de mes. Y la estadística mejora, pero poco. El 8,5%
de la población (4,2 millones de personas) tiene “mucha” dificultad
para llegar a fin de mes, menos que en 2024 (9,1%) aunque más que antes de la
pandemia, en 2019 (7,4% tenían entonces “mucha” dificultad para llegar a fin de
mes). Otro 12,1% llegan a fin de mes “con dificultad” (12,7%
en 2024 y 14,2% en 2019). Y un 25,3% llega “con cierta dificultad”
(25,6% en 2024 y el mismo 25,3% en 2019). Así que, sumando los tres grupos,
casi la mitad de los españoles (el 45,9%) tiene algún problema para
llegar a fin de mes, algo menos que en 2024 (47,4%) y que en 2019 (46,9%),
aunque entonces había menos población. Los que tienen más problema para llegar
a fin de mes (con “mucha” dificultad) son los hogares con un adulto y uno o
más niños (el 19,6%) y los hogares de Castilla la Mancha (12,7% llegan a
fin de mes con “mucha” dificultad), Murcia (12,1%), Canarias (11,5%), Andalucía
(11,3%) y Ceuta (10,5%).
A la vista de estos datos, queda claro que España
tiene un problema de pobreza, desigualdad y para llegar a fin de mes,
aunque la economía y el empleo crezcan más que nunca. Y a pesar de que en los
últimos años se hayan disparado
las ayudas públicas a los más vulnerables, primero con la pandemia
y luego con la hiperinflación que siguió a la invasión de Ucrania: ERES para
paliar la pérdida temporal de empleo, ayudas a los carburantes y al recibo de
la luz, control de la subida de alquileres, freno temporal al IVA de los
alimentos, ayudas al alquiler y bonos sociales (eléctrico y térmico), así como
mejora de la asistencia social y freno a los desahucios de las familias más
vulnerables.
A pesar de las mayores ayudas estatales y los recortes de
muchas autonomías, el gasto social en España es inferior al de la mayoría de
Europa. Las ayudas públicas a las familias (claves para luchar contra la
pobreza) suponen
el 1,6% del PIB en España (2021), frente al 2,5% de media en
la UE-27, el 3,7% en Alemania o el 2,5% en Francia. Pero además de gastarse
poco, en España se gastan mal estas ayudas públicas, según
nos han reiterado la OCDE y la Comisión Europea: benefician más a las
familias de rentas medias y altas que a las familias con rentas bajas,
porque el grueso de las ayudas son desgravaciones
fiscales en el IRPF, que benefician a 8 millones de contribuyentes, la
mayoría con rentas medias y altas, porque las
rentas bajas y los más pobres no declaran (los ingresos de menos de
22.000 euros al año, todos los que están en pobreza severa y la mayoría de los
considerados “pobres”).
La propia Comisión Europea alertó, en su informe de diciembre de 2024,
sobre el hecho de que las ayudas contra la pobreza en España “tienen
menos impacto que en otros paises”, por “los problemas de adecuación y
cobertura del sistema de protección social, las disparidades regionales de
acceso a los servicios públicos y la persistente pobreza en el trabajo”. Sobre
este último punto, recordar que en 2025 eran “pobres” el 11, 6% de
los asalariados, 2,6 millones de trabajadores, según la Encuesta de
Condiciones de Vida del INE. Y que España
es el tercer país europeo con más porcentaje de “trabajadores
pobres” (11,2% en 2024), sólo por detrás de Luxemburgo (13,4%) y Bulgaria
(11,8%), peor que Portugal (9,2%) o Grecia (10,7%) y por encima de la UE-27
(8,2% de trabajadores “pobres”), Italia (10,2%), Francia (8,3%) o
Alemania (6,5%), según
Eurostat.
Por todo ello, expertos y ONGs piden modificar
el esquema de protección social a las familias más vulnerables, reformar
la política contra la pobreza en España. Por un lado, es urgente coordinar
las ayudas públicas, creando
“una ventanilla única” donde se soliciten y se gestionen, con
menos burocracia, más colaboración entre administraciones (incluyendo los
Ayuntamientos, claves en las ayudas contra la pobreza) y dando más entrada a
las ONGs, quienes tienen más experiencia y conocimiento del problema. Y por
otro, hay que destinar
más recursos públicos a la lucha contra la pobreza, gastando el
doble (como hace la UE) en ayudas a la familia. Además, urge aprobar una ayuda universal por hijos, clave para reducir la pobreza
infantil, como reitera Save the Children.
De hecho, en 17 paises europeos existe una
ayuda universal por hijo, que la OCDE ha propuesto a España (y que sólo
aplica el País Vasco, desde marzo der 2023, cuando entró en vigor una
ayuda universal por hijo de 200 euros que cobrarán las familias durante 3
años). Con esta ayuda, “se matarían dos pájaros de un tiro”: se
reduciría la pobreza infantil y la pobreza de las familias (más
concentrada en las que tienen hijos) y se fomentaría la
baja natalidad, un grave problema estructural de España, que pone en
peligro el futuro de las pensiones y del Estado del Bienestar. El Gobierno
Sánchez aprobó este martes una ayuda universal por hijo hasta los 18 años, de 200 euros mensuales, dentro de una Estrategia de Desarrollo Sostenible para reducir un 10% en 2030 la tasa de pobreza AROPE (ahora es del 25,7%). Problema: se trata de un objetivo más que de una medida concreta, porque se necesita incluirla en unos Presupuestos para 2026 (casi imposibles de aprobar por ahora) y estudiar con Hacienda cómo se financia (la parte de Sumar del Gobierno propone crear un nuevo impuesto sobre grandes fortunas para costear esta ayuda). Así que de momento, es más un anuncio ("preelectoral") que una ayuda concreta contra la pobreza infantil.
Para que haya menos pobres y más gente “note” el
crecimiento y el empleo, hay que actuar también sobre los salarios,
porque son
muy bajos y desiguales, lo que provoca que casi la mitad
de españoles tengan problemas para llegar a fin de mes. En España, el 30% de
los asalariados (5,6 millones de trabajadores) ganan menos de 1.582
euros brutos (1.345 euros netos). Y otro 40% de asalariados (7,5
millones de trabajadores) ganan entre 1.582 y 2.659 euros brutos (entre
1.345 y 1.995 euros netos). Además, la inflación de los últimos años ha
subido más que los sueldos, con lo que los asalariados han perdido
poder adquisitivo: la subida salarial de los convenios fue del +16,65%
entre 2.000 y 2025, según
Trabajo, mientras la inflación
ha subido un +23,5% entre 2000 y 2025, según el INE.
Otro eje de actuación es la vivienda y los alquileres,
culpables de mantener tan alta la tasa de pobreza. Los datos del INE son claros.
El porcentaje de españoles en riesgo de exclusión (tasa AROPE) alcanza el 43,1%
entre los que viven de alquiler y baja al 19,3% entre los que tienen su
vivienda en propiedad. Y lo mismo entre los “pobres monetarios”: son el
14,5% de españoles propietarios, pero el 32,6% entre los que viven de
alquiler. Y la carencia material severa se dispara al 17% entre
los inquilinos, frente al 4,5% en los propietarios. Así que para bajar las
cifras de pobreza, hay que ofrecer alquileres asequibles a los más vulnerables.
El Gobierno aprobó en diciembre de 2024 una Estrategia
contra la pobreza 2024-2030, con 4 ejes: garantizar recursos a los más
vulnerables (con el IMV y las prestaciones sociales) y un mejor acceso a la
vivienda, invertir en las familias más vulnerables, tanto en su educación como
en su acceso al empleo, reforzar las ayudas a las familias y mejorar la
coordinación entre Administraciones para hacer más eficaces las ayudas
sociales. Pero hay pocos recursos para estas políticas sociales,
sobre todo en autonomías y Ayuntamientos, con lo que la reducción de la pobreza
es muy lenta. De hecho, el
escenario macro del Gobierno contempla que la pobreza, que hoy afecta al
19,5% de españoles (9.616.610) sólo baje al 19,1% en 2028: serán
9.747.484 pobres, +130.874 más que hoy, porque seremos 51
millones de habitantes…
Si España no toma medidas drásticas y eficaces, sobre los
salarios, la vivienda y las ayudas sociales, tendremos
más pobres en unos años. Y esto, además de socialmente injusto,
es muy negativo para la economía (menos consumo, menos crecimiento y
empleo) y para la política: más españoles malviviendo y sin
perspectivas, el caldo de cultivo para el desencanto y los extremismos,
un riesgo para la democracia. Por eso, los partidos y la sociedad deberían
tomarse en serio el problema de la pobreza y acordar un Plan
de choque para que estos millones de españoles vulnerables vivan mejor.
Pero eso exige un Pacto entre administraciones y gastar más, algo
imposible con los actuales enfrentamientos políticos y las propuestas de bajar
impuestos. Otro reto grave que no podemos afrontar mientras
persistan los radicales enfrentamientos políticos. Hay
que repartir mejor el crecimiento, para reducir la
desigualdad y consolidar la democracia. Pero no están por la labor.
Europa es un continente con un alto nivel de vida pero también tiene muchas personas en situación vulnerable: en 2024, 93,3 millones de personas en la UE estaban en riesgo de pobreza o exclusión social, el 21,0% de la población (tasa AROPE), según Eurostat. Un dato que incluye los europeos que sufren una de estos tres situaciones: pobreza monetaria (ingresar menos del 60% de la renta media de cada país UE), carencia material severa (problemas para comer adecuadamente, afrontar gastos o mantener la vivienda a una temperatura adecuada) o bajo nivel de empleo (trabajar menos del 20% potencial). De 2025 no hay todavía datos europeos, pero sí de España: el porcentaje de españoles en riesgo de pobreza o exclusión social fue del 25,7%, según el INE, bajando sólo una décima respecto a 2024 (25,8%, cuando éramos el 4º país UE con más riesgo de pobreza, tras Bulgaria, Rumanía y Grecia). Pero como ha crecido la población española en 2025 (+ 442.428 habitantes), ahora hay más españoles en riesgo de pobreza (12.739.676 personas) que en 2024 (12.675.100).
Y sobre todo el Ingreso Mínimo Vital (IMV), que puso
en marcha el Gobierno Sánchez en
junio de 2020. Inicialmente avanzó muy lentamente, por un exceso de
requisitos y burocracia, pero en diciembre de 2025 llegaba
ya a 799.553 hogares (+125.824 que en 2024), donde viven 2.441.647
beneficiarios, que reciben una ayuda mensual de 483 euros (mayor si hay
menores), que subirá +11,4% este año. Pero la introducción de este IMV ha
provocado que 13 autonomías hayan reducido sus ayudas, las rentas mínimas,
según
un estudio de los Directores y Gerentes de Servicios Sociales: en 2024 las
recibían 532.070 beneficiarios, 263.791 menos que en 2020, debido a que
13 autonomías gastan ahora 398 millones menos en esas ayudas, sobre todo Madrid
(-95%), Aragón (-92,6%), Castilla la Mancha (-88,2%), Castilla y León (-80,7%)
y Andalucía (-79,8%).
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lunes, 5 de enero de 2026
La cuesta de enero: subidas y ayudas
Tras la resaca de compras de estas Navidades,
llega la dura realidad de afrontarlos, de hacer frente a tarjetas y pagos.
En un mes, enero, donde muchas empresas aprovechan para subirnos
casi todo: teléfono e Internet, luz, agua, basuras, billetes de avión,
autopistas, taxis, alquileres, tabaco, paquetes y sellos de Correos, seguros…Así
que este enero será más difícil llegar a fin de mes. La contrapartida es que también
suben los ingresos de casi 10 millones de pensionistas (más
los que menos cobran), 3 millones de funcionarios, 2,4 millones
de trabajadores que cobran el salario mínimo y las ayudas del ingreso
mínimo vital (IMV) que cobran 785.000 hogares, pensiones, sueldos y
ayudas públicas que se revalorizan desde el 1 de enero. Y también
aumentan las ayudas al transporte, manteniendo las actuales y
creando una tarifa plana que permite viajar barato. Ahora, la clave es ver
lo que suben los sueldos este año, porque los precios de los alimentos,
la vivienda y la energía seguirán altos en 2026. Enrique Ortega
Enero es el mes elegido por muchas empresas para subir sus tarifas y precios, con el argumento de la subida de costes y del aumento del IPC. Y este año, la lista de subidas es muy amplia. Empezando por la subida de las tarifas del teléfono e Internet, que suelen subir dos veces al año. Esta vez, suben con pocos días de diferencia: el 8 de enero las sube Vodafone (+3,9% de media, entre 1 y 5 euros al mes), el 12 de enero Orange (+3,8%, de 1 a 6 euros al mes) y el 13 de enero Movistar (+4%), mientras Digi no las sube. En los últimos años, las telecos justificaban sus subidas en la previsión de aumento del IPC, pero este año suben mucho más (el IPC puede subir un 2,1%) y lo justifican en que les han subido los costes, sobre todo los productos audiovisuales que ofrecen (fútbol y plataformas).
Otra subida que notaremos será la del próximo recibo de
la luz, que será diferente según el contrato que tengamos. Los que tienen
un contrato de luz en el mercado “libre” (20 millones de
clientes) tendrán
subidas del 4 al 7% cuando les toque la revisión anual de su
contrato, subidas que ya han anunciado Iberdrola, Endesa o las filiales de
Repsol, argumentando que a ellos les ha subido la luz en 2025 (y ahora) porque
Red Eléctrica obliga a mantener centrales de gas de guardia (más costosas) para
evitar un nuevo apagón como el de abril pasado. El resto de clientes, los que
están en el mercado regulado (8,4 millones) ya han sufrido en
2025 esta subida y la seguirán pagando en 2026. Y todos pagarán más este año
por la
subida de los peajes (un tercio del recibo) que fija la
Administración: los peajes de acceso subirán un +4,1% y habrá que pagar
en el recibo los demás cargos, que también suben.
Si sube la luz, también subirá la
factura del agua que pagamos. En Madrid, el
Canal de Isabel II ya anunció una subida de la factura del agua del 3%
anual hasta 2030, debido a que lleva años sin subirse y tienen que acometer
nuevas inversiones. Aigües
de Barcelona también ha anunciado una subida del +2,9% para
2026, mientras otros municipios de su área metropolitana también subirán el
agua, hasta el 5,8%. Y Aguas
de Bizkaia ha anunciado subida de tarifas del 4% en 2026, lo mismo
que muchas ciudades de media España.
También subirán en 2026 las
tasas de basuras de la mayoría de municipios, que ya han aplicado en
2025 sus nuevas tarifas, mucho más altas que los anteriores, que volverán a
subir este año, para ajustarlas paulatinamente a las
nuevas exigencias de recogida de residuos.
Y también pagaremos más al viajar en avión, porque
las aerolíneas nos cargarán en los billetes la subida del canon aeroportuario que
les ha hecho AENA el 1 de enero,
un aumento del +6,44% para afrontar las inversiones en los aeropuertos
españoles. También será más caro viajar en coche por autopista: los
peajes subirán este año un +2,61%
al menos, aunque en las autopistas rescatadas por el Estado subirán menos, un +2%.
También podría subir este año el impuesto que paga el gasóleo, porque la
Comisión Europea obliga a igualarlo con el de la gasolina, aunque el
Gobierno no logró aprobar en 2024 el Decreto que los equipara, por el
rechazo del PP, Vox, UPN y Podemos. Pero es una reforma exigida para recibir
460 millones de Fondos europeos, por lo que el Gobierno se ha comprometido a
intentar aprobar la equiparación antes de finales de marzo. De conseguirlo, el
gasóleo subiría 7 céntimos por litro.
El tabaco ya ha subido el 1 de enero, con nuevos
precios para los paquetes de cigarrillos, cigarros y picadura (ver
nuevo listado de precios por marcas), aunque todavía fumar es más barato en
España que en la mayoría de Europa. Y también han
subido ya las tarifas de Correos, tanto los sellos (+7,9%: el
franqueo ordinario cuesta 96 céntimos, el doble que en 2015), los certificados
y los paquetes (+5,5%). Y han subido también los taxis en la mayoría de
España, desde Madrid
(+2,36%) y Barcelona
(+2,3%) a Sevilla,
Málaga, Valladolid, Ferrol o Salamanca, lo que se trasladará también a los
vehículos VTC.
Con todo, lo más preocupante volverá a ser la subida de
la vivienda, tanto para alquiler como para compra. Se espera
otra subida de los alquileres del +10% en 2026, que se sumaría a las
fuertes subidas de los años anteriores: +40,3% han subido los alquileres
de media en España desde 2019 (+50% en Madrid y +46,15% en Barcelona, según
Idealista).. Además, muchos contratos de alquiler (por 5 años) se terminan
en 2026, con lo que los propietarios intentarán revisar bastante al alza los
nuevos alquileres, con lo que se espera “un aluvión de subidas”. Y en cuanto a
los precios de compraventa, están ya en niveles prohibitivos: 2.605
euros/m2 de media, pero 5.089 euros/m2 en Barcelona y 5.758 euros/m2 en
Madrid. Y podrían subir otro 15% más este año, según Idealista.
Y luego hay dos subidas aseguradas para 2026, aunque todavía
no podamos decir cuánto. Una es la
subida de los seguros, desde el seguro del automóvil y del hogar al
seguro de salud, que llevan años subiendo mucho y que volverán a subir bastante este año, justificándose en
el aumento de costes de los talleres y reparaciones, los siniestros en casa y
el aumento de los costes médicos en los hospitales privados. Y también están “cantadas”
nuevas
subidas de los alimentos: frutas y verduras (muy afectadas por el
cambio climático y las cosechas), las carnes, los huevos, el café y el
chocolate, más la bollería y las bebidas.
En cambio, hay otro gasto importante, el transporte
público, que se modera o baja en 2026, por las ayudas
que ha
prorrogado o ampliado el Gobierno. Por un lado se prorrogan
los actuales descuentos al transporte en tren y autobús, manteniendo
los descuentos actuales en Cercanías, corta y media distancia y autobús, a los
que se añaden un nuevo abono trimestral y un abono de 10 viajes para Cercanías,
manteniéndose la gratuidad de todos los viajes para los menores de 14
años (para educar a los menores en el transporte público). Por otro lado, se
crea
un nuevo bono transporte de 60 euros mensuales (30 euros para menores
de 26 años) que permite viajes ilimitados en Cercanías y media distancia de
Renfe, además de las líneas estatales de autobuses. Un bono que convive con el
resto de ayudas al transporte.
Estas ayudas
van a permitir que millones de personas gasten hasta un 75% menos en
transporte público en 2026, ahorrándose este año 1.371 millones de
euros (el coste de las ayudas). Unas ayudas públicas al transporte que han sido
claves estos años, desde 2018 a finales de 2025, en que el Gobierno ha
destinado más de 11.000 millones de euros (7.200 millones desde 2022) a subvencionar los billetes de Cercanías,
trenes de media distancia y Avant y los autobuses de líneas estatales, según
datos de Transportes.
Un ahorro en transportes que no compensa el rosario de las
otras subidas de precios, unas anunciadas y otras silenciosas, que
afectarán a nuestros bolsillos en este año 2026. Menos mal que hay colectivos
que van a tener también un aumento de ingresos para afrontarlas,
básicamente pensionistas, funcionarios y los más desfavorecidos que reciben
ayudas públicas, que también se han revalorizado el 1 de enero.
Empecemos por los
pensionistas, 9,42 millones de personas que cobrarán algo más por sus
pensiones (10,42 millones) ya desde este mes de enero. La subida media de las
pensiones es del +2,7% (la subida de la inflación anual de noviembre
2024 a noviembre 2025), lo que supondrá cobrar unos 40 euros más al mes (una
jubilación media de 1.512 euros en 2025). Pero los 2,12 millones de
pensionistas que cobran pensiones muy bajas, con complementos de mínimos, tendrán
una subida mayor: +11,4% para los pensionistas con cargas familiares
(y las viudas) y +7% para los que no las tienen. Y para los 471.000
pensionistas que cobran una pensión no contributiva (dos tercios son mujeres),
la subida es del +11,4%.
Los 3 millones de personas que trabajan para la
Administración Pública cobrarán un +2,5% de subida retroactiva por
2025 y otro +2%
de subida salarial en 2026, más otro +4,5% en 2027 y un 2% de subida en
2028, según el acuerdo pactado por el Gobierno, que supone una subida acumulada
(por el efecto arrastre) del +11,4%
entre 2025 y 2028, un aumento superior a la inflación esperada estos
años, para recuperar parte del poder adquisitivo perdido por los funcionarios.
También volverá a subir este año el salario mínimo
interprofesional (SMI), que cobran unos 2,4 millones de trabajadores,
especialmente mujeres, jóvenes e inmigrantes que trabajan en el campo. De
momento, en enero se ha prorrogado el salario mínimo actual (1.184 euros en 14
pagas), a la espera de que el Gobierno apruebe este mes la nueva subida, que se
cobrará con efecto retroactivo desde el 1 de enero: los
expertos consultados han propuesto que suba entre 37 y 56 euros
al mes, mientras la
patronal propone una subida de 18 euros (+1,5%) y los sindicatos
piden subir 89 euros (+7,5%).
Y también sube el importe del ingreso mínimo vital (IMV)
que reciben las familias más vulnerables, actualmente 785.722 hogares (beneficiando
a 2,4 millones de personas). En 2025 cobraban entre 658,81 euros un adulto
solo y 1.449 euros mensuales las familias numerosas, importes que han
subido un 11,4% el 1 de enero, entre 75 y 170 euros más al mes. El problema
es que esta ayuda (IMV) sólo llega a la mitad de las personas que están en pobreza
severa (4,3
millones, según Cáritas). Y que muchas autonomías han aprovechado el
IMV para suprimir o reducir su ayuda, las rentas mínimas de inserción:
en los últimos 3 años se han reducido
más de 170.000 beneficiarios y 13 autonomías (Madrid y Aragón en
cabeza, un -95%, seguidas de Castilla la Mancha, Castilla y León, Andalucía, la
Rioja, Cantabria, Extremadura, Murcia, Asturias, Galicia, Cataluña y Navarra) han
reducido su gasto en estas ayudas autonómicas, que sólo llegan a 532.700
personas, el 6,1% de quienes viven en el umbral de la pobreza, según
los Directores y Gerentes de Servicios Sociales.
Ahora, la clave para afrontar las nuevas subidas de precios va
a estar en los salarios, en la subida que se pacte para 2026. Todo
indica que la patronal no ofrecerá una subida por encima del 2% (la
inflación subirá el 2,1%, según el Gobierno) y que los sindicatos
pedirán una subida mínima del 3,5%, para recuperar parte del poder
adquisitivo perdido en los últimos años (los sueldos han subido un
13,45% entre 2022 y 2025 y la inflación un 15,4%). Y, sobre todo, pedirán que
suban más los sueldos más bajos, porque el 30% de trabajadores
ganan menos de 1.582 euros brutos al mes (y otro 40% ganan entre 1.582 y
2.659 euros brutos), según el Decil de salarios
de la EPA 2024. Estos bajos salarios explican que casi la mitad de españoles (el 47,4% de los
hogares, según el INE) lleguen con dificultad a fin de mes. Y más ahora,
con la oleada de subidas de enero.
En definitiva, volvemos
a sufrir subidas de precios en múltiples servicios y gastos, sin
que tengamos claro lo que van a subir nuestros ingresos este año, lo que
explica que muchos españoles no vean bien su economía (según
el CIS) aunque España crezca más que la mayoría de paises occidentales. Eso
debería obligar a tomar medidas para “repartir
mejor el crecimiento”, controlando las subidas más impopulares
(alimentación, energía, servicios públicos) y aumentando las ayudas a los más
vulnerables, con medidas fiscales para que paguen más los que más ganan y menos
los que menos ingresan y viven de un sueldo. Y promover una negociación
colectiva que suba más los sueldos más bajos, ahora que muchas empresas pueden hacerlo,
porque llevan 5 años mejorando ventas y beneficios. Esas son las claves
para que el crecimiento lo noten la mayoría de españoles.
Enero es el mes elegido por muchas empresas para subir sus tarifas y precios, con el argumento de la subida de costes y del aumento del IPC. Y este año, la lista de subidas es muy amplia. Empezando por la subida de las tarifas del teléfono e Internet, que suelen subir dos veces al año. Esta vez, suben con pocos días de diferencia: el 8 de enero las sube Vodafone (+3,9% de media, entre 1 y 5 euros al mes), el 12 de enero Orange (+3,8%, de 1 a 6 euros al mes) y el 13 de enero Movistar (+4%), mientras Digi no las sube. En los últimos años, las telecos justificaban sus subidas en la previsión de aumento del IPC, pero este año suben mucho más (el IPC puede subir un 2,1%) y lo justifican en que les han subido los costes, sobre todo los productos audiovisuales que ofrecen (fútbol y plataformas).
Lo que también subirá en 2026 serán las nuevas hipotecas, no sólo porque hay que pedir un mayor importe (el 80% del precio de venta) para afrontar los altos precios, sino porque el Euribor lleva 5 meses consecutivos subiendo (del 2,079% en julio al 2,267% en diciembre), con lo que los bancos cobrarán este año tipos más altos, en torno al 3,5%. Eso sí, los 4 millones de familias que están pagando una vieja hipoteca no tendrán un susto en la próxima revisión anual, porque el Euribor esperado para 2026 (por debajo del 2,5%) será todavía inferior al de 2025.
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