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lunes, 12 de septiembre de 2016

Curso escolar 2016-2017: muchas incertidumbres


Esta semana acaban de volver al colegio o al instituto más de 8 millones de niños y adolescentes, que cursan Primaria, ESO, Bachillerato o FP. Y comienzan un nuevo curso lleno de incertidumbres. La principal, como hace un año, si se va a aplicar la LOMCE y si habrá reválidas en junio próximo para 700.000 estudiantes de 4º de la ESO y 2º de Bachillerato. Pero además, los centros no saben su presupuesto, porque las autonomías no van a recibir más dinero del Estado, al prorrogarse para 2017 los Presupuestos de este año, por falta de Gobierno. Y mientras, los padres tendrán que hacer frente a nuevos gastos, desde los libros al comedor o transporte escolar, sin que haya más becas ni ayudas. Entre tanto, es un clamor la petición de un Pacto educativo, que asegure recursos y estabilidad a la enseñanza, para reducir el abandono escolar (España es líder en Europa) y mejorar la formación para que los jóvenes encuentren trabajo. Urge un Pacto educativo este curso.
 
enrique ortega

Otro curso más, aumentan los  niños y jóvenes que inician el curso escolar: serán unos 8.150.000 alumnos de enseñanzas no universitarias, 39.000 más que el curso pasado. Bajarán algo los inscritos en educación infantil, 1.800.000 (por la menor natalidad y los altos precios) y subirán ligeramente los alumnos de primaria (2.925.000), ESO (1.870.000) y Bachillerato (700.000), aunque el mayor aumento se dará, otro año más, en Formación Profesional (790.000 alumnos), por la mejora de los cursos y las mayores salidas profesionales. Se espera una ligera caída de la enseñanza pública, que acoge al 68% de los alumnos, mientras sube ligeramente la concertada (24%) y se estabiliza la enseñanza privada (8%). Eso sí, las diferencias son grandes por autonomías: hay regiones con una mayor penetración de la enseñanza pública, como Castilla la Mancha (82,1%), Extremadura (80%), Canarias (78,5%) o Andalucía (75%) y otras donde la pública casi iguala a la enseñanza concertada y privada, como el País Vasco (sólo 51,1% de alumnos en la pública) y Madrid (54,9%).

Un curso con más alumnos y también con más profesores, porque muchas autonomías (controladas en su mayoría por la izquierda) han aprobado oposiciones para cubrir plazas de profesores, tras haber desaparecido 33.684 docentes (el 8,1%) entre 2012 y 2015 por los recortes y no cubrir jubilaciones, según datos de CCOO. El problema es que las autonomías, que financian el 84% del gasto español en educación, van a tener problemas financieros este curso, no sólo porque les está cayendo la recaudación (como a Hacienda), sino porque van a tener menos ingresos de los previstos, al no poderse aprobar un nuevo Presupuesto para 2017 y prorrogarse el actual, por falta de Gobierno. De hecho, el Gobierno en funciones ya les ha dicho que, al no haber nuevo Presupuesto, tendrán que rebajar su déficit en 2017 al 0,3% y no al 0,7% prometido en abril, lo que les obligará a gastar 4.000 millones menos. En todo, pero sobre todo en educación, sanidad e inversiones, los principales gastos. Y por si fuera poco, el Gobierno en funciones advierte que sin Presupuestos, no se podrán subir las becas este curso 2016-2017...

Y todo eso será un problema extra para una educación que lleva con recortes desde 2010. Según los datos oficiales de Educación, el Presupuesto educativo ha pasado de un máximo de 53.895 millones en 2009 (el 4,99% del PIB) a 46.469 millones en 2015, el 4,23% del PIB. Eso supone un recorte de gasto de 7.426 millones de euros en 6 años. Y este año 2016, aunque el Presupuesto ha aumentado en 208 millones, han sido básicamente para la aplicación de la LOMCE, para financiar los nuevos ciclos de la FP básica y la elección de los nuevos itinerarios en 3º y 4º de la ESO. Con lo que, en realidad, para las partidas ordinarias de la enseñanza, ha habido este curso menos Presupuesto que el pasado. Como ya pasó en 2014-2015 y como volverá a suceder este nuevo curso, al prorrogarse el actual Presupuesto. Con ello, las autonomías y los centros tendrán que hacer malabarismos para aumentar profesores, mejorar su oferta y ofrecer más servicios. Un dato esclarecedor: en Cataluña habrá este nuevo curso 1.010 colegios en barracones, 14 más que el curso pasado…

Además de la penuria económica, a las autonomías, los centros, sus profesores y alumnos les preocupa  lo que va a pasar con la LOMCE, la Ley educativa aprobada en 2013 por el PP (en solitario) y que todos los demás grupos han prometido derogar si gobiernan. De momento, el gobierno en funciones del PP la sigue aplicando y el pasado 29 de julio, el Consejo de Ministros aprobó un real decreto para obligar a las autonomías a establecer, antes de finales de noviembre, las condiciones de las reválidas que han de hacer obligatoriamente (en junio próximo) los 700.000 alumnos de 4º de la ESO y 2º de Bachillerato. De entrada, 13 autonomías están en contra de hacer estas reválidas (12 no gobernadas por el PP más Castilla y León), que han sido también criticadas por el Consejo escolar del Estado, los profesores (el 80,7% las rechaza, según una encuesta hecha por la Universidad Autónoma de Madrid), los sindicatos (amenazan con movilizaciones este otoño) y varias asociaciones de padres. Todos creen que estas pruebas excluyen a los alumnos con problemas y no mejoran la enseñanza.

Pero el Gobierno en funciones insiste en obligar a las autonomías a que fijen ya las condiciones de estas reválidas, ya que serán ellas las que establezcan las preguntas y el calendario, lo que supondrá una disparidad en las pruebas entre regiones. La reválida de 4º de la ESO, que sólo se hace en 5 países europeos (Italia, Reino Unido, Portugal, Estonia y Malta), sería esta primera vez una prueba piloto, pero en el futuro, si se mantiene, sería un filtro obligado para pasar al Bachillerato (contaría un 30% en la nota final y el otro 70% la nota media de toda la ESO). La reválida de 2º de Bachillerato, que se hace también en 23 países europeos, será esta primera vez una prueba, sin contar como nota, pero será obligatoria para acceder a la Universidad, ya que sustituye al anterior examen de Selectividad. Y lo peor es que cada Universidad diseñará su prueba, con lo que puede haber desigualdad entre los alumnos según donde la hagan.

Esta “guerra” de las futuras reválidas inquieta a los centros, profesores, alumnos y familias, mientras el ministro de Educación en funciones insiste que la LOMCE es una Ley orgánica y “hay que cumplirla”. Y amenaza incluso con tomar medidas contra las autonomías que no lo apliquen, como ya hicieron el curso pasado con la prueba al final de 6º de Primaria: 7 de cada 10 estudiantes no hicieron este examen, incluido en la LOMCE, y 7 autonomías acabaron denunciadas ante la alta inspección educativa (Cataluña, Andalucía, Aragón, Cantabria, Comunidad Valenciana, Extremadura y Baleares), con expedientes aún no resueltos. Ahora, todo va a depender de los pactos políticos y del futuro Gobierno. De que se confirme la LOMCE o de que se pacte una nueva Ley orgánica antes de junio próximo.

Otra novedad de este curso, impuesta por la LOMCE, es que se refuerzan Lengua, Matemáticas y Ciencias, mientras se dejan de lado las enseñanzas artísticas (música, dibujo y artes plásticas) y la filosofía. Por ejemplo, este nuevo curso deja de ser obligatoria en 2º de Bachillerato la Filosofía (sigue en 1º), lo que ha provocado una movilización de intelectuales y docentes que ha llevado a que 10 autonomías la sigan manteniendo como obligatoria en todas o en algunas especialidades, mientras no será obligatoria en otras 7 autonomías que no han “apostado” por la Filosofía (Galicia, Madrid, Castilla y León, País Vasco, Navarra, Canarias y la Comunidad Valenciana. Otra muestra de disparidad educativa entre autonomías.

Además de las materias a enseñar y la escasez de Presupuestos, los centros se enfrentan a buscar fórmulas para mejorar la calidad de la enseñanza, tras los recortes que han llevado a aumentar los alumnos por clase, reducir las clases de refuerzo y los desdobles y reducir la atención a la educación especial. Y hay que plantearse mejorar las plantillas de docentes (675.000), no sólo para recuperar los 33.684 perdidos sino para mejorar su situación laboral, lo que se traduciría en una mayor eficacia docente. De hecho, hay una gran precariedad laboral, con muchos interinos sin plaza (10.000 más que en 2009), con una plantilla de profesores muy envejecida y mal pagada: los recortes en los salarios brutos han sido, entre 2010 y 2016, de entre el 44% (maestros) y el 57% (profesores de secundaria y catedráticos), según un estudio de FETE-UGT. Y se mantienen grandes diferencias por regiones: el salario bruto de un maestro de primaria es mucho menor en Galicia (1.971 euros) que en el País Vasco (2.335 euros) y lo mismo en secundaria (2.231 euros en Galicia frente a 2.934 en Ceuta o Melilla).

Y mientras, los alumnos y sus familias ven cada año cómo les sube la factura del colegio o instituto, mientras han bajado las becas (hay 200 millones y 40.000 beneficiarios menos que en 2011) y las ayudas, para libros, comedor o transporte (de 126 a 46 millones de euros). Y lo peor es que becas y ayudas son cada vez más desiguales entre autonomías (ver listado). Para este curso, vuelven a subir los libros de texto (un 1,1%), el gasto de comedor y el transporte, así como las matrículas, uniformes y otros gastos. Actualmente, tener un hijo en edad escolar supone un gasto en septiembre de unos 600 euros, entre libros (de 200 a 400 euros), uniformes (200-300 euros), comedor (110 euros),  transporte (80-100 euros) y gastos de matrícula o abono mensual, que aunque se dice “voluntario” es realmente obligatorio en los centros concertados. Y luego, ese gasto se mantiene, con extraescolares, seguros, APAS y otros extras, en unos 250 euros mensuales por niño. No es extraño que el gasto educativo haya sido el único, junto al sanitario, que ha aumentado en las familias con la crisis, un 36,7% entre 2010 y 2016, según la Encuesta de Presupuestos familiares del INE.

Una educación polémica, desigual, sin medios, cara para las familias y que encima lleva al abandono escolar de uno de cada cinco alumnos: España es líder en Europa, con un 20% de jóvenes que dejan sus estudios, el doble que en la UE (11% de abandono escolar). Urge pues, otro curso más, afrontar este grave problema y mejorar un sistema educativo que además no prepara a los jóvenes para el trabajo, ya que casi la mitad (46,5%) está en paro. Por eso, desde la comunidad educativa se pide un Pacto educativo, un acuerdo que establezca unas normas para varias décadas, al margen de quien gobierne, y terminar con los vaivenes legislativos que nos han traído las 7 leyes educativas de la democracia. Todo el mundo habla de la necesidad del Pacto, pero los políticos son incapaces de firmarlo, por lo que muchos plantean que se geste primero entre la comunidad educativa, expertos y familias.

La base de cualquier Pacto educativo debería ser asegurar una financiación suficiente para la educación, al margen de Gobiernos y coyunturas. España gasta hoy un 4,2% de su riqueza (PIB) en educación, por debajo de la media europea, que es del 5 al 6% del PIB. Eso obligaría a gastar más, a recuperar primero los 7.500 millones perdidos desde  2009 y luego aumentar unos 10.000 millones más de gasto cada año. Y crear un fondo interno de homogeneización, para que no haya autonomías que gasten más y otras menos en educación. Después, hay que fortalecer las plantillas y los centros, con más recursos para educación infantil y la Formación Profesional, por la que hay que apostar decididamente, para ponernos a nivel europeo. Y en paralelo, revisar contenidos y formas de estudio, buscando una educación más práctica, más ligada a lo que demanda el futuro y las empresas, sin olvidar la importancia formativa de las enseñanzas artísticas y sociales. Y todo ello, con una mayor participación de centros, profesores, expertos y familias y una menor politización de la educación.

España tiene el doble de paro que Europa porque tenemos una estructura económica y empresarial menos competitiva pero también porque tenemos una peor educación, según los últimos datos de la OCDE (“Panorama de la educación 2014”): un 45% de los españoles adultos (25-64 años) tienen un nivel educativo bajo (sólo con la ESO acabada o ni siquiera), frente al 21% en Europa (UE-21) o el 24% de la OCDE (34 paises más desarrollados), y muy lejos de Suecia (12% de adultos poco formados), Alemania (14%), Finlandia (15%), Reino Unido (22%), Irlanda (25%) o Francia (27%). En el medio, también tenemos menos adultos con formación media (bachillerato y FP Básica): un 22% en España frente al 48% en Europa y el 44% en la OCDE. Y sin embargo, por arriba, estamos en cabeza de universitarios: un 32% en España frente al 29% en la UE y el 33% en la OCDE. Así nos va. Esto es algo que hay que arreglar a medio plazo, pero hay que empezar ya, con otra enseñanza. A ver si este es el último curso antes de un cambio educativo a fondo. Es uno de los grandes retos del país.

lunes, 20 de mayo de 2013

El Gobierno impone su reforma educativa


Tras ocho meses de consultas inútiles, el Gobierno ha enviado al Congreso la misma reforma educativa que aprobó en septiembre, la séptima de la democracia. Entrará en vigor el curso 2014-2015, con la oposición de los demás partidos, varias autonomías y la mayoría de los profesionales de la enseñanza, desde rectores a profesores, padres y estudiantes. La Ley Wert pretende reducir el abandono escolar haciendo que los peores alumnos vayan antes a Formación Profesional y los “buenos” sigan Bachillerato y a la Universidad. Y fomentar la competencia: habrá colegios e Institutos de primera (concertados), que seleccionarán a los mejores alumnos, y otros de segunda (públicos) con los peores. Una enseñanza dual, con menos asignaturas y menos recursos: tras los 6.700 millones recortados desde 2010, Rajoy ha prometido a Bruselas (para recortar el déficit) gastar aún menos en educación hasta 2015. Más segregación, más desigualdades y menos recursos, un cocktail suicida.
 
enrique ortega

Con la democracia, cada Gobierno ha llegado con su reforma educativa bajo el brazo. Primero fue Suarez, con la LOECE (1980), que derogaba la LGE franquista de 1970. Luego, el primer gobierno de Felipe González aprueba la LODE (1985), que incorpora los colegios concertados, después la LOGSE (1990), que amplía la enseñanza obligatoria de los 14 a los 16 años, rematada por la LOPEG (1995). Aznar aprueba en 2002 la LOCE (sólo con los votos del PP y CC), que apenas entra en vigor, porque Zapatero la anula en mayo de 2004 (con un decreto) y aprueba en 2006 la LOE (con los únicos votos en contra del PP). Ahora, Rajoy recupera mucho de la reforma frustrada de Aznar con la Ley Orgánica de Mejora de la Calidad de la Enseñanza (LOMCE), que cuenta con el rechazo de todos los partidos salvo el PP.

El gran objetivo de la Ley Wert es reducir el abandono escolar, ahora en el 24,9% (el doble que en Europa), y bajarlo al 15% en 2020. Para ello, anticipa una puerta de salida a los peores alumnos: la Formación Profesional (FP). Si hoy los alumnos eligen su futuro (Bachillerato o FP) a los 16 años, ahora la Ley permite que los “malos alumnos” puedan acceder a los 15 años a una FP básica, de dos años, con lo que saldrían a los 17 con un pequeño título, como aprendices, para trabajar (en mini-jobs). Además, se adelanta a 2º de la ESO las vías alternativas para dirigir a FP a los alumnos con dificultades, con itinerarios muy cerrados, que dificultan volver a Bachiller y optar en el futuro a la Universidad.

Otro cambio clave: se reducen las asignaturas, centrando horarios y profesores (recortados) en Lengua, Matemáticas y Ciencias y reduciendo la educación artística y cultural (asignaturas que “distraen”, según Wert). Eso sí, cobra más peso la asignatura de Religión : contará como las demás (para medias y becas) y se impone como alternativa una asignatura fuerte (Valores culturales y sociales) para disuadir a los que no la quieran elegir. Y se suprime, también por presión de la Iglesia, la asignatura de Educación para la Ciudadanía.

Cambio de programas y un proceso de evaluación constante: habrá cuatro reválidas, dos en primaria (3º y 6º, sin consecuencias académicas), otra al terminar la ESO (16 años), distinta para los que quieran hacer Bachillerato y FP, y una cuarta al terminar el Bachillerato (la FP no tiene reválida, otra prueba de cómo se devalúa). Teóricamente, esta prueba sustituye a la Selectividad, pero la Ley permite a las Universidades que hagan pruebas de acceso, que aún no se sabe si será general o sólo para las carreras más solicitadas. En resumen, prueba tras prueba, que convertirá a los centros en “academias para pasar las evaluaciones”, con una enseñanza dirigida a superar estas pruebas y no a la formación integral de los alumnos. Y el riesgo de aumentar el fracaso escolar.

Cuarto cambio clave: el Ministerio quiere poner a los centros “a competir”, con la promesa de dar más recursos a los que mejor resultados tengan. El riesgo es que haya colegios e Institutos que seleccionen a los alumnos (la nota contará un 20% en el acceso) para Bachillerato y FP, dejando fuera a los “malos”, que acabarán en centros públicos, después con menos recursos porque tendrán peores resultados que los concertados, los más favorecidos con esta reforma. De hecho, España es ya hoy el país occidental con menor peso de la educación pública : 67,8% en la ESO frente al 85,8% en la OCDE (91,1% en Alemania y 78,2% en Francia) o 77,5% en secundaria postobligatoria, frente al 81,2% en la OCDE (92,5% en Alemania).

Hay más cambios polémicos. Uno, que padres y profesores pierden poder de decisión en la elección del director de los centros (del 60% actual al 30% votos) y no decidirán apenas sobre presupuestos, proyectos educativos y proceso selección de alumnos, dando más poder a los directores para cambiar a los profesores incluso de centro. Dos, que el Ministerio fijará los temarios de las asignaturas importantes, dejando a las autonomías sólo las secundarias (pero controlando también qué avalúan y cómo). Además, obliga a las autonomías a asegurar la enseñanza en castellano y a pagar los estudios en un centro privado si no hay uno público o concertado que lo haga. Y se asegura la subvención pública a los colegios concertados que separen a los alumnos por sexo, 70 centros en toda España, la mayoría del Opus Dei.

El rechazo a esta Ley Wert ha sido unánime, desde los sindicatos de la enseñanza, alumnos, asociaciones de padres, rectores y Universidades, expertos, autonomías (Cataluña, País Vasco, Andalucía, Asturias y Canarias) y todos los partidos, salvo el PP. Incluso el Consejo de Estado ha pedido cambios y consensuar la reforma, tras criticar que no incluya una Memoria económica. El Gobierno dice que costará 408 millones al Estado en tres años y hasta 927 millones a las autonomías, las encargadas de poner en marcha estos cambios (en el curso 2014-2015) y pagarlos en el futuro. Y creen que su coste será elevado y no podrán financiarlo.

Una reforma polémica y sin recursos, cuando el mayor problema de la enseñanza hoy es la falta de medios tras los recortes: 6.700 millones menos de presupuesto desde 2010 y unos 60.000 profesores menos, a pesar de que hay más alumnos. España dedica menos gasto público a la educación que el resto de Europa (4,7% en 2011 frente al 5,3% en la UE-27), mientras muchos países lo aumentan (Francia va a contratar a 60.000 nuevos profesores). Y lo peor es que Rajoy, para recortar el déficit, ha prometido a Bruselas seguir recortando el gasto en educación: del 5,01 % del PIB en 2009 al 3,9% en 2015. Y eso, a pesar de ser el país con el doble de paro juvenil (57,22%) que Europa.

La enseñanza en España se ha deteriorado mucho y es claramente mejorable. El problema de la reforma educativa de Rajoy-Wert es su ideología conservadora: creen que la educación es un bien para los que lo merecen (excelencia) y no para todos (equidad), por lo que apuestan por volcarse en ”los que se esfuerzan” y no en los que “no quieren estudiar” o “no tienen capacidades”. Es una filosofía segregadora, que no cree en la educación para integrar y formar a todos. Y que apuesta por resultados medibles por evaluaciones más que en una formación integral de los jóvenes para el futuro. Optan por EEUU (salvar a los mejores) frente a Finlandia (recuperar a los peores). Y por eso, han pegado un tajo, en 2012 y más en 2013, a las clases de refuerzo, los desdobles y las tutorías, en perjuicio de los alumnos con problemas.

La educación es demasiado importante para que cada partido imponga su visión ideológica, en contra de los que saben, profesores y expertos. Hay que pactar los cambios y conseguir más dinero y más profesores, no más recortes. Educar a todos, sin segregar a los peores alumnos y a los centros públicos, con una enseñanza de calidad accesible para todos. Nos jugamos el futuro de nuestros hijos y la salida de la crisis. Demasiado.