La población envejece en toda Europa y más en España, porque tenemos más esperanza de vida. Los mayores de 60 años llevan décadas creciendo y en el último Censo del INE (1 enero 2026) eran ya 13.836.095 personas, el 27,91% de la población total de España (49.570.725 habitantes). De ellos, 3.397.543 tienen entre 60 y 64 años, 2.939.512 tienen entre 65 y 69 años y los 7.499.040 restantes tienen 70 años y más años (18.751 con 100 años o más). Esta cifra de “mayores” supone un fuerte aumento desde principios de siglo, por el progresivo envejecimiento de la población en España: en el año 2000 había 8.766.511 españoles “mayores” (60 años y más), el 21,64% de la población, pasando a 11.079.928 mayores en 2015 (el 23,76%) y a los 13.836.095 mayores de 60 años ahora (27,91% del total). Así que tenemos 5 millones de mayores más (+5.069.584) que a principios de siglo.
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jueves, 9 de abril de 2026
Aumenta el empleo de los mayores
Nos han vendido que hay casi 22 millones de afiliados a
la Seguridad Social, otro máximo histórico. Pero no destacan que el
empleo que más crece es el de los mayores de 60 años: de los 2,47 millones
de nuevos afiliados desde 2019, la tercera parte (+783.037) son afiliados
con más de 60 años, la franja de edad que más crece. Y el empleo de
los mayores se ha triplicado desde 2005 (entre 60 a 64 años)
y cuadruplicado (entre 65 y 69 años), gracias sobre todo a la
mayor ocupación de las mujeres, el envejecimiento de la población y porque
los mayores buscan complementar los ingresos familiares, en sanidad, cuidados, inmobiliarias,
educación, comercio y servicios públicos, los trabajos con más mayores. Pero a
la vez, los mayores tienen más paro de larga duración, porque las
empresas no contratan mayores, sin poder jubilarse anticipadamente. De
hecho, en España hay menos ocupados mayores que en Europa. Hay que
aprovechar el talento “senior” y facilitar su relevo a los
jóvenes. Enrique Ortega
La población envejece en toda Europa y más en España, porque tenemos más esperanza de vida. Los mayores de 60 años llevan décadas creciendo y en el último Censo del INE (1 enero 2026) eran ya 13.836.095 personas, el 27,91% de la población total de España (49.570.725 habitantes). De ellos, 3.397.543 tienen entre 60 y 64 años, 2.939.512 tienen entre 65 y 69 años y los 7.499.040 restantes tienen 70 años y más años (18.751 con 100 años o más). Esta cifra de “mayores” supone un fuerte aumento desde principios de siglo, por el progresivo envejecimiento de la población en España: en el año 2000 había 8.766.511 españoles “mayores” (60 años y más), el 21,64% de la población, pasando a 11.079.928 mayores en 2015 (el 23,76%) y a los 13.836.095 mayores de 60 años ahora (27,91% del total). Así que tenemos 5 millones de mayores más (+5.069.584) que a principios de siglo.
De estos 13,8 millones de “mayores” (60 años y más), la
mayoría son “inactivos” (ni trabajan ni buscan trabajo): son 11.082.300
mayores “inactivos”, según la EPA de 2025,
básicamente personas mayores de 65 años (los inactivos de 60 a 64 años son solo
1.343.500 personas), especialmente los que tienen 70 años y más
(7.170.400 son “inactivos”).
Lo que ha pasado estos últimos años es que han aumentado
los mayores “activos”, los que se han puesto a buscar trabajo y trabajan o
están en paro. Con ello, los mayores de 60 a 64 años han alcanzado un récord histórico
de actividad: en diciembre de 2025 había más de 2 millones activos
(2.030.300), +44%
que en 2019 (1.409.000 activos). Y la mayoría de ese aumento de
actividad se debe a las mujeres (+331.600 activas desde la pandemia),
más que a los hombres (+290.000 activos), en muchos casos porque se han lanzado
al mercado de trabajo tras cuidar a hijos y padres. Pero donde
más se ha disparado la actividad es entre los mayores de 65 a
69 años: hay ahora 413.400 activos, +138% más que en 2019
(173.300 activos), otro máximo histórico, dándose la circunstancia de que las
mujeres activas de 65 a 69 años (207.000) superan a los hombres
(206.400).
Hay más mayores que nunca buscando trabajo y más
mayores trabajando. En marzo de 2026, había 2.297.471
mayores de 60 años afiliados a la Seguridad Social (el 10,5% del total,
de los 21.882.146
afiliados medios, una cifra récord). Pero lo más llamativo es que la
afiliación de los mayores de 60 años es la que más crece desde la pandemia:
de los 2.473.609 afiliados nuevos (+12,47%
de aumento desde 2019), 783.037 afiliados nuevos son mayores de 60 años
(+51,6%, cuatro veces la subida total de afiliados). De hecho la
afiliación de los mayores de 60 a 64 años crece desde la pandemia un +41,8%
y la de los mayores de 64 años crece un +107%, frente al +15% que crece
la afiliación entre 25 y 29 años, el +10,4% que crece entre 45 y 49 años o el
+24,6% que crece entre 55 y 59 años, según la SS. Y lo que más crece, otra
vez, es la afiliación de las mujeres mayores (+56%) frente a
los hombres (+48%).
Otra estadística que confirma el aumento del trabajo
de los mayores es la
última EPA del INE (diciembre 2025). Ahí se confirma que en España
trabajan 2.349.500 mayores (algunos más de los afiliados: 2.297.471
mayores) y que son 903.800 empleados mayores más que en 2019, lo que
indica que más de un tercio (el 36,2%) de todo el empleo creado desde
la pandemia (2.496.400 nuevos empleos) ha sido para los mayores. El
empleo de los mayores es el
máximo de la serie histórica y crece en todas las franjas de mayores
desde 2005, pero sobre todo entre los que tienen de 65 a 69 años:
se triplica en la franja de 60 a 64 años (de 697.200 empleados en
2005 a 1.820.200 en 2025), se cuadruplica en la franja de 65 a
69 años (saltando de 93.300 ocupados a 390.300 en 2025) y crece
menos entre los de 70 y más años (de 53.700 empleados en 2005 a 69.500
en 2025).
Los datos
de la EPA revelan que la mayoría del trabajo de los mayores de 60 años se
concentra en el sector servicios (ahí trabajan el 76,2% de los
ocupados con más de 55 años), seguidos muy de lejos por los que trabajan en la
industria (12,2%), la construcción (7%) y el campo (donde trabajan el 4,6% de
mayores restante). Por ocupaciones,
según el SEPE, la mayoría de estos trabajadores “mayores” se concentra en
sanidad, servicios sociales y residencias de ancianos, actividades
inmobiliarias y financieras, educación, consultoría, transporte y logística,
administración y gestión, comercio y ventas, además del sector público (el
16,4% de los empleados públicos tienen entre 60 y 64 años).
Lo llamativo es que una buena parte de estos trabajadores “mayores”,
sobre todo los que han conseguido trabajo tras la pandemia, son
mujeres, con muchos contratos a tiempo parcial (el 27% de
las ocupadas de 65 a 69 años) y un aumento de los autónomos (un tercio
de las mujeres que tienen 65 años o más), porque muchos de estos trabajadores
mayores (básicamente las mujeres) buscan aumentar sus años de cotización
(truncados por los cuidados a hijos y padres), para poder mejorar su futura
jubilación.
El empleo de los mayores de 60 años se ha disparado
en las dos últimas décadas (y sobre todo tras la pandemia) por el
envejecimiento de la población (por la mayor esperanza de vida), la mayor incorporación
de las mujeres al trabajo y el retraso de la edad de jubilación, tanto por
imperativo legal (66 años y 10 meses en 2026 y será de 67 años en 2027) como
porque muchos “mayores” de 66 años se encuentran con fuerza y salud para seguir
trabajando (máximo si les corresponde una pensión baja, que tratan de mejorar).
Todo ello explica que la tasa de empleo de los mayores (% de los que
trabajan sobre el total) haya alcanzado un récord en 2025 (el máximo
desde 1970), según
este estudio de Funcas: son el 53% de los que tienen entre 60 y
64 años (58,3% los hombres y 48,1% las mujeres) y el 14% (13,7% los hombres y 11% las
mujeres) entre los que tienen entre 65 y 69 años.
Un gran salto en el empleo de los mayores, pero todavía
trabajan menos en España que en la media de Europa, según
el estudio de Funcas. Así, el porcentaje de varones de 60 a 64 años
que trabajan en España (58%) nos sitúa en el puesto 19 de los 27
paises UE, donde en 7 paises trabajan más del 70% de los mayores de 60 a 64
años (Paises Bajos, Chipre, Dinamarca, Hungría, Chequia, Alemania y Suecia). Y
el porcentaje de mujeres de 60 a 64 años que trabajan en España (47,8%)
nos coloca en el puesto 15ª de la UE, donde hay 3 paises que superan el
70% (Estonia, Suecia y Letonia), siendo el 65% en Alemania. Y en el tramo de
65 a 69 años, los varones que trabajan (13,5%) nos sitúa en
el puesto 23 de la UE-27, donde hay 5 paises que superan el 35% (Dinamarca,
Estonia, Irlanda, Paises Bajos y Suecia). Y el porcentaje de mujeres con
trabajo (11% entre 65 y 69 años) sitúa a España en el puesto 19
de la UE-27, donde hay 4 paises que superan el 25% (los 3 bálticos y Suecia).
En definitiva, que el porcentaje de mayores españoles que
trabajan es el más alto desde 1970, pero todavía
tenemos un margen de mejora, dado que estamos muy por debajo del
empleo de los mayores en la mayoría de Europa. Y eso se debe a una menor
formación de muchos mayores(el 53,8% de los parados mayores de 55 años
no tienen la ESO) y a sus dificultades para adaptarse a la digitalización y las
nuevas tecnologías. Pero además, las empresas sufren un alto nivel de “edadismo”,
de rechazo
a contratar mayores de 55 años (y con más de 60 es “imposible”), con lo que
7 de cada 10 parados mayores de 55 años piensan que no volverán nunca a
trabajar”, según
una Encuesta de Adecco.
El resultado es que los mayores de 60 años tienen en
España una alta tasa de paro (9,24% en diciembre 2025 los mayores de 55
años, según el INE), algo
menos que la tasa de paro general (9,93%), pero mucho mayor en las mujeres
mayores (10,72%), bajando mucho en los hombres mayores de 55 años (7,92%
de paro). Lo peor es que los parados mayores ha crecido mucho desde la
pandemia: son
237.100 parados (diciembre 2025), el 9,5% de todos los parados y un 23,7% más
que en 2019, cuando el total de parados bajó. El paro de 60 a 65 años ha
subido de 181.500 a 210.100 (+28.600) y el paro de 65 a 69 años se ha
duplicado desde la pandemia (de 10.100 a 23.100 parados), más otros
3.900 parados de 70 años y más. Y lo peor es que la mayoría de estos parados “mayores”
no encuentran empleo y engrosan el paro de larga
duración (más de 1 año sin trabajar): hay 126.600 parados más de 1
año entre los de 60 a 64 años (el 60,2% del total), 13.100 entre los parados de
65 a 69 años (el 56,7%) y otros 1.800 parados mayores de 70 años (el 46%, todos
hombres). En total, 141.500 parados de larga duración con más de 60 años,
la mayoría “sin salida”.
Muchos de estos mayores en paro y que no encuentran empleo
(a pasar del aumento del trabajo de los mayores) tienen que acogerse
al paro de los mayores de 52 años (si cumplen los requisitos) y esperar
cobrando este paro asistencial (480 euros mensuales) hasta que puedan
jubilarse legalmente (a los 67 años y 10 meses este año o a los 65 años si
han cotizado 38 años y 3 meses). En 2025, un tercio de todos los parados que
cobraban subsidio asistencial eran mayores de 60 años: 265.514
parados mayores subsidiados, el doble de los que cobraban esta ayuda en
2013 (125.647 parados mayores).
Además, en los últimos años se han aprobado cambios legales
(en 2021 y 2022) para penalizar
a los mayores que se jubilan anticipadamente, incentivando a la vez a
los que retrasan su jubilación. Eso dificulta la situación de los parados
mayores, que han de esperar más tiempo para jubilarse (hasta los 65 años
si han cotizado suficiente o hasta los 66 años y 10 meses este año). La reforma
penaliza a los mayores sin empleo pero ha mejorado las cuentas de la Seguridad
Social, porque tiene a más mayores cotizando y menos cobrando pensión.
De hecho, las jubilaciones anticipadas han caído drásticamente: de ser
123.498 en 2021 (el 39% de las nuevas jubilaciones) han bajado a 104.655
en 2025 (el 27,9% del total). Y la edad media real de jubilación
ha subido de 64,4 años (2019) a 65,3
años en 2025.
Ahora, el objetivo de la Seguridad Social es que haya más
mayores que retrasen su jubilación, lo que servirá para que haya más
mayores que trabajen. La nueva normativa, pactada entre Gobierno, sindicatos y patronal,
entró
en vigor el 1 de abril de 2025 y se centra en 3 tipos de
jubilaciones. Una, la
jubilación demorada: se aumentan los incentivos para que un
trabajador retrase su jubilación. Ya había un incentivo, aprobado en
2022, para aumentar un 4% cada año la pensión de quien la
retrase. Ahora, se mejora este incentivo: se cobrará el extra
por cada 6 meses de demora, sin esperar al año. El 2º cambio afecta
a la
jubilación activa, a quienes compatibilizan pensión y trabajo
un tiempo. Esto ya se podía hacer, pero se introduce una mejora
clave: se elimina el requisito de tener una carrera cotizada completa (38
años y 3 meses) y se permite compatibilizar pensión y trabajo a los que hayan cotizado
15 años. El tercer cambio afecta a la
jubilación parcial, que permite compatibilizar la jubilación anticipada
(a los 63 años si ha cotizado suficiente) con un trabajo por cuenta ajena con
reducción de jornada: ahora se permite una reducción del 25 al 50% de la
jornada, pero puede llegar al 75% de reducción si se contrata a
un joven como relevo (y además, en este caso, se permite la jubilación
parcial a los 62 años). La pensión que cobrará el jubilado parcialmente
será en función de lo que recorte su jornada como trabajador.
En definitiva, se busca aumentar los mayores que
trabajan, ahora que una persona no es viejo a los 65-67 años y
necesitamos más gente que trabaje y reducir el gasto en pensiones. Sobre todo
porque en 2050, el 30,4%
de la población tendrá más de 65 años (ahora son el 21%). Hay que facilitar
que estos mayores tengan menos paro y trabajen más años, para que
aporten
su experiencia y talento. Pero, en paralelo, hay que facilitar su
relevo por jóvenes, que los mayores trabajen menos horas para dar
entrada a jóvenes y formarles. Un contrato
de relevo que no funciona ahora, por el exceso de requisitos y el
desinterés empresarial, pero que resulta imprescindible para repartir
mejor el crecimiento y el empleo entre mayores y jóvenes.
Un pacto generacional imprescindible.
La población envejece en toda Europa y más en España, porque tenemos más esperanza de vida. Los mayores de 60 años llevan décadas creciendo y en el último Censo del INE (1 enero 2026) eran ya 13.836.095 personas, el 27,91% de la población total de España (49.570.725 habitantes). De ellos, 3.397.543 tienen entre 60 y 64 años, 2.939.512 tienen entre 65 y 69 años y los 7.499.040 restantes tienen 70 años y más años (18.751 con 100 años o más). Esta cifra de “mayores” supone un fuerte aumento desde principios de siglo, por el progresivo envejecimiento de la población en España: en el año 2000 había 8.766.511 españoles “mayores” (60 años y más), el 21,64% de la población, pasando a 11.079.928 mayores en 2015 (el 23,76%) y a los 13.836.095 mayores de 60 años ahora (27,91% del total). Así que tenemos 5 millones de mayores más (+5.069.584) que a principios de siglo.
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jueves, 29 de enero de 2026
EPA 2025: más empleo y paro inferior al 10%
El empleo cerró 2025 con la creación de 605.400 nuevos
empleos, la 3ª mayor subida anual, tras
2021 (+840.600 empleos) y 2023 (+783.000). Y lo más llamativo: el
paro bajó del 10% (9,93%), la menor tasa desde marzo de 2008.
Además, el empleo es de calidad: el 84,86% de los asalariados tienen
ahora un contrato indefinido. Pero no podemos olvidar dos datos que
pesan como una losa: España es el país con más paro de Europa y la OCDE y
tenemos una baja tasa de empleo, por lo que necesitamos que trabajen otro
millón largo de españoles más. No podemos “dormirnos en los laureles”. Hay que
seguir modernizando la economía e invirtiendo para que trabaje más gente y baje
más el paro. Habría que aprobar dos medidas: un Plan de choque
para los parados mayores, mujeres, jóvenes y 6 regiones con alto paro y una reforma
a fondo de las oficinas de empleo, gestionadas por las autonomías y que no
funcionan. Pero ambas medidas exigen algo hoy imposible: acuerdos políticos. Enrique Ortega
Otro año más, las Navidades han sido buenas para el empleo, que creció en +76.200 personas en el 4º trimestre, algo más del doble que el año pasado (+34.800) y bastante mejor que en las Navidades de 2023 (-19.000 empleos) y 2022 (-81.900 empleos). Y como el resto del año fue bueno para el empleo, sobre todo la primavera (+503.300 empleos en el 2º trimestre), 2025 se cerró con 605.400 personas más trabajando en España, según la EPA publicada el martes. Es el tercer mejor año para el empleo desde la pandemia, tras los anteriores récords de 2021 (+840.600 ocupados) y 2023 (+783.000 ocupados). Con este nuevo aumento, ya trabajan en España 22.463.300 personas, otro récord histórico, que supera con creces el mejor dato de nuestra historia, las 20.646.000 personas que trabajaban en junio de 2008. Y desde antes de la pandemia (diciembre 2019), España ha creado ya casi 2,5 millones de nuevos empleos (+2.496.400 ocupados en estos 6 años).
En 2025, el aumento del empleo (+605.400 ocupados) se
ha dado más entre las mujeres (+306.200) que entre los hombres (+299.200),
concentrándose sobre todo en los mayores de 50 años (+383.300
empleos, el 63% del total) y entre los jóvenes (+275.400 empleos
entre los 20 y 29 años), cayendo sólo la ocupación entre 40 y 49 años (-45.100)
y entre los menores de 20 años (-8.300 ocupados). Un dato relevante
es el fuerte aumento porcentual del empleo entre los extranjeros (+257.900
empleos, +7,7%), aunque crece más numéricamente entre los
españoles (+341.700 empleos, +1,97%). Y con ello, el 15,91% de los
ocupados en España (3.575.900 trabajadores) tienen nacionalidad extranjera.
La mejora
del empleo en 2025 se ha debido casi toda al sector privado (+553.300
empleos) y apenas creció el empleo público (+50.100 ocupados). El motor del
empleo volvieron a ser los servicios (+369.900 empleos), sobre
todo por el turismo, la hostelería y el comercio, creciendo también en la
industria (+112.200), la construcción (+79.500) y en el campo
(+43.800 ocupados en agricultura). Por autonomías, el mayor aumento
porcentual del empleo se ha dado en Ceuta (+9,81%: +3.000 empleos), Murcia
(+5,89%: +39.600 empleos), Extremadura (+4,58%: +19.100 empleos) y Castilla la Mancha (+4,26%: +38.800
empleos), aunque en cantidad total, quienes crearon más empleo fueron Andalucía
(+138.400), Comunidad Valenciana (+98.800). Madrid (+78.800) y Cataluña (+57.300),
cayendo sólo en Melilla (-600 ocupados).
La mejora del empleo (+605.400) ha sido mayor que la bajada del paro,
que se ha reducido en -118.400 personas en todo 2025, menos que en 2024
(-265.300 parados) debido a que han vuelto a subir “los activos”,
las personas que se han “animado” a buscar trabajo (han crecido en +487.100),
alcanzando otro récord histórico (24.940.400 “activos”). Eso puede
deberse a una mayor entrada de extranjeros y a que hay más mujeres y jóvenes
que buscan ahora trabajo. Con todo, tenemos una cifra de parados de las más
bajas de nuestra historia: 2.477.100 parados a finales de 2025. Y la
tasa de paro baja del 10%, hasta
el 9,93%, la más baja desde 2008
(9,6% de paro en marzo), a años luz del paro disparado de 2013 (26,94% en marzo) aunque todavía lejos del “suelo” de junio de 2007
(cuando la tasa de paro era del 7,93%).
El paro en 2025 ha bajado más entre los hombres (-79.500)
que entre las mujeres (-38.800), también hay más paradas (1.323.800
frente a 1.153.300 parados) y tienen una mayor tasa de paro (11,24%
frente al 8,76% los hombres). Y el
paro ha bajado más entre los que tienen de 25 a 54 años (-87.700
parados, el 74% de la bajada total), bajando mucho menos entre los menores de
24 años (-39.700 parados) y subiendo entre 20 y 24 años (+13.100 parados). Con
ello, baja el paro entre los menores de 25 años (del 24,9 al 23%),
aunque sigue siendo altísimo y casi
duplica al paro juvenil en Europa (15,1% en la UE-27),
cuadruplicando el alemán (6,8%). El paro ha bajado sobre todo en
los servicios (-43.200 parados), entre los que perdieron su empleo hace
más de un año (-63.200 parados) y entre los que lo buscan por 1ª vez (-14.100
parados), también en el campo (-4.700 parados), subiendo en la industria
(+4.200 parados) y en la construcción (+2.600). Y destaca la bajada del
paro en Cantabria (-17,56%, -4.100 parados), Madrid (-17,45%,
-57.300), Murcia (-14,91%,-15.500) y Comunidad Valenciana (-14,12%, -47.100),
mientras subió el paro en 7 regiones, sobre todo en Canarias (+12.500),
Castilla la Mancha (+7.600) y Navarra (+5.600 parados), según
la EPA.
La histórica bajada del paro por debajo del
10% de los activos no puede hacernos olvidar que hay 6 regiones con
una tasa de paro muy superior: Melilla (23%), Ceuta (22,21%), Andalucía
(14,66%), Extremadura (13,42%), Canarias (12,63%) y Castilla la Mancha (12,05%
de paro), mientras hay otras 9 autonomías que tienen una tasa de paro
“casi europea” (6% es la tasa paro UE-27): Madrid (7,04%), País Vasco
(7,50%), Aragón (7,70%), Baleares (7,80%), La Rioja (8%), Navarra (8,10%),
Cataluña (8,24%), Galicia (8,26%) y Asturias (8,42% de paro), según
la EPA. Tampoco podemos olvidar que hay 772.300 hogares (el 3,9% del
total) con todos sus miembros en paro (aunque es la cifra más baja desde
2007).
Pero hay otros datos del paro que son muy
positivos. Uno, que ha subido el número de parados que reciben un
subsidio, tras la reforma del desempleo en 2024: son 1.838.267 beneficiarios,
el 76,31% de los parados registrados (eran el 61,53% en 2019) los que se benefician de alguna ayuda, según
Trabajo (869.966 cobran un subsidio contributivo que ya está en 1.029 euros
mensuales y el resto reciben un subsidio asistencial de 480 euros). Y otro, que siguen bajando los parados de larga
duración, quienes llevan más de un año sin encontrar trabajo: eran 900.800
parados a finales de 2025 (-98.900), el 36,36% de todos los parados, la mayoría
de ellos parados mayores de 45 años y mujeres (500.900).
Junto a la bajada histórica de la tasa de paro (al 9,93%), el otro gran
dato relevante de esta EPA 2025 es la calidad del empleo que tenemos, no
solamente que la cantidad (22.463.300 ocupados) sea récord. Así, gracias
a la reforma laboral (que entró en vigor en marzo de 2022), en 2025 no sólo
trabajó mucha más gente sino que sigue aumentando el número de asalariados
con contrato indefinido: eran 16.260.000
trabajadores, el 84,86% del total, cuando eran el 83,50% a
finales de 2023 (y el 74,6% a finales de 2021). Además, han subido
algo los ocupados a tiempo completo (del 86 al 86,24%) y bajan ligeramente
los trabajadores a tiempo parcial (del 14 al 13,75%), que superan
los 3 millones (de esos 3.089.000 empleos parciales, 2.250.000
los tienen mujeres).
Ahora, en 2026, el Gobierno y los expertos creen que España
seguirá creando empleo, más que el resto de Europa pero menos que en
2023 (+783.000), 2024 (+468.100) y 2025 (+605.400 empleos), porque creceremos
algo menos (+2,2%,
frente al +2,9% en 2025). La previsión
enviada por el Gobierno a Bruselas, en octubre de 2024, apostaba por crear
1,6 millones de empleos entre 2024 (+556.132 empleos, aunque realmente se han
creado +468.100), 2025 (548.645 empleos,
aunque se han creado 605.400) y 2026 (494.878 empleos), con el objetivo
de que España roce
los 23 millones de ocupados en 2026 (22.989.350) y baje su tasa de
paro del 10% en 2026 (ya conseguido en 2025).
Los datos de la EPA 2025 indican que estamos en el buen
camino para lograr ambos objetivos. Pero el Gobierno Sánchez no puede
“lanzar las campanas al vuelo” con el empleo y el paro, por dos
razones. Una, porque seguimos siendo el país de Europa y de la OCDE (36 paises)
con la mayor tasa de paro: 9,93% en España frente al 6%
en la UE-27 y el 4,8%
en la OCDE. Y la otra, porque la tasa de empleo en España es mucho más baja
que en Europa: a finales de 2024 trabajaban aquí el 71,4% de los que tienen
entre 20 y 64 años, frente al 75,8% que trabajaban en Europa, el 75,1% en
Francia o el 81,3% en Alemania, según
Eurostat. A lo claro :que España tiene 1,2 millones de personas menos
trabajando que las que deberíamos tener si fuéramos como la media europea.
Y que trabajan 2,5 millones de españoles menos de los trabajarían si tuviéramos
la tasa de empleo de Alemania.
Ese es nuestro gran reto como país: modernizar
la economía para que ofrezca empleo a más gente (entre 1 y 2 millones
más) y que eso permita reducir la tasa de paro “a niveles europeos”. En
eso deberíamos centrarnos a medio plazo, sin regodearnos en los récords. Y más
con un
contexto internacional tan incierto. Eso implica tomar 2
medidas a corto plazo, que exigen (¡ cómo no¡ ) un pacto político
económico y social. Una, aprobar un
Plan de empleo, para fomentar la contratación de parados mayores de 45
años, mujeres y jóvenes, sobre todo en esas 6 regiones con más paro que la
media, canalizando inversiones públicas y privadas e incentivos a las contrataciones.
En resumen, España crece y crea más empleo que el resto de
Europa, pero no podemos quedarnos en los récords. Seguimos con el
grave problema de fondo: trabaja menos gente y tenemos más paro que en
Europa. Ese debe ser el gran reto y el primer objetivo de todo lo que
hagamos, porque es la clave para mejorar el futuro. Y no podemos hacerlo sin
grandes acuerdos económicos, políticos y sociales, hoy imposibles.
Otro año más, las Navidades han sido buenas para el empleo, que creció en +76.200 personas en el 4º trimestre, algo más del doble que el año pasado (+34.800) y bastante mejor que en las Navidades de 2023 (-19.000 empleos) y 2022 (-81.900 empleos). Y como el resto del año fue bueno para el empleo, sobre todo la primavera (+503.300 empleos en el 2º trimestre), 2025 se cerró con 605.400 personas más trabajando en España, según la EPA publicada el martes. Es el tercer mejor año para el empleo desde la pandemia, tras los anteriores récords de 2021 (+840.600 ocupados) y 2023 (+783.000 ocupados). Con este nuevo aumento, ya trabajan en España 22.463.300 personas, otro récord histórico, que supera con creces el mejor dato de nuestra historia, las 20.646.000 personas que trabajaban en junio de 2008. Y desde antes de la pandemia (diciembre 2019), España ha creado ya casi 2,5 millones de nuevos empleos (+2.496.400 ocupados en estos 6 años).
Y la otra medida,
reformar
de verdad las oficinas de empleo, porque no ayudan a los parados a
recolocarse. Pronto van a cumplirse 3 años de la
Ley de Empleo (entró en vigor el 2 de marzo de 2023) y no ha
funcionado: ni se hace un perfil de los parados ni se les ayuda individualmente
a colocarse. De hecho, las oficinas de empleo colocan
a menos del 3% de los parados y apenas un 10% de los desempleados hacen
cursos de formación (largos y poco útiles). Y en la web del SEPE sólo hay
registradas 89.977 empresas y 28.977 ofertas de empleo. Urge cambiar la
operativa y dotar de medios a estas oficinas de empleo, gestionadas desigualmente
por las autonomías.
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lunes, 30 de junio de 2025
Los jóvenes, precarios, mal pagados y aislados
Que la situación económica de los jóvenes
es alarmante no es noticia, desgraciadamente. Lo más preocupante es que
se han beneficiado poco del fuerte crecimiento del empleo
tras la pandemia, que siguen teniendo mucho paro y empleos precarios
y mal pagados. Y que ahora, con los alquileres y pisos por las nubes, no
pueden formar una familia ni emanciparse. Pero además, un reciente
informe señala otros dos problemas de fondo para los jóvenes. Uno, que el
bajo crecimiento de la población lastra la economía mientras a sus padres
les benefició el “baby boom”. Y el otro, que la política y la economía benefician
hoy más a los mayores que a los jóvenes, que son menos que los jubilados
y no tienen casi protagonismo político. Urge tomar medidas para evitar
que malviva toda una generación y acabe siendo utilizada por la
extrema derecha. Medidas que van desde la educación y formación a
los contratos, los sueldos y condiciones laborales, la conciliación laboral y,
sobre todo, la vivienda. Enrique Ortega
El fuerte crecimiento económico de España tras la pandemia se ha traducido en un récord de nuevos empleos, pero los jóvenes se han beneficiado menos de ellos que el resto de la población. Los datos son elocuentes: la ocupación aumentó en casi 1,8 millones de personas (+1.798.500) entre finales de 2019 y marzo de 2025, según la EPA y sólo un 22% de estos nuevos empleos fueron para menores de 30 años (+403.400 empleos) mientras los mayores de 45 años aumentaron su ocupación en +1.734.600 empleos. Los jóvenes de 16 a 19 años sólo aumentaron su ocupación en +8.600 empleos (+5,8%), los de 20 a 24 años en 186.600 empleos (+20,5%) y los de 25 a 29 años en +208.200 empleos (+12,1%), mientras los mayores de 55 años, por ejemplo, ganaron +1.066.400 empleos (+29,42%).
Así que el crecimiento, el empleo y la bajada del paro han
beneficiado menos a los jóvenes, que tienen un problema de entrada:
tardan varios años en colocarse y tienen una tasa de empleo más baja que
el resto de la población y que en el resto de Europa. Así, en España, la tasa
de empleo es del 42,3% entre los 16 y 29 años (trabajan menos de la mitad
de los que podrían hacerlo), mientras es del 67% para el conjunto de la población
(16 a 64 años). Y si comparamos a nuestros jóvenes con Europa (la
estadística de Eurostat se refiere a los jóvenes de 15 a 29 años), en
España trabajan el 40,3%, frente al 49,5% en la UE-27, el 62,9% en
Alemania, el 48,6% en Francia y el 34,4% en Italia.
Trabajan menos jóvenes en España por 2 razones, según los
expertos. Una, por el modelo económico español, que tiene
empresas más pequeñas y un menor peso de la industria y la tecnología, con un
exceso del sector servicios, que ofrece un empleo más vulnerable. Y la
otra, por la menor formación de los jóvenes españoles, con más universitarios
pero menos con formación media y FP: hay una “brecha” del 37% entre los
empleos que buscan las empresas y la formación de los jóvenes que buscan empleo,
según un informe de McKinsey. Y además, eso provoca que España sea el
país con más jóvenes “sobrecualificados”: el 35,8% de los
graduados superiores (20 a 64 años) están empleados en puestos de baja
cualificación (licenciados que trabajan de camareros o cajeros de
supermercado), frente a sólo el 21,9% de jóvenes “sobrecualificados” en la
UE-27.
El siguiente problema de los jóvenes, cuando ya encuentran un
empleo, es que suele ser muy precario y mal pagado. En 2024, el
60,5% de los contratos de los menores de 30 años fueron temporales, según
un reciente estudio de Fedea y el Consejo de Economistas. Y además, muchos
contratos de los jóvenes son a tiempo parcial, por horas o días: más de la
cuarta parte de los jóvenes que trabajan (el 27,7%) tienen uno de estos
contratos a tiempo parcial, el doble que el conjunto de trabajadores (la
parcialidad global afecta al 14,1% de los ocupados). En consecuencia, en 2024
había 852.900 jóvenes (16 a 29 años) trabajando a tiempo parcial
(la mayoría, 518.600, mujeres jóvenes). Y lo más preocupante es que casi la
mitad de estos jóvenes que trabajan menos horas (el 46%) lo hacen porque no
encuentran un trabajo a jornada completa, según los datos de la
EPA.
Con tantos empleos temporales y a tiempo parcial, la
consecuencia es que el sueldo de los jóvenes es más bajo que el
del resto de los trabajadores.: el salario medio bruto de los menores de 30
años es de 1.558 euros mensuales, un 27% más bajo que la media de sueldos en
España, según
el estudio de Fedea y el Consejo de Economistas. Y por franjas de edad, hay
sueldos aún más bajos: 11.313,36 euros brutos de media ganan los menores
de 20 años (el 40% de la media nacional), 15.364 euros es el sueldo
medio de los que tienen de 20 a 24 años (el 55% de la media) y 21.039 euros
el sueldo anual de los que tienen entre 25 y 29 años (el 75% de la media
nacional), según
la Encuesta de salarios del INE (2023).
Además de estos bajos sueldos brutos, el sueldo neto de los
jóvenes es también bajo, porque pagan impuestos y cotizaciones. Aunque muchos
jóvenes no declaran, por sus bajos sueldos, soportan una alta carga
fiscal por pago de cotizaciones sociales e IVA. Así, los jóvenes menores
de 20 años pagan un 6,45% de su sueldo bruto (11.313 euros anuales) en cotizaciones,
los que tienen de 20 a 24 años (y ganan 15,364 euros) pagan un 7,31% entre IRPF
más cotizaciones y los que tienen entre 25 y 29 años (que ganan 21.039 euros
brutos) pagan un 18,56% entre IRPF y cotizaciones, según
el Consejo de Economistas. Y a la hora de comprar y pagar el IVA,
los menores de 35 años son los que dedican más parte de sus ingresos a pagar
IVA: el 7,7%, frente al 6,6% los que tienen entre 55 y 64 años, el 6,4% los que
tienen entre 65 y 74 años y el 6,3% los mayores de 75 años.
Además de la precariedad y los bajos sueldos, los jóvenes
llevan una década sufriendo el
disparatado precio de la vivienda, tanto la compra (los pisos han
subido un +55,4% entre 2014 y 2024) como el alquiler (+81% subida
desde 2024). Mientras la mayor parte de sus padres tienen su casa en propiedad
(el 70%), sólo
el 42% de los hogares jóvenes ha podido comprar o acceder a una vivienda.
Y la mayoría tiene que alquilar, algo difícil porque apenas hay
alquileres disponibles (cada oferta tiene 35 potenciales inquilinos) y porque
su precio está disparado (1.305 euros de media en España, 1.953 euros en Madrid
y 2.151 en Barcelona, según Idealista) y obliga a los jóvenes a destinar el 40%
y más de su sueldo a pagar el alquiler, algo que limita su emancipación y su
movilidad geográfica.
De hecho, los jóvenes se
emancipan en España a los 30,3 años (era a los 28,4 años en 2008), frente
a los 26,4 años en la UE-27 y los 23 y 24 años a los que se emancipan en
Francia o Alemania. Y además, muchos jóvenes, al no ver oportunidades en
España, emigran: entre 2021 y 2024 han salido de España 650.000
jóvenes de 18 a 35 años, buscando una oportunidad laboral y vital en el
extranjero, según
el estudio de Fedea y el Consejo de Economistas. En paralelo, muchos
jóvenes no
pueden irse a trabajar a otra ciudad distinta a la que viven sus padres
(en la hostelería o como profesores, médicos o policías) porque no pueden pagar
allí el elevado alquiler (caso de Madrid, Barcelona y las islas).
Junto a todos estos problemas, los jóvenes españoles sufren
una “doble desventaja estructural”, según
el reciente estudio de Fedea y el Consejo de Economistas. La primera, que la
demografía no les ayuda (como a sus padres) sino que les supone
ahora un lastre: si en el siglo pasado (entre 1980 y 1999), el
crecimiento per cápita creció mucho (+59,4%), en gran parte fue por la demografía,
el “baby boom” (aportó un 11,15%). Pero ahora, entre 2000 y 20129, el
crecimiento per cápita ha sido la tercera parte (+20,34%) ha sido porque la
demografía (pocos nacimientos) ha lastrado el crecimiento (-2,76%). A lo claro:
la demografía frena ahora el crecimiento de los jóvenes mientras empujó el
de sus padres.
La otra desventaja, más polémica, es que la política
económica y las prioridades de los Gobiernos son los mayores y no los jóvenes,
porque son más y votan, según
el estudio de Fedea y el Consejo de Economistas. Si en los años 80 y 90,
los padres de los jóvenes actuales protagonizaban la economía y la política, sus
hijos “no
tienen aliados”, según el estudio, que insiste en el protagonismo
económico y político de los mayores. Y se apoyan en que las pensiones
se llevan ya el 30% del gasto público y suponen el 12,9% del PIB, siendo “las
más generosas de Europa”: la pensión pública representa el 77% del último salario en España,
frente al 62,6% en Paises Bajos, el 59,3% en Italia, el 41,6% en Francia o el
36,8% en Alemania, según
datos de Eurostat (2022).
En definitiva, el
estudio señala que hay un desequilibrio en las prioridades y el gasto
a favor de los mayores (que son más: 10 millones de españoles tienen
más de 65 años) y en perjuicio de los jóvenes (hay 7 millones entre los 18 y 30
años), que además se encuentran socialmente más aislados, “pasando
de la política” y sin cauces propios de representación institucional
(salvo la “atracción” por la extrema derecha en muchos casos). Por eso, estos
expertos piden “reequilibrar el contrato generacional”, destinar
más recursos a las políticas juveniles y a mejorar la productividad de la
economía, para alentar un crecimiento de fondo, al margen de la demografía. Y por
eso piden que
se cumpla una regla sencilla: por cada nuevo euro que
España gaste en mayores, que se gaste otro euro en políticas dirigidas a los
jóvenes. Y que en todas las nuevas Leyes y en el Plan de recuperación
en marcha, se tenga en cuenta el impacto sobre los jóvenes.
Además de orientar más la política y la economía a los jóvenes,
los expertos coinciden en la necesidad de tomar medidas
en varios frentes para dar una salida a las nuevas generaciones. Hay
que empezar por el principio, por la enseñanza: mejora de la
formación en colegios, institutos y Universidades, para adecuarla a lo que
necesitan las empresas, mejorando la orientación laboral de los jóvenes y su
digitalización. En el mercado laboral, hay que fomentar la
contratación indefinida y avanzar en la formación dual (trabajo y formación) y
en mejorar las prácticas y becas (el
Estatuto del Becario sigue sin aprobarse por el Gobierno, tras
anunciarse con los sindicatos hace más de 700 días). Y hay que mejorar la
conciliación laboral de las familias jóvenes, con más ayudas por hijos.
Pero sobre todo, urge una política de vivienda que facilite el alquiler a
los jóvenes, con ayudas hoy escasas e ineficaces.
En resumen, que la situación de los jóvenes es cada vez más
preocupante en España, quizás porque los
distintos Gobiernos han pensado más en los mayores, que son los que
más cotizan, pagan impuestos y votan. Pero si queremos tener futuro como país,
hay que cambiar las reglas del juego y pensar que son los jóvenes los que
han de protagonizar la modernización de la economía y la mejora del nivel de
vida, la digitalización, la descarbonización y el salto formativo y tecnológico que nos hagan más productivos
y competitivos. Sin abandonar a los mayores, pero reequilibrando el “contrato
generacional” en España. Urge pactar un Plan de medidas a favor
de los jóvenes, a corto y medio plazo, para conseguir que los jóvenes
de dentro de 20 años vivan mejor que los de hoy. Se lo debemos.
El fuerte crecimiento económico de España tras la pandemia se ha traducido en un récord de nuevos empleos, pero los jóvenes se han beneficiado menos de ellos que el resto de la población. Los datos son elocuentes: la ocupación aumentó en casi 1,8 millones de personas (+1.798.500) entre finales de 2019 y marzo de 2025, según la EPA y sólo un 22% de estos nuevos empleos fueron para menores de 30 años (+403.400 empleos) mientras los mayores de 45 años aumentaron su ocupación en +1.734.600 empleos. Los jóvenes de 16 a 19 años sólo aumentaron su ocupación en +8.600 empleos (+5,8%), los de 20 a 24 años en 186.600 empleos (+20,5%) y los de 25 a 29 años en +208.200 empleos (+12,1%), mientras los mayores de 55 años, por ejemplo, ganaron +1.066.400 empleos (+29,42%).
Y lo mismo pasa con el paro: se redujo de 3.191.900
desempleados a finales de 2019 a 2.789.200 en marzo de 2025 (-402.700
parados), según
la EPA, pero sólo bajó el desempleo de los jóvenes (16-24 años) en
-12.500 parados (-2,70%), mientras bajaba el paro en 422.000 personas (-19,02%)
entre los de 25 a 54 años y subía en +31.000 parados (+6%) entre los mayores de
55 años, por el aumento del paro de larga duración. Y el paro juvenil (menores 25 años), aunque ha bajado (del 30,5%
en 2019 al 25,6% en marzo de 2025), es todavía casi el doble del
europeo (14,8%) y cuatro veces el de Alemania (6,8%), según
Eurostat.
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jueves, 13 de junio de 2024
España, líder en camareros universitarios
Este mes, 200.000 universitarios terminan su carrera
y buscarán un trabajo, tarea difícil: el 25% no trabaja 4 años después de
terminar la Universidad y muchos tienen empleos precarios y mal pagados. Lo
peor es que un tercio de universitarios acaban trabajando en
empleos para los que están “sobrecualificados”, un despilfarro de
talento y recursos. Ahora, con el verano, muchos universitarios acaban en
la hostelería, atendiendo terrazas: el 83,7% de los titulados españoles que trabajan
en este sector lo hacen por debajo de su cualificación, frente al 68% de universitarios europeos.
España tiene un doble problema: tenemos más jóvenes universitarios
(el 50,5% entre 25 a 34 años) que el resto de Europa (44,7%) pero nuestro
modelo económico no los incorpora. Y encima, su formación no se corresponde
con la que piden las empresas (pocos licenciados en carreras técnicas y
muchos en humanidades). Además, las oficinas de empleo no ayudan a
colocar a los jóvenes, que optan por los portales online. Urge que los
universitarios se formen mejor y no acaben poniendo cañas.
Acaba el curso universitario y unos 200.000 jóvenes terminan su carrera (199.048 “egresados” universitarios en 2021, según Educación) , un número que ha ido bajando desde 2013 (233.626 universitarios acabaron los cursos de Grado), por la caída de la natalidad y el aumento de tasas universitarias. Menos de la mitad de estos universitarios han terminado su carrera en 4 años (el 40,8%) y más de la mitad (53,4%) lo acaban con un año de retraso (un porcentaje mayor en las carreras técnicas), mientras un 18,7% abandonan la carrera el primer año o se cambian a otra (el 7%).El 81% de los que terminan estudios de Grado lo hacen en Universidades públicas, el 60% son mujeres y la mayoría (148.914 universitarios) tienen menos de 25 años. Y cada vez son más los que se “reenganchan” para hacer un Master: 141.696 universitarios terminan un master cada año (curso 2020-21, últimos datos de Educación), la mayoría mujeres (57%) y sólo el 51,5% lo hacen en Universidades públicas.
Los universitarios consiguen más trabajo que los jóvenes
con menos formación, pero aún así tienen una menor tasa de empleo y
más paro que los universitarios europeos. Por un lado, tenemos el
doble de universitarios en paro que en el resto de Europa: un
12,5% frente al 6,3% entre licenciados de 25 a 29 años y un 8,1%
frente al 3,8% en la franja de edad de 30 a 34 años, según
los datos de la Fundación CYD. En cuanto al empleo, en España
trabajan el 76,3% de los jóvenes universitarios de 25 a 29 años, un
porcentaje inferior al 83% de universitarios de esa edad que trabajan en
Europa, según
Eurostat. Y los universitarios con 30 a 34 años, trabajan el 85,6% en
España frente al 89,3% en la UE-27. Además, los universitarios españoles tienen
empleos más precarios: el 17,5% tienen contratos temporales y somos el 2º
país UE con más temporalidad (tras Paises Bajos), muy por encima de la
temporalidad de la UE (10,3% para los universitarios.
Y con unos contratos más precarios, los universitarios
españoles ganan menos que sus colegas europeos: un 35% más que los jóvenes
que se quedaron en Bachillerato, frente al 46% más que ganan comparativamente los
universitarios UE, según
la Fundación CYD. Y los universitarios en España ganan un 64% más que los
que sólo tienen la ESO, mientras en Europa ganan un 75% más que los que sólo
tienen los estudios básicos. De hecho, la mitad de los universitarios
españoles ganan menos de 1.500 euros en los cuatro años siguientes a
licenciarse, según
un estudio del BBVA e Ivie.
Pero lo más llamativo es el alto porcentaje de
universitarios que trabajan en empleos que exigen mucha menos formación, los
universitarios “sobrecualificados” para los trabajos que hacen, licenciados
que acaban en un bar, en un comercio o de cajeros de supermercado. España
es líder europeo de universitarios “sobrecualificados”: un 35,9% de los
ocupados (20 a 64 años), frente al 22,2% en la UE-27, según
Eurostat (2022) por encima de Grecia (32,5% de universitarios “sobrecualificados”),
Irlanda (28%), Italia (22,5%), Francia (22%) o Alemania (20,2%). Y ese
porcentaje de “sobreocupados” es mayor entre los universitarios más jóvenes
(36,5%) y entre las mujeres (36,8% frente al 34,9% los hombres).
Esta sobrecualificación de los universitarios que trabajan
se concentra en una serie de sectores de actividad, destacando dos: las empleadas
del hogar (99,4% trabajan con más cualificación de la que necesitan) y la
hostelería, donde el 83,7% de los universitarios empleados
trabajan en puestos por debajo de su cualificación, sobre todo de camareros
y en cocinas, limpieza y mantenimiento. Un porcentaje de “sobrecualificados” que
supera con creces la media en la hostelería de Europa, que tiene
un 68% de personal sobrecualificado (77,7% en Grecia,72,6% en Italia, 54,4%
en Portugal y 52,7% en Francia, los otros paises turísticos). A la hostelería le
sigue en porcentaje de “sobrecualificados” la agricultura (76,6% de
universitarios en trabajos de menor categoría), logística (73,1%), administrativos
(69,6%), comercio (61,8%) y construcción (53,2% de sobrecualificados).
El gran peso de los trabajadores “sobrecualificados”,
universitarios vendiendo ropa o poniendo cañas, es un despilfarro
de recursos, un “fracaso vital” ¿A
qué se debe? Hay dos bloques de causas. Una, que España
tiene más universitarios que el resto de Europa (un 50,5% de
jóvenes entre 25 y 34 años son licenciados, frente al 44,7% en la UE-25,
según
la OCDE) y sin embargo tenemos una economía que no los absorbe,
porque nuestro modelo económico está más basado en los servicios y el turismo,
en las pymes que en la industria, la tecnología y las grandes empresas, que son
quienes demandan más universitarios. Tenemos “demasiados
universitarios” , muchos jóvenes con baja formación (26,6% frente
al 12,2% en la UE-25) y
pocos jóvenes con formación intermedia (Bachillerato y FP), la que
más demanda nuestra economía : sólo un 22,9% de los jóvenes (25-34 años) frente
al 43,1% en la UE-25. Y en este grupo, en España tiene poco peso la
Formación Profesional (FP), que ofrece muchos empleos: sólo la cursan el
24% de los que terminan la ESO (la mayoría hacen Bachillerato),
frente al 37,2% en Europa, el 55% en Paises Bajos, el 51,5% en Italia,
el 36,9% en Francia y el 32,1% en Alemania, según
la OCDE.
La otra causa de la “sobrecualificación”, de tanto talento
desaprovechado, es la deficiente formación con la que se licencian los
universitarios en España. Primero , la mayoría estudian carreras con
poco futuro laboral, con una mayoría en Grados de humanidades sobre
carreras técnicas (STEM, por sus iniciales en inglés: Ciencia,
Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), que tienen hoy mayor empleabilidad. Así,
entre los que acabaron el Grado en el curso 2021-22 (último
dato publicado), la mayoría se licenciaron en Ciencias Sociales (97.783) y Ciencias
de la Salud (42.589, el doble que en 2006-2007), mientras bajan los
licenciados en Ingenierías y Arquitectura (28.947 frente a 43.101 en
2006-2007) y en Ciencias (12.357 frente a 12.600 cinco años
antes), aumentando los licenciados en Artes y Humanidades (17.372 licenciados
frente a 14.101 en 2006-2007). Un
dato resumen: cada año se gradúan 9.000 psicólogos y 1.500/1.700
físicos y matemáticos… En realidad, hay un déficit de licenciados (-25%
que en Europa) en carreras de alta ocupación como Ciencias e Ingenierías.
El segundo problema es que la formación de los
universitarios está “sobrevalorada”, en realidad, según
este estudio de Funcas. Así, los programas
internacionales PIACC alertan que España está entre los paises con menor
puntuación en comprensión lectora y capacidad de cálculo de los adultos,
así como menores niveles de “excelencia”. Y las empresas
que tienen que contratarlos se quejan del “bajo nivel de competencias
y conocimientos con el que terminan sus carreras los universitarios”, según
las encuestas hechas por la Fundación FYD. Y hay un tercer problema, ligado
con la formación que se imparte en la Universidad: tiene poco que ver
con la formación que demandan las empresas, que se
quejan de que no encuentran los perfiles (sobre todo técnicos) que
necesitan. Y por eso ha
crecido la demanda de titulados en FP Superior, que tienen una buena
formación teórica y han hecho prácticas en empresas, con la FP dual (exige
entre un 25 y un 35% de prácticas, 500 horas anuales).
Por todo ello, el último
informe de la OCDE (octubre 2023) alertaba a España de la necesidad
de actuar en la
mejora de la educación y el empleo de los jóvenes, además de
preocuparse de su vivienda y salud mental, para que puedan emanciparse.
Empezando por la mejora de la educación, desde la escuela a la
Universidad, con programas concretos para reducir el abandono escolar, mejorar
la formación de los docentes y una enseñanza menos memorística y que fomente
las “habilidades” de los alumnos. Y proponían
potenciar más la Formación Profesional (donde faltan 300.000 plazas,
según los sindicatos), lo que exige contar con la colaboración de 1 millón de
empresas para hacer prácticas. Y sobre la formación universitaria,
la OCDE pide que las empresas participen más en los Planes de estudio.
Otro conjunto de medidas que proponían hacen referencia a
las políticas activas de empleo, a facilitar la recolocación de los
parados, en especial los jóvenes, mujeres y mayores de 45 años. Y aquí queda
mucho por hacer. Las oficinas de empleo públicas (dependientes de
las autonomías) apenas ayudan a encontrar trabajo: en 2023, el
SEPE sólo consiguió el 2,84% de las colocaciones (29.017 empleos) de
jóvenes de 16 a 29 años. Jóvenes que, por eso, apenas
se registran en el SEPE (sólo el 58% de los parados jóvenes) y prefieren
utilizar los portales online privados (InfoJobs,
Infoempleo, JobandTalent o Linkedin).
Las oficinas de empleo españolas tienen menos recursos humanos y
materiales que las de la mayoría de Europa (necesitarían 1 orientador
por cada 100 parados registrados y el SEPE tiene la tercera parte) y
además no se conectan con la mayoría de las demandas de las empresas
ni con las oficinas de otras autonomías, según
denuncia este informe de Funcas.
Junto a estas medidas, los expertos educativos
hacen hincapié en una reforma
de la educación universitaria, defendiendo una mayor
colaboración entre las empresas y la Universidad, como propone
el último informe de la Fundación FYD, que plantea una mayor participación
de los sectores y empresas en los Planes de estudio, un mayor
intercambio entre profesores y profesionales de las empresas, un aumento de las
prácticas de los universitarios en las empresas (se dan en las
Universidades privadas pero menos en las públicas) y, sobre todo, una mayor
flexibilidad entre la Universidad y la FP Superior, para el trasvase de
alumnos y experiencias, desde el acceso a los Másteres. Se trata de evitar
que la Universidad sea “una fábrica de parados” y que los
universitarios, en los que hemos volcado ingentes recursos y esperanzas, acaben
poniendo cañas en un bar, de cajera de supermercado o vendiendo ropa en una
tienda, un fracaso de todos. Formación, formación y formación,
pero en lo que la economía y las empresas necesitan. Y muchas prácticas.
A ello.
Acaba el curso universitario y unos 200.000 jóvenes terminan su carrera (199.048 “egresados” universitarios en 2021, según Educación) , un número que ha ido bajando desde 2013 (233.626 universitarios acabaron los cursos de Grado), por la caída de la natalidad y el aumento de tasas universitarias. Menos de la mitad de estos universitarios han terminado su carrera en 4 años (el 40,8%) y más de la mitad (53,4%) lo acaban con un año de retraso (un porcentaje mayor en las carreras técnicas), mientras un 18,7% abandonan la carrera el primer año o se cambian a otra (el 7%).El 81% de los que terminan estudios de Grado lo hacen en Universidades públicas, el 60% son mujeres y la mayoría (148.914 universitarios) tienen menos de 25 años. Y cada vez son más los que se “reenganchan” para hacer un Master: 141.696 universitarios terminan un master cada año (curso 2020-21, últimos datos de Educación), la mayoría mujeres (57%) y sólo el 51,5% lo hacen en Universidades públicas.
Tras terminar sus estudios, de Grado o Master, los
universitarios se lanzan a la difícil tarea de buscar trabajo. Y no
lo tienen fácil, como lo demuestra que, al año de terminar su carrera, solo
cotizan a la Seguridad Social el 52,7% de los universitarios y a los 4 años
de terminar el Grado sólo cotizan el 75,4% de los universitarios, según
un estudio de la Fundación CYD, que refleja que trabajan más los que han
hecho un Máster y los que han estudiado en Universidades privadas, siendo mayor
el trabajo para los universitarios que han estudiado informática,
ingenierías y ciencias de la salud, mientras trabajan menos los que
estudiaron artes, humanidades, ciencias sociales, periodismo y ciencias de la
educación.
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lunes, 29 de enero de 2024
EPA 2023: otro año récord en empleo
En 2023 se
crearon +783.000 nuevos empleos, el
mayor aumento de la historia salvo 2021 (por el rebote
tras la pandemia). Y ya trabajan en España 21.246.900
personas, medio millón más que en 2007. El empleo se crea más entre mujeres,
mayores de 50 años e inmigrantes. Y el paro
cae también, pero menos, porque aumentan los que buscan trabajo: se
consolida por debajo de los 3 millones (2.830.600), la cifra más baja
desde 2007. Eso sí, el paro sigue alto entre jóvenes y mujeres, en Ceuta, Melilla, Andalucía, Extremadura y Canarias.
Y un tercio de los parados no cobra nada.
Tras crearse 1 millón largo de empleos en
dos años, el 83,5% de los
asalariados tienen contrato indefinido.
Ahora, Gobierno y fuerzas sociales no deberían dormirse en los récords: deberían
aprobar un Plan de choque para atajar la debilidad del empleo en 2024 y
2025, centrado en jóvenes, mujeres y
mayores de 45 años. Asegurar que
siga creciendo el empleo, la 1ª
preocupación de los españoles. No lo olviden. Enrique Ortega
Las dos últimas Navidades han sido malas para el empleo, porque las compras fueran menores a los años en que salimos de la pandemia. Y así, el empleo cayó en -19.000 personas durante el 4º trimestre de 2023, bastante menos que en el otoño de 2022 (-81.900 empleos). El empleo cayó también al inicio de 2023 (-11.100 empleos en el primer trimestre), pero como fueron excepcionales la primavera (+603.900 empleos) y el verano (+209.100), el balance final del empleo en 2023 es espectacular: se crearon +783.000 nuevos empleos, según la EPA publicada el viernes, el 2º mayor aumento anual de nuestra historia (el otro, los +840.600 empleos ganados en 2021 fueron algo “extraordinario”, porque salíamos de perder -622.000 empleos en 2020 por la pandemia), tras una subida del empleo de +402.300 ocupados en 2019. Y además, con ello trabajan ya en España 21.246.900 personas, otro récord histórico anual (antes de la pandemia, en 2019 trabajaban 19.966.900 y en junio de 2008, el récord anterior, trabajaban 20.646,000 personas).
Ahora, tras este detallado balance de 2023, queda hablar del
empleo en 2024. Los “expertos” (que
se equivocan cada año con sus previsiones) esperan que
España cree menos empleo en 2024 que en 2023 (también se esperaba en
2023 y se ha casi triplicado). Pero sí, parece
lógico pensar que si la economía va a crecer menos en 2024 (+1,6% frente a
+2,4%), el empleo también crezca menos:
entre un +1,4% que estima
el Gobierno (supondría crear +300.000
nuevos empleos, menos de la mitad que en 2023), el +1,3% del Banco de España ( +270.000), el +1,2% que prevé
la Comisión Europea (+250.000), y el +1%
que apuesta el FMI (+210.000). Que se acierte, se supere o se pierda
empleo (algo que no pasa desde la pandemia de 2020 y antes, desde 2013) dependerá
de que Europa recupere su débil economía y de que España mantenga su mayor crecimiento, para lo que son claves el turismo, la inversión de los Fondos UE, las exportaciones y mantener el consumo, lo
que exige mayores subidas de salarios (por encima del 3,5%). Y claro, que no haya más conflictos geopolíticos y no vayan a peor los de Ucrania y
Palestina.
Las dos últimas Navidades han sido malas para el empleo, porque las compras fueran menores a los años en que salimos de la pandemia. Y así, el empleo cayó en -19.000 personas durante el 4º trimestre de 2023, bastante menos que en el otoño de 2022 (-81.900 empleos). El empleo cayó también al inicio de 2023 (-11.100 empleos en el primer trimestre), pero como fueron excepcionales la primavera (+603.900 empleos) y el verano (+209.100), el balance final del empleo en 2023 es espectacular: se crearon +783.000 nuevos empleos, según la EPA publicada el viernes, el 2º mayor aumento anual de nuestra historia (el otro, los +840.600 empleos ganados en 2021 fueron algo “extraordinario”, porque salíamos de perder -622.000 empleos en 2020 por la pandemia), tras una subida del empleo de +402.300 ocupados en 2019. Y además, con ello trabajan ya en España 21.246.900 personas, otro récord histórico anual (antes de la pandemia, en 2019 trabajaban 19.966.900 y en junio de 2008, el récord anterior, trabajaban 20.646,000 personas).
El 2023, el aumento del empleo (+783.000
ocupados) se ha dado más entre las mujeres (+437.200) que entre los
hombres (+345.800) y sobre todo entre los mayores
de 50 años (+425.200 empleos, el
54% del total), seguidos de los jóvenes
(+204.400 empleos para menores de 25 años) y los de 30 a 34 años (+103.800),
ganando menos el resto de edades y perdiendo empleo en 2023 los que tienen
entre 40 y 44 años (-70.000), según la EPA. Un dato
relevante es el fuerte aumento del empleo de los inmigrantes (+12,4% frente al +1,85% los españoles), extranjeros que han conseguido casi la mitad de los nuevos
empleos (333.700).
Por sectores, el empleo se ha creado sobre todo en los servicios (+629.200), también en
la construcción (+108.300) y mucho menos
en la industria (+28.000) y la agricultura (+17.500). Y por autonomías, el
mayor aumento porcentual de empleo se ha dado en Cataluña (+5,62%: +197.600 empleos), Madrid (+5,03%: +160.500), País
Vasco (+5,02%: +47.700), Cantabria
(+4,86%: +11.900), Asturias (+4,56%:
+17.400), Aragón (+4,25%: +24.800) y
Andalucía (+4,01%: +130.800
empleos). Sólo ha bajado el empleo en 2023 en Castilla y León (-4.400), la
Rioja (-2.700), Melilla (-2.000)
y Ceuta (-1.400 empleos).
La histórica mejora
del empleo en 2023 (+783.000 ocupados) no se ha traducido en una bajada similar del paro, que bajó menos: -193.400
parados en 2023, según
la EPA, una bajada superior a la de 2022 (-79.800) pero muy inferior a la
de 2021 (-616.000 parados). Ello se debe a que siguen aumentado los “activos”,
personas que se “animan” a buscar
trabajo y antes no lo hacían (mujeres, mayores y jóvenes). Pasa en los
últimos años, pero en 2023 el aumento ha
sido espectacular: +682.400 activos,
duplicando el de 2022 (+291.700
activos). Y nos coloca por encima de los
24 millones (24.077.400 activos), un tope que nunca se había superado en
España. Este aumento de la actividad
(+2,51%) es muy llamativo en Cataluña
(+4,52%: +176.800 activos), Canarias
(+4,61%: +53.500 activos) y Madrid
(+2,95%: +106.300). Y con ello, hay 4
autonomías con una tasa de actividad
(gente trabajando o buscando trabajo)
que supera
la media de España (el 59% de
los que tienen más de 16 años): Madrid (63,6%), Cataluña (61,98%), Baleares
(61,05%) y Canarias (60,53%). Esto significa que el paro mejorará menos que el empleo, porque hay muchos buscándolo.
El paro bajó en 2023
(-193.400 parados) más entre los hombres
(-100.400) que entre las mujeres
(-93.000), precisamente porque ellas fueron más “activas” (+344.200) que los
hombres (+254.400). Y sólo bajó entre
las personas de 25 a 54 años (-220.000 parados), aumentando el paro en el resto de edades, sobre todo en los jóvenes
(+17.300 parados) y mayores (+9.400 parados entre los mayores de 55 años),
porque son los grupos más “activos”,
que se han lanzado más a buscar trabajo. El paro ha bajado en la industria (-29.900), la agricultura (-21.300), la construcción (-19.100 parados), y,
sobre todo, entre los que perdieron el empleo hace más de un año (-108.100
parados) o lo buscan por primera vez (-19.000). Eso sí, subió en los servicios (+4.100 parados). Y hay regiones donde el paro bajó porcentualmente mucho más que la media
(-6,40%): Cantabria (-26,45%: -7.400
parados), País Vasco (-25,10%:
-22.600 parados), Asturias (-16,55%: -10.700 parados, Castilla la Mancha (-13,54%:
-19.900 parados), Madrid (-13,06%: -54.200) y Galicia (-12,66%: -16.600
parados), siendo mucho menor la bajada en Cataluña (-5,4%: -20.900 parados).
La cifra total de parados EPA se aleja más de los 3 millones y cierra
el año 2023 con 2.830.600 parados (que se consideran parados en la Encuesta del
INE, aunque sólo 2.707.456 estaban
registrados en las oficinas de empleo). Es la primera vez desde 2007 (1.927.600 parados) que España baja un año de los 3 millones
de parados EPA: en 2022 se cerró con 3.024.000, en 2020 se alcanzaron los
3.719.800 (por la pandemia), en 2019 había 3.191.900 y hacia atrás llegamos al
récord de parados de 2012 (6.021.000, más del doble que hoy), por
los efectos de la crisis financiera y los ajustes, después de venir de 3.207.900 parados en 2008. La tasa de paro (% de
parados sobre mayores de 16 años) baja en 2023 al 11,76%, mejor que antes de la pandemia (13,78%) y la mitad que en
lo peor de la crisis (25,77% de paro
en 2012), está por debajo de la de 2008 (13,79%) y sólo es más alta que en 2007
(8,57%). Eso sí, todavía casi duplicamos
la tasa de paro de Europa (5,9%)
y casi cuadruplicamos la de Alemania
(3,1%). Lo más preocupante, la tasa de
paro juvenil (menores de 25 años) también ha bajado, al 28,36% (14,5% en la UE-27 y 5,6% en
Alemania).
Hay otros datos preocupantes del paro en España que también mejoran.
El primero, que a finales de 2023
había 932.400 hogares con todos sus
miembros en paro, -115.100 que
en 2022 y bajando por primera vez del millón. El segundo, que seguimos con 7
regiones que tienen una tasa de paro
superior a la media (11,76%), aunque mejoró en 2023: Ceuta (28,35%), Melilla (27,42%),
Andalucía (17,60%), Extremadura (16,29%) y Canarias (16,19%), sobre todo, aunque
también Comunidad Valenciana (12,65%
de paro) y Asturias (11,81%). Y que contrastan con las 3 autonomías que tienen una tasa de paro casi europea: País Vasco (6,33%), Cantabria
(7,48%) o Aragón (7,85%), aunque también tienen poco paro Cataluña (8,97%),
Navarra (9,32%), Castilla y León (9,50%) y Madrid (9,72%), según la EPA. El tercer dato preocupante que mejora es el paro de larga duración: hay 1.140.500 parados que llevan sin trabajar más de un año, 142.300menos
que hace un año, aunque todavía suponen el 40,9% de todos los parados (son
mayores de 45 años, mujeres y jóvenes).
Este paro de larga
duración provoca que a muchos parados
se les acabe el desempleo y no cobren entonces ningún subsidio,
pasando a una situación de pobreza (lo están el 47,1% de los
parados, según
el INE). En noviembre de 2023 (último
dato de Trabajo) cobraban alguna ayuda
1.824.163 beneficiarios (833.872 cobraban 982,70 euros al mes de subsidio
contributivo y el casi millón restante cobraban un subsidio asistencial de 480
euros). Eso supone que cobraban una ayuda el
64,44% de parados estimados por el INE (y el 67,37 de los parados
registrados en el SEPE). A lo claro: 1 de cada 3 parados no cobra nada.
Una cobertura
baja, pero que mejoró en 2023
(cobraban el 58,85% parados en 2022).
Vistos los datos finales de 2023, queda claro que el empleo se
mantiene con fuerza, a pesar de que crecemos la mitad (+2,4%
este año frente al +5,8%), los altos
tipos de interés (los mayores desde 2001), la alta inflación (aunque ha bajado a la mitad, del 8,40% al 3,55%
en 2023), las tensiones políticas
internas y los conflictos
geopolíticos (Ucrania y Palestina). En este complejo escenario, España ha creado 1.280.000 nuevos empleos desde 2019 (antes de la pandemia), y ha reducido el paro en -361.300 parados
en los últimos 4 años. Y algo llamativo: España
es el
país europeo que ha creado más empleo desde 2019, un +7,2%, más que Francia (+5,1%) y mucho
más que Italia (+2,7%), Alemania (+1,4%) o Reino Unido (+0,1%). De hecho, casi
1 de cada 3 empleos creados en Europa en 2023 se crearon en España. Son datos, no propaganda del Gobierno
Sánchez.
Y lo más importante no es sólo que haya más de 21,2 millones de personas trabajando en España, una cifra nunca vista, sino
que los que trabajan ahora tienen
empleos más estables y menos precarios, tras la aplicación de la reforma
laboral (marzo 2022). En 2023, el
42,87% de los contratos firmados ese año (15,44 millones) fueron contratos indefinidos, por encima del
porcentaje de indefinidos firmados en 2022 (38,37%), que suponían un gran salto sobre el bajísimo porcentaje de
contratos indefinidos que se hicieron en 2021 (10,9%) y entre 2014 y 2020 (eran entre el 6 y el 8% de los nuevos contratos). Con ello, ya se está notando el efecto en las
plantillas: a finales de 2023, el 83,5% de los asalariados
(más de 15 millones) tienen un contrato
indefinido, cuando en 2021 sólo lo tenían el 74,6%. Ya no es sólo que haya 1.062.900 ocupados más que hace sólo 2 años, es que ahora hay 2.395.300 asalariados más con un contrato indefinido que en 2021. Ese es el gran cambio.
Con todo, España no
debería dormirse en los récords y el Gobierno y las fuerzas sociales
deberían dar un impulso al empleo en
2024. Por dos razones. Una, porque quizás
se estén agotando
los efectos positivos de la reforma laboral y el tirón post-pandemia,
con lo que el mercado laboral tiene ahora menos fuerza. Y la otra, de fondo,
porque aún tenemos casi el doble de paro
que Europa y mucho menos empleo. Porque aunque hayamos creado mucho estos
años (tras dos grandes crisis), el
empleo ha crecido menos que la economía. Basta ver este dato: el PIB español aumentó un +28,18% entre
2007 (1.075.539 millones) y 2023 (1.378.690 millones), pero el empleo creció sólo un +2,37%, casi 12 veces menos que la economía. Producimos una cuarta parte más que en 2007
con sólo 493.500 trabajadores más. Eso indica que las plantillas están
cortas, que falta personal, lo que ya vemos en muchos sitios. De hecho, en
España trabaja menos gente que en Europa: el
65,7% frente al 70,4% en la UE-27 y el 77,3%
en Alemania. A lo claro: que si trabajáramos como la media de europeos, tendría
que haber 2,2 millones más trabajando en España.
Así que estaría bien que el Gobierno, los sindicatos y la patronal (y la oposición, pero eso
parece imposible) acordaran un
Plan de choque para relanzar el empleo en 2024 y 2025, sobre tres bases: impulso a la formación y reciclaje de los trabajadores
(para ajustar la mano de obra a lo que piden las empresas, que se quejan de no
encontrar personal), reforma del
desempleo y de las oficinas de empleo
(para que haya más parados cobrando algo más, a cambio de formación y
acompañamiento personalizado para recolocarles) y políticas activas para emplear más a jóvenes, mujeres y mayores de 45 años.
Un Plan que exige medios y fondos, pero sobre todo la colaboración de
autonomías, empresas y sindicatos. Pero debería ser posible. Porque el empleo sigue siendo la 1ª preocupación
de los españoles (no la amnistía ni el politiqueo diario). No lo olviden.
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