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lunes, 19 de octubre de 2026

Ciberataques al alza

Vivimos en un mundo cada vez más digitalizado, donde casi todo pasa por Internet. Y eso facilita el fraude y los ciberataques, por mafias y particulares que utilizan sistemas muy sofisticados para robarnos datos, material y dinero. Los ciberdelitos se han disparado y no afectan sólo a Gobiernos y empresas, sino a todos nosotros, desde el robo de nuestros datos en una energética o teleco al corte de la luz en supermercados (Francia) o el robo de dinero en los bancos, que crece imparable. Tanto que una sentencia del Tribunal europeo de Justicia acaba de decidir que los bancos deben pagar los daños sufridos por sus clientes. Europol alerta sobre el aumento de la cibercriminalidad, mientras en España hay casi tantos ciberdelitos como hurtos. Urge que Gobiernos y empresas inviertan más en ciberseguridad, porque el uso de la Inteligencia Artificial (IA) dispara los ciberataques. Europa quiere reforzar su Directiva contra estos ciberdelitos, mientras España no ha aprobado la Ley de Ciberseguridad. Todos debemos defendernos mejor frente a los ciberataques.  

                                    Enrique Ortega

La gran desventaja de que todo el mundo funcione hiperconectado a Internet es que somos muy vulnerables a los ataques, desde la energía, los transportes o las infraestructuras básicas a los datos sanitarios o nuestras cuentas bancarias. Y cada día más. De hecho, se estima que cada segundo se producen 500 ciberataques en el mundo. Y los daños son tales que habrán superado los 12,5 billones de dólares en 2026, el 1,2% del PIB mundial. Así que la ciberdelincuencia se ha configurado ya como el primer negocio criminal en el mundo, por delante de las drogas, la trata de personas o el tráfico de armas. Un negocio ilegal que tiene dos ventajas, según los expertos: requiere poca inversión previa y pocos medios y tiene un enorme “retorno” (el 1.400%). Y en los últimos años, cuenta además con la inestimable ayuda de la Inteligencia artificial (IA), que sofistica y mejora los ciberataques.

En 2025, los ciberataques “documentados” en el mundo crecieron un +42%, alcanzando los 7.979 incidentes (frente a 5.613 en 2024), según el informe Ciberinteligencia 2025, de Secure&IT . Y se identificaron 163 grupos de ciberdelincuentes activos a escala internacional (frente a 114 en 2024), de los que 7 grupos concentran el 40% de los grandes ciberdelitos, destacando el grupo Qilin (12,7% de los grandes ciberdelitos mundiales), Akira (8,25% ciberdelitos) y Play (4,8%). Todos ellos operan bajo esquemas de “Ransomware-as-a-Service (RaaS)”, un modelo que funciona como una franquicia criminal en la que los desarrolladores alquilan su malware a afiliados que ejecutan los ataques. Por paises, EEUU fue el más atacado en 2025 (tuvo el 52% de los grandes ataques documentados), seguido de lejos por Canadá (5%), Reino Unido y Alemania (4% cada uno). España quedó en 7ª posición, según Secure&IT, con 170 grandes ataques, el 10% de los ataques en Europa.

En 2026, los datos revelan un gran salto en los ciberataques, propiciado por la dependencia de las empresas y organizaciones de proveedores y plataformas externas (que facilitan la entrada de virus maliciosos) y, sobre todo, por la mayor utilización de la Inteligencia Artificial (IA) por los ciberdelincuentes, lo que facilita los ataques a muchos particulares no profesionales. Los últimos datos disponibles, de septiembre de 2026, revelan que las empresas del mundo han sufrido de promedio 2.803 ataques significativos por semana, +48% que hace un año, según Check Point Research. Y en España, el mes pasado hubo un promedio de 2.507 ciberataques documentados por semana, un 28% más que hace un año.

En conjunto, el coste mundial del cibercrimen ronda este año los 12,5 billones de dólares anuales (10,97 millones euros) y cada ataque importante cuesta a las empresas y Gobiernos una media de 4,4 millones de dólares, según el último informe de NTT Data. En el primer semestre de 2026, EEUU sufrió 18.811 ataques documentados, más de la mitad del total. Y le siguieron, lejos, India (4.461 ataques), Reino Unido (3.448), Francia (2.750), Indonesia (1.631), Canadá (1.344). Australia (1.196), Brasil (1.137), Alemania (1.126), Italia (1.065), México (949) y España, en el lugar 12º, con 899 ataques graves, +45% que en la primera mitad de 2025, un aumento mayor que el de Alemania (+31%). Algunos ciberataques en 2026 que han trascendido son los ataques a la plataforma turística Booking (abril 2026), a Endesa (principios de año, a los datos de clientes de Zara (mayo), al sistema de la autoridad portuaria de Vigo (marzo),a algunos centros de salud y a servidores de Ayuntamientos (Valdemoro). Las pymes son el sector más expuesto (al estar menos protegidas) : un informe de Kaspersky revela que el 86% de las pymes españolas sufrió al menos 1 ciberataque en el último año.

El informe más completo sobre los ciberataques en España, con datos de 2025, lo publicó en febrero INCIBE (el Instituto Nacional de Ciberseguridad, con sede en León). Ahí reflejan que intervinieron en 122.223 ciberataques en 2025, un aumento del +26% sobre 2024 (97.348 ciberataques documentados). La mayoría se dirigieron contra empresas que prestan servicios esenciales: banca (el 34% de los ataques), transporte (14%), energía (8%), infraestructuras de los mercados financieros (7%), aseguradoras y fondos de pensiones (7%). Casi la mitad de los ataques documentados  (55.411) son “malware”(“virus informáticos), programas diseñados para infiltrarse sin permiso en redes y ordenadores. Le siguen los incidentes de fraude online (45.445, la mayoría a clientes de banca). Otros ataques muy generalizados (25.133 incidentes) fueron “phising”, correos y mensajes para robar datos. Y aunque son menos, los más costosos son los ataques de “ransomware” (392 importantes en 2025), que bloquean accesos a archivos o Webs a cambio de dinero (“secuestros digitales”).

Los expertos señalan que este fuerte aumento de los ciberataques se debe a varios factores:  la mayor exposición digital de empresas y particulares, la creciente participación en la cadena de datos de terceros (proveedores y clientes, que acaban siendo el eslabón más débil para facilitar los accesos ilegales), la mayor sofisticación de los ciberdelincuentes (que gracias a la IA utilizan plataformas de ciberataques sin tener una gran formación como “hackers) y, sobre todo, la mayor conectividad de los usuarios. Un ejemplo: el 85% de los sistemas infectados por ciberdelincuentes se producen en dispositivos inteligentes (IoT), como TV, lavavajillas, robots de limpieza o reproductores multimedia conectados a la red en nuestras casas. Y también ayuda a la ciberdelincuencia que España sea el país que recibe más turistas del mundo, lo que multiplica los ciberataques a plataformas de reservas, hoteles o líneas aéreas.

Otra estadística muy reveladora de los ciberdelitos es la del Ministerio del Interior, que informa de los ataques informáticos denunciados por empresas y ciudadanos. En 2025, se denunciaron 489.248 ciberdelitos, +5,3% que en 2024 pero 6 veces más de los ciberdelitos denunciados en 2016 (70.128). Y casi se denuncian tantos ciberdelitos como hurtos (633.888 robos sin violencia en 2025). La mayor parte de estas denuncias (430.493) son estafas informáticas, siendo sólo 58.755 los otros ciberdelitos (sabotajes, ataques a la intimidad o a los derechos de autor). Con todo, lo llamativo es que los ciberdelitos suponen el 20% de toda la criminalidad en España, según Interior. Sin embargo, el 97% de las estafas informáticas denunciadas quedan impunes, sin condena de los Tribunales.

Uno de los delitos informáticos que más crece son los ataques a las cuentas bancarias de los españoles (las tienen el 98%): los bancos detectan que los intentos de estafa han aumentado un +19% (se estima que la mitad de clientes han sufrido algún intento de ataque) y el importe medio sustraído ha crecido un +63%, con una sofisticación creciente (los ciberdelincuentes clonan Webs y perfeccionan con la IA los mails y mensajes que envían a los clientes, a veces con sonidos e imágenes de jefes, amigos o familiares). Por eso, en diciembre de 2025, la patronal de la banca y las Cajas, junto al Ministerio de Economía, crearon una Brigada antifraude para impulsar medidas efectivas contra el fraude digital y para reforzar la seguridad de la operativa online (por eso ahora recibimos más alertas de los bancos con consejos sobre ciberseguridad).

El problema es que los bancos tratan de “escaquearse” cuando uno de sus clientes ha sufrido un ataque informático y le han robado su dinero. Los casos son diarios y muchos ataques acaban en los Tribunales, porque el banco se niega a devolver al cliente lo perdido, alegando que ha sido por su culpa, por dar las claves (por engaño de los ciberdelincuentes) o no tener sistemas de protección en ordenadores y móviles. Pero la jurisprudencia está dando la razón a los clientes, tras la sentencia del Supremo de 9 de abril de 2025, que obligaba a los bancos a “asumir la responsabilidad de las operaciones no autorizadas derivadas de la suplantación de identidad”. Y eso se reforzó la semana pasada, el 15 de octubre, con la sentencia del Tribunal de Justicia de la UE: obliga a los bancos europeos a devolver a sus clientes el dinero sustraído en las ciberestafas “aunque el cliente haya sido negligente”. Así que ahora, el banco devuelve lo perdido y luego si quiere reclama ante los Tribunales, aunque en este caso tiene que demostrar una conducta negligente del cliente (algo difícil).

Ante este aumento de los ciberataques a las cuentas bancarias, el Banco Central Europeo convocó en abril a los principales bancos europeos a una reunión para pedirles Planes de contingencia, solicitud que repitió el 7 de julio, dándoles de plazo hasta el 31 de octubre para presentarlos al BCE, que va a poner en marcha test y pruebas para probar su eficacia. El gran temor del BCE es que se disparen los ciberataques a la banca europea con la utilización por los ciberdelincuentes de la herramienta Mythos, desarrollada por Anthropic, empresa USA líder de la Inteligencia Artificial (IA).

Precisamente, todos los expertos señalan que la Inteligencia Artificial (IA) está disparando los ciberataques y lo hará más en el futuro. De hecho, la IA es ya la principal herramienta de los ciberdelincuentes, que la utilizan en el 80% de los correos de “phishing” (robo de datos) y de los despliegues de “ransomware” (“secuestro informático”), con campañas muy personalizadas que eliminan errores lingüísticos y evaden los sistemas de detección tradicionales. Además, la IA facilita a las redes cibercriminales fragmentar y profesionalizar sus “servicios”, a través de plataformas donde “alquilan” sus infraestructuras de ataque y virus informáticos a bajo coste, permitiendo que delincuentes con pocos conocimientos técnicos ejecuten ataques informáticos sofisticados. Y además, la geopolítica y los conflictos entre bloques facilitan también los ataques a infraestructuras críticas como una forma de “guerra híbrida”, financiada por Gobiernos y grupos que buscan sabotear, desinformar y desestabilizar.

Por todo ello, los ciberataques son una de las grandes preocupaciones de todos los Gobiernos, también en Europa, donde el último informe de Europol (la policía europea) alerta de que la innovación tecnológica (IA, plataformas cifradas, tecnología blockchain y las infraestructuras digitales) permite a las redes de delincuentes escalar en sus actividades criminales, lo que convierte la ciberdelincuencia, el fraude online y los ciberataques en “las amenazas que más crecen y la prioridad estratégica de Europol”. Y por eso, la Comisión Europea presentó en enero de 2026 una propuesta de nuevo Reglamento para elaborar una nueva Ley de Ciberseguridad de la UE, que mejore la actual Directiva de Seguridad (Directiva 2022/2025), conocida como NIS2, aprobada el 14 de diciembre de 2022.

España es uno de los pocos paises europeos que todavía no ha traspuesto esa Directiva Europea NIS2, que ahora se va a reforzar. Teníamos de plazo para hacerlo hasta el 17 de octubre de 2022, pero el Gobierno no aprobó un Anteproyecto de Ley de Ciberseguridad hasta el 14 de enero de 2025, que lleva desde entonces en ronda de consultas por varios organismos, sin que haya sido aprobada como proyecto de Ley. Por ello, la Comisión Europea denunció, el pasado 8 de julio, a España, Irlanda, Francia y Paises Bajos ante el Tribunal de Justicia de la UE, lo que puede conllevar una condena y una multa. Máxime cuando ha acabado la Legislatura y habrá que ver lo que hace el próximo Gobierno.

La frustrada Ley de Ciberseguridad establecía la obligación para entidades y empresas de aprobar Planes de Ciberseguridad, básicamente en sectores críticos: energía, transporte, banca y mercados financieros, sanidad, agua, infraestructuras digitales y servicios tecnológicos, industria nuclear y entidades públicas. La Ley de Ciberseguridad afectaría a organismos y empresas grandes y medianas (más de 50 empleados y más de 50 millones de euros de negocio), aunque también a pequeñas empresas de sectores críticos (mensajería, gestión residuos, químicas, alimentación, proveedores de servicios digitales, seguridad privada e investigación científica. Y obliga a informar de los ataques e incidentes significativos y comunicárselo a las personas afectadas, creando el responsable de Ciberseguridad, que elaborará y supervisará la estrategia de organismos y empresas.

Al no aprobarse la Ley, tampoco se ha podido crear el Centro Nacional de Ciberseguridad, adscrito a la Presidencia del Gobierno y máximo organismo de coordinación con la política de Ciberseguridad de la UE. Un retraso que agrava la vulnerabilidad de organismos, empresas y ciudadanos Y en paralelo, habría que destinar más recursos públicos a la Ciberseguridad de organismos e instituciones, así como incentivos y ayudas para que las empresas se gasten más en ciberseguridad (sobre todo las pymes, que sólo invierten un 6% en seguridad informática) y contraten a más expertos (en España hay 3.431 empresas de ciberseguridad, que facturan 6.351 millones de euros y emplean a 165.000 profesionales), formando mejor a sus empleados (faltan 80.000 especialistas en las empresas) para cerrar las brechas a los ciberdelincuentes. De hecho, sólo el 4% de las organizaciones españolas cuentan con infraestructuras adecuadas para afrontar ataques informáticos sofisticados.

Y luego queda que nosotros, los internautas, tomemos conciencia de lo vulnerables que somos, gastemos en antivirus (nos gastamos en videocámaras y puertas blindadas pero no en proteger ordenadores, tablets y móviles) y seamos más precavidos en Internet (descargas, correos, WApp, redes, compras…). Nos jugamos nuestro dinero y nuestra intimidad.

jueves, 13 de marzo de 2025

Récord de ciberataques (sin Ley)

Europa está empeñada en una política de Seguridad propia, que no consiste en comprar más tanques o aviones sino en políticas que también luchen contra los hackers de Putin (atacaron a España en febrero) o los ciberdelincuentes internacionales, un negocio criminal que supera a las drogas, la trata o el tráfico de armas. Los ciberataques se disparan y 2024 ha sido un año récord, con ataques a grandes empresas españolas, bancos e instituciones, incluidos hospitales. Y los delitos informáticos se duplican en España desde 2019 , afectando a una gran parte de ciudadanos, con más eficacia gracias al uso de la Inteligencia Artificial (IA). El problema es que las empresas (sobre todo las pymes) no gastan suficiente en ciberseguridad, faltan expertos y los ciudadanos no tomamos medidas eficaces. Y encima, España no tiene aún una Ley de Ciberseguridad, que Bruselas obligó a aprobar para octubre de 2024. Urge un pacto político  para aprobarla cuanto antes y medidas para garantizar nuestra ciberseguridad, porque estamos a merced de una potente delincuencia internacional y geopolítica.

                            Enrique Ortega

La gran desventaja de que todo el mundo funcione hiperconectado a Internet es que somos muy vulnerables a los ataques, desde la energía, los transportes o las infraestructuras básicas a los datos sanitarios o nuestras cuentas bancarias. Y cada día más. De hecho, se estima que cada segundo se producen 500 ciberataques en el mundo. Y los daños son tales que habrán superado los 10 billones de dólares en 2024, el 1% del PIB mundial. Así que la ciberdelincuencia se ha configurado ya como el primer negocio criminal en el mundo, por delante de las drogas, la trata de personas o el tráfico de armas. Un negocio ilegal que tiene dos ventajas, según los expertos: requiere poca inversión previa y pocos medios y tiene un enorme “retorno” (el 1.400%). Y en los últimos años, cuenta además con la  ayuda de la Inteligencia artificial (IA), que sofistica y mejora los ciberataques.

El año 2024 ha batido todos los récords de ciberdelincuencia, según los expertos, y 9 de cada 10 organizaciones sufrieron al menos una amenaza cibernética, según el Foro Económico Mundial. Estos ciberataques han aumentado con la guerra de Ucrania, por la participación de Rusia y sus granjas de bots (programas informáticos que simulan interactuar en Internet) en ataques a infraestructuras básicas europeas (aumentaron los ataques a España en febrero, tras la visita de apoyo de Sánchez a Kiev), así como por la proliferación de dispositivos conectados a Internet (Internet de las cosas), el auge del 5G y la Inteligencia Artificial, que permite detectar y aprovechar mejor las brechas de seguridad de instituciones, empresas y ciudadanos, que siguen sin invertir suficiente en su ciberseguridad. El problema es tan serio que el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha alertado que los ciberataques son “una amenaza crítica” para la estabilidad  financiera mundial.

El último informe de Europol, la policía europea, sobre los ciberataques en la UE señala el salto que han dado en 2024, los ciberataques contra empresas e infraestructuras críticas europeas, con la técnica del ransomware: robo de datos o anulación de las infraestructuras con una petición de rescate para anularlo. El informe alerta que estos ciberataques son cada vez más sofisticados, con cifrados más complejos, que no solo pretenden robar datos (para luego venderlos en el mercado negro digital) sino acceder a información sensible e inutilizar servicios e infraestructuras críticas (como suministro eléctrico, aeropuertos y hospitales), poniendo en riesgo servicios públicos y la propia seguridad nacional.

Tras el ransomware a empresas e instituciones, Europol alerta sobre el crecimiento de los fraudes online a particulares, con el phishing (“pesca” de datos), cada vez más sofisticados, ya que no sólo son mails que buscan que los internautas envíen datos y contraseñas, sino que se han perfeccionado los sistemas de fraude, con la Inteligencia artificial (IA). Así, se ha generalizado el “fraude del CEO”, por el cual un trabajador recibe un correo (o un vídeo o nota de voz) del jefe de su empresa (que parece muy “real”) en el que le pide que haga un pago o transferencia. Y también  se envía a proveedores, para que hagan pagos o paguen facturas falsas. O a empleados de recursos humanos para que envíen datos de empleados. Y también se han popularizado los “fraudes románticos”, a través de redes sociales o aplicaciones de citas, donde se pide el envío de dinero o la colaboración en “inversiones solidarias”. 

Y además, Europol alerta sobre el auge de las criptomonedas y su colaboración con los ciberdelincuentes, para cobrar rescates en criptos y comprar y vender datos en la Web oscura (operaciones muy difíciles de rastrear), lo que configura unas redes internacionales de ciberdelincuencia cada vez más poderosas. Y también ha crecido de forma alarmante, según Europol, el material pedófilo y de explotación sexual infantil, cuya oferta se puede multiplicar gracias al uso de la Inteligencia artificial (IA).

En España, el año 2024 ha batido todos los récords de ciberdelitos: “la ciberseguridad ha llegado a un punto crítico”, señala un detallado informe de APTE, donde se destaca que los ciberataques al sector público se han duplicado en 2024 (+190%), mientras también han crecido los ataques a empresas, concentrados en un 62% en el sector tecnológico, financiero e infraestructuras. De hecho, ya en 2023, el Centro Criptográfico Nacional (dependiente del CNI) detectó en España 107.777 ciberataques, el doble que en 2022 (55.695), más otros 83.567 ataques “menores” detectados por el Incibe (Instituto Nacional de Ciberseguridad). Ahora, a falta de los datos oficiales de 2024, España es el 8º país del mundo con más ataques de ransomware y casi la mitad de los internautas han sufrido algún ataque informático el año pasado, según una Encuesta del CIS.

En 2024, han sido muchas las grandes empresas del IBEX 35 que han sufrido importantes ataques informáticos que se han hecho públicos (otros no), poniendo en riesgo los datos de sus clientes (Telefónica, Repsol, Banco de Santander), así como importantes empresas (Orange, FIATC Seguros, Total Energies, Alcampo, Cortefiel, Perfumerías Douglas, consultoras Ayesa o Aerotecnic), medios (RTVE, El Confidencial), organismos públicos (la DGT, INTA, Comisión Nacional de la Competencia o la Guardia Civil, a través de una empresa de chequeos médicos), hospitales, Ayuntamientos y Diputaciones…

En muchos casos, la ciberdelincuencia conduce a infracciones penales, que acaban en el listado de delitos del Ministerio del Interior. En 2024, el balance fue de 465.838 delitos informáticos, el 19% de todos los delitos reportados (9,6 ciberdelitos por cada 1000 habitantes frente a 41 delitos/1000 habitantes de los delitos “convencionales). Esta cifra supone duplicar los ciberdelitos de 2019 (218.032 reportados)  y cuadruplicarlos desde 2016 (92.716 ciberdelitos, sólo el 4,6% del total). Un dato llamativo: los ciberdelitos son 4 veces más que los robos con fuerza en viviendas y establecimientos (114.978 en 2024). El 88% de los ciberdelitos denunciados son fraudes (estafas) y el resto amenazas o coacciones (5,9%) y delitos sexuales (0,81%). A la cabeza de los ciberdelitos denunciados están Andalucía (17,5%), Cataluña (16,25%), Madrid (15,88%) y la Comunidad Valenciana (10,06%).

Lo que parece claro, frente a este auge de la ciberdelincuencia, es que no estamos preparados, ni las empresas ni los organismos públicos ni los particulares. De hecho, sólo el 2% de las organizaciones españolas cuentan con una infraestructura adecuada para enfrentarse a los ataques más sofisticados de la ciberdelincuencia, según el Informe de APTE. Y en el caso de las pymes, la mayoría siguen siendo muy vulnerables ante ciberataques que las pueden llevar al cierre. En  cuanto a los ciudadanos, el 60% admiten carecer de conocimientos (y de antivirus eficaces) para evitar sufrir fraudes online.

Frente a los ataques a empresas e infraestructuras críticas, es donde más se ha avanzado, pero también los que más preocupan, por su tremendo impacto. En España existe un triple mecanismo público de defensa ante los ciberataques: el INCIBE, que protege a los ciudadanos (con alertas y consejos, su web y el teléfono 017), las empresas y los organismos universitarios y de investigación, el Centro Criptográfico Nacional (adscrito al CNI), que protege a la administración y al sector público y el equipo de respuesta de emergencias informáticas (CERT) de Defensa. Y además está la Oficina de Coordinación de la Ciberseguridad (integrada por policías y guardias civiles) que colabora con las empresas para la Ciberdefensa de los 171 operadores críticos (que en 2023 sufrieron 237 incidentes graves, según el INCIBE), en la energía, banca, agua y salud. Sin olvidar que las grandes empresas cuentan con Centros de respuesta ante emergencias informáticas (CERT), igual que Cataluña y País Vasco, coordinados con los del Estado.

Todos ellos suponen una enorme red de Ciberdefensa, que realiza básicamente un trabajo preventivo (detectar la llegada de virus a las redes, para evitar ataques) y posterior a los ataques, coordinando medidas. Un sistema de protección, público y privado, que convirtió a España en el 4º país más ciberseguro del mundo (cuando en 2016 éramos el 23º), según el Índice de Seguridad Global 2020, elaborado por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (ONU): sólo estamos por detrás de EEUU, Reino Unido y  Arabia Saudí. En el último informe, de 2024, ya no hay ranking, pero España está en el grupo de cabeza, entre los 46 paises más ciberseguros del mundo, con una nota de 95 sobre 100, la mayor puntuación en cuatro de los 5 pilares que analiza y superando la nota media de la UE-27.

Mientras España ha avanzado en Ciberseguridad global, como país, y en la estrategia de las grandes empresas (bancos, aseguradoras, energía, telecomunicaciones, servicios), queda mucho por hacer en la ciberseguridad de la mayoría de las empresas (sobre todo pymes, que sólo invierten un 6% en seguridad informática) y de los particulares, los internautas. Los grandes retos pendientes son, según el informe de APTE, la mayor inversión de empresas y organismos en ciberseguridad, la formación de expertos (faltan 80.000 especialistas), la vigilancia de los avances en IA para los ciberdelincuentes, el cierre de las brechas que deja el 5G y el Internet de las cosas, el aumento de empresas españolas que ofrezcan soluciones de ciberseguridad, una mayor cooperación público-privada, una mayor conciencia y seguridad de los internautas y más campañas públicas de prevención. Y sobre todo, reforzar una Estrategia europea de seguridad cibernética, más en momentos de crisis geopolíticas.

Europa se empezó a tomar en serio la Ciberseguridad con la Directiva 2022/2555 , aprobada el 14 de diciembre de 2022 por el Parlamento europeo y el Consejo. Conocida como NIS2, esta Directiva europea pretende que los paises europeos apliquen medidas, en sus organismos y empresas para mejorar la Ciberseguridad en la UE. Las entidades públicas y privadas afectadas (organismos, grandes empresas y pymes que presten servicios esenciales) están obligadas a hacer una evaluación de sus riesgos informáticos, aprobar medidas para elevar su seguridad y prevenir riesgos. Y además, deben informar de los ataques e incidentes significativos y comunicárselos a los personas afectadas, creando el responsable de Ciberseguridad, que elaborará y supervisará esta estrategia.

El plazo para que los paises europeos aplicaran esta Directiva NIS2 se terminó el 17 de octubre de 2024. Y España fue uno de los pocos paises europeos que no cumplió este plazo: ha retrasado su trasposición hasta el 14 de enero de 2025, cuando el Consejo de Ministros ha aprobado (tarde) un anteproyecto de Ley de Ciberseguridad, elaborado por tres Ministerios (Interior, Defensa y Transformación Digital). Ahí se fija qué entidades y empresas públicas están obligadas a aprobar planes de ciberseguridad, básicamente en sectores críticos: energía, transporte, banca y mercados financieros, sanidad, agua, infraestructuras digitales y servicios tecnológicos, industria nuclear y entidades públicas. En general, la Ley de Ciberseguridad afectará a organismos y empresas grandes y medianas (más de 50 empleados y más de 50 millones de euros de negocio), aunque también afectará a pequeñas empresas de sectores críticos (mensajería, gestión residuos, químicas, alimentación, proveedores de servicios digitales, seguridad privada e investigación científica).

Tras la ronda de consultas, el anteproyecto de Ley de Ciberseguridad volverá al Consejo de Ministros, para aprobarla como proyecto de Ley y enviarla al Parlamento, para tramitarla por el procedimiento de urgencia. Pero a la vista de los plazos y de la polarización política, no será posible aprobarla antes de finales de 2025. Sólo entonces podrá crearse el Centro Nacional de Ciberseguridad contemplado en la Ley, adscrito a la Presidencia del Gobierno y máximo organismo de coordinación con la política de Ciberseguridad de la UE. Un retraso que agrava la vulnerabilidad de organismos, empresas y ciudadanos, por lo que debería pactarse una tramitación rápida y unánime. Y en paralelo, habrá que destinar más recursos públicos a la Ciberseguridad de organismos e instituciones, así como incentivos y ayudas para que las empresas (sobre todo las pymes) se gasten más en seguridad informática y contraten a más expertos, formando mejor a sus empleados para cerrar brechas a los ciberdelincuentes. Y luego queda que nosotros, los internautas, tomemos conciencia de lo vulnerables que somos, gastemos en antivirus y seamos más precavidos en Internet.

Estamos en guerra frente a una Ciberdelincuencia sofisticada y poderosa, que pone en peligro nuestras economías, nuestros servicios básicos, nuestra intimidad y nuestro dinero, hasta nuestras libertades. No podemos perderla.