La crisis desatada por
la pandemia y la alta inflación se saldó con una bajada de la pobreza en España en 2022, gracias a las ayudas públicas, al contrario que con la crisis financiera, que aumentó la
pobreza (por los recortes). Pero ojo: España
sigue siendo el 4º país europeo con más pobreza y afecta todavía a una cuarta parte de la población. Además,
casi la mitad de los españoles tienen problemas
para llegar a fin de mes, más que
antes, por los bajos sueldos, la alta inflación y la vivienda. Y lo peor:
hay 5 regiones donde sí aumentó la pobreza en 2022. Y 7 autonomías tienen ahora más pobreza que en 2019: Canarias, Baleares, Castilla y León,
Cataluña, Navarra, País Vasco y la Rioja. El problema es que el Estado (ingreso mínimo vital), las autonomías (rentas mínimas) y los Ayuntamientos (servicios
sociales) “racanean” al ayudar a los más pobres, un problema olvidado para
el 28-M. La pobreza es un cáncer social para la democracia. |
| Enrique Ortega |
La evolución de la pobreza tiene mucho
que ver con la política económica que se aplica en los paises. Así, en la anterior crisis
financiera de 2008, los ajustes y recortes que se impusieron en todo el mundo, y
especialmente en la Europa del sur, provocaron un aumento de la pobreza, sobre
todo en España: la tasa AROPE, el
porcentaje de españoles "en riesgo de pobreza o exclusión social" saltó del 23,8% en 2008 al 29,2% en 2014, según
Eurostat. Después, la ligera recuperación
de la economía rebajó las cifras de
pobreza, hasta el 26,2% en 2019.
Pero llegó otra crisis, con la pandemia y la inflación, y la tasa de pobreza
volvió a subir en 2021 (27%) y 2021
(27,8%), aunque finalmente ha bajado en
2022 (al 26% de los españoles,
una tasa de pobreza inferior a la de 2019), gracias a que en esta nueva crisis se ha optado (en Europa y en España) por ayudas públicas
que han beneficiado a los más vulnerables.
¿Cómo se mide la
pobreza? Europa utiliza un indicador, la
tasa AROPE (en inglés, “personas en riesgo de pobreza o exclusión
social”), que mide 3 indicadores: pobreza monetaria (personas que
ingresan menos del 60% de la media del país), bajo nivel de empleo (trabajar
menos del 20% de la jornada normal) y privación material severa (no poder
atender 4 gastos básicos de 9, desde comer carne a pagar recibos) y. Si
alguien cumple 1 de estos 3 indicadores, es oficialmente “pobre” o “en
exclusión social”. Y según
Eurostat, en Europa había 109,2
millones de pobres (un 21,7% de
la población) en 2021. Y el
INE acaba de publicar los datos de España para 2022, que señalan un 26% de españoles en situación de pobreza o exclusión social,
12.300.000 españoles, 840.000 menos
que en 2021. Tras dos años subiendo (2020 y 2021), por la pandemia y la
inflación disparada, la pobreza ha tenido en 2022 el mayor descenso (-1,8%)
desde 2015.
A pesar de este descenso de la pobreza en 2022, España es el
4º país europeo con la más alta tasa de pobreza (AROPE), según los
últimos datos publicados por Eurostat, los de 2021: entonces teníamos una tasa
de pobreza del 27,8%, muy por encima
de la media UE-27 (21,7%) y de
paises como Alemania (21% de pobreza AROPE), Francia (19,2%) o Italia (25,2%),
siendo sólo superados por la pobreza en Rumanía (34,5%), Bulgaria (31,7%) y
Grecia (28,3%). Y aunque haya bajado la tasa en 2022, todo apunta a que también
habrá bajado en la mayoría de Europa, con lo que seguiremos entre los paises con más pobreza.
Vayamos a los tres componentes de esta pobreza, los 3
indicadores que integran la tasa AROPE. El primero y principal, la pobreza monetaria, las personas consideradas “pobres” porque ingresan menos del 60% de la renta
media del país (menos de 841 euros al mes los solteros y 1.765 euros las
familias con 2 hijos). En 2022, eran
el 20,4% de la población (frente al
21,7% en 2021 y el 20,7% en 2019), 9.676.000
españoles “pobres”, 609.000 menos que en 2021, según acaba de publicar el INE.
El perfil de estos “pobres” monetarios son principalmente mujeres (21,1% son pobres frente al
19,8% de los hombres) y superan la tasa
media de pobreza los niños y adolescentes (27,8% de los
menores viven en hogares “pobres”: 2,2
millones de niños y jóvenes con menos de 18 años), las mujeres solas con niños
(43,2% son pobres), las personas que
viven solas (25,7% son pobres, los
extranjeros (el 52,6% de los
inmigrantes de fuera de la UE y el 35,2%
de inmigrantes europeos), las
personas con poca formación (son pobres el 29,2% de los que sólo tienen
primaria y el 24% de los que tienen sólo la 1ª etapa de secundaria, bajando al
10% entre los universitarios), los
parados (el 41,7% son “pobres”) e incluso los que tienen un trabajo: el
12,5% de los ocupados son “pobres”, casi 2,5 millones de personas que
trabajan. Y sólo son “pobres” el 15,1%
de los jubilados, según
el último informe de la Red Europea contra la Pobreza (EAPN-ES).
Vayamos al 2º indicador de pobreza o exclusión social, el
que incluye a los españoles que viven en
hogares con baja intensidad de empleo, que
trababan menos del 20% de lo que podrían (subempleo), ganen lo que ganen. El INE estima que son el 8,6% de la población, 4.079.000 personas. Este indicador ha
mejorado más que el de la pobreza monetaria, gracias a la importante creación
de empleo: era del 11,6% en 2021 y han bajado los que viven en hogares con poco
empleo en 1,1 millones de personas.
El tercer indicador de la pobreza mide las personas que tienen una carencia material severa en
7 de los 13 indicadores que se miden, al margen de lo que ganen: son
el 7,7% de la población, 3.652.000 españoles, un porcentaje que lleva dos años
bajando (era el 8,5% en 2020) y es ahora como en 2019. Pero ojo, han empeorado algunas carencias que son
importantes. Así, han subido en 2022 las
personas que no pueden mantener una
temperatura adecuada en su hogar (el
17,1% de la población, 8,1 millones),
las personas que no pueden permitirse una
comida con carne, pollo o pescado cada 2 días (el 5,4%, ojo: 2,5
millones de españoles), los que no pueden hacer frente a gastos imprevistos (35,5%, 16,8 millones), los que
no pueden permitirse tener una semana de
vacaciones al año (33,5%, 15,9 millones de españoles) o los que no pueden tener coche (5%,2,3 millones
de personas). Sólo ha bajado el porcentaje de los que se retrasan en el pago de recibos
(todavía un 11,6%, 5,5 millones de españoles) y los que no pueden comprar un ordenador (el 5,8%, 2,75 millones).
Hay personas que cumplen
las tres condiciones (pobreza monetaria, bajo nivel de empleo y carencias
materiales: sólo el 1,5%, 711.470 personas), otras que cumplen dos (el 15%) y otras que cumplen una (la pobreza monetaria incluye al
20,4%, 9,67 millones de españoles), suficiente para ser considerados en
situación de pobreza y exclusión social.
Aunque el indicador español de pobreza haya mejorado en
2022, hay que resaltar que persiste la
desigualdad entre regiones. Y que en
5 zonas de España se ha agravado la
pobreza “monetaria” (personas
que ingresan menos del 60% de la media)
en 2022: Melilla (34,5%,+4,4%), Ceuta (34,8%,+2,5%), la Rioja (34,8%,
+2,5%), Navarra (10,9%, +1,1%) y Canarias
(29,4%, +1%). Y hay 7 autonomías
donde en 2022 había más pobreza monetaria que en 2019,
antes de la pandemia, la mayoría de ellas las autonomías más ricas: Baleares
(+4,9%), Castilla y León (+4,9%), la Rioja (+4,3%), Navarra (+3,2%), País Vasco
(+2,2%), Canarias (+0,9%) y Cataluña (+0,6%),
según el INE.
Al margen de estos cambios en la pobreza en los últimos años,
la realidad es que persiste la desigualdad histórica en su reparto, las
3 Españas. Así, si
tomamos el indicador AROPE global, el 26% de pobreza o exclusión social en
2022, hay 8 regiones españolas con mucha
más pobreza que la media: Melilla
(41,3% son “pobres”), Ceuta (40,2%), Extremadura (36,9% son “pobres”), Canarias (36,2%), Andalucía (35,8%), Castilla
la Mancha (31,6%), Murcia (31%)
y Comunidad Valenciana (31% “pobres”). Y existe
la otra España, 7 autonomías donde hay poca pobreza: Navarra (14,5%), País
Vasco (15,7%), Cantabria (19,5%), Aragón (19,1%), Madrid (20,3), Cataluña
(20,4) y La Rioja (20,9%). Y una España intermedia, con una tasa de pobreza AROPE superior a la europea pero
inferior a la España atrasada: Baleares (21,5%), Castilla y León (22,1%),
Galicia (23,6%) y Asturias (25,3%). Un buen tema para debatir en esta campaña electoral
del 28-M.
En paralelo a esta estadística sobre la pobreza, el INE informa también de otro indicador: las personas que llegan con dificultad a fin de mes, un dato muy
revelador de la calidad de vida y la capacidad ante imprevistos de los
españoles. Y un indicador que ha empeorado en 2022: han subido del
44,9% de la población (2021) al 47,8%, 22.672.923
españoles con problemas para llegar a fin de mes (1,39 millones más que en
2021). La estadística los reparte entre los que llegan a fin de mes “con cierta
dificultad” (el 25,7%, frente al 23,3% en 2021), los que llegan “con dificultad”
(el 13,4%, frente al 12,8% en 2º21) y los que llegan a fin de mes “con mucha
dificultad (4,1 millones de españoles,
el 8,7%, frente al 8,8% en 2021). La alta
inflación, el encarecimiento de los alquileres y las hipotecas más el estancamiento
de los salarios explican que casi la
mitad de españoles (47,8%) tengan
problemas para llegar a fin de mes.
Y aquí también hay grandes diferencias
regionales: lo sufren más de la mitad
de la población en Canarias (el 60,7%), Ceuta (60,3%), Murcia
(58,3%), Extremadura (55,7%) y Andalucía (54,5%), mientras sólo
afecta a un tercio en el País Vasco
(31,59%), La Rioja (36%), Aragón
(38,9%) y Navarra (39,5%), según
la EAPN-ES.
Otro indicador clave
que ha mejorado en 2022 es la
desigualdad, una de las
grandes secuelas de todas las crisis. Una primera forma de medirlo es el
indicador S80/S20, la proporción de ingresos que tiene el 20% más rico
de la población sobre el 20% más pobre: en 2008, antes de la crisis financiera,
ingresaban 5,6 veces más y después, la desigualdad subió hasta ingresar 6,9
veces más en 2015. Con la recuperación, la desigualdad bajó a 5,9 veces en 2019,
pero volvió a subir con la COVID, a 6,2 veces en 2021, bajando ahora a 5,6 veces en 2022, el mismo índice de
desigualdad que antes de la crisis financiera, según
la EAPN-ES. Otra forma de medirlo, el
índice de Gini (cuanto más bajo, menos desigualdad) nos dice lo mismo:
en 2008 estaba en 32,4, subió a 34,7 en 2014, bajó a 33 en 2019, se mantuvo así
en 2021 y ha
bajado a 32 en 2022, el valor
más bajo de toda la serie del índice. A pesar de la mejoría, España ocupa el 4º lugar en el ranking
europeo de más desigualdad (2021), tras Letonia (35,7), Lituania (35,4) y
Rumanía (34,3), por encima de la media europea (30,1 índice Gini) y de Italia
(32,9), Alemania (31,2) y Francia (29,3), según
el último dato de Eurostat.
Aunque tenemos más
pobreza y más desigualdad que la mayoría de Europa, España ha mejorado en
ambos problemas, gracias a la distinta política adoptada en Europa contra la
pandemia y la inflación, aprobado un ambicioso Plan de Recuperación UE (750.000 millones de euros, de los que
España recibirá 140.000), al que se suman las
ayudas aprobadas por el Gobierno contra la inflación (43.000 millones).
Con ello, España ha dado un gran salto en el gasto en protección social,
pasando de suponer el 16,9% de todo el gasto público en 2018 al 20,6% en 2021,
un porcentaje de gasto social más cercano al de Alemania (20,9%) o Bélgica y
todavía alejado del de Francia (24,8%), Finlandia (24,6%) o Italia (23,4%).
Pero además de gastar más contra la pobreza y la
desigualdad, el gran reto de España es
gastar mejor, porque la
OCDE y la Comisión Europea ya han alertado que la mayoría del gasto social
en España beneficia más a las clases medias y altas que a los más vulnerables.
Por eso critican ayudas como el descuento
de la gasolina o la bajada del IVA a la electricidad y a los alimentos,
porque benefician más a los que más tienen, no a los más pobres.
En paralelo a gastar más y mejor en ayudas sociales, hay
tres frentes más en los que avanzar. El primero, el Estado central, en el desarrollo del Ingreso
Mínimo Vital (IMV): se aprobó en mayo de 2020, con el objetivo de
beneficiar a 850.000 hogares y, a finales de abril, sólo
beneficia a 611.029 hogares (y 1.700.028 personas, frente a las 2,3
millones previstas), sólo ayuda a 1 de cada 5 "pobres". Urge flexibilizar requisitos y agilizar su concesión, para
que este ingreso (565 euros) llegue a los más necesitados. Otro reto es para las autonomías, que gestionan las
rentas mínimas de inserción, donde se ha producido un
recorte escandaloso: aprovechando el IMV, las autonomías gastaron
247 millones menos en 2021 y la ayuda la reciben 150.000 personas menos que en
2020 (645.317
beneficiarios, que cobran entre 300 y 706 euros al mes, según autonomías. Y
el tercer reto es para los Ayuntamientos:
prestan ayudas sociales de urgencia a 1.576.052 personas, sólo el 42% de las
que sufren graves dificultades materiales. Y las ayudas “urgentes” que prestan
(para comida, ropa o vivienda) tardan hasta 2 meses, por el exceso de
burocracia y lo complicado del papeleo, según
los Directores y gerentes de Servicios Sociales, que llevan años pidiendo
que se cambie la Ley para no tratar estas ayudas como subvenciones.
Así que todos (Gobierno, autonomías y Ayuntamientos) tienen
mucho que hacer para afrontar mejor la pobreza, que está ahí y se
visualiza en las “colas del hambre” y en los desahucios, aunque no se hable de ella en esta campaña electoral del 28-M. No podemos mirar para otro
lado: la pobreza y la desigualdad son una realidad cotidiana, no son “un invento de la
izquierda” como defiende
la neoliberal Ayuso en Madrid. Es más, la
pobreza es “un
cáncer social, económico y político”, que debería ser una prioridad
para todos, al margen de las ideologías. Porque la pobreza es un serio obstáculo a la recuperación
económica, que se dificulta si la cuarta parte de la población no puede
consumir y contribuir al crecimiento y al empleo. También ataca la democracia, porque las personas vulnerables y en exclusión
social no participan en el sistema y son caldo de cultivo de populismos y
extremismos. Y además, porque la pobreza es una grave muestra de desigualdad e injusticia social. Por
eso, habría que extirpar la pobreza y no
dejar a la cuarta parte de españoles atrás.