Todo lo que está pasando con la vivienda en España es la resaca del estallido de la burbuja inmobiliaria, en 2008. En los años 90 y a principios de este siglo, se produjo un “boom inmobiliario”, alimentado por la banca y el Gobierno Aznar, que multiplicó las grúas y el número de españoles propietarios: en 2007 hubo 829.283 compraventas, sólo un 7% de extranjeros. Pero en 2008, estalló la crisis de las hipotecas basura y se desplomaron las construcciones y las compraventas: 299.383 en 2013, el peor año de la crisis. A partir de ahí, con precios de saldo (la vivienda cayó un -51% entre 2008 y 2013), la vivienda empezó a recuperarse, de la mano de bancos, inversores y Fondos de inversión, que aprovecharon los precios de saldo. Y en 2025 ya se compraron 746.944 viviendas (casi como el año récord de 2007), el 17% (1 de cada 5,5) compradas por extranjeros. Y en 2026, España es el país europeo con más inversión extranjera en inmuebles, “el Dorado del ladrillo”.
Frente a esta situación, el Gobierno Sánchez, presionado
por Sumar, intentó
pactar en julio un Decreto que resolviera los problemas más
urgentes de los alquileres, básicamente prorrogando los alquileres
que vencen en 2027 y 2028 y limitando los desahucios. Intentó negociarlo
con Junts y PNV y con Podemos, sin cuyo apoyo no podía aprobarse. Y como no
parecía posible, lo
dejaron para septiembre, cuando también se veía difícil
conseguirlo. Pero sucedió algo imprevisto: el 23 de septiembre, Maricarmen,
una anciana de 87 años fue desahuciada por la empresa Urbagestión de la casa
donde vivía de alquiler desde hacía 71 años. Su imagen
saliendo en camilla al hospital conmocionó al país, con
movilizaciones en media España. Y parecía que iba a conseguir que Junts y
Podemos apoyaran los cambios que rechazaron en julio, con un Decreto
de mínimos aprobado
el martes 29 de septiembre.
Otra medida
importante es que se aprueba una deducción fiscal del 10% para todos los
inquilinos (puede ser de 512 euros de
media) y mantiene la deducción fiscal del 50% para los caseros, que sube al
100% de deducción si acepta reducir la renta un 15% (y baja al 15% si n la sube
un 20%).
Otra medida importante del Decreto es que limita los
alquileres de temporada, al obligar a demostrar la causa que lo
justifica, y los alquileres por habitaciones, al poner un tope: el ingreso por
todas las habitaciones no podrá superar al de un alquiler de todo el piso (algo
difícil de controlar). Y se obliga a los pisos turísticos a pagar un IVA
del 10% (ahora no pagan nada), que no es del 21% para “contentar” a
Junts (y al PNV). También es importante en el Decreto la creación de un
nuevo préstamo público (ICO) para facilitar la compra de vivienda habitual:
préstamos del 20% del valor de la vivienda (con un máximo de 50.000 euros), al
0% de interés y que pueden empezar a devolverse hasta a los 30 años (cuando se
acabe de pagar la hipoteca por el 80% que haya concedido un banco). Además, el ICO facilitará avales públicos,
hasta 2.000 millones de euros, para facilitar la financiación de viviendas
sociales, para alquiler o venta a precios asequibles. Y toda la
vivienda protegida que se construya con dinero público pagará un IVA del 4% y será
siempre VPO (75 años).
