El 1 de abril de 2024 pasará a la historia de la electricidad en España. Por primera vez, el precio de la electricidad en el mercado mayorista (donde acuden los que producen y venden electricidad) fue negativo (-0,01 euros/MWh) entre las 14 y las 17 horas, debido a la gran oferta de energía renovable (aire y lluvia) por las tormentas, que es la más barata. Este fenómeno significa que el precio del mercado se desplomó por la mayor aportación de las energías renovables (más baratas) y los operadores prefirieron tener que pagar algo por colocar su energía antes que quedar fuera del mercado. Esto es algo que ya había pasado muchas veces en otros paises europeos, pero nunca en España. Y los precios negativos se repitieron varios días más después, con lo que un 38% de las horas de todo abril registraron un precio cero o negativo en el mercado mayorista español.
jueves, 9 de mayo de 2024
Bajada histórica de la luz
El 1 de abril de 2024 pasará a la historia de la electricidad en España. Por primera vez, el precio de la electricidad en el mercado mayorista (donde acuden los que producen y venden electricidad) fue negativo (-0,01 euros/MWh) entre las 14 y las 17 horas, debido a la gran oferta de energía renovable (aire y lluvia) por las tormentas, que es la más barata. Este fenómeno significa que el precio del mercado se desplomó por la mayor aportación de las energías renovables (más baratas) y los operadores prefirieron tener que pagar algo por colocar su energía antes que quedar fuera del mercado. Esto es algo que ya había pasado muchas veces en otros paises europeos, pero nunca en España. Y los precios negativos se repitieron varios días más después, con lo que un 38% de las horas de todo abril registraron un precio cero o negativo en el mercado mayorista español.
jueves, 19 de mayo de 2022
Así bajará la luz
Habrá que esperar a junio, pero por fin bajará la luz, que ha subido un 35% en el último año. Los primeros que lo notaremos seremos “los tontos” con tarifa regulada, a los que el recibo bajará entre un 20% y un 30%, hasta mayo de 2023, gracias al tope al gas autorizado excepcionalmente a España y Portugal por la Comisión Europea. Después, los “listos” del mercado libre (que llevan años pagando la luz más cara, digan lo que digan las eléctricas) notarán la rebaja cuando renueven su contrato. Y si la guerra de Ucrania sigue, el Gobierno tendrá que prorrogar, a finales de junio, la bajada de impuestos a la luz, para mantener la rebaja del recibo. Son sólo unos “parches” para frenar la inflación, porque España tendrá que aprobar para enero una nueva tarifa regulada, que sea menos volátil que la actual. Y en paralelo, toda Europa podría revisar el sistema de fijación de precios de la electricidad, poco eficiente y transparente. Luz y taquígrafos.
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| Enrique Ortega a partir de Georges de La Tour |
Para entender la bajada de la luz que viene, hay que recordar cómo funciona el recibo de la luz. Tiene 3 partes: el coste de la electricidad en el mercado (que suponía el 40% del recibo, pero que ahora ya supone el 70%), los costes regulados (pagos que aprueba cada año el Gobierno, para financiar el transporte y distribución, ayudas a las renovables y a la electricidad en las islas o el pago de la deuda eléctrica) y los impuestos. Y luego, hay dos tipos de consumidores. La mayoría de los usuarios domésticos (19,8 millones a finales de 2021, según la CNMC, el 66,28% de los contratos) y un 30% de las empresas tienen un contrato libre: pagan una tarifa que pactan con una comercializadora de electricidad y la revisan cada año (hay grandes empresas con contratos a medio plazo), sin ninguna capacidad de negociar realmente. Y el resto de usuarios domésticos (10,07 millones, el 33.72% de los contratos) tienen una tarifa regulada (PVPC), ligada al precio diario de la luz en el mercado mayorista. Este es el precio diario que suele publicarse (191,08 MWh para hoy jueves).
Los precios de la luz en el mercado mayorista (que suponían el 40% del coste del recibo en la tarifa regulada y libre) eran moderados hasta 2021: 33,96 euros por MWh en 2020, algo más bajos por la pandemia que en 2019 (46,78 euros) y 2018 (57,29 euros), el precio más alto desde 2010 (45,83 euros). Pero en enero de 2021 llegó la tormenta Filomena y el precio se duplicó el 8 de enero, hasta los 94,99 euros por MWh. Luego se calmó, por debajo de los 50 euros, para subir a 73,54 euros el 3 de mayo y superar los 100 euros el 20 de julio. Y después, batió 27 récords de subidas hasta fin de año (ver gráfico), el último el 23 de diciembre, con 383,67 euros por MWh, un récord histórico. A partir de ahí hubo una tregua coyuntural, para acabar el año 2021 con una media de coste de la luz en el mercado mayorista de 111,90 euros, el triple que la media de 2020 (33,96 euros).
Esta subida desproporcionada de la luz en origen provocó un tremendo salto en la factura de la luz de los españoles, sobre todo de los que tenían la tarifa regulada (al resto, “el susto” les llegó cuando renovaron su contrato “libre”). Así, la factura media (4,6 kilovatios de potencia y 3.500 euros de consumo anual) subió de 34 euros mensuales en 2020 a 119 euros en 2021, según la OCU.
Pero “el susto” de la factura de la luz no había acabado. En enero de 2022, el precio mayorista de la luz (en origen) había vuelto a subir de los 200 euros por MWh, por las tensiones en los precios del gas natural desatadas por Rusia (que suministra el 41 % del gas que consume Europa) y por la fuerte subida de los derechos de emisión de CO2 que pagan las eléctricas por producir electricidad con energías contaminantes (carbón, fuel y gas): su coste (que las eléctricas repercuten en el precio mayorista) pasó de 33,43 euros por tonelada en enero de 2021 a 84,8 euros en enero de 2022, según Sendeco. Pero la puntilla fue la invasión de Ucrania por Putin, el 24 de febrero: el precio del gas natural se disparó (de 88,89 euros MWh a 134 euros y hasta 214 euros el 8 de mayo, 11 veces más caro que un año antes). Y eso provocó que el coste de la luz en el mercado mayorista saltara de 195 euros MWh el 23 de febrero a 544,98 euros el 9 de mayo, 57 veces más caro que un año antes (ver gráfico). Y aunque luego, el precio del gas natural se ha moderado, todavía hoy cuesta 76,16 euros MWh, el triple que hace un año).
El precio del gas natural es clave para fijar el precio de la electricidad en el mercado mayorista (que supone ya el 70% del coste final de nuestro recibo), por culpa del sistema de fijación de precios (“marginalista”), que funciona en toda Europa. Cada día hay una subasta, que fija el precio mayorista de la electricidad, según el precio de la energía más cara de las que aportan electricidad. Y en los últimos dos años, esa energía más cara es el gas, con lo que las demás energías, mucho más baratas (sobre todo la hidroeléctrica, nuclear o las renovables) se pagan al precio del gas (el doble o triple de lo que ellas cuestan). Es como si compráramos carne picada hecha con pollo, cerdo, vaca, ternera, cordero y chuletón y la pagáramos toda al precio de chuletón…
Así que si el precio del gas se dispara, por cuestiones geopolíticas, el precio mayorista de la luz se dispara y también nuestro recibo mensual. Es lo que ha pasado, en 2021 y más en 2022, tras la guerra de Ucrania: el precio medio del gas natural se ha situado en 95,98 euros MWh entre enero y abril de 2022, el doble que el coste medio en 2021 y 9 veces el coste medio del gas en 2020. Y por eso, el precio medio de la electricidad en el mercado mayorista (en origen) se ha situado en 2022 (entre enero y abril) en 219,19 euros MWh, el doble del precio mayorista de la luz en 2021 (111,90 euros) y 6 veces el precio mayorista de la luz en 2020 (33,96 euros MWh).
Ya en junio de 2021, cuando el precio mayorista de la luz superó los 90 euros MWh (un récord histórico, aunque hoy cuesta ya 197 euros MWh), el Gobierno Sánchez aprobó las primeras medidas para intentar contener la subida del recibo: rebajó hasta final de año uno de los dos impuestos que pagamos (el IVA, que redujo del 21 al 10%) y suprimió a las eléctricas el impuesto de generación eléctrica (7%), sólo para el tercer trimestre. Pero el “parche” no sirvió de mucho, porque el precio mayorista siguió subiendo y se duplicó (por la subida del gas y los derechos de emisión de CO2). Así que en septiembre, el Gobierno volvió a aprobar “otro parche”: bajó el impuesto especial de la electricidad que también pagamos con el recibo (del 5,1127% al 0,5% que es el mínimo que permite la UE) y mantuvo la rebaja del IVA y la supresión del impuesto eléctrico hasta fin de año. Además, rebajó un 96% hasta fin de año los costes regulados del recibo (las ayudas que fija el Gobierno).
Dos “parches” que surtieron poco efecto, aunque frenaron algo el recibo, consiguiendo que pagáramos por la luz en 2021 el precio de 2018, una promesa de Sánchez que se cumplió, según Eurostat. Pero era insuficiente, a la vista de los precios del gas y la electricidad para 2022. Así que en diciembre de 2021, el Gobierno aprobó “el tercer parche”: prorrogar hasta finales de abril de 2022 la rebaja del IVA al recibo (del 21 al 10%) y del impuesto de la electricidad (0,5%) así como la supresión del impuesto de generación (7%), recortando además otro 30% los cargos regulados del recibo para este año. Y amplió los beneficios del “bono social “eléctrico, que supone descuentos del 60 al 70% en el recibo para las familias con menos ingresos (se beneficiaban 1,2 millones de hogares).
A pesar de “los parches”, el precio del gas y de la luz en el mercado mayorista seguía tirando al alza del recibo. Y en esas, Putin invadió Ucrania el 24-F y el precio de la luz y el gas se dispararon, con lo que el recibo medio de la luz subió de 119 euros en diciembre 2021 a 143 euros en marzo de 2022, un nuevo récord histórico. El Gobierno vuelve a aprobar nuevas medidas, “el 4º parche”, el 29 de marzo, dentro del Plan nacional de respuesta a la guerra: ampliar hasta el 30 de junio las rebajas fiscales a la luz, reducción del 80% de los costes regulados que pagan las industrias que consumen más electricidad y ampliar a 600.000 beneficiarios más (hasta 2 millones) las ayudas del bono social eléctrico.
Pero el Gobierno sabía que este parche, como los anteriores, era insuficiente mientras no se reformara el sistema eléctrico de fijación de precios, una medida que sólo podía tomar la Comisión Europea. Por eso, en marzo, el presidente Sánchez realizó una gira por Europa para recabar apoyos para reformar el sistema, empezando por poner un tope al gas, la energía que estaba disparando el coste de la luz. Pero en Bruselas pinchó en hueso”: Alemania y la mayoría de la Comisión Europea no querían reformar el mercado, presionados por el poderoso “lobby” de las eléctricas, que reciben beneficios extras (“caídos del cielo”) por cobrar todas las energías al precio del gas. Y amenazaban con “cortes de suministro” si se ponían topes de precios y se “distorsionaba el mercado”.
Al final, en la Cumbre
Europea del 24 y 25 de marzo, España
y Portugal consiguieron la llamada “excepción
ibérica”: poner un tope máximo al precio del gas natural, con la doble
“excusa” (real) de que la Península Ibérica es una isla energética
(sólo el 2,8% de la electricidad viene de fuera, cuando en Centroeuropa es
incluso la mitad) y que han avanzado mucho más que otros paises en las energías
renovables ( España cubrió en abril el 40%
de su producción de electricidad con energía eólica y solar). A lo largo de
abril, los gobiernos español y portugués negociaron con Bruselas y el pasado 13 de mayo, un Consejo de Ministros
extraordinario aprobaba
el tope al gas, que ahora tiene que confirmar la Comisión Europea,
con lo que la rebaja de la luz no se
notará hasta junio.
¿Cómo y cuánto va a bajar la luz? Lo pactado con Bruselas es que España y Portugal ponen un tope al precio que marca el gas natural en el mercado mayorista: será de 48,8 euros MWh durante un año (desde junio 2022 a mayo de 2023), con lo que las demás energías ya no cobrarán el precio actual del gas (76,16 euros hoy) sino casi la mitad (desde 40 euros al principio a 70 euros dentro de un año). Eso va a bajar drásticamente el precio mayorista de la electricidad, de los 191,08 euros MWh que cuesta hoy a unos 130 euros en junio y meses siguientes (-32%). Y con ello, al bajar el precio en origen (70% del recibo) bajará también el recibo que pagamos cada mes, entre un 20 y un 30%, según meses y horas.
Pero este tope al gas hay que pagarlo: las eléctricas seguirán cobrando por el gas lo que valga en el mercado internacional (72,245 euros hoy), con lo que se les compensará la diferencia entre este precio de mercado y los 48,8 euros de tope que se les pagará en el mercado mayorista. Esta compensación (entre 4.000 y 5.000 millones anuales) la pagarán las empresas que compran y comercializan energía, pero nos lo cargarán a los consumidores que nos beneficiemos del tope al gas. Se estima que esta compensación será de unos 20 euros MWh, con lo que el nuevo precio mayorista real con el tope será unos 150 euros MWh. Aún así, supone una rebaja del -21,5% sobre el precio mayorista de hoy.
Y sobre todo, los que van a sufrir un recorte en sus beneficios por este tope al gas son las eléctricas, que ya no van a cobrar hasta 80 euros por energías que cuestan la mitad o menos (hidroeléctrica, nuclear o renovables), sino una media de 48,8 euros durante un año. Eso les supone perder unos 6.000 millones de “beneficios caídos del cielo”, la razón por la que critican la “excepción ibérica” y no quieren que se generalice en Europa.
Ahora, a principios de junio, cuando entre realmente en vigor el tope al gas, el precio mayorista bajará ese 30% esperado y con ello notaremos una rebaja importante en el recibo de junio, del 20 al 30%. Los primeros en notar la rebaja serán “los tontos” que tienen un contrato regulado (PVPC), esos 10 millones de usuarios domésticos, y el 70% de las empresas que tienen su factura ligada también al mercado mayorista. Se espera que el recibo baje de los 100 euros de abril a unos 85 euros de media en junio. Los “listos” que tienen un contrato libre (19,8 millones de particulares) y el 30% de las empresas que tienen contratos al margen de ese mercado habrán de esperar la rebaja hasta cuando les toque revisar su contrato: como el tope dura un año, antes o después lo notarán, aunque entonces tendrán que pagar también la compensación al tope del gas (los 20 euros MWh) como el resto.
Las eléctricas llevan dos años intentando que los usuarios nos cambiemos de la tarifa regulada (PVPC) a la tarifa libre, sin mucho éxito (en 2021 sólo se cambiaron 1,2 millones de usuarios, según la CNMC). Y mienten cuando utilizan el argumento que la tarifa libre es más barata. Entre 2015 y 2020, el precio medio de la tarifa regulada (PVPC) fue un 30% más barato que la tarifa libre, según la CNMC). Y en abril de 2022, cuando se disparó el precio en el mercado mayorista, un cliente doméstico con tarifa regulada pagó 72 euros de media frente a 78 euros de media en el mercado libre. Además, según el comparador de la Comisión de la Competencia (CNMC), de las 58 propuestas de tarifas “libres” analizadas, 14 son más económicas y 44 más caras. Así que de “tontos” nada.
Ahora, mientras comprobamos cuánto nos baja la luz desde junio, el Gobierno estudia cambiar el sistema de precio regulado (PVPC), una imposición de Bruselas, que entraría en vigor el 1 de enero de 2023. El Ministerio de Transición Energética está estudiando esa nueva tarifa regulada, para que sea más estable (como en la mayoría en Europa), vinculándola a una cesta de precios de mercados a plazos (anuales, trimestrales y mensuales) y también al mercado diario.
El objetivo es que el precio de la luz no sea un sobresalto diario, aunque, para asegurarlo, habría que cambiar el sistema europeo de fijación de precios, que obliga a los consumidores a pagar costes de más. Si la “excepción ibérica” funciona, ya hay otros paises europeos que están pensando con copiarla y presionar a Bruselas para cambiar el mercado. Incluso la propia Comisión estudia generalizar la excepción ibérica si Rusia corta el suministro del gas a Europa. Y a partir de ahí, Bruselas se abre ahora a algunas reformas del mercado eléctrico a medio plazo, algo impensable hasta ahora. Urge esa reforma, para que los usuarios paguemos por la luz lo que cuesta producirla, no más. Luz y taquígrafos.
jueves, 10 de octubre de 2019
Luz más barata pero más sucia
El recibo de la luz ha bajado en septiembre y son ya 11 meses bajando, con una rebaja anual del 18%. Eso es porque un 20% de la luz se ha generado con gas natural, cuyo precio ha bajado a la mitad. Pero hay menos luz producida con agua y viento, por el clima, y la luz es más sucia: el 35% es renovable este año (sólo el 28,7% en agosto), frente al 38,5% en 2018. Además, los consumidores de 11 autonomías recibirán una carta este mes donde les suben el recibo de septiembre, entre 17 céntimos y 2 euros, por impuestos autonómicos de 2013 no cobrados. Al final, la luz es la 4ª más cara de Europa para las familias y la 9ª más cara para empresas. Y eso, porque pagamos costes de más, por la generación, recargos e impuestos. Es prioritario que el futuro Gobierno haga una auditoría de costes y paguemos por la luz lo que cuesta, no extracostes que alimentan el dividendo de las eléctricas. Nadie se ha atrevido a hacerlo.
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| enrique ortega |
El recibo de la luz sufre muchas subidas y bajadas porque el mercado eléctrico (que supone un 35% del recibo: el resto son “peajes” e impuestos) es un tobogán de precios, con mucha volatilidad por el clima (que afecta a los embalses hidroeléctricos y al aire de los molinos) y los costes del fuel, el carbón y el gas que usan las centrales eléctricas. Así, en septiembre de 2018, el precio de producir electricidad batió récords históricos (alcanzó los 71,27 euros por kwh) y en septiembre de 2019 ha cerrado a 42,11 euros por kwh, un 41% menos que hace un año. Y como el precio del mercado eléctrico ha sido bajo, hemos asistido a 11 meses de bajadas del recibo (todos salvo julio) en el último año. Y así, en septiembre de 2019, el recibo medio de una familia (4,4 kWh de potencia y 3.000 kWh de consumo) ha sido de 52,43 euros, un 17,9% menos que en septiembre de 2018 (63,86 euros), según datos de la Comisión de Competencia (CNMC).
El precio de producir la electricidad ha caído mucho este año porque se ha disparado la utilización de gas natural en las centrales de ciclo combinado: su producción ha crecido un +105,3% de enero a septiembre, según Red Eléctrica (REE). Y ha aportado un 21,36% de la luz producida, sólo por detrás de la nuclear (22,11% de la generación), siendo la energía más utilizada en septiembre (27,3% de la electricidad). Y eso porque el precio del gas natural se ha desplomado en los mercados internacionales (hace un año costaba de 22 a 25 euros por MWh y en septiembre ha costado 9,86 euros, un precio que no se veía hace una década), por la mayor producción de gas en EEUU (por el fracking, “gracias” a Trump). Con ello, las eléctricas han reducido la producción con carbón (muy caro, por la subida del impuesto al Co2 que generan) y han puesto a trabajar a tope sus centrales de gas, hasta ahora sólo utilizadas para cubrir repuntes de demanda. Con ello, producir electricidad ha sido más barato. Además, el clima (sequía y falta de viento) ha provocado una caída de la producción hidroeléctrica (-42,2% de enero a agosto) y eólica (-1,7%), más baratas.
Pero si el desplome del precio del gas ha abaratado la electricidad, ahora es más “sucia”, porque han reducido su peso las energías renovables, al reducirse el peso de la energía hidráulica (los embalses están en mínimos) y eólica, mientras baja el peso del carbón (que produce la luz más “sucia”) y se dispara el gas (que emite menos pero también emite CO2). El resultado es que la generación renovable (hidráulica, eólica, solar y otras renovables) ha reducido su peso, del 38,5% de la producción eléctrica en 2018 al 35,18% que aportan en 2019 (enero a septiembre), según REE. Y sólo un 28,7% de la electricidad producida en agosto de 2019 fue renovable y un 34,1% en septiembre. Y si analizamos el peso de la generación eléctrica sin emisiones, ha caído del 71% del total que alcanzó en marzo de 2019 a sólo el 53% de la electricidad producida en agosto de 2019, según el último balance mensual de REE.
Así que pagamos la luz un 18% más barata que hace un año pero una luz más “sucia” y menos renovable, generada con menos carbón (muy contaminante) pero también con menos agua y viento y muchísimo más gas natural (que emite CO2, aunque menos que el carbón). Además, este mes de octubre, los consumidores de 11 autonomías vamos a recibir una carta de nuestra compañía eléctrica donde nos anuncian un pequeño recargo en el recibo de la luz de septiembre, para compensar la subida de impuestos autonómicos que no se cobró en 2013. Ese año, 14 autonomías (todas salvo Baleares, Canarias y País Vasco) pusieron un impuesto a la producción, transporte y distribución de electricidad, pero ese recargo no se incluyó en las tarifas en 2013. Las eléctricas recurrieron y el Tribunal Supremo obligó al Gobierno a incluirlo. Pero se retrasó y en 2016 hubo otra denuncia de Iberdrola, que llevó al Supremo a dar un ultimátum al Gobierno. En 2017, se aplicó sólo a 4 autonomías (Cataluña, la Rioja, Castilla la Mancha y Comunidad Valenciana) y ahora, en septiembre de 2019 se aplica a las 10 restantes y a Cataluña (porque el recargo de 2017 fue insuficiente).
La subida es pequeña y se estima que será de 10,36 euros en Galicia, 8,22 euros en Castilla y León, 5,16 en Cantabria, 2,25 en Aragón, 1,79 euros en Navarra, 1,19 en Asturias, 1,17 en Extremadura, 1,05 en Murcia, 0,30 euros en Andalucía, 0,36 en Madrid y 0,17 euros en Cataluña, segúnla estimación de Gesternova, aunque la de la OCU es mayor en todas (19,79 euros en Galicia, 15,69 euros en Castilla la Mancha o 0,57 en Madrid o Andalucía). En este recibo de septiembre, lo máximo que se puede cargar es una subida de 2 euros y donde la subida sea mayor, se prorrateará el resto en los próximos 12 meses.
Es el “chocolate del loro” en un recibo, pero muchos millones para el conjunto de consumidores, que irán a las angustiadas arcas de las autonomías. Al final, a pesar de la bajada de la luz en el último año, el coste de la electricidad en España es muy alto: los consumidores domésticos pagamos la 4ª luz más cara de Europa (tras Dinamarca, Alemania y Bélgica) y las industrias pagan la 9ª luz más cara, según Eurostat (primer semestre 2019). Así, la electricidad de uso doméstico cuesta 0,2369 euros por kWh, un 12% más cara que la media europea (cuesta 0,2113 €/kWh en la UE-28) y bastante menos que en Francia (0,1765), Reino Unido (0,2122) o Italia (0,2161). Y la electricidad de uso industrial cuesta en España 0,1389 euros/kWh, un 2,3% menos que en Europa (0,1422) pero más que en Francia (0,1230) y otros 18 paises europeos. Y si descontamos los impuestos (pagamos menos que la media europea: 21% de IVA frente al 37% en la UE-28), la luz de uso doméstico es en España la 2ª más cara de Europa (tras Bélgica) y la 4ª más cara para la industria, tras Chipre, Malta e Irlanda (3 islas), según Eurostat.
Y además de tener la luz más cara que en la mayoría de Europa, el servicio de las eléctricas es el peor valorado por los españoles, peor aún que el servicio de telefonía e Internet: el 19,1% de los usuarios de la electricidad están “poco o nada satisfechos”, según el Panel de hogares elaborado por la CNMC. Además, casi la mitad se queja de la falta de claridad de las facturas y el 90,5% de los encuestados consideran que la luz “es cara”.
Así que la luz es cara, objetiva y subjetivamente, al margen de que suba o baje coyunturalmente con los precios del gas (que podría volver a duplicar su precio en unos meses, según los mercados de futuros) o del carbón y los efectos del clima. ¿Por qué es cara la luz? La razón es que los usuarios pagamos costes de más en las tres partes del recibo: en el coste de generación de la electricidad (el 35% del recibo), en los peajes que aprueba el Gobierno (40% del recibo) y en los impuestos (25%). Veámoslo.
El primer componente, el precio de producir la luz, se fija en el mercado eléctrico ibérico (MIBEL), un mercado donde se negocia el precio de la luz cada hora según la aportación de las distintas energías y su coste. Pero el sistema de fijación de precios, aprobado por Aznar en la Ley Eléctrica de 1997, es “de locos”: cada empresa aporta su electricidad, empezando por las más baratas (hidroeléctricas, nucleares y renovables) y siguiendo con las más caras (carbón, fuel y gas). Y al final, el precio resultante para todas es el del kilowatio más caro. Lo normal es que la energía que falta (y más cuando no llueve o falta viento) se cubra con centrales de carbón, fuel o gas, las más caras, que producen a 60 euros por kilowatio. Y ese es el precio que se paga también a las centrales hidroeléctricas (a las que producir un kilowatio les cuesta 10 euros) o a las nucleares (a las que les cuesta 22 euros/kWh), centrales que además ya están amortizadas (tras 90 o 40 años de vida). Es como si compráramos carne picada hecha con pollo, cerdo, ternera y chuletón y nos la cobraran toda a precio de chuletón. Y así, pagamos unos 4.500 millones de más al año, según un cálculo de Natalia Fabra.
Además de fijar unos precios de la luz muy por encima de los costes reales, el mercado eléctrico español es poco transparente (lo controlan de hecho las eléctricas, que son “juez y parte”), muy volátil (con muchos altibajos de precios, más que en Europa) y promueve el fraude, como ha detectado en varias ocasiones la Comisión de Competencia (CNMC). Así, en diciembre de 2013, la CNMC multó a Iberdrola con 25 millones de euros por parar la producción de sus centrales hidroeléctricas del Duero, Tajo y Sil para provocar una falta de oferta de “electricidad barata” que obligó a utilizar sus centrales de gas (más caras) y disparó el precio de la luz en el mercado eléctrico (y sus beneficios). En junio de 2008, la CNMC también multó a Viesgo con 6 millones por “manipular su oferta” en la central de los Barros (Cádiz) para subir artificialmente los precios. Y en mayo de 2019, la CNMC impuso una multa de 13 millones a Naturgy (Gas Natural Fenosa) y 5,8 millones a Endesa por utilizar 10 centrales de gas para manipular el mercado eléctrico y subir el precio de la electricidad “de forma consciente y deliberada”. Un largo historial de malas prácticas que pagamos en el recibo.
El segundo componente del recibo de la luz (un 40%) son los llamados “peajes”, una especie de “cajón de sastre” donde los distintos Gobiernos han ido incluyendo múltiples costes que nos cargan cada mes. Unos son costes “justificados” pero demasiado elevados, como los del transporte de la electricidad (el 2,96% del recibo) y la distribución (el 10,04%). Otros son costes “más discutibles”: ayudas a las renovables, cogeneración y residuos (20,6%), ayudas por el parón nuclear (0,41%), para amortizar la deuda eléctrica acumulada (2,89%), para compensar a Endesa por producir electricidad en Baleares y Canarias (4,2%) y otras ayudas varias para mantener las centrales de gas (por los saltos de demanda) o para compensar a las grandes industrias consumidoras de electricidad. Costes y ayudas que son discutibles, pero que deberían pagarse con el Presupuesto y no con nuestro recibo.
La tercera parte del recibo de la luz (el 25%) son los impuestos: pagamos un impuesto especial eléctrico (del 5,113% sobre la potencia instalada y el consumo) y el 21% de IVA sobre la factura total (incluido el impuesto eléctrico, con lo que pagamos un impuesto sobre otro). Y aquí, también pagamos impuestos de más, porque España es el 5º país de la UE con el IVA de la electricidad más alto, sólo por detrás de Dinamarca y Suecia (25% IVA), Finlandia (24) y Portugal (23%), pero muy por encima del IVA que paga la luz en Reino Unido (5%), Italia (10%), Grecia (13%), Irlanda (13,5%), Francia (16,7%) o Alemania (19%).
Como acabamos de ver, los consumidores pagamos costes de más en las tres partes del recibo de la luz, en la producción de electricidad (35% del recibo), en los peajes que incluye el Gobierno (40% del recibo) y en los impuestos (25% del recibo). Por eso es más cara que en la mayoría de Europa, al margen que unos meses suba o baje por el clima o los precios del fuel, el carbón o el gas. Y estos “extracostes” que pagamos cada mes en el recibo benefician sobre todo a las eléctricas españolas (un oligopolio: las 3 grandes controlan el 80% del mercado), que ganan el doble que las eléctricas europeas (en relación a su negocio), según un estudio del Observatorio de Sostenibilidad.
Ahora se ha producido un importante cambio institucional: este año, gracias a un Decreto aprobado en enero (por presión de la Comisión Europea), es la Comisión de la Competencia (CNMC, un organismo independiente) y no el Gobierno el organismo responsable de fijar los “peajes” por transporte y distribución de la electricidad (un 13% del recibo). Y ya han propuesto una rebaja de estos peajes de 735 millones para 2020, que rebajaría un 3% la luz a los consumidores domésticos y un 6% a las industrias, propuesta que ha puesto en pié de guerra a las eléctricas. Ahora, el Ministerio de Industria y la CNMC estudian fijar antes del 31 de diciembre el resto de los peajes (27% del recibo), una propuesta que tendrá mucho que ver con el resultado electoral y la renovación de la CNMC: su presidente, Marín Quemada, a quien “odian” las eléctricas, está en funciones desde el 9 de septiembre y su sucesor no puede nombrarse hasta que tome posesión un nuevo Gobierno, quizás no antes de fin de año.
Mientras se aclaran los peajes de 2020, lo que urge es que el futuro Gobierno imponga una auditoría de costes, para que paguemos la luz por lo que cuesta producirla, sin tantos extracostes no justificados o que deberían pagarse con los Presupuestos y no con el recibo. Eso permitiría bajar hasta un 40% el precio de la luz en unos años, según algunos expertos. Es hora de atreverse a hacerlo (no lo ha hecho ningún Gobierno), aunque suponga enfrentarse a las todopoderosas eléctricas. Va depender mucho del resultado electoral.
jueves, 7 de julio de 2016
La luz ha bajado pero vuelve a subir
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| enrique ortega |


