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lunes, 18 de septiembre de 2017

La sanidad privada quiere las listas de espera


Los hospitales privados se han descolgado con una propuesta a las autonomías para hacerse cargo de las listas de espera de la sanidad pública y atender en 4 meses a los 614.000 españoles que esperan para operarse. Eso sí, cobrando 1.500 millones. Una vuelta de tuerca de la sanidad privada, que crece imparable a costa de los pacientes que ya les deriva la sanidad privada y del tirón de los seguros médicos, que pagan ya 10 millones de españoles. Y todo porque la sanidad pública española, un referente en Europa, se ha deteriorado en los últimos años, por los recortes de presupuestos, médicos y enfermeras y una gestión deficiente y politizada. La sanidad es ya la tercera preocupación de los españoles y  urge recomponerla, por lo que todos los partidos, salvo PP y Ciudadanos, acaban de pedir un Pacto sanitario en el Congreso. Hacen falta más recursos, más personal, más hospitales y centros y, sobre todo, reformas y una gestión más eficiente. No privatizarla más.


                                                                                            enrique ortega

El aumento de las listas de espera es un claro síntoma de los males de la sanidad pública española, causados básicamente por los recortes del Presupuesto sanitario (-9.787 millones de euros entre 2009 y 2013, 1 de cada 7 euros perdidos, según datos de Hacienda) y el ajuste de plantillas (11.000 médicos y 30.000 enfermeras), que no han sido todavía compensados con los aumentos de recursos y personal hechos entre 2015 y 2017. Este recorte de gastos y personal han deteriorado la oferta sanitaria mientras seguía aumentando la demanda, por el aumento de la población y su envejecimiento. La consecuencia es que la sanidad pública no puede atender como antes, aumentan las listas de espera y los hospitales, centros de salud y las urgencias se colapsan, en medio de protestas de profesionales y pacientes.  

El mayor síntoma del deterioro de la sanidad pública son las listas de espera para operarse, que han pasado de 372.468 pacientes en 2009 a 614.101 en diciembre de 2016, según los datos del Ministerio de Sanidad. La mayoría esperan operarse de traumatología (175.257 personas), de oftalmología (125.638 pacientes, 95.100 de cataratas) y cirugía general y del aparato digestivo (115.610 personas). El tiempo medio de espera ha pasado de 67 días (2009) a 115 días a finales de 2016. Y lo peor es que un 18,9% esperan más de 6 meses para operarse, sobre todo en neurocirugía, plástica, pediatría y trauma. Y la espera es mayor en Canarias (182 días), Cataluña (173) y Castilla la Mancha (162 días), mientras es baja en la Rioja (49 días), País Vasco (50) y Madrid (55 días).

También es preocupante la lista de espera para una consulta al especialista, que ha pasado de 59 días de media en 2009 a 72 días en 2016.Las mayores esperas se dan en las consultas de traumatología (8,23 por 1000 habitantes), oftalmología (8,08), dermatología (6,13), otorrino (2,91), ginecología (2,88), digestivo (2,43) y neurología (2,24 por 1.000 habitantes), según los datos de Sanidad. Y lo peor es que casi la mitad de los pacientes (el 46,4%) esperan más de 60 días para ir a la consulta del especialista, siendo las regiones con mayor espera Cataluña (138 días), Canarias (117 días) y Cantabria (75) y las mejores País Vasco (27 días), la Rioja (32), Madrid  y Castilla la Mancha (42 días de espera media).

Este aumento de las listas de espera, tanto para operarse como para ir al especialista, ha alimentado estos años la sanidad privada, multiplicando los seguros de salud, el único que creció durante la crisis. Y la consecuencia es que en 2017 se habrán superado los 10 millones de españoles que tienen un seguro médico privado, porque 2016 se cerró con 9.690.000 asegurados (7.077.000 privados y el resto funcionarios a los que les paga el seguro su Mutualidad), que pagaron unas primas de 7.737 millones, según datos de la  Fundación IDIS. Un negocio boyante que se concentra en 5 compañías que copan el 72% del mercado: Segur Caixa Adeslas (28,5%), Sanitas (15,7%), Asisa (13,7%), DKV (7,1%) y Mapfre (6,4%).

Los seguros de salud son la principal fuente de financiación de la sanidad privada, que obtiene de ellos el 62% de sus ingresos. Pero otro 23% de ingresos los obtienen de la sanidad pública, de los conciertos, de derivar pacientes para pruebas y operaciones de hospitales públicos a hospitales privados (el 42% de ellos tiene algún concierto con la sanidad pública, según la Fundación de la sanidad privada IDIS). En 2015, la sanidad pública destinó 7.540 millones a pagar conciertos con la privada, el 11,8% de todo el gasto sanitario público. Y hay varias autonomías donde los conciertos pesan mucho más, sobre todo Cataluña (el 24,8% del gasto sanitario público va a hospitales privados), Madrid y Baleares (11,7%) y Canarias (10,4%), mientras apenas pesan en las cuentas de Cantabria (3,7%), Castilla y León (4,1%), Extremadura (4,6%) y Andalucía (4,9%). La tercera fuente de financiación de la sanidad privada (15% del total) son los pacientes que pagan directamente sus servicios.

Ahora, la sanidad privada busca dar un salto hacia adelante y ha presentado a primeros de septiembre una propuesta para que las autonomías les deriven las listas de espera quirúrgica (614.101 pacientes), con la promesa de acabar con ellas en 4 meses. Eso sí, a cambio de cobrarles 1.500 millones de euros. Las que más tendrían que pagar serían Cataluña (385 millones para operar a 157.000 pacientes en espera quirúrgica), Andalucía (155 millones y 64.000 pacientes), Madrid (146 millones y 60.000 en espera) y la Comunidad Valenciana (134 millones y 55.000 pacientes en espera), siendo menor el coste para el resto, aunque, en comparación con su Presupuesto, tendrían que hacer un gran esfuerzo Murcia (66 millones, el 3,7% de su gasto sanitario), Castilla la Mancha (90 millones, el 3,2%), Canarias (83 millones, el 2,6% de su gasto sanitario) y Galicia (88 millones, el 2,5%).

De momento, ninguna autonomía les ha dicho que sí y todas siguen con sus “Planes de choque” contra las listas de espera (poco eficaces) y derivando pruebas y operaciones a la privada. Una sanidad privada que ha dado un gran salto con el deterioro de la sanidad pública, pasando de facturar 23.789 millones de euros en 2007 a unos 30.000 millones en 2016, casi un tercio del mercado sanitario español, según datos de la Fundación IDIS. Y un tercio de este pastel sanitario privado se lo disputan los 452 hospitales privados, que facturaron más de 10.000 millones de euros en 2015, según la Fundación IDIS. Un pastel muy apetitoso, que ha provocado la llegada a España de fondos de inversión y multinacionales, como la alemana Helios, que compró en 2016 el primer grupo hospitalario español, Quirón Salud (43 hospitales y 2.300 millones facturados).

Y todo apunta a que los inversores extranjeros seguirán entrando en la sanidad privada española, porque es un mercado con gran potencial: gastamos menos en sanidad que el resto de Europa (un 8,8% del PIB, frente al 8,9% en la OCDE, el 10,9% en Francia o el 11% en Alemania), hay menos camas de hospital por habitante (3,2/1.000 habitantes frente a 8,3 en Alemania) y hay más seguros médicos privados, que además son más baratos (70 euros media frente a 240 en Alemania). Y además, somos el segundo destino del mundo en “turismo sanitario”, con una oferta de calidad y bajos precios (operaciones que valen en Madrid o la Costa del Sol la mitad que en Londres y un tercio que en Nueva York).  

Pero sobre todo, la sanidad privada crece a costa del deterioro de la sanidad pública, que ha empeorado su atención, por los recortes y la precariedad de sus plantillas: un tercio de sus empleados (480.626 en 2016) son eventuales (con contratos temporales), de ellos la tercera parte interinos (169.828).Y sólo la mitad de los médicos (50,7%) que trabajan en el Sistema Nacional de Salud (SNS) tienen una plaza en propiedad, según una encuesta de la CESM. De la otra mitad, un 19,2% son contratados fijos y el 30,8% restante son médicos contratados, muchos desde hace una década y la tercera parte con contratos de menos de 6 meses, que se renuevan una y otra vez. Y aún hay más precariedad entre enfermeros y enfermeras (y tenemos 5,1/1.000 habitantes frente a 8,4 en Europa).

Esta precariedad laboral más el recorte de medios y la falta de inversiones (en tecnología hospitalaria, obsoleta, y en nuevos hospitales, con los viejos muy estropeados) han deteriorado mucho la sanidad pública, sobre todo las urgencias y en épocas de gripe y epidemias, disparando las listas de espera. Y la situación puede empeorar, debido al envejecimiento de la población y al aumento de las enfermedades crónicas (hoy ya las tienen 4 de cada 10 españoles), que van a disparar la demanda sanitaria y el gasto en los próximos años (por la tecnología y los nuevos fármacos, mucho más caros).

Las listas de espera no son algo coyuntural sino que revelan los males de fondo de la sanidad pública. De ahí que no hayan podido frenarse con Planes de choque ni derivándolas a los hospitales privados. Son “parches” que no atajan los problemas de fondo: la falta de médicos y personal sanitario, de hospitales y centros en algunas zonas y, sobre todo, los problemas de organización de la sanidad pública. No es de recibo que haya quirófanos cerrados por falta de profesionales y que además no funcionen por las tardes, entre otras razones porque los médicos adscritos están operando en la privada. Habría que establecer prioridades, optimizar recursos, desarrollar la cirugía ambulatoria e implicar mejor a los profesionales (con incentivos) en la lucha contra las listas de espera.

Y, sobre todo, hay que coordinar mejor la atención sanitaria pública, porque cada autonomía va a su aire, en el gasto y en la atención que ofrecen. Las que más gastaron en sanidad en 2016 fueron Navarra (1.633 euros/habitante), País Vasco (1.632 euros), Asturias (1.578), Extremadura (1.422) y Cantabria (1.418 euros). Y las que menos, Andalucía (1.106 euros/habitante), Cataluña (1.180) y Madrid (1.184), un 50% menos que navarros, vascos y asturianos, junto a Castilla la Mancha (1.271), Comunidad Valenciana (1.233 euros) y Murcia (1.209 euros/habitante), según datos de la FDSP. Y claro, con menos gasto, menos camas (Andalucía y Valencia) y menos médicos y enfermeras por habitante (Andalucía y Cataluña). Y en consecuencia, peor sanidad. La mejor nota en el ranking de la FDSP se la llevan Navarra y el País Vasco (90 puntos sobre 114), Aragón (82) y Asturias (79), mientras suspenden Canarias (49 puntos), Comunidad Valenciana (59 puntos), Cataluña y Andalucía (60 puntos).

Los españoles todavía aprueban a la sanidad pública (nota de 6,57 puntos en el Barómetro sanitario 2016), pero ahora la sanidad ha pasado a ser el tercer motivo de preocupación de los españoles, por detrás del paro y la economía, según el Barómetro del CIS de enero 2017. Y un tercio de los españoles cree que necesita cambios de fondo. Y también la mayoría de los partidos: 11 grupos políticos, todos menos el PP y Ciudadanos, firmaron el 12 de septiembre un Pacto en el Congreso para mejorar la sanidad y revertir los recortes.

La primera medida de cualquier Pacto sanitario debe ser asegurar un mayor gasto en sanidad, para revertir los recortes ¿Cuánto? Una pista puede ser conseguir que España gaste en sanidad como el resto de Europa, lo que ahora no sucede: el gasto sanitario público supone el 6,2% del PIB (2015), frente al 7,2% en la UE-28, Alemania o Italia, el 8,2% de Francia, el 7,6% de Reino Unido y el 8,6% de Dinamarca, según Eurostat (2015). Gastar en sanidad como los europeos supondría gastar 11.000 millones más al año, lo que exige recaudar más. En paralelo, hay que aumentar las plantillas (los 10.000 médicos y 41.000 enfermeras perdidos y más), estabilizando sus contratos. Gastar más en tecnología sanitaria (la cuarta parte de equipos tienen más de 10 años), en nuevos hospitales y centros de salud. Pero no es sólo cuestión de más dinero: hay que reformar la organización sanitaria y mejorar la gestión, aumentando la productividad, implicando más a médicos y enfermeras. Y gastar más en prevención y atención primaria, para gastar menos en hospitalizaciones.

Las listas de espera son “una excusa” para que los seguros y la sanidad privada aumenten su negocio. Pero el problema está ahí, es serio y no se resuelve con “parches” que no vayan al fondo del problema: el deterioro de la sanidad pública. Es de las mejores del mundo, pero pasa por un mal momento, con una atención que se ha deteriorado, con un gasto creciente y pacientes más viejos. Hay que apuntalar la sanidad pública, con más recursos, más personal, más medios, menos diferencias regionales y una mejor gestión. Urge un Pacto sanitario que cuente con las autonomías, los profesionales y los pacientes. Nuestra salud es demasiado importante como para dejar que la sanidad pública se deteriores más. Actúen ya.

lunes, 26 de octubre de 2015

Crece el negocio de la sanidad privada


La salud atrae cada día más dinero porque los inversores piensan que es un buen negocio: vivimos más años y hay más viejos que gastan más en su salud. En España hay 455 hospitales privados (con un tercio de camas y la mitad de médicos que la sanidad pública), que facturan 10.000 millones, el doble que hace una década. Y se multiplican compras y fusiones, con protagonismo de Fondos extranjeros, que acaban de quedarse un tercio de las empresas de prevención de las Mutuas, recién privatizadas. También buscan el turismo sanitario. Este “boom” de la sanidad privada se financia por dos vías: los desvíos de pacientes y pruebas de la sanidad pública (23-30% de ingresos) y los pagos de los seguros médicos, contratados por 11 millones de españoles. Y han crecido por los recortes en la sanidad pública, que disparan  las listas de espera y deterioran la asistencia. Urge un pacto que recomponga la sanidad pública, evitando que se hunda más en beneficio de la privada.
 

enrique ortega


España gasta en sanidad más de 95.000 millones de euros al año (un 9,29% del PIB), en línea con la media de la OCDE (9,27%) y Reino Unido (9,27%) pero mucho menos que Francia (11,61%) y Alemania (11,27% PIB). Pero la gran diferencia es que aquí, los recortes han reducido drásticamente el gasto público sanitario  (dos tercios del gasto total) y han tenido que ser los particulares, las familias, las que aumenten mucho su gasto  para cuidar su salud. Así, el gasto público en sanidad (68.607 millones en 2012) se ha recortado en 10.000 millones (1 de cada 7 euros) entre 2009 y 2013, siendo España el quinto país de la OCDE donde más ha caído el gasto sanitario con la crisis (tras Grecia, Luxemburgo, Irlanda y Portugal). Y en contrapartida, ha tenido que subir el gasto sanitario privado (27.064 millones en 2012), que tiene un peso mayor que en el resto de Europa (28,3% del total frente al 16% que supone el gasto sanitario privado en Reino Unido o el 23,3% en Alemania).

Así que los recortes en la sanidad pública han obligado a las familias a gastar más en sanidad. De hecho, en 2014, el gasto privado en salud fue el que más creció, un 9,8%, según el INE. Y las familias ya gastan 955 euros anuales en salud (3 euros más que en 2007 cuando el gasto total de las familias ha caído en 5.000 euros con la crisis). La mayor parte de este gasto (20.000 millones) es gasto “de bolsillo”, en medicinas, dentistas y tratamientos, y el resto (7.100 millones) se destina a contratar seguros privados  de salud, sobre todo de asistencia sanitaria. De hecho, ya hay 11,4 millones de españoles que tienen un seguro médico privado: 7,27 millones son particulares, 2,2 millones son trabajadores asegurados por sus empresas y otros casi 2 millones más (1,94) son funcionarios a los que sus Mutualidades (MUFACE, Mugeju-Justicia e ISFAS-militares) pagan un seguro médico privado.

Los seguros médicos son los seguros que más crecen (+3,8%), mientras caen los del automóvil y se estancan los de hogar: en  2014, los seguros de asistencia sanitaria facturaron 6.430 millones de euros. Y hay una verdadera “guerra comercial” por colocarnos un seguro médico, mientras su precio ( de 160 a 250 euros de media mensual para una familia con 2 hijos) ha subido este año un 3,3%, por el aumento del IVA sanitario (del 10 al 21% en enero) y el encarecimiento de la tecnología y la asistencia médica. Además, las aseguradoras se cubren frente al aumento de costes (más viejos que viven más años), subiendo las pólizas o echando a los enfermos crónicos y los ancianos, como denuncian los corredores de seguros.

La razón básica de que crezcan los seguros médicos privados es el deterioro de la sanidad pública, tras cinco años de recortes, que se han llevado por delante a 5.000 profesionales (médicos y enfermeras) y ha deteriorado la calidad de la sanidad pública, de las mejores del mundo. De hecho, se han disparado las listas de espera para operarse (511.923 pacientes esperaban a finales de 2014, 87 días de media, frente a 374.194 en 2009) y para acudir al especialista (1,88 millones, un tercio con más de 60 días de espera) y ha empeorado la atención, tanto en los ambulatorios como en los hospitales. Y además, la atención es muy desigual entre autonomías: la Fundación en defensa de la Sanidad Pública suspende a la sanidad pública de Cataluña (48 puntos sobre 98), Canarias (44) y Valencia (45), aprueba raspado a Madrid (56 sobre 98) y da notable al País Vasco (80 puntos), Navarra (71)  y Asturias (70 puntos). Y frente a este deterioro de la sanidad pública, crecen los españoles que se pagan un seguro médico privado para ser atendidos antes (y a veces mejor).

En definitiva, el auge del gasto sanitario privado descansa sobre los recortes y el deterioro de la sanidad pública desde 2012. Los mayores beneficiados son los hospitales privados, que han duplicado su negocio en la última década: hay 455 hospitales privados (53% del total), con 52.360 camas (33% del total y 236.567 profesionales (53.790 médicos, la mitad de los 110.000 médicos de la sanidad pública, aunque muchos hacen “doblete”). Y facturan más de 10.000 millones de euros (9.960 millones en 2013, según la consultora IDIS), que salen de dos fuentes de financiación: la sanidad pública (23-30%) y los seguros médicos (66%).

Y es que la mitad de los hospitales privados (224) viven en gran medida de los conciertos con la sanidad pública, que cada día más les transfiere pruebas diagnósticas (TAC, ecografías, mamografías, escáneres…), operaciones y hasta el tratamiento ambulatorio de pacientes. Incluso en Cataluña, hay 32 hospitales privados integrados en la red sanitaria pública. Y en dos autonomías, los gobiernos del PP han transferido a hospitales privados la gestión de hospitales públicos: 5 en la Comunidad Valenciana y cuatro en Madrid (más el centro regional de análisis). Al final, este “desvío de trabajo” de los hospitales públicos le reporta a los hospitales privados con ánimo de lucro (no Fundaciones) un 23% de sus ingresos, que en algunos casos sube al 35% (grupo IDC-Quirón, el líder del sector) y hasta el 79,5%( IDC-Fundación Jiménez Díaz, que lleva incluso la atención primaria de medio millón de madrileños). El mayor peso de los conciertos con la sanidad privada se da en Cataluña (25% del gasto sanitario total) y Madrid (10,8%), donde Esperanza Aguirre duplicó los pagos a la sanidad privada entre 2007 y 2010, como también hizo el PP en la Comunidad Valenciana y Galicia.

La otra fuente de ingresos de los hospitales privados (66%) son las aseguradoras, por el pago de servicios a sus pacientes con seguros de asistencia médica. En España hay 103 compañías que hacen seguros médicos, pero sólo 10 son importantes (se reparten el 82% del mercado) en un negocio muy concentrado, donde las 3 primeras compañías (Adeslas, Sanitas y Asisa) acaparan el 58,1% del mercado. Por eso, hasta ahora eran las que imponían precios y condiciones a los hospitales privados, que han buscado ser más fuertes con compras y fusiones, para poder negociar mejor con las aseguradoras.

En consecuencia, los recortes de la sanidad pública, el aumento de los seguros privados y la necesidad de tener más tamaño para negociar con las aseguradoras han llevado a los hospitales a ganar tamaño, con compras y fusiones, sobre todo en 2014 y 2015, de la mano de grandes inversores, sobre todo Fondos de inversión extranjeros, que han visto en la sanidad privada un buen negocio. En julio de 2014, el grupo ICD Salud (controlado por el Fondo luxemburgués CVC, dueño de la Fórmula 1, que ya había comprado en 2012 el Grupo Capio) compró el grupo Quirón y en diciembre ambos compraron el Ruber, creando IDC-Quirón, el mayor grupo hospitalario español (44 hospitales, 1.700 millones de facturación  y el 30% del mercado) y el tercero de Europa (tras el alemán Fresenius Helios, 117 hospitales, y el francés Genérale de Santé, con 106). Le sigue HM Hospitales (familia Abarca), que sumó  en 2014 a sus hospitales madrileños los gallegos del grupo Modelo y el IMI de Toledo, y que facturará 300 millones este año. El tercer grupo son los hospitales de la aseguradora Asisa (250 millones) y el cuarto el grupo Vithas (200 millones facturan los antiguos hospitales de Adeslas, ahora propiedad de la familia Gallardo y la Caixa). Y completan el “top ten” hospitalario el grupo Hospiten (191 millones), la Clínica Universitaria de Navarra (150 millones), el grupo valenciano Nisa (148 millones), Sanitas (158) y el grupo Pascual (120 millones).

En conjunto, los 458 hospitales privados facturaron 9.960 millones en 2013 y este año podrían superar los 12.000 millones, el doble que hace una década. Una parte son de hospitales privados sin ánimo de lucro (Hermanos de San Juan de Dios y Hermanas Hospitalarias) pero dos tercios del pastel (6.185 millones en 2013) se lo llevan los hospitales “privados privados”. Y en este grupo, los 5 grandes se llevan más de la mitad del negocio, con IDC-Quirón a gran distancia del resto (30% del mercado y el 40% en Madrid). Y ha crecido más este verano, al adjudicarse las principales empresas de prevención de salud laboral de las Mutuas, privatizadas por el Gobierno Rajoy. IDC Quirón se ha adjudicado Fremap (líder del sector), Mutua Universal, la Fraternidad y MC Mutual (la 6ª), cuatro servicios de prevención que tienen detrás 105.000 empresas y 4.450.000 trabajadores, lo que supone 1,6 millones de reconocimientos médicos al año, más la diaria labor de prevención laboral. Con ello, el grupo hospitalario IDC-Quirón se lleva un 30% de todo este negocio de la prevención laboral, otros 400 millones a sumar a su facturación. La aseguradora Catalana de Occidente se ha quedado con Asepeyo, la segunda del sector. Y el resto se lo han llevado pequeñas empresas, algunas sanitarias.

Los expertos auguran más compras y fusiones en los hospitales privados en España, para ganar tamaño y competir en precio frente a las aseguradoras. Y porque hay mucho dinero interesado en invertir en la sanidad, que mueve ya el 10/15 % del PIB mundial, no sólo en hospitales sino también en medicamentos y en tecnología médica. Los inversores ven negocio en la salud  en todo el mundo, porque cada vez se vive más años y hay más viejos que han de cuidar de su salud, mientras el estilo de vida y la contaminación multiplican las enfermedades crónicas, desde las cardiovasculares, el cáncer y el alzhéimer a la diabetes, la obesidad y la hipertensión.


En el caso de España, hay un incentivo adicional: el turismo sanitario, un mercado que mueve 7.000 millones en el mundo y donde la sanidad privada española empieza a jugar fuerte, por su cualificación profesional, nuestro clima y seguridad y los mejores precios: ponerse una prótesis de cadera en la Costa del Sol  cuesta la cuarta parte que en EEUU (12.852 euros frente a 50.000) y un implante dental en Madrid  vale la mitad que en Londres y la tercera parte que en Nueva York (1.288 euros frente a 2.800 y 3.500). De hecho, algunos ven posible que Madrid se convierta en el Houston español de la salud: IDC-Quirón Salud estudia instalar un gran hospital privado en la futura "quinta torre de Madrid" y la Clínica Universitaria de Navarra ya construye un hospital en la capital.

Mientras la sanidad privada y sus hospitales “hacen su agosto”, con más pólizas y pacientes cada mes, la sanidad pública languidece y ya es la quinta preocupación de los españoles (Barómetro CIS septiembre 2015) , que la dan una nota de 6,31 puntos, la más baja desde 2008. Los nuevos Gobiernos autonómicos se han encontrado con una sanidad pública sin recursos, muy deteriorada y que financian una parte sustancial de la sanidad privada, a través de conciertos y privatizaciones. Algunos, como los nuevos gobiernos de la Comunidad Valenciana, Cantabria, Castilla la Mancha, Baleares, Aragón, Navarra y Extremadura, quieren dar marcha atrás y renacionalizar servicios. Pero para ello, necesitan contar con más Presupuesto y no lo tienen. Por eso, urge en la próxima Legislatura un gran pacto sanitario, donde se asegure una mayor financiación (estatal y autonómica) para recuperar la sanidad pública,  que además se ha quedado tecnológicamente obsoleta por falta de inversiones. Sanidad privada sí, para el que pueda y quiera pagársela, pero no a costa del hundimiento de la sanidad pública. No negocien con nuestra salud.

domingo, 20 de marzo de 2011

El recorte de la Sanidad, por la puerta de atrás

El gasto sanitario va a ser el próximo recorte en Europa, tras el gasto público y las pensiones. Ya lo han anticipado los ministros de Economía de los 27, que en diciembre recomendaron el copago y medidas de ahorro “para evitar la quiebra del sistema”. Pero entre tanto, en España, cada autonomía trata de tapar sus agujeros presupuestarios y ha empezado a meter la tijera en la Sanidad, que se lleva la tercera parte de sus presupuestos. A la chita callando, todas han recortado este año su gasto sanitario en una media del 4,11 %. Y se vuelve a hablar del copago. El problema es que la bola de la deuda sanitaria crece sin parar, porque gastan mucho y las transferencias de fondos son insuficientes. Y nadie le pone el cascabel al gato. No se trata de gastar menos, ya que España está a la cola de Europa en gasto sanitario. Se trata de ahorrar y gastar mejor para salvar nuestra Sanidad.


Ahora nos encontramos con un grave problema, que es doble. Por un lado, la pelota de la deuda sanitaria supera los 10.000 millones de euros, que las autonomías deben a los laboratorios y las farmacias (40%) y a los proveedores de servicios y tecnología, a los que pagan con meses de retraso, causándoles graves problemas. Por otro, como la sanidad se lleva un tercio del Presupuesto de las autonomías, todas buscan tapar sus agujeros recortando también el gasto sanitario. Así, para 2011, las autonomías han recortado el gasto sanitario per cápita en 55,37 euros (-4,11%), dejándolo en 1.288,58 euros, según la FADSP. Los mayores recortes los han hecho Canarias (-12,3%), Cantabria (-8,5%), Extremadura (-7,8%) y La Rioja (-6,6%), aunque los que más se han aireado son los recortes de Cataluña (850 millones en Sanidad), que va a recortar servicios y dejar de hacer 2 hospitales. Otros quieren cobrar las meriendas o van a cerrar quirófanos por las tardes para no pagar horas extras, por ejemplo.

Lo primero que hay que decir es que la sanidad española es buena y barata, según todos los estándares internacionales: el último ranking internacional de calidad del sistema sanitario elaborado por la revista Newsweek sitúa a España en el tercer lugar del mundo, tras Japón y Suiza y empatada con Suecia. Y nos cuesta 2.902 dólares por habitante, menos de la mitad que la de Estados Unidos (7.538) y menos que la sanidad de la mayoría de países europeos, desde Suecia (3.470) a Reino Unido (3.129),pasando por Francia (3.696) o Alemania (3.737). El problema es que nuestro gasto sanitario ha crecido mucho en los últimos años: un 6,6 % interanual en los últimos seis años. Y que desde que la sanidad está transferida a las autonomías (2002), se ha ido acumulando una deuda, debido a que las transferencias desde el Presupuesto han sido cicateras y a que ellos han gastado más de lo previsto.
Estos recortes son a la chita callando y cada autonomía por su cuenta. El PP intentó aprobar en el Senado, el 24 de enero, una moción para resolver la deuda sanitaria y garantizar la financiación del Sistema Nacional de Salud (SNS) y se quedó sólo. El Gobierno trata de obviar el problema, pero antes o después le va a caer encima (y a nosotros). Primero, porque Europa presiona, con la amenaza del copago detrás. Y sobre todo, porque el gasto sanitario va a seguir creciendo, por dos razones: la tecnología sanitaria es cada vez más cara y la población vive cada vez más años, con lo que crecerá el gasto. Basten dos datos. En 2060, un tercio de la población española tendrá más de 65 años (17 millones frente a 8 hoy) y un 14% más de 80 años (8 millones frente a 2 ahora), según un informe de la UE.Y la OCDE estima que el gasto sanitario de los mayores de 65 años es cuatro veces superior a los de menos edad.
España gasta menos en Sanidad que el resto de Europa, pero las previsiones son que el gasto crezca mucho en las próximas décadas, aquí y en los demás países. El periodo crítico, según la UE, será a partir de 2030 y por eso piden medidas ya, con tiempo. Es mejor ponerse las pilas y no esperar a que nos lo impongan, como con las pensiones. Lo más urgente es sanear la sanidad, tapar el agujero de la deuda con un crédito extraordinario. Y a medio plazo, si queremos evitar el copago, hay que hacer un pacto sanitario para gastar menos y gastar mejor, con unos presupuestos realistas. Hay que reducir el gasto farmacéutico, que supone un 22% del gasto sanitario, con medidas para atajar el despilfarro de los medicamentos. Y hay que gestionar mejor la sanidad, desde la política de personal (aumentar horarios, reducir el absentismo y el exceso de contratos temporales, introducir incentivos y despolitizar la gestión) a la política de compras, pasando por reducir la sobreutilización de nuevas tecnologías y tratamientos (según la OMS, un 20-40% del gasto sanitario es ineficiente) y potenciar la atención primaria y la prevención.
Y por encima de todo, hay que pactar con las autonomías un Plan integral de Salud, que unifique servicios, costes y financiación. No es posible que haya 17 políticas sanitarias, que un médico andaluz reciba 45 pacientes al día y uno navarro atienda a 29, que en Valencia haya 2,69 camas por 1.000 habitantes y en Cataluña 4,50, que una embarazada tenga cubierta la atención dental en Extremadura y en el resto de España no, que un pensionista pueda comprar gratis determinado medicamento en cualquier farmacia menos en Galicia…Que el País Vasco o Navarra se gasten 560 euros más en sanidad por habitante (+56%) que Baleares o Madrid.
Hace falta poner orden en la sanidad, antes que lo hagan desde fuera. Y cuanto más tardemos, será peor, ya que los recortes se hacen cada día, los sufrimos todos  y empeoran nuestra sanidad. Habrá que esperar a que pasen las elecciones de mayo. Pero no mucho más