La “emergencia climática” se ha mostrado con virulencia este verano en Europa, sobre todo en el sur, con temperaturas nunca vistas antes, tremendas sequías y múltiples incendios. Las olas de calor han provocado 35.000 muertes en el continente, mientras la falta de lluvias ha reducido drásticamente el caudal de los grandes ríos europeos (como el Rin y el Danubio), dificultando el importante transporte fluvial y cerrando centrales nucleares (por falta de agua para refrigerarlas) en Hungría y Rumanía. Además, la sequía y el calor han multiplicado los grandes incendios en Europa, sobre todo en España, Francia, Portugal, Italia y Grecia, con 7.682 incendios y 666.704 hectáreas quemadas, según Copernicus. Y han dañado los cultivos europeos (maíz, arroz, trigo y soja) y la ganadería.
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lunes, 7 de septiembre de 2026
Verano 2026: emergencia climática y migratoria
Hemos sufrido el verano más caluroso y seco de
la historia. Europa ha sido la “zona cero” de esta “emergencia
climática”, con 35.000 muertes por calor, grandes incendios, sequía y ríos sin
agua, aunque en España ha sido peor: 5.235 muertes, la mitad de
las hectáreas quemadas en Europa, y daños en infraestructuras, cultivos y
ganado, que encarecerán los alimentos. La otra emergencia del verano, la
migratoria: 80.000 inmigrantes “invadiendo” Ceuta, ante la desatención de
Europa, un problema sin fácil solución ante millones de jóvenes africanos sin
futuro. España debería acordar un Pacto de Estado frente a la emergencia
climática y la inmigración ilegal, pero PP y Vox son cada vez más
negacionistas y xenófobos, como muchos políticos en Europa. También urge un
Pacto para resolver el grave problema de la vivienda y acordar una nueva
financiación autonómica que refuerce sanidad, educación y servicios
públicos. Pero seguirá el bloqueo político y los problemas sin
resolver. Menos mal que la economía va bien, aunque muchos españoles no
lo noten. Será un otoño complicado. Las olas de calor han provocado en España 5.235 muertes este año
La “emergencia climática” se ha mostrado con virulencia este verano en Europa, sobre todo en el sur, con temperaturas nunca vistas antes, tremendas sequías y múltiples incendios. Las olas de calor han provocado 35.000 muertes en el continente, mientras la falta de lluvias ha reducido drásticamente el caudal de los grandes ríos europeos (como el Rin y el Danubio), dificultando el importante transporte fluvial y cerrando centrales nucleares (por falta de agua para refrigerarlas) en Hungría y Rumanía. Además, la sequía y el calor han multiplicado los grandes incendios en Europa, sobre todo en España, Francia, Portugal, Italia y Grecia, con 7.682 incendios y 666.704 hectáreas quemadas, según Copernicus. Y han dañado los cultivos europeos (maíz, arroz, trigo y soja) y la ganadería.
España ha sido el país europeo que más ha
sufrido esta emergencia climática, con una temperatura récord (+2,5
grados que la media) y una sequía sin precedentes, que han provocado 5.232
muertes (un récord histórico, según
la estadística MoMo) y miles de incendios que han quemado 308.081
hectáreas, casi la mitad (46,2%) de toda la superficie quemada en Europa,
muy por delante de Francia (106.042 Has. quemadas), Italia (95.234 Has),
Portugal (70.519 Has) y Grecia (31.872 Has), según
Copernicus, con 5 (Huelva, Ávila, Guadalajara, Huesca y Madrid) de los 10
grandes incendios europeos. Un clima que, además de encarecer la factura eléctrica,
ha provocado enormes
pérdidas en la agricultura y la ganadería, muy afectadas por las
lluvias y borrascas (enero y febrero), las heladas (marzo) y el granizo (abril),
el calor extremo (de mayo a agosto) y la falta de pastos, más los incendios, que
han dañado a 15.800 hectáreas de cultivos (según
Agroseguros), sobre todo cereal, viñedos, olivares, cítricos, frutos secos
y ganado, lo que encarece muchos alimentos.
Todos estos problemas, desde las muertes por calor a los grandes
incendios y la pérdida de cultivos no son un problema coyuntural,
de este verano, sino algo
estructural, derivado de la “emergencia climática”, que
irán a más en el futuro. Por eso, el presidente Sánchez pidió, en medio del
incendio de Guadalajara, un
gran Pacto de Estado sobre la emergencia climática, con
medidas para reducir las emisiones, potenciar las energías renovables y mejorar
la prevención contra los incendios en invierno, dado que España
invierte 4 veces más en apagar incendios (cuesta 10.000 euros/Ha) que en limpieza
y prevención (cuesta 3.000 euros por Ha). Los expertos creen que bastaría
actuar sobre el 5% de los 27 millones de hectáreas forestales para
reducir drásticamente el riesgo de incendios. Pero el PP, que gobierna en 11
autonomías (en 4 con Vox), no
quiere ningún Pacto climático, mientras defienden posturas negacionistas y contra
el Pacto verde europeo.
La otra gran emergencia del verano ha sido la
migratoria: a finales de julio, unos
80.000 inmigrantes cruzaron ilegalmente la frontera de Ceuta,
convocados por las redes sociales y ante la inacción de Marruecos (o su intervención activa, según un informe policial español), alentados por
webs ligadas a Rusia, Israel y la ultraderecha USA, interesados en atacar al
gobierno Sánchez y dividir Europa. Una
crisis que ha colapsado Ceuta, por la tardía e ineficaz respuesta del
Gobierno y porque hay que cumplir las leyes (españolas y europeas) para “expulsar”
y acomodar a adultos y menores inmigrantes. Lo suyo sería un acuerdo
político para resolver este grave problema migratorio, pero el PP (y
Vox) lo están utilizando para dar la puntilla al Gobierno y apuntalar sus
políticas antinmigración cara a las próximas elecciones, obviando que la inmigración
ilegal ha bajado en España en los últimos años y es inferior a la de otros
paises, según
Frontex: 240.714 inmigrantes ilegales entre enero 2021 y junio 2026 en
España, frente a 479.161 por Italia, 342.828 por los Balcanes occidentales (Bulgaria,
Rumanía, Hungría y Croacia) y 262.718 entradas irregulares por Grecia.
Al margen del problema concreto de Ceuta, estamos ante
otra emergencia “estructural”, que va a continuar, empujada por dos
factores. Uno, la enorme diferencia de renta entre España (34.210
euros/habitante) y paises como Marruecos (3.972 euros/habitante) o Somalia (681
euros/habitante), el verdadero “efecto llamada”. Y el otro, que África es un
continente con millones de jóvenes sin futuro, dispuestos a todo por saltar a
Europa (a través de España): el 23% de los marroquíes tienen de 15 a 29 años
y en
los paises del Sahel (Mauritania, Mali, Níger, Burkina Fasso y Chat), el
70% de la población tiene menos de 24 años… Una “bomba demográfica”
que no se puede parar en ninguna frontera. Y que exige, no sólo muros y
barreras, sino una política de ayudas económicas y colaboración con los
paises de origen, acuerdos para traer temporalmente cupos de
inmigrantes y más recursos para la atención e integración de menores e inmigrantes
con derecho de asilo.
Las dos emergencias (climática y migratoria) no
son un problema específico de España, aunque aquí sean más graves, por
el mayor calentamiento del Mediterráneo y por ser el país frontera con Africa.
Pero la emergencia climática y migratoria son dos
de los grandes retos de Europa este siglo, junto a la demografía y la
tecnología. Por eso, urgen políticas y medidas para todo el continente. Pero en
los últimos años, la nueva Comisión Europea está dado marcha atrás en ambas
políticas, forzada por la extrema derecha y la radicalización de la derecha
tradicional: crecen
las posturas negacionistas y se devalúa el Pacto Verde, mientras se
deteriora la política migratoria europea, con propuestas como desviar
inmigrantes a campos en terceros paises (como Italia en Albania). Sólo la
vicepresidenta europea, la española Teresa
Ribera, ha propuesto emitir deuda europea y crear un
impuesto a las petroleras para financiar inversiones climáticas. Y en
el tema migratorio, la Comisión y 22 paises criticaron a España por la invasión de Ceuta, sin aportar ayudas de Frontex para afrontar un
problema que es tan europeo como español, porque Ceuta es la frontera sur de Europa.
Ante este nuevo curso político, hay otra
emergencia pendiente, junto a la climática y migratoria: la
vivienda. Su precio se ha vuelto a disparar en agosto (+15,6% anual),
alcanzando los 3.166 euros por m2 (253.270 euros un piso de 90m2), según
Fotocasa, un precio que sube a 6.624 euros/m2 en Madrid, 5.375 en
Barcelona, 5.250 euros en Palma, 4.387 en Málaga y 4.226 en Bilbao. Eso obliga
a contratar hipotecas de más importe, que además son más caras
porque sigue subiendo el Euribor: 2,952% en agosto (2.114% en agosto
de 2025), lo que encarece en 70 euros al mes una hipoteca tipo de 178.000
euros. Y si hablamos del alquiler, sigue subiendo (+5,8% anual en agosto),
hasta 15,10 euros /m2 (1.359 euros un piso de 90 m2), según
Idealista, que se disparan hasta 23,3 euros/m2 en Madrid o 20,2 euros en
Barcelona.
La mayoría de las autonomías, gobernadas por el PP (y Vox)
no aplican los topes al alquiler que permite la Ley de Vivienda
en las zonas “tensionadas”, topes
que se aplican ahora en 317 municipios de Cataluña (302), Navarra (21),
País Vasco (11) y Galicia (2), con algunas bajadas
en 22 de ellos, a costa de una menor oferta. Ahora queda ver el efecto del nuevo
Plan
de Vivienda 2026-2030, aprobado por el Gobierno en abril y que ha sido
criticado por las autonomías gobernadas por el PP, aunque han aceptado recibir
las ayudas que contempla (4.200 millones de fondos estatales, a cambio de que
las autonomías inviertan otros 2.800). El 28 de agosto, el
Gobierno transfirió el primer pago a las autonomías, de 800 millones,
destinado a promover vivienda protegida y rehabilitación.
En paralelo, Sumar trabaja para negociar con los grupos políticos
un decreto
de vivienda que el Gobierno presentará este mes de septiembre. Incluirá
una prórroga extraordinaria de los contratos de alquiler (2 años
más para los que venzan antes 30 junio 2028), una subida del IVA (del 10 al
21%) a los pisos turísticos y el endurecimiento de las multas por publicidad,
normas para frenar los abusos en los alquileres de temporada y por habitaciones
y beneficios fiscales a los caseros que bajen la renta a sus inquilinos. El
problema está en salvar
el doble veto al decreto por parte de Junts y de Podemos, que persiste
en la retirada de la reforma de la Ley del Suelo (imprescindible para agilizar
muchos planes urbanísticos).
Mientras las peleas políticas impiden pactar
una política de vivienda que aumente el suelo urbanizable y la financiación de
viviendas protegidas, también dificultan resolver otro reto pendiente: la
mejora de la sanidad, la educación, la Dependencia y los servicios públicos,
gestionados por las autonomías, que se quejan de falta de recursos. Para
paliarlo, el Gobierno volvió a presentar el viernes 4 su propuesta del nuevo
sistema de financiación autonómica, para sustituir al vigente (de 2009).
El nuevo modelo cambia los criterios de pago por población
ajustada, amplía la autonomía fiscal de las comunidades, blinda la solidaridad
interterritorial y consigue que nadie ingrese menos que ahora, con un aumento
global de la financiación a las autonomías de 20.975
millones sobre el modelo actual.
Pero las autonomías del PP rechazan también el nuevo sistema, a
pesar de que el
actual perjudica a 4 autonomías, que reciben menos de la media (Murcia,
Comunidad Valenciana, Andalucía y Castilla la Mancha). El Gobierno aprobó el viernes el nuevo sistema, sólo con el apoyo de Cataluña y
Canarias, y pretende que entre en vigor el 1 de enero, aunque necesita que lo apruebe antes el Congreso (?).
Otro reto de los próximos meses será el Presupuesto para
2027, tras 3 años con Presupuestos prorrogados (2024, 2025 y 2026). El
presidente Sánchez
reitera que van a presentarlos en septiembre o en octubre, pero parece
imposible que cuente con los apoyos necesarios para aprobarlos. Entre
tanto, el Gobierno busca “atajos” para mantener la maquinaria del Estado y las
ayudas a la economía: son las
“modificaciones de crédito”, retoques que hace a las partidas del
Presupuesto 2023, aumentando algunos gastos a costa de recortar otros. En el
primer semestre de 2026, estos “cambios” han sido de 77.281 millones de euros,
más que en todo 2025 (76.943 millones) y 2024 (52.300 millones), cambios
destinados a cubrir más gastos en deuda (sube el pago de intereses), pensiones,
Defensa e incentivos empresariales.
A pesar del bloqueo político y la incapacidad total de
pactar acuerdos que afronten la emergencia climática o migratoria, el grave
problema de la vivienda, la mejora del Estado del Bienestar y los servicios
públicos o la financiación autonómica, la realidad es que la economía española
sigue creciendo, mucho más que la del resto del continente y la de muchos
paises del mundo: el PIB español creció un 0,7% entre abril y junio, según
publicó el INE el 30 de julio, una décima más que en el primer trimestre
(+0,6%), lo que supone un crecimiento anual del +2,7% (cercano al 2,8%
que crecimos en 2025), frente al +1,2% que crece la UE-27, empujados
por el turismo, la inversión y el consumo privado (ahora algo más débil).
Eso sí, España crece más que la mayoría de
paises por el gran aumento de la población (somos 2.775.351
habitantes más que en 2019), gracias a los inmigrantes, que han aportado casi
la mitad del crecimiento económico español (el 47%) entre 2022 y 2025, según
Funcas. Crecemos más, pero porque hay más gente trabajando (+3.301.000
ocupados que en 2019), con lo que no crece tanto el PIB por habitante,
la riqueza que se crea por cada español y que mide nuestro nivel de vida.
En 2025, este PIB/riqueza por habitante fue de 38.272 euros, el
92% de la media de la UE-27 (41.600 euros/habitante), según
Eurostat. Eso explica que España, la cuarta mayor economía de la UE (por
PIB) baje al puesto 15º por el PIB por habitante, por detrás de los
grandes paises de la UE y de otros menores como Irlanda, Malta, Chipre o
Chequia. Así que crecemos
más, pero producimos menos por habitante, porque tenemos una baja
productividad, un reto histórico pendiente.
Por esto, los
españoles notan menos el fuerte crecimiento, porque al producir menos por
habitante, los sueldos y el nivel de vida son más bajos que en Europa: el
salario hora en España es de 26,4 euros, frente a una media de 34,9
euros en la UE-27, 45 euros en Alemania, 44,3 euros en Francia y 32
euros/hora en Italia, según
Eurostat. Y encima, tenemos más inflación que la media europea, en general
y ahora, con lo que los españoles pierden poder adquisitivo, al subir menos los
salarios (+3,02% hasta julio) que los precios: la inflación se ha disparado en
España al +4,3%
en agosto (por la subida de los carburantes y la luz), mientras la inflación en la zona euro es del 3,3% , con menores subidas en Francia
(2,4% en julio), Alemania (2,8%) e Italia (2,9%), según Eurostat.
En definitiva, los españoles volvemos a la rutina
con un país obsesionado por Ceuta y que no ha interiorizado el
tremendo verano de calor e incendios que hemos sufrido, como si
fuera algo “normal e inevitable”. Y sin exigir a los políticos que se pongan
de acuerdo en lo fundamental, en frenar las muertes por calor y los incendios,
la llegada de inmigrantes irregulares o la imposibilidad de encontrar una vivienda.
Y seguiremos sufriendo las esperas para conseguir una cita del médico de
cabecera o del especialista, porque hay autonomías que apenas gastan en sanidad,
como tampoco en educación, mientras presumen de bajar impuestos (a los
más ricos). Y llevamos 7 años con un sistema de financiación autonómica
caducado, que agrava las desigualdades entre regiones. Y 3 años sin
Presupuestos, por la imposibilidad de pactar prioridades de gastos e
ingresos. Y con una economía que crece, pero que muchos españoles no notan,
por sus bajos salarios y la alta inflación. Un otoño complicado…
La “emergencia climática” se ha mostrado con virulencia este verano en Europa, sobre todo en el sur, con temperaturas nunca vistas antes, tremendas sequías y múltiples incendios. Las olas de calor han provocado 35.000 muertes en el continente, mientras la falta de lluvias ha reducido drásticamente el caudal de los grandes ríos europeos (como el Rin y el Danubio), dificultando el importante transporte fluvial y cerrando centrales nucleares (por falta de agua para refrigerarlas) en Hungría y Rumanía. Además, la sequía y el calor han multiplicado los grandes incendios en Europa, sobre todo en España, Francia, Portugal, Italia y Grecia, con 7.682 incendios y 666.704 hectáreas quemadas, según Copernicus. Y han dañado los cultivos europeos (maíz, arroz, trigo y soja) y la ganadería.
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lunes, 2 de marzo de 2026
La mitad del crecimiento, por los inmigrantes
El 1 de enero vivían en España 10 millones de
personas nacidas en el extranjero, frente a 1,4 millones el año 2.000
y los 7 millones de 2020. Un aluvión de extranjeros que la
derecha rechaza pero que han evitado el colapso del país, porque los
nacidos en España caen desde 2012. Los nacidos fuera son ya el 21,35% de los
trabajadores y eso ha aumentado cotizaciones, ingresos fiscales y el
consumo: entre 2022 y 2025, casi la mitad (el 47%) del
crecimiento español ha sido por los inmigrantes, que además usan
menos la sanidad y otros servicios públicos. Y como la población autóctona
seguirá cayendo, seguirán llegando extranjeros: serán el 35% de la población
en 2050. Por eso, el Gobierno ha aprobado una regularización (residencia)
para 500.000 inmigrantes que ya están aquí e intenta ordenar la entrada
legal de inmigrantes (la inmigración ilegal cayó un 42% en 2025).
Ahora, el reto es integrar a esta quinta parte de la población, por
justicia y por economía. Los necesitamos. Enrique Ortega
España era, el siglo pasado, un país de emigrantes: en 1970, 2,4 millones de españoles trabajaban en Europa y el resto del mundo, mientras aquí sólo vivían unos 250.000 extranjeros. Con el fuerte crecimiento de los años 90, volvieron los españoles y llegaron más extranjeros, hasta 1.472.458 habitantes nacidos fuera en el Censo del año 2.000 (el 3,63% de la población). A partir de ahí, los extranjeros han crecido mucho, en dos oleadas, según los datos del INE. La 1ª oleada de inmigrantes se produjo entre 2003 y 2009, año en que ya había 6.466.278 extranjeros en España (el 13,83% del Censo). Con la crisis financiera y europea, la cifra de inmigrantes se estancó, hasta 6.753.098 en 2019 (el 14,36% de la población). Y a partir de ahí, tras la pandemia y el posterior crecimiento, se produjo la 2ª oleada de inmigrantes, pasando de 7.231.195 habitantes nacidos fuera en 2020 (el 15,23%) a 10.004.581 extranjeros censados el 1 de enero de 2026 (el 20,18% de la población), según el INE.
Así que la población española nacida fuera se
ha multiplicado por 6,8 veces en este siglo, pasando de ser 1 de cada
27 habitantes a 1 de cada 5. ¿Quiénes
son? El 51% son mujeres y la mayoría jóvenes (dos tercios
tienen entre 25 y 44 años), sobre todo de Marruecos (1,17 millones), aunque últimamente
crecen más los latinoamericanos: 980.000 de Colombia, 690.000 de Venezuela,
470.000 de Ecuador, 450.000 de Argentina y 430.000 de Perú, además de los
520.000 rumanos. Y donde hay más población extranjera es en Baleares
(el 27,7% en 2024, cuando la media nacional era el 18,65%), Cataluña
(23,8% de los habitantes, frente al 10,6% en 2004) y Madrid (23,8% frente
al 13,1% en 2004), Canarias (22,6%), Comunidad Valenciana (22,5%
frente al 11,3% en 2004) y Murcia (19,5% frente al 11% en 2004). De
estos 10 millones nacidos fuera de España, 3 millones tienen ya la
nacionalidad española (doble nacionalidad).
La llegada de esta población “extranjera” ha evitado un
colapso económico en España, porque han suplido la
caída de la población española, que sucede desde 2012, porque hay
menos nacimientos (por la baja natalidad: 1,10 niños por mujer, cuando
hacen falta 2,1 para garantizar el reemplazo generacional) que muertes.
Así, en 2011 se produjo el máximo de población nacida en España (40.512.654
habitantes), una cifra que cae después año tras año, hasta los 39.566.144
habitantes nacidos en España en
el Censo de 2025: casi 1 millón menos de habitantes autóctonos
(-946.510), por el desplome demográfico.
Precisamente, la llegada masiva de inmigrantes ha
permitido cubrir con creces esta caída y conseguir que la población total de
España crezca: de 47.190.493 habitantes en 2011 a 49.570.725 habitantes
el 1 de enero de 2026, según
el INE. Y eso ha permitido que España aumente su mano de obra
disponible, la base del fuerte crecimiento tras la pandemia. Así, la
población activa (personas que trabajan o buscan trabajo) ha aumentado en
1.781.600 personas en los últimos 6 años (2020-2025), pero de ellos, sólo 152.000 nuevos
activos son nacidos en España: el 91,4% restante son nuevos activos nacidos
fuera (1.628.700).
Esta mayor fuerza laboral ha permitido el fuerte crecimiento
de la economía, mayor que en Europa, y la creación de 2.496.400 empleos en
estos 6 años, el 40% de todos los empleos creados en Europa. Y dos
terceras partes han sido para trabajadores nacidos fuera de España: 1.614.700 empleos
han sido para extranjeros (1.106.600) y para foráneos con
doble nacionalidad (508.000), mientras los nacidos en España consiguieron
881.700 nuevos empleos. La
mayor parte de este nuevo empleo “extranjero” ha sido para jóvenes y
personas de mediana edad, con poca formación, que trabajan en la hostelería, la
construcción, el comercio, empleadas de hogar y en los cuidados, con
contratos más precarios y menores sueldos que los trabajadores nacidos en
España.
Tras estas ganancias de empleo, trabajan en España
22.463.300 personas (diciembre 2025), de los que 17.666.400 son
empleados nacidos en España (el 78,6%) y 4.796.800 son trabajadores
nacidos fuera de España (3.575.900 extranjeros y 1.220.900 con doble
nacionalidad), el 21,3% de los ocupados (eran el 14,86% en 2008), según
la EPA. Un colectivo de trabajadores “extranjeros” que sufre múltiples
discriminaciones laborales, según
un estudio del Ministerio de Inclusión, SS y Migraciones: “se concentran
en profesiones con menor cualificación, peores condiciones, mayor temporalidad,
mayor riesgo de accidente, jornadas de trabajo más largas y peor remuneradas”,
dice textualmente.
Los datos lo corroboran. Por un lado, los salarios medios
de los inmigrantes (1.846 euros brutos) son un 26,4% inferiores
a la media salarial de los españoles (2.508 euros mensuales) y también menores
a los salarios de los trabajadores con doble nacionalidad (2.040 euros brutos),
según el decil de
salarios del INE. Y otros estudios señalan que los inmigrantes ganan un
29% menos que los nativos, la mayor diferencia en Europa, debido a que
tienen peores contratos y jornadas y a que trabajan en los sectores peor
pagados. Y la situación es peor para las
mujeres inmigrantes (el 51% de los extranjeros que llegan ahora), que
sufren una doble penalización laboral: por ser mujer y por ser inmigrante.
Además, los inmigrantes sufren más el paro: su tasa de desempleo es del
14,51%, frente al 9,01% los españoles.
Frente a la derecha y la extrema derecha, que culpan
a los inmigrantes de quitar empleos a los españoles, la realidad es que
la mayoría de los inmigrantes ocupan trabajos que los españoles no buscan o no
quieren (o donde los empresarios “prefieren” contratar a inmigrantes para
ahorrarse costes). Y la realidad no es sólo que los inmigrantes han permitido
aumentar el empleo y mantener el crecimiento, sino que además han sido claves
para aumentar los ingresos por cotizaciones sociales. Así, en diciembre de 2025
había
3.135.582 trabajadores extranjeros cotizando, el 14,9% del total de
afiliados a la SS (eran el 10,9% en 2019) y casi 1 millón más cotizantes que en
2019.Un balón de oxígeno para la SS, porque cada inmigrante cotiza
unos 4.000 euros anuales… Además, los inmigrantes pagan también impuestos
(pocos el IRPF, pero todos el IVA y los demás impuestos y tasas). Y gastan,
consumen.
Por todo ello, la llegada de estos 10 millones de
extranjeros y esos 4,8 millones que trabajan y cotizan han sido un motor
clave del crecimiento español estos años. Un
reciente informe de Funcas (Cajas) aporta un dato revelador: entre
2022 y 2025, casi la mitad del crecimiento español (el 47%) fue
gracias a la inmigración, que aportó el 4,26% del 8,9% que creció el
PIB esos 4 años. Un dato que refleja muy bien los efectos positivos de la
inmigración. Y añaden que también han sido decisivos para el “boom” del
turismo y el despertar de la construcción, además de ayudar a
frenar la inflación: el menor coste de esta mano de obra extranjera ha
evitado una mayor subida de precios en España.
Y además de ser el principal motor del crecimiento español, los
inmigrantes no han empeorado los servicios públicos, como revelan distintos
informes. En sanidad, los inmigrantes utilizan menos las visitas al médico de
cabecera, consultas y hospitalización, sólo algo más las urgencias (porque
sufren más accidentes laborales), según
un estudio del Ministerio de Inclusión, SS y Migraciones. Y otro estudio, de
la
Revista Clínica de Familia, señala que los extranjeros van menos al
médico de familia (78,4% frente al 82,9% los españoles), al
especialista (45% frente al 54,9%), a los hospitales (5% frente al 8,5%) y se
vacunan menos (34,2% frente al 56%) y se hacen menos mamografías (66,4% frente
al 82,8%), utilizando las urgencias como los españoles.
Sobre la educación, las familias inmigrantes concentran
a sus hijos más en centros públicos, porque los privados y concertados les “filtran”,
aunque no lo reconocen. Y suelen tener más problemas para integrarse en los
centros, lo que provoca un mayor abandono escolar temprano, según
el estudio de Migraciones: lo sufren un 31% de los alumnos inmigrantes frente
a un 11% los españoles. Y los inmigrantes se matriculan más en FP básica, pero
menos en FP de grado medio y superior, también en la Universidad. Además, los
inmigrantes sufren más los problemas de vivienda, porque tienen menos
pisos en propiedad y el 56% viven en alquiler. Y el 7,5% de los inmigrantes
viven en la calle, sin un techo, según ese estudio. Además, los inmigrantes suponen el
17,52% de los beneficiarios del Ingreso Mínimo Vital (son el
20% de la población) y el 28,89% de las rentas de inserción autonómicas.
En el futuro, la población nacida en España va a
seguir cayendo (porque las mujeres españolas son madres más tarde y tienen
menos niños), según las
proyecciones del INE: los 39.566.144 habitantes actuales nacidos en
España (79,82% del Censo) caerán a 39.013.557 habitantes en 2032, a 37.046.757
habitantes en 2052 (el 70,42%), a 35.134.659 habitantes en 2062 (66,56%) en
2062 y a 33.591.148 habitantes nacidos en España en 2072 (el
63,52% del total). O sea, que entre 2025 y 2072, los nacidos en España serán
casi 6 millones menos…
En definitiva, que la población española sólo crecerá
y mantendrá el crecimiento y el empleo si los inmigrantes siguen llegado,
porque la población autóctona seguirá cayendo, un problema que tiene toda Europa. Por eso, las políticas contra los inmigrantes de la derecha
y la extrema derecha no son solamente injustas: suponen un “suicidio
económico”. Por eso, el Gobierno Sánchez está empeñado en mantener
el flujo de inmigrantes, aunque ordenando su llegada y luchando contra la
inmigración ilegal (con vigilancia y acuerdos con los paises emisores, como
Marruecos, Mauritania y los paises del Sahel), medidas que están dando fruto: en
2025, la inmigración ilegal cayó un -42,6%, hasta los 36.775
inmigrantes, según Interior.
Como se ve, la mayor parte de los inmigrantes
(+540.371 netos en 2025) no entran irregularmente (sólo el 6,8%), sino
que llegan como viajeros o turistas y se quedan ilegalmente. En estos momentos,
se estima que viven en España unos 800.000 inmigrantes irregulares, sin
papeles. El Gobierno acaba de aprobar una
regularización extraordinaria, para que puedan obtener la
residencia los que acrediten que vivían aquí al menos 5 meses antes de
diciembre de 2025 y carezcan de antecedentes penales, lo que podría beneficiar
a 500.000 inmigrantes irregulares (la mayoría mujeres). Esta sería
la 7ª regularización, tras las 3 de Felipe González en 1.986
(38.294 inmigrantes), 1.991-92 (114.423) y 1996 (21.294), las dos de Aznar, en
2000 (264.153) y 2001 (239.174) y la de Zapatero, en 2005 (576.506
inmigrantes). Para que se lleve a cabo, entre abril y junio, el Gobierno
tiene que conseguir aprobarla en el Congreso, donde votarán en contra
Vox y PP, con la duda de Junts.
La regularización
pretende “poner al día” a medio millón de extranjeros irregulares
que podrán conseguir una autorización de residencia por un año (y por 5 sus
hijos), para incorporarse después a las figuras de integración que contempla la
reforma
del Reglamento de Extranjería,
aprobada en 2024 y en
vigor desde mayo de 2025. Ahí se introdujeron cambios para
ordenar y flexibilizar la llegada legal de inmigrantes: concesión de
visados, autorizaciones de trabajo y residencia para actividades de temporada
(campo), contratación en los paises de origen, ampliación de los supuestos de
arraigo y reducción plazos (de 3 a 2 años), simplificación procesos
reagrupación familiar y flexibilización de los permisos de trabajo, para
favorecer la llegada legal de los inmigrantes que las empresas necesitan. Dos
estudios, uno de la Fundación La Caixa y otro
de la Universidad de Navarra coinciden en señalar que la anterior
regularización (ZP en 2005) “no produjo un efecto llamada” y que sus efectos
positivos sobre el empleo, los salarios y la recaudación superan a los posibles
efectos negativos.
No basta con regularizar a los inmigrantes
irregulares y canalizar mejor las llegadas. Los expertos insisten que urge
integrar mejor a los 10 millones de habitantes nacidos fuera que ahora
viven en España, porque sufren una discriminación laboral, salarial, de
vivienda, educación y atención social. Y esta
discriminación, además de injusta, tiene efectos
económicos negativos, penaliza la productividad, el crecimiento y los
servicios públicos de todos. De hecho, la discriminación global a los
extranjeros está haciendo perder al país 17.000 millones de euros, según
el informe del Observatorio español del racismo y la xenofobia. “Acoger
al que viene de fuera no es solo un deber, sino un paso para garantizar el
Estado del Bienestar”, señaló
Pedro Sánchez en 2024, al anunciar un Plan para la integración de los
inmigrantes, abierto a consulta pública en 2025 y pendiente de
aprobación.
En resumen, los inmigrantes no nos invaden ni nos quitan
trabajo o servicios públicos, sino que están sustituyendo a los
españoles que no nacen y permiten
que el país crezca y cree empleo y riqueza, cotizando a la
Seguridad Social y pagando impuestos. Si ya son 1 de cada 5 habitantes y para
2050 serán 1 de cada 3, no queda más remedio que ordenar su llegada e
integrarlos mejor, para que colaboren en la mejora del país. Los
necesitamos, pero en condiciones de más igualdad con los demás
españoles. Se lo han ganado.
España era, el siglo pasado, un país de emigrantes: en 1970, 2,4 millones de españoles trabajaban en Europa y el resto del mundo, mientras aquí sólo vivían unos 250.000 extranjeros. Con el fuerte crecimiento de los años 90, volvieron los españoles y llegaron más extranjeros, hasta 1.472.458 habitantes nacidos fuera en el Censo del año 2.000 (el 3,63% de la población). A partir de ahí, los extranjeros han crecido mucho, en dos oleadas, según los datos del INE. La 1ª oleada de inmigrantes se produjo entre 2003 y 2009, año en que ya había 6.466.278 extranjeros en España (el 13,83% del Censo). Con la crisis financiera y europea, la cifra de inmigrantes se estancó, hasta 6.753.098 en 2019 (el 14,36% de la población). Y a partir de ahí, tras la pandemia y el posterior crecimiento, se produjo la 2ª oleada de inmigrantes, pasando de 7.231.195 habitantes nacidos fuera en 2020 (el 15,23%) a 10.004.581 extranjeros censados el 1 de enero de 2026 (el 20,18% de la población), según el INE.
Así que necesitamos que sigan llegando inmigrantes para
crecer y sostener las pensiones y los servicios públicos. La previsión del INE (hecha
en 2022) es que los nacidos fuera de España aumenten desde los 10.004.581 censados
de 2025 (20,18% de la población) a 11.725.081 censados en 2032, a
13.937.681 en 2042 y a 15.865.207 censados en 2052 (el 30% de la población entonces). Y
que sigan aumentado hasta 17.658.512 habitantes de fuera en 2062 a 19.295.222
censados nacidos fuera de España en 2072 (el 36,5% de la población).
Otra estimación,
del estudio de Funcas, proyecta 18,5 millones de habitantes “extranjeros”
en 2050 (el 35% de la población española dentro de 24 años).Y con
estos inmigrantes, la población total de España no dejará de crecer,
desde los 50 millones a finales de 2026 a 52,5 millones en
2050 y 52.886.370
habitantes para 2072.
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jueves, 24 de octubre de 2024
Inmigrantes: no quitan trabajo ni servicios
La nueva Comisión Europea pretende endurecer la
política migratoria en Europa, presionados por el auge de la extrema
derecha. Y la inmigración se ha convertido en la 1ª preocupación
de los españoles, alentada por bulos y campañas de VOX y PP. Pero la
realidad es otra, según dos recientes informes de Fedea y el Banco de
España. Primero, la inmigración es uno de los motores que explica el mayor crecimiento
de España. Segundo, los inmigrantes no roban empleo a los españoles,
sino que ocupan trabajos que nadie quiere y peor pagados. Y tercero, pagan
impuestos y cotizan, no usan más la sanidad y la educación y ayudan
a pagar las pensiones y a que crezca la población. Por todo ello, la
inmigración beneficia a la economía, en España y en Europa. Por eso, el
Gobierno aprobará un Reglamento para regularizar a 500.000 inmigrantes irregulares
y facilitará contratar extranjeros para cubrir puestos donde hoy
falta personal (construcción, campo, transporte, hostelería, cuidados…).
La inmigración legal nos ayuda. Enrique Ortega
En España y en toda Europa, los flujos migratorios han recuperado un fuerte dinamismo, tras los retrocesos de inmigrantes por la crisis financiera (2008-2014) y la pandemia (2020 y 2021). En consecuencia, la llegada de extranjeros permite que Europa y España ganen población en 2022 y 2023, tras perderla cuando llegan menos inmigrantes, por la tremenda caída de la natalidad y el envejecimiento. Así, en 2023, el número de europeos nacidos en Europa bajó en -1.173.700 personas, cayendo la población autóctona en todos los paises (-334.900 en Alemania, -281.300 en Italia, -136.600 en Polonia o -114.000 en España), salvo en Francia (+47.700 autóctonos) y Suecia (+5.700). Pero se compensó con la llegada de extranjeros: +2.821.056 inmigrantes netos (entradas-salidas) en 2023, lo que permitió a Europa aumentar su población en +1.647.300 personas (hasta 449.206.579 habitantes).
La migración exterior hacía Europa se
ha duplicado en la última década, pasando de 1.425.507
inmigrantes netos en 2015 a un mínimo de 151.974 en 2020 (en plena
pandemia) y un máximo de 3.976.730 en 2022, que bajó en 2023 a 2.821.056
inmigrantes netos (ojo: de ellos, sólo
318.000 entraron en la UE “irregularmente”). Las mayores llegadas netas
de inmigrantes en 20223 se dieron en Alemania (+664.000 inmigrantes),
seguida de cerca por España
(+639.000), quedando a más
distancia la inmigración neta recibida por Italia (+273.800), Francia
(+181.700), Portugal (+155.700) o Paises Bajos (+136.700 inmigrantes. Con ello,
en 2023 eran 59.901.585 los europeos residentes que habían nacido
fuera de la UE, el 13,48% de la población censada.
Por paises, los que tienen más porcentaje de extranjeros son
Luxemburgo (50,4%), Malta (28,3%) e Irlanda (21,8%, por los británicos), pero
por número, el mayor peso de extranjeros se da en Austria (21,6% de la
población: 1.963.300), Suecia (20,4%: 2.144.300), Alemania (19,5%: 16.476.400
extranjeros), Bélgica (19,1% población: 2.246.900 extranjeros), Estonia
(17,2%: 234.700), España (17,1% población: 8.204.200 extranjeros en 2023),
Portugal (16,1%: 1.683.800), Paises Bajos (15,6%: 2.777.000 extranjeros), Eslovenia
(14,6%: 309.300), Dinamarca (13,6%: 804.100 extranjeros) y Francia
(13,1% de la población: 8.942.100 extranjeros), según
Eurostat.
Si depuramos estas cifras de “extranjeros”, quitando los extranjeros
nacidos en otros paises de la UE-27 (son 13.935.200 “extranjeros”, la
mayoría rumanos, italianos y polacos que viven en otro país europeo), la cifra
de extranjeros
de terceros paises (no UE) que viven en Europa se reduce a 41.318.600
habitantes, el 9,23% de toda la población europea. Y aquí, en este ranking de paises con más
inmigrantes no UE destacan Alemania (7.715.000
extranjeros de paises no UE, el 9,1% de la población), España (4.394.900
extranjeros de fuera de la UE, el 9,1% de la población), Francia
(4.074.600 extranjeros no UE, el 6% de su población) e Italia (3.746.900
extranjeros no UE, el 6,4% de su población. Pero hay otros paises donde
los extranjeros no UE pesan más en el censo, como Malta (17,5%, aunque son 94.800), Estonia (15,6% y 213.700), Letonia (13,6% y 255.200),
Luxemburgo (10,2% y 67.300) o Austria (9,3% y 842.600 extranjeros no UE).
Pero la gran diferencia de la inmigración
que recibe España frente al resto de Europa es su
gran dinamismo: son personas con una gran tasa de actividad
(el 78% trabaja o busca trabajo, por encima del 70% en Francia, el 71% en
Italia o el 73% en Alemania), mayor incluso que la de los españoles. Y eso ha
creado una enorme fuerza de trabajo: en los últimos 5 años, la población
activa extranjera ha crecido en 1,2 millones de personas, mientras los
españoles “activos” han aumentado en 120.000, según
el Banco de España. Por ello, los extranjeros en España han contribuido
más al crecimiento del empleo que en otros paises europeos. Y eso explica el mayor crecimiento de España estos años.
Volviendo a las cifras de extranjeros en España, el
último Censo del INE (1 julio 2024) revela que
viven en España 6.632.064 “extranjeros”, el 13,59% de la población total ,
lo que supone un gran salto desde los 600.000 extranjeros que vivían en
España en 1998: pasaron a ser 2.058.879 en 2002 (el 4,97% de la
población) a 5.265.457 extranjeros en 2008 (el 11,45%), para bajar en 2019
(5.033.641 extranjeros, el 10,68%) y subir en 2022 (5.787.013 extranjeros,
el 12,11%) y 2023
(6.089.620, el 12,66%). Estas cifras revelan que el porcentaje de
extranjeros en España se ha cuadruplicado en este siglo, cambiando el
panorama de pueblos y ciudades. Pero ha sido en los últimos años, con el auge
de la ultraderecha en Europa y en España, acompañada de bulos y xenofobia por parte
de Vox (y el PP siguiendo su “senda”), cuando los inmigrantes preocupan más.
Hasta el punto de que en el Barómetro del CIS de septiembre aparecía como “la
primera preocupación de los españoles”.
La realidad indica que no es para tanto,
que los inmigrantes han dinamizado el empleo y la economía (como
revela el estudio del Banco de España) y que no “roban” a los españoles
ni el empleo ni los servicios públicos, como
demuestra otro estudio de Fedea, que concluye que las oportunidades de
empleo de los trabajadores españoles (nativos) “no se ven afectados de forma
significativa por la inmigración”, básicamente porque copan trabajos
que no quieren los españoles (construcción, campo, hostelería y
turismo, transporte, servicio doméstico y cuidados), con peores contratos
y salarios. Y además, los inmigrantes tienen más problemas que los
españoles para encontrar trabajo en los primeros 5 años desde que llegan y
tienen una menor tasa de empleo y más paro
(17,43% tasa de paro frente al 10,74% los españoles). Sólo las mujeres
inmigrantes consiguen, a los 5 años, tener una tasa de empleo mayor que
las mujeres españolas, porque sirven en casas o cuidan a ancianos.
Además, como los inmigrantes que vienen a España están
bastante cualificados (43% tienen estudios universitarios), muchos
trabajan “sobrecualificados”, en puestos más bajos de los que deberían
por su formación: en España les pasa al 50% de inmigrantes (frente
al 34% del total de trabajadores), como en Italia, mientras en Alemania y
Francia sólo trabajan “sobrecualificados” el 30% de inmigrantes, según
el Banco de España. Y además, los datos del INE revelan que los
inmigrantes ganan un 30% menos que los trabajadores españoles, porque
tienen peores contratos (más temporales y a tiempo parcial) y trabajan en
sectores con salarios más bajos (hostelería, construcción, campo, cuidados y
servicio doméstico). Aunque si consideramos sólo el factor “nacimiento” (descontando
su contrato y trabajo), la discriminación salarial de los inmigrantes bajaría
del 30 al 6%, según
Fedea.
Lo que está claro es que el impulso del empleo en los
últimos años se ha dado gracias a los inmigrantes. Así, de los
1.280.000 nuevos empleos creados en España entre 2019 y 2023, el 43,2%
(553.000 empleos) han sido para trabajadores nacidos en el extranjero, 31,2%
(465.700 empleos) para trabajadores nacidos en España y el 20,4%
restante (261.300 empleos) para trabajadores con doble nacionalidad
(extranjeros que ya son españoles), según
los datos de la EPA. Y este año 2024, de enero a junio se han creado
295.000 nuevos empleos, de los que el 32,8% se lo han llevado los
trabajadores extranjeros, el 25,2% los trabajadores españoles y el
41,62% los que tienen “doble nacionalidad”. Con ello, en
junio de 2024 había 21.684.700 ocupados en España, casi el 80% trabajadores
(79,96%) nacidos en España (17.340.600), 3.224.900 nacidos en el
extranjero (14,87%) y 1.119.200 trabajadores con doble
nacionalidad (5,16%).
Este récord de extranjeros trabajando (3.224.900) ha
permitido el fuerte crecimiento de la economía española en los últimos
años (superior a toda la UE), un tirón del consumo y de la demanda (también
vivienda) y el salto que se ha dado en el turismo y la hostelería, la
agricultura y la ganadería, el transporte, la construcción y la economía de los
cuidados. Y ha ayudado a sanear las cuentas de la Seguridad Social,
con un récord de cotizantes extranjeros (2.868.678
en septiembre, frente a 2 millones en 2019). Los cotizantes
extranjeros aportan el 9% de los ingresos por cotizaciones y su
gasto en pensiones sólo supone el 1% del total, así que su
aportación al sistema es muy positiva.
Una queja que se amplifica es que los inmigrantes
“quitan servicios” a los españoles, desde la sanidad a la educación o
la Dependencia y las ayudas sociales. El
estudio de Fedea revela que no es así. En Sanidad, la utilización de
servicios por los inmigrantes es similar a la de los españoles, según los datos
del SNS, tanto en visitas a médicos de familia y estancias en hospitales,
aunque acuden menos a los especialistas y más a urgencias. Y como los
inmigrantes suelen ser más jóvenes que los españoles, acuden menos a servicios
ligados a enfermedades crónicas y de mayores. Eso no quita, advierte el
estudio, que haya zonas de España donde la mayor concentración de
inmigrantes tensione más la sanidad (o la educación), algo que sí pasa
en Cataluña, Madrid y Comunidad Valenciana. Eso exige reforzar
los servicios públicos en estas autonomías, que también se benefician de más
ingresos fiscales y cotizaciones por tener más inmigrantes.
La inmigración beneficia a la economía europea y más a
la española, según todos los estudios nacionales e internacionales. Y
será aún más necesaria cara al futuro, cuando se desplome más la
población europea y sean necesarios más inmigrantes para financiar los servicios
públicos y las pensiones. La
ONU estima que Europa necesita recibir 60,8 millones de trabajadores
extranjeros hasta 2050. Y España necesita recibir 7 millones de
inmigrantes más entre 2020 y 2050, según
el Centro de Desarrollo Global de Washington, mientras el INE prevé que los
nacidos en España bajen de 40,20 a 37,10 millones entre 2020 y 2050. Así que “necesitamos
a los inmigrantes”, les guste o no a algunos. Eso sí, hay que ordenar
y organizar la inmigración, para “canalizar las llegadas” y reducir
la inmigración ilegal (en 2023 entraron 56.852
inmigrantes ilegales, menos del 10% del total).
Para conseguirlo, el Gobierno Sánchez quiere aprobar en
noviembre dos
cambios en el Reglamento de la Ley de Extranjería.
Uno, la regularización de unos 500.000 inmigrantes que viven en
España sin regularizar, una medida que ya se ha presentado
en el Congreso como iniciativa popular y que teóricamente apoyan todos
los partidos, salvo Vox, medida que reduciría la economía sumergida y el
fraude, mejorando la vida de estos inmigrantes no regularizados. Y la otra, promover
la contratación en origen de trabajadores extranjeros (por periodos o
campañas), para hacer frente a la demanda no cubierta de mano de obra en
muchos sectores, desde el transporte y la construcción al campo y la
hostelería. Además, el Gobierno pretende agilizar
la homologación de títulos a extranjeros, porque ahora hay un “atasco”
de 5.000 solicitudes al mes (se atienden 2.000).
Con ello, el Gobierno quiere facilitar mano de obra a
sectores clave donde falta y aumentar el empleo extranjero legal, lo
que facilitará que España siga creciendo (será el país occidental que más
crezca en 2024, según
el FMI. Y por eso, en el último Plan económico enviado por el Gobierno a
Bruselas (octubre 2024), se
prevé crear 1,5 millones de empleos nuevos entre 2024 y 2026,
con lo que España rozaría los 23 millones de ocupados, superando
todos los récords históricos (20,7 millones en 2007 y 21,6 en junio de 2024). Y
eso será en gran medida gracias a “la ayuda de los inmigrantes”, que empujan
nuestra economía, “no nos roban”. Por eso, hay que regularizar su
situación, canalizar sus legadas e integrarlos mejor, porque si mejoran
sus contratos y sueldos, si se integran mejor en nuestras ciudades y pueblos,
si trabajan más a gusto, aumentará su productividad y, con ella, la de
toda España, una
“asignatura pendiente” de la que depende que produzcamos más y vivamos
mejor.
Así que no hagan caso
a bulos y “sensaciones” personales : los datos y estudios revelan que los
inmigrantes están salvando la demografía y la economía, en Europa y en
España. Y que los necesitamos para seguir creciendo, recaudando y
pagando los servicios públicos y las pensiones. No nos “roban” ni
trabajos ni servicios: nos ayudan (con precariedad y bajos salarios) a
construir el presente y el futuro. No lo olviden.
En España y en toda Europa, los flujos migratorios han recuperado un fuerte dinamismo, tras los retrocesos de inmigrantes por la crisis financiera (2008-2014) y la pandemia (2020 y 2021). En consecuencia, la llegada de extranjeros permite que Europa y España ganen población en 2022 y 2023, tras perderla cuando llegan menos inmigrantes, por la tremenda caída de la natalidad y el envejecimiento. Así, en 2023, el número de europeos nacidos en Europa bajó en -1.173.700 personas, cayendo la población autóctona en todos los paises (-334.900 en Alemania, -281.300 en Italia, -136.600 en Polonia o -114.000 en España), salvo en Francia (+47.700 autóctonos) y Suecia (+5.700). Pero se compensó con la llegada de extranjeros: +2.821.056 inmigrantes netos (entradas-salidas) en 2023, lo que permitió a Europa aumentar su población en +1.647.300 personas (hasta 449.206.579 habitantes).
La
mayoría de estos extranjeros no UE en Europa son turcos, marroquíes,
ucranianos, polacos, , latinoamericanos, sirios, afganos, pakistaníes, indios y
chinos.
La mayoría de estos inmigrantes extranjeros en Europa son hombres
y la edad media 36,5 años, más jóvenes que los europeos (45,7 años). España
recibe inmigrantes más mayores (32 años) que Francia (26,1) y Alemania (29,1), como Italia (32 años), según
un reciente estudio del Banco de España. Y también es el país europeo que
recibe más inmigrantes mujeres (50,5% del total) y el país europeo que
recibe inmigrantes con más nivel educativo: un 43% de los que vienen son
universitarios, frente al 38% en Alemania y al 15% en Italia, aunque son casi
la mitad en Francia, mientras recibimos menos inmigrantes con bajo nivel
educativo. Y otra ventaja de España, según
este estudio, es que la mitad de los inmigrantes proceden de
Latinoamérica (el 65% de los extranjeros no UE), lo que facilita su
integración y trabajo, por lengua y cultura, algo que no les pasa a Alemania y
Francia (y menos a Italia).
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lunes, 9 de septiembre de 2024
La economía bien, la política mal
Tras las vacaciones, España afronta un otoño muy
complicado, más en los temas políticos que en la economía. Los datos
oficiales revelan que hemos superado la triple crisis de la
pandemia, la guerra der Ucrania y la hiperinflación, con mejor nota que la
mayoría de Europa: crecemos el triple, creamos más empleo
(1,7 millones desde 2019) y la inflación ha bajado al 2,2%. Pero mucha
gente no nota esta mejora de la economía, porque sus salarios
apenas crecen y todo es más caro. Y les agobia pagar un alquiler, el colegio
o la universidad y una sanidad privada o una residencia. Y las autonomías
piden más recursos, mientras se enquista una reforma de su financiación.
Además, persiste el problema de la inmigración ilegal (manipulada por la
ultraderecha) y parece imposible que el Gobierno apruebe un
Presupuesto para 2025. Al final, la polarización y el enfrentamiento
político impiden mejorar la economía y los problemas que preocupan a los
españoles. Estamos ante el riesgo de una “Legislatura fallida”.
Además de crecer más que la mayoría, España ha superado
también, como el resto de Europa, el grave problema de la hiperinflación: la
inflación anual ha bajado al 2,2% en agosto de 2024, según
el INE, como la eurozona (2,2%)
y muy lejos del 10,5% que subían los precios en agosto de 2022 (tras la guerra
de Ucrania y el tirón de los precios de la energía, las materias primas y los
alimentos).Y eso, a pesar de unos tipos de interés récord impuestos por
el BCE (en el 4,50%, aunque los
bajó en junio al 4,25%, todavía el tipo más alto desde 2008),
que han encarecido hipotecas y préstamos, debilitando la recuperación más que
la inflación.
A pesar de que “la economía va bien”, la
mayoría de los españoles “no lo notan”, según las encuestas del CIS.
La razón es evidente: tras dos años de fuerte subida de precios (2022 y 2023), todo
es mucho más caro ahora. Y a muchas familias les cuesta más llegar a fin
de mes, porque sus sueldos han subido menos que la inflación.
Es lo que pasa incluso este año: la inflación anual media sube un
+3,2% hasta agosto y la subida salarial en los convenios firmados (hasta
julio) es
del +2,9%. Así que los trabajadores con convenio pierden
poder adquisitivo (-0,3%) y los que no tienen convenio más. Y eso ha
pasado también en 2022 y en 2021. De hecho, los trabajadores
españoles han perdido un -5,16% de poder adquisitivo entre 2020 y agosto de
2024, según los datos del INE
y Trabajo.
Eso explica que muchas familias no noten en sus bolsillos “la
mejora de la economía”. Eso contrasta con la situación de las empresas, que
han mejorado sensiblemente su facturación, márgenes y beneficios en estos
últimos cuatro años y medio. El margen bruto sobre ventas se ha
disparado: es el 13,5% entre abril y junio,
según el Observatorio de Márgenes Empresariales, lo que augura un tercer
año récord de márgenes, tras un +12,9% en 2023 y 12,1% en 2021, por encima
del 10% de 2020 y 11% de margen en 2019. Así que mientras las familias pierden poder adquisitivo, las empresas suben márgenes (a pesar del aumento de
costes), subiendo precios. Y eso les ha permitido aumentar sus
beneficios estos años. En 2024, de enero a junio, las
empresas cotizadas ganaron 32.099 millones, un +15,22% de aumento,
sobre todo las energéticas, eléctricas, bancos y distribución.
Las familias españolas tampoco notan que “la economía
va bien” porque siguen con problemas económicos preocupantes en su día a
día. Por un lado, los servicios públicos esenciales se
han deteriorado y les siguen costando dinero. Es el caso de la Sanidad,
donde crecen las listas de espera, no sólo para el especialista,
sino para ver al médico de familia, lo que se traduce en que contratan cada vez
más un seguro médico privado: 12,4
millones de españoles lo pagan cada mes, 1 de cada 4 personas (un 38,7%
en Madrid y un 32,4% en Barcelona). Y
también es costosa (y complicada) la educación de los hijos, desde
la guardería y el colegio (con gastos
crecientes en los concertados) a la Universidad y la FP (cada vez más
privada). Y lo mismo el atender a los dependientes (mayores), muchos en
espera de ayuda (331 días de media y 130.643
con derecho reconocido y en “lista de espera”) y otros sin atención y obligados a pagar caras
residencias (la mayoría privadas).
Así que tres servicios claves, Sanidad, Educación y
Dependencia funcionan “tensionados”, faltos de recursos y personal,
lo que obliga a las familias a gastarse dinero en cubrir sus necesidades
sanitarias, educativas y dependencia. Y estos servicios los gestionan las
autonomías, que se
quejan de falta de recursos de la Administración Central. Pero el Gobierno
asegura que les anticipará 147.412
millones de euros en 2025, a cuenta de los ingresos que les corresponden
por impuestos, un +9,5% sobre 2024 y la mayor aportación de la historia. Y
recuerdan que han
transferido a las autonomías 178.750 millones más (+40%) durante los
Gobiernos de Sánchez (entre 2019 y 2023) que los recibidos con los Gobiernos de
Rajoy (2013-2017).
Este otoño volverá con fuerza el tema de la
reforma de la financiación autonómica, la petición urgente de todos los
Gobiernos regionales para contar con más recursos para atender a
los servicios públicos que gestionan (sanidad, educación, dependencia, ayudas y
servicios sociales, vivienda…). Una petición justificada porque el actual sistema
de financiación se aprobó en 2009 y debía haber sido reformado en
2014. El Gobierno Sánchez promete presentar una reforma a las
autonomías este año, pero el problema es la falta de acuerdo político
entre el PP (que gobierna en 11 autonomías, más Ceuta y Melilla, aunque no
tienen todas una postura común) y el Gobierno. Y eso, porque lo
que está en juego son los criterios de reparto de los ingresos que
corresponden a cada autonomía.
En el sistema de financiación actual, lo que
prima es la población de cada comunidad: las más pobladas reciben más
ingresos en el reparto de la recaudación total (también las autonomías más
ricas contribuyen con más ingresos). Y eso perjudica
a autonomías con menos población, que piden ahora un nuevo
sistema de reparto de la financiación que prime más el porcentaje de
población mayor o la diseminación de la población y el peso de la España
vaciada. Según los criterios que ser fijen, habrá autonomías que reciban comparativamente
más dinero que ahora y otras menos (aunque todas ingresarán más).
Con la financiación autonómica actual, hay 5 autonomías “infra
financiadas”, que reciben menos recursos por habitante que la media en
España (3.365 euros), según el
último estudio de FEDEA: Murcia (3.056 euros por habitante), Comunidad
Valenciana (3.089), Andalucía (3.182) y Castilla la Mancha
(3.193), más Madrid (que recibe 3.364 euros, 1€ menos que la media).
Estas autonomías son las que más se quejan de falta de recursos, porque llevan
10 años ya recibiendo menos de lo que les correspondería con un sistema
“más justo”. Las 10 autonomías restantes están “sobre financiadas”, reciben
más que la media (3.365 euros por habitante). Las 4
regiones que se benefician más del actual
sistema son La Rioja (recibe 3.954 euros por habitante, 898
euros más que Murcia), Cantabria (3.944 euros), Baleares (3.877
euros) y Extremadura (3.809 euros por habitante), seguidas de lejos por
Canarias (3.696 euros), Castilla y León (3.573 euros), Aragón (3.529 euros),
Asturias (3.584), Galicia (3.448) y Cataluña (3.396 euros).
Otro problema clave de este otoño, que afectará a las
autonomías y a todos nosotros, será la aprobación de los Presupuestos para
2025. El Gobierno
promete presentar un proyecto este mes de septiembre, pero no cuenta con
mayoría para sacarlo adelante, a la vista de que Junts (el partido de
Puigdemont) ya
votó en contra del techo de gasto que aprobó el Gobierno en julio (y
amenaza con sumarse al PP y Vox en el veto a los Presupuestos de 2025). Si el
Gobierno no consigue el apoyo de Junts (y de ERC, el PNV, Bildu o Podemos),
tendrá que prorrogar
los Presupuestos actuales de 2024 (que ya prorrogaron los de 2023) para
2025, al igual que se prorrogaron los de 2018 (en 2019 y 2020). El problema
es que la
prórroga obligaría a gastar menos (-22.288 millones), porque el techo
de gasto sería el de 2023 (173.065 millones) y no el propuesto para 2025 (195.353
millones). Así que no aprobar el Presupuesto para 2025 supone gastar 22.288
millones menos, que se traduce en menos recursos públicos para sanidad,
educación, Dependencia o inversiones que tanta falta hacen…
Con todo, la pelea más “sonora” de este otoño será la
inmigración, no porque sea lo que más preocupa a los españoles sino
porque la derecha y la ultraderecha creen que es la bandera que les da más
votos. Hay un dato preocupante: la inmigración ilegal hacia España se
ha disparado: 56.852
inmigrantes ilegales entraron en España en 2023 (39.910 por Canarias), un
82% más que en 2022. Y en la primera mitad del año 2024 han llegado 26.585
inmigrantes ilegales, un 90% más que en 2023. Está claro que hay que frenar
este ritmo de llegadas, sobre todo con
acuerdos con los paises de salida (ahora Mauritania, Senegal, Mali y
Gambia, muchos con conflictos bélicos) y con medidas internas (el Gobierno expulsó a 2.515 inmigrantes irregulares en el primer trimestre).
Está claro que hay
que regular la inmigración, facilitando la llegada de extranjeros
de forma legal y limitando la vía de la inmigración ilegal (que no parará). De
hecho, España necesita la llegada de 200.000 extranjeros cada año para cubrir
trabajos claves, en el campo, el turismo, la construcción y muchas industrias y
servicios. Y para pagar impuestos, cotizar y financiar las pensiones y los
servicios públicos, algo de lo que no se habla cuando se identifica a la
inmigración con inseguridad y costes. Un debate que
debería no ser político y sectario, para primar la humanidad, los derechos humanos y la
economía.
Otro debate clave, más prioritario, es la
grave situación de la vivienda
en España, que no sólo afecta a los que buscan un techo
(jóvenes y nuevas familias) sino a toda la economía, porque hay
muchas actividades muy afectadas por la falta de vivienda para sus
trabajadores (turismo, industrias, sanidad, colegios y Universidades,
servicios…). El problema de fondo está claro: faltan viviendas para
vender y alquilar y eso está disparando los precios. Sobre todo del alquiler.
Su precio se ha disparado un 30% desde 2019 y cuesta 1.206 euros de media (13,4
euros/m2 en junio), según
Idealista, llegando a 1.800 euros en Barcelona y 1.782 euros en Madrid. Cantidades
imposibles de pagar para muchos sueldos y que revelan el problema de fondo:
la
falta de oferta (se ha reducido un 41% desde 2019, por el trasvase a
pisos turísticos y de temporada, más ventas) y el tirón de la demanda (se
ha duplicado con creces estos años).
En resumen, “la economía va bien”, pero las familias
españolas lo podrían notar más si la política se preocupara de resolver sus
problemas cotidianos, desde la mejora de los salarios y el empleo de
los jóvenes a la sanidad, la educación a la vivienda y la lucha contra el
cambio climático. Pero estamos metidos en una política de “polarización”
y enfrentamientos constantes que perjudican
a la economía, como la peligrosa deslegitimación
del Gobierno y las instituciones democráticas. Y así resulta imposible
sentarse y tratar de buscar una solución a la sanidad, la vivienda, la
financiación autonómica o la inmigración, aprobar medidas entre todos que
mejoren la vida de la gente. Todo apunta a que, si no hay
Presupuestos 2025 ni acuerdos en los problemas básicos, estamos ante “una
Legislatura fallida”. Y ante un “parón” político que acabará dañando
la economía.
Enrique Ortega
Tras cuatro años y medio de continuas crisis,
desde la pandemia a la guerra de Ucrania y la hiperinflación, la economía
española parece asentar su recuperación, a juzgar por los datos
oficiales. Por un lado, somos el país europeo grande que más crece: +0,8%
en el 1º y 2º trimestre de 2024, casi el triple que la zona euro y que la UE-27
(+0,3% de crecimiento los dos primeros trimestres) y también por encima de Francia
(+0,3%) o Italia (+0,3% en el primer trimestre y +0,2% en el 2º) y mucho mejor
que Alemania (su PIB creció un +0,2% en el primer trimestre y cayó un -0,1% en
el 2º), según
Eurostat. Y lo mismo pasó en 2021 (España creció un 6,4% y la
UE-27 un 6%), en 2022 (+5,8% frente al 3,4%) y en 2023 (un +2,4%,
cuatro veces más que el +0,6% UE-27), compensando con creces la mayor
caída que sufrimos en 2020 con la pandemia (-11,2% frente a -5,6% de caída en
la UE-27).
Así que ahora (2º trimestre 2024), España crece a una media
anual del 2,9%, cuando Europa está estancada y Alemania roza la
recesión. La clave del “éxito” económico español está en un fuerte tirón
del turismo (que superará este año los 90 millones de visitantes, con
un gasto récord de 128.000 millones de euros), en el mantenimiento del consumo
de las familias (por la fuerte creación de empleo: +1,7
millones desde 2019, más estable y mejor pagado), en el pulso de las
exportaciones, que se mantienen fuertes en los últimos años, a
pesar de la caída en 2024 (-2,4%, en España, menos del -3,2% que caen en UE-27) y por el empuje de los Fondos europeos: España ha
adjudicado ya el 55% del total asignado (38.604 millones de euros) y puede
adjudicar el resto hasta finales 2026.
Pero no se
puede hacer demagogia, porque la mayoría de la inmigración se hace
por cauces controlados: en
2023, España recibió 639.000 inmigrantes netos, lo que permitió
aumentar la población y proveer de mano de obra a muchos sectores (el 40% del nuevo
empleo lo consiguen extranjeros). Y en España viven (censados) 4.394.900
extranjeros de fuera de la UE, el 6,4% de la población total (en Europa,
los extranjeros no comunitarios son el 9,1%).
La solución pasa por aumentar
la oferta de viviendas, aumentando la promoción de viviendas nuevas (se
terminaron 80.473
viviendas “libres” en 2023, frente a 356.000 en 2009) y facilitando a los
propietarios que pongan su vivienda en alquiler (no “asustándoles” con
controles). Y sobre todo, alcanzar
un gran Pacto entre Gobierno, Ayuntamientos, autonomías, promotores
y bancos para promover 150.000 nuevas viviendas al año, la mayoría para
alquilar.
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