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lunes, 3 de abril de 2017

Crecemos con mucha pobreza y desigualdad


El Gobierno Rajoy utiliza los informes internacionales para presumir de lo mucho que crece España o para justificar sus recortes. Pero los ignora cuándo le vienen mal. Es lo que ha hecho con los últimos informes de la OCDE y la Comisión Europea, que alertan de que el crecimiento en España no ha reducido la pobreza y la desigualdad, de las más altas de Europa. Y proponen que el Gobierno aumente las ayudas a familias, parados y pobres (menores que en Europa) y que gaste más en políticas activas de empleo y en reformar las oficinas de empleo. Y que recaude más para aumentar el gasto social, porque estamos a la cola de Europa. Pero nada de esto va en los Presupuestos 2017 aprobados el viernes. Y eso que 4 de cada 10 españoles está en una situación precaria y hay más de 10 millones de adultos  vulnerables (parados o con un empleo precario). España tiene una grave situación social y urge afrontarla con más ayudas y medidas. Lo dicen hasta la Comisión Europea y la OCDE.
 
enrique ortega

El último toque de atención lo dio la OCDE el 14 de marzo, en su informe sobre España: “la recuperación está en marcha pero la crisis ha dejado unos niveles todavía muy elevados de desempleo, pobreza y desigualdad”, por culpa, señalan, de “la devaluación de los salarios y la precariedad en el empleo”. El informe recoge que España es el tercer país de la OCDE donde más ha crecido la pobreza durante la crisis (tras Lituania y Rumanía) y el 8º país con más pobreza relativa entre los 35 paises desarrollados de la Organización (un 15,5% de la población, frente al 11,8% en la OCDE), tras Israel, EEUU, Turquía, Chile, México, Estonia y Japón. Y resalta el grave problema de la pobreza infantil en España, que alcanza al 23,4% de los menores, casi el doble que en la OCDE (13,3%).

Además, la OCDE alerta del aumento de la desigualdad, colocando a España como el 9º país de la OCDE con más desigualdad, tras Chile, México, USA, Turquía, Israel, Estonia, Reino Unido y Lituania. Basten dos datos, del último informe de Intermón Oxfam. Uno, el 1% de la población española más rica acapara más de la cuarta parte de la riqueza (27,4%), mientras el 20% de españoles más pobres sólo se queda con el 0,1%. Y el otro, que los tres españoles más ricos (Ortega de Inditex, Roig de Mercadona y del Pino de Ferrovial) tienen el mismo patrimonio que el 30% de españoles más pobres (14 millones de personas).

Dos semanas antes, el 22 de febrero, la Comisión Europea emitía su informe España 2017 y volvía a destacar la fuerte recuperación de la economía pero alertando del elevado paro de larga duración, un nivel elevado de pobreza y mucha desigualdad. Los datos de Eurostat son impactantes. España es el tercer país europeo donde más ha crecido la pobreza durante la crisis (solo ha crecido más en Grecia y Chipre), alcanzando ya al 28,6% de la población (tasa AROPE), frente al 23,1% en la zona euro y el 23,7% de la UE-28, lo que nos convierte en el 9º país con más pobreza de Europa y el segundo entre los grandes (tras Italia). Y la Comisión destaca un hecho nuevo: la pobreza entre los que tienen trabajo, que afecta ya a un 13,1% de los trabajadores españoles. Y la pobreza infantil, que alcanza al 34,45 de los menores españoles, que viven en familias que ingresan menos del 60% de la media.

Y además, la Comisión Europa destaca que España es el tercer país europeo donde más ha crecido la desigualdad durante la crisis (tras Lituania y Rumanía), mientras se reducía en Portugal, Alemania, Francia, Holanda, Bélgica  y 7 países más.  Y que somos el 4º país del continente con más desigualdad, tras Rumanía, Lituania y Bulgaria: el 20% más rico tiene 6,9 veces más patrimonio (riqueza) que el 20% más pobre, frente a 5,2 veces que es la desigualdad media en la zona euro, según Eurostat.

Así que España lleva tres años creciendo mucho y creando empleo, pero la pobreza ha seguido creciendo y también la desigualdad, mientras tenemos el doble de paro que Europa (18,63% frente al 9,6%) y un paro cada vez más “crónico: 2.392.000 parados (el 56,4%) llevan más de 1 año sin trabajo y 1,2 millones (el 28%) llevan más de 4 años en paro. No es para “tirar cohetes”, a pesar del triunfalismo de Rajoy. Y menos porque la pobreza y la desigualdad se están haciendo crónicas, se han enquistado estos 8 años de crisis en determinadas familias y colectivos: parados, mujeres, emigrantes, jóvenes y madres solas con hijos, según el reciente informe sobre el Estado Social de la Nación, elaborado por los Directores y Gerentes de Servicios Sociales. Según sus datos, 4 de cada 10 españoles (casi 20 millones), están en algún grado de pobreza: entre 1,5 y 3 millones están en pobreza extrema (ingresan menos del 30% de la media), otros 10,2 millones están en situación de pobreza (ingresan menos del 60% de la media) y 6 millones más viven con precariedad, porque no pueden afrontar gastos imprevistos, no comen adecuadamente o no se pueden tomar ni una semana de vacaciones. Y casi 2 millones de hogares españoles (1,1 de cada 10 familias)  sufren pobreza energética.

Lo que preocupa a estos expertos sociales no es sólo la pobreza sino que unos años sin ingresos y con muchas carencias materiales lleva a muchas personas y familias a la exclusión social, al desapego, al “desenganche” con la sociedad, a la marginación, fuente de múltiples problemas y conflictos sociales: violencia, delincuencia y xenofobia, deterioro de la salud física y mental, graves problemas de la infancia y desprecio por la democracia, propiciando los populismos y extremismos.  Y destacan que hay muchos españoles a los que sólo preocupa sobrevivir, vivir al día. “Nos han robado el futuro”, sentencian.

El paro, la pobreza, la marginación y las desigualdades no son sólo el fruto de la crisis que estalló en 2008, sino que están causados sobre todo por las políticas aplicadas en Europa y en España por gobiernos conservadores, según este análisis del Estado Social de la Nación. En primer lugar, de una reforma laboral aprobada por el Gobierno Rajoy en febrero de 2012 que ha precarizado el empleo (sólo 1 de cada 20 nuevos contratos son fijos y a tiempo completo) y ha facilitado la devaluación de los salarios (6 millones de personas ganan menos del salario mínimo), dos causas principales de la pobreza y la desigualdad. Y una política de empleo que ha recortado las prestaciones a los parados (el 53% de los parados EPA no cobra nada) y que no ayuda a encontrar trabajo porque las oficinas de empleo no funcionan.

Otra causa de pobreza y desigualdad es la política fiscal del Gobierno Rajoy, que llegó al poder en 2011 subiendo los impuestos a la mayoría (las familias pagan el 85% de los impuestos), mientras no consigue que paguen lo que deberían las grandes empresas (tributan por el 7,3% de sus beneficios), las multinacionales y los más ricos. Y además, los impuestos no sirven para corregir la pobreza y la desigualdad porque las transferencias públicas “benefician sobre todo a las rentas más altas: en España, el 10% más pobre recibe menos del 5% de las transferencias públicas y el 20% restante el 7%, mientras el 10% con más ingresos recibe el 20,5%, según el último informe de la OCDE. Y además, España es el tercer país de la OCDE (tras Grecia e Italia) donde los más pobres reciben menos transferencias fiscales del Presupuesto.

Una tercera causa del aumento de la pobreza y la desigualdad en España son los recortes de las ayudas sociales, desde 2010 y más en 2012 y 2013, que han agudizado un problema que ya teníamos antes: España gasta menos en protección social, un 17,6% del PIB, frente al 20,4% de la zona euro, el 19,5% de la UE-28, el 18,8% de Alemania, el 16,5% del reino Unido y el 24,8% de Francia, según Eurostat. O sea, que tenemos más pobreza y desigualdad que el resto de Europa y encima gastamos 38.000 millones menos cada año en protección social, en pensiones, familia, desempleo y gastos sociales. Así estamos como estamos.

Cara al futuro, aunque sigamos creciendo, preocupa que hay demasiados españoles muy vulnerables. De hecho, 1 de cada 3 españoles en edad de trabajar, 10.314.000 españoles están en una situación vulnerable: 4.237.000 porque están parados (EPA 2016), 721.000 más porque están inactivos pero les gustaría trabajar y 5.355.000 personas más porque son trabajadores con contratos precarios y muy bajos salarios, según un reciente estudio realizado por Fedea y Accenture. De esta enorme bolsa de españoles “vulnerables”, algo más de la mitad (5.250.000 personas) son especialmente vulnerables, con un elevado riesgo de seguir en el paro o perder su empleo. Y el estudio incluso valora ese riesgo: cree que 4.168.000 españoles seguirán en paro (1.805.000) o con un trabajo precario (2.363.000) a finales de 2017, a pesar del 2,5% que crezcamos este año. O sea, que 1 de cada 7 españoles adultos no se van a beneficiar de la recuperación que tanto cacarea el Gobierno Rajoy. Son, básicamente, mujeres, mayores de 50 años y jóvenes menores de 30, con poca formación, sobre todo de Andalucía, Comunidad Valenciana y Cataluña.

Algo habría que hacer, pronto y con firmeza. La Comisión Europea y la OCDE coinciden en muchas de las recetas que han dado al Gobierno español, sin que las hayan incluido en los Presupuestos para 2017 que se presentan este martes al Parlamento. En primer lugar, la OCDE y Bruselas piden más ayudas públicas a las familias, sobre todo con hijos, ayudas para paliar sus bajos ingresos y para que consigan una guardería. Y eso porque España gasta en ayudar a las familias la tercera parte que los paises europeos (un 0,6% del PIB frente al 1,7% en la UE-28 y el 1,2% en la OCDE). Además, están mal orientadas. El 2% de las ayudas familiares se destinan a las rentas más bajas, frente al 20% en la UE. En segundo lugar, ambos proponen aumentar las ayudas directas a los más pobres, tanto las del Estado como las de las autonomías: creen que la renta básica debería llegar a más familias (la reciben 262.307) y tener más cuantía (se pagan 420 euros de media, con grandes diferencias entre los 665 euros que paga el País Vasco a los 300 euros de Murcia). Y en tercer lugar, piden que España gaste más subsidios de paro y en políticas activas de empleo (gasta un 0,5% del PIB, frente al 0,9% de Francia o el 0,64% Alemania) y se reformen las oficinas de empleo (SEPE), que hoy sólo ayudan a encontrar trabajo al 2% de parados.

Tanto la OCDE como la Comisión Europea le dicen al Gobierno Rajoy de dónde pueden sacar más ingresos para pagar estas ayudas sociales: de subir el IVA a muchos productos que lo tienen reducido (Montoro ya ha dicho que no les hará caso), de subir los impuestos al gasóleo (igualarlos a los de la gasolina, algo que también rechaza el Gobierno, recaudaría 1.400 millones extras) y  otros impuestos medioambientales, de quitar exenciones (las ayudas a la compra de vivienda en el IRPF cuestan 1.200 millones al año) y de la lucha contra el fraude fiscal (sobre todo de grandes empresas, multinacionales y los más ricos), factores que explican que España recaude 84.000 millones menos al año en impuestos que la media de Europa.

La doble alerta de la OCDE y la Comisión Europea sobre el paro de larga duración, la pobreza y la desigualdad ha caído en saco roto (no sólo en el Gobierno: tampoco ha recogido el guante la “oposición”)  y los problemas no tratan de paliarse con las recetas propuestas (ni con otras). Mientras, 4 de cada 10 españoles viven con pobreza o precariedad, con 629.700 familias que no tienen ningún ingreso, según la última EPA. Y eso en un país donde se han recortado las ayudas públicas y el gasto social está a la cola de Europa. No podemos seguir así, porque la recuperación está dejando atrás a más de una tercera parte del país, que vive al día, que no puede hacer planes, que sólo busca sobrevivir. Una peligrosa fuente de desapego, de marginación y pasotismo, un peligroso cocktail político y social. No podemos dejar que les roben el futuro, que es el de todos. Hay que rebajar el paro, la pobreza y la desigualdad para conseguir una sociedad más justa y estable. Ya les han dado las recetas. Aplíquenlas.  

jueves, 1 de diciembre de 2016

Europa, estancada y sin rumbo


Este domingo 4 de diciembre, Europa se la juega otra vez: se celebra un referéndum en Italia y hay elecciones presidenciales en Austria, dos paises donde pueden avanzar la ultraderecha y el populismo, tras el triunfo del Brexit y de Donald Trump. Eso agravaría la situación de Europa, sumida en el estancamiento económico y la falta de rumbo político, dividida entre los que quieren seguir con la austeridad (la Comisión ha pedido más recortes a 8 paises, entre ellos España) y los que defienden un Plan de estímulo de 50.000 euros, una miseria (0,5% del PIB), pero supondría un cambio de rumbo para salir del estancamiento. Y más, con el riesgo de que el paro, la pobreza y la desigualdad en Europa, más la emigración, alimenten el populismo y la extrema derecha en las elecciones que habrá en 2017 en Francia, Holanda, Austria y Alemania. Europa se la juega y España mucho más, porque mucho de nuestro crecimiento y empleo dependen de que la economía europea despegue. Estén atentos.
 
enrique ortega

Europa, y sobre todo la zona euro, llevan más de dos años atrapados en una trampa de bajo crecimiento y baja inflación, con mucho paro, sin inversión y con demasiada pobreza y desigualdad. Es “el estancamiento a la japonesa”, que allí ha durado décadas. Los últimos datos son muy explícitos. Los 19 paises de la zona euro crecieron un 0,3% en el tercer trimestre, con Alemania, Francia y Bélgica creciendo sólo un 0,2%, Italia el 0,3%, Reino Unido el 0,4% y España y Holanda el 0,7%, según Eurostat. El paro está en el 10%, el doble que en EEUU (5,1%) y en los jóvenes se duplica, al 20,3% (42% en Grecia y España). Y como muestra de que la economía “no tira”, la inflación está en el 0,5% (frente al 2% objetivo), a pesar de que el Banco Central Europeo (BCE) sigue con su política de dinero barato y comprando deuda. Y el euro roza los 1,05 dólares, el nivel más bajo desde hace 14 años, una muestra clara de la debilidad europea.

Y lo peor. No es sólo que Europa no crezca apenas y haya casi 21 millones de parados. Es que además, la crisis ha agravado la situación de las familias europeas. Por un lado, se ha reducido la clase media en toda Europa, según acaba de advertir la OIT. Y por otro, hay ya 119 millones de pobres en Europa, un 23,7% de la población que vive con menos del 60% de ingresos que la media, según Eurostat. Y hay pobres en todos los paises, desde el 20% de la población en Alemania, el 23% en Reino Unido, el 28,7& en Italia o el 17,7% en Francia al 28,6% de la población en España, el 35,7% en Grecia, el 37,3% en Rumanía o el 41,3% en Bulgaria. Y de ellos, algo más de un tercio (8,2%) están en pobreza severa, no pueden cubrir sus necesidades básicas: son 41 millones de europeos, 3 millones en España, 4 millones en Alemania y Reino Unido, 5 millones en Rumanía y 7 millones en Italia. Sin olvidar que 25,2 millones de niños y jóvenes europeos (0-17 años) son también pobres, según Eurostat. Y además, en Europa ha aumentado la desigualdad entre ricos y pobres con la crisis.

Esta situación de estancamiento, paro, pobreza y desigualdad explica en buena medida, junto a la emigración, el Brexit británico y alimenta el populismo y la extrema derecha en toda Europa. Por eso son decisivas las dos votaciones que se celebran este domingo 4 de diciembre. Una, en Italia, el referéndum constitucional con el que Renzi busca más poder y que si pierde puede conducir a unas elecciones anticipadas, donde avanzarían los populistas de Beppe Grillo y la extrema derecha de la Liga Norte. La otra, la repetición de las elecciones presidenciales en Austria, donde podría ganar Norbert Hofer, del ultraderechista Partido de la Libertad de Austria (FPO). Y en 2017, si no se corrige el declive económico y político europeo, hay riesgo de que estos movimientos “antieuropeos” triunfen en las elecciones generales de marzo en Holanda (Partido Libertad de Holanda, PVV de Geert Wilders), en las presidenciales francesas de abril (Marine Le Pen, del frente Nacional), en las elecciones generales de septiembre en Alemania (partido Alternativa para Alemania, AfD) o en las generales de octubre en Austria (FPO).

Toda esta incertidumbre política en Europa se suma al daño que ya han causado a la economía y a la política europea el Brexit británico de junio y el reciente triunfo de Donald Trump en  Estados Unidos. A falta de que tome posesión el 20 de enero y empiece a tomar medidas, el triunfo del populista y derechista Trump va a tener dos efectos muy negativos sobre la maltrecha economía europea. Uno, las consecuencias de su proteccionismo comercial. Europa es un continente que crece (poco) gracias en gran parte a las exportaciones, al superávit comercial que consigue tras vender a todo el mundo. Y un 20,7% de esas exportaciones van a Estados Unidos, que amenaza con aranceles (impuestos) y limitaciones a los productos extranjeros. La consecuencia sería un menor crecimiento y menos empleo en Europa (también a España, porque el 4,5 % de las exportaciones van a USA). El otro efecto negativo de la victoria de Trump es que su política de estímulos internos va a aumentar la inflación en EEUU y subirán los tipos de interés, que llevan 8 años en cero. Y eso obligará a Europa, al BCE, a subir también los tipos, si no quiere una fuga de capitales y un desplome del euro. Y con tipos más altos, Europa crecerá aún menos y habrá menos empleo (y España, unos de los paises más endeudados, tendrá más gasto en intereses).

Así que la victoria de Trump, junto al Brexit y el avance de los populismos y la extrema derecha, obligan a Europa a tomar medidas urgentes, antes de que la situación pueda empeorar más en 2017. Mario Draghi, el presidente del BCE, lleva meses repitiendo que él ya no puede hacer más, que el dinero barato y comprar deuda de los paises ya ha agotado su efecto, que hay un exceso de liquidez y sin embargo la economía no despega. Es más: la inflación se ha recuperado, de estar en negativo a subir el 0,5%, pero es un espejismo, porque se debe a la subida del petróleo y los alimentos. Si no fuera por ellos, la inflación “de fondo” estaría en cero o en negativo. Así que la economía está sin pulso. Por eso, el BCE, como antes el FMI, la OCDE y el G-20 llevan meses pidiendo a las autoridades europeas que tomen medidas para reanimar la economía europea, con más gasto y más inversión.

Hace unas semanas, el 19 de noviembre, la Comisión Europea vio por fin “las orejas al lobo”, tras el triunfo de Trump, y su presidente, Jean Claude Juncker propuso que Europa aprobara un Plan de estímulo para la eurozona de 50.000 millones de euros. “No soy un fanático de la austeridad”, aseguró el político conservador, que lleva defendiendo recortes en Europa desde 2010 y que es responsable, junto a otros “fundamentalistas” del déficit, de la segunda recesión en Europa (2011-2013). Parece “un cambio de rumbo”, pero ojo, tardío y muy tímido: supone inyectar muy poco dinero, sólo 50.000 millones (el 0,5% del PIB), 200 veces menos del billón de dólares que ha prometido Trump como Plan de choque para EEUU… Haría falta 10 veces más de dinero, al menos, para inversiones en infraestructuras, tecnología, industrias, medio ambiente y educación, para relanzar la economía europea.

El problema es de dónde sale ese dinero, quien lo paga. Y Alemania, que financia el 17% del presupuesto comunitario, no está por la labor de pagar más. Ni tampoco gastar e invertir más ella por su cuenta, dado que tiene superávit en sus cuentas públicas, como le vienen pidiendo a Merkel el FMI, la OCDE, el BCE, Obama y el G-20. “Nein” (no) han reiterado una y otra vez, en defensa de la austeridad a ultranza en Europa. Por eso, no ven con buenos ojos la propuesta de Juncker de gastar más, aunque sólo sean 50.000 millones. Y han presionado a la Comisión, junto a otros “fundamentalistas” de Bruselas, para que envíe primero una carta (en octubre: verla aquí) y haga después un apercibimiento público (el 16 de noviembre) a 8 paises de la zona euro para que recorten más sus proyectos de Presupuestos para 2017, porque incumplen el déficit exigido por Bruselas. Es una petición oficial de más ajustes a España, Italia, Portugal, Bélgica, Finlandia, Lituania, Eslovenia y Chipre.

¿En qué quedamos: Europa gasta 50.000 millones más o se exige a 8 paises que recorten sus Presupuestos? Son medidas contradictorias, que revelan las diferencias políticas en Europa, aunque siga dominando la austeridad de Alemania y parte de la Comisión. Pero la realidad es muy tozuda y al Brexit se ha sumado la victoria de Trump para enturbiar el futuro de un continente estancado. Los políticos europeos saben que o hacen algo o la economía seguirá estancada, habrá poco empleo, mucho paro y demasiada pobreza y desigualdad. Y si no dan soluciones la derecha neoconservadora y la socialdemocracia desnortada, los europeos se echarán en los brazos de políticos populistas y ultraderechistas, que prometen "soluciones nuevas" para viejos problemas que otros no resuelven. Es lo que ha pasado en Reino Unido y Estados Unidos y lo que puede pasar en Italia, Austria, Holanda e incluso Francia o Alemania, los países clave. Por eso, si la situación se agrava políticamente en 2017, con los efectos de la política de Trump y del Brexit, Merkel, Hollande y Renzi tendrían que forzar un golpe de timón en Bruselas para no ser desalojados del poder.

Pero a Europa no le basta con “parches” como los 50.000 millones de gasto extra que defiende Juncker. Es una gota en un océano. Harían falta al menos 500.000 millones de gasto adicional, en un Plan de choque destinado a inversiones transeuropeas, en infraestructuras, tecnología, digitalización, industria, energía, medio ambiente, formación y ayudas al empleo, para conseguir crecer mucho más, crear más empleo y bajar el paro a la mitad (al 5% de USA). Y ese dinero extra se puede conseguir con nuevos impuestos (tasa Tobin sobre operaciones financieras, impuestos medioambientales) y haciendo que paguen más impuestos los grandes empresas y sobre todo las multinacionales, que apenas pagan en Europa (Apple, el 0,005% de sus beneficios). Y en  paralelo, los paises más ricos y sin déficit, como Alemania, Holanda, Austria y los del norte de Europa, deberían gastar más por su cuenta, además de aumentar salarios, para crecer más y tirar del resto, de la Europa del sur. Es lo que llevan dos años pidiéndoles el FMI, la OCDE, el BCE, el G-20 y Obama.

España se juega mucho a que Europa cambie el rumbo y reanime su economía, a que no sigan los recortes. Primero, porque Bruselas nos pide que recortemos este año y en el Presupuesto para 2017 (8.000 millones de euros, no los 5.500 de los que se hablaba), lo que frenará un crecimiento y un empleo que ya de por sí serán más bajos por la coyuntura internacional (2,3% de crecimiento frente a 3% este año y 400.000 nuevos empleos frente a 480.000). Pero además, lo que pase en el mundo y en Europa afecta mucho a la economía española. Baste decir que más de la mitad de la recuperación económica de 2014 a 2016 ha sido por tres factores externos, no por la política de Rajoy: bajada del precio del petróleo, bajada del euro y de los tipos de interés. Y España es un país muy vulnerable a lo que pase por el mundo y en Europa, porque somos uno de los países más endeudados y dependemos mucho de los mercados y de los tipos de interés (si suben un 1%, los intereses de la deuda, nos cuestan 3.000 millones más, que habrá que recortar de otro lado). Además, dependemos mucho de Europa para exportar (el 72% de nuestras ventas al exterior) y para recibir turistas (el 88% son europeos), dos motores claves de nuestro crecimiento.

Así que atentos a lo que pasa ahora en Europa y como digiere el Brexit y la futura política de Donald Trump. Rajoy y la oposición deberían “hacer piña ante Bruselas”, para forzar un cambio de rumbo, para que los líderes europeos aprueben un ambicioso Plan de reactivación para Europa, del que España sería uno de los paises más beneficiados. Y mientras, en España, deberían aprobar un Plan propio para reanimar también nuestra economía, porque tenemos el doble de paro que Europa y no podemos esperar a ver qué hace Bruselas. La clave es recaudar más, sin subir los impuestos a la mayoría, consiguiendo más ingresos de las grandes empresas, las multinacionales y los más ricos, que pagan menos de lo que deben. Así se podrían recaudar 40.000 millones de euros más al año, según los técnicos de Hacienda (GESTHA). Y con esos mayores recursos, España podría gastar una parte (30.000 millones) en políticas de empleo (ayudas a parados y formación), en salvar las pensiones, en sanidad, educación, dependencia y algunas inversiones en tecnología e infraestructuras, destinando otra parte (10.000 millones) de esos mayores ingresos a reducir el déficit público. Se puede hacer. Es cuestión de voluntad política y de hacer pagar más a algunos muy poderosos.

En resumen, que Europa está estancada y en una encrucijada donde nos jugamos el proyecto europeo y hasta la propia democracia. Y esta es una batalla que afecta mucho a España. Así que estemos atentos a lo que pasa en el próximo año, en Europa y en Estados Unidos, porque de ello va a depender en buena medida nuestro trabajo y nuestro nivel de vida. Y también nuestro futuro como ciudadanos de un continente que no puede perder libertad y bienestar. Europa se la juega y nosotros con ella.