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jueves, 22 de noviembre de 2018

Europa se desinfla


Alemania, la locomotora de Europa, decreció en el tercer trimestre. Italia no creció nada, Holanda y Portugal crecieron menos y los demás paises, como España, crecieron igual. La Europa del euro está estancada: crece sólo el 0,2%, la quinta parte que EEUU y el menor crecimiento desde 2014. La Comisión Europea,el FMI y la OCDE acaban de rebajar las previsiones de crecimiento para  2018 y 2019. El proteccionismo comercial, Italia, el Brexit, la subida de tipos y del petróleo más la crisis de algunos paises emergentes hacen temer nuevas problemas en la zona euro, como en 2010, mientras no se descarta otra crisis mundial cercana. Pero Europa sigue sin completar una unión bancaria y fiscal que le permitan afrontar otra crisis. Urge ir hacía “más Europa”, algo difícil con el resurgir nacionalista y el parón que supondrán las elecciones europeas de 2019. En  España, donde crecen menos el consumo y las exportaciones, urge reanimar la economía, con o sin nuevo Presupuesto para 2019. Pero unas elecciones próximas también pueden frenar las medidas para evitar otra crisis.



Tras cinco años de recuperación, Europa frena su crecimiento y sobre todo la zona euro. Si 2014 fue el primer año de crecimiento en la Europa del euro (+1,4%) tras la crisis (-0,4% de caída entre 2009 y 2013), la economía de los 19 países creció más en 2015 (+2,1%), 2016 (+1,9%) y sobre todo en 2017 (+2,4%), el año con el crecimiento más alto desde 2007. Pero en 2018 han cambiado las tornas y la Europa del euro se desinfla: en los dos primeros trimestres creció un 0,4%, casi la mitad que a finales de 2017 (+0,7%), y  en el tercero volvió a frenarse la actividad, creciendo sólo el 0,2%, el menor aumento en la zona euro desde 2014, según los datos de Eurostat.

Europa se desinfla porque “ha pinchado” Alemania, la locomotora de la economía europea (supone el 29,21% del PIB de la zona euro): este verano, su economía “decreció” un 0,2%, (tras crecer +0,5% y +0,4% los dos trimestres anteriores), una caída que no se veía desde 2015 y que está motivada por los problemas en su industria automovilística (las ventas cayeron un 30% en septiembre, por la nueva normativa de emisiones y la caída del diesel), la bajada del consumo y el frenazo en las exportaciones, por la guerra comercial con EEUU. Otro país clave, Italia (15,37% del PIB de la zona euro) no creció nada (+0,02%) en el tercer trimestre, lo que no pasaba en los últimos 4 años, debido también a la debilidad de las exportaciones y la demanda, ante la incertidumbre por el enfrentamiento del Gobierno con la Comisión Europea. Holanda (7% del PIB de la zona euro) crece menos de la mitad (+0,2% frente a +0,7% y +0,5% los trimestres anteriores) y lo mismo Portugal (+0,3% frente a +0,6 y +0,4%), con lo que más de la mitad de la economía del euro (53,2% del PIB entre estos 4 paises) se desinfla. Y los demás se estancan, salvo Francia (crece al +0,4% frente a +0,2 los dos trimestres anteriores): Bélgica (+0,4% frente a +0,3% los dos anteriores), Austria (+0,4% frente a +0,3% y +0,9%), Finlandia (0,3% frente a +0,3% y +1%) y España (+0,6% frente a +0,6% los dos trimestres anteriores). Sólo Irlanda, Chipre y 4 paises del Este que están en el euro (Estonia, Letonia, Eslovenia y Eslovaquia) crecen algo más, mientras otro, Lituania decrece (-0,4% en el tercer trimestre), según Eurostat.

Con este panorama, no es extraño que también se haya desinflado el euro, que cotizaba la semana pasada al mínimo del año frente al dólar, como reflejo de esta debilidad económica europea: 1,14 euros por dólar hoy, un 8,8% de caída frente al máximo del 1 de febrero (1,2503 euros/dólar). La depreciación del euro es teóricamente buena para ayudar a las exportaciones y el turismo europeos (los productos y viajes son un 9,5% más baratos), pero ni aún así remontan las exportaciones (por el proteccionismo y la debilidad del comercio mundial) ni el turismo (por la competencia de Turquía, Egipto y Túnez más la saturación de muchos destinos en España). Pero la caída del euro refleja algo preocupante: los capitales apuestan más por el dólar y EEUU que por Europa, al calor de su mayor crecimiento (USA creció +0,9% en el tercer trimestre frente al 0,2% la zona euro) y sus tipos más altos (2-2,25% frente al 0%). Y si los inversores se ponen nerviosos con Italia y el Brexit, se irán más de Europa.

Al final, la Comisión Europea acaba de reconocer que Europa desacelera su crecimiento y en sus previsiones de otoño (8 noviembre) ha recortado un 0,2% el crecimiento previsto para la zona euro en 2018 (del 2,3 previsto en julio al 2,1%  ahora) y 2019 (del 2% al 1,9% que esperan crecer ahora). Y lo mismo para toda Europa (UE-28), que esperan crezca lo mismo que la zona euro (2,1% este año y 1,9% en 2019). Con ello, el gobierno comunitario certifica que la Europa del euro crecerá este año un 0,3% menos que en 2017, debido sobre todo a que crecerán menos los grandes paises: Alemania y Francia (los dos, 1,7% frente a 2,2% en 2017), Italia (1,1% frente a 1,6%) y España (2,6% en 2018 frente al 3,1% en 2017), además de Reino Unido (el 1,1% frente al 1,7% en 2017). Toda la Europa del euro crecerá menos este año 2018 que el pasado, salvo Grecia (2% frente al 1,5% de 2017), Irlanda (7,8 frente al 7,2%), Luxemburgo (3,1% frente al 1,5%), Austria (2,7% frente al 2,6%), Eslovaquia (4% frente al 3,2%) y Finlandia (2,9% frente al 2,8%), según las previsiones de la Comisión Europea. Y la mayoría de paises volverán a crecer menos en 2019 (2,2% España).

Para la Comisión Europea, el menor crecimiento europeo se debe a que las exportaciones han perdido fuelle (por el proteccionismo y la debilidad del comercio mundial) y a la desaceleración del consumo, por la subida del petróleo y la inflación, mientras crecen poco los salarios. Para Bruselas, los riesgos que afronta Europa son las tensiones proteccionistas , la incertidumbre financiera internacional (crisis de Argentina y Turquía), el futuro de los precios del petróleo (que ha caído un 25% el último mes y medio, hasta los 62,80 dólares/barril de hoy, tras subir un 29% desde enero, cuando empezó el año costando 66,50 dólares), la amenaza de una mayor subida de los tipos y el dólar (si la rebaja de impuestos de Trump recalienta la economía USA y dispara la inflación y el déficit, podrían subir más los tipos de interés en EEUU y el dólar) , que podrían crear nuevas tensiones financieras en el mundo. Y por supuesto, el efecto negativo del Brexit y la complicada situación en Italia, cuyo coste de la deuda se dispara y podría acarrear otra crisis del euro, como en 2010.

La economía no sólo se desinfla en Europa sino que hay una desaceleración de toda la economía mundial, como reflejó el FMI en su Cumbre de Bali, a principios de noviembre. Allí redujo dos décimas el crecimiento de la economía mundial que había previsto en julio: del 3,9% al 3,7% en 2018 y 2019 (el mismo crecimiento que en 2017). Pero ese recorte no afecta a EEUU, China, Japón, Rusia o India (que van a crecer lo mismo) sino a dos zonas que crecerán menos de lo esperado: la zona euro (crecerá un 0,2% menos, el 2% en 2018, menos del 2,1% que espera la Comisión Europea) y Latinoamérica (crecerá un 0,4% menos, el 1,2% en 2018, por el pinchazo de Argentina, Brasil y México). La OCDE también acaba de rebajar dos décimas el crecimiento mundial (3,7% este año y 3,5% para 2019) y el de la zona euro, al 1,9% en 2018 (un 0,2% menos que la Comisión),  y el 1,8% para 2019, rebajando también dos décimas el crecimiento estimado para España: 2,6% este año y 2,2% en 2019.


Para el FMI, los grandes problemas del mundo son las guerras comerciales, la elevada deuda pública y privada (182 billones de dólares en total, el 60% más que en 2007), la subida del petróleo, las tensiones en los paises emergentes (acuciada por la subida de los tipos y el dólar) y los riesgos políticos derivados del Brexit, Italia y el auge de populismos y nacionalismos. Y la directora del FMI, Christine Lagarde, ha pedido a los paises que hagan reformas y se preparen, por si viene otra crisis: “El problema es que muchos paises no han aprovechado los días de sol para arreglar el tejado y si vuelven las lluvias pueden inundarse”.

Europa “tampoco ha arreglado su tejado” y si Italia, el Brexit o el bajo crecimiento desatan otra crisis financiera, la zona euro no tiene dispuestos los mecanismos que necesita para afrontarla. Falta culminar de verdad la unión bancaria y un eficaz mecanismo de rescate de bancos y depositantes. Falta un Tesoro europeo que asegure la financiación necesaria en caso de crisis (como el Tesoro USA) y garantice la deuda de los paises más vulnerables, con eurobonos. Falta una unión fiscal que asegure recursos para un verdadero Presupuesto europeo, la mejor palanca para reanimar la economía en un momento de desaceleración. En definitiva, falta avanzar en “más Europa”, la mejor arma contra cualquier crisis. El problema es que si vuelven los nervios a los mercados, si la zona euro vuelve a entrar en crisis, Europa no cuenta con muchas más armas que en 2010 y quizás esté más dividida, por el auge de los nacionalismos y populismos y el menor liderazgo de Alemania. Y pueden volver las tensiones, sobre todo a los paises más vulnerables por su alta deuda, como España, Italia y Grecia.

De momento, esta desaceleración europea ya afecta a España, que ha reducido su crecimiento: +0,6% en los tres últimos trimestres, según el INE, el más bajo desde la primavera de 2014, (que fue del 0,4%), aunque sea el país europeo de los grandes que más crece. Y eso por causas. Una, porque han “pinchado” las exportaciones, que de ser uno de los motores de la recuperación son ahora un freno (restaron -0,5% al crecimiento anual del tercer trimestre, que fue del 2,5%), porque nuestros paises clientes europeos ahora crecen y compran menos y por las tensiones proteccionistas en el comercio mundial. Y también se está “enfriando” el consumo, porque los precios suben (de 2014 a 2016, la inflación fue negativa) y se están comiendo las subidas de salarios y pensiones. Ya lo están notando los grandes almacenes, las ventas de coches y podría confirmarse la tendencia en las ventas de este Black Friday y esta Navidad, donde un informe de Deloitte prevé ya que el gasto bajará un 5%.

Si las empresas venden menos fuera y dentro y Europa se desinfla, mientras en el mundo crecen los temores de otra crisis, los próximos meses pueden ser complicados, con menos crecimiento y menos empleo. Por eso, urge tomar medidas, para evitar caer en otra crisis, en Europa y en España. Pero no parece fácil. Los gobernantes europeos están divididos, tras el auge de los nacionalismos y populismos, la contestación de Italia y varios paises del Este, la pérdida de Reino Unido (Brexit en marzo de 2019) y la falta de un liderazgo político claro, con el “bluff” de Macron y la marcha de Merkel en 2021, que genera más incertidumbre en Europa. Y además, la Comisión Europea, el gobierno comunitario, está “de retirada”, porque hay elecciones europeas el 26 de mayo. Si tienen que atajar antes una nueva crisis del euro, será más difícil que tomen ahora medidas de fondo que no han tomado en 5 años.

En España, la situación no es mejor. También podría haber elecciones a principios de 2019, con lo que será más difícil que los partidos, permanentemente enfrentados, pacten medidas en caso de que la economía empeore. Y habría que pensar ya en medidas para reanimar la economía: algo más de inversión y gasto público necesarios (para lo que urge recaudar más: se puede porque ingresamos 81.500 millones menos en impuestos que la media europea, según Eurostat), formas de reanimar el consumo (mejorando salarios y luchando por bajar la inflación en sectores monopolísticos, como energía, petroleras o telecos, y en la alimentación) y con un plan de choque para fomentar la exportación. Y sin dejar de mejorar la formación, la tecnología, el tamaño de las empresas, la digitalización, las claves para modernizar la economía, ser más competitivos y crecer más a medio plazo.

No sabemos si vendrá otra crisis, pero sí sabemos que los ciclos económicos terminan y todo apunta a que ahora, el crecimiento va a menos. Y además, Europa tiene un problema de fondo sin resolver: tener una moneda única pero 28 paises con políticas diferentes, un “pecado original” del euro que genera muchos problemas cuando hay turbulencias financieras. No sabemos si volverán las tensiones a la zona euro, pero si no es ahora será después, a no ser que se avance en una Europa más unida, con mecanismos eficaces para afrontar una crisis, que antes o después llegará. Lo mejor sería arreglar el tejado mientras hace sol. Es peor hacerlo cuando diluvie. Y eso vale también para España, porque seguimos con una economía muy vulnerable : tenemos 5 de los 14 indicadores económicos claves en situación de alerta , según acaba de decir Eurostat. Sólo Chipre está peor en Europa. Así que hay mucho tejado por arreglar..

jueves, 7 de septiembre de 2017

Viene un otoño muy complicado


El país vuelve a la rutina y nos espera un curso muy complicado, donde  la recuperación está acechada por múltiples problemas. Europa crece poco y el euro está muy fuerte, una malísima noticia para España: encarece un 14% las exportaciones y el turismo, los dos motores de nuestro crecimiento. Y dificulta que las empresas suban salarios. Además, Europa y EEUU temen que si dejan de “dopar” a la economía con dinero barato y suben tipos, la recuperación se frene. Y la locura de Corea puede frenar a las tres mayores economías (USA, China y Japón),  mientras los huracanes dañan la recuperación USA, junto a Trump. Un panorama preocupante para España, porque dos tercios del crecimiento viene de fuera. Y aunque seguimos creciendo, no conseguimos un empleo estable y decente, como demuestra la histórica pérdida de empleos de agosto. Y encima tenemos el problema de Cataluña. Urge reanimar la economía y aprobar un Plan de empleo. Consolidar la recuperación frente a los vientos en contra de fuera.
 

                                                                                                      enrique ortega

La noticia económica de este verano, además del cacareado récord de turistas, ha sido el repunte del euro, que superó los 1,20 euros por dólar el 29 de agosto, por primera vez desde enero de 2015. Los expertos habían previsto que el euro cayera este año, hasta cotizar a la par con el dólar (1x1), como consecuencia de la victoria de Trump y sus promesas de aumentar el gasto y las inversiones, atrayendo capitales y reforzando el dólar. Pero la política de Trump ha sido un fiasco y sus fracasos políticos y económicos han restado credibilidad a la recuperación USA y al dólar, que viene cayendo desde principios de año, cuando cotizaba a 1,0526 euros por dólar, hasta los 1,1985 euros por dólar de hoy. Es casi un 14% de subida, de revalorización de la moneda europea frente al dólar. Y a eso se une una fuerte caída de la libra tras el Brexit (23 junio 2016), hasta un 16% frente al euro.

Tener un euro tan fuerte es una mala noticia para Europa, porque es una economía abierta, que exporta más de lo que importa, y ahora todos sus productos son un 14% más caros para los compradores del resto del mundo, lo que reducirá sus exportaciones y crecimiento. Pero un euro fuerte hace aún más daño a España que al resto de Europa, según un estudio de Goldman Sachs. Y eso porque España exporta muchos “productos intermedios” a Alemania y Francia, por ejemplo, y si estos paises exportan menos fuera de Europa, también nos comprarán menos. Un recorte indirecto que se suma al recorte directo que pueden sufrir las exportaciones españoles al resto del mundo por la subida del euro, que encarece nuestros productos un 14%. Y eso es preocupante porque un 48% de las exportaciones españolas se dirigen a paises no euro, que pagan en dólares ahora devaluados, con lo que nuestros productos les salen más caros. Y recordemos que las exportaciones son uno de los motores del crecimiento español: aportaron en 2016 la 8ª parte del PIB (0,5% del 3,2%).

Pero el daño de un euro fuerte no acaba ahí, en encarecer y dificultar nuestras exportaciones. Es también un torpedo al turismo, el gran motor de nuestro crecimiento: si el euro ha subido un 14% este año, significa que los turistas de fuera de la zona euro han de pagar un 14% más por venir a España, además de que también les están subiendo los viajes y hoteles. Y eso afecta al 40% de todos los turistas que nos visitan, a 32 de los 82 millones que se esperan este año, especialmente de paises europeos no euro (GB, nórdicos y rusos), americanos y asiáticos. Y además, la caída de la libra (hasta un 16%) encarece especialmente la venida a España de los turistas británicos, un 23% de todo el turismo extranjero.

Y hay un tercer efecto negativo del euro fuerte, del que no se habla. Los empresarios exportadores y del sector turístico intentan contrarrestar esta subida del euro, que encarece un 14% sus productos y servicios, recortando otros costes. Y donde lo tienen más fácil es en los salarios: ahora tratarán de que no suban e incluso que bajen, deteriorando aún más sueldos y contrataciones. Y además, si estaban pensando en aumentar plantillas, no lo harán para contrarrestar con menos costes la subida del euro. Así que mientras el euro esté tan fuerte, será difícil que suban los sueldos de muchos trabajadores españoles. Así de claro. Y con ello, las familias tendrán menos para gastar, sobre todo ahora que sube la inflación. Y eso debilitará el consumo interno y puede frenar el ritmo de crecimiento y la recuperación.

Así que el repunte del euro es una mala noticia para España y para casi todos, porque no sólo afecta a los exportadores y al turismo sino a los salarios, el consumo y el empleo. Pero además, hay otros problemas externos que pueden afectarnos mucho, como la evolución de la economía europea o de EEUU, el petróleo, los tipos de interés o la crisis de Corea. Y es que dos tercios del crecimiento español de estos tres años se debe, según varios expertos, a factores exteriores, a la buena marcha de la economía internacional, no a la política de Rajoy. Y el problema es que este viento de cola, que nos ha ayudado a crecer, puede soplar de frente en los próximos meses y frenar la recuperación internacional y española.

Europa crece pero poco, el 0,6% en el 2º trimestre y un 2,3% anual, muy por debajo del crecimiento que tenía antes de la crisis (3%). Y además, este bajo crecimiento (2,1% Alemania, 1,8% Francia, 1,5% Italia, 1,7% Reino Unido) se debe sobre todo a que la economía europea lleva dos años largos “dopada”, empujada por un “chute” de dinero barato (al 0% de interés) inyectado por el Banco Central Europeo (BCE) para impedir la ruptura de la zona euro. En total, serán 2 billones de euros que han inundado la economía europea y que permiten ese crecimiento (aunque sea bajo). El BCE pensaba retirar estos estímulos a finales de 2017 y subir los tipos en 2018, pero ahora tiene miedo de hacerlo. Porque piensa que la recuperación aún es débil y si retira los estímulos y suben tipos, podría frenarse. Y encima, si suben los tipos, invertir en Europa sería más atractivo y reforzaría aún más el euro, que iría camino de los 1,25 euros por dólar. Una cotización peligrosa para Europa y más para España.

Mario Draghi y el BCE se reúnen hoy jueves para intentar resolver este dilema: no pueden seguir “dopando” más a la economía (inundándola de dinero al 0%) pero si retiran los estímulos pueden hundir la recuperación. El mismo dilema tiene la Reserva Federal USA: la economía norteamericana crece pero todavía crea pocos empleos y tiene poca inflación (como Europa), síntomas de que la recuperación es aún débil. Así que dudan en subir más los tipos este año, como esperaban. Y más con los huracanes, que pueden costarles un 1,5% del PIB, la mitad de lo que están creciendo. Y sin un futuro claro, con Trump sin reanimar la economía y un grave problema con Corea del norte, que podría afectar muy negativamente a las tres grandes economías del mundo (EEUU, China y Japón), alumbrando otra recesión.

Como se ve, los vientos económicos que pueden venir de fuera no parece que vayan a ayudarnos este otoño y menos si el petróleo empieza a subir, tras el anuncio de un nuevo recorte de producción de la OPEP y Rusia después de diciembre. Con un euro fuerte, una Europa creciendo poco y una economía internacional indecisa, con menos comercio mundial, más proteccionismo y una posible subida del petróleo y los tipos de interés, la recuperación está amenazada y también en España. Crecemos sí, más que la mayoría de Europa, sí, pero el euro fuerte y la coyuntura internacional podrían frenar ese crecimiento este otoño-invierno. Y sobre todo, este crecimiento (0,9% en el segundo trimestre, otro 3,2% este año) no resuelve el mayor problema que tenemos, un 18% de paro. Porque el empleo que se está creando es menor que antes (375.000 empleos entre abril y junio, frente a 411.800 y 402.400 en las primaveras de 2015 y 2014) y muy precario (92,5% temporal).

Pero sobre todo, es un empleo muy vulnerable, donde la cuarta parte de las contrataciones son por menos de una semana y muchas por días. Y así pasa. Que en julio el Gobierno Rajoy hace triunfalismo con las contrataciones y en agosto se pierden la mayoría: el 31 de agosto se evaporaron 266.362 empleos, el día de mayor destrucción de empleo de nuestra historia.

Este comportamiento del empleo revela que la recuperación económica es frágil, porque tenemos un modelo de crecimiento basado en el turismo y los servicios, con poco apoyo industrial y de empresas competitivas que aseguren un empleo más estable. Y este modelo, mientras soplan vientos a favor desde fuera, se mantiene. Pero en cuanto vienen mal dadas (por un euro fuerte, petróleo más caro, crisis geopolíticas o tipos altos), hace aguas. Por eso, urge tomar medidas, dejar de regodearse en las cifras de crecimiento, que además no notan el 70% de los españoles, según el estudio FOESSA encargado por Cáritas.

Europa y España tienen el mismo problema: deben reanimar la economía para consolidad la recuperación y evitar una recaída, superar una década perdida. Ya no basta con el BCE y su dinero gratis a espuertas. Ya lo ha dicho su presidente,Draghi: es hora de que los Gobiernos tomen otras medidas, que pasan por invertir más y reanimar la economía, por gastar más en lo que hace falta: infraestructuras, medio ambiente y energía, industrialización, tecnología, educación y formación, innovación y modernización empresarial. Y conseguir así crecer más y crear más empleo.

En España, la gran urgencia de este otoño es aprobar un Plan de empleo, porque seguimos con el doble de paro que Europa y un empleo muy precario. Hay que poner en marcha políticas activas de empleo, como lleva años pidiendo la Comisión Europea, la OCDE y el FMI. Y reformar de una vez las oficinas de empleo, con más estímulos a la contratación y más formación y ayudas a los parados, ya que más de la mitad (el 52%) no cobran ya nada. En paralelo, urge aprobar un Plan contra la pobreza, porque hay 10 millones de españoles en situación “vulnerable”, según un informe de FEDEA y Accenture, entre parados, subempleados y trabajadores pobres, con lo que España sigue a la cola de Europa en indicadores sociales, según el informe de julio de la Comisión Europea. Y también hay que negociar un aumento de salarios superior al 2%, para facilitar una recuperación estable del consumo y consolidar  el crecimiento.

Pero sobre todo, el Gobierno debe reanimar la economía, no hacer más recortes como los que tiene previstos para el Presupuesto 2018, que va a presentar a finales de septiembre. Es una locura querer recortar el déficit al 2,2% en 2018 (el techo de Bruselas es el 3%) cuando España tiene el doble de paro que Europa y cuando un 22,3% de los españoles viven en el umbral de la pobreza (según el INE). Basta de meter la tijera. Es la hora de gastar más en lo que hace falta, desde infraestructuras y tecnología a educación y formación, desde inversiones públicas a industrialización y sobre todo incentivos al empleo. Y se puede hacer, porque se puede recaudar más: si España recaudara como el resto de Europa (el 46,1% del PIB en vez del 37,5%, según Eurostat), Hacienda ingresaría 94.000 millones más. Bastaría con recaudar 40.000 millones más cada año para gastar en lo que hace falta. Y se puede lograr si se reduce el fraude fiscal y pagan más los que pagan poco: multinacionales, grandes empresas y los más ricos. A los demás no nos tendrían que subir los impuestos.

Este debería ser el gran debate de este otoño, no sólo Cataluña o el terrorismo yihadista. Cómo podemos consolidar la recuperación y que la noten de verdad la mayoría de los españoles. Cómo conseguir que muchos españoles no estén angustiados con el final de su contrato o con no conseguir un empleo o con llegar a fin de mes. El Gobierno debe dejar su triunfalismo, su inmovilismo y su austeridad suicida. Y la oposición ha de pelear por lo que le interesa a la mayoría, un empleo y vivir mejor. Si no toman medidas, en España y en Europa, cualquier día, los vientos de fuera pueden acabar en huracán y darnos otro buen susto. Atentos a este complicado otoño.

jueves, 16 de mayo de 2013

Las dos Españas, más desiguales con la crisis


La crisis nos afecta de forma desigual y tiene mucho que ver con dónde vivimos: en Cádiz tienen el triple de paro que en Guipúzcoa. Y ganan casi la mitad, además de tener peores pensiones y más pobreza. La crisis ha agravado las diferencias entre las dos Españas, el norte y el sur: la España pobre lo es relativamente más que hace cinco años. Y eso, porque han subido más los impuestos indirectos (más injustos), el pinchazo de la burbuja inmobiliaria y por el modelo económico de la España del sur, más apoyado en la construcción, los servicios, el campo y el sector público. Para salir de la crisis, la España pobre necesita apoyarse en la industria, la exportación, la tecnología, la educación y el ahorro, las claves que explican por qué el País Vasco, Navarra, la Rioja, Madrid, Cataluña y Aragón son más ricas, tienen menos paro y aguantan mejor la crisis.
enrique ortega

Antes de la crisis, entre 2000 y 2008, se redujeron las diferencias entre la España rica y la pobre, con la movilidad de capitales y mano de obra, el “boom” de la construcción y el turismo, junto al tirón del sector público (inversiones en infraestructuras y Estado del Bienestar). Pero con la crisis, estos motores del crecimiento se gripan y la España del sur sale peor parada, junto a Asturias, Cantabria y Castilla y León, las tres autonomías que en 2010 formaban parte de la España "rica" y ahora tienen la renta de la España pobre.

En 2009, España entró en la primera recesión (-3,7%) y todas las autonomías cayeron. En 2010, España cayó muy poco (-0,3%), pero hubo cinco autonomías que crecieron (Navarra, País Vasco, Castilla y León, Asturias y Cantabria). En 2011, España se recuperó un poco (+0,4%) y sólo decrecieron Asturias, Galicia, Castilla la Mancha, Extremadura y Comunidad Valenciana. Y en 2012, caímos en la segunda recesión (-1,4%), por culpa de la recesión europea y  los recortes, que hundieron a las autonomías que más redujeron su déficit: Castilla la Mancha (-3% PIB), Asturias (-2,5%) y Extremadura (-2,2), seguidas de La Rioja (-2,1%), Castilla y León (-1,8%), Andalucía y Murcia (-1,7%).

En general, hay siete autonomías que han aguantado mejor la crisis: País Vasco, Navarra, la Rioja, Aragón, Madrid, Cataluña y Baleares. En todas, salvo Cataluña (-723.000 empleos perdidos, un -20,45%), el empleo ha caído menos que la media de España (-16,8%, 3.445.000 empleos perdidos entre 2008 y 2012,), destacando la fuerte caída del empleo en Comunidad Valenciana (-20,9% y -475.000 empleos), Andalucía (-20%, 644.000 empleos perdidos), Murcia(-20% y -125.000 empleos), Castilla la Mancha (-18,4% y -156.000 empleos), Extremadura (-17,6% y -72.000 empleos) y Asturias (-17,5% y -78.000 empleos).

Con esta caída del empleo, se configuran dos mapas de España (o mejor, tres) del paro. La España con paro “casi europeo (12,1%): País Vasco (16,28%), La Rioja (18,98%) y Navarra (19,02%). La España con paro tercermundista: Ceuta (38,43%), Andalucía (36,87%), Extremadura (35,56%), Canarias (34,27%), Melilla (31,76%), Castilla la Mancha (31,51%) y Murcia (30,37%). Y la tercera, el resto (27,16% media España), con grandes diferencias aún entre el 29,9% de paro de la Comunidad Valenciana y el 20,5% de Madrid o Cantabria. A nivel provincial, choca el 13,27% de paro de Guipúzcoa con el 41,62% de Cádiz. Antes de la crisis (2007), Cádiz también era líder, con el triple de paro (17,61%) que Lleida (3,10%). Y eran líderes en paro (España tenía 8,60%) casi las mismas autonomías que hoy: Ceuta (19,5%), Andalucía (13,99%), Extremadura (14,65%), Canarias (11,02%), Melilla (17,52%), Comunidad Valenciana (9,03%) y Murcia (8,27%).

Menos crecimiento, menos empleo y más paro en la España del sur, más pobre y más atacada por la crisis y los recortes. Y también, menos salarios: el sueldo bruto en País Vasco (26,593 euros 2010), Madrid (25.988), Cataluña (24.449) o Navarra (23.824) contrasta con el de Canarias (19.315 euros), Extremadura (19.480), Galicia (20.241), CLM (20.363), Andalucía (20.913) y Castilla y León (20.960), todas por debajo del sueldo medio español (22.790 €). Y con más paro y menos sueldo, menos pensiones: 817 euros de jubilación media en Extremadura (861 en Murcia y 889 en Andalucía) frente a 1.206 en País Vasco (1.162 en Madrid y 1.097 en Navarra). Y luego, si uno es anciano dependiente, también recibe peores ayudas si vive en la Comunidad Valenciana (nota: 0,8 sobre 10), Canarias (2,1), Baleares (2,5) y Murcia (3,3).Y mejor en Castilla y León (nota 9,2), Andalucía (7,5) y País Vasco ( 7,1).

Al final, todas las desigualdades se plasman en la renta, que pinta un mapa con dos Españas. Una, la España "rica", siete autonomías con un PIB por habitante superior a la media nacional (22.772 euros en 2012): País Vasco (30.829 euros), Madrid (29.385), Navarra (29.071), Cataluña (27.248), Aragón (25.540), la Rioja (25.508) y Baleares (24.393). Y las otras 12 regiones forman la España pobre, liderada por ocho peores: Extremadura (15.394 euros por habitante, la mitad que el País Vasco), Andalucía (16.960), Melilla (16.981), Castilla la Mancha (17.698), Murcia (18.520), Ceuta (19.335), Canarias (19.568) y C. Valenciana (19.964).

La crisis ha agravado la pobreza en toda España (10 millones de personas por debajo del umbral de la pobreza, un 21,1 % de la población, según el INE), que ha crecido un 8% entre 2008 y 2011, estima un estudio del IVIE. Pero hay tres regiones donde la pobreza se ha reducido (-9% Navarra, -7% La Rioja y -2% el País Vasco) mientras creció muy por encima de la media en Canarias (+21), Comunidad Valenciana (+18%), Andalucía 16%) y Aragón (+13%).

No basta con la foto de las dos Españas. Lo peor es que en la España "rica" están los  mismos que antes de la crisis, salvo Cantabria, que ha caído a la España pobre. Y además, la crisis ha hecho que cuatro de las autonomías "ricas" lo sean más (País Vasco, Cataluña, Aragón y la Rioja tienen ahora más porcentaje de renta) y que nueve de las doce más pobres (todas salvo Galicia y las dos Castillas) estén peor, con menos porcentaje de renta que en 2008. Y lo más grave: las regiones "ricas" y pobres son las mismas que hace 30 años, salvo la Comunidad Valenciana, que ha pasado de la España "rica" a la pobre.

Al final, la crisis ha agravado la desigualdad, pero las dos Españas están ahí desde mucho antes. ¿Por qué? Básicamente, por el distinto modelo económico de las autonomías. Aparte del tema fiscal (el cupo es un indudable regalo” para el País Vasco y Navarra) hay otras razones que explican el mayor crecimiento, empleo y renta de la España rica. Por un lado, el mayor ahorro (Madrid, Baleares, Cataluña, País Vasco, C. Valenciana, Navarra y la Rioja están muy por encima de la media nacional) y menor endeudamiento (Castilla y León, País Vasco, Asturias, Aragón y Madrid tienen menos deuda privada).Por otro, triunfan las regiones con mayor peso de la industria (28% Navarra, 27% País Vasco, 26,9% la Rioja, 22,6% Aragón y 22% Cataluña frente al 15,5% de España, el 7% en Canarias o el 10% en Andalucía o Extremadura) y que más exportan (País Vasco, Navarra, la Rioja, Cataluña o Aragón).

También van mejor las autonomías que más gastan en tecnología: País Vasco gasta 2,10% PIB en I+D+i, Navarra el 2,05%, Madrid un 1,99% y Cataluña el 1,55% frente al 1,33% de España y el 0,58% de Canarias, 0,68% de CLM o el 0,82% de Extremadura. Y en educación y formación (País Vasco y Navarra tienen la mitad de fracaso escolar que el resto de España).Por último, han sufrido menos la crisis (por los recortes públicos) las autonomías con más empleo privado: Cataluña (83,7% empleo privado),C. Valenciana (82,7%), Navarra (81,6%),la Rioja (80%), Madrid (80,7%) y País Vasco (79,8%), frente a Ceuta (48,3%), Melilla (47,5%), Extremadura (65,3%) o Castilla y León (73%). Y quedaría explicar el caso de Baleares, rica gracias al turismo extranjero y una construcción casi sin burbuja.

Hay que salir de la crisis, pero con menos diferencias entre las dos Españas. Para ello, la España del sur tendrá que apostar por la industria, la tecnología, la exportación, el ahorro y la educación, con apoyo de la inversión pública y los impuestos, las mejores herramientas para reducir las diferencias regionales, junto a una reforma a fondo del sistema de financiación autonómica, que Rajoy ha aparcado sine die. No puede ser que en media España, el sur, casi un tercio de la población esté en riesgo de pobreza, con una tasa de paro insoportable y sin perspectiva de empleo. Hay que reducir la brecha entre las dos Españas ya.