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lunes, 12 de octubre de 2026

Alerta de los dueños de la Inteligencia Artificial

Mucho se ha hablado de los peligros de la Inteligencia Artificial (IA), desde la posible manipulación a la pérdida de empleos. Ahora hay una alerta nueva: la de los dueños de la IA, los millonarios que la promueven y que acaban de decir en la ONU que esta tecnología “puede ser peligrosa para la humanidad”, mientras se conocen entradas ilegales en Australia y su utilización para armas físicas y biológicas. Los grandes de la IA en USA piden “frenar los desarrollos”, quizás como estrategia de marketing y para frenar a la competencia (en USA y China). Pero siguen buscando financiación (billones) y con planes de salida a Bolsa, lo que alimenta además la preocupación por el estallido de la  burbuja de la IA (como las punto.com en el 2000). Con todo, la clave ahora es forzar una regulación mundial de la IA (como tiene Europa) y controlar su desarrollo. Porque lo peligroso no es la IA sino los tecno millonarios que están detrás con un poder absoluto. Ellos sí dan miedo.


Esta última historia empezó el 9 de septiembre, cuando un joven investigador de Anthropic (la 2ª mayor empresa USA de IA, creada en 2021) dimitió de su puesto y publicó un tuit en X donde alertó que la Inteligencia Artificial puede acabar con la civilización. “Puede matarnos a todos antes de 2030”, vaticinó. Tres días después, el 12 de septiembre, su jefe, el consejero delegado de Anthropic (que comercializa “Claude” desde marzo de 2023) , Darío Amondi, publicó un artículo (“We Must Pace the Frontier”: debemos marcar el ritmo de la frontera) donde alertaba que la IA avanza más rápido de lo que la humanidad puede comprender y controlar y proponía “desacelerar el avance a las capacidades de la IA para dar tiempo a que la seguridad y la alineación alcancen el mismo nivel”. Y siguiendo la senda, al día siguiente es Sam Altman, consejero delegado de OpenAI (la empresa pionera de la IA, que lanzó ChatGPT en 2022) anunció que retrasaba la salida a Bolsa de la empresa (a 2027) por “la inquietud sobre los riesgos de la IA”. Y ese mismo día, Demis Hassabis, líder de la IA de Google (“Gemini”) llama también a “ralentizar el desarrollo de la IA, por prudencia”.

Un movimiento “coordinado” de los dueños y promotores de la IA para frenar y ralentizar su desarrollo. Y para que se viera que no sólo eran tuis y artículos, los “tecno oligarcas” USA de la IA ya habían incluido sus advertencias en los folletos de salida a Bolsa. Por un lado, OpenAI señaló que retrasaban su nueva IA (Chat GPT.6.1.Astra) porque sus ingenieros “se han dado cuenta de que no cumple con los requisitos de seguridad”. Y en el folleto de Anthropic “se advierte a los potenciales inversores que la IA avanzada podría plantear riesgos catastróficos o existenciales para la humanidad”… Además, los “tecno oligarcas” USA que promueven la IA se sentaron en la mesa circular del Consejo de Seguridad de la ONU, el 23 de septiembre, en una sesión extraordinaria dedicada a “la gobernanza de la IA”. Y allí pidieron “la colaboración internacional para controlar una tecnología” que ellos están desarrollando y que “consideran que puede ser peligrosa para la humanidad”… Alucinante.

¿Qué hay detrás de esta alerta de los dueños de la IA? Varias razones posibles, según los expertos. Una, “curarse en salud”, ponerse la venda antes de una grave herida y de posibles reclamaciones millonarias de inversores y afectados. De hecho, la IA ya se ha desmandado, actuando “por libre” y provocando miles de  incidentes que se conocen ahora. El primero y más concreto, la entrada “por su cuenta y sin supervisión humana” en la página de la Sanidad pública de Australia, como denunció su primer ministro en la ONU el 24 de septiembre, tres meses después de producirse y sin que OpenAI, la responsable, les informara en su momento (sólo con un correo a una dirección genérica 3 meses después). Y ahora se sabe que OpenAI y Anthropic investigan decenas de miles de ataques de agentes descontrolados de la IA, que lo mismo han bombardeado una página de la ONU que han sido utilizados para usos peligrosos (por parte de mafias, terroristas o políticos), como ciberataques, utilización de armas convencionales o biológicas y operaciones para influir en la opinión pública.

Otra razón de que ahora hablen de “frenar el desarrollo de la IA” es intentar frenar a la competencia, tanto en EEUU (donde OpenAI y Anthropic llevan meses de adelanto sobre otros competidores) como a la competencia china (DeepSeek o Moonshot AI), también retrasada. Si la ONU o los paises aprueban una ralentización de los desarrollos, mejor para los que van liderando el proceso y quieren hacerse con el mercado (OpenAI y Anthropic). De hecho, China reaccionó a las alertas USA, el mismo 14 de septiembre, denunciando que era una “agenda oculta” de EEUU para estrangular la IA y que estaban “usando el manual de la guerra fría para frenar los desarrollos chinos de la IA”. Como respuesta, el presidente Trump reunió en la Casa Blanca, el 29 de septiembre,  a los líderes USA de la IA y a las grandes tecnológicas para decirles que “de frenar la IA nada”, porque “tenemos una ventaja enorme sobre China y quiero que siga así”… Y frente a los expertos que piden “una regulación mundial de la IA”, Trump sólo quiere oír hablar de “autorregulación”, que se controlen ellos (?).

La tercera razón de que ahora los dueños de la IA hablen de ralentizarla puede ser también de simple “marketing”, para que se hable mucho de la IA ahora que van a salir a Bolsa…La exageración de que la IA puede acabar con la humanidad puede ser un mensaje para crear expectación y para decir “somos tan geniales que podrían volverse peligrosos: hay que dejarnos vuestro dinero”, señala un experto. Porque, a pesar de todos los peros, los grandes de la IA siguen buscando financiación y preparan salidas a Bolsa. No dejan de invertir.

Los millones captados ya por la IA son espectaculares y explican el fuerte tirón de las Bolsas y parte del crecimiento económico USA, a pesar de las guerras en Ucrania e Irán. En 2025, las inversiones captadas por las empresas desarrolladoras de la IA superaron los 200.000 millones de dólares: 122.000 millones OpenAI, 30.000 Anthropic, 20.000 xAI (la empresa de Elon Musk) y 16.000 Waymo (automóvil autónomo de Google). Y a eso hay que sumar las inversiones de  las grandes tecnológicas (Meta, Alphabet, Amazon o Microsoft), otros 646.000 millones este año para la compra de chips (la norteamericana Nvidia es ahora la empresa que más vale en Bolsa del mundo, 5,75 billones de dólares y la taiwanesa TSM vale 2,01 billones), nuevos Centros de Datos y desarrollos de IA. En total, se estima que desde 2013, estas 4 grandes tecnológicas han invertido más de 1 billón de dólares en IA. Y espera unas inversiones totales en la IA de 6 billones de dólares hasta 2030.

Las grandes desarrolladoras de la IA, mientras alertan sobre su peligro, no paran sus salidas a Bolsa, aunque alguna la retrase. Anthropic va a salir a Bolsa en noviembre de este año, con una valoración de 2 billones de dólares. Y OpenAI negocia con Black Rock (el mayor fondo del mundo, Emiratos e inversores asiáticos para captar 30.000 millones de dólares, mientras prepara su salida a Bolsa para 2027 (iba a ser en 2026, pero prefiere ofrecer nuevos desarrollos antes). Y xAI, integrada dentro de SpaceX de Elon Musk (que salió a Bolsa en junio de 2026 y vale ahora 2,28 billones de dólares), quiere captar otros 40.000 millones de inversores para comprar chips de Nvidia (uno de sus accionistas). Mientras, en China, las empresas líderes de la IA también buscan inversión. DeepSeek busca hasta 15.000 millones antes de su salida a Bolsa, prevista para 2027. Y Moonshot AI ha completado su última ronda de financiación privada y quiere salir a la Bolsa de Hong Kong a principios de 2027.

Precisamente, estos billones de inversión captada por la IA y su elevadísimas valoraciones en Bolsa (futuras y actuales: Nvidia ha multiplicado su cotización por 10 desde 2023, TSM por 4, lo mismo que Meta, Alphabet, Amazon y Microsoft) provocan otro gran miedo de la IA: que estalle su burbuja en Bolsa, que un día se desplomen estos valores porque los retornos (beneficios) no justifiquen las inversiones hechas y no puedan atender su elevada deuda. Muchos expertos llevan meses advirtiéndolo y creen que si hay que ralentizar el ritmo de la IA es más para atemperar las inversiones y evitar un gran susto, como la debacle en Bolsa de las punto.com, las grandes de Internet en marzo del 2000 (Terra en España).

En cualquier caso, la alerta de los dueños de la AI debería servir para reforzar una idea: hay que controlar más y mejor los desarrollos de la Inteligencia Artificial, porque está demostrado que las máquinas siguen desarrollos propios que no se supervisan y que pueden crear graves problemas. Por un lado, urge una regulación mundial de la IA, en la que intervengan los organismos internacionales y los Gobiernos, dado que los millonarios (“tecnooligarcas”) que la están promocionando no parece que quieran autorregularse ni les gusten los controles democráticos, buscando un control oligopolista del mercado.

Europa ha sido pionera, aprobando la primera normativa “supranacional”, la Ley de la IA (“IA Act”), que entró en vigor en agosto de 2024, aunque en julio pasado se ha aprobado una simplificación del Reglamento para facilitar su avance, suavizando algunas prohibiciones y alargando los plazos de distintas prohibiciones. La UE está muy atrasada en la IA frente a USA y China, pero prevé abrir 15 factorías en Europa entre 2025 y 2026 para avanzar, dos de ellas ya aprobadas y abiertas en España: el Centro de Supercomputación de Barcelona (BSC-CNS) y el Centro de Supercomputación de Galicia (CESGA), abierto en Santiago de Compostela. La Comisión Europea ha aprobado una Estrategia de digitalización cuyo objetivo es que el 75% de las empresas europeas utilicen la IA en 2030 (ahora son el 20% de las empresas europeas, según Eurostat). En el caso de España, en diciembre de 2020 se aprobó la Estrategia Nacional de IA (ENIA), un Plan para destinar 600 millones de fondos europeos a proyectos de Inteligencia Artificial. Y en 2024, se añadieron 1.500 millones más (de Fondos UE) para potenciar los Centros de computación españoles.

Todo indica que España no está perdiendo el tren de la Inteligencia Artificial y que incluso somos un país “proactivo”, que cuenta con 2.800 empresas nacidas para desarrollar esta tecnología, que emplean ya a 100.000 trabajadores especializados. España cuenta además con dos ventajas estratégicas de partida: su extensa red de fibra óptica de banda ancha (la tercera del mundo, tras Corea y Japón, superior a la de Francia, Alemania y Reino Unido juntos) y 5G, y contar con la electricidad más barata de Europa, clave para la instalación aquí de Centros de Datos (CPDs), que ya están proliferando. Pero falta avanzar en dos cuestiones clave: la penetración de la IA en las empresas medianas y pequeñas, así como un enorme esfuerzo en formación, de gestores y trabajadores. Porque si no, el riesgo de perder empleos con la IA es enorme: 2 millones en 10 años, según Funcas.

Además de una normativa mundial sobre la IA, los desarrollos de Inteligencia Artificial tienen dos problemas distintos, como señala el Nobel de Economía Daron Acemoglu. Uno es que la IA actúe por su cuenta, fuera de control, debido a que está creciendo con demasiada prisa (en meses) y eso distorsiona los resultados. Y el otro, asegurar que la IA actúa en beneficio de la humanidad, no de una minoría de billonarios que sólo buscan ganar más.

Frente al primer problema, hay expertos que aportan soluciones técnicas, como “poner bridas” a los desarrollos e implantar más sistemas de control externos, para frenar los mecanismos de aprendizaje intuitivos que son imprevisibles y pueden “liarla parda”… Otros expertos aseguran que las empresas podrían utilizar herramientas para anticipar los "malos comportamientos" de la IA. Pero, para conseguir una mayor seguridad y que la IA beneficie a la humanidad, el verdadero problema, otros expertos proponen “un cambio de rumbo”, pasar de desarrollar un modelo único de IA para todo a diversificar modelos, buscando soluciones para cada problema, más eficientes y sostenibles y sobre todo más fáciles de vigilar y más seguros. Se trataría de desarrollar no un gran modelo de IA (tipo ChatGPT o Claude) sino muchos modelos de IA, diversificados, que no necesitarían tanta investigación ni tanta inversión. Ir hacia una IA que no esté concentrada en dos o tres multinacionales superpoderosas sino en miles de desarrollos diversificados. Y sobre todo, que la IA pague impuestos y no manipule a los menores. 

En cualquier caso, la clave de la IA es para qué se utiliza, qué se busca, si pretende mejorar el mundo sin destruir el empleo o maximizar el beneficio de unos pocos. Y eso exige control de los desarrollos, de los avances, de las empresas, algo hoy impensable. Porque lo peligroso no son las máquinas (que sólo siguen instrucciones humanas) sino quien está detrás, quiénes son los humanos que las programan y alimentan, muchos de ellos poco fiables, billonarios sin control y a los que molesta la democracia. Ese es el miedo que nos debe dar la IA, no que los ordenadores destruyan el mundo. No se trata de frenar la IA sino de controlarla.

lunes, 11 de mayo de 2026

Despidos "justificados" por la Inteligencia Artificial

En los cuatro primeros meses de 2026, las grandes tecnológicas (Amazon, Meta, Oracle, Microsoft y Dell) han despedido a 92.272 trabajadores, justificándolo por la aplicación de la Inteligencia Artificial (IA). Y también ha pasado en España (Amazon o Telefónica), donde están cayendo los empleos tecnológicos desde septiembre de 2024 (-48.900 empleos), acogiéndose a la implantación de la IA, una “excusa” para ajustar plantillas con menos coste, según denuncian los sindicatos. La realidad es que 1 de cada 5 empresas españolas utilizan ya la Inteligencia Artificial, lo que pone en peligro muchos empleos: un reciente estudio revela que 1 de cada 5 empleos (entre el 18 y el 22%) están ya expuestos a la inteligencia artificial en España, más entre las mujeres y trabajos como la información, la informática y consultoría, telecomunicaciones, comercio y turismo, logística y transporte, inmobiliarias, administrativos y finanzas y seguros. Frente a este riesgo laboral por la IA (sea “excusa” o “realidad”) sólo queda destinar más recursos públicos y privados a formarse mejor. Ya.

Europa está retrasada en la carrera por la IA, tanto en tecnología como en inversiones, pero los europeos y las empresas se están subiendo al tren de la IA, aunque lo conduzcan los gigantes estadounidenses y chinos. Así, en 2025, 1 de cada 3 europeos de 16 a 74 años (el 32,7%) utilizó herramientas de IA generativa, según los datos de Eurostat. La mayoría los utilizó para fines personales (el 25,1%), aunque también para trabajar (15,1%) y para formarse (el 9,4% para su educación). El mayor uso de la IA se dio en los paises nórdicos y centro Europa (56,3% en Noruega, 48,4% de la población en Dinamarca, 47% en Suiza, 46,6% en Estonia, 46,3% en Finlandia,44,9% en Irlanda, 44,7% en Paises Bajos, 42% en Suecia y Bélgica). España se sitúa en el puesto 16º, con un 37,9% de adultos que la han utilizado, por delante de Francia (37,5%), Alemania (32,3%) e Italia (19,9%).

En cuanto a las empresas, 1 de cada 5 empresas europeas (20%) con más de 10 empleados utilizaron tecnologías de IA para sus negocios en 2025, según Eurostat, lo que supone un gran salto: en 2021 utilizaban esta tecnología el 7,7%, el 8,1% en 2023 y el 13,5% en 2024. Otra vez, los paises con más empresas utilizando la IA son los nórdicos y centro Europa: Dinamarca (42% de las empresas), Finlandia (37,8%), Suecia (35%), Bélgica (34,5%), Luxemburgo (33,61%), Paises Bajos (33,21%), Austria (29,95%), Noruega (28,89%) y Alemania (25,97%). España (con el 20,7% de empresas utilizando la IA) ocupa el puesto 13º en este ranking empresarial, por delante de Irlanda (19,64%), Francia (18,16%) e Italia (16,40%).

En España, la utilización de Inteligencia Artificial (IA) dio un enorme salto en 2025, sobre todo en las grandes empresas, como Amadeus, Indra, Telefónica o Grifols, que están desplegando la IA en procesos críticos. De momento, la IA afecta ya a 1 de cada 5 empleos en España (entre el 18 y el 22%), según un reciente estudio de la Universidad Politécnica de Valencia. Su mayor o menor utilización depende de sectores y territorios: se utiliza más en servicios avanzados, comercio, educación, sanidad e información y comunicación, especialmente en Madrid y Barcelona (21,5%), siendo baja la exposición en Castilla y León, Castilla la Mancha y Aragón, por el mayor peso de la agricultura, la construcción y la industria tradicional. Y están más “expuestos” a la IA los empleos femeninos, porque se concentran en sectores con más uso de la IA (educación, sanidad, servicios administrativos, comercio y actividades sociales).

El estudio revela que la IA puede aumentar la productividad de las empresas, mejorar los servicios públicos y generar oportunidades de empleo cualificado, aunque también reconoce que puede intensificar las desigualdades entre trabajadores y empresas. Y, sobre todo, el gran temor que acarrea la IA es que suponga pérdida de empleos, como se ha visto recientemente en Microsoft, Amazon y Telefónica (el ERE se ha justificado por la IA). De hecho, un estudio del FMI (2024) revelaba que el 40% de los empleos del mundo (1.320 millones) se verán afectados por la IA, perdiéndose algunos y modificándose otros. Y otro estudio de 2025, del World Economic Forum, vaticina que se perderán 92 millones de empleos en esta década por la IA, aunque también se crearán 170 millones de empleos, lo que dará un aumento del empleo neto de 78 millones para 2030.

Pero la pérdida de empleo por la IA ya está aquí y se ha agravado en 2026, especialmente en EEUU. Así, entre enero y abril de 2026, varios gigantes tecnológicos han anunciado 92.272 despidos en todo el mundo (básicamente en USA), “justificándolos” por la aplicación de la Inteligencia Artificial: Oracle (30.000 despidos, el 19% de su plantilla), Amazon (28.000 despidos, el 2% de su plantilla mundial), Dell (11.000 despidos, el 10% de sus empleados), Microsoft (8.750 despidos, el 7% de su plantilla USA), Meta (8.000 despidos, el 10% de su plantilla), Block (4.000 despidos, el 40% de la plantilla), Nordea (1.500 despidos, el 5% de su plantilla), Snap (1.000 despidos, el 16% empleados), Majorel (769 despidos, el 60% del personal), Pinterest (700 despidos, el 16% plantilla)… Y algunos de estos “ajustes” afectan a España, como los de Amazon (791 despidos aquí) o la consultora tecnológica Inetum, que ha despedido a 400 empleados en España (5% plantilla), que se suman al último ERE de Telefónica, en noviembre pasado (4.772 despidos, el 35% de la plantilla).

Ha habido más despidos en otras grandes empresas este año (ver listado), pero las señaladas son las que han justificado sus ajustes por la introducción de la IA, aunque los sindicatos denuncian que en muchos casos se ha utilizado como “excusa” para recortar plantillas y trasladar servicios (como Call Centers) a India o Bangladesh. De entrada, los más afectados por estos despidos han sido empleados con tareas administrativas, traductores, programadores y consultores, más empleos de atención a proveedores y clientes, periodistas y, en general, “trabajos en oficina ante un ordenador”.

Muchos expertos dudan de que la IA sea capaz de aportar tanta productividad como para prescindir de tantos empleos y creen que se trata de una “excusa” para reducir costes y aumentar beneficios. Y sobre todo, para poder seguir invirtiendo en IA: sólo en el primer trimestre de 2026 (mientras despedían), los 4 gigantes tecnológicos (Amazon, Alphabet, Microsoft y Beta) han invertido 130.625 millones de dólares en proyectos de IA (Centros de datos, chips e investigación), una cifra mensual que supera la inversión de todo el Proyecto Manhattan ( 1ª bomba atómica). Y se estima que estos 4 grandes inviertan 715.000 millones de dólares en IA en 2026, casi el doble que en todo 2025 (375.000 millones de dólares). Por eso necesitan ajustar al máximo plantillas y costes, así como conseguir capital e inversiones.

Mientras los despidos “por la IA” se generalizan en EEUU, en España también asistimos a una pérdida de empleo en el sector tecnológico, según revela este estudio de UGT: desde septiembre de 2024 hasta marzo de 2026 (último año y medio), el empleo “tecnológico” ha caído en España en 48.900 ocupados, una reducción del 4,5% frente al 2,15% que creció el empleo total en ese tiempo (+470.000 empleos). Esta caída contrasta con el impulso al empleo tecnológico en España entre 2020 (menos de 800.000 empleos de este tipo) y 2024 (1.096.700 empleos tecnológicos), un empleo que se ha reducido después, hasta los 1.047.800 empleos tecnológicos registrados en marzo de 2026 (-48.900).

En el primer trimestre de 2026, el último dato de la EPA, el empleo tecnológico ha seguido cayendo, sobre todo en programación, consultoría y otras actividades relacionadas con la informática (512.100 empleados, 23.400 menos que a finales de 2025), telecomunicaciones  (113.100 empleos, 11.800 menos) y en servicios de información, que incluye procesado de datos y portales web (17.000 ocupados, 8.600 menos que a finales de 2025). Sólo creció ligeramente el empleo en este primer trimestre en los servicios de arquitectura e ingeniería, ensayos y análisis técnicos (313.600 ocupados, +7.400 que en 2025) y en investigación y desarrollo (92.000 ocupados, +1.400 que a finales 2025).

Estos despidos “tecnológicos” se han justificado, según los sindicatos, en la incorporación de la Inteligencia Artificial (IA) y han afectado sobre todo a empresas de telecomunicaciones, Call Centers y consultoras, empujadas por el uso creciente del vibe coding (creación de software conversando con una IA). La patronal del sector tecnológico cree que esta caída del empleo señalada por la EPA  es sólo un “ajuste cíclico” tras años de fuerte creación de empleo y se agarran a los datos de afiliación a la Seguridad Social de marzo, que reflejan un aumento de 21.595 afiliados en actividades tecnológicas en el último año (+3,48%), aunque han caído los asalariados “tecnológicos” y han subido los autónomos. Pero los sindicatos replican que los despidos están ahí y que las empresas utilizan la IA como “excusa” para despedir barato: al ser despidos por causas tecnológicas, la indemnización baja a 20 días por año (con límite 12 meses), frente a los 33 días (y 24 meses de límite) por despido improcedente. Además, los despidos “por la IA”  se utilizan como “una perversa señal de prestigio” para las empresas que los hacen, según denuncia UGT.

Para España, es clave que este empleo tecnológico se recupere y aumente, porque sirve para acompañar la modernización de la economía y para conseguir aumentar la productividad, una de nuestras asignaturas pendientes. Y aunque este empleo tecnológico se ha doblado desde 2015, España ocupa todavía el puesto 20ª en Europa (éramos el 21º en 2015) en el ranking de paises con más especialistas tecnológicos: un 4,7% del empleo frente al 5% de media en la UE-27 o el 5,4% en Francia, según el informe de UGT. Y son muy minoritarios (el 11,9%) los trabajos con alta intensidad de tareas tecnológicas, estando a la cola en la OCDE y muy lejos del porcentaje de trabajos muy tecnológicos en Paises Bajos (24,5%), Suecia (23,5%), EEUU (22%), Finlandia (20%), Francia (17%), Alemania (15,5%) o la media de la UE-27 (14,8%). Además, los trabajadores tecnológicos (TIC) tienen más paro en España (hay 54.000 parados con formación en nuevas tecnologías), una tasa del 9,9% frente al 6,5% en la UE-27. Y por último, los salarios de los trabajadores tecnológicos (TIC) en España son un 38% más bajos que en la UE-27, un 71% inferiores a los franceses y un 75% menores a los alemanes.

La conclusión es que España, aunque ha avanzado mucho en empleos tecnológicos (los ha duplicado entre 2015 y 2025), todavía tiene que dar un gran empujón y volver a doblarlos para 2030, lo que supone crear otro millón de empleos tecnológicos, la décima parte de los 10 millones de empleos tecnológicos en Europa que se plantea como objetivo la Comisión Europea. Eso supone hacer un inmenso esfuerzo en la formación de los jóvenes (aumentando los que cursan carreras STEM) y en el reciclaje de los trabajadores (aumentando la escasa inversión empresarial en la formación de sus plantillas), para afrontar los retos de las nuevas tecnologías y en especial la Inteligencia Artificial, que va a trastocar 1 de cada 5 empleos.

Todos los expertos y organismos internacionales coinciden en que la IA va a revolucionar los empleos, suprimiendo algunos (como está pasando), modificando otros y creando otros nuevos que ahora ni se intuyen. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) propone una mejora de las habilidades y la formación y un aumento de la protección laboral y social, a la vez que se protege a los trabajadores de los algoritmos injustos. El World Economic Forum insiste en que los paises inviertan más en conseguir una mano de obra adaptable y capacitada a las nuevas tecnologías, creando nuevos itinerarios docentes y formativos. Otros expertos hacen hincapié en que paises y empresas multipliquen sus inversiones en capital humano (no sólo en la IA y en Centros de Datos), para re-cualificar a los trabajadores (Paises Bajos ha destinado a formación gran parte de los Fondos europeos recibidos). Y sobre todo, los Gobiernos deben intentar reducir las brechas de empleo y desigualdad (por sexo, edad, formación, sector, tamaño de empresa y región) que provocará la Inteligencia Artificial.

En resumen, la Inteligencia Artificial es la nueva panacea de la economía y muchos apuestan por su futuro, invirtiendo cifras billonarias que hacen temer otra crisis bursátil. Pero la IA ha venido para quedarse y puede suponer un salto económico para el mundo, como lo fue la electricidad , los ordenadores o Internet. Pero una innovación así, además de mejorar la productividad, tiene también costes, en particular el empleo de mucha gente que puede quedar fuera. España no puede perder este tren de la IA, como tampoco Europa, pero aplicándola de una forma proporcionada, sostenible y justa.

lunes, 29 de diciembre de 2025

España no pierde el tren de la IA

La Inteligencia Artificial (IA) avanza imparable, con 1,5 billones de inversión, sobre todo en USA y China, alimentando una “burbuja” bursátil que se teme estalle en 2026. Europa está muy rezagada en tecnología e inversiones, pero 1 de cada 3 europeos utilizan ya las herramientas de IA, que aplican en sus negocios 1 de cada 5 empresas europeas. España no ha perdido este tren tecnológico e incluso usan la IA más empresas que en Francia, Italia o Irlanda, más las grandes empresas y poco las pymes. Y somos uno de los tres paises europeos, con Alemania y Polonia, con 2 centros de supercomputación para desarrollar la IA, al amparo de una Estrategia Nacional que gasta fondos europeos. El temor es la pérdida de empleos que acarrea la IA, como se ha visto en Microsoft, Amazon y Telefónica. Por eso, los sindicatos piden negociar su aplicación en las empresas y que la IA pague impuestos para compensar cotizaciones e ingresos perdidos. Y más formación, para no quedarse fuera.


La Inteligencia Artificial (IA) sacude los mercados y es un imán para los inversores, llevando al máximo a las Bolsas. Este año 2025, el gasto mundial en IA supondrá ya 1,5 billones de dólares, según la consultora Gartner, frente a los 987.904 millones invertidos en 2024. Y apuestan por que se superarán los 2 billones de dólares de inversión en 2026, sobre todo en EEUU y en China, impulsada por la integración de esta tecnología en dispositivos como teléfonos inteligentes, ordenadores y tablets, así como en la necesaria infraestructura de Centros de Datos (CPDs). Sólo las grandes tecnológicas USA tienen previsto invertir en partidas relacionadas con la IA cerca de 3 billones de dólares hasta 2030, nada menos que el 10% del PIB estadounidense. Una cifra que marea y que está creando una “burbuja inversora” que podría estallar si los beneficios no llegan pronto.

Europa está retrasada en esta carrera por la IA, tanto en tecnología como en inversiones, pero los europeos y las empresas se están subiendo al tren de la IA, aunque lo conduzcan los gigantes estadounidenses y chinos. Así, en 2025, 1 de cada 3 europeos de 16 a 74 años (el 32,7%) utilizó herramientas de IA generativa, según los datos recientes de Eurostat. La mayoría los utilizó para fines personales (el 25,1%), aunque también para trabajar (15,1%) y para formarse (el 9,4% para su educación). El mayor uso de la IA se dio en los paises nórdicos y centro Europa (56,3% en Noruega, 48,4% en Dinamarca, 47% en Suiza, 46,6% en Estonia, 46,3% en Finlandia,44,9% en Irlanda, 44,7% en Paises Bajos, 42% en Suecia y Bélgica). España se sitúa en el puesto 16º, con un 37,9% de adultos que la han utilizado, por delante de Francia (37,5%), Alemania (32,3%) e Italia (19,9%).

En cuanto a las empresas, 1 de cada 5 empresas europeas (20%) con más de 10 empleados utilizaron tecnologías de IA para sus negocios en 2025, según Eurostat, lo que supone un gran salto: en 2021 utilizaban esta tecnología el 7,7$, el 8,1% en 2023 y el 13,5% en 2024. Otra vez, los paises con más empresas utilizando la IA son los nórdicos y centro Europa: Dinamarca (42% de las empresas), Finlandia (37,8%), Suecia (35%), Bélgica (34,5%), Luxemburgo (33,61%), Paises Bajos (33,21%), Austria (29,95%), Noruega (28,89%) y Alemania (25,97%). España (con el 20,7% de empresas utilizando la IA) ocupa el puesto 13º en este ranking empresarial, por delante de Irlanda (19,64%), Francia (18,16%) e Italia (16,40%).

El uso empresarial más común de la IA es para analizar el lenguaje escrito (11,8% empresas), seguido de su utilización para generar imágenes y vídeos (9,5%), para generar lenguaje escrito o hablado (8,8%) y para convertir el lenguaje hablado en formato legible para una máquina (7,2%), según Eurostat. Los sectores que más lo están utilizando son las empresas de información y comunicación y los servicios profesionales y científicos, sobre todo en las empresas europeas grandes (el 55,3% utilizan la IA) y menos en las medianas (el 30,6%) y en las pequeñas (usan la IA sólo el 17%). Y su utilización es básicamente para tareas de marketing y ventas (34,7%) y para organización de procesos o gestión (31,05%), destinándose sólo un 6,08% para tareas logísticas.

En España, la utilización de Inteligencia Artificial (IA) ha dado un enorme salto en 2025, sobre todo en las grandes empresas, como Amadeus, Indra, Telefónica o Grifols, que están desplegando la IA en procesos críticos. De momento, la IA afecta ya a 2 de cada 10 empleos en España (entre el 18 y el 22%), según un reciente estudio de la Universidad Politécnica de Valencia. Su mayor o menor utilización depende de sectores y territorios: se utiliza más en servicios avanzados, comercio, educación, sanidad e información y comunicación, especialmente en Madrid y Barcelona (21,5%), siendo baja la exposición en Castilla y León, Castilla la Mancha y Aragón, por el mayor peso de la agricultura, la construcción y la industria tradicional. Y están más “expuestos” a la IA los empleos femeninos, porque se concentran en sectores con más uso de la IA (educación, sanidad, servicios administrativos, comercio y actividades sociales).

El estudio revela que la IA puede aumentar la productividad de las empresas, mejorar los servicios públicos y generar oportunidades de empleo cualificado, aunque también reconoce que puede intensificar las desigualdades entre trabajadores y empresas. Y, sobre todo, el gran temor que acarrea la IA es que suponga pérdida de empleos, como se ha visto recientemente en Microsoft, Amazon y Telefónica (el ERE se ha justificado por la IA). De hecho, un estudio del FMI (2024) revelaba que el 40% de los empleos del mundo (1.320 millones) se verán afectados por la IA, perdiéndose algunos y modificándose otros. Y otro estudio de 2025, del World Economic Forum, vaticina que se perderán 92 millones de empleos en esta década por la IA, aunque también se crearán 170 millones de empleos, lo que dará un aumento del empleo neto de 78 millones para 2030.

La pérdida o ganancia de empleo va a depender del tipo de empresas y empleos que tenga cada país y de las políticas de formación y reciclaje que se apliquen. En España, un estudio de Randstad (febrero 2024) estimó el coste laboral de la IA en una década (2023-2033): se perderán 2 millones de empleos (casi el 10%) y se crearán 1,61 millones de empleos nuevos, con un saldo neto de 390.000 empleos perdidos.  Profundizando más, el informe de Randstad refleja que el 9,8% de los empleos actuales (2 millones) corren el riesgo de ser automatizados, mientras otro 15,9% de empleos (3,25 millones) se mantendrán (aumentando su productividad,) y la mayoría (el 74,3% restante, 15,19 millones de empleos) no tendrán cambios significativos por la aplicación de la IA.

El informe concreta los sectores que se verán más afectados negativamente por la IA: el comercio (perderá 158.415 empleos netos), las actividades administrativas (-147.915 empleos netos), hostelería (-112.770) y transporte y almacenamiento (-47.490), teniendo un menor impacto negativo la agricultura, ganadería y pesca, industria y construcción.  Y los sectores más beneficiados por la IA en España, que ganarán empleo neto, serán la programación y consultoría (+76.364 empleos netos), actividades científicas y técnicas (+48.816), telecomunicaciones (+8.995), medios y publicaciones (+3.576) . Mientras, la IA aumentará la productividad del 15,9% de empleos, sobre todo en programación y consultoría (mejorará el rendimiento del 40% de los empleos), los seguros (37% empleos) y finanzas (36%), medios y publicaciones (33%), actividades científicas y técnicas (27%) y telecos (subirá productividad 25% empleos).

El problema es que la IA va muy rápido y los trabajadores tienen menos tiempo para adaptarse que en las revoluciones tecnológicas anteriores, según otro estudio de la consultora Oliver Wyman. Lo que parece claro, añaden, es que la Inteligencia Artificial (IA) “cambiará el papel de los trabajadores”: serán “un complemento” de los ordenadores y robots en la gestión de equipos, transmisión de mensajes y gestión de las emociones, desempeñando un papel más “humano y asistencial”. Parece claro que las máquinas necesitarán al hombre para ser “inteligentes” y que el trabajador seguirá siendo clave en las empresas, pero en muchos casos su papel cambiará radicalmente y en otros serán suplantados por la IA.

De momento, los ajustes laborales en España por la IA van despacio: el 89,66% de las empresas confirman que la IA no ha tenido ningún impacto significativo en la contratación de nuevos trabajadores ni en el despido de los actuales, según un reciente informe de Adecco e Infoempleo. Pero revela dos cuestiones preocupantes. Una, que el 67,19% de las empresas encuestadas reconocen “no estar preparadas para la IA” (aunque el 53,1% “están en ello”). Y la otra, que 9 de cada 10 trabajadores dicen “no han recibido formación sobre el uso de la IA” (aunque al 69,32% “les gustaría”). Y sólo 1 de cada 4 parados reconoce que ha utilizado la IA para buscar trabajo. En general, las empresas españolas que utilizan la IA lo hacen para automatizar tareas administrativas (47,8%), para automatizar la atención al cliente (34,7%), para analizar datos (34,7%), automatizar procesos productivos (28,2%), hacer control de calidad (10,8%) y para selección de personal (el 2,17%).

Aunque las empresas y los europeos usan cada vez más la IA, queda mucho por hacer para no perder el tren de EEUU y China. De hecho, la Comisión Europea ha aprobado una Estrategia de digitalización cuyo objetivo es que el 75% de las empresas europeas utilicen la IA en 2030 (ahora son el 20% de las empresas europeas, según Eurostat). Un salto enorme que exigirá inversiones en tecnología, aplicaciones y formación, cuestiones incluidas en las ayudas del Fondo de Recuperación “Next Generation”.

En el caso de España, en diciembre de 2020 se aprobó la Estrategia Nacional de IA (ENIA), un Plan para destinar 600 millones de fondos europeos a proyectos de Inteligencia Artificial. Y en 2024, se añadieron 1.500 millones más (de Fondos UE) para potenciar los Centros de computación españoles. España ha sido el primer país en crear una oficina para garantizar el uso ético de la IA (en septiembre de 2023, en A Coruña), además de dedicar 10 millones de euros a la creación de un modelo de IA en español, catalán, vasco, gallego, así como la creación de un “chatbot” interno para la Agencia Tributaria (para automatizar la atención al cliente) y un sistema de consulta en el Sistema Nacional de Salud para el diagnóstico precoz de insuficiencias cardiacas. Y somos uno de los 3 paises europeos (con Alemania y Polonia) en contar con dos grandes Centros de Supercomputación: el MareNostrum de Barcelona (uno de los 15 centros europeos elegidos por la Comisión Europea para el desarrollo de la IA) y la Factoría de IA que acogerá Santiago para la innovación en salud.

Todo indica que España no está perdiendo el tren de la Inteligencia Artificial y que incluso somos un país “proactivo”, que cuenta con 2.800 empresas nacidas para desarrollar esta tecnología, que emplean ya a 100.000 trabajadores especializados. España cuenta además con dos ventajas estratégicas de partida, debido a su extensa red de fibra óptica de banda ancha (la tercera del mundo, tras Corea y Japón, superior a la de Francia, Alemania y Reino Unido juntos) y 5G, además de contar con la electricidad más barata de Europa, clave para la instalación aquí de Centros de Datos (CPDs), que ya están proliferando. Pero falta avanzar en dos cuestiones básicas: la penetración de la IA en las pymes y realizar un gran esfuerzo en formación de gestores y trabajadores.

Pero el reto merece la pena porque España es un país de servicios, un sector donde la aplicación de la IA supondrá una mejora de productividad, que debería traducirse en un mayor crecimiento y mejores salarios. Pero la IA tiene dos consecuencias negativas que hay que anticipar y minimizar: su coste medioambiental (los CPDs, que se van a multiplicar, consumen mucha electricidad y agua) y su coste laboral: es evidente que muchos de los empleos actuales van a desaparecer por culpa de la IA, aunque se creen otros. Y eso obliga a contemplar políticas de reciclaje y ayudas públicas a los futuros parados.

Por eso, los sindicatos piden participar en el proceso de integración de la Inteligencia Artificial en las empresas, para que se tenga en cuenta su coste laboral y social, por lo que exigen que su introducción se negocie en las empresas. La propia Confederación Internacional de Sindicatos (CSI) acaba de denunciar que la IA se está aplicando sin consultar a los trabajadores y socavando derechos laborales (horarios, salarios y despidos), exagerando en muchos casos las ganancias de productividad y creando tremendas desigualdades entre trabajadores y paises. En España, los sindicatos reclaman participar en la introducción de la IA en las empresas a través de la negociación colectiva, en los convenios.

Otros expertos alertan de que la IA va a exigir un alto volumen de ayudas a los que se queden fuera (incluso se habla de un ingreso mínimo vital para compensarles) y un enorme gasto en formación y reciclaje, que los Estados van a tener que abordar. Y además, si se reduce el empleo por máquinas, se reducirán también los ingresos por cotizaciones e impuestos, mientras aumenta el gasto público en ayudas y formación. Por eso proponen cobrar impuestos a la IA, a través de un aumento de los impuestos al capital, reducidos en las últimas décadas: el impuesto de sociedades ha pasado en la OCDE del 33% (año 2000) al 25% actual, mientras la fiscalidad sobre el trabajo (cotizaciones más IRPF) apenas bajó (del 36,2% al 34,9%). A lo claro: se ha incentivado a las empresas para que inviertan más en automatización que en empleo. Y con la IA, se agudiza esta tendencia.

En resumen, la Inteligencia Artificial es la nueva panacea de la economía y muchos apuestan por su futuro, invirtiendo cifras billonarias que hacen temer otra crisis bursátil. Pero la IA ha venido para quedarse y puede suponer un salto económico para el mundo, como lo fue la electricidad , los ordenadores o Internet. Pero una innovación así, además de mejorar la productividad, tiene también costes, en particular el empleo de mucha gente que puede quedar fuera. España no puede perder este tren de la IA, como tampoco Europa, pero aplicándola de una forma proporcionada, sostenible y justa.

lunes, 10 de febrero de 2025

China pincha la burbuja de la IA

El mundo de la tecnología y la Inteligencia Artificial (IA) sufrió un “shock” a finales de enero: una pequeña empresa china había desarrollado, con poca inversión, personal y tiempo, un modelo puntero de IA en código abierto, DeepSeek, que competía perfectamente con los gigantes USA, como ChatGPT o los de Google, Microsoft y Meta. En medio de la carrera por monopolizar la IA, China parece haberse adelantado a EEUU, donde Trump “apadrina” un proyecto millonario de IA norteamericana. Ahora, podría abrirse el camino para que Europa y pequeños paises entren en la carrera de la IA, que va a cambiar nuestras vidas. Europa ha sido pionera en un Reglamento para controlar la IA, pero va muy retrasada en inversiones, aunque ha puesto en marcha 7 macrocentros de IA, uno en Barcelona. Y el Gobierno Sánchez acaba de presentar ALIA, un modelo de IA en español, dentro de una estrategia para invertir 1.500 millones en avanzar en IA, en las empresas y servicios. No podemos perder este tren.


En los últimos años, asistimos en el mundo a una auténtica “fiebre del oro” por la Inteligencia Artificial (IA). Inversores, Fondos y bancos se han lanzado a apoyar proyectos, mientras los gigantes de Internet (Google, Meta, Microsoft y Amazon) lanzan modelos de IA o invierten en gigantescos Centros de Datos (Data Centers) para investigar en la IA. Sólo en los últimos 5 años, la inversión del capital riesgo en Inteligencia Artificial ronda los 300.000 millones de dólares, según el Foro Económico Mundial. Y se estima que la inversión en IA ha superado los 70.000 millones de dólares en 2024, sobre todo en USA y China. La “fiebre por la AI” se justifica porque “nadie quiere quedarse fuera” y todos piensan que será una tecnología que cambie la economía y el mundo en unos años.

La aparición de ChatGPT, el 30 de noviembre de 2022, fue un hito en esta revolución de la IA: una empresa casi desconocida, OpenAI, fundada en 2015 por varios inversores tecnológicos (entre ellos Elon Musk y Microsoft, que ya no la controlan) lanzó un modelo de IA para internautas (ChatGPT) y consiguió un millón de usuarios en 5 días (ahora tiene 200 millones). Eso disparó las alarmas en los gigantes de Internet, que llevaban años invirtiendo en IA: Microsoft apostó por Copilot (febrero 2023), Meta (Facebook) afianzó LlaMA (febrero 2023) y Google renovó Bard y lanzó Gemini (diciembre 2023). Todos buscan lo mismo: desarrollar un modelo de IA que se popularizara y copara el mercado. Es la estrategia de “el ganador se lo lleva todo", la búsqueda de un “cuasi monopolio” en IA, como lo han conseguido Google (buscadores), Microsoft (sistemas operativos), Meta (redes sociales), Amazon (comercio online), Apple (dispositivos de alta gama) o Tesla (coches eléctricos).

En medio de esa “loca carrera” por conseguir el dominio del mercado de la IA (para después imponer sus condiciones, como Google, Apple o Amazon), OpenAI, la empresa norteamericana líder en IA, aprovechó la llegada de Trump al poder para lanzar el proyecto STARGATE, una inversión de 500.000 millones de dólares en 4 años para infraestructuras de IA, con el apoyo de Oracle (USA) y Softbank (Japón), más Nvidia (la empresa USA líder en fabricar los microchips que necesita la IA). Un proyecto millonario, presentado por Trump el martes 21 de enero (su 2º día en la Casa Blanca), tras haber firmado una “orden ejecutiva” (otra) que anulaba las restricciones (sobre seguridad y control) que Biden había establecido para la IA . “Se inicia la edad de oro de la IA en Estados Unidos”, declaró eufórico.

Sólo unos días después, el lunes 27 de enero, estallaba una noticia que supuso una auténtica conmoción en el mundo tecnológico: una casi desconocida empresa china lanzaba una nueva oferta de IA, DeepSeek, igual o superior a ChatGPT y que puede descargarse gratis. Y además es una herramienta que se ofrece “en código abierto”, lo que abre la vía a que nuevos desarrolladores la utilicen y amplíen. Pero lo más llamativo era que la IA china se había desarrollado sólo en dos meses, con un reducido equipo de ingenieros y una pequeña inversión (6 millones de dólares frente a los más de 100 millones que costó el lanzamiento de ChatGPT en 2022). Y encima, DeepSeek se había lanzado a pesar de la prohibición a empresas chinas de comprar chips de EEUU, lo que hundió la cotización de Nvidia (su valor cayó en 589.000 millones de dólares en un solo día, algo nunca visto), la 2ª empresa con más valor del mundo (tras Apple), gracias a su “cuasi monopolio” en la fabricación de chips de alto rendimiento para la Inteligencia Artificial (IA).

Tras recuperarse de la conmoción inicial, OpenAI (ChatGPT) denunció que los chinos de DeepSeek lo habían conseguido “copiando”, utilizando la información de sus años de entrenamiento de ordenadores, algo difícil de demostrar. Todo indica que DeepSeek hizo de la necesidad virtud y utilizó otras vías de investigación, recortando procesos, desarrollos, medios e inversiones. Y parece que el promotor de DeepSeek, Liang Wenfeng, un ingeniero chino de 39 años, utilizó sus conocimientos de IA para montar un fondo de inversión con el que ganó una pequeña fortuna para comprar chips de Nvidia antes del embargo y montar un pequeño equipo, con ingenieros universitarios chinos…

El caso es que el lanzamiento de DeepSeek ha provocado una auténtica revolución en el disparatado mundo de la Inteligencia Artificial (IA), abriendo nuevos caminos y señalando que la clave no está sólo en invertir sin límite, que no es cierto que “el que más gaste será el ganador”. Y ha bajado los humos a los gigantes USA de Internet y la IA, que tendrán que afrontar una “cura de humildad”: han invertido más que China y parece que van por delante en IA, pero no es definitivo. De hecho, el gigante chino Alibaba ha lanzado otro modelo de IA, Qwen 2,5 Max, que parece también muy competitivo. Pero sobre todo, el ejemplo de DeepSeek ha creado muchas esperanzas en Europa, muy atrasada en la carrera de la IA (apenas invirtió 10.000 millones en 2024), porque demuestra que se puede avanzar sin presupuestos millonarios, a golpe de innovación e investigación.

Europa lleva años fuera de esta carrera por la Inteligencia Artificial (IA), como ha estado también relegada en la revolución tecnológica y de Internet, donde los gigantes son multinacionales USA y alguna china. Sólo ha avanzado en regulación, aprobando en marzo de 2024 (Parlamento Europeo) el Reglamento de la IA, la primera norma en el mundo para regular los avances en la IA. Y poco más. En enero de 2024 puso en marcha un paquete de medidas para apoyar a las empresas innovadoras y a las pymes para la utilización de la IA. Y en febrero, se abrió en Bruselas la Oficina Europea de la IA.

Después, lo más destacado ha sido la aprobación del programa IA Factory, por el que la Comisión Europea y los paises destinarán 1.500 millones de euros a crear unos Centros europeos de desarrollo de la IA. En diciembre de 2024, la Comisión Europea eligió las 7 futuras “fábricas de la IA europea”, instaladas en Bolonia (Italia), Kajaani (Finlandia), Bisen (Luxemburgo), Linköping (Suecia), Stuttgart (Alemania), Atenas (Grecia) y Barcelona, donde se ha elegido el MareNostrum 5, el superordenador del Barcelona Supercomputing Center (BSC), que es el que tiene mayor capacidad de almacenamiento de datos en Europa y el tercero con mayor rendimiento del continente.

Los expertos creen que Europa debe ir más lejos y apostar al máximo por la IA, creando un “ecosistema” que promueva avances, apoyados en ayudas, en las Universidades y centros de investigación y atrayendo a empresas e ingenieros, que ahora sólo miran a EEUU. Precisamente, la Inteligencia Artificial es uno de los sectores elegidos en el Informe Draghi para impulsar la competitividad de Europa en las próximas décadas, lo que exigirá fuertes inversiones, pero sobre todo apostar por la innovación, la investigación y el talento.

España busca desde hace años no perder el tren de la Inteligencia Artificial. Ya en diciembre de 2020, el Gobierno Sánchez aprobó la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial (ENIA), con una inversión de 600 millones de euros. Y después, en 2012, la IA forma parte del Plan de Recuperación, con una inversión de 500 millones de Fondos europeos entre 2021 y 2023, que podría crear o mantener 15.986 empleos. Y en mayo de 2024, el Gobierno aprobó la Estrategia de Inteligencia Artificial 2024, para invertir 1.500 millones entre 2024 y 2025. Una parte de estos recursos han ido a mejorar el superordenador MareNostrum5 de Barcelona, a la financiación de desarrollos de IA (400 millones para empresas, dentro del programa Next Tech)  y para promover su utilización (350 millones para que la utilicen las pymes), a becas y formación de expertos en IA  y a la creación de la Oficina Española de IA, la primera abierta en Europa, en La Coruña, inaugurada en junio de 2024.

Además, estos fondos públicos han permitido crear ALIA, el primer modelo de IA en español, presentado por Pedro Sánchez el 10 de enero pasado. Dado que los modelos disponibles de IA para internautas y empresas (ChatGPT, Gemini, Copilot, LlaMA o DeepSeek) se han “entrenado” con textos e información mayoritariamente en inglés, lo que pretende ALIA es ofrecer un modelo que se ha entrenado básicamente con contenidos en español (aunque también está disponible en catalán, valenciano, vasco y gallego). Una herramienta que tiene un nivel tecnológico (hasta 175.000 millones de parámetros) equiparable a la primera versión de  ChatGPT y que tiene dos ventajas: es gratuita y de código abierto, lo que significa que las empresas (y expertos) pueden tomarla como punto de partida para desarrollar sus propios modelos de IA, con la ventaja de utilizar expresiones propias del español.

Ahora falta que todos estos proyectos y estas inversiones (españolas y europeas) vayan creando un ecosistema de desarrollo de la IA, desde la Universidad y los investigadores a empresas propias que desarrollen modelos innovación y modelos de IA. Y en paralelo, las empresas han de ir incorporando la Inteligencia Artificial en su día a día, porque hasta ahora la usan poco: sólo el 13,48% de las empresas europeas utilizaron la IA en 2024, según Eurostat. España es el país nº 13 en el ranking, con un 11,31% de empresas que usan la IA, muy por detrás de Dinamarca (27,58%), Bélgica (27,71%), Finlandia (24,37%), Paises Bajos (23,06%), Alemania (19,75%) o Irlanda (14,90%), pero por encima de Francia (9,91% empresas usan la IA), Italia (8,20%) o Portugal (8,63%). La mayoría de empresas españolas usan la IA para convertir el lenguaje hablado en formato legible y para el análisis del lenguaje escrito, sobre todo para atención al cliente y toma de decisiones, según Red.es.

En la sociedad y entre las empresas, hay bastante recelo ante el uso de la IA, tanto por cuestiones de seguridad como por temor a perder empleos (los estudios revelan que se perderán muchos, en sectores automatizables, pero se crearán muchos otros). Para valorar el potencial real de la IA, el Gobierno encargó a un grupo de expertos un informe, HispanIA 2040, que aborda las oportunidades y retos de la IA en España. El Informe, presentado el 20 de enero, concluye que la Inteligencia Artificial nos ofrece, ya ahora, “la oportunidad de ser más productivos y realizar algunas tareas con más rapidez y calidad”. Y detalla las ventajas que aporta al comercio, la consultoría y el transporte (mejora atención al cliente y aporta ganancias de eficiencia del 13%), a la Sanidad (ahorra el tiempo para atender a 5 pacientes más en Atención Primaria y reduce 22 días las listas de espera de especialistas), en Educación (libera a los profesores el tiempo de 1 día de enseñanza y mejora enseñanza de Matemáticas como si se impartiera medio año más) y a la Administración Pública (agiliza los procesos judiciales, la concesión de ayudas, la gestión medioambiental, el tráfico, la seguridad y defensa, la gestión del agua y el medio ambiente y hasta de las emergencias).

Los expertos que han elaborado HispanIA 2040 insisten en que el mayor desafío es que la IA llegue a la mayoría de empresas y trabajadores, porque si no perderíamos empleo y competitividad, agravando la desigualdad. Y para lograrlo, proponen invertir en IA en áreas estratégicas (biotecnología y ciberseguridad), crear un sistema de datos integrados que circulen por todo el país (empresas, instituciones y autonomías), impulsando modelos propios y cuidando el medio ambiente (los Centros de Datos consumen mucha energía y agua) y la ciberseguridad. Y defienden que la IA se despliegue “con criterios éticos”, preservando la privacidad, la propiedad intelectual y la protección de datos. Y “con transparencia en los algoritmos”, para que no incurra en sesgos e injusticias.

Al final, el informe HispanIA 2040 deja claro que “las oportunidades que ofrece la IA son múltiples y si las aprovechamos de manera responsable deberían compensar con creces los posibles efectos negativos”. Y que la IA debe “ayudarnos a conseguir una sociedad más próspera, más justa y con más calidad de vida”. Así que, a pesar de los miedos que tenemos todos a que las máquinas desarrollen tareas humanas, estos expertos españoles creen que hay más ventajas que inconvenientes. Y que España, como Europa, debe volcarse al máximo en esta revolución tecnológica, la más importante desde la electricidad e Internet. No podemos perder este tren.

jueves, 14 de marzo de 2024

La Inteligencia Artificial destruye y crea empleo

Este miércoles 13, el Parlamento europeo aprobó la 1ª Ley en el mundo sobre la Inteligencia Artificial (IA), que entrará en vigor en mayo y hasta 2026. Mientras, sigue la fiebre inversora por la IA y las grandes empresas empiezan a utilizarla, por temor a quedarse fuera de la mayor revolución tecnológica desde la electricidad. Y se perfila el gran temor ante la IA, la pérdida de empleos: un 40% del empleo mundial (1.360 millones) se verá afectado, según el FMI. En España, un estudio revela que perderemos 400.000 empleos netos los próximos 10 años: en realidad se perderán 2 millones, pero también se crearán 1,6 millones. Un problema muy serio, que afectará más a mayores y personas con formación, y que exige prepararse desde ya, aprobado ayudas a los que pierdan el trabajo y formando al resto para adaptarse a esta revolución tecnológica. España tiene “ la ventaja” de la escasa adopción de la IA (54,5% empresas no la utilizan), pero su uso crecerá exponencialmente. Urge prepararse.


La Inteligencia Artificial (IA) avanza imparable en todo el mundo, recibiendo millonarias inversiones para nuevos desarrollos y empresas (más de 50.000 millones de dólares en 2023) y con un uso cada vez más extendido entre las empresas (más de la mitad de las grandes empresas del mundo la están utilizando en 2024), por el temor a quedarse fuera y para aprovechar una tecnología que puede aumentar su productividad. Y con este avance, aumentan también los dos miedos que genera la Inteligencia Artificial (IA): que avance sin control y que suponga la destrucción de millones de empleos.

La Inteligencia Artificial (IA) busca que una máquina o una red de máquinas sean capaces de aprender y desarrollar tareas humanas, desde escribir o traducir a diagnosticar enfermedades, conducir un coche, investigar o invertir. Las primeras computadoras se crearon en EE. UU. en los años 40 y ya en 1950 se creó el primer experimento de Inteligencia Artificial, el proyecto Theseus: un ratón a control remoto capaz de encontrar la salida de un laberinto. En los años 90 aparecieron programas para juegos contra humanos y ya en 2012, el desarrollo AlexNet reconocía imágenes y objetos. En 2020 se avanza en el reconocimiento del comportamiento humano y el 1 de diciembre de 2022 aparece ChatGPT, un sistema de chat basado en modelos de lenguaje por IA que permite elaborar informes, traducción, artículos, fotos y vídeos, gracias al reconocimiento de voz e imágenes. Y actualmente, Google, X y otras grandes tecnológicas compiten cada día con nuevos desarrollos.

 Los expertos creen que, antes o después, se conseguirá que las máquinas (los ordenadores, solos o con robots) realicen (con menos coste y aceptable calidad) una gran parte de las tareas humanas, que exista “una Inteligencia Artificial a nivel humano”: un 50% de los científicos encuestados creen que esto sucederá antes de 2061 y el 90% están seguros que será “antes de 100 años”,  aunque muchos creen que se logrará “un gran avance” ya para 2050. Todo apunta a que la Inteligencia Artificial (IA) será la mayor innovación en la historia de la humanidad desde la electricidad (finales siglo XIX), permitiendo grandes avances en la Ciencia, sobre todo en energía, medicina, movilidad y sustitución de trabajos rutinarios y desagradables. Pero tiene dos graves incertidumbres: su efecto negativo sobre el empleo y el temor a un descontrol, que permita manipulaciones y controles de la sociedad.

El temor más inmediato es que la Inteligencia Artificial (IA) nos deje sin trabajo, sustituyendo a los humanos en muchos empleos, sobre todo los trabajos más cualificados y los más rutinarios, especialmente empleos administrativos, profesionales y técnicos, matemáticos, asesores financieros, periodistas, abogados, traductores y gestores. Todos estos empleos cualificados corren más riesgo con la IA que los empleos de baja cualificación, porque suelen tener salarios altos y la inversión para sustituirlos por IA compensa más que en empleos de baja cualificación (salvo los más rutinarios). A cambio, la IA también creará nuevos empleos, especialmente los ligados a la programación de las máquinas (“ingenieros de peticiones") y al tratamiento de datos.

Un reciente informe del Fondo Monetario Internacional (FMI), de enero de 2024, cuantifica por primera vez los riesgos de la IA para el empleo: afectará al 40% del empleo mundial, a 1.360 millones de trabajadores, cuyo trabajo cambiará drásticamente o desaparecerá. Pero el efecto será diferente según los paises: en los paises desarrollados, el 60% de los trabajadores estarán expuestos a la IA, afectando al 40% en los paises emergentes y al 26% de trabajadores en los paises atrasados. También dependerá mucho de la cualificación:  los trabajadores más afectados por la IA serán los que tienen alta cualificación, junto a los mayores y parte de las mujeres. Otro informe anterior, de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) señalaba que las profesiones más afectadas por la IA serán los empleados administrativos (82% expuestos), las profesiones intermedias (27%), las  intelectuales y científicas (26%), los servicios directos a particulares, comerciantes y vendedores  (22%) y los directores y gerentes (14% afectados).

El informe del FMI señala que la IA tiene “un lado oscuro”, que supondrá la pérdida y reconversión de millones de empleos y agravará la desigualdad laboral y salarial dentro de los paises y también entre sectores y paises. Pero también la IA tiene “un lado muy positivo”: es una revolución tecnológica que aumentará la productividad de las empresas y el crecimiento del mundo, creando además nuevos empleos. Se trata, pues, de una gran oportunidad, como la que abrieron antes otras revoluciones tecnológicas, y el reto es aprovechar sus ventajas y reducir sus inconvenientes, que serán más visibles a corto plazo. De hecho, el FMI advierte que la IA puede agravar las tensiones sociales (como hizo la 1ª Revolución Industrial, en el siglo XIX) y ampliar la brecha de desigualdad entre paises desarrollados y paises pobres.

De momento, aunque la aplicación de la IA está empezando, ya han surgido los primeros despidos. Así, un 25% de las grandes empresas anticipan una reducción del 5% de su plantilla o más en 2024 por la IA, según una Encuesta realizada por la consultora PwC a 4.702 consejeros delegados de 105 paises y presentada en enero en el Foro de Davos. Y, en paralelo, otro 39% de grandes empresas encuestadas van a aumentar su empleo este año un 5% o más por la IA . Los sectores que van a recortar un 5% o más por la IA son los medios de comunicación y entretenimiento (lo harán el 32% de las empresas), bancos, mercados y aseguradoras (el 28%), el transporte y la logística (el 25%), las telecos y empresas de servicios (25% harán recortes). A cambio, el 60% de los directivos multinacionales consultados esperan que la IA les mejore sus productos y servicios, aumentando su productividad y permitiendo nuevas contrataciones a medio plazo.

En España, un reciente informe de Randstad (26 de febrero) se atreve a hacer un balance del coste laboral de la IA en los próximos 10 años (2023-2033): se perderán 2 millones de empleos (casi el 10%) y se crearán 1,61 millones de empleos nuevos, con un saldo neto de -390.000 empleos perdidos.  Profundizando más, el informe de Randstad refleja que el 9,8% de los empleos actuales (2 millones) corren el riesgo de ser automatizados, mientras otro 15,9% de empleos (3,25 millones) se mantendrán (aumentando su productividad,) y la mayoría (el 74,3% restante, 15,19 millones de empleos) no tendrán cambios significativos por la aplicación de la Inteligencia Artificial (IA).

El informe concreta los sectores que se verán más afectados negativamente por la IA: el comercio (perderá 158.415 empleos netos), las actividades administrativas (-147.915 empleos netos), hostelería (-112.770) y transporte y almacenamiento (-47.490), teniendo un menor impacto negativo la agricultura, ganadería y pesca, industria y construcción.  Y los sectores más beneficiados por la IA en España, que ganarán empleo neto, serán la programación y consultoría (+76.364 empleos netos), actividades científicas y técnicas (+48.816 empleos netos),  telecomunicaciones (+8.995 empleos), medios y publicaciones (+3.576) . Mientras, la IA aumentará la productividad del 15,9% de empleos, sobre todo en programación y consultoría (mejorará el rendimiento del 40% de los empleos), los seguros (37% empleos) y finanzas (36%), medios y publicaciones (33%), actividades científicas y técnicas (27%) y telecos (subirá productividad 25% empleos).

El problema del trabajo en el futuro es que la IA va muy rápido y los trabajadores tienen menos tiempo para adaptarse que en las revoluciones tecnológicas anteriores, según otro estudio de la consultora Oliver Wyman. Lo que parece claro, añaden, es que en las próximas décadas, la Inteligencia Artificial (IA) “cambiará el papel de los trabajadores”: serán “un complemento” de los ordenadores y robots en la gestión de equipos, transmisión de mensajes y gestión de las emociones, desempeñando un papel más “humano y asistencial”. Parece claro que las máquinas necesitarán al hombre para ser “inteligentes” y que el trabajador seguirá siendo clave en las empresas, pero en muchos casos su papel cambiará radicalmente y en otros serán suplantados por la Inteligencia Artificial.

Esta nueva tecnología, la IA, ya está revolucionando la gestión de los recursos humanos hoy: el 40% de los responsables de recursos humanos, los que seleccionan y contratan personal, ya conocen y utilizan la IA para el cribado de currículos y la búsqueda de candidatos, según publica el Observatorio de RRHH de Randstad, que refleja que una de las primeras aplicaciones de la IA está siendo identificar el talento y las competencias a la hora de ampliar y definir las plantillas del futuro .¡Qué miedo! 

Parece claro que, a pesar de sus indudables ventajas, la IA va a traer una oleada de despidos en el mundo y en España. Los sindicatos ya lo están asumiendo, en la negociación del último ERE de Telefónica, por ejemplo. Saben que las nuevas tecnologías, acabarán con los trabajadores menos formados y más mayores, cuyo puesto cambiará drásticamente o desaparecerá. Y sólo queda una salida: ayudar a los que se van, con un desempleo que se alargue hasta la jubilación (incluyendo la ampliación del ingreso mínimo vital, como “una red de seguridad” frente a los despidos tecnológicos).  Sólo en otros casos, en algunos puestos y con trabajadores más jóvenes, hay otra salida: el reciclaje y la formación, algo por lo que deben apostar empresas y Gobiernos, según recomienda el estudio del FMI. 

El temor al despido por la IA va paralelo a su implantación, todavía lenta: sólo el 8% de las compañías mundiales utilizan la IA de forma proactiva en el día a día, según un informe de la consultora KPMG. Pero ojo: un 55% de los directivos de las grandes empresas mundiales consideran que la implantación de la IA será crucial para alcanzar sus objetivos en los próximos 3 años. En definitiva, que el proceso de implantación de la IA va a toda velocidad, en paralelo a las múltiples inversiones para poner en marcha nuevas versiones más accesibles y eficaces. Por eso, la IA va a crecer de forma imparable y afectará cada año más al empleo.

En España, tenemos “la ventaja” de que todavía son pocas las empresas que han implantado la IA en su día a día, aunque un 45,5% ya lo utilizan para tareas complementarias, como el análisis de datos, la automatización de procesos productivos o la optimización de tareas administrativas, según el estudio de Randstad. Pero también en España, la IA está “pisando el acelerador” y su uso se ha multiplicado por 5,7 en el 4º trimestre de 2023. Y hasta Microsoft acaba de anunciar que invertirá 1.950 millones de euros en España hasta 2025 para potenciar la Inteligencia Artificial.

El otro temor sobre la IA, su regulación para evitar que crezca de forma descontrolada, sigue ahí. De hecho, en marzo de 2023, más de 1.300 expertos y personajes públicos firmaron esta carta abierta para ralentizar (durante 6 meses) el desarrollo y aplicación de la IA, buscando “controlar los profundos riesgos para la sociedad y la humanidad”. Pero no ha habido ningún parón, sino una aceleración de inversiones y proyectos. Eso sí, a principios de noviembre de 2023, un total de 28 paises (entre ellos EE. UU., China, Europa, Japón, Corea y Brasil) firmaron en Oxford la Declaración de Bletchley para trabajar juntos en que la IA se atenga a “unos mínimos de regulación”. Pero la realidad es que EE. UU. y China mantienen una guerra tecnológica por la IA, sin transparencia ni controles.

Mientras, Europa, que está muy retrasada en cuanto a desarrollos e implantación de la IA, se ha convertido en el continente líder en la regulación, aprobando este miércoles 13 de marzo, en el Parlamento Europeo, la 1ª ley que regula la IA en el mundo, que entrará en vigor en 2026. El Reglamento de la IA, aprobado por los líderes europeos el 8 de diciembre, pretende “garantizar que los sistemas de IA utilizados en la UE sean seguros, transparentes, trazables, no discriminatorios y respetuosos con el medio ambiente”. Y, sobre todo, asegurar que los sistemas sean supervisados por personas, no por máquinas. Ahora se creará una Oficina Europea de IA para vigilar los distintos riesgos en la aplicación de la IA y la aplicación de la Ley (que no resuelve varios problemas claves) será progresiva, hasta mediados de 2026.

En paralelo, la Comisión Europea quiere que la UE recupere el terreno perdido en la IA frente a EE. UU. Y China, pensando en aprobar (después de las elecciones europeas de junio) un nuevo Plan económico (como el de Recuperación tras la pandemia) para relanzar las inversiones europeas en tecnología, digitalización e Inteligencia Artificial (IA). Entre tanto, en España, que creó en 2022 la 1ª Agencia Nacional de IA (en A Coruña), el Gobierno apuesta por promover la IA dentro del Plan de Recuperación (Componente 16), con una inversión pública de 560 millones de euros que busca movilizar otros 1.500 millones de inversión privada. El Plan pretende atraer inversiones internacionales (como la de Microsoft) y que tiren de la IA las grandes empresas españolas, para llegar luego a las pymes. Un reto, la IA, que debería ayudar a España a mejorar su productividad, inferior a la de la mayoría de Europa.

En resumen, que la Inteligencia Artificial (IA) crece de forma imparable y ya sabemos que, además de mejorar la productividad de empresas y paises, va a provocar la pérdida de millones de empleos, 2 millones de ellos en España. No podemos perder este tren, como perdimos el de las anteriores revoluciones tecnológicas. Pero hemos de prepararnos para ayudar a los que caigan y a salvar a los que puedan reciclarse. No dejar a nadie atrás.