Enrique Ortega
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jueves, 7 de mayo de 2026
Demasiadas horas extras gratis
En el primer trimestre de 2026, los trabajadores hicieron 5,9
millones de horas extraordinarias a la semana y casi la mitad
las han hecho “gratis” (2,5 millones semanales). Este “abuso” de
muchas empresas supone una pérdida anual de 3.243 millones para los
trabajadores que no las cobran (2.468 millones) y para la Seguridad Social (775
millones perdidos en cotizaciones). Además, sin estas horas extras, podrían
crearse 160.000 empleos. El exceso de horas extras viene de lejos y aumentan las
no pagadas, aunque las empresas están obligadas al control horario desde 2019. Ahora,
Trabajo quiere imponer con un Reglamento (para evitar convalidar
un Decreto en el Congreso) el registro horario digital, al que tengan acceso
la inspección de trabajo y los sindicatos, pero la patronal se opone. Y
hay un dictamen desfavorable del Consejo de Estado, porque cree
que debe hacerse por Ley y dar más tiempo a las pymes para adaptarse. El vicepresidente
económico también quiere flexibilizar este control horario digital
y dar 1 año para aplicarlo (no 20 días). La batalla está en el seno del Gobierno.
En España hay una larga tradición de “hacer
horas extras”, como en toda la Europa del sur. Es una fórmula para
que los trabajadores “redondeen” sus ingresos (como el pluriempleo) y
las empresas se ahorren “costes” (sobre todo cotizaciones sociales), con
lo que ambas partes “colaboran” muchas veces en promoverlas. Eso aumenta,
de hecho, la jornada laboral efectiva. Así, la jornada media pactada
en 2025 (4º trimestre) era de 151,7 horas al mes (37,92 horas semanales),
según el INE, pero casi
la mitad de los ocupados trabajan más de 40 horas semanales efectivas: 9,33
millones (el 41,8% de los ocupados) trabajan de 40 a 49 horas
semanales y otros 1,20 millones (el 5,4% del total) trabajan incluso
más de 50 horas a la semana, según la EPA de
marzo. Los que trabajan jornadas más largas son los jóvenes (el 55% tienen
entre 25 y 34 años) y los empleados en hostelería, comercio, construcción y
algunas industrias, sobre todo en Madrid, Baleares, Canarias, Cantabria y
Galicia.
La jornada real de trabajo supera en muchos casos las 40
horas porque, tras los drásticos
recortes de plantillas entre 2009 y 2014, las empresas impusieron jornadas más
largas a los trabajadores (gracias a la reforma laboral de 2012), sobre todo
tras el aumento de las ventas y el consumo tras la pandemia, obligando a hacer
más horas extras. En los años de bonanza económica se llegó al récord de
horas extras: 10,2 millones a la semana en el primer trimestre de 2008,
según el INE.
Pero luego estalló la crisis financiera y las empresas recortaron horas extras,
bajándolas a la mitad, hasta un mínimo de 4,5 millones de horas extras
semanales en el verano
de 2012. A partir de ahí, la reforma laboral aprobada por Rajoy
dio “amplios poderes” a los empresarios para fijar la jornada y las horas
extras, que empezaron a subir: 6,5 millones de horas extras semanales en
la primavera de 2015, 6,8 millones en el verano de 2018 y un récord de 7 millones de horas extras semanales a finales de 2024.
Eso sí, en 2025 bajaron a 6,67 millones en el 4º trimestre y han vuelto
a bajar a 5,89
millones en marzo de 2026, según la última EPA. Pero son casi tantas
como en 2019 (6 millones semanales).
Lo llamativo no es sólo el elevado número de horas
extras a la semana, sino que casi la mitad de las horas extras no se
pagan. Y que este porcentaje de horas “gratis” crece año tras año.
A finales de 2019 no se pagaban el 41,9% de las horas extras, concretamente 2.500.700
horas semanales que se hicieron gratis, según la EPA. Un
porcentaje de horas impagadas mayor que el de antes de la crisis, ya que en
2008 no se pagaban el 40% de las horas. Y su peso se ha mantenido
después de la pandemia, suponiendo las horas gratis el 41,4% de las horas
extras a finales de 2025 (2.767.300), aumentando su peso en el primer trimestre de
2026: 2.508.200 horas extras semanales gratis, el 42,5% del
total de horas extras.
En 2025, casi un millón de trabajadores (945.000, el
5% de todos los asalariados) hicieron horas extras, según este
informe de CCOO. Y de ellos, casi la mitad, 441.000 trabajadores
hicieron horas extras semanales gratis, cada uno una media de 5,6 horas
semanales sin cobrarlas. Esto supone un coste laboral no abonado por las
empresas de 141 euros semanales por trabajador, un “ahorro” de 7.355
euros anuales por trabajador entre salarios y cotizaciones. Eso supone,
según el
estudio de CCOO, que las horas extras hechas y no pagadas supusieron una
pérdida de 3.243 millones para los trabajadores (2.468 millones, por las
horas no cobradas) y para la Seguridad Social (775
millones en cotizaciones no cobradas). Pero lo más grave es que estas horas
extras hechas impidieron que las empresas contrataran más trabajadores: se
estima que si no se hicieran esas 2,5 millones de horas extras semanales,
las empresas necesitarían
contratar a 160.000 trabajadores a jornada completa (62.000 de ellos
serían los empleos que podrían crearse si no se hicieran horas extras gratis).
En el primer trimestre de 2026, de las 2,5 millones
de horas extras semanales gratis, más de la mitad las hicieron hombres
(1.451.100), siendo menos las hechas por mujeres (1.057.000). Por sectores, el mayor
número de horas extras se da en la sanidad (858.600 horas extras
semanales), la industria manufacturera (825.500), la educación
(634.500), el comercio (590.300), la hostelería (527.500), el
transporte y almacenamiento (403.300), las actividades profesionales,
científicas y técnicas (359.900), la Administración Pública (323.600), la
construcción (295.900), las actividades administrativas y auxiliares (270.600),
finanzas y seguros (265.300) y telecomunicaciones, informática y consultoría
(107.600 horas extras semanales).Pero si miramos los sectores que hacen más horas
extras gratis, el ranking cambia: lo lidera la educación
(504.800 horas extras semanales gratis, 4 veces las horas pagadas), seguida por
las actividades profesionales (296.100 horas extras gratis, 5 veces las
horas pagadas), la industria (283.500), el comercio (240.100),
finanzas y seguros (189.000) , hostelería (171.000), transportes (154.800) y
Administración Pública (151.400).
Si analizamos los sectores
con mayor porcentaje de trabajadores que hicieron horas
extras gratis en 2025, destacan el suministro de electricidad y
gas (el 5,6% de sus trabajadores hicieron horas extras no pagadas, frente
al 2,3% en el conjunto de España), finanzas y seguros (también el 5,6% de sus
plantillas), educación y actividades profesionales, científicas y técnicas (el
4,6% de los trabajadores en ambos) e información y comunicaciones (el 4% de las
plantillas). Si observamos por
autonomías, destacan las horas extras gratis en Madrid (el 3,4% de
trabajadores hacen 582.000 horas extras no pagadas a la semana), Asturias (3%),
País Vasco (2,8%), Cataluña (2,7% trabajadores hacen 495.000 horas
extras gratis a la semana) y la Comunidad Valenciana (2,6% de las plantillas
hacen 290.000 horas extras gratis).
Esta abultada cifra de horas extras, pagadas y gratis, se
mantiene elevada en los últimos años (aunque
bajó en 2025 y 2026), a pesar de que el Gobierno aprobó la obligación
a las empresas, desde el 12 de mayo de 2019, de llevar
un registro horario de la entrada y salida de sus trabajadores, medida
aprobada con el apoyo legal del Tribunal de Justicia europeo. Esa normativa, pactada
sólo con los sindicatos (la patronal se opuso) fue aprobada en el Congreso con
el apoyo del PSOE y Podemos, la abstención de Ciudadanos y el voto en contra
del PP. Obligaba
a las empresas a llevar un registro diario de cada jornada (que debe
guardarse 4 años), a disposición del trabajador, los sindicatos y la inspección
de Trabajo, con sanciones a las empresas incumplidoras de 626 hasta 6.250
euros.
Pasados 7 años, el exceso de horas extras (pagadas y
no pagadas) indica claramente que este
control horario no ha funcionado, como denuncian los sindicatos. De
hecho, el 35% de las pymes siguen haciendo el fichaje de cada jornada “a mano”
(sin control digital). Y 1 de cada 5 trabajadores afirma que en su
empresa no se ha implantado ningún control horario, según el informe IRSOS.
Por todo esto, el Gobierno quiso “endurecer el control horario”,
incluyéndolo primero en su proyecto
de Ley de reducción de la jornada a 37,5 horas, aprobado en mayo de
2025, tras pactarlo con los sindicatos y el rechazo de la patronal. Pero este
proyecto chocó con una enmienda a la totalidad de Junts, en junio de
2025, que triunfó
en el Parlamento en septiembre, apoyada por PP y Vox.
Cerrado el paso al control horario al decaer la Ley
que promovía las 37,5 horas, Trabajo puso en marcha un “Plan B”: aprobar
un Reglamento en febrero de 2026 (que no necesita ser convalidado
por el Congreso) para endurecer el control horario en las empresas, obligando
a que sea digital y con acceso inmediato a los sindicatos y la inspección de
trabajo, además de exigir que se detalle cómo se compensan las horas extras.
Eso sí, al no tratarse de una Ley, Trabajo retiró de este Reglamento el aumento
previsto de las sanciones a las empresas.
El problema con el que se ha encontrado Trabajo con
este Reglamento es que ha recibido críticas de los organismos a
los que se ha enviado, preceptivamente, antes de que se apruebe en Consejo de
Ministros. Por un lado, el
Consejo de Estado ha emitido el 23 de marzo un
informe desfavorable, en el que señala que la reforma debería
hacerse por Ley y donde critica la carga que supone para las pymes y la falta
de instrumentos para ayudarlas a implantarlo. También son críticos los informes
recibidos de los Ministerios de Economía y Transformación Digital, así como de
la Agencia de Protección de Datos. Y aunque los
sindicatos apoyan el refuerzo digital de la jornada (para frenar el
exceso de horas extras), la
patronal CEOE está en contra y amenaza con recurrirlo a los Tribunales,
apoyada por el informe del Consejo de Estado (que no es vinculante para el
Gobierno).
Ante este nuevo revés, Trabajo
señaló que seguirá adelante con el Reglamento de control
horario y que lo enviará “pronto” al Consejo de Ministros para su
aprobación. “Aunque sea lo último que haga, el registro horario se va a hacer”,
señaló
Yolanda Díaz en el Congreso el pasado 25 de marzo, recordando que forma
parte de los acuerdos del Gobierno de coalición firmado por el PSOE y Sumar en
2023. Pero hay otro problema ahora: la ministra de Trabajo tiene por
encima ahora al vicepresidente económico, Carlos Cuerpo, que ha sido
contrario tanto al recorte de jornada a 37,5 horas como al control horario que
defiende Trabajo. Y él tiene la llave de la Comisión Delegada que decide los
temas que van al Consejo de Ministros. Cuerpo está de acuerdo
en mejorar el control horario, pero
cree que hay que dar más tiempo a las empresas para implantarlo
(propone 1 año, frente a los 20 días de Trabajo, que ahora parece
dispuesta a ampliar a 6 meses) y además defiende medidas para ayudar a las
pymes a incorporar herramientas técnicas para adaptarse al control digital.
Mientras esta “pelea” por el registro horario
se aclara en el seno del Gobierno, las empresas afrontan el
aumento de la demanda y las ventas con muchas horas extras, que los
trabajadores hacen voluntariamente (las pagadas) o forzados (las no pagadas). Pero
estamos
ante un gran “fraude”, a los trabajadores y a la Seguridad Social,
que además reduce la creación de empleo. Por eso, es urgente aprobar un
control horario eficaz, que deje claro lo que son horas extras
necesarias y lo que son horas extras estructurales, que se hacen para
no contratar más. Es un reto de todo el país, porque aunque tenemos un
récord de ocupados (hemos
superado en abril los 22 millones de afiliados), todavía trabajan en
España menos gente que en la mayoría de Europa: tenemos un 72,4% de
adultos trabajando, frente al 76,1% en la UE-27 y el 81,8% en Alemania, según
Eurostat. A lo claro: tenemos 700.000 personas menos trabajando
que la media en Europa y 1.600.000 menos que Alemania. Con este hándicap,
es una tremenda injusticia que se hagan tantas horas extras.
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