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jueves, 29 de enero de 2026

EPA 2025: más empleo y paro inferior al 10%

El empleo cerró 2025 con la creación de 605.400 nuevos empleos, la 3ª mayor subida anual, tras  2021 (+840.600 empleos) y 2023 (+783.000). Y lo más llamativo: el paro bajó del 10% (9,93%), la menor tasa desde marzo de 2008. Además, el empleo es de calidad: el 84,86% de los asalariados tienen ahora un contrato indefinido. Pero no podemos olvidar dos datos que pesan como una losa: España es el país con más paro de Europa y la OCDE y tenemos una baja tasa de empleo, por lo que necesitamos que trabajen otro millón largo de españoles más. No podemos “dormirnos en los laureles”. Hay que seguir modernizando la economía e invirtiendo para que trabaje más gente y baje más el paro. Habría que aprobar dos medidas: un Plan de choque para los parados mayores, mujeres, jóvenes y 6 regiones con alto paro y una reforma a fondo de las oficinas de empleo, gestionadas por las autonomías y que no funcionan. Pero ambas medidas exigen algo hoy imposible: acuerdos políticos.

                            Enrique Ortega

Otro año más, las Navidades han sido buenas para el empleo, que creció en +76.200 personas en el 4º trimestre, algo más del doble que el año pasado (+34.800) y bastante mejor que en las Navidades de 2023 (-19.000 empleos) y 2022 (-81.900 empleos). Y como el resto del año fue bueno para el empleo, sobre todo la primavera (+503.300 empleos en el 2º trimestre), 2025 se cerró con 605.400 personas más trabajando en España, según la EPA publicada el martes. Es el tercer mejor año para el empleo desde la pandemia, tras los anteriores récords de 2021 (+840.600 ocupados) y 2023 (+783.000 ocupados). Con este nuevo aumento, ya trabajan en España 22.463.300 personas, otro récord histórico, que supera con creces el mejor dato de nuestra historia, las 20.646.000 personas que trabajaban en junio de 2008. Y desde antes de la pandemia (diciembre 2019), España ha creado ya casi 2,5 millones de nuevos empleos (+2.496.400 ocupados en estos 6 años).

En 2025, el aumento del empleo (+605.400 ocupados) se ha dado más entre las mujeres (+306.200) que entre los hombres (+299.200), concentrándose sobre todo en los mayores de 50 años (+383.300 empleos, el 63% del total) y entre los jóvenes (+275.400 empleos entre los 20 y 29 años), cayendo sólo la ocupación entre 40 y 49 años (-45.100) y entre los menores de 20 años (-8.300 ocupados). Un dato relevante es el fuerte aumento porcentual del empleo entre los extranjeros (+257.900 empleos, +7,7%), aunque crece más numéricamente entre los españoles (+341.700 empleos, +1,97%). Y con ello, el 15,91% de los ocupados en España (3.575.900 trabajadores)  tienen nacionalidad extranjera.

La mejora del empleo en 2025 se ha debido casi toda al sector privado (+553.300 empleos) y apenas creció el empleo público (+50.100 ocupados). El motor del empleo volvieron a ser los servicios (+369.900 empleos), sobre todo por el turismo, la hostelería y el comercio, creciendo también en la industria (+112.200), la construcción (+79.500) y en el campo (+43.800 ocupados en agricultura). Por autonomías, el mayor aumento porcentual del empleo se ha dado en Ceuta (+9,81%: +3.000 empleos), Murcia (+5,89%: +39.600 empleos), Extremadura (+4,58%: +19.100 empleos)  y Castilla la Mancha (+4,26%: +38.800 empleos), aunque en cantidad total, quienes crearon más empleo fueron Andalucía (+138.400), Comunidad Valenciana (+98.800). Madrid (+78.800) y Cataluña (+57.300), cayendo sólo en Melilla (-600 ocupados).

La mejora del empleo (+605.400) ha sido mayor que la bajada del paro, que se ha reducido en -118.400 personas en todo 2025, menos que en 2024 (-265.300 parados) debido a que han vuelto a subir “los activos”, las personas que se han “animado” a buscar trabajo (han crecido en +487.100), alcanzando otro récord histórico (24.940.400 “activos”). Eso puede deberse a una mayor entrada de extranjeros y a que hay más mujeres y jóvenes que buscan ahora trabajo. Con todo, tenemos una cifra de parados de las más bajas de nuestra historia: 2.477.100 parados a finales de 2025. Y la tasa de paro baja del 10%, hasta el  9,93%, la más baja desde 2008 (9,6% de paro en marzo), a años luz del paro disparado de 2013 (26,94% en marzo) aunque todavía lejos del “suelo” de junio de 2007 (cuando la tasa de paro era del 7,93%). 

El paro en 2025 ha bajado más entre los hombres (-79.500) que entre las mujeres (-38.800), también hay más paradas (1.323.800 frente a 1.153.300 parados) y tienen una mayor tasa de paro (11,24% frente al 8,76% los hombres). Y el paro ha bajado más entre los que tienen de 25 a 54 años (-87.700 parados, el 74% de la bajada total), bajando mucho menos entre los menores de 24 años (-39.700 parados) y subiendo entre 20 y 24 años (+13.100 parados). Con ello, baja el paro entre los menores de 25 años (del 24,9 al 23%), aunque sigue siendo altísimo y casi duplica al paro juvenil en Europa (15,1% en la UE-27), cuadruplicando el alemán (6,8%). El paro ha bajado sobre todo en los servicios (-43.200 parados), entre los que perdieron su empleo hace más de un año (-63.200 parados) y entre los que lo buscan por 1ª vez (-14.100 parados), también en el campo (-4.700 parados), subiendo en la industria (+4.200 parados) y en la construcción (+2.600). Y destaca la bajada del paro en Cantabria (-17,56%, -4.100 parados), Madrid (-17,45%, -57.300), Murcia (-14,91%,-15.500) y Comunidad Valenciana (-14,12%, -47.100), mientras subió el paro en 7 regiones, sobre todo en Canarias (+12.500), Castilla la Mancha (+7.600) y Navarra (+5.600 parados), según la EPA.

La histórica bajada del paro por debajo del 10% de los activos no puede hacernos olvidar que hay 6 regiones con una tasa de paro muy superior: Melilla (23%), Ceuta (22,21%), Andalucía (14,66%), Extremadura (13,42%), Canarias (12,63%) y Castilla la Mancha (12,05% de paro), mientras hay otras 9 autonomías que tienen una tasa de paro “casi europea” (6% es la tasa paro UE-27): Madrid (7,04%), País Vasco (7,50%), Aragón (7,70%), Baleares (7,80%), La Rioja (8%), Navarra (8,10%), Cataluña (8,24%), Galicia (8,26%) y Asturias (8,42% de paro), según la EPA. Tampoco podemos olvidar que hay 772.300 hogares (el 3,9% del total) con todos sus miembros en paro (aunque es la cifra más baja desde 2007).

Pero hay otros datos del paro que son muy positivos. Uno, que ha subido el número de parados que reciben un subsidio, tras la reforma del desempleo en 2024: son 1.838.267 beneficiarios, el 76,31% de los parados registrados (eran el 61,53% en 2019)  los que se benefician de alguna ayuda, según Trabajo (869.966 cobran un subsidio contributivo que ya está en 1.029 euros mensuales y el resto reciben un subsidio asistencial de 480 euros).  Y otro, que siguen bajando los parados de larga duración, quienes llevan más de un año sin encontrar trabajo: eran 900.800 parados a finales de 2025 (-98.900), el 36,36% de todos los parados, la mayoría de ellos parados mayores de 45 años y mujeres (500.900).

Junto a la bajada histórica de la tasa de paro (al 9,93%), el otro gran dato relevante de esta EPA 2025 es la calidad del empleo que tenemos, no solamente que la cantidad (22.463.300 ocupados) sea récord. Así, gracias a la reforma laboral (que entró en vigor en marzo de 2022), en 2025 no sólo trabajó mucha más gente sino que sigue aumentando el número de asalariados con contrato indefinido: eran 16.260.000 trabajadores, el 84,86% del total, cuando eran el 83,50% a finales de 2023 (y el 74,6% a finales de 2021). Además, han subido algo los ocupados a tiempo completo (del 86 al 86,24%) y bajan ligeramente los trabajadores a tiempo parcial (del 14 al 13,75%), que superan los 3 millones (de esos 3.089.000 empleos parciales, 2.250.000 los tienen mujeres).

Ahora, en 2026, el Gobierno y los expertos creen que España seguirá creando empleo, más que el resto de Europa pero menos que en 2023 (+783.000), 2024 (+468.100) y 2025 (+605.400 empleos), porque creceremos algo menos (+2,2%, frente al +2,9% en 2025). La previsión enviada por el Gobierno a Bruselas, en octubre de 2024, apostaba por crear 1,6 millones de empleos entre 2024 (+556.132 empleos, aunque realmente se han creado +468.100), 2025  (548.645 empleos, aunque se han creado 605.400) y 2026 (494.878 empleos), con el objetivo de que España roce los 23 millones de ocupados en 2026 (22.989.350) y baje su tasa de paro del 10% en 2026 (ya conseguido en 2025).

Los datos de la EPA 2025 indican que estamos en el buen camino para lograr ambos objetivos. Pero el Gobierno Sánchez no puede “lanzar las campanas al vuelo” con el empleo y el paro, por dos razones. Una, porque seguimos siendo el país de Europa y de la OCDE (36 paises) con la mayor tasa de paro: 9,93% en España frente al 6% en la UE-27 y el 4,8% en la OCDE. Y la otra, porque la tasa de empleo en España es mucho más baja que en Europa: a finales de 2024 trabajaban aquí el 71,4% de los que tienen entre 20 y 64 años, frente al 75,8% que trabajaban en Europa, el 75,1% en Francia o el 81,3% en Alemania, según Eurostat. A lo claro :que España tiene 1,2 millones de personas menos trabajando que las que deberíamos tener si fuéramos como la media europea. Y que trabajan 2,5 millones de españoles menos de los trabajarían si tuviéramos la tasa de empleo de Alemania.

Ese es nuestro gran reto como país: modernizar la economía para que ofrezca empleo a más gente (entre 1 y 2 millones más) y que eso permita reducir la tasa de paro “a niveles europeos”. En eso deberíamos centrarnos a medio plazo, sin regodearnos en los récords. Y más con un contexto internacional tan incierto. Eso implica tomar 2 medidas a corto plazo, que exigen (¡ cómo no¡ ) un pacto político económico y social. Una, aprobar un Plan de empleo, para fomentar la contratación de parados mayores de 45 años, mujeres y jóvenes, sobre todo en esas 6 regiones con más paro que la media, canalizando inversiones públicas y privadas  e incentivos a las contrataciones.

 Y la otra medida, reformar de verdad las oficinas de empleo, porque no ayudan a los parados a recolocarse. Pronto van a cumplirse 3 años de la Ley de Empleo (entró en vigor el 2 de marzo de 2023) y no ha funcionado: ni se hace un perfil de los parados ni se les ayuda individualmente a colocarse. De hecho, las oficinas de empleo colocan a menos del 3% de los parados y apenas un 10% de los desempleados hacen cursos de formación (largos y poco útiles). Y en la web del SEPE sólo hay registradas 89.977 empresas y 28.977 ofertas de empleo. Urge cambiar la operativa y dotar de medios a estas oficinas de empleo, gestionadas desigualmente por las autonomías.

En resumen, España crece y crea más empleo que el resto de Europa, pero no podemos quedarnos en los récords. Seguimos con el grave problema de fondo: trabaja menos gente y tenemos más paro que en Europa. Ese debe ser el gran reto y el primer objetivo de todo lo que hagamos, porque es la clave para mejorar el futuro. Y no podemos hacerlo sin grandes acuerdos económicos, políticos y sociales, hoy imposibles.

jueves, 1 de mayo de 2025

1º de mayo: el empleo que viene

El empleo ha “pinchado” en el primer trimestre, como es habitual, con una pérdida de 92.500 empleos, al retrasarse la Semana Santa a abril. Pero se espera que suba este 2º trimestre y en verano, porque las empresas siguen contratando y hay 2 millones más de personas trabajando que hace 5 años. Pero hoy, 1º de mayo, podríamos reflexionar sobre el empleo del futuro, que va a cambiar drásticamente por la tecnología y la inteligencia artificial (IA). De hecho, el Foro Económico Mundial estima que 4 de cada 10 trabajadores españoles deberán “mejorar sus habilidades” para tener un empleo en 2030. A lo claro: los trabajadores tienen que reciclarse y formarse si quieren seguir trabajando en unos años. Un reto que obliga a Gobiernos y empresas a gastarse más dinero en formación y reciclaje profesional, para afrontar la digitalización, la descarbonización, la robótica y la IA, un reto del que apenas hablan los sindicatos hoy. Hay que prepararse para esta “revolución silenciosa”, la del empleo futuro.

                            Enrique Ortega

El primer trimestre suele ser malo para el empleo, por el fin de las Navidades y el menor consumo en la “cuesta de enero”. Además, este año la Semana Santa ha caído en abril y no en marzo (como en 2024), lo que ha restado empleo entre enero y marzo. Por todo ello, en el primer trimestre se perdieron -92.500 empleos, aunque son menos que en el primer trimestre de 2024 (-139.700), según la EPA publicada este lunes. Con todo, a finales de marzo había en España 21.765.400 ocupados, así que trabajan 2,08 millones de personas más que hace 5 años, antes de la pandemia (19.681.300 ocupados en marzo 2020).

El empleo ha caído sólo entre los hombres (-94.100 ocupados), mientras aumentó algo entre las mujeres (+1.600). Y lo han perdido los trabajadores españoles (-144.500 empleos), porque los extranjeros han ganado empleos (+52.000).  La pérdida de empleo se ha dado casi en exclusiva en el sector público (-92.200 empleos, por el aumento de jubilaciones) , mientras apenas caía el empleo privado (-300). Y se ha perdido empleo entre los trabajadores maduros (-119.800 empleos entre 40 y 54 años) y los más jóvenes (-60.800 empleos perdieron los de 16 a 24 años). Todos los sectores han perdido empleo, salvo el campo (+25.000), especialmente los servicios (-112.300). Y por autonomías,  han perdido más empleo Baleares (-42.400), Comunidad Valenciana (-20.400) y Andalucía (-12.300), mientras lo ganaron Madrid (+14.800) y País Vasco (+11.300 empleos).

La caída del empleo al inicio de 2025 ha provocado también un aumento del paro, que subió en +193.700 desempleados, un aumento récord desde 2013, debido a que han aumentado mucho los que buscan empleo, los “activos”: +101.200, todo un récord en los últimos años, por el aumento de mujeres que buscan trabajo (+118.100), mientras hay menos hombres buscando (-16.900). Con ello, España alcanza un récord histórico de “activos”, personas que trabajan o buscan trabajo: 24.554.500. Esto supone que, aunque crezca el empleo en los próximos meses, el paro bajará menos, porque hay más gente buscando trabajo.

Con este aumento del paro, son ya 2.789.200 las personas que están en paro, un 11,36% de las personas en edad de trabajar, según la EPA, una cifra elevada pero son 523.800 parados menos de los que había en España hace 5 años, antes de la pandemia  (3.213.00 parados en marzo de 2020, el 14,41% de la población activa). El paro ha subido en este primer trimestre más entre las mujeres (+116.500 paradas) que entre los hombres (+77.200), más entre los españoles (+147.900) que entre los extranjeros (+45.800) y más entre los trabajadores maduros (+141.300 entre 25 y 44 años), cayendo entre los más jóvenes (-12.000 parados). Por sectores, crece sobre todo en los servicios (+124.900, la mitad por el turismo y la hostelería) y también más en Cataluña (+47.200), Baleares (+42.800), Madrid (+23.900) y Canarias (+21.800), bajando sólo en Murcia (-4.400), País Vasco (-4.300) y Cantabria (-1.100).

Mientras sube el paro, hay algunos datos de fondo preocupantes. Por un lado, todavía hay 882.900 hogares donde todos sus miembros están en paro, aunque son 95.000 menos que hace un año. Por otro, baja  el porcentaje de parados que cobran el desempleo: cobraban alguna ayuda en febrero 1.722.042 parados, el 66,77% de los parados registrados en las oficinas de empleo, frente al 69,44 % hace un año. Y además, la mayoría (813.181) cobran un subsidio asistencial (480 euros al mes), mientras sólo 908.861 parados registrados cobran el subsidio contributivo (1.014,90 euros mensuales). Y ha subido el número de parados que llevan más de 1 año sin trabajo (1.065.400 parados), con lo que el 38,10% son “parados de larga duración” y tienen mucho más difícil recolocarse.

Lo más preocupante es que la tasa de paro ha subido en el primer trimestre, del 10,61% en que estaba a finales de 2024 al 11,36%, aunque es mucho más baja de la tasa de paro que teníamos hace 5 años (14,4%). Una tasa muy alejada de Europa, donde es menos de la mitad (5,7% en la UE-27 y 6,1% en la zona euro), siendo la tercera parte en Alemania (3,1%), según Eurostat. Y ha subido este trimestre la  tasa de paro juvenil (menores 25 años), que en España es el 26,5%, frente al 14,5% en Europa y el 6,3% en Alemania. Además, persiste el problema de que hay 2 Españas en el paro. Una, 8 autonomías con alta tasa de paro: Melilla (26,6%), Ceuta (26,1%), Extremadura (16,6%), Andalucía (16,4%), Baleares (14,78%), Canarias (13,27%), Castilla la Mancha (13,27%) y Murcia (12,83%). Y otra, las 8 autonomías que tienen una tasa de paro casi “europea”: Navarra (7,49% de paro), País Vasco (7,71%), Cantabria (7,86%), Aragón (8,29%), Castilla y León (8,70%), Galicia (8,80%) y Cataluña (8,91%), según la EPA de marzo.

Con todo, lo más positivo sigue siendo la mejor calidad del empleo que se crea en España, tras la reforma laboral de 2022. Este primer trimestre, el 43,07% de los contratos firmados son indefinidos, algo menos que hace un año (44,5% el primer trimestre de 2024) pero un porcentaje muy superior a los de 2023 (38,7%), 2021 (10,9%) y la media de 2014 a 2020 (sólo entre el 6 y el 8% de los contratos eran indefinidos). Con ello, ya hay 15,7 millones de asalariados con contrato indefinido, el 84,88% del total, frente al 74,61% de fijos a finales de 2021). Lo que no mejora son los contratos a tiempo parcial (por horas o días), que aumentan (+134.400 en el último año) y superan los 3 millones de asalariados, sobre todo por las mujeres (el 73,6% de estos contratos), que trabajan a tiempo parcial porque no encuentran trabajos a jornada completa o para cuidar a hijos y mayores.

Ahora, en 2015, el Gobierno y los expertos creen que España seguirá creando empleo, más que el resto de Europa pero menos que en 2023 y 2024, porque creceremos algo menos (+2,6%, frente al +3,2% en 2024). La previsión enviada por el Gobierno a Bruselas, en octubre de 2024, apostaba por crear 1,6 millones de empleos entre 2024 (+556.132 empleos, aunque realmente se han creado +468.100), 2025  (548.645 empleos) y 2026 (494.878 empleos), con el objetivo de que España roce los 23 millones de ocupados (22.989.350 en 2026) y baje su tasa de paro del 10% en 2026 (ahora parece más factible).

Los datos indican que estamos en el buen camino para lograr ambos objetivos. Pero el Gobierno Sánchez no puede “lanzar las campanas al vuelo” con el empleo y el paro, por dos razones. Una, porque seguimos siendo el país de Europa y de la OCDE (36 paises) con la mayor tasa de paro: 11,36% en España frente al 5,7% en la UE-27 y el 4,8% en la OCDE. Y la otra, porque la tasa de empleo en España es mucho más baja que en Europa: a finales de 2024 trabajaban el 71,4% de los que tienen entre 20 y 64 años, frente al 75,8% que trabajaban en Europa, el 75,1% en Francia o el 81,3% en Alemania, según Eurostat. A lo claro :que España tiene 1,08 millones de personas menos trabajando que las que deberíamos tener si fuéramos como la media europea. Y que trabajan 2,4 millones de españoles menos de los que trabajarían si tuviéramos la tasa de empleo de Alemania.

Ese es nuestro gran reto: reformar la economía para que ofrezca empleo a más gente (entre 1 y 2 millones más) y eso permita reducir la tasa de paro “a niveles europeos”. En eso deberíamos centrarnos a medio plazo, sin regodearnos en los récords. Y eso implica tomar 2 medidas a corto plazo, que exigen (¡ cómo no¡ ) un pacto político económico y social. Una, aprobar un Plan de empleo, para fomentar la contratación de parados mayores de 45 años, mujeres y jóvenes, sobre todo en esas 8 regiones con más paro que la media, canalizando inversiones públicas y privadas  e incentivos a las contrataciones.

Y la otra, reformar de verdad las oficinas de empleo, porque no ayudan a los parados a recolocarse. Se han cumplido 2 años de la Ley de Empleo (entró en vigor el 2 de marzo de 2023) y no ha funcionado: ni se ha hecho un perfil de los parados ni se les ayuda individualmente a colocarse. De hecho, las oficinas de empleo sólo colocan al 1,9% de los parados y apenas un 10% de los desempleados hacen cursos de formación (largos y poco útiles). Y en la web del SEPE sólo hay registradas 83.444 empresas y 29.305 ofertas de empleo. Urge cambiar la operativa y dotar de medios a estas oficinas, gestionadas de forma muy desigual por las autonomías.

Además, este 1º de mayo habría que pensar también en el empleo a medio plazo, porque el mercado laboral va a cambiar radicalmente en los próximos años. En el mundo, 59 de cada 100 trabajadores necesitarán “cualificarse” para no perder sus empleos actuales, por la tecnología, la robotización y la inteligencia artificial (IA), según el último informe sobre el futuro del empleo del Foro Económico Mundial. Y en el caso de España, este informe señala que 4 de cada 10 trabajadores españoles deberán mejorar sus habilidades para tener empleo en 2030. Los expertos laborales y las empresas reiteran la urgencia de formación y reciclaje de los trabajadores, para mejorar su cualificación y afrontar la demanda de nuevos empleos: muchos empleos actuales desaparecerán (administrativos, secretarias, asistentes administrativos, cajeros de banco…) y se crearán otros (analistas de datos, expertos en IA, desarrolladores de software, técnicos ambientales, expertos en ciberseguridad…).

En definitiva, que no basta con que la economía española cree más empleo, para conseguir una tasa de paro “europea”, sino que hay que formar a los jóvenes en los futuros empleos que van a demandarse en los próximos años y reciclar a los empleados actuales para que no pierdan su empleo en el futuro. Esto exige una mayor inversión en formación y “capital humano”, con importantes cambios en el diseño de la educación, desde la escuela a la Universidad, y con mayor gasto en formación de las empresas y el Estado. Hay que prepararse desde ya al empleo que viene, con acuerdos entre Gobierno, empresas y sindicatos para configurar la oferta de empleo que exige el futuro. Un reto del que apenas se habla este 1º de mayo, mucho más de fondo que la jornada laboral o los salarios.

lunes, 11 de noviembre de 2024

Reforma desempleo y fallos políticas de empleo

El 1 de noviembre entró en vigor la reforma del desempleo asistencial: 1 millón de parados registrados cobrarán algo más (570 euros) y otros 450.000 que no cobraban lo recibirán un tiempo. A cambio, tendrán que declarar el IRPF y cumplir diversas obligaciones para facilitar su contratación (incluso podrán cobrar el paro y trabajar hasta 6 meses). Esta reforma parcial del desempleo está bien, pero el problema de fondo es otro: las oficinas de empleo (SEPE) no funcionan. Sólo consiguen trabajo al 2,2% de los parados, la mayoría de los jóvenes ni se apuntan, hacen cursos largos que no interesan a los parados y las empresas no las utilizan para buscar trabajadores (sólo ETTs privadas y conocidos). Resultado: tenemos el doble de paro que Europa y hay 1 millón de parados que llevan más de un año sin trabajar (585.000 llevan más de 4 años parados). Urge tomar medidas eficaces para ayudarles a trabajar, sobre todo las autonomías, que gestionan (también) las fallidas políticas de empleo.

                            Enrique Ortega

Empecemos por ver cuántas personas cobran hoy el subsidio de desempleo. En septiembre de 2024 (último dato de Trabajo), cobraban alguna ayuda 1.703.095 desempleados, el 66,13% de los parados registrados en las oficinas de empleo (2.575.285 en septiembre). Eso significa que hay 872.190 parados registrados en el SEPE que no cobran ninguna ayuda, porque se les ha acabado el subsidio contributivo (24 meses ) o porque no han cotizado lo suficiente. Pero si miramos otro dato, las personas que “se consideran en paro”, según la EPA del tercer trimestre de 2024 (INE), los parados “estimados” eran 2.754.100 personas en septiembre. Hay 178.815 parados que “no se molestan” en registrarse como parados. Y así, hay más de 1 millón de parados “reales” (1.051.005) que no cobran ningún subsidio en España.

Pero además, los que sí cobran no cobran lo mismo. Hay “2 clases de parados”. Unos, los que tienen un subsidio contributivo, cuya cuantía tiene que ver con lo que cotizaron al desempleo cuando trabajaban y el tiempo cotizado: eran 783.907 parados beneficiarios de prestaciones contributivas en septiembre (el 46% del total) y cobraban de media 988,70 euros al mes. Y luego están el resto de parados que cobran alguna ayuda (919.188 beneficiarios, el 54% del total), un subsidio “asistencial”, por unos meses, porque se les ha acabado el subsidio contributivo o porque no tenían derecho a él por haber cotizado poco o nada. Y esta mitad larga de parados cobran 480 euros al mes. 

Resulta que el seguro de desempleo, aunque es una de las mayores partidas del Presupuesto (22.130 millones gastados en 2023), no llega a un tercio de los parados reales (a 1 millón de parados) y además, supone un ingreso mínimo para casi  otro millón. Por eso, ser parado en España (se cobre o no) es ser “casi pobre”: el 41,4% de los parados eran “pobres” en 2023 (ingresaban menos del 60% de la media española, menos de 916 euros mensuales), frente al 20,2% de pobres que hay entre todos los españoles, el 14,8% entre los jubilados y el 11,9% entre los que trabajaban, según la Red EAPN.

Así que el subsidio de paro, aunque lo critican como un “despilfarro” los neoliberales y muchos empresarios, es claramente “insuficiente”. Lo señala incluso un reciente estudio del Banco de España, que indica dos diferencias con Europa. Una, que la cobertura del desempleo es baja (61% sobre el paro real) y menor que en la mayoría de paises. Y la otra, que el subsidio recibido aquí es más alto, entre el 60 y el 80% del último salario, más que la media en Europa (claro que aquí también los sueldos son mucho más bajos). Además, la Comisión Europea lleva años pidiendo a España que reforme el subsidio de desempleo, no sólo para cubrir a más parados sino para que incluya mecanismos que inciten al parado a buscar más activamente un trabajo y le ayuden mejor a recolocarse. 

Bruselas pidió a España que incluyera la reforma del desempleo dentro del paquete de reformas exigidas a cambio de los Fondos europeos. Pero esta reforma supuso primero un enfrentamiento político entre dos “alas” del Gobierno Sánchez: el Ministerio de Trabajo (Yolanda Díaz) hacía más hincapié en mejorar las ayudas a los parados y la Vicepresidenta económica (entonces Nadia Calviño) estaba más preocupada por exigir una actitud más activa a los parados para buscar trabajo y en las medidas para recolocarles. Al final, se llegó a “un pacto contra reloj” entre ambas, porque era una reforma obligada a aprobar en 2023 para que España cobrara la 4ª entrega de los Fondos Europeos. Y por eso, el Real Decreto se aprobó el 19 de diciembre de 2023, en uno de los primeros Consejos del nuevo Gobierno Sánchez (21 noviembre). Después se envió al Congreso para convalidarse, pero tropezó: en enero de 2024, Podemos votó en contra, como “castigo al Gobierno” por no mejorar la cotización de los parados mayores de 52 años y PP y Vox aprovecharon para hacer “la pinza” y echar atrás la reforma pactada con Bruselas.

El Gobierno, ya fuera de plazo, se puso a la tarea de aprobar otra reforma. Yolanda Díaz quiso “arroparse” en sindicatos y patronal para sacarla adelante. El 8 de mayo de 2024, la ahora vicepresidenta y ministra de Trabajo se hizo una foto con los sindicatos, que apoyaron el nuevo texto de la reforma, que incluía “subir del 100 al 125% lo que se cotiza por los parados mayores de 52 años hasta que se jubilan”. Pero la patronal no apoyó la reforma, alegando que no se había dado “una verdadera negociación” y no se avanzaba en mejorar “la empleabilidad” de los parados ni en reformar las políticas activas de empleo”. Con este apoyo parcial, el Gobierno Sánchez volvió a aprobar la reforma del desempleo, el 21 de mayo, y la reenvió al Congreso, donde finalmente se aprobó el 20 de junio, con el apoyo ahora de Podemos (178 votos a favor) y 171 abstenciones (ahora) de PP y Vox.

El Decreto-ley de reforma entró en vigor este 1 de noviembre y afecta al desempleo “asistencial”, no al subsidio contributivo. El primer objetivo es ampliar el número de beneficiarios y aumentar lo que cobran. Para ello, se incluyen en este subsidio asistencial a 450.000 nuevos beneficiarios, de 3 colectivos que hasta ahora no cobraban: 160.000 parados menores de 45 años sin cargas familiares (recibirán 6 meses de subsidio), 260.000 eventuales agrarios de toda España (ahora solo tienen derecho los de Andalucía y Extremadura) y otros 30.000 que son trabajadores “transfronterizos” (marroquíes) en Ceuta y melilla. Estos nuevos beneficiarios y los 919.188 que ya cobraban el subsidio asistencial recibirán, ya este mes, una ayuda mayor: los 480 euros actuales subirán a 570 euros los primeros 6 meses, bajarán a 540 euros los 6 siguientes y volverán a 480 euros los 18 meses restantes (el máximo de este subsidio asistencial son 30 meses, según edad, circunstancias familiares y duración prestación contributiva). Sólo los parados mayores de 52 años seguirán cobrando lo mismo: 480 euros hasta que se jubilen.

El segundo cambio de esta reforma del subsidio asistencial es que se simplifica y se reduce burocracia. A partir de ahora, sólo hay 2 motivos para cobrar este subsidio. Uno, haber agotado la prestación contributiva (por la que se cotiza) o no haber cotizado suficiente para recibirla. Y el otro, ser un parado mayor de 52 años. Para el resto, los que no tengan ahora derecho a prestación, se abre “una pasarela” para que accedan a cobrar el ingreso mínimo vital (IMV), ya fuera del desempleo. Otras novedades pretenden simplificar el “papeleo”: se suprime el mes de espera para solicitar un subsidio, se amplía a 6 meses el plazo para solicitarlo y se recibirá desde el día de la solicitud. Además, se suprime el doble requisito de que justifiquen  rentas bajas el beneficiario y su familia. Eso sí, tendrán que presentar la declaración de la renta (IRPF) cada año, ganen lo que ganen.

El tercer cambio y el principal objetivo de este reforma es promover y facilitar que los parados encuentren trabajo. La primera medida es que a todos los parados que cobren ayudas se les va a exigir ahora la firma de “un acuerdo de actividad”: una serie de obligaciones que ha de cumplir cada parado para mejorar su empleabilidad, desde cursos de formación y adaptación hasta explicar los trabajos que rechacen. Significa que habrá “un mayor control” del parado, no bastará con que renueve su demanda y cobre, como ahora (de hecho, el reconocimiento del subsidio durará ahora 3 meses: luego tendrá que renovar la solicitud). A cambio, la reforma abre una vía inédita a los parados: que puedan aceptar un trabajo (6 meses) sin perder temporalmente el desempleo. Hasta ahora era incompatible y eso hacía que muchos parados renunciaran a trabajos de temporada (verano o Navidad) porque perdían el paro y no les compensaba. Este cambio ahora puede facilitar que los parados acepten trabajos y las empresas “los prueben”. Sólo se ponen dos salvaguardas para evitar fraudes: que no puedan hacerlo empresas con ERE y que una empresa no pueda contratar temporalmente a un parado que haya trabajado con ella el año anterior.

Ahora falta ver cómo se desarrolla esta reforma del subsidio asistencial, si la cobran más parados y si les ayuda a salir del desempleo. Porque esta es la clave: recolocar a los parados, algo que las oficinas de empleo no consiguen. Los datos son muy evidentes, en el pasado y ahora. Así, en la última década (julio 2012 a julio de 2022), las oficinas de empleo sólo intermediaron 4,2 millones de contratos, el 2% de los contratos hechos (mientras las ETTs privadas intermediaron el 16,4% ). Y en 2022, las oficinas de empleo (SEPE), gestionadas por las autonomías, sólo intermediaron el 2,2% de los contratos . Por si no quedara claro, en el último Barómetro del CIS (octubre 2024), cuando se pregunta a los españoles “cómo consiguieron su trabajo actual”, sólo el 1,9% responde que a través de los servicios de empleo (INEM o SEPE). La mayoría dice que lo consiguió por “familiares, amigos y conocidos” (19,5%), llevando su currículo a empresas (18,2%), por “oposición” (14,4%), haciéndose autónomo (13,5%), en Webs de empleo (11,1%) o ETTs (2,5%).

España gasta menos que el resto de Europa en “políticas activas de empleo”, a pesar de que tenemos el doble de paro: en 2024, vamos a gastar 6.400 millones de euros, más del doble que hace una década  pero un porcentaje más bajo (el 0,41% del PIB) que la media europea (0,55% del PIB), Alemania (0,5%), Francia, Dinamarca o Finlandia (gastan 0,65% de su PIB). Este es “el primer contrasentido”: gastamos comparativamente más que toda Europa en pagar a los parados (y aún así, 1 millón no cobran nada hasta esta reforma) y muchísimo menos en ayudarles a buscar trabajo. Y “el 2º contrasentido”: gestionamos mal las políticas de empleo, porque no les interesan ni a los parados.

El primer dato llamativo es que hay 178.815 parados que se consideran como tales cuando les pregunta el INE (EPA) y que no están registrados como parados en las oficinas de empleo (SEPE) : ni se “molestan”, porque piensan que no van a pagarles un subsidio. Pero el desinterés por el SEPE es mayor entre los jóvenes. Salta a la vista con este otro dato: hay 524.000 parados menores de 30 años “estimados” en la EPA (septiembre 2024) y sólo 394.434 parados menores de 30 años registrados en el SEPE. De hecho, un estudio de InfoJobs y Linkedin señala que sólo la mitad (58%) de los parados de 16 a 24 años están registrados en las oficinas de empleo, porque la mayoría busca trabajo en Internet y con la ayuda de amigos y familiares.

Y no es de extrañar, porque las 4.000 oficinas de empleo (SEPE), mal gestionadas por las autonomías (y de forma muy desigual),  están colapsadas y no tienen ni medios ni personal (8.100 personas, pero necesitarían 12.000, según los sindicatos) ni tecnología (su sistema informático es obsoleto y colapsa con frecuencia) para ayudar a los 2.602.054 parados registrados (octubre 2024). Y sobre todo, no tienen personal cualificado ni realizan un seguimiento para “asesorar a los trabajadores” (uno a uno) a buscar y encontrar empleo, como establece la Ley de Empleo aprobada en febrero de 2023 y que debería estar aplicándose este año. Pero la realidad es otra: sólo 1 de cada 38 parados recibe una oferta de empleo del SEPE, según sus propias estadísticas. El resto, “se busca la vida”…

Mucha culpa de esta ineficacia de la SEPE la tienen las empresas españolas, que se quejan de que “no encuentran trabajadores” pero que apenas utilizan las oficinas de empleo públicas para buscar empleados: se apoyan más en ETTs, redes sociales y conocidos. Baste otro dato: en la web del SEPE hay registradas sólo 74.419 empresas, que tienen registradas 26.710 ofertas de trabajo…Y además, las empresas no colaboran con las oficinas públicas de empleo para promover cursos de formación a parados que les sean útiles para contratarlos después. De hecho, los cursos de formación del SEPE son otro fracaso: asisten menos del 10% de los parados registrados. Y en muchos casos, porque son demasiado largos (más de 600 horas) y poco ligados a la formación que se necesita, además de muy presenciales.

Otra pata que falla en las políticas de empleo son los incentivos a la contratación de parados, generalmente bonificaciones o deducciones en las cotizaciones sociales a las empresas que contratan a determinados trabajadores (mayores, discapacitados, mujeres, jóvenes. Los expertos (AIReF, Funcas) han reiterado que estos contratos subvencionados (15 millones al año) son un coste inútil, “un peso muerto”: la mayoría se harían sin la ayuda, que sólo reduce el coste laboral de las empresas. Hay colectivos de parados cuya contratación hay que apoyar, pero por otras vías, como la formación y reconversión. Una urgencia  son los “parados de larga duración” , los que llevan más de 1 año sin trabajar: son ya 1.025.000 parados (el 79%, mayores de 45 años), el 37,21% del total (el 44% en Andalucía y Canarias). Y entre ellos, hay 585.000 que llevan parados más de 4 años. El Gobierno prometió en 2023  un Plan especial para combatir  este “paro enquistado” y no se ha aprobado nada.

En resumen, somos el país con más paro de Europa y el que menos y peor gasta en ayudar a esos 2,7 millones de parados reales a recolocarse. Esa es la reforma del paro que urge y la que no se aborda, porque la gestión del empleo está (también) en manos de las autonomías y cada una gestiona a su aire los recursos públicos de Europa, del Presupuesto estatal y de sus propias cuentas (poco). Así que seguimos fracasando ante “una tasa de paro inadmisible”, nuestra gran “asignatura pendiente”.

lunes, 29 de abril de 2024

EPA marzo 2024: "bache" en el empleo

Se ha repetido lo del año pasado: en el primer trimestre de 2024 “pinchó” el empleo, perdiéndose -139.700 ocupados, la mayor caída desde 2020, según la EPA del viernes. Y eso, aunque la Semana Santa se celebró en marzo. El empleo cayó en los servicios y entre las mujeres, mejorando entre jóvenes y mayores de 50 años, en Madrid , Canarias y el norte. Y sube el paro, rozando los 3 millones de desempleados, con un tercio que no cobra nada (tras paralizar Podemos la reforma del desempleo). Parece que el menor crecimiento está retrayendo al empleo, lo que exige activar Planes de contratación y, sobre todo, reformar las oficinas de empleo (dependientes de las autonomías) , que no funcionan: sólo recolocan al 1,9% de los parados. Urge poner en marcha la Agencia Española de Empleo y ayudar a empresas y parados a encontrarse. Porque seguimos con el doble de paro que Europa, aunque tengamos un récord de españoles trabajando (21,25 millones). Todos por el empleo.

                    Enrique Ortega

El primer trimestre suele ser malo para el empleo, por el fin de las Navidades y el menor consumo en la “cuesta de enero”. Por eso, entre enero y marzo de 2023 se perdieron -11.000 empleos, en el primer trimestre de 2022 otros -100.200 empleos, -137.500 al inicio de 2021 y hasta -285.600 empleos perdidos al inicio de 2020 (por la pandemia). Pero este año, la Semana Santa ha caído en pleno marzo (algo que no pasaba desde 2018) y se esperaba que el récord de viajes y turismo rompiera la tendencia y mejorara el empleo. Pero no ha sido así: se perdieron –139.700 empleos entre enero y marzo de 2024, según la EPA publicada el viernes, la mayor caída de empleo en el primer trimestre desde 2020.

El empleo cayó sobre todo en el sector privado (-114.100 empleos) y menos en el sector público (-25.600 empleos), bajando en la industria (-38.500 empleos), agricultura (-27.600) y construcción (-17.500), pero sobre todo en los servicios (-56.100 empleos), a pesar de la Semana Santa, según la EPA. La pérdida de empleo la sufrieron más las mujeres (-86.800 ocupadas) que los hombres (-52.900 ocupados) . Y cayó sobre todo entre los ocupados de mediana edad (entre 35 y 50 años se perdieron 150.200 empleos), mientras crecía el empleo entre los más jóvenes (+29.400 ocupados menores de 24 años) y, sobre todo, entre los mayores de 50 años (+31.500 ocupados en el primer trimestre). Y por autonomías, el empleo cayó sobre todo en el País Vasco (-39.200), Comunidad Valenciana (-34.900), Andalucía (-24.700) y Baleares (-23.100), mejorando en Madrid (+44.700 ocupados), Canarias (+9.800), Cantabria (+6.500) y Asturias (+6.600), destinos de muchos viajes en Semana Santa.

Con esta caída del empleo en el primer trimestre de 2024, ahora trabajan en España    21.250.000  personas, la cifra más alta de la historia, según el INE. Trabajan ahora en España 615.800 personas más que hace un año y hay 1.283.100 ocupados más de los que había antes de la pandemia (19.966.900 trabajaban a finales de 2019), a pesar de la posterior crisis por la inflación y la guerra de Ucrania. Y ya hay casi 10 millones de mujeres trabajando (9.857.000 a finales de marzo, un récord histórico en España  (baste recordar que había 8.214.700 mujeres trabajando en marzo de 2007).

Esta caída del empleo al inicio de 2024 (-139.700 ocupados) ha facilitado que suba el paro en el primer trimestre (+117.000 parados), aunque menos, porque han caído los españoles “activos”, las personas que buscan trabajo ahora, tras la pandemia y la crisis por la inflación: se redujeron en -22.400 en el primer trimestre de 2024 (frente a un aumento de +92.700 al inicio de 2023) , suavizando algo las cifras de paro, según la EPA. Se ha roto así al inicio de 2024 un proceso que se repetía trimestre a trimestre: aumentan las personas que buscan trabajo. Y ya hay más adultos “activos” (buscando trabajo o trabajando) que antes de la pandemia: 24.297.900 personas frente a 23.064.100 a finales de 2019. Todo apunta a que seguiremos así, con lo que en los próximos meses sucederá lo que hasta ahora: el paro bajará menos de lo que sube el empleo.

Volviendo al paro, ha subido en +117.000 personas en el primer trimestre, una subida mayor a la de comienzos del año pasado (+103.800 parados) y a la del primer trimestre de 2022 (+70.900 parados), siendo superada sólo por el aumento del paro al inicio de 2020, por la pandemia  (+121.000 parados), según la EPA del viernes. El paro ha subido el doble entre los hombres (+77.500 parados, 1.408,7 en total ) que entre las mujeres  (+39.400 paradas, 1.569.200 en total) 0000000 paradas), un síntoma claro de que hay más mujeres buscando trabajo (activas). Y por edades, el paro crece sobre todo entre los mayores (+106.600 parados entre 25 y 54 años y +26.500 entre los mayores de 50 años), mientras se reduce el paro juvenil (-16.100 parados menos de 24 años) . El paro subió sobre todo en los servicios (+128.600). Y por autonomías, el mayor aumento del paro se dio en Baleares (+28.300 parados), Castilla la Mancha (+27.400), País Vasco (+22.100) y Galicia (+16.700), bajando el paro en el primer trimestre en Canarias (-14.500) y Madrid (-14.100 parados.

La cifra total de desempleados roza los 3 millones (2.977.900 en el primer trimestre), la más baja en España desde 2007 (1.942.000 parados entonces), según el INE. Y la tasa de paro española sube al 12,29 % (desde el 11,76% a finales de 2023), aunque es la menor desde 2008 (13,79% de paro), aunque sigue duplicando la tasa de paro europea (6% en febrero) y la de los principales paises de la UE, como Francia (7,4% de paro), Italia (7,5%) y sobre todo Alemania (3,2% de paro, la cuarta parte que España).Y sigue muy elevada la tasa de paro juvenil (menores de 25 años): el 27,7 % de los más jóvenes están en paro, el doble que en Europa (14,6% de paro juvenil) y más que en Francia (17,2), Italia (22,8%) y Alemania (5,8% de paro juvenil, la quinta parte que en España), según Eurostat.

Los datos de paro, aunque casi al nivel de 2007, revelan tres cuestiones preocupantes. La primera, que todavía hay 977.900 hogares con todos sus miembros en paro (35.300 hogares menos que antes de la pandemia). La segunda, que España sigue con 6 regiones que tienen una tasa de paro “escandalosa”: Melilla (32,44% de paro), Ceuta (28,99%),), Andalucía (17,77%), Extremadura (17,61%),  Castilla la Mancha (15%) y Canarias (14,88% de paro), según la EPA de hoy. Y hay otras 6 regiones con un paro “europeo”, por debajo del 10%: Cantabria (7,53%), País Vasco (8,44%), Aragón (8,94%), Cantabria (9,29%), Aragón (8,04%), País Vasco (8,53%), Navarra (8,82%), Madrid (9,19%) y Cataluña (9,48%). Y la tercera cuestión preocupante, los parados de larga duración: aumentan ligeramente (+5.500) los que llevan más de 1 año sin trabajo: son ya 1.146.000 parados, el 38,48 % de todos los parados.

Esto provoca que a muchos parados se les acabe el desempleo y no cobren ya ningún subsidio, pasando a una situación de pobreza extrema. En febrero de 2024, último dato de Trabajo, cobraban alguna ayuda 1.893.595 desempleados: menos de la mitad (el 46,2%) cobraban un subsidio contributivo (según lo cotizado), de 984,60 euros de media, y el resto (un 53,58%) cobraban un subsidio asistencial, de 480 euros mensuales. Así que, solo el 69,44% de los parados registrados en el SEPE  (2.727.003 en marzo) cobran algún subsidio. Y si tomamos los parados estimados por la EPA de hoy (2.977.900 parados), la cobertura del desempleo alcanza sólo al 63,58%. Eso significa que algo más un tercio de los parados (el 36,42 %) no cobra ninguna ayuda pública, cuando antes de la pandemia, en 2019, eran un 38,5% los parados que no cobraban nada. De hecho, CCOO denuncia que un 35% de los parados inscritos en el SEPE con experiencia laboral no cobran ninguna ayuda pública por desempleo (y un 41% si se suman los parados que nunca han trabajado).

Mientras el empleo pasa por un "bache", al comienzo de 2024, la mejor noticia sigue siendo que el empleo que se crea sigue siendo menos precario, de más calidad, gracias a la reforma laboral aprobada a finales de 2021. En este primer trimestre de 2024, el 44,5% de todos los contratos firmados fueron indefinidos (1.535.000 de 3.446.500), según Trabajo, un porcentaje que mejora los de 2023 (42,87% contratos fueron indefinidos) y 2022 (38,37% de indefinidos), pero que cuadruplica los contratos indefinidos de 2021 (10,9%) y multiplica por 6 los contratos indefinidos que se firmaban entre 2014 y 2020 (entre el 6 y el 8% del total), según los datos de Trabajo. Y además, de cada 3 contratos hechos este primer trimestre, 2 son a tiempo completo (2.014.200) y 1 a tiempo parcial (983.500). Con ello, aumentan los asalariados con contrato fijo (indefinido): eran 15.226.800 asalariados a finales de marzo, el 84,3% del total, 2.561.000 trabajadores fijos más que antes de la reforma laboral (había 12.665.800 asalariados fijos a finales de 2021, el 74,61% del total). Y el porcentaje de trabajadores temporales baja del 25,39% al 13,84% ahora, ahora más bajo que la media de temporalidad en Europa (14,60% en 2023), según Eurostat.

Otro dato importante: España no solo sigue creando empleo, más que la mayoría de Europa (+616.000 empleos en 2023, más que los 371.000 nuevos empleos de Alemania y los 196.000 de Francia juntos, según Eurostat) sino que está reduciendo la economía sumergida, ya que aumentan más los cotizantes a la Seguridad Social que los ocupados. Así, en marzo de 2024 había 21.032.661 afiliados a la Seguridad Social, la cifra más alta de la historia y 530.843 cotizantes más que un año antes. Y otra cuestión positiva a destacar: el aumento de la afiliación se está dado en sectores claves y de alto valor añadido, que crean un empleo estable y de calidad. Así, 1 de cada 5 nuevos afiliados desde 2019 se han registrado en actividades profesionales, científicas y técnicas (+179.920 afiliados) y en tecnologías de la información y la comunicación (+151.230 afiliados), que ya han creado más empleos que sectores “clásicos” como la construcción (+132.254 afiliados), la hostelería (+126.906 afiliados) o el transporte y almacenamiento (+114.244 afiliados).

Todos los expertos, desde la Comisión Europea al Banco de España, destacan que España sigue creando mucho empleo aunque la economía crezca menos (el FMI prevé que crezcamos un 1,9% este año, frente al 2,4% en 2023), debido al tirón del turismo, a la ayuda de las exportaciones y al mantenimiento del consumo, empujados por un aumento de la población derivado del flujo de inmigrantes. Pero hay que apoyar este “milagro” del empleo (y más tras el bache del primer trimestre) con medidas para mantener el consumo (los salarios deben subir más, porque están creciendo por debajo del 3%, menos que la inflación, ahora en el 3,2%) y, sobre todo, con medidas para incentivar la contratación de parados, sobre todo de mayores, jóvenes y mujeres. Porque no olvidemos que en España trabajan menos personas que en Europa (el 65,7% de los adultos frente al 70,4% en la UE-27 y el 77,3% en Alemania) y si nos equiparáramos, debería haber 2 millones de personas más trabajando.

Para conseguirlo, hay que seguir reformando y modernizando la economía, para fomentar la tecnología, la industria y los sectores con futuro, pero sobre todo, hay que cambiar radicalmente la gestión del desempleo. En dos sentidos. Por un lado, reformando el seguro de paro, para conseguir que la mayoría de los parados cobren un subsidio ligado a mejorar su formación y a encontrar empleo. Era lo que pretendía la reforma aprobada en 2023 por el Gobierno y que no se ha puesto en marcha por el bloqueo parlamentario de Podemos. Y por otro, reestructurando a fondo las oficinas de empleo, el SEPE, para que sea realmente una “agencia de colocación”, algo que llevan años pidiendo los empresarios y los sindicatos. En marzo de 2023 entró en vigor la nueva Ley de Empleo, pero no se ha creado todavía la prometida Agencia Española de Empleo que sustituirá al SEPE.

Y entre tanto, la gestión pública del desempleo (en manos de las autonomías) sigue siendo un desastre: las oficinas del SEPE sólo consiguieron recolocar al 1,9% de los parados en 2023, el porcentaje más bajo desde 2015, siendo más bajo en Cataluña, Comunidad Valenciana, Murcia, Galicia, Canarias, Madrid y Baleares. Y eso a pesar de que el Gobierno central les transfirió a las autonomías 2.800 millones para políticas activas de empleo, un dinero que no se sabe cómo se ha gastado (suponiendo que no haya ido a otros destinos, como ha pasado con el dinero para Dependencia o Sanidad. Al final, hace ya años que nos “vendieron” que se iba a personalizar la recolocación de los parados, ayudando a cada uno a encontrar trabajo, pero no se hace, por falta de personal, medios y voluntad política. Y así seguimos, con 2,8 millones de desempleados y casi el doble de paro que el resto de Europa.

Tras el “bache del empleo” en el primer trimestre, urge reforzar la contratación, promoviendo la formación de los parados y de los nuevos estudiantes y licenciados para que consigan trabajar y no pase que hay empleos sin cubrir. Hay que actuar en cada autonomía y en cada ciudad, para saber los empleos que hacen falta y cómo cubrirlos, como ayudar a los parados a recolocarse, uno a uno, divulgando más las ofertas y demandas. Hay que olvidarse del triunfalismo de que estamos en niveles récord de empleo y profundizar en la contratación, en reducir las desigualdades de paro entre norte y sur, entre profesiones y edades, entre hombres y mujeres, consolidar y afianzar la mejora del empleo. Día a día. Porque el paro es la 1ª preocupación de los españoles. No lo olviden.    

lunes, 25 de diciembre de 2023

Más subsidio para más parados

La primera medida económica de calado aprobada por el nuevo Gobierno Sánchez ha sido la reforma del desempleo, que hoy cobran sólo 2 de cada 3 parados registrados (1 millón de parados no cobran nada). El objetivo de esta reforma, exigida por Bruselas y que entrará en vigor el 1 de junio, es doble. Por un lado, que el subsidio de paro llegue a 425.000 desempleados más y que cobren algo más (entre 570  a 540 euros el primer año, frente a 480 hoy), porque la mitad de los parados son “pobres”. El otro objetivo es conseguir un mayor compromiso (y control) de los parados en la búsqueda de empleo, ayudándoles con asesoramiento personalizado. Es un avance, pero la clave es conseguir que las oficinas de empleo (hoy inútiles, salvo para papeleos) ayuden a los parados a encontrar trabajo, con tutorías y formación, sobre todo para los mayores de 50 años, que hoy no encuentran empleo y malviven con los subsidios. Políticas activas de empleo y no limosnas. 
 
                 Enrique Ortega

Empecemos por ver cuántas personas cobran hoy el desempleo. En octubre (último dato de Trabajo), cobraban alguna ayuda 1.736.502 parados, el 62,9% de los parados registrados en las oficinas de empleo (2.759.404 parados inscritos en octubre). Eso significa que 1 millón de parados registrados como tales (exactamente 1.022.902) no cobran ninguna ayuda, porque se les ha acabado el paro o porque no tienen derecho por no haber cotizado suficiente. Y si lo comparamos con las personas que se consideran paradas, según la EPA, 2.855.200 a finales de septiembre (hay 95.796 parados que no se han registrado en el SEPE), resulta que hay 1.118.698 personas que dicen estar en paro y no cobran ningún subsidio. 

Volviendo a esos 1.736.502 parados registrados que sí cobran ayuda, hay dos tipos de subsidios. Menos de la mitad de los parados, 772.852 desempleados (el 44,5% de todos los beneficiarios) cobran un subsidio contributivo, cuyo importe tiene que ver con el tiempo que ha trabajado y cotizado (se exigen 360 días de cotización en los últimos 6 años) y con su sueldo (reciben el 70% de la base reguladora los primeros 6 meses y el 50% después). Y se cobra entre 4 meses (si ha cotizado menos de 539 días) y un máximo de 2 años (para los que han cotizado 720 días). En octubre, el importe medio que cobraban esos 772.852 parados con prestación contributiva era de 974,20 euros mensuales.

Y luego están la otra mitad larga de parados, 963.650 desempleados (el 55,5% del total que cobran algo) que reciben el subsidio asistencial, una ayuda para los que ya no tienen derecho a la prestación contributiva, porque se les ha acabado o no cotizaron lo suficiente (710.622 en octubre) o son eventuales agrarios de Andalucía y Extremadura (158.552 parados más) o han agotado todas las prestaciones (renta mínima de inserción: 94.476 parados la recibían en octubre). El importe de este subsidio, que ya no tiene que ver con el tiempo cotizado, es igual para todos y se fija cada año, en un 80% del IPREM (un indicador público de referencia para ayudas y subvenciones): en 2023 es de 480 euros, lo que cobran de subsidio asistencial esos 963.500 parados. Y este subsidio asistencial (no el contributivo) es el que contempla la reforma aprobada la semana pasada.

¿Quién cobra este subsidio asistencial de 480 euros?  La mayoría son parados de más de 52 años (433.691 parados, el 44,65% del total), que cobran esta prestación mensual hasta que alcanzan su edad legal de jubilación (66 años y 4 meses o 65 años si ha cotizado suficiente). Otro grupo importante, según los datos del SEPE,  son los parados que han agotado su prestación contributiva (136.785 parados, el 14,8% de los subsidios asistenciales). Y les siguen los parados que han cotizado menos de lo exigido para tener una prestación contributiva (120.766 parados, el 10,07% del total). Luego están los trabajadores eventuales del campo de Andalucía y Extremadura, que cobran la renta agraria (74.518) o el subsidio agrario (82.024 parados), que exige menos requisitos. Y quedan los 97.874 parados (10,07% de los subsidios asistenciales) que cobran la renta activa de inserción, una última oportunidad de cobrar algo para los que han perdido todos los subsidios.

Todos estos colectivos cobran esos 480 euros al mes durante 6 meses, aunque puede extenderse hasta 30 meses a los parados mayores de 45 años con cargas familiares (los mayores de 52 años, cobran el subsidio hasta que se jubilan). Según los datos del SEPE, el 55% de los parados que cobran estos subsidios asistenciales son mujeres, el 68% tienen más de 50 años y el 92% son españoles (sólo un 8% son extranjeros). Y por regiones, la mayoría de los que cobran el subsidio viven en Andalucía (496.691 subsidiados, el 8,20% de sus activos), seguidos de Cataluña (228.093 subsidiados, el 2,4% de sus activos), Comunidad Valenciana  (200.486 subsidiados, el 4,1% de sus activos), Madrid (173.512 subsidiados, el 1,9% de sus activos), Canarias (95.586 subsidiados, el 4,8% de sus activos), Galicia  (81.824 subsidiados) y Extremadura (71.686 subsidiados, el 10,4% de sus activos).

El primer problema que tiene este subsidio de desempleo es que 1 millón largo de parados registrados no cobra nada y que la mayoría de los que sí cobran, esos 963.650 parados que tienen un subsidio asistencial sólo reciben 480 euros mensuales. Eso les lleva a una situación de marginalidad: el 41,7% de los parados están (2022) en una situación de “pobreza” (ganan menos del 60% de la media del país), el doble que la media de españoles (20,4% son  oficialmente “pobres”), según la Red Europea de lucha contra la pobreza (EAPN). El segundo problema, es que muchos parados llevan años en el desempleo, un pozo del que no salen: el 39,67% de todos los parados (1.132.700) llevan más de 1 año sin trabajo, según la EPA. Y la mayoría de los parados con más de 50 años no encuentra trabajo nunca.

La reforma aprobada el pasado martes por el Gobierno y pactada antes con Bruselas (para recibir la 4ª entrega de Fondos europeos, 10.021 millones solicitados el miércoles pasado) busca abordar esos 2 problemas de fondo del desempleo en España: que cobren más subsidio más parados y tratar de sacarles del desempleo, con más exigencias para que sigan cobrando y con más ayudas para recolocarles. Trabajo (Yolanda Díaz) ha hecho más hincapié en mejorar las ayudas y la vicepresidenta económica (Nadia Calviño) se ha preocupado más por exigir una actitud más activa a los parados para buscar trabajo y ayudarles más a recolocarse. Al final, la reforma aprobada es un pacto entre ambas.

El primer objetivo de esta reforma de los subsidios de desempleo (la prestación contributiva no se toca) es ampliar el número de beneficiarios y aumentar lo que cobran. Para ello, se incluyen en este subsidio a 3 colectivos que ahora no cobraban nada, 425.000 nuevos beneficiarios: 150.000 parados menores de 45 años sin cargas familiares (recibirán 6 meses de subsidio, siempre que hayan cotizado 3 años, periodo que los sindicatos ven “excesivo”), 250.000 eventuales agrarios de toda España (ahora sólo tienen derecho los de Andalucía y Extremadura) y otros 25.000 que son trabajadores “transfronterizos” (marroquíes) en Ceuta y Melilla. Ellos, y los 963.650 parados que hoy cobran el subsidio asistencial recibirán una ayuda mayor: los 480 euros actuales subirán a 570 euros los primeros 6 meses, bajarán a 540 euros los 6 siguientes y volverán a 480 euros los 18 meses restantes (el máximo son 30 meses, según edad, circunstancias familiares y duración de la prestación). Sólo los mayores de 52 años seguirán cobrando hasta jubilarse los 480 euros actuales.

Con la reforma, el subsidio asistencial se simplifica y sólo habrá 2 motivos para cobrarlo. Uno, haber agotado la prestación contributiva o no haber cotizado suficiente para recibirla. Y el otro, ser mayor de 52 años y estar en paro. Para el resto, los que agoten esta prestación contributiva, se abre una “pasarela” para que accedan a cobrar el ingreso mínimo vital (IMV), ya fuera del desempleo. Otra novedad es que se acelera el cobro del subsidio: ya no habrá un mes de espera sin cobrarlo, se recibirá desde que se conceda.

El segundo objetivo de esta reforma es conseguir que los parados encuentren empleo, facilitar y promover que lo busquen y encuentren. La primera medida es permitir cobrar este subsidio y trabajar durante menos de 6 meses, algo ahora incompatible. Eso provoca que haya parados que rechacen hoy un trabajo de temporada (verano o Navidad) porque tienen que renunciar al subsidio y lo que ganan no les compensa perderlo. Esto debería facilitar que los parados acepten trabajos y que las empresas los “prueben”.  Sólo se ponen dos salvaguardas, para evitar fraudes: que no pueden hacerlo empresas con un ERE y que una empresa no puede contratar a un parado que haya trabajado con ella el año anterior.

Otra medida para incentivar a los parados a buscar y aceptar trabajo es que se les va a exigir ahora la firma de un “acuerdo de actividad”, a cambio de cobrar el subsidio: se trata de una serie de obligaciones que ha de cumplir el parado para mejorar su empleabilidad. No sólo tendrá que demostrar cada año sus ingresos (con la declaración del IRPF), sino que tendrá que actualizar su situación, hacer los cursos y la adaptación que se le exija y justificar los trabajos que rechace. Todo ello supondrá un mayor control del parado, ya no renovará sin más su demanda para cobrar, como ahora. Y si incumple, perderá el subsidio de desempleo.

La clave del éxito de esta reforma no está en el Real Decreto Ley aprobado la semana pasada, que entrará en vigor el 1 de junio de 2024 (para nuevas cuantías, beneficiarios y requisitos), el tiempo que necesitan las oficinas de empleo para adaptarse. Lo decisivo será la aplicación de la Ley de Empleo, aprobada en febrero de 2023, que pretende conseguir una tutoría personalizada de todos los parados: que las oficinas de empleo tengan un análisis laboral de cada parado y lo ayuden a colocarse, con políticas específicas para cada grupo o colectivo. Se busca que las oficinas de empleo dejen de ocuparse de la burocracia de los subsidios (ahora más simples) y se dediquen a asesorar a cada uno de los parados a salir del paro. Un dato de su ineficacia: en la última década, las oficinas de empleo (SEPE) sólo han intermediado en un 2% de los contratos conseguidos por los parados, según Trabajo. Ahora, el compromiso que se fija la Ley de Empleo es hacer un seguimiento personalizado de cada parado a lo largo de 2024.

En paralelo al Real Decreto de reforma del subsidio de desempleo, el Gobierno se ha comprometido a elaborar en 6 meses (para junio de 2024), con sindicatos y patronal,  una Estrategia para reducir el paro de larga duración, “dar una salida” a esos 1.132.700 parados que llevan más de 1 año sin trabajar, la mayoría mayores de 45 años (el 79% del total). Para conseguirlo, plantea elaborar en 2024 una herramienta que permita  a estos “parados difíciles” acceder a oportunidades de empleo, emprendimiento o formación.

La reforma a fondo del desempleo es clave para un país como España, que tiene el doble de paro que Europa (12% de la población activa frente al 6% la UE-27 y el 3,1% en Alemania, según Eurostat). La derecha y una buena parte de los empresarios siempre han pensado que muchos parados “no quieren trabajar” y prefieren “vivir del paro” (es falso: el 80% de los parados no agotan su prestación, según Yolanda Díaz). Por esa actitud "condenatoria", han defendido siempre  recortes en el seguro de desempleo. El más drástico es el que hizo Rajoy en 2013, recortando la protección, subiendo el subsidio hasta la jubilación de 52 a 55 años  y bajando la cotización pública por los parados (al 80%). Con ello, la cobertura de parados con alguna ayuda se desplomó, del 70,7% que cobraban algo en 2011 al 61,44% en diciembre de 2013, el 54,87% en 2015 y el 56% en mayo de 2018, antes de irse de la Moncloa. El primer Gobierno Sánchez aumentó la cobertura, que ahora está en el 67% (bruta). Y además, como en estos 5 años se han creado 1.738.000 empleos netos, ha aumentado la recaudación de cotizaciones para el desempleo. Y así, hoy tenemos más parados cobrando más (entre 2013 y 2017, el paro asistencial se estancó en 426 euros mensuales) pero, además, el sistema tiene un superávit de +5.700 millones, mientras con Rajoy tenía un déficit de -66.000 millones, según señaló Yolanda Díaz tras el Consejo de Ministros.

Pero seguimos teniendo un problema: España gasta mucho en subsidios a los parados (21.287 millones gastaremos este año 2023) y poco en ayudarles a encontrar trabajo (8.029 millones en 2023, aunque es el doble que en 2014). Por eso, muchos expertos creen que hay que apostar más por las “políticas activas de empleo”, por gastar más en formar y recolocar a los parados, para tener menos parados y gastar menos en subsidios. Y no sólo se trata de gastar más en incentivar la contratación de los parados, sino hacerlo de otra manera, porque hoy el 30% de los incentivos son para rebajar cotizaciones a los parados que se contratan y todo indica que es poco eficaz, que las empresas los contratarían igual y lo consideran una subvención encubierta, no un incentivo real a su contratación.

Por ello, hay que avanzar en “políticas activas” de empleo eficaces, por 3 caminos: orientar a los parados para ayudarles a buscar trabajo (sobre todo a los mayores y a los colectivos con más problemas para recolocarse), planes de formación para parados ligados a lo que demandan las empresas (que se quejan de que “no encuentran trabajadores”) y una mayor información de la demanda y oferta real de empleo, dinamizando la web de la SEPE (que solo tiene 71.753 empresas registradas, 685.304 demandantes y 51.265 ofertas de empleo). Eso exige destinar más recursos a las futuras oficinas de empleo (Agencia Pública de Empleo), sobre todo contratar personal especializado (como el de las ETTs), dado que tienen muy poco personal (8.000 empleados y necesitarían 3.500 más), demasiado mayor y poco formado para ayudar a recolocar a los parados. Y sobre todo, una mayor coordinación entre autonomías, porque la gestión del desempleo está en sus manos y cada una tiene una política distinta para gestionar los fondos estatales para políticas activas de empleo.

En resumen, que el Gobierno Sánchez ha dado un paso importante para intentar reformar el desempleo, para que los parados sean “menos pobres”, pero la clave sigue estando en conseguir que los 2.855.200 parados actuales encuentren un empleo. Y eso exige más recursos y más personal para reorientarles, formarles y ayudarles a colocarse. Es nuestra gran asignatura pendiente.