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lunes, 25 de marzo de 2019

Educación: el fracaso va por autonomías


Otra noticia reciente que no se comenta: 1 de cada 3 estudiantes de 15 años ha repetido curso. Y en Aragón, Ceuta y  Melilla repiten casi la mitad de adolescentes frente a sólo uno de cada cuatro en Cataluña y País Vasco. Muchos repetidores dejan los estudios después: el 18,3% de jóvenes de 20 a 24 años no terminan Bachillerato o FP, pero rondan el 25% en Baleares, Ceuta y Melilla,  Andalucía y Murcia, mientras son el 7% en el País Vasco, siendo España líder europeo en abandono escolar temprano. Y con estos fracasos educativos, tenemos 543.000 jóvenes (18-24 años) que ni estudian ni trabajan (“ni-nis”). Y un paro juvenil (menores 25 años) del 33,5%, más del doble que Europa (14,9%) y que ronda el 50% en Melilla, Ceuta, Extremadura y Andalucía. Se recoge lo que se siembra y el fracaso escolar, muy desigual entre regiones, está detrás del fracaso laboral de muchos jóvenes. Urge mejorar la educación y corregir las grandes diferencias entre autonomías.


Los jóvenes españoles que tienen menos de 30 años han estudiado en colegios, Institutos y Universidades gestionadas por las autonomías, no como las generaciones anteriores, que tuvimos una educación “centralizada”, teóricamente “igual” en toda España. El traspaso de competencias de educación se inició en 1980, al País Vasco y Andalucía, siguió en 1982 (Galicia y Andalucía) y 1983 (Comunidad Valenciana y Canarias), se paró hasta 1990 (Navarra) y 1997 (Baleares) y se aceleró en 1998 (Las Rioja, Cantabria y Aragón) y 1999 (traspaso a Madrid, Murcia, Extremadura, Castilla la Mancha, Castilla y León y Asturias). A partir de ahí, las autonomías gestionan la educación y financian el 81% de todo el gasto educativo, unas mucho más que otras. Y sus resultados educativos son muy diferentes, con tremendas desigualdades según se comprueba en el último Anuario de la Educación en España publicado por el Ministerio de Educación, que refleja que hay “2 o 3 Españas educativas”.

Hagamos un repaso de los datos, empezando por el fracaso escolar. En España, casi 1 de cada 3 estudiantes de 15 años han repetido curso alguna vez, el 31,4% en el curso 2016-2017, según Educación. Y eso viene de antes, porque a los 12 años ya han repetido un 14,3% de alumnos. El porcentaje español de repetidores (a los 15 años), ese 31,4% (35,7% los chicos y 27% las chicas), triplica el de la OCDE (11,3%) y es el más elevado de los paises grandes europeos, como Alemania (18,1%), Italia (15,1%), Francia (22,1%) o Reino Unido (2,8%), sin contar el 4% de repetidores en Suecia o el 3% en Finlandia, según  la OCDE.

Con todo, lo más preocupante son las desigualdades en los porcentajes de repetidores  dentro de España. Así, frente al 31,4% que han repetido de media a los 15 años, son casi la mitad los que repiten en Ceuta (47,4%), Melilla (43%) y Aragón (41,5%), estando también por encima de la media Murcia (39,2% jóvenes 15 años repiten), Castilla la Mancha (37,7%), Canarias (37,1%) y Baleares (36% repiten). Y sin embargo, son muchos menos los que repiten en Cataluña (20,8%), País Vasco (23,8%), Navarra (26,5%), Cantabria (29,4%), Asturias (29,5%) y Galicia (31,8%), según Educación. En los últimos años ha bajado el porcentaje de repetidores en toda España, del 42,6% que repetían en 2006-2007 al 31,4% de 20016-2017, básicamente por la crisis: en los años de bonanza, los jóvenes se esfuerzan menos en estudiar pensando que pronto van a dejarlo para ponerse a trabajar y ganar dinero.

Los repetidores “tienen muchas papeletas” para acabar dejando sus estudios al terminar la ESO (final de la etapa obligatoria)  y no completar el Bachillerato o la Formación Profesional. O sea, que el fracaso a los 12 años (14,3% estudiantes repiten) y a los 15 años (31,4% repiten) son “la antesala” del siguiente fracaso, el abandono escolar temprano: jóvenes de 18 a 24 años que no han terminado Bachillerato o FP, que han dejado sus estudios. La cifra en España ha bajado del 30,8% de los jóvenes en 2007 al 18,3% en 2017 (21,8% de los chicos y el 14,5% de las chicas) , un porcentaje muy superior al del resto de Europa (10,6%), donde somos el país con mayor tasa de abandono escolar temprano, muy por delante de Italia (14%), Portugal (12,6%), Reino Unido (10,6%), Alemania (10,1%), Francia (8,9%), Suecia (7,7%) e incluso Grecia (6% de abandono escolar temprano), según Eurostat.

Pero lo peor otra vez son las diferencias entre autonomías. Así, hay regiones donde el abandono escolar temprano ronda o supera el 25%, como Baleares (26,5%, 32,4% entre los chicos), Ceuta y Melilla (24,3%), Andalucía (23,5%) o Murcia (23,1%) y Castilla la Mancha (22,1%) y otras donde apenas tiene peso, como el País Vasco (7% de abandono escolar temprano) o Cantabria (8,9%), Navarra (11,3%) y la Rioja (12,9%), según Educación.

Al final, entre los que repiten curso y abandonan sus estudios engrosan otra estadística, la de los jóvenes de 18 a 24 años que ni estudian ni trabajan, los tristemente famosos “ni-nis”. Eran el 24% de los jóvenes en 2013 y en 2017 son todavía el 17,1% de los jóvenes españoles (nada menos que 543.000 jóvenes), un porcentaje de “ni-nis” también superior al de Europa (15,2% en la UE-28), según Eurostat. Y aquí, volvemos a lo mismo, la enorme diferencia por autonomías. Hay  2 regiones donde los ni-nis superan el 20% (21,7% en Andalucía y 20,8% en Extremadura) y otras donde el porcentaje está por debajo de Europa, en especial el País Vasco (8,8%), la Rioja (11%), Cantabria (12,1%), Castilla y León (13,1%), Aragón (13,4%), Navarra y Madrid (14%) y Galicia (14,3% de ni-nis). Y lo peor es que ninguna autonomía ha conseguido rebajar el porcentaje de ni-nis que tenía en 2007, salvo el País Vasco y la Rioja.

Avancemos y veamos el nivel de formación que tienen los jóvenes españoles tras estos fracasos, comparado con el de los jóvenes europeos, según los últimos datos de Educación. Entre 25 y 34 años, el 33,8% de los jóvenes españoles tienen la ESO o menos (en Europa son la mitad los menos formados: el 16,2%), un 23,6% han terminado la Secundaria (casi el doble, el 44,8% en la UE-28) y el 42,6% son universitarios (el 39% en Europa). O sea, que este sería nuestro balance educativo frente a Europa: tenemos el doble de jóvenes poco formados, la mitad medianamente formados y más universitarios.

Y otra vez más, este balance es muy desigual por autonomías. Así, en el nivel más bajo, los jóvenes de 25 a 34 años que sólo terminaron la ESO o menos, frente al 33,8% de media, hay autonomías con resultados peores, como Andalucía (43,6% jóvenes poco formados), Castilla la Mancha (46,3%), Extremadura (42,2%), Ceuta y Melilla (42%) o Murcia (39,9%), y otras con menos porcentaje de jóvenes poco formados, como el País Vasco (19,3%), Asturias (23,9%), Madrid (24,4%), Cantabria (25,6%) y Navarra (26,1%). En el nivel intermedio (jóvenes que han terminado Bachillerato o FP), siguen por debajo de la media (23,6% de los jóvenes de 25 a 34 años) Extremadura (20,5%), Castilla la Mancha (22,1%) y Andalucía (22,6%), más Cataluña (20,1%) y Navarra (21,8%), destacando por encima la mayor formación media en Castilla y León (27,6%), Aragón (27,4%), Cantabria (26,9%) y Baleares (26,2%). Y las autonomías con más porcentaje de jóvenes universitarios (superior al 42,6% de media) son el País Vasco (57,5% de jóvenes), Navarra (52,1%), Asturias (53,3%) y Madrid (51%), mientras están a la cola de jóvenes universitarios Ceuta y Melilla (32,9%), Andalucía (33,8%), Castilla la Mancha (34,6%) y Murcia (36,3%), según los datos de Educación.

Son muchos datos pero revelan con claridad dos cosas: nuestro atraso educativo con Europa y las enormes diferencias de resultados entre autonomías, destacando el alto nivel educativo en el País Vasco, Navarra, Asturias, Cantabria, Aragón y Madrid y el fracaso educativo en Andalucía, Castilla la mancha, Murcia, Extremadura y Ceuta y Melilla, básicamente. La pregunta es ¿por qué estos resultados tan dispares?

La causa no parece estar ni en el número de alumnos por aula ni en la falta de profesores, porque los datos de Educación revelan que España tiene similares alumnos por profesor en Primaria (14 frente a 15 en la OCDE y 14 en la UE-222), en la ESO (12 frente a 13 y 11) y en Bachillerato (11 frente a 13 en la OCDE y 12 en la UE-22). Y que el número de alumnos por clase es similar a la OCDE y la UE, salvo en Primaria (aquí hay más), mientras los jóvenes españoles dan más horas de clase, tanto en Primaria (792 frente a 799 en la OCDE y 775 horas en la UE-22) como en la ESO (1054 horas frente a 913 y 894 horas). Eso sí, más horas de una enseñanza demasiado memorística y poco práctica, como revelan los sucesivos informes PISA, donde España está retrasada en Matemáticas (486 puntos frente a 490 de media OCDE, Navarra con 518 y Castilla y León con 506)), igualada en Ciencias (493 puntos España y la OCDE, con Castilla y León en 519 puntos) y por encima en Lectura (496 España frente a 493 la OCDE y Castilla y León con 522 puntos).

Lo que sí puede explicar nuestro retraso educativo y las enormes diferencias por autonomías es el gasto educativo. España gastó en educación en 2017 el 4% de su PIB frente al 4,6% que gastó la UE-28 y el 4,5% de la zona euro, según Eurostat. Y mucho menos que Suecia (6,8%), Dinamarca (6,5% del PIB), Finlandia (5,7%), Francia (5,4%), Portugal (5%) Reino Unido (4,6%) o Alemania (4,1%), gastando menos Italia (3,8%) o Grecia (3,9%). Y el gasto total por alumno en la enseñanza pública fue en España de 7.019 euros en 2015 (último dato de Eurostat), un 26,5% inferior al de Finlandia (8.883 euros públicos por alumno), un 25% menor a Reino Unido (8.796 euros por alumno), casi un 20% inferior al de Francia (8.394) y un 18,6% inferior a Alemania (8.326 € por alumno).

Y lo mismo pasa dentro de España. Las autonomías que más gastan en educación no universitaria son el País Vasco (9.054 de gasto público por alumno público en 2016), que gasta un 83,2% más que Andalucía (4.963 euros por alumno), seguida de Navarra (7.128 euros), Cantabria (6.917 euros), Asturias (6.785 euros), Galicia (6.598 euros) y Castilla y León (6.578) y la Rioja (6.052 euros/alumno público), curiosamente autonomías con excelentes resultados educativos. Y tras Andalucía (4.963 euros), las que menos gastan en educación por alumno público son Castilla la Mancha (4.988 euros) y Madrid (4.591 €), Murcia (5.159 €), Cataluña (5.386 €), Comunidad Valenciana (5.510 €) y Canarias (5.514 euros), todas gastando por debajo de la media española (5.607 euros por alumno público en educación no universitaria), según Educación.

Hasta aquí hemos visto el balance de la educación, con demasiados repetidores, mucho fracaso escolar, demasiados “ni-nis” y un tercio de jóvenes con poca formación. El resultado de este panorama es que los jóvenes españoles trabajan menos que en Europa y cobran menos, mientras tienen el doble de paro. Un negro panorama profesional que se ha ido gestando en sus años de estudiantes y que es muy dispar por autonomías.

La principal consecuencia de nuestro peor nivel educativo es que los jóvenes españoles trabajan menos que los europeos, según las estadísticas de Eurostat que cita Educación (para 2017). Así, la tasa de empleo de los jóvenes de 20 a 34 años es del 80% en la UE-28 (y del 90,9% en Alemania, el 86,6% en Reino Unido o el 74,4% en Francia) pero sólo del 71,9% en España. Y si tomamos a los que han terminado Bachillerato pero no han hecho más, trabajan en España el 57,9% frente al 74,1% en la UE-28, el 79,7% en Reino Unido o el 61,6% en Francia. Y si entramos más al detalle en España, de todos los jóvenes que trabajan (2.692.100 jóvenes entre 16 y 29 años, según la EPA), la mayoría tiene formación universitaria (1.175.200 jóvenes, el 43,65% del total), seguidos de los que tienen mediana formación (Bachillerato o FP: 773.100 jóvenes, el 28,7%) y los poco formados (743.800 jóvenes, el 27,65 % restante). O sea, que los más formados son los que más trabajan.

Los jóvenes españoles, al estar peor formados también tienen peores sueldos que los jóvenes europeos y que otros jóvenes más formados, según Educación. Así, si la media de asalariados de 25 a 34 años tiene un salario 100, los que no han acabado la ESO ganan 67,2 (un tercio menos) los que tienen la ESO suben a 74, los que han hecho Bachillerato consiguen el 87,1% del sueldo medio y los que tienen educación superior ganan 121,3 (un 21,3% más de sueldo que la media).

Pero el verdadero marcador del fracaso educativo está en el paro juvenil. La tasa de paro de los menores de 25 años es en España del 33,54% (diciembre 2018), según la EPA, más del doble que en Europa (14,9%) y muy por encima del paro juvenil de Alemania (6%), Reino Unido (11,5%), Francia (21,1%) e Italia (31,9%), según Eurostat. Al mirar por autonomías, se ve que el paro juvenil es mucho más alto donde hay más jóvenes poco formados (60,21% de paro juvenil en Melilla, 52,56% en Ceuta, 50,37% en Extremadura, 45,09% y 41,74% en Castilla la Mancha) y muy bajo donde están mejor formados (22,60% Baleares, 23,12% País Vasco, 23,37% Navarra, 28,59% Aragón, 28,62% la Rioja, 25,47% Castilla y León). Y es que la EPA lo deja claro: a menos formación, más paro. Un ejemplo.De 20 a 24 años, con una media de paro del 30,78%, los que tienen primaria tienen un 50% de paro, los que tienen la ESO o menos un 38,4%, los que tienen Bachiller el 26% y los universitarios el 24%.

Así que si queremos mejorar el empleo y los sueldos de los jóvenes, hay que mejorar su formación, sobre todo en las autonomías con peores resultados educativos. No se hablará de esto en las próximas elecciones (ni generales ni autonómicas), pero los futuros Gobiernos deberían poner en marcha Planes de choque para recomponer la formación de los jóvenes, con varias medidas: reducir el porcentaje de repetidores (con planes individualizados de apoyo, más profesores y medios), atajar el abandono escolar temprano (con Planes específicos para “recuperarlos”), fomentar la Formación Profesional (puede ser una salida para muchos que “abandonaron” el Bachillerato) y, sobre todo, adecuar la formación de los jóvenes a lo que necesitan las empresas (España tendrá un déficit de 100.000 jóvenes cualificados dentro de 10 años, según la Fundación I+D), con un ambicioso Plan de formación para jóvenes parados con poca y media formación. Porque hay 280.000 jóvenes de 16 a 29 años que llevan más de 1 año en paro (el 18% de todos los parados de larga duración) y que no encontrarán un empleo si no se les ayuda con formación y asesoramiento.

A nivel político, urge un Pacto educativo para que se aumente el gasto en educación del 4 al 5% del PIB, gobierne quien gobierne: son 11.200 millones extras que podrían destinarse a mejorar los resultados educativos y sobre todo, a reducir las tremendas diferencias educativas entre autonomías, creando una Comisión Educativa de coordinación, para mejorar los resultados y homogeneizarlos en 20 años, para que la educación de los jóvenes no sea mejor o peor según la región de España donde vivan, que es lo que pasa ahora, como demuestra el Anuario del Ministerio de Educación, aunque no se quiera reconocer.

Mejorar la educación de nuestros jóvenes y aproximarla a la de los europeos no sólo es clave para que trabajen y tengan menos paro sino que es clave para todo el país, porque sólo con más jóvenes trabajando y cotizando se pueden salvar las pensiones y recaudar más, algo clave para financiar el Estado del Bienestar (sanidad, educación, servicios sociales). Así que apostemos por una educación mejor y menos desigual si queremos un futuro mejor. 


lunes, 16 de mayo de 2016

Más niños pobres (atrévase a leerlo...)


El informe de UNICEF (ONU), presentado en el mismísimo Congreso de los Diputados, ha pasado desapercibido, porque los medios no quieren estas noticias: hablar de la pobreza infantil “no vende”. Y los lectores tampoco buscan este tema: “pone mal cuerpo” y prefieren comentar la Champions o mandar vídeos tontos por WhatsApp. Pero el dato está ahí: tenemos 3 millones de niños pobres y España es el cuarto país europeo con más desigualdad infantil, con un 10% de niños en pobreza extrema cuyos padres ingresan menos de 368 euros al mes, según UNICEF. Y recuerdan que la pobreza infantil se ha agravado con la crisis y más, tras 6.300 millones de recortes a la familia y a la infancia hechos por Rajoy. Además, Cáritas alerta que 8 de cada 10 niños pobres hoy serán adultos pobres mañana. UNICEF propone un gran Pacto político por la infancia, con más ayudas y medidas, para remediar una vergüenza social : la creciente pobreza infantil. Atrévase a leerlo. Y páselo a sus conocidos.
 
enrique ortega

Esta larga crisis ha agravado la pobreza y la desigualdad en todo el mundo, pero ha supuesto además un gran cambio: la pobreza se ha desplazado de los ancianos a los niños y a las familias con hijos. En Europa (UE-28) hay un 24,4% de pobres (unos 122 millones), pero la tasa sube al 27,8% de pobres entre los menores de 18 años, según los datos de Eurostat (2014). Y la situación es aún peor en España: hay un 29,2% de pobres (13,5 millones de españoles que ingresan menos del 60% de la media, menos de 16.719 euros anuales para una familia con dos hijos), pero la tasa de pobreza infantil es mucho mayor: el 35,8% de los menores de 18 años, casi 3 millones de niños y adolescentes.

España se ha convertido así en el 5º país europeo con más pobreza infantil, según el indicador  AROPE de Eurostat, que sube el porcentaje de niños pobres del INE (30,1% en 2014) porque incluye dos criterios más de pobreza, además de los ingresos de la familia: la carencia material severa y la baja intensidad de empleo en el hogar. Con ese 35,8% de pobreza infantil, a España sólo la superan en pobreza Rumanía (el 51% de los menores son pobres), Bulgaria (45,2% niños pobres), Hungría (41,4%) y Grecia (40,1%). Y estamos muy por encima del 25,6% de niños pobres en la zona euro y del 27,8% de la UE-28, bastante por encima de Alemania (19,6% de niños pobres), Francia (21,6%), Portugal (31,4%) o Italia (32,1%). La pobreza infantil en España está vinculada a las familias con niños y sube sobre todo en las familias monoparentales (sólo madre o padre) con hijos (42% son pobres) y entre las familias numerosas con 3 o más hijos (el 44% son pobres).

No basta con saber cuántos niños pobres hay. Es importante conocer también la desigualdad que hay de ingresos entre los niños, que ha crecido con la crisis (como la desigualdad entre los adultos). Y aquí, el informe de UNICEF (ONU), presentado el 14 de abril en el Congreso de los Diputados, da la alarma: España es el 4º país europeo con más desigualdad infantil (tras Rumanía, Bulgaria y Grecia)  y el 6º más desigual del mundo occidental (por detrás de México e Israel). Y eso porque el 10% de niños más pobres en España ingresan dos tercios menos (62,62% menos) que la media de niños españoles: menos de 4.423 euros anuales frente a un ingreso medio de 11.833 euros. Y además, uno de cada cinco niños españoles (el 20,2%) ingresa menos de la mitad de esa renta media (menos de 5.916 niños anuales). Con ello, España se coloca en el puesto 36 de los 41 países analizados en el ranking de desigualdad infantil de UNICEF. Una vergüenza. Y esta situación es doblemente preocupante porque esta desigualdad ha crecido 6 veces más en España que en los demás países.

Pero la desigualdad infantil no se manifiesta sólo en los ingresos de las familias pobres, sino que también impacta en otros ámbitos, como la educación, la salud y el bienestar de los niños pobres, temas sobre los que UNICEF ha elaborado también rankings internacionales. En el ranking de educación, que mide la desigualdad entre el 10% de alumnos con los niveles más bajos en PISA (matemáticas, ciencia y capacidad lectora), España se encuentra algo mejor que en desigualdad de ingresos: ocupa el puesto 12 entre 37 países analizados, donde los peores son Luxemburgo, Eslovaquia, Francia, Bélgica e Israel. Eso sí, entre 2006 y 2012, España es uno de los países donde más ha crecido la desigualdad infantil en la educación, un 2,1%, mientras caída en el conjunto analizado (-7,1%) y sobre todo en Alemania (-27,6%), Reino Unido (-10,4%), Portugal (-9,3%) y Grecia (-8,1%). Otro ranking de UNICEF, el de desigualdad infantil en la salud, también deja a España en mejor lugar, el 10º de 35 países, y aquí la situación ha mejorado en España entre 2002 y 2014 mientras empeoraba en la mayoría de países estudiados. Y en el cuarto ranking, donde Unicef mide la desigualdad en la satisfacción vital de los niños, España ocupa el puesto 24 entre 35 países  y además la satisfacción ha empeorado con la crisis, 23 veces más que en la mayoría de paises. Y sobre todo entre las niñas y los hijos de inmigrantes, eso en todos los paises.

Al final, UNICEF elabora un ranking mundial de desigualdad, con los cuatro factores: desigualdad en el ingreso, en la educación, en la salud y en la satisfacción vital de los niños. Y España ocupa el puesto 22 de los 41 paises occidentales analizadas (UE y OCDE). Eso significa que la desigualdad infantil está bastante avanzada en España y supera la de 11 paises europeos económicamente más atrasados que nosotros: Rumanía, Islandia, Portugal, Grecia, Croacia, República Checa, Letonia, Eslovenia, Estonia e Irlanda tienen menos desigualdad infantil que España. Un informe que debería revolver las conciencias de todos los grupos políticos a los que UNICEF se lo presentó en el Congreso. Pero me temo que oiremos hablar poco de este tema en la próxima campaña electoral: la pobreza no da votos.

El informe de UNICEF alerta de varios problemas derivados de la alta pobreza y desigualdad infantil, en España y en todo Occidente. El primero, que la desigualdad es persistente: en 19 de los 41 paises analizados, los niños más pobres ingresan menos de la mitad de la renta media. Y que se ha agravado desde 2008. En segundo lugar, advierten que el aumento de la desigualdad alimenta la pobreza y la infelicidad de los niños. Y al revés: los niños más pobres son también más desiguales: en todos los paises analizados, los niños de familias con menos ingresos son los que tienen peores resultados en educación, salud y satisfacción vital. Es lo que llaman “la espiral de la pobreza”: pobreza llama a pobreza.

UNICEF alerta también de que la mayoría de los Gobiernos han reducido desde 2010 sus ayudas contra la pobreza y la desigualdad, que han empeorado a pesar de las transferencias e impuestos. Y llama la atención sobre España, destacando que el Gobierno Rajoy, autonomías y Ayuntamientos recortaron en 6.300 millones las ayudas a la familia y a la infancia. Con ello, España se encuentra ahora más alejada del gasto medio europeo: la inversión pública en familia e infancia suponía el 1,3% del PIB en España (2013), casi la mitad que el 2,2% que gastaba la UE-28 y muy alejado del 2,5% que gasta Francia o el 3,7% de Dinamarca. Y además de gastar menos, UNICEF denuncia que España gasta mal, con un carácter poco progresivo del gasto (más para los más pobres), con lo que las transferencias y desgravaciones fiscales han aumentado la desigualdad infantil, no la han reducido.

Otra organización experta en pobreza, Cáritas, acaba de lanzar otra gran alerta: la pobreza infantil de hoy alimenta la pobreza de mañana. Según el informe FOESSA “La transmisión intergeneracional de la pobreza”, 8 de cada 10 niños pobres de hoy serán adultos pobres. Y añade que los estudios revelan que el 81% de los que tuvieron problemas en la infancia los vuelven a tener de adultos, frente al 45% que no. De hecho, Cáritas lleva años advirtiendo que la pobreza en España se ha enquistado y que ya está atendiendo a hijos e incluso a nietos de familias pobres que empezó a atender hace 30 años.

El Informe FOESSA, la Fundación de Cáritas, estudia los tres factores estructurales que transmiten la pobreza  entre generaciones: el nivel de estudios (8 de cada 10 personas hijos de padres que no terminaron primaria no han terminado tampoco y lo mismo un 47% de los que no acabaron la ESO), la situación laboral de los padres (el tipo de empleo) y la renta. Por eso, piden medidas en estos tres frentes, para cortar la espiral de la pobreza, para impedir que se transmita de padres a hijos. En particular, medidas educativas (inversión en educación, sobre todo infantil, en becas y ayudas y medidas para reducir el fracaso escolar y los “guetos” educativos en los centros públicos donde se concentran las familias más pobres), medidas sanitarias (garantizar la asistencia universal y reducir al 10% la aportación a los medicamentos de las familias con menos ingresos), ayudas a las familias sin ingresos (rentas mínimas y más subsidios a los parados larga duración con cargas familiares), políticas de vivienda (alquileres sociales) y mejora de la formación y el empleo de los padres, facilitando de verdad la conciliación laboral y familiar en las empresas.

La pobreza creciente es una lacra de España, porque ya afecta a 13,5 millones de españoles, de ellos 3,3 millones en situación de pobreza extrema, según la Red europea de lucha contra la pobreza. De hecho, han más de 8 millones de españoles que “malviven” y acuden a los servicios sociales públicos (Ayuntamientos y autonomías)  y a las ONGs para comer, recibir ropa, medicinas o una ayuda para pagar el alquiler, la luz o el agua. Urge poner en marcha un Plan contra la pobreza, que debería contar con 12.000 millones de euros anuales, según ya he detallado en este blog. Pero dentro de este Plan, la prioridad debe ser la lucha contra la pobreza infantil: UNICEF ha pedido a todos los partidos que en la próxima Legislatura alcancen un gran Pacto por la infancia, con recursos y medidas urgentes. Y cualquiera puede apoyar ese Pacto, firmando esta petición online preparada por UNICEF.

UNICEF ha presentado a los partidos 5 propuestas para luchar contra la pobreza y la desigualdad infantil. La primera, aumentar la ayuda por hijo a 1.200 euros anuales, sin las restricciones que tiene ahora, medida que costaría 3.068 millones anuales y que reduciría un 30% la pobreza infantil severa (unos 100.000 niños dejarían de ser “pobres pobres”). La segunda, reducir la brecha educativa de los más pobres, invirtiendo en educación infantil (para que sea gratuita de 0 a 3 años), en becas y ayudas (comedores, libros, transporte) y luchando a fondo contra el fracaso escolar (donde España es líder en Europa). La tercera, cuidar la salud (física y psicológica) de las familias más pobres y sus hijos, sin restricciones en la atención médica a inmigrantes y reduciendo el pago de medicamentos. La cuarta, tomarse en serio el bienestar “subjetivo” de niños y adolescentes, elaborando un Barómetro anual sobre el bienestar de los menores de 18 años. Y la quinta, desarrollar indicadores de desigualdad en la infancia, también entre niños y niñas, estableciendo mecanismos de seguimiento y supervisión para corregir las mayores desigualdades.

Los niños y adolescentes pobres, en aumento, son nuestro mayor fracaso como país. Y más si estamos a la cabeza de Europa en desigualdad infantil. Algo hay que hacer ya, no sólo por ellos, por estos niños (que podrían ser los suyos), sino porque cuando sean mayores, la mayoría están también condenados a ser pobres. Urge ese Pacto por la infancia  que pide UNICEF y tomar medidas eficaces, sacando el dinero de debajo de las piedras (como se ha sacado para la banca, la extra de los funcionarios o la rebaja de impuestos a las empresas). No escondamos más la pobreza: hablemos de ella, “que nos de vergüenza” como personas y como españoles, y presionemos a los políticos para que busquen soluciones cuanto antes. Coméntelo por ahí. Y vote pensando en ello.

jueves, 9 de enero de 2014

Informe PISA: la desigualdad educativa empieza en casa


Vuelta a clase, a proseguir el cuarto curso de los recortes, con menos profesores, menos medios y menos becas y ayudas. Y a la espera de concretar con las autonomías la nueva Ley educativa, que entrará en vigor en septiembre de 2014. Todo ello, teniendo muy reciente el último Informe PISA, que sitúa a España en un nivel educativo similar al de 2003, aunque en línea con  Europa. Preocupa que haya más desigualdad educativa, sobre todo entre las autonomías. Y no se debe tanto a que los jóvenes estudien en un centro u otro como a su origen social, al nivel de vida y educación de su familia y a la región donde viven: las más pobres dan peores resultados educativos. Y con la crisis y los recortes, ha aumentado la brecha económica y educativa entre el norte y sur de España. Ojo: la desigualdad económica (entre familias y regiones) se traduce en desigualdad educativa. Educarse empieza en casa.
Del perfil de Facebook de Literatura Infantil y Juvenil SM

El informe PISA, que la OCDE realiza cada tres años en 65 países, no es un examen de los conocimientos de los jóvenes de 15 años (4º de la ESO) sino sobre cómo saben usar esos conocimientos, la destreza que demuestran. Los resultados de España son polémicos: para unos, son muy malos, porque estamos por debajo de la OCDE en Matemáticas (484 puntos frente a 494), Lectura (488 frente a 496) y Ciencias (496 frente a 501). Para otros, estamos muy cerca de la media europea (489 en Matemáticas y Lectura y 497 en Ciencias) y hemos mejorado respecto al informe 2009, sobre todo en Ciencias. Pero hay un hecho claro: tenemos casi la misma nota que en el primer Informe de 2003 (incluso un punto menos en Matemáticas) mientras España ha aumentado su presupuesto en educación en estos diez años (del 4,4 al 4,8% PIB), sin que mejoren los resultados PISA.

El otro tema preocupante que refleja el informe PISA es que España tiene un menor porcentaje de alumnos excelentes: sólo un 8% de jóvenes españoles están entre los que destacan frente al 12% en la OCDE. Tenemos los mismos en los niveles de notas bajas (23%) y muchos más estudiantes “medianillos” (69%). Y nos baja mucho la nota el tener muchos más repetidores (1 de cada 3 estudiantes repiten curso en España): tienen 150 puntos menos de media que el resto de alumnos evaluados.

España, hasta 2009, daba un buen resultado en el informe PISA sobre equidad: teníamos una educación bastante igualitaria, al nivel de los países nórdicos. Pero con la crisis y los recortes, nuestra educación se ha hecho más desigual: los hijos de familias con mayores ingresos superan (PISA 2012) a los de niveles más bajos en 34 puntos (en Matemáticas), ya muy cerca del nivel de desigualdad de la OCDE (39 puntos de diferencia). Y lo peor, según el último informe: más del  85% de las diferencias en el rendimiento en Matemáticas de los alumnos españoles “es atribuible a diferencias socioeconómicas”, frente al 47% en Italia, el 16% en Canadá o el 26% en Australia. O sea: dime el nivel de ingresos de tu familia y te diré cómo son tus notas. En general, con excepciones que confirman la regla.

Esta desigualdad  no se debe sólo al nivel de ingresos familiar, sino a otros factores que suelen ir unidos, como el nivel educativo de los padres, donde España tiene un gran retraso: sólo el 40% de los españoles entre 25 y 64 años tienen educación secundaria no obligatoria frente a un 62% de media en la OCDE. Y eso tiene muchas consecuencias. Por ejemplo, que el alumno tenga en casa menos de 10 libros o más de 200 explica una diferencia de nota de 124 puntos (PISA). Y lo mismo, disponer de mayores recursos para ir a guarderías (obtienen después mejores notas), tener clases particulares o más o menos refuerzo en casa. El informe PISA refleja también que los hijos de inmigrantes (que se han triplicado en los colegios españoles, hasta el 9% de los alumnos) han obtenido 150 puntos menos, de media.

Diferencias educativas según clase social y diferencias aún mayores entre autonomías, en perjuicio de las más pobres, del sur de España. Así, obtienen una nota por debajo de la media de España en el informe PISA 2012 (como en los anteriores) Extremadura (461 puntos en Matemáticas frente a 484 España), Murcia (462) y Andalucía (472), las tres con la menor renta per cápita de España, más Baleares (475 puntos, quizás por el peso del turismo, que fomenta el abandono escolar). Y sacan nota por encima de la media (y de la OCDE), Navarra (517 puntos en Matemáticas), País Vasco (505), Madrid (504), La Rioja (503) y Aragón (496), las cinco regiones con más renta per cápita junto a Cataluña (que saca peor nota por el tema de la lengua y la elevada inmigración). También Castilla y León (509 puntos), como fruto de sus planes de refuerzo, y Asturias (500 puntos).

La crisis económica y los recortes han agravado la brecha económica entre las autonomías, con mayores diferencias entre el sur, que cae más, y el norte: en 2012, las autonomías que más cayeron, según el INE fueron Castilla la Mancha (-3,1%, que no se incluyó en el informe PISA 2012), Extremadura (-2,8%), Andalucía y Asturias (-2,1%) y Murcia (-2%), otra vez las tres autonomías que sacan peor nota en el informe PISA. Una brecha escolar entre autonomías que será difícil de corregir en el futuro, aunque mucho pueden paliar sus políticas educativas (Andalucía ha mejorado más que la OCDE en el informe PISA 2012).

¿Qué se puede hacer para mejorar la nota PISA? El ministro Wert insiste en que los países que tienen mejores resultados son los que dan más autonomía a los centros educativos y los que hacen más evaluaciones externas, dos pilares de la nueva Ley de Educación (LOMCE). Pero los expertos dicen que esta Ley Wert y los recortes (que seguirán en 2014-2015), empeorarán las cosas. Primero, porque es falso que la Ley Wert dé más autonomía a los centros: quita poder a los Consejos escolares y refuerza a los directores nombrados por la Administración y no por sus compañeros. Además, refuerza el centralismo, ya que los temarios de las asignaturas importantes los fija el Ministerio. Y segundo, porque los recortes   (-7.300 millones entre 2010 y 2014) devalúan la  calidad de la enseñanza. Por un lado, porque han suprimido 21.800 profesores entre 2010 y 2013, además de reducir un 80% los cursos de formación del profesorado (los CAP y los CEP). Por otro, porque se ha reducido drásticamente la educación compensatoria (Plan PROA), las clases de refuerzo (-68%), claves para mejorar la nota de los rezagados. Y en tercer lugar, por la pérdida de becas (-600.000 sobre 2010) y ayudas a las familias (-1,1 millones menos de becas para libros, -30/-50% ayudas de comedor, becas transporte), claves para compensar el efecto de la desigualdad económica sobre la enseñanza.

Mejorar la educación no es sólo cuestión de dinero, de gastar más, aunque los recortes son claramente un suicidio. Hay que poner el foco en otros temas, a la vista del informe PISA. Primero, en los profesores: los países que  triunfan en educación  dan prioridad al profesorado, desde la selección (rigurosa) a la formación (aquí se recorta), los incentivos económicos por resultados y configurar una carrera profesional, más un mayor prestigio social. Segundo, dan mucha importancia a la autonomía real de los centros, para que configuren una educación  innovadora, más práctica (y menos “de memoria”, como en España). Y tercero, dan mucha importancia al papel de las familias y a una mayor responsabilidad de los alumnos: en Asia, que tiene cuatro países con las mejores notas en PISA (China, Singapur, Corea y Japón), los jóvenes estudian hasta 14 horas diarias y sus padres les exigen mucho y dan prioridad a invertir en su educación sobre otros gastos.  Y en todos los países líderes, la educación es un gran objetivo nacional, al margen de recortes y peleas políticas.

Son varios caminos sobre los que se podría ir avanzando en el terreno educativo, desde los colegios y sus profesores a las familias y los alumnos, siempre que haya un pacto político y social en favor de la educación, la clave de nuestro futuro. Pero sabiendo que si no reducimos la pobreza y la desigualdad, habrá dos Españas también en educación. Porque mucha de la nota que saquen nuestros hijos empieza en casa.