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jueves, 9 de marzo de 2023

2007-2022: la economía mejor, el consumo peor

La economía española ha crecido un 23,5% desde 2007 y trabajan casi tantas personas como hace 15 años. Pero el consumo de las familias es menor: gastamos un 22,3% menos que en 2007, básicamente porque la inflación se ha comido lo poco que han subido los salarios. Por eso, mucha gente siente que su situación está peor que antes de la crisis financiera, aunque las grandes cifras de la economía, sobre todo el PIB, vayan mejor. Y los que menos han recuperado su consumo son las familias con hijos y dependientes y los jóvenes. Además, somos el 2º país europeo (tras Malta) cuyo consumo más ha caído (-9,7%) respecto a antes de la pandemia. La lección: no basta con que la economía crezca (más que la mayoría) sino que hay que mejorar salarios, empleo y ayudas sociales para que mejore el bienestar de la mayoría. Y hoy por hoy, un tercio de los hogares no se han recuperado y no llegan a fin de mes.

Enrique Ortega

La economía española parece haber sorteado bien las tres últimas grandes crisis (financiera de 2008, la pandemia de 2020-21 y la inflación disparada de 2021-22). Al menos eso refleja el gran indicador que se utiliza para medir el avance de una economía, el PIB (el valor de lo que produce un país): si en 2007 España produjo por valor de 1.075.539 millones, el año 2022 se cerró con una producción de 1.328.922 millones de euros. O sea, que el PIB ha crecido un +23,55% desde antes de estallar la crisis financiera. Y otro indicador clave, el empleo, se ha casi recuperado: en septiembre de 2007 trabajaban en España 20.753.400 personas y a finales de 2022 trabajaban 20.463.900, sólo 289.000 ocupados menos, que a cambio tienen ahora contratos menos precarios.

Así que tenemos un país que produce más y da empleo a casi las mismas personas, lo que nos convierte en un país más productivo, que produce más por habitante: si en 2007, el PIB por habitante era de 24.800 euros, ahora, a finales de 2022, España producía un 12,5% más (27.910 euros). Pero ojo, en estos 15 años, la producción ha cambiado: un tercio se debe a las exportaciones, que crean empleo y consumo en otros paises, no en España. Y una parte de esa producción se ha ido a mayores beneficios empresariales, a inversión e impuestos, no a los salarios de los trabajadores. Eso explica que muchas personas no sientan que su bienestar ha mejorado desde 2007. Y los datos de su consumo lo corroboran.

El indicador que mejor mide el bienestar de un país no es tanto su PIB ni su empleo sino el gasto en consumo que hacen los hogares. Y este indicador refleja que los españoles no hemos recuperado el nivel de consumo que teníamos antes de la crisis financiera. Así, en 2007, un español gastaba 22.800 euros y a finales de 2021 gastó 17.100 euros (descontada la inflación, en euros constantes de 2016), un 25% menos, según un reciente estudio de Ivie y la Fundación BBVA. Y si añadimos 2022, el consumo real per cápita se quedó en 17.713 euros a finales del año pasado, lo que da una caída del consumo real por habitante del -22,3% entre 2007 y 2022. Así que nuestro gasto real ha caído en estos 15 años.

La mayor caída en este consumo real de los españoles (lo que gastan, descontando la inflación) se dio entre 2007 y 2014, en lo peor de la crisis financiera, cuando el consumo por habitante cayó de 22.800 euros (2007) a 17.200 euros (2013 y 2014), una caída del -24,56% causada por la pérdida de empleos (-3,7 millones), la reducción salarial de muchos trabajadores y la incertidumbre económica, según el estudio de Ivie y Fundación BBVA. En el periodo siguiente (2014-2019), la recuperación de la economía no fue suficiente y el consumo sólo mejoró un +7%, alcanzando un gasto de 18.400 euros por  habitante (todavía un -19,3% menor al de 2007). Y en esto llegó la pandemia (2020-21) y se disparó la inflación (2021-2022), con lo que el consumo real (descontando la inflación) de los españoles volvió a caer, hasta 16.500 euros en 2020, para recuperarse algo en 2021 (17.100 euros) y 2022 (17.713 euros), pero no suficiente, quedando un 22,3% por debajo de 2007.

Esta caída del consumo real de los españoles entre 2007 y 2022 ha sido desigual, afectando más a algunas familias, según el estudio de Ivie y Fundación BBVA. Así, los que más la han sufrido han sido los adultos con hijos dependientes, cuyo consumo real ha caído de 22.600 euros que gastaban en 2007 a 17.100 que gastaron en 2021 (-26,5%). Y los que se han visto menos afectados son los adultos mayores de 65 años: su consumo ha pasado de 17.800 euros que gastaban en 2007 a 17.600 euros de gasto real (-1,12% solamente). En el medio, los adultos sin hijos dependientes, cuyo consumo ha caído algo menos (-25,8%) que los que tienen hijos, de 24.000 euros (2007) a 17.800 (2022). Como se ve, las personas mayores tenían un bajo nivel de consumo en 2007, pero la revalorización de sus pensiones les ha permitido tener ahora un nivel de consumo similar al resto de españoles.

La caída del consumo real en los últimos 15 años ha sido desigual no sólo por tipo de familias (afectando más a los adultos con hijos y a los más jóvenes), sino que también ha sido muy desigual según el nivel de ingresos, señala el estudio de Ivie y Fundación BBVA. Así, en el 20% de los españoles con menor consumo (los más desfavorecidos), se redujo más el consumo que en el resto y aumentó más su desigualdad, por el mayor efecto del paro durante la crisis y el menor aumento del empleo posterior, su menor nivel de ahorro y el mayor gasto en los productos y servicios que más están subiendo precios (alimentos y energía). En cambio, en el 20% de españoles más favorecidos, la caída del consumo fue menor y han mejorado su posición en estos 15 años, tras las tres crisis.

La Comisión Europea considera este dato, el consumo individual real per cápita, como el mejor indicador del bienestar de los hogares europeos. Y publica un mapa donde se ve la situación de cada país, según su nivel de consumo comparado con la media de los 27 (índice 100). Esta estadística de Eurostat sitúa a España en el tercer pelotón de consumo (y bienestar), los que tienen un consumo entre un 11 y un 20% por debajo de la media: Eslovaquia (87%), España (85% del consumo medio UE-27), Chequia (85%), Polonia (84%), Portugal (83%), Malta (81%) y Rumanía (82%), sólo por delante del 4º grupo, los que tienen menos consumo real (Grecia, 76%, y 6 paises del Este). En cabeza del ranking UE están los 9 paises que consumen más que la media europea: Luxemburgo (índice 146 sobre 100), Dinamarca (121), Alemania (120), Paises Bajos (117), Bélgica (115), Suecia (113), Finlandia (112) y Francia (111). Y en el 2º grupo, por delante de España, los que tienen un 10% menos del consumo medio UE: Italia (97), Lituania (96), Chipre (95) e Irlanda (90).

A Bruselas le preocupa que 16 paises europeos no hayan recuperado (en 2021, último dato de Eurostat) el nivel de consumo por habitante de antes de la pandemia, que estaba (en la UE-27) un -4,1% por debajo del de 2019. Y España es el 2º de estos paises, con un -9,7% de consumo, tras el -14% de Malta y por encima de la caída de consumo de Austria (-8,4%), Portugal (-6,8%), Italia (-6,7%), Alemania (-4,9%) y Francia (-2%). Esto explica que muchos europeos no sientan que han salido de la última crisis, a pesar de la mejoría del PIB…

¿Por qué la economía va mejor pero los ciudadanos no lo notan? Hay una serie de factores que lo explican: subida de precios, depreciación de los salarios, menos horas de trabajo, más temporalidad, precariedad del empleo (“uberización” del trabajo), menor presión sindical, reforma laboral de 2012 y un mayor peso de la exportación, que aumenta el PIB y las ventas fuera pero no el consumo en España. Pero el factor clave para explicar la caída del consumo real de los españoles es el comportamiento de los salarios.

Veamos los datos. El salario medio bruto mensual ha pasado de 1.643,46 euros en 2007 a 2.086 en 2021, según el Decil de salarios de la EPA. Eso supone que el salario medio bruto de los españoles ha subido estos 14 años un +26,96%. Pero, en contrapartida, la inflación ha subido en estos años un +28,1%. Balance: el salario real ha caído un -1,14%. En definitiva, en realidad ganamos menos y por eso consumimos menos. Esta pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores españoles es más evidente en los dos últimos años: en 2020 se perdió un --1,6%  (1,53% subieron los salarios y 3,1% la inflación) y en 2021 otro -5,62% (2,78% de subida frente al 8,4% de inflación), o sea -7,22% en total. Y antes, entre 2012 y 2022, la pérdida de poder adquisitivo fue del -4,25%. Y como los salarios españoles son más bajos que la media europea (17 euros la hora frente a 21,9 euros en la UE-27, 21 en Italia, 25,7 en Francia y 29 en Alemania), pues aquí tenemos menos consumo real.

Esta “devaluación salarial” en España, con menores ingresos reales que en 2007, choca con la mejoría de los beneficios empresariales. Por un lado, han crecido un 21% en 2022 (tras otra subida del 13% en 2021), siete veces más que los salarios, según el Banco de España. Y por otro, los salarios han perdido peso en el reparto del pastel de la renta: se llevaban el 50,5% del PIB en 2008 y han caído al 46,87% en 2022, según la Contabilidad Nacional del INE. Y enfrente, los excedentes empresariales, han caído sólo del 44,28% al 43,2% (el resto de la tarta que ha crecido son los impuestos).

Otro factor que explica la caída del consumo es el aumento del ahorro, que se ha disparado con las últimas crisis, como una forma de afrontar mejor las incertidumbres, con “la hucha” más llena ante lo que pueda venir. Este aumento del ahorro se ha dado sobre todo en 2020 y 2021, a raíz de la pandemia y el despegue de la inflación: entre estos dos años se creó una bolsa de ahorro nuevo de 110.000 millones (70.000 en 2020 y 40.000 en 2021), que se lograron a costa de restringir el consumo. Pero luego, en 2022, el ahorro se desplomó, porque la elevada inflación obligó a muchos españoles a “tirar de sus ahorros” para mantener el consumo. Y además, muchos se endeudaron (con créditos o tarjetas) para intentar mantener su nivel de consumo, que creció un 4% en 2022.

Otros factores que también han ayudado a sostener el consumo en 2022 (tras la fuerte caída en 2020 y 2021) han sido las ayudas de familiares y amigos a las familias más desfavorecidas, y las ayudas públicas, desde subsidios al ingreso mínimo vital. Pero los expertos coinciden en que estas ayudas públicas (desde el descuento de carburante a la bajada del IVA en la luz o los alimentos básicos) no son eficaces, porque ayudan más a las familias con recursos medios y altos (que consumen más) y no tanto a las más desfavorecidas, razón por la que la Comisión Europea, el FMI y la OCDE defienden  priorizar las ayudas directas (subvenciones, cheques) al consumo de las familias con menos ingresos.

El problema en el último año es que la inflación disparada afecta más a las familias más desfavorecidas, porque consumen proporcionalmente más aquellos productos y servicios que más se encarecen. Así, los gastos en alimentación suponen un 19,17% del gasto total para los que ganan entre 500 y 999 euros, un 18,51% para los que ingresan entre 1.000 y 1.500 euros y sólo el 15,19% para los que ganan de 3.000 a 5.000 euros, según la Encuesta de Presupuestos Familiares del INE (2021). Y los gastos de vivienda, electricidad, agua y otros combustibles suponen el 45,5% del gasto para los que ganan entre 500 y 999 euros, un 39,12% para los que ganan entre 1.000 y 1.500 euros y sólo el 30,7% para los que ingresan entre 3.000 y 5.000 euros. Así que la inflación va por barrios…

En definitiva, que la recuperación de la economía (que es un hecho en 2021 y 2022, aunque haya que esperar a 2023 para recuperar el PIB de 2019) no la notan muchos españoles en su consumo diario. Ya lo señalaba el INE, con la Encuesta de Condiciones de Vida de 2021: el 8,6% de los españoles llega a fin de mes con mucha dificultad, el 12,3% con dificultad y otro 22,8% con cierta dificultad. Sumando, daba un 43,7% con algún problema para llegar a fin de mes, casi tantos como en 2019 (el 47,9%) y como en 2007 (47,5%), lo que revela una débil mejoría en 15 años. Y con datos más actuales, de marzo de 2022: un 36% de españoles llegan justos a fin de mes y otro 16,2% no consigue llegar a fin de mes, según la última Encuesta de 40dB para El País.

Así que la economía irá mejor (los datos macro lo aseguran), pero la situación de una buena parte de españoles sigue siendo preocupante y les cuesta mantener su nivel de vida, con un consumo real que es menor al de hace 15 años. Sobre todo, a las familias con hijos y a los jóvenes. Estos datos (inapelables) deberían forzar a los políticos y fuerzas sociales a llegar a acuerdos para mejorar el bienestar de los españoles, sobre todo los que lo están pasando peor. No hay “una medida mágica”, sino que se debe actuar en distintos ámbitos: aumento del empleo de calidad, mejora de la formación y los incentivos a la contratación de jóvenes y mujeres, rebajar el precio de los alquileres aumentando el parque de viviendas, reducir los márgenes empresariales injustificables, mejorar los salarios más bajos, ampliar el ingreso mínimo vital y, sobre todo, centrar las ayudas públicas en subsidios directos a las familias más desfavorecidas. No pensar tanto en el PIB y pensar más en mejorar la vida cotidiana de los españoles. La economía está para eso.

jueves, 21 de enero de 2021

Las 3 Españas, más lejos tras la COVID


Antes de la pandemia, en 2019, se repitió que 7 autonomías crecieran más y sean las más ricas (Madrid, País Vasco, Navarra, Cataluña, Aragón, Baleares y la Rioja), frente a otras 7 menos eficientes y más pobres (Melilla, Extremadura, Andalucía, Ceuta, Castilla la Mancha, Canarias y Murcia), con las 5 restantes en posición intermedia. Son las 3 Españas, que siguen ahí desde el año 2.000, incluso desde hace siglo y medio. Una desigualdad territorial que mantiene la renta de Extremadura en casi la mitad (56%) de la del País Vasco. Y ahora, con la pandemia, los expertos temen que esta brecha entre las 2 ó 3 Españas se agrande, como también la distancia de España con la renta europea (el 91%). Pero la pandemia también puede ser una oportunidad si se utilizan los Presupuestos y fondos europeos para corregir estos desequilibrios regionales, reformando además la financiación autonómica y las políticas regionales. Hay que reconstruir el país y conseguir vivir mejor todos, vivamos donde vivamos.

Enrique Ortega

España ha estado creciendo los últimos 6 años (2014-2019), pero el crecimiento ha sido muy desigual por autonomías. Así, hay dos regiones que tiran de la economía, según confirman los datos de 2019 recién publicados por el INE: Madrid (produjo por valor de 240.129 millones, el 19,29% de todo el PIB español) y Cataluña (236.813 millones producidos, el 19,02%), a la que la capital “adelantó” ya en 2017 y 2018. Y le siguen, de lejos, Andalucía (165.865 millones producidos en 2019, el 13,32% del PIB español) y la Comunidad Valenciana (116.615 millones, el 9,32% del PIB). Entre las 4 regiones aportan casi dos tercios del crecimiento total del país (60,95% del PIB). Les siguen, muy de lejos, el País Vasco (5,98% del PIB español), Galicia (5,17%), Castilla y León (4,80%), Castilla la Mancha (3,43%), Canarias (3,78%) y Aragón (3,05% del PIB español). Y las 7 autonomías restantes, más Ceuta y Melilla, sólo aportan a la economía el 12,84% restante, casi la mitad entre todas que Madrid o Cataluña.

Esta aportación al crecimiento español de las distintas regiones ha variado muy poco en este siglo, salvo en un caso, Madrid, que aporta ahora (19,29%) un 1,6% más al PIB español que en el año 2000 (17,7%). También crece, aunque poco, la aportación de Cataluña (+0,30%), Murcia (+0,19%) y Baleares (+0,11%), mientras las demás regiones pierden peso en la economía española, aportando menos porcentualmente al PIB, sobre todo Castilla y León (-0,70%), País Vasco (-0,32%), Asturias  (-0,30%) y Canarias (-0,22%), según el INE.

Pero hay que tener en cuenta la población de cada región y lo importante es lo que produce cada autonomía por habitante, el verdadero indicador de su pujanza económica. Y aquí es donde podemos hablar de las 3 Españas. Una España más productiva (y por tanto más rica), integrada por las 7 autonomías que tienen un PIB por habitante superior a la media española (26.426 euros en 2019, según el INE): Madrid (35.913 euros per cápita, +35,9% sobre la media), País Vasco (34.142 euros, +29,2%), Navarra (32.141 euros, +21,6%), Cataluña (31.141 euros, +17,75%), Aragón (28.727 euros, +8,70%), Baleares (28.213 euros, +6,76%) y La Rioja (28.200 euros, +6,71% sobre el PIB por habitante de España). Son las 7 regiones más ricas, donde viven el 42,76% de los españoles. Y lo más llamativo es que estas 7 regiones más ricas son las mismas que eran ricas antes de la crisis, en 2007 y en el año 2000, según las series del INE, aunque el País Vasco ha subido del 4º al 2º lugar.

En el otro extremo están las 7 regiones menos productivas y por tanto las más pobres, encabezadas en 2019 por Melilla (19.211 euros de PIB por habitante, -27,3% que la media española), Extremadura (19.454 euros, -26,39%), Andalucía (19.633 euros, -25,7%), Ceuta (20.903 euros, -20,9%), Castilla la Mancha (21.004 euros, -20,52%), Canarias (21.244 euros, -19,61%) y Murcia (21.642 euros, -18,1% sobre el PIB por habitante de España). Son las 7 regiones más pobres, menos productivas, donde viven el 35,52% de los españoles. Y en su mayoría, son las mismas regiones que eran las más pobres antes de la crisis, en 2007 y en el año 2000, aunque han salido de este grupo Galicia y Asturias (menos productivas en el 2000), incorporándose Canarias, Ceuta y Melilla (intermedias en el 2000).

Y queda una 3ª España, la intermedia, que produce menos que la media (recordemos: 26.426 euros en 2019) pero algo más que esas 7 regiones “pobres”. Son las 5 regiones restantes: Castilla y León (24.886 euros de PIB/habitante, -5,83% que la media española), Cantabria (24.383 euros, -7,74%), Galicia (23.873 euros, -9,67%), Asturias (23.299 euros, -11,84%) y la Comunidad Valenciana (23.206 euros, -12,19% sobre el PIB/habitante español). Una España intermedia donde viven el 21,72% restante de españoles. Y de nuevo, esta 3ª España es hoy muy similar a la de antes de la crisis, aunque en el año 2.000 estaban en este grupo Canarias, Ceuta y Melilla, que han caído a la España más pobre, mientras han mejorado Galicia y Asturias, que a principios de siglo eran “pobres” y ahora “intermedias”.

Un dato preocupante es que la brecha entre las regiones más productivas (más ricas) y las menos eficientes (más pobres) se mantiene elevada, a pesar de la anterior crisis (2008) y la posterior recuperación (2014). Así, en el año 2.000, Madrid producía más del doble que Extremadura por habitante (21.333 euros frente a 10.145, 2,10 veces más), en 2008 produjo 1,93 veces más, en 2013 (el peor año de la crisis), la brecha subió a 1,97 veces más (30.188 euros frente a 15.280) y en 2019, a pesar de los 6 años de recuperación, la brecha sigue alta, en 1,84 veces (35.142 euros que produce cada madrileño frente a 19.454 cada extremeño).

Y lo más llamativo: esta brecha entre regiones más o menos productivas se arrastra desde hace siglo y medio, según el libro “La desigualdad regional en España 1860-2015”, escrito por tres catedráticos universitarios (Díez Minguela, Martínez-Galarraga y Tirado). Ahí documentan que la desigualdad regional aumentó entre 1860 y 1910, se redujo después entre 1910 y 1950, volvió a bajar entre 1960 y 1985 y lleva siendo elevada desde 1986, a raíz de la entrada de España en Europa, debido a que una economía más abierta ha agravado las diferencias regionales, al competir mejor unas autonomías que otras en estos 34 años siendo europeos.

El otro problema es que las regiones españolas no sólo se distancian entre ellas sino también hay una brecha con las regiones europeas. En 2019, según acaba de publicar el INE, sólo 3 regiones españolas eran más productivas, más ricas, que la media europea (31.160 euros de PIB por habitante UE-27): Madrid (35.913 euros), País Vasco (34.142 euros) y Navarra (32.141 euros). Se ha caído en 2019 Cataluña (31.119 euros), que siempre ha tenido un nivel de riqueza superior a la media europea (salvo en 2008 y 2009). Y además, el PIB por habitante español se ha ido retrasando del PIB por habitante europeo: si llegó a un máximo del 94,72% en 2007, cayó a suponer el 88,63% del PIB/habitante europeo en 2013 y ha seguido distanciándose con la recuperación, hasta suponer el 84,8% del PIB/habitante europeo en 2019 (producimos 26.426 euros, frente a 31.160 en la UE 27). Así que no sólo hay una brecha entre autonomías, también hay una brecha con Europa que ha crecido desde 2007. Incluso teniendo en cuenta el distinto poder de compra, el PIB por habitante español “corregido” era el 91% del europeo en 2018, según el último dato de Eurostat.

Evidentemente, si unas regiones (o paises) producen más por habitante, son más ricos. Y son más ricos por su distinta estructura económica (más o menos industria, más o menos servicios), su población, la formación de los trabajadores y el nivel educativo, la tecnología, la mayor o menor inversión pública y privada, las infraestructuras o el peso de la exportación. Y en el caso de Madrid, el factor capitalidad, que aporta un crecimiento “extra”, porque las instituciones públicas y ser la capital atraen empresas, inversiones, población y talento, según este estudio del IVIE. Por eso hay regiones más productivas y otras menos, aunque el factor que más ha jugado en este siglo es la desigual creación de empleo.

Pero después de ver las regiones más o menos productivas, entran en juego los “contrapesos”, factores que intervienen para que las regiones acaben teniendo más o menos renta. El principal mecanismo que podría “corregir” la brecha económica entre regiones son las transferencias públicas (pensiones, desempleo, ayudas a la dependencia), las subvenciones y prestaciones sociales, el gasto en sanidad y educación, las inversiones públicas, los impuestos y la financiación autonómica. Y dentro de estas “medidas correctoras” de la brecha entre regiones, hay que tener muy presentes las ayudas europeas, que han sido ingentes: los fondos estructurales europeos recibidos entre 1989 y 2020 han sido de 176.000 millones de euros, muchos para las regiones.

Todas estas medidas deberían haber servido para corregir la brecha económica entre las autonomías, sumando más ingresos a las autonomías más retrasadas, para compensar sus menores ingresos. Pero no ha sido así, como se ve en el dato de la renta por habitante, los ingresos de cada persona visto lo que produce y sumando lo que le aporta la acción pública, vía transferencias, ayudas, subvenciones,  impuestos y financiación. Y volvemos a tener 3 Españas, según los últimos datos disponibles (INE 2018), incluidos en este reciente trabajo de la Fundación Alternativas (FA) sobre la desigualdad territorial en España.

Tenemos 9 autonomías que tienen una renta por habitante superior a la media nacional (17.049 euros en 2018): País Vasco (22.082 euros), Navarra (20.117 euros), Cataluña (19.870 euros), Madrid (19.861 euros), Baleares (19.554 euros), Aragón (17.683 euros) y la Rioja (17.545 euros), exactamente las 7 autonomías que más producen (más PIB/habitante), a las que se suman dos “intermedias”, Asturias (17.484 euros de renta por habitante) y Castilla y León (17.298 euros de renta), porque son dos regiones muy envejecidas, con muchos pensionistas, lo que ha aumentado su renta final en los últimos años. Y las otras 8 autonomías (más Ceuta y Melilla, cuyos datos no se dan) tienen un nivel de renta por habitante inferior a la media nacional, sobre todo las regiones que ya eran económicamente las más pobres: Extremadura (12.382 euros de renta), Canarias (13.714 euros), Andalucía (14.048 euros), Murcia (14.075 euros) y Castilla la Mancha (14.537 euros). A ellas se suman, también con menos renta que la media española, 3 regiones “intermedias”: Comunidad Valenciana (15.149 euros renta/habitante), Cantabria (16.479) y Galicia (16.860 euros).

En definitiva, que las regiones que eran ricas, pobres o intermedias por su producción, por su estructura económica y de empleo, acaban siendo ricas, pobres o intermedias en la renta que finalmente reciben, a pesar de las transferencias públicas, las ayudas, inversiones, impuestos y financiación autonómica, lo que indica un fracaso en las políticas regionales. No se consigue apenas que mejoren y salten de puesto las más retrasadas, ni ahora ni en los últimos años. Y lo peor no es sólo que haya 2 Españas (o 3) en el nivel de renta, sino que han aumentado las diferencias, la brecha de renta entre regiones. Si en 1977, un balear tenía 1,81 veces la renta de un extremeño, mejoró algo en el año 2.000, cuando un aragonés ingresaba 1,53 veces lo que un andaluz, pero ha empeorado después: si en 2008, un vasco tenía 1,65 veces la renta de un extremeño, en 2018 tiene 1,78 veces más, según el informe de la Fundación Alternativas. Ha aumentado la desigualdad de renta entre territorios.

Esto confirma una España a dos o tres velocidades, no sólo entre regiones sino también con muchas desigualdades dentro de cada región. Y sobre todo en las más pobres. Así, el informe de la Fundación Alternativas desvela que las regiones con más desigualdad interna son Andalucía, Extremadura, Castilla la Mancha y Canarias, y que esa desigualdad ha aumentado entre 2008 y 2018. Y las regiones con menos desigualdad interna son dos de las más ricas, Navarra y Aragón, seguidas de Asturias, País Vasco, Cantabria y la Rioja. Y además, esa desigualdad interna se refleja en una gran diferencia de renta entre ciudades de una misma provincia, desigualdad municipal encabezada por Madrid, Barcelona, Sevilla, Cádiz y Granada, Alicante, Valencia y A Coruña.

S ha llegado hasta aquí, le habrá quedado clara la tremenda desigualdad entre regiones, dentro de cada región e incluso entre ciudades de una misma provincia. Y lo más tremendo es que esas desigualdades territoriales están ahí desde hace décadas y hasta siglos. Ahora, con la pandemia y la recesión consiguiente (la mayor desde la Guerra Civil), los expertos creen que la desigualdad territorial aumentará, como ha pasado en otras crisis y más dada la precariedad en que están las cuentas públicas. Sin embargo, la pandemia también puede ser “una oportunidad” para reducir la brecha de producción y renta entre regiones, si se planifica la recuperación con criterios de política regional.

¿Qué se puede hacer? Lo primero, invertir y gastar pensando en corregir los desequilibrios regionales, tanto los Presupuestos 2021 (muy expansivos) como los Fondos europeos, esos 79.796 millones que van a llegar en los próximos 4 años. El objetivo es regionalizar la mitad de este gasto, pero la otra mitad, la que gestione el Estado debería hacerse con el objetivo de reconducir el crecimiento y el empleo de las regiones más pobres. Una segunda medida es planificar todas las inversiones públicas e infraestructuras (incluidas las digitales y la vivienda) para fomentar la inversión y la instalación de empresas en la España más atrasada, que no puede vivir sólo del turismo, la agricultura o las pensiones. Un tercer frente de actuación es la fiscalidad, homogeneizando impuestos (evitando “paraísos fiscales como Madrid) y facilitando vivir e invertir en las regiones más pobres. Y aprobar de una vez un nuevo sistema de financiación autonómica (pendiente desde 2014), porque el actual beneficia claramente al País Vasco y Navarra (reciben un 80% más por habitante que el resto del país, según el informe de la Fundación Alternativas), además de Cantabria, la Rioja, Extremadura, Asturias, Aragón y Castilla y León, en total 6 de las 9 regiones con más renta.

La pandemia va a dañar más a las familias y trabajadores más vulnerables y también a las regiones más pobres y menos productivas. Pero puede ser una oportunidad no sólo para reconvertir la economía y modernizar el país sino también para reducir la brecha secular entre regiones. Hay que sentar las bases para que no haya españoles de primera y de segunda, para que no vivamos mejor o peor según la región donde residamos. Es otra gran asignatura pendiente de este país.

lunes, 11 de marzo de 2019

Somos menos productivos (y menos ricos)


Hoy escribo sobre una noticia que no habrán visto en los medios ni comentan los políticos: la productividad española se ha estancado, por primera vez en 20 años, y es un 10,5% menor que en 1995. “¿Y a mí, qué?” Pues nos afecta mucho, porque si no mejora la productividad no crece el pastel de la renta y no mejora nuestro nivel de vida. La prueba, otra noticia reciente: España sigue en el puesto nº 14 en el ranking europeo de renta por habitante, aunque seamos la 5ª mayor economía europea. Tenemos el 92% de la renta europea y el 75% de la alemana, porque  somos menos productivos. La culpa está en que gastamos menos en tecnología, estamos peor formados, nuestro empleo es muy precario, invertimos y exportamos menos, tenemos demasiadas pymes y la organización del trabajo es deficiente y autoritaria. Habría que mejorar todo esto, al margen de la política, para ser más productivos y conseguir vivir mejor. Otro tema que no saldrá en la próxima campaña electoral.


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Todo el mundo sabe que los europeos más ricos son los alemanes. ¿Por qué? Pues porque producen más que los demás. Quédense con este dato: Alemania produce al año por valor de 3,27 billones de euros, casi el triple que España (1,1 billones de PIB), con el doble de habitantes que nosotros. Y Francia produce casi el doble (2,29 billones), con un tercio más de habitantes. ¿Por qué? Pues porque son más productivos, más eficaces trabajando: cada alemán y cada francés produce por valor de más euros que cada español. Y como son más productivos, el pastel de su renta es mayor y tocan más al repartir la riqueza creada. A lo claro: son más ricos.

Veamos las cifras que salieron la semana pasada y de las que nadie habla. La producción media por habitante en Europa (UE-28) fue de 30.000 euros en 2017, homogeneizada la cifra con la inflación de cada país (poder de compra), según Eurostat. Y cada español produjo por valor de 27.600 euros, lo que supone el 92% de la renta media europea (índice 100). Pues bien, según ese ranking, España ocupa el puesto nº 14 en PIB por habitante (PIB dividido entre la población), por detrás de Luxemburgo (75.900 euros, el 253% de la renta media UE), Irlanda (181% media UE), Dinamarca (128%), Holanda (128%), Austria (127%), Alemania (37.100 euros, el 124% de la renta media UE), Suecia (121%), Bélgica (116%), Finlandia (109%), Francia (31.200 euros, el 104%), Malta (el 97% de la renta media UE) e Italia (28.900 euros per cápita, el 96% de la renta media UE). Los últimos de la fila son Bulgaria (14.800 euros por habitante, el 49% de la renta media UE), Croacia (62%), Rumanía (63%), Grecia y Letonia (67%), Hungría (68%) y Polonia (70% de la renta UE).

España es la 5ª potencia económica de Europa (el 5º mayor PIB: 1.166.319 millones de euros en 2017), tras Alemania (3.227.340 millones), Reino Unido (2.337.971 millones), Francia (2.291.705 millones) e Italia (1.724.955), pero a la hora de ver lo que se produce por habitante, es la 14ª economía, y nos ganan en producir mucho más paises pequeños como Irlanda, Dinamarca, Holanda, Austria, Suecia, Bélgica, Finlandia o Malta, que por eso son más ricos que España (producen más por habitante). Y lo peor es que España se ha estancado en este lugar 14º, el mismo que en 2016, según Eurostat. Y que, con la crisis, hemos ido a peor. Veamos. En 1986, cuando España ingresó en la UE, teníamos el 72% de la renta europea (PIB/habitante). Con el fuerte crecimiento de finales del siglo XX y principios del XXI, nos equiparamos con los europeos en 2002 (100% de la renta europea ese año) e incluso mejoramos después, para llegar a un máximo del 103% de su riqueza en 2007. Pero luego sufrimos con más dureza la crisis, perdimos su nivel de renta en 2010 (99% de la media UE) y caímos hasta un mínimo del 90% de su renta en 2015. Y llevamos 2 años (2016 y 2017) en el 92% de la renta europea.

Por esto, porque producimos menos por persona es por lo que somos más pobres que media Europa. Y a nivel mundial, somos el país nº 26 en producción por habitante (en 2017), según el último ranking de The Conference Board, que encabezan Luxemburgo, Singapur, Noruega, Hong Kong, Suiza, Irlanda y Estados Unidos.

¿De qué depende que un país produzca más o menos y sea más o menos rico? Pues, básicamente, de su productividad, un indicador que mide la eficacia con que se utilizan los factores de producción, básicamente el trabajo y el capital (maquinaria, equipos, infraestructuras). Y España tiene un problema “estructural” de baja productividad, que arrastramos desde mucho antes de la crisis. Así, si ponemos el marcador a 100 en 1995, la productividad total de los factores (PTF) había caído a 96,74 en España en el año 2.000, a 92,02 en 2007, a un mínimo de 87,13 en 2014 y a sólo 89,49 en 2017 (como en 2009). Y mientras, la competitividad en Europa ha subido estos años de 100 a 104,5. O sea, que la productividad total de España ha caído un 10,5% entre 1995 y 2017 mientras la de Europa ha mejorado un +4,5%, la de la eurozona un +1,4%, la de Alemania un +8,5% y la de Francia un +2,2%, mientras la de Italia caía un 9,7%, según un interesante estudio de la Fundación BBVA e Ivie, que explica porque somos ahora más pobres que media Europa.

Dentro de la productividad total, un componente básico es la productividad del trabajo, lo que se produce por hora trabajada. Este componente de la productividad ha mejorado en España por algo simple: se produce más con 1 millón menos de españoles trabajando que en 2007 (tras 3,8 millones de despidos, de los que sólo se han recuperado 2,8 millones). Eso permite que la productividad por hora trabajada haya mejorado un +17,5% entre 1995 y 2018, según el estudio de la Fundación BBVA e Ivie. Pero en Europa, la productividad laboral ha mejorado mucho más estos años: un +37,1% en la UE-28 y un 30,7% en la eurozona, con lo que nos hemos vuelto a quedar rezagados (y producimos comparativamente menos que la mayoría de europeos).

El problema más preocupante es que la productividad del trabajo se ha estancado y no creció nada en 2018, por primera vez en 20 años, según el INE. La productividad por puesto de trabajo a tiempo completo creció un 0,3% anual entre 2002 y 2006, luego se disparó entre 2007 y 2013, por los despidos (+2% anual, un +12,4% en 6 años), creció muy poco entre 2014 y 2017 (+entre +0,3 y +01% anual) y no ha crecido nada en 2018 (+0%), año en que incluso ha caído la productividad por hora efectivamente trabajada (-0,25%), según el INE. Y esto es un problema serio, porque significa que la economía española no consigue producir más con los mismos trabajadores. Y sólo crece, aumenta el pastel del PIB, con más gente empleada, empleos que se están creando en los sectores menos productivos, como los servicios, mientras se pierden empleos en la industria (-3.000 en 2018), el sector con más productividad. Concretamente, el nuevo empleo creado en España desde 2014 tiene una productividad un 78% inferior a la media, según un informe de CaixaBank.

¿Por qué España produce menos que Alemania, Francia y 12 paises europeos más, lo que nos hace más pobres? Una parte es por nuestro modelo económico, donde tienen más peso los servicios (turismo, hostelería y comercio) o la construcción y menos la industria (aporta el 16,06% del PIB frente al 25% en Alemania), el sector más productivo y eficiente. Pero esta no es la razón clave, según el estudio de la Fundación BBVA e Ivie. Somos menos productivos (y menos ricos) que la mitad de Europa por tres causas fundamentales: porque invertimos menos en tecnología, porque tenemos una mano de obra peor formada y porque hay menos inversión pública y privada. Veámoslo.

El esfuerzo inversor en tecnología e innovación es clave para producir más con la misma gente, para mejorar la productividad y el nivel de vida, según todos los expertos. Y aquí, España invierte la mitad que Europa (1,2% del PIB se gasta en Ciencia frente al 2,17% en la UE-28) y menos que 20 paises europeos, sobre todo mucho menos que los más productivos y ricos: Suecia (gasta 3,30% del PIB en I+D+i), Finlandia (3,17%), Dinamarca(3,05), Austria(2,9%), Alemania (2,5%), Francia (2,22%) y Reino Unido (1,66%). Y por si fuera poco, las empresas españolas también gastan menos en tecnología e innovación que las europeas y tenemos menos investigadores (2,8% de los españoles activos frente al 3,9% en la UE).

Otro factor clave para explicar nuestra baja productividad es la menor inversión en educación, que sitúa nuestro “stock” de capital humano un 4% por debajo de la eurozona. España ha bajado drásticamente su esfuerzo educativo, pasando de gastar el 4,99% del PIB en 2009 al 4,32% en 2014 y el 4,1% en 2018, según Educación. Un gasto educativo que queda muy por debajo de la media europea (4,7% del PIB en la UE-28), de países punteros como Dinamarca (6,9%), Suecia (6,6%), Finlandia (6,1%) y Francia (5,4%) e incluso de Reino Unido (4,7% del PIB) o Alemania (4,2%). Y no se trata sólo que gastemos menos en educación, sino que hay serios desajustes entre la formación de los jóvenes españoles y lo que demandan las empresas, según refleja el último informe sobre España de la Comisión Europea. Y sólo el 12% de los jóvenes estudian Formación Profesional, frente al 25% en la OCDE y el 50% en Alemania, uno de los paises con más productividad.

Pero además de gastar menos en educación, España tiene un hándicap de partida: tenemos una mano de obra mucho peor formada, menos productiva. Tenemos muchos adultos sin casi formación (el 40,9% no tiene acabada la ESO, frente al 21,8% en la OCDE y el 19,8% en la UE-22) y muchos adultos universitarios (36,4% en España frente a 37,7% en la OCDE y el 34,3% en UE-22) pero muy pocos adultos con formación intermedia (Bachillerato o FP de grado medio), un 22,7% en España, un 43,8% en la OCDE y un 45,9% en Europa (UE-22), según el Panorama de la Educación 2018 de la OCDE. Y por eso, a las empresas les falta personal con formación media y como hay mucho paro, los sustituyen por universitarios, lo que es un despilfarro como país y una enorme frustración para los jóvenes. Y las empresas insisten en que muchos puestos de mediana cualificación no los pueden cubrir.

La tercera causa clave de nuestra menor productividad está en que España invierte menos, sobre todo en capital público, en “stock” de capital por habitante (un 5,2% inferior a la UE, según la Fundación BBVA e Ivie), sobre todo desde 2010, por los recortes en la inversión pública, que supone ahora menos de la mitad del esfuerzo de antes de la crisis, lo que ha frenado muchas infraestructuras necesarias para competir. De hecho, la Comisión Europea acaba de pedir a España, en su informe de febrero de 2019, que invierta en conexiones ferroviarias y portuarias  para el transporte de mercancías y en los corredores atlántico y mediterráneo, para facilitar el acceso a Europa, porque tenemos un hándicap geográfico: nuestros productos están a 2.200 kilómetros de los principales mercados centro-europeos.

Pero además, hay otras causas que nos restan productividad (y riqueza). Una importante es que en España hay demasiadas pymes y pocas grandes empresas: el 99% de las empresas censadas (ver datos enero 2018) tienen menos de 50 trabajadores y sólo hay un 0,15% de empresas grandes (4.487 empresas con más de 250 empleados), frente al 0,5% en Alemania (más de 9.000 grandes empresas), el 0,4% en Reino Unido o el 0,2% en Francia. Y está demostrado que las grandes empresas son más productivas porque son más longevas (sobreviven más años), exportan más (un factor clave: los paises más exportadores son más productivos y más ricos), se financian mejor y son más innovadoras, según se detalla en este estudio de CaixaBank Research sobre la productividad.

Veamos otra causa importante de nuestra menor productividad: la elevada precariedad del empleo en España. Tenemos un 27,43% de asalariados con contratos temporales, según la EPA, el porcentaje más alto de Europa, donde la temporalidad varía entre el 12,9% de los contratos en Alemania, el 15,5% en Italia o el 17,7% en Francia al 14,3% de media en la UE. Y está demostrado que los trabajadores con contrato temporal tienen menos incentivos a esforzarse en el trabajo y las empresas dedican menos recursos a formarles, lo que reduce su eficacia  y la productividad futura del país.

Otra causa clave de la menor productividad, ligada con las empresas, es la organización del trabajo en España: hay poca participación de los trabajadores en la gestión de las empresas, según revela el estudio de CaixaBank Research. Así, los “jefes” en España ejercen más control sobre sus subordinados (un 41% frente al 24% en Alemania), sólo un 26% de las empresas encuestan las opiniones de sus empleados (un 51% en Alemania) y sólo el 17% toman las decisiones “en equipo” (el 35% en Alemania). La gestión del “ordeno y mando”, muy afincada en la mayoría de empresas españolas, no ayuda a mejorar nuestra productividad.

Y todavía hay otros factores que restan eficacia y productividad a España, como la excesiva regulación y burocracia (España está entre los 10 paises europeos con más restricciones al establecimiento de locales comerciales, según la Comisión Europea), la dispersión de normas (17 autonomías), la falta de competencia en muchos sectores (oligopolios), la lentitud de la Justicia, las dificultades de financiación, los elevados costes energéticos, la falta de estabilidad normativa y laboral o el retraso en la digitalización de la economía.

Ya sabemos mejor por qué somos menos productivos y menos ricos. Las empresas, sobre todo las que exportan, han tratado de paliarlo con una receta drástica: despedir gente primero (menos a producir lo mismo aumenta la productividad), entre 2009 y 2013, y pagar peor a los que trabajan (bajando sueldos a los nuevos y congelando los antiguos), lo que les ha permitido seguir compitiendo por el mundo, a costa de una devaluación de los salarios: el coste por hora trabajada en España era de 15,9 euros en 2017, frente a 20,36 euros en Europa (+ 28%), 26,4 euros por hora en Alemania (+66%) o 24,2 euros en Francia (+52 %), según los datos de Eurostat. O sea, ante el hecho de que somos menos productivos, España ha buscado “tirar salarios”, ser “la China de Europa”.

Pero no se puede seguir por este camino, de cargar sobre los trabajadores y sus salarios la responsabilidad de competir y producir más (y ser más ricos). Habría que hacer un gran Pacto nacional por la productividad, con múltiples medidas para mejorarla y acercarla a Europa, como propone la Comisión Europea en su informe 2019: gastar el doble en Ciencia, aumentar el gasto en educación, reformar la enseñanza universitaria y apostar por la FP, mejorar la formación de parados y trabajadores, aumentar las inversiones públicas (sobre todo en infraestructuras de transporte), apostar por la digitalización de la economía, facilitar las fusiones de empresas (para aumentar su tamaño), mejorar la calidad del empleo, volcarse en las exportaciones y la internacionalización de las empresas, reducir burocracia y normativas, agilizar la Justicia, fomentar la competencia en todos los sectores y aumentar la participación de los trabajadores en la gestión de las empresas. Medidas que deberían apoyar todos los partidos políticos, empresas y sindicatos, porque buscan mejorar la productividad y el nivel de vida de los españoles.

Pero me temo que esta cuestión clave no se va a debatir en la campaña electoral ni será una prioridad para el futuro Gobierno. Y seguiremos siendo menos productivos y más pobres que media Europa, como en las últimas tres décadas. Otra importante asignatura pendiente de nuestra democracia. No la olviden.

jueves, 30 de junio de 2016

España y Europa: 20 años perdidos


Rajoy ha ganado las elecciones repitiendo que España ha crecido más y ha creado más empleo que el resto de Europa. Pero no ha dicho que hoy estamos más lejos de Europa que antes de la crisis: nuestra renta es el 92% de la media europea, cuando en 2007 estábamos por encima de la renta media de los 28, en el 105%. Hemos retrocedido a la distancia que nos separaba de Europa en 1995 y 1996. A lo claro: hemos perdido 20 años en nuestro acercamiento al nivel de vida europeo. Y somos el país 13 de los 28 con menor renta por habitante. La razón es doble: trabajamos menos gente y trabajamos peor que en Europa. Y esto porque tenemos empresas más pequeñas, menos industrias y demasiados servicios, menos tecnología, menos exportadores, menos formación y una economía menos digital. Urge un cambio de modelo económico, para ser más competitivos, y recuperar la distancia perdida con Europa. Debería ser el objetivo de todos para la próxima década.
 
enrique ortega

La reciente historia de España es una dura carrera por acercarnos a Europa, por no perder el tren de su crecimiento y su nivel de vida. En 1930 teníamos un 53% de la renta media de los 15 mayores países europeos, según el histórico economista Julio Alcaide. Con la guerra civil y la II Guerra Mundial, la distancia aumenta hasta el 44% de su renta en 1945. Y a partir de ahí, mejoramos lentamente hasta alcanzar el 59,1% de la renta media europea en 1960, el primer año que empieza a medirlo Eurostat. Y con el desarrollismo español de los 60 y primera mitad de los 70, la distancia con Europa se reduce más, hasta alcanzar el 79,9% de su renta en 1975. Pero llegan las crisis de los 70 y 80 y España ingresa en la UE, el 1 de enero de 1986, con sólo el 71,6% de la renta de los 12 países comunitarios entonces. Vuelven años buenos y en 1992 llegamos a un acercamiento récord: tenemos el 80,9% de la renta media europea. Nueva crisis y nuevo salto en el crecimiento español, entre 1996 y 2007, que nos permite superar la renta media europea (el 101% en 2002) y llegar a un récord : alcanzar el 105% de su renta en 2007.

Pero llega la gran recesión de 2008 y como ya había pasado antes, España cae más que el resto de Europa (también creció más en los años buenos). Y los recortes de ZP y Rajoy hacen el resto. La consecuencia es que España desanda el camino y se aleja de Europa. En 2010 ya estamos por debajo de la media (99% de su renta) y en 2015 teníamos el 92% de su renta (100% la UE-28), según el dato publicado por Eurostat hace unos días. Y la distancia es aún mayor si tomamos el nivel de vida de los 19 países del euro (92 frente a 106%). Con ello, España retrocede a la distancia con Europa que teníamos en 2005 y 2006, cuando tuvimos también el 92% de la renta media europea. O sea, 20 años perdidos.

Con estos últimos datos de 2015, España es el país nº 13 por nivel de renta (PIB por habitante) entre los 28 países de la UE. Estamos muy lejos del nivel de vida de los más ricos: tenemos un 92% de la renta media UE frente al 271% de Luxemburgo (triple renta que España), Irlanda (145% de la renta media UE), Holanda (129%), Austria (127%), Alemania (125%), Dinamarca (124%) y Suecia (123%). Y también lejos de Bélgica (117% de la renta media UE-28), Reino Unido (110%), Finlandia (108%), Francia (106%) e Italia (95% de la renta media UE). Y sólo estamos por delante de la renta de Portugal (77% de la media UE), Grecia (71%), Malta (89%), Chipre (81%) y once paises del Este de Europa.

Esto España como país. Pero a su vez, aquí dentro hay muchas diferencias de renta entre las autonomías. Y así hay 5 regiones españolas que están por encima del 100% de la renta media europea, según datos de Eurostat (2014): Madrid (tiene el 128% de la renta media UE-28), País Vasco (122%), Navarra (116%), Cataluña (111%), Aragón (103%) y la Rioja (102%). Pero las 11 autonomías restantes, más Ceuta y Melilla, tienen una renta por debajo de la media europea. Y todas, salvo Baleares (99% de la renta UE-28) están por debajo de la renta media española (92% de la renta UE-28). Entre el 75 y el 90% de la renta media europea están Castilla y León (89%), Cantabria (86%), Asturias (84%), Galicia (83%), Comunidad Valenciana (82%), Canarias (81%), Murcia y Ceuta (77%) y Castilla la Mancha (76%). Y en el furgón de cola, entre las 50 regiones europeas con menos renta, están Andalucía (70% de la renta media UE-28), Melilla (70%) y Extremadura (65%).

Esto en cuanto a la renta media (PIB por habitante). Pero Eurostat publica otra estadística que indica mejor la riqueza relativa de cada país: la capacidad de consumo per cápita, que tiene en cuenta no sólo la renta sino los precios de cada país, para comparar mejor el bienestar de los europeos. Y aquí, España sale perdiendo: su nivel de consumo per cápita es el 88% de la media europea (en renta era el 92%) y el 88% frente al 105% de los paises euro. También aquí hemos desandado el camino con la crisis, porque en 2007 nuestro consumo per cápita era justo el 100% de la media europea. La capacidad de compra también ha caído respecto a 2007 (pero menos) en Francia, Reino Unido, Italia, Portugal, Grecia e Irlanda, aunque ha subido en Alemania, Bélgica, Austria, Luxemburgo y Dinamarca, paises cuyos ciudadanos tienen ya más capacidad de consumo que antes de la crisis.

En resumen, que estamos más lejos de Europa en riqueza y capacidad de compra. Y aunque la brecha puede mejorar algo en los próximos años porque España pierde población (las estadísticas son en PIB por habitante), será insuficiente para igualarnos. Por eso, el próximo Gobierno, cualquier Gobierno, debería tener como objetivo que los españoles vivieran como el resto de europeos, recuperar el camino perdido. Para ello, tenemos que saber  por qué somos más pobres que 12 paises de los 28 países europeos. Y corregirlo.

¿Por qué tenemos menos renta (92%) que la media de Europa? La causa es doble: porque en España trabaja menos gente y trabajan peor, con menos eficacia. Primero, en España trabajan sólo el 56% de los adultos, frente al 64,9% en Europa (UE-28) y el 73,8% en Alemania, según datos de Eurostat (2014). Eso significa que si trabajaran tantos españoles como en Europa, debería haber 2.678.392 personas más trabajando.  Y si fuéramos como Alemania, deberían trabajar 5.356.785 españoles más. Pero no bastaría con eso: la segunda razón de nuestro retraso es que trabajamos peor, con menos eficacia. Más de la mitad del retraso que tenemos con Europa se debe a la menor productividad de España, según un estudio de la Fundación BBVA e IVIE. A que cada español produce menos por hora: la productividad del trabajo en España era de 31,3 euros por hora trabajada (3º trimestre 2015) frente a 46,1 euros por hora en Alemania, según un estudio de La Caixa. O sea, que cada trabajador español produce dos tercios de lo que produce un trabajador alemán.

Veamos el por qué. Hay dos razones. Una, que en España tienen más peso sectores económicos que exigen más personal y son menos productivos, como la construcción, el comercio, el turismo o la hostelería, y tienen menos peso sectores con más tecnología y menos personal, más productivos. Ello explicaría una parte, la más pequeña (el 17,6%) de la diferente productividad entre España y Alemania, según el estudio de la Caixa. La otra causa es la importante, porque explica el 82,4% de la diferencia de productividad: que España es menos productiva que Alemania en cada sector y empresa, sean los mismos o diferentes.

Y ¿por qué nuestras empresas son menos productivas que las alemanas? Los expertos aportan varias razones. La primera y más importante, el tamaño de las empresas. De las 2.779.146 empresas censadas en España en 2015, el 94,5% eran microempresas (0-9 trabajadores), un porcentaje mayor que en Europa (92,1%) y muy superior al de Alemania (81,8% microempresas), según Eurostat. También tenemos muchas más pymes (10-49 trabajadores) y menos empresas medianas y sobre todo grandes (+250 trabajadores): en España son el 0,1 % del total (3.918 grandes empresas), frente al 0,5% en Alemania (más de 9,000). Y está demostrado que las grandes y medianas empresas son más productivas que las pymes, consiguen más capital y mejor financiación, exportan más y crean un empleo más estable y mejor pagado. Si España tuviera la misma estructura empresarial de Alemania, la productividad de nuestra economía sería un 13% mayor, según cálculos del Círculo de Empresarios. Produciríamos 142.000 millones más al año. Sólo por eso.

Pero hay más razones para que seamos menos productivos (y tengamos menos renta). Otra importante es la tecnología. En España, los recortes en Ciencia (-2.183 millones entre 2012 y 2016) han llevado a que sólo invirtamos el 1,23% del PIB en tecnología, frente al 2% en Europa (y el 2,84% en Alemania). Y este retraso es aún mayor en las empresas privadas: las empresas españolas invierten sólo el 53% del gasto español en tecnología, mientras en Alemania las empresas invierten el 68% del total. Y eso se traduce en lo que fabrica cada país: España fabrica en sectores de baja tecnología (alimentos, calzado y textil) y media (coches, maquinaria), mientras Alemania y los paises europeos más competitivos (y más ricos) fabrican más en sectores de media y alta tecnología, vinculados a grandes empresas.

Otro factor clave es el peso de la industria, que ha caído drásticamente en España (del 39% del PIB en 1977 al 15,5% actual), mientras en Europa supone el 19% (UE-28) y en Alemania aporta el 25% de la producción, con mayor productividad que los servicios o la construcción, que tienen más peso en España. También explica la mayor o menos riqueza que un país consiga exportar más. Y España es el 5º país europeo con menos peso de las exportaciones (el 23,63% del PIB), sólo por delante de Chipre, Grecia, Reino Unido y Francia, pero muy alejado de Alemania (las exportaciones aportan el 39,6% del PIB), Irlanda (51,5%), Portugal (27,8%) y muchos países más pequeños como Bélgica (exportaciones suponen 87,8% del PIB) y Holanda (75,35% del PIB). Y eso pasa porque en España sólo exportan 150.000 de los 2,77 millones de empresas. Y de ellas, menos de 50.000 de forma habitual.

Un factor decisivo de nuestra menor riqueza y productividad es la baja formación de los españoles: un 45% de los adultos (25-64 años) tienen un nivel educativo bajo (sólo con la ESO acabada o ni siquiera) frente al 21% en Europa (UE-21), el 24% de la OCDE o el 14% en Alemania. Y tenemos también menos adultos con formación media (Bachillerato y FP básica), un 22% en España frente a un 48 % en Europa, mientras por arriba estamos a la cabeza en universitarios, un 32% en España frente al 29% en la UE, todo según datos de la OCDE. Y también hay otros factores que juegan en contra de nuestra productividad: los mayores costes financieros (aunque han bajado los créditos a pymes), los mayores costes de la energía (entre un 10 y un 20% superiores) y los mayores costes logísticos y de transportes (además, estamos en “una esquina” de Europa). Eso sí, nuestras empresas pagan menos impuestos “efectivos” que en la mayoría de Europa y pagan salarios más bajos: 15,8 euros por hora trabajada frente a 21,8 euros en la zona euro y 25 euros en Alemania, según Eurostat.

Vistas las causas de que seamos más pobres y menos productivos que la media europea, se puede vislumbrar el camino para recuperar la distancia perdida. Por un lado, hay que conseguir que trabajen más españoles, al menos 3 millones más. Y eso pasa por una política económica que reanime el consumo y la inversión, con un mayor gasto e inversiones públicas, mayores salarios y ayudas a la contratación estable. Por otro, hay que actuar sobre los grandes problemas de fondo que nos restan productividad: conseguir empresas más grandes (facilitar las fusiones), apoyar la reindustrialización, destinar más recursos a la innovación y la tecnología, favorecer la digitalización de las empresas y la economía, fomentar las exportaciones y, sobre todo, invertir en formación y educación, en capital humano.


Son tareas a medio plazo, que exigen un Pacto político y social para caminar todos en la misma dirección: conseguir una economía más competitiva, que crezca más y cree más empleo y riqueza. Que nos acerque a Europa, que no se va a quedar parada esperándonos. Tenemos que forzar el paso para recuperar el retraso en la próxima década. Debería ser un reto de todos, como país.