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jueves, 28 de noviembre de 2019

Cae el crédito a empresas y familias


Otro indicador del “enfriamiento” de la economía: hay menos demanda de crédito. Las peticiones de crédito de empresas y familias han caído en el tercer trimestre, algo que no pasaba en España desde 2013. La razón es doble. Primero, los bancos redujeron los préstamos personales, porque estaban “peligrosamente disparados” (según el Banco de España), y las hipotecas, porque ahora tienen más costes. Pero después, a partir del verano, son las familias y las empresas las que se retraen a pedir créditos, porque no ven claro el futuro. Endeudarse menos es bueno, pero el riesgo es que con ello caiga el consumo y, sobre todo, la inversión empresarial, clave para el empleo. Y también, que si tienen menos negocio, lo sufran los bancos y algunos entren en crisis. De momento, reaccionan a la caída del crédito con más despidos y cierre de sucursales. Y nos cobrarán más comisiones desde enero. Así que la caída del crédito es otro nubarrón más en el horizonte de la recuperación.


enrique ortega

España es un país “adicto al crédito”, uno de los paises más endeudados del mundo: estamos en el puesto 15º en el ranking mundial de deuda pública y privada, según McKinsey Global. Y este endeudamiento es hoy mayor que antes de la crisis, aunque su peso en la economía se ha reducido algo: en 2008, la deuda total de España era de 2.612.158 millones de euros (el 235% del PIB) y en 2018 ha sido de 2.763.647 millones (el 228% del PIB). El gran cambio en la última década ha sido que el Estado ha triplicado su deuda (de 440.620 millones adeudados en 2008 pasó a 1.173.107 millones en 2018) mientras reducían su endeudamiento las empresas (un -29,77%: de 1.261.000 millones que debían en 2008 a los 885.531 millones en 2018) y las familias españolas (un -22,57%: de 910.158 millones adeudados en 2008 a 705.009 en 2018).


En definitiva, que las empresas y familias españolas han aprovechado la última década para dedicar beneficios e ingresos a devolver deuda y no pedir mucha más, mientras el sector público (Estado, autonomías y Ayuntamientos) se endeudaban para financiar sus déficits, provocados por la crisis (menos ingresos y más gastos). Este desendeudamientode empresas y familias es bueno, porque les quita una losa de pagos y les permite invertir más y consumir más, dos motores claves del crecimiento y del empleo. Pero en la segunda mitad de 2018 y en 2019, las empresas y familias volvieron a endeudarse, olvidando los “malos tiempos” y  aumentando su saldo de crédito. Sin embargo, a partir de este verano, “no lo han visto claro” (temor a otra crisis) y se han retraído de pedir nuevos créditos: las empresas desde abril y las familias desde junio.


El resultado es que la demanda de crédito ha caído durante el tercer trimestre de 2019, según el Banco de España, algo que no pasaba desde 2013 (en lo peor de la crisis). La demanda total de crédito, estancada desde mayo, cayó un -0,4% en septiembre, cuando crecía el 5,5% un año antes. Y cae mucho más la demanda de crédito de las empresas, un -1,1% en septiembre frente al 3,5% que crecía su endeudamiento un año antes. Las familias siguen endeudándose, pero el crédito que piden para el consumo creció sólo un 5% en septiembre (frente al 19,3% que creció un año antes) y las nuevas hipotecas sólo crecían un 0,2% en septiembre (frente al 12,5% que crecían un año antes). En definitiva, que el crédito, que parecía recuperarse, se ha vuelto a aletargar. 


¿Qué está pasando? La caída del crédito desde el verano es fruto de dos causas. La primera, una mayor “prevención” de la banca a prestar a las familias, empujada por el Banco de España (que les alertó del “excesivo” aumento de los créditos personales, que aumentaron un 17% en 2018), el aumento de la morosidad (un aumento del 25% en los clientes que no pagan) y, sobre todo, los cambios legales en las hipotecas, que ahora son “menos rentables” para la banca. El 16 de junio de 2019 entró en vigor la nueva Ley Hipotecaria, que obliga a las entidades a unos criterios más estrictos en la concesión de hipotecas y a asumir gastos e impuestos que antes pagaban los clientes. Además, en septiembre, el Tribunal Supremo dictaminó que los bancos no podrán ejecutar una hipoteca hasta que el cliente cumpla un año de impagos. Factores todos que han frenado las hipotecas.


Además, hay otra causa que explica la caída del crédito: los temores a “otra crisis” han hecho que las familias se piensen mucho más el pedir un crédito, tanto para consumo como para comprar una vivienda, cuyas ventas también se han “enfriado” (de enero a agosto se han vendido 8.000 viviendas menos que el año pasado, un 2,2% de caída, algo que no sucedía desde 2014). Y las empresas, preocupadas por la caída del consumo y de las exportaciones en el tercer trimestre, también se han retraído a la hora de pedir préstamos para ampliar su actividad.


El resultado es que ha caído el crédito en los últimos meses. Las empresas, que acabaron 2018 con 885.778 millones de deuda, la aumentaron hasta los 897.584 millones en abril, pero luego se han “desendeudado” y debían 894.427 millones en septiembre de 2019, según el Banco de España. Y eso que las empresas están en mucha mejor situación para endeudarse que antes, porque sus beneficios han aumentado un +13,7% desde 2008 (509.687 millones en 2018). Eso supone que ahora sólo destinan un tercio de sus beneficios a pagar la deuda, cuando en 2008 les comía el 72% de sus ganancias, según un estudio de la Fundación BBVA e Ivie. Pero, a pesar de eso, han frenado su endeudamiento y, con ello, sus proyectos de inversión, lo que es preocupante para el crecimiento y el empleo.


En cuanto a las familias, han frenado sobre todo la petición de créditos personales: sólo han pedido 26.236 millones entre enero y septiembre, un 3,6% más que el año pasado, cuando en todo 2018 estos créditos aumentaron un 17%, según el Banco de España. El crédito con tarjetas crece un 5% en los 9 primeros meses y donde más se nota el parón es en las hipotecas: se han concedido 31.250 millones entre enero y septiembre de 2019, sólo un 1,8% más que el año pasado, cuando en todo 2018 el dinero prestado con hipotecas creció seis veces más, el 10,8%, según los datos del Banco de España.


Al final, este “enfriamiento” del crédito tiene una parte positiva (menos “agobio de pagos” por intereses para familias y empresas) pero tiene otra parte muy negativa: si las familias no se endeudan, muchas consumen menos y compran menos viviendas, lo que retrae el crecimiento (y el empleo). Y si las empresas no se endeudan, les será más difícil invertir en maquinaria, tecnología y mano de obra, lo que reduce su productividad y frena el crecimiento y el empleo. Además, esa menor demanda de crédito de las que pueden pedirlo se suma a las muchas empresas que tienen problemas para financiarse, con lo que tampoco invierten. De hecho, el 20% de las microempresas (1-9 trabajadores) españolas (hay 1.143.000 microempresas, que aportan el 20% de todos los empleos) no tienen acceso al crédito y otro 51% tienen problemas para conseguirlo, según un estudio del BBVA e Ivie


Pero hay otra consecuencia más del frenazo del crédito: el daño a la banca, cuyo negocio es prestar. Además, si tienen exceso de liquidez (porque les piden menos crédito), el BCE ahora les penaliza, porque les cobra por los depósitos que tienen en el Banco Central Europeo (un 0,5%). Y además, como los tipos están bajos, les han bajado los márgenes. El resultado es que los 6 grandes bancos españoles (Santander, Caixabank, BBVA, Bankia, Sabadell y Bankinter) han tenido una bajada de sus beneficios: 7.536 millones en el primer semestre de 2019, un 11,19% menos que en la primera mitad de 2018. Y de seguir el crédito débil y si volvemos a entrar en crisis, alguno podría volver a tener problemas (y el rescate lo pagaríamos todos). Pero no hay que llegar a tanto. La situación actual ya nos afecta, por tres vías que buscan los bancos para ajustar sus cuentas: despidos, cierre de oficinas y más comisiones


Ante los tipos bajos y el debilitamiento del crédito, los grandes bancos ya han anunciado más cierre de oficinas y más despidos (que ellos disfrazan como “jubilaciones anticipadas). Ya entre 2007 y 2017, la banca española cerró un tercio de sus oficinas (el 38%) y redujo casi un tercio su plantilla (un 31%). Y sigue por ese camino.  En el primer semestre de 2019, la gran banca cerró 426 oficinas y redujo su plantille en 2044 personas. Y en 2020, Sabadell prevé cerrar 200 oficinas más, BBVA otras 195 y Santander completar el cierre de las 1.200 previstas, lo que se unirá  a un recorte de plantilla de 6.200 personas más. Y la tercera medida será aumentarnos las comisiones, que ya les aporten una cuarta parte de los ingresos totales. De momento, Santander, BBVA y Sabadell ya han anunciado a sus clientes que les subirán las comisiones en enero, sobre todo a los clientes menos "vinculados".


Ahora, los expertos creen que el crédito volverá a caer en el cuarto trimestre de 2019, porque sigue la incertidumbre económica internacional y no se despeja la incertidumbre política en España, lo que disuade a empresas y familias a endeudarse. Es posible que se recupere algo el crédito a las familias, porque los bancos “necesitan con urgencia prestar”. Por eso, están metidos en una cierta “guerra de créditos”, sobre todo para vender hipotecas, aprovechando la subida de los alquileres  (cuanto más altos, más compensa comprar casa) y los bajos tipos de interés (el Euribor lleva meses en negativo y ha caído del -0,116% en enero al -0,304% en octubre). Además, los bancos “ganan mucho” con las hipotecas, porque los tipos que cobran son de los más altos de Europa (el 2,04% TAE en septiembre, frente al 1,78% en la zona euro, según el Banco de España) y porque la hipoteca les permite “tener un cliente cautivo 25 años”, que le reporta otros ingresos vía nómina, domiciliación de recibos, tarjetas, seguros y cobro de múltiples comisiones. Eso sí, cada vez más, la banca “elige” a quien concede las hipotecas, personas con trabajo estable y sueldos “decentes”. 


En los créditos al consumo (compra coche, muebles, vacaciones...), los bancos van a ser más cautelosos (son créditos más “peligrosos”, con más morosidad), aunque también los necesitan para mantener su negocio, sobre todo porque son muy rentables: los bancos españoles cobran por ellos un 8,04% TAE (recordemos que el precio oficial del dinero es el 0%), bastante más que el 5% que cobran los bancos de la zona euro, según el Banco de España. Y sobre todo, les interesa el negocio de las tarjetas, donde cobran un 19,67% TAE por el dinero disponible (tarjeta revolving), frente al 16,61% en la zona euro.


Lo que no parece posible es que los bancos apuesten por prestar a las empresas, algo de lo que salieron muy “escaldados” con la crisis. En unos casos, las empresas grandes, no acuden a financiarse a los bancos y lo hacen “en los mercados”, emitiendo bonos y deuda que ahora pueden colocar barata. Y en el caso de las pymes y microempresas, se junta el que ellas no se atreven a endeudarse con que tienen muy difícil conseguir un crédito. El resultado es que no invierten: el 75% de las empresas que necesitarían invertir tienen problemas para financiarse, según el estudio de la Fundación BBVA e Ivie. Y si las empresas no invierten, no se renuevan ni crean empleo. Y con ello, España sigue a la cola de la competitividad  en Europa, tenemos el doble de paro y menos renta.


Al final, el enfriamiento del crédito es otro indicador clave de que la economía se debilita, aunque siga creciendo. Es una locura endeudarse como lo hicieron empresas y familias en los años de “vacas gordas”. Pero no endeudarse, sobre todo las empresas, ahora que tienen cuantiosos beneficios y deberían modernizarse para afrontar una competitividad global, es un suicidio a medio plazo. Habría que “desatascar” los mecanismos del crédito, para que las pymes lo consigan y también las familias que lo necesiten. Es una tarea del BCE, del Banco de España y del próximo Gobierno. Que el exceso de liquidez y los tipos bajos ayuden a invertir y crear empleo, no a esterilizarse en depósitos y en la Bolsa. Que fluya el crédito.

jueves, 3 de mayo de 2018

Banca: más crédito a familias y más comisiones


Por primera vez en su historia, el crédito supuso menos de la mitad del negocio bancario en 2017. Se dedicaron más a la compraventa de deuda, futuros, Bolsa y derivados, Fondos y seguros. Y mientras, el crédito a empresas y familias sigue por debajo de 2008, a pesar de la recuperación. Ahora, la banca ha abierto la mano en el crédito a las familias, sobre todo los préstamos al consumo (con tipos muy altos) y las hipotecas. Pero siguen sin dar préstamos a las empresas, sobre todo a pymes, mientras sí se los dan en Europa. Con todo, los bancos ganaron un 51% más en 2017, gracias al cobro de comisiones (por casi todo, algunas "abusivas"), a los créditos a familias, el recorte de gastos (despidos y cierre de sucursales) y a menores saneamientos. Y nos siguen “breando” a comisiones mientras fomentan las tarjetas, que baten récords. Hace falta más transparencia en las comisiones y que la banca se moje en la recuperación, dando créditos para crear empleo no sólo para comprar coches o pisos.



                                                                                                                                         enrique ortega

El negocio de la banca es coger dinero con una mano (lo más barato posible) y prestarlo con la otra (lo más caro posible). Pero la crisis de 2008 lo cambió también drásticamente, porque los bancos se vieron inundados de créditos incobrables y los clientes, empresas y familias, se dedicaron a devolver los préstamos y tratar de no endeudarse más. El resultado es que el crédito que daba la banca, el 60% de su negocio en 2008, cayó en picado: de 1.842.000 millones de euros en 2008 a 1.469.000 millones en 2013 y a 1.273.000 millones en 2017, donde ya supuso el 49,9% de su negocio, menos de la mitad por primera vez en su historia, según los datos del Banco de España. El mayor desplome se ha dado en el crédito a las empresas, que ha caído casi a la mitad (de 950.724 millones en 2008 a un saldo vivo de 519.941 millones en 2017). Le sigue el crédito a la vivienda, las hipotecas, que han pasado de 649.714 millones en 2008 a un saldo de 483.169 millones en 2017. Y por último, los créditos al consumo, que han pasado de 224.935 millones en 2008 a 175.431 en 2017.

La banca española ha tenido que hacer frente a este desplome del crédito, que les ha quitado un 31% de su negocio, buscando otras vías alternativas para operar: compra y venta de deuda pública (el déficit público de España, tan criticado, ha sido “un buen negocio” para la banca española) y también deuda privada, operativa en Bolsa, derivados y futuros, ingeniería financiera internacional, Fondos, Planes de pensiones y sobre todo, seguros, “colocar” seguros entre los clientes. Además, han recortado costes de forma drástica: han cerrado el 40% de sus oficinas (de 45.662 en 2008 a 27.320 en 2017) y se han quitado a un tercio de la plantilla (81.000 trabajadores), recortes que van a seguir. Además, han aprovechado la bajada de tipos para coger dinero sin casi pagar por él: así, en enero de 2018, la banca española pagaba un 0,04% de interés en las cuentas corrientes y libretas, un 0,17% en los depósitos a un año (la banca europea, el 0,37%) y un 0,10% en los depósitos a 2 años (0,72% en Europa), según los datos oficiales publicados por el Banco de España.

Y luego están los ingresos por comisiones, muy importantes. En 2017, por ejemplo, la banca española tuvo unos beneficios netos de 12.060 millones, un 51,3% más que en 2006. Pues bien, de todos los ingresos conseguidos (margen de intereses), 59.009 millones, casi un tercio fueron por comisiones netas: 19.107 millones, un 7,2% más que en 2016, según la AEB. Y en el caso de los 5 grandes bancos, el aumento de comisiones supuso más de la mitad del aumento de beneficios. El líder en comisiones es el Santander (subió el ingreso por comisiones un 16,4%), seguido del Sabadell (+10,3%), CaixaBank (+6,3%), BBVA (+5,5%) y Bankia (+5,3%). Y en 2018, las comisiones también están ayudando mucho a mejorar beneficios: más de una cuarta parte (el 28,3%) del margen bruto de los 10 grandes bancos se debe a los ingresos por comisiones.

La banca da pocos créditos y los tipos que cobra son más bajos que nunca, porque el precio oficial del dinero es el 0%, con lo que su “margen” se deteriora y tiene que buscar “otros negocios” y cobrar más comisiones a particulares y empresas. Este año 2018, muchos grandes bancos (Bankia, BBVA, Santander y Caja España entre ellos) han anunciado que subían en enero las comisiones por mantenimiento de cuenta, tarjeta o descubierto. Pero son muchas las comisiones que pagamos cada día “sin enterarnos”. En general, la política de los bancos es tratar de que domiciliemos las nóminas y recibos y que contratemos tarjetas, ofreciéndonos a cambio no pagar comisiones. Y si no lo hacemos, nos cobran por casi todo: por mantenimiento de cuenta (45 euros de media al año, según Facua), por apunte (0,36 euros), por tarjeta de crédito (de 30 a 45 euros anuales), por transferencia (0,3%, con un mínimo de 3 euros), por operar en Bolsa, por Fondos y Planes y una comisión por descubierto, que afecta a 1 de cada 7 clientes (hay una doble comisión: una fija por la reclamación, de 25 a 45 euros, y otra variable, del 2 al 4,5% del importe y un mínimo de 15 a 18 euros).

Mientras la banca no deja de “ordeñar” las comisiones para ajustar sus cuentas, en los dos últimos años ha visto un nuevo resquicio de negocio: los créditos al consumo, para comprar coche, vacaciones, gastos de casa o estudios, al amparo de que hay más españoles con trabajo (2 millones más que en 2014) que ahora pueden pagar un crédito. Así, han multiplicado su oferta de pequeños créditos a los clientes y el importe ha dado un gran salto: de los 12.811 millones de euros concedidos en 2012 se pasó a 24.706 en 2016 y a 29.121 millones en 2017, según el Banco de España. Son créditos al consumo fáciles de conseguir (si se justifica un trabajo, claro), rápidos, y que se devuelven en 1 a 5 años. Eso sí, el coste es elevado, con lo que son un gran negocio para la banca (que consigue el dinero casi al 0%): el tipo medio era del 8,52% en enero 2018 (5,21% de media en la UE), según el Banco de España.

La otra vía de prestar dinero a corto, aún más rentable, son las tarjetas de crédito, que han batido todos los récords: había 52,35 millones de tarjetas de crédito a finales de 2017, casi 10 millones más que en 2007 (43,49 millones). Y una buena parte son las llamadas “tarjetas revolving”: en lugar de pagar al mes siguiente todo lo gastado, operan como un crédito y se paga una cantidad establecida cada mes, a cambio de pagar un elevadísimo interés, de hasta el 20% anual (1,5% mensual). Por este sistema, la banca española ha financiado compras por importe de 13.290 millones de euros en 2017 (la mitad que con los créditos al consumo), un gran salto desde los 8.343 millones financiados en 2012, según el Banco de España.

En paralelo a este tirón de los préstamos al consumo (directamente o a través de las tarjetas), la banca ha explorado en 2017 otra vía de negocio: volver a dar hipotecas, tras las malas experiencias de impagos y stock de pisos desde 2008. El año pasado, el saldo vivo de hipotecas (las que se amortizan menos las nuevas concesiones) volvió a caer (-13.166 millones), pero las nuevas hipotecas crecen más cada año: de 21.853 millones concedidos en 2013 a 36.506 millones de euros en hipotecas nuevas en 2017, según el Banco de España. La banca aprovecha el buen momento del mercado de la vivienda y la fuerte subida de los alquileres (teniendo que pagar 900 euros de alquiler, mucha gente vuelve a pensar en comprar) para volver a “colocar hipotecas”, ahora que los tipos están bajos: el tipo medio estaba en enero en el 2,66%, según el INE.

En estos meses de 2018, la banca “ha abierto la mano” en la concesión de hipotecas, según reconoce textualmente el Banco de España, que no está especialmente preocupado, porque se conceden unas 28.000 al mes (febrero 2018), la cuarta parte que en los años de la burbuja (103.250 al mes en 2007). Todo indica que 2018 va a ser el año de “la guerra de las hipotecas” y ya hay entidades (como BBVA) que han bajado sus “tipos escaparate” (Euribor +0,89 = 0,70% el primer año), como “gancho. Pero la mayoría de los bancos llevan años comentando a sus clientes que “los tipos van a subir” y que les conviene contratar hipotecas a tipo fijo (al 3% y más), para prepararse a los futuros tipos altos (algo no recomendable). La campaña parece haber tenido éxito, porque un tercio de todas las hipotecas están ya a tipos fijos (del 3,05% de media), lo que son ganancias fijas mientras los tipos no suben.

Las hipotecas tienen otra ventaja adicional para la banca, si las hacen con cuidado y mirando mucho al cliente, como ahora sucede: “atan” al cliente con la entidad. Porque generalmente le “obligan” a domiciliar la nómina y los recibos y, últimamente, a contratar tarjetas y un seguro de vida. Todo ello son más comisiones futuras, sin olvidar que la propia hipoteca es una fuente de comisiones: de estudio, de apertura (hasta del 1% y considerada nula por "abusiva" en una reciente sentencia de la Audiencia de Castellón), de cancelación parcial o total…Claro que también les reportan muchos conflictos: la asociación de consumidores ADICAE va a presentar casi 60 demandas colectivas a los Tribunales para intentar recuperar los gastos hechos en la formalización de 6 millones de hipotecas, gastos considerados “abusivos”.

Mientras los créditos personales se disparan y las hipotecas despiertan, no mejoran los préstamos de la banca a las empresas: en 2017, el saldo vivo (reembolsos menos nuevos créditos) volvió a caer otros 13.166 millones de euros, porque las empresas siguen reduciendo su deuda. Por dos razones. Una, porque están escaldados de la crisis y no quieren endeudarse, sólo financiarse día a día. Y la otra, porque la banca tampoco quiere financiar a las empresas, sobre todo a las pymes, porque no se fía que se hayan saneado. El resultado es que la banca no ha abierto la mano del crédito a las empresas ni estas piden más, lo que sí pasa en Europa, según dice el Banco de España. Y así, mientras el crédito empresarial se recupera en Europa, aquí sigue cayendo, aunque tengamos menos empleo y más del doble de paro. Y encima, cuanto menor es el préstamo, mayor es el tipo (1,51% de interés los créditos de más de 1 millón y 2,33% los de menos de 250.000 euros), lo que perjudica más a las pymes: pagan de media un 2,35% (y el 4,10% las microempresas de menos de 10 trabajadores), frente al 2,2% que pagan las grandes empresas.

En resumen, la banca española, tras ser saneada con mucho dinero público irrecuperable (56.803 millones de euros), ha “bandeado” la crisis y mejora sus beneficios (+15% en 2018 los 5 grandes), a costa de subirnos las comisiones (los 5 grandes ya han ingresado con ellas 5.394 millones en estos tres primeros meses, un 4,6% más)  y de los créditos a las familias, que han vuelto a endeudarse para consumir y comprar vivienda. Pero no "tira" el crédito a las empresas, que debería ser uno de los motores de la modernización del país y del empleo futuro. Y mientras, los clientes pagamos más por una atención personal que se deteriora, por el tremendo cierre de oficinas. Tal es así que la mitad de los municipios del país no tienen ya una oficina bancaria: 4.114 de 8.117 pueblos, según un estudio de IVIE, con datos del Banco de España, lo que deja sin servicio directo a 1.256.590 españoles, sobre todo en Castilla y León (79,7% de municipios sin banco), Navarra (55,9%) y la Rioja (50%). De hecho, los bancos se están pensando abrir oficinas conjuntas, sin marca, para recuperar parte de este negocio rural perdido.

Ahora, la banca espera como agua de mayo que suban los tipos de interés en Europa, en 2019 y 2020, como en EEUU, una mala noticia para la economía (España es uno de los países más endeudados del mundo y el Estado, las empresas y las familias tendrán que pagar más intereses) pero buena para la banca, que espera así subir sus tipos y márgenes de beneficios, aún a riesgo de que muchas familias puedan verse otra vez “pilladas”. Además, la banca va a continuar cerrando oficinas y despidiendo plantilla, en un proceso de digitalización del negocio que va muy atrasado y donde la competencia es muy poderosa: Amazon, Google, Apple y las grandes telecos (Orange lanzará su banco en España a principios de 2019) ya se están posicionando para manejar nuestro dinero. Y son muy eficaces, además de tener mejor reputación que la banca española, acosada por la “mala imagen” generada en la crisis, el aumento de quejas (les han presentado más de un millón de reclamaciones en 2017) y las demandas de clientes que colapsan los Juzgados (165.000 demandas hipotecarias presentadas sólo en 2017).

Lo dicho: la banca española se recupera, pero ojo a las comisiones que les cobran y a los créditos que les dan, porque muchos están pagando demasiado mientras el dinero no fluye a la inversión productiva y al empleo. Si queremos consolidar la recuperación, modernizar la economía y hacer más competitivas e innovadoras las empresas, la banca tiene que mojarse, con garantías públicas. Hace falta que financien el futuro y no sólo coches o casas. Es un negocio, pero tienen una función económica y social clave. Cumplan con ella. Porque sólo para darnos una tarjeta o facilitar los pagos puede haber otros. La banca debe ser “otra cosa”. Y si no, en vez de privatizar Bankia en 2019, utilícenla, con el crédito oficial (ICO), para configurar una potente banca pública que financie el futuro del país. Así de claro.

lunes, 16 de febrero de 2015

Cae el crédito : demasiadas deudas


En Europa y en España hay liquidez de sobra y los bancos vuelven a presumir de beneficios, tras un costoso rescate. Pero el crédito ha vuelto a caer en 2014, como viene pasando desde 2008. Empresas y familias no piden créditos, sobre todo porque ingresan poco y porque están muy endeudados: lo que venden o ganan lo dedican a quitarse deudas. Por eso, para reanimar de verdad la economía, hace falta que el Gobierno ponga en marcha un Plan para reestructurar esta deuda privada, reduciendo tipos y ampliando plazos de devolución. Y además, hay que subir los salarios y potenciar la inversión pública y privada. No basta con presumir de “crecer más que Europa”: el empleo (escaso) es aún muy débil y ha vuelto a caer en enero, tras las Navidades. Por eso, hay que empujar la recuperación, facilitando que empresas y familias devuelvan sus créditos y pidan más. Y no dormirse en la propaganda.
 
enrique ortega

El crédito a empresas y familias cayó en 2014, por sexto año consecutivo. El saldo acumulado del crédito a empresas era 959.358 millones de euros (-3,4%) y el de las familias 745.793 millones (-4,7%). En los nuevos créditos de 2014, caen también los concedidos a empresas (-11,2%: se pidieron 353.507 millones, un tercio de los créditos solicitados  en 2007), pero subieron los de las familias (+3,4%: 60.813 millones concedidos). Con ello, se observa un mayor interés de los bancos por prestar, sobre todo a algunas pymes (para créditos inferiores al millón de euros) y a algunas familias (con empleo estable y vinculación con el banco), abriéndose una cierta guerra comercial” para venderles hipotecas y créditos para el consumo.

Tras este balance, 2015 podría ser el primer año de recuperación del crédito en España, porque hay liquidez suficiente y los bancos están más saneados. Por un lado, el BCE ya inyectó 400.000 millones de liquidez a la banca, que fue excesiva, porque los bancos sólo pidieron la mitad de ese dinero medio regalado. Además, en marzo, el BCE iniciará la compra de bonos privados y deuda pública europea, con lo que habrá aún más liquidez en Europa. Por otro, el rescate a las Cajas y bancos españoles (que ha costado 108.351 millones en ayudas públicas) ha saneado las entidades, que han mejorado sus beneficios en 2013 y 2014 (9.756 millones ganados por la gran banca, un 27,13% más). Pero aun así, no creció el crédito.

La culpa no es de la banca, porque su negocio es prestar y ganar prestando. En unos casos, no prestan porque el que pide dinero (empresa o familia) no es solvente y les da miedo aumentar la cifra de morosos (12,75% en 2014). Pero en la mayoría de casos, no hay crédito porque no se pide. Por ejemplo, 7 de cada 10 autónomos no fueron a un banco a pedir dinero en 2014, según el Barómetro de ATA. Y de los 3 que fueron, se lo concedieron a más de la mitad (53,78%), quizás porque pidieron poco (menos de 18.000 euros). Y se pide poco crédito porque empresas y familias están súper endeudadas y los ingresos que tienen (ventas y salarios) los dedican a quitarse créditos, a devolver deuda. No a pedir más crédito.

Las empresas españolas son las más endeudadas de Europa, a pesar de que se han quitado una cuarta parte de la deuda que tenían en 2008: de 1.273.637 millones de deuda (noviembre 2008) han pasado a 959.358 millones (diciembre 2014), tras devolver  314.279 millones (un 24,7%). Aun así, las pymes españolas triplican el endeudamiento de las pymes francesas o italianas, según el FMI. Y sólo las 35 empresas del IBEX acumulan unos 170.000 millones de deuda, más de cinco veces sus beneficios. Y lo peor: un 41% de todas las empresas españolas dedican el 100% de su beneficio a pagar deudas. Vamos, que trabajan para pagar a los bancos. Como para pensar en pedir más créditos.

Las familias lo tienen aún peor, porque España es un país de propietarios, donde el 83% de españoles tienen piso en propiedad (frente al 60% de media en Europa y el 44% en Alemania). Con ello, 1 de cada 3 familias españolas tiene pendiente el pago de su hipoteca, que se lleva hasta el 40% de los ingresos mensuales (en el caso de dos tercios de los hipotecados, según el Banco de España). Y por ello, 1 de cada 10 familias con hipoteca tiene graves dificultades para pagarla cada mes, 600.000 familias candidatas a un desahucio, que siguen creciendo mes a mes (+13,5% en 2014). Como para pedir más créditos.

Esta  deuda es una pesada losa para que empresas y familias salgan de la crisis, inviertan y consuman, la clave para que se recupere de verdad  la economía Y el mayor hándicap para que aumente el crédito. Por eso, si el Gobierno quiere que la economía crezca más, hace falta buscar una salida a la deuda de empresas y familias, asfixiadas por pagarla.

En el caso de las empresas, las grandes se van “buscando la vida”, vendiendo lo que pueden y renegociando sus deudas con la banca, como han hecho Telefónica, El Corte Inglés, FCC, ACS, Repsol  o muchas inmobiliarias. Pero las pymes lo tienen más difícil. Una solución sería comprarles estos créditos, a través del ICO y la banca, y cambiarlos por deuda a más largo plazo y tipos más bajos, costeando el Presupuesto la operación. Y para los autónomos, el Gobierno va a aprobar una Ley de segunda oportunidad, que exima del pago de las deudas que no se han podido afrontar a los tres años del cierre del negocio, aunque la norma va a exigir requisitos que se consideran “excesivos”, por lo que suena a una medida “electoralista”.

En el caso de las familias, habría que poner en marcha, con el ICO y la banca, un Plan de reestructuración de hipotecas, para renegociar plazos y tipos en los casos que pagar la mensualidad suponga más de un 25% de los ingresos familiares. Y en los casos más problemáticos (parados, familias sin ingresos), habría que “rescatar a las familias” (como se ha hecho con los bancos), buscándoles vivir en alquiler y creando un “banco malo” de hipotecas particulares, como hizo el presidente Rooselvet en EEUU en 1933. Si no se alivia la carga financiera de las hipotecas (las familias aún deben 745.793 millones), no habrá consumo ni recuperación. Y seguirán los desahucios y los fallidos en la banca.

España tiene un grave problema de deuda (pública y privada), el mayor del mundo tras EEUU, según el FMI. Y mientras no se alivie su pago, ni habrá más crédito ni habrá inversión ni consumo. Pero no basta con aligerar el pago de la deuda. Para salir de verdad de la crisis, hay que crecer más. Primero, porque no es verdad que seamos los que más crecemos de Europa: en 2014, crecimos (+1,4%) menos que Alemania (+1,5%) y que otros 7 países de la zona euro. Y en 2015, la Comisión Europea prevé para España un crecimiento (+2,3%) que es inferior al de 7 países de la zona euro (Irlanda, Grecia, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Malta y Eslovaquia van a crecer más). Y segundo, porque sí somos los que tenemos más del doble de paro (24,3% frente a 11,6%), que según Bruselas, no va a bajar del 20% hasta 2017. Y eso son 4,7 millones de parados dentro de dos años.

Por eso, habría que dejar de hacer propaganda con el crecimiento y apostar por crecer más y crear más empleo estable, porque el que se crea es muy volátil: en 2014 se crearon 433.900 empleos netos y sólo en enero se perdieron 199.902 empleos, al pincharse el tirón navideño. Para ello, además de aliviar el peso de la deuda a empresas y familias, hay que reanimar más el consumo (subiendo los sueldos, por encima del 0,6% que ofrecen los empresarios) y potenciando la inversión, de la mano de una mayor inversión pública. Y ello es posible si el Estado ingresa más, recortando el fraude y haciendo pagar más a multinacionales, grandes empresas y los más ricos: los expertos de FEDEA  creen que se podría ingresar 40.000 millones extras, para dedicar a reindustrializar, a tecnología y fomento de la inversión privada en sectores clave. Además, hay que dedicar más recursos a políticas activas de empleo, a colocar a los parados (todavía 5,45 millones), porque más de la mitad (3,35 millones) llevan más de un año en paro y sin perspectivas de encontrar trabajo. Es una vergüenza que hasta el 6 de febrero de 2015 no se haya puesto en marcha en el SEPE (antiguo INEM) un servicio de asesoramiento individualizado para cada parado (veremos su eficacia si faltan recursos, funcionarios/asesores y empleos).

Hace falta un “optimismo activo”, como dice el editorial de El País, que el Gobierno Rajoy, junto a tanta propaganda sobre “lo mucho que crecemos”, ponga en marcha medidas para reanimar de verdad la economía, lo mismo que Europa (todavía estancada). Porque tenemos una tasa de paro insoportable y hay millones de españoles (mayores de 45 años, mujeres y jóvenes) que no ven claro el futuro. Y así, un 84% de los españoles creen que la situación económica es igual o peor que hace un año, según el último Barómetro del CIS. ¡Basta de triunfalismos¡ .Hay que apuntalar la recuperación, con menos deuda, más salarios, más ingresos públicos y más inversión. Y sentar las bases de un nuevo crecimiento, asentado en la industria, la tecnología y los servicios. Nos hace falta otra política, tras cinco años de recortes.