El 2º trimestre del año suele ser bueno para el empleo, por la Semana Santa (cayó en abril) y por los contratos previos al verano. Este año 2026, tras un primer trimestre donde cayó el empleo (-170.300), el 2º trimestre ha seguido la tradición y se han creado 486.000 nuevos empleos, según la EPA publicada este martes, algo menos que la primavera de 2025 (+503.000 empleos). Con ello, se afianza la recuperación del empleo iniciada en el verano de 2022, tras la pandemia, y la ocupación en España va camino de los 23 millones de personas: había 22.779.000 personas trabajando a finales de junio, la mayor cifra de ocupados de nuestra historia. Y 2.974.100 personas más trabajando que a finales de 2019.
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jueves, 30 de julio de 2026
EPA junio 2026: a por los 23 millones trabajando
Los recientes datos de empleo y paro confirman que la
economía española lleva 6 años creando empleo (hay 22,77 millones de
personas trabajando, casi 3 millones más que antes de la pandemia) y bajando
el paro, ahora por debajo del 10% (9,87%), algo que no
sucedía desde marzo de 2008, con 6 autonomías por debajo del 8%. El motor
de este pujante empleo es el fuerte crecimiento de la economía, empujado
por el consumo, el turismo, las exportaciones, los Fondos europeas y los
inmigrantes (ya hay 3,75 millones de extranjeros trabajando). Ahora se
espera alcanzar los 23 millones de ocupados este año y superar los 24
millones en 2029. Pero no podemos
“dormirnos en los laureles”, porque tenemos más paro y
menos empleo que Europa. Además, la incertidumbre internacional podría
reducir el crecimiento y el empleo. Urge estar vigilantes y preparar medidas
para fortalecer el empleo si hay problemas en los próximos meses. Hay que reciclar a los
parados de larga duración y reformar de una vez las oficinas de empleo, que
funcionan mal. Enrique Ortega
El 2º trimestre del año suele ser bueno para el empleo, por la Semana Santa (cayó en abril) y por los contratos previos al verano. Este año 2026, tras un primer trimestre donde cayó el empleo (-170.300), el 2º trimestre ha seguido la tradición y se han creado 486.000 nuevos empleos, según la EPA publicada este martes, algo menos que la primavera de 2025 (+503.000 empleos). Con ello, se afianza la recuperación del empleo iniciada en el verano de 2022, tras la pandemia, y la ocupación en España va camino de los 23 millones de personas: había 22.779.000 personas trabajando a finales de junio, la mayor cifra de ocupados de nuestra historia. Y 2.974.100 personas más trabajando que a finales de 2019.
Para valorar el carácter histórico de los 22,77 millones de
ocupados basta hacer un
repaso al empleo en los últimos 60 años: en 1965 había 12
millones de personas trabajando en España (12.024.150) y una cifra similar
a la muerte de Franco (12.857.720 en 1975), para caer después a un mínimo
histórico en 1985 (11.004.200 trabajando, por la reconversión industrial) y
remontar a finales de siglo (14.689.830 ocupados en 1999). A partir de
ahí, los ocupados crecen, hasta 16,6
millones en 2002, 18,9 millones en 2005 y se alcanza el máximo en
septiembre de 2007 (20.753.500 ocupados). Con la crisis financiera, el
empleo cae año tras año hasta alcanzar el
mínimo en diciembre de 2013 (17.135.200 ocupados). Luego se
recupera poco a poco, para cerrar 2019 con 19.966.900 trabajadores. Y la
pandemia hunde el empleo a otro mínimo en 2020 (18.607.300 ocupados en
junio). Pero a partir de este suelo, el empleo se recupera con fuerza y supera
los 20 millones en marzo de 2022 (20.084.799) y los 21 millones en junio
de 2023 (21.056.600), para superar ahora los 22,77 millones de trabajadores, 10
millones más de personas trabajando que hace 60 años.
En el 2º
trimestre, el aumento del empleo ha sido gracias a los servicios (+397.400 empleos), sobre todo la
hostelería y el turismo, pero también han creado empleo la construcción (+56.600) y la
industria (+38.200), cayendo
sólo en la agricultura (-6.200 empleos). El empleo se ha creado básicamente en el sector privado (+501.600 empleos)
y se ha perdido en el sector público (-15.600 empleos),
por el fin de contratos en enseñanza y sanidad, según la EPA de junio.
La creación de empleo se ha repartido casi por igual entre los hombres (+236.300 empleos) que entre las mujeres (+249.700).
Y ha sido porcentualmente mayor la creación de empleo entre los menores de
25 años (+120.500 empleos) y entre
los que tienen de 25 a 39 años (+201.200 empleos). Esta vez, la mayoría del
empleo creado ha sido para extranjeros (+356.300 empleos, por el efecto
de la regularización: ya hay 3.756.900 extranjeros
trabajando en España) y ocupados con doble nacionalidad (+102.100
empleos: hay 1.249.100 trabajando), creciendo menos el empleo de los españoles
(+143.800). Por autonomías, donde
más creció porcentualmente el empleo fue en Baleares (+108.000), aumentando mucho
en Cataluña (+130.800), Andalucía (+63.400) y Madrid (+62.100), cayendo sólo el
empleo en Canarias (-25.100) y Galicia (-6.100).
La importante mejora del empleo en el 2º trimestre (+486.000
empleos) no se traducido toda en una bajada
similar del paro (-213.300 parados),
porque en paralelo han aumentado los españoles activos,
las personas que buscan trabajo ahora: los
“activos” han aumentado en +272.700
personas, impidiendo bajar más las cifras del paro. Es un proceso que se ve
trimestre a trimestre (hay 452.500 personas más buscando trabajo que hace un
año). Y hay un récord histórico de adultos “activos” (trabajando y buscando trabajo): 25.274.300
activos, 2,11 millones más que antes de la pandemia
(23.158.800 “activos” a finales de 2019). Todo apunta a que seguiremos así, con
lo que en los próximos meses sucederá lo mismo que ahora: el paro bajará menos de lo que
sube el empleo.
El paro
ha bajado en el 2º trimestre (-213.300 parados) gracias a los servicios (-170.300
parados), por el tirón en el turismo, la hostelería y el comercio, y a
los que perdieron su primer empleo hace un año (-57.700 parados ahora), mientras
baja poco el paro en el campo (-22.400), la industria (-10.900) y
la construcción (-5.400), con 53.400 jóvenes que buscan su primer
empleo, según la EPA
de junio. El desempleo baja más entre las personas de 25 a 54 años (-185.100
parados), los de más de 55 años (-47.800) y los de 16 a 19 años (-33.700
parados), aumentando sólo entre los que tienen de 20 a 24 años (+33.700
parados). Y baja el doble el paro entre las mujeres (-145.400) que entre
los hombres (-67.900 parados), reduciéndose lo mismo entre españoles y con
doble nacionalidad (-106.600) que entre extranjeros (-106.600 parados). Por
autonomías, el paro baja porcentualmente más en Baleares (-47.400
parados), destacando la caída en Cataluña (-92.600 parados), Comunidad
Valenciana (-23.200), Galicia (-14.900) y País Vasco (-12.400 parados). Y el
paro sube sólo en Andalucía (+5.400), Murcia (+3.410), Asturias (+900) y Extremadura
(+600 parados).
La cifra total de parados EPA baja de los 2,5
millones (2.495.300 parados a
finales de junio 2025), algo que no pasaba desde junio de 2008 (2.385.700
parados) y que supone 2,5 veces menos de parados que en lo peor de la crisis
financiera (6.278.200
parados en marzo de 2013) Y la tasa de paro baja al 9,87%, según
la EPA, mucho más baja que antes de la pandemia (13,78% en 2019) y la menor
tasa de paro desde marzo
de 2008 (9,60%). Eso sí, todavía duplicamos la tasa de paro europea (6% en la UE-27 en junio) y casi triplicamos la alemana (3,9% de paro), según
Eurostat. También baja este trimestre la tasa de paro de los jóvenes
(menores 25 años), al 23,77% (15,5% en la UE-27).
Hay otros datos preocupantes del paro que también mejoran,
según
la EPA de junio. El primero, que hay 764.200 hogares con todos sus miembros
en paro, 32.700 hogares menos que hace un año. El segundo, que sólo 8 regiones tienen
una tasa de paro superior a la media (9,87%) : Ceuta (22.41% de paro), Melilla
(20,74%), Andalucía (14,56%), Extremadura
(13,22%), Castilla la Mancha (11,81%), Canarias (11,60%), Comunidad
Valenciana (10,88%) y Murcia (10,83% de paro). Y ya tenemos 11 autonomías
con una tasa de paro rozando el 8% e incluso por debajo (6,11% de paro
Baleares, 7,11% País Vasco, 7,34% Cantabria, 7,58% Madrid, 7,90% Cataluña y 7,94%
Galicia). Y el tercero, que bajan los parados de
larga duración, los que llevan más de 1 año sin encontrar trabajo: son 892.500
desempleados, el 35,7 % de todos los parados (eran el 38,8% hace un año).
Esto provoca que a muchos parados se les acabe el desempleo
y no cobren ya ningún subsidio, pasando a una situación de
pobreza extrema. En mayo de 2026, último
dato de Trabajo, cobraban alguna ayuda 1.686.936 desempleados: menos
de la mitad (47,28%) cobraban un subsidio contributivo (según lo cotizado) de 1.027,4
euros de media y el resto (52,72%) cobraban un subsidio asistencial de 480
euros. Así que sólo el 73,60 de los parados registrados en las oficinas de
empleo (2.291.982 en junio) cobran algún subsidio. Pero en realidad,
con los datos del paro estimado hoy (2495.300 parados), sólo cobran alguna
ayuda el 67,6% de los parados EPA (en
2019 cobraban el 61,5%).
Con todo, lo más positivo sigue siendo la mejor calidad
del empleo que se crea en España, tras la reforma laboral de 2022. Este
primer semestre, el
42,87% de los contratos firmados fueron indefinidos, un porcentaje similar
al de la primera mitad de 2025 (42,67%) y de 2024 (43,56% indefinidos), pero un
porcentaje muy superior a los de 2023 (38,7%), 2021 (10,9%) y la media de 2014
a 2020 (sólo entre el 6 y el 8% de los contratos eran indefinidos). Con ello,
ya hay 16.629.300
asalariados con contrato indefinido, el 84,9% del total,
frente al 74,61% de trabajadores fijos a finales de 2021, antes de la reforma
laboral). Lo que también crece son los contratos a tiempo parcial (por
horas o días), que aumentan (+22.600 en el último año) y superan los 3 millones
de asalariados (3.116.500 en junio), sobre todo por las mujeres (el 71,44% de
estos contratos), que trabajan a tiempo parcial porque no encuentran trabajos a
jornada completa o para cuidar a hijos y mayores.
Ahora, en 2026, el Gobierno y los expertos creen que España
seguirá creando empleo, más que el resto de Europa pero algo menos que
en 2025, porque creceremos algo menos (+2,6%, frente al +2,8% en 2025). El
último cuadro macroeconómico, aprobado
por el Gobierno el 29 de junio, prevé que crezcamos este año más de lo
esperado en abril (+0,4%), a pesar de los conflictos geopolíticos y los altos
precios de la energía, con lo que esperan que el empleo crezca en 2026 un +2,4%
(+539.119 nuevos empleos), algo menos que en 2025 (+605.400
empleos), pero más de los empleos creados en 2024 (+468.100 empleos).
Con ello, la previsión del Gobierno es alcanzar los 23 millones de personas
trabajando a finales de 2026 ( y una tasa de paro del 9,9%). Y esa
estimación prevé que el empleo siga creciendo (menos) en los años siguientes
para superar
los 24 millones de empleados en 2029 (4 millones más que en 2019),
con una tasa de paro entonces del 8,5%.
Los datos indican que estamos en el buen camino para lograr
ambos objetivos. Pero el Gobierno Sánchez no puede “lanzar las campanas
al vuelo” con el empleo y el paro, por dos razones. Una, porque
seguimos siendo el 2º país de Europa (tras Finlandia) con la mayor tasa de
paro: 9,87% en España frente al
5,9% en la UE-27 y el 4,9% en la
OCDE. Y la otra, porque la tasa de empleo en España es mucho más
baja que en Europa: en marzo de 2026, trabajaban el 72,7% de los que tienen entre 20
y 64 años, frente al 76,3% que trabajaban en Europa, el 75,2% en Francia o el
81,5% en Alemania, según Eurostat. A lo claro :que España tiene todavía
1,08 millones de personas menos trabajando que las que deberíamos tener
si fuéramos como la media europea. Y que trabajan 2,6 millones de españoles
menos de los que deberían trabajar si
tuviéramos la tasa de empleo de Alemania.
Ese es nuestro gran reto: reformar y modernizar la
economía para que ofrezca empleo a más gente (entre 1 y 2 millones más)
y eso permita reducir la tasa de paro “a niveles europeos” En eso deberíamos centrarnos a medio plazo,
sin regodearnos en los récords. Y eso implica tomar 2 medidas a corto
plazo, que exigen (¡ cómo no¡ ) un pacto político económico y social.
Una, aprobar un Plan de empleo, para fomentar la contratación de los
parados con más problemas para recolocarse : parados de larga
duración (el 35% de todos los parados llevan buscando empleo más de un
año), mayores de 55 años (son el 20% de los parados) y los parados con poca formación (el 46% de todos los parados
no tienen la 2ª etapa de la ESO o más). Eso exige planes de formación y
reciclaje para orientarles a los empleos que más se demandan e incentivos
a las empresas que los contraten.
Y la otra, reformar de verdad las oficinas de
empleo, porque están
colapsadas (se tarda días en conseguir una cita
previa para solicitar el subsidio) y además no ayudan a los parados a
recolocarse. Se han cumplido 3 años de la Ley de Empleo (entró en vigor el
2 de marzo de 2023) y no ha funcionado: ni se ha hecho un perfil de los parados
ni se les ayuda individualmente a colocarse. De hecho, las oficinas de empleo sólo
colocan al 1,9% de los parados y apenas un 10% de los desempleados hacen
cursos de formación (largos y poco útiles). Y en la web del SEPE sólo hay
registradas 93.395 empresas y 29.777 ofertas de empleo. Urge reforzar la
plantilla de la SEPE (que tiene 2.000 trabajadores menos de los que necesita),
mejorar su sistema informático (pésimo) y cambiar la operativa de estas
oficinas (gestionadas
de forma muy desigual según las autonomías), para que se dediquen menos a
tareas burocráticas y más a recolocar a los parados.
En definitiva, todos debemos alegrarnos porque siga
creciendo el empleo y haya 22,77 millones de personas trabajando en
España, 10 millones más que hace 60 años. Pero todavía trabaja
menos gente que en Europa (de los que están en edad de trabajar) y muchos
empleos son todavía precarios, demasiados a tiempo parcial y con bajos
salarios. Y, sobre todo, muchos empleos se concentran en los servicios, con
altibajos en las contrataciones, y todavía pocos en la industria, las empresas
tecnológicas y exportadoras, que ofrecen empleos más estables y mejor pagados.
Además, no podemos olvidar que hay
mucha incertidumbre en la economía mundial, por la geopolítica, las
guerras y los nuevos aranceles de Trump, situación que acabará perjudicando al
empleo. Así que habrá que estar vigilantes y dispuestos a tomar medidas
para salvar estos 22,77 millones de empleos y conseguir que sigan creciendo,
hasta esos 24 millones previstos para 2029. Debería ser nuestro gran
reto como país.
El 2º trimestre del año suele ser bueno para el empleo, por la Semana Santa (cayó en abril) y por los contratos previos al verano. Este año 2026, tras un primer trimestre donde cayó el empleo (-170.300), el 2º trimestre ha seguido la tradición y se han creado 486.000 nuevos empleos, según la EPA publicada este martes, algo menos que la primavera de 2025 (+503.000 empleos). Con ello, se afianza la recuperación del empleo iniciada en el verano de 2022, tras la pandemia, y la ocupación en España va camino de los 23 millones de personas: había 22.779.000 personas trabajando a finales de junio, la mayor cifra de ocupados de nuestra historia. Y 2.974.100 personas más trabajando que a finales de 2019.
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jueves, 7 de mayo de 2026
Demasiadas horas extras gratis
En el primer trimestre de 2026, los trabajadores hicieron 5,9
millones de horas extraordinarias a la semana y casi la mitad
las han hecho “gratis” (2,5 millones semanales). Este “abuso” de
muchas empresas supone una pérdida anual de 3.243 millones para los
trabajadores que no las cobran (2.468 millones) y para la Seguridad Social (775
millones perdidos en cotizaciones). Además, sin estas horas extras, podrían
crearse 160.000 empleos. El exceso de horas extras viene de lejos y aumentan las
no pagadas, aunque las empresas están obligadas al control horario desde 2019. Ahora,
Trabajo quiere imponer con un Reglamento (para evitar convalidar
un Decreto en el Congreso) el registro horario digital, al que tengan acceso
la inspección de trabajo y los sindicatos, pero la patronal se opone. Y
hay un dictamen desfavorable del Consejo de Estado, porque cree
que debe hacerse por Ley y dar más tiempo a las pymes para adaptarse. El vicepresidente
económico también quiere flexibilizar este control horario digital
y dar 1 año para aplicarlo (no 20 días). La batalla está en el seno del Gobierno.
En España hay una larga tradición de “hacer
horas extras”, como en toda la Europa del sur. Es una fórmula para
que los trabajadores “redondeen” sus ingresos (como el pluriempleo) y
las empresas se ahorren “costes” (sobre todo cotizaciones sociales), con
lo que ambas partes “colaboran” muchas veces en promoverlas. Eso aumenta,
de hecho, la jornada laboral efectiva. Así, la jornada media pactada
en 2025 (4º trimestre) era de 151,7 horas al mes (37,92 horas semanales),
según el INE, pero casi
la mitad de los ocupados trabajan más de 40 horas semanales efectivas: 9,33
millones (el 41,8% de los ocupados) trabajan de 40 a 49 horas
semanales y otros 1,20 millones (el 5,4% del total) trabajan incluso
más de 50 horas a la semana, según la EPA de
marzo. Los que trabajan jornadas más largas son los jóvenes (el 55% tienen
entre 25 y 34 años) y los empleados en hostelería, comercio, construcción y
algunas industrias, sobre todo en Madrid, Baleares, Canarias, Cantabria y
Galicia.
La jornada real de trabajo supera en muchos casos las 40
horas porque, tras los drásticos
recortes de plantillas entre 2009 y 2014, las empresas impusieron jornadas más
largas a los trabajadores (gracias a la reforma laboral de 2012), sobre todo
por el aumento de las ventas y el consumo tras la pandemia, obligando a hacer
más horas extras. En los años de bonanza económica se llegó al récord de
horas extras: 10,2 millones a la semana en el primer trimestre de 2008,
según el INE.
Pero luego estalló la crisis financiera y las empresas recortaron horas extras,
bajándolas a la mitad, hasta un mínimo de 4,5 millones de horas extras
semanales en el verano
de 2012. A partir de ahí, la reforma laboral aprobada por Rajoy
dio “amplios poderes” a los empresarios para fijar la jornada y las horas
extras, que empezaron a subir: 6,5 millones de horas extras semanales en
la primavera de 2015, 6,8 millones en el verano de 2018 y un récord de 7 millones de horas extras semanales a finales de 2024.
Eso sí, en 2025 bajaron a 6,67 millones en el 4º trimestre y han vuelto
a bajar a 5,89
millones en marzo de 2026, según la última EPA. Pero son casi tantas
como en 2019 (6 millones semanales).
Lo llamativo no es sólo el elevado número de horas
extras a la semana, sino que casi la mitad de las horas extras no se
pagan. Y que este porcentaje de horas “gratis” crece año tras año.
A finales de 2019 no se pagaban el 41,9% de las horas extras, concretamente 2.500.700
horas semanales que se hicieron gratis, según la EPA. Un
porcentaje de horas impagadas mayor que el de antes de la crisis, ya que en
2008 no se pagaban el 40% de las horas. Y su peso se ha mantenido
después de la pandemia, suponiendo las horas gratis el 41,4% de las horas
extras a finales de 2025 (2.767.300), aumentando su peso en el primer trimestre de
2026: 2.508.200 horas extras semanales gratis, el 42,5% del
total de horas extras.
En 2025, casi un millón de trabajadores (945.000, el
5% de todos los asalariados) hicieron horas extras, según este
informe de CCOO. Y de ellos, casi la mitad, 441.000 trabajadores
hicieron horas extras semanales gratis, cada uno una media de 5,6 horas
semanales sin cobrarlas. Esto supone un coste laboral no abonado por las
empresas de 141 euros semanales por trabajador, un “ahorro” de 7.355
euros anuales por trabajador entre salarios y cotizaciones. Eso supone,
según el
estudio de CCOO, que las horas extras hechas y no pagadas supusieron una
pérdida de 3.243 millones para los trabajadores (2.468 millones, por las
horas no cobradas) y para la Seguridad Social (775
millones en cotizaciones no cobradas). Pero lo más grave es que estas horas
extras hechas impidieron que las empresas contrataran más trabajadores: se
estima que si no se hicieran esas 2,5 millones de horas extras semanales,
las empresas necesitarían
contratar a 160.000 trabajadores a jornada completa (62.000 de ellos
serían los empleos que podrían crearse si no se hicieran horas extras gratis).
En el primer trimestre de 2026, de las 2,5 millones
de horas extras semanales gratis, más de la mitad las hicieron hombres
(1.451.100), siendo menos las hechas por mujeres (1.057.000). Por sectores, el mayor
número de horas extras se da en la sanidad (858.600 horas extras
semanales), la industria manufacturera (825.500), la educación
(634.500), el comercio (590.300), la hostelería (527.500), el
transporte y almacenamiento (403.300), las actividades profesionales,
científicas y técnicas (359.900), la Administración Pública (323.600), la
construcción (295.900), las actividades administrativas y auxiliares (270.600),
finanzas y seguros (265.300) y telecomunicaciones, informática y consultoría
(107.600 horas extras semanales).Pero si miramos los sectores que hacen más horas
extras gratis, el ranking cambia: lo lidera la educación
(504.800 horas extras semanales gratis, 4 veces las horas pagadas), seguida por
las actividades profesionales (296.100 horas extras gratis, 5 veces las
horas pagadas), la industria (283.500), el comercio (240.100),
finanzas y seguros (189.000) , hostelería (171.000), transportes (154.800) y
Administración Pública (151.400).
Si analizamos los sectores
con mayor porcentaje de trabajadores que hicieron horas
extras gratis en 2025, destacan el suministro de electricidad y
gas (el 5,6% de sus trabajadores hicieron horas extras no pagadas, frente
al 2,3% en el conjunto de España), finanzas y seguros (también el 5,6% de sus
plantillas), educación y actividades profesionales, científicas y técnicas (el
4,6% de los trabajadores en ambos) e información y comunicaciones (el 4% de las
plantillas). Si observamos por
autonomías, destacan las horas extras gratis en Madrid (el 3,4% de
trabajadores hacen 582.000 horas extras no pagadas a la semana), Asturias (3%),
País Vasco (2,8%), Cataluña (2,7% trabajadores hacen 495.000 horas
extras gratis a la semana) y la Comunidad Valenciana (2,6% de las plantillas
hacen 290.000 horas extras gratis).
Esta abultada cifra de horas extras, pagadas y gratis, se
mantiene elevada en los últimos años (aunque
bajó en 2025 y 2026), a pesar de que el Gobierno aprobó la obligación
a las empresas, desde el 12 de mayo de 2019, de llevar
un registro horario de la entrada y salida de sus trabajadores, medida
aprobada con el apoyo legal del Tribunal de Justicia europeo. Esa normativa, pactada
sólo con los sindicatos (la patronal se opuso) fue aprobada en el Congreso con
el apoyo del PSOE y Podemos, la abstención de Ciudadanos y el voto en contra
del PP. Obligaba
a las empresas a llevar un registro diario de cada jornada (que debe
guardarse 4 años), a disposición del trabajador, los sindicatos y la inspección
de Trabajo, con sanciones a las empresas incumplidoras de 626 hasta 6.250
euros.
Pasados 7 años, el exceso de horas extras (pagadas y
no pagadas) indica claramente que este
control horario no ha funcionado, como denuncian los sindicatos. De
hecho, el 35% de las pymes siguen haciendo el fichaje de cada jornada “a mano”
(sin control digital). Y 1 de cada 5 trabajadores afirma que en su
empresa no se ha implantado ningún control horario, según el informe IRSOS.
Por todo esto, el Gobierno quiso “endurecer el control horario”,
incluyéndolo primero en su proyecto
de Ley de reducción de la jornada a 37,5 horas, aprobado en mayo de
2025, tras pactarlo con los sindicatos y el rechazo de la patronal. Pero este
proyecto chocó con una enmienda a la totalidad de Junts, en junio de
2025, que triunfó
en el Parlamento en septiembre, apoyada por PP y Vox.
Cerrado el paso al control horario al decaer la Ley
que promovía las 37,5 horas, Trabajo puso en marcha un “Plan B”: aprobar
un Reglamento en febrero de 2026 (que no necesita ser convalidado
por el Congreso) para endurecer el control horario en las empresas, obligando
a que sea digital y con acceso inmediato a los sindicatos y la inspección de
trabajo, además de exigir que se detalle cómo se compensan las horas extras.
Eso sí, al no tratarse de una Ley, Trabajo retiró de este Reglamento el aumento
previsto de las sanciones a las empresas.
El problema con el que se ha encontrado Trabajo con
este Reglamento es que ha recibido críticas de los organismos a
los que se ha enviado, preceptivamente, antes de que se apruebe en Consejo de
Ministros. Por un lado, el
Consejo de Estado ha emitido el 23 de marzo un
informe desfavorable, en el que señala que la reforma debería
hacerse por Ley y donde critica la carga que supone para las pymes y la falta
de instrumentos para ayudarlas a implantarlo. También son críticos los informes
recibidos de los Ministerios de Economía y Transformación Digital, así como de
la Agencia de Protección de Datos. Y aunque los
sindicatos apoyan el refuerzo digital de la jornada (para frenar el
exceso de horas extras), la
patronal CEOE está en contra y amenaza con recurrirlo a los Tribunales,
apoyada por el informe del Consejo de Estado (que no es vinculante para el
Gobierno).
Ante este nuevo revés, Trabajo
señaló que seguirá adelante con el Reglamento de control
horario y que lo enviará “pronto” al Consejo de Ministros para su
aprobación. “Aunque sea lo último que haga, el registro horario se va a hacer”,
señaló
Yolanda Díaz en el Congreso el pasado 25 de marzo, recordando que forma
parte de los acuerdos del Gobierno de coalición firmado por el PSOE y Sumar en
2023. Pero hay otro problema ahora: la ministra de Trabajo tiene por
encima ahora al vicepresidente económico, Carlos Cuerpo, que ha sido
contrario tanto al recorte de jornada a 37,5 horas como al control horario que
defiende Trabajo. Y él tiene la llave de la Comisión Delegada que decide los
temas que van al Consejo de Ministros. Cuerpo está de acuerdo
en mejorar el control horario, pero
cree que hay que dar más tiempo a las empresas para implantarlo
(propone 1 año, frente a los 20 días de Trabajo, que ahora parece
dispuesta a ampliar a 6 meses) y además defiende medidas para ayudar a las
pymes a incorporar herramientas técnicas para adaptarse al control digital.
Mientras esta “pelea” por el registro horario
se aclara en el seno del Gobierno, las empresas afrontan el
aumento de la demanda y las ventas con muchas horas extras, que los
trabajadores hacen voluntariamente (las pagadas) o forzados (las no pagadas). Pero
estamos
ante un gran “fraude”, a los trabajadores y a la Seguridad Social,
que además reduce la creación de empleo. Por eso, es urgente aprobar un
control horario eficaz, que deje claro lo que son horas extras
necesarias y lo que son horas extras estructurales, que se hacen para
no contratar más. Es un reto de todo el país, porque aunque tenemos un
récord de ocupados (hemos
superado en abril los 22 millones de afiliados), todavía trabajan en
España menos gente que en la mayoría de Europa: tenemos un 72,4% de
adultos trabajando, frente al 76,1% en la UE-27 y el 81,8% en Alemania, según
Eurostat. A lo claro: tenemos 700.000 personas menos trabajando
que la media en Europa y 1.600.000 menos que Alemania. Con este hándicap,
es una tremenda injusticia que se hagan tantas horas extras.
Enrique Ortega
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jueves, 29 de enero de 2026
EPA 2025: más empleo y paro inferior al 10%
El empleo cerró 2025 con la creación de 605.400 nuevos
empleos, la 3ª mayor subida anual, tras
2021 (+840.600 empleos) y 2023 (+783.000). Y lo más llamativo: el
paro bajó del 10% (9,93%), la menor tasa desde marzo de 2008.
Además, el empleo es de calidad: el 84,86% de los asalariados tienen
ahora un contrato indefinido. Pero no podemos olvidar dos datos que
pesan como una losa: España es el país con más paro de Europa y la OCDE y
tenemos una baja tasa de empleo, por lo que necesitamos que trabajen otro
millón largo de españoles más. No podemos “dormirnos en los laureles”. Hay que
seguir modernizando la economía e invirtiendo para que trabaje más gente y baje
más el paro. Habría que aprobar dos medidas: un Plan de choque
para los parados mayores, mujeres, jóvenes y 6 regiones con alto paro y una reforma
a fondo de las oficinas de empleo, gestionadas por las autonomías y que no
funcionan. Pero ambas medidas exigen algo hoy imposible: acuerdos políticos. Enrique Ortega
Otro año más, las Navidades han sido buenas para el empleo, que creció en +76.200 personas en el 4º trimestre, algo más del doble que el año pasado (+34.800) y bastante mejor que en las Navidades de 2023 (-19.000 empleos) y 2022 (-81.900 empleos). Y como el resto del año fue bueno para el empleo, sobre todo la primavera (+503.300 empleos en el 2º trimestre), 2025 se cerró con 605.400 personas más trabajando en España, según la EPA publicada el martes. Es el tercer mejor año para el empleo desde la pandemia, tras los anteriores récords de 2021 (+840.600 ocupados) y 2023 (+783.000 ocupados). Con este nuevo aumento, ya trabajan en España 22.463.300 personas, otro récord histórico, que supera con creces el mejor dato de nuestra historia, las 20.646.000 personas que trabajaban en junio de 2008. Y desde antes de la pandemia (diciembre 2019), España ha creado ya casi 2,5 millones de nuevos empleos (+2.496.400 ocupados en estos 6 años).
En 2025, el aumento del empleo (+605.400 ocupados) se
ha dado más entre las mujeres (+306.200) que entre los hombres (+299.200),
concentrándose sobre todo en los mayores de 50 años (+383.300
empleos, el 63% del total) y entre los jóvenes (+275.400 empleos
entre los 20 y 29 años), cayendo sólo la ocupación entre 40 y 49 años (-45.100)
y entre los menores de 20 años (-8.300 ocupados). Un dato relevante
es el fuerte aumento porcentual del empleo entre los extranjeros (+257.900
empleos, +7,7%), aunque crece más numéricamente entre los
españoles (+341.700 empleos, +1,97%). Y con ello, el 15,91% de los
ocupados en España (3.575.900 trabajadores) tienen nacionalidad extranjera.
La mejora
del empleo en 2025 se ha debido casi toda al sector privado (+553.300
empleos) y apenas creció el empleo público (+50.100 ocupados). El motor del
empleo volvieron a ser los servicios (+369.900 empleos), sobre
todo por el turismo, la hostelería y el comercio, creciendo también en la
industria (+112.200), la construcción (+79.500) y en el campo
(+43.800 ocupados en agricultura). Por autonomías, el mayor aumento
porcentual del empleo se ha dado en Ceuta (+9,81%: +3.000 empleos), Murcia
(+5,89%: +39.600 empleos), Extremadura (+4,58%: +19.100 empleos) y Castilla la Mancha (+4,26%: +38.800
empleos), aunque en cantidad total, quienes crearon más empleo fueron Andalucía
(+138.400), Comunidad Valenciana (+98.800). Madrid (+78.800) y Cataluña (+57.300),
cayendo sólo en Melilla (-600 ocupados).
La mejora del empleo (+605.400) ha sido mayor que la bajada del paro,
que se ha reducido en -118.400 personas en todo 2025, menos que en 2024
(-265.300 parados) debido a que han vuelto a subir “los activos”,
las personas que se han “animado” a buscar trabajo (han crecido en +487.100),
alcanzando otro récord histórico (24.940.400 “activos”). Eso puede
deberse a una mayor entrada de extranjeros y a que hay más mujeres y jóvenes
que buscan ahora trabajo. Con todo, tenemos una cifra de parados de las más
bajas de nuestra historia: 2.477.100 parados a finales de 2025. Y la
tasa de paro baja del 10%, hasta
el 9,93%, la más baja desde 2008
(9,6% de paro en marzo), a años luz del paro disparado de 2013 (26,94% en marzo) aunque todavía lejos del “suelo” de junio de 2007
(cuando la tasa de paro era del 7,93%).
El paro en 2025 ha bajado más entre los hombres (-79.500)
que entre las mujeres (-38.800), también hay más paradas (1.323.800
frente a 1.153.300 parados) y tienen una mayor tasa de paro (11,24%
frente al 8,76% los hombres). Y el
paro ha bajado más entre los que tienen de 25 a 54 años (-87.700
parados, el 74% de la bajada total), bajando mucho menos entre los menores de
24 años (-39.700 parados) y subiendo entre 20 y 24 años (+13.100 parados). Con
ello, baja el paro entre los menores de 25 años (del 24,9 al 23%),
aunque sigue siendo altísimo y casi
duplica al paro juvenil en Europa (15,1% en la UE-27),
cuadruplicando el alemán (6,8%). El paro ha bajado sobre todo en
los servicios (-43.200 parados), entre los que perdieron su empleo hace
más de un año (-63.200 parados) y entre los que lo buscan por 1ª vez (-14.100
parados), también en el campo (-4.700 parados), subiendo en la industria
(+4.200 parados) y en la construcción (+2.600). Y destaca la bajada del
paro en Cantabria (-17,56%, -4.100 parados), Madrid (-17,45%,
-57.300), Murcia (-14,91%,-15.500) y Comunidad Valenciana (-14,12%, -47.100),
mientras subió el paro en 7 regiones, sobre todo en Canarias (+12.500),
Castilla la Mancha (+7.600) y Navarra (+5.600 parados), según
la EPA.
La histórica bajada del paro por debajo del
10% de los activos no puede hacernos olvidar que hay 6 regiones con
una tasa de paro muy superior: Melilla (23%), Ceuta (22,21%), Andalucía
(14,66%), Extremadura (13,42%), Canarias (12,63%) y Castilla la Mancha (12,05%
de paro), mientras hay otras 9 autonomías que tienen una tasa de paro
“casi europea” (6% es la tasa paro UE-27): Madrid (7,04%), País Vasco
(7,50%), Aragón (7,70%), Baleares (7,80%), La Rioja (8%), Navarra (8,10%),
Cataluña (8,24%), Galicia (8,26%) y Asturias (8,42% de paro), según
la EPA. Tampoco podemos olvidar que hay 772.300 hogares (el 3,9% del
total) con todos sus miembros en paro (aunque es la cifra más baja desde
2007).
Pero hay otros datos del paro que son muy
positivos. Uno, que ha subido el número de parados que reciben un
subsidio, tras la reforma del desempleo en 2024: son 1.838.267 beneficiarios,
el 76,31% de los parados registrados (eran el 61,53% en 2019) los que se benefician de alguna ayuda, según
Trabajo (869.966 cobran un subsidio contributivo que ya está en 1.029 euros
mensuales y el resto reciben un subsidio asistencial de 480 euros). Y otro, que siguen bajando los parados de larga
duración, quienes llevan más de un año sin encontrar trabajo: eran 900.800
parados a finales de 2025 (-98.900), el 36,36% de todos los parados, la mayoría
de ellos parados mayores de 45 años y mujeres (500.900).
Junto a la bajada histórica de la tasa de paro (al 9,93%), el otro gran
dato relevante de esta EPA 2025 es la calidad del empleo que tenemos, no
solamente que la cantidad (22.463.300 ocupados) sea récord. Así, gracias
a la reforma laboral (que entró en vigor en marzo de 2022), en 2025 no sólo
trabajó mucha más gente sino que sigue aumentando el número de asalariados
con contrato indefinido: eran 16.260.000
trabajadores, el 84,86% del total, cuando eran el 83,50% a
finales de 2023 (y el 74,6% a finales de 2021). Además, han subido
algo los ocupados a tiempo completo (del 86 al 86,24%) y bajan ligeramente
los trabajadores a tiempo parcial (del 14 al 13,75%), que superan
los 3 millones (de esos 3.089.000 empleos parciales, 2.250.000
los tienen mujeres).
Ahora, en 2026, el Gobierno y los expertos creen que España
seguirá creando empleo, más que el resto de Europa pero menos que en
2023 (+783.000), 2024 (+468.100) y 2025 (+605.400 empleos), porque creceremos
algo menos (+2,2%,
frente al +2,9% en 2025). La previsión
enviada por el Gobierno a Bruselas, en octubre de 2024, apostaba por crear
1,6 millones de empleos entre 2024 (+556.132 empleos, aunque realmente se han
creado +468.100), 2025 (548.645 empleos,
aunque se han creado 605.400) y 2026 (494.878 empleos), con el objetivo
de que España roce
los 23 millones de ocupados en 2026 (22.989.350) y baje su tasa de
paro del 10% en 2026 (ya conseguido en 2025).
Los datos de la EPA 2025 indican que estamos en el buen
camino para lograr ambos objetivos. Pero el Gobierno Sánchez no puede
“lanzar las campanas al vuelo” con el empleo y el paro, por dos
razones. Una, porque seguimos siendo el país de Europa y de la OCDE (36 paises)
con la mayor tasa de paro: 9,93% en España frente al 6%
en la UE-27 y el 4,8%
en la OCDE. Y la otra, porque la tasa de empleo en España es mucho más baja
que en Europa: a finales de 2024 trabajaban aquí el 71,4% de los que tienen
entre 20 y 64 años, frente al 75,8% que trabajaban en Europa, el 75,1% en
Francia o el 81,3% en Alemania, según
Eurostat. A lo claro :que España tiene 1,2 millones de personas menos
trabajando que las que deberíamos tener si fuéramos como la media europea.
Y que trabajan 2,5 millones de españoles menos de los trabajarían si tuviéramos
la tasa de empleo de Alemania.
Ese es nuestro gran reto como país: modernizar
la economía para que ofrezca empleo a más gente (entre 1 y 2 millones
más) y que eso permita reducir la tasa de paro “a niveles europeos”. En
eso deberíamos centrarnos a medio plazo, sin regodearnos en los récords. Y más
con un
contexto internacional tan incierto. Eso implica tomar 2
medidas a corto plazo, que exigen (¡ cómo no¡ ) un pacto político
económico y social. Una, aprobar un
Plan de empleo, para fomentar la contratación de parados mayores de 45
años, mujeres y jóvenes, sobre todo en esas 6 regiones con más paro que la
media, canalizando inversiones públicas y privadas e incentivos a las contrataciones.
En resumen, España crece y crea más empleo que el resto de
Europa, pero no podemos quedarnos en los récords. Seguimos con el
grave problema de fondo: trabaja menos gente y tenemos más paro que en
Europa. Ese debe ser el gran reto y el primer objetivo de todo lo que
hagamos, porque es la clave para mejorar el futuro. Y no podemos hacerlo sin
grandes acuerdos económicos, políticos y sociales, hoy imposibles.
Otro año más, las Navidades han sido buenas para el empleo, que creció en +76.200 personas en el 4º trimestre, algo más del doble que el año pasado (+34.800) y bastante mejor que en las Navidades de 2023 (-19.000 empleos) y 2022 (-81.900 empleos). Y como el resto del año fue bueno para el empleo, sobre todo la primavera (+503.300 empleos en el 2º trimestre), 2025 se cerró con 605.400 personas más trabajando en España, según la EPA publicada el martes. Es el tercer mejor año para el empleo desde la pandemia, tras los anteriores récords de 2021 (+840.600 ocupados) y 2023 (+783.000 ocupados). Con este nuevo aumento, ya trabajan en España 22.463.300 personas, otro récord histórico, que supera con creces el mejor dato de nuestra historia, las 20.646.000 personas que trabajaban en junio de 2008. Y desde antes de la pandemia (diciembre 2019), España ha creado ya casi 2,5 millones de nuevos empleos (+2.496.400 ocupados en estos 6 años).
Y la otra medida,
reformar
de verdad las oficinas de empleo, porque no ayudan a los parados a
recolocarse. Pronto van a cumplirse 3 años de la
Ley de Empleo (entró en vigor el 2 de marzo de 2023) y no ha
funcionado: ni se hace un perfil de los parados ni se les ayuda individualmente
a colocarse. De hecho, las oficinas de empleo colocan
a menos del 3% de los parados y apenas un 10% de los desempleados hacen
cursos de formación (largos y poco útiles). Y en la web del SEPE sólo hay
registradas 89.977 empresas y 28.977 ofertas de empleo. Urge cambiar la
operativa y dotar de medios a estas oficinas de empleo, gestionadas desigualmente
por las autonomías.
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lunes, 22 de diciembre de 2025
A por los últimos Fondos europeos
Una de las prioridades que se ha fijado el
presidente Sánchez para 2026 es recibir todos los Fondos europeos
pendientes, “sin perder un euro”. Y eso porque los Fondos se
acaban el 31 de agosto y España todavía debe recibir 25.000 millones
en subvenciones. Pero para conseguirlos, debe seguir aprobando reformas,
algo que el Gobierno tiene muy difícil con el veto de Junts en el
Parlamento. Por eso, ha aprobado un cambio
de estrategia, para agilizar la gestión
de estos Fondos y renegociar con Bruselas las reformas pendientes, renunciando
a algunas y flexibilizando otras, renunciando además a recibir la mayor parte
de los créditos europeos previstos (ahora que España se financia barato). Pero el
Gobierno no lo tiene fácil, porque en 2026 se acaba el plazo para gestionar
las ayudas, que si no se pierden. Y todos nos jugamos mucho en ello,
porque los Fondos europeos han sido uno
de los motores del crecimiento y del empleo de España desde 2021. Habría que pactar
para no perderlos. Enrique Ortega
Empecemos recordando el origen y la evolución de estos Fondos europeos. En la madrugada del 21 de julio de 2020, en plena pandemia, los líderes europeos aprobaban por unanimidad el Plan de Recuperación, dotado con 750.000 millones de euros hasta 2026, para que Europa superara la nueva crisis y afrontara los retos energético y digital, con subvenciones y créditos europeos. Si en la crisis financiera de 2010-2014, Merkel y el resto de líderes europeos afrontaron los problemas con ajustes y recortes, sobre todo para los paises del sur, en esta ocasión se optó por el camino contrario: reanimar la economía con fondos europeos (y con emisión de deuda de los 27, algo “prohibido” antes) y aprovechar la nueva crisis provocada por la COVID-19 para modernizar la economía europea y ayudar a los paises a invertir en la reconversión energética y digital de sus economías.
España fue el primer país europeo en aprobar un
Plan de Recuperación, el
27 de abril de 2021, para optar a las ayudas y créditos del
Fondo “Next Generation EU”, unos 140.000 millones inicialmente
adjudicados a España (70.000 en subvenciones a fondo perdido y 70.000 en
créditos con bajo interés), con 4
objetivos básicos: la transición energética, la
digitalización de la economía, las reformas económicas necesarias y la
reducción de desigualdades regionales, sociales y de género. El Gobierno
Sánchez envió el Plan a Bruselas el 30 de abril y un mes y medio después, el
16 de junio de 2021 lo
aprobó la Comisión Europea (fue el primer Plan nacional aprobado),
siendo ratificado por los ministros de Economía de la UE, el 13 de julio de
2021, “con la máxima calificación”.
A partir de ahí, el Plan de Recuperación empezó a andar
y enseguida llegaron los primeros Fondos europeos: el 17 de agosto de 2021, el
Tesoro español recibió la
primera transferencia de la UE: 9.036 millones en concepto de “prefinanciación”.
A partir de ahí, se establecían 8 desembolsos oficiales, 8 entregas
de Fondos europeos hasta agosto de 2026, que se irían abonando a medida que
España justificara a la Comisión Europea que se habían hecho las reformas e
inversiones exigidas. Había que “sudar” para recibir cada entrega…
El primer
desembolso oficial condicionado (tras el anticipo de agosto) llegó el 27
de diciembre de 2021: 10.000 millones de euros, recibidos tras
confirmar la Comisión que España había cumplido 52 hitos y reformas,
entre ellas la Ley de Cambio Climático, la mejora de la conectividad, el Plan
de Ciencia, la modernización de la Administración Pública y los Planes para la
igualdad retributiva de hombres y mujeres. Además, España tuvo que aceptar y
firmar antes, en noviembre de 2021, el Reglamento de concesión de los Fondos
europeos aprobado por la Comisión, una exigente “hoja de ruta” para asegurar su
buen funcionamiento.
España siguió con su calendario de reformas e inversiones y el
27 de junio de 2022, la Comisión Europea aprobó un 2º desembolso oficial a España: otros
12.000 millones de euros de subvención, recibidos tras cumplir 40
hitos, entre ellos la reforma laboral, la 1ª fase de la reforma de las
pensiones, la estrategia de movilidad sostenible, la hoja de ruta de la eólica
marina, la Carta de Derechos Digitales, la Ley Riders (repartidores), las
medidas fiscales para el despliegue de la Red 5-G, la modernización de la Agencia
Tributaria, el Plan de acción para la Atención Primaria y la Ley de la Cadena
Alimentaria.
Ya en 2023, el 17 de febrero, la Comisión Europea
autorizó el
tercer desembolso condicionado para España: 6.000
millones de euros, que llegaron el 28 de marzo, tras confirmarse que España
había cumplido otros 29 hitos y objetivos en 2022, entre ellos la Ley
Concursal, la Ley de Formación Profesional, la reforma de la cotización de
autónomos y la Ley de medidas contra el fraude fiscal. Esta vez, la
luz verde al tercer pago costó más, porque España tuvo que convencer a la
Comisión de los cambios en el sistema de control y auditoría implantados para
cumplir con los estándares de vigilancia europeos, una
herramienta llamada CoFFEE, perfilada por Economía y Hacienda.
Y en pleno verano, el 26 de julio de 2024, España
recibió el 4º pago condicionado, de 9.883 millones de euros, tras
confirmar Bruselas que había cumplidos 61 hitos y objetivos más, en la
transformación digital, la transición energética, pensiones, educación,
tratamiento de aguas, digitalización de servicios públicos y cooperación
internacional.
El 5º pago de los Fondos europeos fue el
que más tardó en llegar, el 8 de agosto de 2025, aunque fue el de mayor
importe: 23.100 millones de euros, 7.100 millones en subvenciones y 16.000
millones en créditos, tras haber solicitado España (en
las Navidades de 2022, con retraso respecto a otros paises) recibir también
créditos europeos a bajo interés, también a cambio de reformas. Esta 5ª entrega
fue además la primera en que España
recibió menos de lo previsto (iban a ser 25.000 millones), por no haber
conseguido aprobar la mayor fiscalidad del diesel (vetada
en el Congreso por el PP, Vox, UPN y Podemos) y por diferencias en las
compensaciones a los trabajadores públicos eventuales.
Tras estos 5 pagos, España ha recibido ya casi 48.000
millones de subvenciones (47.943 millones), el 60% del importe total
adjudicado (79.854 millones, el mayor importe a fondo perdido, por delante de
Italia) y 16.000 millones en créditos, el 19,2% del total de préstamos a
bajo interés previstos (83.000 millones). Unos Fondos europeos recibidos a
cambio de cumplir 264 hitos y objetivos, de los que sólo quedaron
pendientes la subida de la fiscalidad del diesel (no han ampliado el plazo
hasta finales de marzo de 2026), la reforma de la temporalidad del empleo
público y la digitalización de las entidades locales.
La mayor parte de este dinero europeo recibido estos 5 años
ha sido ya adjudicado y está en vías de invertirse. A finales de septiembre de
2025, este era el
balance publicado por el Gobierno: 79.854 millones asignados y
convocatorias de proyectos resueltas por 58.787 millones de euros, el 69,7%
del dinero recibido. El dinero asignado ha beneficiado a 1.294.037
adjudicatarios, la mayoría microempresas (41,4%) y grandes empresas (27,1%), UTEs
(15,3%(, fundaciones (11,5%) y hogares /4,7%). Y estos Fondos europeos se han repartido
por autonomías, recibiendo algo más de la mitad entre Madrid (9.018
millones), Cataluña (8.826), Andalucía (7.011), Comunidad Valenciana (5.084),
Castilla y León (4.179), Galicia (3.764), País Vasco (3.539) y Aragón (3.251
millones).
Ahora, quedan
todavía tres o cuatro pagos pendientes, pero queda poco
tiempo, porque los proyectos que opten a los Fondos europeos deben estar
aprobados antes del 31 de agosto de 2026. Así que España (y el resto de
paises europeos) vamos contra reloj, porque el dinero que no se consiga antes
de esa fecha se pierde. Por eso, la Comisión Europea lanzó una alerta en junio
pasado, aprobando una Comunicación (”Next
Generation EU. Camino a 2026”) en la que pedía a los paises miembros “revisar
sus Planes para simplificar procedimientos y maximizar la absorción de Fondos
europeos”, porque el
proceso va lento, según los datos disponibles: en subvenciones a fondo
perdido, la Comisión ha desembolsado 231.200 millones de los 291.000 previstos;
y en créditos, se han concedido 145.700 de 359.000 millones previstos.
A raíz de este toque de atención, el Gobierno ha
trabajado en un reajuste de su estrategia de gestión de los Fondos
europeos. Pero además, ha tratado de “hacer de la necesidad virtud”,
dado que tiene un problema adicional: hay muchas reformas pendientes, que
exige Bruselas para los siguientes pagos, y que están paralizadas en el
Parlamento, por el veto de Junts y la dificultad de pactar reformas
con Podemos. Así que el Gobierno ha aprovechado para aprobar cambios que
agilicen la gestión de Fondos y traten de superar los vetos legislativos. Esos
son los objetivos de la “Adenda
de Simplificación del Plan de Recuperación”, aprobada por el
Consejo de Ministros el 9 de diciembre. Veamos su contenido.
Por un lado, la
Adenda pretende agilizar los procesos de verificación y
ejecución de los proyectos vinculados a Fondos europeos, para reducir burocracia.
Por otro, se busca reforzar las prioridades estratégicas,
fortaleciendo los programas relacionados con la supercomputación y la
descarbonización. En tercer lugar, se mantiene el objetivo de solicitar todas
las subvenciones pendientes, pero se renuncia a una parte de los créditos
adjudicados: en lugar de llegar a los 83.000 millones de créditos previstos,
se van a solicitar sólo 22.800 millones, por dos razones. Una, porque España
se financia ahora barato en los mercados, casi al tipo que nos ofrece
Bruselas (al 3,22% a 10 años, cuando los créditos de Bruselas son al 3,13%). Y
la otra, porque al renunciar a estos créditos, España ya no tendrá que
afrontar las reformas que llevan aparejados y que tanto le cuesta al Gobierno
aprobar en el Parlamento.
Pero hay más
cambios. El principal, que
se modifica el calendario pendiente de reformas: 100 hitos
pendientes se abandonan, otros 160 hitos se modifican y quedan pendientes 230
hitos que se esperan cumplir, algunos cambiando Leyes por reformas que no precisen
ser convalidadas en el Parlamento, algo que el Gobierno deberá ir pactando con
la Comisión Europea. El objetivo está claro, en
palabras del propio Pedro Sánchez: “no vamos a perder ni un euro”
de las subvenciones europeas pendientes.
El objetivo es entonces recibir los 24.811 millones de
subvenciones pendientes a lo largo de 2026 y también los 6.800 millones
de créditos pendientes (menos imprescindibles), en
tres o cuatro pagos, condicionados a la aprobación
de múltiples reformas, algunas de ellas estancadas en el Parlamento y
otras pendientes de aprobar por el Gobierno: Ley del Cine, Ley de la Industria,
Ley de Universalidad del Sistema Nacional de Salud (SNS), Ley del Medicamento,
el nuevo marco del personal estatutario del SNS, la Ley de ordenación profesional
en el ámbito del Deporte, la Ley de Familia, la Ley para regular los lobbies,
la Ley de protección de la Competencia (“Ley de OPAS”), la revisión de los beneficios
fiscales del sistema tributario o el régimen sancionador de la pesca marítima.
Esta aprobación de la Adenda por Bruselas es un alivio para el Gobierno cara al tramo final del Plan de Recuperación. Pero sigue ahí el meollo de la cuestión: o España aprueba
nuevas reformas que convenzan a la Comisión Europea o no
recibiremos los 25.000 millones de Fondos que faltan (ni los 6.800
millones de créditos). Por eso, Pedro Sánchez comentó
a los periodistas, en los corrillos de la copa de Navidad en Moncloa, que “la
amnistía y los Fondos europeos serán los grandes hitos de 2026”, en lo que
se va a volcar el presidente, que buscará desesperadamente “abrir una ventana
con Junts” el año próximo. Todo indica que su gran prioridad será recibir esos
25.000 millones de Fondos europeos, “no perder ni un euro”. Y eso pasa por dos
cosas. Una, mantener el Gobierno hasta finales de agosto (unas
elecciones anticipadas, con los meses de interregno, supondrían perder esos
Fondos). Y la otra, conseguir sacar adelante la mayor parte de las reformas
exigidas, lo que obliga a pactar con Junts.
El panorama es muy difícil, pero conseguir esos
últimos Fondos europeos es clave para seguir creciendo y para
mantener la inversión y el empleo en muchos sectores y empresas. Quizás
no nos demos cuenta, pero los Fondos Europeos han sido uno de los motores del
crecimiento español desde 2022 a 2024: han
aportado un 2,4% de todo el crecimiento del PIB en esos tres años
(12,4%). A lo claro: que 1 de cada 5 euros producidos han sido gracias
a los Fondos europeos. Y su efecto inercial seguirá en el futuro: se
estima que hasta 2031 aportarán un crecimiento extra del PIB del 3,4%.
Así que nos jugamos mucho como país en recibir
estos Fondos europeos que faltan, 31.800 millones (subvenciones y créditos) de
los 103.000
millones previstos entre 2021 y 2026. Pero para no perderlos, España tiene
que hacer una serie de reformas económicas que exige Bruselas. El dilema
es claro: o se pactan estas reformas como sea o ese dinero se pierde (y
con él, inversiones y empleos claves para el futuro). Y tenemos un plazo para
acordar: el 31 de agosto de 2026. Ahora o nunca. No parece que los
políticos lo entiendan.
Empecemos recordando el origen y la evolución de estos Fondos europeos. En la madrugada del 21 de julio de 2020, en plena pandemia, los líderes europeos aprobaban por unanimidad el Plan de Recuperación, dotado con 750.000 millones de euros hasta 2026, para que Europa superara la nueva crisis y afrontara los retos energético y digital, con subvenciones y créditos europeos. Si en la crisis financiera de 2010-2014, Merkel y el resto de líderes europeos afrontaron los problemas con ajustes y recortes, sobre todo para los paises del sur, en esta ocasión se optó por el camino contrario: reanimar la economía con fondos europeos (y con emisión de deuda de los 27, algo “prohibido” antes) y aprovechar la nueva crisis provocada por la COVID-19 para modernizar la economía europea y ayudar a los paises a invertir en la reconversión energética y digital de sus economías.
De momento, la Comisión Europea aprobó el pasado miércoles esta Adenda de España, dando el visto bueno a la revisión de 160 reformas previstas y la eliminación de 17 reformas con rango de Ley, entre ellas la Ley de regulación de lobbies, la Ley de movilidad sostenible, la Ley del mercado de valores y la equiparación fiscal del diesel y la gasolina. También desaparece la obligación de aprobar la Ley del cine y la Ley de modificación de la pesca, aunque el Gobierno intentará aprobarlas igual. Y en el caso de otras 5 Leyes, se ha acordado sustituirlas por otras normas "de similar ambición.
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jueves, 4 de diciembre de 2025
Los "boomers" no somos unos privilegiados
Se ha puesto de moda entre la derecha, expertos neoliberales
y sus medios afines defender que los “boomers” (mayores 61 años) son
unos “privilegiados”, porque tienen vivienda, patrimonio y “buenas
pensiones”, en perjuicio de sus nietos (“Generación X”: 20-24 años) y
sus hijos (“Millenials”: 25-44 años), que viven peor que ellos.
Plantean un “conflicto generacional” y proponen recortar el
gasto en pensiones para ayudar a los jóvenes. Es un falso debate.
Primero, porque los mayores no somos unos “privilegiados”: muchos
están en paro, sin encontrar empleo a partir de los 50 y sin poder jubilarse,
con la mitad de las pensiones por debajo del salario mínimo y con una
larga vejez donde faltan ayudas a la Dependencia. Pero sobre todo, porque los
mayores han cotizado y ahorrado durante décadas para tener casa y pensión. Y la
grave situación de los jóvenes no se arregla recortando pensiones, sino
volcándose en su educación y formación, en políticas activas de empleo y en promover
viviendas. La “guerra generacional” entre jóvenes y mayores es una falsa solución. Mayores 60 años: EREs, paro larga duración, pensiones bajas y pocas ayudas dependencia
Empecemos por saber cuántos “mayores” (no hay por qué usar el anglicismo “boomers”) hay en España. En el último Censo (1 octubre 2025) se contabilizan 13.380.282 habitantes con 60 y más años, el 27.06% de la población total (49.442.844). De ellos, 3.382.103 tienen entre 60 y 64 años, 2.915.361 con 65 a 69 años y los 7.082.818 habitantes restantes tienen entre 70 y más años (19.491 personas con 100 años o más), según el INE. Esta cifra de “mayores” supone un fuerte aumento desde principios de siglo, por el progresivo envejecimiento de la población en España: en el año 2.000 había 8.766.511 mayores (60 años y más), el 21,64% de la población, pasando a 11.079.928 mayores en 2015 (el 23,76%) y los 13.380.282 de ahora, 4,6 millones más de mayores que al inicio del siglo.
De estos 13,38 millones de mayores (60 y más), la
mayoría están hoy “inactivos” (ni trabajan ni buscan trabajo):
son 11.074.000 mayores inactivos, según
la EPA, básicamente personas mayores de 65 años (los inactivos de 60 a 64
años son sólo 1,26 millones). Pero hay 2,5 millones de mayores que trabajan
o están en paro, sobre todo entre 60 y 70 años (con más de 70 años hay casi
70.000 mayores “ocupados”, según la EPA).
En total, hay 2.208.900 mayores
(60 y más) trabajando, algo menos del 10% (9,86%) del total de ocupados
en España: 1,780.600 trabajan con 60 a 64 años, 358.900 con 65 a 69 años y 69.400
trabajan con 70 años y más. Con todo, su tasa de empleo (ocupados/activos)
es baja: trabajan el 26,8% de los activos, la mitad que en el conjunto
del país (66,82% de tasa de empleo). Sin embargo, el empleo de los mayores
ha aumentado más tras la pandemia (+1.201.900 empleos creados desde 2019 entre
mayores de 55 años) que entre los menores de 30 años (+701.800 empleos para
jóvenes de 16 a 29 años), según la EPA,
debido a que los mayores se han lanzado más a buscar trabajo estos años, sobre
todo las mujeres.
Estos trabajadores “mayores” tienen salarios más
altos, salvo los que han encontrado trabajo en los últimos años (peor
pagados), porque cobran más de antigüedad y pluses varios que los jóvenes.
Trabajan sobre todo en los servicios
(3.716.500 mayores de 55 años) y la industria (576.100), menos en la
construcción (335.530) y la agricultura (198.400). Y son mayoritariamente asalariados
(72,7% de los trabajadores con 60 años y más), aunque hay bastantes autónomos
(24%).Su salario medio mensual era de 2.680 euros brutos en 2024, un 12,36%
más que la media (2.385,6 euros) y un 25% más que el sueldo medio de los
jóvenes de 25 a 34 años (2.131 euros), según el Decil
de salarios de la EPA (INE).
Un problema de tener salarios más altos es que los
trabajadores mayores suelen ser los primeros que pierden su empleo
cuando la empresa ajusta plantillas. Así, en las dos últimas décadas, más de 1
millón de trabajadores mayores (+55 años) han sido “prejubilados”
en múltiples EREs. En el último, de
Telefónica, se plantea “prejubilar” a 5.040 trabajadores mayores
de 55 años (de los 6.088 despidos que contempla el ERE). La estrategia
de las empresas estos años ha sido clara: despedir a los
trabajadores mayores y sustituirlos por jóvenes que cobran mucho menos. Eso
hace que los trabajadores mayores (esos 2,2 millones que trabajan con más de 60
años) se sientan “muy vulnerables”, tras décadas de trabajo,
aunque sus sueldos sean más altos que los de los jóvenes.
Y por eso, muchos mayores están en paro,
concretamente 232.700 parados con 60 años o más (209.600 entre 60 y 64 años y
23.100 entre 65 y 69 años), según la EPA del
tercer trimestre, aunque en realidad son 510.000 los parados con más de
55 años, una edad a la que ya resulta muy difícil encontrar trabajo. El
problema de los parados mayores es que muchos tienen poca formación (el
53,8% de los parados mayores de 55 años no tienen acabada la ESO) y dificultades para
adaptarse a las nuevas tecnologías. Pero además, las empresas sufren un alto
nivel de “edadismo”, de rechazo
a contratar mayores de 55 años (y con más de 60 es “imposible”), con lo
que 7 de cada 10 parados mayores de 55 años piensan que "ya no volverán nunca a trabajar”,
según
una Encuesta de Adecco.
Esto se traduce en que los parados mayores llevan años
en el paro, según
la EPA: el 61% de los parados de 60 a 64 años llevan más de un año en paro
(son 127.700 parados) y lo mismo el 55% de los parados de 65 a 69 años (son
12.700). Y eso supone que a la mayoría se les ha acabado el paro “contributivo”
(el que les corresponde por lo que han cotizado) y tienen
que malvivir con el paro “asistencial” para mayores de 52
años (480 euros al mes) hasta que se jubilen (si cumplen las
condiciones para cobrarlo). La consecuencia es que más de un tercio de
los parados que cobran subsidio asistencial (480 euros) son mayores de 60 años:
265.514
parados en octubre, el 34,5% del total. Estos mayores parados son el
grupo más numeroso que cobra este paro asistencial y se han duplicado
desde 2013 (entonces cobraban este subsidio la mitad de mayores en paro, 125.647).
Así que los mayores que están en paro cobran
esos 480 euros hasta que pueden jubilarse. Y eso se les ha puesto más difícil
en los últimos años, porque los distintos Gobiernos han penalizado la
jubilación anticipada (hasta un 21% menos de pensión si se adelanta dos
años: ver
cuadro) . En consecuencia, estos mayores parados han de esperar hasta los
65 años para jubilarse o hasta los 66 años y 8 meses (si han cotizado menos de
38 años y 3 meses).
Y cuando los mayores se jubilan, su pensión tampoco
es tan elevada, a pesar de que los defensores del “conflicto generacional” hacen
demagogia con que las nuevas
pensiones de jubilación son ya de 1.626 euros (media noviembre 2025),
casi tanto como el salario mediano (2.001,4 euros en 2024,según el INE)
y más que el salario medio bruto de los jóvenes menores de 24 años (1.372,8
euros brutos). Pero utilizar sólo este dato es hacer demagogia, porque la
mayoría de las pensiones son mucho más bajas. Veámoslo.
A 1 de noviembre, la Seguridad Social pagó 10.420.231
pensiones y la pensión media fue de 1.316,69 euros mensuales. Pero
casi la mitad de todas las pensiones (el 48,77%) fueron menores de
1.000 euros y el 58,52% fueron menores al salario mínimo (SMI: 1.184 euros
en 2025). En cuanto a las pensiones
de jubilación, el 38,83% fueron inferiores a los 1.000 euros y casi
la mitad (49,22%) fueron menores que el SMI. Y las pensiones de viudedad son mucho más bajas: un 66,5% de las que se pagan son menores de 1.000
euros y las tres cuartas partes (74,3%) están por debajo del SMI. Así que “pensiones
de lujo” nada…
Si hablamos de pensionistas
en vez de pensiones, hay 9.425.383 mayores que las cobran hoy (1 millón
más que hace 10 años), una media de 1.455,67 euros por pensionista
(1.633,04 euros los hombres y 1.275,05 las mujeres), según la Seguridad Social.
Y de nuevo, los datos son explícitos: la mitad de los pensionistas (el
50,51%) cobran menos del SMI (menos de 1.184 euros/mes) y otro 47,31%
cobran entre el SMI y la pensión máxima (3.267,60 euros/mes), que sólo cobran
hoy 207.045 pensionistas. Además, este porcentaje de bajas pensiones
aumenta entre las
mujeres (el 60,45% de las pensionistas cobran menos del SMI) y en
algunas regiones: Andalucía (61% pensionistas cobran menos del SMI), Canarias
(60,7%), Castilla la Mancha (60,6%) y Galicia (60,5%).
Con estas pensiones tan bajas (ojo: 1
millón de pensionistas cobran menos de 500 euros), no es extraño que muchos
mayores malvivan, sobre todo porque gastan porcentualmente
más en alimentación, sanidad y vivienda que la mayoría. De hecho, los hogares
unipersonales de mayores (la mayoría, viudas que viven solas)
tienen una de las tasas de pobreza más elevadas, el
25,8% (frente al 19,7% de tasa media de pobreza en España y el 16,9%
entre los mayores de 60 años). Y aunque la mayoría de mayores tienen la
vivienda en propiedad (el 88,6%, frente
al 30% los jóvenes de 18 a 34 años), fruto de haberla comprado hace décadas
con mejores precios y condiciones que ahora, hay un 7,5% de mayores que
viven de alquiler y muchos de ellos se ven forzados al desahucio
por las tremendas subidas que algunos propietarios y Fondos quieren aplicarles
a sus antiguos alquileres. Así que no todos los mayores tienen patrimonio,
ahorros e inversiones, que por otro lado son fruto de una vida de
trabajo y de unas condiciones laborales mejores que las actuales. Además, muchos
mayores utilizan sus ingresos y ahorros para ayudar a sus hijos a llegar
a fin de mes: lo hacen el
37% de los mayores en España y más
de la mitad en Madrid.
Pero los problemas de los mayores no terminan con su
jubilación, mayoritariamente escasa. A partir de los 70 años, empeora
su salud y eso aumenta sus gastos sanitarios, tanto en seguros médicos
privados como en medicinas que no cubre el sistema (la “pobreza
farmacéutica” afecta ya a 1.200.000 españoles que han tenido que dejar
de tomar algún medicamento, porque no pueden pagarlo, muchos de ellos mayores).
Y estos problemas de salud se agravan a partir de los 85 años, edad con la que
la mitad de los mayores tiene enfermedades crónicas (según
un informe de FEDEA) o no pueden valerse por sí mismos, son dependientes,
lo que implica un gasto adicional para ellos y sus familias.
Precisamente, la dependencia de muchos mayores
(el 10,9% presentan limitaciones graves para realizar sus actividades
cotidianas) choca con la falta
de recursos de la atención a la dependencia en España, que cumple 19 años en enero
de 2026, tras atender a unos 4 millones de dependientes. Actualmente hay 1.750.070
españoles en situación de dependencia reconocida (la gran
mayoría mayores), aunque sólo 1.595.451 reciben alguna prestación: la mayoría
una ayuda económica mínima (de 171 a 385 euros/mes), bastantes teleasistencia y ayuda a domicilio (ojo: 38 horas al mes) y pocas para
residencias (560 euros mes, un tercio de lo que cuestan). Y lo peor: hay
284.020 dependientes en lista de espera (para ser valorados o recibir ayudas) y como muchos dependientes tienen más de 80 años, bastantes
mueren antes de recibir la ayuda: 25.060 han muerto así
este año.
Tras este panorama, desde los mayores que trabajan o están
en paro a los que cobran una pensión o son dependientes, no creo que pueda
decirse que los mayores estén en una situación “privilegiada”. Y menos que
hay que recortarles pensiones o ayudas, como defienden “expertos” neoliberales
o la
propia OCDE. España va a ser cada vez un país más envejecido y en
2050, un
30% de la población tendrá más de 65 años, lo que aumentará el gasto en
sanidad, pensiones y dependencia, hoy escasas de medios y recursos.
Mientras, también es evidente es que los jóvenes
españoles pasan por una mala situación (ver
Blog lunes), tras sufrir tres crisis económicas consecutivas (la financiera
de 2008-2010, la pandemia y la hiperinflación de 2022-23 por la guerra de
Ucrania). Y a pesar de su mayor formación, tardan en trabajar y encuentran
empleos que son demasiado precarios y mal pagados, lo que dificulta su
emancipación y formar una familia, fomentando su desinterés por la política y
el debate social, lo que los lleva a posiciones antisistema y a
apoyar políticas de ultraderecha. Pero este triste panorama
no se resuelve con recortes a sus padres y abuelos, sino con políticas
que pongan a los jóvenes en su centro.
Y eso pasa primero por cambios en la educación, para
que se reduzca el abandono escolar y mejore la educación, orientando los
estudios hacia formaciones donde haya empleo, ahora y en el futuro. Y hace
falta un Pacto social para que las empresas no abusen de los jóvenes
y los integren en sus políticas laborales y de promoción, con contratos y
salarios dignos. Y hace falta avanzar en la conciliación laboral y
en políticas de ayuda a las familias con hijos, las que hoy sufren más para
llegar a fin de mes. Pero sobre todo, urge una política de vivienda que
facilite alquileres asequibles a los jóvenes, sobre todo en las grandes
ciudades, algo que sólo puede asegurarse con una promoción urgente de
viviendas públicas. Y hace falta poner a los jóvenes entre los objetivos
prioritarios de todas las políticas públicas, integrándolos más en
la sociedad.
Los problemas que tenemos no
se resuelven con una “guerra entre generaciones”, con medidas
“fáciles” que busquen “desvestir a un santo para vestir a otro”. Hay
que repartir mejor el crecimiento y la mayor riqueza que tenemos. Y para
eso es clave recaudar más (que paguen más las multinacionales, empresas,
bancos y los ricos, que hoy pagan poco o evaden) y destinar esos mayores
recursos a los que más lo necesiten (jóvenes y mayores), para afianzar unos
servicios públicos deficitarios que no ayudan suficiente a los más
vulnerables. Crecer y repartir mejor la riqueza, no enfrentar a jóvenes y
mayores.
Empecemos por saber cuántos “mayores” (no hay por qué usar el anglicismo “boomers”) hay en España. En el último Censo (1 octubre 2025) se contabilizan 13.380.282 habitantes con 60 y más años, el 27.06% de la población total (49.442.844). De ellos, 3.382.103 tienen entre 60 y 64 años, 2.915.361 con 65 a 69 años y los 7.082.818 habitantes restantes tienen entre 70 y más años (19.491 personas con 100 años o más), según el INE. Esta cifra de “mayores” supone un fuerte aumento desde principios de siglo, por el progresivo envejecimiento de la población en España: en el año 2.000 había 8.766.511 mayores (60 años y más), el 21,64% de la población, pasando a 11.079.928 mayores en 2015 (el 23,76%) y los 13.380.282 de ahora, 4,6 millones más de mayores que al inicio del siglo.
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