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lunes, 6 de octubre de 2014

La luz vuelve a subir (calladamente)


Si miran el último recibo de la luz, verán que ha vuelto a subir, a la chita callando: un 6,75% en septiembre, cuando pagamos el precio más alto de los últimos cinco años. Y también subió el resto del verano: un 11,5% en el tercer trimestre, tras bajar en la primera mitad de 2014. Ahora se espera que baje algo en el cuarto trimestre, pero podría subir en 2015. El nuevo sistema de tarifas es muy volátil y el precio depende mucho del viento y la lluvia (luz más barata) y de cómo produzcan luz las eléctricas. Además, en el recibo seguimos pagando de más por un montón de extracostes que el Gobierno no quita: ayudas al transporte, comercialización, parón nuclear, a renovables y  eléctricas tradicionales, a las islas, a grandes empresas consumidoras y al pago de la deuda eléctrica. Hace falta una auditoría de costes, para que de una vez paguemos la luz por lo que de verdad cuesta. Basta de sablazos.
 
enrique ortega

Los precios de la luz en el mercado eléctrico suben desde mayo, porque ha habido menos viento y lluvia, lo que ha reducido la producción de las renovables (luz más barata). Además, hay sospechas de que las propias eléctricas manipulan al alza los precios (el anterior Gobierno ya abrió en 2011 un expediente a Iberdrola, Gas Natural y EON, que acaba de cerrar el Gobierno actual “por falta de pruebas”), enchufando centrales más caras (fuel y gas). Y los recortes del Gobierno a las renovables han subido el coste de producir luz con energía eólica y solar, encareciendo el recibo. Además, el impuesto del 7% a la producción de electricidad que impuso el Gobierno a las eléctricas (2013) para ayudar a tapar el agujero eléctrico (déficit de tarifa), nos lo han acabado cargando en el precio. Por todo ello, el precio de la electricidad en el mercado mayorista (pool  eléctrico) ha subido el 30 de septiembre a 66,98 euros Mwh, por encima del precio de diciembre 2013 (63,64 euros) que hizo intervenir al Gobierno y cambiar el sistema de subasta. Y el precio más alto desde 2008.

En definitiva, el Gobierno Rajoy cambió el sistema de subasta trimestral por un sistema que toma el precio diario del mercado eléctrico mayorista, para evitar sobresaltos como el de diciembre, y ese precio sigue subiendo. Y  además, fluctúa mucho, por la meteorología y las propias eléctricas: en febrero era de 17,12 euros Mwh, en mayo 42,41 y en septiembre 66,98 euros Mwh. Con ello, el precio de producir  la electricidad ha subido un 31% en el tercer trimestre. Y como ese coste de producir la luz supone un 37,48% del recibo (otro 21,38% son impuestos y el 41,14% restante costes regulados por el Gobierno), al final nos ha supuesto una subida del recibo de la luz de un 11,5% este verano (+6,75% sólo en septiembre). En el primer semestre, como producir la luz costó menos del precio que había fijado el Gobierno (48,48 euros Mwh), las eléctricas nos tuvieron que devolver dinero (463 millones, entre junio y agosto), una media de 32 euros por familia.

Ahora, la previsión del mercado eléctrico es que los precios bajen sobre los máximos de septiembre y alcancen en el cuarto trimestre unos 50 euros Mwh, lo que se traduciría en una bajada del recibo para este otoño del 1,5%. Y en todo el año 2014, con la bajada del primer semestre y la subida del tercero, el balance podría ser de una bajada de la luz del 4%, según el Gobierno y las eléctricas. Pero eso sería la tarifa, no lo que de verdad pagan los usuarios, porque la mayoría pagarán más por la luz que en 2013. Primero, porque este año cambió el recibo (en febrero) y subió la parte fija de la factura, lo que se paga por la potencia instalada (ahora supone un 60% del recibo, cuando antes era el 35%). Eso significa que todos pagamos más por tener un contrato de la luz, consumamos o no, suba o baje la luz. Y además, los 2,5 millones de familias que tienen el bono social están pagando más, al margen de que suba o baje la luz: ahora pagan una cuota fija y se les reducen los descuentos. Por si fuera poco, 200.000 familias se han quedado sin esta ayuda, sin el bono social, desde que gobierna Rajoy, según datos oficiales.

Para 2015, lo normal es que suba la luz en el mercado eléctrico a partir de la primavera (menos lluvia y viento) y además el Gobierno tiene que actualizar en enero los precios regulados (41,14% del recibo). Siendo un año electoral, se espera que el Gobierno no suba “su parte” del recibo, pero hay dos costes extras que acabaremos pagando de una forma u otra. Uno, el “regalo” que le van a hacer a las grandes empresas vascas (y no vascas, las que consumen más de 30 kWh), que van a pagar la mitad en los peajes de acceso al suministro eléctrico, como contrapartida al apoyo del PNV a la Ley del Sector Eléctrico aprobada en 2013. El otro, que las eléctricas dejan de pagar el coste del bono social (221 millones anuales), tras haber ganado un recurso en el Supremo, con lo que ahora lo pagaremos todos en el recibo. Como hay elecciones, el Gobierno buscará un sistema para que el pago de estos nuevos extracostes no se note. Una vía es que suba el término de energía en los costes regulados, por un aumento del coste del transporte y la distribución en horas punta, algo que se hace con el nuevo sistema, sin que el consumidor se entere.

Al final, el recibo de la luz sigue siendo un desmadre, que sube y baja sin enterarnos, dado que ahora no hay una subasta trimestral que se publicita sino que los precios cambian cada día (y cada hora, según una estimación de REE, hasta que en 2018 tengamos todos contadores inteligentes). Con ello, el Gobierno Rajoy se libra de los titulares de antes: “La luz sube un x% desde mañana”. Cada mes es una sorpresa y cada usuario un mundo, según su potencia, consumo o ayudas (bono social). Y el mercado eléctrico sigue estando descontrolado: las empresas imponen su mix de producción y sus precios, como un verdadero oligopolio, sin transparencia.

De hecho, pagamos la luz más cara porque el mercado no funciona bien (las eléctricas cobran más de lo que deben por los kilovatios que producen sus centrales hidráulicas y nucleares, un sobreprecio que les garantizó Aznar en 1997) y porque además pagamos en el recibo  muchos otros costes extras, que debían suprimirse o cargarse al Presupuesto: subvenciones al transporte y a la distribución, compensaciones a las grandes industrias consumidoras de electricidad, el parón nuclear, las primas a las renovables (y a las energías tradicionales), las ayudas a la producción de luz en las islas, el bono social y el pago de la deuda eléctrica (23.000 millones que “debemos” a las eléctricas, una hipoteca a 15 años que nos supone una media de 3 euros extras en cada recibo). Y también porque estamos pagando el doble de  centrales de las que necesitamos, ya que la potencia instalada duplica con creces el consumo (hay una “burbuja eléctrica”). Y así pagamos en el recibo por mantener abiertas centrales de gas que apenas funcionan.

Un desmadre al que el Gobierno Rajoy no quiere poner coto (ni antes Zapatero), porque sería recortar ingresos a las poderosas empresas eléctricas, las más rentables de Europa, que incluso aumentaron un 32,6% sus beneficios en 2013 (ganaron 4.187 millones), gracias a un regalo fiscal (devolución en sociedades por actualización de balances). Y mientras, los usuarios seguimos pagando de más en el recibo, sea con el sistema que sea. Y también las empresas: se ahorran en salarios pero pagan un 20% más que las europeas por la electricidad, en perjuicio de su competitividad y el empleo.

Al final, sólo hay una solución: hacer una auditoría de costes transparente, para que paguemos por la luz lo que efectivamente cuesta, quitando ayudas y subvenciones injustificadas (a las centrales nucleares y termoeléctricas, al transporte y la distribución, a los grandes consumidores) y pasando otras al Presupuesto (islas, bono social, renovables). Y cerrando las centrales que no hagan falta, además de fomentar las renovables (eólica, solar e hidroeléctrica), una energía que a la larga es más barata (y sostenible). Si no, seguiremos pagando de más, aunque unos meses suba la luz y otros baje. Un abuso.

jueves, 2 de enero de 2014

La luz sube porque nos cargan costes de más


El Gobierno Rajoy ha intervenido sin pudor en el mercado eléctrico para frenar una subida de la luz del 12,5% en enero y dejarla en el 2,3%. Tras dos años de parches, le ha estallado en plena cara el desmadre del sector eléctrico, que se beneficia desde 1997 (Aznar) de una política de precios que les reconoce costes de más y múltiples compensaciones que pagamos los usuarios en el recibo, que ha subido un 63% en los últimos cinco años, más del doble que en Europa. Ahora, el Gobierno busca nuevas fórmulas para fijar la subida de la luz, pero sólo hay una: hacer una auditoría de costes, para que paguemos la luz por lo que cuesta y no por lo que nos la cobran (así, nuestras eléctricas son las más rentables de Europa). Les ayudo aquí a entender este galimatías para que sepan dónde y cómo nos cobran de más. Lean, lean.
enrique ortega

El recibo de la luz tiene tres partes: el coste de la energía que fija el mercado eléctrico (37,48% del recibo), los peajes o ayudas que aprueba el Gobierno (41,14%) y los impuestos (especiales e IVA), el 21,38% restante. La luz paga en España menos impuestos que en la mayoría de Europa (los alemanes pagan el 46,49% del recibo, los portugueses el 43% y los franceses el 29,2%), por lo que si la electricidad es aquí más cara (0,2228 euros por kilovatio, un 11,2% más cara que los 0,2002 euros de media en UE-28) se debe a que pagamos más por la energía y por otros costes que autoriza el Gobierno. Veámoslos.

Empecemos por el coste de la energía, que se fija de entrada en el mercado eléctrico diario (pool). Se rige por  un sistema de precios fijado por la Ley eléctrica (LSE) de 1.997, aprobada por Aznar: se paga por la luz lo que cuesta producirlo en la central más cara (térmicas de gas, fuel y carbón), lo que beneficia a las centrales con menos costes (hidráulicas y nucleares), además de las renovables. Es como pagar lo mismo por la carne picada al que la hace con pollo o cerdo que con chuletón de ternera. Con ello, estamos pagando un extracoste a la luz que procede de centrales hidráulicas y nucleares (ya casi amortizadas) y las centrales más caras (térmicas carbón, fuel y gas) apenas cubren costes y no inversiones (como las renovables), por los que se les compensa con otros ingresos, que el Gobierno aprueba en la parte regulada de la tarifa, la otra mitad del recibo.

Pero sigamos con la primera mitad del recibo. Las subidas no se fijan con lo que cuesta la luz en el mercado eléctrico diario entre compañías. La subida de esa mitad del recibo (coste de producir la electricidad) se decide en otro mercado, en una subasta trimestral (CESUR) donde acuden las eléctricas a vender y comprar (60% de energía que venden), pero que es un mercado controlado por operadores financieros, bancos de inversión como Goldman Sachs, Morgan Stanley o Deutsche Bank (los tres, culpables de especular con las hipotecas basura y llevarnos a la Gran Recesión). Un mercado como el del petróleo o los cereales, donde se negocia a futuro: el precio que va a tener la luz el próximo trimestre. Los brókeres aseguran a las eléctricas una cantidad de luz (que no tienen) y un precio. Si luego, al entregarles la luz, el precio en el mercado es más bajo, se quedan con la diferencia (y si es mayor, la pierden). Este sistema especulativo, como cualquier mercado de futuros, supone otro extra coste sobre el precio de la luz, estimado por la Comisión Nacional de la Energía (CNE) en 726 millones sólo entre julio 2009 y septiembre 2010.Otro coste extra (para los brókeres financieros) que pagamos en el recibo.

Y vayamos a la otra mitad del recibo, las subidas que autoriza el Gobierno y que no tienen que ver con los precios de la electricidad en el mercado. Por un lado está lo que pagamos por el transporte y la distribución de la luz desde las centrales a casa: un 13 % del recibo, algo en principio lógico, aunque también está inflado para compensar a Red eléctrica y distribuidores, según algunos expertos. El segundo capítulo son las primas o subvenciones a distintas energías, para compensarles porque el precio del mercado (1ª mitad del recibo) les da solo para cubrir costes, no para amortizar inversiones. Son las primas a la energía eólica (4,34% del recibo), solar (6,97%) y a las centrales térmicas de gas (5,90% del recibo), de las que se hablan poco, decenas de centrales que han montado las eléctricas y que ahora sobran por la caída de la demanda. Y luego están otras subvenciones, que debería pagar el Presupuesto y no nuestro recibo: 4,14% para compensar a Endesa por los mayores costes de producir luz al mismo precio en Baleares y Canarias, 1,60% para compensar el uso del carbón nacional y otros costes, 0,94 % para compensar a las grandes industrias por si les falta la luz para asegurarnos el suministro (no ha pasado nunca, pero les pagamos 700 millones al año), 0,89% para compensar la moratoria (parón) nuclear, 0,41% para pagar el bono social (la luz más barata a 3 millones de familias), 0,10% para pagar la Comisión Nacional de la Energía y 2,84 % del recibo para pagar el déficit de tarifa, nuestra “deuda” con las eléctricas de la que ahora hablaré. En total, si quitamos las ayudas al transporte y la distribución, un 28,14 % del recibo que no son costes directos de la electricidad que consumimos (50,48%) ni impuestos (21,38%).

Debido a esta ristra de extracostes, la tarifa de la luz, aunque ha subido un 63% (2008-junio 2013), no cubre estos costes que las eléctricas tienen reconocidos desde 1997. Y resulta que encima, tenemos una deuda histórica con ellas, el famoso déficit de tarifa. El origen está en 1999, cuando Rato pactó con las eléctricas subir poco la luz (un 2% de media) para no disparar el IPC y poner en peligro la permanencia en el euro. A cambio, el Gobierno Aznar les prometió compensarles la diferencia, el déficit de tarifa. En 2000 el déficit fue sólo de 250 millones y así en los siguientes, pero en 2005 saltó a 4.089 millones, por la crisis de Irak y el petróleo, Y en 2008, con la entrada de las renovables (que dan menos “cancha” a las térmicas de gas, carbón, hidroeléctricas y nucleares), el déficit se dispara a 6.287 millones. La pelota crece y ya alcanza los 30.000 millones. Una hipoteca eléctrica que en su mayoría ya estamos pagando, con el recibo, a una media de 3 euros mensuales hasta el año 2025.

El Gobierno Rajoy, en 2012 y 2013, aprobó cinco paquetes de medidas para intentar tapar este agujero eléctrico con subidas extras de tarifas, el Presupuesto, recortando primas y cobrando impuestos verdes a la generación de electricidad (que nos acaban trasladando al recibo: en la subasta de diciembre, un 7% de la subida que salió fue por la subida de impuestos). Y en septiembre de 2013 aprobó una Ley del Sector Eléctrico que pretendía reducir a cero el déficit de tarifa en 2014, por tres vías: subida extra de tarifas (agosto 2013), recorte de primas (al transporte y distribución y a las renovables) y con un crédito extraordinario de 3.600 millones para cubrir el déficit 2013 (que será mayor: 4.800 millones).

Pero el déficit público manda y el viernes 29 de noviembre, Montoro pide a los senadores del PP que no aprueben cubrir con el Presupuesto esos 3.600 millones del déficit de tarifa, para bajar el gasto e intentar cumplir con Bruselas. Las eléctricas montan en cólera y temerosas de tener que cargar ellas con el agujero (no ha pasado nunca), trasladan ese temor a los precios del mercado eléctrico (pool), que empieza a subir el lunes 2 de diciembre y el día 8 (domingo) alcanza un precio récord desde 2002: 93,11€ por megavatio (ver gráfico subidas). En el camino, habían sucedido algunas cosas “raras: dejaron de funcionar 4 de las 8 centrales nucleares y parte de las hidráulicas (la luz más barata), incluso algunas de carbón (ahora ha bajado) y se estaba produciendo más con centrales de gas importado (en invierno carísimo), para compensar la parada de esas centrales y la falta de aire para las eólicas (las más baratas). Resultado: los precios siguen disparados hasta la subasta CESUR del 19 de diciembre, donde los brókeres añaden su margen del 7% y sale un precio de 61,83 euros por megavatio, un 25,6% más que en la subasta de octubre. Con ello, esta mitad del recibo obligaba  a una subida del 11,5%, más lo que subiera el Gobierno la otra mitad, los peajes (un 1% más, para cubrir con el recibo el déficit de tarifa de 2013 que no paga Montoro con los Presupuestos).

Evidentemente, una subida de la luz del 12,5% no es de recibo, pero es lo que marcaba el mercado, forzado por los temores y enfados de las eléctricas. El Gobierno, sin poder demostrar manipulación (ya se abrió un expediente en 2010 y no se pudo probar nada), tomó el camino de en medio y suspendió la subasta, una decisión chapuza y demagógica. Y ha optado por tomar los precios del semestre anterior, para aprobar a última hora una subida del 2,3% desde el 1 de enero. Y promete un nuevo sistema para fijar las subidas futuras.

El problema no es que el mercado eléctrico funcione mal y se especule. El problema de fondo es que al sector eléctrico se le han reconocido unos costes que están inflados, desde la generación, el trasporte y distribución a las primas a las renovables y al gas. Y no es un problema de las renovables, como acusan las eléctricas tradicionales: entre 1998 y 2011, las renovables han recibido subvenciones por 35.000 millones, mientras las eléctricas tradicionales recibían más, hasta 53.000 millones por otros pagos regulados (costes de transición a la competencia, pagos por disponibilidad, ayudas al carbón y regalo de derechos de emisión de CO2 que han vendido). Todo salía de nuestro recibo. Pero mientras las ayudas a las renovables permiten bajar el coste de la luz (de los 6.136 millones de primas en 2012, 4.056 se recuperaron por un menor coste de la luz que se produce, el 21,2% eólica y 3% solar), las demás ayudas han ido a engordar los beneficios de las eléctricas tradicionales, las más rentables de Europa: tienen un 6,78% de margen sobre ventas frente al 2,62% del resto.

La solución no es conseguir que el mercado sea más transparente (también), sino poner en marcha una auditoría de costes, para saber de verdad lo que cuesta producir cada kilowatio y no pagar extracostes, ni en el mercado ni con facturas que debían ir al Presupuesto. Y en paralelo, debería desinflarse la burbuja eléctrica, que al hilo de las ayudas ha creado un exceso de capacidad: hay 101.822 MW de potencia instalada, para una demanda que no llega a la mitad (43.527 MW), con muchas centrales (sobre todo de gas) funcionando al 10% (y nosotros pagando en el recibo para que estén disponibles).

Si han llegado hasta aquí y han entendido todo este galimatías, comprenderán que el mercado eléctrico en España es un gran desmadre que pagamos los consumidores. Un caos de costes y subvenciones, logrados en la época Aznar y mantenidos por Zapatero y Rajoy. Las eléctricas son un sector sin competencia (oligopolio) y con un poder tremendo, como se refleja en que sientan en sus Consejos a dos expresidentes, González (Gas natural) y Aznar (Endesa), doce exministros (Solbes, Salgado, Acebes, Ana Palacio, de Guindos hasta 2011…) y multitud de ex altos cargos. Y con elevados beneficios (y dividendos) a costa de nuestro recibo. El problema es quien le pone el cascabel al gato, para que paguemos la luz a lo que debería costar (un 20% menos) y no a lo que quieran cobrarnos. ¡Luz y taquígrafos ¡

miércoles, 3 de abril de 2013

Baja la luz,pero sube la deuda con las eléctricas


Aunque parezca increíble, la luz baja este trimestre (por primera vez desde 2009) un 6,62% (por la caída del consumo y la ayuda de las renovables), aunque no lo notaremos en el recibo, porque en abril vuelve a ser bimestral y por tanto pagaremos el doble de lo habitual. Esta bajada, puramente coyuntural, contrasta con la subida del 3% en enero (más otro 2% en 9 autonomías con impuestos verdes) y el 70% que ha subido la electricidad desde 2008, con lo que los españoles pagamos la luz más cara de Europa, salvo Malta y Chipre. Y a pesar de ello, dicen que los precios no cubren los costes y tenemos una deuda histórica con las eléctricas que ha vuelto a subir en 2012, hasta casi 29.000 millones de euros. Un caos de sistema eléctrico al que el Gobierno ha intentado poner parches, cinco en el último año, en vez de hacer una profunda reforma del sector, que ajuste costes y precios, para que paguemos la luz más barata en el futuro.
 
enrique ortega

Cada trimestre se revisan los precios de la luz para cubrir la variación de costes, incluida la  compensación a las eléctricas por los 7 impuestos que les ha puesto el Gobierno desde el 1 de enero y que están trasladando a los consumidores. Unos costes que no están claros, ya que la Comisión Nacional de la Energía (CNE) ha abierto en febrero dos expedientes a las eléctricas por sospecha de “posible manipulación de precios” en el mercado mayorista. Esta vez, los costes de mercado han bajado, por la caída del consumo y la ayuda del clima (lluvia y viento), que han permitido una mayor aportación de energías renovables más baratas. Con ello, la factura baja este trimestre un 6,62% (por primera vez desde julio de 2009), tras subir un 3% en enero (y un 2% más en las 9 autonomías con impuestos medioambientales). Y apenas lo notaremos porque en abril vuelven a mandarnos el recibo cada dos meses. Además, este año habrá 200.000 familias menos que se beneficien del bono social (2,2 millones), con un recibo más barato (- 23%) por estar en paro, ser familia numerosa o cobrar pensiones mínimas.

A pesar de la bajada de abril, la luz ha subido un 30% en los últimos tres años y un 70% desde 2008, con lo que pagamos la electricidad más cara de Europa, tras Chipre o Malta: una tarifa un 33% mayor que la media europea. Y a pesar de ello, el recibo no cubre los costes reconocidos a las eléctricas, por lo que acumulamos con ellas (desde 2002) un déficit de tarifa que ronda los 29.000 millones de euros, tras haber subido otros 4. 281 millones en 2012. Una hipoteca que tenemos los consumidores y que pagaremos en 15 años: esta deuda se convirtió en títulos, “papelitos” que compran los inversores y cuyos intereses y amortizaciones pagamos en el recibo de la luz, a razón de 3 euros al mes hasta 2025.

Nos suben habitualmente la luz y encima no llega con el recibo para pagar los costes que dicen tiene producirla. Un despropósito que tiene su origen en la liberalización puesta en marcha por el Gobierno Aznar con la Ley del Sector Eléctrico (LSE) de 1997. Allí se estableció un doble sistema de precios. Unos, los de mercado: se fijaba el precio de la luz según lo que le costaba producirla a la central más cara (las térmicas de gas y fuel), lo que beneficiaba a las que producían con menos costes (hidráulicas y nucleares). Es como pagar igual la carne picada, al margen de que se haga con pollo o chuletón de ternera. Y como con ese precio, la mayoría de las centrales (todas menos hidráulicas y nucleares) apenas cubrían costes y no inversiones, se les compensa con otros ingresos, los pagos regulados , que son los que aprueba el Gobierno: primas, pagos por capacidad, incentivos a la inversión o disponibilidad…

Al final, lo que baja en abril son los precios de mercado y el Gobierno no toca los pagos regulados (tampoco lo hizo en enero) para que el recibo no suba. Y es esta parte la que ha tratado de recortar en el último año, dando un tajo sobre todo a las primas a las energías renovables, a las que muchos culpan del déficit de tarifa. Pero no es verdad. Entre 1998 y 2011, las energías renovables (y co-generación) recibieron pagos regulados por 35.000 millones, mientras las centrales convencionales (hidráulicas, nucleares y térmicas) recibieron 53.000 millones. Además, la LSE de Aznar (asesor hoy de Endesa) fijó una compensación a las centrales hidráulicas y nucleares (los CTC), por el cambio de normativa, por importe de 8.660 millones que cobrarían vía tarifas en 13 años. Pero resulta que en junio de 2005 ya habían ingresado ese dinero y siguieron cobrando de más hasta que se quitó un año después (2.500 millones extras de CTC que les hemos “regalado” con el recibo).

En definitiva, que en estos 15 años de la  Ley Eléctrica de 1997, los consumidores hemos pagado más de lo que costaba producir el kilowatio hidráulico y nuclear (pagamos carne picada de pollo a precio de ternera), además de pagarles una compensación extra (CTC) incluso en exceso, y otro sobrecoste en forma de primas a todas las centrales, muchas ya amortizadas (hidráulicas y nucleares), disfrazadas de múltiples conceptos: transporte, distribución, inversiones, disponibilidad…  Tantos costes que no hay recibo que los  cubra.

El Gobierno Rajoy, en lugar de afrontar el problema de fondo (los costes no son reales) ha hecho como Zapatero: subir tarifas y dejar que crezca la pelota del déficit. Además, ha aprobado cinco reformas que son cinco parches: moratoria a las nuevas renovables (no tendrán ayudas), recortes en algunos pagos a las eléctricas tradicionales, supresión del límite de déficit 2012 y olvidar la promesa de liquidarlo en 2013, recorte primas a las renovables en 2013 y, sobre todo, la creación de 7 impuestos eléctricos, para recaudar más y reducir el déficit de tarifa, impuestos que nos repercuten las eléctricas en el recibo.

Cinco cambios inútiles, porque el déficit eléctrico ha crecido en 2012 (+4.281 millones), lo que ha obligado a aprobar un crédito extraordinario de 2.200 millones, que pagamos todos con nuestros impuestos. Y volverá a crecer en 2013 : sólo en enero, el déficit ha sido de 692 millones (+25% sobre enero 2012). Por eso, el Gobierno prepara un sexto parche para antes del verano: recortará otros 2.000 millones de pagos a las eléctricas  (en transporte, distribución y primas a las renovables) y cargará otros 2.000 millones de deficit a los Presupuestos, que pagaríamos todos los contribuyentes.

¿Cómo arreglar este disparate de sistema eléctrico? Pues yendo al origen del problema: ajustando producción (sobran centrales: hay 100.000 Mw instalados para un consumo de 40.000Mw) y costes, pagando el kilowatio por lo que cuesta realmente producirlo, sin regalos para las hidroeléctricas y nucleares (ya amortizadas), pinchando la burbuja del gas (centrales muy subvencionadas y que sólo funcionan a un tercio de capacidad) y recortando subvenciones injustificadas al transporte, la distribución y la disponibilidad, así como  a las grandes empresas consumidoras (les subvencionamos con 749 millones este año). En total, unos 4.000 millones al año menos de costes y de nuestro recibo.

Y todo ello, apoyando y no penalizando a las energías renovables, porque son la garantía de futuro: entre 2015 y 2020, las tres principales tecnologías (eólica, fotovoltaica y solar de concentración) alcanzarán costes de producción inferiores a las centrales térmicas de fuel y gas. Y además, España (el país más dependiente del petróleo y gas importados)  tiene que cumplir la exigencia europea de que un 40% de la electricidad se produzca con renovables para 2020 (ahora es un 32%).

Hay que recortar costes e ingresos no justificados a las centrales hidráulicas, nucleares y de gas, no a las renovables. El problema es que ningún Gobierno se atreve, porque es enfrentarse a un poderoso oligopolio. Pero no hacerlo es mantener la actual locura de costes y con ello, un recibo por las nubes y unos precios de  la luz que impiden a nuestras empresas competir con Europa. Es una de las grandes reformas pendientes, de una vez y para muchos años. Hay que pactarla ya y dejarse de parches que pagamos todos en cada recibo.