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lunes, 23 de septiembre de 2013

Menos hijos: la cigüeña está en crisis


La crisis, que ha cumplido cinco años, tiene unas consecuencias inmediatas y palpables: paro, menos sueldo, precariedad laboral, recortes sociales y más pobreza y desigualdad. Otras se notan a medio plazo, como la caída de la natalidad: los nacimientos llevan cuatro años seguidos cayendo, con la crisis, y ahora nacen dos tercios de los niños que en 1976. Con ello, los hijos por mujer han caído a 1,32, cuando harían falta 2,1 niños por familia para cubrir el efecto sustitución, para asegurar las pensiones y el Estado del Bienestar : tendrían que nacer 280.000 niños más cada año. Para eso, hace falta una política de ayudas a la familia (como otros países) y no recortes, como está haciendo el Gobierno Rajoy con becas, ayudas, desempleo, pensiones y Dependencia. Y apoyar el trabajo de la mujer, la conciliación laboral y familiar y más ayudas fiscales a las familias. Sin más niños no hay futuro.
 
enrique ortega

En 1976, a poco de morir Franco, en España nacieron 677.456 niños, 1.856 al día. Después de tres décadas largas de crecimiento, en 2008 ya sólo nacieron 517.779, 1.424 al día. Y con la crisis, llevamos cuatro años seguidos de caída fuerte de la natalidad, con 453.637 nacimientos en 2012, 1.242 al día, un tercio menos que en 1976, según el INE. En consecuencia, hemos pasado de 18,7 nacimientos por  1.000 habitantes (1976) a la mitad, a 9,7 (2012). Y con varias autonomías muy por debajo de esa media: Asturias (7,1 hijos por 1.000 habitantes), Castilla y León (7,5), Galicia (7,6), Canarias (8,2), Extremadura (8,5) y Cantabria (8,6).

Dos son las causas inmediatas de esta caída de la natalidad. Una, obvia, que las mujeres tienen menos hijos: 1,32 hijos de media, la mitad que en 1976 (2,80 hijos por mujer) y menos que la mayoría de mujeres europeas (1,59 hijos de media en la UE, 1,8 en Reino Unido y 2 hijos en Suecia o Francia). Además, los tienen más tarde: a los 31,6 años de media (en 1976 a los 28 años). Y la otra, demográfica, que ahora hay menos mujeres en edad fértil (15-49 años, según el INE), porque estamos pagando la crisis de natalidad de los años 80 y primera mitad de los 90. Y además, hay menos mujeres inmigrantes, que tienen más hijos (1,44 hijos de media frente a 1,28 hijos las españolas).

Pero hay otras causas vinculadas a la crisis: el temor al futuro es el mayor anticonceptivo. Y con 6 millones de parados, una de cada 5 familias con la mitad de sus miembros en paro y una de cada 10 sin ningún ingreso, los salarios congelados o bajando, los precios y los impuestos subiendo, pocas familias se animan a tener hijos ahora. Y si 4 de cada 10 familias sobreviven gracias a las prestaciones sociales, los recortes de los tres últimos años han sido la puntilla a la natalidad: menos becas y ayudas (comedor, libros de texto, transporte), subidas de tasas y guarderías, copago de recetas y servicios sanitarios, recortes en el subsidio de desempleo, recortes en las ayudas a la Dependencia, limitaciones al  bono social de luz y agua para las familias numerosas, recortes de ayudas autonómicas y municipales a las familias y pérdida de poder adquisitivo de las pensiones que ayudan a muchas familias. En total, menos ingresos y mucha incertidumbre como para plantearse traer más hijos al mundo.

Y un factor clave, la penosa situación de la mujer en España: hay dos millones menos de mujeres trabajando que hombres (para una población similar), debido entre otras cosas a que la maternidad juega en su contra para encontrar trabajo. Y un 23% de mujeres dejan su trabajo para cuidar a sus hijos pequeños, por culpa de la falta de guarderías (o su alto precio), de ineficaces políticas laborales de conciliación y de la escasa ayuda de sus maridos. Y con la crisis, las empresas han reducido un 40% sus ayudas para conciliación laboral. En consecuencia, tener hijos tiene un alto coste para las mujeres y cada vez se lo piensan más si quieren hacer una carrera profesional.

Por todo esto (demografía, crisis y penalización a la mujer), la natalidad cae y seguirá cayendo, según el INE, que estima 14,6 millones de nacimientos en España en los próximos 40 años, un 24% menos que en los 40 años anteriores. Por ello y por la marcha de los inmigrantes, la población española ha caído en 2012, por primera vez en la historia reciente, y seguirá cayendo: España perderá 4,7 millones de habitantes en los próximos 40 años. Y además, como crece la esperanza de vida, seremos menos españoles y más viejos: en 2052, un 37% de la población tendrá más de 64 años. Menos niños y más jubilados, un grave problema: menos a cotizar (en 2052 habrá una persona en edad de trabajar por cada niño o jubilado) y a pagar impuestos, en perjuicio de las pensiones y el Estado del Bienestar (sostener la educación, la sanidad, la atención a la Dependencia y los servicios sociales).

El problema es serio porque para mantener el equilibrio y cubrir el efecto sustitución (padres por hijos) haría falta tener 2,1 hijos por mujer, frente a los 1,32 actuales. Eso exige que nazcan 280.000 niños más cada año para asegurar el relevo generacional, según el Instituto de Política Familiar. Algo difícil en España, que está a la cola de Europa en gasto social destinado a las familias y uno de los pocos que no tiene una prestación universal por hijo: muchos países conceden 110/120 euros mensuales por hijo (en Alemania, 180 euros al mes) y aquí sólo 24 euros al mes para familias que ganen menos de 12.000 euros. Y además, se ha recortado el catálogo de ayudas (estatales, autonómicas y municipales).

El Gobierno, que prometió el oro y el moro para las familias en la campaña electoral, ha anunciado un Plan integral de apoyo a la Familia para 2013, aunque parece que se retrasa hasta 2014, mientras sigue haciendo recortes que penalizan a las familias. Frente a promesas más ideológicas que concretas, hace falta una política decidida de ayuda a la familia y fomento de la natalidad, asentada en cuatro patas. Una, establecer un Plan de ayudas a las familias, desde guarderías y enseñanza o sanidad al transporte, la vivienda, la luz, el agua o el cobro del desempleo o las ayudas a la Dependencia. Dos, establecer una fiscalidad de apoyo a la familia y a la natalidad, incorporando propuestas como la de mejorar la pensión de los que tengan más hijos (campaña de recogida de firmas “Más hijos, más pensión”) o que cuente como tiempo cotizado los años en que las madres cuidan a sus niños pequeños. Tres, avanzar en las políticas de conciliación laboral en las empresas, ampliando el permiso de paternidad (de 2 a 4 semanas, como prometieron ZP y Rajoy), creando más guarderías y racionalizando horarios. Y cuatro, dar prioridad a las familias más vulnerables: familias numerosas, familias monoparentales con hijos y familias con algún discapacitado.

España y la Europa del sur, que siempre habían tenido más hijos, están ahora por detrás de la Europa rica del norte, que apoya más a la familia y a la natalidad. Apuestan por el futuro. Porque un día saldremos de la crisis y nos encontraremos con que nos faltan jóvenes para trabajar y cotizar, para sostener las pensiones y las prestaciones del Estado del Bienestar. Y aumentar la población no se improvisa, hay que pensar en mejorar la natalidad a veinte años vista. Empezar ya, sin demagogias, con ayudas de verdad. Apostar porque nazcan más niños es garantizarnos el futuro. Penalizar los nacimientos, como ahora, es un suicidio.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Guarderías: recortes y falta de plazas públicas

Otro curso más, miles de niños menores de 3 años se han quedado sin plaza en las guarderías públicas, que han sufrido recortes, de profesores y medios, como el resto de la enseñanza. El Gobierno y las autonomías han incumplido el Plan Educa-3, para construir 300.000 nuevas plazas infantiles públicas en 5 años: sólo se harán la tercera parte. Y con ello, las guarderías privadas, más caras, ya son mayoría en España. Con la crisis, muchas familias no pueden pagarlas y lo sufre la mujer, que deja su empleo para cuidar a sus hijos. Los niños y sus familias necesitan un Plan de choque de guarderías públicas, a salvo de los recortes.

enrique ortega
La educación infantil ha dado un gran salto en la última década, multiplicándose por cuatro: de 101.441 niños menores de 3 años escolarizados en 2000-2001 se ha pasado a 462.390 este curso, con un aumento del 7,6 %, el mayor en toda la enseñanza (+2,1% de media). El problema es que está mal repartida: la tasa de escolarización es mínima hasta 1 año (7,6%), baja en 1 año (27,6%), media en 2 años (44,8%) y muy elevada en 3 años (99,1%), donde superamos la media europea (77,2%), muy por encima de Alemania (88%) o Reino Unido (79,8%) y por debajo de Francia (100%).
Sin embargo, las plazas de educación infantil son insuficientes. Un estudio de la Universidad de Vic (2006) cifraba en 351.593 las plazas públicas necesarias para contar con una por cada tres niños. En 2007, el Gobierno Zapatero aprobó el Plan Educa-3, para crear 300.000 nuevas plazas de educación infantil entre 2008 y 2012, con una inversión de 1.087 millones, financiados a medias entre el Estado y las autonomías. Pero con la crisis, las autonomías no han puesto su parte y aunque Educación si ha aportado 100 millones cada año, sólo se han construido 71.000 plazas entre 2008 y 2010 (un 20%). La Comunidad Valenciana y Canarias son las que menos han construido ( 6%), seguidas de Murcia (12,8%), Galicia (16,8%), Asturias (17,8%) y Castilla y León (19,8%), construyendo más de la mitad sólo Castilla la Mancha (66,8%), Ceuta y Melilla (51,9%).

Pero ese no es el único problema. Además de construir nuevas escuelas infantiles, hay que mantenerlas, pagando profesores, gastos y material. Y los Ayuntamientos, que gestionan normalmente las guarderías públicas han sufrido los recortes de las autonomías, sobre todo este curso, donde se han reducido profesores, horarios  y material, sobre todo en Madrid, Valencia, Canarias, Castilla y León, Murcia, Baleares y Navarra. Y se han reducido las subvenciones (cheques bebé) a las familias.  

El resultado es que unos 100.000 menores de 3 años se han quedado sin plaza en las  escuelas infantiles públicas (25.000 en Madrid, 14.000 en la Comunidad Valenciana y 16.000 en Castilla la Mancha), según los sindicatos. Y los que han podido, han mandado  a sus niños a guarderías privadas, que son ya mayoría (4.122 de los 8.062 escuelas infantiles, un 51,12% cuando en el conjunto de la enseñanza, la privada supone el 32%).En varias autonomías gobernadas por el PP (en especial Madrid), se recortan presupuestos a las escuelas públicas y aumentan a las guarderías privadas y concertadas. Y se privatiza la gestión de las públicas, dando entrada a empresas de servicios y restauración, que ganan concursos por precio frente a cooperativas de profesores, en perjuicio de la calidad.

La mayoría de los padres que llevan a sus hijos a una guardería privada lo intentaron primero en una pública, según una encuesta de la OCU, que revela enormes diferencias de precios por autonomías y un coste de 200 euros más al mes en las privadas (sobre 400 euros mes). Las públicas, además de ser escasas y con horarios muy estrechos, no son accesibles a la clase media y media-baja, porque resulta difícil conseguir plaza ganando más de 15.000 euros anuales. Al final, un 35% de los encuestados deja a los niños en casa o con los abuelos (el 70% cuida a sus nietos). Y más con la crisis.

La falta de escuelas infantiles, sobre todo entre 0 y 2 años, es grave por dos razones. Una educativa: los alumnos de 15 años que han ido a preescolar obtienen notas de lectura 40% superiores a los niños que no, según un informe de la OCDE. Y tienen menos fracaso escolar. La otra razón es económica: las escuelas infantiles fomentan el trabajo de la mujer, que en España tiene más paro que el hombre y una de las tasas de actividad más bajas de Europa (un 48% son inactivas frente al 27% en Suecia, por ejemplo). Además, en España, un 23% de las mujeres con niños menores de 5 años han dejado su empleo para atenderlos, por la escasez de guarderías asequibles pero también por la escasa ayuda de sus maridos (somos el sexto país de los 32 países de  la OCDE donde menos ayudan los hombres en casa).

Un reciente estudio de la  OCDE denuncia que en España resulta difícil combinar trabajo y vida familiar: Y resalta que no hay suficientes guarderías fuera del horario escolar, pidiendo más ayudas públicas a la familia, para aumentar la tasa de natalidad (1,4 hijos por mujer frente a 1,74 de media en la OCDE) y el trabajo de la mujer. De hecho, España gasta poco en protección a la familia (el 0,7% del PIB frente al 2,3% en la UE).

El nuevo Gobierno ha prometido, en campaña electoral, “impulsar la educación infantil”. Habrá que verlo y si lo que se fomentan son guarderías privadas estilo “aparcamiento de niños”, caras y subvencionadas con dinero público, en vez de escuelas infantiles de calidad. Hacer un Plan de choque para construir las 150.000 guarderías públicas que faltan costaría 500 millones de euros. Es poco: la cuarta parte de lo que nos cuestan las TV autonómicas. Hay que volcarse en ello: es la semilla de nuestra educación y del empleo de la mujer. Dos puntos clave para salir de la crisis.

domingo, 20 de noviembre de 2011

España pierde población (y no sólo por la crisis)

Mientras el mundo acaba de superar los 7.000 millones de habitantes, España está perdiendo población, por primera vez desde 1.939. Con la crisis, ha estallado también la burbuja demográfica, por la marcha de inmigrantes y de españoles jóvenes a la busca de un empleo fuera. Pero la culpa la tiene también la baja natalidad española, fruto de una escasa ayuda a la familia y a la mujer trabajadora, mientras aumentan las muertes por el envejecimiento de la población. Con todo ello, España va a perder medio millón largo de habitantes hasta 2020. Menos población y más viejos, con lo que sólo habrá un activo por un inactivo para 2050. Una bomba demográfica, económica y social.

enrique ortega
Danica, una niña filipina nacida el 31 de octubre, pelea con otros bebés por ser el habitante 7.000 millones del Planeta, que registra el crecimiento demográfico más rápido de la historia. Si para conseguir los primeros 1.000 millones de habitantes, el mundo hubo de esperar a 1.804 y los 2.000 millones a 1.927 (123 años), los últimos mil millones se han conseguido en 12 años. Y se esperan los 9.200 millones para 2.050, en una vorágine demográfica que conlleva problemas alimentarios, de escasez de recursos (agua y energía) y de hacinamiento (75% población viviendo en las ciudades para 2.050).

Pero también el boom demográfico está mal repartido: la población se dispara en Asia, África y países emergentes, pero no en Europa, que apenas ha crecido en los últimos 30 años (de 693 a 740 millones de habitantes) y donde la ONU prevé un estancamiento hasta 2025, para caer la población hasta 2050, por culpa de la baja natalidad y el envejecimiento de la población. España seguirá esta pauta, incluso antes: este año 2011 ya está bajando la población, algo nunca visto desde 1939: perderemos 34.193 habitantes, quedando 46.118.733 a fin de año, según el INE.

La primera causa es la crisis: se están yendo los inmigrantes que llegaron con el boom (hasta un millón en 2007) y crecen también los emigrantes españoles que salen a buscar trabajo (50.521 hasta septiembre, el doble que el año pasado). Con ello, el INE espera terminar 2011 con un saldo migratorio negativo (-130.850), por primera vez en la última década: entrarán 450.000 extranjeros y saldrán 580.850 residentes (9 de cada 10, extranjeros). Desde 2009 se están marchando los inmigrantes, pero la novedad este año es que aumentan las salidas de mujeres hasta casi igualar a los hombres, quizás porque los españoles ya no las podemos pagar que nos ayuden en casa o cuiden a nuestros niños y ancianos.

La fuga de población (inmigrantes y españoles) se va a mantener en los próximos años, hasta  perder 945.663 habitantes entre 2011 y 2020. Pero la crisis no es la única causa de pérdida de población: la tasa de natalidad de España, una de las más bajas de Occidente, cae desde 2009  y se espera que continúen bajando los nacimientos, al haber menos mujeres inmigrantes (generan un 20% de los nacimientos, con 1,81 niños por mujer, frente a 1,38 las españolas). Y mientras, el país envejece y aumentan las defunciones, con lo que en 2019 habrá ya más muertes que nacimientos. Y aunque hasta entonces  habrá crecimiento demográfico, no  ayudará a compensar la salida de inmigrantes: España perderá 567.351 habitantes hasta 2021, en que seremos 45.585.574 residentes. La pérdida de población se dará sólo en 8 autonomías, concentrándose en cinco: Cataluña (casi la cuarta parte del total), Comunidad Valenciana y País Vasco, Castilla y León y Galicia.

Para 2021, España será el país más envejecido de Occidente, según la ONU, con 9,276 millones de habitantes mayores de 64 años (20 % población). Habrá también menos niños menores de 5 años y una fuerte caída de la población entre 20 y 40 años, con lo que tendremos menos mujeres en edad fértil, menos madres para el futuro. Y como aumentará la esperanza de vida unos 6 años (84,3 para los hombres y 89,9 para las mujeres), seguirá el envejecimiento de la población, con 15,3 millones de habitantes mayores de 64 años para 2049, uno de cada tres españoles.

Menos niños, menos mujeres jóvenes y más viejos, una bomba de relojería demográfica y social. Porque si en 2011 tenemos 2 españoles activos (en edad de trabajar, aunque un 22% en paro) por 1 inactivo (con menos de 16 años o más de 64), en 2021 serán 1,7 activos por 1 inactivo y para 2049, la previsión es de 1,1 activo por 1 inactivo. Un cocktail explosivo, que no sólo se resuelve recortando las pensiones futuras y que exige tomar ya medidas demográficas. Y pensar que cuando salgamos de la crisis (que saldremos), harán falta de nuevo los emigrantes para apoyar el crecimiento, porque habremos perdido población.

España debe apoyar la natalidad, con ayudas a la conciliación familiar (horarios razonables, más guarderías públicas, trabajo a tiempo parcial), a promover el trabajo de las mujeres para que sea compatible con la maternidad (un 23 % de las mujeres con hijos menores de 5 años hayan dejado su empleo para atenderlos) y de los jóvenes, para que puedan encontrar empleo y formar una familia, ya que si no perderemos una generación de madres, las que rondan hoy los 25 años y están en paro y sin perspectivas. De hecho, España gasta poco en protección a la familia (el 0,7% del PIB frente al 2,3% en la UE) y gasta mal, por falta de coordinación entre administraciones. Así no hay manera de frenar la caída de población.

No podemos seguir perdiendo población, en España y en Europa, porque es un suicidio demográfico que nos lleva a un suicidio económico, al no contar con jóvenes trabajadores que puedan mantener a viejos que van a vivir cada vez más años. Y la emigración debe ser una variable de ajuste, no la alternativa a no tener hijos. Pero hay que ayudar a los jóvenes a tenerlos. Nos jugamos nuestro futuro.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Más pobres : los que pagan la crisis

Ya hay más de 10 millones de españoles en el umbral de la pobreza. Una noticia de la que apenas se habla y muchos tratan de olvidar. Es como el cáncer: mejor no mentarlo, a ver si no me toca. El drama de la crisis es que ha convertido en pobres a “gente normal”, que de la noche a la mañana se han quedado sin trabajo, sin casa y yendo a los comedores de Cáritas. España es el séptimo país con más pobres de Europa, sobre todo niños, un drama que afecta sobre todo a madres solas sin trabajo, emigrantes y ancianos. El problema es que gastamos menos que el resto de Europa en asistencia social y, con la crisis, las ayudas de autonomías y Ayuntamientos se han recortado. Menos mal que están las familias.

¿Qué es ser pobre? La estadística oficial (Eurostat y el INE) pone un listón: tener ingresos inferiores al 60% de la media de cada país. En España, en 2011, son 7.533,30 euros por adulto, 11.300 € para una pareja sin hijos, 13.560 € para una familia con un niño y 15.820 € de ingresos para una pareja con dos niños (cualquier familia con un mileurista). Con este baremo, en España está en riesgo de pobreza el 21,8% de la población, 10.278.874 habitantes, 1.374.329 personas más que antes de la crisis (19,7% en 2007). La pobreza también está mal repartida: Extremadura, Ceuta, Canarias y Andalucía tienen casi un tercio de sus habitantes por debajo del umbral de la pobreza, mientras hay pocos pobres en Navarra (7,3%), País Vasco (11,6%), Madrid (13,6%) o Cataluña (15,3%).

Ser pobre en España no es pasar hambre, pero sí estar mal alimentado, no significa vivir en la calle pero sí hacinado y a veces sin agua ni calefacción, no poder afrontar gastos educativos complementarios ni sanitarios(dentista) y por supuesto, vivir con muchas estrecheces. Pero hay un escalón más abajo, la pobreza extrema: entre millón y medio y dos millones de españoles (3,5% de la población), según el informe FOESSA (la Fundación Atenea sube la cifra hasta 3 millones).

España es el séptimo país de Europa con más pobres, por detrás de Rumanía, Bulgaria, Estonia, Letonia, Lituania y Grecia. En conjunto, la Unión Europea tiene 85 millones de personas en el umbral de la pobreza, un 17 % de la población, cifra que suben a 114 millones (23,1% de los europeos) con el nuevo indicador de pobreza y exclusión social introducido en 2009 (que afectaría al 23,4% de españoles).

En España, los más afectados por la pobreza son los hogares donde nadie trabaja (1.425.200 hogares con todos en paro y  560.000 sin ningún ingreso, según la EPA), las madres solas con hijos, las familias numerosas (sobre todo con padres jóvenes y en paro o con empleo precario), los mileuristas y los emigrantes. Pero lo peor es la pobreza infantil, que afecta a 2 millones de niños en España, el quinto país europeo con más pobreza infantil. Y de ellos, unos 300.000 niños españoles sufren pobreza severa, pasando hambre de forma habitual un 3,6% de los menores (y un 6,2% de los niños emigrantes), según UNICEF. Un drama que no se corrige porque España gasta poco en protección a la familia (el 0,7% del PIB frente al 2,3% en la UE) y se gasta mal, por falta de coordinación entre las administraciones. Por eso, UNICEF pide un Plan urgente contra la pobreza infantil, duplicando el gasto en la infancia (de 700 a 1.400 millones) y concentrándolo en familias jóvenes y emigrantes.

Pobres había antes de la crisis (9 millones de españoles en 2007), pero ahora la pobreza ha saltado a grupos y familias que no la habían sufrido nunca. Cáritas habla de “los nuevos pobres”: españoles (la mitad de los que les piden ayuda), menores de 40 años, que tenían una vida desahogada y que en los últimos tres años acaban pidiendo comida, ropa o alojamiento. Claro que 7 de cada 10 pobres son “crónicos”: ya habían pedido ayuda antes. Y lo peor: el 67% van a Cáritas porque les desvían de los servicios sociales públicos (Ayuntamientos y autonomías), que están recortando personal y recursos.

Se reduce el paraguas protector cuando aumenta la necesidad de ayuda: 8 millones de españoles pidieron apoyo en 2010 a los servicios sociales de asistencia primaria (municipales), 3 millones más que antes de la crisis. Y unos 150.000 españoles sin ingresos cobran una renta mínima de inserción de las autonomías (entre 370 y 640 euros al mes, durante 6 meses o un año). Pero los servicios sociales públicos tardan mucho en dar soluciones (65 días de media frente a una semana en Cáritas) y tienen pocos recursos, que además se han recortado. El gasto social en España (256 €/habitante) es un 74% de la media de la UE y además está concentrado en ancianos y discapacitados (Ley de Dependencia) más que en la lucha contra la pobreza. Y es muy desigual, según donde se viva: va desde 683 € por habitante en País Vasco o 456 € en Navarra a 97 € en Baleares y 119€ /hab en la Comunidad Valenciana.

Europa ha puesto en marcha un Plan de lucha contra la pobreza, para reducir en 20 millones (-25%) los europeos en el umbral de la pobreza en 2020. España se ha comprometido a reducir 1.450.000 pobres (-13%) en esta década, con un Plan centrado en la infancia, jóvenes, mayores y discapacitados, con medidas para crear empleo estable, fomentar el alquiler, reducir el abandono escolar y mejorar los servicios sociales, difíciles retos.

La pobreza está ahí, creciendo y no estalla en graves conflictos sociales por la ayuda de las familias. Darle una salida no es una cuestión de beneficencia, sino de justicia y de derechos: hemos pagado toda la vida, impuestos y cotizaciones, para tener un colchón si nos caemos. Es el cuarto pilar del Estado de Bienestar, los servicios sociales. Hay que organizarlos y dotarlos de medios, más aún con la crisis. Los pobres están ahí: no podemos mirar para otro lado.

domingo, 3 de julio de 2011

La generación de la crisis

Nacieron a finales de los 80 y principios de los 90, en pleno crecimiento, pero se lanzaron a buscar trabajo a partir de 2008, con la crisis. Tienen ahora entre 21 y 26 años, pero su situación es la de los jóvenes de 18 a 30 años. Casi 7 millones de españoles a los que les toca crecer con la mayor crisis de nuestra historia reciente. La mitad están parados y los que trabajan lo hacen en precario y con sueldos ínfimos. Así, no tendrán fácil formar una familia, ni tener hijos, ni una casa. Y cotizar los años necesarios para tener una pensión, más reducida que la de sus padres. Y encima, vivirán más años que el resto de los europeos. No se puede hablar de generación perdida, como el FMI. Hay que pelear por ellos: son nuestro futuro.
www.enriqueortega.net
La mitad de los casi 5 millones de parados son jóvenes, tienen menos de 35 años. Pero el problema más grave se da entre los que buscan su primer trabajo, los menores de 25 años: el 45,39% está en paro, más del doble que en Europa (19,8%). Y sobre todo en las regiones que crecieron con el ladrillo y el turismo, que atrajeron a muchos jóvenes que dejaron sus estudios por el dinero fácil, ahora más del 50% están en paro: Andalucía, Canarias, Comunidad Valenciana, Extremadura, Ceuta y Melilla.
Mientras reparten currículum como tarjetas, los jóvenes parados se plantean qué hacer. Unos, la minoría, ni estudian ni trabajan: son los 645.800 de la generación ni-ni. Otros 636.400 estudian y trabajan. Y la mayoría se plantea si seguir buscando trabajo, estudiar más o salir fuera: un 28% quiere buscar trabajo en el extranjero, ya que hay más que en España y mejor pagado. Los que se quedan, se debaten entre formarse más o no. Somos el país de Europa con más universitarios (23%), pero también hay un 28 % que sólo tienen estudios primarios y un 40% con secundaria. Y tenemos un 30% de abandono escolar, el doble que Europa. Hay una juventud sobreeducada (que rebaja su currículo) y otra sin suficiente formación. Y casi nadie ha sido formado para trabajar, para saber lo que buscan las empresas.
Los jóvenes que finalmente trabajan lo hacen en puestos por debajo de su formación (un 40% en España, frente al 23% en la OCDE), con contratos precarios (56% contratos temporales frente al 41% de media en la UE) y sueldos ínfimos: 8 de cada 10 jóvenes empleados ganan menos de 1.500 euros al mes. Y con la crisis, ser mileurista es un triunfo, ya que están bajando los sueldos (a 600-800 euros y 450 los becarios). Además, como un 25% de los parados no cobra ninguna ayuda, crece la economía sumergida y el empleo aún más precario.
Con este panorama, la generación de la crisis lo tiene muy difícil para formar una familia y tener hijos. De hecho, la tasa de natalidad cayó en 2009, por primera vez en la última década: 1,33 hijos por mujer, frente a una media de 1,8 a 2 hijos en Francia, Gran Bretaña y países nórdicos (y 1,3-1,5 en centro Europa). Por un lado, España dedica menos ayudas a la familia: 0,8% PIB frente al 2-4% de otros países. Y por otro, la mujer es la que más sufre la crisis: más paro, menos salario (-17% sobre los hombres) y más problemas para encontrar trabajo. Y como las empresas (y sus maridos) no ayudan a conciliar, una de cada cuatro mujeres ha acabado dejando su empleo para cuidar a sus hijos.  
Con familia o sin ella, la generación de la crisis tiene conseguir una vivienda, sobre todo en propiedad: necesitarían ganar 2.267 euros al mes para pagar una hipoteca media y el alquiler  está en una media de 639 euros. En consecuencia, el 54 % de los jóvenes (18-34 años) viven con sus padres y son ya 5.850.000 jóvenes no emancipados. Y entre los nacidos a finales de los ochenta, más del 80% viven con sus padres. Unos padres que les ayudan a sobrevivir pero que también sufren la crisis y el paro (más de la mitad de los mayores de 55 años no trabajan).
Aunque ahora no lo piensan, la generación de la crisis va a tener problemas al jubilarse, ya que la reforma ha subido a 37 los años que hay que cotizar para conseguir la pensión máxima, que será más baja que ahora. Y hay muchos jóvenes que, con 30 años, aún no han cotizado. Además, cuando se jubilen sin haber podido ahorrar para un Plan privado, tendrán por delante más años de vida que sus padres: España va a ser el país de Europa con más ancianos en 2060. Y eso supone que ellos y el país, con menos activos cotizando, tendrán más problemas para pagar sanidad, ayudas a la dependencia y pensiones.
Un negro panorama que explica el desánimo y la desafección de la generación de la crisis (y el 15-M). Una generación perdida para el FMI, pero que hay que recuperar como sea, aunque no será fácil: hace falta crecer más para crear empleo y la OCDE cree que harán falta 15 años para bajar el paro a los niveles de antes de la crisis. O sea, hasta que nuestros jóvenes tengan 40-45 años.Demasiado.
                                                                                          
Hay que poner en marcha ya un Plan de choque para el empleo juvenil, sobre cinco ejes: un contrato sencillo y que no pague Seguridad Social el primer año, ayudas para que los jóvenes monten empresas, un plan educativo para recuperar a los que dejaron sus estudios y dirigirles hacia la FP, un acuerdo empresas- Universidad para los contratos en prácticas y una reforma a fondo del INEM para que ayuden de verdad  a encontrar trabajo a los jóvenes. Además de ayudas varias para la vivienda, el trabajo de la mujer y los hijos. No más palabras: hechos.

domingo, 16 de enero de 2011

Las mujeres pagan más la crisis y la maternidad

Nuestras madres y abuelas han sido el sostén de nuestras familias, como ahora lo son nuestras mujeres e hijas. Pero las mujeres son, junto a los jóvenes y los mayores de 45 años, el colectivo que más está sufriendo la crisis: tienen más paro, están menos empleadas, cobran salarios más bajos y casi la mitad son inactivas, o sea que ni trabajan ni buscan trabajo. Y lo peor, por el hecho de ser madres, casi una de cada cuatro mujeres ha dejado su empleo para cuidar a sus hijos, lo que no hacen apenas los hombres. Y cuando se jubilen, las mujeres tendrán mucha menos pensión. En resumen, mal negocio ser mujer en España.
A finales de 2010 había en España 2.046.885 mujeres registradas como paradas en el INEM, el  doble que hace tres años y casi tantas como hombres (2.053.188), aunque la tasa de paro femenina es más alta (20,53% frente a 19,29%). Y el paro femenino ronda el 30% en Melilla (31,3%), Andalucía (30,7 %), Canarias (28 %) y Extremadura (26,3%). Además, el paro ha crecido el último año más del triple entre mujeres (+135.618) que entre hombres (+40.652).
En España sólo trabajan 8.170.600 mujeres, según la EPA (Estadística), frente a 10.376.000 hombres. Y cobran un 17 % menos por su trabajo que los hombres. Esta discriminación salarial se da en toda Europa, sobre todo en niveles medios y altos, pero la diferencia es que en España se da también en niveles de baja cualificación, donde la desigualdad salarial sube hasta el 25-35 %. Ello se debe a que un alto porcentaje de mujeres tienen menos formación, están infraeducadas, y a que muchas empresas piensan que tienen más riesgo de que las mujeres abandonen el trabajo y no invierten en ellas: les forman menos y les pagan menos.Y les contratan menos: sólo un 23 % de las empresas españolas contratarán a madres en 2011, según un sondeo de Regus.
De hecho, la crisis y la falta de conciliación entre la vida laboral y familiar ha provocado que un 23 % de las mujeres con hijos menores de 5 años hayan dejado su empleo para atenderlos, algo que sólo han hecho el 4,8% de los padres, según un estudio de la Fundación La Caixa, donde se revela que aunque la mitad de los hombres ayudan en casa y con los hijos, sólo un 7% se implica lo mismo que su mujer. En consecuencia, dos de cada cinco madres no trabajan en España. Y la falta de empleo de la madre aumenta el riesgo de pobreza infantil y de fracaso escolar, según dicho estudio: en los hogares donde sólo trabaja un progenitor, 3 de cada 10 niños de menos de diez años son pobres.

Con todo, lo peor es que la mayoría de mujeres ni trabaja ni está parada, simplemente está “inactiva”: 9.392.400 mujeres que trabajan en casa o estudiando pero que no cobran. Un 48% de las mujeres españolas son inactivas (32% en los hombres), frente a un 27% en Suecia, por poner el ejemplo contrario más extremo. Un porcentaje altísimo de personas “desanimadas”, que ni trabajan ni buscan trabajo, porque piensan que no van a encontrarlo.
Cara al futuro, las mujeres tienen muy difícil asegurarse una pensión digna, ya que cotizan menos años y por salarios más bajos, lo que aboca a ancianas con pocos recursos, un problema para el que ha pedido soluciones la Comisión del Pacto de Toledo.
Ante este negro panorama para la mujer, ¿qué se puede hacer?. Primero, diseñar una política integral de apoyo a la familia, con medidas que apoyen el trabajo de la mujer: más guarderías accesibles (ahora sólo las tienen un 30% de los niños), ampliar la baja por maternidad (está previsto pasar de 16 a 20 semanas en 2012, pero cuesta 988 millones al año) y más  incentivos a la conciliación. Segundo, fomentar el trabajo a tiempo parcial, que en España sólo tienen un 19% de mujeres, frente a un 33% en Europa. Tercero, volcarse en la formación de la mujer, tanto la que está parada como la subempleada. Y sobre todo, utilizar la negociación colectiva en las empresas para frenar y reducir la discriminación a las mujeres. No podemos perderlas.   

jueves, 4 de noviembre de 2010

Guía para ahorrar y llegar a fin de mes

Consejos útiles para reducir gastos y pagar menos en los pagos habituales de una familia, con trucos para conseguir productos y servicios gratis.

Seis  de cada diez familias no llegan a fin de mes, según acaba de informar Estadística (INE). Un problema al que se enfrentan millones de españoles, convertidos en esforzados contables de su hogar. La solución no es fácil, pero la crisis está ayudando a despertar el ingenio y se están viendo alternativas para conseguir gastar menos. Veamos algunas.

Lo primero es hacer un listado de los gastos habituales de la familia, en dos hojas: los de cada mes y los anuales. Así descubriremos a veces ese recibo que nos llega una vez al año y del que podemos prescindir. O lo que nos cuesta de verdad el coche, el móvil o el colegio de los niños, con excursiones y extras incluidos.

 Lo segundo es buscar ahorros donde más gastamos: no es lo mismo ahorrarse un 10 % en el seguro del coche que en unos zapatos. Vamos a repasar los principales gastos y a apuntar algunas vías de ahorro para conseguir llegar a fin de mes

  . Alimentación. Haga la compra una vez por semana (no todos los días) y vaya provisto de una lista de la compra, para no cargar el carro con lo que le entre por los ojos. Compre productos de temporada y aproveche los vales-descuento.

   . Luz. No deje aparatos encendidos en stand-by, lave en agua fría, cambie a bombillas de bajo consumo y no planche más que lo imprescindible.
   . Teléfono. Revise su contrato y mire ofertas alternativas de la competencia. Y empiece a llamar a sus amigos y conocidos a través de Internet.
  
    . Transporte. Intente conducir con más suavidad y a menor velocidad. Y entre en Internet para buscar comparadores que le ofrezcan un seguro más barato para su coche. Busque entre sus compañeros de trabajo alguno que viva por su zona, para compartir coche. Y si quiere ahorrar de verdad, deje el coche en casa y compre un abono transporte.

    . Colegios. Habrá que reducir al máximo los servicios no imprescindibles: excursiones, actividades extraescolares, viajes, etc. Y hable con otros padres para intentar compartir uniformes y libros de años anteriores. También hay ropa de uniforme que se puede comprar en grandes superficies y que cumple con los requisitos de los centros. En casos drásticos (desempleo, fuerte reducción de ingresos), cambie a sus hijos a un colegio público.

    . Ropa. Intercambie ropa con amigos, sobre todo de niños, aprovechando comidas de grupo en los que se puede improvisar un rastrillo amistoso. Compre productos outlet, de temporadas anteriores, y entre en clubes de compra que le permitirán comprar con mucho ahorro e incluso gratis.

    . Finanzas personales. Revise a fondo lo que paga a su banco o Caja. Ahora puede conseguir fácilmente que su entidad no le cobre comisiones o le permita hacer transferencias gratis. Mire a ver si paga por su tarjeta, ya que hay muchas entidades que le regalan la VISA y la 4B. Y sobre todo, valore su nómina: le da mucho poder ante su banco o Caja y si no se la valoran, con rentabilidad, regalos o servicios, cambie de banco. Por último, en caso de que tenga un ingreso extra o consiga ahorrar algo, busque la mayor rentabilidad y no se conforme con una cuenta al cero patatero.

   . Ocio y viajes. Hay muchas posibilidades de ocio gratis o low cost : leer libros o revistas, oir música o ver películas procedentes de bibliotecas públicas, ir al cine el día del espectador o en festivales subvencionados, acudir a exposiciones en días gratis de los museos o con tarjetas descuento (sin olvidar las muestras gratuitas), aprovechar conciertos y eventos municipales (gratuitos o con bajos precios) y organiza un cineclub de amigos, prestándose películas.
 En cuanto a viajes, planifique su escapada con meses de antelación, para conseguir tarifas baratas en vuelos y hoteles, casi siempre a través de Internet.

Por último, apúntese al gratis total. A través de la Red , encontrará muchas posibilidades de conseguir algo sin pagar: productos de prueba gratis, muestras gratis de productos, acceso gratis a Internet en determinados lugares ( también cada vez hay más locales con Wifi), cursos gratuitos de formación e incluso empresas, restaurantes o tiendas que tienen tarifas especiales para desempleados.

En resumen, se puede ahorrar y llegar mejor a fin de mes. Es cuestión de analizar bien nuestros gastos, ver los que son prescindibles y se pueden suprimir o reducir y para el resto, buscar alternativas más económicas o incluso gratis. Invertir tiempo en ahorrar. Compensa.