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jueves, 9 de mayo de 2024

Bajada histórica de la luz

Cuando le llegue el próximo recibo de la luz, comprobará que es el más bajo de los últimos años, porque el precio mayorista cayó en abril a 13,67 euros/MWh, el mínimo de la historia reciente, por el tirón de las renovables, gracias al clima (aire, lluvia y sol). Así, un tercio de consumidores (con tarifa regulada), pagarán menos de 50 euros, la menor factura en muchos años, aunque los que están en el “mercado libre” pagarán la tarifa que tienen (hasta que la revisen). Con el crecimiento de las renovables (que generan el 64,6% de toda la electricidad), España tiene una tarifa eléctrica de las más bajas de Europa y pagamos un tercio de la factura que en marzo 2022, tras la invasión de Ucrania, a pesar de la subida del IVA y otros impuestos. El riesgo es que una luz demasiado barata frene las inversiones en renovables. Ahora, se espera que la luz suba en verano y se estabilice después por debajo de los últimos años.

                   Enrique Ortega

El 1 de abril de 2024 pasará a la historia de la electricidad en España. Por primera vez, el precio de la electricidad en el mercado mayorista (donde acuden los que producen y venden electricidad) fue negativo (-0,01 euros/MWh) entre las 14 y las 17 horas, debido a la gran oferta de energía renovable (aire y lluvia) por las tormentas, que es la más barata. Este fenómeno significa que el precio del mercado se desplomó por la mayor aportación de las energías renovables (más baratas) y los operadores prefirieron tener que pagar algo por colocar su energía antes que quedar fuera del mercado. Esto es algo que ya había pasado muchas veces en otros paises europeos, pero nunca en España. Y los precios negativos se repitieron varios días más después, con lo que un 38% de las horas de todo abril registraron un precio cero o negativo en el mercado mayorista español.

La consecuencia de esta gran oferta de energías renovables (y la baja demanda) ha sido el desplome del precio de la electricidad en el mercado mayorista español, que cerró abril con un precio medio de 13,67 euros/MWh, el mínimo en la historia reciente. Un precio que ya había caído mucho en febrero (a 40 euros/MWh desde los 74,21 euros que costaba en enero) y más en marzo (a 20,31 euros/MWh), gracias al viento (febrero), la lluvia (marzo) y el sol (abril). Con ello, el precio mayorista de la electricidad en España cierra el primer cuatrimestre (enero-abril) con una media de 37,02 euros/KWh, menos de la mitad del precio mayorista de la luz en todo 2023 (87,43 euros), casi 6 veces más barato que el precio mayorista en 2022 (209,69 euros/MWh), tras la invasión de Ucrania, y un tercio del precio mayorista de la luz en 2021 (111,39 euros). Y también queda por debajo del precio medio en los 5 años anteriores (46,15 euros/MWh en 2016-2020).

En toda Europa ha bajado también el precio mayorista de la luz este año, por el auge de las renovables y la menor demanda, pero la bajada ha sido mucho mayor en España, que tiene el precio mayorista de la luz más bajo (enero-abril), junto a Portugal: 37,02 euros/MWH, frente a 71,37 euros/MWh de media en los principales paises, según el grupo ASE. Y en mayo, España (y Portugal) siguen con los precios mayoristas más bajos de Europa: 21,24 euros/MWh el 8 de mayo, frente a 22 euros en Francia, 90 en Dinamarca, 91,82 euros en Alemania, 92 euros en Paises Bajos, 94 en Polonia o 100 euros/MWh en Italia.

¿Por qué se ha desplomado este año el precio de la electricidad? La razón principal es el auge de las renovables, energías con menores costes de producción, gracias a la climatología (viento, lluvia y sol). En abril, el factor fundamental ha sido el tirón de la generación hidráulica (creció un 168% respecto a abril 2023), por las fuertes lluvias de marzo y abril, que llevaron a los embalses al 87% de capacidad. Y obligaron a las eléctricas a “desembalsar” muchos embalses del norte de España, con lo que se vieron obligados a ofertar energía hidráulica a precios negativos (lo contrario que han hecho otros años, en que han aprovechado sus reservas hidráulicas para “especular”, para ofrecer esa energía cuando el mercado mayorista alcanzaba precios altos: les han llegado a multar por hacerlo).

Para hacerse una idea de en qué medida la luz en el mercado mayorista se ha desplomado por el auge de las renovables (energías más baratas que el gas, carbón o la nuclear), basta ver cómo han ido ganando peso en la generación de electricidad: si en 2019 aportaban el 37,5% de la electricidad producida, en 2023 ya supusieron el 50,4% y en marzo de 2024 batieron su récord, generando el 65,2% de toda la electricidad. En abril, el peso se las renovables se mantuvo en el 64,6% de la energía generada: 22,2% aportó la energía eólica (viento), 18,8% la solar fotovoltaica, 2,2% la solar térmica, 19,7% la hidráulica y el resto otras renovables, que desplazan ya a la energía nuclear (16,8% de la generación) y la térmica (10,3% gas y carbón), según REE.

Otro factor clave en la bajada de precios en el mercado mayorista es la baja demanda, tanto de las empresas (han mejorado su eficiencia energética) y de los hogares (más ahorro y mejor uso de la energía, diversificando por horas), fruto de los altos precios sufridos en 2021 y 2022 y también de las temperaturas más suaves de este invierno, que han reducido la demanda de electricidad. En los últimos 5 años, la demanda de electricidad ha bajado un -7,6% y aunque este año 2024 crece la demanda eléctrica, sólo ha subido un +0,7% hasta abril, según REE. Otro factor que frena el consumo es el aumento del autoconsumo: en España hay más de 298.000 viviendas y 54.000 instalaciones solares fotovoltaicas en empresas, En total, según la Asociación de Empresas de Energías Renovables (APPA Renovables). Entre todas, generan desde sus tejados el equivalente al 1,8% de la demanda eléctrica nacional.

Ojo, esta drástica bajada del precio de la electricidad en el mercado mayorista no se traslada toda a nuestros recibos de la luz. Primero, porque depende del tipo de contrato que tengamos. Los más beneficiados son ese tercio de consumidores (8,5 millones) que tienen una tarifa de la luz regulada (tarifa PVPC: precio voluntario para el pequeño consumidor), porque una parte de su recibo (un tercio) está vinculado al precio diario de la luz en el mercado mayorista: si baja, el precio que les cobran baja. Los dos tercios restantes de consumidores (unos 17 millones) tienen contratada la luz “en el mercado libre”: contrataron una tarifa que se revisa cada año. Así que hasta ahora, no se han beneficiado del desplome en el mercado mayorista: no notarán la rebaja en los recibos y tendrán que esperar a la revisión del contrato para “pelear” que les bajen tarifas. En los años “malos” (2021 y 2022), cuando el precio mayorista estuvo por las nubes, muchas eléctricas se dedicaron a ofrecer “tarifas planas”, para atraer a clientes al “mercado libre”. Pero ahora, están pagando de más.

Hay otro factor que explica que el desplome en el precio mayorista de la luz sea menor a la hora de pagar el recibo, tanto los hogares como las empresas: hay una parte del recibo ( dos tercios) que no paga lo que cuesta producir la luz en origen sino que paga otros costes regulados (la ayuda a las renovables, el parón nuclear, las ayudas a las islas), el coste del transporte y la distribución de la electricidad y los impuestos. Y todo esto no ha bajado. Al contrario, los 3 impuestos a la luz han subido en los últimos meses. El IVA a la electricidad, que había bajado al 10% en 2021 y al 5% en 2022, subió al 10% el 1 de enero de 2024 y ha vuelto a subir al 21% de antes el 1 de marzo. El impuesto especial a la electricidad, que bajó del 5,11% al 0,5% en 2021, ha subido en 2024, al 2,5% en el primer trimestre, al 2,8% en el 2º trimestre y subirá al 5,11%  el 1 de julio. Y el impuesto a la generación eléctrica, el 7%, que el Gobierno suprimió en 2021, ha vuelto en 2024, al 3,25% en el primer trimestre, al 5,25% en el 2º y al 7% de antes a partir del 1 de julio.

Así que el precio de generar la electricidad se ha desplomado, pero suben los impuestos a la luz. El efecto, para los dos tercios de consumidores (unos 17 millones) que han contratado la luz en el “mercado libre” es que su recibo les ha subido en 2024, sobre todo desde marzo, al subir el IVA al 21%. Pero al tercio restante de consumidores, los 8,5 millones que tienen una tarifa regulada de la luz (PVPC), su recibo les está bajando, a pesar de la subida de impuestos, porque ha bajado más el precio de la luz en origen. Así, un hogar con tarifa PVPC que tenga contratados 3,5kW de potencia y haya consumido 206 kilovatios en abril, pagará 35,43 euros, según el simulador de la CNMC, menos de los 43,33 euros que pagó en diciembre con ese consumo y de los 72,50 euros que pagó en abril de 2022. Según la OCU, que hace un seguimiento de la tarifa regulada mensual, un hogar con un consumo medio (que suben a 292 kilovatios y 4,6 kW de potencia) pagará por el recibo de abril 48,85 euros, frente a los 57,10 euros que pagó en diciembre de 2023, los 79,35 euros de diciembre de 2022 y al récord de 143 euros que pagó en el recibo de abril de 2022, tras la invasión de Ucrania. Es la primera vez, en años de seguimiento, que el recibo baja de los 50 euros mensuales.

Ahora, la climatología parece que se ha calmado (menos lluvia y viento), con lo que el precio mayorista de la electricidad está subiendo en mayo: el 1 de mayo estaba en 12,53 euros/MWh y ha subió a 33,54 euros hoy 9 de mayo, según el operador del mercado (OMIE). Y los precios del mercado de futuros apuntan a que subirá el precio de la generación de electricidad en mayo (a 29 euros de media) y junio (a 43 euros/MWh, el triple que en abril), para subir más en julio y agosto (hasta los 64 euros/MWh, el triple que ahora, pero todavía muy por debajo del precio medio de 2023, que fue de 87,43 euros). Y luego, en otoño e invierno, dependerá de la climatología, pero dado el avance imparable de las renovables, los expertos creen que el precio mayorista de la electricidad será en 2024 inferior al de los tres años anteriores.

Eso va a darnos un cierto respiro en la factura de la luz, a los hogares y a las empresas, aunque subirá algo el resto del año sobre lo que hemos pagado hasta abril. Hay dos cuestiones importantes. Una, que ha cambiado la tarifa regulada desde el 1 de enero, para intentar que haya menos oscilaciones: ahora, sólo el 75% del coste de la electricidad (un tercio del recibo final) se calcula con el precio del mercado mayorista diario (hasta ahora suponía el 100%) y el 25% se computa con el precio de las compras a plazo, a las que se obliga a las comercializadoras (en 2025, esas compras a plazo tendrán que suponer el 40% der la electricidad ofertada y en 2026 el 55%). Así que el consumidor debe notar menos las oscilaciones de precio del mercado diario (que este año le benefician tanto) y si el mercado mayorista sube, le repercutirá menos que hasta ahora.

El otro cambio importante es que si el precio mayorista de la luz sube de 45 euros (lo que podría pasar en julio y agosto), automáticamente baja el IVA, del 21% actual al 10%, según el mecanismo aprobado por el Gobierno para defender al consumidor de posibles subidas. Así que este verano podríamos tener una electricidad más cara, pero no notarlo tanto en el recibo al bajar entonces el IVA. Y sobre todo, tener un recibo “moderado” en otoño e invierno, si ayuda la climatología, no se dispara el precio del petróleo y el gas (hoy energías marginales en la producción de electricidad) y siguen creciendo las energías renovables.

Aquí tenemos un elemento de incertidumbre: si el precio mayorista de la electricidad se desploma (como ha pasado entre febrero y abril) a las empresas eléctricas les compensa menos invertir en renovables.  Es un temor que ya ha señalado el sector renovables, sobre todo las empresas que están invirtiendo en energía solar fotovoltaica, que es la energía alternativa que más crece (por encima de la eólica, hidráulica y biomasa). De hecho, en marzo y abril aseguran que los precios conseguidos en el mercado mayorista han sido inferiores a los costes: 10 euros/MWh de media en la energía fotovoltaica frente a 30/40 euros de coste y 14 euros la energía eólica frente a 40/50 euros de coste. Y alertan que si los precios de la electricidad bajan demasiado en los próximos años, será difícil cubrir inversiones y costes, lo que podría frenar los proyectos en marcha.

El Gobierno reconoce este riesgo y está dispuesto a ayudar a las renovables, con unas futuras subastas más atractivas, y mejorando la red de distribución y potenciando los sistemas de almacenamiento (baterías para almacenar energías renovables, algo que hoy no se hace). Resulta clave también una mayor flexibilidad del sistema de producción y distribución (REE), porque hoy se da el contrasentido de mantener disponibles plantas nucleares o de gas para hacer frente a los picos de producción cuando falta aire o sol (por no poder almacenar estas energías), lo que encarece el coste de generación eléctrica. Al final, el objetivo del Gobierno, en el último Plan (PNIEC) enviado a Bruselas es que las energías renovables generen el 81% de toda la electricidad en 2030 (entre enero y abril han generado el 59,5%), lo que nos aseguraría una electricidad más limpia y barata. Así que la clave del recibo futuro seguirá siendo las energías renovables y el clima, aún más que en 2024.

jueves, 19 de mayo de 2022

Así bajará la luz

Habrá que esperar a junio, pero por fin bajará la luz, que ha subido un 35% en el último año. Los primeros que lo notaremos seremos “los tontos” con tarifa regulada, a los que el recibo bajará entre un 20% y un 30%, hasta mayo de 2023, gracias al tope al gas autorizado excepcionalmente a España y Portugal por la Comisión Europea. Después, los “listos” del mercado libre (que llevan años pagando la luz más cara, digan lo que digan las eléctricas) notarán la rebaja cuando renueven su contrato. Y si la guerra de Ucrania sigue, el Gobierno tendrá que prorrogar, a finales de junio, la bajada de impuestos a la luz, para mantener la rebaja del recibo. Son sólo unos “parches” para frenar la inflación, porque España tendrá que aprobar para enero una nueva tarifa regulada, que sea menos volátil que la actual. Y en paralelo, toda Europa podría revisar el sistema de fijación de precios de la electricidad, poco eficiente y transparente. Luz y taquígrafos.

Enrique Ortega a partir de Georges de La Tour

Para entender la bajada de la luz que viene, hay que recordar cómo funciona el recibo de la luz. Tiene 3 partes: el coste de la electricidad en el mercado (que suponía el 40% del recibo, pero que ahora ya supone el 70%), los costes regulados (pagos que aprueba cada año el Gobierno, para financiar el transporte y distribución, ayudas a las renovables y a la electricidad en las islas o el pago de la deuda eléctrica) y los impuestos. Y luego, hay dos tipos de consumidores. La mayoría de los usuarios domésticos (19,8 millones a finales de 2021, según la CNMC, el 66,28% de los contratos)  y un 30% de las empresas tienen un contrato libre: pagan una tarifa que pactan con una comercializadora de electricidad y la revisan cada año (hay grandes empresas con contratos a medio plazo), sin ninguna capacidad de negociar realmente. Y el resto de usuarios domésticos (10,07 millones, el 33.72% de los contratos) tienen una tarifa regulada (PVPC), ligada al precio diario de la luz en el mercado mayorista. Este es el precio diario que suele publicarse (191,08 MWh para hoy jueves).

Los precios de la luz en el mercado mayorista (que suponían el 40% del coste del recibo en la tarifa regulada y libre) eran moderados hasta 2021: 33,96 euros por MWh en 2020, algo más bajos por la pandemia que en 2019 (46,78 euros) y 2018 (57,29 euros), el precio más alto desde 2010 (45,83 euros). Pero en enero de 2021 llegó la tormenta Filomena y el precio se duplicó el 8 de enero, hasta los 94,99 euros por MWh. Luego se calmó, por debajo de los 50 euros, para subir a 73,54 euros el 3 de mayo y superar los 100 euros el 20 de julio. Y después, batió 27 récords de subidas hasta fin de año (ver gráfico), el último el 23 de diciembre, con 383,67 euros por MWh, un récord histórico. A partir de ahí hubo una tregua coyuntural, para acabar el año 2021 con una media de coste de la luz en el mercado mayorista de 111,90 euros, el triple que la media de 2020 (33,96 euros).

Esta subida desproporcionada de la luz en origen provocó un tremendo salto en la factura de la luz de los españoles, sobre todo de los que tenían la tarifa regulada (al resto, “el susto” les llegó cuando renovaron su contrato “libre”). Así, la factura media (4,6 kilovatios de potencia y 3.500 euros de consumo anual) subió de 34 euros mensuales en 2020 a 119 euros en 2021, según la OCU.

Pero “el susto” de la factura de la luz no había acabado. En enero de 2022, el precio mayorista de la luz (en origen) había vuelto a subir de los 200 euros por MWh, por las tensiones en los precios del gas natural desatadas por Rusia (que suministra el 41 % del gas que consume Europa) y por la fuerte subida de los derechos de emisión de CO2 que pagan las eléctricas por producir electricidad con energías contaminantes (carbón, fuel y gas): su coste (que las eléctricas repercuten en el precio mayorista) pasó de 33,43 euros por tonelada en enero de 2021 a 84,8 euros en enero de 2022, según Sendeco. Pero la puntilla fue la invasión de Ucrania por Putin, el 24 de febrero: el precio del gas natural se disparó (de 88,89 euros MWh a 134 euros y hasta 214 euros el 8 de mayo, 11 veces más caro que un año antes). Y eso provocó que el coste de la luz en el mercado mayorista saltara de 195 euros MWh el 23 de febrero a 544,98 euros el 9 de mayo, 57 veces más caro que un año antes (ver gráfico). Y  aunque luego, el precio del gas natural se ha moderado, todavía hoy cuesta 76,16 euros MWh, el triple que hace un año).

El precio del gas natural es clave para fijar el precio de la electricidad en el mercado mayorista (que supone ya el 70% del coste final de nuestro recibo), por culpa del sistema de fijación de precios (“marginalista”), que funciona en toda Europa. Cada día hay una subasta, que fija el precio mayorista de la electricidad, según el precio de la energía más cara de las que aportan electricidad. Y en los últimos dos años, esa energía más cara es el gas, con lo que las demás energías, mucho más baratas (sobre todo la hidroeléctrica, nuclear o las renovables) se pagan al precio del gas (el doble o triple de lo que ellas cuestan). Es como si compráramos carne picada hecha con pollo, cerdo, vaca, ternera, cordero y chuletón y la pagáramos toda al precio de chuletón

Así que si el precio del gas se dispara, por cuestiones geopolíticas, el precio mayorista de la luz se dispara y también nuestro recibo mensual. Es lo que ha pasado, en 2021 y más en 2022, tras la guerra de Ucrania: el precio medio del gas natural se ha situado en 95,98 euros MWh entre enero y abril de 2022, el doble que el coste medio en 2021 y 9 veces el coste medio del gas en 2020. Y por eso, el precio medio de la electricidad en el mercado mayorista (en origen) se ha situado en 2022 (entre enero y abril) en 219,19 euros MWh, el doble del precio mayorista de la luz en 2021 (111,90 euros) y 6 veces el precio mayorista de la luz en 2020 (33,96 euros MWh).

Ya  en junio de 2021, cuando el precio mayorista de la luz superó los 90 euros MWh (un récord histórico, aunque hoy cuesta ya 197 euros MWh), el Gobierno Sánchez aprobó las primeras medidas para intentar contener la subida del recibo: rebajó hasta final de año uno de los dos impuestos que pagamos (el IVA, que redujo del 21 al 10%) y suprimió  a las eléctricas el impuesto de generación eléctrica (7%), sólo para el tercer trimestre. Pero el “parche” no sirvió de mucho, porque el precio mayorista siguió subiendo y se duplicó (por la subida del gas y los derechos de emisión de CO2). Así que en septiembre, el Gobierno volvió a aprobar “otro parche”: bajó el impuesto especial de la electricidad que también pagamos con el recibo (del 5,1127% al 0,5% que es el mínimo que permite la UE) y mantuvo la rebaja del IVA y la supresión del impuesto eléctrico hasta fin de año. Además, rebajó un 96% hasta fin de año los costes regulados del recibo (las ayudas que fija el Gobierno).

Dos “parches” que surtieron poco efecto, aunque frenaron algo el recibo, consiguiendo que pagáramos por la luz en 2021 el precio de 2018, una promesa de Sánchez que se cumplió, según Eurostat. Pero era insuficiente, a la vista de los precios del gas y la electricidad para  2022. Así que en diciembre de 2021, el Gobierno aprobó “el tercer parche”: prorrogar hasta finales de abril de 2022 la rebaja del IVA al recibo (del 21 al 10%) y del impuesto de la electricidad (0,5%) así como la supresión del impuesto de generación (7%), recortando además otro 30%  los cargos regulados del recibo para este año. Y amplió los beneficios del “bono social “eléctrico, que supone descuentos del 60 al 70% en el recibo para las familias con menos ingresos (se beneficiaban 1,2 millones de hogares).

A pesar de “los parches”, el precio del gas y de la luz en el mercado mayorista seguía tirando al alza del recibo. Y en esas, Putin invadió Ucrania el 24-F y el precio de la luz y el gas se dispararon, con lo que el recibo medio de la luz subió de 119 euros en diciembre 2021 a 143 euros en marzo de 2022, un nuevo récord histórico. El Gobierno vuelve a aprobar nuevas medidas, “el 4º parche”, el 29 de marzo, dentro del Plan nacional de respuesta a la guerra: ampliar hasta el 30 de junio las rebajas fiscales a la luz, reducción del 80% de los costes regulados que pagan las industrias que consumen más electricidad y ampliar a 600.000 beneficiarios más (hasta 2 millones) las ayudas del bono social eléctrico.

Pero el Gobierno sabía que este parche, como los anteriores, era insuficiente mientras no se reformara el sistema eléctrico de fijación de precios, una medida que sólo podía tomar la Comisión Europea. Por eso, en marzo, el presidente Sánchez realizó una gira por Europa para recabar apoyos para reformar el sistema, empezando por poner un tope al gas, la energía que estaba disparando el coste de la luz. Pero en Bruselas pinchó en hueso”: Alemania y la mayoría de la Comisión Europea no querían reformar el mercado, presionados por el poderoso “lobby” de las eléctricas, que reciben beneficios extras (“caídos del cielo”) por cobrar todas las energías al precio del gas. Y amenazaban con “cortes de suministro” si se ponían topes de precios y se “distorsionaba el mercado”.

Al final, en la Cumbre Europea del 24 y 25 de marzo, España y Portugal consiguieron la llamada “excepción ibérica”: poner un tope máximo al precio del gas natural, con la doble “excusa” (real) de que la Península Ibérica es una isla energética (sólo el 2,8% de la electricidad viene de fuera, cuando en Centroeuropa es incluso la mitad) y que han avanzado mucho más que otros paises en las energías renovables ( España cubrió en abril el 40% de su producción de electricidad con energía eólica y solar). A lo largo de abril, los gobiernos español y portugués negociaron con Bruselas y el pasado 13 de mayo, un Consejo de Ministros extraordinario aprobaba el tope al gas, que ahora tiene que confirmar la Comisión Europea, con lo que la rebaja de la luz no se notará hasta junio.

¿Cómo y cuánto va a bajar la luz? Lo pactado con Bruselas es que España y Portugal ponen un tope al precio que marca el gas natural en el mercado mayorista: será de 48,8 euros MWh durante un año (desde junio 2022 a mayo de 2023), con lo que las demás energías ya no cobrarán el precio actual del gas (76,16 euros hoy) sino casi la mitad (desde 40 euros al principio a 70 euros dentro de un año). Eso va a bajar drásticamente el precio mayorista de la electricidad, de los 191,08 euros MWh que cuesta hoy a unos 130 euros en junio y meses siguientes (-32%). Y con ello, al bajar el precio en origen (70% del recibo) bajará también el recibo que pagamos cada mes, entre un 20 y un 30%, según meses y horas.

Pero este tope al gas hay que pagarlo: las eléctricas seguirán cobrando por el gas lo que valga en el mercado internacional (72,245 euros hoy), con lo que se les compensará la diferencia entre este precio de mercado y los 48,8 euros de tope que se les pagará en el mercado mayorista. Esta compensación (entre 4.000 y 5.000 millones anuales) la pagarán las empresas que compran y comercializan energía, pero nos lo cargarán a los consumidores que nos beneficiemos del tope al gas. Se estima que esta compensación será de unos 20 euros MWh, con lo que el nuevo precio mayorista real con el tope será unos 150 euros MWh. Aún así, supone una rebaja del -21,5% sobre el precio mayorista de hoy.

Y sobre todo, los que van a sufrir un recorte en sus beneficios por este tope al gas son las eléctricas, que ya no van a cobrar hasta 80 euros por energías que cuestan la mitad o menos (hidroeléctrica, nuclear o renovables), sino una media de 48,8 euros durante un año. Eso les supone perder unos 6.000 millones de “beneficios caídos del cielo”, la razón por la que critican la “excepción ibérica” y no quieren que se generalice en Europa.

Ahora, a principios de junio, cuando entre realmente en vigor el tope al gas, el precio mayorista bajará ese 30% esperado y con ello notaremos una rebaja importante en el recibo de junio, del 20 al 30%. Los primeros en notar la rebaja serán “los tontos” que tienen un contrato regulado (PVPC), esos 10 millones de usuarios domésticos, y el 70% de las empresas que tienen su factura ligada también al mercado mayorista. Se espera que el recibo baje de los 100 euros de abril a unos 85 euros de media en junio. Los “listos” que tienen un contrato libre (19,8 millones de particulares) y el 30% de las empresas que tienen contratos al margen de ese mercado habrán de esperar la rebaja hasta cuando les toque revisar su contrato: como el tope dura un año, antes o después lo notarán, aunque entonces tendrán que pagar también la compensación al tope del gas (los 20 euros MWh) como el resto.

Las eléctricas llevan dos años intentando que los usuarios nos cambiemos de la tarifa regulada (PVPC) a la tarifa libre, sin mucho éxito (en 2021 sólo se cambiaron 1,2 millones de usuarios, según la CNMC). Y mienten cuando utilizan el argumento que la tarifa libre es más barata. Entre 2015 y 2020, el precio medio de la tarifa regulada (PVPC) fue un 30% más barato que la tarifa libre, según la CNMC). Y en abril de 2022, cuando se disparó el precio en el mercado mayorista, un cliente doméstico con tarifa regulada pagó 72 euros de media frente a 78 euros de media en el mercado libre. Además, según el comparador de la Comisión de la Competencia (CNMC), de las 58 propuestas de tarifas “libres” analizadas, 14 son más económicas y 44 más caras. Así que de “tontos” nada.

Ahora, mientras comprobamos cuánto nos baja la luz desde junio, el Gobierno estudia cambiar el sistema de precio regulado (PVPC), una imposición de Bruselas, que entraría en vigor el 1 de enero de 2023. El Ministerio de Transición Energética está estudiando esa nueva tarifa regulada, para que sea más estable (como en la mayoría en Europa), vinculándola a una cesta de precios de mercados a plazos (anuales, trimestrales y mensuales) y también al mercado diario. 

El objetivo es que el precio de la luz no sea un sobresalto diario, aunque, para asegurarlo, habría que cambiar el sistema europeo de fijación de precios, que obliga a los consumidores a pagar costes de más. Si la “excepción ibérica” funciona, ya hay otros paises europeos que están pensando con copiarla y presionar a Bruselas para cambiar el mercado. Incluso la propia Comisión estudia generalizar la excepción ibérica si Rusia corta el suministro del gas a Europa. Y a partir de ahí, Bruselas se abre ahora a algunas reformas del mercado eléctrico a medio plazo, algo impensable hasta ahora. Urge esa reforma, para que los usuarios paguemos por la luz lo que cuesta producirla, no más. Luz y taquígrafos.

jueves, 10 de octubre de 2019

Luz más barata pero más sucia


El recibo de la luz ha bajado en septiembre y son ya 11 meses bajando, con una rebaja anual del 18%. Eso es porque un 20% de la luz se ha generado con gas natural, cuyo precio ha bajado a la mitad. Pero hay menos luz producida con agua y viento, por el clima, y la luz es más sucia: el 35% es renovable este año (sólo el 28,7% en agosto), frente al 38,5% en 2018. Además, los consumidores de 11 autonomías recibirán una carta este mes donde les suben el recibo de septiembre, entre 17 céntimos y 2 euros, por impuestos autonómicos de 2013 no cobrados. Al final, la luz es la 4ª más cara de Europa para las familias y la 9ª más cara para empresas. Y eso, porque pagamos costes de más, por la generación, recargos e impuestos. Es prioritario  que el futuro Gobierno haga una auditoría de costes y paguemos por la luz lo que cuesta, no extracostes que alimentan el dividendo de las eléctricas. Nadie se ha atrevido a hacerlo.

enrique ortega

El recibo de la luz sufre muchas subidas y bajadas porque el mercado eléctrico (que supone un 35% del recibo: el resto son “peajes” e impuestos) es un tobogán de precios, con mucha volatilidad por el clima (que afecta a los embalses hidroeléctricos y al aire de los molinos) y los costes del fuel, el carbón y el gas que usan las centrales eléctricas. Así, en septiembre de 2018, el precio de producir electricidad batió récords históricos (alcanzó los 71,27 euros por kwh) y en septiembre de 2019 ha cerrado a 42,11 euros por kwh, un 41% menos que hace un año. Y como el precio del mercado eléctrico ha sido bajo, hemos asistido a 11 meses de bajadas del recibo (todos salvo julio) en el último año. Y así, en septiembre de 2019, el recibo medio de una familia (4,4 kWh de potencia y 3.000 kWh de consumo) ha sido de 52,43 euros, un 17,9% menos que en septiembre de 2018 (63,86 euros), según datos de la Comisión de Competencia (CNMC).


El precio de producir la electricidad ha caído mucho este año porque se ha disparado la utilización de gas natural en las centrales de ciclo combinado: su producción ha crecido un +105,3% de enero a septiembre, según Red Eléctrica (REE). Y ha aportado un 21,36% de la luz producida, sólo por detrás de la nuclear (22,11% de la generación), siendo la energía más utilizada en septiembre (27,3% de la electricidad). Y eso porque el precio del gas natural se ha desplomado en los mercados internacionales (hace un año costaba de 22 a 25 euros por MWh y en septiembre ha costado 9,86 euros, un precio que no se veía hace una década), por la mayor producción de gas en EEUU (por el fracking, “gracias” a Trump). Con ello, las eléctricas han reducido la producción con carbón (muy caro, por la subida del impuesto al Co2 que generan) y han puesto a trabajar a tope sus centrales de gas, hasta ahora sólo utilizadas para cubrir repuntes de demanda. Con ello, producir electricidad ha sido más barato. Además, el clima (sequía y falta de viento) ha provocado una caída de la producción hidroeléctrica (-42,2% de enero a agosto) y eólica (-1,7%), más baratas.


Pero si el desplome del precio del gas ha abaratado la electricidad, ahora es más “sucia”, porque han reducido su peso las energías renovables, al reducirse el peso de la energía hidráulica (los embalses están en mínimos) y eólica, mientras baja el peso del carbón (que produce la luz más “sucia”) y se dispara el gas (que emite menos pero también emite CO2). El resultado es que la generación renovable (hidráulica, eólica, solar y otras renovables) ha reducido su peso, del 38,5% de la producción eléctrica en 2018 al 35,18% que aportan en 2019 (enero a septiembre), según REE. Y sólo un 28,7% de la electricidad producida en agosto de 2019 fue renovable y un 34,1% en septiembre. Y si analizamos el peso de la generación eléctrica sin emisiones, ha caído del 71% del total que alcanzó en marzo de 2019 a sólo el 53% de la electricidad producida en agosto de 2019, según el último balance mensual de REE.


Así que pagamos la luz un 18% más barata que hace un año pero una luz más “sucia” y menos renovable, generada con menos carbón (muy contaminante) pero también con menos agua y viento y muchísimo más gas natural (que emite CO2, aunque menos que el carbón). Además, este mes de octubre, los consumidores de 11 autonomías vamos a recibir una carta de nuestra compañía eléctrica donde nos anuncian un pequeño recargo en el recibo de la luz de septiembre, para compensar la subida de impuestos autonómicos que no se cobró en 2013. Ese año, 14 autonomías (todas salvo Baleares, Canarias y País Vasco) pusieron un impuesto a la producción, transporte y distribución de electricidad, pero ese recargo no se incluyó en las tarifas en 2013. Las eléctricas recurrieron y el Tribunal Supremo obligó al Gobierno a incluirlo. Pero se retrasó y en 2016 hubo otra denuncia de Iberdrola, que llevó al Supremo a dar un ultimátum al Gobierno. En 2017, se aplicó sólo a 4 autonomías (Cataluña, la Rioja, Castilla la Mancha y Comunidad Valenciana) y ahora, en septiembre de 2019 se aplica a las 10 restantes y a Cataluña (porque el recargo de 2017 fue insuficiente).


La subida es pequeña y se estima que será de 10,36 euros en Galicia, 8,22 euros en Castilla y León, 5,16 en Cantabria, 2,25 en Aragón, 1,79 euros en Navarra, 1,19 en Asturias, 1,17 en Extremadura, 1,05 en Murcia, 0,30 euros en Andalucía, 0,36 en Madrid y 0,17 euros en Cataluña, segúnla estimación de Gesternova, aunque la de la OCU es mayor en todas (19,79 euros en Galicia, 15,69 euros en Castilla la Mancha o 0,57 en Madrid o Andalucía). En este recibo de septiembre, lo máximo que se puede cargar es una subida de 2 euros y donde la subida sea mayor, se prorrateará el resto en los próximos 12 meses.


Es el “chocolate del loro” en un recibo, pero muchos millones para el conjunto de consumidores, que irán a las angustiadas arcas de las autonomías. Al final, a pesar de la bajada de la luz en el último año, el coste de la electricidad en España es muy alto: los consumidores domésticos pagamos la 4ª luz más cara de Europa (tras Dinamarca, Alemania y Bélgica) y las industrias pagan la 9ª luz más cara, según Eurostat (primer semestre 2019). Así, la electricidad de uso doméstico cuesta 0,2369 euros por kWh, un 12% más cara que la media europea (cuesta 0,2113 €/kWh en la UE-28) y bastante menos que en Francia (0,1765), Reino Unido (0,2122) o Italia (0,2161). Y la electricidad de uso industrial cuesta en España 0,1389 euros/kWh, un 2,3% menos que en Europa (0,1422) pero más que en Francia (0,1230) y otros 18 paises europeos. Y si descontamos los impuestos (pagamos menos que la media europea: 21% de IVA frente al 37% en la UE-28), la luz de uso doméstico es en España la 2ª más cara de Europa (tras Bélgica) y la 4ª más cara para la industria, tras Chipre, Malta e Irlanda (3 islas), según Eurostat.


Y además de tener la luz más cara que en la mayoría de Europa, el servicio de las eléctricas es el peor valorado por los españoles, peor aún que el servicio de telefonía e Internet: el 19,1% de los usuarios de la electricidad están “poco o nada satisfechos, según el Panel de hogares elaborado por la CNMC. Además, casi la mitad se queja de la falta de claridad de las facturas y el 90,5% de los encuestados consideran que la luz “es cara”.


Así que la luz es cara, objetiva y subjetivamente, al margen de que suba o baje coyunturalmente con los precios del gas (que podría volver a duplicar su precio en unos meses, según los mercados de futuros) o del carbón y los efectos del clima. ¿Por qué es cara la luz? La razón es que los usuarios pagamos costes de más en las tres partes del recibo: en el coste de generación de la electricidad (el 35% del recibo), en los peajes que aprueba el Gobierno (40% del recibo) y en los impuestos (25%). Veámoslo.


El primer componente, el precio de producir la luz, se fija en el mercado eléctrico ibérico (MIBEL), un mercado donde se negocia el precio de la luz cada hora según la aportación de las distintas energías y su coste. Pero el sistema de fijación de precios, aprobado por Aznar en la Ley Eléctrica de 1997, es “de locos”: cada empresa aporta su electricidad, empezando por las más baratas (hidroeléctricas, nucleares y renovables) y siguiendo con las más caras (carbón, fuel y gas). Y al final, el precio resultante para todas es el del kilowatio más caro. Lo normal es que la energía que falta (y más cuando no llueve o falta viento) se cubra con centrales de carbón, fuel o gas, las más caras, que producen a 60 euros por kilowatio. Y ese es el precio que se paga también a las centrales hidroeléctricas (a las que producir un kilowatio les cuesta 10 euros) o a las nucleares (a las que les cuesta 22 euros/kWh), centrales que además ya están amortizadas (tras 90 o 40 años de vida). Es como si compráramos carne picada hecha con pollo, cerdo, ternera y chuletón y nos la cobraran toda a precio de chuletón. Y así, pagamos unos 4.500 millones de más al año, según un cálculo de Natalia Fabra.


Además de fijar unos precios de la luz muy por encima de los costes reales, el mercado eléctrico español es poco transparente (lo controlan de hecho las eléctricas, que son “juez y parte”), muy volátil (con muchos altibajos de precios, más que en Europa) y promueve el fraude, como ha detectado en varias ocasiones la Comisión de Competencia (CNMC). Así, en diciembre de 2013, la CNMC multó a Iberdrola con 25 millones de euros por parar la producción de sus centrales hidroeléctricas del Duero, Tajo y Sil para provocar una falta de oferta de “electricidad barata” que obligó a utilizar sus centrales de gas (más caras) y disparó el precio de la luz en el mercado eléctrico (y sus beneficios). En junio de 2008, la CNMC también multó a Viesgo con 6 millones por “manipular su oferta” en la central de los Barros (Cádiz) para subir artificialmente los precios. Y en mayo de 2019, la CNMC impuso una multa de 13 millones a Naturgy (Gas Natural Fenosa) y  5,8 millones a Endesa por utilizar 10 centrales de gas para manipular el mercado eléctrico y subir el precio de la electricidad “de forma consciente y deliberada”. Un largo historial de malas prácticas que pagamos en el recibo.


El segundo componente del recibo de la luz (un 40%) son los llamados “peajes”, una especie de “cajón de sastre” donde los distintos Gobiernos han ido incluyendo múltiples costes que nos cargan cada mes. Unos son costes “justificados pero demasiado elevados, como los del transporte de la electricidad (el 2,96% del recibo) y la distribución (el 10,04%). Otros son costes “más discutibles”: ayudas a las renovables, cogeneración y residuos (20,6%), ayudas por el parón nuclear (0,41%), para amortizar la deuda eléctrica acumulada (2,89%), para compensar a Endesa por producir electricidad en Baleares y Canarias (4,2%) y otras ayudas varias para mantener las centrales de gas (por los saltos de demanda) o para compensar a las grandes industrias consumidoras de electricidad. Costes y ayudas que son discutibles, pero que deberían pagarse con el Presupuesto y no con nuestro recibo.


La tercera parte del recibo de la luz (el 25%) son los impuestos: pagamos un impuesto especial eléctrico (del 5,113% sobre la potencia instalada y el consumo) y el 21% de IVA sobre la factura total (incluido el impuesto eléctrico, con lo que pagamos un impuesto sobre otro). Y aquí, también pagamos impuestos de más, porque España es el 5º país de la UE con el IVA de la electricidad más alto, sólo por detrás de Dinamarca y Suecia (25% IVA), Finlandia (24) y Portugal (23%), pero muy por encima del IVA que paga la luz en Reino Unido (5%), Italia (10%), Grecia (13%), Irlanda (13,5%), Francia (16,7%) o Alemania (19%).

Como acabamos de ver, los consumidores pagamos costes de más en las tres partes del recibo de la luz, en la producción de electricidad (35% del recibo), en los peajes que incluye el Gobierno (40% del recibo) y en los impuestos (25% del recibo). Por eso es más cara que en la mayoría de Europa, al margen que unos meses suba o baje por el clima o los precios del fuel, el carbón o el gas. Y estos “extracostes” que pagamos cada mes en el recibo benefician sobre todo a las eléctricas españolas (un oligopolio: las 3 grandes controlan el 80% del mercado), que ganan el doble que las eléctricas europeas (en relación a su negocio), según un estudio del Observatorio de Sostenibilidad.


Ahora se ha producido un importante cambio institucional: este año, gracias a un Decreto aprobado en enero (por presión de la Comisión Europea), es la Comisión de la Competencia (CNMC, un organismo independiente) y no el Gobierno el organismo responsable de fijar los “peajes” por transporte y distribución de la electricidad (un 13% del recibo). Y ya han propuesto una rebaja de estos peajes de 735 millones para 2020, que rebajaría un 3% la luz a los consumidores domésticos y un 6% a las industrias, propuesta que ha puesto en pié de guerra a las eléctricas. Ahora, el Ministerio de Industria y la CNMC estudian fijar antes del 31 de diciembre el resto de los peajes (27% del recibo), una propuesta que tendrá mucho que ver con el resultado electoral y la renovación de la CNMC: su presidente, Marín Quemada, a quien “odian” las eléctricas, está en funciones desde el 9 de septiembre y su sucesor no puede nombrarse hasta que tome posesión un nuevo Gobierno, quizás no antes de fin de año.


Mientras se aclaran los peajes de 2020, lo que urge es que el futuro Gobierno imponga una auditoría de costes, para que paguemos la luz por lo que cuesta producirla, sin tantos extracostes no justificados o que deberían pagarse con los Presupuestos y no con el recibo. Eso permitiría bajar hasta un 40% el precio de la luz en unos años, según algunos expertos. Es hora de atreverse a hacerlo (no lo ha hecho ningún Gobierno), aunque suponga enfrentarse a las todopoderosas eléctricas. Va depender mucho del resultado electoral.

jueves, 7 de julio de 2016

La luz ha bajado pero vuelve a subir


El clima (las lluvias y el viento) ha ayudado a que paguemos menos por la luz hasta mayo, en que subió, como también en junio. Este verano seguirá subiendo, porque con el calor habrá menos energía hidráulica y eólica, las más baratas. Además, el Supremo ha autorizado que las eléctricas carguen una subida extra de 2 euros por recibo, en agosto o septiembre, por revisión del margen de comercialización desde 2014. Con todo, la luz, que ha bajado un 9,8% en el primer semestre, podría acabar 2016 bajando sólo la mitad,  tras subir un 10% la pasada Legislatura. España es el 5º país con la electricidad más cara de Europa, duplicando el precio de los 28. Y eso porque pagamos costes de más a las eléctricas, que multiplican sus beneficios. Además, tenemos la luz más sucia del continente, mucha generada con carbón y gas. Urge que el futuro Parlamento apruebe una auditoría de costes para que paguemos la luz por lo que vale y que sea más barata y más limpia. Luz y taquígrafos.
 
enrique ortega

El precio de la luz cambia cada día (y cada hora) y tiene mucho que ver con el clima. Por eso, al haber llovido bastante y hecho mucho viento en los primeros meses de 2016, la electricidad bajó entre enero y abrilun 19,5%, ayudada también por la decisión electoralista de Rajoy de bajar la luz en enero (un -0,7% la parte regulada), tras haberla bajado (también por las anteriores elecciones del 20-D) en agosto (-2,2%).  En mayo, la luz volvió a subir un 0,7%, por el calor y porque las eléctricas pararon por recarga dos centrales nucleares (Trillo y Ascó II), sustituyendo su producción con centrales de carbón y gas, que producen luz más cara. Y en junio ha subido otro 9%, con lo que el recibo medio (4 kW de potencia y 210 kWh de consumo mensual) habrá bajado un 9,8% el primer semestre, según la Comisión de la Competencia (CNMC).

Ahora, en el segundo semestre, se espera que la luz siga subiendo, sobre todo durante el verano, por la menor producción hidroeléctrica (los embalses están llenos, pero no se puede soltar agua ante riesgos de sequía por un verano que se anuncia muy caluroso) y eólica (menos viento), lo que aumentará la generación de electricidad con carbón, gas y fuel, más caros. Y además, en agosto o septiembre, las eléctricas nos harán una subida extra, de unos 2 euros por recibo, que afectará a los 13 millones de usuarios con tarifa regulada (PVCP). Un recargo consecuencia de una decisión del Tribunal Supremo, que dio la razón en 2015 a una demanda de las eléctricas porque el pago por comercialización de la luz (fijado en 2009) no cubría los costes (sólo el 60%) y había que subirlo. La CNMC hizo los estudios pertinentes y decidió que el nuevo margen debía subir de 4 a 5,24 euros anuales (mínimo). Y el Gobierno Rajoy ha aprobado este nuevo margen, con dos efectos, dos subidas. Una, que las eléctricas pueden refacturar la luz de todos los usuarios con tarifa regulada desde abril de 2014, lo que supone un recargo extra de 26 millones de euros a pagar por los usuarios. Y además, ya para el futuro, las eléctricas nos cargarán este nuevo margen anual de 5,24 euros por la comercialización de la luz.

Con todo ello, el recibo de la luz subirá en la segunda mitad de 2016, después de haber bajado un 9,8% en el primer semestre, según datos de la Comisión de la Competencia (CNMC). Y podría cerrar el año 2016 con una bajada media del 5%, la primera desde 2013. En la pasada Legislatura de Rajoy (2012-2015), el recibo de la luz subió, para una familia media, un 9,88%: subió un 7,47% en 2012, bajó un 1,97% en 2013 y un 0,23% en 2013 y volvió a subir un 4,61% en 2014. La asociación de consumidores Facua ha hecho un muestreo de recibos y aumenta esta subida en la pasada Legislatura hasta el 16,2%, lo que supondría a las familias haber pagado 500 euros más de luz los pasados cuatro años.

Sea mayor o menor la subida, el hecho es que España tiene un precio de la luz que es el 5º más caro de Europa, sólo por detrás de Dinamarca, Alemania, Irlanda e Italia, según los últimos datos de Eurostat (2º semestre 2015): 23,7 euros por 100 kWh frente a 21,1 euros en la UE-28 (un 12,3% menos) y 22,1 euros en los paises euro (un 7,2% menos). Y mucho más cara la luz que en Francia (16,8 euros por 100 kWh) o Reino Unido (21,8 euros). Si se mide el precio en función del poder de compra en cada país, España sale perdiendo más en la comparativa: el precio real se convierte en 26,5 euros por 100 kWh, frente a 21,1 euros en la UE-28 y 21,6 euros en la zona euro. Y nos coloca como el 3º país con la luz más cara en poder de compra, empatados con Rumanía y sólo por detrás de Portugal y Alemania. Y eso porque aquí pagamos menos impuestos con la luz: un 21% del recibo frente al 33% de media en Europa y un 38% en la zona euro. Eso quiere decir que si los españoles pagáramos los mismos impuestos que el resto de europeos, la luz sería todavía un 12% más cara.

Estos mayores precios son frutos de años de subidas de la luz, sobre todo durante la crisis. Así, los precios de la electricidad en España han subido un 52% entre 2008 y 2014, 81 euros por Mwh, el doble de lo que subió en el resto de Europa (+ 42 euros/Mwh). Una factura que muchas familias españolas, en paro o con sueldos muy bajos, no pueden pagar, lo que ha elevado un 70% la pobreza energética desde 2011: ahora hay 5.155.901 españoles (el 11,1% de la población) con problemas para pagar el recibo de la luz, según el INE. Son 2,1 millones más de “pobres energéticos” de los que había cuando Rajoy llegó a la Moncloa en 2011. Y con ello, a más de medio millón de familias se les cortó la luz en 2015 por impago de los recibos (sólo con datos de Iberdrola y Endesa). Además, se ha recortado el bono social, el descuento del 25% en el recibo a jubilados, parados y familias numerosas, que ahora sólo disfrutan 2.445.000 familias cuando lo tenían más de 3 millones en 2010.

¿Por qué pagamos la luz más cara que en el resto de Europa? Básicamente, porque pagamos costes de más, por tres caminos. El primero, contratando más potencia de luz de la que necesitamos. Los españoles seguimos con el viejo temor a que “nos salte el automático”, a quedarnos sin luz, y preferimos contratar más potencia de la que necesitamos. Antes no era muy costoso, pero desde 2013, con la “reforma” eléctrica aprobada por el Gobierno Rajoy, se subió mucho, en 2013 y 2014, la parte de potencia contratada del recibo (el 92% a los consumidores domésticos y 145% a los industriales). Y así, ahora, pagamos más por la potencia contratada que por la luz que consumimos. Y si no, mire su último recibo de la luz: en el mío, he pagado 34,75 euros por potencia contratada y 32,74 euros por energía consumida. La cuestión es que un 20% de los españoles tienen contratada más potencia de la que necesitan, según un estudio de Mirubee. Y eso supone que 3,6 millones de hogares tienen un contrato de luz inadecuado y están pagando potencia de más, una media de 52,82 euros extras por familia que engrosan los beneficios de las eléctricas.

Pero hay más. El mayor extracoste que pagamos con el recibo procede del sistema de precios que fijó en su día Aznar (Ley eléctrica 1997) y que no se han atrevido a desmantelar ni ZP ni Rajoy. En esencia, consiste en pagar un sobreprecio a los kilovatios que producen las centrales hidroeléctricas y nucleares (en buena parte amortizadas), así como otros recargos en el recibo para ayudar a las centrales de carbón y gas (cuando sobra potencia instalada) y a los grandes consumidores (empresas cementeras, aluminio, siderurgia…). También pagamos extracostes para ayudar a las renovables, al carbón nacional, al transporte y la distribución de electricidad, por el parón nuclear y para pagar la deuda eléctrica, extracostes que en parte debían pagar los Presupuestos. Según un estudio de Jorge Fabra, hemos pagado 28.000 millones de euros de más en los últimos 10 años. Y así seguimos.

Pero hay una tercera vía de pagos “extras”: el fraude, las “trampas” que los expertos achacan a las eléctricas, aunque muchas no se pueden demostrar. Se trata de ir cerrando y abriendo centrales (nucleares, hidráulicas, de carbón, fuel o gas) según cambien los precios en el mercado, no buscando generar la luz más barata sino sus mayores beneficios (por menos costes). Un comportamiento que ya provocó, en noviembre de 2015, una multa de 25 millones de euros de la CNMC a Iberdrola, por “considerar probada la manipulación de precios en 2013”: Iberdrola “cerró el grifo” de sus centrales hidroeléctricas para subir artificialmente el precio de la energía hidroeléctrica y con ello forzar al suministro de electricidad nuclear, de carbón y gas, con las que obtuvo más margen, según considera probado el expediente de la CNMC. Y esto es algo que no sólo se hace en España: Iberdrola se enfrenta ahora en EEUU a una multa de 330 millones de euros por presunta manipulación del precio de la luz: el organismo regulador FERC acusa a la filial USA de Iberdrola de alterar la cotización de precios en el mercado mayorista de la electricidad  y provocar que los consumidores de California pagaran entre 2 y 3 veces más cara la luz de lo que debían.

Además de pagar la luz más cara de lo que realmente cuesta producirla, pagamos una luz más sucia. España es, con Malta, Chipre e Islandia, uno de los 4 únicos paises europeos que aumentó sus emisiones de CO2 en 2014, un 0,5%, cuando Europa las bajaba (-4,1% la UE-28). Y una parte de la “culpa” (junto a los coches, los transportes y las grandes empresas contaminantes) la tienen las eléctricas, que han aprovechado la caída internacional de precios para aumentar la producción de luz con carbón, fuel y gas natural, lo que más contamina. Así, en 2015, el consumo de carbón creció un 24% y el de gas natural para electricidad un 18,8%. Y el carbón , la energía que emite más CO2, se convirtió en la segunda fuente de producción de electricidad (20,3% del total), por detrás de la nuclear (21,8%) y por delante de la energía eólica (19%), la segunda fuente en 2014. Y las centrales de ciclo combinado (gas y fuel) generaban el 10,1% de la electricidad, casi tanto como las centrales hidroeléctricas (11%) y muy por delante de la luz de origen solar (5,1%). Este año 2016, ha bajado algo el peso del carbón, en beneficio de la energía eólica (19,7%), pero aún es la tercera fuente y generó el 17,2% de la electricidad en los últimos 12 meses, según Red Eléctrica.

Ante este panorama, es normal que un 26% de los usuarios de la luz se declaren poco o nada satisfechos, según el panel de hogares de la CNMC. Y eso que casi  la mitad de los usuarios (46,6%) reconocen que no entienden el recibo de la luz e incluso no saben qué tarifa tienen (el 45,4%). En los últimos años, las eléctricas nos han bombardeado con ofertas y "tarifas planas", para atraer a más usuarios al “mercado libre”, que se llama así porque las eléctricas fijan “libremente” las tarifas, mientras los demás usuarios tienen tarifas reguladas, que modifica el Gobierno una o varias veces al año. Actualmente, el “bombardeo publicitario” ha provocado que ya sean más los españoles con tarifas “libres” (12.900.000) que los que pagan un recibo con tarifas reguladas o PVCP (12.750.000 usuarios). En general, hay que pensarse mucho cambiar a una tarifa “libre”, porque muchas ofertas son engañosas, con letra pequeña, y “tarifas planas” que penalizan mucho luego los excesos de consumo.

En cualquier caso, seamos consumidores con tarifas libres o reguladas, lo que debemos tener claro es que pagamos una luz muy cara (un 12,3% más que en Europa los particulares y hasta un 20% más las empresas). Y que eso pasa, fundamentalmente, porque pagamos costes de más, que multiplican los beneficios de las eléctricas españolas, más rentables que las del resto de Europa. Y además, una luz “más sucia”, que contamina más. Por eso, el futuro Parlamento debería tener como prioridad ajustar el precio de la luz, encargando una auditoría de costes que refleje lo que debería costar la luz con un beneficio razonable. Y, en paralelo, apoyar las energías renovables, penalizadas con el Gobierno de Rajoy, porque no es de recibo que Alemania o Reino Unido tengan más energía solar que España.

Se puede y se debe bajar el recibo de la luz, para ponerla a un precio “europeo”. Basta con pagarla por lo que realmente cuesta y producirla de forma más eficiente, sin tantas centrales de carbón, fuel y gas, que sobran (hay exceso de capacidad)  y además contaminan. Pero eso exige que el Parlamento y el futuro Gobierno se enfrenten al  oligopolio eléctrico, con un enorme poder económico, político y mediático. Hay que hacer la transición energética, empezando por el sector eléctrico, que sigue con el poder que tenía en el franquismo. Y lo pagamos cada mes en el recibo. Y en el aire. Luz y taquígrafos.